{"id":14472,"date":"2023-10-30T05:00:10","date_gmt":"2023-10-30T04:00:10","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14472"},"modified":"2023-10-30T01:34:58","modified_gmt":"2023-10-30T00:34:58","slug":"tres-notas-sobre-marxismo-y-ecologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14472","title":{"rendered":"Tres notas sobre marxismo y ecolog\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Hace medio siglo, el Informe al Club de Roma sobre los L\u00edmites del Crecimiento puso sobre la mesa una sencilla verdad que dispara contra uno de los rasgos elementales de nuestro modelo productivo, cultural y social: no es posible crecer indefinidamente en el seno de un planeta finito. Si asumimos que el capitalismo tiene entre sus caracter\u00edsticas centrales e indisociables el crecimiento indefinido, se hace evidente que una sociedad capaz de mantener un equilibrio con nuestro planeta s\u00f3lo puede existir desde una perspectiva poscapitalista.<\/p>\n<p>Perm\u00edtaseme recordar con mucha brevedad algunas ideas centrales para situar la gravedad de los asuntos que estamos tratando. Como nos recuerda Joaquim Sempere en <em>Las cenizas de Prometeo<\/em>, desde el neol\u00edtico hasta finales del siglo XVIII, las formas fundamentales de relaci\u00f3n entre el ser humano y la tierra permanecieron relativamente inalteradas. La era industrial, por el contrario, inici\u00f3 una quiebra de dichas relaciones de equilibrio (no en vano Hobsbawm afirm\u00f3 que el siglo XX trajo el fin del neol\u00edtico), dando lugar a una triple fractura metab\u00f3lica: la energ\u00e9tica, la agr\u00edcola y la mineral.<\/p>\n<p>La fractura energ\u00e9tica consiste en el abandono de las energ\u00edas renovables que hasta el siglo XIX hab\u00edan sido dominantes (molinos de viento, de agua, tracci\u00f3n animal, calor del sol) y la adopci\u00f3n del carb\u00f3n desde la primera Revoluci\u00f3n Industrial, y del petr\u00f3leo a partir de la segunda. Durante el siglo XX la eficiencia de dichos recursos energ\u00e9ticos ha experimentado una ca\u00edda libre, como manifiesta la Tasa de Retorno Energ\u00e9tico (TRE), relaci\u00f3n entre la energ\u00eda usable y la energ\u00eda requerida para obtenerla. As\u00ed, la TRE del petr\u00f3leo ha descendido desde un 100 en 1920 hasta un 12 en 2007. Las posibles alternativas ofrecidas desde el marco dominante del capitalismo actual no son esperanzadoras en absoluto: el <em>fracking<\/em> tiene una TRE de 5, el biodiesel de 1.3 y las energ\u00edas renovables en torno a un 20, la e\u00f3lica, y un 10, la solar (si bien el c\u00e1lculo de la TRE en renovables es muy fluctuante en funci\u00f3n de la tecnolog\u00eda, los factores ambientales y la fuente consultada).<\/p>\n<p>La segunda fractura metab\u00f3lica consiste en la sustituci\u00f3n de los sistemas tradicionales de agricultura (rotaci\u00f3n de cultivos combinado con barbecho y uso de fertilizantes de heces animales) por los m\u00e9todos de fertilizaci\u00f3n mineral desarrollados por Justus Von Liebig y el m\u00e9todo Haber-Bosch de nitratos para hacer frente a la explosi\u00f3n demogr\u00e1fica del siglo XIX. Estas t\u00e9cnicas, combinadas con el uso de plaguicidas qu\u00edmicos, dan lugar a una p\u00e9rdida de la capacidad regenerativa de la tierra, consecuencia de una excesiva mineralizaci\u00f3n de los suelos, lo que provoca una p\u00e9rdida del humus, clave de la fertilidad indefinida de la tierra. A esto hay que a\u00f1adir que el 40 % de la cosecha mundial de cereales no est\u00e1 destinada a su consumo humano, sino a piensos para ganado, estrategia ineficiente de producci\u00f3n de alimentos.<\/p>\n<p>La tercera fractura metab\u00f3lica es la de los materiales. El capitalismo sustituy\u00f3 los materiales tradicionales (barro, piedra, madera), de proximidad y poca transformaci\u00f3n, por un extractivismo maderero (miner\u00eda forestal) y mineral. Respecto a esto \u00faltimo, se pas\u00f3 de emplear un elenco muy limitado de minerales y en escasas cantidades (hierro, cobre, plomo, mercurio) a una miner\u00eda muy intensiva y extendida por el mundo. La revoluci\u00f3n digital ha supuesto un inmenso aumento de la demanda: litio, columbio, tantalio, colt\u00e1n\u2026 Como ha expuesto Luc\u00eda Ortiz de Z\u00e1rate, el auge de la inform\u00e1tica y la Inteligencia Artificial entra\u00f1a una perversi\u00f3n conceptual: bajo la ideol\u00f3gica y falseante noci\u00f3n de \u201cnube\u201d, de apariencia et\u00e9rea, se esconde una realidad material de minas de materiales, f\u00e1bricas de componentes, transporte y centros de datos que consumen agua y electricidad. Adem\u00e1s, los mencionados minerales son esenciales para la construcci\u00f3n de instrumentos de captaci\u00f3n de energ\u00eda renovable, con lo cual la tercera fractura metab\u00f3lica impacta en la primera. Garc\u00eda Olivares y Turiel han observado que no hay minerales para crear aerogeneradores suficientes para satisfacer la demanda actual. La propia Agencia Internacional de la Energ\u00eda ha reconocido que la sustituci\u00f3n de las energ\u00edas f\u00f3siles por las renovables en 2050 exigir\u00eda una multiplicaci\u00f3n de los minerales. Empleando una expresi\u00f3n de Jorge Riechmann, la civilizaci\u00f3n parece un corredor en una carrera de obst\u00e1culos, con distintas vallas que van acerc\u00e1ndose y aumentando de altura, mientras el corredor conf\u00eda en sus zapatillas m\u00e1gicas.<\/p>\n<p>Las consecuencias de esta triple fractura metab\u00f3lica en nuestro clima son cada vez m\u00e1s palpables. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Clim\u00e1tico (IPCC, por sus siglas en ingl\u00e9s), representante de un consenso cient\u00edfico de m\u00ednimos en torno a esta problem\u00e1tica, observ\u00f3 en 2021 que el calentamiento registrado era de 1.1 \u00baC: una d\u00e9cima m\u00e1s de lo que hab\u00eda predicho en 1990 que se producir\u00eda en 2025. Es decir: el calentamiento se acelera. La previsi\u00f3n actual indica que superaremos los 2 \u00baC para 2040-2060. Esto implica aumento del nivel del mar, sequ\u00edas (como las que ya estamos empezando a sufrir) o que eventos meteorol\u00f3gicos muy extremos que antes ocurr\u00edan cada d\u00e9cada, ahora sucedan anualmente. La Organizaci\u00f3n Meteorol\u00f3gica Mundial predice que se alcanzar\u00e1n 1.5 \u00baC de calentamiento en los pr\u00f3ximos cinco a\u00f1os. Como ha expuesto Johan Rockstr\u00f6m, dicho aumento es un l\u00edmite planetario.<\/p>\n<p>No es necesario insistir en el hecho de que quienes pagan las consecuencias de esto son las clases trabajadoras y populares. Baste recordar que ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, emplea desde hace a\u00f1os el t\u00e9rmino de \u201cpersonas desplazadas en contextos de desastres y cambio clim\u00e1tico\u201d para referirse a los refugiados clim\u00e1ticos. El impacto del cambio clim\u00e1tico en el aumento de los movimientos migratorios, acuciados a su vez por la desestabilizaci\u00f3n pol\u00edtica de importantes \u00e1reas del globo como consecuencia de la lucha de Occidente por unos recursos energ\u00e9ticos menguantes y las pol\u00edticas econ\u00f3micas y comerciales injustas, crea a su vez una contracara: el aumento de la extrema derecha en las regiones del llamado mundo desarrollado. Precisamente, algunos te\u00f3ricos est\u00e1n hablando desde hace unos a\u00f1os de \u201cecofascismo\u201d para referirse a una de las posibles salidas del capitalismo actual en un contexto de crisis energ\u00e9tica.<\/p>\n<p>Como nos ha recordado Bellamy Foster, el capitalismo se define por dos elementos: un sistema socioecon\u00f3mico de clases fundamentado en la producci\u00f3n de mercanc\u00edas y la ley de acumulaci\u00f3n forjada en relaciones de mercado competitivas. La econom\u00eda crece, o muere. El ejemplo de Estados Unidos es elocuente: su econom\u00eda de 21 billones de d\u00f3lares, para seguir funcionando, debe producir siempre lo mismo m\u00e1s un 3 %, con el fin de producir ganancias y nueva formaci\u00f3n del capital. Este ritmo debe mantenerse a\u00f1o tras a\u00f1o, o se entra en recesi\u00f3n. Esta necesidad de crecimiento exponencial del sistema no puede detenerse. A este ritmo, el tama\u00f1o de la econom\u00eda subir\u00e1 16 veces en un siglo, 250 veces en dos siglos y 4000 veces en tres siglos. En un modelo de econom\u00eda neocl\u00e1sica est\u00e1ndar, esto se presenta como natural e inevitable.<\/p>\n<p>Todo intento por satisfacer \u2014en vez de reducir\u2014 la actual demanda energ\u00e9tica, agr\u00edcola o de materiales caer\u00e1 por principio en la paradoja de Jevons: el aumento de eficiencia energ\u00e9tica en la tecnolog\u00eda no conduce a un descenso de la demanda, sino a un aumento del consumo. Sin un cambio de modelo, un aumento de la eficiencia en producci\u00f3n no conduce a reducir el gasto de energ\u00eda, sino a aumentarlo.<\/p>\n<p>Que la tendencia a la acumulaci\u00f3n inherente al capitalismo es incompatible con el equilibrio ecol\u00f3gico no es s\u00f3lo patrimonio de los te\u00f3ricos ecologistas o ecosocialistas: a su modo, est\u00e1 tambi\u00e9n presente en las tesis del papa Francisco en su enc\u00edclica <em>Laudato si\u2019<\/em>, donde confronta, con el principio de maximizaci\u00f3n de la ganancia, la l\u00ednea ecologista que recientemente acaba de confirmar mediante su Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica <em>Laudate Deum<\/em>.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n para los marxistas se encontrar\u00e1 en bosquejar la alternativa pol\u00edtica, econ\u00f3mica y cultural, y hacerla real partiendo de las condiciones materiales existentes.<\/p>\n<p><strong>2.<\/strong><\/p>\n<p>Si el paradigma ecologista es incompatible con el modo de producci\u00f3n capitalista, tambi\u00e9n lo ser\u00e1, por tanto, con cualquier tentaci\u00f3n socialdem\u00f3crata o reformista. La base hist\u00f3rica material de posibilidad de dichas tendencias fue el incremento del nivel general de vida de la clase trabajadora, al menos en los pa\u00edses del llamado mundo desarrollado, mediante la distribuci\u00f3n de una parte de los beneficios que no requer\u00eda alterar las relaciones de propiedad de los medios de producci\u00f3n. Sin embargo, la radicalidad de la crisis ecol\u00f3gica nos indica que el \u00fanico horizonte viable pasa por el reconocimiento de la existencia de l\u00edmites termodin\u00e1micos a la producci\u00f3n indefinida y, en consecuencia, sustituir el modelo econ\u00f3mico, social y cultural hegem\u00f3nico por un modelo de provisi\u00f3n de bienes y servicios a la poblaci\u00f3n que no est\u00e9 dirigido por la necesidad de beneficio privado ilimitado por parte de los propietarios de las empresas. Este horizonte es lo que usualmente llamamos ecosocialismo. En suma, el paradigma ecologista obliga a recuperar la ra\u00edz revolucionaria del marxismo sin ambages.<\/p>\n<p>Pero, al mismo tiempo, este mismo paradigma ecologista nos obliga a reconsiderar algunos aspectos culturales del marxismo revolucionario, tanto en el plano te\u00f3rico (el conjunto de conceptos y categor\u00edas que nos ayudan a explicar la realidad) como el pol\u00edtico (el conjunto de valores compartidos en la tradici\u00f3n comunista). La problem\u00e1tica ecologista pertenece a lo que Manuel Sacrist\u00e1n llam\u00f3 los \u201cnuevos problemas posleninianos\u201d, esto es, al elenco de contradicciones que las generaciones precedentes de la tradici\u00f3n marxista no pod\u00edan contemplar, por no haberse desarrollado en el plano real con suficiente claridad hasta bien entrado el siglo XX.<\/p>\n<p>Hasta los a\u00f1os setenta, la concepci\u00f3n del socialismo se hallaba anclada en la concepci\u00f3n marxiana de la resoluci\u00f3n, por su propio desarrollo, de la tendencia al choque entre el desarrollo incesante de las fuerzas productivas y el marco de relaciones sociales (privativas) de producci\u00f3n. El socialismo era concebido, as\u00ed, como una liberaci\u00f3n v\u00eda socializaci\u00f3n de las fuerzas productivas respecto de la sociedad de clases que las maniata en el presente, actualmente obligadas a ser puestas al servicio de una minor\u00eda. Libres de dicho encadenamiento, \u00e9stas podr\u00edan al fin servir al conjunto de la sociedad dando lugar, en suma, a una sociedad de la abundancia donde cada uno recibir\u00eda en funci\u00f3n de sus necesidades.<\/p>\n<p>Manuel Sacrist\u00e1n observ\u00f3 que este esquema albergaba un patr\u00f3n ideol\u00f3gico progresista \u2014compartido tambi\u00e9n por ciertas formas del anarquismo original\u2014, gestado en el optimismo ilustrado del siglo XVIII y trasvasado filos\u00f3ficamente a Marx a trav\u00e9s de la confianza hegeliana en las leyes objetivas del desarrollo hist\u00f3rico. La ceguera inicial del marxismo ante el problema ecol\u00f3gico se debi\u00f3 en parte a dicho esquema mental. Si bien esta parte de la teor\u00eda marxiana del cambio social mantiene su vigencia te\u00f3rica, esto es, su capacidad explicativa de la realidad (el hecho de que el desarrollo de las fuerzas productivas ha sido hasta hoy el factor principal de transformaci\u00f3n de las relaciones sociales), en cambio como cultura pol\u00edtica resulta nefasta. \u00bfPor qu\u00e9? Porque la cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica (como tambi\u00e9n, por cierto, la escalada b\u00e9lica) nos muestra que el desarrollo de las fuerzas productivas no tiene por qu\u00e9 tener un desenlace progresista: puede ser reaccionario o incluso catastr\u00f3fico. Es m\u00e1s, todo parece apuntar en este sentido.<\/p>\n<p>En una parte importante de los textos centrales de Marx (si bien no en todos, especialmente en sus \u00faltimos trabajos sobre Rusia) se puede rastrear este particular determinismo, heredado de la idea hegeliana de que los acontecimientos se producen con <em>logicidad<\/em> interna. Para Sacrist\u00e1n, continuar la tradici\u00f3n revolucionaria marxista debe pasar por el abandono de este esquema dial\u00e9ctico hegeliano de filosof\u00eda de la historia. Frente al objetivismo de ra\u00edz hegeliana, la nueva pol\u00edtica revolucionaria apuntar\u00eda a fortalecer el elemento subjetivo, en el sentido de potenciar al sujeto social protagonista del cambio. Un giro, por cierto, que podemos emparentar con las reacciones de Luk\u00e1cs, Gramsci o Lenin en sus esfuerzos por recuperar el alma revolucionaria del marxismo frente a la esclerotizaci\u00f3n socialdem\u00f3crata de su tiempo, o que podr\u00edamos poner en di\u00e1logo con las tesis de Benjamin.<\/p>\n<p>El abandono de la dial\u00e9ctica puramente negativa de Hegel, de esta <em>logicidad<\/em> del pensamiento hegeliano que opera a trav\u00e9s de la din\u00e1mica interna de la negaci\u00f3n y que ha dado lugar a considerar que el progreso en la historia avanza por su \u201clado malo\u201d, abre el camino para una dial\u00e9ctica que combine al mismo tiempo elementos de positividad y negatividad. No se trata ya, dir\u00e1 Sacrist\u00e1n, de desarrollar las fuerzas productivas (renombradas por \u00e9l como fuerzas productivo-destructivas), sino de desarrollarlas, paralizarlas o hacerlas retroceder <em>selectivamente<\/em>. La idea de \u201cselecci\u00f3n\u201d implica que las contradicciones de car\u00e1cter ecol\u00f3gico no pueden ser resolubles por su propio desarrollo, al estilo hegeliano, sino mediante la creaci\u00f3n de un marco en que puedan dirimirse sin cat\u00e1strofe. Una pol\u00edtica socialista ecol\u00f3gica requiere, por tanto, una dial\u00e9ctica de la positividad y la negatividad, posible desde una cultura pol\u00edtica basada en la \u00e9tica de la <em>mesot\u00e9s<\/em> aristot\u00e9lica, la mesura frente a la <em>hybris<\/em>.<\/p>\n<p>En <em>\u00bfComunismo sin crecimiento?<\/em>, Wolfgang Harich reformul\u00f3 de manera pionera el proyecto socialista a partir de las conclusiones del mencionado Informe al Club de Roma sobre los L\u00edmites del Crecimiento, formulando la idea de un socialismo homeost\u00e1tico, sin crecimiento, cuya tarea central ser\u00eda poner en pr\u00e1ctica medidas globales de racionamiento. El problema es que esta tarea, inexcusable, implica graves dificultades de car\u00e1cter estrat\u00e9gico para el movimiento socialista.<\/p>\n<p><strong>3.<\/strong><\/p>\n<p>La primera reacci\u00f3n de la izquierda ante el desaf\u00edo ecol\u00f3gico, hace 50 a\u00f1os, no fue precisamente de alborozo. No es tarea sencilla que las clases a quienes se ha negado hist\u00f3ricamente la capacidad de consumo encabecen un movimiento dirigido a su restricci\u00f3n. El viejo Luk\u00e1cs observ\u00f3 en sus <em>Conversaciones<\/em> de 1966 que la evoluci\u00f3n de la sociedad industrial moderna correspondiente al capitalismo tard\u00edo creaba una novedad \u2014anticipada por Marx\u2014: el hecho de que el antagonismo de clase no descansa ya en la plusval\u00eda absoluta, sino en la relativa. Esto daba lugar a una batalla por la conquista y manipulaci\u00f3n del ocio de la clase trabajadora, dirigido a impedir que el tiempo libre pueda tornarse en una actividad satisfactoria y a convertirlo, por el contrario, en un tiempo para satisfacer la industria de bienes de consumo ligada a una ideolog\u00eda conformista del placer. El viejo Luk\u00e1cs observaba que la nueva situaci\u00f3n exig\u00eda, desde un cierto punto de vista, volver a empezar. Para la cual, dec\u00eda, no cabr\u00eda esperar meses, sino decenios.<\/p>\n<p>Sin embargo, nuestra cat\u00e1strofe actual es que no contamos ya con estos decenios. Y, por otro lado, no existen razones para dejar de considerar que el sujeto revolucionario s\u00f3lo puede seguir siendo la clase trabajadora. Frente a intentos de sustituci\u00f3n de dicha centralidad del sujeto pol\u00edtico como los que practic\u00f3 Rudolf Bahro, quien apost\u00f3 por encontrar un agente del cambio en las clases de t\u00e9cnicos y profesionales en alianza con humanistas cr\u00edticos y otros sectores ilustrados de la poblaci\u00f3n, Sacrist\u00e1n consider\u00f3 que esa tesis es inimaginable porque dichas clases son no s\u00f3lo minoritarias, sino que adem\u00e1s no son las m\u00e1s perjudicadas por la problem\u00e1tica ecol\u00f3gica. Pueden incluso beneficiarse de los productos t\u00e9cnicos del capitalismo actual y rehuir, al mismo tiempo, las peores consecuencias ecol\u00f3gico-sociales de su producci\u00f3n. Frente a ellos, la clase trabajadora se presenta como la clase social m\u00e1s imprescindible para la supervivencia de la especie. Es en la positividad de dicha clase donde se fundamenta su car\u00e1cter protag\u00f3nico del cambio social.<\/p>\n<p>Si asumimos estos factores, construir una estrategia pol\u00edtica ecologista y revolucionaria, con los estrechos m\u00e1rgenes temporales con que contamos, se antoja de extrema dificultad. Sin embargo, la dificultad del camino no es motivo para su abandono. Especialmente si se tienen en cuenta las consecuencias de la derrota, que pueden desembocar en una tragedia al corto plazo para la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una clave fundamental en esta estrategia debe consistir en la asunci\u00f3n de que la lucha debe tener un formato capilar, de penetraci\u00f3n y di\u00e1logo en y con las clases sociales dominadas con objeto de desarrollar una cultura alternativa a la dominante, siguiendo la intuici\u00f3n del viejo Luk\u00e1cs. Se trata, por tanto, de un marco gramsciano de guerra de trincheras culturales, de edificaci\u00f3n de un nuevo <em>ethos<\/em> poscapitalista, una nueva cultura material de vida, que comience a hacerse hueco ya desde el presente. Esta estrategia se hace a\u00fan m\u00e1s urgente al percibir que de lo que se trata es de vertebrar todo un modelo de satisfacci\u00f3n de deseos y necesidades frente a la tendencia capitalista al consumo, en una l\u00ednea que puede ponerse en di\u00e1logo cr\u00edtico con el programa de \u00c1gnes Heller de identificar las necesidades radicales del ser humano, uno de los intentos serios de asimilar el pensamiento ecol\u00f3gico en el marxismo.<\/p>\n<p>Una dificultad manifiesta en esta estrategia es la dependencia actual de la izquierda pol\u00edtica de las t\u00e1cticas institucionalistas y electoralistas. La (en este momento) imprescindible participaci\u00f3n en procesos electorales impone un coste derivado de l\u00f3gicas externas a la propia izquierda, impuestas desde el marco pol\u00edtico dominante, de los cuales destaco dos: la asunci\u00f3n de marcos discursivos hegem\u00f3nicos y la centralidad pol\u00edtica del cargo p\u00fablico en detrimento del cuadro sindical, el activista social o el militante base, entre otros. Ambas imposiciones suponen \u201cfrenos de mano\u201d a cualquier intento serio de vertebrar una cultura alternativa a la hegem\u00f3nica. Quiz\u00e1 \u00e9ste sea el motivo por el que los documentos pol\u00edticos de las organizaciones de izquierda terminen convirti\u00e9ndose, congreso tras congreso, asamblea tras asamblea, en meras declaraciones de intenciones.<\/p>\n<p>La asunci\u00f3n de marcos discursivos hegem\u00f3nicos, en el terreno de la ecolog\u00eda, no implica solamente la dificultad de transmitir medidas de control del consumo en el marco de una sociedad capitalista que hace de la ideolog\u00eda consumista su principal fuente de legitimidad. Implica tambi\u00e9n \u2014y este asunto me parece que no ha sido suficientemente discutido\u2014 asumir medidas puramente reformistas frente a la cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica. Ejemplos de este asunto son la apuesta por sustituir el coche de gasolina por el el\u00e9ctrico, o la imposici\u00f3n de tasas en todas las v\u00edas r\u00e1pidas para desincentivar el consumo energ\u00e9tico en el autom\u00f3vil privado. No s\u00f3lo se trata de una v\u00eda timorata e insuficiente, incapaz de solucionar la magnitud de los problemas ecol\u00f3gicos que hoy tenemos delante, sino que adem\u00e1s contiene el riesgo de crear una reacci\u00f3n popular antiecol\u00f3gica que nos sit\u00faa en el extremo contrario de nuestros objetivos deseados. Dichas medidas vienen impuestas por nuestra incapacidad de romper con el marco econ\u00f3mico, pol\u00edtico y mental dominante: son la versi\u00f3n \u201cverde\u201d de la socialdemocracia, incapaz de alterar la estructura de propiedad del presente. Planteado en otros t\u00e9rminos: tras la f\u00f3rmula de \u201cquien contamina, paga\u201d se esconde su formulaci\u00f3n reversa: \u201csi pagas, puedes contaminar\u201d. Este tipo de medidas, de una naturaleza similar a los impuestos a la contaminaci\u00f3n, parece que, m\u00e1s que evitar la poluci\u00f3n proponen tasarla para, con lo recaudado, invertir en la recuperaci\u00f3n ambiental. Un rodeo innecesario con consecuencias ideol\u00f3gico-culturales muy peligrosas para la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Frente a este tipo de medidas, nuestra experiencia reciente con la pandemia del COVID-19 nos ha ense\u00f1ado una lecci\u00f3n que a mi juicio convendr\u00eda debatir en profundidad. Esta lecci\u00f3n consiste, a mi modo de parecer, en que la poblaci\u00f3n est\u00e1 dispuesta a aceptar medidas excepcionales que implican un cambio radical de h\u00e1bitos, siempre que se realice con dos caracter\u00edsticas: que sea socialmente equitativa y que se encuentre cient\u00edfica y racionalmente justificada. En Espa\u00f1a, la poblaci\u00f3n mayoritariamente acept\u00f3, en 24 horas, una reclusi\u00f3n domiciliaria masiva durante meses y la ausencia total de contacto f\u00edsico fuera del n\u00facleo familiar, seguida de toques de queda durante m\u00e1s de un a\u00f1o. Los movimientos contrarios a estas medidas, protagonizados principalmente por sectores de extrema derecha, fueron insignificantes. Creo que la raz\u00f3n de la s\u00fabita aceptaci\u00f3n de estas medidas por parte de la poblaci\u00f3n se fundamenta en las dos caracter\u00edsticas antes se\u00f1aladas: una campa\u00f1a permanente de informaci\u00f3n por parte del gobierno acerca de los riesgos mortales del virus, y el hecho de que las medidas de confinamiento eran id\u00e9nticas para toda la poblaci\u00f3n. Es evidente que las sanciones coercitivas fueron \u2014como lo son en cualquier sociedad del presente\u2014 un elemento clave en el cumplimiento de dichas medidas. Pero, como nos ense\u00f1a Gramsci, la fuerza sin consenso no es suficiente. A mi juicio, el consenso social desarrollado durante el tiempo de pandemia nos puede indicar c\u00f3mo actuar en tiempos de cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Evidentemente, las fuerzas alternativas no contamos con el aparato medi\u00e1tico-institucional con el que cuenta el bloque hegem\u00f3nico. Nuestra debilidad, acrecentada durante d\u00e9cadas de derrota del movimiento obrero, nos impone construir nuestra fuerza desde posiciones muy minoritarias. Ahora bien: el tipo de discurso, pr\u00e1ctica y propuestas que realicemos pueden determinar el acierto de la estrategia.<\/p>\n<p>En este sentido, me parece de inter\u00e9s recuperar la propuesta de Harich de declarar bienes de uso y consumo objetivamente antisocialistas y anticomunistas. Es decir: hay bienes que, debido a los l\u00edmites de nuestro planeta, son sencillamente no universalizables. Estos bienes deben ser fuertemente restringidos, no por una pol\u00edtica fiscal que los convierta en bienes de lujo de unas clases privilegiadas, sino por ser controlados y empleados al servicio de la necesidad social. Del mismo modo que, durante el confinamiento del COVID-19, algunos sectores productivos sal\u00edan a trabajar \u2014por considerarse sectores esenciales\u2014 y otros no.<\/p>\n<p>Edificar un nuevo consenso social en torno al empleo racional de recursos menguantes, que prime la relaci\u00f3n entre el humano y la naturaleza frente al escenario de cat\u00e1strofe que hoy vivimos, no es tarea imposible. Pero s\u00f3lo ser\u00e1 factible rompiendo con los marcos del modelo actual. Reproducir acr\u00edticamente la parte \u201cm\u00e1s verde\u201d de las pseudopropuestas del capitalismo s\u00f3lo conllevar\u00e1 a reproducir el capitalismo. Con el riesgo para la especie que esto implica.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo aspecto. Termino estas l\u00edneas en Salamanca, en pantal\u00f3n corto, en el octubre m\u00e1s caluroso desde que existen registros. Lamentablemente, todos los signos de aceleraci\u00f3n de la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica que hoy son visibles, quedan sepultados para la mayor parte de la conciencia colectiva, en lo que los historiadores del futuro observar\u00e1n como una de las mayores disonancias cognitivas colectivas de la historia. Sin embargo, esto no tiene por qu\u00e9 permanecer inalterado. Lenin observ\u00f3 que, en ocasiones, la historia se acelera, como si el tiempo se dilatara y en unos meses se produjeran eventos que en condiciones normales tardar\u00edan d\u00e9cadas en ocurrir. Los sucesos posteriores a la crisis de 2008-2014 en Espa\u00f1a, o los eventos pol\u00edticos de M\u00e9xico de los \u00faltimos a\u00f1os, parecen confirmar esta visi\u00f3n heterog\u00e9nea del tiempo hist\u00f3rico. Llevado al tema que nos ocupa, es probable que dentro de muy poco ya no seamos los ecosocialistas los que tengamos que integrar en nuestros programas propuestas inc\u00f3modas para la clase trabajadora. Como expusimos Antonio J. Ant\u00f3n, Patricia Castro y yo mismo en una carta abierta al XXI Congreso del Partido Comunista de Espa\u00f1a en 2022, ya empieza a hacerse patente que son las clases dominantes las que en la propia realidad cotidiana comienzan a decretar medidas de racionamiento para las familias trabajadoras. En suma, ya no seremos nosotros los encargados de las malas noticias: ser\u00e1 la propia realidad la que imponga la necesidad de dar respuesta urgente a la cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En s\u00ed mismo, esto no es una buena noticia. Implica que el escenario de guerras, inestabilidad pol\u00edtica, tensiones y migraciones ir\u00e1 en aumento. Y la historia nos ha ense\u00f1ado que una crisis puede ser el escenario de una revoluci\u00f3n, pero tambi\u00e9n puede ser su sepulturera. El factor subjetivo que mencion\u00e1bamos antes ser\u00e1 determinante. Este escenario, que ya ha comenzado, deber\u00e1 encontrar una izquierda organizada y s\u00f3lida, capaz de aportar un marco pol\u00edtico cre\u00edble compartido a grandes rasgos por amplias capas de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Revista Com\u00fan<\/em>, 16-10-2023 (<a href=\"https:\/\/revistacomun.com\/blog\/tres-notas-sobre-marxismo-y-ecologia\/\">https:\/\/revistacomun.com\/blog\/tres-notas-sobre-marxismo-y-ecologia\/<\/a>)<\/p>\n<p>Imagen de portada: <a href=\"https:\/\/jessafoto.tumblr.com\/\">Jessa<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace medio siglo, el Informe al Club de Roma sobre los L\u00edmites del Crecimiento puso sobre la mesa una sencilla<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":14473,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1563],"tags":[],"class_list":["post-14472","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-crisis-ecosocial"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14472","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14472"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14472\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/14473"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}