{"id":13994,"date":"2023-07-11T05:00:46","date_gmt":"2023-07-11T04:00:46","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13994"},"modified":"2023-07-11T02:05:56","modified_gmt":"2023-07-11T01:05:56","slug":"sobre-la-construccion-de-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13994","title":{"rendered":"Sobre la construcci\u00f3n de la historia"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Conferencia UIMP, Santander: 11\/IX\/2001<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 1: Democracia y memoria hist\u00f3rica (texto no fechado).<\/em><br \/>\n<em>Anexo 2: Excurso te\u00f3rico-pol\u00e9mico sobre la historia en los tiempos sombr\u00edos (1990)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I. Dicen que no se sabe bien si hay un sujeto de la historia, si la historia la hacen los hombres o es la Historia la que hace a los hombres que creen estar haciendo historia. De eso se ha discutido mucho entre te\u00f3logos y fil\u00f3sofos y entre fil\u00f3sofos estructuralistas y fil\u00f3sofos humanistas o historicistas. Dicen que tampoco se sabe bien si la historia tiene un sentido, varios o ninguno. Tambi\u00e9n eso es una cuesti\u00f3n disputada. Y sospecho que el amigo Julio Valde\u00f3n nos ha tra\u00eddo aqu\u00ed para que resolvamos sobre tales asuntos bajo el r\u00f3tulo \u00abconstrucci\u00f3n de la historia\u00bb. Pero no voy a adelantar mi opini\u00f3n al respecto porque creo que de esas disputadas cuestiones filos\u00f3ficos es mejor hablar dialogando, contrastando opiniones a la manera plat\u00f3nica. S\u00f3lo a\u00f1adir\u00e9 en este punto que estoy convencido de que la mayor\u00eda de los presentes creemos que la historia tiene alg\u00fan sentido y que la historiograf\u00eda tambi\u00e9n lo tiene, pues si no fuera as\u00ed lo m\u00e1s probable es que no estar\u00edamos aqu\u00ed escuch\u00e1ndonos unos a otros.<\/p>\n<p>Para suscitar el di\u00e1logo, en vez de tratar de contestar a esas preguntas por la v\u00eda r\u00e1pida o de repasar las controversias metodol\u00f3gicas y epistemol\u00f3gicas que han enfrentado y enfrentan a historiadores y fil\u00f3sofos, me ha parecido preferible arrancar de una observaci\u00f3n m\u00e1s modesta, de uno de esos lugares comunes que suscitan pocas controversias hoy en d\u00eda.<\/p>\n<p>Es ya un lugar com\u00fan, muy revisitado en los \u00faltimos tiempos por historiadores y turistas de la historia, afirmar que, independiente de quienes la hagan, la historia la escriben, y por tanto la construyen, los vencedores. Siempre fue as\u00ed, por supuesto, puesto que los muertos no escriben y los amigos de los muertos en los combates de la historia material, no de la historia de papel, bastante tienen con sobrevivir.<\/p>\n<p>Pero la conciencia de que esto es as\u00ed es una conquista intelectual de la modernidad europea que va ligada, precisamente, a la idea de renacimiento, esto es, a la idea de que los muertos del pasado, con sus ideas, sus proyectos y sus realizaciones, est\u00e1n aqu\u00ed, con nosotros, en el presente. Renacimiento no es resurrecci\u00f3n y aunque algunos renacentistas neoplat\u00f3nicos entremezclaron los dos conceptos con la mejor de las intenciones, la mayor\u00eda de los renacentistas aficionados a la historiograf\u00eda tuvieron claro que las edades del hombre acaban aqu\u00ed abajo, que el renacimiento lo es de ideas y proyectos, no de hombres corp\u00f3reamente considerados. Traigo a colaci\u00f3n este otro lugar com\u00fan porque, por lo que voy viendo por ah\u00ed, la cr\u00edtica despiadada a la idea de progreso, que tuvo su origen en el renacimiento, y que se junta con la cr\u00edtica a la Ilustraci\u00f3n, a la racionalidad y al racionalismo, parece estar llev\u00e1ndonos de nuevo a la exaltaci\u00f3n del \u00abremurimiento\u00bb, que dec\u00eda mi maestro, Manuel Sacrist\u00e1n, cuando era joven.<\/p>\n<p>No es casual el que la percepci\u00f3n de que la historia la escriben los vencedores est\u00e9 ya en el que fue considerado (entre otros por el gran Jean Bodin) padre de la historiograf\u00eda moderna: Francesco Guicciardini (1483-1540). Esta percepci\u00f3n est\u00e1 en un libro significativamente titulado <i>Ricordi<\/i>. Digo significativamente porque <i>Ricordi<\/i><u> <\/u>no es un libro de historia (Guicciardini hab\u00eda escrito antes una <i>Historia de Florencia<\/i> y estaba escribiendo contempor\u00e1neamente, entre 1530 y 1535, una monumental <i>Historia de<\/i><i> <\/i><i>Italia<\/i>), sino un libro de memorias en el que el diplom\u00e1tico, pol\u00edtico e historiador italiano reflexiona, en la Florencia del primer tercio del siglo XVI, y al hilo de lo que \u00e9l mismo ha vivido, sobre la condici\u00f3n humana y sobre las relaciones entre pasado y presente. O sea, una especie de <i>Z<\/i><i>ibaldone<\/i> en cuyas p\u00e1ginas el pol\u00edtico y diplom\u00e1tico pasa de la an\u00e9cdota a la categor\u00eda, filosofa sobre el arte de historiar y saca sus moralejas en forma de m\u00e1ximas, proverbios y sentencias.<\/p>\n<p>En una de ellas Francesco Guicciardini no se limit\u00f3 a tomar nota de que la historia la inventan o construyen los vencedores, sino que introdujo una valoraci\u00f3n al hilo de tal reconocimiento. Lo dijo as\u00ed: \u00ab<em>Pregate Dio sempre di trovarvi dove si vince, perch\u00e9 vi \u00e8 data laude di quelle cose ancora di che non avete parte alcuna, come per il contrario che si trova dove si perde, \u00e8 imputato di infinite cose delle quali \u00e8 inculpabilisimo<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>II. Exactamente cuatro siglos despu\u00e9s, entre 1930 y 1935, otro italiano, tambi\u00e9n \u00e9l protagonista de la historia, pol\u00edtico y amante de la historiograf\u00eda, Antonio Gramsci, quiso hacer de estas palabras de Guiccidiarni el<i> motto<\/i> principal para una r\u00fabrica que estaba redactando, en la c\u00e1rcel de Turi de Bari, bajo el el fascismo musoliniano, en sus cuadernos de la c\u00e1rcel. Sintom\u00e1ticamente esa r\u00fabrica llevaba por t\u00edtulo \u00abPasado y presente\u00bb y ten\u00eda la pretensi\u00f3n de ser historia pensada, historia razonada, reflexi\u00f3n sobre el v\u00ednculo existente entre acontecimientos pasados (una parte de los cuales Gramsci ha conocido directamente) y un presente sobre el que, a pesar de las circunstancias tan adversas, pretend\u00eda seguir actuando.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 es lo que atrae a Gramsci de los <i>Ricordi<\/i> del padre de la historiograf\u00eda moderna. No s\u00f3lo el lugar com\u00fan tantas veces repetido desde entonces. Se sabe que en la selva de los t\u00f3picos no todo es prejuicio. Hay tambi\u00e9n en ella \u00e1rboles que son como verdades adquiridas por una larga experiencia colectivamente vivida. Que la historia la escriben los vencedores y que a aquel que se encuentra donde se pierde le imputar\u00e1n infinitas cosas de las no tuvo culpa alguna es una de esas verdades adquiridas en la selva de los t\u00f3picos. Como lo es aquella otra, tantas veces repetida desde abajo, de que \u00abel poder corrompe\u00bb (por supuesto, a todos menos a m\u00ed y a mis amigos). Pero al historiador que filosofa o al fil\u00f3sofo amante de la historiograf\u00eda no le interesa gran cosa la repetici\u00f3n mec\u00e1nica de las verdades adquiridas que se han hecho tradici\u00f3n, aunque admita que \u00e9stas son serias candidatas a verdades permanentes, como las verdades de don Pero Gullo. Le interesa m\u00e1s dar una forma nueva a la vieja verdad tantas veces repetida. Le interesa partir de la tradici\u00f3n para innovar en ella.<\/p>\n<p>Si Gramsci hubiera sido solo un historiador o un aficionado a la historia tal vez habr\u00eda redactado un ensayo sobre pasado y presente en el que las palabras de Guicciardini habr\u00edan figurado, ir\u00f3nicamente, como cita inicial. Pero como le interesaba igualmente el compromiso c\u00edvico del fil\u00f3sofo democr\u00e1tico en la \u00e9poca que le hab\u00eda tocado vivir nos propone ir m\u00e1s all\u00e1 de la mera cita para prospectar si desde ah\u00ed se puede crear un estilo, una forma nueva de meter en una misma reflexi\u00f3n historia, filosof\u00eda y pol\u00edtica. Y se le ocurre que esa forma nueva tendr\u00e1 que debatirse, en el di\u00e1logo con la tradici\u00f3n historiogr\u00e1fica de la modernidad, entre la iron\u00eda y el sarcasmo. Si uno no cree en Dios no puede rogar a Dios encontrarse all\u00ed donde se vence, pero a\u00fan puede secularizar la frase de Guicciardini y dar a su realismo un nuevo sentido \u00e9tico-pol\u00edtico sin caer en la resignaci\u00f3n o en el fatalismo.<\/p>\n<p>Y si uno sabe que al escribir sobre la historia est\u00e1 ayudando, directa o indirectamente, a alg\u00fan se\u00f1or del presente y est\u00e1 adem\u00e1s en la parte de los perdedores (como, obviamente, era el caso de Gramsci en 1930) a\u00fan le queda otro recurso estil\u00edstico ante la reiterada presentaci\u00f3n de la historia como presunta sucesi\u00f3n de hechos que necesariamente ten\u00edan que conducir al presente que vivimos.<\/p>\n<p>Ese recurso estil\u00edstico, para el historiador-fil\u00f3sofo que escribe desde la parte de los perdedores, no es la queja encadenada, no es la jerem\u00edada del profeta que se pasa la vida protestando porque las cosas no han sido como deber\u00edan haber sido. Ni es tampoco la generalizaci\u00f3n ideol\u00f3gica de las a\u00f1orantes palabras del poeta que dice que \u00abcualquier tiempo pasado fue mejor\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote1sym\" name=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a>. Pues aunque realmente aquel pasado hubiera sido mejor que el presente para el historiador-fil\u00f3sofo (recuerden ustedes: \u00abcontra Franco viv\u00edamos mejor\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote2sym\" name=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>), parece m\u00e1s adecuado asumir la advertencia de otro poeta contempor\u00e1neo: \u00abNo se tiene raz\u00f3n por haberla tenido\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote3sym\" name=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>. Desde el punto de vista art\u00edstico-literario el recurso estil\u00edstico habitual ante los t\u00f3picos y los mitos colectivamente compartidos ha sido, en la modernidad, la iron\u00eda, o sea, la distancia que el sujeto introduce entre lo que en lo que en relato hace decir u opinar a sus propias criaturas y lo que \u00e9l piensa realmente. Desde Cervantes al romanticismo este recurso ha dado muy buenos resultados. Pero hay otro recurso estil\u00edstico con el que probablemente se inaugura lo que podr\u00edamos llamar la cr\u00edtica a la modernidad que acabar\u00eda conduciendo al posmodernismo cr\u00edtico. Ese recurso es el sarcasmo, que la historia razonada hereda de Jonathan Swift, del Swift que escribe <i>Los viajes de Gulliver<\/i> pero sobre todo del Swift de la \u00abModesta proposici\u00f3n&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Que la historia de las ideas est\u00e1 llena de sorpresas lo prueba el hecho de que Jonathan Swift, que podr\u00eda haber sido un modelo literario para historiadores cr\u00edticos, est\u00e9 considerado todav\u00eda hoy como un autor de relatos infantiles, como una lectura para ni\u00f1os. \u00c9l, que en la <i>Modesta proposici\u00f3n<\/i> para erradicar el hambre suger\u00eda com\u00e9rselos crudos. O que <i>El Quijote<\/i> haya sido considerado durante mucho tiempo en nuestro pa\u00eds como una lectura obligatoria en las escuelas primarias, que es la mejor manera de perder para siempre el gusto por la iron\u00eda de Cervantes. O que hayan tenido que pasar varios siglos para que se publicara un libro sobre la sonrisa de Maquiavelo<sup>4<\/sup> que rompiera definitivamente con la fama de serio, l\u00fagubre y hasta cruel e inmoral que le endosaron quienes se ve\u00edan retratados en sus libros. \u00c9l, un pol\u00edtico derrotado que hab\u00eda empezado la reflexi\u00f3n sobre el Pr\u00edncipe y las d\u00e9cada de Tito Livio con una carta, a Guicciardini precisamente, plena de buen humor, en la que dice c\u00f3mo encontr\u00e1ndose en el \u00abcagatorio\u00bb de su quinta de desterrado, y al leer la carta del otro en semejante sitio, se le ocurri\u00f3 meditar profundamente sobre los usos y costumbres de sus paisanos florentinos del pasado y del presente.<\/p>\n<p>Al argumentar en favor del sarcasmo como forma estil\u00edstica del historiador-fil\u00f3sofo que sabe que lo que escribe sobre el pasado incide en el presente, Antonio Gramsci especifica que no se trata de un sarcasmo cualquiera y menos de la repetici\u00f3n mec\u00e1nica del sarcasmo contra el presente que puede llegar a ser sin m\u00e1s la otra cara de la jerem\u00edada, sino de un sarcasmo apasionado por el que la raz\u00f3n ilustrada se distancia de las meras ilusiones, de las enso\u00f1aciones de los de abajo, de los perdedores de la historia, sin herir sus sentimientos, sin destruir la base sana de sus esperanzas. El sarcasmo apasionado ser\u00eda el estilo del historiador-fil\u00f3sofo que <i>tiene<\/i> ilusiones compartidas con los que no tienen voz en la historia pero que <i>no se hace<\/i> ilusiones. Ser\u00eda, adem\u00e1s, un estilo de transici\u00f3n: el estilo del historiador-fil\u00f3sofo que vive entre dos civilizaciones, por as\u00ed decirlo, cuando un mundo no acaba de morir y el nuevo mundo no acaba de nacer. El sarcasmo apasionado aparece, en ese contexto, como una forma estil\u00edstica alternativa a la forma apod\u00edctica y declamatoria de cualquier vulgarizaci\u00f3n contempor\u00e1nea del marxismo. Conserva la pretensi\u00f3n pedag\u00f3gica del materialismo hist\u00f3rico y su orientaci\u00f3n holista, globalista o totalizadora (la aspiraci\u00f3n a la historia total), pero niega que la reflexi\u00f3n que ha de enlazar pasado y presente haya de tener la forma de un nuevo adoctrinamiento de los de abajo, de los perdedores de la historia.<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n que puede extraerse de tales consideraciones es, naturalmente, s\u00f3lo metodol\u00f3gica o, para decirlo con m\u00e1s cautela todav\u00eda, metodol\u00f3gico preventiva. Pues por mucho que se distinga entre m\u00e9todo de investigaci\u00f3n y m\u00e9todo de exposici\u00f3n de los resultados de la misma<sup>5<\/sup>, el historiador no podr\u00eda, obviamente, mantener el tono sarc\u00e1stico, aun en su acepci\u00f3n positiva y apasionada, a todo lo largo de su discurso. Ya esta observaci\u00f3n limita el alcance de la reflexi\u00f3n de Gramsci a una funci\u00f3n heur\u00edstica. Que pod\u00eda ejemplificarse como sigue.<\/p>\n<p>El historiador de los perdedores puede, comparativamente, sacar mayor provecho de la visi\u00f3n del mundo que se desprende de <i>Gargant\u00fa<\/i><i>a<\/i><i> y Pantagruel<\/i>, de Rabelais, si lo que est\u00e1 investigando es el siglo XVI, o del <i>Critic\u00f3n<\/i> de Baltasar Graci\u00e1n si lo que est\u00e1 investigando es el siglo XVII en Espa\u00f1a, o de la <i>Modesta proposici\u00f3n<\/i> de Swift si en lo que est\u00e1 es en el siglo XVIII, o de las caricaturas de Daumier, si su objeto de investigaci\u00f3n es el mundo colonial del siglo XIX, o de las \u00abcumbres abismales\u00bb de Alexandr Zinoviev si lo que le interesa es la construcci\u00f3n del socialismo en el siglo XX, pongamos por caso, que de los correspondientes fil\u00f3sofos que trataron abstractamente el tema de su tiempo, sean estos Descartes (y su moral provisional) o Leibniz (y su idea del mejor de los mundos posibles) o Kant (y su concepto de ilustraci\u00f3n) o Stuart Mill (y su concepto de liberalismo) u Ortega y Gasset (y su idea de la rebeli\u00f3n de las masas) o Lenin y Trostki (y su idea de la revoluci\u00f3n permanente), para poner unos cuantos ejemplos excelsos.<\/p>\n<p>Y si el historiador de los perdedores se dedica al estudio de la Espa\u00f1a contempor\u00e1nea probablemente puede, ampliando aquella sugerencia de Gramsci, sacar mayor provecho heur\u00edstico de los sarcasmos de El Roto que de la mayor\u00eda de los discursos filos\u00f3ficos del momento, tan unilateralmente complacientes, por lo general, con los poderes existentes. Pues cuando El Roto pinta a su mono diciendo \u00abPara qu\u00e9 viajar si ya todo es Occidente\u00bb o \u00abFue un error permitir que el sol dejase de girar alrededor de la tierra\u00bb, o cuando hace dialogar a sus personajes diciendo uno \u00abAbandona tus prejuicios y p\u00e1sate a los nuestros\u00bb y el otro \u00abVale, pero conservando la antig\u00fcedad\u00bb o \u00abSobre qu\u00e9 pa\u00eds es el debate\u00bb\/ \u00abSobre el suyo, naturalmente\u00bb, o cuando en homenaje a Kubrick dibuja al cineasta diciendo \u00abLa posmodernidad consiste en m\u00e1s c\u00e1maras y nuevos encuadres para la misma vieja mierda\u00bb, est\u00e1 captando, mejor, desde luego, que la mayor\u00eda de los discursos sobre la primera y la segunda transici\u00f3n, el sentir del valeroso soldado \u0160vejk de nuestro tiempo, aquel que siempre cumpl\u00eda las \u00f3rdenes recibidas marchando, como por casualidad, en la direcci\u00f3n contraria de la que le hab\u00edan indicado sus superiores.<\/p>\n<p>Esta es una idea que el historiador-fil\u00f3sofo podr\u00eda compartir todav\u00eda con algunas de las versiones del posmodernismo en la crisis de paradigmas en que dicen que estamos. Dejando a un lado las discrepancias que uno pueda tener con los posmodernistas sobre el fin de tantas cosas (el fin de las cosmovisiones, el fin de las ideolog\u00edas, el fin de los macrorrelatos, el fin de la neutralidad de la ciencia, el fin de la pol\u00edtica, el fin del patriarcado, etc, etc.), el historiador-fil\u00f3sofo que reflexiona sobre pasado y presente a\u00fan puede coincidir con los sarcasmos de Baudrillard y Lyotard cuando afirman, por ejemplo, que \u00abla guerra del Golfo no tuvo lugar\u00bb o con los sarcasmos de \u017di\u017eek a prop\u00f3sito de ficci\u00f3n y realidad en el mundo de <i>Matrix<\/i>. Pues, en efecto, ah\u00ed hay una clave de lectura de nuestro mundo, sobre c\u00f3mo est\u00e1 cambiando nuestro mundo en la aceleraci\u00f3n constante del ritmo hist\u00f3rico, que permite captar de golpe algo que el discurso tradicional tarda a veces d\u00e9cadas en percibir (el tiempo, por ejemplo, que tardan en desclasificarse los papeles del Pent\u00e1gono). Nunca como ahora, en la sociedad de la informaci\u00f3n y de la aldea global, que dicen, tuvo tanta utilidad social la versi\u00f3n sarc\u00e1stica del mito plat\u00f3nico de la caverna. Y no puede ser casual que el viejo mito reaparezca una y otra vez en la literatura y el cine, desde el <i>Underground<\/i> de Kosturika hasta <i>Matrix<\/i> pasando por Saramago<sup>6<\/sup>.<\/p>\n<p>III. En la crisis de la historia, de la que empez\u00f3 a hablarse cada vez con m\u00e1s \u00e9nfasis desde la d\u00e9cada pasada, hay un autor que parece estar suscitando la unanimidad de los historiadores que a\u00fan creen que a la historiograf\u00eda le conviene tener buenas relaciones con la filosof\u00eda. Ese autor es Walter Benjamin. Sus reflexiones sobre la historia encabezan libros, producen monogr\u00e1ficos de revistas y se citan ahora una y otra vez como fuente de inspiraci\u00f3n. Se pod\u00eda decir que hay un acuerdo a la hora de considerar que las tesis de filosof\u00eda de la historia de Benjamin es el m\u00ednimo de filosof\u00eda que est\u00e1n hoy dispuestos a tomar en consideraci\u00f3n los historiadores que no aprecian la filosof\u00eda de la historia y que preferir\u00edan hablar, en todo caso, de teor\u00eda de la historia. Este m\u00ednimo se refiere al \u00e1ngel de la historia en la interpretaci\u00f3n benjaminiana del angelus novus de Paul Klee. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, \u00e9l ve una cat\u00e1strofe \u00fanica que amontona incansablemente ruina sobre ruina. El \u00e1ngel de la historia quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el para\u00edso sopla un hurac\u00e1n que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el \u00e1ngel ya no puede cerrarlas, por lo que le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al que el \u00e1ngel da la espalda mientras que los montones de ruinas crecen ante \u00e9l hasta el cielo.<\/p>\n<p>Ese hurac\u00e1n es \u2013dice Benjamin\u2013 lo que nosotros llamamos progreso.<\/p>\n<p>En cierto modo la filosof\u00eda benjaminiana de la historia es una revisi\u00f3n radical de la inversi\u00f3n que Marx hiciera de la filosof\u00eda de la historia de Hegel. No s\u00f3lo porque abandona la idea de la superaci\u00f3n consumada de la evoluci\u00f3n del esp\u00edritu, sino tambi\u00e9n y sobre todo porque complica el concepto dial\u00e9ctico de progreso. Benjamin reflexiona sobre la historia casi al mismo tiempo en que mor\u00eda Gramsci, pero su tono ya no es el sarc\u00e1stico sino el tr\u00e1gico. Su pesimismo tr\u00e1gico ya no es simplemente optimismo de la voluntad. Y se comprende porque Benjamin ha conocido dos cosas de las que Gramsci s\u00f3lo tuvo noticia lejana: el comienzo de la barbarie nazi y las derivaciones, tambi\u00e9n b\u00e1rbaras, de aquel \u00abpez cornudo\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote7sym\" name=\"sdfootnote7anc\"><sup>7<\/sup><\/a> que fue la Rusia estaliniana.<\/p>\n<p>En Benjamin hay una serie de iluminaciones que el historiador que investiga despu\u00e9s de esas barbaries no puede ignorar. La primera de esas iluminaciones \u2013y la \u00fanica a la que me referir\u00e9 aqu\u00ed\u2013 se expresa en la afirmaci\u00f3n de que jam\u00e1s se ha dado un documento cultural que no lo haya sido al mismo tiempo de la barbarie. Esa afirmaci\u00f3n est\u00e1 en un ensayo de Benjamin sobre historia y coleccionismo dedicado a Eduard Fuchs. Desde entonces es imposible visitar un museo o ponerse a estudiar cualquiera de las m\u00e1s altas manifestaciones culturales de la historia sin pensar en ella. Siempre estar\u00e1 presente en el historiador de las ideas, en el historiador del arte o en el historiador sin m\u00e1s. Cuando vamos al Vaticano o al Louvre, al Calouste Gubelkian<sup>8<\/sup> o al antropol\u00f3gico de M\u00e9xico, al British Museum o al Prado es dif\u00edcil dejar de pensar desde entonces en la interrelaci\u00f3n que habido entre la belleza concentrada que contemplamos y la barbarie que hay tras ellla o junto a ella.<\/p>\n<p>IV. Voy a intentar resumir provisionalmente. Tal vez no sepamos si la historia tiene sentido ni si, en el caso de que lo tenga, \u00e9ste puede ser captado con las herramientas de la historiograf\u00eda. Pero lo que s\u00ed sabemos es que la historia construida hasta ahora por los vencedores no tiene sentido del humor. La otra, la que tratan de construir los perdedores, por lo general, tampoco. Ni la que se inspira en Gramsci (que tanto ha influido en el desarrollo de los estudios culturales) ni la que se inspira en Benjamin (ya sea en el Benjamin marxista, ya sea en el Benjamin mesi\u00e1nico). Pero esto \u00faltimo tiene su disculpa porque es m\u00e1s dif\u00edcil conservar el humor cuando al hombre que se pone a historiar se le est\u00e1n imputando ya \u00abinfinitas cosas\u00bb de las que, como dijo el otro, es \u00abinculpabilisimo\u00bb. Y s\u00e9 otra cosa, \u00e9sta contra mi mismo: en el debate acerca de si la historia tiene sentido y si es mejor la macrohistoria o la microhistoria, el gran relato o el microrelato, la historia econ\u00f3mica o la historia de las mentalidades, la filosof\u00eda de la historia o la historia sin filosof\u00eda, no se puede esperar demasiado de los fil\u00f3sofos de profesi\u00f3n. Pues estos, aun cuando se dedican a la epistemolog\u00eda o a la metodolog\u00eda, s\u00f3lo suelen dar orientaciones muy gen\u00e9ricas, del tipo de las que un l\u00f3gico ruso<sup>9<\/sup>, muy sarc\u00e1stico tambi\u00e9n \u00e9l, atribu\u00eda a ciertos especialistas en metolog\u00eda de la ciencia: \u00abSe cuenta al respecto la siguiente an\u00e9cdota: si hay que determinar el sexo de un conejo, el cient\u00edfico caza al conejo y lo examina; el metod\u00f3logo lo mira por encima, si es blanco dictamina que es conejo, y si blanca, coneja.\u00bb<\/p>\n<p>Comprendo, por tanto, bastante bien el tono general y las precauciones que ha adoptado G\u00e9rard Noiriel en su ensayo sobre la crisis de la historia, que es sustancialmente un intento de repensar la historia al margen y fuera de la filosof\u00eda, desde dentro del oficio de historiador que se dedica a la investigaci\u00f3n concreta de objetivos tambi\u00e9n muy concretos y particulares. En lo que tiene de protesta contra las filosof\u00edas de la historia de inspiraci\u00f3n hegeliana ese intento est\u00e1 bien fundamentado. Queda, sin embargo, el viejo asunto \u2013y esto ser\u00eda objeci\u00f3n tambi\u00e9n a Noiriel\u2013 de si la protesta contra las filosof\u00eda de la historia no desemboca demasiado r\u00e1pidamente en declaraciones excesivas contra la teor\u00eda en la historia emp\u00edrica, pues no es tan f\u00e1cil decidir donde acaba la filosof\u00eda de la historia, a la que se acusa de especulativa, y donde empieza la teor\u00eda (que se considera inescindible de la observaci\u00f3n y la investigaci\u00f3n de los hechos hist\u00f3ricos).<\/p>\n<p>V. Lo que s\u00ed se sigue de ah\u00ed razonablemente es la importancia del \u00abdisciplinamiento profesional\u00bb. Siempre heredamos una situaci\u00f3n disciplinar en el marco de profesiones concretas e hist\u00f3ricamente determinadas. En historiograf\u00eda no hay posici\u00f3n epistemol\u00f3gica inocente, ni hay, por as\u00ed decirlo, perspectiva privilegiada. Hay que asumir la propia parcialidad. La objetividad no es aqu\u00ed cuesti\u00f3n de imparcialidad o de neutralidad apasionada (Weber, Popper y Kuhn), sino que es un proceso dial\u00f3gico y material sobre el que no tenemos el control \u00faltimo (D. Haraway). Desde ah\u00ed, y con esa intenci\u00f3n dial\u00f3gica, querr\u00eda reflexionar, autoir\u00f3nicamente tambi\u00e9n, sobre tres experiencias personales.<\/p>\n<p>La primera se refiere a un intento de historiar algo que yo mismo cre\u00eda conocer bien por haber participado en ello: el movimiento estudiantil de los a\u00f1os sesenta. Tuve que hacerlo para cumplir con una solicitud que me hizo precisamente el Departamento de Historia Contempor\u00e1nea en el que trabaja Juan Jos\u00e9 Carreras en Zaragoza. Cuando me met\u00ed en eso yo ten\u00eda en la memoria un largo reportaje que hab\u00eda salido en mayo de 1966 en la revista italiana <i>Rinascita<\/i><i> <\/i>sobre la constituci\u00f3n del sindicato democr\u00e1tico de estudiantes de Barcelona, precisamente porque aquel reportaje hab\u00eda dado lugar a una dura controversia entre los estudiantes barceloneses de entonces. Veintitantos a\u00f1os despu\u00e9s pens\u00e9 que, al recuperarlo, iba a encontrar una prueba de mi propia interpretaci\u00f3n de los hechos contra lo que la desmemoria estaba imponiendo entonces en Espa\u00f1a. As\u00ed que me fui a Italia, me pas\u00e9 un d\u00eda entero en los archivos del Instituto Gramsci, encontr\u00e9 el ejemplar de <i>Rinascita <\/i>que iba buscando, pero me llev\u00e9 la sorpresa de que all\u00ed no estaba la foto que yo a\u00fan ten\u00eda en la retina y que el reportaje no dec\u00eda lo que yo recordaba que ten\u00eda que decir en confirmaci\u00f3n de mi hip\u00f3tesis para interpretar los hechos, sino que destacaba algo, el papel de los curas, que, desgraciadamente para m\u00ed, enlazaba mejor con otros puntos de vista que yo estaba discutiendo.<\/p>\n<p>No me lo pod\u00eda creer. Estuve horas y horas repasando todos los quincenales de <i>Rinascista <\/i>entre abril y octubre del 66 en busca de aquella otra foto y de aquel otro reportaje sobre el papel de los comunistas que yo ten\u00eda en la memoria. Pero fue in\u00fatil. No exist\u00edan. Nunca existieron. Volv\u00ed frustrado, pero creo haber aprendido una lecci\u00f3n: hay una diferencia sustancial entre hacer historia contempor\u00e1nea en serio y fiarse de la memoria de lo que uno ha vivido. Luego, al comparar lo que han escrito sobre el campo de concentraci\u00f3n de Auschwitz Primo Levi y Paul Steinberg, que estuvieron y vivieron los mismos hechos en el mismo per\u00edodo, he llegado a la conclusi\u00f3n de que lo que llamamos los hechos es siempre \u00abmi versi\u00f3n de los hechos\u00bb.<\/p>\n<p>Si Dios existiera ser\u00eda el historiador perfecto, pero mientras no exista tendremos que ir contando al historiador perfecto nuestra particular versi\u00f3n de los hechos, como dijo en broma Leo Szilard a prop\u00f3sito de ese episodio central del siglo XX que fue la invenci\u00f3n de la bomba at\u00f3mica.<\/p>\n<p>La segunda experiencia tiene que ver con los mismos hechos de la d\u00e9cada de los sesenta y es m\u00e1s divertida. Desde 1966-1968 hasta 1998 he debido escribir cuatro o cinco veces, a petici\u00f3n de otros, para interpretar aquellos hechos para construir aquella historia. Ya se sabe: cada diez a\u00f1os hay una conmemoraci\u00f3n y a los veinticinco se celebran las bodas del plata del movimiento estudiantil del presente como el movimiento estudiantil por antonomasia. Pues bien, una de las historias oficiales de la Capuchinada, que fue el momento culminante de la lucha estudiantil antifranquista en Barcelona, empieza con la reproducci\u00f3n de la controversia entre dos autores que han le\u00eddo los hechos de manera completamente contrapuesta (polititicista el uno, espontane\u00edsta el otro). Uno de ellos, el espontane\u00edsta, en la versi\u00f3n de Crexell10, soy yo. El historiador, en cambio, prefiere la otra versi\u00f3n, la del papel central del PSUC en los acontecimientos. Lo divertido est\u00e1 en que basa su argumentaci\u00f3n contra m\u00ed en otro autor que tambi\u00e9n soy yo, aunque con el pseud\u00f3mino que utilizaba a veces cuando escrib\u00eda sobre eso para no repetirme. El autor de esa historia ha muerto sin saberlo. Nunca me consult\u00f3. Y a m\u00ed me dej\u00f3 con la duda de si el ser G\u00e9minis habr\u00e1 tenido algo que ver con eso. Si el historiador me hubiera consultado, una vez pasado el mal trago, seguramente le habr\u00eda contado la historia aquella del Talmud en la que un maestro, etc. etc.<\/p>\n<p>Lo que estoy diciendo ahora no deber\u00eda entenderse en el sentido de que nada es verdad ni mentira y que todo es seg\u00fan el cristal con que se mira y dem\u00e1s vulgaridades relativizadoras. Para el historiador de las ideas una experiencia as\u00ed obliga a reflexionar sobre otro t\u00f3pico muy difundido, el de que hay que reduplicar la cautela cuando los hechos de que se trata son todav\u00eda recientes y los protagonistas de los mismos est\u00e1n vivos. Hoy hay gente que piensa que un papel encontrado en los archivos de la KGB cambia radicalmente la visi\u00f3n que hab\u00edamos tenido de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica o de Lenin, etc. etc., sin darse cuenta de que esa visi\u00f3n hab\u00eda cambiado ya, en sus cabezas, antes de que tal papel (muchas veces irrelevante) estuviera a disposici\u00f3n de los historiadores. No hablo sobre esto por hablar. El tema al que m\u00e1s tiempo he dedicado en mi vida, la interpretaci\u00f3n de la obra de Gramsci en la c\u00e1rcel, est\u00e1 sujeto a revisi\u00f3n desde que en 1990 se anunci\u00f3 la apertura de los archivos de Mosc\u00fa. Han pasado once a\u00f1os, se han escrito varios libros basados en lo encontrado en esos archivos, se ha avisado a cientos de periodistas para anunciar la pr\u00f3xima revelaci\u00f3n y, al final, todo lo nuevo cabe un par de notas a pie de p\u00e1gina de lo escrito por historiadores serios, como Gerratana y Spriano<sup>11<\/sup>, hace treinta a\u00f1os. No todo es seg\u00fan el color del cristal con que se mira.<\/p>\n<p>Y esto me lleva a la tercera y \u00faltima experiencia que querr\u00eda contar. Cuando metido en trabajo sobre historia de la ideas en la Espa\u00f1a del siglo XVI, se me ocurri\u00f3 una hip\u00f3tesis acerca de la relaci\u00f3n entre el proyecto de Felipe II de perpetuar las encomiendas peruanas y el cambio de clima espiritual en la Espa\u00f1a de 1558 (en <i>La gran perturbaci\u00f3n<\/i>, V, 250 y ss.) que me permiti\u00f3 contestar a la pregunta de por qu\u00e9 Bartolom\u00e9 de las Casas empieza a quedarse en minor\u00eda en la Espa\u00f1a de 1550 despu\u00e9s de haber tenido tanta influencia en la Corte en las d\u00e9cadas anteriores. Un documento de Michele Suriano, enviado especial de la Rep\u00fablica de Venecia en 1559, me puso sobre la pista. Ese documento correlaciona las dificultades financieras del Imperio en el momento de la transici\u00f3n de Carlos V a Felipe II con la necesidad de obtener m\u00e1s dinero de las colonias pero al mismo tiempo llama la atenci\u00f3n sobre la oposici\u00f3n del arzobispo de Toledo, Bartolom\u00e9 Carranza de Miranda, al proyecto de Felipe II de vender las encomiendas en perpetuidad a los \u00abperuleros\u00bb. Comparaci\u00f3n con el informe del virrey Luis de Velasco. Formulaci\u00f3n de la hip\u00f3tesis. R\u00e9plica de A. Garc\u00eda Sanz sobre la cantidad de dinero que pod\u00eda obtener Felipe II de la venta de las encomiendas en comparaci\u00f3n con la deuda. Lecturas de historia econ\u00f3mica (Haring, Carande, Ulloa, Felipe Ruiz Martin, Vilar) y de historia general (Elliot, Rodr\u00edguez Salgado, Dom\u00ednguez Ortiz, etc.) y comparaci\u00f3n con la percepci\u00f3n que se tuvo del problema al otro lado del Atl\u00e1ntico: Carlos Sempat Assadourian. Documentaci\u00f3n sobre el mismo problema recogida en los archivos de Simancas y Sevilla, por un lado, y en Per\u00fa por otro, y que no se hab\u00edan puesto en relaci\u00f3n hasta ahora. Deducciones formalmente correctas, inducciones probables o plausibles, racionalmente arg\u00fcibles.<\/p>\n<p>Pues bien, metido en eso llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que esta manera de trabajar no difiere gran cosa de lo que son las operaciones habituales en cualquier trabajo cient\u00edfico:<\/p>\n<p>1\u00ba. Enunciado preciso del problema (preguntas bien formuladas y veros\u00edmilmente fecundas), 2\u00ba. Arbitrar conjeturas fundadas y contrastables con la experiencia para contestar a las preguntas, 3\u00ba. Derivar consecuencias l\u00f3gicas de las conjeturas, 4\u00ba. Arbitrar t\u00e9cnicas para someter las conjeturas a contrastaci\u00f3n, 5\u00ba. Someter a contrastaci\u00f3n estas t\u00e9cnicas para comprobar su relevancia y la confianza que merecen, 6\u00ba. Llevar a cabo la contrastaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de los resultados, 7\u00ba. Estimar la pretensi\u00f3n de verdad de las conjeturas, 8\u00ba. Determinar los dominios en los cuales valen las conjeturas y las t\u00e9cnicas y formular nuevos problemas originados por la investigaci\u00f3n [M. Bunge, <i>La investigaci\u00f3n cient\u00edfica<\/i>. Barcelona, Ariel, 1969].<\/p>\n<p>Y pensando sobre ello me dije: es mejor que los perdedores de la historia lo sepan a dejarse acunar con los cuentos y los mitos de siempre, contra los que protestaba, con raz\u00f3n, el gran Le\u00f3n Felipe.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3 style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><b>Anexo 1: Democracia y memoria hist\u00f3rica<\/b><\/h3>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><em>Intervenci\u00f3n del autor en el Paraninfo de la UB. No fechada.<\/em><\/p>\n<p>1. Varias y diversas, j\u00f3venes y no tan j\u00f3venes, pero igualmente potentes, son las voces que se han elevado en Europa durante estos \u00faltimos a\u00f1os para recordarnos que lo que llamamos <i>democracia<\/i> no es el pa\u00eds de las hadas felizmente descubierto ni es tampoco un don graciosamente concedido a los humanos por los dioses benefactores de Occidente, sino m\u00e1s bien un estado de equilibrio social, siempre precario, que se conquista con esfuerzo y cuya consolidaci\u00f3n, desarrollo y ampliaci\u00f3n obliga a luchar sin tregua, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, contra los demonios familiares.<\/p>\n<p>Se da la particular circunstancia de que la democracia s\u00f3lo puede existir como un proceso en crecimiento. Si no crece y echa ra\u00edces profundas en el tejido social, la democracia acaba por agostarse, se convierte en oligarqu\u00eda y empieza a peligrar para todos.<br \/>\nPor desgracia, algo as\u00ed est\u00e1 ocurriendo, una vez m\u00e1s, en Europa. Sin exagerar, pero hay que decirlo.<\/p>\n<p>El grado de consciencia que los humanos pueden llegar a tener de esta verdad, a saber: que la democracia como proceso hist\u00f3rico en construcci\u00f3n continuada, suele ser alto cuando la participaci\u00f3n de las gentes en este proceso y el autogobierno del pueblo son impedidos directamente por un tirano. Pero este nivel de consciencia cae, al parecer, de forma sensible cuando, por las razones que fuere, se crea socialmente el espejismo de que la democracia ya ha sido lograda de una vez por todas.<\/p>\n<p>Esta disminuci\u00f3n del nivel de consciencia se convierte en p\u00e9rdida de una noci\u00f3n seria de la democracia en aquellas circunstancias hist\u00f3ricas en que las mayor\u00edas se pliegan a la creencia euf\u00f3rica de que el tirano o la minor\u00eda autoritaria han sido definitivamente derrotados y los valores de la democracia se expanden ya universalmente. Se trata de una ingenuidad muy repetida en distintos tiempos y lugares, de una ingenuidad que no hay que confundir con el idealismo moral. Albert Einstein, el gran cient\u00edfico y fil\u00f3sofo moral del siglo XX, nos ense\u00f1\u00f3 esta distinci\u00f3n a prop\u00f3sito de Walther Rathenau, economista y pol\u00edtico jud\u00edo asesinado por los nazis: \u00ab<i>Ser idealista, cuando se vive en Babia, no tiene ning\u00fan m\u00e9rito. Lo tiene, en cambio, seguir si\u00e9ndolo cuando se ha percibido el hedor de este<\/i><i> <\/i><i>mundo<\/i><i>\u00ab.<\/i><\/p>\n<p>2. En tiempos como estos la buena gente tiende a olvidar la enorme potencialidad para el sometimiento y para la servidumbre voluntaria que ha sido dada a nuestra especie, sobre todo cuando se subdivide sin saberlo en grupos sociales desagregados, desarticulados. La memoria hist\u00f3rica de lo que fue la resistencia frente a la tiran\u00eda y la barbarie, en Europa y fuera de Europa, se ofusca con facilidad. Olvido y ofuscaci\u00f3n de la memoria son estados muy naturales del ser humano, tal vez porque la continuada intervenci\u00f3n social en la construcci\u00f3n de la democracia no es un asunto l\u00fadico, sino una tarea que, como todo trabajo, cansa, por lo general, a los m\u00e1s. Pero esta aparente naturalidad tiene como consecuencia un debilitamiento de la tensi\u00f3n moral que acompa\u00f1a al talante democr\u00e1tico en las sociedades contempor\u00e1neas. El coraje busca refugio en otros andurriales. Esto es algo que en Europa se conoce bien desde la primera guerra mundial.<\/p>\n<p>La ofuscaci\u00f3n de la memoria de los m\u00e1s facilita el revisionismo historiogr\u00e1fico de las minor\u00edas nost\u00e1lgicas cuando \u00e9ste coincide con el inter\u00e9s de los que mandan en el presente. Es cierto que, como escribi\u00f3 Musil, en la historia de la Humanidad no hay retrocesos voluntarios; pero este debilitamiento de la memoria hist\u00f3rica, esta ofuscaci\u00f3n de la memoria popular, que suele ir acompa\u00f1ada de una p\u00e9rdida de identidad en lo cultural, equivale a un retroceso, que no por involuntario dejar\u00e1 de ser tal.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 una cosa as\u00ed puede llegar a ocurrir, y hasta a repetirse en la \u00e9poca de la universalizaci\u00f3n de la instrucci\u00f3n p\u00fablica?<\/p>\n<p>Porque la imagen del rostro de la bestia (del racismo, de la xenofobia, de la intolerancia entre culturas, de la explotaci\u00f3n social) es indistinguible de nuestro propio rostro, del rostro de los nuestros, en aquellos momentos iniciales en que el monstruo s\u00f3lo est\u00e1 incub\u00e1ndose. Entonces no puede parecer todav\u00eda lo que un d\u00eda acabar\u00e1 siendo. Nada tan repetido como el asombro de las gentes ante la en\u00e9sima comprobaci\u00f3n de que donde ayer hubo un remanso hoy puede haber un infierno. Yugoslavia ense\u00f1a. La pregunta que debemos hacernos al respecto es: \u00bfpor qu\u00e9 estas cosas nos parecen siempre \u00abirracionales\u00bb e \u00abincomprensibles\u00bb en el momento en que pasan y, en cambio, se explican tan bien al cabo del tiempo, cuando los muertos ya no est\u00e1n a la vista?<\/p>\n<p>El ordenador central que trata de regular la vida de las democracias realmente existentes en nuestras sociedades no deja de advertirnos una y otra vez: <i>low memory<\/i><i>!<\/i> Falta memoria, efectivamente, en el sistema de relaciones sociales vigente. Y falta memoria porque hay en este sistema una sobrecarga de documentos desinformadores, desorientadores, y un considerable desorden como consecuencia de la constante fragmentaci\u00f3n del discurso l\u00f3gico que practican hoy en d\u00eda buena parte de los medios de comunicaci\u00f3n de masas y de incomunicaci\u00f3n entre las personas. Tambi\u00e9n en este caso para ampliar la memoria, o para recuperar la memoria perdida en la selva de la desinformaci\u00f3n, hay que ganar un espacio, hay que hacer sitio. Hacer sitio a un discurso coherente que pueda ser transmitido de unas generaciones a otras.<\/p>\n<p>3. Una de las pocas formas que los humanos han inventado hasta ahora para solventar el gran problema de la incomprensi\u00f3n o incomunicaci\u00f3n entre generaciones, de la cual brota la debilidad o la ofuscaci\u00f3n de la memoria es la transmisi\u00f3n, como en una carrera de relevos, de las experiencias vividas por los de m\u00e1s edad. Estas experiencias tienden a independizarse de los hombres que las vivieron. Por ello, para ser compartidas, estas experiencias, que, sin su vivencia, siempre ser\u00e1n consideradas como cosas abstractas, o como batallitas, por los m\u00e1s j\u00f3venes, est\u00e1n pidiendo a voces creencias comunes, convicciones tambi\u00e9n compartidas. Para conquistar y fortalecer la democracia se necesita, por tanto, un delicado equilibrio entre tradici\u00f3n y renovaci\u00f3n, entre memoria hist\u00f3rica e invenci\u00f3n socialmente productiva.<\/p>\n<p>Hubo un tiempo en que este delicado equilibrio s\u00f3lo pod\u00eda lograrse a trav\u00e9s de la palabra, puesto que la escritura era cosa de minor\u00edas selectas. Hoy en d\u00eda, en cambio, la nostalgia de la buena palabra tiende a veces a asimilar el predominio de la cultura de la imagen con el malestar cultural, con el desasosiego de la cultura. Se dice incluso que la cultura de la imagen ha contribuido a la p\u00e9rdida de la memoria hist\u00f3rica de los m\u00e1s j\u00f3venes. Creo que esto es inexacto. En nuestro tiempo las im\u00e1genes compiten denodamente con la palabra dicha y con la palabra escrita en la ofuscaci\u00f3n de la memoria de las mayor\u00edas, cierto es, pero tambi\u00e9n compiten en la siempre renovada tentativa por configurar una nueva cultura para una inmensa minor\u00eda. No en balde el cine tiene ya sus cl\u00e1sicos contempor\u00e1neos apreciados intergeneracionalmente.<\/p>\n<p>La tendencia a echar la culpa del desasosiego cultural a la \u00faltima y m\u00e1s potente de las nuevas tecnolog\u00edas producidas por la especie humana es casi tan vieja como la historia de la tecnolog\u00eda y, con toda seguridad, simult\u00e1nea a las bober\u00edas del optimismo tecnocr\u00e1tico. Pero esa tendencia es tambi\u00e9n tan unilateral como el bobalic\u00f3n quedarse con la boca abierta ante los nuevos inventos que transforman el mundo de la producci\u00f3n simb\u00f3lica. No nos conviene, por tanto, encerrarnos en controversias con los m\u00e1s j\u00f3venes que reproduzcan din\u00e1micas unilaterales conocidas. Lo que hace falta en nuestras circunstancias es conocer mejor los motivos por los cuales la p\u00e9rdida de memoria hist\u00f3rica sigue siendo tan pertinaz <i>a pesar<\/i> de los medios tecnol\u00f3gicos que tenemos a nuestro alcance.<\/p>\n<p>En este sentido hay que pensar que el tipo de reflexi\u00f3n sobre democracia y memoria hist\u00f3rica que hace falta en esta Catalu\u00f1a del final de siglo no es pol\u00edtico, o no s\u00f3lo pol\u00edtico, ni tampoco apol\u00edtico, sino m\u00e1s bien prepol\u00edtico: una reflexi\u00f3n previa a la consideraci\u00f3n pol\u00edtica propiamente dicha, y, por tanto, m\u00e1s b\u00e1sica, m\u00e1s fundamental. La reducci\u00f3n politicista de los problemas que nos agobian, que son psicosociales y culturales, a la simpleza de la encuesta sociol\u00f3gica o al instrumental c\u00e1lculo electoralista es, me parece, la v\u00eda m\u00e1s r\u00e1pida para seguir ignorando los motivos del disgusto y del malestar cultural que azotan a las sociedades europeas. Estos, el disgusto y el malestar cultural, aumentan en nuestras sociedades, y minan la confianza de las gentes en el tipo de democracia establecida, no s\u00f3lo (como se cree a veces) por la corrupci\u00f3n de unos cuantos pol\u00edticos profesionales, sino porque, junto a \u00e9sta, se va haciendo cada vez m\u00e1s patente una contradicci\u00f3n que de momento parece insuperable.<\/p>\n<p>Esta contradicci\u00f3n podr\u00eda formularse as\u00ed: la necesidad de una<i> <\/i><i>conciencia de especie<\/i> implicada en la crisis econ\u00f3mico-ecol\u00f3gica global de nuestro planeta, en este vivir en un r\u00e9gimen de permanente \u00abtrampa adelante\u00bb (si se me permite traer a colaci\u00f3n la expresi\u00f3n del gran historiador don Ram\u00f3n Carande para caracterizar las dificultades de otro Imperio), choca fuertemente con la no-contemporaneidad de las vivencias de las pseudoespecies excluyentes en que contin\u00faa dividida la Humanidad en la \u00e9poca de la pl\u00e9tora miserable. La cultura de la imagen, y en primer lugar la presencia prepotente de \u00abla bicha\u00bb (como, con raz\u00f3n, ha llamado Rafael S\u00e1nchez Ferlosio a la televisi\u00f3n) hacen especialmente agudo este conflicto, porque resaltan hasta l\u00edmites psicol\u00f3gicamente insoportables la <i>no-contemporaneidad<\/i> de las situaciones y de las respuestas que, sin embargo, se dan<i> <\/i><i>simult\u00e1neamente<\/i> en el mundo, en un mundo de cuyos sufrimientos y alegr\u00edas en las cuatro esquinas podr\u00edamos saberlo todo ya casi al instante.<\/p>\n<p>Precisamente por el car\u00e1cter tan fundamental de esta contraposici\u00f3n entre simultaneidad de los acontecimientos y no-contemporaneidad de las respuestas subjetivas en el marco de una pl\u00e9tora miserable, lo m\u00e1s atractivo, tal vez, del an\u00e1lisis sociopol\u00edtico en Europa sea en este momento la aproximaci\u00f3n cr\u00edtica al sentido del tiempo subjetivo, humanizado, o sea, al sentido de los tiempos vividos por las personas con conciencia; una reflexi\u00f3n, \u00e9sta, que tiene su origen en la vindicaci\u00f3n feminista (pero no s\u00f3lo feminista) de <i>cambiar los tiempos<\/i> del trabajo y del ocio, los tiempos que dedicamos actualmente al cuidado de los otros, sobre todo, de nuestros mayores, y a la educaci\u00f3n sentimental de uno mismo, los tiempos de lo p\u00fablico y de lo privado. Pues s\u00f3lo una consideraci\u00f3n cr\u00edtica de este tipo puede hacernos caer en la cuenta de los sustanciales cambios que est\u00e1 experimentando en nuestras sociedades la comunicaci\u00f3n intergeneracional y entre los g\u00e9neros.<\/p>\n<p>Lo que se ha dado en llamar \u00abmelancol\u00eda democr\u00e1tica\u00bb es en buena parte efecto de la ampliaci\u00f3n de esta conciencia de la no-contemporaneidad en un mundo de contempor\u00e1neos, consecuencia, por tanto, de una acumulaci\u00f3n de conocimientos que han podido ser generalizados, universalizados, gracias a las nuevas tecnolog\u00edas de la imagen, sin que al mismo tiempo haya podido desarrollarse una nueva sensibilidad a la altura de las necesidades de la conciencia de especie. Pues la sensibilidad propia de la moral mesopot\u00e1mica (y de sus variantes euronorteamericanas) sigue perdurando en nosotros junto al inigualable saber que ya proporciona, en el \u00e1mbito de la individualidad, el alargamiento de la vida media de las personas. <i>Sabe m\u00e1s el diablo por viejo que por diablo<\/i><i>,<\/i> se dec\u00eda hasta hace poco. Y sufre por ello, habr\u00e1 que a\u00f1adir pronto.<\/p>\n<p>En el plano psicosocial los cuernos del conflicto son: de un lado, la inigualable acumulaci\u00f3n de saber sobre el mundo que s\u00f3lo da la edad, y, de otro, la persistencia de la vieja sensibilidad fragmentadora de los sentimientos de la especie. El mundo se empeque\u00f1ece ante la capacidad de conocer que dan las nuevas tecnolog\u00edas y el alargamiento de la vida, pero al mismo tiempo se hace grande, y terrible, por la no-contemporaneidad, por la inadaptaci\u00f3n de la sensibilidad al conocimiento, sobre todo en las zonas econ\u00f3micamente desarrolladas del planeta.<\/p>\n<p>Esta inadecuaci\u00f3n se paga con un profundo desasosiego: son muchas las personas que, al verse sin capacidad de actuaci\u00f3n para cambiar el mundo de base, oscilan entre la justificaci\u00f3n encubierta del racismo (que es siempre la reacci\u00f3n contra el pr\u00f3jimo m\u00e1s d\u00e9bil) y la anomia depresiva.<\/p>\n<p>Para salir de la encrucijada la memoria hist\u00f3rica es, repito, esencial. Y para recuperar la memoria hist\u00f3rica hace falta encontrar un lenguaje com\u00fan, un lenguaje que permita comunicar intersubjetivamente las vivencias de este desasosiego intergeneracional que, en nuestro caso, produce la reducci\u00f3n de todo al despliciente <i>pasa t\u00edo<\/i> y a la nost\u00e1lgica<i> <\/i><i>feria del 68<\/i><i> <\/i>(o del 66) contada por el profesor prematuramente envejecido.<\/p>\n<p>La universidad, nuestras universidades de hoy, tienen que tener, qu\u00e9 duda cabe, algo nuevo que decir sobre estos problemas. En vez de limitarnos a los viejos t\u00f3picos \u2013al <i>tal como \u00e9ramos<\/i> o al <i>cu\u00e9ntala otra vez, Cohn\u2013<\/i>, las fechas en que estamos, en esta conmemoraci\u00f3n del trig\u00e9simo aniversario de la asamblea constituyente del SDEUB, podr\u00edan ser un buen est\u00edmulo para pensar de forma cr\u00edtica en los motivos del malestar cultural de ahora. Y para obrar en consecuencia. Como creo que se intent\u00f3 hacer entonces, en 1966.<\/p>\n<p>Pero hay que evitar quedarse en la nostalgia. Pues como dijo el poeta: <i>Lo<\/i><i> peor es creer que se tiene raz\u00f3n\/ por haberla tenido.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>Anexo 2: Excurso te\u00f3rico-pol\u00e9mico sobre la historia en los tiempos sombr\u00edos<\/b><\/h3>\n<p><em>Nota manuscrita del autor: \u00abDe la historia de los que no tienen historia a la historia de los que no hacen historia: el bienvenido Mr. Chance historiogr\u00e1fico. Mencionar como punto de partida I. Rule y J. Fontana.\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>Escrito fechado el 25\/VII\/1990<\/em><\/p>\n<p>La configuraci\u00f3n del pasado humano y hasta la caracterizaci\u00f3n de la naturaleza humana a partir de conceptos y categor\u00edas elaborados en relaci\u00f3n con la observaci\u00f3n del presente parece ser \u00abun destino\u00bb, y un destino tan reiterado como dif\u00edcil de evitar. La apreciaci\u00f3n (siempre provisional, por lo dem\u00e1s) de que hemos llegado a una \u00e9poca en la que domina el hombre-m\u00e1quina prepogramado<sup>12<\/sup>, o en la que ha tomado cuerpo la idea del reba\u00f1o de atontados en un estercolero radiactivo<sup>13<\/sup>, etc. etc. Empuja hacia consideraciones mim\u00e9ticas, primero sobre nuestros antepasados y luego sobre la humanidad en su conjunto.<\/p>\n<p>Esto es cosa sabida desde que una parte de esa misma humanidad logr\u00f3 ir haci\u00e9ndose una conciencia hist\u00f3rica y, con ello, se distanci\u00f3 en el an\u00e1lisis de s\u00ed misma o empez\u00f3 a tomar <i>cum grano salis<\/i> las generalizaciones apresuradas sobre la historia y la estructura del ser humano.<\/p>\n<p>En el<b> <\/b>surgimiento de la conciencia hist\u00f3rica hay que ver tambi\u00e9n la extensi\u00f3n del relativismo cultural, o sea, la aceptaci\u00f3n de la idea seg\u00fan la cual la naturaleza humana, por su plasticidad, tiene elementos que se repiten junto a otros que nos permiten hablar al mimo tiempo de diferencias en el seno de la especie y de su evoluci\u00f3n. Marx critic\u00f3 muy duramente a Bentham en una nota de <i>El<\/i><i> <\/i><i>capital<\/i> por traspasar a la naturaleza humana lo que eran valores adquiridos por el tendero peque\u00f1oburgu\u00e9s ingl\u00e9s de su \u00e9poca. En una nota del cap\u00edtulo XXII del libro primero de <i>El <\/i><i>c<\/i><i>apital<\/i>, Marx despu\u00e9s de negar originalidad al utilitarismo de Bentham y de afirmar que \u00e9ste \u00abcopia sin pizca de ingenio a Helvetius y otros franceses del siglo XVIII\u00bb, empieza una argumentaci\u00f3n sarc\u00e1stica acerca del utilitarismo benthamiano que vale la pena traer a colaci\u00f3n aqu\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">\u00abAs\u00ed, por ejemplo, si queremos saber qu\u00e9 es \u00fatil para un perro, tenemos que penetrar en la naturaleza del perro. Pero jam\u00e1s llegaremos a ella partiendo del \u00abprincipio de utilidad\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Aplicado esto al hombre, si queremos enjuiciar de acuerdo al principio de la utilidad todos los hechos, movimientos, relaciones humanas, etc., tendremos que conocer ante todo la naturaleza humana en general y luego la naturaleza humana hist\u00f3ricamente por cada \u00e9poca. Bentham no se anda con cumplidos. Con la m\u00e1s candorosa sequedad, toma al filisteo moderno, especialmente al filisteo ingl\u00e9s, como el hombre normal. Cuanto sea \u00fatil para este lamentable hombre normal y su mundo, es tambi\u00e9n \u00fatil de por s\u00ed. Por este rasero mide luego el pasado, el presente y el porvenir. As\u00ed, por ejemplo, la religi\u00f3n cristiana es &#8216;\u00fatil&#8217; porque condena religiosamente los mismos desaguisados<b> <\/b>que castiga jur\u00eddicamente el C\u00f3digo penal. La cr\u00edtica literaria es<b> \u00ab<\/b>perjudicial\u00bb porque perturba a los hombres honrados en su disfrute de las poes\u00edas de Martin Tupper, etc&#8230; Si yo tuviese la valent\u00eda de mi amigo Enrique Heine llamarla a Mr. Jerem\u00edas Bentham un genio de la estupidez burguesa\u00bb (ed. Rozas, 514).<\/p>\n<p>Es natural que el retorno del benthamismo haya tra\u00eddo de nuevo \u2013y a\u00fan agudizado\u2013 ciertos vicios conocidos desde antiguo. El enamoramiento que muchos intelectuales parecen sufrir como un flechazo, cada vez que a uno del gremio se<b> <\/b>le ocurre una provocaci\u00f3n original que va en contra de lo generalmente aceptado, favorece este fen\u00f3meno consistente en ver el pasado del hombre y la humanidad misma con las im\u00e1genes formadas por unos ojos que necesariamente tienen que fijarse solo ( o sobre todo) en el presente.<\/p>\n<p>Lo favorece porque es la manera habitual en que las generaciones gremiales se<b> <\/b>autoafirman respecto de sus mayores en la Academia d\u00e1ndose<b> <\/b>a conocer a sus contempor\u00e1neos. La reiteraci\u00f3n del fen\u00f3meno no permite concluir, sin embargo, que \u00e9ste deje de tener importancia o que sea<b> <\/b>despreciable. Al contrario: obliga a tenerlo m\u00e1s en cuenta. Solo que en tiempos en los cuales la aceleraci\u00f3n del ritmo hist\u00f3rico, como dec\u00eda Ortega, ha alcanzado niveles<b> <\/b>nunca vistos, tal reiteraci\u00f3n empieza a resultar, como tantas otras cosas, una miaja rid\u00edcula. Pues el aumento de la competitividad en la Academia, la presi\u00f3n de la industria cultural y las necesidades de los medios de comunicaci\u00f3n de masas se han hecho tales que la nueva originalidad o la nueva provocaci\u00f3n se produce en lapsos de tiempo tan breves que uno puede ver en el transcurso de su vida \u2013sin haber vivido demasiado ni demasiados a\u00f1os\u2013 c\u00f3mo los intelectuales sin columna vertebral (que dec\u00eda Luk\u00e1cs) se pasan de una tesis sobre el pasado de la humanidad y sobre la humanidad misma, a otras radicalmente diferentes con la misma facilidad, o casi, con la que se cambia de camisa. Es el transformismo hecho enfermedad org\u00e1nica.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n uno se impone es \u00e9sta: podemos saber hacia donde se mover\u00e1 la orientaci\u00f3n<i> <\/i>de las hip\u00f3tesis historiogr\u00e1ficas sabiendo cu\u00e1l es el punto de vista que se ha hecho dominante sobre el presente, de la misma manera que podemos saber cu\u00e1l va a ser la met\u00e1fora que se impondr\u00e1 sobre la naturaleza humana conociendo la m\u00e1quina imperante en la \u00e9poca: fuimos como relojes, somos como ordenadores y es evidente que seremos como robots inteligentes<sup>14<\/sup>. En esto la literatura, que por su falta de respeto a la realidad puede permitirse exageraciones que no est\u00e1n permitidas en las ciencias sociales, siempre adelanta mucho. De hecho la literatura de ficci\u00f3n cient\u00edfica hace tiempo que viene adelantando lo que acabar\u00e1n diciendo soci\u00f3logos y fil\u00f3sofos en los pr\u00f3ximos tiempos.<\/p>\n<p>Se puede decir, pues, que la historia o, mejor, la filosof\u00eda de la historia y la metaf\u00edsica que se hace en un momento dado son siempre consecuencia de la observaci\u00f3n acerca del comportamiento de los grupos humanos en el presente.<\/p>\n<p>Por eso una de las hip\u00f3tesis historiogr\u00e1ficas que ahora se discute con toda seriedad es la de que, hablando con propiedad, no hubo nunca \u00abclase obrera\u00bb y menos a\u00fan \u00abconciencia de clase\u00bb ni, por implicaci\u00f3n, hubo nunca sujeto de cambio hist\u00f3rico alguno. La idea de una historia sin sujeto siempre ronda en la cabeza de los hombres cuando mirando por los alrededores se ve que los hombres dispuestos a hacer historia son pocos o muy escasos. De ah\u00ed se pasa con facilidad a una metaf\u00edsica nihilista y a una filosof\u00eda de la historia desencantada y estructuralista de la misma manera que, viendo por los alrededores lo que ve\u00eda, tenderos y filisteos, pod\u00eda Bentham, seg\u00fan Marx, reducir la naturaleza del hombre a la b\u00fasqueda de la utilidad,<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s curioso es<b> <\/b>que esta negeci\u00f3n de las clases sociales y de su conciencia, que en momentos anteriores ha sido formulada, como se recordar\u00e1, en t\u00e9rminos burdamente ideol\u00f3gicos o directamente politicistas<sup>15<\/sup>, aparece ahora como uno de los centros del debate entre intelectuales que se llaman a s\u00ed mismos \u00abposmarxistas\u00bb.<\/p>\n<p>Marx hablaba, en efecto, de clases sociales y de lucha de clases; y cre\u00eda que la conciencia era tan importante como<b> <\/b>para llegar a decir en un determinado momento que, sin conciencia, la clase (obrera) no era<b> <\/b>nada: o lo que es igual, que no hay clase propiamente dicha sin autoconciencia. Esta afirmaci\u00f3n se enmarca en una concepci\u00f3n del hombre y de su historia seg\u00fan la cual hacemos la historia pero en condiciones que no son las que elegimos: \u00abel hombre hace su propia historia pero no en les circunstancias que elige\u00bb.<\/p>\n<p>De estas dos afirmaciones anteriores se sigue con facilidad una conclusi\u00f3n sencilla: la clase obrera deja de ser sujeto hist\u00f3rico cuando por las razones que sea, no tiene (o ha perdido) consciencia de clase. Cuando tal cosa ocurre se deja de ser sujeto no solo en el sentido (permanente, pero relativo) de que no podemos elegir nunca las circunstancias en que hacer la historia, sino en el m\u00e1s amplio y absoluto sentido de \u00abno ser nada\u00bb o de \u00abno pintar nada\u00bb, en suma, de no tener ser, que dir\u00edan los cl\u00e1sicos castellanos.<\/p>\n<p>Esta es una lectura que no necesita de ninguna complicaci\u00f3n especial: cuadra bien con la antropolog\u00eda filos\u00f3fica de Marx y con su concepto ambivalente o dial\u00e9ctico de la relaci\u00f3n entre factores objetivos y subjetividad en la marcha de la historia.<\/p>\n<p>Pues bien la tesis neoconservadora y posmarxista sobre la inexistencia del sujeto y de las clases sociales se presenta original y provocadoramente como si acabase de descubrir el Mediterr\u00e1neo. Y lo hace, adem\u00e1s, <i>contra<\/i> Marx y contra el marxismo, pensando que est\u00e1 yendo m\u00e1s all\u00e1 de Marx y enmend\u00e1ndole la plana. Es natural que las cosas parezcan as\u00ed sobre todo a ex-marxistas poco advertidos y a j\u00f3venes que est\u00e1n buscando un lugar bajo el sol de la Academia (que es de los que m\u00e1s calienta).<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 es natural? Porque lo que se ve por los alrededores admite pocas dudas: en Europa, los EEUU de Norteam\u00e9rica y Jap\u00f3n, que es donde se escribe ahora la historia, no hay sujeto reevolucionario, lo que se llamaba \u00abclase obrera\u00bb ha estallado, efectivamente, en una multitud de fragmentos estratificados que se comportan corporativamente y que solo aspiran, en el mejor de los casos, a<b> <\/b>algunas reformas dentro del sistema, y, en el peor, a sobrevivir en \u00e9l. Adem\u00e1s, el comportamiento individual de los miembros de la clase no se diferencia gran cosa del de otros estratos de la poblaci\u00f3n: sigue normas individualistas y utilitaristas poniendo el dinero por encima de cualquier otra categor\u00eda y confundiendo lo econ\u00f3mico con lo cremat\u00edstico.<\/p>\n<p>Y si esto es as\u00ed, suele preguntarse el fil\u00f3sofo, el economista o el soci\u00f3logo aspirante a historiador, \u00bfpor qu\u00e9 no pensar que as\u00ed fue realmente antes que la llamada \u00abclase\u00bb con \u00abconciencia\u00bb ha sido solo un invento pol\u00edtico-ideol\u00f3gico del marxismo del siglo pasado? Naturalmente, el soci\u00f3logo aspirante a historiador, como cualquier otro hijo de vecino, encuentra en las<b> <\/b>historias de la historia aquello que va buscando. Este encontrar lo que se busca es, por cierto, lo que diferencia al soci\u00f3logo o al fil\u00f3sofo puesto a<b> <\/b>historiador del historiador verdadero, el cual \u2013tal como se est\u00e1n poniendo las cosas\u2013 lleva el camino de convertirse en un militante resistencial de la veracidad si quiere mantener la objetividad. Pues entre el peso de la d\u00e9cada conservadora y el peso \u2013siempre mas agradable, por supuesto\u2013 de las subvenciones p\u00fablicas y privadas estamos ya en camino de transformar cosas como el genocidio m\u00e1s tremendo de la historia de la humanidad (la colonizaci\u00f3n por espa\u00f1oles, portugueses, franceses e<b> <\/b>ingleses del continente americano) en, por ejemplo, una \u00ableyenda rosa\u00bb apta para preparar a los escolares para las celebraciones y conmemoraciones del V Centenario.<\/p>\n<p>La observaci\u00f3n no es trivial. La batalla por la historia lleva camino de convertirse en un cap\u00edtulo importante en nuestras sociedades. Pues una organizaci\u00f3n estabilizadora de estratos sociales sin conciencia, los cuales no aspiran a ser sujetos sino a ser convertidos en objetos, se parece mucho a lo que antes llam\u00e1bamos las \u00abclases pasivas\u00bb. Una sociedad de \u00abclases pasivas\u00bb cuanto m\u00e1s alejadas est\u00e9n de la historia de la lucha de clases mejor conllevar\u00e1 su situaci\u00f3n. Se invierte as\u00ed, curiosamente, lo que fue la relaci\u00f3n entre econom\u00eda y sociolog\u00eda, de una parte, e<b> <\/b>historia de otra en los a\u00f1os sesenta y setenta: hoy lo subversivo es la historiograf\u00eda, precisamente porque son mucho los historiadores que se inspiran en el marxismo, no la sociolog\u00eda o la econom\u00eda.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os sesenta economistas y soci\u00f3logos eran int\u00e9rpretes de un presente que se les aparec\u00eda como rebelde o revolucionario respecto del sistema; unos y otros proyectaban hacia el pasado y hacia la eternidad las categor\u00edas del presente convenientemente sustantificadas y exageradas: la universidad no hab\u00eda tenido nunca otra funci\u00f3n que la de reproducir \u00e9lites, se dec\u00eda; el marxismo naci\u00f3 con Marx negando que valiese la pena dedicar un instante m\u00e1s a la interpretaci\u00f3n del mundo, de lo que se trataba era solo de transformalo, se repet\u00eda; el pasado hab\u00eda sido, en general, la historia de la lucha de clases que conduc\u00eda derechamente al decisivo presente en el cual se<b> <\/b>segu\u00eda luchando. Y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>Mientras que \u00e9sta era por lo general la cantinela de soci\u00f3logos y economistas radicales, el historiador, m\u00e1s cauto, por lo que yo recuerdo de esos a\u00f1os, se ve\u00eda en la obligaci\u00f3n moral de rechazar esa visi\u00f3n del pasado porque no correspond\u00eda a sus dates y a sus conocimientos de<b> <\/b>los datos. Y as\u00ed era acusado de reformista o de positivista. Pero los tiempos han cambiado. Las facultades de sociolog\u00eda, de econom\u00eda, han dejado de ser nidos de marxistas. Los soci\u00f3logos y los economistas en su mayor\u00eda no ven hoy m\u00e1s que lo que vemos todos: econom\u00eda de mercado, corporativismo, comportamientos individualistas, etc. Y tienden a proyectar estas categor\u00edas nuevamente hacia el pasado: de este desaparecen las clases y los comportamientos altruistas, se encuentran explicaciones racionales y utilitaristas a la vieja solidaridad emocional y el gen ego\u00edsta reaparece por todas partes; los obreros de Londres, de Barcelona, de Manchester o de Asturias se convieren en trabajadores fragmentados que situaban ya en 1850 como act\u00faan hoy, la econom\u00eda moral no existi\u00f3, etc. Para argumentar tal cosa no se necesitan demasiados datos y, en cualquier caso, muchos de los economistas y soci\u00f3logos metidos a hacer historia tampoco lo necesitan porque tienen ya una concepci\u00f3n de lo que es la naturaleza humana formada a partir de lo que es la humanidad de hoy en los sitios que mejor conocemos. Lo que no puede ser es que en otros tiempos las cosas hayan sido de otra manera, las clases se hayan comportado de otra forma. Y lo notable es que tal afirmaci\u00f3n acaba teniendo una apariencia de verdad, porque la mayor\u00eda de los lectores del soci\u00f3logo o del economista tienden, igual que en estos, a juzgar el pasado por lo que est\u00e1 siendo el presente. De poco valen en ese contexto las r\u00e9plicas del historiador.<\/p>\n<p>Paolo Rossi, en <i>Las<\/i><i> <\/i><i>ara\u00f1as y<\/i><i> <\/i><i>las<\/i><i> <\/i><i>hormigas,<\/i> ha mostrado un ejemplo importante de esto, a saber: como a pesar de la cr\u00edtica radical que la<b> <\/b>historiograf\u00eda seria ha hecho de las tesis de Foucault su teor\u00eda se ha impuesto por sugestiva, porque concuerda con la visi\u00f3n del pasado que tenemos desde nuestra visi\u00f3n del presente.<\/p>\n<p>Decir, pues, que las cosas no fueron en el pasado como tal vez lo son en el presente tiene ya un sentido subversivo. Tal vez por eso se ha abierto tanto camino en los \u00faltimos tiempos una nueva concepci\u00f3n historiogr\u00e1fica. La<b> <\/b>concepci\u00f3n historiogr\u00e1fica que corresponde a un presente sin conciencia de clase y sin sujeto no es siquiera la vieja historia heroica de las elites que correspond\u00eda al viejo despotismo ilustrado (aunque empiece<b> <\/b>a haber historiadores de<b> <\/b>procedencia socialdem\u00f3crata que se comportan como si fuera posible reconstruir positivamente la vieja historia de los monarcas que actuaron desp\u00f3ticamente para el bien del pueblo sin el pueblo mismo: v\u00e9ase al respecto la orientaci\u00f3n oficial de los actos conmemorativos del Carlos III).<\/p>\n<p>Pero no puede ser \u00e9sta la concepci\u00f3n del momento porque es imposible prescindir a estas alturas del papel de las masas en la historia. La concepci\u00f3n de la historia m\u00e1s apropiada a los tiempos que vivimos es aquella que formalmente presume de desbordar al marxismo en lo concerniente al papel concedido a las masas. Las masas en primer plano nuevamente, dice esta nueva concepci\u00f3n, pero no las masas obreras organizadas y concienciadas, no las masas que se rebelan, crean sindicatos, denuncian las injusticias y tratan de convertirse en sujeto de la historia. Esto para la nueva concepci\u00f3n era<b> <\/b>romanticismo y moralismo. La historia que ahora interesa es justamente la historia de las mentalidades de los sujetos que fueron \u00abclases pasivas\u00bb, sufrientes y resignadas mayor\u00edas que aceptaron sin cr\u00edtica los sermones del cura de su pueblo y abrieron la boca ante la viejas tradiciones que enfrentaron al hombre con la fuerza de la naturaleza y jodieron como jode el pueblo, sin meterse en<i> <\/i>berenjenales. En los pueblos que son objeto de estudio de la nueva concepci\u00f3n nunca hubo clases sociales, nunca hubo lucha pol\u00edtica: los hombres eran objeto del clientelismo y de la manipulaci\u00f3n, pero se consideraban tan listos y tan c\u00ednicos como sus dirigentes y, si pod\u00edan, trataban de imitarlos.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n de la historia tiene a su favor dos cosas en este momento hist\u00f3rico. Primera<i>:<\/i><i> <\/i>que el pasado que pinta se parece a nuestro presente en el centro del imperio. Segunda: que en l\u00edneas generales la historia de las mayor\u00edas silenciosas puede parecerse mucho a este panorama. Las dos cosas dan cierta plausibilidad a este tipo de reconstrucciones.<\/p>\n<p>Hasta ahora las diversas concepciones de la historia han coincidido en un punto: llamar a la atenci\u00f3n de los contempor\u00e1neos acerca de lo excepcional, de lo extraordinario. \u00abHacer historia\u00bb todav\u00eda significa en castellano comportarse por encima de la media, salirse de lo normal, de lo que, a lo sumo, puede ser objeto de la cr\u00f3nica de lo cotidiano. La vieja historia consideraba que el sujeto de lo excepcional y cotidiano solo pod\u00eda ser el rey, el tirano, el d\u00e9spota o una combinaci\u00f3n de h\u00e9roes militares y de dirigentes pol\u00edticos. Hasta llegar a la formulaci\u00f3n del materialismo hist\u00f3rico la excepcionalidad en historia sigui\u00f3 siendo la regla.<\/p>\n<p>Incluso en Marx, el proletariado como clase universal y sujeto hist\u00f3rico propiamente dicho es algo excepcional, algo no comprobable inmediatamente por la sociolog\u00eda emp\u00edrica, un h\u00edbrido en parte existente pero por el que hay que luchar para llegar a existir del todo. Con la crisis del marxismo lo excepcional en lo que se est\u00e1 llamando o sociedad posindustrial pierde importancia, lo extraordinario cae<b> <\/b>progresivamente. El lenguaje cotidiano lo registra: cualquier tonter\u00eda cotidiana es calificada por los medios de comunicaci\u00f3n de masas como acontecimiento hist\u00f3rico, todo es \u00abhist\u00f3rico\u00bb. Lo que importa por tanto es la normalidad cotidiana; no lo excepcional o extraordinario: el n\u00famero, el ciudadano medio, el hombre-tipo que encaja en los programas de mayor audiencia en la televisi\u00f3n, el hombre pasivo, las \u00abclases pasivas\u00bb, que no protestan ni se rebelan, que votan, cuando votan lo que hay que votar. Este ser individualista y utilitarista que tiene en la cabeza una calculadora y que responde al<i> <\/i><i>hom<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>oe<\/i><i>conomicus<\/i> porque le han dicho que, en caso contrario, no podr\u00e1 hacer nada en este mundo, que puede ser f\u00e1cilmente comparado con un ordenador sumamente perfecto, que cumple con las leyes de la rob\u00f3tica asimoviana, que pasa por caja para cobrar religiosamente el subsidio garantizado o la pensi\u00f3n, que depende de su banco para toda decisi\u00f3n de cierta importancia en su vida, que est\u00e1 endeudado con su Estado como su Estado lo est\u00e1 con la comunidad internacional, este hombre parece buscar desesperadamente dos cosas en la \u00e9poca del \u00abfinal de las ideolog\u00edas\u00bb: un antepasado a quien parecerse<b> <\/b>y que le digan que la naturaleza humana siempre fue igual, pues eso tranquiliza la conciencia. Y a eso vienen los soci\u00f3logos metidos a historiadores y los soci\u00f3logos metidos a fil\u00f3sofos. Los primeros le encuentran a nuestro hombre pasivo antecedentes hist\u00f3ricos tales que pueda decirse: nunca hubo conciencia de clase, nunca lleg\u00f3 a haber verdadera rebeli\u00f3n y cuando la hubo fue peor para todos<sup>16<\/sup>.<\/p>\n<p>En cierto modo esta nueva concepci\u00f3n de la normalidad y de la pasividad de los m\u00e1s rompe con todas las concepciones de la historia pasada. Es el final de la Historia en el sentido de que lo que ahora tiende a considerarse hist\u00f3rico era lo que antes llam\u00e1bamos pura y simplemente mediocridad. La historia entra la ley de<b> <\/b>los grandes n\u00fameros, tan cara a economistas y soci\u00f3logos. La Historia regresa a la media. Tambi\u00e9n ella. Por eso hay que considerar que John Rule ha tenido una iluminaci\u00f3n en el cap\u00edtulo de conclusiones de su libro sobre la historia de la clase obrera inglesa en la \u00e9poca de la industrializaci\u00f3n<sup>17<\/sup>. Ha escrito que lo que pronto har\u00e1 anacr\u00f3nico su trabajo es la aparici\u00f3n de la historia de las mujeres que se perfila ya en el horizonte. Y as\u00ed es: a la nueva historia, que parte de la idea de que no hay sujeto y que pone el acento en la mediocre normalidad<sup>18<\/sup> del var\u00f3n pasivo de hoy retrollevado al pasado le ha salido un competidor, y solo uno importante<b>.<\/b><b> <\/b>Al impulso vital de las mujeres en el plano social, pol\u00edtico y cultural de nuestros d\u00edas tiene que corresponder tambi\u00e9n una reconstrucci\u00f3n de la historia y una filosof\u00eda, una ginelog\u00eda a la altura de las necesidades de un g\u00e9nero que se afirma. Esto explica tambi\u00e9n porque casi todo la alternativa que ahora se afirma lleva la firma de la mujeres y del feminismo.<br \/>\n<b><\/b><\/p>\n<p><b>Lo<\/b><b> <\/b><b>que<\/b><b> <\/b><b>hay<\/b><b> <\/b><b>que<\/b><b> <\/b><b>cambiar<\/b><b> <\/b><b>en<\/b><b> <\/b><b>la<\/b><b> <\/b><b>concepci\u00f3n<\/b><b> <\/b><b>marxiana<\/b><b> <\/b><b>de<\/b><b> <\/b><b>la<\/b><b> <\/b><b>historia:<\/b><\/p>\n<p>En l\u00edneas generales la visi\u00f3n marxiana de la historia, que pone el acento en la determinaci\u00f3n de la conciencia por la estructura econ\u00f3mica de la sociedad, que ve en<b> <\/b>las relaciones de producci\u00f3n un factor explicativo fundamental de las dem\u00e1s manifestaciones humanas, sigue<b> <\/b>siendo, de entre las concepciones de la historia que conocemos, la m\u00e1s adecuada a los hechos, a lo que ha habido y a lo que hay. Con los cambios, transformaciones y revoluciones de estos cien a\u00f1os, la verdad es<b> <\/b>que seguimos viviendo en las<i> <\/i><i>g\u00e9<\/i><i>lidas<\/i><i> <\/i><i>aguas<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>c\u00e1lculo<\/i><i> <\/i><i>ego\u00edsta; <\/i>la cultura burguesa sigue dividida y oscilante entre la aceptaci\u00f3n positivista de lo dado y la vuelta a\u00f1orante y rom\u00e1ntica a un pasado idealizado; la ciencia, que adem\u00e1s de haberse convertido en fuerza productiva directa, como ya previ\u00f3 Marx, ha entrado de lleno en el proceso de mercantilizaci\u00f3n de toda manifestaci\u00f3n cultural o simb\u00f3lica, sigue destellando sobre un fondo de ignorancia (hoy<b> <\/b>el ejemplo m\u00e1s notable es el del sistema de ense\u00f1anza norteamericana en el que se dan al mismo tiempo el m\u00e1 s\u00f3rdido analfabetismo funcional y la m\u00e1s alta calidad cient\u00edfica para minor\u00edas.<\/p>\n<p>Pero:<\/p>\n<p>&#8211; la reconstrucci\u00f3n anal\u00edtica del marxismo muestra que la sustancial diferencia del m. h. (materialismo hist\u00f3rico) no est\u00e1 en el m\u00e9todo, sino en el programa de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; futilidad del materialismo hist\u00f3rico como concepci\u00f3n general del mundo (cosa que ya vio Korsch)<\/p>\n<p>&#8211; necesidad de corregir, sobre la base de los an\u00e1lisis concretos de experiencias concretas, el esquema mec\u00e1nico-determinista de algunas formulaciones de la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica (cosa que empez\u00f3 a reconocer el viejo Engels y en la que insiti\u00f3 Antonio Gramsci).<\/p>\n<p>&#8211; necesidad de corregir la visi\u00f3n del marxismo como filosof\u00eda de la historia, como esquema simplificado de la sucesi\u00f3n de los modos de producci\u00f3n o como llave maestra para el conocimiento (explicaci\u00f3n y<i> <\/i>previsi\u00f3n) de todo acontecimiento hist\u00f3rico (cosa que ya vio Marx en sus \u00faltimos a\u00f1os: cartas a los rusos).<\/p>\n<p>&#8211; necesidad de corregir el etnocentrismo de \u00e9poca que queda en el marxismo cl\u00e1sico, para el cual mundo, como para toda la visi\u00f3n del siglo pasado, era mayormente Europa-Am\u00e9rica y las colonias explotadas, mientras que para nosotros mundo tiene ya un significado pleno.<\/p>\n<p>&#8211; necesidad de corregir y ampliar los conceptos de \u00abfuerzas productivas\u00bb, \u00abprogreso\u00bb y \u00abnaturaleza\u00bb que hay en el marxismo cl\u00e1sico no solo para entender mejor el mundo de hoy, sino tambi\u00e9n para dar la importancia hist\u00f3rica que tienen a factores, como los ecol\u00f3gicos y energ\u00e9ticos, que en el marxismo cl\u00e1sico eran casi irrelevantes,<\/p>\n<p><i>&#8211; <\/i>necesidad de corregir y\/o desarrollar la visi\u00f3n marxiana de la relaci\u00f3n entre divisi\u00f3n sexual, divisi\u00f3n t\u00e9cnica y divisi\u00f3n social fijista del trabajo a la largo de la historia, y, con ello, necesidad de ampliar el concepto de trabajo productivo que ha sido muy limitativo en el marxismo cl\u00e1sico (cosa que vieron por primera vez Walter Benjamin y las mujeres).<i> <\/i><\/p>\n<h4><strong>Notas<\/strong><\/h4>\n<p>1 Jorge Manrique.<\/p>\n<p>2 Manuel V\u00e1zquez Montalb\u00e1n.<\/p>\n<p>3 Jos\u00e9 \u00c1ngel Valente.<\/p>\n<p>4 Maurizio Viroli.<\/p>\n<p>5 Karl Marx, <i>El capital<\/i>, pr\u00f3logo.<\/p>\n<p>6 <i>La caverna.<\/i><\/p>\n<p>7 \u00abEl pez cornudo en el estanque helado\u00bb. <i>El Pa\u00eds<\/i> (Libros), 28\/IV\/1985, pp. 1-2, Versi\u00f3n completa en <i>Discursos para insumisos discretos<\/i>, pp. 255-260.<\/p>\n<p>8 Lisboa.<\/p>\n<p>9 <em>Aleksandr <\/em>Aleks\u00e1ndrovich <em>Zin\u00f3viev.<\/em><\/p>\n<p>10 Joan Crexell, <i>La Caputxinada, <\/i>Ediciones 62, 1987.<\/p>\n<p>11 Valentino Gerratana, traducido por el autor para Hip\u00f3tesis, es el editor de los<i> Quaderni<\/i>. Paolo Spriano es autor <i>Storia <\/i><i>d<\/i><i>el Partito Comunista Italiano. I. Da Bordiga <\/i><i>a<\/i><i> Gramsci<\/i>.<\/p>\n<p>12 En el<i> In<\/i><i>depen<\/i><i>diente<\/i>: el hombre es el eslab\u00f3n perdido entre el mono y la m\u00e1quina.<\/p>\n<p>13 Del editorial del n\u00famero 1 de <i>mientras tanto.<\/i><\/p>\n<p>14 Esto amplia y corrige la idea de K. Marx en la Introducci\u00f3n de los <i>Grundrisse <\/i>(1857-1858) seg\u00fan la cual la autonom\u00eda del hombre ayuda a comprender la anatom\u00eda del mono: el conocimiento de la m\u00e1quina-s\u00edmbolo ayuda a comprender c\u00f3mo se ve\u00edan los hombres de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p>15 La negaci\u00f3n del punto de vista clasista ha sido desde hace tiempo una constante de la historiograf\u00eda pol\u00edtica conservadora.<\/p>\n<p>16 Esto se ha hecho particularmente patente en la reconstrucci\u00f3n de la guerra civil espa\u00f1ola de 36-39: sobre todo en las reconstrucciones pensadas para las grandes marcas en los medios de comunicaci\u00f3n. Impresiona c\u00f3mo se est\u00e1n haciendo dos historias de lo contempor\u00e1neo: la historia escrita para cultos, en que todav\u00eda impera la idea de la objetividad respetuosa con la de aquellos a\u00f1os; y la historia en im\u00e1genes, una historia imaginada, para los m\u00e1s, en la cual todo tiene un aire lejano y as\u00e9ptico, que no convoca en absoluto con las pasiones, intereses y pol\u00e9micas que condujeron a una guerra ciivl.<\/p>\n<p>17 <i>Clase obrera e industrializaci<\/i><i>\u00f3n. <\/i><i>Historia social de la revoluci\u00f3n industrial brit\u00e1nica, 1750-1850,<\/i> Editorial Cr\u00edtica, Barcelona.<\/p>\n<p>18 CF. P. Jacard sobre el \u00abnorm\u00f3pata cotidiano.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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