{"id":14769,"date":"2023-12-31T05:00:33","date_gmt":"2023-12-31T04:00:33","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14769"},"modified":"2023-12-31T01:42:28","modified_gmt":"2023-12-31T00:42:28","slug":"nunca-es-ahora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=14769","title":{"rendered":"Nunca es ahora"},"content":{"rendered":"<p>Nada m\u00e1s actual que lo intemporal. Lo que solemos llamar \u00abactual\u00bb deber\u00edamos llamarlo \u00abef\u00edmero\u00bb. No hay noticias en tiempo real (manera un tanto curiosa de designar el presente). No s\u00f3lo porque cuando nos llega la noticia de un hecho, por r\u00e1pida que llegue, el hecho ya pertenece al pasado, sino porque incluso los sucesos de los que somos testigos presenciales s\u00f3lo alcanzan la entidad de hechos cuando la impresi\u00f3n que nos producen ha empezado a sedimentarse en la memoria (rep\u00e1rese en que \u00abhecho\u00bb es un participio perfecto, o sea \u00abacabado\u00bb, \u00abpasado\u00bb).<\/p>\n<p>Y es que se hace imposible tener conciencia sin memoria. Desenga\u00f1\u00e9monos, pues: no vivimos en el presente, sino en el pasado. S\u00f3lo en el pasado, como su nombre indica, acaban de pasar las cosas. El presente es una quimera, inaprensible e inefable, como todo el mundo sabe que es el instante, el ahora, ese l\u00edmite inextenso y sin duraci\u00f3n, esa frontera que separa el pasado del futuro. Y s\u00f3lo cobramos conciencia de las fronteras cuando las hemos cruzado.<\/p>\n<p>De modo que esa gente que vive pendiente de la \u00abactualidad\u00bb (es decir, la mayor\u00eda de nosotros), en realidad no vive, sino que desvive. Se desprende compulsivamente de las vivencias habidas para hacer sitio a otras nuevas que se presumen superiores y superadoras de todo lo vivido. Esfuerzo est\u00e9ril, porque en el mejor de los casos nuestra mente s\u00f3lo logra procesar una tenue c\u00e1scara de las llamadas \u00abnovedades\u00bb. Cualquiera puede, en cambio, hacer la experiencia de leer la prensa con unos cuantos d\u00edas de retraso y comprobar que le encuentra mucho m\u00e1s sentido y contenido a la informaci\u00f3n \u00abatrasada\u00bb que cuando la ley\u00f3 por vez primera.<\/p>\n<p>Dir\u00edamos que esto pone de manifiesto la parad\u00f3jica naturaleza de nuestras facultades cognoscitivas, en las que la curiosidad (que puede considerarse equivalente al af\u00e1n por conocer lo nuevo) nos juega la mala pasada de hacernos correr tras la novedad sin dar tiempo a hacernos plenamente cargo de lo que vamos sabiendo. Cierto que sin curiosidad, la especie humana no habr\u00eda evolucionado como lo ha hecho. Pero la trampa que nos tiende esa tendencia, sin duda \u00fatil en s\u00ed misma, puede llegar a ser mortal para una cultura social con o\u00eddos s\u00f3lo para \u00abel \u00faltimo grito\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso no es de extra\u00f1ar que los pensadores que se han preocupado por diagnosticar e intentar sanar los males de nuestra cultura, empezando por aquel \u00abconservador revolucionario\u00bb llamado Plat\u00f3n, coincidan por lo general (con excepci\u00f3n de nuestros fil\u00f3sofos(?) posmodernos esclavos de la moda presentista) en situar los conceptos y valores fundamentales en el \u00e1mbito de lo intemporal. Porque lo intemporal es, por definici\u00f3n, lo que no se ve arrastrado por la corriente del tiempo. Cosa que, como afirmamos al principio, hace de ello lo \u00fanico realmente actual, lo que siempre est\u00e1 <em>en acto<\/em>.<\/p>\n<p>Obviamente no son lo mismo lo intemporal y lo pasado. Pero tienen algo en com\u00fan: su naturaleza inalterable. Lo que est\u00e1 fuera del correr del tiempo (aunque por eso mismo se halla presente en cada instante del tiempo) est\u00e1 completamente a salvo de cualquier cambio o alteraci\u00f3n (aunque precisamente por eso hace que sea real el resultado de todo cambio y alteraci\u00f3n). Asimismo lo pasado, al quedar para siempre a resguardo de la inestabilidad del presente y, no digamos ya, de la amenaza del futuro, resulta tan inalterable como lo intemporal propiamente dicho. El pasado, contra lo que a mentes ingenuas puedan hacer creer las paparruchas de cierta filmo-ciencia-ficci\u00f3n t\u00edpicamente yanqui, es irrevocable. Pueden, sin duda, los mit\u00f3logos disfrazados de historiadores intentar reescribirlo (de hecho lo est\u00e1n haciendo continuamente). Pero nunca dejar\u00e1 de ser lo que ha sido, pues su ser se ha vuelto intemporal, como las ideas plat\u00f3nicas y los conceptos aristot\u00e9licos, pese a carecer de la universalidad que caracteriza a \u00e9stos.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, el car\u00e1cter estricta e irreductiblemente particular, singular e individual de los hechos hist\u00f3ricos (es decir de todos los hechos, incluidos los m\u00e1s cotidianos, corrientes y anodinos, menos susceptibles, por tanto, de ser incluidos en ning\u00fan libro de historia) les confiere una capa suplementaria de protecci\u00f3n contra la modificaci\u00f3n y el cambio, que siempre resulta m\u00e1s f\u00e1cil de introducir subrepticiamente en toda realidad de alcance general. Los hechos concretos, en definitiva, no admiten grados, no admiten los adverbios \u00abm\u00e1s\u00bb o \u00abmenos\u00bb: Constantinopla no fue \u00abm\u00e1s o menos\u00bb conquistada por los otomanos en 1453 \u00abm\u00e1s o menos\u00bb, ni el Vall\u00e9s \u00abm\u00e1s o menos\u00bb Occidental se inund\u00f3 \u00abm\u00e1s o menos\u00bb el 25 de septiembre de 1962 causando \u00abm\u00e1s o menos\u00bb la muerte de centenares de personas, como tampoco un servidor se rompi\u00f3 \u00abm\u00e1s o menos\u00bb el h\u00famero izquierdo en \u00abm\u00e1s o menos\u00bb el oto\u00f1o de 1960 en Gerona, \u00abm\u00e1s o menos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00e1 quiz\u00e1 por eso, por lo dif\u00edcil que resulta desconstruir el p\u00e9treo pasado en comparaci\u00f3n con la facilidad con que el pol\u00edtico manipulador de turno construye futuros de plastilina o papel mach\u00e9, ser\u00e1 por eso, digo, por lo que cada vez se estudia menos la historia (<em>history<\/em>, en ingl\u00e9s) y se entretiene m\u00e1s al personal con historias (en ingl\u00e9s<em> stories<\/em>) o historietas?<\/p>\n<p>En todo caso est\u00e1 claro que el sistema socioecon\u00f3mico que la mayor\u00eda padecemos (aunque no faltan los masoquistas) y una minor\u00eda disfruta tiene la imperiosa necesidad de arrojar continuamente al basurero de la historia, no ya personajes cuyas ideas o ejemplo le resultan inc\u00f3modos, sino cantidades ingentes de sus propios productos, cuya irrevocable obsolescencia decreta el sistema a\u00f1o tras a\u00f1o a fin de obligar, tanto a masoquistas como a rebeldes, a \u00abrenovar\u00bb vestuario, medio de transporte, herramientas de comunicaci\u00f3n y todo tipo de costumbres (\u00e9sas que nos ahorran, en la vida cotidiana, dedicar energ\u00edas mentales a actividades rutinarias para dedicarlas, en cambio, a pensar en asuntos de mayor trascendencia que suelen comportar m\u00e1s altas dosis de placer est\u00e9tico e intelectual). Ya pueden las gentes con un m\u00ednimo, siquiera, de conciencia ecol\u00f3gica (para lo que tampoco hace falta ser ecologista radical y proponer como modelo de vida las comunidades <em>Amish<\/em> de Pennsylvania, como aquella de la pel\u00edcula <em>\u00danico testigo<\/em>), ya pueden, digo, desga\u00f1itarse advirtiendo que el crecimiento econ\u00f3mico sin l\u00edmites, p\u00e9simamente repartido, adem\u00e1s, nos aboca al desastre: los que rigen los destinos del planeta s\u00f3lo ven en esas advertencias una oportunidad m\u00e1s para imponer un en\u00e9simo cambio tecnol\u00f3gico que, cual truco de prestidigitaci\u00f3n, no har\u00e1 m\u00e1s que cambiar al conejo de chistera mientras le procura al \u00abmago\u00bb nuevas y jugosas fuentes de ingresos.<\/p>\n<p>Para este \u00faltimo cambalache (que tampoco ser\u00e1 el \u00faltimo, salvo que realmente d\u00e9 por fin al traste con la biosfera) el sistema cuenta a su favor con la antes mencionada fascinaci\u00f3n humana por lo \u00abnuevo\u00bb (desde tiempo inmemorial se sabe y est\u00e1 comprobado por los expertos en mercadotecnia que calificar a cualquier producto de \u00abnuevo\u00bb (aunque, como en muchos casos ocurre, no lo sea) se traduce autom\u00e1ticamente en un aumento de las ventas. Se trata, sin duda, de un inequ\u00edvoco rasgo infantiloide de la mentalidad colectiva (que, a su vez, no es m\u00e1s que el refuerzo de las mentalidades individuales por efecto de la mera suma).<\/p>\n<p>Pues bien, como en todos los dem\u00e1s \u00e1mbitos de la interacci\u00f3n social (para no abarcar demasiado nos abstenemos de aludir a la consabida tendencia a sentirnos atra\u00eddos por posibles nuevas parejas), tambi\u00e9n en pol\u00edtica, y concretamente en el \u00e1mbito de la organizaci\u00f3n partidista, se manifiesta ese rasgo infantiloide. De ah\u00ed que llevemos ya varias d\u00e9cadas oyendo m\u00fasicas celestiales en cuya letra aparecen todas las variantes imaginables de la expresi\u00f3n \u00abnuevas formas de hacer pol\u00edtica\u00bb. Sobre todo en eso que, por inercia, nos empe\u00f1amos en seguir llamando \u00abizquierda\u00bb. El resultado de prestar o\u00eddos a esas voces de sirena, que aun surgiendo de bocas \u00abprogresistas\u00bb proceden, en \u00faltimo t\u00e9rmino, de las profundas gargantas del sistema siguiendo la lampedusiana consigna de cambiarlo todo para que nada cambie, el resultado de ello, digo, lo tenemos a la vista: \u00abrevolucionismo\u00bb verbal al m\u00e1s rancio estilo de los casinos de hace cien a\u00f1os, donde mentes enardecidas arreglaban el mundo sin levantar del sill\u00f3n los cuerpos que las albergaban. La novedad, de un tiempo a esta parte, no consiste ya, como hace cincuenta a\u00f1os, en tratar obsesivamente de hallar nuevos \u00absujetos revolucionarios\u00bb, visto que la clase obrera dec\u00edan \u2015sin consultarle a ella, por supuesto\u2015 que ya no estaba por la labor, sino en construir un nuevo discurso transgresor de la gram\u00e1tica, de la l\u00f3gica y de la historia, cuya primera proposici\u00f3n condena ad\u00e1nicamente todo el pasado como un inmenso error-pecado y proh\u00edbe rescatar de \u00e9l el m\u00e1s m\u00ednimo fragmento, so pena de proscripci\u00f3n perpetua y obligaci\u00f3n estricta de portar una estrella rojiparda sobre el pecho.<\/p>\n<p>Pocas dudas puede uno tener de que a esta \u00abnueva\u00bb pol\u00edtica le pasar\u00e1 como a esos adolescentes que, a fuerza de despreciar todo lo anterior a su fugaz presente, cuando cumplen veinte a\u00f1os se sienten viejos sin remedio. <em>Sic transit gloria mundi<\/em>.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Cr\u00f3nica pol\u00edtica<\/em>, 15-12-2023 (<a href=\"https:\/\/www.cronica-politica.es\/nunca-es-ahora\/\">https:\/\/www.cronica-politica.es\/nunca-es-ahora\/<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada m\u00e1s actual que lo intemporal. 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