{"id":1402,"date":"2010-08-01T00:00:00","date_gmt":"2010-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1402"},"modified":"2019-01-21T18:58:59","modified_gmt":"2019-01-21T18:58:59","slug":"ciudadania-y-capitalismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1402","title":{"rendered":"Ciudadan\u00eda y capitalismo"},"content":{"rendered":"<p>    <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Empecemos con un cuento.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Hab&iacute;a una vez un pedagogo que sali&oacute; de viaje y se perdi&oacute; en el desierto. Camin&oacute; y camin&oacute; sin encontrar ni casas ni alimentos y al cabo de algunos d&iacute;as estaba tan cansado y ten&iacute;a tanta hambre que se sent&oacute; en el suelo y se puso a hablar con las piedras que lo rodeaban. Las adulaba, las amonestaba, las aleccionaba con convicci&oacute;n y paciencia. Llevaba as&iacute; muchas horas cuando acert&oacute; a pasar por all&iacute; un hada, a la que llam&oacute; la atenci&oacute;n el extra&ntilde;o comportamiento de nuestro hombre.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo? &ndash;le pregunt&oacute;-.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>El pedagogo la mir&oacute; altivo, un poco molesto por la interrupci&oacute;n.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Estoy educando a estas piedras para que se conviertan en panes.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Eso te puede llevar mucho tiempo &ndash;respondi&oacute; el hada-. Con esto lo har&aacute;s m&aacute;s deprisa.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Y sac&oacute; de su zurr&oacute;n una varita m&aacute;gica.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>El hombre, furioso y despechado, le respondi&oacute;:<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Soy un ser racional. No creo en la magia.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Y, volviendo la cabeza, sigui&oacute; explicando a tres peque&ntilde;as rocas la composici&oacute;n molecular de la harina.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>No puede haber cuentos sin magia. Hab&iacute;a una vez un ni&ntilde;o que, huyendo de un ogro, detuvo su carrera y se puso a educar a sus botas para que volasen. Hab&iacute;a una vez una doncella desgraciada, anhelante de abrazos, que se pas&oacute; la vida educando a una rana para que se transformase en un pr&iacute;ncipe. Hab&iacute;a una vez una esclava maltratada que dedicaba todos los d&iacute;as varias horas, junto a la chimenea, a educar a sus vestidos para que se cubriesen de oro, a educar a una calabaza para que se convirtiese en carroza y a educar a dos ratones para que se convirtiesen en dos apuestos cocheros. As&iacute; no se hacen los cuentos. Podemos imaginar muy bien el triste final de estas historias y la frustraci&oacute;n radical de los lectores.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Mucho m&aacute;s irracional que la magia es creer que se va a alcanzar lo imposible sin ella. De hecho, en la discusi&oacute;n entre el PP y el PSOE sobre la asignatura de &ldquo;Educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a&rdquo; (v&eacute;ase el recuadro), el PP tiene todas las ventajas: cree abiertamente en la magia o, al menos, en las varitas -es decir, en la religi&oacute;n y en la represi&oacute;n- mientras que el PSOE cree o finge creer que se puede hacer un cuento convincente sin intervenciones taumat&uacute;rgicas o peripecias sobrenaturales. En todo caso la discusi&oacute;n tiene para ambos la ventaja de dejar fuera la verdadera cuesti&oacute;n, que no es la de la &ldquo;asignatura de ciudadan&iacute;a&rdquo; sino la de la ciudadan&iacute;a misma.  <\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>En 1765, en el art&iacute;culo correspondiente de la Enciclopedia, bisagra intelectual entre dos reg&iacute;menes y dos &eacute;pocas, el ilustrado Diderot aclaraba que &ldquo;el nombre de ciudadano no es adecuado para quienes viven sojuzgados ni para quienes viven aislados; de donde se deduce que los que viven completamente en estado de naturaleza, como los soberanos, y los que han renunciado definitivamente a este estado, como los esclavos, no pueden ser considerados nunca como ciudadanos&rdquo;. Y esto precisamente -a&ntilde;ade el fil&oacute;sofo franc&eacute;s- porque lo que distingue al &ldquo;ciudadano&rdquo; del &ldquo;s&uacute;bdito&rdquo; es que &ldquo;el primero es un hombre p&uacute;blico y el segundo es un simple particular&rdquo;. En el orden privado, entre particulares, la relaci&oacute;n es siempre de &ldquo;subditaje&rdquo; mientras que el acceso a la ciudadan&iacute;a es inseparable de la &ldquo;civilizaci&oacute;n&rdquo; de los humanos, entendiendo el t&eacute;rmino &ldquo;civilizaci&oacute;n&rdquo; en el mismo sentido que Antoni Dom&egrave;nech, no como opuesto a &ldquo;barbarie&rdquo; sino a &ldquo;domesticaci&oacute;n&rdquo;. Lo contrario de un hombre p&uacute;blico, de un &ldquo;ciudadano&rdquo; o &ldquo;civilizado&rdquo;, es un &ldquo;dom&eacute;stico&rdquo; o &ldquo;domesticado&rdquo;. All&iacute; donde el soberano es el rey, todas las relaciones son relaciones privadas; cada miembro de la sociedad se sujeta individualmente a la voluntad del monarca, a partir de cuyo arbitrio el pa&iacute;s entero deviene una gran familia; es decir -en su sentido original- un conjunto de f&aacute;mulos , &ldquo;dom&eacute;sticos&rdquo;, &ldquo;servidores&rdquo;, &ldquo;criados&rdquo;. All&iacute; donde, como en la antigua Grecia, la ciudadan&iacute;a es limitada a los varones libres, los lugares que quedan fuera del espacio p&uacute;blico, como recintos puramente privados, son el gineceo y la erg&aacute;stula, donde la mujer y el esclavo subvienen a la pura reproducci&oacute;n de la vida en su calidad de particulares aislados y sometidos. Lo que en todo caso comprendieron bien los griegos, como tambi&eacute;n lo comprendieron los revolucionarios jacobinos, es que el proceso de &ldquo;civilizaci&oacute;n&rdquo; es en realidad la lucha contra la &ldquo;domesticidad&rdquo; de las dependencias particulares y que el acceso al espacio p&uacute;blico no es el resultado de la adquisici&oacute;n de &ldquo;valores&rdquo; &eacute;ticos o culturales (que los esclavos y las mujeres, en la antigua Grecia, compart&iacute;an con los ciudadanos libres) sino de la adquisici&oacute;n de recursos materiales. Por contraste con los &ldquo;individuos&rdquo;, que depend&iacute;an casi biol&oacute;gicamente del marido o del amo para sobrevivir, la condici&oacute;n de la ciudadan&iacute;a (a partir, al menos, de Cl&iacute;stenes) fue siempre la autarqu&iacute;a econ&oacute;mica: los derechos civiles y pol&iacute;ticos se desprend&iacute;an naturalmente de la propiedad sobre los medios de producci&oacute;n (en este caso la tierra). Para salir del &aacute;mbito dom&eacute;stico de las relaciones particulares -la casa y la erg&aacute;stula, la familia y la f&aacute;brica- es necesario ser &ldquo;due&ntilde;o de uno mismo&rdquo; y esto, parad&oacute;jicamente, implica sustraerse al orden de los intercambios individuales -propios de la esclavitud y el patriarcado, reg&iacute;menes de aislamiento y sumisi&oacute;n- para participar de la riqueza p&uacute;blica y general.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Por eso es posible concebir el estatuto de ciudadan&iacute;a sin verdadera democracia, como en la antigua polis ateniense o en las sociedades liberales censitarias; y por eso, a la inversa, la democracia s&oacute;lo puede establecerse a partir de la generalizaci&oacute;n de las condiciones materiales de la ciudadan&iacute;a. Podemos imaginar perfectamente un r&eacute;gimen social en el que los esclavos escogieran mediante votaci&oacute;n a sus amos o las mujeres eligieran a sus violadores dom&eacute;sticos y en el que, sin salir nunca de casa , sin que sus acciones fuesen jam&aacute;s pol&iacute;ticas ni adquirir jam&aacute;s la dignidad ciudadana, esclavos y mujeres reprodujesen voluntariamente una relaci&oacute;n de &ldquo;subditaje&rdquo;. El ser humano deja de ser &ldquo;s&uacute;bdito&rdquo; para convertirse en &ldquo;ciudadano&rdquo; a trav&eacute;s, no del derecho al voto o del adoctrinamiento &ldquo;humanitario&rdquo;, sino del disfrute rutinario de ciertas garant&iacute;as materiales: alimentaci&oacute;n, vivienda, salud, instrucci&oacute;n y -cla&uacute;sula de todas ellas- propiedad sobre los medios de producci&oacute;n (sobre eso que en otras ocasiones he llamado &ldquo;bienes colectivos&rdquo; para distinguirlos de los &ldquo;universales&rdquo; -el arte o la Tierra misma- y los &ldquo;generales&rdquo; -el pan o la ropa).<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>S&oacute;lo una alucinaci&oacute;n ideol&oacute;gica ha podido convencernos de que el capitalismo es la v&iacute;a natural, y la &uacute;nica posible, a la ciudadan&iacute;a general. Precisamente el mercado capitalista se concibe a s&iacute; mismo como una suma de intercambios aislados y particulares, las dos caracter&iacute;sticas que Diderot atribu&iacute;a a la relaci&oacute;n de &ldquo;subditaje&rdquo;, y s&oacute;lo es capaz de aprehender a los hombres, por tanto, en su condici&oacute;n de aislamiento y particularidad. El mercado &uacute;nicamente reconoce &ldquo;simples hombres privados&rdquo;, en permanente estado de naturaleza, que establecen relaciones particulares -sin embargo- en un medio social hist&oacute;rica y estructuralmente construido a partir del despojamiento desigual. Estos sujetos ficticios son formalmente due&ntilde;os de s&iacute; mismos all&iacute; donde de hecho s&oacute;lo pueden &ldquo;contratar&rdquo; su redomesticaci&oacute;n; all&iacute; donde s&oacute;lo entran precisamente despu&eacute;s de renunciar a la ciudadan&iacute;a misma y para negociar su condici&oacute;n de s&uacute;bditos mediante un contrato privado. El mercado, como la monarqu&iacute;a, generaliza el orden dom&eacute;stico, el orden de los domesticados, la extensi&oacute;n y hegemon&iacute;a de los v&iacute;nculos familiares sin necesidad de una legitimaci&oacute;n exterior sobrenatural o mitol&oacute;gica: precisamente ese r&eacute;gimen imaginario en el que los esclavos eligen a sus amos y las mujeres a sus violadores. En este contexto, la ciudadan&iacute;a o &ldquo;politeia&rdquo; se convierte en una combinaci&oacute;n de &ldquo;politesse&rdquo; y &ldquo;polic&iacute;a&rdquo;; es decir, en un r&eacute;gimen de domesticaci&oacute;n en el que los ricos, alternativa o simult&aacute;neamente, educan y reprimen a los pobres. En cuanto al &aacute;mbito p&uacute;blico, tambi&eacute;n ha sido completamente despolitizado o domesticado, identificado con la exhibici&oacute;n en televisi&oacute;n del gineceo y la erg&aacute;stula: lo que -fraudulenta inversi&oacute;n- llamamos &ldquo;publicidad&rdquo; para designar la invasi&oacute;n totalizadora del espacio com&uacute;n por parte de los intereses y los deseos privados.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Tras derrotar al jacobinismo republicano, el capitalismo hizo lo mismo que la Roma imperial y por motivos parecidos: urgida por su propio crecimiento y por la presi&oacute;n popular, extendi&oacute; la ciudadan&iacute;a formal al mismo tiempo que despojaba ininterrumpidamente a los humanos de sus condiciones materiales de existencia. Se ajust&oacute; as&iacute; el concepto de ciudadan&iacute;a al nuevo instrumento de gesti&oacute;n de la vida econ&oacute;mica: el Estado-Naci&oacute;n. Como recuerda el jurista italiano Danilo Zolo en un libro de t&iacute;tulo elocuente ( De ciudadanos a s&uacute;bditos ), el t&eacute;rmino &ldquo;ciudadano&rdquo; dej&oacute; de oponerse a &ldquo;s&uacute;bdito&rdquo; para oponerse sencillamente a &ldquo;extranjero&rdquo;. Uno ya no es un &ldquo;civilizado&rdquo; universal, depositario de derechos materiales de los que se desprende naturalmente el ejercicio de derechos civiles y pol&iacute;ticos, sino un &ldquo;ciudadano espa&ntilde;ol&rdquo; o un &ldquo;ciudadano franc&eacute;s&rdquo;, cuyos derechos aleatorios est&aacute;n sujetos al intercambio desigual de la econom&iacute;a global capitalista y se definen contra los derechos del &ldquo;ciudadano senegal&eacute;s&rdquo; o el &ldquo;ciudadano boliviano&rdquo;. En un contexto de soberan&iacute;a desigual, en el que la &ldquo;espa&ntilde;olidad&rdquo; -por ejemplo- deriva sus relativas ventajas c&iacute;vico-pol&iacute;ticas (incluida la de viajar libremente por el Tercer Mundo) de su agresividad neocolonial, basta poner, uno al lado del otro, al turista y al inmigrante para calibrar toda la inconsistencia e injusticia de la &ldquo;ciudadan&iacute;a nacional&rdquo;. El inmigrante, en efecto, es el no-ciudadano por excelencia, no s&oacute;lo el dom&eacute;stico voluntario sino el &ldquo;b&aacute;rbaro&rdquo; irrecuperable; no ya el s&uacute;bdito familiar sino el in-humano extra&ntilde;o e inasimilable. Bajo el capitalismo, nuestras ciudades est&aacute;n habitadas por seres humanos doblemente &ldquo;incivilizados&rdquo;: los &ldquo;dom&eacute;sticos&rdquo; nacionales, que negocian en privado su derecho a la existencia como s&uacute;bditos precarios, y los &ldquo;b&aacute;rbaros&rdquo; extranjeros, individuos puros que entran en el mercado sin posibilidad de negociaci&oacute;n, privados al mismo tiempo de nacionalidad y de palabra. El retroceso creciente de las libertades formales se inscribe en el marco muy funcional de una guerra entre &ldquo;domesticados&rdquo; y &ldquo;b&aacute;rbaros&rdquo;; es decir de una guerra cada vez m&aacute;s agresiva, no por la ciudadan&iacute;a, sino entre no-ciudadanos.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>La ciudadan&iacute;a no se adquiere en la escuela ni leyendo la Constituci&oacute;n ni votando cada cuatro a&ntilde;os a un nuevo amo o a un nuevo violador. No se puede educar para la ciudadan&iacute;a como no se puede educar para la respiraci&oacute;n o para la circulaci&oacute;n de la sangre. Al contrario, la ciudadan&iacute;a misma es la condici&oacute;n de todo proceso educativo como la respiraci&oacute;n y la circulaci&oacute;n de la sangre son las condiciones de toda vida humana. A la escuela deben llegar ciudadanos ya hechos y la escuela debe educarlos para la filosof&iacute;a, para la ciencia, para la m&uacute;sica, para la literatura, para la historia. Es decir -por citar a S&aacute;nchez Ferlosio- debe &ldquo;instruirlos&rdquo; en el patrimonio com&uacute;n de un saber colectivo y universal. Mientras el mercado produce materialmente s&uacute;bditos y b&aacute;rbaros de manera ininterrumpida, se exige a los educadores que, a fuerza de discursos y &ldquo;valores&rdquo;, los transformen en ciudadanos. La escuela, verdadera damnificada del proceso de globalizaci&oacute;n capitalista, se convierte as&iacute; en el chivo expiatorio del fracaso estrepitoso, estructural, de una sociedad radicalmente &ldquo;incivilizada&rdquo;. Se le reclama que eduque para la libertad, que eduque para la tolerancia, que eduque para el di&aacute;logo mientras se entrega a la Mafia la gesti&oacute;n de las monta&ntilde;as y los r&iacute;os, el trabajo, las im&aacute;genes, la comida, el sexo, las m&aacute;quinas, la ciencia, el arte. Educados por las Multinacionales y las leyes de extranjer&iacute;a, por el trabajo precario y el consumo suicida, por la Ley de partidos y la televisi&oacute;n, reducidos por una fuerza colosal a la condici&oacute;n de s&uacute;bditos -de piedras, ratones y calabazas-, la escuela debe corregir con buenas palabras los egos industriales fabricados, como su funci&oacute;n econ&oacute;mica y su amenaza social, en la forja capitalista.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar anti-racismo e integraci&oacute;n? El gobierno espa&ntilde;ol firma la expulsi&oacute;n de ocho millones de inmigrantres de la Uni&oacute;n Europea. &iquest;No es ese gesto mucho m&aacute;s educativo?<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar Estado de Derecho? Solbes, ministro de Econom&iacute;a, nos dice que &ldquo;no soy partidario de grandes leyes que den reconocimiento de derechos para toda la vida&rdquo;. &iquest;No son estas declaraciones, y la &ldquo;liberalizaci&oacute;n&rdquo; econ&oacute;mica que las acompa&ntilde;a, mucho m&aacute;s influyentes que un art&iacute;culo de la Constituci&oacute;n?<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar no-violencia y tolerancia? EEUU, el pa&iacute;s m&aacute;s &ldquo;democr&aacute;tico&rdquo; del mundo, invade Iraq por televisi&oacute;n y tortura a sus habitantes en directo. &iquest;No es esta una demostraci&oacute;n mucho m&aacute;s convincente de que la violencia en realidad es &uacute;til?<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar esp&iacute;ritu deportivo de participaci&oacute;n? Una sola carrera de f&oacute;rmula-1 (fusi&oacute;n material de rivalidad b&eacute;lica, ostentaci&oacute;n aristocr&aacute;tica y competencia interempresarial) ense&ntilde;a m&aacute;s que 4.000 libros de filosof&iacute;a.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar igualdad y fraternidad? Seis horas de publicidad al d&iacute;a condicionan nuestra autoestima al ejercicio angustioso, pugnaz, de un elitismo est&aacute;ndar.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar respeto por el otro? Basta cualquier concurso de televisi&oacute;n para comprender que lo divertido es re&iacute;rse de los dem&aacute;s y lo emocionante es verlos derrotados y humillados.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar solidaridad? El mercado laboral y el consumo individualizado convierten la indiferencia en una cuesti&oacute;n de supervivencia cotidiana.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar respeto por el espacio p&uacute;blico? Las calles, los peri&oacute;dicos, las pantallas, est&aacute;n llenas de llamadas publicitarias a hacer ricas a unas cuantas multinaciones y a matar a decenas de miles de personas en todo el mundo.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar la resoluci&oacute;n dialogada de los conflictos? Leyes, detenciones, torturas, periodistas y pol&iacute;ticos dejan claro en todo momento que con &ldquo;terroristas&rdquo; no se habla ni se negocia.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>&iquest;Ense&ntilde;ar humanitarismo, compasi&oacute;n, dignidad, pacifismo? En agosto de 2007 siete pescadores tunecinos fueron detenidos, aislados y procesados, de acuerdo con las leyes italianas y europeas, por haber socorrido a inmigrantes n&aacute;ufragos a la deriva. Ning&uacute;n discurso humanitario puede ser tan decisivamente pedag&oacute;gico.<\/P> <P ALIGN=JUSTIFY STYLE='margin-top: 0.18cm; margin-bottom: 0.18cm'>Hemos entregado la infancia a Walt Disney, la salud a la casa Bayer, la alimentaci&oacute;n a Monsanto, la universidad al Banco de Santander, la felicidad a Ford, el amor a Sony y luego queremos que nuestros hijos sean razonables, solidarios, tolerantes, &ldquo;ciudadanos&rdquo; responsables y no &ldquo;s&uacute;bditos&rdquo; puramente biol&oacute;gicos. El mercado capitalista nos trata como piedras, ratones y calabazas y luego pedimos a los maestros y profesores que nos conviertan en humanos &ldquo;civilizados&rdquo;. Nada tiene de extra&ntilde;o que cada vez menos gente crea en los discursos y cada vez m&aacute;s gente crea en Dios. Si aceptamos el capitalismo, si no acometemos una verdadera transformaci&oacute;n que asegure que a la escuela llegan ciudadanos y no s&uacute;bditos, el futuro -incluso electoralmente- es de los fan&aacute;ticos, los fundamentalistas y los fascistas. Como ya lo estamos viendo.<\/P>  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Empecemos con un cuento. Hab&iacute;a una vez un pedagogo que sali&oacute; de viaje y se perdi&oacute; en el desierto. 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