{"id":14535,"date":"2023-11-12T05:00:25","date_gmt":"2023-11-12T04:00:25","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14535"},"modified":"2023-11-12T02:17:29","modified_gmt":"2023-11-12T01:17:29","slug":"entrevista-a-raimundo-cuesta-fernandez-sobre-unamuno-azana-y-ortega-tres-luciernagas-en-el-ruedo-iberico-y-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14535","title":{"rendered":"Entrevista a Raimundo Cuesta Fern\u00e1ndez sobre <i>Unamuno, Aza\u00f1a y Ortega, tres luci\u00e9rnagas en el ruedo ib\u00e9rico<\/i> (y III)"},"content":{"rendered":"<p>\u00ab<b>E<\/b><b>l quehacer de Ortega <\/b><b>c<\/b><b>onstituye parte sustancial de la memoria colectiva de un singular y truncado proyecto de reforma filos\u00f3fica y pol\u00edtica de Espa\u00f1a en el siglo pasado.\u00bb<\/b><\/p>\n<p>Raimundo Cuesta Fern\u00e1ndez (Santander, 1951), licenciado en Filosof\u00eda y Letras y doctor en Historia con premio extraordinario por la Universidad de Salamanca, fue catedr\u00e1tico en el IES Fray Luis de Le\u00f3n de Salamanca y ha sido Premio Nacional a la Innovaci\u00f3n Educativa. Profesor invitado y colaborador de universidades espa\u00f1olas y latinoamericanas, es especialista en historias de las disciplinas escolares, las relaciones entre historia y memoria, la evoluci\u00f3n del pensamiento cr\u00edtico y de la g\u00e9nesis de la cultura en la Espa\u00f1a contempor\u00e1nea. Cofundador de Cronos y Fedicaria, es miembro del equipo editorial de <i>Con-Ciencia Social. <\/i>Entre sus \u00faltimas publicaciones, <i>Las lecciones de Tersites<\/i> (2017), <i>Religi\u00f3n, historia y capitalismo<\/i> (2019) y <i>Unamuno, Aza\u00f1a y Ortega, tres luci\u00e9rnagas en el ruedo ib\u00e9rico <\/i>(2022).<\/p>\n<p><b><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/unamuno_azana_ortega_cuesta.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-13990 alignleft\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/unamuno_azana_ortega_cuesta.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"252\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/unamuno_azana_ortega_cuesta.jpg 795w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/unamuno_azana_ortega_cuesta-239x300.jpg 239w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/unamuno_azana_ortega_cuesta-768x966.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/a>Subraya en su libro muchas de las virtudes y defectos que orlan la compleja y contradictoria figura de Ortega. Afirma que fue un gran pensador, un espl\u00e9ndido escritor y un p\u00e9simo pol\u00edtico \u00bfAcaso fue el fil\u00f3sofo y ensayista espa\u00f1ol m\u00e1s sobresaliente del siglo XX? \u00bf<\/b><i><b>La rebeli\u00f3n de las masas<\/b><\/i><b> (1930) ha sido el libro espa\u00f1ol m\u00e1s influyente y difundido del siglo XX?<\/b><\/p>\n<p>Ciertamente, Ortega fue un pensador y un prosista de dimensiones colosales, en el que la b\u00fasqueda de la elegancia en el razonamiento se reviste de un exquisito cuidado del estilo hasta el punto que literatura y filosof\u00eda se hermanan siendo sus textos (con mejor o peor fortuna) una simbiosis de ambas. Por lo dem\u00e1s, el \u00e9xito de la <i>Rebeli\u00f3n de las masas <\/i>(1930), libro que el propio autor juzgaba sobrevalorado, resulta, en efecto, incomparable, se encuentra en cualquier biblioteca universitaria del mundo occidental. Inspir\u00f3 toda clase de movimientos conservadores como fue el Coloquio Lipmann en el Par\u00eds de 1938, piedra fundacional del neoliberalismo. Tampoco yo creo que, pese a su estruendoso \u00e9xito, sea una obra de gran altura.<\/p>\n<p>No obstante, mi trabajo de historiador ha buscado m\u00e1s que nada explorar c\u00f3mo se materializa en su persona un tipo ideal de intelectual p\u00fablico, que llamo \u00abol\u00edmpico\u00bb y \u00abluminiscente\u00bb, personaje que pretende erigirse en gu\u00eda espiritual de una generaci\u00f3n y fanal de ideas para enderezamiento de Espa\u00f1a a trav\u00e9s de su modernizaci\u00f3n (\u00abEspa\u00f1a es el problema, Europa es la soluci\u00f3n\u00bb). Al final, partidario de una sofocracia (gobierno de los sabios), en la estela dejada por su admirado Plat\u00f3n, como a este le ocurriera con el tirano de Siracusa, qued\u00f3 escaldado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n cuando os\u00f3 poner sus finas manos en las arenas movedizas del compromiso pol\u00edtico. Entonces, a menudo, lo sublime se mezcla y confunde con lo fr\u00edvolo.<\/p>\n<p>Rememorando la aristot\u00e9lica <i>\u00c9tica a Nic\u00f3maco<\/i>,<i> <\/i>gustaba decir: \u00abseamos en nuestra vida como arqueros que tienen un blanco\u00bb. La vida aut\u00e9ntica de los grandes hombres, insigne cofrad\u00eda a la que \u00e9l cre\u00eda pertenecer, consist\u00eda en la tensi\u00f3n entre vocaci\u00f3n y destino que modela el proyecto de vida de cada cual. Al respecto, llama la atenci\u00f3n, por su precocidad petulante, una carta que escribiera a su padre en 1905, a poco de llegar con veintid\u00f3s a\u00f1os a Leipzig para empezar su formaci\u00f3n en Alemania, en la que confiesa \u00abque hoy no existen en Espa\u00f1a m\u00e1s de dos o tres hombres que sepan media filosof\u00eda. Yo aspiro a saberla toda\u00bb. Hombre de numerosas y elevadas pretensiones, su proyecto de vida fue vapuleado una y otra vez por una realidad que ora le desanimaba a participar en la vida p\u00fablica, ora le paralizaba llegar a la culminaci\u00f3n de su obra filos\u00f3fica. La misma firmeza de sus deseos fue sacudida por diversas perturbaciones de su salud f\u00edsica y varias alteraciones depresivas. Son famosas las \u00abespantadas\u00bb, las actitudes parad\u00f3jicas y la caprichosa administraci\u00f3n de su compromisos y silencios.<\/p>\n<p><b>\u00bfC\u00f3mo se podr\u00eda definir pol\u00edticamente a Ortega? \u00bfEra partidario de un elitismo de ra\u00edces plat\u00f3nicas? \u00bfC\u00f3mo casa tal adscripci\u00f3n con el apelativo de \u00absocialista neokantiano\u00bb?<\/b><\/p>\n<p>En realidad, Ortega como cualquier ser humano no siempre fue el mismo y sus ideas filos\u00f3ficas y sus actitudes pol\u00edticas evolucionan en el curso de su existencia. No hay duda tampoco de que existe tambi\u00e9n alguna l\u00ednea de continuidad. Por ejemplo, con diecinueve a\u00f1os en 1902 factura su primer art\u00edculo de prensa y all\u00ed se filtra una precoz valoraci\u00f3n despreciativa de las masas vistas como \u00abturba\u00bb torpe.<\/p>\n<p>Desde luego, su fidelidad a Plat\u00f3n fue duradera y entusiasta. Eso no quita que en su primera formaci\u00f3n alemana (1905-1907) llegara comulgar con los ideales y la moral p\u00fablica de sus maestros neokantianos de Marburgo y con la impregnaci\u00f3n socialista acad\u00e9mica de ese entorno. En una palabra, cuando inicia despu\u00e9s de 1907 su carrera como intelectual p\u00fablico en Espa\u00f1a, su divisa ideol\u00f3gica se ahorma en una suerte de universo liberal-socialista que imprime car\u00e1cter a sus a\u00f1os j\u00f3venes. Empero combina esta proclividad socialista con una corriente elitista de fondo merced a la cual comprende el socialismo como una aristocracia de nuevo cu\u00f1o capaz de insertarse en las minor\u00edas elegidas llamadas a dirigir los destinos de la patria. Esos hervores juveniles filosocialistas ya han naufragado en <i>Espa\u00f1a invertebrada <\/i>(1921) cuando se afianza su giro conservador.<\/p>\n<p>Esa inicial mirada filosocialista se combina sin conflicto con la formaci\u00f3n alemana de pensador neokantiano. Pero esto cambia de manera sustancial a la altura de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). A partir de esos a\u00f1os va soltando lastre tanto en su pensamiento pol\u00edtico progresista como en su pr\u00edstina impronta germ\u00e1nica, y simult\u00e1neamente se empe\u00f1a en crear una filosof\u00eda propia a partir de la cr\u00edtica del racionalismo kantiano. Poco antes hab\u00eda fundado la Liga de la Educaci\u00f3n Pol\u00edtica (1913), creada junto a Aza\u00f1a, P\u00e9rez de Ayala y otros connotados hombres letrados del momento, y se adscribe al Partido Reformista, refugio de intelectuales reformistas, que tantean las posibilidades de transformaciones dentro del r\u00e9gimen de la Restauraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa fase de su vida llega a la cumbre con su celeb\u00e9rrima conferencia de 1914 sobre <i>Vieja y nueva pol\u00edtica<\/i>, verdadero canto de cisne de su carrera pol\u00edtica de hombre joven, que remata su primer y ef\u00edmero intento de crear el \u00abpartido de los intelectuales\u00bb (durante la II Rep\u00fablica volver\u00e1 a las mismas con la fundaci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n al Servicio de la Rep\u00fablica), al cual hab\u00eda invitado a sumarse, sin \u00e9xito, a Unamuno. Ortega fue inconstante en sus esfuerzos y pronto dej\u00f3 abruptamente el af\u00e1n pol\u00edtico y vir\u00f3 hacia el recogimiento y el aislamiento a fin de hacerse fil\u00f3sofo de verdad. En el mismo a\u00f1o de 1914 escribe en El Escorial su <i>Meditaci\u00f3n sobre el Quijote<\/i>, germen de una filosof\u00eda emergente basada en una racionalidad atravesada de vida, el raciovitalismo. Su apartamiento de la pol\u00edtica va seguida de un espectacular \u00e9xito en su primer viaje Argentina, donde ya presenta su nueva y original empresa filos\u00f3fica: <i>El Espectador<\/i>. Estamos ante un nuevo Ortega. El que va a estallar como fil\u00f3sofo en los a\u00f1os veinte, en los que decide cultivar un \u00abimperativo de intelectualidad\u00bb, es decir, de retirada al solitario hogar del pensamiento fuera de las tumultuosas aguas<i> <\/i>de la pugna partidaria.<\/p>\n<p><b>En 1923 un golpe de Estado militar conduce a la dictadura primorriverista. \u00bfCu\u00e1l fue la actitud del fil\u00f3sofo en ciernes?<\/b><\/p>\n<p>En efecto, Alfonso XIII en septiembre, estando todav\u00eda de veraneo en San Sebasti\u00e1n, acept\u00f3 el golpe del general Primo de Rivera y con ello la Monarqu\u00eda hipotec\u00f3 su futuro. La actitud de las fuerzas vivas ante la nueva situaci\u00f3n pol\u00edtica fue connivente. El mismo Ortega y <i>El Sol<\/i>, \u00absu\u00bb peri\u00f3dico, adoptaron una posici\u00f3n ben\u00e9vola y de espera, no en vano \u00e9l alberga ingenuas esperanzas acerca de la posibilidad de un breve par\u00e9ntesis de regeneracionismo castrense. Por a\u00f1adidura, sus principales preocupaciones a la saz\u00f3n estribaban en sacar adelante su <i>Revista de Occidente<\/i> (1923-1936), la ni\u00f1a de sus ojos. La actitud insumisa de un Unamuno (desterrado en Canarias y exiliado en Francia) o de Aza\u00f1a (que ya en 1924 lanza su <i>Apelaci\u00f3n a la Rep\u00fablica<\/i>) no fue moneda corriente al principio. Solo en los a\u00f1os terminales de la experiencia dictatorial, el mundo universitario estudiantil y del pensamiento como tal, Ortega con ellos, se suman a lo que fue una viva marea contra la pretensi\u00f3n de perpetuar institucionalmente la dictadura.<\/p>\n<p>Por su lado, Ortega, que mantuvo durante los a\u00f1os veinte una estrecha relaci\u00f3n con los hombres de la Instituci\u00f3n Libre de Ense\u00f1anza y lo m\u00e1s granado de la cultura madrile\u00f1a del momento, desde su \u00abfortaleza\u00bb de la <i>Revista de Occidente <\/i>(la tertulia celebrada en su sede fue el <i>sancta sanctorum<\/i> del orteguismo)<i> <\/i>y otras iniciativas que ponen de relieve su capacidad de \u00abemprendimiento\u00bb cultural. Su actividad docente sirve de caldo de cultivo para formar escuela y direcci\u00f3n espiritual de mentes tan excelsas como las sus disc\u00edpulos Xavier Zubiri y Jos\u00e9 Gaos. Por su lado, ahora cuaja el Ortega como pensador que pide abrirse paso con su raz\u00f3n vital y su perspectivismo. Sobre este \u00faltimo tema se publica en 1923 <i>El tema de nuestro tiempo<\/i> y durante la d\u00e9cada van saliendo a la luz varios vol\u00famenes de <i>El Espectador<\/i>. En <i>El Sol <\/i>van apareciendo por entregas <i>Espa\u00f1a invertebrada <\/i>y <i>Le rebeli\u00f3n de las masas<\/i>.<\/p>\n<p><b>Por cierto, \u00bfqu\u00e9<\/b> <b>tesis y conjeturas defendi\u00f3 Ortega <\/b><i><b>La Espa\u00f1a invertebrada<\/b><\/i><b>? \u00bfRazonables en el d\u00eda de hoy?<\/b><\/p>\n<p>Me temo que este famoso ensayo suyo haya sido m\u00e1s citado que le\u00eddo. El fascismo espa\u00f1ol de ayer y hoy, que tanto gusta ensalzar la glorias imperiales de la hispanidad, parad\u00f3jicamente suele identificarse con un libro que explica la historia de Espa\u00f1a como la historia de un fracaso. Sin duda, por su prosa y estilo directo, se trata de una obra perteneciente a la t\u00f3pica ensay\u00edstica acerca de los males de la patria. La audacia expresiva de Ortega no puede ocultar las debilidades de un texto que explica el continuo fracaso de Espa\u00f1a como consecuencia de la falta de una minor\u00eda egregia capaz de dirigir sus destinos con la avenencia del pueblo. Curiosamente, aunque en la primera parte sit\u00faa la crisis en la Edad Moderna, en la segunda, como si nada, se desdice y sit\u00faa el diagn\u00f3stico de la ruina de Espa\u00f1a en el hecho de haber carecido de una aut\u00e9ntica y en\u00e9rgica clase feudal.<\/p>\n<p>En fin, la falta de feudalismo habr\u00eda sido nuestro tal\u00f3n de Aquiles y ello habr\u00eda tra\u00eddo una consecuente falta de integraci\u00f3n y la consiguiente \u00abinvertebraci\u00f3n\u00bb de Espa\u00f1a. Subyace, pues, una teor\u00eda superlativamente elitista que traslada luego a <i>La rebeli\u00f3n de las masas <\/i>(1930), a su an\u00e1lisis hist\u00f3rico de los males de Occidente.<\/p>\n<p><b>\u00bfDesde cu\u00e1ndo fue Ortega republicano? \u00bfApoy\u00f3 la llegada de la II Rep\u00fablica espa\u00f1ola? \u00bfCu\u00e1ndo y por qu\u00e9 se alej\u00f3 de ella?<\/b><\/p>\n<p>Su ruptura expl\u00edcita e inapelable con la Monarqu\u00eda data del art\u00edculo de noviembre de 1930 titulado <i>El error Berenguer<\/i>, en el que remata el texto con el conocid\u00edsimo lema: <i>Delenda est Monarchia!<\/i> El 14 de abril de 1931 se proclama la Rep\u00fablica y en junio de ese mismo a\u00f1o gana, dentro de la conjunci\u00f3n republicano-socialista y al mando de la Agrupaci\u00f3n al Servicio de la Rep\u00fablica (nueva versi\u00f3n de \u00abpartido de los intelectuales\u00bb), esca\u00f1o en las Cortes Constituyentes, que principian sus sesiones el 14 de julio de 1931. Dos meses despu\u00e9s golpea al Gobierno con un primerizo y sonoro aldabonazo de discrepancia (\u00abno es esto, no es esto\u00bb, reprocha), y en diciembre, d\u00edas antes de aprobarse la Constituci\u00f3n de 1931, ofrece una sensacional conferencia en el cine \u00d3pera de Madrid en la que aboga por la \u00abrectificar el perfil de la Rep\u00fablica\u00bb. Impaciencia cr\u00edtica de la que nunca dio se\u00f1ales durante franquismo.<\/p>\n<p>Como es costumbre ya atestiguada en sus anteriores veleidades pol\u00edticas, su originaria emoci\u00f3n republicana sufre alteraciones y desemboca en una acritud sin paliativos. Decepcionado y frustrado disuelve la Agrupaci\u00f3n al Servicio de la Rep\u00fablica y deserta de toda la actividad p\u00fablica en 1932, tras haber intentado sin ninguna fortuna crear una suerte de \u00abpartido nacional\u00bb.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, ya en la primavera de 1936, tras el triunfo del Frente Popular, urde un plan de irse de Espa\u00f1a con toda su familia, que, a causa de su delicada salud, no consigue consumar hasta poco despu\u00e9s del golpe de Estado del 18 de julio. Desde entonces, residente en Francia, Argentina y Portugal, su voluntario mutismo pol\u00edtico es un lamentable clamor de las frustraciones que hab\u00edan empedrado su trayectoria pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Por otra parte, en los a\u00f1os republicanos se afianza y expande la llamada \u00abEscuela de Madrid\u00bb. Ortega, abandonada la pol\u00edtica, imparte ya sus clases en la amplia y moderna ciudad universitaria situada al norte de la capital y all\u00ed su amigo, Garc\u00eda Morente, en su condici\u00f3n de decano, dise\u00f1a un plan innovador de los estudios de Filosof\u00eda. Entre 1933 y 1936 la tal escuela cobra su m\u00e1xima dimensi\u00f3n y el maestro, liberado de otros compromisos p\u00fablicos absorbentes, brilla en algunos de sus cursos como, por poner un ejemplo, <i>En torno a Galileo. Ideas sobre las generaciones decisivas del pensamiento europeo <\/i>(1933-1934).<\/p>\n<p>En aquel tiempo, junto a los Zubiri o Gaos, pupilos de anta\u00f1o y ahora ya colegas docentes de su mentor, siembra un nuevo semillero de disc\u00edpulos, que a causa de la guerra y la posterior dictadura se fragmentan en variadas direcciones. Ahora bien, Ortega desde los a\u00f1os treinta deviene en un fil\u00f3sofo cuya fama y audiencia traspasa fronteras. Este hecho, absolutamente imperante despu\u00e9s de terminada la Segunda Guerra Mundial, adquiere su m\u00e1s alta verificaci\u00f3n en Alemania al punto de que el \u00faltimo decenio de su vida su presencia f\u00edsica y su pensamiento se derraman hacia un horizonte mucho m\u00e1s amplio que el vislumbrado en el \u00abtibetanismo\u00bb espa\u00f1ol. Por entonces, se puede decir que es un fil\u00f3sofo europeo antes que nada. Ello no supone un cambio sustantivo en su sistema filos\u00f3fico originario que alcanza su plenitud en los a\u00f1os treinta con su concepto de raz\u00f3n hist\u00f3rica, pero s\u00ed matiza alguno de sus intereses que apuntan cada vez m\u00e1s hacia un europe\u00edsmo integral, quiz\u00e1 a modo de contrafigura del desventurado y desastroso devenir de su propio pa\u00eds.<\/p>\n<p>Su dimensi\u00f3n historicista y antiesencialista se pone de relieve en <i>La historia como sistema<\/i> (1935), libro en el que sostiene que el hombre no tiene esencia, tiene historia. Muy atinada afirmaci\u00f3n que no rima en nada con su inveterada mirada patriarcal y machista respecto a las mujeres, a las que atribuye una suerte de eterno encanto emanado de una misteriosa interioridad biol\u00f3gica diferencial.<\/p>\n<p><b>\u00bfC\u00f3mo interpreta el silencio p\u00fablico de Ortega durante la guerra y durante la dictadura franquista? \u00bfMiedo, prudencia, indecisi\u00f3n? \u00bfSu actitud es un ejemplo de eso que se viene llamando desde hace unos a\u00f1os \u00abla tercera Espa\u00f1a\u00bb?<\/b><\/p>\n<p>Eso de la \u00abtercera Espa\u00f1a\u00bb (invento propagado por Salvador Madariaga y otros) es un cuento consolador tan simple o m\u00e1s como lo ha sido el de \u00ablas dos Espa\u00f1as\u00bb. Tambi\u00e9n se quiso meter en el mismo saco \u00abtercerista\u00bb a Unamuno y a Aza\u00f1a.<\/p>\n<p>En fin, la hermen\u00e9utica de los silencios y el repertorio de ademanes equ\u00edvocos de Ortega durante la guerra espa\u00f1ola y despu\u00e9s de la misma, pertenecen al g\u00e9nero de los misterios insondables. La insolencia, inverecundia y enigm\u00e1tica actitud de su mutismo era muy compatible con un secreto a voces: que en privado manifestaba sin rubor que Espa\u00f1a hab\u00eda sufrido una revoluci\u00f3n comunista y que el levantamiento de julio de 1936 era una medida quir\u00fargica, aunque no deseada, imprescindible para evitar la propagaci\u00f3n de la peste revolucionaria.<\/p>\n<p>Lo cierto es que sus comparecencias p\u00fablicas en la Espa\u00f1a franquista, por vez primera en 1946 en el Ateneo de Madrid, caminan por la misma senda intelectual elusiva y descomprometida. En realidad, en su patria, como \u00e9l mismo acostumbraba a comentar, no pod\u00eda decir lo que pensaba y en Europa no quer\u00eda decirlo. La relaci\u00f3n con el r\u00e9gimen salido del 18 de julio est\u00e1 regida por un persistente malentendido y por un notabil\u00edsimo error de c\u00e1lculo acerca de sus posibilidades de influir y encauzar la tentaci\u00f3n totalitaria del momento. Ya Gregorio Mor\u00e1n (<i>El maestro en el erial<\/i>, 1998<i>), <\/i>en su torrencial ensayo, muy interesante y documentad\u00edsimo (innecesariamente vitri\u00f3lico acerca de su vida familiar), subray\u00f3 con acidez las miserias del fil\u00f3sofo (\u00abcobraba y callaba\u00bb). Junto a las \u00abgratificaciones\u00bb y privilegios econ\u00f3micos al jubilarse en 1953 (de una c\u00e1tedra que no ocupaba desde 1936), al mismo tiempo tuvo que aguantar la desconfianza de buena parte de los gerifaltes del franquismo, la animadversi\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica y la enemistad de los escol\u00e1sticos cat\u00f3licos que se hab\u00edan apoderado de la filosof\u00eda oficial universitaria.<\/p>\n<p><b>\u00bfSe puede hablar del declive de su carisma y presencia como pensador e intelectual influyente durante los a\u00f1os que siguen a la victoria franquista? \u00bfQueda algo de su huella en la generaci\u00f3n joven que espont\u00e1neamente le rinde homenaje extraoficial? <\/b><\/p>\n<p>A mi modo de ver, desde 1945 (cuando por primera vez regresa a Espa\u00f1a) se vive una suerte de oto\u00f1o del patriarca de la filosof\u00eda espa\u00f1ola: tibieza pol\u00edtica liberal vergonzante y desvanecimiento de su carisma filos\u00f3fico en su pa\u00eds. Adem\u00e1s de la cerrada animadversi\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica, de los integristas (opusde\u00edstas y otros) y de sus muchas extensiones tomistas universitarias, puede percibir que entre los hombres de letras falangistas palidece su anta\u00f1o brillo (atracci\u00f3n que proven\u00eda de la admiraci\u00f3n que Jos\u00e9 Antonio Primo de Rivera tuviera por su obra). Gentes como La\u00edn Entralgo y otros prefieren poner encima de la peana al rec\u00f3ndito Zubiri, el que fuera disc\u00edpulo de su otrora maestro y nueva estrella ascendente en la era del totalcatolicismo hispano.<\/p>\n<p>Pronto se va a volcar en la b\u00fasqueda y logro del \u00e9xito como pensador fuera de Espa\u00f1a, principalmente en Europa y m\u00e1s precisamente en Alemania. Antes hab\u00eda esbozado <i>La idea de principio en Leibniz<\/i> (1947), su libro de mayor ambici\u00f3n y sistematicidad filos\u00f3fica, que solo se publicar\u00e1 p\u00f3stumamente y que los expertos suelen interpretar como un acto inconcluso y relativamente fallido. Su \u00e9xito sin fronteras, lo alcanza en su gira de charlas europeas, alguna de dimensiones cuasi m\u00edticas como la impartida en la Universidad Libre de Berl\u00edn en 1949 (<i>De Europa Meditatio Quaedam<\/i>)<i> <\/i>ante un auditorio numeros\u00edsimo y expectante. All\u00ed quiere consolar e irresponsabilizar a los alemanes del pasado nazi, como en cierto modo hizo en 1946 con la incre\u00edble constataci\u00f3n de la \u00abenvidiable salud del pueblo espa\u00f1ol\u00bb, lanzada en el curso de su primera conferencia tras su regreso a su patria. Cada vez m\u00e1s, el patriarca de la filosof\u00eda espa\u00f1ola, se ve\u00eda embutido en el penoso traje del intelectual anticomunista de la guerra fr\u00eda, aunque nunca renunci\u00f3 a su actitud agn\u00f3stica y antiescol\u00e1stica.<\/p>\n<p>En una de esas andanzas de conferenciante de fortuna conoci\u00f3 a Martin Heidegger\u2026<\/p>\n<p><b>\u00bfEn 1953?<\/b><\/p>\n<p>Efectivamente, en 1953. Heidegger ya hab\u00eda sufrido un leve proceso de desnazificaci\u00f3n por sus evidentes connivencias con Hitler. El autor de <i>Ser y tiempo <\/i>siempre fue para \u00e9l una pesada sombra, aunque el trato personal estuvo cerca de la cordialidad y la debida cortes\u00eda entre pares. Desde luego, el maestro madrile\u00f1o nunca fue fascista, pero su liberalismo doctrinario y aristocr\u00e1tico exhib\u00eda una veta crecientemente reaccionaria muy propia de la guerra fr\u00eda; al final, consideraba al fascismo como un mal pasajero y al comunismo como el enemigo principal sin ning\u00fan paliativo.<\/p>\n<p><b>\u00bfSeguimos siendo orteguianos en t\u00e9rminos filos\u00f3ficos? \u00bfOrtega sigue siendo un referente esencial para el pensamiento espa\u00f1ol?<\/b><\/p>\n<p>Si hacemos caso del reciente y extenso libro de Jos\u00e9 Luis Villaca\u00f1as (<i>Jos\u00e9 Ortega y Gasset. Una experiencia filos\u00f3fica espa\u00f1ola<\/i>, 2023) la filosof\u00eda, y con ella Ortega, han dejado de ocupar un lugar central en la cultura espa\u00f1ola tal como la que logr\u00f3 imponer el pensador madrile\u00f1o en su tiempo de esplendor antes de la guerra civil. Seguramente la prolongada actividad del maestro de fil\u00f3sofos, cabeza de fila de una comunidad acad\u00e9mica de pensamiento y antorcha de la dimensi\u00f3n p\u00fablica y modernizadora del saber, se inscribe en lo que \u00e9l mismo calific\u00f3 de \u00abtradici\u00f3n de la intradici\u00f3n\u00bb y quiz\u00e1, como sostiene V\u00edctor M\u00e9ndez Baiges (<i>La tradici\u00f3n de la intradici\u00f3n. Historias de la filosof\u00eda espa\u00f1ola entre 1843 y 1973<\/i>, 2021), con \u00e9l en buena parte fenece una misi\u00f3n a duras penas continuada tras su muerte y hoy desmigajada en lecturas muy variadas de su legado.<\/p>\n<p>Soy historiador antes que fil\u00f3sofo pero tengo para m\u00ed que la obra de nuestro personaje ofrece m\u00faltiples y ricas aportaciones a ambas disciplinas. A m\u00ed me las sigue proporcionando. Solo que hay muchos Ortegas, como han demostrado sus copiosos ex\u00e9getas despu\u00e9s de la guerra civil, de modo que con su obra se puede levantar estandartes cr\u00edticos, pero tambi\u00e9n su lectura y comportamiento pueden invitar a la contemplaci\u00f3n reaccionaria del mundo.<\/p>\n<p><b>\u00bfQu\u00e9 supuso su muerte en octubre de 1955 y su entierro \u00aboficial\u00bb en Madrid?<\/b><\/p>\n<p>Signific\u00f3, sin duda, una p\u00e9rdida de un gran pensador que ya a la saz\u00f3n en Espa\u00f1a era una vieja gloria, apenas un superviviente al que, como sol\u00eda quejarse desde tiempos de la Rep\u00fablica, se le \u00abo\u00eda pero no escuchaba\u00bb. A quien la prensa sat\u00edrica motejaba de primer fil\u00f3sofo de Espa\u00f1a y quinto de Alemania, le lleg\u00f3 la muerte en octubre de 1955 en Madrid. Tan luctuoso hecho se vio acompa\u00f1ado de la consiguiente manipulaci\u00f3n con miras a tratar de llevar su figura el redil cat\u00f3lico (se monta la fantas\u00eda de que muri\u00f3 reconciliado con la Iglesia gracias a las habilidades de un padre agustino), no en vano la conversi\u00f3n de Ortega hab\u00eda llegado a ser una obsesi\u00f3n dilapidando rezos y presiones varias de la Iglesia cat\u00f3lica y sus extensiones entre la grey integrista del <i>totalcatolicismo<\/i>. De otro lado, el Gobierno de entonces no perdi\u00f3 la ocasi\u00f3n de transformar sus pompas f\u00fanebres en un acto oficial, empezando por la celeridad del p\u00e9same del Caudillo. Sus hijos, pese a no estar al margen del franquismo, padecieron lo ocurrido como una utilizaci\u00f3n burda y torticera de su padre.<\/p>\n<p>Frente a estas miserables maniobras, poco despu\u00e9s y al margen de la oficialidad, los universitarios madrile\u00f1os montaron un homenaje sentido y espont\u00e1neo al viejo maestro. Eran los mismos que en 1956 protagonizan la primera revuelta estudiantil contra el r\u00e9gimen franquista implantado por sus padres. Para ellos Ortega era ya una leyenda liberal que deb\u00eda ser reclamada, aunque pronto las nuevas generaciones dejar\u00e1n de beber en los hontanares orteguianos y pasar\u00e1n a combatir bajo banderas m\u00e1s radicales y muy distantes del patronazgo y magisterio del pensamiento del que fuera catedr\u00e1tico madrile\u00f1o de Metaf\u00edsica.<\/p>\n<p><b>Le pido un breve comentario sobre las palabras con las que finaliza el libro: \u00abSu estampa [la de Ortega]\u2026 persiste en la memoria y el imaginario colectivo, aunque tambi\u00e9n su vida sea la quintaesencia de un fracaso pol\u00edtico, que compendia y resume espl\u00e9ndidamente la tremenda crisis y las abundantes contradicciones de los intelectuales en la era de las cat\u00e1strofes del siglo XX. Unamuno y Aza\u00f1a fueron abrasados en la vor\u00e1gine de la guerra espa\u00f1ola; Ortega, pese a grandes instantes del luminoso \u00e9xito despu\u00e9s de 1936, se fue inmolando a fuego lento en las ulcerantes ascuas dejadas por la guerra y la dictadura.\u00bb<\/b><\/p>\n<p>Evidentemente, el quehacer de Ortega ha sido y es un jal\u00f3n inevitable en la historia cultural y pol\u00edtica del siglo XX. Constituye parte sustancial de la memoria colectiva de un singular y truncado proyecto de reforma filos\u00f3fica y pol\u00edtica de Espa\u00f1a en el siglo pasado.<\/p>\n<p>Sin duda, en plena edad de Plata de la cultura espa\u00f1ola, entre sus coet\u00e1neos se cuentan otros valiosos artistas, escritores y pensadores. No obstante, la altura de sus saberes y el valor arquet\u00edpico de su labor como intelectuales p\u00fablicos resulta incomparable con la realizada por Unamuno, Aza\u00f1a y Ortega, las luci\u00e9rnagas seleccionadas en mi estudio. Los tres comparten un destino aciago y terrible, aunque muy distinto. La rememoraci\u00f3n de su vida y su obra sigue siendo un testimonio candente de las insuficiencias que exhibieron los compromisos y actitudes de la mayor parte de la intelectualidad espa\u00f1ola en una coyuntura azarosa y plena de quebrantos tal como fue la guerra y la posterior dictadura.<\/p>\n<p>En verdad, a diferencia de las otras dos lumbreras, tras la guerra de Espa\u00f1a el abrasamiento, zozobra y erosi\u00f3n de Ortega se cuece a fuego lento. Por lo dem\u00e1s, estimo que su comportamiento p\u00fablico en aquellos sombr\u00edos tiempos queda desprovisto de cualquier dimensi\u00f3n aleccionadora para las generaciones del presente y del futuro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEl quehacer de Ortega constituye parte sustancial de la memoria colectiva de un singular y truncado proyecto de reforma filos\u00f3fica<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":14536,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19,8,17,5],"tags":[920,2031,2064],"class_list":["post-14535","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-filosofia","category-historia","category-literatura","tag-entrevista-a-autor","tag-raimundo-cuesta-fernandez","tag-unamuno-azana-y-ortega-tres-luciernagas-en-el-ruedo-iberico"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14535","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14535"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14535\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/14536"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14535"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14535"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14535"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}