{"id":16472,"date":"2024-10-21T05:00:49","date_gmt":"2024-10-21T04:00:49","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=16472"},"modified":"2024-10-21T03:12:26","modified_gmt":"2024-10-21T02:12:26","slug":"raymond-williams-transformo-la-teoria-cultural-marxista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=16472","title":{"rendered":"Raymond Williams transform\u00f3 la teor\u00eda cultural marxista"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><strong>El t\u00e9rmino \u00abmarxismo cultural\u00bb se ha convertido en la piedra de toque de los te\u00f3ricos de la conspiraci\u00f3n de extrema derecha. Raymond Williams nos mostr\u00f3 lo que realmente deber\u00eda implicar el an\u00e1lisis cultural marxista en una serie de obras brillantes.<\/strong><\/p>\n<div id=\"yiv6136138107m_-6357666951985390610m_5924090673960095939m_3124042920236828922ydpe2a47389post-content\">\n<p>Raymond Williams fue quiz\u00e1 la figura de izquierdas m\u00e1s importante de la vida intelectual brit\u00e1nica del siglo XX. Formado en la disciplina de la literatura inglesa, fue alumno de F. R. Leavis, el cr\u00edtico literario cuya obra proporcion\u00f3 a los estudios ingleses su paradigma dominante durante gran parte de la segunda mitad de ese siglo.<\/p>\n<p>Formado por la experiencia biogr\u00e1fica de la vida de la clase obrera galesa, fue tambi\u00e9n un socialista de toda la vida, muy brevemente miembro del Partido Comunista Brit\u00e1nico, simpatizante del Partido Laborista durante las d\u00e9cadas de 1950 y 1960, entusiasta de diversas causas de la Nueva Izquierda, especialmente la de la Campa\u00f1a para el Desarme Nuclear, y en sus \u00faltimos a\u00f1os, un colaborador bastante cercano del partido nacionalista gal\u00e9s Plaid Cymru.<\/p>\n<p>Esta implicaci\u00f3n pol\u00edtica le llev\u00f3 a interesarse por las versiones marxianas y cuasi-marxianas de la teor\u00eda social y cultural. En cierto sentido, la clave para comprender la evoluci\u00f3n intelectual de Williams consiste en apreciar c\u00f3mo negoci\u00f3 su propia relaci\u00f3n doblemente ambivalente con las ideas de Leavis, por un lado, y con el marxismo, por otro.<\/p>\n<p><strong>Tres fases<\/strong><\/p>\n<p>Del leavisismo, Williams hered\u00f3: Un compromiso con las concepciones organicistas y hol\u00edsticas de la cultura y los m\u00e9todos de an\u00e1lisis; un fuerte sentido de la importancia de lo particular, ya sea en el arte o en la vida; y una insistencia en la centralidad absoluta de la cultura. Sin embargo, rechaz\u00f3 su elitismo cultural, especialmente en la idea de una oposici\u00f3n necesaria entre la civilizaci\u00f3n de masas y la cultura minoritaria.<\/p>\n<p>Del marxismo hered\u00f3 una cr\u00edtica socialista radical del poder pol\u00edtico, econ\u00f3mico y cultural de la clase dominante. Pero rechaz\u00f3 el determinismo econ\u00f3mico del marxismo comunista ortodoxo, que hab\u00eda intentado caracterizar la cultura como una \u00absuperestructura\u00bb meramente epifenom\u00e9nica de la \u00abbase\u00bb econ\u00f3mica, junto con los determinismos estructurales posteriores de las teor\u00edas althusserianas y cuasi althusserianas de la ideolog\u00eda, que desment\u00edan la realidad de la experiencia y de la agencia.<\/p>\n<p>Es posible identificar tres fases principales en el pensamiento de Williams. Cada fase es explicable en t\u00e9rminos de su propio acuerdo negociado entre el leavisismo y el marxismo, y cada una puede caracterizarse, en t\u00e9rminos quiz\u00e1 excesivamente pol\u00edticos, en relaci\u00f3n con un momento relativamente distinto y consecutivo en la historia de la Nueva Izquierda brit\u00e1nica.<\/p>\n<p>En la primera fase, el momento de 1956 y la fundaci\u00f3n de la Nueva Izquierda, Williams desempe\u00f1\u00f3 un papel central en el desarrollo de un marxismo poscomunista peculiarmente \u00abculturalista\u00bb, una especie de \u00abmarxismo occidental\u00bb ind\u00edgena brit\u00e1nico. Los textos clave de este periodo fueron <em>Cultura y sociedad<\/em> (1958) y <em>La larga revoluci\u00f3n<\/em> (1961).<\/p>\n<p>Fundamentalmente, Williams insisti\u00f3 en <em>Cultura y sociedad <\/em>en que \u00abuna cultura no es s\u00f3lo un conjunto de obras intelectuales e imaginativas; es tambi\u00e9n y esencialmente toda una forma de vida\u00bb. Ampli\u00f3 el concepto para incluir la \u00abinstituci\u00f3n democr\u00e1tica colectiva\u00bb, con la que se refer\u00eda, principalmente, a los sindicatos, las cooperativas y los partidos pol\u00edticos de la clase obrera. As\u00ed redefinida, la noci\u00f3n de Leavis de una \u00fanica cultura com\u00fan se vio complementada, y sobre todo matizada, por la de una pluralidad de culturas de clase.<\/p>\n<p>A pesar de tal matizaci\u00f3n, el ideal normativo de una cultura com\u00fan segu\u00eda siendo importante para Williams. Puede que la cultura com\u00fan a\u00fan no exista propiamente, pero no por ello deja de ser deseable. Adem\u00e1s, proporciona a Williams la base te\u00f3rica esencial desde la que montar una cr\u00edtica organicista del individualismo utilitarista. En un movimiento caracter\u00edsticamente izquierdista, reubic\u00f3 la cultura com\u00fan desde el pasado hist\u00f3rico idealizado que hab\u00eda ocupado para Leavis, hasta el futuro socialista democr\u00e1tico no muy lejano, a\u00fan por hacer.<\/p>\n<p>Si la cultura com\u00fan a\u00fan no es totalmente com\u00fan, se deduce que la tradici\u00f3n cultural deber\u00eda considerarse no tanto como el despliegue de una mente de grupo, como hab\u00eda sido para los conservadores culturales como T. S. Eliot, sino como el resultado, en parte, de un conjunto de selecciones interesadas realizadas en el presente. La selecci\u00f3n, observa Williams en <em>La larga revoluci\u00f3n<\/em>, \u00abestar\u00e1 regida por muchos tipos de intereses particulares, incluidos los intereses de clase&#8230; . La cultura tradicional de una sociedad siempre tender\u00e1 a corresponderse con su sistema <em>contempor\u00e1neo<\/em> de intereses y valores.\u00bb<\/p>\n<p>Donde la literatura inglesa hab\u00eda venerado una \u00abGran Tradici\u00f3n\u00bb, Williams detectar\u00eda as\u00ed una tradici\u00f3n selectiva. Pero incluso al insistir en la importancia de las culturas de clase, Williams tuvo cuidado tambi\u00e9n de se\u00f1alar hasta qu\u00e9 punto las distinciones de clase se complican, especialmente en el campo del trabajo intelectual e imaginativo, por \u00ablos elementos comunes que descansan en un lenguaje com\u00fan\u00bb.<\/p>\n<p>Para Williams, cualquier reducci\u00f3n directa del arte a la clase \u2013del tipo propuesto en ciertas versiones \u00abizquierdistas\u00bb del marxismo, como el mao\u00edsmo\u2013 segu\u00eda siendo inaceptable. De ah\u00ed que desarrollara el concepto de estructura del sentimiento para el an\u00e1lisis de textos literarios y culturales:<\/p>\n<blockquote><p>En cierto sentido, esta estructura de sentimientos es la cultura de una \u00e9poca: es el resultado vivo particular de todos los elementos de la organizaci\u00f3n general. Y es en este sentido en el que las artes de una \u00e9poca, entendiendo por tales los enfoques y tonos caracter\u00edsticos de la argumentaci\u00f3n, revisten una importancia capital. Porque aqu\u00ed, si en alguna parte, es probable que se exprese esta caracter\u00edstica; a menudo no conscientemente, sino por el hecho de que aqu\u00ed, en los \u00fanicos ejemplos que tenemos de comunicaci\u00f3n registrada que sobrevive a sus portadores, se recurre naturalmente al sentido vivo real, a la comunidad profunda que hace posible la comunicaci\u00f3n.<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>Compromisos marxistas<\/strong><\/p>\n<p>Una comunidad tan profunda debe trascender la clase y, sin embargo, sigue estando irremediablemente marcada por ella. En los primeros escritos de Williams, \u00e9ste sigue siendo un c\u00edrculo que se niega obstinadamente a ser cuadrado. Pero en la segunda fase de su obra, la del momento de 1968 y el <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/archive\/sedgwick\/1964\/08\/2newlefts.htm\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\" shape=\"rect\">surgimiento<\/a> de una <a href=\"https:\/\/socialistregister.com\/index.php\/srv\/article\/view\/5649\/2547\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\" shape=\"rect\">segunda Nueva Izquierda<\/a>, por fin le fue posible a Williams explicar, al menos para su propia satisfacci\u00f3n, c\u00f3mo pod\u00eda ser que las estructuras de sentimiento fueran comunes a diferentes clases y, sin embargo, representaran los intereses de alguna clase en particular.<\/p>\n<p>En esta segunda fase, Williams se relacion\u00f3 con una serie de variedades europeas continentales del marxismo occidental, todas ellas recientemente traducidas al ingl\u00e9s (Georg Luk\u00e1cs, Lucien Goldmann, Louis Althusser, Antonio Gramsci), y con diversas formas de \u00abultraizquierdismo\u00bb pol\u00edtico tercermundista. Este compromiso era paralelo al de la generaci\u00f3n m\u00e1s joven de intelectuales radicales asociados a la <em>New Left<\/em> Review, aunque no lo duplicaba ni lo inspiraba.<\/p>\n<p>Al principio, este compromiso para Williams signific\u00f3 poco m\u00e1s que el reconocimiento de que no todas las formas de marxismo se basaban necesariamente en el determinismo econ\u00f3mico, as\u00ed como el descubrimiento de preocupaciones te\u00f3ricas similares a las suyas en la obra de autores como Goldmann, un soci\u00f3logo cultural franco-rumano. M\u00e1s tarde, sin embargo, supuso una redefinici\u00f3n mucho m\u00e1s positiva de la propia postura te\u00f3rica de Williams.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/jacobin.com\/2023\/09\/raymond-williams-class-oppression-literature-rural-urban-exploitation-colonialism\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\" shape=\"rect\"><em>The Country and the City (El campo y la ciudad<\/em><\/a>, 1973) anuncia un giro marcadamente \u00abizquierdista\u00bb en Williams, a trav\u00e9s del cual una cr\u00edtica en desarrollo de diversos relatos mitol\u00f3gicos de la vida rural (incluido el rechazo del propio Marx de la \u00abidiotez rural\u00bb) culmina finalmente en una defensa del insurreccionalismo del Tercer Mundo. La pol\u00edtica cultural impl\u00edcita en este giro no es de inspiraci\u00f3n comunista ni laborista, sino mucho m\u00e1s obviamente af\u00edn al mao\u00edsmo.<\/p>\n<p>Williams anuncia formalmente este renovado inter\u00e9s y entusiasmo por las versiones no ortodoxas del marxismo en <em>Marxism and Literature<\/em> (1977). Aqu\u00ed, como antes, Williams argument\u00f3 en contra del modelo comunista ortodoxo de base\/superestructura para el an\u00e1lisis cultural, bas\u00e1ndose en que la cultura es tanto real como material:<\/p>\n<blockquote><p>Desde los castillos, los palacios y las iglesias hasta las prisiones, las casas de trabajo y las escuelas; desde las armas de guerra hasta una prensa controlada: cualquier clase dominante, de formas variables aunque siempre materiales, produce un orden social y pol\u00edtico. Nunca se trata de actividades superestructurales. Son necesariamente producci\u00f3n material dentro de la cual s\u00f3lo puede llevarse a cabo un modo de producci\u00f3n aparentemente autosubsistente.<\/p><\/blockquote>\n<p>Pero aqu\u00ed Williams opta decididamente por una teor\u00eda gramsciana de la hegemon\u00eda, que ahora describe como \u00abuno de los principales puntos de inflexi\u00f3n en la teor\u00eda cultural marxista\u00bb. Para Williams, el logro central de Gramsci consiste en la articulaci\u00f3n de un sentido culturalista de la totalidad de la cultura con un sentido m\u00e1s t\u00edpicamente marxista del car\u00e1cter interesado de la ideolog\u00eda. As\u00ed, la hegemon\u00eda es \u00aben el sentido m\u00e1s fuerte una &#8216;cultura&#8217;, pero una cultura que tambi\u00e9n tiene que ser vista como la dominaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n vivida de clases particulares\u00bb.<\/p>\n<p>Para Williams, como para el propio Gramsci, el momento contrahegem\u00f3nico sigue siendo especialmente significativo. De ah\u00ed su intento de ampliar la distinci\u00f3n inicial de Gramsci entre intelectuales tradicionales y org\u00e1nicos, para identificar lo que \u00e9l denomina elementos culturales dominantes, residuales y emergentes.<\/p>\n<p>No cabe duda de que Williams es capaz de desplegar este esquema con cierto garbo en el an\u00e1lisis de textos concretos. Tambi\u00e9n podr\u00edamos a\u00f1adir que la lectura que Williams hace de Gramsci reconstruye casi con toda seguridad la intenci\u00f3n del autor original con mucho m\u00e1s \u00e9xito de lo que Althusser fue capaz de conseguir a trav\u00e9s de su teor\u00eda de la ideolog\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Cuestiones posmodernas<\/strong><\/p>\n<p>En la tercera y \u00faltima fase de su obra, producida durante la d\u00e9cada de 1980, la creciente internacionalizaci\u00f3n del capitalismo corporativo y la promesa de un radicalismo posmoderno centrado en los nuevos movimientos sociales obligaron a Williams a reflexionar sobre las implicaciones te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas de un aparente descentramiento del Estado-naci\u00f3n brit\u00e1nico, por un lado, y de la pol\u00edtica de clases, por otro. Los textos clave aqu\u00ed son <em>Hacia el a\u00f1o 2000<\/em> (1983) y el tristemente inacabado <em>The Politics of Modernism<\/em> (1989), publicado p\u00f3stumamente.<\/p>\n<p>Ambos libros abordan de forma bastante directa la pol\u00edtica cultural de la posmodernidad. Los momentos m\u00e1s expl\u00edcitamente posmodernos de <em>Hacia el a\u00f1o<\/em> 2000 est\u00e1n contenidos en dos aspectos de la obra. En primer lugar, la idea de que el sistema mundial contempor\u00e1neo se ha internacionalizado de forma tan radical \u2013\u00abparanacional\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Williams\u2013 que socava la legitimidad cultural de la \u00abcomunidad oficial\u00bb de Estados-naci\u00f3n, como \u00abla Yookay\u00bb, seg\u00fan su burlona denominaci\u00f3n. En segundo lugar, est\u00e1 su reconocimiento de los movimientos pacifista, ecologista y feminista, junto con lo que Williams denomina el movimiento de la \u00abcultura de oposici\u00f3n\u00bb, como importantes \u00abrecursos de esperanza\u00bb para un viaje m\u00e1s all\u00e1 del capitalismo.<\/p>\n<p>Sin embargo, Williams se cuida de reconocer la importancia que siguen teniendo tanto las comunidades localizadas como el movimiento obrero, si no el Partido Laborista. Para Williams, es un \u00aberror de interpretaci\u00f3n\u00bb considerar que los movimientos sociales \u00abvan m\u00e1s all\u00e1 de la pol\u00edtica de clases\u00bb. De hecho, argumenta, \u00abno hay una sola de estas cuestiones que, seguida a trav\u00e9s de ella, no nos conduzca a los sistemas centrales del modo de producci\u00f3n industrial-capitalista y, entre otros, a su sistema de clases\u00bb.<\/p>\n<p>En <em>La larga revoluci\u00f3n<\/em> y en <em>Cultura y sociedad<\/em>, Williams hab\u00eda aireado respetuosa pero decididamente sus diferencias con los guardianes de la cultura minoritaria de Leavis. <em>Hacia 2000<\/em>, se hab\u00eda vuelto mucho m\u00e1s despectivo: \u00abQuedan muy pocos contrastes absolutos entre una &#8216;cultura minoritaria&#8217; y las &#8216;comunicaciones de masas&#8217;\u00bb. Adem\u00e1s, insiste en que los modernismos m\u00e1s antiguos, que anta\u00f1o amenazaban con desestabilizar las certezas de la vida burguesa, se han transformado en un nuevo \u00ab&#8217;establishment&#8217; posmodernista\u00bb que \u00abtoma la insuficiencia humana&#8230; como algo evidente\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, Williams ya se mostraba profundamente esc\u00e9ptico ante lo que denomina el \u00abpseudorradicalismo\u00bb de \u00ablas estructuras negativas del arte posmodernista\u00bb. En <em>The Politics of Modernism<\/em>, expondr\u00eda el caso de forma mucho m\u00e1s contundente:<\/p>\n<blockquote><p>Si queremos salir de la fijeza no hist\u00f3rica <em>del posmodernismo<\/em>, entonces debemos buscar y contraponer una tradici\u00f3n alternativa tomada de las obras olvidadas que quedan en el amplio margen del siglo, una tradici\u00f3n que pueda dirigirse no a esta reescritura del pasado que ya es explotable porque es bastante inhumana, sino, por el bien de todos nosotros, a un <em>futuro<\/em> moderno en el que la comunidad pueda imaginarse de nuevo.<\/p><\/blockquote>\n<p>Antes de Williams, los estudios literarios y culturales brit\u00e1nicos sol\u00edan suscribir una especie de \u00abidealismo objetivo\u00bb por el que se consideraba que la verdad resid\u00eda en la propia tradici\u00f3n cultural. La deconstrucci\u00f3n de esta noci\u00f3n por parte de Williams, a trav\u00e9s de la idea de la tradici\u00f3n selectiva, conlleva un giro relativizador similar al del posestructuralismo en relaci\u00f3n con el estructuralismo.<\/p>\n<p>Lo hace apelando al papel del lector colectivo. Es m\u00e1s que un gesto en la direcci\u00f3n de reconocer la imbricaci\u00f3n del poder en el discurso, del modo en que lo reconoci\u00f3 la obra posterior de Michel Foucault. Tambi\u00e9n avanza hacia un reconocimiento de la materialidad, historicidad y variabilidad arbitraria del signo ling\u00fc\u00edstico, similar a lo que podemos encontrar tanto en Foucault como en Jacques Derrida.<\/p>\n<p>Todo esto sigue unido a un sentido de la acci\u00f3n comunicativa genuinamente libre \u2013una cultura verdaderamente com\u00fan\u2013 como normativa, que incluso J\u00fcrgen Habermas podr\u00eda haber aprobado. Con raz\u00f3n, Terry Eagleton podr\u00eda llegar a la conclusi\u00f3n de que \u00abla obra de Williams ha prefigurado y se ha adelantado al desarrollo de posiciones de izquierda paralelas al, por as\u00ed decirlo, quedarse aparentemente parada\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<p><br clear=\"none\" \/>Andrew Milner es profesor em\u00e9rito de literatura inglesa y comparada en la Universidad de Monash. Entre sus libros figuran <cite>Re-Imagining Cultural Studies: The Promise of Cultural Materialism<\/cite> (2002) y <cite>Cultural Materialism<\/cite> (1993).<\/p>\n<p>Foto de portada: Raymond William en Oxford, 1953. (Parthian Books \/ People&#8217;s Collection Gales)<br \/>\nFuente: <em>Jacobin<\/em>, 18 de septiembre de 2024 (<a href=\"https:\/\/jacobin.com\/2024\/09\/raymond-williams-marxist-cultural-theory\">https:\/\/jacobin.com\/2024\/09\/raymond-williams-marxist-cultural-theory<\/a>)<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El t\u00e9rmino \u00abmarxismo cultural\u00bb se ha convertido en la piedra de toque de los te\u00f3ricos de la conspiraci\u00f3n de extrema<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":16474,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19,1552],"tags":[],"class_list":["post-16472","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-marxismo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16472","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16472"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16472\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16478,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16472\/revisions\/16478"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/16474"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}