{"id":1478,"date":"2011-01-09T00:00:00","date_gmt":"2011-01-08T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1478"},"modified":"2020-02-21T16:27:03","modified_gmt":"2020-02-21T15:27:03","slug":"una-lectura-republicana-de-el-capital","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1478","title":{"rendered":"Una lectura republicana de El Capital"},"content":{"rendered":"<p><em>Sobre El orden de El Capital. Por qu\u00e9 seguir leyendo a Marx, de Carlos Fern\u00e1ndez Liria y Luis Alegre Zahonero<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El orden de El Capital<\/em> (ODEC), el \u00faltimo libro de Carlos Fern\u00e1ndez Liria (CFL) y Luis Alegre Zahonero (LAZ) se abre con una dedicatoria: \u201cA los comunistas\u201d. Toda una declaraci\u00f3n que merece el agradecimiento de cuantos formamos parte de esa admirable tradici\u00f3n. Su contenido, eso s\u00ed, interesa, debe interesar a gentes y estudiosos de muy diversa condici\u00f3n y orientaci\u00f3n pol\u00edtica y filos\u00f3fica.<\/p>\n<p>Prologado por Santiago Alba Rico, ODEC consta de una Introducci\u00f3n y de dos grandes secciones, as\u00ed como de un ap\u00e9ndice \u2013\u201cBreve apunte como prevenci\u00f3n a posibles malentendidos\u201d- de obligada lectura, y una bibliograf\u00eda casi inabarcable. No existe \u00edndice anal\u00edtico y nominal, probablemente por decisi\u00f3n de los propios autores.<\/p>\n<p>La primera parte, \u201cRescatar a Marx del marxismo\u201d, otra declaraci\u00f3n de intenciones, tiene como subt\u00edtulo \u201cConsideraciones sobre el \u00cdndice de El Capital, el Prefacio de 1867 y el Ep\u00edlogo de 1873\u201d, y est\u00e1 formada por tres cap\u00edtulos: \u201cEl problema de la teor\u00eda del valor\u201d, \u201cEl Prefacio al Libro I (1867): la normalidad de la ciencia\u201d, y el \u201cEp\u00edlogo al Libro I (2\u00aa edici\u00f3n alemana, 1873): la dial\u00e9ctica\u201d.<\/p>\n<p>La segunda parte, m\u00e1s voluminosa que la primera, el doble aproximadamente, lleva por t\u00edtulo \u201cEl orden de El Capital. Capitalismo, mercado y ciudadan\u00eda en la sociedad moderna\u201d y est\u00e1 formada por diez cap\u00edtulos. Cito algunos de ellos a t\u00edtulo de ejemplo: \u201c\u201cEconom\u00eda\u201d: la ciencia buscada\u201d, \u201cDerecho, mercado y sociedad moderna\u201d, \u201cEl valor\u201d, \u201cEl plusvalor\u201d, \u201cApropiaci\u00f3n mercantil y apropiaci\u00f3n capitalista\u201d, \u201cLa reproducci\u00f3n del sistema\u201d, \u201cCiudadan\u00eda y clase social\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 se trata, qu\u00e9 pretende esta nueva aproximaci\u00f3n al cl\u00e1sico del revolucionario de Tr\u00e9veris? En la contraportada del volumen se apuntan algunos de los objetivos perseguidos. Sucintamente: tal como han insistido en la mayor\u00eda de sus publicaciones conjuntas, CFL y LAZ creen que para establecer o reestablecer un di\u00e1logo entre marxismo e Ilustraci\u00f3n es preciso repensar la articulaci\u00f3n de la tr\u00edada Mercado, Derecho y Capital, reconstruyendo para ello el concepto de ciudadan\u00eda. El marxismo, la tradici\u00f3n marxista, conocida tesis de los autores, no pudo haber hecho peor negocio que regalar a adversarios y enemigos el concepto de Estado de Derecho, al tiempo que se enredaba en la tarea, que los autores consideran insensata, de inventar, generar o construir un \u201chombre nuevo\u201d, una \u201cconstrucci\u00f3n\u201d que pretend\u00eda ir m\u00e1s all\u00e1 del concepto de ciudadan\u00eda. Era una v\u00eda alocada de muy triste balance. Lo razonable hubiera sido demostrar (y acaso mostrar), por una parte, la incompatibilidad del capitalismo realmente existente con los principios jur\u00eddicos del Estado civil republicano, y, por otra, la plausible y consistente realizaci\u00f3n de esos principios en un marco donde imperasen las condiciones socialistas de producci\u00f3n. En s\u00edntesis, el capitalismo es contradictorio con el Estado civil republicano y \u00e9ste es, en cambio, con el socialismo, no precisamente con el socialismo (ir)real, con el que fuera el socialismo realmente existente.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n es entonces: \u00bfes esa tesis, la defendida por los autores, una concepci\u00f3n que beba de las fuentes marxianas y marxistas? Para CFR y LAZ, responder a este interrogante exige una lectura en su conjunto de la obra de Marx. La tarea emprendida, la finalidad de su investigaci\u00f3n, es mostrar que El Capital, su estructura, sus grandes tesis, sus hip\u00f3tesis, sus conceptos fuertes, sus teor\u00edas explicativas, son de hecho incomprensibles sino ininteligibles si arrancamos a Marx de la tradici\u00f3n republicana. Por el contrario, \u201clos m\u00e1s famosos enigmas y las cuentas pendientes de esta obra inacabada adquieren una nueva luz si se restituye al pensamiento de la Ilustraci\u00f3n el papel que a \u00e9l le corresponde\u201d. Complementariamente a ello se trata tambi\u00e9n de \u201cofrecer una lectura f\u00e1cil y sin presupuestos de los tres libros de El Capital, mostrando su cada vez m\u00e1s inquietante inquietud\u201d. Dos, o alg\u00fan cardinal mayor, en uno. M\u00e1s (y Marx) con menos. Los propios autores lo se\u00f1alan as\u00ed en el Ap\u00e9ndice de su obra: \u201cAqu\u00ed termina lo que consideramos que ha sido una lectura republicana de El Capital. Somos muy conscientes de lo mucho que nos hemos alejado de algunos t\u00f3picos que han marcado siempre la interpretaci\u00f3n de Marx. La paradoja gratificante en la que desembocamos es que, seg\u00fan creemos, el resultado se parece mucho m\u00e1s a Marx de lo que suele ser habitual. Y aunque bien podr\u00eda haber ocurrido lo contrario, resulta que desde esta perspectiva salen a la luz m\u00e1s motivos que nunca para seguir siendo marxistas\u201d [el \u00e9nfasis es m\u00edo]<\/p>\n<p>Pues bien, pretendo dar cuenta en sucesivas entregas de algunas de las tesis m\u00e1s centrales que vertebran este estudio, uno de los m\u00e1s grandes ensayos escritos en nuestro pa\u00eds sobre el gran cl\u00e1sico de las tradiciones emancipatorias. Deseo ahora destacar un nudo, que creo altamente significativo, un nudo que, dig\u00e1moslo epistemol\u00f3gicamente, pertenece a la g\u00e9nesis, al contexto del descubrimiento. Tomo base pata ello en el excelente, en el tambi\u00e9n imprescindible pr\u00f3logo, que Santiago Alba Rico ha escrito para El orden de El Capital.<\/p>\n<p>Este libro, se\u00f1ala el autor de Capitalismo y nihilismo, estaba supuestamente terminado en el verano de 1999. Fue entonces cuando CFL le anunci\u00f3 a Santiago Alba Rico que hab\u00eda firmado un contrato con Akal para su publicaci\u00f3n. \u201cEllo era el resultado de un proyecto que se hab\u00eda convertido en una obsesi\u00f3n desde los tiempos en los que juntos hab\u00edamos publicado Dejar de Pensar y Volver a pensar, empe\u00f1\u00e1ndonos en reivindicar el marxismo justo cuando, en el coraz\u00f3n de los a\u00f1os ochenta, todo parec\u00eda venirse abajo para esta tradici\u00f3n. Ten\u00edamos que explicar en definitiva que hab\u00eda tantas razones para seguir leyendo a Marx como razones hab\u00eda para seguir combatiendo el capitalismo\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, el volumen que CFL hab\u00eda preparado en 1999 iba a tener que esperar a\u00fan\u2026 \u00a1otros diez a\u00f1os de gestaci\u00f3n! \u00bfQu\u00e9, por qu\u00e9? Justo cuando lo ten\u00eda listo para la edici\u00f3n, un alumno de CFL \u201cllamado Luis Alegre Zahonero descubri\u00f3 un peque\u00f1o hilo suelto en su argumentaci\u00f3n y, tirando de \u00e9l, el libro entero se deshizo en mil retales que hab\u00eda que volver a componer. El problema era, adem\u00e1s, que para componerlo, hab\u00eda que emprender una discusi\u00f3n precisamente en el terreno en el que Marx no par\u00f3 toda su vida de moverse: el mundo de la econom\u00eda\u201d. Lo peque\u00f1o, el peque\u00f1o hilo en este caso, no s\u00f3lo es hermoso sino que puede ser altamente peligroso\u2026 o beneficioso, seg\u00fan se mire. La dial\u00e9ctica nos ense\u00f1a a ver la inexistencia de contradicciones donde no hay tales sino enga\u00f1osa apariencia.<\/p>\n<p>Ni a CFL ni a LAZ, ni tampoco a SAR, les resultaba f\u00e1cil emprender esa tarea sin ayuda. Pero, en 1999, \u201cen el marco de las primeras movilizaciones estudiantiles contra la mercantilizaci\u00f3n de la Universidad, Luis Alegre comenz\u00f3 a trabajar estrechamente con Econom\u00eda Alternativa (grupo estudiantil muy activo que se hab\u00eda formado con profesores como Xabier Arrizabalo, Diego Guerrero o Enrique Palazuelos)\u201d. Con buenas razones, prosigue SAR, \u201cLAZ repite con frecuencia que este libro es en gran medida una defensa del derecho a considerar estrictamente marxista el enfoque de una investigaci\u00f3n como la que se recoge en Ajuste y salario (Madrid: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2009)\u201d. Antes de ello, \u201ctras una interminable correspondencia entre CFL y LAZ, decidieron reemprender juntos la redacci\u00f3n del libro\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l fue el hilo descubierto? El problema, se\u00f1ala SAR, surgi\u00f3 \u201cen torno al concepto de \u201cprecio de producci\u00f3n\u201d, pero afectaba a la interpretaci\u00f3n del orden interno de todo El Capital\u201d. No descubramos acontecimientos por ahora. Digamos tan s\u00f3lo que la historia de esta aproximaci\u00f3n al cl\u00e1sico marxiano es muy paralela a lo acontecido con la obra del propio Marx. Sabe a \u00e9l desde su cocina. Tambi\u00e9n aqu\u00ed el rehacer, el revisar lo ya hecho tras a\u00f1os de trabajo, conduce a grandes resultados y tambi\u00e9n aqu\u00ed el papel de las movilizaciones sociales, estudiantiles en este caso, crearon una atm\u00f3sfera intelectual donde las \u201cgrandes esperanzas\u201d, pol\u00edticas y te\u00f3ricas, ten\u00edan la sal de una tierra que ha sido muy f\u00e9rtil<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p><strong>Una lectura republicana de El Capital (II).<\/strong><\/p>\n<p><strong>Contra las entregas est\u00fapidas y desinformadas<\/strong><\/p>\n<p>En el pr\u00f3logo, en el magn\u00edfico pr\u00f3logo que ha escrito para El orden de El Capital (ODEC), Santiago Alba Rico habla de un momento muy inquietante, en el Libro III de El Capital, en el que \u201cMarx nos dice que si las mercanc\u00edas se vendieran a sus valores, quedar\u00eda abolido todo el sistema de la producci\u00f3n capitalista, de manera que puede interpretarse que la teor\u00eda del valor resulta incompatible con lo que ocurre en la realidad\u201d. Lo de menos, prosigue SAR, es que \u201cMarx vaya a demostrar, quiz\u00e1s, que esto solo ocurre \u201cen apariencia\u201d, porque, en el fondo, la teor\u00eda del valor sigue cumpli\u00e9ndose de todos modos\u201d; lo inquietante, remarca el coautor de El naufragio del hombre, es que \u201cMarx diga a continuaci\u00f3n que si del hecho demostrado de que \u201clas mercanc\u00edas no se venden a sus valores\u201d hubiera que concluir \u201cque la teor\u00eda del valor es falsa\u201d, resulta que la conclusi\u00f3n no ser\u00eda que la teor\u00eda del valor es falsa, sino que el capitalismo es incomprensible\u201d [el \u00e9nfasis es m\u00edo].<\/p>\n<p>Tiene raz\u00f3n sin duda Santiago Alba Rico cuando se\u00f1ala a continuaci\u00f3n que esa \u201cforma de argumentar tiene algo de extravagante\u201d. Lo parece ciertamente. Lo mismo ocurre en otro pasaje no menos inquietante. Justo en el momento en que Marx \u201cacaba de demostrar que la tasa de ganancia tiende a igualarse para todos los sectores con independencia de lo intensivos que sean en mano de obra y todo hace pensar que la fuente del plusvalor ya no es el trabajo y que, por consiguiente, la teor\u00eda del valor deja de cumplirse\u201d, Marx infiere, se\u00f1ala Alba Rico, que, \u201csi esto fuera as\u00ed (y lo inquietante es que acaba de demostrar que es as\u00ed), \u201cdesaparecer\u00eda todo fundamento racional para la econom\u00eda pol\u00edtica\u201d\u201d.<\/p>\n<p>Ni m\u00e1s ni menos. Sin teor\u00eda del valor no hay posibilidad de entender nada. Si los hechos empujan o empujaran a hacernos pensar que la teor\u00eda est\u00e1 extraviada, no ser\u00eda el caso entonces, como parece popperianamente razonable, que tal conjetura fuera falsa o que quedara herida de muerte \u201csino que la realidad es incomprensible\u201d. \u00a1Qu\u00e9 pensar\u00eda el otro Karl, el de Conocimiento objetivo, si pudiera levantar de nuevo la cabeza aunque fuera unos instantes! \u00bfExiste alg\u00fan caso otro similar en el \u00e1mbito del conocimiento positivo? No parece que la respuesta, prima facie, pueda ser positiva. \u00bfEstamos aqu\u00ed entonces ante una clara muestra de insensatez epist\u00e9mica marxiana? Por qu\u00e9 entonces, sigue pregunt\u00e1ndose el autor de Noticias, Marx est\u00e1 tan seguro de que \u201cno se puede renunciar a la teor\u00eda del valor incluso cuando acaba de demostrar \u00e9l mismo que la teor\u00eda del valor no se cumple\u201d. \u00bfSer\u00e1 que en el fondo s\u00ed se cumple?, \u00bfser\u00e1 que es posible encontrar la ley de transformaci\u00f3n de valores en precios?<\/p>\n<p>Este fue, se\u00f1ala el prologuista, el camino que sigui\u00f3 la tradici\u00f3n marxista con el famoso problema de la transformaci\u00f3n. Resumiendo y esperando no desvirtuar: las mercanc\u00edas se venden a un precio que es proporcional al capital invertido, pero la teor\u00eda del valor \u201dexige que los precios sean proporcionales a la cantidad de trabajo que ha intervenido en su fabricaci\u00f3n\u201d. A partir de este punto, la tradici\u00f3n no ha cesado de intentar encontrar un procedimiento capaz de transformar los valores en precios. Us\u00f3 para ello, una dial\u00e9ctica que normalmente ha jugado \u201ccon lo que ocurre \u201cen apariencia\u201d y lo que ocurre \u201cen el fondo\u201d. En este g\u00e9nero de argucias te\u00f3ricas \u2013esencia\/apariencia, fondo\/superficie, forma\/contenido.- se han escondido a menudo aut\u00e9nticos trucos de prestidigitaci\u00f3n que permit\u00edan al marxismo decir lo mismo y lo contrario al mismo tiempo con tan solo sacarse de la manga dos (o tres) niveles de an\u00e1lisis\u201d.<\/p>\n<p>Ataviados falsamente de una supuesta (e imprecisa) l\u00f3gica dial\u00e9ctica, \u201cestos recursos se convirtieron en una continua estafa cient\u00edfica\u201d. El libro de CFR y LAZ, anuncia Santiago Alba Rico, reserva al lector\/a una buena sorpresa al respecto. \u00bfQu\u00e9 sorpresa? La siguiente: lo que sus autores vienen a demostrar \u201ces que el problema que estaba en juego en esa tozudez marxiana por ligar la econom\u00eda a la teor\u00eda del valor no ten\u00eda que ver con el asunto de que \u00e9sta se \u201ccumpliera\u201d o no se \u201ccumpliera\u201d en la determinaci\u00f3n de los precios\u201d sino que ten\u00eda que ver m\u00e1s bien, nada m\u00e1s y nada menos, \u201ccon la delimitaci\u00f3n del objeto de estudio de la Econom\u00eda y, en concreto, con la forma en la que hay que pensar la articulaci\u00f3n entre Mercado y Capital, por una parte, y entre Derecho, Ciudadan\u00eda y Capital, por otra\u201d. De este modo, pod\u00eda ser perfectamente falso que el valor-trabajo fuera el determinante \u00faltimo de los precios, sin que, con ello, la teor\u00eda del valor tuviera que ser rechazada ya que \u201cpodr\u00eda ocurrir muy bien que la determinaci\u00f3n de los precios no fuera ni mucho menos aquello para lo que la teor\u00eda del valor resulta imprescindible\u201d.<\/p>\n<p>Podr\u00eda ocurrir muy bien que lo que se jugara en esa teor\u00eda fuera m\u00e1s bien la posibilidad de constituir un objeto cient\u00edfico propio para la econom\u00eda pol\u00edtica, de tal modo que sin ella, sin la vigencia de la teor\u00eda del valor, la Econom\u00eda misma se convirtiera en una estafa gnoseol\u00f3gica. Podr\u00eda ocurrir, prosigue Alba Rico, que la econom\u00eda no pudiera sino plantear mal todas las preguntas sin una previa aclaraci\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre Mercado, Capital y Ciudadan\u00eda, sin una comprensi\u00f3n clara de la articulaci\u00f3n de la sociedad moderna cuya \u201cley econ\u00f3mica fundamental\u201d trat\u00f3 Marx de esclarecer.<\/p>\n<p>El panorama descrito es excelente, prometedor, estimulante. \u00a1Qu\u00e9 m\u00e1s podemos pedirle a un pr\u00f3logo y a su autor sino que nos describa con mimo los olores de una degustaci\u00f3n apetecible! Vale la pena ver todo esto con m\u00e1s detalle. Veamos, transitando por esa misma l\u00ednea, lo que los autores se\u00f1alan en la Introducci\u00f3n de su ensayo (p\u00e1ginas 17-27).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es el capitalismo?, se preguntan. Parece f\u00e1cil la respuesta, pero \u201cuna vez formulada la pregunta, no podemos dejar de reconocer que no tiene una f\u00e1cil respuesta\u201d. Las Facultades de Ciencias Econ\u00f3micas se van transformando progresivamente en escuelas de administraci\u00f3n de empresas o de t\u00e9cnicas de mercado, en \u201cciencias\u201d -\u00a1que alg\u00fan Dios gnoseol\u00f3gico nos proteja!- empresariales o para futuros empresarios y directivos. Pr\u00e1cticamente ha desaparecido el espacio te\u00f3rico e institucional para preguntar qu\u00e9 es eso del capitalismo. Por ello, se\u00f1alan CFL y LAZ, \u201cnecesitamos m\u00e1s que nunca volver a leer a Marx\u201d. Si Marx ha unido su nombre al de otros grandes autores del pensamiento universal ha sido por lograr formular, respecto a un terreno que hab\u00eda permanecido inexplorado hasta el momento, una pregunta tan desconcertante como las preguntas que se formula la f\u00edsica u otras disciplinas te\u00f3ricas. Por ejemplo, qu\u00e9 es el infinito o qu\u00e9 es un conjunto en el caso de las ciencias matem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>A pesar del ambiente neoliberal acad\u00e9mico (los planes de Bolonia intentan ejercer tambi\u00e9n su mando pragm\u00e1tico y autoritario en esta plaza), los autores creen que \u201cla pregunta por la consistencia interna del capitalismo, tal como la formula Marx, se est\u00e1 abriendo paso como a codazos y, de un modo inesperado, se est\u00e1 produciendo una significativa recuperaci\u00f3n del inter\u00e9s por El capital\u201d. Para CFL y LAZ, volver la mirada hacia Marx para que, entre otras cosas, nos ayude a entender las dimensiones reales de lo que est\u00e1 cayendo y como est\u00e1 cayendo, \u201cexige rescatar su obra de ese corpus que generalmente se reconoce como &#8216;marxismo&#8217; [\u2026] y que, en realidad, no es m\u00e1s que el producto de una doctrina de Estado que se fue configurando al agitado ritmo de las decisiones pol\u00edticas, sin hacer concesiones al sosiego, la tranquilidad y la libertad que requiere el trabajo te\u00f3rico\u201d.<\/p>\n<p>Esta es una de las primeras tesis que los autores defienden y formulan con claridad cartesiana: leer fruct\u00edferamente a Marx exige desgajarlo de ese corpus de falsas doctrinas que ha sido llamado \u201cmarxismo\u201d y que, en su opini\u00f3n, no es sino una ideolog\u00eda o una doctrina de Estado que seguramente sirvi\u00f3 para encubrir, con ropajes la mar de aparentes en ocasiones, acciones, posicionamientos y reflexiones poco transformadores. Para CFL y LAZ, uno de los efectos m\u00e1s desastrosos que tuvo para la tradici\u00f3n marxista revolucionaria \u201ceste modo de establecer su versi\u00f3n oficial\u201d, quiz\u00e1 fuera el haber regalado a la ideolog\u00eda liberal, y a sus activas prolongaciones actuales, \u201clos conceptos fundamentales de la tradici\u00f3n republicana\u201d. El negocio no pudo ser peor para las tradiciones emancipatorias, no s\u00f3lo para el marxismo claro est\u00e1, ni m\u00e1s redondo y rentable para la ideolog\u00eda (neo)liberal. \u00bfPor qu\u00e9? Porque \u201dno hay nada mejor para defender la postura propia que presentarla indisolublemente unida a ciertas aspiraciones irrenunciables de la humanidad\u2026 sin apenas oposici\u00f3n, el liberalismo econ\u00f3mico logr\u00f3 con gran habilidad defender de un modo veros\u00edmil la perfecta unidad entre libertad, derecho y capitalismo como ingredientes imprescindibles de la Sociedad moderna\u201d.<\/p>\n<p>El \u201cargumento liberal\u201d es resumido por CFL y LAZ en los dos pasos siguientes: 1. Tras siglos de represi\u00f3n y persecuci\u00f3n pol\u00edtico-cultural, la sociedad moderna surgi\u00f3 de la renuncia a imponer prescripciones vinculantes generales a partir de una consideraci\u00f3n fundamental: nadie tiene derecho a imponernos qu\u00e9 debemos creer o hacer en contra de nuestra propia voluntad. En realidad, \u201cel proyecto de fundar un Estado de derecho consistir\u00eda ante todo en romper con las ataduras y servidumbres ancestrales\u201d que prescrib\u00edan obligatoriamente para todos qu\u00e9 se deb\u00eda pensar, qu\u00e9 se deb\u00eda hacer, qu\u00e9 se deb\u00eda decir y en qu\u00e9 se deb\u00eda creer. 2. En el \u00e1mbito econ\u00f3mico, el anterior principio \u201cnos llevar\u00eda de un modo autom\u00e1tico a establecer una esfera del intercambio en la que nadie tuviera derecho a inmiscuirse en los acuerdos que se alcanzasen entre particulares (siempre, claro est\u00e1, que no supusieran una amenaza para terceros)\u201d. Para los autores de ODEC, el resultado de aplicar el principio de libertad civil a la esfera econ\u00f3mica \u201cconducir\u00eda a un mercado generalizado en el que cada uno pudiese perseguir libremente su propio inter\u00e9s\u2026 a un sistema de mercado guiado por la obtenci\u00f3n de beneficios y, por lo tanto, a un sistema capitalista\u201d. Dicho m\u00e1s sucintamente: sobre la base del principio de libertad civil, \u201cse obtendr\u00eda, por un lado, el concepto de Estado de derecho y, por otro, el concepto de capitalismo\u201d. Ambos \u2013Estado de Derecho, capitalismo- formar\u00edan parte inseparable del mismo sistema, la \u201csociedad moderna\u201d. De este modo, defender uno -el Estado de derecho- exigir\u00eda defender al mismo tiempo el otro -el capitalismo-. Dos al precio de uno; no uno sin el otro.<\/p>\n<p>En la lectura tradicional, el Estado de derecho constituir\u00eda la negaci\u00f3n de las comunidades cerradas, opacas y excluyentes, dando lugar a una sociedad marcada por el ego\u00edsmo individualista que, sin embargo, y eso se formulaba con \u00e9nfasis tomando pie en pasajes del Manifiesto Comunista, constituir\u00eda un progreso respecto a la etapa anterior. Pero, claro est\u00e1, quedaba pendiente el (tercer) momento (dial\u00e9ctico-sint\u00e9tico) de la negaci\u00f3n de la negaci\u00f3n. Con ella, \u201cse recuperar\u00eda una densidad comunitaria y una consistencia moral tan impecable que perfectamente se podr\u00eda prescindir del Derecho; una sociedad, en definitiva, tan felizmente marcada por el compromiso comunitario que pudiese por fin prescindir del sistema individualista de conceptos que caracteriza a la sociedad burguesa, es decir, ese sistema integrado por derecho y capitalismo\u201d. Era el comunismo, la finalidad esencial de la tradici\u00f3n marxista y de otras tradiciones emancipatorias.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 medida participa Marx de este modo de pensar?, se preguntan los autores. \u00bfEs as\u00ed como razona en El capital?, \u00bfderecho y capitalismo son dos caras inseparables de la misma moneda?. No es el caso en su opini\u00f3n. En absoluto. Para CFR y LAZ, \u201cla cr\u00edtica de Marx a la sociedad moderna est\u00e1 realmente muy lejos de compartir por completo la columna vertebral de la ideolog\u00eda liberal\u201d, su cr\u00edtica a la econom\u00eda pol\u00edtica constituye ante todo \u2013que no es poco- una impugnaci\u00f3n del lugar te\u00f3rico que el liberalismo asigna a cada concepto. Los autores van a defender no s\u00f3lo que, a partir de Marx, Derecho y capitalismo, est\u00e1n lejos de ser caras afables e interrelacionadas de la misma moneda, sino que m\u00e1s bien \u201cconstituyen dos elementos radicalmente incompatibles entre s\u00ed\u2026 lo que la obra de Marx vendr\u00eda a demostrar es m\u00e1s bien que el concepto de capitalismo es radicalmente incompatible con los principios m\u00e1s b\u00e1sicos del Estado civil\u201d. Ni m\u00e1s(Marx) ni menos: capitalismo versus Estado de Derecho. No uno con el otro.<\/p>\n<p>Actualmente, prosiguen CFL y LAZ, es ya posible y necesario aprender a leer El capital de un modo que permita distinguir, como ya se apunt\u00f3, la teor\u00eda de Marx \u201cde todas las modificaciones realizadas por la ideolog\u00eda de Estado que cristaliz\u00f3 en su momento con el nombre de &#8216;marxismo&#8217;\u201d. Para ello, sostienen, hay que analizar con todo detalle el orden de El capital, entendiendo por ello, la estructura te\u00f3rica de la obra y, con ello, \u201cla estructura pol\u00edtica que se analiza por medio de ella\u201d.<\/p>\n<p>La tarea ciertamente, reconocen CFL y LAZ, no est\u00e1 exenta de problemas. Un ejemplo nuclear. Marx comienza El capital con un an\u00e1lisis del concepto de mercanc\u00eda y, por lo tanto, de la idea de mercado. En el marco de la sociedad moderna, no cabe entender por mercado nada m\u00e1s que un espacio de confluencia entre sujetos jur\u00eddicamente reconocidos como libres e iguales que negocian entre s\u00ed para intercambiar bienes de los que son leg\u00edtimamente propietarios. La idea de mercado de la que parte El capital (y en la que se basan conceptos tan centrales como el de &#8216;valor&#8217;) toma pie en principios jur\u00eddicos como los de Libertad e Igualdad. A partir de ah\u00ed, tras la primera secci\u00f3n del libro I, recuerdan los autores de Comprender Venezuela, pensar la democracia, Marx parece ir deduciendo el resto de los conceptos que necesita poner en juego para sacar a la luz las leyes que rigen la sociedad capitalista. Sin embargo, \u201cya desde la segunda secci\u00f3n, surge la necesidad de dar cuenta de la compatibilidad de los nuevos conceptos que van surgiendo con los conceptos que, correspondientes a la idea de mercanc\u00eda, sirvieron como punto de partida\u201d. Esta cuesti\u00f3n, se\u00f1alan, requiere una pormenorizada investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Est\u00e1 hecha, la han realizado, es el libro que tenemos entre manos (y que deber\u00eda estar ya cerca de sus ojos). Hay algo, sin embargo, matizan, que puede ya adelantarse: de c\u00f3mo se interprete el orden de El capital, su estructura te\u00f3rica, depender\u00e1 en gran medida \u201cla relaci\u00f3n que quepa localizar entre derecho y capitalismo\u201d. Si fuera posible deducir el capitalismo a partir de los conceptos que toma Marx como punto de partida, habr\u00eda que admitir que los conceptos de libertad e igualdad bastar\u00edan para derivar de ellos las leyes de la sociedad moderna. De este modo, todos los intentos de interpretar el orden de El capital como un mero despliegue -en clave dial\u00e9ctica o no- del contenido de la secci\u00f3n primera, \u201ccompartir\u00edan en gran medida el modo como la sociedad moderna se cuenta a s\u00ed misma la relaci\u00f3n que hay a su base entre derecho y capitalismo\u201d. Conscientes del dif\u00edcil camino que se proponen transitar, CFL y LAZ apuntan algunas objeciones a las que quieren adelantarse desde el primer momento \u201cya que, honestamente, consideramos que se deben m\u00e1s bien a un malentendido y, sin embargo, sabemos con certeza que se van a presentar\u201d.<\/p>\n<p>La primera de las acusaciones, de las potenciales acusaciones, que consideran completamente infundada es la que los considere autores neorricardianos en vez de marxistas, confundiendo el concepto de valor que defienden con el del gran Piero Sraffa, el gran amigo y compa\u00f1ero de Antonio Gramsci, el m\u00e1ximo exponente del planteamiento neorricardiano, \u201ces algo tan desatinado como confundir el concepto de valor que utiliza Marx con el de Ricardo\u201d. Grandes economistas del siglo XX cometieron este error, se\u00f1alan: Schumpeter consideraba que la teor\u00eda del valor de Marx era en lo esencial id\u00e9ntica a la de Ricardo. Pero existe en su opini\u00f3n una diferencia irreductible que tiene que ver \u201ccon la funci\u00f3n fundamental que se asigna en cada caso a la teor\u00eda del valor\u201d. Ricardo construye el concepto de valor como una teor\u00eda de la determinaci\u00f3n de los precios, \u201cde las proporciones de intercambio entre las mercanc\u00edas individuales\u201d; para Marx, por el contrario, la teor\u00eda del valor \u201cconstituye ante todo una herramienta imprescindible para el an\u00e1lisis de la distribuci\u00f3n social y de la asignaci\u00f3n global entre las clases\u201d.<\/p>\n<p>La segunda objeci\u00f3n, igualmente potencial, a la que se enfrentan es la que considerar\u00eda antimarxista el uso que hacen del concepto de equilibrio. El concepto de &#8216;equilibrio&#8217; o &#8216;equilibrio general&#8217; ha sido siempre denostado en la tradici\u00f3n por el uso que hace de \u00e9l la econom\u00eda neocl\u00e1sica. Para hacerse cargo de la hostilidad que genera este modo de proceder que arranca con Walras, los autores nos remiten al art\u00edculo que escribieron Freeman y Carchedi en el libro, por ellos mismos editado, Marx and non-equilibrium economics: &#8216;The psychopatology of Walrasian marxism&#8217;. \u201cEsa psicopatolog\u00eda ser\u00eda un asunto muy grave en nuestro caso\u201d, se\u00f1alan. No obstante, a\u00f1aden, \u201ces obvio que en El capital opera algo al menos an\u00e1logo al concepto de equilibrio\u201d. Marx muestra que la sociedad capitalista no est\u00e1 nunca ni puede estar en equilibrio. Sin embargo, prosiguen, \u201cs\u00ed es necesario en el planteamiento de Marx alg\u00fan concepto que nos permita saber en qu\u00e9 sentido presionar\u00e1n los correctivos del mercado en cada una de las situaciones de desequilibrio que, en efecto, constituyen la realidad\u201d. S\u00f3lo es posible, concluyen, saber en qu\u00e9 sentido \u201cpresionar\u00e1n los correctivos\u201d si se acepta la validez de \u201calg\u00fan concepto al menos an\u00e1logo al de previsible (aunque siempre irreal) equilibrio en un sistema de competencia dado\u201d. Nada de todo esto implica afirmar, remarcan CFL y LAZ, \u201cque la realidad est\u00e9 realmente en alg\u00fan momento en equilibrio\u201d.<\/p>\n<p>El capital, recuerdan CFL y LAZ, no es una obra terminada. Excepto el libro primero, el resto qued\u00f3, a la muerte de Marx, pendiente de publicaci\u00f3n. Fue tarea de Engels, una inmensa tarea, casi inabarcable para un ser humano en solitario. El siglo y medio de controversias interminables respecto a los mismos temas, se\u00f1alan finalmente CFL y LAZ, \u201cdan tambi\u00e9n buena muestra de la oscuridad que existe en algunos puntos, y seguir disimulando para intentar que no se note es algo inaceptable desde el punto de vista tanto de la verdad como de la justicia\u201d. La fecundidad de la teor\u00eda marxista seguir\u00e1 cercenada, en su opini\u00f3n, \u201cmientras se sigan disimulando las dificultades, rellenando con propaganda los huecos del desarrollo cient\u00edfico, realizando deducciones confusas y fingiendo que se entienden con total claridad, colocando gr\u00e1ficos all\u00ed donde faltan conceptos y presentando como certezas absolutas las tesis m\u00e1s dudosas\u201d.<\/p>\n<p>La primera parte del camino emprendido, que lleva por t\u00edtulo \u201cRescatar a Marx del marxismo. Consideraciones sobre el \u00edndice de El capital, el Prefacio de 1867 y el Ep\u00edlogo de 1873\u201d, se abre con \u201cEl problema de la teor\u00eda del valor\u201d y con una mirada sobre Marx \u201ccomo el Galileo de la historia\u201d. Habr\u00e1 que proseguir, pues, por senderos galileanos. Ya Marx apunt\u00f3 que sus dos h\u00e9roes favoritos eran Espartaco y un corresponsal del descubridor de las manchas lunares, Johannes Kepler.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p><strong>Una lectura republicana de El Capital (III).<\/strong><\/p>\n<p><strong>Di\u00e1logo cr\u00edtico con Joseph A. Schumpeter.<\/strong><\/p>\n<p>La primera parte de El orden de El Capital (ODEC) lleva por t\u00edtulo, significativo t\u00edtulo desde luego, \u201cRescatar a Marx del marxismo\u201d. Volveremos sobre ello. Como subt\u00edtulo: \u201cConsideraciones sobre el \u00edndice de El Capital, el Prefacio de 1867 y el Ep\u00edlogo de 1872\u201d. Tres cap\u00edtulos la forman: I. \u201cEl problema de la teor\u00eda del valor\u201d. II. \u201cEl Prefacio al Libro I (1867): la normalidad de la ciencia\u201d y III. \u201cEl Ep\u00edlogo al Libro I (3\u00aa edici\u00f3n alemana, 1873): la dial\u00e9ctica\u201d. Nos referiremos al primero de ellos. Largo y denso cap\u00edtulo, forzosamente seremos injustos con sus contenidos que aparecen estructurados en tres apartados y un ap\u00e9ndice: 1. Marx como el Galileo de la Historia. 2. Marx juzgado economista. 3. Observaci\u00f3n y teor\u00eda. El lugar de la teor\u00eda del valor en la arquitectura de El Capital. El ap\u00e9ndice: \u201cMarx y Hegel: la cr\u00edtica al empirismo\u201d.<\/p>\n<p>Comenzar comparando a Marx con Galileo, se\u00f1alan CFL y LAZ, \u201cimplicar\u00eda haber tomado ya algunas decisiones sobre los aspectos m\u00e1s relevantes de su obra\u201d. Supondr\u00eda, sobre todo, \u201cresaltar el hecho de que, a partir del momento en que el proyecto te\u00f3rico Marx se encuentra m\u00e1s consolidado, su trabajo no parece desenvolverse en el marco de una discusi\u00f3n interna a lo que solemos entender por historia de la filosof\u00eda\u201d. A partir de 1845, tras redactar con Engels una demoledora cr\u00edtica del universo filos\u00f3fico alem\u00e1n, \u201cMarx ya no se volver\u00e1 a sentir muy interesado en discutir con fil\u00f3sofos\u201d. Hasta el a\u00f1o de su muerte, Marx \u201cparece m\u00e1s bien haber encontrado sus interlocutores naturales en lo que hoy puede considerarse la historia de la econom\u00eda\u201d. Por su intervenci\u00f3n en la arena de la econom\u00eda es \u201cpor lo que podr\u00eda tener sentido compararle con un cient\u00edfico como Galileo\u201d en lugar de con un fil\u00f3sofo como Hegel o Feuerbach.<\/p>\n<p>Ciertamente, admiten, esta peculiar evoluci\u00f3n de la obra marxiana \u201cfue vivida por el propio Marx como una especie de fatal contratiempo\u201d. Citan a este respecto el conocido paso de una carta a Engels de 2 de abril de 1851: &#8216;voy tan adelantado que, en cinco semanas, habr\u00e9 terminado con toda esta lata de la econom\u00eda (\u2026). Esto comienza a aburrirme. En el fondo, esta ciencia no ha hecho ning\u00fan progreso desde Smith y Ricardo, a pesar de todas las investigaciones particulares y frecuentemente muy delicadas que se han realizado&#8217;. Despu\u00e9s del latazo econ\u00f3mico, el entusiasta lector de Goethe pensaba dedicarse a cosas de mayor inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Sin embargo, recuerdan CFL y LAZ, cuando se se\u00f1ala la pertenencia de Marx a la historia de la filosof\u00eda ese pertenecer es m\u00e1s bien esgrimido como prueba de que \u201cno logr\u00f3 efectivamente establecer una ciudad cient\u00edfica que, en referencia al &#8216;continente Historia&#8217;, se sostuviese s\u00f3lidamente sobre sus propios cimientos, unos cimientos que habr\u00edan sido, en efecto, de \u00edndole econ\u00f3mica\u201d. No es que la historia de la filosof\u00eda se haga eco de su aportaci\u00f3n cient\u00edfica, como ser\u00eda el caso de Galileo por ejemplo, sino que, \u201cuna vez que la Econom\u00eda se ha desentendido por completo de Marx, su obra ha quedado aparcada en la historia de la filosof\u00eda como se abandona un coche usado en un desguace\u201d.<\/p>\n<p>Plantean los autores a continuaci\u00f3n un interrogante pol\u00edtico-hist\u00f3rico: podr\u00eda ser, se\u00f1alan, que \u201cel destino de esta ciudad cient\u00edfica que promet\u00eda el marxismo haya estado ligado al destino pol\u00edtico de las internacionales comunistas\u201d. La derrota pol\u00edtica de \u00e9stas habr\u00eda dejado en ruinas, al mismo tiempo, \u201clas incipientes construcciones te\u00f3ricas de una civilizaci\u00f3n cient\u00edfica que podr\u00eda haber llegado a ser y no fue\u201d. Podr\u00eda imaginarse, admitiendo la dificultad de la conjetura, una hip\u00f3tesis de alto riesgo, reconocen CFL y LAZ, \u201cque una monumental derrota de las revoluciones burguesas y de los movimientos pol\u00edticos y econ\u00f3micos iniciados desde el siglo XVI hubiera, al mismo tiempo, acallado la voz de la naciente f\u00edsica moderna, de tal modo que sus cimientos hubieran dormido durante siglos, medio olvidados en una especie de medievo alargado, a la espera de que se construyeran sobre ellos todas esas instituciones y universidades en las que investiga, ense\u00f1a, trabaja y almacena su informaci\u00f3n la comunidad cient\u00edfica actual\u201d. \u00bfNos encontramos ante un caso similar respecto a lo que Marx intent\u00f3 fundar?<\/p>\n<p>No cabe aqu\u00ed dar detalle de su detallada respuesta ni comentar la metodolog\u00eda usada \u2013\u201cser\u00eda preciso, ante todo, retrotraer la cuesti\u00f3n al terreno en el que este pensador trabaj\u00f3 y ver qu\u00e9 es lo que actualmente se levanta sobre \u00e9l\u201d-, baste con se\u00f1alar algunos apuntes del desarrollo realizado:<\/p>\n<p>La Econom\u00eda, las ciencias econ\u00f3micas establecidas en las Universidades, no se ocupan pr\u00e1cticamente de Marx. Uno de los manuales m\u00e1s cl\u00e1sicos de las licenciaturas fue el conocido ensayo de Paul Samuelson, Econom\u00eda. El par\u00e1grafo que el Premio Nobel \u2013de quien los autores valoran grandemente un art\u00edculo de 1971 sobre la noci\u00f3n marxiana de explotaci\u00f3n (edici\u00f3n castellana de 1975)- dedicaba, en 1970, a la obra &#8216;econ\u00f3mica&#8217; de Marx constaba de cuatro p\u00e1rrafos. La discusi\u00f3n queda abortada nada m\u00e1s comenzar: \u201cMarx no dice en absoluto lo que Samuelson dice que dice\u201d.<\/p>\n<p>Marx, en general, no forma parte de lo que estudian y discuten los economistas. Hay excepciones. J. A. Schumpeter es ejemplo conocido. CFL y LAZ le dedican un prolijo apartado. La raz\u00f3n de su inter\u00e9s: \u201csi la f\u00f3rmula que convierte a Marx en un Galileo de la Historia ha de resultar acertada, la cosa tendr\u00eda que ser probada en el terreno en el que Marx trabaj\u00f3 de forma incansable, es decir, en la discusi\u00f3n con los economistas\u201d. Para ellos, no hay ninguna duda de que \u201csi Marx resucitara en el siglo XXI volver\u00eda a poner manos a la obra en ese mismo terreno, y probablemente repetir\u00eda su diagn\u00f3stico de 1851, declarando que \u2018esta ciencia no ha avanzado ni un paso desde Smith y Ricardo&#8217;. Lo que la presentaci\u00f3n de Marx por parte de Schumpeter tiene de excelente es ante todo \u201cla manera en la que sit\u00faa su obra en un plano de normalidad cient\u00edfica\u201d.<\/p>\n<p>Para enmarcar la discusi\u00f3n, CFL y LAZ esgrimen documentadas tesis epistemol\u00f3gicas y de historia de la ciencia. Estas por ejemplo: 1. Los intereses de clase que hayan circulado por las alcantarillas de la ciudad cient\u00edfica no pueden probar ni la veracidad ni la falsedad de una teor\u00eda, aunque s\u00ed puedan explicar \u2013los autores advierten con impecable claridad: \u201cpero eso es enteramente otra cuesti\u00f3n\u201d- la adhesi\u00f3n cient\u00edfica a determinados errores tenaces. 2. La comunidad cient\u00edfica, y el Derecho en otro sentido, \u201ces lo \u00fanico de lo que podemos decir que, en el peor de los casos, no est\u00e1 del todo mal hecho. No se puede estar por encima de la ciencia sin caer, de inmediato, por debajo\u201d. Ciencia y Derecho son las dos \u00fanicas cosas de las, en su opini\u00f3n, puede decirse que progresan. Por ello, la m\u00e1s radical revoluci\u00f3n, \u201cno hace m\u00e1s que afianzar la normalidad\u201d: una ciencia &#8216;revolucionaria&#8217; que verdaderamente lo fuera no ser\u00eda m\u00e1s que una ciencia completamente normal, y, al serlo, \u201cdenunciar\u00eda como &#8216;anormales&#8217; a otras situaciones anteriores que se habr\u00edan tomado hasta entonces como normales\u201d. La sombra de Kuhn (aunque no s\u00f3lo) y la estructura de las revoluciones cient\u00edficas es alargada y tenaz. 3. Dos siglos de desatinos han escarmentado ya bastante en la tradici\u00f3n marxista por lo que la disyuntiva que se impone es: \u201cO Marx es, en alg\u00fan sentido, un cient\u00edfico normal o es sencillamente un ide\u00f3logo en el peor sentido de la palabra\u201d. Ser un &#8216;cient\u00edfico normal&#8217;, en determinados campos y ocasiones, puede ser pol\u00edticamente muy subversivo. Los autores tienen en mente, no les faltan razones para ello, los nombres de Giordano Bruno, un \u201ccient\u00edfico\u201d ciertamente singular, Miguel Servet y el propio Galileo. Me permito sumar el nombre de Nicolai Vav\u00edlov. no espero ninguna objeci\u00f3n por parte de los autores. 4. Hay que a\u00f1adir parece plausible pensar as\u00ed desde luego, que en el terreno en el que la ciencia se ocupa de cuestiones sociales, pol\u00edticas o econ\u00f3micas el problema anterior \u201cse agrave especialmente\u201d. Parece razonable pensar as\u00ed.<\/p>\n<p>Regresan los autores a Schumpeter. Admiten la relevancia de su \u00e9nfasis en la teor\u00eda del valor de Marx pero niegan su afirmaci\u00f3n sobre la identidad de las teor\u00edas de Ricardo y Marx en ese punto y discrepan de algunos comentarios del autor de Historia del an\u00e1lisis econ\u00f3mico, una monumental obra de m\u00e1s de 1.300 p\u00e1ginas traducida al castellano por Manuel Sacrist\u00e1n, sobre la insustancialidad de las diferencias metodol\u00f3gicas de Ricardo y Marx. Meras apariencias.<\/p>\n<p>Entran a continuaci\u00f3n CFL y LAZ en esa teor\u00eda: \u201cLo primero que se nos dice es que esa teor\u00eda es, ante todo, una aproximaci\u00f3n a los precios. No tiene ni puede tener otro sentido que el de dar cuenta del valor de cambio de las distintas mercanc\u00edas individuales, o sea, de las proporciones relativas de intercambio de las diferentes mercanc\u00edas entre s\u00ed. Seg\u00fan esta teor\u00eda, el valor de cada mercanc\u00eda individual (es decir la cantidad de trabajo que ha sido necesario invertir en su producci\u00f3n), es lo que determina el precio al que se va a vender en el mercado. En este sentido sostiene que &#8216;el valor de cambio de los bienes producidos ser\u00eda proporcional al trabajo empleado en su producci\u00f3n: no s\u00f3lo en su producci\u00f3n inmediata, sino en todos aquellos implementos o m\u00e1quinas requeridos para llevar a cabo el trabajo particular al que fueron aplicados&#8217;.<\/p>\n<p>Es muy importante abrir aqu\u00ed, se\u00f1alan CFL y LAZ en el apartado 1.1.2.2, \u201cun par\u00e9ntesis para proporcionar una primera aproximaci\u00f3n, aunque sea muy esquem\u00e1tica, de la idea de ese mercado en el que los productos se intercambiar\u00edan atendiendo a la ley del valor\u201d. No se trata, advierten, de responder ya a la pregunta sobre el sentido de ese punto de partida: \u201cse trata, simplemente, de delimitar con claridad la imagen de un mercado funcionando enteramente seg\u00fan los supuestos referidos de la ley del valor (es decir, seg\u00fan los supuestos que Schumpeter considera un desatino tomar como punto de partida)\u201d.<\/p>\n<p>El lector\/a debe seguir aqu\u00ed el detallado desarrollo argumentativo del ensayo. El punto final de su explicaci\u00f3n: \u201cDe este modo, aquello que, mientras se respeten las condiciones supuestas, determina el movimiento real de las mercanc\u00edas, el valor, resulta consistir en algo as\u00ed como esto: la cantidad de trabajo (simple y abstracto) socialmente necesario cristalizado en una mercanc\u00eda. El valor, aquello que permite igualar en este mercado &#8216;de laboratorio&#8217; 30 varas de lienzo y 2 sacos de patatas, es, como nos dice Marx, una especie de gelatina de trabajo humano indiferenciado y abstracto. La ley del valor afirma, por tanto, que en el mercado siempre se intercambian cantidades equivalentes de trabajo humano (simple, abstracto y socialmente necesario)\u201d.<\/p>\n<p>El siguiente apartado lleva por t\u00edtulo \u2013\u201cEl juicio de Schumpeter y la sanci\u00f3n final &#8216;adversa a Marx&#8217;-. Con la explicaci\u00f3n anterior es suficiente, se\u00f1alan CFL y LAZ, para preguntarnos \u201cqu\u00e9 sentido puede tener comenzar a &#8216;hacer econom\u00eda&#8217; partiendo de una definici\u00f3n de este tipo. Schumpeter no tiene al respecto ninguna duda: &#8216;todo el mundo sabe que esta teor\u00eda del valor es insatisfactoria&#8217;\u201d. \u00bfPor qu\u00e9? Este es su resumen: la teor\u00eda \u201cno tiene aplicaci\u00f3n alguna fuera del supuesto de la concurrencia perfecta, que de hecho, nunca se da\u201d. A\u00fan suponiendo esta, \u201cno se cumple m\u00e1s que si el trabajo es todo de la misma especie y es, adem\u00e1s, el \u00fanico factor de producci\u00f3n\u201d. Mirando las cosas desde la historia de la Econom\u00eda, sostienen, la teor\u00eda del valor fue una especie de culo de saco: est\u00e1 muerta y enterrada.<\/p>\n<p>Nos encontramos, pues, se\u00f1alan de nuevo, con una paradoja ins\u00f3lita: Marx, el &#8216;mayor erudito de su \u00e9poca&#8217;, &#8216;un trabajador infatigable al que nada se le escapaba&#8217;, toma desde el principio de su obra \u201cla peor de las decisiones: apuntarse al \u00fanico camino te\u00f3rico que no llevaba a ninguna parte\u201d. Se apart\u00f3 el ciudadano de Tr\u00e9veris con este primer paso \u201cde la l\u00ednea en la que progresaba mientras tanto la historia de la econom\u00eda, hasta su resultado actual\u201d.<\/p>\n<p>La resoluci\u00f3n de la paradoja defendida por los autores es tambi\u00e9n tarea del lector. Un apunte para abrir el apetito -\u201cEn realidad, como vamos a ver, la interpretaci\u00f3n del Libro I (y a\u00fan m\u00e1s del resto de El capital) depende directamente del papel que otorguemos a esta Secci\u00f3n 1\u00aa [\u201cMercanc\u00eda y dinero\u201d, los tres primeros cap\u00edtulos de El Capital] y, en consecuencia, de c\u00f3mo interpretemos la decisi\u00f3n de Marx de adherirse a la teor\u00eda del valor\u201d- y la tesis de Schumpeter que CFL y LAZ van a discutir a lo largo de su investigaci\u00f3n: \u201c&#8217;En la voluminosa discusi\u00f3n que se ha desarrollado acerca de ella [la teor\u00eda del valor] la raz\u00f3n no est\u00e1, en realidad, toda de un lado, y los adversarios han usado muchos argumentos inadmisibles. El punto esencial no es si el trabajo es la verdadera &#8216;fuente&#8217; o &#8216;causa&#8217; del valor econ\u00f3mico. Esta cuesti\u00f3n puede ser de inter\u00e9s primordial para los fil\u00f3sofos sociales que desean deducir de ella pretensiones \u00e9ticas sobre el producto, y el mismo Marx no fue, por supuesto, indiferente a este aspecto del problema. Pero, para la econom\u00eda, como ciencia positiva que tiene por objeto describir o explicar objetos reales, es mucho m\u00e1s importante preguntar c\u00f3mo funciona la teor\u00eda del valor basada en el trabajo, en cuanto instrumento de an\u00e1lisis, y lo realmente objetable que se encuentra en ella es que funciona muy mal&#8217;. No hay que perderse, el aviso es en este caso totalmente innecesario, el desarrollo y comentario de los autores de la lectura schumpeteriana de la noci\u00f3n de explotaci\u00f3n marxiana, de la teor\u00eda de la acumulaci\u00f3n, de la conjetura sobre la pauperizaci\u00f3n creciente de la clase obrera y de su concepci\u00f3n sobre los ciclos econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>El siguiente apartado del cap\u00edtulo lleva por t\u00edtulo \u201cObservaci\u00f3n y Teor\u00eda. El lugar de la teor\u00eda del valor en la arquitectura de El capital\u201d y se inicia con una nota\u2026 \u201cSobre el juicio a Galileo\u201d. \u00bfY a qu\u00e9 viene ahora hablar del juicio inquisitorial contra Galileo? Esta es la explicaci\u00f3n de CFL y LAZ: \u201cEsta digresi\u00f3n es, en realidad, vital para nuestros prop\u00f3sitos, no s\u00f3lo porque queremos tomarnos en serio la posibilidad de considerar a Marx el Galileo de la Historia, sino porque sospechamos que si Schumpeter hubiera asistido al nacimiento de la moderna f\u00edsica matem\u00e1tica en el siglo XVI, habr\u00eda argumentado contra Galileo del mismo modo que le hemos visto hacerlo contra Marx\u201d. Quiz\u00e1s, prosiguen, este paralelismo pueda contribuir a aclararnos el sentido de esta supuestamente ins\u00f3lita decisi\u00f3n de Marx, quien en lugar de acumular &#8216;piedra y mortero&#8217; en el terreno de lo emp\u00edrico para, poco a poco, ir aislando regularidades y esbozando posibles leyes por inducci\u00f3n, ha decidido, de modo ciertamente chocante, anclar el punto de partida de la econom\u00eda en una discusi\u00f3n metaf\u00edsica con Arist\u00f3teles respecto a una supuesta &#8216;sustancia valor&#8217; inobservable, y lo ha hecho, adem\u00e1s, en un lenguaje marcadamente hegeliano, inspirado por la lectura de Hegel.<\/p>\n<p>Nos adentramos, pues, en un nudo esencial de la historia de la ciencia y, si se quiere, de la pol\u00edtica europea. Precisamente, sobre este momento decisivo, el historiador Antoni Beltr\u00e1n, uno de los grandes especialistas mundiales en la obra del autor de Consideraciones y demostraciones matem\u00e1ticas sobre dos nuevas ciencias, escribi\u00f3 hace a\u00f1os un libro inolvidable: Talento y poder. Un enorme ensayo que est\u00e1 a la altura del gran cient\u00edfico y fil\u00f3sofo pisano y de la infamia estudiada.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p><strong>Una lectura republicana de El Capital (IV).<\/strong><\/p>\n<p><strong>Para alejarse de las (gnoseol\u00f3gicamente) viciadas y (pol\u00e9micamente) est\u00e9riles pol\u00e9micas de la telebasura.<\/strong><\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s popularmente se recuerda del juicio a Galileo, recuerdan CFL y LAZ, es que el cient\u00edfico pisano fue condenado por defender el heliocentrismo. En parte es cierto, sostienen, sin embargo esa visi\u00f3n \u201cno da una idea de los t\u00e9rminos en los que se desarroll\u00f3 una pol\u00e9mica cient\u00edficamente seria\u201d. Su interpretaci\u00f3n:<\/p>\n<p>Con Galileo Galilei nacen las modernas ciencias experimentales y, sin duda, lo hacen contra el saber libresco y los formulismos conceptuales escol\u00e1sticos. Pero lo curioso del caso, se\u00f1alan, \u201ces que lo hacen de un modo opuesto al que se tiende a imaginar\u201d. En las discusiones en las que se ve envuelto Galileo, sus oponentes aparecen como defensores de la experiencia, e incluso de la experimentaci\u00f3n, y a \u00e9l se le acusa de ser un \u201creaccionario plat\u00f3nico empe\u00f1ado en someter la libertad de los hechos a un mundo inteligible escrito con caracteres matem\u00e1ticos\u201d. En primer lugar, recuerdan, es preciso reparar en que el verdadero campo de batalla de la pol\u00e9mica sobre el heliocentrismo \u201cno se localiz\u00f3 tanto en los cielos, como a ras de tierra, en el marco de la mec\u00e1nica f\u00edsica\u201d, dado que para hacer una defensa seria de la hip\u00f3tesis copernicana, que no aspiraba a ser una mera conjetura matem\u00e1tico, un mero ejercicio \u00fatil para c\u00e1lculos sin ning\u00fan pretensi\u00f3n explicativa de \u201clo real\u201d, \u201cera necesario replantear todo el asunto de las leyes del movimiento, como por ejemplo, la ca\u00edda de los graves\u201d. La respuesta a las objeciones &#8216;aristot\u00e9licas&#8217; al heliocentrismo depend\u00eda enteramente del planteamiento de la ley de inercia. Para saber, se\u00f1alan, \u201csi Cop\u00e9rnico ten\u00eda o no raz\u00f3n, lo primordial era decidir si una bola que rodara por un plano en el vac\u00edo seguir\u00eda rodando indefinidamente\u201d. Ese fue el lugar donde se centr\u00f3 la pol\u00e9mica y, \u00e9ste es el punto destacado por CFL y LAZ, \u201clo curioso es que, en ese terreno, era la experiencia misma la que jugaba en contra de la futura ciencia experimental\u201d<\/p>\n<p>El siguiente apartado de este primer cap\u00edtulo de la Primera Parte est\u00e1 dedicado a \u201cLas ra\u00edces socr\u00e1ticas del m\u00e9todo de Galileo\u201d. En el terreno de los hechos, \u201cdesnudos\u201d, adjetivan CFL y LAZ, \u201ccualquier bola que lancemos por un plano va perdiendo velocidad hasta acabar por detenerse\u201d. El descubridor de las manchas lunares no apela a la experiencia y realiza \u201cun ejercicio enteramente plat\u00f3nico, mediante una especie de di\u00e1logo socr\u00e1tico\u201d. El siguiente: se ha hablado de una bola que rueda; ahora bien, socratismo en estado puro, \u00bfqu\u00e9 es una bola?, \u00bfqu\u00e9 es rodar? \u201cLo primero ha de ser, en todo caso, clarificar (o en su caso construir) los conceptos con los que se va a trabajar\u201d. Esta es la t\u00e1ctica, insisten los autores, \u201cque S\u00f3crates sigue siempre impertinentemente con sus interlocutores\u201d: no dar por sentado, sin m\u00e1s consideraciones, que entendemos perfectamente los conceptos que se usan en un discusi\u00f3n intelectual.<\/p>\n<p>Galileo, prosiguen, en la segunda jornada de su Di\u00e1logo sobre los dos m\u00e1ximos sistemas del mundo, procede de modo muy semejante a como opera S\u00f3crates. CFL y LAZ destacan que lo que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n es que es Galileo \u201cquien se niega en todo momento a recurrir a la experiencia\u201d. No parte de bolas reales ni se dedica a medir sus desplazamientos o a calcular sus velocidades. De hecho, \u201cGalileo parte de un concepto de bola f\u00edsicamente imposible: no hay ni puede haber ninguna bola real que toque sobre ning\u00fan plano real en un solo punto (de modo que el rozamiento fuese cero)\u201d.<\/p>\n<p>De todo ello, infieren los autores conclusiones gnoseol\u00f3gicas e historiogr\u00e1ficas de alta, de alt\u00edsima tensi\u00f3n: 1. El punto de partida de Galileo no pasa por intentar describir los movimientos observables de las cosas; las bolas emp\u00edricamente observables se paran siempre. 2. Lo peculiar de su modo de proceder es \u201cque en absoluto pretende aducir ning\u00fan ejemplo emp\u00edricamente observable en contra ni lo cree en absoluto relevante para defender la verdad de lo que est\u00e1 diciendo\u201d. 3. Para que sus leyes y enunciados sean verdad basta con que valgan para la idea de bola. De este modo, \u201cnos encontramos con que Galileo parte m\u00e1s bien de una idea, digamos, muy &#8216;metaf\u00edsica&#8217; de bola\u201d (obs\u00e9rvese: la sombra de Marx y los compases iniciales de El Capital empieza a entreverse). 4. Galileo no apela a la experiencia, o a la experimentaci\u00f3n controlada, \u201cni siquiera en esas ocasiones en las que habr\u00eda resultado f\u00e1cil hacerlo\u201d. De hecho, cuando un cient\u00edfico jesuita dise\u00f1\u00f3 experimentos que no confirmaban las hip\u00f3tesis galileanas y escribi\u00f3 al cient\u00edfico pisano dando cuenta de sus resultados, Galileo respondi\u00f3 a trav\u00e9s de uno de sus disc\u00edpulos y colaboradores, en tono ciertamente arrogante, que, en ese caso, peor ser\u00eda para la experiencia. 5. El m\u00e9todo &#8216;hipot\u00e9tico deductivo&#8217; del que Galileo ser\u00eda fundador, consistir\u00eda pues, en opini\u00f3n de los autores, \u201cen el empe\u00f1o socr\u00e1tico de garantizar que no se va a cambiar de tema de una forma incontrolada\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde llegamos con este interesante desarrollo? Al punto siguiente: \u201cAl empe\u00f1arse en hablar de lo que se habla y no de otra cosa, Galileo comienza planteando el caso de una bola que rueda en el vac\u00edo sobre un plano perfecto. Ning\u00fan escol\u00e1stico de la \u00e9poca le niega que, en ese caso, la bola seguir\u00e1 rodando eternamente. Lo que s\u00ed le niegan es que pueda tener sentido f\u00edsico eso de comenzar haciendo f\u00edsica desde un presupuesto imposible f\u00edsicamente, absolutamente irreal. As\u00ed pues, a Galileo se le acusa m\u00e1s bien de estar introduciendo presupuestos metaf\u00edsicos a la base de un vasto conjunto de hechos emp\u00edricos que hac\u00eda ya muchas d\u00e9cadas que eran cada vez mejor ordenados y clasificados por la observaci\u00f3n y la experiencia\u201d. Se le acusa, pues, este el punto al que nos conducen, \u201cde lo mismo, y en nombre de lo mismo (una &#8216;ciencia positiva&#8217; que tiene por objeto &#8216;describir y explicar procesos reales&#8217;), que lo que hemos visto a Schumpeter esgrimir contra Marx\u201d.<\/p>\n<p>Sin duda, no hay cartas escondidas, la influencia de Koyr\u00e9 en la interpretaci\u00f3n de los autores es punto a tener en cuenta. Y, desde luego, una vez aclarados los conceptos de esa &#8216;realidad ideal&#8217; -conceptos sin duda muy &#8216;metaf\u00edsicos&#8217;, se\u00f1alan, \u201dpero que, sin embargo, evitan que mezclemos unos temas con otros sin ning\u00fan control\u201d, este es el punto, la precisi\u00f3n, es imprescindible, claro est\u00e1, comenzar a caminar hacia la &#8216;reconstrucci\u00f3n de la realidad emp\u00edrica&#8217;.<\/p>\n<p>Vuelven ahora a Marx y a su viaje \u201ca los espacios ideales\u201d. Schumpeter, recuerdan, reprocha a Marx que haya comenzado su investigaci\u00f3n &#8216;haciendo metaf\u00edsica&#8217;, estableciendo \u201cuna ley que s\u00f3lo ten\u00eda sentido &#8216;f\u00edsico o real&#8217; en un caso hipot\u00e9tico que nunca se da y que, si llegara a darse, ser\u00eda una mera excepci\u00f3n sin importancia\u201d. Marx, como Galileo, no toma como punto de partida lo que encontramos en los &#8216;hechos&#8217; de la realidad econ\u00f3mica sino de un \u201cconcepto de riqueza y mercanc\u00eda cuya validez, en efecto, no hace depender de las determinaciones que puedan corresponder a las mercanc\u00edas emp\u00edricamente observables en la sociedad moderna\u201d. Da la impresi\u00f3n, pues, de que todo el recorrido te\u00f3rico de la Secci\u00f3n 1\u00aa de El Capital, \u201chasta la formulaci\u00f3n de la ley del intercambio de equivalentes en el mercado, se ha desarrollado sin excesiva atenci\u00f3n a lo emp\u00edrico\u201d. Pero la decisi\u00f3n de Marx, contrariamente a las cr\u00edticas de Schumpeter, es consistente y fruct\u00edfera. \u201cEntre los padres fundadores de la ciencia moderna, Galileo, Descartes, Gassendi, Torricelli, encontramos m\u00e1s bien la misma decisi\u00f3n\u201d. Marx lanza desde el primer momento, insisten CFL y LAZ, \u201cla consideraci\u00f3n de qu\u00e9 es una mercanc\u00eda a un espacio abstracto con la certeza de que esto nos resultar\u00e1 crucial para hacernos cargo de en qu\u00e9 consiste ese &#8216;mundo real&#8217; en el que la riqueza se presenta como mercanc\u00eda. El &#8216;viaje&#8217; de Marx sirve, aqu\u00ed tambi\u00e9n, para que el valor sea realmente el valor a la hora de aislar sus leyes\u201d. Una vez de &#8216;vuelta&#8217; al mundo real, concluyen, \u201cpodremos analizar qu\u00e9 ocurre con esas leyes al ser integradas con otras distintas y mucho m\u00e1s complicadas\u201d.<\/p>\n<p>Marx no ha procedido de muy distinta manera a c\u00f3mo procedi\u00f3 Galileo cuando comienza El Capital analizando, \u201cde un modo muy metaf\u00edsico, las determinaciones que a priori debemos establecer y que corresponden, en la sociedad moderna, a conceptos del tipo &#8216;riqueza&#8217; y &#8216;mercanc\u00eda&#8217;, es decir, esas determinaciones que les corresponden necesariamente incluso con independencia de los movimientos emp\u00edricamente observables en las mercanc\u00edas reales\u201d. En la &#8216;circulaci\u00f3n simple de mercanc\u00edas&#8217; de la que parte El capital, insisten los autores, nos encontramos con muy pocos elementos en juego, los m\u00ednimos imprescindibles. As\u00ed, pues, \u201cMarx comienza reduciendo la riqueza a sus determinaciones fundamentales\u201d. Cuando las unidades de esa riqueza cobran la forma de mercanc\u00eda, \u201cno s\u00f3lo tienen un valor de uso sino, adem\u00e1s, un valor de cambio (es decir, una determinada proporci\u00f3n en la que les resulta posible igualarse con otras mercanc\u00edas)\u201d. De nuevo vemos, insisten CFL y LAZ, \u201cque no parte m\u00e1s que de esas determinaciones que &#8216;metaf\u00edsicamente&#8217; o &#8216;idealmente&#8217; corresponden a las ideas que pone en juego (es decir, cuya validez no depende de nada emp\u00edrico): tan imposible como pensar cuerpos inextensos es pensar mercanc\u00edas sin valor de cambio\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 papel juega \u201cla naturaleza\u201d en la determinaci\u00f3n del valor de cambio? La naturaleza, obviamente, no tiene ni puede decir nada al respecto (cuanto menos directamente: puede \u201cgritar\u201d provocando cat\u00e1strofes cuando la locura cambista y el deseo de apropiaci\u00f3n trasgreden todo l\u00edmite. Tambi\u00e9n Marx vio ese nudo de la figura global). No es, pues, en las propiedades naturales \u201cdonde cabe buscar las razones de los intercambios, sino, exclusivamente, en sus &#8216;propiedades&#8217; de \u00edndole social\u201d. Lo que las cosas tienen de valor de uso \u201ccabe descomponerlo, en efecto, en sus elementos de trabajo y naturaleza; y Marx considera fundamental partir de que la naturaleza, en principio, no puede exigir nada a cambio de lo que ofrece sin mediaci\u00f3n humana\u201d. Por consiguiente, la posible intervenci\u00f3n de la Naturaleza en las relaciones de cambio entre los seres humanos \u201chabr\u00e1, o bien que ponerla entre par\u00e9ntesis, o bien, en caso de que resultara necesario introducirla, introducirla bajo la forma de una relaci\u00f3n social relativa al derecho de propiedad (de la que, por tanto, habr\u00e1 que dar cuenta no ya como una cuesti\u00f3n relativa a la naturaleza sino a la sociedad)\u201d.<\/p>\n<p>Concluyen CFL y LAZ este apartado, por si fuera necesario precisar la posici\u00f3n desarrollada, que, desde luego, no se trata \u201cde dar la espalda a la observaci\u00f3n y la experiencia, como de poner los medios para saber qu\u00e9 es lo que se observa y se experimenta en cada caso\u201d. No hay, desde luego, ninguna apolog\u00eda de la deducci\u00f3n especulativa \u201csino de deducir todo lo que haga falta para que, una vez puestos a describir, sepamos qu\u00e9 es lo que estamos describiendo\u201d. En definitiva, toda ciencia comienza siempre, reconstruida gnoseol\u00f3gicamente, aun cuando no sea as\u00ed siempre hist\u00f3ricamente, \u201cpor delimitar su objeto de estudio. La ciencia es ciencia en la medida en que sabe de qu\u00e9 est\u00e1 hablando\u201d. Una observaci\u00f3n ser\u00e1 cient\u00edfica si y solo si sabe qu\u00e9 es lo que est\u00e1 observando. Consistentemente con esta \u00faltima consideraci\u00f3n, a la delimitaci\u00f3n del objeto de estudio de la econom\u00eda pol\u00edtica dedican el siguiente apartado.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p><strong>Una lectura republicana de El Capital (V).<\/strong><\/p>\n<p><strong>La delimitaci\u00f3n del objeto de estudio de la econom\u00eda y la estructura de <\/strong><strong>El Capital<\/strong><strong>.<\/strong><\/p>\n<p>El apartado \u201cEl problema de la teor\u00eda del valor\u201d del primer cap\u00edtulo del libro de CFL y LAZ est\u00e1 dedicado a la delimitaci\u00f3n del objeto de estudio de la econom\u00eda pol\u00edtica. El primer paso de una ciencia no consiste en acumular hechos emp\u00edricos. Fundar una ciencia, sostienen los autores, \u201cconsiste en delimitar su objeto de estudio, definir el tipo de objetividad del que esa ciencia se va a ocupar\u2026 Lo importante es delimitar la pregunta que hay que hacer a la realidad, de modo que la experiencia y la observaci\u00f3n puedan responderla\u201d. Descartes y Galileo fundaron la f\u00edsica moderna delimitando un universo &#8216;hecho de muy poca cosa&#8217;, materia y movimiento. Esa base m\u00ednima les permiti\u00f3 plantear las preguntas pertinentes.<\/p>\n<p>Con respecto al Marx economista que hab\u00eda expuso Schumpeter, nos encontramos con una trayectoria doblemente parad\u00f3jica. Por una parte, ese &#8216;trabajador infatigable&#8217;, que &#8216;lo dominaba todo en su \u00e9poca&#8217;, se apuntaba \u201ca la \u00fanica teor\u00eda que no llevaba a ninguna parte\u201d. Lo parad\u00f3jico aqu\u00ed, remarcan CFL y LAZ \u201cera que, con semejante punto de partida, Marx habr\u00eda acabado por observar m\u00e1s y mejor que nadie en su \u00e9poca\u201d. Es igualmente parad\u00f3jico, paradoja sobre paradoja, que \u201cacabara finalmente por resultar acertado en asuntos te\u00f3ricos muy poco o muy mal elaborados por los economistas de su \u00e9poca\u201d. De hecho, el reproche inicial contra Marx se invert\u00eda: Marx se desentend\u00eda inicialmente de los hechos; como al final del proceso acababa arregl\u00e1ndose muy bien con ellos, era entonces obvio, se dec\u00eda, que se hab\u00edan \u201ccometido por el camino &#8216;errores de deducci\u00f3n&#8217; y casos de non sequitur\u201d, que permit\u00edan a Marx desembarazarse de los lastres de su &#8216;sistema&#8217;. Otra hip\u00f3tesis ser\u00eda un imposible l\u00f3gico: \u00bfes pensable que un punto de partida disparatado orientara una investigaci\u00f3n certera? (De hecho, es pensable pero en principio parece absurdo).<\/p>\n<p>Empero, esta es la tesis defendida por los autores, lo que quiz\u00e1s ocurri\u00f3 realmente no fue eso. No fue tanto que \u201cMarx se desembarazara de su sistema en favor de la observaci\u00f3n, como que, tras haber definido un aparato conceptual preciso en orden a una especie de modelo ideal, y tras encontrar en \u00e9l una ley fundamental que regir\u00eda todo intercambio de mercanc\u00edas que verdaderamente fueran eso y s\u00f3lo eso, mercanc\u00edas, luego pasara a ocuparse de describir los hechos, no tanto, con sus sentidos, como con los instrumentos precisos que le proporcionaba su sistema\u201d. Dicho de otra manera, insisten y destacan CFL y LAZ: Marx habr\u00eda comenzado delimitando el objeto de la econom\u00eda pol\u00edtica y \u201cel universo de la econom\u00eda pol\u00edtica debe partir, en opini\u00f3n marxiana, de muy poca cosa: trabajo abstractamente humano, por un lado, y naturaleza, por otro\u201d. Comme il faut.<\/p>\n<p>Dos componentes elementales: no m\u00e1s -no tres: los medios de producci\u00f3n son reductibles a trabajo humano y naturaleza)-, pero tampoco menos. \u201cEn ocasiones se ha intentado sostener que, en realidad, el trabajo es la verdadera fuente de toda riqueza\u201d. Sin embargo, Marx, recuerdan oportunamente CFL y LAZ, \u201creprende muy duramente a quienes as\u00ed lo hacen, especialmente si lo hacen intent\u00e1ndose amparar en sus propias teor\u00edas\u201d. Los compases iniciales de la Cr\u00edtica al programa de Gotha ense\u00f1an sobre este peligro de reducci\u00f3n mon\u00e1dica y abonan a un tiempo, cabe a\u00f1adir, una lectura ecologista, no desbocadamente antropom\u00f3rfica, del legado marxiano.<\/p>\n<p>\u00bfEs posible reducir tambi\u00e9n el &#8216;trabajo&#8217; a sus elementos naturales, se preguntan CFL y LAZ? Marx bloquea esa posibilidad: \u201csi se trata precisamente de desarrollar una investigaci\u00f3n en el terreno de los asuntos espec\u00edficamente humanos (que es, en definitiva, a lo que hemos denominado el &#8216;continente historia&#8217;), nos encontramos con determinadas distinciones que resultan radicalmente irreductibles y que, por lo tanto, no pueden de ning\u00fan modo dejar de tenerse en cuenta desde esa perspectiva\u201d. Desde el punto de vista del cient\u00edfico implicado en el estudio de asuntos humanos, se\u00f1alan brillantemente CFL y LAZ, \u201cresulta crucial mantenerse en la perspectiva en la que no es posible confundir trabajar con funcionar, ni confundir enfermar con estropearse, ni el descanso de los hombres con el barbecho de la tierra, por mucho que se trate de distinciones bastante irrelevantes, por ejemplo, desde el punto de vista de la f\u00edsica e incluso desde el punto de vista del propio proceso productivo\u201d.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, en ning\u00fan caso cabr\u00e1 abandonar la centralidad de la siguiente cuesti\u00f3n: en qu\u00e9 relaci\u00f3n se encuentran el trabajo humano y la apropiaci\u00f3n de la naturaleza. Se genera entonces un espacio te\u00f3rico en el que ocupar\u00e1 un lugar destacado el an\u00e1lisis de la relaci\u00f3n que se establece entre trabajo humano y propiedad sobre los bienes que brinda la naturaleza por mediaci\u00f3n de ese trabajo. Marx considera, apuntan de CFL y LAZ, que la econom\u00eda \u201cno puede desentenderse de esta cuesti\u00f3n sin perder, simplemente, su objeto de estudio\u201d. Corolario cr\u00edtico de la esta \u00faltima consideraci\u00f3n: se pueden hacer muchas cosas al margen de esa cuesti\u00f3n pero no una econom\u00eda que no resulte una estafa. \u201cEsto es algo que resulta muy llamativo hoy en d\u00eda, cuando vemos llamar econom\u00eda a tantos trabajos que son puras enso\u00f1aciones matem\u00e1ticas, a lo mejor muy correctas desde el punto de vista matem\u00e1tico, pero carentes por completo de sentido econ\u00f3mico\u201d. As\u00ed, comentan CFL y LAZ, resulta inquietante \u201co criminal, seg\u00fan se mire, la facilidad con la que ciertas mentalidades de economista, pasan de los \u00f3ptimos de Pareto, que son \u00f3ptimos desde un punto de vista matem\u00e1tico, a los \u00f3ptimos econ\u00f3micos, y de estos, a considerar \u00f3ptimas medidas econ\u00f3micas que generan verdaderas cat\u00e1strofes humanas\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, como en Galileo, como en el autor de La Geometr\u00eda, tambi\u00e9n en el caso de Marx el objeto de estudio queda determinado por el propio trabajo te\u00f3rico con anterioridad a que pueda realizarse sobre \u00e9l alguna experiencia. Para los autores de El orden de El Capital. Por qu\u00e9 seguir leyendo a Marx, la Econom\u00eda, si no quiere dejar de ser Econom\u00eda, si no quiere dejar de ser ciencia, no puede abandonar la perspectiva en la que el trabajo humano est\u00e1 situado en primer t\u00e9rmino. \u201cEsto es hasta tal punto as\u00ed que si se da el caso de que el capitalismo consiste en volver irrelevante, por ejemplo, la distinci\u00f3n entre trabajar y funcionar, no por eso la econom\u00eda que estudia el capitalismo puede encogerse de hombros frente a esa distinci\u00f3n\u201d. La ciencia que estudia el capitalismo, concluyen met\u00f3dica y \u00e9ticamente los autores, no tiene derecho a ignorar las cosas que el mismo capitalismo considere oportuno ignorar.<\/p>\n<p>El siguiente apartado del cap\u00edtulo lleva por t\u00edtulo \u201cLa pregunta pendiente: una primera presentaci\u00f3n del problema de la estructura de El capital\u201d La cuesti\u00f3n pendiente es enunciada as\u00ed por los autores: \u201c\u00bfpor qu\u00e9 ese trabajador infatigable y erudito sin igual se adhiri\u00f3, desde el primer momento, a la teor\u00eda del valor-trabajo, introduciendo su investigaci\u00f3n por unos cauces te\u00f3ricos que no iban a tener futuro alguno en la posterior evoluci\u00f3n cient\u00edfica de la Econom\u00eda?\u201d. Con ello, en lugar de acumular material emp\u00edrico, Marx parec\u00eda anteponer una disquisici\u00f3n metaf\u00edsica como condici\u00f3n de las investigaciones econ\u00f3micas, \u201capartando, al parecer, a esta disciplina del terreno propio de las ciencias positivas\u201d. Se ha hablado antes de ello. Reformulando la cuesti\u00f3n desde la inspiraci\u00f3n socr\u00e1tica-galileana que los autores defienden y abonan, el problema queda planteado del siguiente modo: \u201c\u00bfpor qu\u00e9 era para Marx tan epistemol\u00f3gicamente importante que el an\u00e1lisis econ\u00f3mico comenzara por asegurarse de que el valor, en tanto que trabajo aglutinado en una mercanc\u00eda fuera la referencia respecto a la cual la Econom\u00eda no pod\u00eda permitirse, jam\u00e1s, operar un &#8216;cambio de tema&#8217;?\u201d En cierto sentido, hablan ahora CFL y LAZ de la finalidad b\u00e1sica de su propia investigaci\u00f3n, \u201clos objetivos de este libro podr\u00edan darse por satisfechos con la respuesta a esta pregunta, sobre la cual los mejores economistas marxistas jam\u00e1s terminar\u00e1n, por lo visto, de discutir\u201d. Para que el lector menos iniciado en pol\u00e9micas marxistas y en la lectura de los libros de El capital, pueda hacerse una idea de la magnitud del problema, los autores adelantan \u201calgunos apuntes sobre la estructura de esta obra, unos apuntes que, por supuesto, s\u00f3lo con el tiempo se ir\u00e1n llenando de contenido\u201d.<\/p>\n<p>El itinerario te\u00f3rico seguido por Marx es presentado as\u00ed por CFL y LAZ: tras aislar el concepto de valor y enunciar la &#8216;ley del valor&#8217; como la ley de intercambio de equivalentes de trabajo, \u201cparece claro que el concepto de valor deber\u00e1 en adelante funcionar como la base a partir de la cual explicar el precio al que se vende cada mercanc\u00eda\u201d. La ley de la oferta y la demanda, se\u00f1alan, puede hacer oscilar el precio, pero siempre lo har\u00e1, seg\u00fan la ley del valor, en torno a un nivel marcado por la cantidad de trabajo que se ha invertido en esa mercanc\u00eda. Al pasar a la secci\u00f3n 2\u00aa del primer Libro, \u201cMarx se empe\u00f1a en deducir el concepto de plusvalor sin necesidad de suponer que los capitalistas violan la ley de intercambio de equivalentes, es decir, la ley del valor\u201d. A partir de ese momento, se\u00f1alan, nos encontramos con una monumental paradoja: \u201csin violar la ley del intercambio de equivalentes, el capitalista se apropia continuamente de trabajo ajeno sin aportar como equivalente ning\u00fan trabajo propio\u201d.<\/p>\n<p>Esta apor\u00eda, prosiguen, plantea un problema muy profundo respecto a la estructura del Libro I, una cuesti\u00f3n que tambi\u00e9n se ha discutido interminablemente en la tradici\u00f3n y en la misma academia. La siguiente: \u201c\u00bfen qu\u00e9 sentido la secci\u00f3n 2\u00aa (y el resto de las secciones del Libro I), se &#8216;siguen&#8217;, o se &#8216;deducen&#8217; de la secci\u00f3n 1\u00aa?\u201d \u00bfC\u00f3mo se puede deducir de la ley del valor algo que (aparentemente cuanto menos) la contradice?\u201d Esta, anuncian, ser\u00e1 una de las preguntas m\u00e1s espec\u00edficas a las que tendr\u00e1 que dar respuesta su libro. Otra m\u00e1s. \u201cSi se diera el caso de que la secci\u00f3n 2\u00aa y todo el resto de El capital, no se dedujeran de la 1\u00aa, \u00bfen qu\u00e9 sentido, entonces, podr\u00edamos seguir manteniendo, as\u00ed por la buenas y como lo que nadie ha puesto todav\u00eda en duda, que Marx es uno de los seguidores de la teor\u00eda del valor? \u00bfSe podr\u00eda seguir manteniendo que la teor\u00eda del valor es el punto de partida de Marx o incluso la teor\u00eda misma de Marx en tanto que economista?\u201d.<\/p>\n<p>No cabe dudar, en opini\u00f3n de CFL y LAZ, de que Marx ha considerado imprescindible exponer antes la teor\u00eda del valor para construir, posteriormente, el concepto de plusvalor y desarrollar su teor\u00eda sobre la explotaci\u00f3n capitalista. \u201cNo parece caber duda de que, a partir de ah\u00ed, en los tres libros de El capital, jam\u00e1s se perder\u00e1 este punto de referencia\u201d. Empero, una cosa es, remarcan, que esa teor\u00eda sea un punto de referencia irrenunciable \u201cy otra cosa muy distinta es pretender que es la premisa a partir de la cual se deduce el edificio te\u00f3rico de El Capital\u201d. De que la Econom\u00eda, insisten, no tenga derecho a perder la perspectiva de la ley del valor, no se infiere inexorablemente que el capitalismo se pueda deducir a partir de ella.<\/p>\n<p>La cosa se vuelve especialmente llamativa, se\u00f1alan, en un punto culminante del Libro III. Tan llamativa que la discusi\u00f3n al respecto es sin duda de las m\u00e1s extensas y profundas entre los economistas marxistas. En ese libro, editado por Engels, Marx elabora su teor\u00eda de la ganancia capitalista y su teor\u00eda de los precios de producci\u00f3n. \u201c\u00bfC\u00f3mo se relacionan &#8216;valor&#8217; y &#8216;precio de producci\u00f3n&#8217;? \u00bfEn qu\u00e9 sentido la teor\u00eda de los precios de producci\u00f3n invalida la teor\u00eda del valor de la que ha partido toda la investigaci\u00f3n?\u201d Para CFL y LAZ, lo que tiene que llamar ahora nuestra atenci\u00f3n es una cuesti\u00f3n de actitudes: \u201cla curiosa actitud que adopta Marx, justo en el momento en que, en el coraz\u00f3n mismo del Libro III, acaba de demostrar incontrovertiblemente que las mercanc\u00edas de la sociedad capitalista no se intercambian a su valor, es decir, que su precio no responde a la cantidad de trabajo invertido en ellas, sino, m\u00e1s bien, a su &#8216;precio de producci\u00f3n&#8217;, que a su vez responde a la cantidad de dinero que se ha invertido en ellas, m\u00e1s la ganancia media que se suele obtener con una cantidad semejante de dinero\u201d.<\/p>\n<p>No cabe aqu\u00ed dar cuenta de la argumentaci\u00f3n detallada. S\u00ed, en cambio, remarcar lo m\u00e1s sustantivo: \u201cSe podr\u00eda pensar que mirando al microscopio los precios de producci\u00f3n, uno terminar\u00e1 por encontrar tarde o temprano, el valor. La mayor parte de los economistas marxistas se ocuparon as\u00ed de un famoso problema consistente en transformar los valores en precios de producci\u00f3n. [\u2026] Independientemente del juicio que nos merezcan estas pol\u00e9micas, lo que siempre resultar\u00e1 hartamente llamativo es la chocante naturalidad con la que, en el momento m\u00e1s culminante de todos, Marx se ocupa de plantear el problema como de pasada. Tras algunos millares de p\u00e1ginas que &#8216;segu\u00edan&#8217; supuestamente a la dichosa secci\u00f3n 1\u00aa del Libro I, Marx hace la siguiente declaraci\u00f3n sorpresiva: &#8216;lo expuesto vale sobre la base que, en general, ha sido hasta ahora el fundamento de nuestro desarrollo: la de que las mercanc\u00edas se vendan a sus valores&#8217;\u201d.<\/p>\n<p>Lo que de grave, remarcan CFL y LAZ, tiene esta aseveraci\u00f3n es que est\u00e1 hecha justo en el momento en que Marx est\u00e1 demostrando que \u201csi en la sociedad capitalista no se formara una tasa de ganancia media entre los distintos sectores (independientemente de que movilicen mucho o poco trabajo o mucha o poca maquinaria), el capitalismo mismo se har\u00eda imposible. Y que, por tanto, las mercanc\u00edas, bajo el capitalismo, no pueden en ning\u00fan caso venderse a su valor y que la cantidad de trabajo cristalizada en cada mercanc\u00eda no es la que determina el precio de las mismas.\u201d<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s chocante, prosiguen, es la forma en la que Marx zanja el problema en el pasaje del Libro III que est\u00e1n citando. \u201cPuesto que, bajo el capitalismo, las cosas no pueden en ning\u00fan caso venderse a su valor, &#8216;parecer\u00eda, por tanto, que la teor\u00eda del valor resulta incompatible, en este caso, con el movimiento real, incompatible con los fen\u00f3menos efectivos de la producci\u00f3n, y que por ello debe renunciarse en general a comprender estos \u00faltimos&#8217;.\u201d Ahora bien, seg\u00fan Marx, remarcan CFL y LAZ, \u201csi resultara que la teor\u00eda del valor se mostrara impotente para la comprensi\u00f3n del capitalismo, lo que habr\u00eda que hacer no ser\u00eda en ning\u00fan caso seguir los consejos de todos los economistas del futuro y apuntarse a una teor\u00eda mejor, sino, sencillamente, &#8216;renunciar a entender el capitalismo&#8217;\u201d. \u00a1Ni m\u00e1s (Marx) ni menos!<\/p>\n<p>Resumiendo este importante nudo: al formarse una tasa de ganancia media debida a la competencia entre las distintas ramas de capital, Marx deja muy claro que las mercanc\u00edas no pueden ya venderse a su valor. Eso no quiere decir que Marx est\u00e9 a punto de deshacerse de la teor\u00eda del valor. Al contrario, \u201clo que dice es que, si en virtud de esta realidad aparente (y sin embargo, clara como la luz del sol) renunci\u00e1ramos a la teor\u00eda del valor, &#8216;desaparecer\u00eda todo fundamento racional de la econom\u00eda pol\u00edtica&#8217;\u201d.<\/p>\n<p>Visto lo visto, prosiguen CFL y LAZ, ya no podemos estar nada seguros de que Marx defienda \u201cla teor\u00eda del valor en tanto que premisa a partir de la cual deducir todas las leyes del modo de producci\u00f3n capitalista\u201d. De lo que s\u00ed podemos estar seguros es que la considera imprescindible para el estudio de la sociedad moderna. \u201cEst\u00e1, podr\u00edamos decir, tan convencido de que la Econom\u00eda no puede dar ni un paso sin la construcci\u00f3n clara y distinta del concepto de valor como Galileo est\u00e1 convencido de que la f\u00edsica no puede seguir adelante sin enunciar el principio de inercia\u201d.<\/p>\n<p>Vale la pena insistir: \u201cAl igual que Galileo est\u00e1 convencido de que la inercia es el &#8216;tema&#8217; sin el cual no hay f\u00edsica que valga, Marx est\u00e1, por alg\u00fan motivo convencido de que el asunto del valor-trabajo es el tema respecto al cual la econom\u00eda pol\u00edtica no puede dar marcha atr\u00e1s, hasta el punto de que sin su perfecta delimitaci\u00f3n previa, la econom\u00eda no tiene ninguna otra posibilidad futura que la de hacer el rid\u00edculo acumulando datos y ecuaciones funcionales al servicio de &#8216;los espadachines a sueldo&#8217; del capitalismo. Algo, despu\u00e9s de todo, bastante semejante a lo que es hoy d\u00eda la econom\u00eda convencional moderna\u201d.<\/p>\n<p>A este paso met\u00f3dico est\u00e1 dedicada la pr\u00f3xima secci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre El orden de El Capital. 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