{"id":1517,"date":"2011-03-06T00:00:00","date_gmt":"2011-03-06T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1517"},"modified":"2020-02-21T15:33:36","modified_gmt":"2020-02-21T14:33:36","slug":"el-ecocomunismo-de-manuel-sacristan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1517","title":{"rendered":"El ecocomunismo de Manuel Sacrist\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p>Seminario de la FIM sobre Ecolog\u00eda y Marxismo en el Ateneo de Madrid.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Nota del autor. El pasado 17 de febrero, a las 19 h, la Fundaci\u00f3n de Investigaciones Marxistas (FIM) inaugur\u00f3 en el Ateneo de Madrid el Seminario \u201cEcolog\u00eda y Marxismo. Homenaje a Manuel Sacrist\u00e1n\u201d, con una conferencia de Francisco Fern\u00e1ndez. Buey y una anunciada intervenci\u00f3n del que firma este escrito. No es el \u00fanico acto programado. La secci\u00f3n de Econom\u00eda y Sociedad de la FIM, \u201cen el marco de sus objetivos de construcci\u00f3n de un discurso coherente y de la articulaci\u00f3n de alternativas y herramientas para hacer frente a los discursos liberales\u201d, continuar\u00e1 el seminario el pr\u00f3ximo 9 de abril con otra sesi\u00f3n que cuenta con la participaci\u00f3n de Jorge Riechmann, \u00d3scar Carpintero, la activista Yayo Herrero y el ge\u00f3logo y veterano ecologista Julio Garc\u00eda Camarero.<\/p>\n<p>Lamentablemente, yo no pude asistir finalmente al acto. Daniel Lacalle tuvo la gentileza de presentar y comentar el siguiente texto que, con toda seguridad, mejorar\u00eda notablemente en su exposici\u00f3n.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>En conversaci\u00f3n con Marc Saint-Up\u00e9ry [1], Joan Mart\u00ednez Alier ha recordado que a su regreso a Barcelona en 1975 observ\u00f3 que entre los economistas universitarios hab\u00eda un sector muy hostil a la ecolog\u00eda. Para los economistas neocl\u00e1sicos, algunos de ellos muy competentes en la materia, la ecolog\u00eda era algo que simplemente no exist\u00eda. Sobre los marxistas, a\u00f1ade el autor de Los huacchilleros del Per\u00fa, en medio \u201cdel gran desierto que fue la Universidad espa\u00f1ola durante el franquismo estaba Manuel Sacrist\u00e1n, un hombre extraordinario\u201d. A\u00f1os antes, durante su estancia en Per\u00fa con Verena Stolcke, JMA conoci\u00f3 en 1971-1972 al antrop\u00f3logo usamericano de Amherst, Brooke Thomas, un estudioso de las calor\u00edas que circulan entre los diferentes pisos ecol\u00f3gicos. Mart\u00ednez Alier, que hab\u00eda realizado cursos en econom\u00eda de la alimentaci\u00f3n, se interes\u00f3 por el tema. As\u00ed accedi\u00f3 a la econom\u00eda ecol\u00f3gica, de este modo pudo convertirse en uno de los pocos economistas, con sus propias palabras, \u201ccapaces de contar calor\u00edas y prote\u00ednas, porque hay muchos economistas que se dedican a lo metaf\u00edsico y no hablan de ese tipo de cosas\u201d.<\/p>\n<p>Durante esos a\u00f1os, Manuel Sacrist\u00e1n no impart\u00eda clases de Metodolog\u00eda de las Ciencias Sociales ni de Fundamentos de Filosof\u00eda en la Facultad de Econ\u00f3micas de la Universidad de Barcelona. Hab\u00eda sido expulsado de la Universidad en 1965. La raz\u00f3n, no ocultada por el entonces rector fascista de la UB, el competente farmac\u00f3logo Francisco Garc\u00eda Valdecasas, es conocida: su militancia en el PSUC-PCE, su compromiso en primera l\u00ednea de combate con la resistencia antifranquista y comunista. Durante la larga d\u00e9cada que estuvo expulsado, el traductor de El Capital se gan\u00f3 la vida, y ayud\u00f3 a su familia, con traducciones y colaboraciones editoriales. Es imposible concebir el gran prestigio y la enorme productividad de Ediciones Grijalbo durante ese per\u00edodo (y tambi\u00e9n de la Editorial Ariel, por supuesto) sin citar su nombre y sus numerosas y diversas (e incluso incre\u00edbles) aportaciones. Treinta mil p\u00e1ginas traducidas \u2013no exagero, Albert Domingo Curto las ha contado- del griego cl\u00e1sico, ingl\u00e9s, franc\u00e9s, italiano, catal\u00e1n y alem\u00e1n lo dicen todo.<\/p>\n<p>En 1972, mientras iba saliendo de una fuerte depresi\u00f3n cl\u00ednica en la que seguramente los recientes avatares hist\u00f3ricos del movimiento comunista internacional no fueron ajenos, Sacrist\u00e1n propuso, precisamente a Ediciones Grijalbo, la publicaci\u00f3n de tres nuevas colecciones. \u201cNaturaleza y sociedad\u201d, \u201cHip\u00f3tesis\u201d y CIC, \u201cCuadernos de Iniciaci\u00f3n Cient\u00edfica\u201d (o \u201ccuadernos de iniciaci\u00f3n comunista\u201d si se prefiere), eran sus nombres. S\u00f3lo la segunda lleg\u00f3 a realizarse. Fue una colecci\u00f3n inolvidable con la que nos formamos muchos j\u00f3venes de aquellos a\u00f1os. Ciencia, matem\u00e1ticas, filosof\u00eda, historia, marxismo, pol\u00edtica, biograf\u00eda, cl\u00e1sicos, de todo hab\u00eda en aquella vi\u00f1a documentada y enrojecida.<\/p>\n<p>El proyecto, que no lleg\u00f3 a concretarse, de \u201cNaturaleza y sociedad\u201d constaba de 200 vol\u00famenes distribuidos del modo siguiente: 20 vol\u00famenes de Ciencias Formales, 60 de Ciencias de la Naturaleza, 80 de Ciencias de la Sociedad, 30 de Cr\u00edtica e Interpretaci\u00f3n (10 de filosof\u00eda y 20 de historia) y 10 de Sociof\u00edsica. En el apartado III de \u201cproposiciones varias\u201d se\u00f1alaba Sacrist\u00e1n la novedad de este t\u00e9rmino: \u201cEl concepto de sociof\u00edsica es propio del director de la colecci\u00f3n. No se ha utilizado nunca. Significa los temas en que la intervenci\u00f3n de la sociedad (principalmente de la sociedad industrial capitalista) interfiere con la naturaleza (urbanismo, contaminaci\u00f3n, etc)\u201d. Sacrist\u00e1n quer\u00eda dedicar diez ensayos a este \u00e1mbito, igual cantidad que al apartado de filosof\u00eda. Pens\u00f3 esta colecci\u00f3n como \u201cde divulgaci\u00f3n alta\u201d para un p\u00fablico que pod\u00eda estar representado por bachilleres del \u00faltimo curso, el antiguo 6\u00ba de Bachillerato, y estudiantes de primeros cursos de Facultades o Escuelas universitarias. Eran otros tiempos, no se extra\u00f1en por este v\u00e9rtice.<\/p>\n<p>El anterior fue, probablemente, uno de los primeros escritos en los que Sacrist\u00e1n hizo referencia expl\u00edcita a tem\u00e1ticas ecol\u00f3gicas. Si, como \u00e9l hiciera con la obra de Marx, buscamos atisbos ecol\u00f3gicos en sus textos m\u00e1s esenciales, podemos citar tambi\u00e9n este paso de uno de sus grandes art\u00edculos, \u201cLa universidad y la divisi\u00f3n del trabajo\u201d, basado en conferencias de finales de los sesenta y principios de los setenta: \u201c[\u2026] Pero la causa m\u00e1s b\u00e1sica est\u00e1 en la energ\u00eda productiva liberada por la gran industria incluso en medio de las cat\u00e1strofes (sin olvidar ya hoy la degradaci\u00f3n del medio natural) que produce su organizaci\u00f3n en forma capitalista\u201d. No est\u00e1 en soledad de a uno.<\/p>\n<p>Desde entonces, la profundizaci\u00f3n de Sacrist\u00e1n en este \u00e1mbito [2] es constante, contra corriente, documentada, cr\u00edtica (son las marcas conocidas de la casa), y ciertamente singular en el marxismo no s\u00f3lo espa\u00f1ol sino europeo de aquellos a\u00f1os setenta. Su tesis esencial, la posici\u00f3n que mantendr\u00eda Sacrist\u00e1n hasta el final de su corta vida, puede ser expuesta en los siguientes t\u00e9rminos: el socialismo no entregado, es decir, el socialismo que aspira y lucha por el surgimiento de una nueva sociedad donde podamos vivir sin el permiso de los descreadores de la Tierra, la aspiraci\u00f3n b\u00e1sica de ciudadanos y ciudadanas ejemplares como Marcelino Camacho, Tomasa Cuevas, Miguel N\u00fa\u00f1ez o Gregorio L\u00f3pez Raimundo, el socialismo, dec\u00eda, ir\u00eda al desastre si no asimilaba la motivaci\u00f3n ecol\u00f3gico-revolucionaria. El capitalismo tend\u00eda inexorablemente a la acumulaci\u00f3n insaciable y a la concentraci\u00f3n sin l\u00edmite, y no pod\u00eda dar luz, aunque as\u00ed lo deseara, a una organizaci\u00f3n de la vida social que fuera justa, respetuosa y admisible.<\/p>\n<p>Sacrist\u00e1n insist\u00eda ya entonces, a quien quisiera o\u00edrle, que exist\u00eda razonamiento ecologista de calidad cient\u00edfica, que no todo, ni mucho menos, era ecologismo ingenuo \u201cque contrapone producci\u00f3n a necesidad o que quiere que se recicle todo sin pensar a costa de cu\u00e1ntos megavatios\u201d. Exist\u00eda ecologismo bien razonado desde hac\u00eda a\u00f1os, con buena categorizaci\u00f3n econ\u00f3mico-social, y hasta, en algunos casos, con aceptaci\u00f3n excesiva de los datos de partida que promov\u00eda la propia cultura del despilfarro y del consumismo insaciable. Al autor de Pacifismo, ecologismo y pol\u00edtica alternativa le gustaba citar este paso de Ciencia y supervivencia de Barry Commoner, muy del gusto tambi\u00e9n de su disc\u00edpulo Jorge Riechmann, otro brechtiano imprescindible. \u201cComo bi\u00f3logo\u201d, se\u00f1alaba Commoner, \u201che llegado a esta conclusi\u00f3n: hemos alcanzado un punto cr\u00edtico en la ocupaci\u00f3n humana de este planeta. El medio ambiente es un sistema complejo, delicadamente equilibrado, y este conjunto \u00edntegro recibe el impacto de todas las agresiones infligidas separadamente por los agentes contaminadores. Jam\u00e1s, en la historia de la Tierra, se ha sometido su tenue superficie sustentadora de vida a unos agentes tan activos, variados y asombrosos. Creo que los efectos acumulativos de esos contaminadores, sus acciones interdependientes y su amplificaci\u00f3n, pueden ser fatales para la compleja trama de la biosfera. Y como el hombre es, en definitiva, una parte dependiente de ese sistema, pienso que la contaminaci\u00f3n persistente del orbe -si no se impone una supervisi\u00f3n rigurosa- destruir\u00e1 la adaptabilidad de este planeta para la vida humana\u201d. El texto, d\u00e9jenme que lo recuerde con la boca abierta fruto de mi m\u00e1xima admiraci\u00f3n, es de 1966.<\/p>\n<p>Sacrist\u00e1n recordaba que se sol\u00eda afirmar que la tradici\u00f3n marxista no hab\u00eda conocido los problemas apuntados por la ecolog\u00eda pol\u00edtica o, acaso, que los hab\u00eda conocido muy insuficientemente. Sin embargo, en su opini\u00f3n, muchos a\u00f1os antes de los an\u00e1lisis de John Bellamy Foster, en la obra de los cl\u00e1sicos, particularmente en la de Marx y, en menor medida, en la de Engels, exist\u00edan elementos interesantes al respecto. Esos atisbos hab\u00edan sido tenidos en cuenta de manera muy diversa durante los a\u00f1os de existencia y evoluci\u00f3n de la tradici\u00f3n marxista. No se pod\u00eda hablar de pensamiento ecologista de Marx, propiamente, se\u00f1al\u00f3 en 1983, pero exist\u00eda en su obra unas pocas ideas que hoy se llamar\u00edan de \u201cpol\u00edtica ecol\u00f3gica\u201d. Escasas, pero de inter\u00e9s. Algunas bien conocidas, las que se refieren a las condiciones de vida de las clases trabajadoras; otras, mucho menos, las que se refer\u00edan a lo que Marx llamaba la depredaci\u00f3n del trabajador y el terreno en la econom\u00eda capitalista.<\/p>\n<p>M\u00e1s interesante que un estudio detallado de esas ideas era preguntarse por qu\u00e9 en la tradici\u00f3n no hab\u00edan tenido pr\u00e1cticamente ning\u00fan cultivo, muy poco, con excepci\u00f3n de algunos autores como Kautsky y Podolinsky. La causa, en su opini\u00f3n, era la presencia en el pensamiento de Marx de un esquema filos\u00f3fico, que sin ser toda su filosof\u00eda era un muy importante en ella, \u201cque tiene cierta tendencia no s\u00f3lo al fatalismo sino adem\u00e1s a concebir el dinamismo hist\u00f3rico como algo necesitado, fundamentalmente, del mal\u201d. Como hab\u00eda dicho Marx en alguna ocasi\u00f3n, la historia avanzaba por el lado malo, por su peor lado. Eso hab\u00eda ocasionado que en la tradici\u00f3n se aceptara alegremente, casi como obvio, el constante empeoramiento, la constante depredaci\u00f3n tanto de la fuerza de trabajo como de la misma naturaleza. En su conferencia de 1983 sobre la \u201cTradici\u00f3n marxista y los nuevos problemas\u201d, Sacrist\u00e1n volvi\u00f3 nuevamente sobre las relaciones entre la tradici\u00f3n y el movimiento ecologista. Se\u00f1al\u00f3 que se hab\u00eda hecho usual \u201cver en los cl\u00e1sicos del marxismo a unos autores ignorantes de esta problem\u00e1tica\u201d. Se sol\u00eda pensar que Marx era un autor que no hab\u00eda sabido nada de estas cuestiones y que, de hecho, lo que hab\u00eda apuntado era m\u00e1s bien contraproducente. Sin embargo, esta opini\u00f3n, que parec\u00eda ser la creencia \u201cde gente muy inteligente y culta\u201d como Joan Mart\u00ednez Alier, hombre muy competente, a\u00f1ad\u00eda Sacrist\u00e1n, pero que parec\u00eda estar convencido de esa tesis que, en su opini\u00f3n, era un error, un inmenso error.<\/p>\n<p>Tesis afines pueden rastrearse en la que fue su \u00faltima conferencia, a\u00fan in\u00e9dita, \u201cIntroducci\u00f3n a los nuevos movimientos sociales\u201c, una intervenci\u00f3n de julio de 1985 en Gij\u00f3n, un mes antes de su fallecimiento. Hay aqu\u00ed tambi\u00e9n diversos consideraciones de inter\u00e9s sobre el ecologismo, considerado como uno de los nuevos movimientos alternativos. El ecologismo no era una ciencia, no era la ecolog\u00eda. El ecologismo era una pol\u00edtica, una forma de concebir las relaciones entre el hombre y su entorno vivo o inerte, entre nuestra especie y las dem\u00e1s especies y el mundo. Los movimientos ecologistas, admit\u00eda entonces Sacrist\u00e1n, tend\u00edan desgraciadamente con frecuencia a la pseudociencia, a consideraciones \u201cpresentadas como ciencia pero carentes de base e incluso de argumentaci\u00f3n\u201d. Cuando ec\u00f3logos cr\u00edticos con el movimiento como Margalef o Laurent Samuel se\u00f1alaban que el ecologismo practicaba la pseudociencia esgrim\u00edan buenas razones para defender su cr\u00edtica. Algunos grupos ecologistas la practicaron, la practican ahora incluso. Esas tendencias anticient\u00edficas eran fruto de una reacci\u00f3n mal orientada, pero explicable sosten\u00eda Sacrist\u00e1n, debida \u201ca los desastres de la tecnociencia oficial\u201d. Si era verdad que dar consejos rid\u00edculos acerca del c\u00e1ncer o de la diabetes era un crimen, \u201cporque puede da\u00f1ar a unos cuantos miles de personas\u201d, fabricar armamento nuclear, aviones de combate, \u201ces much\u00edsimo m\u00e1s grave, porque puede da\u00f1ar a much\u00edsima m\u00e1s gente\u201d. Esta mala reacci\u00f3n que puede servir para explicar la presencia de pseudociencia en ambientes ecologistas no era, desde luego, una justificaci\u00f3n; si los movimientos ecologistas quer\u00edan sobrevivir, tener influencia y eficacia pol\u00edtica ten\u00edan que superar esa irracionalidad anticient\u00edfica inicial.<\/p>\n<p>La principal conversi\u00f3n que los condicionamientos ecol\u00f3gicos propon\u00edan al pensamiento revolucionario, se\u00f1al\u00f3 el traductor de Adorno y Marcuse en unas jornadas de Ecolog\u00eda y Pol\u00edtica celebradas en Murcia en 1979, consist\u00eda en abandonar la espeta del Juicio Final, el utopismo, la escatolog\u00eda, deshacerse del milenarismo de la tradici\u00f3n, creer ingenuamente que la revoluci\u00f3n social era la plenitud de los tiempos, un evento a partir del cual quedar\u00edan anuladas todas las tensones entre las personas y entre \u00e9stas y la Naturaleza, obrando entonces sin obst\u00e1culo las buenas y objetivas leyes del Ser, deformadas hasta entonces por las pecaminosas sociedades de clase, por la injusta sociedad capitalista.<\/p>\n<p>No, no se trataba de eso. Hab\u00eda que girar 180 grados la concepci\u00f3n entonces usual sobre el desarrollo de las fuerzas productivas, que \u00e9l llamo desde entonces fuerzas productivo-destructivas, y su choque con unas relaciones de producci\u00f3n que encorsetaban su despliegue. El socialismo no consist\u00eda en el despliegue sin obst\u00e1culos de un tren de alta velocidad sino en el uso plausible y sin colapso de los frenos de emergencia.<\/p>\n<p>Singularmente, la pol\u00edtica de la ciencia deb\u00eda cambiar. No se trataba de agitar a diestra y siniestra, d\u00edas impares y fiestas de guardar, m\u00e1s ciencia, m\u00e1s m\u00e1s madera, m\u00e1s ciencia, m\u00e1s madera, sino de agitar y arg\u00fcir una nueva y sosegada pol\u00edtica de la ciencia que tuviese el equilibrio homeost\u00e1tico de la especie como principio esencial. El primer principio orientador de una pol\u00edtica de la ciencia para esa otra sociedad, para esa comunidad o federaci\u00f3n de comunidades, deber\u00eda ser una rectificaci\u00f3n de los modos dial\u00e9cticos cl\u00e1sicos de pensar, hegelianos, s\u00f3lo por negaci\u00f3n, para pensar de un modo que incluyera una dialecticidad distinta con elementos de positividad, una dialecticidad que tuviera como primera virtud pr\u00e1ctica la de Arist\u00f3teles, el principio del mesotes, de la cordura, dimanante del hecho de que las contraposiciones en las que ya entonces se estaba no las ve\u00eda como resolubles al modo hegeliano sino al modo como se apunta en el libro primero de El Capital, mediante la creaci\u00f3n del marco en el cual pod\u00edan dirimirse sin cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>Una pol\u00edtica socialista respecto de las fuerzas productivo-destructivas contempor\u00e1neas ten\u00eda que ser bastante compleja y proceder con lo que \u00e9l llamaba \u201cmoderaci\u00f3n dial\u00e9ctica\u201d, empujando y frenando selectivamente, con los valores socialistas presentes en todo momento, de modo que pudiera calcular con precisi\u00f3n los eventuales \u201ccostes socialistas\u201d de cada desarrollo. Esa pol\u00edtica ten\u00eda que estar alejada de l\u00edneas simplistas aparentemente radicales, \u201ccomo la simpleza progresista del desarrollo sin freno y la simpleza rom\u00e1ntica del puro y simple bloqueo\u201d. La primera l\u00ednea no ofrec\u00eda ninguna seguridad socialista y s\u00ed, en cambio, muy alta probabilidad de suicidio; la segunda, era para empezar, impracticable.<\/p>\n<p>La ciencia en el sentido contempor\u00e1neo era un conocimiento socializado con proyecci\u00f3n t\u00e9cnica m\u00e1s o menos inmediata. De esta \u00faltima circunstancia se derivaba su peligrosidad intr\u00ednseca como conocimiento sumamente eficaz: la excelencia de la f\u00edsica como conocimiento era la base del armamento nuclear y qu\u00edmico. La reacci\u00f3n rom\u00e1ntica a esta circunstancia consistente \u201cen intentar deshacer el camino andado y, en la pr\u00e1ctica pol\u00edtica, bloquear la investigaci\u00f3n\u201d le parec\u00eda a Sacrist\u00e1n no s\u00f3lo inviable sino adem\u00e1s indeseable. Desde el punto de vista pol\u00edtico-moral, la ciencia era ambigua, por as\u00ed decirlo, si no quer\u00eda usar la palabra \u201cneutral\u201d lamentablemente satanizada en los ambientes de izquierda. Los productos cient\u00edficos eran ambiguos y conllevaban por s\u00ed mismos un riesgo probablemente proporcional a su calidad epistemol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Sus propuestas concretas para una pol\u00edtica de la ciencia de orientaci\u00f3n socialista se\u00f1alaban cinco nudos b\u00e1sicos. Un ejemplo de sus propuestas: hacer una pol\u00edtica de la ciencia que admitiera la preeminencia de la educaci\u00f3n sobre la investigaci\u00f3n durante un cierto largo per\u00edodo, principio orientado a evitar las malas reacciones por ineducaci\u00f3n de la humanidad a las consecuencias inevitables de reducci\u00f3n del consumo. Un corolario de este primer principio: la acentuaci\u00f3n de la funci\u00f3n educativa de la ense\u00f1anza superior. Esta medida, su primer corolario, redundaban inmediatamente en un descenso del consumo a trav\u00e9s de una disminuci\u00f3n de la productividad, por lo menos, se\u00f1alaba, en una primera fase, \u201cporque esto significa menos producci\u00f3n de profesionales y m\u00e1s producci\u00f3n de \u201chombres cultos\u201d, que dec\u00eda Ortega\u201d.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, Sacrist\u00e1n fue muy cr\u00edtico respecto a algunas aproximaciones al tema entonces bastante influyentes. As\u00ed, comentando el libro de Hans Magnus Enzensberger, Para una cr\u00edtica de la ecolog\u00eda pol\u00edtica (Barcelona, Anagrama en 1974), un ensayo escrito, en su opini\u00f3n, \u201ccon grandes bandazos que acaso est\u00e9n determinados por la tradici\u00f3n de mezclar la cr\u00edtica ideol\u00f3gica con la consideraci\u00f3n de la cosa misma, acaso por precipitaci\u00f3n en la composici\u00f3n, y acaso por pudores de revolucionario verbal\u201d, anotando un paso del ensayo -\u201cLa izquierda ha considerado ante todo su deber enfrentar el problema desde una perspectiva cr\u00edtico-ideol\u00f3gica. Su actuaci\u00f3n es fundamentalmente clarificadora, tratando de poner de manifiesto las innumerables mixtificaciones que comporta el pensamiento ecol\u00f3gico y promoviendo su soluci\u00f3\u201d (p.22), comentaba Sacrist\u00e1n: \u201cSin que eso sea falso, la falta de sentido autocr\u00edtico lo estropea: la izquierda ha empezado por ignorar todo eso y seguir averiguando el sexo de los \u00e1ngeles grupusculares durante a\u00f1os, mientras los obreros y el pueblo de Erandio chocaban con la polic\u00eda por la contaminaci\u00f3n de su atm\u00f3sfera\u201d.<\/p>\n<p>Ni que decir tiene que Sacrist\u00e1n, que nunca fue, desde su compromiso pol\u00edtico marxista-comunista, ni incluso antes, un fil\u00f3sofo al uso, no se conform\u00f3 con la reflexi\u00f3n te\u00f3rica ni con la mera agitaci\u00f3n propagand\u00edstica. Organiz\u00f3, luch\u00f3 y combati\u00f3 en organizaciones tan esenciales como el CANC, el Comit\u00e9 Antinuclear de Catalunya, junto a Paco Fern\u00e1ndez Buey, V\u00edctor R\u00edos, Toni Dom\u00e8nech o Joan Pallis\u00e9; intervino en el interior de Comisiones Obreras y era frecuente verle en manifestaciones obreras y ciudadanas en Barcelona repartiendo papeles y documentos, adem\u00e1s de impartir numerosas y concurridas conferencias sobre la tem\u00e1tica, sobre el ecologismo, sobre el antimilitarismo, contra la energ\u00eda nuclear y, d\u00e9jenme que no olvide este paisaje, contra la estafa al\u00e9fica que signific\u00f3 nuestra permanencia en la OTAN, una falsaria y estudiada generaci\u00f3n de consenso ciudadano que permiti\u00f3 nuestra permanencia en una alianza militar criminal como el tratado del Atl\u00e1ntico Norte, dirigido durante a\u00f1os, d\u00e9jenme que recuerde su nombre, por el \u201csocialista\u201d Javier Solana.<\/p>\n<p>En el marco de nuestra edici\u00f3n espa\u00f1ola de Luk\u00e1cs, escrib\u00eda Sacrist\u00e1n en la edici\u00f3n de las Aportaciones a la historia de la est\u00e9tica, \u201ceste volumen debe dar testimonio de esta excepcional y llamativa caracter\u00edstica del pensador h\u00fangaro\u201d. Con independencia de lo que cada lector \u2013marxista o no- estuviera dispuesto a recibir de la obra de Luk\u00e1cs, a\u00f1ad\u00eda, \u201cnadie puede negarle esa peculiar capacidad de fundir la viva y \u00e1gil irrequietud del pensamiento, la constante receptividad para con novedades y profundidades reci\u00e9n vistas, con una persistencia de verdadero cl\u00e1sico en cuanto a una media docena de criterios hist\u00f3rico-filos\u00f3ficos y est\u00e9ticos b\u00e1sicos, a los cuales es fiel nuestro autor a trav\u00e9s de las vicisitudes de una agitada vida de pensador, escritor y pol\u00edtico\u201d.<\/p>\n<p>Algo similar puede decirse de su vida y de su hacer. Sacrist\u00e1n no fue, propiamente, sin m\u00e1s matices, un pensador ecologista ni siquiera un ecosocialista hoy al uso, o un dirigente pol\u00edtico sensible, preocupado por un desarrollo sostenible de la econom\u00eda. No, Sacrist\u00e1n, fue un ecocomunista, alguien que no idealiz\u00f3, desde luego, la arista ecologista a los pa\u00edses del socialismo (ir)real, como s\u00ed har\u00eda \u2013o jugara a hacer- el que fuera su amigo y compa\u00f1ero en este \u00e1mbito, Wolfgang Harich, de cuyos an\u00e1lisis Sacrist\u00e1n bebi\u00f3 cr\u00edticamente, alguien, Sacrist\u00e1n, para quien el socialismo no consist\u00eda en hacer lo mismo que el capitalismo aunque mejor, m\u00e1s eficazmente, y con un poquito m\u00e1s de humanidad, sino, esencialmente, construir algo nuevo, una nueva cultura, una nueva forma de relacionarnos con la Naturaleza y entre nosotros a trav\u00e9s de nuevos procedimientos democr\u00e1ticos participativos, evitando que la Tierra se convirtiera en un estercolero. En el editorial del n\u00famero 1 de mientras tanto, \u00e9l mismo se\u00f1al\u00f3 la urgencia de la tarea que habr\u00eda que proponerse \u201cpara que tras esta noche oscura de la crisis de una civilizaci\u00f3n despuntara una humanidad m\u00e1s justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso reba\u00f1o de atontados ruidosos en un estercolero qu\u00edmico, farmac\u00e9utico y radiactivo\u201d.<\/p>\n<p>A muchos de nosotros, ese programa nos siguen pareciendo una aspiraci\u00f3n necesaria, urgente, razonable y sin duda justa. Gracias.<\/p>\n<p><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n<p>[1] V\u00e9ase sin permiso, n\u00ba 7, 2010.<\/p>\n<p>[2] Los textos de Sacrist\u00e1n que he usado en esta comunicaci\u00f3n provienen fundamentalmente de los escritos recogidos en Pacifismo, ecologismo y pol\u00edtica alternativa (Barcelona, Icaria-P\u00fablico, 2010), de conferencias incluidas en M. Sacrist\u00e1n, Seis conferencias (Barcelona, El Viejo Topo, 2005) y de otros textos in\u00e9ditos, transcritos por mi, o que est\u00e1n ubicados entre la documentaci\u00f3n depositada en Reserva de la Biblioteca Central de la UB, fondo Sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>Rebeli\u00f3n ha publicado este art\u00edculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seminario de la FIM sobre Ecolog\u00eda y Marxismo en el Ateneo de Madrid. \u00a0 Nota del autor. El pasado 17<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[993],"class_list":["post-1517","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-manuel-sacristan","tag-manuel-sacristan"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1517","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1517"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1517\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1517"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1517"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1517"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}