{"id":14022,"date":"2023-07-18T05:00:23","date_gmt":"2023-07-18T04:00:23","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14022"},"modified":"2023-07-17T16:00:57","modified_gmt":"2023-07-17T15:00:57","slug":"bartolome-de-las-casas-en-la-controversia-de-valladolid-1550-1551","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14022","title":{"rendered":"Bartolom\u00e9 de Las Casas en la controversia de Valladolid (1550-1551)"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Publicado en Araceli Mondrag\u00f3n y Francisco Pi\u00f1\u00f3n (coordinadores), <\/em>Bartolom\u00e9 de Las Casas: proyecto y utop\u00eda<em>, M\u00e9xico, Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana, 2010, pp. 57-94.<\/em><\/p>\n<p><b>1. <\/b>En 1992, coincidiendo con los fastos conmemorativos del quinto centenario del llamado Descubrimiento de Am\u00e9rica, el cineasta franc\u00e9s Jean-Claude Carri\u00e8re, muy conocido ya, entre otras cosas, por su colaboraci\u00f3n como guionista en varios filmes de Luis Bu\u00f1uel, tuvo la excelente idea de escribir un gui\u00f3n cinematogr\u00e1fico sobre la controversia que en 1550-1551 hab\u00edan mantenido, en Valladolid, Gin\u00e9s de Sep\u00falveda y Bartolom\u00e9 de las Casas. La idea acab\u00f3 concret\u00e1ndose primero en un film para la televisi\u00f3n y luego en una obra de teatro, ambos con ese mismo t\u00edtulo. La pel\u00edcula, interpretada en sus papeles estelares por Jean-Pierre Marielle y Jean-Louis Trintignant, recibi\u00f3 innumerables elogios y obtuvo el premio \u00ab7 d\u2019Or\u00bb al mejor telefilm del a\u00f1o 1993. Con motivo de su proyecci\u00f3n en Espa\u00f1a, el propio Carri\u00e8re argument\u00f3 la idea de su gui\u00f3n diciendo que \u00e9ste abordaba un episodio hist\u00f3rico tan relevante y moderno como escasamente conocido a\u00fan.<\/p>\n<p>Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, pasada ya la resaca de los fastos conmemorativos del quinto centenario, el texto de Jean-Claude Carri\u00e8re, traducido al espa\u00f1ol por Sim\u00f3n Morales, fue llevado al teatro por la compa\u00f1\u00eda Rayuela Producciones Teatrales de la ciudad de Valladolid y puesto en escena por Nina Reglero Se estren\u00f3 en Espa\u00f1a en diciembre del a\u00f1o 2000 y desde entonces se ha representado en varias ciudades espa\u00f1olas, en Par\u00eds, Tours y Mosc\u00fa. En la presentaci\u00f3n de Rayuela, adem\u00e1s de alabar la agudeza del texto de Carri\u00e8re, se argumentaba as\u00ed la actualidad del asunto: \u00abLas consecuencias de las decisiones que entonces [1550] se tomaron, se perpet\u00faan a trav\u00e9s de las \u00e9pocas. Aquellos ind\u00edgenas viven hoy en Guatemala, en Chiapas, en Bolivia, en Per\u00fa, etc&#8230; Sus problemas, en muchos aspectos, no han variado sustancialmente en los \u00faltimos cuatrocientos a\u00f1os. Esos servidores negros, los esclavos importados del continente africano, sufren todav\u00eda las consecuencias de su pasado&#8230; de nuestro pasado. Sin embargo hoy d\u00eda, siguen llegando a nuestras costas, a las opulentas riberas del primer mundo, para vivir, muchas veces, en unas condiciones que consideramos inaceptables para un ser humano, y que parad\u00f3jicamente asumimos con cierta normalidad, e incluso con rechazo e intolerancia<b>.<\/b> En un momento como el presente, en el que fen\u00f3menos como los masivos movimientos migratorios del tercer al primer mundo, los brotes de racismo y xenofobia, el incremento en las diferencias de renta entre los habitantes de la tierra, la asimilaci\u00f3n y descomposici\u00f3n de las pocas culturas ind\u00edgenas que aun subsisten en la Tierra, los conflictos armados inspirados en las religiones, en las razas o en las diferencias culturales, <i>tenemos la obligaci\u00f3n<\/i> <i>de recordar quienes somos.<\/i> Queremos hacer vivir, aunque s\u00f3lo sea durante dos horas y sobre un escenario, un fragmento de nuestra historia, un fragmento que nos ayude a comprender mejor quienes somos y cual es el proceso por el que los seres humanos hacemos que el mundo sea tal y como lo conocemos hoy. Esa es la misi\u00f3n de la historia y esa es la idea que nos gu\u00eda en esta nueva aventura teatral.\u00bb<\/p>\n<p>La idea cuaj\u00f3, pues una nueva versi\u00f3n de <i>La controversia de Valladolid<\/i>, en la misma traducci\u00f3n de Sim\u00f3n Morales, pero con una nueva puesta en escena, en este caso a cargo del Teatro de La Abad\u00eda, fue estrenada en el Lliure de Barcelona, en el marco del Festival Grec, durante el verano de 2005 y presentada al a\u00f1o siguiente en Madrid. Dirigi\u00f3 entonces la obra Carles Alfaro, se ocup\u00f3 de la documentaci\u00f3n hist\u00f3rica Pere Riera e hicieron de Bartolom\u00e9 de las Casas y de Gin\u00e9s de Sep\u00falveda, respectivamente, Ferran Ra\u00f1\u00e9 y Manuel Carlos Lillo. Un poco antes, en febrero de 2005, la obra de Carri\u00e8re se hab\u00eda estrenado en ingl\u00e9s, en The Public Theater de Nueva York, en traducci\u00f3n de Richard Nelson y dirigida por David Jones. En esta oportunidad hizo de Bartolom\u00e9 de las Casas Gerry Bamman. Hay noticia, adem\u00e1s, de proyecciones de la versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica de <i>La controversia de Valladolid<\/i> en distintos centros e instituciones de Am\u00e9rica Latina, como, por ejemplo, en la Biblioteca Nacional de Per\u00fa, en Lima, en diciembre de 2007, con un interesante debate al respecto que abrieron el director de la BNP, doctor Hugo Neira, y el psicoanalista Max Hern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>Se puede decir, por tanto, que tambi\u00e9n en este caso el cine y el teatro de nuestro tiempo habr\u00e1n hecho m\u00e1s por popularizar un episodio central de la historia de los encuentros y choques culturales que lo que pudo hacer el hispanismo especializado durante los siglos anteriores. Y en ese sentido no s\u00f3lo hay que sumarse a las alabanzas que se han hecho de la ocurrencia de Jean-Claude Carri\u00e8re en 1992 sino tambi\u00e9n darle la raz\u00f3n en su queja de entonces sobre el olvido del acontecimiento. Pues, por lo que se ve, las cosas han cambiado desde 1992. A la relativa popularidad logradas por la pel\u00edcula y por la obra teatral no son ajenos hechos como que el Congreso Internacional sobre Derechos Humanos, celebrado en la ciudad del Pisuerga, en octubre de 2006, llevara precisamente como subt\u00edtulo \u00abLa segunda controversia de Valladolid\u00bb o que el fil\u00f3sofo iran\u00ed, hoy docente en Toronto, Ramin Jahanbegloo, presentara en la prensa espa\u00f1ola, al a\u00f1o siguiente, aquella controversia hist\u00f3rica como un decisivo ejemplo a tener en cuenta a la hora de abordar en Europa las relaciones entre cristianismo e islamismo.<\/p>\n<p>Sintom\u00e1ticamente, en las conclusiones del mencionado Congreso Internacional sobre Derechos Humanos, organizado por la Universidad de Valladolid en una sede muy pr\u00f3xima a la que acogi\u00f3 a los polemistas de 1550, se dec\u00eda lo siguiente: \u00abEl Congreso Internacional sobre los Derechos Humanos [&#8230;] ha constituido para la civilizaci\u00f3n actual un hito muy importante en materia de derechos humanos y libertades fundamentales, a imagen y semejanza del debate que generaron en su momento las ideas de Bartolom\u00e9 de Las Casas, plasmadas en la Controversia de Valladolid de 1551. En dicha controversia, como es sabido, se enfrentaron las ideas de Juan Gin\u00e9s de Sep\u00falveda \u2013nacionalismo renacentista\u2013 y las ideas innovadoras de Bartolom\u00e9 de Las Casas \u2013universalismo medieval\u2013. Su resultado no est\u00e1 todav\u00eda claro; m\u00e1s a\u00fan, puede decirse que no hubo un resultado definitivo de dicha contienda. No ha pasado lo mismo con esta Segunda Controversia de Valladolid. El Congreso Internacional de Derechos Humanos de 2006 se ha convertido en la Segunda Controversia de Valladolid, al acordar unas conclusiones que permitir\u00e1n seguir adelante y apostar incondicionalmente por un sistema plenamente eficaz de garant\u00eda de los derechos humanos, que tenga en cuenta los cambios geopol\u00edticos, las nuevas tecnolog\u00edas y los diferentes planteamientos entre las diversas culturas\u00bb.<\/p>\n<p>Por su parte, el fil\u00f3sofo Ramin Jahanbegloo, que fue interlocutor del gran historiador de las ideas Isaiah Berlin y autor de un notable libro de conversaciones con \u00e9l, presentaba ahora, en un art\u00edculo titulado \u00abEuropa y el Islam\u00bb, aquella controversia de 1550 como el inicio de un debate innovador sobre el concepto de civilizaci\u00f3n, de gran relevancia para abordar el problema de la alteridad tal como se presenta en nuestros d\u00edas; elogiaba el punto de vista manifestado en aquella controversia por Bartolom\u00e9 de las Casas, y conclu\u00eda diciendo algo as\u00ed como que es la cultura pol\u00edtica basada en la moderaci\u00f3n y deliberaci\u00f3n del pensador y activista dominico lo que ha de inspirar hoy en d\u00eda, frente a esencialismos y fundamentalismos, el necesario di\u00e1logo entre civilizaciones.<\/p>\n<p>Aunque no comparto la afirmaci\u00f3n de que el resultado de aquella controversia no est\u00e9 claro ni tampoco lo que dice Jahanbegloo sobre la <i>moderaci\u00f3n<\/i> de la cultura pol\u00edtica de Bartolom\u00e9 de las Casas (pues no consigo imagin\u00e1rmelo moderado en nada) creo, sin embargo, que, efectivamente, hay en ella, y particularmente en la intervenci\u00f3n de Las Casas, sugerencias, opiniones e ideas valios\u00edsimas y rescatables a la hora de abordar algunos de los problemas que m\u00e1s preocupan hoy a la humanidad culta, en Europa y fuera de Europa. As\u00ed pues, la pel\u00edcula de Carri\u00e8re, sus versiones teatrales, las conclusiones de Congreso Internacional sobre Derechos Humanos y la propuesta de Jahanbegloo me parecen una invitaci\u00f3n a la relectura de las Apolog\u00edas que se presentaron en Valladolid en 1550-1551 y, en ese sentido, constituyen una magn\u00edfica oportunidad para volver sobre un asunto capital de nuestra historia de encuentros, desencuentros y encontronazos. Parto, por supuesto, de la base de que, en aquella controversia, la cultura pol\u00edtica que puede ayudarnos hoy es la lascasiana. Y por eso, en lo que sigue, s\u00f3lo aludir\u00e9 de forma tangencial a la posici\u00f3n de Gin\u00e9s de Sep\u00falveda.<br \/>\n<b><\/b><\/p>\n<p><b>2. <\/b>La <i>Apolog\u00eda <\/i>que ley\u00f3 Bartolom\u00e9 de las Casas en Valladolid es mucho m\u00e1s voluminosa que la obra hom\u00f3nima de su oponente en la controversia, Gin\u00e9s de Sep\u00falveda: rebasa con creces las doscientas cincuenta p\u00e1ginas en octavo; va introducida por una carta de fray Bartolom\u00e9 de la Vega (de alabanza del obispo de Chiapas), un resumen de las circunstancias que llevaron a la controversia de Valladolid, una s\u00edntesis de la argumentaci\u00f3n de Gin\u00e9s de Sep\u00falveda y una carta-prefacio del propio Las Casas dirigida al Pr\u00edncipe Felipe criticando la doctrina del cronista real y humanista como atentadora a los verdaderos derechos de los reyes de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>El texto propiamente dicho de la <i>Apolog\u00eda<\/i> de Las Casas se divide en cinco partes. La 1\u00aa es una respuesta al primer argumento de Sep\u00falveda sobre la barbarie de los indios; la 2\u00aa es una respuesta al argumento sobre la idolatr\u00eda y los sacrificios humanos; la 3\u00aa es una respuesta al argumento sobre la liberaci\u00f3n de los inocentes de una injusta opresi\u00f3n, es decir, del sacrificio de v\u00edctimas humanas y de la antropofagia; la 4\u00aa es una respuesta al argumento justificando la guerra contra los indios porque facilita la predicaci\u00f3n cristiana; la 5\u00aa es una respuesta a los argumentos de autoridad aducidos por Sep\u00falveda. La <i>Apolog\u00eda<\/i> de Las Casas termina con una imprecaci\u00f3n contra el adversario y con un llamamiento en pro de una evangelizaci\u00f3n pac\u00edfica de los indios.<\/p>\n<p>El original, en lat\u00edn, del \u00fanico ejemplar (al parecer) existente de este manuscrito lascasiano se halla en la Biblioteca Nacional de Par\u00eds y consta de 253 folios. Fue publicado por \u00c1ngel Losada por primera vez en 1975 en traducci\u00f3n castellana. Esta <i>Apolog\u00eda <\/i>fue dada a conocer a un p\u00fablico seguramente restringido, en Espa\u00f1a, entre mediados de 1552 y comienzos de 1553. Es dif\u00edcil calcular hoy la difusi\u00f3n que pudo tener entonces el punto de vista lascasiano, pero se puede suponer que considerable (entre te\u00f3logos, funcionarios del estado y personas cultas en general), puesto que precisamente en los a\u00f1os que siguieron a la controversia de Valladolid Las Casas estuvo pose\u00eddo por una verdadera furia public\u00edstica y propagand\u00edstica. Y ha habido pocos activistas como \u00e9l en la historia de Espa\u00f1a. Hay que tener en cuenta que, por otra parte, y tambi\u00e9n a partir de 1552, se difundi\u00f3 el resumen de la controversia de Valladolid (y de los argumentos de Sep\u00falveda y Las Casas en las <i>Apolog\u00edas<\/i>) hecho por Domingo de Soto. La petici\u00f3n a Soto para que resumiera los argumentos de los otros dos se hizo precisamente por la desproporcionada extensi\u00f3n de la <i>Apolog\u00eda<\/i> de Las Casas. Al parecer, se copiaron catorce ejemplares del resumen de Domingo de Soto, uno para cada uno de los letrados, te\u00f3logos y juristas que hab\u00edan de juzgar la controversia de Valladolid. Muy probablemente la segunda sesi\u00f3n, ya en 1551, de la controversia de Valladolid se hizo a partir de estos res\u00famenes de Soto y de las objeciones presentadas por Sep\u00falveda a la r\u00e9plica de Las Casas.<\/p>\n<p>El pr\u00f3logo de Soto a su resumen de los argumentos de Las Casas y Sep\u00falveda es interesante porque da algunos datos b\u00e1sicos sobre el desarrollo del debate. El primero de ellos es la observaci\u00f3n de que la controversia no se centr\u00f3 precisamente sobre lo que se ped\u00eda al doctor Sep\u00falveda y al obispo de Chiapas, a saber \u00abla forma y leyes como nuestra santa fe cat\u00f3lica se pueda promulgar y predicar en aquel nuevo orbe que Dios nos ha descubierto y examinar qu\u00e9 forma puede haber c\u00f3mo quedasen aquellas gentes sujetas a la magestad del emperador nuestro se\u00f1or, sin lesi\u00f3n de su real conciencia, conforme a la bula de Alejandro\u00bb. Soto afirma: \u00abEstos se\u00f1ores proponientes no han tratado esta cosa as\u00ed\u00bb. Y especifica de qu\u00e9 trataron realmente: \u00abSi es l\u00edcito a su majestad hacer la guerra a aquellos indios antes de que se les predique la fe para someterlos a su Imperio y que despu\u00e9s de ser sometidos puedan m\u00e1s f\u00e1cil y c\u00f3modamente ser ense\u00f1ados y alumbrados por la doctrina evang\u00e9lica del conocimiento de sus errores y de la verdad cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>Otro dato que proporciona el resumen de Soto es que a diferencia de Sep\u00falveda, que no ley\u00f3 en Valladolid \u00absu libro\u00bb sino que \u00abrefiri\u00f3 de palabra las cabezas de sus argumentos\u00bb (o sea, que hizo un resumen del resumen que era ya la <i>Apolog\u00eda<\/i> de su obra <i>Dem\u00f3crates II<\/i>), Las Casas \u00abley\u00f3 largamente sus escritos\u00bb. Lo cual al propio Soto le parece desproporcionado a la hora de juzgar. Otro dato interesante que se sigue del Pr\u00f3logo de Soto es que no se trat\u00f3 de una controversia directa, pues al menos en la primera sesi\u00f3n, cuando habl\u00f3 Sep\u00falveda, no estaba presente Las Casas: \u00abEl se\u00f1or obispo no oy\u00f3 al doctor, [por eso] no respondi\u00f3 por la orden que \u00e9l lo propuso (ni a s\u00f3lo aquello), sino que pretendi\u00f3 responder a todo cuanto el dicho doctor tiene escrito y a cuanto a su sentencia se puede oponer\u00bb.<\/p>\n<p>La carta-introducci\u00f3n de fray Bartolom\u00e9 de Vega a la <i>Apolog\u00eda<\/i> de Las Casas, alabanzas aparte, da una idea de la pasi\u00f3n con que era vivida por aquellas fechas la controversia y confirma en cierto modo la afirmaci\u00f3n de Alcina Franch en el sentido de que all\u00ed se opon\u00edan \u00ablas dos Espa\u00f1as\u00bb. En efecto, refiri\u00e9ndose a la aportaci\u00f3n del obispo de Chiapas dice Bartolom\u00e9 de la Vega: \u00abEn verdad \u00e9ste es un libro con el que <i>se alejan de Espa\u00f1a las tinieblas y la oscuridad, se despiertan los hombres, los decepcionados vuelven a mejor conciencia y se confunden los que eran sabios ante sus propios ojos.<\/i> Finalmente, queda iluminada toda Espa\u00f1a, la cual, hasta ahora, en tal importante asunto de las Indias (sin duda el m\u00e1s importante de cuantos hay bajo el cielo) se mantuvo ignorante [de las inauditas depredaciones, hurtos, devastaci\u00f3n y perdici\u00f3n de tantos millares de almas], puesto que, si no me enga\u00f1o, no hay cosa alguna que pueda superar en importancia a esta cuesti\u00f3n indiana, ya que en ella est\u00e1 en juego nada menos que la salvaci\u00f3n y perdici\u00f3n de los cuerpos y almas de los habitantes de aquel reci\u00e9n descubierto mundo\u00bb.<\/p>\n<p><b>3. <\/b>En el argumento-resumen que precede a la apolog\u00eda propiamente dicha Las Casas propone la propia contextualizaci\u00f3n de la controversia. En su opini\u00f3n, la tendencia de los acontecimientos que tuvieron lugar entre 1542 y 1550 no ofrece duda: las nuevas leyes de 1542, dadas en Barcelona y Valladolid y en gran medida inspiradas por \u00e9l mismo, hab\u00edan sido un intento de restituir la libertad a los indios (libertad relativa, por lo dem\u00e1s: \u00abquedaron reducidos a la jurisdicci\u00f3n de los reyes universales de las Espa\u00f1as, <i>manteniendo sus reyes y se\u00f1ores naturales su poder y jurisdicci\u00f3n<\/i>\u00bb, como en una especie de \u00abr\u00e9gimen de protectorado\u00bb); pero tal intento habr\u00eda \u00abcontrariado vehementemente\u00bb a aquellos espa\u00f1oles que ve\u00edan en los indios un simple y buen bot\u00edn, por lo que una parte de ellos se rebelaron contra Carlos V y otra parte estar\u00eda buscando una v\u00eda intermedia para la revocaci\u00f3n de aquellas leyes; estos \u00faltimos habr\u00edan sido los que acudieron \u00aba esclarecidos varones con fama de doctos\u00bb para encontrar argumentos convincentes con la finalidad de que el Emperador cambiara de opini\u00f3n y aboliera aquellas leyes o al menos suspendiese su observancia, como, seg\u00fan el propio Las Casas, estaba ocurriendo ya en algunos lugares. Sep\u00falveda estar\u00eda siendo, por tanto, el instrumento de esta parte de los encomenderos.<\/p>\n<p>Para comprender bien la dureza de la acusaci\u00f3n y este tono irritado del dominico en 1550 hay que tener en cuenta dos cosas m\u00e1s. Primera: que, al colaborar con la Corona en la preparaci\u00f3n de las Leyes Nuevas de 1542, Las Casas se hab\u00eda visto obligado a moderar su ideario y su lenguaje respecto de actuaciones anteriores; su programa de 1542 no era tan radicalmente revisisionista para el presente y para el futuro como, sobre todo, tremendamente cr\u00edtico de lo hecho en el pasado y de sus consecuencias; la cercan\u00eda al poder, la participaci\u00f3n en la administraci\u00f3n, como suele ocurrir, le llevaron a compromisos que siempre liman las aristas m\u00e1s cr\u00edticas del propio ideario. Y segunda: a pesar de ello, el resultado de las Leyes Nuevas, particularmente en lo tocante a aquellas medidas favorables a los indios (en las que m\u00e1s \u00e9nfasis hab\u00eda puesto Las Casas) no s\u00f3lo no fue el esperado, sino que varios a\u00f1os despu\u00e9s el Emperador tuvo que revocar algunas, dominicos conocidos por su esp\u00edritu de resistencia empezaban a pasarse al \u00abrealismo pol\u00edtico\u00bb y nuestro hombre ten\u00eda que retractarse de varias de las cosas escritas en el <i>Confesionario<\/i>.<br \/>\nEn cualquier caso, este lenguaje claro, franco, y distinto del que empleaban la mayor\u00eda de sus oponentes, es lo que hace de Las Casas un personaje singular, pr\u00e1cticamente \u00fanico en la historia espa\u00f1ola de aquellos a\u00f1os. Lo que otros llaman \u00abconquistas\u00bb son para Las Casas \u00abinvasiones\u00bb; lo que casi todos llaman \u00abrepartimientos\u00bb o \u00abencomiendas\u00bb en nombre de la evangelizaci\u00f3n son para Las Casas \u00abexpediciones militares para establecer la esclavitud mediante la cual los indios oprimidos por los espa\u00f1oles ya mueren, ya llevan una vida peor que la muerte\u00bb. En consonancia con esto, su respuesta a Sep\u00falveda es presentada como una defensa de los indios contra \u00ablos invasores\u00bb y \u00abopresores\u00bb. Y, sin embargo, la mayor\u00eda de las personas convocadas por el Emperador Carlos para juzgar en la controversia de Valladolid, por no decir todas, conoc\u00edan ya suficientemente las ideas, el estilo intelectual y el tono pol\u00e9mico de Bartolom\u00e9 de las Casas. Pues este lenguaje hab\u00eda sido habitual en \u00e9l desde la \u00e9poca de la regencia del Cardenal Cisneros, cuando propuso corregir las primeras leyes de Burgos sobre los indios y manifest\u00f3 su desagrado por el comportamiento de los frailes jer\u00f3nimos; gran parte de aquellas cr\u00edticas contra las conquistas y las encomiendas hab\u00edan sido escuchadas de nuevo, ya a comienzos de la d\u00e9cada de los cuarenta, en la fase de elaboraci\u00f3n de las nuevas leyes de Indias.<\/p>\n<p>Cabe preguntarse por qu\u00e9 una denuncia tan franca, clara y radical como la de Bartolom\u00e9 de las Casas pudo hacerse p\u00fablicamente a mediados del siglo XVI delante de los poderes existentes, delante del Emperador (dirigi\u00e9ndose al \u00abseren\u00edsimo Pr\u00edncipe Felipe\u00bb), de los tribunales de justicia, de juristas, te\u00f3logos y eclesi\u00e1sticos del primer Imperio moderno.<\/p>\n<p>Creo que el camino para encontrar una respuesta cabal a esa pregunta, m\u00e1s all\u00e1 de las leyendas y de los orgullos patrios, lo abri\u00f3 Elliott hace ya algunos a\u00f1os cuando empezaba a ocuparse de estos problemas: la coincidencia de intereses entre la Corona y una parte de los misioneros contra los conquistadores y encomenderos de la primera hora. \u00c9sta es, en efecto, una explicaci\u00f3n muy pausible de la relativa buena acogida que tuvieron los argumentos de Las Casas (y de otros frailes) en la Corte desde 1520 hasta 1545. Pero para que Las Casas pudiera, en aquellos a\u00f1os, hablar tan abiertamente de \u00abinvasi\u00f3n\u00bb, de \u00abhecatombes de indios\u00bb, de \u00abesclavizaci\u00f3n\u00bb, de \u00abinjusticias\u00bb sin cuento, de \u00abinjurias\u00bb infligidas al indio, de \u00abansias de lograr botines\u00bb, de \u00abbarbaridades y salvajadas\u00bb de los compatriotas a la hora de calificar lo que otros llamaban habitualmente \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb, \u00abcivilizaci\u00f3n\u00bb, \u00abilustraci\u00f3n del salvaje\u00bb etc., hay que suponer (adem\u00e1s de la buena disposici\u00f3n de la Corona) una de estas otras dos circunstancias: o los conquistadores y encomenderos no ten\u00edan todav\u00eda un papel social destacado en las capas altas de la sociedad espa\u00f1ola, o hab\u00eda vacilaciones muy serias, compartidas por parte de las \u00e9lites, acerca del sentido de aquellas \u00abconquistas\u00bb (o ambas cosas a la vez).<\/p>\n<p>Solo que en 1550, cuando tiene lugar la controversia de Valladolid, las circunstancias ya hab\u00edan cambiado: el papel social de los encomenderos-soldados hab\u00eda aumentado en la sociedad espa\u00f1ola; una parte de los frailes defend\u00edan ya el punto de vista de estos y ahora las vacilaciones sobre la forma de comportarse en el nuevo mundo eran m\u00e1s acentuadas en la Corona que en los colonos. Al contextualizar esta pol\u00e9mica, en el momento mismo de su desarrollo, Bartolom\u00e9 de las Casas capt\u00f3 muy bien aquel cambio: los conquistadores y encomenderos se hab\u00edan decidido a dar la batalla en toda regla y en todos los frentes. Combinando la protesta contra las Leyes Nuevas, el sabotaje de las mismas por la v\u00eda administrativa (eso en M\u00e9xico; en Per\u00fa sublev\u00e1ndose abiertamente) con la financiaci\u00f3n paralela del partido intelectual que empezaban a formar los primeros te\u00f3ricos de la colonizaci\u00f3n imperial en la metr\u00f3poli, los encomenderos lograron ya en la segunda mitad de la d\u00e9cada de los cuarenta un primer e importante objetivo: dividir a los frailes, franciscanos y dominicos, que eran los que m\u00e1s se hab\u00edan opuesto (por lo general coincidiendo con los intereses de la Corona) al tipo de colonizaci\u00f3n en curso.<\/p>\n<p>Una prueba importante de que la correlaci\u00f3n de fuerzas (entre soldados-encomenderos, de un lado, y la Corona y los frailes, de otro) estaba cambiando desde 1545 es la imposibilidad de aplicar las Leyes Nuevas en las principales ciudades coloniales. Otra prueba de lo mismo es la retirada o correcci\u00f3n de aquellas Leyes por parte de Carlos V. Y por lo que hace a la batalla de ideas, a la lucha por la hegemon\u00eda y por las influencias en la Corte, hay que decir que si Bartolom\u00e9 de las Casas consegu\u00eda en 1547 un importante \u00e9xito con la prohibici\u00f3n del <i>Dem\u00f3crates II,<\/i> Gin\u00e9s de Sep\u00falveda no tardar\u00eda m\u00e1s que unos meses en lograr la desautorizaci\u00f3n y recogida del <i>Confesionario<\/i> de Las Casas (desautorizaci\u00f3n que en M\u00e9xico se convirti\u00f3, al parecer, en quema de ejemplares). Esto quiere decir que la gran influencia de Las Casas empezaba a ser neutralizada a un lado y a otro del Atl\u00e1ntico. Las Casas lo sab\u00eda cuando empieza la controversia.<\/p>\n<p>Ya en el Prefacio (dirigido al pr\u00edncipe Felipe) de su <i>Apolog\u00eda<\/i>, Las Casas, adem\u00e1s de mostrar su preocupaci\u00f3n por las consecuencias pr\u00e1cticas que pod\u00eda llegar a tener la argumentaci\u00f3n de Sep\u00falveda entre los conquistadores y soldados espa\u00f1oles en Am\u00e9rica (si se hab\u00edan cometido tantas barbaridades con leyes relativamente favorables a los indios, \u00a1qu\u00e9 iba a ocurrir despu\u00e9s de la justificaci\u00f3n de la justeza y la justicia de aquella invasi\u00f3n!), establece con mucha claridad la diferencia <i>entre dos modos de entender el cristianismo<\/i>, entre dos modos de practicarlo; diferencia que, sin ninguna duda, iba a ser esencial en esta controversia.<br \/>\nLas Casas prev\u00e9 que si llegan a ser consideradas l\u00edcitas las expediciones contra los indios en Am\u00e9rica, el nombre mismo de \u00abcristiano\u00bb se llenar\u00e1 de oprobio y la fe cristiana \u00abser\u00e1 odiada y abominada por todas las naciones de aquel mundo a las que llegue la fama de los enormes cr\u00edmenes que ciertos espa\u00f1oles cometen\u00bb. Y opone a este cristianismo de las armas y del poder, el cristianismo \u2013en su opini\u00f3n, genuino, el de la doctrina evang\u00e9lica\u2013 de \u00abla mansedumbre y de la suavidad\u00bb; un cristianismo \u2013habr\u00eda que a\u00f1adir a la vista de la dimensi\u00f3n del combate de Las Casas y de lo que sigue en este mismo prefacio\u2013 que combina la mansedumbre y la suavidad en el trato del otro, de la otra cultura, con la pasi\u00f3n en la denuncia y la autocr\u00edtica. El propio Las Casas ha escrito en este contexto que los cr\u00edmenes en Am\u00e9rica est\u00e1n siendo cometidos por \u00ablos suyos\u00bb y anuncia, por otra parte, que har\u00e1 \u00abque se conozca en todas las naciones del orbe terr\u00e1queo la ignominia con tal nombre contraida\u00bb, como en premonici\u00f3n de lo que efectivamente ser\u00eda para Europa <i>su Brev\u00edsima relaci\u00f3n<\/i> (ya escrita por entonces y a punto de ser publicada).<\/p>\n<p>Frente a la v\u00eda armada de la evangelizaci\u00f3n, la v\u00eda de la mansedumbre y de la suavidad, pues. Esto quer\u00eda decir, para Las Casas: enviar legados formados por grupos de indios recientemente convertidos y sacerdotes cuyo ejemplo est\u00e1 por encima de cualquier duda; levantar despu\u00e9s ciudadelas en lugares apropiados, para residencia de los predicadores, \u00abdefendidas por una guardia de personas buenas y probadas, guardia no dispuesta en todo momento a matar y a robar a los indios y a la que nuestro pr\u00edncipe deber\u00eda dotar de <i>un magn\u00edfico salario<\/i>\u00bb. Una v\u00eda, esta de la mansedumbre y de la suavidad, que no excluye la defensa armada y hasta bien pagada, y que, en palabras de Las Casas, es el m\u00e9todo que \u00e9l mismo hab\u00eda empleado en el Reino de Guatemala.<\/p>\n<p><b>4. <\/b>En respuesta a uno de los principales argumentos de Sep\u00falveda en la controversia, Las Casas distingue cuatro categor\u00edas de b\u00e1rbaros: l\u00ba b\u00e1rbaros en sentido <i>impropio<\/i> (los hombres crueles, inhumanos, fieros); 2\u00ba b\u00e1rbaros <i>secundum quid<\/i> (que no hablan nuestro idioma, en el sentido originario \u00abque no hablan griego\u00bb, que carecen de un idioma literario correspondiente a su idioma materno, rudos y faltos de letras y de erudici\u00f3n, aqu\u00e9llos que, por la diferencia de idioma, no entienden a otro que con \u00e9l habla, extranjeros, o sea, b\u00e1rbaros <i>accidentalmente<\/i>, no simplemente b\u00e1rbaros, y, acaso, tambi\u00e9n sabios, cuerdos, prudentes); 3\u00ba b\u00e1rbaros <i>en sentido estricto<\/i> (p\u00e9simo instinto cong\u00e9nito, y, por razones tal vez relativas al lugar en que habitan, crueles, est\u00f3lidos, feroces, est\u00fapidos y ajenos a la raz\u00f3n, incapaces de gobernarse a s\u00ed mismos. Seg\u00fan Las Casas, es a este tipo de b\u00e1rbaros a los que se refiere Arist\u00f3teles cuando dice que son <i>siervos por naturaleza<\/i>; gentes, por lo dem\u00e1s, muy raras en cualquier parte del mundo y pocos en n\u00famero si se les compara con el resto de la humanidad, como tambi\u00e9n son pocos los hombres dotados de heroica virtud); y 4\u00ba b\u00e1rbaros en tanto que <i>no cristianos<\/i>.<\/p>\n<p>Las Casas dedica especial atenci\u00f3n al tercer tipo de b\u00e1rbaros, como es natural teniendo en cuenta el car\u00e1cter de la pol\u00e9mica y la autoridad aducida por Sep\u00falveda. Mantiene que siendo \u00abmonstruos de la naturaleza racional\u00bb, no pueden darse en gran n\u00famero, dada la magnanimidad y sabidur\u00eda de Dios. En ese punto Las Casas oscila entre el argumento teol\u00f3gico y el argumento meramente antropol\u00f3gico: la existencia de un elevado n\u00famero de b\u00e1rbaros en sentido estricto disgustar\u00eda a la magnanimidad divina, a su grandeza y misericordia, pero, adem\u00e1s,\u00bbser\u00eda imposible que, en cualquier parte del mundo, se pueda encontrar toda una raza, naci\u00f3n, regi\u00f3n o provincia necia o insensata y que, como regla general, carezca de la suficiente ciencia o habilidad natural para regirse o gobernarse a s\u00ed misma\u00bb.<\/p>\n<p>Incluso para el caso de este tipo de b\u00e1rbaros en sentido estricto y que, adem\u00e1s, son pocos, Las Casas encuentra \u00abr\u00edgida\u00bb la afirmaci\u00f3n acerca de la necesidad de su sumisi\u00f3n o esclavizaci\u00f3n por la fuerza (mediante guerra o cacer\u00eda) atribuida a Arist\u00f3teles. En este punto no tiene inconveniente en separarse de la (que supone) doctrina del Fil\u00f3sofo y prefiere la \u00abmansedumbre\u00bb y la \u00abcaridad\u00bb, la \u00abpiedad\u00bb y la \u00abmisericordia\u00bb cristianas para con tales personas (porque son \u00abhermanos\u00bb, porque \u00abhan sido creados a imagen de Dios\u00bb, porque entre ellos quiz\u00e1 habr\u00e1 \u00abalgunos nobles predestinados para el reino de Cristo\u00bb).<\/p>\n<p>Es muy ilustrativo del talante y del estilo de Las Casas fil\u00f3sofo-activista la forma en que, finalmente, en este contexto de discusi\u00f3n de la barbarie y posible esclavizaci\u00f3n de los b\u00e1rbaros en sentido estricto, se distancia del aristotelismo y opta por <i>el pensamiento propio.<\/i> El pensamiento propio no consiste en la simple y mera afirmaci\u00f3n de la superioridad del cristianismo sobre el aristotelismo, sino m\u00e1s bien en una versi\u00f3n singular y espec\u00edfica, ejemplificadora, testimonial, de la doctrina cristiana en funci\u00f3n de un acontecimiento totalmente nuevo; consiste, pues, en una reelaboraci\u00f3n de la doctrina cristiana que acent\u00faa espec\u00edficamente los aspectos de la caridad y de la piedad para configurar un <i>nuevo concepto de la tolerancia,<\/i> seg\u00fan el cual el cristiano es capaz de comprender simpat\u00e9ticamente la aparente barbarie del otro, de los individuos de la otra cultura, criticando al mismo tiempo la autosuficiencia etnoc\u00e9ntrica de los miembros de la propia comunidad y religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las Casas desvirt\u00faa a veces el sentido de ciertas afirmaciones de Arist\u00f3teles en su discusi\u00f3n con Sep\u00falveda sobre barbarie y servidumbre. Y no s\u00f3lo cuando atribuye (por poco conocimiento del griego) al de Estagira la justificaci\u00f3n del derecho de los griegos a \u00abcazar\u00bb a los b\u00e1rbaros y a esclavizarlos o domesticarlos como si fueran fieras, sino en pasos m\u00e1s importantes para su argumentaci\u00f3n. Mientras que la inferioridad de quien no tiene el griego como lengua materna est\u00e1 implicada en el discurso esclavista de Arist\u00f3teles, siendo, por tanto, la barbarie por carencia ling\u00fc\u00edstica una barbarie esencial, Las Casas mantiene la tesis contraria: la carencia ling\u00fc\u00edstica es \u00abaccidental\u00bb a la barbarie y no representa un signo de inferioridad natural. G\u00f3mez-Muller ha mostrado que la elecci\u00f3n por Las Casas de los textos aristot\u00e9licos en que pretende apoyarse no es nada afortunada y que, de hecho, esos textos en su completud y buena interpretaci\u00f3n sirven mejor a la tesis de Sep\u00falveda. Resulta comprensible que as\u00ed sea, puesto que el fondo del razonamiento de Las Casas es criticar la justificaci\u00f3n de todo tipo de esclavizaci\u00f3n o de servidumbre (con los a\u00f1os criticar\u00eda tambi\u00e9n, como se ha dicho, la esclavizaci\u00f3n de los negros africanos), y en particular el proceso que, en nombre de ideas tradicionales, estaba produci\u00e9ndose en Am\u00e9rica. Llega, por tanto, un momento en el que la acumulaci\u00f3n de argumentos pol\u00e9micos contra el uso de la barbarizaci\u00f3n del otro para justificar la servidumbre obliga a Las Casas a reconocer la distancia entre su punto de vista y el aristot\u00e9lico. Y lo hace con uno de sus t\u00edpicos arranques:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><i>Mandemos a paseo en esto a Arist\u00f3teles<\/i>, pues de Cristo, que es verdad eterna, tenemos el siguiente mandato: \u00a8Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00a8 (Mateo, 22); y de nuevo el ap\u00f3stol Pablo dice (Ep\u00edstola a los Corintios,13): \u00abLa caridad no busca lo que es suyo, sino lo que es de Jesucristo\u00a8.<\/p>\n<p>El exabrupto es seguramente reflejo de la <i>pasi\u00f3n moral<\/i> del cristiano que sabe que est\u00e1 combatiendo una doble batalla: contra el aristotelismo y contra una parte de los suyos. Una doble batalla que lleva a Las Casas a poner el dedo en la verdadera llaga en esta discusi\u00f3n: el uso ideol\u00f3gico, hist\u00f3ricamente determinado, de la filosof\u00eda aristot\u00e9lica, y en particular de la concepci\u00f3n esclavista de Arist\u00f3teles, para justificar <i>un nuevo tipo de servidumbre<\/i> en circunstancias completamente ins\u00f3litas para todo aristotelismo. Una interesante muestra de esta pasi\u00f3n moral la encontramos en el paso que sigue en la <i>Apolog\u00eda<\/i> a ese dr\u00e1stico \u00abmandar a paseo a Arist\u00f3teles\u00bb ven nombre de la doctrina de Cristo y de Pablo: \u00abQuien desea tener muchos s\u00fabditos para (siguiendo la doctrina de Arist\u00f3teles) comportarse con ellos como cruel carnicero, y oprimirlos con esclavitud y as\u00ed enriquecerse, es un tirano, no un cristiano; un hijo de Satan\u00e1s, no un hijo de Dios; un bandolero, no un pastor; est\u00e1 inspirado por el esp\u00edritu diab\u00f3lico, no por el esp\u00edritu celeste\u00bb.<\/p>\n<p>Se plantea as\u00ed, en t\u00e9rminos tan simples y cortantes, un problema recurrente para la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica europea de la \u00e9poca moderna: <i>lo simple es lo dif\u00edcil,<\/i> para decirlo con palabras de Bertolt Brecht. El bondadoso que se equivoca nos est\u00e1 se\u00f1alando, con su error, el verdadero camino que hay que seguir. Y, en efecto, Las Casas interpreta peor que Sep\u00falveda a Arist\u00f3teles, es menos sistem\u00e1tico en su tratamiento de la cuesti\u00f3n disputada, salta con mucha facilidad de un tema a otro, es reiterativo, mezcla y acumula razones; pero en todo lo sustancial para una filosof\u00eda pol\u00edtico-moral de la alteridad, para una filosof\u00eda libertaria, tolerante y comprensiva de las razones de la otra cultura, acierta. Acierta de pleno.<\/p>\n<p>Justamente en la dilucidaci\u00f3n del concepto de barbarie y en la discusi\u00f3n del primero de los argumentos de Sep\u00falveda en favor de la justa guerra de los cristianos espa\u00f1oles contra los indios, se ve muy bien la diferencia de acentos entre los dos. Sep\u00falveda tiene un concepto de \u00abb\u00e1rbaros\u00bb que se atiene mejor a la \u00abteor\u00eda\u00bb y al \u00absistema\u00bb aristot\u00e9lico, un concepto que puede aplicar sistem\u00e1ticamente al conjunto de los indios americanos porque est\u00e1 escribiendo de o\u00eddas, no necesita distinguir en funci\u00f3n de lo que ve y de lo que vive; deriva, en suma, la justeza de un comportamiento en funci\u00f3n de una semejanza entre \u00abb\u00e1rbaros\u00bb que es puramente formal. Desde el punto de vista de esta raz\u00f3n s\u00f3lo formal, lo que m\u00e1s cuenta es la afirmaci\u00f3n de la barbarie a partir del postulado de la inferioridad cultural (sea esta inferioridad atribuida a los no-griegos o a los no-europeos) y, consiguientemente, la r\u00e1pida deducci\u00f3n que pueda hacerse, a partir de ella, de la soberan\u00eda de los espa\u00f1oles sobre aquellas gentes. En cambio, a Las Casas no le cuadran con la categorizaci\u00f3n establecida los hechos que ve y siente. Por eso tiene que distinguir: \u00abNo todos los b\u00e1rbaros carecen de raz\u00f3n ni son siervos por naturaleza o indignos de gobernarse a s\u00ed mismos\u00bb.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, entre aquellos indios Las Casas ha podido ver con sus propios ojos algo que Sep\u00falveda ni siquiera toma en consideraci\u00f3n: formas de organizaci\u00f3n que se oponen a cualquier caracterizaci\u00f3n esquem\u00e1tica: \u00abEntre nuestros indios que habitan las regiones occidentales y meridionales (pasemos por llamarles b\u00e1rbaros o porque sean b\u00e1rbaros) existen reinos ilustres, grandes agrupaciones de hombres que viven conforme a un r\u00e9gimen pol\u00edtico y social, hay grandes ciudades, y todo ellos dentro de una organizaci\u00f3n en la que se da el comercio, la compraventa, el alquiler y los dem\u00e1s contratos propios del derecho de gentes\u00bb.<br \/>\nEl problema que planteaba en este caso la referencia al restrictivo marco representado por el \u00absistema\u00bb o la \u00abteor\u00eda\u00bb aristot\u00e9lica salta nuevamente al primer plano en la conclusi\u00f3n de este argumento de Las Casas, una conclusi\u00f3n tendente no s\u00f3lo a poner de relieve la ignorancia de Sep\u00falveda en el asunto (que es lo que de verdad importa hoy), sino tambi\u00e9n (y \u00e9sa es la concesi\u00f3n lascasiana a su \u00e9poca, a las constricciones del marco cultural) a convencer a los dem\u00e1s de que aqu\u00e9l, esto es, Sep\u00falveda, \u00abfalse\u00f3 por malicia la doctrina de Arist\u00f3teles infamando a aquellas gentes\u00bb. Pero sabemos que, en realidad, no es as\u00ed: Sep\u00falveda interpreta bien; Las Casas da con la novedad, acierta sobre el asunto nuevo equivoc\u00e1ndose en la interpretaci\u00f3n de Arist\u00f3teles, alej\u00e1ndose de su \u00absistema\u00bb, de su \u00abteor\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>En realidad, podr\u00eda decirse, generalizando, que en tiempos de transici\u00f3n (\u00bfy qu\u00e9 tiempos no son de transici\u00f3n?) cuando m\u00e1s se agarra uno a los conceptos b\u00e1sicos de la \u00abteor\u00eda\u00bb, del \u00absistema\u00bb, del \u00abparadigma\u00bb o de la \u00abcosmovisi\u00f3n\u00bb heredadas menos posibilidades tiene de captar el sentido, la direcci\u00f3n de las novedades. Pues cuando empieza a hablarse de \u00abun mundo nuevo\u00bb (y nunca la expresi\u00f3n hizo tanto al caso) los antiguos conceptos funcionan como anteojeras que s\u00f3lo dejan ver la cara ya visible y conocida de una realidad que es multiforme.<\/p>\n<p>La pol\u00e9mica entre Las Casas y Sep\u00falveda ense\u00f1a algo sobre esto. Algo parecido a lo que ense\u00f1\u00f3 la controversia entre Galileo y Belarmino. Los protagonistas de la controversia siguen apreciando la obra de Arist\u00f3teles en el plano pol\u00edtico-moral. Arist\u00f3teles es para ambos el \u00abfil\u00f3sofo\u00bb por excelencia. Sep\u00falveda, que hab\u00eda sido traductor de varias de sus obras, le conoce mejor, sin duda. Y le usa mejor en la discusi\u00f3n. Y, sin embargo, como la controversia interesante no es ya la interpretaci\u00f3n de la obra de Arist\u00f3teles sino justamente c\u00f3mo fundar <i>una nueva filosof\u00eda pol\u00edtico-moral<\/i> que de cuenta de ese dato, tambi\u00e9n nuevo, que es el relativismo cultural que se est\u00e1 imponiendo, la superioridad te\u00f3rica inicial de Sep\u00falveda, su dominio de Arist\u00f3teles, se convierte en inferioridad. Esto es as\u00ed porque para decidir acerca de lo nuevo hay que tener experiencia directa de la novedad: Sep\u00falveda escrib\u00eda de o\u00eddas (o mejor: de le\u00eddas); Las Casas, en cambio, escrib\u00eda desde una experiencia personal prolongada en Am\u00e9rica, desde una vivencia intensa, como protagonista precisamente de una forma de entender el choque entre culturas que \u00e9l est\u00e1 defendiendo.<\/p>\n<p>Para Sep\u00falveda, Arist\u00f3teles es una autoridad, cuya obra (entre otras citables) sigue sirviendo para explicar en general la inferioridad cultural del otro, su barbarie, y tambi\u00e9n, por supuesto, la inferioridad cultural y la barbarie que acaba de ser descubierta por los europeos en el nuevo mundo; una autoridad, pues, cuya teor\u00eda pol\u00edtico-moral esclavista (porque nacida y pensada en tiempos esclavistas) no s\u00f3lo permite explicar (los indios americanos son como los no-griegos, como los b\u00e1rbaros de la civilizaci\u00f3n griega y caen, por tanto, dentro de la explicaci\u00f3n general), sino tambi\u00e9n obrar en consecuencia: esto es, someterlos en t\u00e9rminos parecidos a como preconizaba Arist\u00f3teles que se hiciera con los b\u00e1rbaros. Para Las Casas, Arist\u00f3teles es tambi\u00e9n una autoridad, la gran autoridad en el asunto de lo pol\u00edtico moral, pero tal reconocimiento queda enseguida relativizado: de una parte, \u00e9l ha visto ya mucho sobre los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb concretos de esta historia (qui\u00e9n sabe si en otra \u00e9poca anterior Las Casas no habr\u00eda sido partidario de aquellos otros pensadores que en la Grecia cl\u00e1sica se opusieron al esclavismo inventando un primer y rudimentario relativismo cultural), y, de otra parte, esa vivencia, esa experiencia, le ha acentuado una pasi\u00f3n moral (de origen cristiano en su caso) que entra en conflicto con la teor\u00eda aristot\u00e9lica, y muy particularmente con la potencial aplicaci\u00f3n de la misma al caso americano.<\/p>\n<p>El <i>eppur si muove<\/i> de Bartolom\u00e9 de las Casas es precisamente ese exabrupto consistente en <i>mandar a paseo a Arist\u00f3teles<\/i> en plena discusi\u00f3n te\u00f3rica, cuando se da cuenta de que es ya imposible conciliar los conceptos de la vieja teor\u00eda (incluso interpretada, como \u00e9l mismo est\u00e1 intentado, de la forma m\u00e1s favorable a los intereses de los indios) con el principio inspirador de su propio discurso: <i>reconocer el derecho a la diferencia del otro<\/i>, de la otra cultura, de los que est\u00e1n siendo oprimidos y expoliados; reconocer la soberan\u00eda de los indios sobre sus cosas, etc. Tampoco hay que pensar que, en tales circunstancias, el salto fuera del sistema aristot\u00e9lico haya podido hacerse (como creen los int\u00e9rpretes lascasianos m\u00e1s militantes) mediante el recurso al mensaje cristiano sin m\u00e1s. Aquella discusi\u00f3n estaba implicando tambi\u00e9n, como se ha visto, al cristianismo como sistema o como concepto del mundo, en la medida, precisamente, en que hab\u00eda cristalizado ya una doctrina o \u00abteor\u00eda\u00bb aristot\u00e9lico-tomista, que, en este plano pol\u00edtico-moral, combinaba el tipo de defensa de la esclavitud que fue propia de las culturas paganas greco-romanas con la pr\u00e9dica de la <i>caritas<\/i> igualadora.<\/p>\n<p>Sep\u00falveda caracteriza muy bien la cosa cuando se refiere a las dos fases del cristianismo para as\u00ed librarse del mensaje primitivo y adecuar su argumentaci\u00f3n a lo que considera <i>necesidades de una doctrina que ha pactado con el poder<\/i> (con el poder eclesi\u00e1stico y civil). En una situaci\u00f3n hist\u00f3rica tal, realmente existente, la dificultad de fundamentaci\u00f3n de un discurso como el lascasiano radica en que tampoco puede hacer suyo por completo lo que el cristianismo ha sido en su integridad (tanto m\u00e1s cuanto que, dejando aparte otras historias de pacto con el poder, \u00e9l sabe por experiencia que algunos cristianos estaban utilizando la evangelizaci\u00f3n de los indios como una forma de enriquecerse, de esclavizar y de lograr dominios).<\/p>\n<p>De ah\u00ed que en sus momentos m\u00e1s decisivos la argumentaci\u00f3n de Las Casas tenga que presentarse <i>como una vuelta a los or\u00edgenes<\/i>, como una recuperaci\u00f3n del mensaje liberador primitivo del cristianismo, incluyendo en ella la comparaci\u00f3n con los cristianos que vivieron en el Imperio Romano en minor\u00eda y sin poder alguno. Significativo es, en este sentido, el que Sep\u00falveda dejara caer durante la discusi\u00f3n la acusaci\u00f3n de \u00abherej\u00eda\u00bb, pues el contexto religioso (curiosamente muy poco aludido en la controversia de Valladolid) era el de la continuada pol\u00e9mica sobre el iluminismo, sobre la divulgaci\u00f3n del erasmismo en Espa\u00f1a con la simult\u00e1nea presi\u00f3n contrarreformista y la defensa del retorno a los or\u00edgenes. Esta \u00faltima, la defensa del retorno a unos or\u00edgenes de austeridad y dignidad se dio la mano, en aquellos a\u00f1os, como tantas otras veces, con la vena moralista y providencialista, con la cr\u00edtica del cristianismo \u00abdegenerado\u00bb por su hacerse poder o aliado del mismo, con la afirmaci\u00f3n, en suma, de un tipo de \u00abpensamiento propio\u00bb que, a pesar de diferenciarse claramente del luteranismo a los ojos del historiador de hoy, empezaba entonces a estar igualmente malvisto y malquisto.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la discusi\u00f3n, m\u00e1s bien formal, acerca de a qui\u00e9n da la raz\u00f3n el aristotelismo como teor\u00eda de la barbarie y de la esclavitud no debe complicar y oscurecer el descubrimiento en verdad importante de Las Casas: que por lo menos una parte de aquellos indios eran gente civilizada, que conoc\u00eda el intercambio, el comercio, la urbanizaci\u00f3n de las ciudades y algo parecido a lo que llamamos organizaci\u00f3n estatal. Mucho antes de que llegaran los espa\u00f1oles y de que conocieran el nombre mismo de Espa\u00f1a \u2013observa Las Casas\u2013 algunos de aquellos indios ten\u00edan ya \u00abrep\u00fablicas rectamente instituidas, sobriamente administradas por una \u00f3ptima legislaci\u00f3n, religi\u00f3n e instituciones, cultivaban la amistad y, unidos en sociedad, habitaban muy grandes ciudades en las que prudentemente, con bondad y equidad, administraban los negocios tanto de la paz como de la guerra\u00bb.<\/p>\n<p>En la Espa\u00f1a de la d\u00e9cada de los cuarenta del siglo XVI se ten\u00eda la suficiente informaci\u00f3n respecto de los indios cultivados como para no asimilarlos a todos indiscriminadamente con b\u00e1rbaros. Si se hizo esto, si hubo quien se orient\u00f3 por ah\u00ed fue por conveniencia, por comodidad, para justificar la conquista, como afirma tambi\u00e9n Las Casas. Pues es muy improbable que un hombre como Sep\u00falveda no tuviera otras informaciones que las procedentes de Fern\u00e1ndez de Oviedo, o que no hubiera conocido los pasos de las <i>Relecciones<\/i> de Vitoria en que, efectivamente, se tiene en cuenta que hay en Am\u00e9rica tambi\u00e9n indios cultos y civilizados. Sep\u00falveda representa en esto un retroceso respecto de Vitoria. Pero <i>un retroceso consciente<\/i>. Como pretende Las Casas, un retroceso no s\u00f3lo por ignorancia, tambi\u00e9n por malicia. El propio Las Casas, por su parte, da un paso que le lleva mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo afirmado por Francisco de Vitoria sobre la organizaci\u00f3n de algunos indios americanos. Afirma expl\u00edcitamente que \u00absu gobierno se reg\u00eda por una legislaci\u00f3n que en muchas cosas supera a la nuestra y que podr\u00eda causar admiraci\u00f3n de los sabios de Atenas\u00bb.<\/p>\n<p><b>5. <\/b>Este es precisamente uno de los puntos m\u00e1s notables de la <i>Apolog\u00eda<\/i> de Bartolom\u00e9 de Las Casas. Primero por su valent\u00eda al afirmar que, en ciertos casos, puede hablarse incluso de <i>superioridad cultural respecto de los espa\u00f1oles<\/i>. Y luego por su habilidad (no s\u00f3lo ret\u00f3rica) en la argumentaci\u00f3n <i>a contrario<\/i>, una virtud en la argumentaci\u00f3n humana que es siempre la decisiva en la discusi\u00f3n de asuntos pr\u00e1cticos relativos al choque cultural. En efecto, admitiendo que los indios americanos puedan ser inexpertos en materia de bellas artes, como dice Sep\u00falveda, puesto que no tienen cultura escrita, de ah\u00ed no se sigue la necesidad de la esclavizaci\u00f3n y de la dominaci\u00f3n, pues de defender eso habr\u00eda que admitir tambi\u00e9n la justeza de la dominaci\u00f3n romana sobre los espa\u00f1oles, aquel \u00abpueblo fiero y b\u00e1rbaro\u00bb al decir de los romanos, en los siglos pasados.<\/p>\n<p>La pregunta interesante e interesada que Las Casas traslada a su contrincante ideol\u00f3gico, a partir de la argumentaci\u00f3n <i>a contrario,<\/i> es esta: \u00bfacaso considera justa la guerra de los romanos contra los espa\u00f1oles para librarlos de la barbarie? O, a su vez: \u00bfacaso los espa\u00f1oles hac\u00edan una guerra injusta al defenderse tan valientemente contra los romanos? Es precisamente esta argumentaci\u00f3n <i>a contrario<\/i> (que empieza por implicar a los propios mitos, a las propias tradiciones, a las propias leyendas heroicas) la que, en asuntos de choque cultural, puede hacer pensar a quien pretende pensar con su propia cabeza, m\u00e1s all\u00e1 de los prejuicios establecidos por las culturas y tradiciones de las que uno mismo forma parte, m\u00e1s all\u00e1 de la superioridad cultural afirmada y de la inferioridad cultural atribuida al otro, inferioridad que siempre se da por supuesto. Las Casas lanza la pregunta no s\u00f3lo a Sep\u00falveda sino tambi\u00e9n a \u00ablos espa\u00f1oles ladrones y torturadores de aquellas miserables gentes\u00bb: \u201c\u00bfAcaso pens\u00e1is que una vez subyugada la poblaci\u00f3n fiera y b\u00e1rbara de Espa\u00f1a, los romanos, con el mejor derecho, pod\u00edan repartiros a todos vosotros entre ellos, asign\u00e1ndose a cada uno tantas cabezas, ya de machos, ya de hembras? \u00bfPens\u00e1is que los romanos pudieron despojar a los pr\u00edncipes de su poder y a vosotros todos, despojados de la libertad, obligaros a miserables trabajos, entre ellos a las minas de oro y plata para extraer y expurgar los metales? [&#8230;] \u00bf<i>Acaso vosotros estar\u00edais en tal caso privados del derecho de defender vuestra libertad, m\u00e1s a\u00fan, vuestra vida con la guerra? \u00bfSoportar\u00edas t\u00fa, Sep\u00falveda, que Santiago evangelizase a tus cordobeses de tal modo?\u00bb<\/i> (El subrayado es m\u00edo).<\/p>\n<p>Tan interesante como este desplazamiento progresivo, efecto de la pasi\u00f3n moral, desde la discusi\u00f3n te\u00f3rica sobre la barbarie en sentido estricto a la defensa de las cualidades intelectuales de los indios, o a\u00fan m\u00e1s interesante desde el punto de vista de la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica, es, para la \u00e9poca en que se expresa, el punto de vista lascasiano, seg\u00fan el cual, aunque hubiera que admitir la inferioridad de un pueblo (\u00bben ingenio e industria\u00bb, precisa), no por ello est\u00e1 aquel pueblo obligado a someterse a otro m\u00e1s civilizado que \u00e9l y a adoptar su modo de vida, de tal manera que, si\u00a0 rehusara hacer esto, hubiera que someterle a esclavitud por la fuerza de las armas (que es lo que en realidad estaba ocurriendo por aquellas fechas en Am\u00e9rica).<\/p>\n<p>En ese punto Las Casas ha abandonado definitivamente la teor\u00eda aristot\u00e9lica y reelaborado un argumento que ya utiliz\u00f3 Vitoria en las <i>Relecciones:<\/i> aun en el caso de que se admita la barbarie del otro, esto no es raz\u00f3n suficiente para la esclavizaci\u00f3n de un pueblo; s\u00f3lo la injuria cometida justifica el uso de la fuerza por el pueblo civilizado. S\u00f3lo que la reelaboraci\u00f3n por Las Casas de este argumento acaba por quitar toda importancia a las implicaciones de la diferencia entre barbarie y civilizaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de los \u00e1mbitos concretos y determinados de la evangelizaci\u00f3n y de la instrucci\u00f3n del otro. No hay inferioridad cultural <i>en general<\/i>, podr\u00eda decirse.<\/p>\n<p>Si en Vitoria hab\u00eda todav\u00eda cierta indefinici\u00f3n que, de hecho, le obligaba a suponer constantemente que se hab\u00eda dado alg\u00fan tipo de injuria real (pues en otro caso no encuentra manera de justificar lo que estaba siendo actuaci\u00f3n habitual de sus compatriotas, y Vitoria no quer\u00eda oponerse abiertamente a los hechos), en Las Casas encontramos, a este respecto, formulaciones y r\u00e9plicas tan felices como sugerentes. V\u00e9ase si no este paso: \u00abNadie, por muy civilizado que sea \u2013escribe Las Casas en la l\u00ednea de Vitoria\u2013 puede forzar al est\u00fapido b\u00e1rbaro a que se someta a su persona si este b\u00e1rbaro no le injuri\u00f3 antes\u00bb. Tras lo cual a\u00f1ade una conclusi\u00f3n realmente notable: \u00abSi fuese l\u00edcita la guerra contra los indios por afirmaci\u00f3n de la superioridad cultural, eso querr\u00eda decir que un pueblo podr\u00eda alzarse contra otro pueblo y un hombre contra otro hombre, para as\u00ed someterlos, <i>fundados en la convicci\u00f3n de su mayor cultura<\/i>\u00bb (Aunque no es el momento de la comparaci\u00f3n en detalle, vale la pena repasar ahora mentalmente lo que se ha escrito y se escribe en Europa justificando la colonizaci\u00f3n en los siglos XVIII, XIX y XX para comprender de golpe toda la grandeza del discurso de aquel indio metropolitano que fue Las Casas; sobre todo \u2013insisto\u2013 de su argumentaci\u00f3n <i>a contrario<\/i>). El punto de vista de Las Casas no deja, pues, lugar a dudas. Es la inversi\u00f3n del argumento euroc\u00e9ntrico, <i>la justificaci\u00f3n de la guerra justa defensiva del d\u00e9bil:\u00ab<\/i>Todo pueblo, por muy b\u00e1rbaro que sea, puede defenderse de los ataques de otro pueblo superior en cultura que pretenda subyugarlo o privarle de libertad; es m\u00e1s, l\u00edcitamente puede castigar con la muerte a las personas de dicho pueblo superior en cultura como quienes criminal y violentamente le infieren una injusticia contra la Ley natural. Y tal guerra en verdad es m\u00e1s justa que aquella que bajo pretexto de cultura se hace.\u00bb<\/p>\n<p>A medida que se avanza en la lectura de la <i>Apolog\u00eda<\/i> tiene uno que interrogarse acerca de qu\u00e9 tipo de \u00abb\u00e1rbaros\u00bb cre\u00eda Las Casas que eran <i>realmente<\/i> aquellos indios de que habla. Poco a poco, en el texto, se va haciendo paso, de un lado, la idealizaci\u00f3n del \u00abbuen salvaje\u00bb, pero tambi\u00e9n, de otro lado, la posibilidad de superaci\u00f3n de la incultura por la v\u00eda de las luces identificada con un muy determinado tipo de evangelizaci\u00f3n. Despu\u00e9s de observar, por ejemplo, que no todos los indios carecen de raz\u00f3n y que muchos de ellos incluso podr\u00edan causar admiraci\u00f3n en ciertas cosas a los sabios de Atenas, o que, en otras, su legislaci\u00f3n superaba a la espa\u00f1ola de la \u00e9poca, todav\u00eda a\u00f1ade Las Casas que el comportamiento de aquellas gentes no tiene nada que ver con la necedad o con la estupidez, sino que se trata de personas especialmente ingeniosas para todas las artes liberales y que eran tan expertos en las cosas de la mec\u00e1nica \u00bbque con pleno derecho pueden anteponerse por tal fama a todas las gentes del mundo conocido\u00bb, etc. El repaso de los ejemplos hist\u00f3ricos, antiguos y modernos, le induce a pensar que no puede haber naci\u00f3n en el mundo que no pueda ser \u00bbreducida a la buena polic\u00eda\u00bb (como se dec\u00eda en el lenguaje de la \u00e9poca) por la v\u00eda de la instrucci\u00f3n y del trato pac\u00edfico. Pero tal conclusi\u00f3n, por serlo tambi\u00e9n de la mayor\u00eda de los colonizadores y evangelizadores europeos, puede llamar a enga\u00f1o si el lector si queda s\u00f3lo en ella. Tender\u00e1 entonces a quitar hierro a la pol\u00e9mica y interpretar la cr\u00edtica lascasiana s\u00f3lo como una \u00bbvariante pac\u00edfica\u00bb del colonialismo moderno. Creo, en cambio, que en su obra hay m\u00e1s que eso.<\/p>\n<p>Al abordar aquel optimismo de Las Casas acerca de la naturaleza humana se ha discutido mucho, en efecto, acerca del lugar que se le ha de asignar en la elaboraci\u00f3n del mito del \u00abbuen salvaje\u00bb. \u00bfNo exageraba el dominico las capacidades y virtudes de aquellas pobres gentes con las que hab\u00edan chocado los espa\u00f1oles? Sin duda que exageraba pol\u00e9micamente: para impedir el genocidio: no para teorizar la superioridad del otro. Es tan ingenuo quedarse en esta observaci\u00f3n como atribuir a Las Casas un esquema plano, unilateral, de la naturaleza del indio en contraposici\u00f3n con el europeo. En los <i>Tratados,<\/i> en la <i>Apolog\u00eda <\/i>y en la <i>Apolog\u00e9tica Hist\u00f3rica<\/i> hay, desde luego un supuesto ideal com\u00fan que algunos autores han calificado de \u00abantropolog\u00eda de la esperanza\u00bb. Este supuesto tiene, por as\u00ed decirlo, dos vertientes. Una de ellas consiste b\u00e1sicamente en negar la posibilidad de la servidumbre natural <i>permanente<\/i> de toda una cultura, por ruda, asilvestrada, grosera, fiera o b\u00e1rbara que sea, cuando entra en comunicaci\u00f3n con otra cultura decidida a darle sus luces por procedimientos pac\u00edficos. Esta idea, en formas m\u00e1s o menos moderadas, pudo ser compartida por la mayor\u00eda de sus contempor\u00e1neos. Menos compartida fue la otra vertiente de su supuesto, a saber: que en el ind\u00edgena americano hay tambi\u00e9n virtudes intelectuales y morales que pueden estar, precisamente, en la base de la regeneraci\u00f3n del universalismo hip\u00f3crita de la otra cultura, en este caso de la propia, de la cristiana. Lo que despista a veces al lector de ahora es que la argumentaci\u00f3n lascasiana no distingue entre proposiciones de hecho y proposiciones normativas, axiol\u00f3gicas. Por eso, en su pol\u00e9mica, Las Casas da tanta importancia a la reconstrucci\u00f3n de aquella historia; por eso critica tanto las \u00abburdas mentiras de p\u00e9simos historiadores\u00bb en que se basaba Sep\u00falveda.<\/p>\n<p><b>6. <\/b>En la parte de la <i>Apolog\u00eda <\/i>dedicada al problema de la jurisdicci\u00f3n, Las Casas profundiza una idea que qued\u00f3 ya esbozada durante la clasificaci\u00f3n de los tipos de b\u00e1rbaros: la de los <i>dos cristianismos<\/i>. Las Casas se propone negar por razones teol\u00f3gicas, jur\u00eddicas y pr\u00e1cticas la posibilidad misma de la intervenci\u00f3n armada de los cristianos contra los indios. En este contexto choca con la existencia de algunos textos del Antiguo Testamento de los cuales lo menos que puede decirse es que no apoyan precisamente el trato pac\u00edfico de las otras culturas y religiones. Son textos duros, terribles, que llaman a liquidar de la tierra a culturas enteras, a pueblos enteros. Sep\u00falveda se hab\u00eda referido a ellos para mostrar que las Escrituras no defienden un pacifismo como el que \u00e9l mismo hab\u00eda deplorado en algunos estudiantes espa\u00f1oles en Roma. Las Casas, por su parte, da cuenta de estos textos, pero prefiere poner el acento en su inadecuaci\u00f3n al caso, en el <i>cambio de los tiempos<\/i>: \u00abEl doctor Sep\u00falveda resbala [&#8230;] al pretender que en nuestros tiempos de gracia y misericordia tengan validez los r\u00edgidos preceptos de la Vieja Ley que se fundaron en motivos especiales, abriendo esta puerta para que los tiranos y bandidos, so pretexto de religi\u00f3n, invadan, opriman, despojen y sometan a cruel esclavitud a gentes inocentes que ni escucharon la fe ni pudieron sospechar que exist\u00eda la fe de Cristo y la religi\u00f3n cristiana en el mundo [&#8230;] Ahora, en cambio, los varones sagrados se abstienen de toda profusi\u00f3n de sangre; ahora, en cambio, se juzgar\u00eda como cosa imp\u00eda que un sacerdote manchase con sangre sus manos.\u00bb<\/p>\n<p>No es \u00e9sta, desde luego, una constataci\u00f3n sociol\u00f3gica emp\u00edrica, sino la expresi\u00f3n de un deseo que Las Casas quiere hacer concordar con el esp\u00edritu de la \u00e9poca. Por ello acaba resolviendo esta discrepancia mediante un procedimiento parecido al que emple\u00f3 tambi\u00e9n al entrar en conflicto con la doctrina aristot\u00e9lica. En este caso sabe que, efectivamente, hay muchos pasajes del Antiguo Testamento que justifican la violencia e incluso una actitud claramente militarista contra otros pueblos; se da cuenta de que Sep\u00falveda y otros est\u00e1n utilizando esos textos del Antiguo Testamento contra infieles e id\u00f3latras para retorcer la argumentaci\u00f3n de Francisco de Vitoria sobre los motivos para una guerra justa; por lo que, despu\u00e9s de establecer las diferencias entre Nuevo y Viejo Testamento y de afirmar la importancia <i>del cambio de los tiempos,<\/i> el autor de la <i>Apolog\u00eda<\/i> avanza una conclusi\u00f3n que favorece el trato pac\u00edfico con los indios: <i>a otros tiempos, otros tientos.<\/i><\/p>\n<p>Pero tampoco en este caso se queda Las Casas ah\u00ed. Unas p\u00e1ginas despu\u00e9s vuelve a los textos del Viejo Testamento aducidos por Sep\u00falveda y nos da otra muestra de genio semejante al \u00abmandemos a paseo a Arist\u00f3teles\u00bb. Sin tanta irreverencia verbal, lo que propone en este caso (nuevamente contra Sep\u00falveda) es \u00abmandar a paseo el Viejo Testamento\u00bb. Efectivamente: \u00abSi nosotros debi\u00e9ramos imitar los juicios terribles que aparecen en el Antiguo Testamento \u2013argumenta\u2013 sin duda cometer\u00edamos much\u00edsimas y enormes injusticias y grav\u00edsimos pecados y se seguir\u00edan de ah\u00ed miles y miles de absurdos\u00bb. La consideraci\u00f3n hist\u00f3rica del cristianismo permite al obispo de Chiapas concluir aquel paso con esta libertad: \u00abNo todos los juicios de Dios deben servirnos de ejemplo y nadie puede en ellos fundar su argumentaci\u00f3n, a menos que act\u00fae con frivolidad [&#8230;] Tales ejemplos o acontecimientos del Antiguo Testamento son m\u00e1s bien dignos de admirar que de imitar.\u00bb<\/p>\n<p>Entre los razonamientos elaborados por Las Casas para probar la ilegalidad de castigar a los indios por sus pr\u00e1cticas idol\u00e1tricas vale la pena mencionar el siguiente, relacionado con la ignorancia de los afectados respecto de la religi\u00f3n cat\u00f3lica. Como los llamados \u00abb\u00e1rbaros\u00bb tienen sus propios sacerdotes y te\u00f3logos, profetas y adivinos, y \u00e9stos les ense\u00f1an cosas distintas o contrarias a la fe cristiana; y como tienen, adem\u00e1s, reyes, se\u00f1ores y magistrados que les ordenan que se ense\u00f1en aquellos cultos idol\u00e1tricos, es natural y l\u00f3gico que los indios, al actuar, conf\u00eden en la autoridad p\u00fablica, en la autoridad de los suyos. Y \u00abel error del pueblo\u00bb \u2013argumenta Las Casas\u2013 \u00absi es confirmado por la autoridad del pr\u00edncipe, hace derecho y sirve de excusa\u00bb. As\u00ed que el error cobra probabilidad, se hace probable para aquellas gentes, y como lo probable es aquello que parece cierto a todos o a muchos o a los sabios, acaba consider\u00e1ndose <i>moralmente cierto<\/i><u>.<\/u> Conclusi\u00f3n del razonamiento: los citados infieles no est\u00e1n obligados a vagar por todo el mundo en busca de sabios de otras naciones, para que mediante el asesoramiento y autoridad de \u00e9stos, la opini\u00f3n que acontece que ellos siguen se convierta en probable, sino que les basta consultar a sus sabios o seguir sus ejemplos y dogmas.<\/p>\n<p>Este razonamiento se complementa con otro sobre la <i>comprensible ignorancia<\/i> de aquellas gentes en cuestiones relacionadas con la fe cristiana, a saber: que tales verdades est\u00e1n por encima de todas las facultades de la naturaleza y que, por tanto, nadie est\u00e1 obligado a creerlas sino por el modo en que le es posible, de manera que tenga suficientes testimonios para creer: o porque ve alg\u00fan milagro realizado especialmente para la confirmaci\u00f3n de tal doctrina, o porque se mueve por razones eficaces para creer, o por alg\u00fan otro motivo que haga las veces de milagro; entre tales motivos uno, y lo bastante eficaz, es la vida sin culpa y cristiana de los predicadores que les da credibilidad ante quienes escuchan los misterios de la fe. Ignorancia tanto m\u00e1s comprensible cuanto que, \u00abcomo hoy ya no se realizan milagros\u00bb, <i>el ejemplo <\/i>se convierte en la mejor manera de que la fe cristiana pueda ser cre\u00edda por los infieles. Pero, como lo que los indios ven habitualmente no es esto, no es el ejemplo de una vida cristiana, sino m\u00e1s bien \u00abcostumbres corrompid\u00edsimas y destestables\u00bb de soldados, poco se puede esperar en este sentido.<\/p>\n<p>Ignorancia, \u00e9sta de los indios, comprensible para Las Casas, incluso en circunstancias realmente ocurridas y que fueron interpretadas por casi todos los dem\u00e1s cristianos como injurias contra los conquistadores. Hubo, en efecto, casos en los cuales los indios lanzaron blasfemias contra la religi\u00f3n cristiana, como en la provincia de Jalisco, donde, para mofarse de los sacerdotes, elevaban con sus manos tortas de masa. Al tratar este caso delicado el reconocimiento de la comprensible ignorancia de los indios va a acompa\u00f1ado por un alto concepto de la tolerancia, pues Las Casas afirma que \u00abni siquiera en esa circunstancia puede hablarse con propiedad de injuria\u00bb, dado que no es el desprecio o el odio hacia la religi\u00f3n cristiana lo que les movi\u00f3 a actuar as\u00ed, sino la ira contra cristianos particulares que les hab\u00edan infringido antes malos tratos e injurias, los actos, en definitiva, \u00abde cruel\u00edsimos enemigos\u00bb<b>.<\/b><\/p>\n<p>Importa se\u00f1alar aqu\u00ed que una circunstancia como esta de Jalisco, e incluso menos grave, habr\u00eda sido generalmente considerada como motivo suficiente para una intervenci\u00f3n violenta, esto es, como una injuria de las que constituyen causa justa de guerra a la otra cultura, al otro pueblo. Las Casas, en cambio, aduce este ejemplo para diferenciarlo de otros en los que jud\u00edos y mahometanos blasfeman contra la ley de Dios. Y, puesto que, en ese contexto, trae a colaci\u00f3n la doctrina de Francisco de Vitoria justificando la guerra en tales casos de blasfemia e injuria, hay que concluir que el autor de la <i>Apolog\u00eda<\/i> deja, tambi\u00e9n en este caso de los indios de Jalisco, su comportamiento fuera de los supuestos vitorianos que sirven para justificar una guerra justa. Acaso para que no hubiera dudas acerca de la significaci\u00f3n del caso de Jalisco, Las Casas generaliza al respecto, unas p\u00e1ginas despu\u00e9s, distinguiendo entre la injuria que supone obrar con conocimiento y malicia contra los predicadores de la fe cristiana y hacerlo por odio a la gente cristiana de la que se han <i>recibido injurias previamente<\/i>. Tal es el caso de los indios en general: \u00abAl sufrir tan grandes males [devastaci\u00f3n de ciudades, reinos y territorios, degollaci\u00f3n de multitud de hombres sin cuento, despojo de los dominios y honores reales], y al ver que los predicadores son de la misma naci\u00f3n, hablan la misma lengua y tienen la piel del mismo color blanco y el ment\u00f3n igual que sus enemigos los espa\u00f1oles, necesariamente ignorar\u00e1n qui\u00e9nes son los siervos de Dios, qui\u00e9nes son sus ministros y qui\u00e9nes los \u00f3rganos de Satan\u00e1s, cu\u00e1l es el verdadero objetivo de los predicadores, qu\u00e9 intenci\u00f3n tienen los espa\u00f1oles contra quienes just\u00edsimamente hacen guerra.\u00bb<\/p>\n<p>Es en pasos as\u00ed en los que se desata la santa ira de Bartolom\u00e9 de Las Casas en favor de los indios, la misma pasi\u00f3n del hombre que escribe la <i>Brev\u00edsima relaci\u00f3n<\/i><b>. <\/b>La cita, aunque larga, se hace, pues, insustituible: \u00abSobrepasa, pues, a todo estupor y tiene resabios de miserable ignorancia la afirmaci\u00f3n de que los indios pueden ser perseguidos con la guerra, aunque matasen a doscientos mil predicadores y al propio ap\u00f3stol san Pablo y dem\u00e1s disc\u00edpulos de Cristo que los evangelizasen. Una guerra tal ser\u00eda propia de fiera barbarie y de una crueldad a\u00fan mayor que la de los escitas, y deber\u00eda llamarse guerra diab\u00f3lica m\u00e1s bien que cristiana; y los indios que hacen la guerra a los espa\u00f1oles, por hacerla, deber\u00e1n ser honrados con las m\u00e1s exquisitas alabanzas por los m\u00e1s prudentes fil\u00f3sofos<i>. M\u00e1s a\u00fan: me atrever\u00eda a afirmar que no se podr\u00eda inmediatamente hacer la guerra con justicia, mejor dicho, que ser\u00eda injusto hacerla contra los pr\u00edncipes indios, por el hecho de que, temiendo por sus cosas, no quisieran recibir a los predicadores, acompa\u00f1ados de gente feroz y b\u00e1rbara, aunque esto ocurra en un territorio o provincia en los que anteriormente no haya habido todav\u00eda experiencia de la cruel tiran\u00eda de los cristianos<\/i>.\u00bb<\/p>\n<p>Las Casas ha subrayado \u00e9l mismo desde \u00abM\u00e1s a\u00fan\u00bb y ha a\u00f1adido al margen del manuscrito latino:\u00abObs\u00e9rvese\u00bb. El paso sigue siendo todav\u00eda hoy, efectivamente, digno de ser observado<b>.<\/b><\/p>\n<p><b>7. <\/b>\u00bfEs justa la guerra contra los indios para salvar a los inocentes de ser inmolados en sacrificios? La contestaci\u00f3n a esta pregunta constituye la parte central y tambi\u00e9n la m\u00e1s larga de la <i>Apolog\u00eda<\/i> vallisoletana de Las Casas. Tambi\u00e9n era la parte m\u00e1s delicada de argumentar, puesto que exist\u00eda un consenso muy amplio en la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica y en toda Europa contra la antropofagia y el sacrificio ritual de ni\u00f1os inocentes. Se entra as\u00ed en la contestaci\u00f3n lascasiana del tercer argumento de Sep\u00falveda.<\/p>\n<p>Las Casas admite la justeza de la intervenci\u00f3n de la Iglesia para salvar v\u00edctimas inocentes. Pero enseguida a\u00f1ade condiciones.<\/p>\n<p>Primera: que se haga de tal manera que no se cause un mal mayor que el que se quiere evitar. Segunda: que se sepa distinguir las circunstancias para que no se siga de la intervenci\u00f3n un esc\u00e1ndalo, lo que equivale a decir que hace falta \u00abmuy prudente deliberaci\u00f3n\u00bb para acudir a las armas en unos casos o para \u00abdisimular el mal hecho a las personas inocentes\u00bb en otros. En el desarrollo de su argumentaci\u00f3n, Las Casas concreta y ampl\u00eda la casu\u00edstica en lo que respecta al supuesto del sacrificio de ni\u00f1os inocentes por motivos rituales y religiosos, pr\u00e1ctica, como se sabe, habitual entre los aztecas o mexicas. Pero su l\u00ednea general de razonamiento es que hay que abstenerse, <i>tambi\u00e9n en esos casos<\/i>, de hacer la guerra a los indios para \u00abno destruir reinos e inculcar el odio a la religi\u00f3n cristiana\u00bb. De modo que \u00abla prudente deliberaci\u00f3n\u00bb llevar\u00e1 a <i>tolerar aquel mal, al menos por un tiempo, y en ciertos casos a perpetuidad<\/i>, absteni\u00e9ndose de hacer la guerra y buscando soluciones alternativas para convencer a los indios de que abandonen aquellas pr\u00e1cticas crueles.<\/p>\n<p>Las Casas trata de apoyar su conclusi\u00f3n en este punto sobre la autoridad de las <i>Relecciones<\/i> de Francisco de Vitoria. Pero dejando aparte la circunstancia de que hace caer bajo un supuesto muy gen\u00e9rico (como es el de abstenerse de hacer la guerra cuando se pueden provocar da\u00f1os mayores) el caso particular, y muy llamativo para las culturas europeas, del sacrificio ritual de ni\u00f1os o la antropofagia practicada por ciertas culturas amerindias, lo m\u00e1s atendible en este paso es la comparaci\u00f3n que establece para proponer una ampliaci\u00f3n tan dr\u00e1stica del concepto de tolerancia vigente entre \u00ablos doctores juristas\u00bb de la \u00e9poca (Vitoria, Soto y los dem\u00e1s). Nuevamente, en esta oportunidad delicada, Bartolom\u00e9 de las Casas se inclina por el ejemplo <i>a contrario<\/i> y por la denuncia de aquellas pr\u00e1cticas o h\u00e1bitos que ponen de manifiesto la hipocres\u00eda de la propia cultura. Los dos ejemplos que pone en este caso son bien distintos, pero revelan una misma formaci\u00f3n r\u00edgidamente cat\u00f3lica: la \u00abtolerancia\u00bb que, en su opini\u00f3n, se tiene en las ciudades de Espa\u00f1a con las meretrices y con los ritos de los jud\u00edos.<\/p>\n<p>El establecimiento de <i>condiciones fuertes contra<\/i> la intervenci\u00f3n militar propia, incluso cuando hab\u00eda sacrificios rituales de ni\u00f1os inocentes o casos de antropofagia, as\u00ed como la ampliaci\u00f3n del concepto de tolerancia respecto de la conducta de los otros (a partir del s\u00edmil con las \u00abcasas de tolerancia\u00bb de la metr\u00f3polis) todav\u00eda se profundizar\u00e1 m\u00e1s en la tercera parte de la <i>Apolog\u00eda.<\/i> En ella Las Casas tiende a quitar importancia cuantitativa a los sacrificios: los injustamente sacrificados son pocos y, en cambio, los que pueden llegar a morir, en el caso de declarar la guerra, son muchos. Adem\u00e1s, la <i>Apolog\u00eda<\/i> sigue desarrollando, asistem\u00e1ticamente, la idea de los <i>dos cristianismos<\/i> as\u00ed como la cr\u00edtica de actuaciones mim\u00e9ticas respecto del Antiguo Testamento, para acabar en una verdadera afirmaci\u00f3n de la conciencia de especie y de la justicia \u00abpol\u00edtica\u00bb humana equitativa:<\/p>\n<p>Los juicios de Dios son inexcrutables. Por lo tanto, no por el hecho de que Dios haya ordenado hacer una cosa se sigue que nosotros podemos hacerla [&#8230;] De acuerdo con Arist\u00f3teles [<i>Etica<\/i>, libro 5], el hombre carece de derecho pol\u00edtico sobre su propiedad, sobre todo porque los hombres, por justos que sean, no obstante, han de morir, son deudores de la muerte. Ahora bien, entre los hombres debe ser observada la \u00abjusticia pol\u00edtica\u00bb, esto es, la \u00abequidad de la justicia\u00bb. Por lo tanto, los jueces no tienen a todos los hombres sometidos a s\u00ed de tal manera que puedan castigarlos o darles muerte, en oposici\u00f3n al derecho y a la ley, pues un juez humano no tiene autoridad para juzgar sino de acuerdo con lo que le dicta la ley, especialmente la ley natural y divina.<\/p>\n<p>Seguramente se alcanza en estas p\u00e1ginas uno de los puntos m\u00e1s atendibles, por su libertad ya moderna, del pensamiento de Las Casas. En una discusi\u00f3n, a la que no es ajena la referencia a las autoridades, Las Casas va distanci\u00e1ndose, en la pr\u00e1ctica, de todas ellas: de las Antiguas Escrituras, porque son antiguas, porque la intolerancia militarista de algunos de sus pasos es inmantenible en los nuevos tiempos; de los hombres que parecen querer obrar como Dios, crey\u00e9ndose justos, porque no son Dios; de los argumentos de los padres de la Iglesia, porque a veces no se corresponden con un asunto que no era el suyo, que es por completo nuevo; de los argumentos de los te\u00f3logos, porque no siempre est\u00e1n en consonancia con el mensaje principal, ecum\u00e9nico, igualitario, favorable a los d\u00e9biles, de la doctrina de Cristo; de los textos de los jurisconsultos, porque hay que valorarlos y someterlos a claras distinciones para comprenderlos bien. Este alejamiento de autoridades y convenciones establecidas le conduce a una conclusi\u00f3n que, sin duda, tuvo que ser muy minoritaria en su tiempo, a saber: que ni siquiera en aquellas provincias en las que los infieles comen carne humana e inmolan a inocentes, deber\u00eda la Iglesia, los pr\u00edncipes o miembros de \u00e9sta, llevar a cabo la guerra; y ello por tres razones: porque, entre los indios, quienes comenten los cr\u00edmenes son pocos y quienes no tienen que ver con ellos son muchos, porque los reinos de los pr\u00edncipes propios no necesitan ser defendidos dado que est\u00e1n muy lejos de los reinos de los infieles y porque, adem\u00e1s, se corre el riesgo de exponer a otras muchas personas inocentes al peligro de la muerte.<\/p>\n<p>Paso a paso, en su pol\u00e9mica con Gin\u00e9s de Sep\u00falveda, Las Casas va acumulando razones en favor de los indios y ampliando la propia comprensi\u00f3n de sus costumbres, de sus h\u00e1bitos. Al final, en la parte que todav\u00eda resulta m\u00e1s impresionante de la <i>Apolog\u00eda<\/i> de 1550-1551, la primera <i>configuraci\u00f3n moderna de la conciencia de especie<\/i> ha dado su fruto. Lo que en ella fructifica ya no es s\u00f3lo la defensa de la inocencia de los indios, ni s\u00f3lo la exigencia de tiempo para que puedan ser cambiados, pac\u00edficamente, los h\u00e1bitos de aquellas gentes, ni tampoco s\u00f3lo la vida ejemplar, alternativa, distinta, de los predicadores de la propia tribu, de los europeos; es algo m\u00e1s que esto: es la posibilidad de comprensi\u00f3n de lo m\u00e1s dif\u00edcil de entender, de aquellas pr\u00e1cticas que nunca adoptar\u00eda uno como propias si le estuviera dada la contemplaci\u00f3n distanciada y desinteresada de la propia cultura. En este sentido Las Casas ha escrito que \u00ablos indios tienen razones naturales probables para la antropofagia y para hacer sacrificios humanos\u00bb, y que inmolar hombres inocentes para la salvaci\u00f3n de toda la rep\u00fablica no se opone a la raz\u00f3n natural, como si se tratase de algo abominable e inmediatamente contrario al dictamen de la naturaleza, pues el hacerlo, siendo un error humano, puede tener su origen en una raz\u00f3n natural probable.<\/p>\n<p>Por \u00aberror probable\u00bb entiende Las Casas, citando a Arist\u00f3teles, aquel comportamiento que siendo err\u00f3neo (siendo, pues, evidente \u00aberror\u00bb desde la particular altura \u00e9tica del universalismo cristiano) es aprobado por todos los hombres de la otra cultura, o por la mayor parte de los sabios, o, al menos, por aquellos individuos cuyos sabidur\u00eda es, en general, m\u00e1s estimada. Los principios de conducta o comportamiento as\u00ed aprobados por la generalidad de la otra cultura han de ser considerados \u00abmoralmente ciertos\u00bb.<\/p>\n<p>Este es el caso de la opini\u00f3n que los indios tienen sobre sus dioses y sobre los sacrificios que han de ofrec\u00e9rseles. Por eso, en la medida en que tales pr\u00e1cticas est\u00e1n sancionadas por sus leyes, y no son ocultas sino p\u00fablicas, hay que aceptar que se trata de un error \u00abprobable\u00bb. Y de un error probable que nuestra cultura, en este caso la de los espa\u00f1oles colonizadores, puede llegar a comprender tambi\u00e9n por razones hist\u00f3ricas, puesto que ella misma tiene una historia y sabe de sacrificios semejantes. Las Casas cita a este respecto el ejemplo del sacrificio de Isaac por Abraham, as\u00ed como otros textos del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p><b>8. <\/b>Una de las cuestiones disputadas que se aclara, por fin, mediante el an\u00e1lisis textual de las <i>Apolog\u00edas<\/i> de Juan Gin\u00e9s de Sep\u00falveda y de Bartolom\u00e9 de las Casas es la relativa a la herencia intelectual de Francisco de Vitoria. Al final de su intervenci\u00f3n en Valladolid y de la <i>Apolog\u00eda <\/i>publicada en Roma<u>,<\/u> Sep\u00falveda hab\u00eda aducido en su favor la autoridad de Vitoria, a trav\u00e9s del testimonio del hermano de \u00e9ste, Diego. Se ha discutido mucho acerca de esta aproximaci\u00f3n interesada. Y no hay duda de que existen diferencias de tono y de argumentaci\u00f3n entre las <i>Relecciones<\/i> de Francisco de Vitoria y algunos pasos del <i>Dem\u00f3crates <\/i>II y de la <i>Apolog\u00eda <\/i>de Sep\u00falveda. Pero, por otra parte, ciertas contradicciones existentes entre las dos <i>Relecciones<\/i> y alguno de los dict\u00e1menes de Vitoria en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida (particularmente uno en el que desaconsejaba a Carlos V devolver a los indios las tierras del Per\u00fa) hac\u00edan relativamente plausible la reivindicaci\u00f3n de Gin\u00e9s de Sep\u00falveda. La publicaci\u00f3n del texto de la <i>Apolog\u00eda<\/i> de Bartolom\u00e9 de las Casas arroja nueva luz a este respecto.<\/p>\n<p>Las Casas mantiene en su <i>Apolog\u00eda <\/i>que Vitoria jam\u00e1s profiri\u00f3 los principales argumentos que Sep\u00falveda aduce en favor de la guerra justa. Pero, a rengl\u00f3n seguido, reconoce que, en la segunda parte de la primera relecci\u00f3n, el te\u00f3logo de Salamanca adujo ocho t\u00edtulos, por los cuales, o por alguno de los cuales, los indios pod\u00edan entrar en la jurisdicci\u00f3n de los espa\u00f1oles. Y, con la franqueza que le caracteriz\u00f3 en todo, Las Casas une a la cr\u00edtica de la posici\u00f3n de Vitoria, y a un principio de explicaci\u00f3n probable de la misma, su propia opini\u00f3n apasionada. Seg\u00fan su versi\u00f3n de las cosas, Francisco de Vitoria, en esa parte de relecciones, habr\u00eda supuesto \u00abcosas fals\u00edsimas para que esta guerra pueda ser considerada justa, cosas que por estos salteadores, que ampl\u00edsimamente despueblan todo aquel orbe, le fueron dichas a \u00e9l\u00bb. He aqu\u00ed su explicaci\u00f3n de las probables contradicciones y debilidades de Francisco de Vitoria: \u00ab<i>En algunos de estos t\u00edtulos \/justificando la guerra\/ se declar\u00f3 un tanto blando, queriendo templar lo que a los o\u00eddos del C\u00e9sar parec\u00eda que hab\u00eda dicho m\u00e1s duramente<\/i>\u00bb.<\/p>\n<p>En 1550 la necesidad <i>pr\u00e1ctica <\/i>de definirse entre los varios intereses contrapuestos (la raz\u00f3n del Estado, la de los colonizadores por cuenta propia y la de los indios) obligaba a todos a una mayor concreci\u00f3n en lo que se pensaba del derecho de gentes. Al intentar concretar Francisco de Vitoria abr\u00eda una puerta excelente (a trav\u00e9s del comercio y de la explotaci\u00f3n de \u00ablo que no es de ninguno\u00bb) a la colonizaci\u00f3n <i>tal cual<\/i>. Frente a las exigencias del tiempo, Gin\u00e9s de Sep\u00falveda reelabor\u00f3 la teor\u00eda aristot\u00e9lica propiciando de hecho un acercamiento entre los intereses de los conquistadores-soldados, los intereses de la Corona y las expectativas de aquella parte de los evangelizadores que estaban volvi\u00e9ndose ya \u00abrealistas\u00bb. Las Casas, en cambio, se radicaliz\u00f3 a\u00fan m\u00e1s en favor de la protesta de los indios. Su estrella empezaba a declinar en la Corte. Pronto abdicar\u00eda Carlos V. Y lo que todav\u00eda en 1550-1551, en Valladolid, parec\u00eda que pod\u00eda acabar con una victoria del defensor de los indios, se saldar\u00eda finalmente con una derrota. La Junta de Valladolid, al parecer, no se defini\u00f3 del todo. Pero tanto las medidas legislativas de los a\u00f1os siguientes como, sobre todo, la pr\u00e1ctica colonizadora del Imperio se alejaban cada vez m\u00e1s de la perspectiva lascasiana.<\/p>\n<p>Por todo ello no es posible compartir la opini\u00f3n de aquellos autores que tienden a presentar la pol\u00e9mica de Valladolid como si en ella hubiera habido un acuerdo de fondo entre los polemistas acerca de la legitimidad de la conquista y de la colonizaci\u00f3n <i>en t\u00e9rminos de evangelizaci\u00f3n<\/i>; un acuerdo supuestamente favorecido, adem\u00e1s, por la general libertad de pensamiento reinante en las universidades espa\u00f1olas de la \u00e9poca. Eso es una idealizaci\u00f3n embellecedora de las cosas.<\/p>\n<p>La aceptaci\u00f3n de la idea de evangelizaci\u00f3n de la otra cultura no es un acuerdo entre contendientes que discuten dial\u00e9cticamente; era, en aquel momento hist\u00f3rico, un dato cultural generalmente compartido, raz\u00f3n por la cual ni siquiera se discute, porque no se discuten las obviedades (ni los supuestos b\u00e1sicos de una tradici\u00f3n). Quedarse en tal dato, privilegiarlo sin otras consideraciones, equivale a perder las diferencias (que existieron) en el discurso universalista, ecum\u00e9nico, cristiano, de la \u00e9poca. Es in\u00fatil (y lo era ya en 1550) poner el acento en la coincidencia en abstracto, entre los polemistas, sobre la bondad de la evangelizaci\u00f3n cristiana, precisamente porque tal coincidencia no dice nada sobre las cuestiones de fondo objeto de debate. En realidad, desde el supuesto tradicional, y generalmente compartido, de la bondad de la evangelizaci\u00f3n se pod\u00eda: 1) fundar la idea de imperio moderno, 2) ayudar a potenciar la nueva clase de los encomenderos, 3) proponer una v\u00eda jur\u00eddica para justificar el derecho de ocupaci\u00f3n de nuevas tierras, 4) preconizar la asimilaci\u00f3n de la otra cultura, 5) defender el derecho de los ind\u00edgenas a ser tratados como iguales, etc.<\/p>\n<p>Leyendo la <i>Apolog\u00eda<\/i> lascasiana, reconstruyendo sus razones entre las idas y venidas de una ret\u00f3rica, sin duda, pasada, y que hay que hacer esfuerzos por superar, se comprende tambi\u00e9n que el discurso sobre \u00abescolasticismo medieval\u00bb y \u00abmodernidad\u00bb suscitado hace a\u00f1os por O&#8217;Gorman ha de ser desarrollado en varios planos, sin excluir que en algunos de ellos \u00abmodernidad\u00bb y \u00abescolasticismo\u00bb se entrecrucen hasta adoptar papeles diferentes a los que ha solido asignarles una concepci\u00f3n demasiado lineal de lo que es \u00abprogreso\u00bb en la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>Si en el principio fue la acci\u00f3n, tambi\u00e9n en el final. La mejor conclusi\u00f3n para esta controversia la pusieron precisamente aqu\u00e9llos de cuyos intereses, preocupaciones, anhelos y esperanzas se estaba hablando en Valladolid: los colonizadores-soldados de una parte y los indios de otra. En efecto, el Cabildo de la Ciudad de M\u00e9xico se regocij\u00f3 de la actitud de Gin\u00e9s de Sep\u00falveda y propuso, por acuerdo del 2 de febrero de 1554, manifestarle formalmente su agradecimiento con el env\u00edo de \u00abalgunas joyas y aforros de esta tierra\u00bb. Por su parte, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde un grupo de notables ind\u00edgenas reunidos en asamblea en Tlacopan (Tacuba), entre los que se contaban descendientes de algunos de los caciques derrotados por espa\u00f1oles, escrib\u00edan a Felipe II quej\u00e1ndose de los agravios y molestias que estaban recibiendo de los invasores, \u00abpor estar entre nosotros y nosotros entre ellos\u00bb, dicen, y pidi\u00e9ndole que designara como protector suyo, de los indios, a fray Bartolom\u00e9 de las Casas, antiguo obispo de Chiapas, \u00absi es que a\u00fan vive\u00bb.<\/p>\n<p>Viejo ya, pero a\u00fan viv\u00eda Las Casas. Se qued\u00f3 en Espa\u00f1a para el \u00faltimo combate. Sep\u00falveda, en cambio, tuvo m\u00e1s eco en Roma que en las universidades espa\u00f1olas, m\u00e1s \u00e9xito entre los encomenderos de M\u00e9xico que en Valladolid o Segovia. As\u00ed fue, m\u00e1s all\u00e1 de leyendas \u00abnegras\u00bb o \u00abrosa\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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