{"id":14113,"date":"2023-08-19T09:52:38","date_gmt":"2023-08-19T08:52:38","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14113"},"modified":"2023-08-19T09:52:38","modified_gmt":"2023-08-19T08:52:38","slug":"capitalismo-pobreza-global-y-el-caso-del-socialismo-democratico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14113","title":{"rendered":"Capitalismo, pobreza global y el caso del socialismo democr\u00e1tico"},"content":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, una nueva narrativa sobre la pobreza global se ha afianzado en el discurso dominante. Sostiene que la pobreza extrema \u2013una condici\u00f3n de privaci\u00f3n absoluta asociada a una grave carencia de calor\u00edas y nutrientes y a la imposibilidad de acceder a bienes b\u00e1sicos\u2013 es la condici\u00f3n natural de la humanidad, y que aflig\u00eda a cerca del 90% de la poblaci\u00f3n mundial antes de que el auge del capitalismo liberara a las personas de la miseria. Este relato se basa en gran medida en un gr\u00e1fico que muestra la proporci\u00f3n de personas que viven en la pobreza extrema desde 1820, disminuyendo desde un punto de partida del 90%. El gr\u00e1fico fue desarrollado originalmente por Martin Ravallion, antiguo economista del Banco Mundial, y popularizado posteriormente por Steven Pinker en su exitoso libro <em>Enlightenment Now<\/em>. Desde entonces ha circulado ampliamente por las redes sociales.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta narrativa adolece de varios problemas emp\u00edricos, que analizamos en un reciente art\u00edculo publicado en <em>World Development<\/em>.<sup>1<\/sup> En primer lugar, para medir la pobreza se necesitan datos directos sobre el consumo de los hogares, pero en general no se dispone de ellos antes de la d\u00e9cada de 1980. Para sortear esta limitaci\u00f3n, el gr\u00e1fico de Ravallion\/Pinker se basa en las tasas hist\u00f3ricas de crecimiento del PIB como aproximaci\u00f3n a los cambios en el consumo de los hogares. Sin embargo, este m\u00e9todo no es v\u00e1lido, ya que los datos emp\u00edricos muestran que ambos indicadores no suelen evolucionar a la par<sup>2<\/sup>. Como se\u00f1ala el economista Angus Deaton, el PIB y las encuestas sobre el consumo de los hogares \u00abevidentemente miden cosas diferentes\u00bb.<sup>3<\/sup> Este problema es especialmente grave en el periodo colonial, que se caracteriz\u00f3 por el despojo y la destrucci\u00f3n de las econom\u00edas de subsistencia, intervenciones que pueden haber aumentado el PIB al tiempo que limitaban el acceso de la poblaci\u00f3n a los medios de subsistencia. Para un an\u00e1lisis detallado de lo que se tiene en cuenta (y lo que no) en el PIB hist\u00f3rico, v\u00e9ase el Ap\u00e9ndice A de nuestro art\u00edculo en <em>World Development<\/em>.<\/p>\n<p>El segundo problema es que el gr\u00e1fico se basa en el umbral de pobreza extrema de 1,90 d\u00f3lares (paridad del poder adquisitivo [PPA] de 2011) del Banco Mundial. Esta m\u00e9trica ha sido objeto de cr\u00edticas desde hace m\u00e1s de una d\u00e9cada, porque la PPA se basa en los precios de toda la econom\u00eda, cuando lo que importa para la pobreza son los precios de los bienes esenciales que son necesarios para satisfacer las necesidades b\u00e1sicas (como alimentos, vivienda y combustible). Estos precios var\u00edan mucho en el tiempo y en el espacio, de una forma que las PPA no reflejan. Para corregir esta situaci\u00f3n, los historiadores econ\u00f3micos han desarrollado formas de medir la renta en relaci\u00f3n con el coste de las necesidades b\u00e1sicas. La aplicaci\u00f3n de este enfoque a la India muestra que la pobreza extrema era relativamente baja en la \u00e9poca precolonial (quiz\u00e1 en torno al 10% a finales del siglo XVI) y aument\u00f3 durante el periodo de integraci\u00f3n capitalista, pasando del 23% en 1810 a m\u00e1s del 50% a mediados del siglo XX, lo que contrasta fuertemente con la idea que sugiere el gr\u00e1fico de Ravallion\/Pinker<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>La OCDE ha publicado una versi\u00f3n m\u00e1s reciente del gr\u00e1fico de Ravallion\/Pinker, que muestra una curva similar pero con una tasa de pobreza m\u00e1s baja (75%) en el periodo hist\u00f3rico.<sup>5<\/sup> Esta versi\u00f3n utiliza el coste de las necesidades b\u00e1sicas en lugar del umbral de 1,90 $ PPA, pero sigue bas\u00e1ndose en las tasas de crecimiento del PIB como aproximaci\u00f3n a los cambios en el consumo de los hogares (aunque se supone que el consumo de los hogares crece a un ritmo m\u00e1s lento que el PIB en el periodo posterior a 1950, la proporci\u00f3n se determina ex\u00f3genamente y se utilizan las tasas de crecimiento del PIB inalteradas antes de 1950). El gr\u00e1fico de la OCDE supone una mejora sustancial respecto a la versi\u00f3n de Ravallion\/Pinker, pero no supera este problema fundamental. Abordamos esta cuesti\u00f3n en el Ap\u00e9ndice A del art\u00edculo en <em>World Development<\/em>.<\/p>\n<p>Una tercera limitaci\u00f3n del gr\u00e1fico tiene que ver con su fecha de inicio (1820). El gr\u00e1fico se ha utilizado para contar una historia sobre el capitalismo, pero la econom\u00eda capitalista mundial se estableci\u00f3 a finales del siglo XV y principios del XVI.<sup>6<\/sup> En otras palabras, el gr\u00e1fico excluye m\u00e1s de trescientos a\u00f1os de historia relevante. Durante este periodo, el crecimiento econ\u00f3mico de Europa Occidental dependi\u00f3 de procesos de desposesi\u00f3n que provocaron importantes dislocaciones sociales (por ejemplo, los cercamientos de Europa Occidental, la \u00absegunda servidumbre\u00bb de Europa Oriental, la esclavizaci\u00f3n masiva de africanos, la colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica y la India, etc.). El gr\u00e1fico excluye esta historia y da la impresi\u00f3n de que la pobreza en 1820 era una condici\u00f3n primordial.<\/p>\n<p>Dadas estas cuestiones, es necesario reevaluar la narrativa p\u00fablica est\u00e1ndar sobre la historia de la pobreza extrema. Con este fin, adoptamos un enfoque emp\u00edrico para examinar el impacto social de la expansi\u00f3n e integraci\u00f3n capitalista utilizando datos sobre salarios reales (con respecto al coste de las necesidades b\u00e1sicas), altura humana y mortalidad desde el largo siglo XVI, para cinco regiones del mundo (Europa, Am\u00e9rica Latina, \u00c1frica subsahariana, Asia meridional y China). Estos datos apuntan a tres conclusiones.<\/p>\n<p>En primer lugar, es poco probable que el 90% (o incluso el 75%) de la poblaci\u00f3n mundial viviera en la pobreza extrema antes del surgimiento del capitalismo. Hist\u00f3ricamente, los trabajadores urbanos no cualificados de todas las regiones sol\u00edan tener salarios lo suficientemente altos como para mantener a una familia de cuatro miembros por encima del umbral de la pobreza. La pobreza extrema parece surgir predominantemente durante periodos de graves dificultades sociales y ecol\u00f3gicas, como hambrunas, guerras y desposesi\u00f3n institucionalizada, que se hicieron especialmente frecuentes durante el colonialismo. En lugar de ser la condici\u00f3n natural de la humanidad, la pobreza extrema es un s\u00edntoma de grave dislocaci\u00f3n y desplazamiento social.<\/p>\n<p>La segunda conclusi\u00f3n es que el auge del capitalismo coincidi\u00f3 con un deterioro del bienestar humano. En todas las regiones evaluadas, la incorporaci\u00f3n al sistema mundial capitalista estuvo asociada a un descenso de los salarios por debajo de los niveles de subsistencia, un deterioro de la estatura humana y un marcado aumento de la mortalidad prematura. En algunas partes de Am\u00e9rica Latina, \u00c1frica subsahariana y Asia meridional, los indicadores clave del bienestar a\u00fan no se han recuperado.<\/p>\n<p>Nuestra tercera conclusi\u00f3n es que en las regiones donde se han producido avances, \u00e9stos comenzaron mucho m\u00e1s tarde de lo que sugiere el gr\u00e1fico de Ravallion\/Pinker. En las regiones centrales del noroeste de Europa, los niveles de bienestar empezaron a mejorar en la d\u00e9cada de 1880, unos cuatro siglos despu\u00e9s de la aparici\u00f3n del capitalismo. En la periferia y la semiperiferia, el progreso comenz\u00f3 a mediados del siglo XX. Esto se corresponde con el auge del trabajo organizado, el movimiento anticolonial y otros movimientos sociales radicales y progresistas, que organizaron la producci\u00f3n en torno a la satisfacci\u00f3n de las necesidades humanas, redistribuyeron la riqueza e invirtieron en sistemas p\u00fablicos de provisi\u00f3n (en Europa, la inversi\u00f3n en sanidad p\u00fablica, educaci\u00f3n y otras formas de seguridad social aument\u00f3 de cerca del cero por ciento del PIB a finales del siglo XIX a alrededor de un tercio del PIB a mediados de la d\u00e9cada de 1970).<sup>7<\/sup><\/p>\n<p>Para un an\u00e1lisis completo de estos resultados, remitimos a los lectores a nuestra publicaci\u00f3n en <em>World Development<\/em>. Aqu\u00ed pretendemos ampliar el documento con reflexiones adicionales sobre el capitalismo y la pobreza, el papel de la industrializaci\u00f3n y las implicaciones para la pol\u00edtica futura.<\/p>\n<p><b>La pobreza extrema no es un indicador leg\u00edtimo de progreso social<\/b><\/p>\n<p>Es importante aclarar inmediatamente que la pobreza extrema se define en t\u00e9rminos de bienes de subsistencia. Se refiere a la incapacidad de acceder a alimentos b\u00e1sicos, vivienda, ropa y combustible; no se refiere a niveles de bienestar m\u00e1s elevados, como el acceso a la electricidad, la atenci\u00f3n sanitaria moderna, los frigor\u00edficos, etc., de los que se dispone hoy en d\u00eda. No es dif\u00edcil satisfacer las necesidades b\u00e1sicas de subsistencia, y los datos hist\u00f3ricos sugieren que las comunidades humanas normalmente son capaces de hacerlo, incluso en contextos preindustriales, con su propio trabajo y con los recursos de que disponen en su entorno o a trav\u00e9s del intercambio. Las principales excepciones se dan en casos de cat\u00e1strofes naturales, o en condiciones en las que las personas se ven privadas de tierras y bienes comunes, o cuando su trabajo, recursos y capacidades productivas son apropiados por una clase dominante o una potencia imperial. Los datos hist\u00f3ricos que revisamos muestran que fue el proceso de colonizaci\u00f3n e integraci\u00f3n capitalista el que principalmente empuj\u00f3 a las personas a la pobreza extrema y provoc\u00f3 el deterioro de los indicadores sociales.<\/p>\n<p>La implicaci\u00f3n crucial de esta conclusi\u00f3n es que la pobreza extrema no debe utilizarse como punto de referencia para medir el progreso. La pobreza extrema no deber\u00eda existir, y punto. El hecho de que hasta el 17% de la poblaci\u00f3n mundial viva hoy en la pobreza extrema (seg\u00fan los datos de Robert Allen sobre el coste de la pobreza de necesidades b\u00e1sicas) debe entenderse como una acusaci\u00f3n a nuestro sistema econ\u00f3mico<sup>8<\/sup> . Es una se\u00f1al de que la econom\u00eda mundial capitalista sigue institucionalizando una grave dislocaci\u00f3n social. S\u00ed, la prevalencia de la pobreza extrema es menor hoy que en el apogeo del periodo colonial, pero esto no es motivo suficiente para celebrarlo. El punto \u00e1lgido colonial fue un efecto de la pol\u00edtica capitalista y nunca deber\u00eda haber existido.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, se puede y se debe acabar inmediatamente con la pobreza extrema. No requiere nuevos aumentos de la producci\u00f3n agregada, no requiere una movilizaci\u00f3n masiva de la caridad; m\u00e1s bien, no requiere m\u00e1s que restablecer el acceso de las personas a los recursos b\u00e1sicos que necesitan para sobrevivir. La econom\u00eda mundial actual, a pesar de su extraordinario rendimiento, parece incapaz de lograr este objetivo b\u00e1sico: las proyecciones indican que con las tendencias actuales se tardar\u00e1 al menos cuarenta a\u00f1os en acabar con la pobreza extrema, incluso seg\u00fan la inadecuada m\u00e9trica del Banco Mundial (tres d\u00e9cadas m\u00e1s tarde de lo prometido por los objetivos de desarrollo sostenible), y posiblemente hasta un siglo<sup>9<\/sup>. En lugar de ello, se nos insta a aceptar como \u00abnormal\u00bb una forma de sufrimiento que no tiene por qu\u00e9 existir y a la que se puede poner fin de inmediato. \u00bfQu\u00e9 hay que hacer? Debemos garantizar que los campesinos tengan acceso a tierras productivas, que los trabajadores tengan empleo seguro y salarios dignos, y acceso universal a vivienda y alimentos asequibles. Esto no es complicado, es b\u00e1sico.<\/p>\n<p><b>Dentro del capitalismo, el progreso en el Norte ha dependido del imperialismo <\/b><\/p>\n<p>Los datos hist\u00f3ricos demuestran que a partir de 1880 se produjeron avances espectaculares en los indicadores de bienestar en las econom\u00edas centrales, con el auge del movimiento obrero, los partidos socialdem\u00f3cratas y los movimientos que garantizaron el sufragio a los trabajadores y, m\u00e1s tarde, a las mujeres. Estos avances se aceleraron a principios\/mediados del siglo XX, dando lugar a \u00edndices de bienestar extremadamente altos. Es fundamental comprender que los avances de este \u00faltimo periodo se debieron no s\u00f3lo a los movimientos progresistas del centro, sino tambi\u00e9n a los movimientos socialistas de la periferia, que estaban demostrando (especialmente en el caso de la URSS) que las alternativas socialistas y comunistas eran posibles. El ascenso del socialismo en el Este inspir\u00f3 movimientos socialistas en el Oeste (el m\u00e1s famoso en Alemania, que estuvo al borde de una revoluci\u00f3n socialista durante los levantamientos espartaquistas y del Ruhr de 1919-20). Estos movimientos revolucionarios supusieron una amenaza real para el capitalismo en el centro. El capitalismo sobrevivi\u00f3 en parte aplastando estos movimientos -bastante violentamente-, pero tambi\u00e9n haciendo concesiones a las demandas de la clase obrera, incluyendo mejoras salariales y algunos servicios p\u00fablicos, aunque nunca cediendo a las demandas centrales de des-mercantilizaci\u00f3n y democracia econ\u00f3mica. As\u00ed surgi\u00f3 el Estado del bienestar socialdem\u00f3crata.<\/p>\n<p>Sin embargo, la acumulaci\u00f3n de capital requiere mano de obra barata, y estas concesiones habr\u00edan puesto de rodillas al capitalismo del centro si no fuera por el hecho de que los capitalistas fueron capaces de obtener mano de obra barata en la periferia, a trav\u00e9s de formas coloniales y neocoloniales de apropiaci\u00f3n, que contin\u00faan hasta el d\u00eda de hoy.<sup>10<\/sup> El privilegio \u00fanico del imperialismo permiti\u00f3 al capital del centro mantener la acumulaci\u00f3n a pesar de las concesiones a sus clases trabajadoras, un privilegio del que no disponen la mayor\u00eda de los Estados de la periferia.<sup>11<\/sup> Esto es lo que explica la extrema disparidad que persiste entre los indicadores sociales en el n\u00facleo capitalista (donde el coeficiente medio de bienestar de un trabajador no cualificado es de 10-20) frente a los de la periferia capitalista, donde el coeficiente medio de bienestar es inferior a 2, y donde en muchos casos los salarios y\/o las alturas no se han recuperado de la merma causada durante el periodo de integraci\u00f3n capitalista.<sup>12<\/sup> Para entender la relaci\u00f3n entre capitalismo y bienestar humano hoy en d\u00eda, debemos observar las condiciones de vida en la periferia capitalista.<\/p>\n<p>Por supuesto, el n\u00facleo podr\u00eda haber tomado una direcci\u00f3n diferente. Podr\u00eda haber aceptado las demandas de los trabajadores y de los movimientos antiimperialistas, haber abandonado los imperativos de la acumulaci\u00f3n de capital y haber hecho la transici\u00f3n a un sistema postcapitalista, logrando as\u00ed el progreso social sin imperialismo. El progreso social no requiere imperialismo. El capitalismo s\u00ed.<\/p>\n<p><b>El progreso actual debe medirse por el nivel de vida digno <\/b><\/p>\n<p>Se\u00f1alar que la pobreza extrema no era la condici\u00f3n normal de la humanidad antes del surgimiento del capitalismo no quiere decir que la vida fuera estupenda en aquella \u00e9poca. Es evidente que entonces nadie ten\u00eda acceso a los niveles de bienestar m\u00e1s elevados que existen hoy en d\u00eda. Aqu\u00ed es donde la industrializaci\u00f3n y el desarrollo tecnol\u00f3gico adquieren tanta importancia. La industrializaci\u00f3n ha aportado la capacidad de producir nuevos bienes que no exist\u00edan en el pasado: electricidad, atenci\u00f3n sanitaria moderna, transporte p\u00fablico, combustible limpio para cocinar, educaci\u00f3n superior, tecnolog\u00eda de la comunicaci\u00f3n, bienes duraderos para el hogar, etc., que hacen posible alcanzar una elevada esperanza de vida y una vida decente para todos. Seg\u00fan estos criterios, antes de la industrializaci\u00f3n casi todo el mundo era pobre, ya que estos bienes no exist\u00edan o eran muy escasos.<\/p>\n<p>Ya hemos establecido que la pobreza extrema no es una referencia leg\u00edtima para medir el progreso en ning\u00fan momento. Pero, desde luego, no deber\u00eda utilizarse como umbral del bienestar humano en la actualidad. Los bienes superiores o inferiores que existen hoy en d\u00eda son esenciales para una vida digna y deber\u00edan estar al alcance de todos. En proporci\u00f3n a la capacidad productiva mundial, no hace falta mucho (como ocurr\u00eda con bienes b\u00e1sicos como la alimentaci\u00f3n y la vivienda en el periodo preindustrial). Sin embargo, la magnitud de la pobreza para vivir dignamente es asombrosa: 2.400 millones de personas carecen de seguridad alimentaria; 3.200 millones no pueden permitirse una dieta sana; 3.200 millones no tienen una cocina limpia; 3.600 millones no disponen de instalaciones sanitarias seguras; entre 3.800 y 5.000 millones de personas no tienen acceso a servicios sanitarios esenciales<sup>13<\/sup>.<\/p>\n<p>Esto no se debe a un d\u00e9ficit de capacidad productiva (al contrario, estos bienes podr\u00edan proporcionarse a todos los habitantes del planeta con bastante facilidad), sino a que la producci\u00f3n sigue estando organizada de forma abrumadora en torno a la acumulaci\u00f3n de capital y la maximizaci\u00f3n de los beneficios, en lugar de en torno a las necesidades y el bienestar de los seres humanos. A pesar de los altos niveles de producci\u00f3n, incluso las econom\u00edas centrales sufren privaciones para vivir dignamente, y millones de personas no pueden acceder a una vivienda, una atenci\u00f3n sanitaria y una nutrici\u00f3n decentes. Aunque los movimientos sociales progresistas han ganado mucho en el \u00faltimo siglo en t\u00e9rminos de salarios justos, servicios p\u00fablicos y derechos econ\u00f3micos, la lucha debe continuar para conseguir una econom\u00eda verdaderamente justa.<\/p>\n<p>La prevalencia masiva de la privaci\u00f3n de una vida decente en el siglo XXI subraya un hecho importante: la industrializaci\u00f3n no garantiza que mejore el nivel de vida de la gente corriente. En este sentido, las preguntas clave son: \u00bfC\u00f3mo se utiliza la capacidad industrial? \u00bfSe utiliza para garantizar una vida digna para todos o para servir a la acumulaci\u00f3n de capital? \u00bfC\u00f3mo se organiza la divisi\u00f3n del trabajo? \u00bfSe da a todas las regiones el mismo papel en la producci\u00f3n industrial, o se obliga a algunas regiones a desempe\u00f1ar el papel de proveedores secundarios en las cadenas mundiales de productos b\u00e1sicos? \u00bfC\u00f3mo se trata a los trabajadores? \u00bfTienen control sobre los medios de producci\u00f3n y acceso seguro a los bienes y servicios esenciales? Todo ello depende del sistema pol\u00edtico, del sistema de aprovisionamiento y del equilibrio del poder de clase. La industrializaci\u00f3n es una condici\u00f3n necesaria pero no suficiente para lograr una vida digna para todos. El desarrollo humano depende de la fuerza de los movimientos sociales progresistas que presionan para organizar la producci\u00f3n en torno a las necesidades humanas y no a la acumulaci\u00f3n de las \u00e9lites.<\/p>\n<p><b>En el Sur Global, el capitalismo limita el desarrollo tecnol\u00f3gico<\/b><\/p>\n<p>Esto plantea la siguiente pregunta: si la producci\u00f3n industrial es necesaria para alcanzar niveles de vida decentes hoy en d\u00eda, entonces quiz\u00e1s el capitalismo \u2013sin olvidar su impacto negativo en los indicadores sociales durante los \u00faltimos quinientos a\u00f1os\u2013 sea necesario para desarrollar la capacidad industrial para alcanzar estos objetivos de alto nivel. Esta ha sido la hip\u00f3tesis dominante en la econom\u00eda del desarrollo durante el \u00faltimo medio siglo. Pero no resiste el escrutinio emp\u00edrico. En la mayor parte del mundo, el capitalismo ha frenado hist\u00f3ricamente el desarrollo tecnol\u00f3gico, en lugar de permitirlo, y esta din\u00e1mica sigue siendo un grave problema en la actualidad.<\/p>\n<p>Los liberales y los marxistas reconocen desde hace tiempo que el auge del capitalismo en las econom\u00edas centrales estuvo asociado a una r\u00e1pida expansi\u00f3n industrial, a una escala sin precedentes bajo el feudalismo u otras estructuras de clase precapitalistas<sup>14<\/sup>. De hecho, la integraci\u00f3n forzosa de las regiones perif\u00e9ricas en el sistema-mundo capitalista durante el periodo comprendido entre 1492 y 1914 se caracteriz\u00f3 por una desindustrializaci\u00f3n y una agrarianizaci\u00f3n generalizadas, que obligaron a los pa\u00edses a especializarse en productos agr\u00edcolas y otros productos primarios, a menudo en condiciones \u00abpremodernas\u00bb y ostensiblemente \u00abfeudales\u00bb.<\/p>\n<p>En Europa del Este, por ejemplo, el n\u00famero de habitantes de las ciudades se redujo en casi un tercio durante el siglo XVII, a medida que la regi\u00f3n se convert\u00eda en una econom\u00eda agraria de siervos que exportaba grano y madera baratos a Europa Occidental.<sup>15<\/sup> Al mismo tiempo, los colonizadores espa\u00f1oles y portugueses transformaban los continentes americanos en proveedores de metales preciosos y productos agr\u00edcolas, con la supresi\u00f3n de la manufactura urbana por parte del Estado.<sup>16<\/sup> Cuando el sistema capitalista mundial se expandi\u00f3 por \u00c1frica en los siglos XVIII y XIX, las importaciones de tela y acero brit\u00e1nicos destruyeron la producci\u00f3n textil ind\u00edgena y la fundici\u00f3n de hierro, mientras que a los africanos se les oblig\u00f3 a especializarse en aceite de palma, cacahuetes y otros cultivos comerciales baratos producidos con mano de obra esclavizada<sup>17<\/sup> . La India, que en su d\u00eda fue el gran centro manufacturero del mundo, sufri\u00f3 un destino similar tras la colonizaci\u00f3n brit\u00e1nica de 1757<sup>18<\/sup>. En 1840, los colonizadores brit\u00e1nicos se jactaban de haber \u00abconseguido que la India pasara de ser un pa\u00eds manufacturero a ser un pa\u00eds exportador de materias primas\u00bb<sup>19<\/sup>. Una historia muy parecida se desarroll\u00f3 en China despu\u00e9s de que se viera obligada a abrir su econom\u00eda dom\u00e9stica al comercio capitalista durante la invasi\u00f3n brit\u00e1nica de 1839-42. Seg\u00fan los historiadores, la afluencia de capital extranjero a China se debi\u00f3 en gran parte a la invasi\u00f3n brit\u00e1nica. Seg\u00fan los historiadores, la afluencia de textiles, jab\u00f3n y otros productos manufacturados europeos \u00abdestruy\u00f3 las industrias artesanales de las aldeas, provocando desempleo y dificultades para el campesinado chino\u00bb<sup>20<\/sup>.<\/p>\n<p>La gran desindustrializaci\u00f3n de la periferia se logr\u00f3 en parte gracias a las intervenciones pol\u00edticas de los Estados centrales, como la imposici\u00f3n de prohibiciones coloniales a la industria manufacturera y los \u00abtratados desiguales\u00bb, que pretend\u00edan destruir la competencia industrial de los productores del Sur, establecer mercados cautivos para la producci\u00f3n industrial occidental y posicionar a las econom\u00edas del Sur como proveedoras de mano de obra barata y fuentes de suministro. Pero esta din\u00e1mica tambi\u00e9n se vio reforzada por las caracter\u00edsticas estructurales de los mercados orientados al beneficio. Los capitalistas s\u00f3lo utilizan las nuevas tecnolog\u00edas en la medida en que les resulta rentable. Esto puede suponer un obst\u00e1culo para el desarrollo econ\u00f3mico si hay poca demanda de producci\u00f3n industrial nacional (debido a los bajos ingresos, la competencia extranjera, etc.), o si los costes de la innovaci\u00f3n son elevados.<\/p>\n<p>Los capitalistas del Norte superaron estos problemas porque el Estado intervino ampliamente en la econom\u00eda estableciendo aranceles elevados, concediendo subvenciones p\u00fablicas, asumiendo los costes de investigaci\u00f3n y desarrollo y garantizando una demanda adecuada de los consumidores mediante el gasto p\u00fablico.<sup>21<\/sup> Pero en el Sur Global, donde el apoyo estatal a la industria qued\u00f3 excluido por siglos de colonialismo formal e informal, a los capitalistas les ha resultado m\u00e1s rentable exportar productos agr\u00edcolas baratos que invertir en la fabricaci\u00f3n de alta tecnolog\u00eda.<sup>22<\/sup> La rentabilidad de las nuevas tecnolog\u00edas tambi\u00e9n depende del coste de la mano de obra. En el Norte, donde los salarios son relativamente altos, a los capitalistas les ha resultado hist\u00f3ricamente rentable emplear tecnolog\u00edas que ahorran mano de obra<sup>23<\/sup>. Pero en las econom\u00edas perif\u00e9ricas, donde los salarios se han comprimido mucho, a menudo ha sido m\u00e1s barato utilizar t\u00e9cnicas de producci\u00f3n intensivas en mano de obra que pagar por maquinaria cara<sup>24<\/sup>.<\/p>\n<p>Por supuesto, la divisi\u00f3n global del trabajo ha cambiado desde finales del siglo XIX. Muchas de las industrias punteras de aquella \u00e9poca, como la textil, la sider\u00fargica y los procesos de montaje en cadena, se han externalizado ahora a econom\u00edas perif\u00e9ricas de bajos salarios como India y China, mientras que los Estados centrales se han trasladado a actividades de innovaci\u00f3n, ingenier\u00eda aeroespacial y biotecnol\u00f3gica de alta tecnolog\u00eda, tecnolog\u00eda de la informaci\u00f3n y agricultura intensiva en capital<sup>25<\/sup>. Sin embargo, el problema b\u00e1sico persiste. En el marco de la globalizaci\u00f3n neoliberal (programas de ajuste estructural y normas de la OMC), los gobiernos de la periferia no pueden utilizar aranceles, subvenciones y otras formas de pol\u00edtica industrial para lograr un desarrollo significativo y la soberan\u00eda econ\u00f3mica, mientras que la desregulaci\u00f3n del mercado laboral y el arbitraje laboral mundial han mantenido los salarios extremadamente bajos. En este contexto, el af\u00e1n por maximizar los beneficios lleva a los capitalistas del Sur y a los inversores extranjeros a volcar recursos en sectores de exportaci\u00f3n de tecnolog\u00eda relativamente baja, a expensas de l\u00edneas industriales m\u00e1s modernas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en las partes de la periferia que ocupan los pelda\u00f1os m\u00e1s bajos de las cadenas mundiales de mercanc\u00edas, la producci\u00f3n sigue estando organizada seg\u00fan las llamadas l\u00edneas premodernas, incluso bajo la nueva divisi\u00f3n del trabajo. En el Congo, por ejemplo, los trabajadores son enviados a peligrosos pozos mineros sin ning\u00fan equipo de seguridad moderno, cavando t\u00faneles profundos en el suelo con nada m\u00e1s que palas, a menudo coaccionados a punta de pistola por milicias respaldadas por Estados Unidos, para que Microsoft y Apple puedan conseguir colt\u00e1n barato para sus dispositivos electr\u00f3nicos<sup>26<\/sup>. Los procesos de producci\u00f3n premodernos basados en la \u00abtecnolog\u00eda\u00bb de la coerci\u00f3n laboral tambi\u00e9n se encuentran en las plantaciones de cacao de Ghana y Costa de Marfil, donde ni\u00f1os esclavizados trabajan en condiciones brutales para empresas como Cadbury, o en el sector bananero exportador de Colombia, donde un campesinado hiperexplotado se mantiene a raya mediante un r\u00e9gimen de terror rural y asesinatos extrajudiciales supervisados por escuadrones de la muerte privados<sup>27<\/sup>.<\/p>\n<p>El desarrollo mundial desigual, incluida la persistencia de relaciones de producci\u00f3n ostensiblemente \u00abfeudales\u00bb, no es inevitable. Es un efecto de la din\u00e1mica capitalista. A los capitalistas de la periferia les resulta m\u00e1s rentable emplear mano de obra barata sometida a condiciones de esclavitud u otras formas de coerci\u00f3n que invertir en la industria moderna.<\/p>\n<p><b>El \u00e9xito del desarrollo requiere planificaci\u00f3n p\u00fablica <\/b><\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n actual de la econom\u00eda mundial no puede garantizar un desarrollo satisfactorio en el Sur Global. Como hemos visto, la din\u00e1mica imperialista y la orientaci\u00f3n al beneficio del capital nacional y la inversi\u00f3n extranjera militan contra esta posibilidad. Los movimientos anticoloniales de mediados del siglo XX comprendieron este hecho. Sab\u00edan que lograr el desarrollo exigir\u00eda movilizar directamente la producci\u00f3n para aumentar la producci\u00f3n de productos clave, desarrollar las tecnolog\u00edas necesarias y suministrar bienes y servicios esenciales.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de estos movimientos se inspiraban, en mayor o menor medida, en los principios socialistas, que consideraban necesarios para la soberan\u00eda econ\u00f3mica y el progreso social. Muchos se vieron influidos por los logros de la Revoluci\u00f3n Rusa.<sup>28<\/sup> Antes de 1917, Rusia hab\u00eda sido un pa\u00eds interior agrario de bajos salarios que exportaba materias primas baratas (grano, c\u00e1\u00f1amo, lino, etc.) a Europa occidental.<sup>29<\/sup> En 1899, el ministro ruso de Finanzas, Sergei Witte, se\u00f1al\u00f3 que \u00ablas relaciones econ\u00f3micas de Rusia con Europa occidental son totalmente comparables a las relaciones de los pa\u00edses coloniales con sus metr\u00f3polis\u00bb<sup>30<\/sup>. La revoluci\u00f3n comunista y la transici\u00f3n a la planificaci\u00f3n en 1928 transformaron esta situaci\u00f3n<sup>31<\/sup>. Al establecer objetivos de producci\u00f3n para la maquinaria, las f\u00e1bricas y otros bienes de producci\u00f3n, la URSS pudo aumentar la producci\u00f3n en sectores que normalmente se descuidan en condiciones de capitalismo perif\u00e9rico. La producci\u00f3n industrial sovi\u00e9tica creci\u00f3 r\u00e1pidamente durante los trece a\u00f1os siguientes: la producci\u00f3n material de arrabio aument\u00f3 un 352%; la de energ\u00eda el\u00e9ctrica, un 857%; el n\u00famero de m\u00e1quinas herramienta, un 1.997%; y el n\u00famero de veh\u00edculos de motor, un 28.457%.<sup>32<\/sup> En la d\u00e9cada de 1950, en el transcurso de una sola generaci\u00f3n, la URSS se hab\u00eda convertido en una econom\u00eda industrial moderna y en el primer pa\u00eds en alcanzar varios hitos importantes en el campo de la ingenier\u00eda aeroespacial, como la primera persona en viajar al espacio y la primera estaci\u00f3n espacial.<\/p>\n<p>Varios pa\u00edses del Sur incorporaron estrategias de planificaci\u00f3n similares a mediados del siglo XX. Otros adoptaron un enfoque \u00abdesarrollista\u00bb m\u00e1s mixto, basado en la pol\u00edtica industrial dentro de una econom\u00eda de mercado. La mayor\u00eda utiliz\u00f3 aranceles y subvenciones para apoyar a la industria nacional, adem\u00e1s de la reforma agraria, la nacionalizaci\u00f3n, los controles de capital y las finanzas p\u00fablicas para movilizar la inversi\u00f3n en sectores desatendidos y servicios p\u00fablicos. Este enfoque logr\u00f3 un r\u00e1pido desarrollo y mejoras sociales entre los a\u00f1os 50 y 70, superando siglos de estancamiento o declive. Los datos que analizamos en <em>World Development<\/em> demuestran este progreso en casos de Am\u00e9rica Latina, \u00c1frica subsahariana, Asia meridional y China.<\/p>\n<p>El \u00e9xito de estas estrategias no deber\u00eda sorprendernos. Despu\u00e9s de todo, incluso bajo el capitalismo, las econom\u00edas centrales siempre han confiado en la planificaci\u00f3n p\u00fablica para facilitar el desarrollo tecnol\u00f3gico. Durante la llamada primera revoluci\u00f3n industrial (entre 1750 y 1840), Inglaterra fue uno de los Estados m\u00e1s intervencionistas del mundo, utilizando aranceles altamente proteccionistas, elevados tipos impositivos y gasto p\u00fablico deficitario para construir y dirigir la capacidad industrial.<sup>33<\/sup> Alemania, Jap\u00f3n y Estados Unidos utilizaron pol\u00edticas intervencionistas similares para \u00abalcanzar\u00bb a Inglaterra a partir de la d\u00e9cada de 1850.<sup>34<\/sup> M\u00e1s recientemente, sabemos que la inversi\u00f3n p\u00fablica ha sido responsable de muchas de las principales innovaciones de la revoluci\u00f3n inform\u00e1tica, como Internet, el GPS, las pantallas t\u00e1ctiles, la tecnolog\u00eda celular, las bater\u00edas de iones de litio, los microdiscos duros, las pantallas de cristal l\u00edquido y Siri, entre otras<sup>35<\/sup>.<\/p>\n<p>Para los pa\u00edses comunistas de la periferia, el objetivo no era s\u00f3lo movilizar recursos para la industrializaci\u00f3n, sino organizar la producci\u00f3n en torno a los servicios p\u00fablicos y las necesidades humanas de un modo que el capitalismo ignoraba o hac\u00eda imposible. Los estudios emp\u00edricos demuestran que lograron mejores resultados sociales que sus hom\u00f3logos capitalistas en cualquier nivel dado de producci\u00f3n nacional, incluida una mayor esperanza de vida, mejores logros educativos y una menor mortalidad infantil.<sup>36<\/sup> Tambi\u00e9n lograron grandes avances contra la pobreza extrema: en la d\u00e9cada de 1980, la prevalencia de la pobreza de necesidades b\u00e1sicas era casi nula tanto en China como en Rusia.<sup>37<\/sup> Como se\u00f1al\u00f3 el economista Amartya Sen en su estudio de 1981 sobre los logros en materia de salud y alfabetizaci\u00f3n en todo el mundo: \u00abUno de los pensamientos inevitables es que el comunismo es bueno para erradicar la pobreza\u00bb.<sup>38<\/sup> Sen se fij\u00f3 especialmente en las dr\u00e1sticas diferencias de mortalidad entre China e India, argumentando que India sufr\u00eda un exceso de m\u00e1s de treinta y un millones de muertes cada ocho a\u00f1os en comparaci\u00f3n con la tasa de mortalidad de China, muertes que podr\u00edan haberse evitado con pol\u00edticas sencillas para garantizar el acceso universal a los alimentos y la atenci\u00f3n sanitaria.<sup>39<\/sup><\/p>\n<p>Pero, por supuesto, este enfoque \u2013y la era de la soberan\u00eda econ\u00f3mica en la periferia\u2013 no dur\u00f3 mucho. La pol\u00edtica de desarrollo socialista y dirigida por el Estado limit\u00f3 el acceso del Norte a la mano de obra barata y a los recursos, por lo que los Estados centrales intervinieron, en algunos casos derrocando a gobiernos progresistas y nacionalistas mediante golpes de Estado (en la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo, Indonesia, Brasil, Ghana, Chile, etc.), en otros mediante la imposici\u00f3n de programas de ajuste estructural que revirtieron las pol\u00edticas de los movimientos anticoloniales (aboliendo los aranceles protectores y los subsidios, recortando la producci\u00f3n p\u00fablica y los servicios p\u00fablicos y privatizando los activos nacionales).<sup>40<\/sup> Los datos presentados en nuestro documento en <em>World Development<\/em> indican que estas intervenciones neocoloniales invirtieron el progreso realizado durante el periodo desarrollista, con salarios reales que en muchos casos descendieron por debajo del nivel de los siglos XVII o XVIII. El ajuste estructural en China y Rusia a principios de la d\u00e9cada de 1990 provoc\u00f3 un aumento espectacular de la pobreza de necesidades b\u00e1sicas, que se dispar\u00f3 desde casi cero hasta el 68% y el 24%, respectivamente<sup>41<\/sup>. Estados Unidos y sus aliados alentaron y, de hecho, apoyaron activamente a Taiw\u00e1n y Corea del Sur para que siguieran aplicando una pol\u00edtica de desarrollo dirigida por el Estado, construy\u00e9ndolas como un cord\u00f3n sanitario en torno a la China revolucionaria. China, a pesar de la privaci\u00f3n de las necesidades b\u00e1sicas inducida por el ajuste estructural, ha conseguido seguir invirtiendo en objetivos p\u00fablicos con un \u00e9xito considerable.<sup>42<\/sup> Cuba evit\u00f3 por completo el ajuste estructural, mantuvo una econom\u00eda socialista y hoy supera a la mayor parte de la periferia en t\u00e9rminos de ratios de bienestar, esperanza de vida, mortalidad infantil y nutrici\u00f3n.<sup>43<\/sup> El gobierno de Cuba tambi\u00e9n ha fomentado una pr\u00f3spera industria p\u00fablica de biotecnolog\u00eda, que ha desarrollado innovaciones m\u00e9dicas de vanguardia, incluidos medicamentos para las \u00falceras del pie diab\u00e9tico y al menos dos vacunas contra el COVID-19, a pesar de estar sometida a un bloqueo ilegal impuesto por Estados Unidos que impide la importaci\u00f3n de tecnolog\u00edas m\u00e9dicas<sup>44<\/sup>.<\/p>\n<p>Esta historia ilustra las posibilidades de salir del subdesarrollo dentro de la econom\u00eda mundial imperialista. Pero tambi\u00e9n viene acompa\u00f1ada de advertencias. El desarrollismo sin pol\u00edtica socialista puede fracasar a la hora de abordar problemas b\u00e1sicos de desigualdad y precariedad, como deja claro el caso de Corea del Sur.<br \/>\nLa continua acumulaci\u00f3n de capital puede crear presiones para abaratar la mano de obra, incluso mediante la apropiaci\u00f3n subimperialista, lo que va en contra de los objetivos del desarrollo humano. Este enfoque no puede ofrecer democracia econ\u00f3mica y bienestar para todos. La planificaci\u00f3n de arriba abajo, como en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y China en el periodo de Mao Zedong, puede permitir a los gestores aplicar pol\u00edticas contrarias a los intereses de la poblaci\u00f3n \u2013por ejemplo, las pol\u00edticas agr\u00edcolas que provocaron la hambruna sovi\u00e9tica de 1932-33\u2013.<sup>45<\/sup> Esto contradice los objetivos socialistas de autogesti\u00f3n de los trabajadores y control democr\u00e1tico de la producci\u00f3n.<sup>46<\/sup> Para superar estos problemas, necesitamos una estrategia socialista en el siglo XXI que sea radicalmente democr\u00e1tica, que extienda la democracia a la propia producci\u00f3n.<sup>47<\/sup><\/p>\n<p><b>Conclusiones <\/b><\/p>\n<p>En resumen, la narrativa de que el auge del capitalismo impuls\u00f3 el progreso contra la pobreza extrema no est\u00e1 respaldada por pruebas emp\u00edricas. Al contrario, el auge del capitalismo estuvo asociado a un notable declive del bienestar humano, una tendencia que s\u00f3lo se invirti\u00f3 hacia el siglo XX, cuando los movimientos sociales radicales y progresistas intentaron obtener cierto control sobre la producci\u00f3n y organizarla m\u00e1s en torno a la satisfacci\u00f3n de las necesidades humanas.<\/p>\n<p>En cuanto a la situaci\u00f3n de extrema pobreza, no puede utilizarse leg\u00edtimamente como referencia para medir el progreso. La pobreza extrema no es una condici\u00f3n natural, sino un efecto de la desposesi\u00f3n, el cercamiento y la explotaci\u00f3n. No tiene por qu\u00e9 existir en ninguna parte, y desde luego no deber\u00eda existir en ninguna sociedad justa y humana. Puede y debe ser abolida inmediatamente.<\/p>\n<p>Si nuestro objetivo es lograr mejoras sustanciales en el bienestar humano, el progreso debe medirse en funci\u00f3n de un nivel de vida decente y del acceso a las comodidades modernas. En la actualidad, el capitalismo no muestra signos de alcanzar nunca este objetivo, y la din\u00e1mica imperialista de la econom\u00eda mundial parece impedirlo activamente.<\/p>\n<p>Como hemos visto, la historia demuestra claramente que la planificaci\u00f3n p\u00fablica y la pol\u00edtica socialista pueden ser eficaces para lograr un r\u00e1pido desarrollo econ\u00f3mico, tecnol\u00f3gico y social. Redescubrir el poder de este enfoque ser\u00e1 esencial para que los gobiernos del Sur Global aumenten su soberan\u00eda econ\u00f3mica y movilicen la producci\u00f3n para garantizar una vida digna para todos<sup>48<\/sup>. Para lograr este objetivo es necesario crear movimientos pol\u00edticos de las clases trabajadoras y campesinas del Sur lo suficientemente poderosos como para sustituir a los gobiernos que actualmente est\u00e1n controlados por facciones pol\u00edticas alineadas con el capital nacional o internacional; reducir la dependencia de los acreedores, las divisas y las importaciones del n\u00facleo; y establecer alianzas Sur-Sur capaces de resistir cualquier represalia. Las formaciones progresistas del n\u00facleo deben estar preparadas para apoyar y defender estos movimientos.<\/p>\n<p>Los argumentos a favor de una pol\u00edtica socialista son especialmente claros dada la realidad de la crisis ecol\u00f3gica mundial a la que nos enfrentamos, que est\u00e1 siendo impulsada de forma abrumadora por el uso excesivo de energ\u00eda y recursos materiales en los Estados centrales, incluso a trav\u00e9s de su apropiaci\u00f3n neta de recursos de la periferia.<sup>49<\/sup> Sabemos que el desarrollo capitalista es ecol\u00f3gicamente ineficiente cuando se trata de satisfacer las necesidades humanas. Como la producci\u00f3n capitalista se organiza en torno a la maximizaci\u00f3n del beneficio, acabamos con formas de producci\u00f3n ecol\u00f3gicamente perversas: veh\u00edculos deportivos utilitarios, moda r\u00e1pida, armamento y publicidad en lugar de transporte p\u00fablico, viviendas asequibles y alimentos nutritivos. El resultado es una econom\u00eda global en la que los estados centrales sobreexplotan los recursos y la energ\u00eda y, sin embargo, el sistema sigue sin satisfacer muchas necesidades humanas b\u00e1sicas.<\/p>\n<p>Los modelos m\u00e1s recientes indican que para reducir las emisiones de carbono lo suficientemente r\u00e1pido como para no superar un aumento de 1,5 \u00b0C de la temperatura media mundial a finales de siglo, ser\u00e1 necesario reducir considerablemente el consumo mundial de energ\u00eda y materiales, con cargo a las econom\u00edas centrales.<sup>50<\/sup> Estas reducciones pueden lograrse al mismo tiempo que se pone fin a la pobreza y se ofrecen unas condiciones de vida dignas a una poblaci\u00f3n mundial de diez mil millones de personas, lo que incluye vivienda, electricidad, calefacci\u00f3n\/refrigeraci\u00f3n, cocina limpia, refrigeraci\u00f3n, transporte, atenci\u00f3n sanitaria, educaci\u00f3n, saneamiento, tel\u00e9fonos m\u00f3viles e inform\u00e1tica.<sup>51<\/sup> Pero para lograrlo se requiere una planificaci\u00f3n democr\u00e1tica: (a) que garantice la producci\u00f3n y la r\u00e1pida dispersi\u00f3n de tecnolog\u00edas eficientes; (b) que reorganice la producci\u00f3n en torno a la satisfacci\u00f3n de las necesidades humanas en lugar de en torno a la acumulaci\u00f3n de capital; (c) que reduzca las formas de producci\u00f3n ecol\u00f3gicamente destructivas y menos necesarias para reducir el exceso de energ\u00eda y de producci\u00f3n de materiales en el n\u00facleo; y (d) reducir dr\u00e1sticamente el poder adquisitivo de los ricos y distribuir los recursos de forma m\u00e1s equitativa<sup>52<\/sup>.<\/p>\n<p><b>Notas<\/b><\/p>\n<p>1. 1. Dylan Sullivan y Jason Hickel, \u00abCapitalism and Extreme Poverty: A Global Analysis of Real Wages, Human Height, and Mortality since the Long 16th Century\u00bb, <em>World Development<\/em> 161 (2023).<br \/>\n2. Angus Deaton, \u00abMeasuring Poverty in a Growing World (or Measuring Growth in a Poor World),\u00bb <em>The Review of Economics and Statistics<\/em> 87, no. 1 (2005): 1-19.<br \/>\n3. Angus Deaton, \u00abCounting the World&#8217;s Poor: Problems and Possible Solutions\u00bb, <em>World Bank Research Observer<\/em> 16, n\u00ba 2 (2001): 133.<br \/>\n4. Robert C. Allen, \u00abPoverty and theLabor Market: Today and Yesterday\u00bb, <em>Annual Review of Economics<\/em>, 12 (2020):107-34.<br \/>\n5. Michail Moatsos, \u00abGlobal Extreme Poverty: Present and Past since 1820\u00bb, en <em>How Was Life? Volume II: New Perspectives on Well-being and Global Inequality since 1820<\/em> (Par\u00eds: Ediciones OCDE: 2021): 186-215.<br \/>\n6. Immanuel Wallerstein, <em>The Modern World-System, Vol. I: Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century<\/em> (Cambridge, Massachusetts: Academic Press, 1974).<br \/>\n7. V\u00e9ase el gr\u00e1fico 10.1 en Lucas Chancel et al, <em>World Inequality Report 2022<\/em> (World Inequality Lab, 2022), 167, wir2022. wid.world.<br \/>\n8. Allen calcula la tasa de pobreza en 145 pa\u00edses, o alrededor del 95 por ciento de la poblaci\u00f3n mundial. Hemos calculado la tasa de pobreza mundial como la media ponderada por poblaci\u00f3n de estos datos. V\u00e9ase Allen, \u00abPoverty and the Labor Market\u00bb.<br \/>\n9. Charles Kenny y Zack Gehan, \u00abScenarios for Future Global Growth to 2050\u00bb, <em>Center for Global Development<\/em> (2023). La extrapolaci\u00f3n del escenario central indica que la pobreza extrema llegar\u00eda a cero en 2060. David Woodward, \u00abIncrementum ad Absurdum: Global Growth, Inequality and Poverty Eradication in a Carbon-Constrained World\u00bb, <em>World Economic Review<\/em> 4 (2015): 43-62.<br \/>\n10. Jason Hickel, Dylan Sullivan y Huzaifa Zoomkawala, \u00abPlunder in the Post-Colonial Era: Quantifying Drain from the Global South Through Unequal Exchange, 1960-2018\u00bb, <em>New Political Economy<\/em> 26, n\u00ba 6 (2021): 1030-47.<br \/>\n11. Zak Cope, <em>The Wealth of (Some) Nations: Imperialism and the Mechanics of Value Transfer<\/em> (Londres: Pluto, 2019); Phillip Hough, \u00abGlobal Commodity Chains and the Spatial-Temporal Dimensions of Labor Control: Lessons from Colombia&#8217;s Coffee and Banana Industries\u00bb, <em>Journal of World-Systems Research<\/em> 16, n\u00ba 2 (2010): 123-161.<br \/>\n12. Allen, \u00abPoverty and the Labor Market\u00bb.<br \/>\n13. FAO-UNICEF, <em>The State of Food Security and Nutrition in the World<\/em>, 2021; Our World in Data, \u00abNumber of People Who Cannot Afford a Healthy Diet, 2020,\u00bb ourworldindata.org; Jarmo S. Kikstra et al., \u00abDecent Living Gaps and Energy Needs around the World,\u00bb <em>Environmental Research Letters<\/em> 16, no. 9 (2021); Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud y Banco Mundial, <em>Tracking Universal Health Coverage: 2017 Global Monitoring Report<\/em> (Ginebra: Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud, 2017).<br \/>\n14. Para la tradici\u00f3n marxista, v\u00e9ase Robert Brenner, <em>Property and Progress: The Historical Origins and Social Foundations of Self-Sustaining Growth<\/em> (Nueva York: Verso, 2009); Karl Marx y Frederick Engels, <em>El Manifiesto Comunista<\/em> (1848), www. marxists.org.<br \/>\n15. Esta cifra procede de Polonia. V\u00e9ase Jason W. Moore, \u00ab&#8217;Amsterdam is Standing on Norway&#8217; Part II: The Global North Atlantic in the Ecological Revolution of the Long Seventeenth Century\u00bb, <em>Journal of Agrarian Change<\/em> 10, n\u00ba 2 (2010),<br \/>\n207. Un declive similar de la manufactura urbana se produjo en Elbia Oriental, Bohemia, Hungr\u00eda, Livonia y otros lugares. Immanuel Wallerstein, <em>El sistema-mundo moderno<\/em>, vol. 1.<br \/>\n16. Andre Gunder Frank, <em>Capitalism and Underdevelopment in Latin America: Historical Studies of Chile and Brazil<\/em> (Nueva York: Monthly Review Press, 1967).<br \/>\n17. Immanuel Wallerstein, <em>The Modern World-System, Vol. III: The Second Era of Great Expansion of the Capitalist World-Economy, 1730s-1840s<\/em> (Academic Press: 1989), 146-49, 152,<br \/>\n156, 164-66. Wilma Dunaway se\u00f1ala que, durante el per\u00edodo colonial, la integraci\u00f3n de \u00c1frica en el sistema mundial capitalista no fue testigo de ning\u00fan proletariado importante.<br \/>\nDurante el periodo colonial, la integraci\u00f3n de \u00c1frica en el sistema mundial capitalista no fue testigo de una proletarizaci\u00f3n sustancial de la mano de obra, sino del crecimiento de las actividades del sector informal, la esclavitud, la producci\u00f3n de subsistencia, el arrendamiento y la aparcer\u00eda en las cadenas de mercanc\u00edas capitalistas. Wilma A. Dunaway, \u00abNonwaged Peasants in the Modern World-System: African Households as Dialectical Units of Capitalist Exploitation and Indigenous Resistance, 1890-1930\u00bb, <em>The Journal of Philosophical Economics<\/em> IV, n\u00ba 1 (2010): 19-57.<br \/>\n18. Madhusree Mukerjee, <em>Churchill&#8217;s Secret War<\/em> (Nueva York: Basic Books, 2010), cap\u00edtulo 2.<br \/>\n19. George G. de H. Lampert, presidente de la Asociaci\u00f3n Brit\u00e1nica de las Indias Orientales y China (1840), citado en Wallerstein, <em>The Modern World-System,<\/em> vol. 3, 150.<br \/>\n20. Alvin Y. So y Stephen W. K. Chiu, <em>East Asia and the World Economy<\/em> (Thousand Oaks, California: SAGE, 1995), 44.<br \/>\n21. Sobre el papel del Estado en la industrializaci\u00f3n de Europa occidental, y especialmente de Gran Breta\u00f1a, v\u00e9ase Wallerstein, <em>The Modern World-System<\/em>, vol. 3 y Ha- Joon Chang, <em>Bad Samaritans: The Myth of Free Trade and the Secret History of Capitalism<\/em> (Londres: Bloomsbury Press, 2007). La planificaci\u00f3n estatal y la inversi\u00f3n p\u00fablica tambi\u00e9n desempe\u00f1an un papel crucial en la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica en Estados Unidos, a pesar de la ret\u00f3rica de libre mercado de su gobierno. V\u00e9ase Noam Chomsky, <em>Turning the Tide: The U.S. and Latin America<\/em> (Montreal: Black Rose Books, 1987), 208-217; y Noam Chomsky, <em>Year 501: The Conquest Continues<\/em> (Boston: South End Press, 1993), cap\u00edtulo 4.<br \/>\n22. Chang, <em>Bad Samaritans<\/em>.<br \/>\n23. Allen argumenta convincentemente que la primera revoluci\u00f3n industrial se produjo en Inglaterra y no (digamos) en Francia o la India, porque los trabajadores ingleses ten\u00edan salarios relativamente altos. Debido a su privilegiada posici\u00f3n exportadora en el mercado mundial capitalista, los salarios de Inglaterra se encontraban entre los m\u00e1s altos del mundo a mediados del siglo XVIII (aunque segu\u00edan siendo m\u00e1s bajos que antes del surgimiento del capitalismo). Por ello, a los capitalistas del siglo XVIII les resultaba rentable emplear la hilandera mec\u00e1nica para ahorrar costes de producci\u00f3n. Por el contrario, los c\u00e1lculos de Allen muestran que el uso de la hilandera no habr\u00eda sido rentable en la India o en Francia, porque emplear mano de obra era mucho m\u00e1s barato que invertir en bienes de capital. V\u00e9ase Robert C. Allen, \u00abThe Industrial Revolution in Miniature: The Spinning Jenny<br \/>\nin Britain, France, and India\u00bb, <em>Journal of Economic History<\/em> 69, no. 4 (2009). Allen sostiene que las diferencias salariales tambi\u00e9n ayudan a explicar por qu\u00e9 en Estados Unidos se adopt\u00f3 maquinaria que ahorraba mano de obra, pero no en Am\u00e9rica Latina. Robert C. Allen, Tommy E. Murphy y Eric B. Scheider, \u00abThe Colonial Origins of the Divergence in the Americas\u00bb, <em>Journal of Economic History<\/em> 72, no. 4 (2012), 889.<br \/>\n24. Arghiri Emmanuel, <em>Unequal Exchange<\/em> (Nueva York: Monthly Review Press, 1972), 123-133; Cope, <em>The Wealth of (Some) Nations,<\/em> 63-64.<br \/>\n25. La externalizaci\u00f3n de la producci\u00f3n a la periferia es un patr\u00f3n recurrente en la historia del sistema-mundo capitalista. Al principio, una o dos potencias centrales monopolizan las nuevas invenciones, pueden cobrar precios elevados por sus productos y obtener beneficios inesperados. Sin embargo, con el tiempo, otras potencias centrales e incluso algunos Estados semiperif\u00e9ricos pueden entrar en el mercado (normalmente a trav\u00e9s de pol\u00edticas industriales dirigidas por el Estado), erosionando as\u00ed el poder de monopolio de la empresa original. Al mismo tiempo, los costes salariales de la industria tienden a aumentar a medida que se agota el excedente de mano de obra rural y los sindicatos presionan para conseguir mejores condiciones. Enfrentados a esta reducci\u00f3n de beneficios, los capitalistas del n\u00facleo comienzan a invertir en nuevas l\u00edneas de la industria en las que pueden ejercer un poder de monopolio. Tambi\u00e9n externalizan los procesos de producci\u00f3n (cada vez m\u00e1s anticuados y poco rentables) a la periferia para beneficiarse de salarios m\u00e1s bajos. Este patr\u00f3n c\u00edclico garantiza que los Estados centrales siempre se especialicen en procesos de producci\u00f3n monopolizados de alto precio, mientras que la periferia produce para mercados competitivos con pocas barreras de entrada y bajas tasas de rentabilidad. V\u00e9ase Immanuel Wallerstein, <em>World-Systems Analysis: An Introduction<\/em> (Durham: Duke University Press, 2004), 26-32.<br \/>\n26. James H. Smith y Jeffrey W. Mantz, \u00abDo Cellular Phones Dream of Civil War? The Mystification of Production and the Consequences of Technology Fetishism in the Eastern Congo\u00bb, en <em>Inclusion and Exclusion in the Global Arena<\/em>, ed. Max Kirsch (Londres: Routledge Press, 2004). Max Kirsch (Londres: Routledge, 2006), 71-93; Stephen Jackson, \u00abMaking a Killing: Criminality and Coping in the Kivu War Economy\u00bb, <em>Review of African Political Economy<\/em> 29, n\u00ba 93\/94 (2002): 517-36; Justin Podur, <em>America&#8217;s Wars on Democracy in Rwanda and the DR Congo<\/em> (Londres: Palgrave Mac- millan, 2020).<br \/>\n27. Para un an\u00e1lisis del control laboral en el cultivo del cacao en \u00c1frica Occidental, v\u00e9ase Kate Manzo, \u00abModern Slavery, Global Capitalism and Deproletarianisation in West Africa\u00bb, <em>Review of African Political Economy<\/em> 32, n\u00ba 106 (2005): 521-34. Genevieve Lebaron y Alison J. Ayers, \u00abThe Rise of a &#8216;New Slavery&#8217;?: Understanding African Unfree Labour through Neoliberalism\u00bb, <em>Third World Quarterly<\/em> 34, no. 5 (2012): 873-92. Pruebas convincentes de la magnitud de este problema se documentan en <em>The Dark Side of Chocolate<\/em>, dirigido por Miki Mistari y U. Roberto Romano (Bastard TV and Video, 2010), www. slavefreechocolate.org. Para una visi\u00f3n general de las condiciones a las que se enfrentan los cultivadores de pl\u00e1tanos en Colombia, v\u00e9ase Hough, \u00abGlobal Commodity Chains\u00bb, 148-54.<br \/>\n28. Vijay Prashad, <em>Red Star over the Third World<\/em> (Londres: Pluto, 2019).<br \/>\n29. Boris Kagarlitsky, <em>Empire of the Periphery: Russia and the World System<\/em> (Londres: Pluto, 2007); Wallerstein, <em>The Modern World-System<\/em>, vol. 3, cap\u00edtulo 3.<br \/>\n30. Reproducido en T. H. Von Laue, \u00abA Secret Memorandum of Sergei Witte on the Industrialisation of Imperial Russia\u00bb, <em>Journal of Modern History<\/em> 26, n\u00ba 1 (1954): 66.<br \/>\n31. Esta frase y las siguientes se basan en Robert C. Allen, <em>Farm to Factory: A Reinterpretation of the Soviet Industrial Revolution<\/em> (Princeton: Princeton University Press, 2003).<br \/>\n32. Allen, <em>Farm to Factory<\/em>, 92.<br \/>\n33. Chang, <em>Bad Samaritans<\/em>, cap\u00edtulo 2; John Brewer, <em>The Sinews of Power: War, Money and the English State, 1688- 1783<\/em> (Londres: Unwin Hyman, 1989).<br \/>\n34. Chang, <em>Bad Samaritans<\/em>.<br \/>\n35. Mariana Mazzucato, <em>Entrepreneurial State: Debunking Public vs. Private Myths in Risk and Innovation<\/em> (Londres: Anthem, 2013).<br \/>\n36. Shirley Cereseto y Howard Waitzkin, \u00abEconomic Development, Political-Economic System, and the Physical Quality of Life\u00bb, <em>American Journal of Public Health<\/em> 76, no. 6 (1986): 661-66; H. F. Lena y B. London, \u00abThe Political and Economic Determinants of Health Outcomes,\u00bb <em>International Journal of Health Services<\/em> 23, no. 3 (1993): 585- 602; Vicente Navarro, \u00abHas Socialism<br \/>\nFailed? An Analysis of Health Indicators Under Capitalism and Socialism\u00bb, <em>Science &amp; Society<\/em> 57, no. 1 (1993): 6-30; Dylan Sullivan y Jason Hickel, \u00ab16 Million and Counting: The Collateral Damage of Capital,\u00bb <em>New Internationalist<\/em>, no. 541 (2022).<br \/>\n37. Para Rusia, v\u00e9ase Moatsos, \u00abGlobal Extreme Poverty\u00bb. Para China, v\u00e9ase Dylan Sullivan, Michail Moatsos y Jason Hickel, \u00abCapitalist Reforms and Extreme Poverty in China: Unprecedented Progress or Income Deflation?\u00bb, <em>New Political Economy<\/em> (de pr\u00f3xima publicaci\u00f3n).<br \/>\n38. Amartya Sen, \u00abPublic Action and the Quality of Life in Developing Countries\u00bb, <em>Oxford Bulletin of Economics and Statistics<\/em> 43, no. 4 (1981): 293.<br \/>\n39. Jean Dr\u00e8ze y Amartya Sen, <em>Hunger and Public Action<\/em> (Oxford: Clarendon, 1989), 214-15.<br \/>\n40. Utsa Patnaik y Prabhat Patnaik, <em>A Theory of Imperialism<\/em> (Nueva York: Columbia University Press, 2016).<br \/>\n41. Moatsos, \u00abGlobal Extreme Poverty\u00bb; Sullivan, Moatsos y Hickel, \u00abCapitalist Reforms and Extreme Poverty in China\u00bb.<br \/>\n42. Isabella M. Weber, <em>How China Escaped Shock Therapy<\/em> (Londres: Rout- ledge, 2021).<br \/>\n43. Don Fitz, <em>Cuban Health Care: The Ongoing Revolution<\/em> (Nueva York: Monthly Review Press, 2020). Los datos de Robert Allen indican que, a partir de 2011, un trabajador no cualificado en Cuba tiene un coeficiente de bienestar de 6,6, superior al de cualquier otro pa\u00eds de la periferia o la semiperiferia. A t\u00edtulo comparativo, la cifra correspondiente es de 0,9 en Bolivia, 1,2 en Brasil, 1,3 en India, 3 en Rusia y 4 en China. Allen, \u00abPoverty and the Labor Market\u00bb, 121.<br \/>\n44. Hellen Yaffe, <em>\u00a1Somos Cuba! How a Revolutionary People Have Survived in a Post-Soviet World<\/em> (New Haven: Yale University Press, 2020), 120-46; \u00abDespite U.S. Embargo, Cuba Aims to Share Homegrown Vaccine with Global South\u00bb, <em>Democracy Now!<\/em>, 27 de enero de 2022.<br \/>\n45. La causa principal de la hambruna fue la decisi\u00f3n de Jos\u00e9 Stalin de despojar violentamente a los campesinos de las tierras que hab\u00edan ganado durante la revoluci\u00f3n, oblig\u00e1ndoles a trasladarse a las florecientes ciudades industriales o a producir grano barato en latifundios controlados por el Estado (mal llamados \u00abgranjas colectivas\u00bb con fines propagand\u00edsticos). Esta pol\u00edtica se dise\u00f1\u00f3 conscientemente para emular la \u00abacumulaci\u00f3n primitiva de capital\u00bb seguida por Europa Occidental durante su revoluci\u00f3n industrial. Allen, <em>Farm to Factory<\/em>, 57-61, 97-102, 106-10, 172-86. Sin embargo, es importante se\u00f1alar que la pol\u00edtica agraria estalinista no era necesaria para la din\u00e1mica econom\u00eda socialista de la URSS. Los modelos econom\u00e9tricos indican que la colectivizaci\u00f3n forzosa s\u00f3lo a\u00f1adi\u00f3 alrededor de un 5% al PIB sovi\u00e9tico en 1939. Como dice Allen, \u00abla miseria humana que acompa\u00f1\u00f3 a la colectivizaci\u00f3n fue muy grande, mientras que las ganancias econ\u00f3micas fueron escasas\u00ab. Los modelos sugieren que la mayor parte del desarrollo industrial de la URSS puede explicarse por la inversi\u00f3n p\u00fablica en capacidad industrial, el uso de ambiciosos objetivos de producci\u00f3n en lugar de beneficios para guiar el comportamiento de las empresas, y el pleno empleo subvencionado. A\u00f1adir la colectivizaci\u00f3n a esa receta contribuy\u00f3 poco al crecimiento y corrompi\u00f3 el socialismo\u00bb. Allen, <em>Farm to Factory<\/em>, 166-71.<br \/>\n46. Noam Chomsky, \u00abThe Soviet Union Versus Socialism\u00bb, <em>Our Generation<\/em> (primavera\/verano de 1986).<br \/>\n47. Robin Hahnel, <em>Democratic Economic Planning<\/em> (Londres: Routledge, 2021).<br \/>\n48. Samir Amin, <em>Delinking: Towards a Polycentric World<\/em> (Londres: Zed Books, 1990); Fadhel Kaboub, \u00abElements of a Radical Counter-Movement to Neoliberalism\u00bb, <em>Review of Radical Political Economics<\/em> 40, no. 3 (2008): 220-27; Max Ajl, <em>A People&#8217;s Green New Deal<\/em> (Londres: Pluto, 2021); Ndongo Samba Sylla, \u00abMMT as an Analytical Framework and a Policy Lens: An African Perspective\u00bb, en <em>Modern Monetary Theory<\/em>, eds. L. R. Wray e Y. Nersisyan (Cheltenham: Edward Elgar Publishing, 2023); Jason Hickel, \u00abHow to Achieve Full Decolonization\u00bb, <em>New Internationalist<\/em>, 15 de octubre de 2021.<br \/>\n49. Jason Hickel, \u00abQuantifying National Responsibility for Climate Breakdown\u00bb, <em>Lancet Planetary Health<\/em> 4, no. 9 (2020): e399-e404; Jason Hickel, Dan W. O&#8217;Neill, Andrew L. Fanning y Huzaifa Zoomkawala, \u00abNational Responsibility for Ecological Breakdown: A Fair-Shares Assessment of Resource Use, 1970- 2017\u00bb, <em>Lancet Planetary Health<\/em> 6, no. 4 (2022): e342-e349; Jason Hickel, Christian Dorninger, Hanspeter Wieland e Intan Suwandi, \u00abImperialist Appropriation in the World Economy: Drain from the Global South through Unequal Exchange, 1990-2015\u00bb, <em>Global Environmental Change<\/em> 73, n\u00ba 102467 (2022).<br \/>\n50. Lorenz T. Key\u00dfer y Manfred Lenzen, \u00ab1.5\u00b0C Scenarios Suggest the Need for New Mitigation Pathways\u00bb, <em>Nature Communications<\/em> 12 (mayo de 2021); Jason Hickel <em>et al.<\/em>, \u00abUrgent Need for Post-Growth Climate Mitigation Scenarios\u00bb, <em>Nature Energy<\/em> 6 (agosto de 2021).<br \/>\n51. Joel Millward-Hopkins <em>et al.<\/em>, \u00abProviding Decent Living with Minimum Energy: A Global Scenario,\u00bb <em>Global Environmental Change<\/em> 65 (2020).<br \/>\n52. Joel Millward-Hopkins and Yannick Oswald, \u00abReducing Global Inequality to Secure Human Wellbeing and Climate Safety: A Modelling Study,\u00bb <em>Lancet Planetary Health<\/em> 7, no. 2 (2023).<\/p>\n<p>Jason H\u0131ckel es profesor del Instituto de Ciencia y Tecnolog\u00eda Ambientales (ICTA-UAB) y del Departamento de Antropolog\u00eda Social y Cultural de la Universidad Aut\u00f3noma de Barcelona. Es autor de <em>The Divide: A Brief Guide to Global Inequality and<\/em><br \/>\n<em>Its Solutions<\/em> (Penguin, 2017) y <em>f<\/em> (Penguin, 2020). El ICTA-UAB cuenta con el apoyo de la beca Unidad de Excelencia Mar\u00eda de Maeztu del Ministerio de Ciencia e Innovaci\u00f3n (CEX2019-000940-M). Dylan Sull\u0131van es profesor adjunto y estudiante de doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Macquarie de S\u00eddney, donde imparte clases de pol\u00edtica, sociolog\u00eda y antropolog\u00eda. Su investigaci\u00f3n se centra en la desigualdad global, la historia colonial y la econom\u00eda de la planificaci\u00f3n socialista.<br \/>\nEste art\u00edculo se basa en datos y an\u00e1lisis proporcionados en el art\u00edculo original de los autores sobre el problema de \u00abCapitalismo y pobreza extrema\u00ab, publicado en <em>World Development<\/em> en 2022 (v\u00e9ase la nota final 1).<\/p>\n<p>Fuente: <em>Monthly Review<\/em> (<a href=\"https:\/\/static1.squarespace.com\/static\/59bc0e610abd04bd1e067ccc\/t\/64ac22d749028979c451e956\/1689002713827\/Hickel+and+Sullivan+-+Capitalism%2C+Global+Poverty%2C+and+the+Case+for+Democratic+Socialism.pdf\">https:\/\/static1.squarespace.com\/static\/59bc0e610abd04bd1e067ccc\/t\/64ac22d749028979c451e956\/1689002713827\/Hickel+and+Sullivan+-+Capitalism%2C+Global+Poverty%2C+and+the+Case+for+Democratic+Socialism.pdf<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, una nueva narrativa sobre la pobreza global se ha afianzado en el discurso dominante. Sostiene que<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":14114,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1558,44,17,16],"tags":[],"class_list":["post-14113","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-condiciones-de-vida-sociedad","category-economia","category-historia","category-imperio-imperialismo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14113","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14113"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14113\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/14114"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14113"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14113"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14113"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}