{"id":17023,"date":"2025-01-17T05:00:44","date_gmt":"2025-01-17T04:00:44","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17023"},"modified":"2025-01-16T07:34:09","modified_gmt":"2025-01-16T06:34:09","slug":"donde-se-habla-de-laye-revista-barcelonesa-de-principios-de-los-anos-cincuenta-a-la-que-josep-m-a-castellet-un-amigo-de-juventud-del-autor-llamo-la-inolvidable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17023","title":{"rendered":"Donde se habla de <i>Laye<\/i>, revista barcelonesa de principios de los a\u00f1os cincuenta, a la que Josep M.\u00aa Castellet, un amigo de juventud del autor, llam\u00f3 \u00abLa inolvidable\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><strong>Edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal y Jos\u00e9 Sarri\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><em>Estimados lectores, queridos amigos y amigas:<\/em><\/p>\n<p>Seguimos con<em> la serie de textos de Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n <\/em><em>(1925-1985)<\/em><em> que iremos publicando en Espai Marx todos los viernes a lo largo de 2025, el a\u00f1o del primer centenario de su nacimiento (tambi\u00e9n de los 40 a\u00f1os de su prematuro fallecimiento). En esta ocasi\u00f3n, <\/em><em>una selecci\u00f3n de sus<\/em><em> escritos <\/em><em>publicados en <\/em><em>la revista<\/em> <em>Laye<\/em><em> (m\u00e1s una carta a <\/em><em>Rafael <\/em><em>S\u00e1nchez Ferlosio y una conferencia de finales de 1954).<\/em><\/p>\n<p><em>Os agradecer\u00edamos que nos ayudarais en la difusi\u00f3n de estos trabajos.<\/em><\/p>\n<p><em>Los materiales publicados<\/em><em>, los futuros y las cuatro entradas de presentaci\u00f3n pueden encontrarse pulsando la etiqueta \u00abCentenario Sacrist\u00e1n\u00bb &#8211;<\/em><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/?tag=centenario-sacristan\"><em>https:\/\/espai-marx.net\/?tag=<\/em><\/a><em>&#8211; que se encuentra adem\u00e1s debajo de cada t\u00edtulo de nuestras entradas.<\/em><\/p>\n<p><em>Un abrazo grande y muchas gracias.<\/em><\/p>\n<p id=\"INDICE\">INDICE<\/p>\n<ol>\n<li><a href=\"#1\"> Presentaci\u00f3n<\/a><\/li>\n<li><a href=\"#2\"> Rese\u00f1a de <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em><\/a><\/li>\n<li><a href=\"#3\"> Comentario a un gesto intrascendente<\/a><\/li>\n<li><a href=\"#4\"> Entre sol y sol II<\/a><\/li>\n<li><a href=\"#5\"> Tres grandes libros en la estacada<\/a><\/li>\n<li><a href=\"#6\">Nota acerca de la constituci\u00f3n de una nueva filosof\u00eda<\/a><\/li>\n<li><a href=\"#7\"> Rese\u00f1a de <em>Alfanhu\u00ed<\/em><\/a><br \/>\n7.1. <a href=\"#8\">Una carta a Rafael S\u00e1nchez Ferlosio<\/a><\/li>\n<li><a href=\"#9\">Hay una buena oportunidad para el sentido com\u00fan<\/a><\/li>\n<li><a href=\"#10\">Los art\u00edculos de <em>Laye<\/em><\/a><\/li>\n<\/ol>\n<h3 id=\"1\"><strong> 1. Presentaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Fueron numerosos los escritos de Sacrist\u00e1n (art\u00edculos, rese\u00f1as, notas, obituarios, editoriales,&#8230;; damos al final de este texto la lista completa) publicados en <em>Laye<\/em>, \u00abla inolvidable\u00bb en el decir de Josep M\u00aa Castellet. Una parte de esos trabajos fueron publicados en los tres \u00faltimos vol\u00famenes de <em>Panfletos y Materiales.<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Se da aqu\u00ed una breve selecci\u00f3n de estos materiales con un primer escrito no recogido en PyM: una rese\u00f1a de <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em> de Alfonso Costafreda (a quien el cineasta e historiador Xavier Juncosa dedic\u00f3 el documental \u00abCostafreda\u00bb <a href=\"https:\/\/patillimona.net\/projeccio-del-documental-costafreda-bcnpoesia16\/\">https:\/\/patillimona.net\/projeccio-del-documental-costafreda-bcnpoesia16\/<\/a>.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Sobre <em>Laye <\/em>y su \u00e9poca son imprescindibles los ensayos y art\u00edculos de los profesores Laureano Bonet, Jordi Gracia, \u00c1lvaro Ceballos, Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n, M.\u00aa Dolores Albiac Blanco,&#8230; as\u00ed como <em>En menos de la libertad<\/em> de Esteban Pinillas de las Heras (a t\u00edtulo de ejemplo: Jordi Gracia, \u00abLos or\u00edgenes intelectuales de <em>Laye<\/em> en dos revistas del SEU, <em>Estilo<\/em> y <em>Qvadrante\u00bb, Anuari de Filologia, <\/em>vol XVI, 1993, n.\u00ba 4, pp. 48-70). Igualmente los art\u00edculos y la tesis doctoral de M.\u00aa Francisca Fern\u00e1ndez C\u00e1ceres y de su director de tesis, Jos\u00e9 Luis Moreno Pesta\u00f1a y el documental \u00abSacrist\u00e1n jove\u00bb de Xavier Juncosa (<em>Integral Sacrist\u00e1n<\/em>, El Viejo Topo, 2006)<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"2\"><strong> 2. Rese\u00f1a de <\/strong><em><strong>Nuestra eleg\u00eda<\/strong><\/em><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">En el n\u00famero 2 de <em>Laye<\/em>, abril de 1950, p. 11, Sacrist\u00e1n public\u00f3 una rese\u00f1a sobre \u00abAlfonso Costafreda; <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em>, Barcelona, 1949\u00bb (firma: M.S). No public\u00f3 nada en el primer n\u00famero de la revista barcelonesa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">1. Molesta decepci\u00f3n ha debido sufrir el poeta Alfonso Costafreda. Su exhortaci\u00f3n, obediente al llamamiento \u00edntimo, en vez de agitar el limpio y vivo medio que \u00e9l deseaba, se ha escindido perdidamente en ecos mal recogidos por una cr\u00edtica de asombrosa incompetencia. La incomprensi\u00f3n y la ignorancia han llegado tan lejos en la cr\u00edtica de <em>Nuestra Eleg\u00eda<\/em> que resulta imprescindible consignarlas, arrancando para ello una parcela al ya reducido espacio de que disponemos. Porque los fen\u00f3menos sociales provocados por el poeta son los que, siguiendo el sentido fundamental de <em>Nuestra Eleg\u00eda<\/em>, deben ser recogidos los primeros.<\/p>\n<p>El selv\u00e1tico y no del todo voluntario entrecruzamiento de motivos te\u00f3ricos con los hilos intuitivos del poema ha sido la causa de la desorientaci\u00f3n cr\u00edtica. Con todo, tal dificultad no puede justificar disparates como el encasillamiento del poema bajo la papeleta de \u00abexistencialismo\u00bb \u2013juicio de un cr\u00edtico que al dictarlo mostr\u00f3 junto a su incapacidad para leer poes\u00edas su ignorancia en cuestiones ideol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>La obra de Alfonso Costafreda, si ha de ser fichada ideol\u00f3gicamente, debe serlo como vitalista. Y no en el sentido obvio y trillado de la conversaci\u00f3n corriente, sino en el m\u00e1s preciso de tecnicismo filos\u00f3fico. Re\u00fane suficientes motivos del vitalismo estricto para afirmarlo as\u00ed \u2013desde la originaria exaltaci\u00f3n de la vida hasta la enunciaci\u00f3n de una muerte franca y aceptada que no \u00abdeshonra\u00bb en nada al ser vivo.<\/p>\n<p>2. Recogida esta hebra corta y sin importancia, entramos en el dif\u00edcil ovillo de <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em>.<\/p>\n<p>Quede establecido que un aire ideol\u00f3gico general se desprende de la primera y sorprendente lectura. Por momentos sucumbe el lector a la impresi\u00f3n de un todo ideol\u00f3gico demasiado perfecto y trabado cuya maciza solidez es opresiva. Si los sillares conceptuales hubieran sido colocados por el poeta con el perfecto aplomo y equilibrio que a primera vista presentan, dif\u00edcil ser\u00eda ver en <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em> la obra de un hombre joven. Antes bien, su perfecta plenitud, su pulida convexidad permitir\u00edan identificar la madurez de un dogma. Pertenecer\u00eda entonces realmente a la obra esa asombrosa perfecci\u00f3n que ahora parece poseer, pero tras ella no quedar\u00eda al poeta m\u00e1s que esa alternativa: el abandono de la poes\u00eda o el camino de Damasco.<\/p>\n<p>3. Mas ocurre que <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em> no tiene en realidad esa perfecci\u00f3n arquitect\u00f3nica que con infrecuente admiraci\u00f3n le concedemos en la primera lectura<sup>1<\/sup>. Dos o tres im\u00e1genes \u2013la imagen es la unidad din\u00e1mica del arte\u2013 dos o tres bellas, grandes, poderosas im\u00e1genes con valor de aut\u00e9ntico mito abren en la met\u00e1lica muralla de <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em> otras tantas saeteras que ampl\u00edan el paisaje, lo enriquecen, lo perforan en profundidad y, sobre todo, presentan al poeta v\u00eda libre para futuro andar.<\/p>\n<p>Subrayemos el principio del canto III. En el canto I la Muerte ha tentado al poeta para que lo confiese y reconozca. El canto II ha completado el cuadro con nuevas intuiciones, reorganiz\u00e1ndolo todo. Se acerca la vida en el canto III. \u00bfY c\u00f3mo se acerca, despu\u00e9s de tanta blasfemia contra ella? \u00bfGolpeando furiosa a sus torpes enemigos, con toda la inflexibilidad de un dogma ideol\u00f3gico? \u00bfViolenta, tempestuosa, despectiva? No; la vida se acerca, a lo largo de su hermosa selva engendrando \u00abondas de fuego que se esparcen dando su luz protectora a las piedras necesitadas\u00bb, se acerca con los p\u00e1jaros, en quienes se apasiona, se adelgaza, se cumple y se canta ella misma en los cielos.<\/p>\n<p>Troneras tambi\u00e9n abiertas sobre campos de insabido l\u00edmite, los versos del canto II, 2, en los que el poeta ha cambiado eternas canciones con las ciudades perdidas y se ha sentido escalado por todos los seres vivos.<\/p>\n<p>Algunas otras hay, cuya interpretaci\u00f3n hace imposible la falta de espacio. Pero bastan las recogidas para apoyar nuestra esperanza de que el poeta se hunda m\u00e1s en la vena pura, de la que la mayor parte (en extensi\u00f3n) de <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em> es solo un brote considerablemente mezclado con las gangas dif\u00edcilmente filtrables de cierta infundada suficiencia te\u00f3rica y alg\u00fan inoperante orgullo de profeta.<\/p>\n<p>4. Pero nada de esto agota al r\u00edo de all\u00e1 abajo. Hay que decir al poeta que puede seguir hablando. Y no s\u00f3lo por la satisfacci\u00f3n de haber lanzado el libro de poes\u00edas m\u00e1s importante de nuestro momento, sino tambi\u00e9n y principalmente, porque todos andamos por ah\u00ed bastante secos, presintiendo ansiosos, aunque con mayor o menor disimulo (por el absurdo pudor en\u00e9rgico de los hombres) el venturoso vuelo de la lluvia madrugadora. Y he aqu\u00ed que, por las escotillas abiertas en la obra muerta de <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em> adivinamos que el poeta Alfonso Costafreda puede enviarnos desde las nubes \u2013esas nubes que se siguen riendo de Arist\u00f3fanes\u2013 en forma ardiente, pero sencilla, m\u00e1s callada que en este poema el agua pura que nos enamore, para que en nosotros reviva la alegr\u00eda, huya el duelo y rebrote la simiente interior.<\/p>\n<p>(1) Al decir \u00abarquitect\u00f3nica\u00bb me refiero aqu\u00ed a la \u00edntima trabaz\u00f3n espiritual del mensaje po\u00e9tico contenido en <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em>, no a su disposici\u00f3n externa. \u00c9sta, por cierto, merece alg\u00fan reparo, toda vez que la interrupci\u00f3n por los cantos IV y V del lineal desarrollo seguido en los cantos I, II, III y VI encuentra dif\u00edcil justificaci\u00f3n. Tal vez la inclusi\u00f3n del IV sea totalmente justa, por la importancia de su motivo en un total desarrollo del manifiesto vital del canto III. Pero el canto V, destinado a reforzar el valor pol\u00e9mico del poema, le causa un da\u00f1o apreciable al interrumpir el ascenso de tono ps\u00edquico iniciado en el III. A nuestro parecer, los temas pol\u00e9micos del canto V, habr\u00edan encontrado lugar oportuno en el canto I, con lo que, adem\u00e1s, habr\u00edan reforzado y concretado la imagen del bosque petrificado que en \u00e9ste aparece.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">En su traducci\u00f3n de<em> Palabra y objeto<\/em> de Willard Van Orman Quine, Sacrist\u00e1n eligi\u00f3 para ilustrar el apartado 28 del ensayo (\u00abAlgunas ambig\u00fcedades de la sintaxis\u00bb) unos versos de Costafreda: \u00abLluvia de la ma\u00f1ana ya presiente\/ la tierra gris tu venturoso vuelo\/ y en espera de ti se ofrece al cielo\u00b7 delicado rosal rosa impaciente\u00bb, con una nota al pie de p\u00e1gina: \u00abSin puntuaci\u00f3n en el texto del poeta A. Costafreda\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"3\"><strong> 3. Comentario a un gesto intrascendente<\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><em>Laye<\/em>, 4, mayo de 1950, el primer art\u00edculo incluido en<em> Intervenciones pol\u00edticas<\/em>, Barcelona: Icaria, 1985, pp. 11-16. El germanismo al que aludi\u00f3 Sacrist\u00e1n en su conversaci\u00f3n con Guiu y Munn\u00e9 de 1979 ya se hace patente en estas l\u00edneas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Este tercer volumen de <em>Panfletos y materiales<\/em> se abre con una nota de su editora, Mar\u00eda Rodr\u00edguez Bayraguet (NE: directora entonces de la editorial Icaria):<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abCuando este tercer volumen de los <em>PyM<\/em> se termina de editar, Manuel Sacrist\u00e1n ya no est\u00e1 junto a nosotros. La tristeza que provoca su inesperada desaparici\u00f3n me trae el recuerdo de la nueva relaci\u00f3n que establec\u00ed con \u00e9l durante los casi tres a\u00f1os transcurridos desde los d\u00edas de la publicaci\u00f3n del primer volumen, hermoso tiempo de felicidad para Manolo y \u00c1ngeles [NE: Liz\u00f3n, su segunda esposa, fallecida en 2024] en M\u00e9xico que me fue dado contemplar durante una breve visita a aquel pa\u00eds, hasta nuestra \u00faltima charla el 23 de agosto pasado [NE: cuatro d\u00edas antes del fallecimiento de Sacrist\u00e1n]. A lo largo de estos meses pude a\u00f1adir a los viejos sentimientos de admiraci\u00f3n y respeto por el amigo, el intelectual y el maestro, el de un profundo cari\u00f1o por el hombre tierno y amable que era Manolo.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Parece que las m\u00e1s tr\u00e1gicas coyunturas de la vida son causa ocasional de iluminaciones especiales, conversaciones sorprendentes, verticales met\u00e1noias rebautizadas. Y esto tanto en las vidas individuales como en las colectivas.<\/p>\n<p>Hace ya algunos meses que los pol\u00edticos se afanan con visible ansiedad en torno a la cadav\u00e9rica y despedazada Alemania, consider\u00e1ndola pieza imprescindible de la realidad geopol\u00edtica e historia que poco a poco va abri\u00e9ndose paso como encarnaci\u00f3n del tal vez \u00fanico visible \u00abproyecto sugestivo de vida en com\u00fan\u00bb para el hombre de Occidente: Europa (Eugenio d\u2019Ors, por cierto, ha manifestado valientemente hace poco hallarse escandalizado por ver postulando Europa a quienes m\u00e1s han hecho por destruirla).<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfPueblo de m\u00fasicos y pensadores?\u00bb \u00ab\u00bfO reba\u00f1o de cabezas cuadradas?\u00bb (Cojamos nuestra pasi\u00f3n, lector, por tranquila que sea, y desnud\u00e9monos de ella. Solo as\u00ed podremos seguir adelante.) El hecho es que Alemania ha polarizado en las dos postguerras la atenci\u00f3n del mundo reflexivo. Agotada y vencida, en ambas ocasiones ha superado un corto\u00a0 periodo de vituperios para acabar volviendo a hacerse o\u00edr. <em>\u00bf<\/em>Se deber\u00e1 esto tan solo a las razones geopol\u00edticas sumariamente aludidas antes? Puede ser, si se considera el asunto en su totalidad. Pero en determinados aspectos \u2013aparici\u00f3n de f\u00f3rmulas art\u00edsticas en 1919, iluminaci\u00f3n hoy de otros problemas sociales\u2013 nos parece m\u00e1s acertado pensar en la facilidad que las paisajes desolados ofrecen para trazar por ellos itinerarios \u00f3ptimos, a lo que alud\u00edamos al empezar estas l\u00edneas. Toda esto viene a cuento de lo siguiente: en una Universidad de Alemania los estudiantes han decidido establecer un intercambio con los obreros de determinadas industrias de la ciudad. Los obreros acudir\u00e1n a las aulas en el per\u00edodo de vacaciones de los estudiantes, que les sustituir\u00e1n en los talleres. La medida, por \u00faltimo, obliga a un trabajo permanente a los profesores que se han adherido a ella.<\/p>\n<p>No faltar\u00e1 lector a quien hecho tan local e intrascendente parezca desproporcionado a la seriedad con que lo recogemos. \u00a1Es tan dif\u00edcil acordarse en la consideraci\u00f3n de estas cuestiones! Cuando consideramos un fen\u00f3meno cultural o social, humano en sentido ampl\u00edsimo, operamos la proyecci\u00f3n de una imagen sobre una pantalla en la que hemos de verla agrandada para descubrir sus articulaciones fundamentales. La pantalla, que siempre estar\u00e1 suficientemente definida por su distancia al foco luminoso, es el plano de consideraci\u00f3n que elegimos para el asunto: sociol\u00f3gico, psicol\u00f3gico, religioso&#8230; El haz proyector es tambi\u00e9n blanco, pero complicado, y nos resulta imposible definirle por un solo dato, como hemos hecho con la pantalla. La luz blanca se compone de una conocida gama de vibraciones simples. Del mismo modo, nuestro ojo espiritual, que es el foco luminoso que realiza la proyecci\u00f3n de los asuntos, no tiene vista simple, sino compuesta. Su luz resulta de un complicado manojo de motivos, desde los som\u00e1ticos y temperamentales hasta los que llegan envueltos en el sereno ritmo de la tradici\u00f3n cultural. Es f\u00e1cil quedar de acuerdo acerca de la distancia a que colocaremos la pantalla: bastan cierta buena fe y alg\u00fan deseo de entenderse. Muy dif\u00edcil, por el contrario, lanzar sobre ella un chorro de luz al gusto de todo el mundo. Nunca lograr\u00e1n nuestras luces ver vibraci\u00f3n simple. Por ello, es preciso comunicar nuestras impresiones desconfiando de que hallen un eco extendido. Habr\u00e1 quien encuentre oscura la proyecci\u00f3n y a quien se le ofrezca en exceso contrastada. Inevitable. Pero conviene que antes de rechazar cualquier sugerencia los lectores examinen la sensibilidad de su vista para ciertas radiaciones-l\u00edmite.<\/p>\n<p>Admitamos que la pantalla adecuada para proyectar el hecho que nos ocupa sea la de la consideraci\u00f3n sociol\u00f3gica.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Ocurre al principio pensar que lo que hay de generoso en el gesto de esos universitarios obedece a la siguiente suposici\u00f3n: es m\u00e1s agradable la vida de estudiante que la de obrero. Pero se aprecia en seguida que si todo lo que se intenta con el intercambio es una compensaci\u00f3n placentera el gesto se deshace en el vac\u00edo de la inconsecuencia: porque, pese a \u00e9l, pasado el tiempo, el obrero volver\u00e1 a su taller y el estudiante a su banco.<\/p>\n<p>Hay otras explicaciones insatisfactorias. La siguiente, por ejemplo: que los estudiantes busquen una mejora de su econom\u00eda. Esto, que puede ser un motivo, no explica ni la reciprocidad del intercambio ni su fundamentaci\u00f3n. Es preciso distinguir entre motivo y raz\u00f3n: motivos y acicates se insertan en la raz\u00f3n profunda de las cosas, nunca las fundamentan. Por otra parte, considerando esta explicaci\u00f3n desde el lado opuesto, \u00bfqu\u00e9 utilidad econ\u00f3mica reportar\u00eda a los obreros su estancia en la Universidad? Por \u00faltimo, si por obtener en ella estudios t\u00e9cnicos especiales recibieran utilidad material, quedar\u00eda alejada de los estudiantes toda sospecha de inter\u00e9s. (Queda tal vez recordar que ni la c\u00faspide de la carrera universitaria \u2013el profesorado\u2013 es hoy ni en Alemania ni en otros sitios algo envidiable para un obrero aventajado \u2013-envidiable desde el punto de vista econ\u00f3mico, se entiende.) Tiene que haber, pues, algo m\u00e1s; algo que justifique el que, pese a todo lo dicho, crean unos universitarios que en su d\u00eda hay algo que falta en la que los que no lo son \u2013perogrullesco\u2013 y que esta falta \u2013y esto es lo nuevo\u2013 sin ser precisamente econ\u00f3mica, constituye un motivo de desequilibrio social. No es necesario despejar m\u00e1s el camino. Como raz\u00f3n de la conducta de esos estudiantes alemanes se nos ofrece ya esto: el universitario, por la posibilidad que el estudio desinteresado le ofrece de abrir su mente, de ampliar su conciencia, puede \u2013<em>ceteris paribus\u2013<\/em> vivir una existencia m\u00e1s rica y elevada que la del hombre sujeto durante la mayor parte de su vela al poco instructivo mecanismo de la cadena industrial.<\/p>\n<p>Estos j\u00f3venes alemanes han tenido suerte. Las dificultades materiales en que se debate la clase universitaria alemana les han mostrado claramente que lo injustamente privilegiado de su situaci\u00f3n no es en absoluto la posible superioridad econ\u00f3mica, siempre aleatoria, sino el encontrarse izados sobre una pir\u00e1mide humana, desde cuyo v\u00e9rtice puede apreciarse la insondabilidad de la existencia, pir\u00e1mide cuyas humanas piezas han vegetado a lo largo de toda la historia en la m\u00e1s total inautenticidad, hasta el punto de sentir y formular inaut\u00e9nticamente sus propios derechos cuando, a finales del siglo dieciocho, lleg\u00f3 el momento de reivindicarlos.<\/p>\n<p>\u00c9sta es la zona que aparece con m\u00e1s brillo en nuestra proyecci\u00f3n. Pero en el gesto de nuestros estudiantes palpita tambi\u00e9n una consecuencia del principio que le informa. Pues consecuentemente con lo dicho, ser\u00e1n in\u00fatiles todas las mejoras sociales al uso, caer\u00e1n en un pozo de hondura c\u00f3smica irrellenable todas las ventajas materiales que se ofrezcan al obrero, mientras siga operando el principio que condensa en s\u00ed la m\u00e1s perfecta injusticia posible entre hombres: que el status social-econ\u00f3mico determine, con tanta o mayor fuerza que el propio valer, el grado de humanidad total alcanzable por la persona concreta.<\/p>\n<p>Es cierto que la disociaci\u00f3n del cuerpo y la cabeza de la sociedad ha sido el principio de la crisis y la rebeli\u00f3n de aqu\u00e9l contra \u00e9sta, como ha visto Ortega, el signo de su apogeo. Pero acaso no pod\u00eda menos de suceder as\u00ed porque la aplicaci\u00f3n habitual de la imagen org\u00e1nica a la sociedad constituye una falsedad, una injusticia ontol\u00f3gica. Nunca un conjunto de personas puede constituir un cuerpo. Las personas, como tales, forman la cabeza de la sociedad. Las \u00abmanos\u00bb de todas esas personas, seg\u00fan su especializaci\u00f3n activa, forman los miembros, el cuerpo de la sociedad.<\/p>\n<p>Al tiempo que amanece este principio, las reivindicaciones sociales han de ir encontrando su autenticidad. Cuando surgieron, con su aspecto meramente jur\u00eddico, las reivindicaciones sociales parec\u00edan reclamar libertad especial e igualdad codificada. Hoy estos estudiantes alemanes otorgan nuevo sentido a estas reclamaciones: libertad de crecimiento personal, e igualdad de condiciones sociales para ese crecimiento. Ambas convergen hacia el ideal t\u00e1cito hasta hoy y \u2013hoy apenas expreso\u2013 a\u00fan contradicho: que la sociedad organizada tenga como fin la garant\u00eda material del florecimiento aut\u00f3nomo de la persona como tal.<\/p>\n<p>Resulta en sustancia indiferente lo que hagan las \u00abmanos\u00bb del hombre y se presenta como decisivo lo que ese hombre pueda hacer de s\u00ed mismo. Dicho de otro modo: precisa que al cabo de los siglos, el status social de un hombre no determine el l\u00edmite de actuaci\u00f3n de sus posibilidades \u00f3nticas. (Y empleando estos t\u00e9rminos tradicionales pretendo escapar a cierto f\u00e1cil encasillamiento filos\u00f3fico.)<\/p>\n<p>He aqu\u00ed pues, que el intercambio entre obreros y estudiantes se articula sobre esta r\u00f3tula sociol\u00f3gica fundamental: la sociedad debe poner al alcance de todos los hombres<em> en cuanto tales, <\/em>al margen de toda especializaci\u00f3n, los medios adecuados para la profundizaci\u00f3n de la existencia. La dorada utop\u00eda dir\u00eda as\u00ed cargando intencionadamente la rosada tinta: cuando un metal\u00fargico vea abrirse ante \u00e9l con toda naturalidad las v\u00edas del esp\u00edritu objetivo \u2013no quiero recordar a Hegel, sino evitar aqu\u00ed la plausible objeci\u00f3n de que no todo lo espiritual es materia de ense\u00f1anza\u2013 no podr\u00e1 percibir entre \u00e9l y un profesor universitario otra diferencia <em>social <\/em>que la que le separa de un carpintero, a saber, la necesaria especializaci\u00f3n profesional.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed lo que nos ha ofrecido una proyecci\u00f3n m\u00e1s o menos prospectiva de aquella esperanzadora imagen. Unos <em>obreros <\/em>del esp\u00edritu \u2013\u00abperfectum <em>opus <\/em>rationis\u00bb\u2013 y unos <em>obreros <\/em>de la materia han sabido cederse mutuamente sus ventanas sobre la vida. Aquellos han cedido el amplio ventanal abierto durante cincuenta siglos mal contados, desde Tebas del Nilo y Ur de Akkad. \u00c9stos han prestado un angosto ventanuco, cada vez m\u00e1s cerrado por la costra de ciegos sudores milenarios, pero que permite hundir la vista en insospechadas profundidades vitales. As\u00ed ha empezado el derribo que puede unir ambas aberturas hasta lograr un horizonte sin otro marco que el naturalmente impuesto a nuestra persona limitada. Obreros y estudiantes se han cruzado, camino del taller, camino de las aulas, en el preciso punto del espacio en que son meros y plenos hombres. He aqu\u00ed la promesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Una promesa que viene, como algunas otras, de la Alemania colocada en el centro mismo de la tormenta. \u00bfSer\u00e1 que la luz del rayo es la \u00fanica que ilumina para el hombre los caminos del porvenir?<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"4\"><strong>4. Entre sol y sol II<\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Se public\u00f3 en <em>Laye<\/em>, 17, enero-febrero de 1952 (ahora en <em>Intervenciones pol<\/em><em>\u00edticas,<\/em> pp. 22-25).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Dos observaciones del autor:<\/span><\/p>\n<ol>\n<li><span style=\"font-size: 10pt;\">La cr\u00f3nica trata de la primera visita de la Escuadra Norteamericana al puerto de Barcelona. 2. \u00abEntre sol y sol\u00bb era una secci\u00f3n de cr\u00f3nica de la que me ocupaba en la revista <em>Laye.<\/em> El <em>motto<\/em> es un fragmento de Her\u00e1clito: \u00abHasta en el sue\u00f1o son los hombres obreros de lo que ocurre en el mundo\u00bb.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>\u00abHasta<\/em> <em>en<\/em> <em>el<\/em> <em>sue\u00f1o<\/em> <em>son<\/em> <em>los<\/em> <em>hombres<\/em> <em>obreros<\/em> <em>de<\/em> <em>lo<\/em> <em>que<\/em> <em>ocurre<\/em> <em>en el<\/em> <em>mundo.\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>Barcelona, enero.<\/em> Luego de pedirte ansiosamente informes acerca de tu preciosa salud, quiero \u2013Virgilio cara mitad de mi alma\u2013 comunicarte algunas de las impresiones que me ha producido la visita de nuestra flota a este infecto poblach\u00f3n ib\u00e9rico.<\/p>\n<p>Sospecho que mis despreciativa palabras te sorprender\u00e1n. \u00bfAcaso \u2013te dir\u00e1s\u2013 no es \u00e9se aquel mi amigo tan entusiasta de los hispanos? \u00bfNo es \u00e9ste aquel que admiraba a esos enemigos del pueblo romano, aquel que desde las ruinas de Numancia me enviara tan encendida ep\u00edstola? \u00bfNo es \u00e9ste aquel mi amigo indignado contra los cad\u00e1veres de Galba y a\u00fan del honesto Escipi\u00f3n?<\/p>\n<p>S\u00ed, car\u00edsimo, el mismo soy. El mismo, que refugia su admiraci\u00f3n por esta raza en la esperanzada sospecha de que alg\u00fan ibero quede por las parameras de Numancia, en tierra de ar\u00e9vacos y lusones, o en las oscuras cavernas del Pirineo. Mas \u00a1ah! la costa \u2013ya lo sabes t\u00fa\u2013 es punto de vista para traficantes sin ra\u00edces. No s\u00e9 si por f\u00edsica presencia o por el mero pernicioso ejemplo \u2013eso, tu superior sabidur\u00eda me lo dir\u00e1\u2013: el caso es que el esp\u00edritu de aquella raza bestial, supersticiosa y avara cuya capital destruir\u00e1 el gran Tito, se ha hecho due\u00f1o de toda la costa de nuestro mar. \u00a1Si hubieras visto el servilismo de los mercachifles ante nuestros marinos! Forzado hubo que rompi\u00f3 la cadena o fue generosamente suelto de ella por su guardi\u00e1n, benigno en demas\u00eda: pues bien, el m\u00e1s bajo pillastre de nuestros remos ha sido paseado como patricio por esta gentecilla infraib\u00e9rica; a condici\u00f3n (\u00bfdebo dec\u00edrtelo?) de tener alg\u00fan sextercio en la bolsa.<\/p>\n<p>Me objetar\u00e1s ser imposible que todos los ind\u00edgenas sean mercaderes. Cierto, caro, pero eso arregla poca cosa. Porque ahora, paso a paso, te ir\u00e9 diciendo qu\u00e9 hicieron los que no son mercaderes.<\/p>\n<p>Vengamos primero a los que por ventura debieran sernos m\u00e1s caros: los que sinceramente nos aman. \u00a1Ah, querid\u00edsimo, qu\u00e9 diversa hez! Son primero \u2013en cuanto a n\u00famero\u2013 una plebe raramente vestida a fuerza de exagerar las afectaciones que entre nosotros lo son escasamente o no lo son en absoluto, sino costumbre popular de alguna aldea nuestra. Remedan nuestro acento al hablar su idioma. Apenas hacen nada que no sea simiesco. (Y por cierto \u2013caro Virgilio\u2013 que si esos simios son fiel espejo nuestro, menester ser\u00e1 que cambiemos.) Luego se cuentan entre los que nos aman las gentes m\u00e1s ricas del pa\u00eds. \u00bfTe congratulas? Lo mismo yo al principio, pero despu\u00e9s vi, conoc\u00ed y me dije: \u00abDespacio, Horacio, despacio\u00bb. Los ricos de este pa\u00eds son, a lo que me sospecho, hebreos todos, del primero al \u00faltimo. Y el rico (sobre todo, si es hebreo) tiene su coraz\u00f3n donde su tesoro. Pon su tesoro bajo el suelo b\u00e1rbaro y a los b\u00e1rbaros amar\u00e1. Si un d\u00eda, pues, nos ayuda (con su dinero en todo caso, nunca con su inteligencia, que no tiene, ni con su sangre, que harto trabaja con acudir a su vientre) s\u00f3lo ser\u00e1 por estas dos razones: que su tesoro est\u00e1 en tierra nuestra y que el b\u00e1rbaro, si lo descubre, no lo respetar\u00e1 (\u00a1en lo que har\u00e1 santamente, por J\u00fapiter!). Luego hay entre los que nos aman algunos tipos ingenuos. El pill\u00edn de Saroyan y el astuto Steinbeck les han hecho creer que en los muelles de Ostia los descargadores viven buenos y felices y que las sucias aguas del T\u00edber acarrean dinero, libertad y amor bien mezclados. \u00a1Imag\u00ednate! \u00bfPara qu\u00e9 perder tiempo subray\u00e1ndote su estulticia?<\/p>\n<p>Quiero hablarte ahora de los que no nos aman. O no. Acaso sea mejor que te hable antes de un nuevo y raro gremio de amadores que nos ha nacido de poco ac\u00e1. Vacilaba en hacerlo, porque eran antes los que m\u00e1s nos odiaban. Son los que se consideran due\u00f1os de la herencia numantina. De entre ellos, los unos nos odiaban por motivos pol\u00edticos, los otros por causas religiosas. Aqu\u00e9llos nos llamaban \u00abpodrido pa\u00eds del maloliente demoliberalismo\u00bb. \u00c9stos, \u00abperversos masones\u00bb. Pues bien, hete aqu\u00ed que de pronto cesan esos dicterios y nos saludan como \u00abel gran pueblo de allende el mar\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9?, me preguntas. Por este generoso motivo: esperan de nosotros seguridad y riqueza. Tienen los cimbrios a las puertas y a cambio de que alejemos a \u00e9stos, nos perdonan los c\u00e1ntabros que anta\u00f1o trucidamos.<\/p>\n<p>Ahora te hablar\u00e9 de los que no nos aman. Mira, primero, a los que nos odian: no son muchos, pero est\u00e1n unidos. Todos son miserables esclavos mongoles. Tienen nostalgia de un para\u00edso en el que creen con fe fan\u00e1tica. Nosotros somos la realidad, y la realidad \u2013ya lo sabes: no pretendo ense\u00f1\u00e1rtelo\u2013 es la mayor blasfemia para el creyente, es el insulto a su Dios que no puede soportar. Poco te digo de ellos, porque ya los has reconocido, \u00bfno es cierto? Son los de siempre. Si alguien destruye nuestra cultura, ellos ser\u00e1n, los creyentes.<\/p>\n<p>Y hay otros \u2013turbador cap\u00edtulo, amigo del alma\u2013 a quienes dejamos completamente fr\u00edos: no les importamos. Conocen nuestro poder y aprecian nuestra honrada voluntad; pero nos miran conmiserativamente. Uno de ellos \u2013viejo hurgador del cielo, astr\u00f3logo sin blanca ni bolsa en que meterla\u2013- me dec\u00eda no hace mucho, considerando con pasi\u00f3n a Venus: \u00abVosotros, romanos, ten\u00e9is el poder: el poder de <em>este <\/em>mundo. Pero mirad: la conjunci\u00f3n de los astros se\u00f1ala el amanecer de un mundo nuevo: de <em>otro <\/em>mundo. No cre\u00e1is, romanos, que el mundo nuevo sea el de los b\u00e1rbaros: los b\u00e1rbaros son una parodia del nuevo mundo: su mundo no es nuevo, s\u00f3lo es <em>distinto. <\/em>Sustituir\u00e1n una creencia por otra. Pero, en todo caso, vosotros, romanos, tampoco ten\u00e9is nuevo mundo. Y la conjunci\u00f3n se acerca.\u00bb<\/p>\n<p>Pero de esto, bastante. Ahora, car\u00edsima mitad de mi alma&#8230; Mas no. No puedo. No puedo hablarte de ninguna otra cosa. La profec\u00eda del viejo astr\u00f3logo me tiene angustiado desde el d\u00eda mismo en que la o\u00ed. No duermo ni como. De ninguna otra cosa podr\u00eda hablarte con placer. T\u00fa, al menos, no a\u00f1adas miedo a mi angustia: t\u00fa cons\u00e9rvate bien, sigue sano, s\u00e9 feliz; y est\u00e1 seguro del amor de tu media alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Horacio<br \/>\nYo he traducido: M. S. L.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"5\"><strong> 5. Tres grandes libros en la estacada<\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abTres grandes libros en la estacada\u00bb se public\u00f3 en<em> Laye<\/em>, n\u00fam. 21, noviembre-diciembre de 1952. Reimpreso en <em>Lecturas<\/em>, Barcelona: Icaria, 1985, pp. 17-28.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Es uno de los escritos del joven Sacrist\u00e1n m\u00e1s del gusto de su amigo y disc\u00edpulo Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Le dedic\u00f3 una sesi\u00f3n en su curso de doctorado de 1994-1995 sobre \u00abEtica y ciencia en la obra de Manuel Sacrist\u00e1n.\u00bb En un apartado de los papeles que se conservan \u2013\u00abMSL en 1950-1954: s\u00edntesis y contexto\u00bb\u2013<strong>, <\/strong>observaba el autor de <em>Conocer Lenin y su obra<\/em>:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00ab<em>Atenci\u00f3n<\/em> <em>a<\/em> <em>la r<\/em><em>e<\/em><em>ligiosidad aut\u00e9ntica<\/em><em>,<\/em> <em>clasicismo art\u00edstico,<\/em> <em>reafirmaci\u00f3n<\/em> <em>del<\/em> <em>lib<\/em><em>era<\/em><em>lismo<\/em> <em>en <\/em><em>lo<\/em> <em>pol\u00edtico<\/em> <em>y<\/em> <em>cr\u00edtica<\/em> <em>del<\/em> <em>progresismo<\/em> <em>mercantilista<\/em> parecen haber sido algunas de las caracter\u00edsticas principales de aquel intelectual que:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">1\u00ba. Est\u00e1 dispuesto a aceptar el reto que significa discutir la tesis de la crisis cultural contempor\u00e1nea denunciado por el pensamiento liberal de los a\u00f1os que siguieron a la guerra mundial, pero<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">2\u00ba. Sabe distinguir entre el planteamiento meramente sentimental o descriptivo de la crisis cultural y un planteamiento que va al fondo de la cuesti\u00f3n, lo cual le lleva a<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">3\u00ba. Afirmar que el rasgo caracter\u00edstico de la crisis no es la tecnificaci\u00f3n o la importancia que cobra la ciencia en la potenciaci\u00f3n del horror; no es el genocidio masivo ni el sometimiento psicol\u00f3gico, cosas todas estas con antecedentes hist\u00f3ricos muy claros, y m\u00e1s o menos superficiales, sino una tendencia de fondo que Thomas Mann ha identificado bien en D. F.[<em>Doktor Faustus<\/em>] y que se define como <em>ansia <\/em><em>d<\/em><em>e<\/em> <em>ultimidad terrena, <\/em>una caracter\u00edstica alemana que est\u00e1 pasando al conjunto de los pueblos europeos. Un reconocimiento que, sin embargo<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">4\u00ba. No tiene por qu\u00e9 implicar catastrofismo, pesimismo hist\u00f3rico, sino al contrario: bien barnizado de negro para que resalte m\u00e1s la tiza con que hay que escribir la soluci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Se est\u00e1 discutiendo ah\u00ed con la desembocadura irracionalista de la cultura alemana (y no s\u00f3lo alemana) de la crisis que hab\u00eda tenido un antecedente muy claro en los a\u00f1os veinte, con los \u201cfilisteos\u201d que se inclinan sobre el cad\u00e1ver de la cultura. Y se discute con ellos en nombre de \u201ctres siglos de raz\u00f3n\u201d y \u201cun siglo de historiadores\u201d, esto es, con escepticismo sobre la relaci\u00f3n del hombre con la historia pero poniendo en primer plano el papel del conocimiento: conocer os har\u00e1 libres, es el mensaje. La consciencia hist\u00f3rica de la crisis es el fundamento de la superaci\u00f3n de la misma;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">5\u00ba. Este punto de vista \u201cracionalista\u201d e \u201chistoricista\u201d aleja al joven Sacrist\u00e1n de aquellos otros j\u00f3venes de su generaci\u00f3n que se hab\u00edan formado en FE y en el SEU. Hay ah\u00ed una pol\u00e9mica clara, abierta, con la principal de las ideolog\u00edas de la Espa\u00f1a de entonces, que no era ya la escol\u00e1stica tomista (como se dice a veces por simplificaci\u00f3n) sino la incorporaci\u00f3n del pensamiento europeo de la crisis (Spengler, Toynbee, Schmitt, etc.) a las esencias tradicionales [Este es un punto que exige estudio y desarrollo. Cf. los trabajos de Mainer y otros.]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Evidentemente, este discurso que se hace en la Barcelona de 1950 no est\u00e1 dirigido a los fil\u00f3sofos cavern\u00edcolas que hac\u00edan la <em>Revista de<\/em> <em>Filosof\u00eda,<\/em> o a los viejos curas que dominaban la Academia, sino m\u00e1s bien a aquellos otros que en Barcelona, Madrid o Valencia caminaban entonces con el alma dividida (<em>Crisis<\/em> fue precisamente el t\u00edtulo elegido por Mu\u00f1oz Alonso para la revista del Departamento de Filosof\u00eda de la Universidad de Murcia\/Valencia cuyo secretario de redacci\u00f3n, el fil\u00f3sofo Jos\u00e9 Rodr\u00edguez Mart\u00ednez, seguir\u00eda una trayectoria muy parecida a la de Sacrist\u00e1n: del SEU al comunismo marxista pasando por Heidegger y por Ortega y Gasset).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">[A este respecto se puede ver un documento interesante: la antolog\u00eda de Ortega preparada por JRM [NE: Jos\u00e9 Rodr\u00edguez Mart\u00ednez fue su profesor de filosof\u00eda en el bachillerato] a finales de los cincuenta para Doncel, donde cristaliza la idea de los \u201cdos Ortegas\u201d para fil\u00f3sofos que est\u00e1n saltando de la ideolog\u00eda joseantoniana a la filosof\u00eda moral del marxismo.].<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Se dirige MSL, en suma, a aquellos otros j\u00f3venes que est\u00e1n ya al tanto de las corrientes literarias y filos\u00f3ficas norteamericanas y europeas del momento. Por tanto, apenas entiende lo principal quien ve el trabajo de Sacrist\u00e1n en <em>Laye<\/em> como un mero enfrentamiento con la ideolog\u00eda del nacional-catolicismo. Eso es demasiado trivial. De hecho, los cavern\u00edcolas del nacional-catolicismo son objeto de chanza en alg\u00fan momento, pero no tienen ning\u00fan inter\u00e9s para la discusi\u00f3n que Sacrist\u00e1n estaba abriendo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">[Consultar sobre esto el ensayo de Rosa Rossi en <em>Un<\/em> <em>\u00e1ngel<\/em> <em>m\u00e1s<\/em> pero advertir que este es un punto insuficientemente tratado all\u00ed precisamente porque el ensayo est\u00e1 demasiado centrado en la cr\u00edtica del nacional-catolicismo entonces existente]\u00bb.<\/span><\/p>\n<p>Batallones de muertos en una tierra que se abre solo al golpe de los explosivos y no a la herida del arado \u2013acaso porque la ciencia, la fr\u00eda ciencia, hace innecesario el arar y no permite que se disuelve la energ\u00eda en deporte del que se puede prescindir\u2013. Esa es la tierra que ha visto Salinas (poco antes de morir [NE: fallecido en Boston, en 1951], por cierto, en saz\u00f3n de conversi\u00f3n, cuando los ojos ven ya un poco ciegos desde un nebuloso m\u00e1s all\u00e1). <em>La bomba incre\u00edble<\/em> de su fabulaci\u00f3n (as\u00ed subtitula su obra) trae de nuevo el amor a los hombres. Pero nos interesa aqu\u00ed su opini\u00f3n acerca de las otras bombas, las cre\u00edbles, las fabricadas con cuento de f\u00f3rmula y aparato: son, dice Salinas, las que han desolado al mundo y aventado al amor. Todo el libro es una catilinaria contra la civilizaci\u00f3n cient\u00edfica: la t\u00e9cnica cient\u00edfica causa la muerte de pueblos enteros, porque al hacerse la prueba del poder del hombre, le llena de una suficiencia dif\u00edcil de comprimir por vallas morales. El hombre no goza de mucha imaginaci\u00f3n: puede dominar moralmente su propio poder cuando \u00e9ste no excede de su capacidad de imaginaci\u00f3n; mas sucumbe a cualquier tentaci\u00f3n cuando la magnitud del resultado de sus actos escapa a sus m\u00e1s orgullosas presunciones. El ansia de destrucci\u00f3n masiva, sin reparo alguno que la proporcione a los fines perseguidos (o acaso proporcion\u00e1ndola al fin indefinible del orgullo, que, como indefinido, est\u00e1 muy cerca de ser infinito) es para Salinas el resultado de un ideal y de su logro: el ideal del dominio de la naturaleza \u2013formulaci\u00f3n que para muchas personas, entre las que ser\u00e1 necesario incluir al gran poeta, vale como definidora de la ciencia moderna.<\/p>\n<p><em>1984,<\/em> de George Orwell, es el estudio de la aniquilaci\u00f3n de una persona. Winston, el protagonista de la novela, es un sublevado contra el r\u00e9gimen de supresi\u00f3n de la personalidad, de anulaci\u00f3n de la individualidad mental, que impera en aquella fecha convencional. Winston tiene alguna idea que el Estado no reconoce ni siquiera posible, tiene sentimientos inexistentes ya, ignorados por su mundo. Se le abre una esperanza de vivir al margen de ese mundo, en otro que est\u00e1 abierto (aunque s\u00f3lo dentro de su cabeza) a todas las insinuaciones de las cosas. Pero es descubierto y apresado. Se leen entonces las p\u00e1ginas m\u00e1s extraordinarias de un libro excepcional: Winston no s\u00f3lo es castigado, torturado, deshecho f\u00edsicamente; sino que al final del proceso su alma se rompe y acepta \u00edntimamente, como verdad vital, lo que sigue siendo mentira para su propia raz\u00f3n: el resultado de esta aniquilaci\u00f3n de la personalidad llama Orwell \u00abdoble pensar\u00bb. El \u00abdoble-pensamiento\u00bb es la forma mental del hombre de 1984. El sabe que hace dos a\u00f1os se luchaba contra el Estado A y que hoy se lucha contra el pueblo B. Pues bien, el \u00abdoble pensar\u00bb permite estar seguro al mismo tiempo de que siempre se luch\u00f3 contra el pueblo B, encarnaci\u00f3n de todas las maldades, y nunca contra el fraternal estado A.<\/p>\n<p>Son necesidades de la t\u00e9cnica pol\u00edtica moderna las que, para Orwell, determinan esa aniquilaci\u00f3n de la persona. T\u00e9cnica cient\u00edfica y t\u00e9cnica pol\u00edtica son, pues, los dos ra\u00edles que conducen a la doble muerte de la persona.<\/p>\n<p>Este oscuro cuadro de Salinas y Orwell \u2013en el que hay pinceladas de tantos otros grandes escritores (Huxley, Capek) y peque\u00f1os charlatanes (los discurseadores reaccionarios)\u2013 admite acaso un comentario esperanzador: puesto que la t\u00e9cnica no es nada sustantivo, una sociedad amenazada de muerte por su t\u00e9cnica puede abandonar\u00eda y obviar el peligro.<\/p>\n<p>Pero una tercera voz nos interrumpe aqu\u00ed. Ni Orwell \u2013porque su gran libro es un an\u00e1lisis descriptivo\u2013 ni Salinas \u2013porque su obra es la de un sentimental\u2013 han alcanzado la profundidad que ha conseguido Thomas Mann en la formulaci\u00f3n de las causas de esa carrera hist\u00f3rica al parecer tan desastrosa. <em>Doktor Faustus<\/em> es un libro construido en tres planos. Uno, a al vez visto y visor, es el del supuesto narrador, hombre de ciencia de temple moderado, buen espectador de los hechos y poco capacitado para intervenir en ella. Personaje algo t\u00f3pico \u2013es el cl\u00e1sico \u00abacad\u00e9mico\u00bb alem\u00e1n\u2013, se salva por la serie de presupuestos pol\u00edticos y sociales que se dan cita en \u00e9l. Otro plano, visto y algo visor tambi\u00e9n por simpat\u00eda, es el que contiene la vida \u00abdes <em>deutschen<\/em> Tonsetzers Adrian Leverk\u00fchn\u00bb (del compositor <em>alem\u00e1n <\/em>Adrian Leverk\u00fchn). El \u00faltimo plan es, en la t\u00e1cita tesis del autor, sombra o reflejo del segundo: Mann, con eficacia impresionante, impone al lector la certeza de que la carrera de Alemania hacia la locura de la autodestrucci\u00f3n (como reacci\u00f3n al fracaso del ansia de poder infinito) tiene una causa de esencia no forzosamente pol\u00edtica, sino moral; causa que el libro ejemplifica en la furia intelectual \u00abdes <em>deustchen<\/em> Tonsetzers\u00bb que a toda costa quiere ser due\u00f1o del \u00faltimo absoluto de la m\u00fasica y en su tr\u00e1gica carera s\u00f3lo apresa, al final, algo tan nada como el sonido puro: este vibrar, aquella resonancia.<\/p>\n<p>Mann puede pensar \u2013como el lector de Orwell y Salinas\u2013 que la curaci\u00f3n de Alemania consiste en deponer ese fren\u00e9tico deseo de ultimidad \u2013ultimidad por abajo, \u00fanica conseguida y acaso conseguible\u2013 y de infinitud \u2013infinitud tampoco muy excelsa, infinitud de lo infinitamente peque\u00f1o\u2013. Pero si eso es lo que quiere decir la palabra de Mann, su voz en cambio es mucho m\u00e1s amenazadora. Porque Mann<em> no ha inventado<\/em> a Adrian Leverk\u00fchn, con su ansia de ultimidad absoluta y su destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica de toda instancia intermedia: la irreductible vocaci\u00f3n con que Leverk\u00fchn busca un absoluto terreno en la misma que sinti\u00f3 un viejo doctor alem\u00e1n \u2013Faust\u2013 que, si no existi\u00f3, encontr\u00f3 en todo caso alguien que contara su vida y <em>un pueblo entero para entenderla y hacerla suya<\/em>. La entrega absoluta de Leverk\u00fchn a todo lo que integra su personalidad, incluso a su enfermedad, ha sido tomada, hasta con los detalles patol\u00f3gicos, de otro hombre \u2013Federico Nietzsche\u2013 cuyo pensamiento ha sido de gran importancia en toda Europa. Por \u00faltimo, la m\u00fasica de Adrian Leverk\u00fchn, compositor de ficci\u00f3n, es la m\u00fasica del compositor de carne y hueso Arnold Sch\u00f6nberg. Y esa m\u00fasica, adem\u00e1s, es el producto m\u00e1s consecuente de la evoluci\u00f3n musical de Europa, no s\u00f3lo de Alemania. Mann puede haber tomado por capricho la <em>Harmonielehre<\/em> de Sch\u00f6nberg para su Leverk\u00fchn. No importa (ni es cre\u00edble): en todo caso, ser\u00e1 ya imposible que nadie con sentido vea en ello una detalle anecd\u00f3tico sin importancia. De Hecho, la m\u00fasica europea ha llegado, por v\u00eda de depuraci\u00f3n de contenidos, a una ultimidad muy parecida a la nada: la vibraci\u00f3n. <sup>1<\/sup><\/p>\n<p>Pero este hecho, \u00bfes exclusivo de nuestra m\u00fasica? Lo que pinta un pintor, \u00bfes hoy vivido como algo que valga m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del cuadro (de los l\u00edmites del cuadro en nuestra experiencia, se entiende)?. Dando el \u00faltimo paso, \u00bfqu\u00e9 contenido material tiene la filosof\u00eda del siglo XX?<sup>2<\/sup> Ninguno: su contenido es un sistema de esquemas \u2013l\u00f3gicos (fil\u00f3sofos logicistas: Husserl, C\u00edrculo de Viena, Russell\u2026) o antropol\u00f3gicos en amplio sentido (Ortega, Heidegger, Scheler\u2026 Hartmann es una discutible excepci\u00f3n)\u2013: limpias, puras, \u00faltimas formas. Con una expresi\u00f3n que sin duda los a\u00f1os y la investigaci\u00f3n filos\u00f3fica ir\u00e1n haciendo menos parad\u00f3jica, puede decirse que la filosof\u00eda contempor\u00e1nea maneja contenidos formales.<\/p>\n<p>En pocas palabras: al seguirse la historia de la cultura europea es visible que toda ella se define por una marcha depuradora (empleo el t\u00e9rmino sin implicaciones valorativas) que se resuelve en sucesivas renuncias materiales, en su continuo despojarse de contenidos. En el l\u00edmite de esa marcha est\u00e1 sin duda la nada y, humanamente hablando, una vida hecha de nader\u00edas. Esto no es utop\u00eda futurizante: las nader\u00edas se llaman en filosof\u00eda relatividades y ellas son el \u00fanico contenido de la mente del siglo.<\/p>\n<p>Sea cual sea la ideolog\u00eda de Mann, sea cual sea la consciencia que \u00e9l tenga de su obra, el hecho es que con el magn\u00edfico golpe de intuici\u00f3n que es su Adrian Leverk\u00fchn nos ha mostrado que esa marcha hacia la ultimidad \u00abinferior\u00bb \u2013que se presenta en Orwell y en Salinas (y en muchos otros) como debida a causas adjetivas, por m\u00e1s que acaso invencibles\u2013 es el sentido mismo de la evoluci\u00f3n mental de Europa.<\/p>\n<p>Bien barnizado de negro queda el cuadro. Con eso resaltar\u00e1 mejor la tiza que debe corregirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El gran libro de Orwell y la bien escrita fabulaci\u00f3n de Salinas son incompletos, como queda dicho, en cuanto a su modo de plantear la cuesti\u00f3n. Debe a\u00f1adirse ahora que son, adem\u00e1s, inexactos en la valoraci\u00f3n de lo anecd\u00f3tico.<\/p>\n<p>No es admisible, como querr\u00eda la l\u00f3gica interna de <em>La bomba incre\u00edble,<\/em> que la destrucci\u00f3n y el homicidio masivos sean caracter\u00edsticos de la era cient\u00edfica. S\u00f3lo una consideraci\u00f3n estad\u00edstica \u2013anotemos de paso: visi\u00f3n excesivamente cientificista, visi\u00f3n \u00abbomba incre\u00edble\u00bb\u2013 permite sostener este error. Sin duda muri\u00f3 en Hiroshima mucha m\u00e1s gente de la que cualquier conspicuo carnicero arcaico \u2013fara\u00f3n o rey asirio\u2013 consigui\u00f3 eliminar en su gloriosa vida. Pero eso es cuesti\u00f3n no conllevada moralmente por caracteres \u00edntimos de la cultura cient\u00edfica. Pues si ning\u00fan sarg\u00f3nida consigui\u00f3 establecer marca superior al r\u00e9cord de Hiroshima no fue por limitaciones morales: no hay m\u00e1s que recordar viejas narraciones ilustradas por tal y tal relieve en el que cualquier soberano antiguo, asistido gentil y eficazmente por sus nobles, aparece terminando a golpe de maza con las preocupaciones y vitales angustias de interminables hileras del brazo. Esta observaci\u00f3n ser\u00e1 in\u00fatil para muchos lectores de mente honrada. Incluso es de mal gusto hacerla: \u00bfno est\u00e1 dentro, en efecto, del \u00abcursi\u00bb progresismo del siglo XIX? Pero hay tanta gente interesada en conseguir borrar no ya la cursiler\u00eda del XIX, sino toda verdad sentada por este siglo, que empieza a ser hora, sobre todo en Espa\u00f1a, de revalorizar la \u00abcursi\u00bb honradez de nuestros liberales padres, as\u00ed como el \u00absimplista racionalismo\u00bb de nuestros grandes abuelos del XVIII, aut\u00e9nticos definidores de nuestra cultura.<\/p>\n<p>No fue la bomba at\u00f3mica la que arras\u00f3 Tartessos o Jerusal\u00e9n, ni los f\u00edsicos quemaron los c\u00f3dices religiosos aztecas y mayas, ni decret\u00f3 Stalin la destrucci\u00f3n de Cartago. Ni fue dada a alg\u00fan general nazi esta consigna \u00abgenocida\u00bb. \u00abTengo presente lo que hizo Amalec contra Israel, cuando le cerr\u00f3 el camino a su salida de Egipto: vete, pues, ahora y castiga a Amalec; y da al anatema cuanto es suyo. No perdones: mata a hombres, mujeres y ni\u00f1os, aun los de pecho; bueyes y ovejas, camellos y asnos\u00bb<sup>3<\/sup>.<\/p>\n<p>Tampoco es posible considerar como algo nuevo en la historia la aniquilaci\u00f3n de la personalidad, esa terrible destrucci\u00f3n psicol\u00f3gica que lleva a Winston, el protagonista de<em> 1984<\/em><em><strong>,<\/strong><\/em> a renegar \u00edntimamente de s\u00ed mismo, a negarse a s\u00ed mismo ante s\u00ed mismo, derribado, sepultado en un abismo de envilecimiento peor que la muerte f\u00edsica. Giordano Bruno corri\u00f3 Europa durante a\u00f1os huyendo de una amenaza que al final se cumpli\u00f3 con la agravante de la denuncia traidora de quien le hab\u00eda invitado (exactamente igual que sucede a Winston). Vienen entonces otros a\u00f1os de coacci\u00f3n espiritual, s\u00f3lo resistible por un h\u00e9roe como aqu\u00e9l, que, superando por temple religioso al Winston de Orwell, consigui\u00f3 llegar a la hoguera sin haber pasado por el envilecimiento. Se grita hoy, como contra algo nuevo, contra las confesiones y denuncias de propios amigos que son frecuentes en los labios de los acusados por el Partido Comunista. Pero, \u00bfde verdad se ignora que Galileo fue obligado a jurar que denunciar\u00eda a quienes siguieran profesando el heliocentrismo despu\u00e9s de haberse retractado \u00e9l mismo, contra toda verdad? \u00bfSe ignora, en serio? Si se ignora, valgan estas observaciones como humilde recordaci\u00f3n de simples hechos.<\/p>\n<p>Thomas Mann, no hay que repetirlo, ha dejado las ramas para mirar al tronco: no le importa la an\u00e9cdota por s\u00ed misma. Su diagn\u00f3stico de Alemania consiste en la imputaci\u00f3n de la enfermedad germana a una determinada moral: la moral ansiosa de ultimidad terrena. Lo grave, como qued\u00f3 dicho, es que tal diagn\u00f3stico \u2013para honra de la cultura alemana que lo ejemplifica\u2013 puede extenderse a toda Europa.<\/p>\n<p>La tesis de Mann no es discutible anecd\u00f3ticamente como lo son, porque unos hechos concretos destruyen otros, las de Orwell y Salinas. Tampoco es rechazable sin m\u00e1s, pues no es fruto de una postura partidista. As\u00ed pues, sin previa discusi\u00f3n de fundamento, no puede ser desechada: no hay ning\u00fan motivo visible <em>a priori <\/em>para considerarla sin fundamento; no hay, por lo dem\u00e1s, falsedad hist\u00f3rica en ella, como la hay por distintos motivos en Orwell y e Salinas. Es posible, empero encuadrarla con dos acotaciones: Primera: no es obvio, ni mucho menos, que la causa determinante de una crisis sea por s\u00ed un mal. Ya Burckhardt expres\u00f3 claramente la funci\u00f3n de \u00abcreadora de orden hist\u00f3rico\u00bb que tiene la crisis. <em>Segunda<\/em>: en todo caso caso, mala o buena, la ruta que a Mann parece concluir en precipicio es inevitablemente, casi por definici\u00f3n, la de nuestra cultura. Y el m\u00f3vil que por ella corre somos nosotros mismos, con el testigo que nos entregaron tres siglos de raz\u00f3n y un siglo de historiadores. La primera observaci\u00f3n abre un tema de filosof\u00eda de la Historia que no es dable tratar aqu\u00ed. La segunda da lugar a consideraciones de morfolog\u00eda hist\u00f3rica igualmente ajenas al objeto de este art\u00edculo. La acotaci\u00f3n de ambas en estas s\u00f3lo quiere indicar que la beligerancia que concedemos a la tesis de Mann no constituye una adhesi\u00f3n a la misma. Pero su cr\u00edtica escapa a toda consideraci\u00f3n literaria, incluso en el m\u00e1s amplio sentido del t\u00e9rmino<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>Va a ser, en cambio, objeto \u00faltimo de nuestra consideraci\u00f3n alto literariamente com\u00fan a los tres libros, algo que matiza decisivamente sus tesis.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Cada una de las culturas conocidas ha tenido sus crisis de desarrollo y su gran crisis final, unas y otra \u00abaut\u00e9nticas\u00bb en el sentido de Burckhardt, es decir, comportando cambios de \u00aborden\u00bb o estructura. \u00bfQu\u00e9 huellas literarias han dejado esas crisis? Como tales crisis, ninguna. Hay, s\u00ed, documentos literarios que expresan el arrebatado af\u00e1n de los representantes de las motivaciones y creencias que nacen en cada caso y otros escritos que nos transmiten el odio y la condenaci\u00f3n que los sostenedores del mundo viejo sienten y dictan contra \u00ablo nuevo\u00bb: hay Ar\u00edstides que apologizan y Claudianos que escriben diatribas. En cambio, no se ha dado nunca, hasta hoy, el libro escrito en fr\u00edo <em>sobre <\/em>una crisis <em>in fieri<\/em> por hombres pertenecientes al propio mundo amenazado. La objetividad ejemplar se ha dado, sin duda, otras veces, por los mismos contempor\u00e1neos de un hecho hist\u00f3rico: pero siempre se trata de hechos hist\u00f3ricos <em>no-cr\u00edticos. <\/em>Los dos casos m\u00e1s notables son, seg\u00fan entiendo, el estudio de la Guerra del Peloponeso por Tuc\u00eddides (pero la Guerra del Peloponeso no fue una crisis \u00abaut\u00e9ntica\u00bb en el sentido de Burckhardt) y el escrito de Kant <em>Was ist Aufkl\u00e4rung? <\/em>(\u00bfQu\u00e9 es Ilustraci\u00f3n?)<\/p>\n<p>En rigor, apolog\u00edas y diatribas \u2013utilizando estos t\u00e9rminos como categor\u00edas literarias comprensivas de los dos tipos de literatura propios de los per\u00edodos cr\u00edticos\u2013 no son escritos<em> sobre <\/em>la crisis. Ni siquiera poseen conciencia de ese peculiar modo de ser del ser hist\u00f3rico llamado crisis. Las apolog\u00edas son libros escritos sin m\u00e1s consciencia que la de la bondad absoluta y <em>car\u00e1cter definitivo<\/em> del mundo propuesto por ellas. Las diatribas no ofrecen m\u00e1s trasfondo mental que la creencia en la maldad intr\u00ednseca del orden nuevo y en el car\u00e1cter \u00abnatural\u00bb <em>definitivo<\/em><em><strong>,<\/strong><\/em> del orden viejo. Para cada apologista, su coyuntura es \u00fanica y ser\u00e1 \u00fanica por los siglos de los siglos. Para cada diatriba, esa misma coyuntura hist\u00f3rica es una de tantas incidencias que salpican la vida perdurable de la verdad y lo natural. De aqu\u00ed que el apologista no se sienta dentro del mundo frente al que se defiende. En cuanto al autor de diatribas, pudiera creerse que tiene plena conciencia de su pertenencia a un mundo. De hecho, no cabe duda, est\u00e1 en su mundo. Pero ese mundo es para \u00e9l algo natural, sentido como necesario y permanente, aunque con la modificaci\u00f3n y hasta falsificaci\u00f3n del sentimiento de \u00abnaturalidad\u00bb que supone toda postulaci\u00f3n pol\u00e9mica de la misma.<\/p>\n<p>Algo radicalmente nuevo hay en los libros de nuestro tiempo que se refieren a la crisis. Utop\u00edas, novelas, fabulaciones y ensayos filos\u00f3ficos referentes al tema tienen hoy una dimensi\u00f3n nueva en la historia de la literatura. Esa nueva dimensi\u00f3n es un plano t\u00e1cito, previo a todos los que el artista establezca para la ejecuci\u00f3n de su obra. Es el plano de la consciencia de crisis en sentido estricto, es decir, la consciencia no ya de una situaci\u00f3n catastr\u00f3fica considerada \u00fanica y definitiva, sino de una circunstancia que, repetida otras veces esquem\u00e1ticamente durante la vida de una cultura, se deja recoger en el fondo de los hechos, como poso de un agua aur\u00edfera, en la forma de categor\u00eda met\u00f3dica, de forma de experiencia.<\/p>\n<p>A diferencia del apologista y del autor de diatribas, Mann (por ejemplo) estudia una situaci\u00f3n cr\u00edtica <em>desde el mundo en crisis<\/em> (lo que no puede hacer el autor de diatribas) y<em> sin aferrarse a \u00e9l<\/em> (lo que resulta imposible al apologista). Dec\u00edamos antes que la obra de Mann est\u00e1 realizada en tres planos. A\u00f1adamos ahora este cuarto plano de la consciencia de crisis<sup>5<\/sup> y y\u00e9ndonos de nuevo a los m\u00e1s dudosos l\u00edmites de lo literario, veamos, para terminar, cu\u00e1l es la significaci\u00f3n de esa cuarta dimensi\u00f3n de <em>Doktor Faustus<\/em>, a qu\u00e9 posibilidades nos refiere.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Como observa Toynbee \u00abde todos los \u00e1mbitos y rincones del mundo occidental se oye preguntar a las gentes llenas de p\u00e1nico: \u00bfest\u00e1 nuestra civilizaci\u00f3n condenada?, \u00bfestamos impelidos a declinar y perecer del mismo modo que otras civilizaciones han deca\u00eddo en los \u00faltimos milenios?\u00bb. De creer al hombre de la calle y a mucho hombre de ciencia, la Humanidad no ha estado nunca tan seriamente amenazada como en nuestros d\u00edas. La difusi\u00f3n de los conocimientos historiogr\u00e1ficos y la influencia de Spengler han dado lugar a un modo de ver muy biol\u00f3gico en historia. Y en realidad es f\u00e1cil mostrar (y es mostrar una verdad) que el hombre ha sido siempre m\u00e1s o menos juguete de un flujo hist\u00f3rico que tiene notables coincidencias con el desarrollo de una vida cualquiera, un cambiar, por lo dem\u00e1s, que s\u00ed pueden haber provocado otros hombres, avasalla al que lo sufre como sin fuera una fuerza natural y fatal. Este modo popular de ver, no falso en lo esencial, peor muy limitado, llega f\u00e1cilmente a la conclusi\u00f3n de que, esta vez como todas, tocar\u00e1 al hombre ser un impotente juguete, por lo que hace a la resoluci\u00f3n esencial de la crisis. En cuanto a lo accesorio, suele especificarse incluso el tipo de juguete que estamos llamados a ser: mu\u00f1ecos del Pim pam pum.<\/p>\n<p>La literatura apocal\u00edptica, tanto la limpia \u2013Mann, Orwell\u2013 como la partidista, parece confirmar esa visi\u00f3n primaria. Pero, en realidad, esa literatura es el mayor escollo que debe salvar todo reaccionario que quiera presentar a la cultura europea como incapaz de superar su crisis. Hemos descrito a la literatura apocal\u00edptica de nuestros d\u00edas como distinta de la apolog\u00eda y diatriba tradicionales. Distinta por basada no en la idea de lucha catastr\u00f3fica definitiva y \u00faltima, librada <em>fuera<\/em> del flujo hist\u00f3rico, sino en el concepto de crisis, cambio <em>interno<\/em>, transformaci\u00f3n de orden o estructura. Pues bien, el hombre no conoce procedimiento alguno para dominar a una realidad que no sea el de partir de una conciencia y noci\u00f3n de la misma. Nuestra literatura de crisis, si es \u2013como creemos\u2013 \u00fanica hasta ahora en nuestra historia, es la prueba de que tambi\u00e9n por vez primera domina el hombre <em>mentalmente<\/em> al flujo que le arrastra. Sin duda s\u00f3lo <em>mentalmente<\/em>, tal como Bohr y Rutherford dominaron el \u00e1tomo. Pero con s\u00f3lo eso, aunque no se consiguiera en este caso ninguna de las posibilidades que abre la consciencia de una cosa (ni siquiera la posibilidad de continuidad mental a trav\u00e9s del cambio), a pesar de todo, nuestra crisis ser\u00eda la menos brutal de la historia. Aunque no consigamos dejar de ser arrastrados por la historia \u2013y todav\u00eda no est\u00e1 escrita en granito esa imposibilidad\u2013 al menos ella, la historia, ha dejado de enga\u00f1arnos.<\/p>\n<p>Sea eso dicho frente a los \u00abfilisteos de toda las lenguas y de todas las observancias (que) se inclinan ficticiamente compungidos sobre el cad\u00e1ver de esa cultura que ellos no han engendrado ni nutrido\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>1<\/sup> Que Sch\u00f6nberg componga limit\u00e1ndose a desarrollar las posibilidades sonoras de una gama o acorte inicial no quiere, sin embargo, decir que su m\u00fasica deba ser seguida sin intervenci\u00f3n de m\u00e1s \u00f3rgano cerebral que el nervio ac\u00fastico. Una obra de Sch\u00f6nberg sigue, naturalmente, <em>representando<\/em> algo. Pero ese algo es s\u00f3lo el pretexto de la composici\u00f3n: hay que o\u00edrlo como puro pretexto para el drama aut\u00e9ntico, que es el jugado por los elementos sonoros. Brevemente dicho: si sigue siendo \u2013como todo arte\u2013 <em>representaci\u00f3n<\/em>, la m\u00fasica de Sch\u00f6nberg elimina en cambio los problemas para-est\u00e9ticos de la expresi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>2<\/sup> Se entiende, no toda filosof\u00eda que de hecho se d\u00e9 en el siglo, sino la que es caracter\u00edsticamente suya.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>3<\/sup> Samuel, 15, 2-3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>4<\/sup> Para la m\u00fasica o la arquitectura o la escultura es relativamente f\u00e1cil establecer l\u00edmites, si no definidores esencialmente v\u00e1lidos al menos para precisar la tem\u00e1tica de toda discusi\u00f3n sobre aquellas artes \u2013o de toda cr\u00edtica de una obra concreta\u2013. Eso es imposible en literatura, a no ser que se parta de una definici\u00f3n doctrinaria y postulante de lo que debe ser literatura. Cierto que puede el cr\u00edtico referirse a valores puramente literarios. Pero \u2013salvo en el hipot\u00e9tico caso de una literatura automatista que lo fuera absolutamente\u2013 es pueril pretender que un <em>escrito<\/em> pueda ser agotado por esa v\u00eda pura. Y ello, probablemente, porque no hay manera de dictar un decreto reservado exclusivamente para el literato la materia de su arte: la palabra. Por todo lo cual puede considerarse cr\u00edtica literaria a toda aquella que, de un modo u otro, <em>trabaja sobre lo que esta escrito en un libro<\/em>. Adem\u00e1s, infunde mucha modestia esto de dejarse definir una cosa por la celulosa y la tinta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>5<\/sup> Quiero insistir en que lo importante no es al vivencia bruta de una situaci\u00f3n cr\u00edtica, <em>vivencia<\/em> sin relevancia mental que no es distinguible de la noci\u00f3n de cat\u00e1strofe. Lo importante es que Mann, como Huxley, como todos, domina, lo sepa o no, su material con el <em>concepto <\/em>de crisis, uno de los m\u00e1s j\u00f3venes de nuestra cultura. S\u00f3lo porque poseen ese concepto pueden hablar de cambio hist\u00f3rico como de algo natural, cuando lo natural para una conciencia sin el concepto de crisis es la permanencia del orden dado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"6\"><strong> 6. Nota acerca de la constituci\u00f3n de una nueva filosof\u00eda<\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Se public\u00f3 en <em>Laye<\/em>, 22, 1953 (incluida en <em>Papeles de filosof\u00eda<\/em>, ob. cit., pp. 7-12). Como en el caso del art\u00edculo firmado como \u00abHoracio\u00bb, otro ejemplo destacado de la viva arista ir\u00f3nica del joven Sacrist\u00e1n.<\/span><\/p>\n<p>Es sabido que durante muchos siglos la humanidad ha padecido una peculiar ofuscaci\u00f3n, de nefastas consecuencias para la Verdad. Bajo el influjo, primero, de pensadores extra\u00f1os a nuestra sensibilidad<sup>1<\/sup> y luego por el delet\u00e9reo efecto de las producciones de fil\u00f3sofos nacionales \u2013nacionales, \u00a1ay!, apenas por nacimiento y alguna otra peque\u00f1a circunstancia de irrelevancia pareja\u2013 la ciencia espa\u00f1ola, despu\u00e9s de sus gloriosos \u00e9xitos, tan puntualmente consignados por el ilustre patricio don Marcelino Men\u00e9ndez y Pelayo, parec\u00eda haber perdido todos sus arrestos, esterilizada por el absurdo bizantinismo de la supuesta distinci\u00f3n real entre ciencia e higiene (o, si se desea mayor precisi\u00f3n \u2013que no creo necesaria, dados los fines de divulgaci\u00f3n que se propone la presente nota\u2013 entre ciencia de la higiene e higiene de la ciencia).<\/p>\n<p>El problema es complejo. O, mejor dicho, lo es el pseudoproblema; pues es del dominio com\u00fan que los aut\u00e9nticos problemas son, a Dios gracias, sencill\u00edsimos y se resuelven en un santiam\u00e9n, que no cupo ni pudo caber en la munificencia de Dios Nuestro Se\u00f1or darnos raz\u00f3n desproporcionada a su objeto, feliz circunstancia que (digamos lo que digamos para atraer al errado) ser\u00e1 siempre la base m\u00e1s firme de toda sana e higi\u00e9nica teor\u00eda del conocimiento. Pero como quiera que los obradores de las tinieblas se complacen en enredar lo simple y oscurecer lo claro \u2013siguiendo con ello el ejemplo de aquel gran maestro suyo, otrora luminoso, hoga\u00f1o tenebroso\u2013, no podemos eximirnos de desmembrar al monstruo, para que a la vista de todos quede c\u00f3mo uno de sus groseros miembros es ente ficticio, y ente de ficci\u00f3n el conjunto tan monstruoso, s\u00ed, como la Hydra, mas tan \u00abreal\u00bb como ella, es el pseudoproblema de la distinci\u00f3n real entre ciencia e higiene.<\/p>\n<p><strong> II. Antecedentes hist\u00f3ricos y planteamiento pr\u00e1ctico del problema<\/strong><\/p>\n<p>Acaso nos hayamos excedido al declarar m\u00e1s arriba que la humanidad, \u00abdurante muchos siglos\u00bb, ha sucumbido. a la falacia de la distinci\u00f3n real criticada. \u00bfPues qu\u00e9? \u00bfAcaso son muchos los siglos transcurridos desde el Remurimiento? Hasta los nefastos a\u00f1os que vieron la sublevaci\u00f3n suicida del hombre europeo contra todo lo que le supera, hasta la primera gran apostas\u00eda colectiva de la humanidad, un s\u00f3lido criterio unificador impidi\u00f3 distinciones tan rid\u00edculas. Hubo, s\u00ed, distinci\u00f3n de raz\u00f3n entre ciencia e higiene \u2013y en esto no es posible negar la parte de verdad sana que hay en la tesis moderna\u2013<sup>2<\/sup>, pero no real<sup>3<\/sup>. Mas la distinci\u00f3n de raz\u00f3n es inofensiva: ella no impidi\u00f3 solucionar f\u00e1cilmente los casos S\u00f3crates, Boecio, Bruno, Galileo&#8230; Pero medite el lector y at\u00e9rrese: \u00bfC\u00f3mo solucionar cualquiera de esos casos si se admite que hay distinci\u00f3n real entre la falsedad y lo perjudicial, en una palabra, entre ciencia e higiene?<\/p>\n<p><strong>III. La postraci\u00f3n de la filosof\u00eda en la Edad Moderna, fruto de la distinci\u00f3n real entre ciencia e higiene<\/strong><\/p>\n<p>Con la introducci\u00f3n de la distinci\u00f3n real entre ciencia e higiene por el Remurimiento, la filosof\u00eda degenera: se hace \u00abmoderna\u00bb. El fen\u00f3meno entra en fase de apogeo con la Revoluci\u00f3n Gabacha y sus auras disgregadoras. A poco que se contemple, en efecto, la filosof\u00eda revolucionaria, se tropieza con los fil\u00f3sofos menos higi\u00e9nicos de la Historia. S\u00e1bese de Kant que usaba peluca, costumbre harto reprobable por lo que hace referencia a la higiene capilar; que sosten\u00eda sus calzas con largos tirantes, lo que debi\u00f3 ser la causa de su aspecto enclenque y escuchimizado, por la opresi\u00f3n de las clav\u00edculas sobre la caja tor\u00e1cica; sabemos, por \u00faltimo, que este exc\u00e9ntrico prusiano levant\u00e1base muy de madrugada y, sin lavarse ni cosa parecida, as\u00eda el extremo de un cordel que, a ciegas, a trompicones, medio dormido (\u00a1as\u00ed sali\u00f3 la <em>Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n Pura<\/em>, o \u2013impura, como deber\u00eda decirse, y aun pecaminosa!) le conduc\u00eda hasta su mesa de trabajo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Kant \u2013cuya fealdad y caquexia no dejaron de influir en el estragado gusto del hombre moderno\u2013, la filosof\u00eda se precipita en las mayores aberraciones hasta hundirse, con Nietzsche, en el llamado vitalismo, o, como debe decirse con m\u00e1s exactitud, en el sifilitismo y la locura.<\/p>\n<p>Nietzsche, en efecto, padec\u00eda aquella terrible enfermedad. V\u00edctima de ella llega a la adhesi\u00f3n expl\u00edcita al mal: \u00abDetr\u00e1s del pensamiento est\u00e1 el demonio\u00bb, reconoci\u00f3. Y sigui\u00f3 pensando. Con esto est\u00e1 dicho todo sobre hombre tan \u00abpensador\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 esperanzas puede alimentar la filosof\u00eda, la ciencia en general, lanzada por la tremenda pendiente que conduce de la peluca a la s\u00edfilis, del madrug\u00f3n antihigi\u00e9nico, por excesivo, al demonio y a la locura? Ninguna. Salvo que, abandonando la nefasta tesis de la distinci\u00f3n real entre ciencia e higiene, volvamos a la ponderada doctrina tradicional de la mera distinci\u00f3n de raz\u00f3n entre ambas.<\/p>\n<p><strong> IV. Vuelta a la mera distinci\u00f3n de raz\u00f3n entre higiene y ciencia en la filosof\u00eda contempor\u00e1nea.<\/strong><\/p>\n<p>Hay en los movimientos cient\u00edficos modernos un significativo e incipiente retorno a la tesis tradicional. Pi\u00e9nsese en Pasteur, iniciador de la teor\u00eda de la antisepsia, o en cualquier qu\u00edmico moderno, que no se pone al trabajo sin calzar guantes especiales o, cuando menos, lavarse las manos.<\/p>\n<p>Pero el aut\u00e9ntico y definitivo planteamiento filos\u00f3fico del tema corresponde a los j\u00f3venes fil\u00f3sofos espa\u00f1oles. Cierto que en nuestro pa\u00eds la viciosa distinci\u00f3n real entre ciencia e higiene no tuvo nunca gran fuerza, salvo en las descarriadas mentes de algunos afrancesados y \u2013sobre todo\u2013 germanizados. Extranjerizados, en suma.<\/p>\n<p>El camino ha sido acertadamente abierto por las personas constituidas en autoridad. Pero hemos de reconocer que los fil\u00f3sofos patrios han respondido con creces al alto llamamiento, elaborando abundantes teor\u00edas cr\u00edticas que aplican la indistinci\u00f3n real entre ciencia e higiene con una precisi\u00f3n y un rigor muy de admirar, si se tiene en cuenta el estado de postraci\u00f3n de la ciencia filos\u00f3fica desde el Remurimiento, Kant y la Revoluci\u00f3n Gabacha. Expondremos brevemente, para terminar, y a modo de ejemplo, dos de las teor\u00edas excogitadas por nuestros j\u00f3venes valores filos\u00f3ficos.<\/p>\n<p><strong> V. Teor\u00eda de la disolvencia filos\u00f3fica<sup>4<\/sup><\/strong><\/p>\n<p>Si bien el de disolvencia \u2013o disoluci\u00f3n\u2013 es un concepto de origen qu\u00edmico, tiene importantes aplicaciones en higiene, es decir: en Filosof\u00eda. Todos conocemos los perniciosos efectos de los disolventes \u00e1cidos sobre el esmalte dental, por ejemplo.<\/p>\n<p>Pues bien, las doctrinas filos\u00f3ficas \u2013expone la teor\u00eda que comentamos\u2013 deben ser juzgadas por su perjudicial efecto disolutivo del cuerpo social.<\/p>\n<p>Es obvio que esta teor\u00eda refuta decisivamente la disolvente \u00abfilosof\u00eda\u00bb del culto periodista \u2013al que algunos, contra toda evidencia y buena fe, llaman fil\u00f3sofo\u2013, el elegante articulista, digo, Jos\u00e9 Ortega, cuya <em>vis dissolutiva <\/em>no puede ser puesta en duda por poco que se hayan estudiado las tapas de sus libros, y aun con esto sobra. <sup>5<\/sup><\/p>\n<p>Sin embargo, esta teor\u00eda presenta un grave inconveniente: no es refutadora del marxismo. Pues justo es reconocer que la filosof\u00eda marxista es tan enemiga como nosotros de toda disoluci\u00f3n filos\u00f3fica, as\u00ed s\u00f3lidamente afincada ella en el error como nosotros en la verdad.<\/p>\n<p>Pero acaso la m\u00e1s sensacional de todas las teor\u00edas criticas fundadas en la distinci\u00f3n meramente de raz\u00f3n entre higiene y ciencia sea la<\/p>\n<p><strong> VI. Teor\u00eda de la lega\u00f1a filos\u00f3fica<\/strong><\/p>\n<p>Parte esta teor\u00eda de una distinci\u00f3n m\u00e1ximamente oportuna, incomprensiblemente ignorada hasta hoy: la distinci\u00f3n entre a) Filosof\u00edas lega\u00f1osas, y b) Filosof\u00eda no lega\u00f1osa.<\/p>\n<p>La teor\u00eda que comentarnos explica definitivamente el problema ya entrevisto por el sudoroso Descartes (s\u00e1bese de \u00e9l que escribi\u00f3 largo tiempo dentro de una estufa, sin tenerse noticia de ba\u00f1o posterior). \u00bfC\u00f3mo pueden darse discrepancias entre los hombres sanos, si todos estamos dotados de la misma raz\u00f3n natural?<\/p>\n<p>Plat\u00f3n \u2013cuya vida, contra lo que se cree, dej\u00f3 mucho que desear\u2013 husme\u00f3 tambi\u00e9n la cuesti\u00f3n, al reconocer que ciertos hombres no son capaces de ver el Bien, con todo y ser \u00e9ste el m\u00e1s luminoso.<\/p>\n<p>Edmundo Husserl \u2013cuyos desmesurados mostachos tantos peligros de suciedad encerraban que contribuyeron muy mucho a llevarle prontamente a la fosa\u2013, a pesar de ser maestro de vitandos disc\u00edpulos, habl\u00f3 tambi\u00e9n de \u00abceguera para las ideas\u00bb (\u00a1ciego \u00e9l mismo!).<\/p>\n<p>Mas nadie hasta ahora hab\u00eda explicado satisfactoriamente la causa de la desviaci\u00f3n de la mirada filos\u00f3fica. Pues bien, \u00e9ste es el punto valientemente resuelto por la teor\u00eda que comentamos: la filosof\u00eda moderna y contempor\u00e1nea es ciega casi siempre y algunas veces bizca a causa de que es <em>lega\u00f1osa.<\/em><\/p>\n<p>Es innecesario exponer aqu\u00ed por lo menudo la fecundidad de la teor\u00eda de la lega\u00f1a filos\u00f3fica. Baste advertir que explica perfectamente toda desviaci\u00f3n antihigi\u00e9nica que pueda sufrir la filosof\u00eda, apart\u00e1ndose de su norte supremo: la Higi\u00e9nica Verdad.<sup>6<\/sup><\/p>\n<p>La promesa de revitalizaci\u00f3n de la filosof\u00eda por medio de la explicaci\u00f3n <em>a radice <\/em>de sus errores y desviaciones nos permite terminar esta nota con las mayores esperanzas acerca del desarrollo futuro de la ciencia y de la humanidad en general.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>1<\/sup> Ya Cat\u00f3n mostr\u00f3 como la decadencia de la austera moral romana se deb\u00eda a la influencia extranjera<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>2<\/sup> No deben los bienpensantes excederse en su justa severidad para con los errados, pues quien err\u00f3 en lo m\u00e1s pudo acertar en lo menos. Recordemos c\u00f3mo Clemente de Alejandr\u00eda supo entresacar de entre los nefandos errores de Her\u00e1clito \u2013que afirmaba ser el fuego el principio de todas las cosas\u2013 el grano de verdad que conten\u00edan: \u00abAquello, escribe Clemente, aquello llama principio, a donde deb\u00eda ir a parar.\u00bb <strong>(<\/strong>Al infierno, como es obvio.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>3<\/sup> \u00abScientiam enim ab hygiene distingo, sed non realiter\u00bb (Abstrusio: \u00abCatharticon, seu de enema libri VIII\u00bb; lib. IV, cap. III)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>4<\/sup> V\u00e9ase cualquier peri\u00f3dico, pues la teor\u00eda ha trascendido ya a la culta Prensa de nuestra \u00e9poca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>5<\/sup> V\u00e9ase Jos\u00e9 ORTEGA Y GASSET: <em>Tapas Completas, <\/em>en cualquier escaparate.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>6<\/sup> Por lo dem\u00e1s, la teor\u00eda de la lega\u00f1a filos\u00f3fica es tambi\u00e9n refutadora del marxismo, el cual, si bien inclasificable entre las filosof\u00edas disolventes (s\u00f3lido, por el contrario, como la m\u00e1s seria de las filosof\u00edas y enemigo a muerte de la vis disolutiva filos\u00f3fica), es, en cambio, indubitablemente lega\u00f1oso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">V<\/a><a href=\"#INDICE\">OLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"7\"><strong> 7. Rese\u00f1a del <em>Alfanhu\u00ed<\/em><\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUna lectura de <em>Alfanhu\u00ed<\/em> de Rafael S\u00e1nchez Ferlosio\u00bb apareci\u00f3 en <em>Laye<\/em>, 24, 1954, el \u00faltimo n\u00famero de la revista (fue incluido en<em> Lecturas<\/em>, pp. 65-86). En nuestra opini\u00f3n, uno de los grandes textos de cr\u00edtica literaria del autor. La editorial Destino, durante muchos a\u00f1os, reedit\u00f3 la novela de S\u00e1nchez Ferlosio, acompa\u00f1ada del escrito de Sacrist\u00e1n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">El autor eligi\u00f3 una cita de Garcilaso de la Vega para la contraportada del \u00faltimo n\u00famero de <em>Laye<\/em>: \u00abSufriendo aquello que decir no puedo\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><strong>I. Introducci\u00f3n<\/strong> <strong>al<\/strong> <em><strong>Alfanhu\u00ed<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Una novela de aventuras puede ser analizada siguiendo un orden muy simple, el de la acci\u00f3n, y valorada de acuerdo con criterios que concurren en el juicio sin tener que mezclarse y matizarse forzosamente entre s\u00ed: apreciaci\u00f3n del lenguaje, de la invenci\u00f3n, del modo de componer, etc&#8230; Lo mismo puede ser dicho respecto de toda obra vertebrada por un solo motivo: el ensayo filos\u00f3fico, el poema musical descriptivo, la comedia de enredo, son g\u00e9neros cuyo estudio no exige dividir la atenci\u00f3n. Puede ser conveniente dividirla, pero no es una cuesti\u00f3n esencial.<\/p>\n<p>En cambio, hay obras que parecen erguirse, todav\u00eda impenetradas, cuando ya se ha obtenido el an\u00e1lisis de la invenci\u00f3n, de la composici\u00f3n, del lenguaje. Un subsuelo se revela entonces que atrae como un enigma. Explorada tambi\u00e9n esa zona soterr\u00e1nea de la obra, pueden aparecer sucesivamente nuevas capas, cada vez m\u00e1s lejanas de la primeramente visible, pero a menudo enlazadas con ella por vetas y filones que atraviesan la obra en profundidad. As\u00ed una novela de aventuras puede revelarse s\u00e1tira, y luego libro de humor, y luego adem\u00e1s libro moralizador y adem\u00e1s libro metaf\u00edsico, y a\u00fan pol\u00edtico y religioso; una vez descubiertos todos los estratos de su imponente tect\u00f3nica, ya ni osamos llamar novela a ese libro, y decimos sencilla y reverentemente: <em>El<\/em> <em>Quijote. <\/em>De entre todas las posibles lecturas de <em>El<\/em> <em>Quijote, <\/em>entre todas las posibles lecturas de una obra con \u00abestratos\u00bb, como nuestra Tierra, y tambi\u00e9n como ella surcada de filones casi verticales, \u00bfhay una \u00fanica lectura correcta? Los juristas llaman \u00abinterpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica\u00bb de una ley a la exposici\u00f3n de motivos que el propio legislador antepone a su texto dispositivo. No es frecuente la \u00abexposici\u00f3n de motivos\u00bb literaria, y cuando existe es a menudo in\u00fatil: nadie puede sostener que la <em>\u00fanica <\/em>lectura correcta de <em>El<\/em> <em>Quijote<\/em> es la que lo contempla como s\u00e1tira; y sin embargo tal parece ser la \u00abinterpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica\u00bb del libro.<\/p>\n<p>En resoluci\u00f3n, todas y cada una de las lecturas diversas que pueden hacerse de una obra con \u00abestratos\u00bb o capas distintas son lecturas correctas, siempre que no prescindan de ning\u00fan elemento importante del libro. Este no prescindir define y limita aquel poder leer libremente.<\/p>\n<p>Es probable que la universalidad de las grandes obras se deba a su contenido estratificado. Muy poca gente est\u00e1 dispuesta a comulgar con la m\u00e1s soterrada significaci\u00f3n se\u00f1alada por los cr\u00edticos a una obra tan polivalente como <em>La Tempestad, <\/em>de Shakespeare; tampoco muchas personas muestran deseos de rebuscar ocultos sentimientos entre las blancas brumas del <em>Persiles. <\/em>Pero tales lectores, acaso imposibilitados de acudir a la literatura, sino como a descanso de pocas horas semanales, pueden gustar otro \u00abestrato\u00bb de esas obras, por ejemplo, la l\u00edrica difuminaci\u00f3n de la realidad cotidiana en las fant\u00e1sticas aventuras de Pr\u00f3spero, Fernando y Miranda, de Segismunda y Persiles.<\/p>\n<p>Cuando se habla de los \u00abtemas universales\u00bb de las grandes obras, \u00bfno se aludir\u00e1 tambi\u00e9n a esa estructura de ellas, polivalente, susceptible de varias distintas contemplaciones, todas correctas al fin y al cabo? Un \u00abtema\u00bb es \u00abuniversal\u00bb en literatura no s\u00f3lo porque haya sido observado en muchas partes con diversas peculiaridades de las que luego se obtiene el n\u00facleo com\u00fan: esa es la triste universalidad del l\u00f3gico que, en lo art\u00edstico, apenas puede fundar p\u00e1lidas descripciones atentas s\u00f3lo a rasgos poco interesantes por vulgares. El \u00abtema universal\u00bb se obtiene en arte calando en lo individual, en lo individual\u00edsimo \u2013el hombre\u2013 y construyendo despu\u00e9s la historia de esa excursi\u00f3n vertical, encubierta en una an\u00e9cdota o en una materia. Luego los otros individuos \u2013los contempladores de la obra\u2013 repiten la operaci\u00f3n, y llegan en su descenso hasta donde sus fuerzas lo permiten. Unos ven m\u00e1s capas y otros menos; unos leen de un modo, otros de otro; pero la obra interesa a <em>todos: <\/em>es \u00abuniversal\u00bb. Tal es la gran diferencia entre <em>el Quijote <\/em>y una novela de aventuras sin complejidad tem\u00e1tica.<\/p>\n<p>Analizar una obra de \u00abestratos\u00bb es distinguir sus capas. Valorar la obra, releerla ordenadamente, supone, adem\u00e1s, determinar una jerarqu\u00eda entre esas capas. Esas operaciones no deben ejecutarse con un rigorismo geom\u00e9trico: hay siempre, a trav\u00e9s de las capas literarias de significaci\u00f3n, filones que corren en profundidad un dorado ligamen casi inefable: persistencia de unas mismas im\u00e1genes en distintas capas, alusi\u00f3n o inclusi\u00f3n de unas capas en otras, etc&#8230; Por tanto, s\u00f3lo con el pulso del \u00abbuen carnicero\u00bb, que despedaza las reses siguiendo sus articulaciones, puede ejecutarse la primera de aquellas tarea con ciertas garant\u00edas. En cuanto a la interpretaci\u00f3n del valor relativo de las capas, suele decirse que es cuesti\u00f3n de gusto y cuesti\u00f3n hist\u00f3rica, o de generaciones. Lo que sea sonar\u00e1, pues ahora mismo es necesario hacer una tal interpretaci\u00f3n a prop\u00f3sito del <em>Alfanhu\u00ed <\/em>de Rafael S\u00e1nchez Ferlosio, que es un libro rico en \u00abestratos\u00bb y \u00abfilones\u00bb, susceptible de lecturas distintas. Obra, por tanto, \u00abuniversal\u00bb \u2013en la significaci\u00f3n arriba dicha\u2013, aunque sea, a la vez, <em>castellana<\/em> en un sentido peculiar\u00edsimo y exacerbado (poco \u00abuniversal\u00bb por tanto, en sentido geogr\u00e1fico), y extremadamente <em>esteticista, <\/em>incluso preciosista (por tanto, poco \u00abuniversal\u00bb en cuanto a la \u00abhumanidad\u00bb de su contenido).<\/p>\n<p>El castellanismo del <em>Alf<\/em><em>anhu\u00ed<\/em> puede hacerse visible en un breve resumen de su an\u00e9cdota, con tal que la brevedad sea compensada con un poco de intenci\u00f3n: Alfanhu\u00ed naci\u00f3 en Alcal\u00e1 de Henares, aunque quiz\u00e1 pueda discutirse su cuna, pues s\u00f3lo existe el testimonio de una sirvienta de su abuela. \u00abSe escap\u00f3 de su cuarto\u00bb para su primera salida, acompa\u00f1ado de un rar\u00edsimo escudero: un gallo de veleta. Volvi\u00f3 a su casa despu\u00e9s de una primera aventura, porque su preparaci\u00f3n no era suficiente y hab\u00eda decidido armarse disecador, cosa que consigui\u00f3 en Guadalajara. Pues el oficio de disecador versa sobre los colores y sobre el arte de fingir vida, y de esa \u00edndole son las aventuras del ni\u00f1o alcala\u00edno.<\/p>\n<p>Luego hablaremos m\u00e1s de esas aventuras. Ahora importa decir que ser\u00eda torpe y falsa la alusi\u00f3n a un solo cl\u00e1sico para buscar las ra\u00edces del castellanismo del <em>Al<\/em><em>fanhu\u00ed<\/em>: ni la alusi\u00f3n al Quijote ni la alusi\u00f3n al Lazarillo ni ninguna otra est\u00e1n justificadas por s\u00ed solas cuando se habla del <em>Alfanhu<\/em><em>\u00ed<\/em><em>. <\/em>S\u00f3lo alguna constelaci\u00f3n m\u00e1s o menos nebulosa, que preside las andanzas de todos esos grandes personajes castellanos, gobierna tambi\u00e9n la vida de Alfanhu\u00ed, seg\u00fan una astrolog\u00eda que se\u00f1ala en el cielo emociones hist\u00f3ricas junto a las est\u00e9ticas. \u2013Tambi\u00e9n todos los paisajes y todos los caminos y todas las localizaciones geogr\u00e1ficas del <em>Alfanhu<\/em><em>\u00ed<\/em> son castellanas, y siguen si\u00e9ndolo en medio de las m\u00e1s complejas y sorprendentes elaboraciones imaginativas, porque \u00e9stas son, como la instituci\u00f3n de lo bueyes viejos de Moraleja, \u00abgentileza de pueblo viejo\u00bb. (Cap. VI de la Tercera Parte.)<\/p>\n<p>Pero las aventuras del ni\u00f1o que hizo su primera salida al campo de Alcal\u00e1 y que se arm\u00f3 disecador en Guadalajara<sup>1<\/sup> son, como las que ocurrieron en el Campo de Montiel, superlativamente mult\u00edvocas. Son, ante todo, aventuras de la sensibilidad, especialmente de los ojos: en su primera salida, Alfanhu\u00ed, ayudado por el gallo de veleta, conquist\u00f3 en el horizonte el color rojo sangre del crep\u00fasculo, y consigui\u00f3 guardarlo en ollas de cobre por el bello procedimiento que sabr\u00e1 quien leyere el libro. \u2013El castellanismo del <em>Alfanhu\u00ed<\/em> no es pues obst\u00e1culo para su car\u00e1cter universal: en lo literario, entronca con uno de los libros m\u00e1s universales de la literatura europea; en cuanto al contenido, sus aventuras castellanas versan sobre un tema profunda y constitutivamente humano: la sensibilidad.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo se deshace ahora la segunda posible objeci\u00f3n a la universalidad del <em>Alfanhu\u00ed: <\/em>siendo la <em>sensibilidad <\/em>el principal tesoro del libro, la extraordinaria preocupaci\u00f3n formal, el cuidado detallad\u00edsimo de la belleza externa, el preciosismo incluso, es el modo obligado de elaboraci\u00f3n de un tesoro de tal naturaleza.<\/p>\n<p><strong> II. Los tesoros del <em>Alfanhu\u00ed<\/em><\/strong><\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo III de la tercera parte del <em>Alf<\/em><em>anhu\u00ed, <\/em>Heraclio, el Gigante del Bosque Rojo, dice lo siguiente: \u00abNadie sab\u00eda lo que aquello significaba. Pero era un verdadero tesoro, porque no se pod\u00eda vender.\u00bb Esto puede ser dicho del <em>Alfanhu\u00ed. <\/em>Vender, que es casi trocar, puede ser ahora para nosotros <em>trocar <\/em><em>en conceptos. <\/em>El <em>Alfanhu\u00ed <\/em>no ser\u00eda un tesoro si pudi\u00e9ramos apurarlo del todo cambi\u00e1ndolo por conceptos, compr\u00e1ndolo con ideas. El intento de comprar el tesoro con ideas contantes y sonantes, claras y distintas, sin misterio, est\u00e1 pues condenado a fracasar si es muy ambicioso. Pero si se sabe impotente para los grandes negocios y toma precauciones para ganar sin riesgo alguna cosa, puede hacer discreto camino. Una buena precauci\u00f3n es la de hacer, cuando menos, <em>relaci\u00f3n<\/em> de los tesoros incomparables.<\/p>\n<p>1. El mayor tesoro de Alfanhu\u00ed son sin duda sus ojos que, todav\u00eda muy ni\u00f1o, le permitieron contestar sencillamente a su maestro, un disecador extremadamente sabio:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00ab\u2013\u00bfSabes de colores?<br \/>\n<\/span><span style=\"font-size: 10pt;\">\u2013 S\u00ed\u00bb.<\/span><\/p>\n<p>Grandes riquezas en colores componen el tesoro de Alfanhu\u00ed y del <em>Alfanhu\u00ed. <\/em>Tal como en la aventura de las ollas de cobre, tampoco aqu\u00ed nos parece l\u00edcito citar por extenso: el tesoro no puede ser comprado ni vendido, pero sin duda es desleal que quien no es due\u00f1o lo regale; baste pues con decir que desde el \u00abamarillor\u00bb de los lagartos en el cap\u00edtulo I de la primera parte hasta el arco iris del \u00faltimo cap\u00edtulo, no deja de enriquecerse y de enriquecernos el libro con esa gloria de los ojos que es el color. Pero, \u00bfde qu\u00e9 ojos se trata? Porque las p\u00e1ginas del <em>Alfanhu\u00ed <\/em>est\u00e1n impresas en honrada tinta negra. Se trata de unos ojos que el <em>Alfanhu\u00ed <\/em>despierta en nosotros casi hasta la plena percepci\u00f3n, pero que no son los de la sola carne; ojos tal vez colocados en la pura sensibilidad, ojos anteriores al dato de los sentidos. La t\u00e9cnica para conseguir ese despertar es el uso de un lenguaje escogido y muy bello. Su resultado es la construcci\u00f3n de un mundo sensible interno, imaginativo, que se sostiene por s\u00ed mismo. As\u00ed, por ejemplo, la procesi\u00f3n de colores en los crep\u00fasculos de ese mundo no necesita ser explicada por causas meteorol\u00f3gicas ni f\u00edsicas, sino que da raz\u00f3n de s\u00ed misma por s\u00ed misma;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abLa luz aumentaba de nuevo y la niebla tomaba ya un color morado c\u00e1rdeno, porque las vetas azules se hab\u00edan fundido con lo dem\u00e1s.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Porque <em>las vetas azules se hab<\/em><em>\u00edan fundido con lo dem\u00e1s<\/em>, y no por causas meteorol\u00f3gicas. Otro ejemplo de este mundo de causalidad crom\u00e1tica: en \u00e9l la nieve, si no llega a cuajar completamente, es por raz\u00f3n de colores y no de temperatura:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abLa monta\u00f1a tiene la nieve a lunares, porque la tierra es muy negra y nunca llega la nieve a cuajar del todo.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Algo m\u00e1s que causa es el color en el mundo de Alfanhu\u00ed: es quiz\u00e1s <em>un<\/em> ser de las cosas, pues por \u00e9l las conocemos. \u00a1Si faltaran los colores!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00ab\u2013\u00a1Me muero, Alfanhu\u00ed!<br \/>\n<\/span><span style=\"font-size: 10pt;\">\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abDe nuevo call\u00f3 el maestro y s\u00f3lo se o\u00eda el llanto desolado de Alfanhu\u00ed.<br \/>\n<\/span><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00ab\u2013 Me voy al reino de lo blanco, donde se juntan los colores de todas las cosas, Alfanhu\u00ed.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Pero si en el tesoro de Alfanhu\u00ed figuran ante todo los colores, casi tan importantes como ellos son las percepciones asombrosamente reveladoras de las cosas. Ello es natural, porque el color es a veces s\u00f3lo un elemento de la percepci\u00f3n, cuando no es \u00e9l mismo la cosa. Pues bien, no hay cosita peque\u00f1a que escape a Alfanhu\u00ed y por consiguiente \u00e9l llega a saber las causas de todas las peque\u00f1eces:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">[a unos lagartos muertos] \u00abla cola se les dobl\u00f3 hac\u00eda el Mediod\u00eda, <em>porque<\/em> esa parte se hab\u00eda encogido al sol m\u00e1s que la del Septentri\u00f3n, adonde no va nunca. Y as\u00ed vinieron a quedar los lagartos con la postura de los alacranes, todos hacia una misma parte, y ya, <em>como <\/em>hab\u00edan perdido los colores y la tersura de la piel, no pasaban verg\u00fcenza\u00bb. (Subrayado nuestro de palabras pertenecientes a la <em>l\u00f3gica sensible<\/em> del <em>Alfanhu\u00ed.)<\/em><\/span><\/p>\n<p>Todas las cosas, pues, no s\u00f3lo los colores, son vistas de nuevo por Alfanhu\u00ed, rica, detalladamente; y esto integra tambi\u00e9n su tesoro. Y no s\u00f3lo las cosas, sino tambi\u00e9n los hechos y los actos \u2013en definitiva: todo\u2013 revelan un nuevo y misterioso ser ante la mirada de Alfanhu\u00ed. Ese nuevo ser, porque es tesoro, no puede ser comprado con conceptos. A veces consiste en un saber <em>preciso <\/em>sobre las cosas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abAlfanhu\u00ed sab\u00eda que la plata y el oro eran dos cosas casadas, como las naranjas y los limones&#8230;\u00bb (En este saber se funda la aventura de la culebra,que el lector encontrar\u00e1 en el cap\u00edtulo VI de la primera parte.)<\/span><\/p>\n<p>Otras veces, se trata de un <em>prudente <\/em>conocimiento de los lazos que unen a los hechos entre s\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abPorque las mismas cosas tienen, en distintos d\u00edas, distintos modos de acontecer y lo que ocurri\u00f3 bajo la lluvia, s\u00f3lo bajo la lluvia puede ser contado y recordado.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Cuando estos tesoros de Alfanhu\u00ed consisten en la percepci\u00f3n y descubrimiento de algo cotidiano y social, tan aparentemente anodino como lo que se llama el \u00abservicio dom\u00e9stico\u00bb, se aprecia todav\u00eda m\u00e1s la ley alt\u00edsima de las monedas que forman el tal tesoro:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEn la casa viv\u00eda tambi\u00e9n una criada, oscuramente vestida y que no ten\u00eda nombre porque era sordomuda. Se mov\u00eda sobre una tabla de madera y estaba disecada, pero sonre\u00eda de vez en cuando.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">El gato se lanzaba a grandes saltos contra las paredes y hac\u00eda chispas amarillas al rozar sus u\u00f1as con las piedras. El maestro hizo se\u00f1as a la criada para que cogiera al gato&#8230; Todos se volvieron a la cama, y la criada se acost\u00f3 sin soltar al gato, que se estuvo debatiendo toda la noche. A la ma\u00f1ana siguiente la criada estaba toda destrozada. Ten\u00eda la piel de los brazos, del pecho y del cuello ara\u00f1ada y hecha jirones y se le sal\u00eda el relleno&#8230;<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">&#8230;y curaron a la criada&#8230;<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u2026&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">As\u00ed fue la criada de dolencia en dolencia, hasta que un d\u00eda muri\u00f3. Alfanhu\u00ed y su maestro la enterraron en el jard\u00edn con una l\u00e1pida grabada en vinagre que dec\u00eda:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: center;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">ABNEGADA Y SILENCIOSA.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>La extensa cita permite abreviar el comentario; acaso baste una sola observaci\u00f3n: el autor del <em>Alfanhu\u00ed<\/em> puede construir un tema opaco (y con ribetes morales y sociales), con intensa verdad \u2013cosa que no puede hacer el poeta relamido y conservador\u2013; y lo hace, al propio tiempo, con extraordinaria pureza art\u00edstica \u2013cosa que no logra casi nunca el llamado \u00abpoeta social\u00bb, o \u00abpoeta comunicativo\u00bb, o tambi\u00e9n \u00abpoeta engag\u00e9\u00bb. Con todo su preciosismo literario, las p\u00e1ginas reci\u00e9n citadas son m\u00e1s eficaces, incluso moralmente, que cien poemas interminables sobre los parias y el hambre.<\/p>\n<p>2. Como todo el mundo sabe, la naturalidad es algo de dif\u00edcil conquista, a lo cual se llega tras muchos a\u00f1os de b\u00fasqueda retorcida. La \u00abespontaneidad\u00bb cotidiana es lo m\u00e1s antinatural que existe, pues es el mero resultado autom\u00e1tico de las influencias sociales. S\u00f3lo el muy rebuscado puede llegar a ser natural, cuando despu\u00e9s de mucha rebusca haya llegado a construirse <em>su<\/em> naturaleza, <em>su <\/em>naturalidad.<\/p>\n<p>Lo mismo puede decirse de la sensibilidad. La sensibilidad \u00abespont\u00e1nea\u00bb de todos los d\u00edas ve siete colores (si llega a verlos), m\u00e1s el blanco y el negro; distingue unos cuantos sonidos y aprecia unas cuantas bellezas (si de verdad las aprecia). Pero esos colores, sonidos y bellezas tan \u00abnaturalmente\u00bb gustados resultan ser asombrosamente iguales, uniformes, en los individuos de una sociedad, y asombrosamente dispares, aunque tambi\u00e9n uniformes, en los de otro grupo social. La sensibilidad \u00abnatural\u00bb cotidiana es tan rutinaria y poco natural como la \u00abnaturalidad\u00bb del hombre ingenuo. A trav\u00e9s de la sensibilidad \u00abnatural\u00bb ingenua no ven los ojos de <em>un <\/em>hombre, sino los \u00f3rganos monstruosos de la Gran Bestia plat\u00f3nica: la masa, que no es ni t\u00fa, ni \u00e9l, ni yo, aunque todos formemos parte de ella.<\/p>\n<p>Una sensibilidad descubridora tiene que ser tan laboriosamente lograda como la personalidad del hombre sutil que, en su vejez, llega por fin a ser <em>natural.<\/em> Por eso el t\u00edtulo completo del <em>Alfanhu\u00ed<\/em> es: <em>Industrias<\/em> <em>y andanzas de<\/em> <em>Alfanhu\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>Las cosas se descubren por el \u00abindustrioso pensamiento\u00bb, como se dice en varios lugares del <em>Alfanhu\u00ed,<\/em> y se estudian mediante \u00abindustrias\u00bb, cuyos ejemplos m\u00e1s notables son las que se hicieron en el casta\u00f1o del jard\u00edn de Guadalajara, narradas en los cap\u00edtulos XI y XII de la primera parte.<\/p>\n<p>El \u00abindustrioso pensamiento\u00bb es coextensivo con la fuerza vital, y se pierde cuando una enfermedad o una grave tristeza empiezan a convertir al hombre en cosa, en pasividad. Otra vez en casa, el ni\u00f1o alcala\u00edno estaba triste por la muerte de su maestro. Tambi\u00e9n en Alcal\u00e1 hab\u00eda cosas que ver,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abPero Alfanhu\u00ed hab\u00eda echado un velo sobre sus ojos y hab\u00eda embotado el filo de su mirada y ve\u00eda como un tonto todas estas cosas, como si ninguna industria quisiera ya ven\u00edrsele a la mente.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>\u00bfDe verdad <em>ve\u00eda <\/em>Alfanhu\u00ed cuando ninguna industria acud\u00eda a su mente? En la misma p\u00e1gina nos dice el autor: \u00ab&#8230;Alfanhu\u00ed segu\u00eda pensativo y <em>ausente,<\/em> lejos de todo industrioso pensamiento&#8230;\u00bb (subrayado nuestro.) Quien est\u00e1 ausente mal puede ver lo presente, verlo, al menos, como es debido; \u00ablejos de todo industrioso pensamiento\u00bb puede leerse en el texto como una expresi\u00f3n adverbial y como una aposici\u00f3n a \u00abpensativo y <em>ausente\u00bb. <\/em>En uno y otro caso, con una y otra lectura, podemos ver que el artista expresa aqu\u00ed una delicada verdad, que compraremos, en cuanto sea posible, con ideas secas. La moneda ruda con que compramos esa verdad dice as\u00ed: el hombre no ve cosas sino en el mundo, es decir, en el sistema de todas las cosas que ve. Si algo no tiene sitio en el mundo, no es visto por las personas en general. Adem\u00e1s, la perduraci\u00f3n del mismo mundo, con sus pocas cosas visibles, hace que el ver de todos los d\u00edas pueda ser, al cabo del tiempo, rutinario y \u00abausente\u00bb, y que mire las cosas \u00abcomo un tonto\u00bb. Pero quien dispone de una sensibilidad penetrante puede lanzarse tras algo que no tiene sitio en el mundo tan simple que los padres ense\u00f1an sus hijos; y si su sensibilidad es, adem\u00e1s de penetrante, industriosa, la persona sensible puede, luego de mucho trabajo, colocar aquello que descubri\u00f3 en un mundo suyo y nuevo, en el que caben m\u00e1s cosas. Eso hizo Galileo en Pisa, y eso hace el <em>Alfanhu<\/em><em>\u00ed<\/em> en el campo de Castilla; buscar el sitio de las cosas que descubre, construir el mundo de las cosas, que es tambi\u00e9n el de los hombres.<\/p>\n<p>La conciencia de que las cosas del mundo de la sensibilidad \u2013y de todo el mundo de los hombres\u2013 s\u00f3lo pueden ser vistas con \u00abindustria\u00bb, y por tanto quiz\u00e1 no son cosas en sentido absoluto, que se presentan por s\u00ed mismas (como puedan serlo para los dioses), sino ladrillos de la casa que habitamos; la conciencia de que el mundo de la sensibilidad y del arte \u2013y todo el mundo del hombre\u2013 es forzosamente obra de alba\u00f1iler\u00eda, porque no disponemos de una naturaleza absoluta que se pueda revelar sin \u00abindustria\u00bb: esa conciencia es madre del <em>Alf<\/em><em>anhu\u00ed, <\/em>madre remot\u00edsima y acaso desconocida por el propio artista.<\/p>\n<p>Para los ojos del artista, por ejemplo, el color es resultado de laboriosa industria. Los colores del arte no son lo que en s\u00ed sean los rojos, violetas y naranjas del crep\u00fasculo, sino lo que de ellos llegue a ser descubierto y colocado en el mundo u orden de los colores. Uno de los mayores tesoros del <em>Alfanhu\u00ed <\/em>es el casta\u00f1o del jard\u00edn de Guadalajara. He aqu\u00ed parte de la primera industria que se hizo en el casta\u00f1o (cap\u00edtulo XI de la primera parte), que tiene mucho que ver con la cuesti\u00f3n que hemos llamado de \u00ablos colores del arte\u00bb, o del \u00abindustrioso pensamiento\u00bb como dice el <em>Alfanhu\u00ed, <\/em>o del car\u00e1cter de alba\u00f1iler\u00eda que tiene el mundo del artista:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abDescubrieron que las raicillas que colgaban del techo [de una gruta situada bajo el casta\u00f1o] eran venas que ven\u00edan de las hojas y cada una de ellas iba a una hoja y sub\u00eda el agua verde para darle color&#8230;<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">El maestro prepar\u00f3 varios l\u00edquidos de colores vegetales, hechos de p\u00e9talos de flores o con zumos de frutas, <em>para que<\/em> <em>fueran colores sutiles e inocuos y que no<\/em> <em>tuvieran fuerza<\/em> <em>de fecundidad,<\/em> <em>ni fueran<\/em> <em>es<\/em><em>t\u00e9riles o <\/em><em>ajenos <\/em><em>a <\/em><em>principios de vida&#8230; <\/em>(Subrayado nuestro.)<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">[Luego Alfanhu\u00ed separa las raicillas en seis manojos.]<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Prepar\u00f3 Alfanhu\u00ed en la cueva una especie de andamio o tablado, como una repisa ancha, a media altura dela pared, alrededor dela cueva. Fue bajando una a una seis tinas de madera y las coloc\u00f3 sobre la repisa, como el maestro le hab\u00eda dicho. Luego sumergi\u00f3 en cada tina las puntas de cada manojo de ra\u00edces. Baj\u00f3 luego a la cueva los seis c\u00e1ntaros de l\u00edquidos de colores y verti\u00f3 uno en cada tina.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Alfanhu\u00ed subi\u00f3 a reunirse con su maestro y ambos se sentaron en el jard\u00edn mirando al casta\u00f1o.Pas\u00f3 un poco de tiempo y vieron c\u00f3mo algunas de las hojas empezaban a te\u00f1irse de naranja, mientras las otras quedaban blancas todav\u00eda. Comprendieron que el zumo de naranja era el m\u00e1s fluido de los tintes, y por eso se revelaba primero. M\u00e1s tarde subi\u00f3 a las hojas el zumo de violeta. Ya hab\u00eda dos colores. Luego fueron subiendo uno a uno el azul, el rojo, el amarillo y el negro. A las dos horas, todas las hojas estaban te\u00f1idas y el casta\u00f1o era como un maravilloso arlequ\u00edn vegetal. Alfanhu\u00ed y su maestro hicieron fiesta aquel d\u00eda y festonearon la casa con ramos y guirnaldas de colores.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Los colores del arte son \u00absutiles e inocuos\u00bb y no tienen \u00abfuerza de fecundidad\u00bb, pero no son \u00abest\u00e9riles o ajenos a principios de vida\u00bb. M\u00e1s adelante, al dar raz\u00f3n del <em>Alf<\/em><em>anhu\u00ed,<\/em> ser\u00e1 necesario considerar con detalle este punto. Pero ya ahora conviene adelantar alg\u00fan extremo: el primer miembro de la caracterizaci\u00f3n de los colores del arte \u2013el no tener \u00abfuerza de fecundidad\u00bb\u2013 contradice una aspiraci\u00f3n desorbitada del alma ingenua, la aspiraci\u00f3n que se traduce, por ejemplo, en la leyenda de las uvas de Apeles o en la de la mosca de Murillo. Pero, como se ha dicho, los gorriones hel\u00e9nicos ten\u00edan que estar terriblemente hambrientos para acudir a picar las uvas pintadas por Apeles, que no ol\u00edan, ni ten\u00edan volumen, ni encerraban el palpitar de un l\u00edquido org\u00e1nico. Y el maestro de Murillo deb\u00eda padecer una miop\u00eda lamentable en un pintor si de verdad crey\u00f3 natural la mosca que la leyenda atribuye al pincel del disc\u00edpulo. Las cosas poseen caracter\u00edsticas <em>suyas \u2013<\/em>\u00abfecundidad\u00bb, dice el artista del <em>Alfanhu\u00ed\u2013 <\/em>que son inasimilables por el arte, y cuya asimilaci\u00f3n, adem\u00e1s, ser\u00eda la destrucci\u00f3n del arte. Si el ideal del arte fuera su naturalizaci\u00f3n \u2013realista (como en el arte \u00abpompier\u00bb), o m\u00e1s realista (como en gran parte de los \u00abismos\u00bb)\u2013 el ideal del arte ser\u00eda el de disolverse. Si la uva pintada debiera valorarse desde la uva real o desde la meta-uva sobrerrealista, habr\u00eda que prohibir que se pintaran m\u00e1s bodegones, para evitarnos la desagradable sorpresa de comer, el d\u00eda que tal arte llegara a su perfecci\u00f3n, uvas que supieran a tela, arcilla, aceite y acaso aguarr\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero lo decisivo es que el resto \u00abfecundo\u00bb de la naturaleza <em>no podr\u00e1 <\/em>ser conquistado por el arte.<\/p>\n<p>El segundo punto, a saber, que los colores del arte no son \u00abest\u00e9riles o ajenos a principios de vida\u00bb es cosa sobre la que el <em>Alfanhu\u00ed<\/em> nos ilustrar\u00e1 m\u00e1s adelante. Por el momento podemos pasar a decir que el tesoro del <em>Alfanhu\u00ed <\/em>contiene todav\u00eda una partida relacionada con esto: el retrato de algo que es artificial \u2013como el arte\u2013 pero que, adem\u00e1s, es totalmente \u00abajeno a principios de vida\u00bb, a diferencia del arte. Ese algo es la vida falsa de las mentiras ciudadanas rutinarias, las cuales no son \u00abmentiras verdaderas\u00bb (como dice el autor en la dedicatoria de su libro), sino mentiras que podr\u00edamos llamar \u00abmentiras mentirosas\u00bb. Ese algo no es naturaleza, ni es tampoco un mundo nuevo conscientemente construido, como el del arte. Ese mundo es <em>Don Zana, <\/em>el mu\u00f1eco de madera, marioneta que ha bailado en todos los tablados cosmopolitas y vive ahora en Madrid, cuando Alfanhu\u00ed llega a la capital de la Mancha.<\/p>\n<p>La ciudad, vista desde su campo y bajo su cielo, es todav\u00eda naturaleza:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">La ciudad era morada. Hu\u00eda en un fondo de humo gris. Tendida en el suelo contra un cielo bajo, era una inmensa piel con el lomo erizado de escamas c\u00fabicas, de rojas, cuadradas lentejuelas de cristal que vibraban espejando el poniente, como l\u00e1minas fin\u00edsimas de cobre batido. <em>Yac\u00eda<\/em> <em>y<\/em> <em>respiraba.\u00bb<\/em> (Subrayado nuestro.)<\/span><\/p>\n<p>Pero el gran animal capitalino, con su tama\u00f1o, aparta de la naturaleza a los microbios que pululan en su seno. El, el gran animal, est\u00e1 en la naturaleza, pero sus habitantes no. \u00bfEstar\u00e1n ya en el arte? Tampoco, porque el gran animal yacente es tan grande que los microbios confunden sus intestinos con r\u00edos, sus granos con montes, su agitaci\u00f3n interna con el pulso general de la naturaleza. Dentro de la \u00abciudad\u00bb se vive fuera de la naturaleza y fuera del arte, en algo que un tiempo \u2013en el tiempo de los grandes fundadores que veneraban en cada ciudad griega\u2013 fue <em>artificial, <\/em>pero que hoy se cree natural. Y as\u00ed resulta natural Don Zana el marioneta, \u00abhombre\u00bb de madera que presid\u00eda el ambiente de la ciudad \u00abmientras todos chillaban y se mov\u00edan en una vida vulgar y maciza, llena de chismes y de carcajadas\u00bb.<\/p>\n<p>Alfanhu\u00ed se ri\u00f3 suavemente de los bomberos y del hero\u00edsmo ciudadano, y se compadeci\u00f3 de la se\u00f1orita Flora y del osito de trapo, mu\u00f1ecos destrozados por la vida en la ciudad; pero a don Zana, el mu\u00f1eco malvado que impon\u00eda tir\u00e1nicamente su falsa vida de madera, lo mat\u00f3 una noche por las calles de Madrid.<\/p>\n<p>Luego sali\u00f3 de la ciudad por arriba \u2013de terraza en terraza\u2013 porque le asfixiaba la calle, y gan\u00f3 la Sierra.<\/p>\n<p><strong>3. El<\/strong> <strong>Cap\u00edtulo <\/strong><strong>VII<\/strong> <strong>de<\/strong> <strong>la<\/strong> <strong>Primera<\/strong> <strong>Par<\/strong><strong>t<\/strong><strong>e<\/strong><\/p>\n<p>Es probable que mientras sal\u00eda de Madrid por las alturas Alfanhu\u00ed recordara una de sus aventuras m\u00e1s terribles, narrada en el cap\u00edtulo cuya cita encabeza este p\u00e1rrafo, el cual cap\u00edtulo trata \u00abDe un viento que entr\u00f3 una noche en el cuarto de Alfanhu\u00ed y las visiones que \u00e9ste tuvo\u00bb. La aventura puede resumirse as\u00ed: el cuarto de Alfanhu\u00ed en casa de su maestro, en Guadalajara, ten\u00eda p\u00e1jaros disecados, obra del arte, industria, con sus colores bien ordenados&#8230; Pero las palabras del autor son aqu\u00ed de nuevo insustituibles. S\u00f3lo podemos intentar que la obligada cita no dilapide demasiado tesoro. Todos los subrayados son nuestros:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUna noche de lluvia descendi\u00f3 sobre el jard\u00edn un viento <em>remoto.<\/em> Alfanhu\u00ed ten\u00eda la ventana abierta y el viento se puso a agitar la llama de su l\u00e1mpara. <em>Se<\/em> <em>estremecieron,<\/em> en las paredes, las sombras de los p\u00e1jaros. Se movieron primero, indecisa y vagamente, como en un <em>despertar<\/em> inesperado. Alfanhu\u00ed vio desde su cama el agitarse de aquellas sombras en las paredes y el techo, que se quebraban en las esquinas y se cruzaban las una con las otras. <em>Le <\/em><em>pareci\u00f3 que su cuarto se agrandaba y se agrandaba <\/em>hasta hacerse un inmenso sal\u00f3n. Las sombras de los p\u00e1jaros se agrandaban tambi\u00e9n y se multiplicaban al agitarse de la llama peque\u00f1a de su l\u00e1mpara de aceite. El viento entraba cada vez m\u00e1s <em>lleno <\/em>por la ventana y tra\u00eda m\u00fasica de r\u00edos y de <em>bosques <\/em><em>olvidados.<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Rompi\u00f3se la bruma del silencio y la soledad y despertaron visiones olvidadas al encontrarse la m\u00fasica del viento y de la lluvia con los muertos colores de los p\u00e1jaros. Pareci\u00f3 abrirse, en medio de la rueda de p\u00e1jaros, un redondel en el techo a donde <em>retornaban<\/em> todos los <em>colores<\/em> <em>primitivos\u2026<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">[Sigue una de las descripciones m\u00e1s hermosas del libro.]<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Alfanhu\u00ed no hubiera sabido decir si en sus ojos hab\u00eda una tenebrosa soledad y en sus o\u00eddos un insondable silencio, porque aquella m\u00fasica y aquellos colores ven\u00edan de la otra parte, de donde no viene nunca el conocimiento de las cosas; traspuesto el primer d\u00eda, por detr\u00e1s del \u00faltimo muro de la memoria, donde nace la otra memoria: la inmensa memoria de las cosas desconocidas.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">[Apagada la l\u00e1mpara por el viento] qued\u00f3 en el aire el olor mortecino y oscuro del aceite requemado y todo se apag\u00f3. Hab\u00eda ahora un silencio ligero como para una voz clara y solitaria, para una canci\u00f3n de alborada o unos pasos de cazadores.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Cuando Alfanhu\u00ed sali\u00f3 de la ciudad buscando la Sierra, dec\u00edamos, tal vez recordara esta aventura suya. Mucho tiempo, luego de ocurrida la aventura del viento remoto, hab\u00eda seguido siendo disecador, artista, constructor de estructuras de colores, hab\u00eda trabajado tranquila e industriosamente. Don Zana y la capital le hab\u00edan hundido en un abismo de sola falsedad sin arte. Don Zana y la capital ten\u00edan que ser ahora contrapesados por la Sierra y sus vientos, alguno de ellos, quiz\u00e1, \u00abremoto\u00bb. Por eso, tal vez, recordara Alfanhu\u00ed la aventura que decimos, cuando sal\u00eda de Madrid hacia los pasos de la Sierra que tambi\u00e9n cruzara y describiera un d\u00eda otro gran alcala\u00edno, Juan Ruiz.<\/p>\n<p>Pero la aventura del viento remoto, \u00bfc\u00f3mo encaja en el tesoro de Alfanhu\u00ed? \u00bfC\u00f3mo hay que leerla? Porque todos sus otros tesoros son orden y b\u00fasqueda, y perfecci\u00f3n; y este tesoro del viento remoto es remolino y danza, y atisbo imperfecto.<\/p>\n<p><strong>III. Raz\u00f3n del <em>Alfanhu\u00ed<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Revisados los tesoros del <em>Alfanhu\u00ed, <\/em>llega la obligaci\u00f3n de ordenarlos. Deletreado el libro, la de leerlo. Con esa obligaci\u00f3n viene tambi\u00e9n el derecho de escoger la lectura. Dicen que ese derecho es otorgado por la individualidad del gusto, y tambi\u00e9n por el \u00abesp\u00edritu de la \u00e9poca\u00bb; algunos precisan m\u00e1s y hablan de \u00abesp\u00edritu de generaci\u00f3n\u00bb. M\u00e1s justo es creer que ese derecho, como todos los derechos, es correlato de una obligaci\u00f3n impuesta: la obligaci\u00f3n de leer el <em>Alfanhu\u00ed.<\/em> Tendremos derecho a una lectura <em>nuestra<\/em> siempre que \u00e9sta sea capaz de cumplir la obligaci\u00f3n de leer <em>todo<\/em> el libro. Nuestra ordenaci\u00f3n del inventario del tesoro ajeno ser\u00e1 correcta \u2013a pesar de seguir siendo nuestra, no del propietario\u2013 si en ella figuran todas las partidas de aqu\u00e9l. Esa es la piedra de toque de la \u00ablibertad de lectura\u00bb, fundamental, por otra parte, para la contemplaci\u00f3n est\u00e9tica. La cuesti\u00f3n del esp\u00edritu de \u00e9poca y del \u00abesp\u00edritu generacional\u00bb no es, sin duda, despreciable, pero es posterior a la cuesti\u00f3n de la obra y su lectura correcta. Un libro es ante todo un libro; luego, adem\u00e1s, algunas otras cosas.<\/p>\n<p>La \u00ablibertad de lectura\u00bb autoriza a leer desde cualquier plano, siempre que desde el plano elegido puedan leerse todos los elementos de la obra, expresa o t\u00e1citamente<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>1. La aventura del viento remoto es un torbellino extra\u00f1amente hincado en la vida de Alfanhu\u00ed. Intentemos leer esa aventura de Alfanhu\u00ed empezando por considerar que, aunque artista \u2013oficial disecador\u2013, Alfanhu\u00ed es ante todo un ser humano.<\/p>\n<p>En la vida y en el hacer humanos puede a veces abrirse paso la oscura conciencia de la artificialidad de la propia vida y del propio hacer. Esa oscura conciencia, \u00abviento remoto\u00bb cada vez m\u00e1s \u00ablleno\u00bb, \u00abestremece\u00bb el mundo del hombre \u2013obra suya\u2013 y parece hacerlo estallar, dispersarlo \u2013\u00able pareci\u00f3 que su cuarto se agrandaba y se agrandaba\u00bb\u2013 pulverizarlo, para que en su lugar o tras \u00e9l aparezca una realidad m\u00e1s \u00abllena\u00bb que la del mundo del hombre, del artista.<\/p>\n<p>La invasi\u00f3n del viento remoto es evocadora: plen\u00edsimas realidades parecen \u00abretornar\u00bb despu\u00e9s de haber sido \u00abolvidadas\u00bb. Plat\u00f3n \u2013recu\u00e9rdese que nos protege la libertad de lectura\u2013 llamaba a esto <em>an\u00e1mnesis, <\/em>y le daba un valor metaf\u00edsico real. Y es natural y muy vital que la an\u00e1mnesis, la s\u00fabita iluminaci\u00f3n (iluminaci\u00f3n parad\u00f3jicamente oscura: los rasgos de las nuevas cosas quedan inciertos), la oscura luz tra\u00edda por el \u00abviento remoto\u00bb, tiente al hombre, y muy especialmente al artista, y le lance fuera de su mundo posible, a la b\u00fasqueda de los \u00abcolores primitivos\u00bb. El autor del <em>Alfanhu\u00ed <\/em>ha llegado lej\u00edsimos en esa direcci\u00f3n: ha construido un \u00abhombre natural\u00bb. Es el mendigo del cap\u00edtulo V de la primera parte:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEra un mendigo robusto y alegre, y me cont\u00f3 que le germinaban las carnes de tanto andar por los caminos, de tanto caerle el sol y la lluvia y de no tener nunca casa. Me dijo que en el invierno le nac\u00edan musgos por todo el cuerpo y otras plantas de mucho abrigo, como en la cabeza, pero que cuando ven\u00eda la primavera se le secaba aquel musgo y aquellas plantas se le ca\u00edan, para que nacieran la hierba y las margaritas. Luego me explic\u00f3 c\u00f3mo era la flauta. Dijo que era al rev\u00e9s que las dem\u00e1s y que hab\u00eda que tocarla en medio de un gran estruendo, porque en lugar de ser, como en las otras, el silencio fondo y el sonido tonada, en \u00e9sta el ruido hac\u00eda de fondo y el silencio daba la melod\u00eda. La tocaba en medio de las grandes tormentas, entre truenos y aguaceros, y sal\u00edan de ella notas de silencio, finas y ligeras, como hilos de niebla. Y nunca ten\u00eda miedo de nada.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Hombre-natural es una contradicci\u00f3n, dice la seca idea con la cual hemos de intentar leer ese importante fragmento de <em>Alfanhu\u00ed.<\/em> Seg\u00fan nuestra lectura, el fragmento tiene una primera parte ir\u00f3nica (desde \u00abEra&#8230;\u00bb hasta \u00ab&#8230;margaritas\u00bb.), con la tenue y afectuosa iron\u00eda que es caracter\u00edstica del libro; y una segunda parte que, por amor de las palabras, llamaremos \u00abmay\u00e9utica\u00bb, partera de la verdad s\u00f3lo indicada en la iron\u00eda. La parte primera muestra ir\u00f3nicamente c\u00f3mo el hombre no es un ser totalmente incluido en la naturaleza. Si lo fuera, vivir\u00eda esos protectores procesos vegetales, de tan limpia fantas\u00eda, que se dan en el mendigo de la flauta silenciosa. La cual flauta silenciosa es la imagen de peso del trozo may\u00e9utico, cuya significaci\u00f3n es, en nuestra lectura, que lo que llamamos \u00abbelleza natural\u00bb no tiene nada que ver con la belleza art\u00edstica: es \u00abal rev\u00e9s\u00bb, seg\u00fan dice el autor. La belleza natural se construye por s\u00ed misma, y s\u00f3lo es reconstruida (contemplada) por nosotros en los \u00absilencios\u00bb de ella, durante los cuales podemos contemplar; s\u00f3lo cuando <em>no<\/em> <em>somos<\/em> naturaleza podemos contemplarla, con lo cual est\u00e1 dicho que ella nos es esencialmente ajena. La belleza art\u00edstica, en cambio, es construida (no ya re-construida) por el hombre: tanto m\u00e1s contemplada cuanto m\u00e1s directamente construida por uno mismo, tanto m\u00e1s contemplada cuanto m\u00e1s nuestra.<\/p>\n<p>La \u00abflauta natural\u00bb toca silencios; la flauta de nuestros m\u00fasicos toca sonidos. La flauta natural toca los silencios que ella quiere; la flauta de nuestros m\u00fasicos toca los sonidos que nosotros queremos.<\/p>\n<p>Tal es tambi\u00e9n la raz\u00f3n de la aventura del viento remoto. Nos queda por leer de ella un par de p\u00e1rrafos (de los antes transcritos), y el primero es el totalmente subrayado por nosotros en la p\u00e1g. 80. El mero subrayado da nuestra lectura, que consiste en considerar central la frase: \u00abaquella m\u00fasica y aquellos colores ven\u00edan de la otra parte, de donde no viene nunca el conocimiento de las cosas\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando termina la ilusionada inmersi\u00f3n del artista en la Naturaleza, cuando termina la ilusionada inmersi\u00f3n del hombre en un mundo \u00abnatural\u00bb o absoluto, s\u00f3lo queda \u00aben el aire el olor mortecino y oscuro del aceite quemado\u00bb. A\u00f1ade el autor que luego \u00abtodo se apag\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfFue in\u00fatil, entonces, la aventura del viento remoto? No. Ella confirm\u00f3 a Alfanhu\u00ed en su vocaci\u00f3n de disecador, porque ella le ense\u00f1\u00f3 que es in\u00fatil ir a buscar verdades, \u00abconocimiento de las cosas\u00bb, por el camino directo. Ese camino directo no parte de nosotros. Tal vez Alguien lo trace <em>hacia <\/em>nosotros, desde \u00abdetr\u00e1s del \u00faltimo muro de la memoria\u00bb. Pero nosotros \u2013el artista, el hombre\u2013 no podemos hacerlo desde aqu\u00ed. Por eso el mayor artista y descubridor de verdades en lengua castellana escribi\u00f3 lo siguiente hace ya m\u00e1s de trescientos cincuenta a\u00f1os:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abCuanto m\u00e1s buscarlo quer\u00eda, con tanto menos me hall\u00e9.\u00bb \u00abCuando ya no lo quer\u00eda, t\u00e9ngolo todo sin querer.\u00bb (Juan de la Cruz:<em> Subida del Monte Carmelo;<\/em> en el manuscrito n\u00famero 6.296 de la Biblioteca Nacional, Madrid).<\/span><\/p>\n<p>Pero si la aventura del viento remoto apaga en el artista disecador la ilusi\u00f3n orgullosa y blasfematoria del metaf\u00edsico impenitente \u2013\u00abser\u00e9is como dioses\u00bb\u2013, le impide, por otra parte, vegetar ya m\u00e1s en la perezosa aceptaci\u00f3n de la falsa \u00abnaturalidad\u00bb de todos los d\u00edas ciudadanos, sociales. El artista ha vislumbrado demasiadas cosas en el remolino del viento remoto para poder entregarse a la molicie de la satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Luego que \u00abtodo se apag\u00f3\u00bb, nos dice el artista, \u00abhab\u00eda un silencio ligero como para una voz clara y solitaria, para una canci\u00f3n de alborada o unos pasos de cazadores\u00bb.<\/p>\n<p>2. La canci\u00f3n de alborada anuncia el amanecer de la aut\u00e9ntica conciencia art\u00edstica. Esa conciencia ense\u00f1a que el camino descubridor del artista no es un camino directo hacia una naturaleza inconquistable y heterog\u00e9nea con su hacer,, sino un avanzar laborioso, pisando s\u00f3lo las concretas y conocidas cualidades que son para \u00e9l mismo \u00e9l y sus instrumentos: ese camino es lo que el artista del \u00abAlfanhu\u00ed\u00bb llama \u00abindustrias\u00bb.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n \u00abindustriosa\u00bb y la conciencia de que la \u00abindustria\u00bb no descubre directamente el \u00aben-s\u00ed\u00bb natural o absoluto, es lo que separa el artificio art\u00edstico de la superficialidad, por ejemplo, de la superficialidad de don Zana. \u00c9ste es perezoso, sin oficio, sin industria:<\/p>\n<p>Pregunta don Zana a Alfanhu\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00ab\u2013Provinciano pareces. \u00bfTienes oficio?<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u2013Oficial disecador.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Don Zana se turb\u00f3. Alfanhu\u00ed le miraba como un p\u00e1jaro. Don Zana era m\u00e1s bajo que \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">\u2013Yo tambi\u00e9n tuve oficio y<em> me<\/em> <em>cans\u00e9. <\/em>Dos, tres, cuatro oficios. Ortop\u00e9dico en Espoz y Mina, chocolatero, bailar\u00edn. <em>M\u00e1s<\/em> <em>vale<\/em> <em>ser<\/em> <em>amateur<\/em> de bailar\u00edn <em>que profesional<\/em> de otras cosas. Eso es lo mejor que hago. <em>La<\/em> <em>vida<\/em> <em>es<\/em> <em>una<\/em> <em>risa,<\/em> chico. Pareces mustio, t\u00fa. <em>\u00bfQu\u00e9<\/em> <em>haces<\/em> <em>tan<\/em> <em>serio?\u00bb<\/em> (El subrayado es nuestro).<\/span><\/p>\n<p>Faber, obrero, dicen que es mejor determinaci\u00f3n del hombre que la corriente, sapiens, sabidor; <em>homo<\/em> <em>faber<\/em> mejor que <em>homo<\/em> <em>sapiens<\/em>. Para el artista del <em>Alfanhu<\/em><em>\u00ed<\/em> acaso sean lo mismo una cosa y otra, o acaso no se interese por la cuesti\u00f3n. Sea de ello lo que sea, en nuestra lectura \u00e9sta es precisamente la raz\u00f3n del <em>Alfanhu\u00ed,<\/em> su segmento \u00e1ureo, con el cual se pueden medir todas sus otras dimensiones: que el arte es laboriosa construcci\u00f3n, la cual, si bien saca sus fuerzas de lo natural del hombre, no tiene por tema ni por aspiraci\u00f3n directa la naturaleza absoluta. La naturalidad del arte estriba en la naturaleza del hombre que es el artista, la cual no es la naturaleza absoluta, pero es todav\u00eda una naturaleza: los colores del arte no tienen \u00abfuerza de fecundidad\u00bb, pero no est\u00e1n ajenos a \u00abprincipios de vida\u00bb, pues brotan de esta nueva naturaleza que es el hombre. Y de la naturaleza del hombre, del artista, brota la <em>natural<\/em> necesidad de no ser natural en sentido absoluto, la obligaci\u00f3n de ser arti-ficioso, laborioso, constructor. En lo que el hombre construye se espeja su peculiar naturaleza, y en ese espejo la conocemos: las v\u00edas directas hacia la naturaleza absoluta est\u00e1n cerradas, s\u00f3lo queda la v\u00eda refleja que es el espejo del hombre, es decir, su obra. Todo lo que el hombre puede hacer, y el hombre mismo que en lo hecho se conoce, como cima de su obra, es <em>arti-ficio,<\/em> o, si se prefiere, <em>arte-facto. <\/em>Por tanto, es m\u00e1ximamente natural lo m\u00e1ximamente construido, lo sublimemente artificioso. La naturaleza del arte es el artificio, conclusi\u00f3n digna de Pero Grullo y, por consiguiente, cert\u00edsima.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>1<\/sup> Estas expresiones cervantinas \u00abprimera salida\u00bb, \u00abarmarse\u00bb, son, desde luego, comentario nuestro. No figuran en <strong>el <\/strong><em>Alfanhu\u00ed.<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>2<\/sup> Esto es, naturalmente, el <em>desideratum<\/em> ideal. En la pr\u00e1ctica, habr\u00e1 que contentarse con decir que una lectura es tanto m\u00e1s correcta cuantos m\u00e1s elementos ele la obra explique.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">V<\/a><a href=\"#INDICE\">OLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"8\"><strong>7.1. Carta a Rafael S\u00e1nchez Ferlosio<\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Seg\u00fan testimonio de Xavier Folch (que probablemente le acompa\u00f1ara), en sus viajes pol\u00edticos a Madrid en a\u00f1os de lucha antifranquista, Sacrist\u00e1n sol\u00eda reunirse con amigos suyos como V\u00edctor S\u00e1nchez de Zavala, Javier Pradera y el autor de <em>El Jarama, <\/em>conversando sobre temas filos\u00f3ficos, art\u00edsticos y ling\u00fc\u00edsticos. Recordemos, por otra parte, que Sacrist\u00e1n public\u00f3 en 1953 una obra de teatro de un solo acto, \u00abEl pasillo\u00bb, en <em>Revista espa\u00f1ola<\/em>, dirigida por Alfonso Sastre, Ignacio Aldecoa y el propio S\u00e1nchez Ferlosio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Desde su casa (alquilada) de veraneo en Puigcerd\u00e0 (Gerona), Sacrist\u00e1n escrib\u00eda a S\u00e1nchez Ferlosio el 16 de septiembre de 1963 en los siguientes t\u00e9rminos.<\/span><\/p>\n<p>Querido Rafael:<\/p>\n<p>es posible que hoy termine el largo plazo que me ha dado tu paciencia. Digo s\u00f3lo que es posible, sin estar demasiado seguro de que vaya a terminar y echar al correo esta carta, porque mi obst\u00e1culo inhibidor no se ha movido un paso durante todos estos meses. Tampoco es culpa suya, por lo dem\u00e1s; pues, a pesar de mis buenas intenciones, no he podido darle un solo empuj\u00f3n.<\/p>\n<p>Yo no dirig\u00ed nunca <em>ad hominem<\/em>, como t\u00fa pareces creer, la pregunta sobre lo que hab\u00eda pasado despu\u00e9s de <em>El Jarama<\/em>. Ni me interesaba como respuesta una historia puramente individual (si es que eso existe), sino razones trasferibles, como t\u00fa dices, a cualquier otro escritor. (Del \u00abcualquier\u00bb te dir\u00e9 luego m\u00e1s).<\/p>\n<p>Mi situaci\u00f3n, de la que nace mi inhibici\u00f3n, era y es muy diferente. Yo estaba entonces preparando un pr\u00f3logo para una edici\u00f3n de obras de Heine. En mi estudio de la poes\u00eda de Heine hab\u00eda cre\u00eddo ver algo as\u00ed como un hundimiento \u00abobjetivo\u00bb \u2013empecemos por soltar imprecisiones, que ya las afinaremos o las retiraremos\u2013 de la poes\u00eda: que en cierto momento el poeta dejaba de crear al hilo de su vida y bajo el impulso, o sobre el cimiento, de lo ya creado, y se pon\u00eda a escribir, digamos, \u00abaposta\u00bb. Como el hecho me recordaba otros grandes hundimientos po\u00e9ticos de an\u00e1logo o diverso resultado, y como mi formaci\u00f3n no es de cr\u00edtico literario, sino que me ha viciado con la tradicional tendencia filos\u00f3fica a precipitarse hacia hip\u00f3tesis, no pude evitar que \u00e9stas me acudieran enseguida, presumiblemente atra\u00eddas por los muchos huecos de mis conocimientos literarios e hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>No te he escrito, sobre todo, porque sigo sin tener que contarte m\u00e1s que unos huecos esquemas (algo, de todos modos, muy distinto de un discurso <em>ad hominem<\/em>), cuya inconsistencia casi me consta unas veces y temo, en todo caso, siempre.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s me anima a empezar a charlar de esto contigo es el hecho que hayas empezado t\u00fa a hacerlo, y en un sentido que coincide substancialmente con mi experiencia de lector de Heine. Usando el t\u00e9rmino que he escrito antes, lleg\u00f3 un momento en que no quisiste escribir \u00abaposta\u00bb. (Las palabras vulgares usadas \u00abaposta\u00bb me ayudan a no sonrojarme por un discurso de tan ofensiva imprecisi\u00f3n). Seg\u00fan tu descripci\u00f3n, menos inexacta, no quisiste escribir por deber profesional, o sea (si no me excedo en libertad al leerte) no quisiste verte obligado a escribir porque la oferta est\u00e9 organizada seg\u00fan una determinada divisi\u00f3n del trabajo. O, dicho a\u00fan m\u00e1s cruda y simpl\u00edsticamente: no quisiste que aparecieran con tu nombre libros causados muy directamente por la oferta organizada.<\/p>\n<p>Creo que es la misma visi\u00f3n del hecho, as\u00ed a grandes rasgos. T\u00fa lo describes en t\u00e9rminos objetivos. Yo, con la palabra \u00abaposta\u00bb, intentaba aludir al efecto individual de esa situaci\u00f3n objetiva en el artista que sigue produciendo a pesar de encontrarse de un modo u otro en dicha situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No tan de acuerdo estoy, en cambio, con la idea de que esas consideraciones sean trasferibles a <em>cualquiera<\/em> que escriba, pinte, etc. Aqu\u00ed me interviene una peligrosa noci\u00f3n esquem\u00e1tica, especulativa y \u2013lo que es peor\u2013 valorativa. Pero no se c\u00f3mo eliminarla.<\/p>\n<p>Esa noci\u00f3n, que creo designa nuestro verdadero problema, podr\u00eda llamarse \u00abcrisis art\u00edstica objetiva\u00bb o algo por el estilo. Me parece, en efecto, que una persona que escribe, pinta, etc., puede dejar de hacerlo por dos tipos de causas: por causas individuales de muy diversa naturaleza o porque hace crisis, independientemente de sus condiciones personales, su arte mismo. Ejemplo del primer tipo de crisis es el error juvenil sobre la propia v\u00eda (Claude Bernard se present\u00f3 en Par\u00eds con una mala tragedia en la maleta). Otros ejemplos, casi tan numerosos, son los pseudo artistas impotentes, que adem\u00e1s de malas tragedias o novelas habr\u00edan dado tambi\u00e9n de s\u00ed mala fisiolog\u00eda, a diferencia de Claude Bernard. Ejemplos del segundo tipo son varios autores modernos y contempor\u00e1neos a los que consideramos \u00abgrandes\u00bb o \u00abverdaderos\u00bb artistas. Y aqu\u00ed est\u00e1, naturalmente, la temida valoraci\u00f3n. Como toda valoraci\u00f3n, tambi\u00e9n \u00e9sta dar\u00e1 efectivamente lugar a una petici\u00f3n de principio si la utilizamos como criterio \u2013es decir, si pensamos que la crisis art\u00edstica objetiva es la de los \u00abverdaderos\u00ab artistas; pues probablemente estaremos pensando o tenderemos a pensar, circularmente, que grandes artistas son los susceptibles de una crisis objetiva. Por eso habr\u00e1 que ir con pies de plomo si interesa, como creo, la idea de crisis art\u00edstica objetiva. La precauci\u00f3n m\u00e1s segura consistir\u00eda probablemente en tomar como cuesti\u00f3n de hecho una valoraci\u00f3n bastante admisible acerca de los grandes artistas \u2013que lo fue, por ejemplo, Rimbaud, y no lo fueron Dumas ni C. Bernard\u2013 y atenernos expl\u00edcitamente al caso de unos pocos grandes artistas que efectivamente han hecho crisis.<\/p>\n<p>A pesar del peligro y de las limitaciones que se imponen para evitarlo, yo insistir\u00eda en conservar la valoraci\u00f3n que hay debajo de la noci\u00f3n de crisis art\u00edstica objetiva, y a considerar ilusoria la aspiraci\u00f3n que visiblemente tienes de evitar todo momento valorativo partiendo met\u00f3dicamente del \u00abtr\u00e1fico\u00bb en tus consideraciones. La valoraci\u00f3n me parece \u00fatil por dos razones: primero, porque nuestro mundo est\u00e1 lleno de escribidores, pintadores, etc., que pueden sufrir grandes conmociones individuales, acudir al psiquiatra con la misma frecuencia que a \u00ablas tabernas de moda intelectual\u00bb y a los premios y congresos literarios, sin que sus crisis tengan mucho que ver con su obra. Segundo, porque esa valoraci\u00f3n me parece necesaria (hoy no me meter\u00e9 a\u00fan a decir por qu\u00e9) para que nuestras reflexiones no se queden en un corto economicismo al partir, como tienen que partir, de una consideraci\u00f3n \u00abexterna\u00bb, como t\u00fa dices, del \u00abtr\u00e1fico literario\u00bb, o sea, de la organizaci\u00f3n social de la oferta art\u00edstico-literaria por los poderes dominantes del mercado.<\/p>\n<p>Yo dir\u00eda, pues, que nuestro problema es <em>la crisis objetiva del artista en la \u00e9poca que comienza hacia 1848<\/em>. Esta fecha me es c\u00f3moda por ahora porque es la de la crisis de Heine, el primer artista \u00abverdadero\u00bb en el que he conocido la crisis art\u00edstica objetiva. Es tambi\u00e9n la fecha de la primera revoluci\u00f3n proletaria.<\/p>\n<p>La transferibilidad del problema no es en mi opini\u00f3n a cualquiera que escriba, pinte, etc., sino a cualquier artista de la \u00e9poca indicada. Para evitar en concreto la petici\u00f3n de principio har\u00eda falta los artistas verdaderos de esa \u00e9poca. No puedo hacerlo, por ignorancia, ni quiero hacerlo, para evitarme alguna in\u00fatil, floreada y aduladora discusi\u00f3n contigo. Sustituyamos, si quieres, la enumeraci\u00f3n por la indicaci\u00f3n de algunos prototipos: Heine, Rimbaud, Maiakovski. Los elijo con intenci\u00f3n: en Heine la crisis objetiva da en hip\u00f3crita continuaci\u00f3n de la obra, a pesar de no creer ya en ella; en Rimbaud la crisis en una interrupci\u00f3n definitiva de la obra; en Maiakovski el resultado de la crisis es el suicidio (con todas las complicaciones subjetivas que se quiera, pues ninguna causa es de verdad independiente y de ascendencia lineal sino en la necesaria abstracci\u00f3n del an\u00e1lisis).<\/p>\n<p>El problema es pues la crisis objetiva del artista, o la crisis del arte del artista, no esencialmente determinada por su posible debilidad subjetiva. Tu carta contiene una descripci\u00f3n objetiva de esa crisis objetiva: el artista hace crisis porque descubre el car\u00e1cter innecesario, insustantivo y fungible que van a tomar los productos de su actividad en la situaci\u00f3n contempor\u00e1nea. Lo que el artista sorprende seg\u00fan tu descripci\u00f3n es en definitiva la irrelevancia de la intenci\u00f3n espec\u00edfica del arte, intenci\u00f3n no ya relegada, sino propiamente ignorada por el tr\u00e1fico, por la actual organizaci\u00f3n de la actividad, o divisi\u00f3n del trabajo. En ese dato inicial de nuestras reflexiones que va a ser tu carta se insin\u00faa adem\u00e1s una ulterior explicaci\u00f3n de esa situaci\u00f3n incompatible con el arte. La explicaci\u00f3n parte de la demanda.<\/p>\n<p>Y como a\u00fan dentro del uso de nociones esquem\u00e1ticas cabe su m\u00e1s y su menos, creo que en este punto puede valer la pena concretar un poco cu\u00e1l es la demanda que determina la situaci\u00f3n del arte innecesario, del arte hecho aposta. Es, naturalmente, la demanda moderna, propia del capitalismo ya bien logrado en la segunda mitad del paso del siglo [XX]. Esa demanda no es expresi\u00f3n nada directa de necesidades \u2013en nuestro caso, de la necesidad de arte que persiste en diversas sociedades y civilizaciones a trav\u00e9s del tiempo\u2013, sino que est\u00e1 en gran parte creada por la oferta y para la oferta. Ello es as\u00ed, por un lado, por la acci\u00f3n de mecanismos inconscientes del sistema econ\u00f3mico mismo, importantes para la reproducci\u00f3n de \u00e9ste. Este tipo de creaci\u00f3n de demanda por la oferta se da probablemente, aunque en forma embrionaria, en otras sociedades, pero tienen en la nuestra la especificidad de unas grandes dimensiones y de una extrema especializaci\u00f3n. Pero, adem\u00e1s, la demanda moderna tiene entre sus causas una acci\u00f3n voluntaria de los dominadores de la oferta, es decir, de los dominadores de los medios de producci\u00f3n. Esa acci\u00f3n se presenta con innumerables formas, desde el adoctrinamiento directo y el prosopop\u00e9yico establecimiento de modelos de prestigio hasta la trivialidad de la moda. Podemos reunir todas esas formas bajo el r\u00f3tulo de <em>publicidad<\/em>, entendiendo por ella el voluntarismo del mercado.<\/p>\n<p>Esa demanda en gran parte artificial, forzada y orientada por quien domina a la oferta, puede seguir la pendiente de la \u00abvulgaridad de las masas\u00bb, sobre todo porque esa vulgaridad es casi siempre \u00fatil al poder econ\u00f3mico-social. Por eso puede parecer una demanda \u00ablibre\u00bb, dictada por las espont\u00e1neas necesidades de la \u00abbestia humana\u00bb. Pero creo que estamos en claro sobre que nadie necesita literatura pornogr\u00e1fica, por ejemplo, sino como compensaci\u00f3n de la sumisi\u00f3n a tab\u00faes \u00fatiles al orden establecido. No me detendr\u00e9 en esto.<\/p>\n<p>Lo importante para nuestro problema est\u00e1 por el otro lado, por el de la oferta: el hecho de que demanda de \u00abarte\u00bb no es hoy necesidad de arte pone al artista en una posici\u00f3n falsa. Igual que la demanda no est\u00e1 regida por la necesidad, la oferta no lo est\u00e1 tampoco por la creatividad de arte, que no es cosa sobreabundante sino excepcional.<\/p>\n<p>Naturalmente que esas afirmaciones no son verdaderas sin m\u00e1s: debajo de la demanda fabricada est\u00e1 la necesidad, y debajo de la oferta desnaturalizada est\u00e1 la creaci\u00f3n de arte. Pero lo decisivo es la segunda naturaleza que la sumisi\u00f3n al tr\u00e1fico mercantil le impone. La producci\u00f3n del artista queda mediada por el mercado moderno, y la tal mediaci\u00f3n impone al producto, desde su planteamiento en la mente del artista, esa segunda naturaleza que, usando palabras gordas, es la naturaleza de mercanc\u00eda. La mediaci\u00f3n del tr\u00e1fico es realmente una cosa muy concreta; el libro, por ejemplo, est\u00e1 mediado no s\u00f3lo mortalmente por los valores del mercado, ni tampoco s\u00f3lo comercialmente por la red mercantil moderna (\u00bfconoces vendedores de libro a plazo de las editoriales-monstruos?), sino tambi\u00e9n materialmente por unas cuantas ramas de la industria.<\/p>\n<p>Con la mercantilizaci\u00f3n plena de la obra de arte se consuma definitivamente la incrustaci\u00f3n rigurosa del artista en la moderna divisi\u00f3n del trabajo, un proceso que inquiet\u00f3 bastante a Goethe, que a\u00fan conoci\u00f3 poetas vagabundos y \u00ablibres\u00bb, es decir, epifeudales. Pero se trata de ver el resultado de ese proceso tal como es hoy: la mercanc\u00eda ligera \u2013lo es seguro el libro; tal vez no, por ejemplo, un cuadro de Picasso\u2013 est\u00e1 hoy producida para el llamado \u00abconsumo m\u00e1sivo\u00bb, no porque siempre haya \u00abnecesidad masiva\u00bb antes de la publicidad, sino porque ese modo de consumo es el \u00fanico rentable desde el punto de vista del beneficio m\u00e1ximo, y, por tanto, se fabrica su demanda. Esto le ocurre al libro, al film, etc, exactamente igual que a los cacharritos de materia pl\u00e1stica o a los sucesivos modelos de autom\u00f3viles. Lo caracter\u00edstico del moderno consumo masivo no es la cantidad sola, sino con la innovaci\u00f3n, la pseudocreaci\u00f3n: un mill\u00f3n de ejemplares de la <em>Divina Comedia<\/em> no son en s\u00ed consumo de masa modernos sino s\u00f3lo por su nueva encuadernaci\u00f3n. Son en cambio consumo de masa moderno 3.000 ejemplares de cada uno de los libros publicados a raz\u00f3n de uno (\u00abnuevo\u00bb) por semana.<\/p>\n<p>Con este tipo de mediaci\u00f3n se superpone a lo que podr\u00edamos llamar \u00abintenci\u00f3n primaria\u00bb de la actividad art\u00edstica una \u00absegunda intenci\u00f3n\u00bb, la de producir a toda costa y a ciertos ritmos, que es lo que caracteriza al arte hecho aposta o profesionalmente. Por la acci\u00f3n del aparato de oferta, el p\u00fablico y el escribidor, o, en general, el p\u00fablico y el pseudoartista (incapaz de chicar con la enferma situaci\u00f3n) sienten <em>a priori<\/em> que un productor <em>comme il faut<\/em> tiene que producir bastante mercanc\u00eda. La falsedad de la situaci\u00f3n del artista consiste concretamente entonces en que \u00e9l no es en realidad el total productor de su producto: lo es \u00e9l en colaboraci\u00f3n (de siervo) con la industria del arte, que va desde los fabricantes de papel y celuloide hasta los editores y productores cinematogr\u00e1ficos. El artista se encuentra en esa cambiada situaci\u00f3n y tendr\u00eda que crear algo anterior a ella y hasta incompatible con ella. El artista vive entonces una crisis de esa actividad casi imposible. El escribidor, el pintador, etc., se convierten en productores m\u00e1s o menos inocentes de mercanc\u00eda. Esta mercanc\u00eda art\u00edstica queda en mi opini\u00f3n muy esencialmente caracterizada por la descripci\u00f3n que hay en tu carta: no tiene ser concreto y propio, porque son irrelevantes la problem\u00e1tica concreta, la referencialidad objetiva concreta, etc. El mundo es para esa mercanc\u00eda tema, materia prima, en vez de problema o fuente de entusiasmo, c\u00f3lera o tristeza, etc. Puedo a\u00f1adir un ejemplo m\u00e1s a tu lista de frases profesionales de escribidores, pintadores, etc. De una pieza teatral no \u00ablograda\u00bb o \u00abredonda\u00bb, es decir, que no cumple a\u00fan los requisitos de clasificaci\u00f3n de la mercanc\u00eda, pero a la que ven materia prima, los entendidos suelen decir: \u00abaqu\u00ed hay obra\u00bb. La frase es m\u00e1s sutil, pero no menos siniestra que las que t\u00fa recuerdas.<\/p>\n<p>En estas \u00faltimas l\u00edneas vuelve a aparecer la valoraci\u00f3n de un modo obsesivo. Uno de estos d\u00edas, sin esperar a que contestes, voy a mandarte un par de hojas con una exposici\u00f3n lo m\u00e1s breve y completa posible de mi valoraci\u00f3n b\u00e1sica. No creo que ello sea necesario para que sigamos especulando sobre nuestro asunto. Pero la confesi\u00f3n me descargar\u00e1 la consciencia.<\/p>\n<p>Y ahora corto, dejando un mont\u00f3n de cosas colgadas, como se ve por la promesa que acabo de hacer, me ha entrado grande gana de que esto sea una carta, de que haya otras y de que efectivamente me lleguen tuyas y te lleguen m\u00edas. Este habr\u00e1 sido el primer buen resultado del empezar a escribir. Busco ahora mismo un sobre y te mando esto.<\/p>\n<p>Un abrazo,<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manolo<\/p>\n<p>Estar\u00e9 en Puigcerd\u00e0 hasta el 1\u00ba de Octubre m\u00e1s o menos. Pero recibo todo lo que me llega a Barcelona.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">En \u00ab&#8217;Una conversaci\u00f3n con Manuel Sacrist\u00e1n&#8217;\u00bb, por Jordi Guiu y Antoni Munn\u00e9\u00bb (<em>Acerca de Manuel Sacrist\u00e1n<\/em>, p. 102), observa el autor:<\/span><\/p>\n<p>\u00abMe acord\u00e9, por ejemplo, de que hab\u00eda intelectuales a los que ya mucho antes que a m\u00ed les hab\u00eda pasado lo mismo: la inhibici\u00f3n. Sobre todo a uno al que yo quiero mucho, y con el que tengo una gran afinidad y fijaci\u00f3n er\u00f3tica, aparte de que he aprendido mucho de \u00e9l: Rafael S\u00e1nchez Ferlosio. A \u00e9l el ataque de silencio y de inhibici\u00f3n le hab\u00eda entrado mucho antes que a m\u00ed hace much\u00edsimos a\u00f1os. Rafael es un pesimista hist\u00f3rico y radical que piensa que la historia es una larga evoluci\u00f3n de mal en peor. Es un antiprogresista al pie de la letra, que piensa que la historia acabar\u00e1 el d\u00eda que ya no haya peor, en el supuesto de que tenga fin, y si no ser\u00e1 una carrera hacia el mal infinito. A trav\u00e9s de la marginalidad y del silencio que yo ya hab\u00eda vivido a trav\u00e9s de la persona de Rafael, aunque inconscientemente, me di cuenta de que lo que me pasaba a m\u00ed le hab\u00eda pasado ya a \u00e9l.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"9\"><strong> 8. Hay una buena oportunidad para el sentido com\u00fan<\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Pocos meses despu\u00e9s del \u00faltimo n\u00famero de <em>Laye<\/em>, un joven Sacrist\u00e1n, filos\u00f3ficamente en transici\u00f3n \u2013Pinilla de las Heras (1989: 125): \u00abdesde el personalismo no cat\u00f3lico, con algunas dimensiones liberales en lo pol\u00edtico, al marxismo\u00bb\u2013, imparti\u00f3 una conferencia con el t\u00edtulo \u00abHay una buena oportunidad para el sentido com\u00fan\u00bb en un curso organizado por el Instituto de Estudios Hisp\u00e1nicos de Barcelona. En la presentaci\u00f3n del ciclo se comentaba: \u00abNuestro mundo cultural visto por hombres intelectualmente j\u00f3venes. Una serie de reflexiones sobre aspectos de presente y las posibilidades del inmediato futuro a trav\u00e9s de espa\u00f1oles nacidos no antes de 1914. Once conferencias bajo el tema \u2018Panorama del porvenir\u2019.\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Sacrist\u00e1n intervino el 3 de diciembre de 1954, en la sala de estudios del Instituto (C\/. Valencia, 231, Barcelona). La transcripci\u00f3n de la conferencia, que fue revisada por \u00e9l, est\u00e1 recogida en: Esteban Pinilla de las Heras, <em>En menos de la libertad. Dimensiones pol\u00edticas del grupo Laye en Barcelona y en Espa\u00f1a, <\/em>Barcelona: Anthropos, 1989, pp. 261-274: \u00abConviene precisar que las conferencias del ciclo Panorama del porvenir no solamente eran de car\u00e1cter p\u00fablico sino que se rodeaban de cierta formalidad. La extraordinaria moderaci\u00f3n pol\u00edtica de, por ejemplo, la disertaci\u00f3n de Manuel Sacrist\u00e1n, \u201cHay una buena oportunidad para el sentido com\u00fan\u201d, debe ser percibida dentro de esa circunstancia.\u00bb<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Sobre el trasfondo hist\u00f3rico de la conferencia, comentaba Pinilla de las Heras (Ibidem, 127-128): \u00abCiertamente que el r\u00e9gimen franquista hab\u00eda sido fascista en sus or\u00edgenes, pero ya antes de que hubiese concluido la II Guerra Mundial abandon\u00f3 uno de los rasgos t\u00edpicos del fascismo y del nacionalsocialismo: la constante movilizaci\u00f3n pol\u00edtica de las clases medias. No por ello era un r\u00e9gimen que incorporase el ideal de la pol\u00edtica como t\u00e9cnica. Simplemente, no ten\u00eda t\u00e9cnicos. No los tuvo hasta que apel\u00f3 a los economistas, fuesen economistas de cocina casera, como Gual Villalb\u00ed, fuesen verdaderos expertos, como Ullastres, Sard\u00e0, Estap\u00e9, etc, para el Plan de Estabilizaci\u00f3n de 1959. En el intermedio de casi quince a\u00f1os, ni movilizaciones ni t\u00e9cnicas. Como escrib\u00eda Gerard Brenan en 1950\u2026 en el pa\u00eds parec\u00eda no haber otra cosa que partidos de f\u00fatbol, ceremonias religiosas y corridas de todos (<em>Face of Spain,<\/em> p. 30 de la edici\u00f3n de 1965)\u00bb. Este era el trasfondo hist\u00f3rico que hab\u00eda de ser tenido <em>in mente<\/em> al leer la conferencia de Sacrist\u00e1n: \u00abhay en ella una en\u00e9rgica apelaci\u00f3n contra los mesianismos y las cruzadas, y hay el convencimiento de que la posesi\u00f3n de un lenguaje conceptual adecuado incrementa la seguridad del individuo, le ayuda a percibir con ciertos distanciamiento el proceso que de otro modo le sumerge y le trasciende.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>I. La verdad es que a unas reuniones animosamente dedicadas a darnos un \u00abpanorama del porvenir\u00bb \u2013es decir, un panorama de los<em> hechos <\/em>por venir\u2013 la Filosof\u00eda debiera asistir como mera oyente. Ella, la pobre, no ha hecho nunca gran cosa en el terreno de los hechos: su esencia, su entra\u00f1a, es la l\u00f3gica, y la l\u00f3gica es la ciencia de lo posible, no de lo real. Claro est\u00e1 que los organizadores de este curso pueden haber tra\u00eddo a colaci\u00f3n a la Filosof\u00eda precisamente por esa atenci\u00f3n que presta a las meras posibilidades. En todo caso, solo en este limitado sentido nos permitir\u00e1 que la interroguemos sobre el futuro.<\/p>\n<p>Por si eso fuera poca raz\u00f3n de impotencia, todav\u00eda queda otro hecho que aconseja a la Filosof\u00eda no meterse en camisa de once varas hablando del porvenir: la Filosof\u00eda no es lo que podr\u00edamos llamar una ciencia \u00abinmediata\u00bb con un objeto material directamente definible en el mundo. La Filosof\u00eda es una ciencia mediata, una \u00abciencia de las ciencias\u00bb y casi todo lo que esta expresi\u00f3n pueda tener de sublime es pura coincidencia sint\u00e1ctica. En el fondo eso de que la Filosof\u00eda es la ciencia de las ciencias solo quiere decir hoy que a la antigua reina absoluta no le queda ya casi tierra que gobernar y tiene que limitarse a inspeccionar la gesti\u00f3n que sus virreyes \u2013la F\u00edsica, la Biolog\u00eda, la Sociolog\u00eda, etc.\u2013 llevan a cabo con sustanciosos resultados en los m\u00faltiples territorios aut\u00f3nomos de su desmembrado reino. Cierto que quedan parcelas que se ha reservado, y entre ellas la central, la l\u00f3gica (que es como la ley fundamental y constitucional que tienen que respetar todos esos virreyes aut\u00f3nomos), y alguna otra que para nuestra ocupaci\u00f3n de esta tarde es de suma importancia. Con todo, pocas son las cosas cuyo desarrollo es hoy todav\u00eda gesti\u00f3n filos\u00f3fica. Por lo dem\u00e1s, incluso en otros tiempos, aunque siempre o casi siempre se reserv\u00f3 voz la Filosof\u00eda para hablar de las cosas de los hombres, pocas veces se le otorg\u00f3 voto. Vamos ahora a pedirle que nos d\u00e9 su panorama del porvenir. Nos lo dar\u00e1 ciertamente; pero conste que llega aqu\u00ed con voz y sin voto. Hablar\u00e1 con nosotros de nuestro futuro, pero otros decidir\u00e1n de \u00e9l a la hora de votar y de vetar.<\/p>\n<p>Tan tenaz como los hombres en negarle el voto ha sido la Filosof\u00eda en reservarse voz sobre las cosas de ellos, y su tozudez est\u00e1 justificada. (Seguramente tambi\u00e9n lo est\u00e1 la otra, la de quienes le niegan derecho a la eficacia; pero ahora pleiteamos <em>pro Philosophia.<\/em>) En el sucesivo desmembramiento de la vieja ciencia m\u00e1s o menos unitaria \u2013solo una en el fondo por la unicidad personal de sus cultivadores\u2013, les lleg\u00f3 un d\u00eda el turno a las ciencias que tienen al hombre como objeto de estudio. Por razones de econom\u00eda mental, las primeras disciplinas antropol\u00f3gicas que se separaron del tronco filos\u00f3fico fueron las jur\u00eddicas y la Medicina. Derecho y Medicina \u2013el alma y el cuerpo\u2013 fueron luego reclamando como ayudantas investigaciones que arrancaron buenos trozos tem\u00e1ticos de la Filosof\u00eda, y que m\u00e1s tarde se convirtieron en ciencias con toda la categor\u00eda de tales; design\u00e9moslas brevemente como Sociolog\u00eda y Antropolog\u00eda, hoy ya considerablemente complejas y ricas.<\/p>\n<p>Pues bien: la Filosof\u00eda se reserva insistentemente voz en las cosas de los hombres porque opina que con lo que le han quitado la Antropolog\u00eda y la Sociolog\u00eda no se agota el tema del hombre.<\/p>\n<p>Exponer discretamente lo que queda sin tocar de ese tema exige entrar ahora en consideraciones extensas de antropolog\u00eda filos\u00f3fica. Tal vez podamos hacerlo brevemente utilizando conceptos de algunos fil\u00f3sofos contempor\u00e1neos&#8230;<\/p>\n<p>A ninguno de nosotros le resultar\u00e1 sospechosa esta proposici\u00f3n: la Sociolog\u00eda no agota el objeto de estudio llamado hombre. En cambio, es a primera vista m\u00e1s discutible que tampoco tengamos agotado el tema en cuesti\u00f3n cuando reunimos los temas de la Antropolog\u00eda con los de la Sociolog\u00eda. Si de plantas se tratara, sin duda nos dar\u00edamos por satisfechos con su estudio cient\u00edfico \u2013positivo, individual y social, en el supuesto de que tal estudio consiguiera ser exhaustivo. Pero la misma hip\u00f3tesis resultar\u00eda insatisfactoria trat\u00e1ndose del conocimiento del hombre. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>M\u00e1s de un fil\u00f3sofo contempor\u00e1neo ha puntualizado un peculiar car\u00e1cter del ente llamado hombre, a saber: que mientras, seg\u00fan parece, cualquier otro ser del mundo es comprensible cuando se exponen todos los elementos que presentemente lo forman, el hombre en cambio oculta todav\u00eda su \u00faltimo secreto cuando ya se conocen \u2013en el supuesto de que se conocieran perfectamente\u2013 su constituci\u00f3n f\u00edsica, los elementos sociales de su vida y hasta sus constituyentes an\u00edmicos. Aun cuando conoci\u00e9ramos todo eso, todav\u00eda no sabr\u00edamos lo decisivo sobre el hombre; y ello porque el hombre puede hacer con todo eso lo que quiera, hasta el punto de transformar la relaci\u00f3n rec\u00edproca \u2013y qui\u00e9n sabe si hasta la propia naturaleza\u2013 de todos aquellos elementos. Ejemplos muy espectaculares nos ofrecen la psicopatolog\u00eda y la terap\u00e9utica psiqui\u00e1trica. Por eso dice Ortega que \u00abel hombre no tiene naturaleza sino historia\u00bb, queriendo decir con ello que el hombre decide de su propia naturaleza merced al uso que de sus elementos constituyentes naturales hace a lo largo de su vida. Por lo mismo nos ense\u00f1a otro fil\u00f3sofo contempor\u00e1neo (Heidegger) que la esencia del hombre se revela como un peculiar poder ser, como un poder ser que es el elemento propiamente esencial del ente que se estudia. El pensador que cit\u00e1bamos en primer lugar escogi\u00f3 el t\u00e9rmino \u00abfuturici\u00f3n\u00bb para expresar ese central rasgo potencial de la esencia del hombre. Por lo dem\u00e1s, algunos fil\u00f3sofos cl\u00e1sicos ya se hab\u00edan aproximado a ese punto de vista al dar un valor metaf\u00edsico a la libertad.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, ese poder ser, esa caracter\u00edstica esencial de ser m\u00e1s lo que se puede ser que lo que actualmente se es, la libertad \u2013si preferimos (como creo que debe preferirse) esa vieja y hermosa palabra\u2013 es el resto constitutivo que queda en el hombre y que no puede ser estudiado <em>en s\u00ed mismo <\/em>por la Sociolog\u00eda y la Antropolog\u00eda positiva, sino en algunas de sus manifestaciones.<\/p>\n<p>Ahora bien: la libertad en el sentido del hacer es tema propio de la \u00e9tica; y la libertad en el sentido de hacerse a s\u00ed mismo, del decidir del propio ser constituy\u00e9ndolo, es asunto de la metaf\u00edsica, cuya filiaci\u00f3n filos\u00f3fica est\u00e1 tambi\u00e9n fuera de duda. Por \u00faltimo, al hablar de libertad en metaf\u00edsica hablamos de un poder ser, y en la base del estudio de toda posibilidad est\u00e1 la l\u00f3gica, fuente primera de la Filosof\u00eda y de todo pensamiento.<\/p>\n<p>Por todo eso pues, se reserva voz la Filosof\u00eda para hablar de las cosas de los hombres. Antes de o\u00edrla advirtamos que con lo que llevamos dicho queda claro que al pedir a la Filosof\u00eda un panorama del porvenir no nos referimos a su propio futuro t\u00e9cnico como ciencia, sino al futuro nuestro, que sin duda nos interesa mucho m\u00e1s. Hace ya cierto tiempo que la Filosof\u00eda habla poco de asuntos tan generales, sumida como est\u00e1 en intrincados problemas t\u00e9cnicos especiales. Pero a todos nos consta que siempre le gustaron esos otros problemas m\u00e1s comunes, de inter\u00e9s m\u00e1s universal. Y sin duda nos dir\u00e1 algo sobre ellos, porque ya hemos visto que puede hacerlo, toda vez que ella se ocupa de esa llave del futuro que es la libertad.<\/p>\n<p>II. 1. Un buen n\u00famero de contempor\u00e1neos est\u00e1 convencido de que nuestra \u00e9poca tiene caracter\u00edsticas \u00fanicas, nunca vistas antes, y no precisamente por excelentes sino por rematadamente malas. No hablemos ya de la opini\u00f3n que estos a\u00f1os merecen a las personas de edad y de cultura media. Ellas est\u00e1n en su papel cuando ponen gesto agrio a la f\u00edsica at\u00f3mica y a las modas femeninas. Pero lo que es m\u00e1s notable es que personas j\u00f3venes \u2013publicistas, periodistas, pol\u00edticos\u2013 hablen en t\u00e9rminos tan alarmados como son los que pueden leerse en cualquier peri\u00f3dico espa\u00f1ol por ejemplo. No creo que a ninguno de nosotros nos resulten in\u00e9ditas las frases \u00abfinal de la civilizaci\u00f3n\u00bb, \u00absumirse el mundo en la barbarie\u00bb, \u00abel peligro mortal que amenaza a nuestro mundo\u00bb, etc. As\u00ed pues, la peculiaridad de nuestra \u00e9poca ser\u00eda precisamente una peculiaridad catastr\u00f3fica. Siguiendo a estos tremendos profetas, el panorama del porvenir es muy sencillo: cat\u00e1strofe o salvaci\u00f3n. Y seguramente ser\u00eda muy f\u00e1cil poner de acuerdo a los ministros y periodistas de un pa\u00eds acerca de cu\u00e1l es la salvaci\u00f3n y cu\u00e1l la cat\u00e1strofe; pero es de temer que fuera imposible extender ese acuerdo a mucha distancia de cada oficina de propaganda.<\/p>\n<p>Si hay alguna palabra que quiera decir exactamente lo contrario que Filosof\u00eda, esa palabra es Propaganda. No hay dos actitudes m\u00e1s heterog\u00e9neas que la del que tiene amor a saber y la del que tiene ansia de que los dem\u00e1s crean algo que \u00e9l cree, o que, aun sin estar muy seguro de ello, necesita creer por motivos de econom\u00eda espiritual o de cualquier otra clase de econom\u00eda. Lo primero que la Filosof\u00eda debe hacer para levantar una atalaya del futuro es despejar el terreno sobre el que construirla. Ese terreno es el presente.<\/p>\n<p>2. A primera vista, nuestro presente no difiere mucho de algunos pasados \u2013muy significativos, eso s\u00ed\u2013 de la historia del hombre. Lo que de peculiar tiene es que todo el mundo lo considera inestable, especialmente provisional, puesto que le ven abocado a una cat\u00e1strofe o necesitado de una salvaci\u00f3n. Claro est\u00e1 que todos los presentes son inestables, pero no siempre lo ha sido la situaci\u00f3n humana para la cual ese presente era tal presente. O mejor dicho, nunca lo ha sido de un modo tan acusado, o nunca ha parecido tan acusadamente provisional a las personas que lo viv\u00edan.<\/p>\n<p>En la Historia hay unas cuantas situaciones que presentan semejante aspecto de inestabilidad, de provisionalidad, de espera de un cambio. Esos momentos se llaman crisis hist\u00f3ricas. Por eso es una moda justificada decir que nuestro tiempo es tiempo de crisis, y no es necesario que nos ruboricemos al pronunciar esa palabra tan frecuente hoy en los labios de los conserjes de los peri\u00f3dicos, porque precisamente lo que nos va a ofrecer la Filosof\u00eda es una contemplaci\u00f3n seria, todo lo antiperiod\u00edstica posible, del hecho que designa el t\u00e9rmino \u00abcrisis\u00bb.<\/p>\n<p>3. \u00abCrisis\u00bb es una palabra griega cuyo sentido originario es el de <em>separaci\u00f3n, <\/em>distinci\u00f3n entre cosas. De estos significados primeros derivan los de <em>elecci\u00f3n y discusi\u00f3n. <\/em>Ahora bien, distinguir los elementos de un hecho es algo previo para juzgarlos: emparentada etimol\u00f3gicamente con el verbo <em>krino<\/em>, juzgar, la voz \u00abcrisis\u00bb tuvo tambi\u00e9n los significados jur\u00eddicos de acusaci\u00f3n, proceso y decisi\u00f3n judicial. Pero el juicio, la decisi\u00f3n judicial, es el final de un proceso: \u00abcrisis\u00bb lleg\u00f3 a significar resultado, desenlace, salida.<\/p>\n<p>Con un significado oscilante entre estos tres \u00faltimos, el t\u00e9rmino \u00abcrisis\u00bb significa en Hip\u00f3crates la fase decisiva de una enfermedad. Este es uno de los significados con que cuenta la palabra en nuestras lenguas actuales. Pero no se circunscribe hoy a las enfermedades. Se habla de crisis en la vida de los individuos sanos (crisis de la adolescencia, crisis climat\u00e9rica), en el desarrollo de los organismos p\u00fablicos (crisis de instituciones), en la historia de los pueblos (grandes crisis pol\u00edtico-culturales), y siempre con un \u00e9nfasis que permite parafrasear el significado hipocr\u00e1tico del t\u00e9rmino, para definir lo mentado por \u00e9l en el lenguaje de hoy: para nuestros contempor\u00e1neos, <em>crisis es la fase<\/em> <em>decisiva de un proceso de incierto final. <\/em>Por el hecho de ser decisiva, es decir, por contener virtualmente los elementos del futuro de ese proceso, se habla de crisis con una pat\u00e9tica urgencia, mezcla temor y esperanza, desconfianza y deseo. Y se habla, adem\u00e1s, desconsiderada y precipitadamente, lo cual contribuye a aumentar la angustia propia de la situaci\u00f3n cr\u00edtica. Por eso son deseables en este tema todas las precauciones y aclaraciones que puedan precisar su planteamiento, sin olvidar las meras definiciones de t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>Desde que la medicina hipocr\u00e1tica entendi\u00f3 por \u00abcrisis\u00bb el momento decisivo de una enfermedad, el t\u00e9rmino qued\u00f3 ya lo suficientemente ensanchado para que pudieran ahormar en \u00e9l contenidos diversos tra\u00eddos por esa esencial fuerza po\u00e9tica metaf\u00f3rica que da lugar a la multivocidad de las palabras. Y as\u00ed, hemos visto que \u00abcrisis\u00bb lleg\u00f3 a significar el momento decisivo de cualquier proceso. Para que haya crisis, pues, tiene que haber alg\u00fan desarrollo, algo que crezca o transcurra. Este es el caso de la historia humana.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed la sem\u00e1ntica. Pero los historiadores han a\u00f1adido mucha riqueza significativa a la voz crisis. Un cl\u00e1sico historiador \u2013Burckhardt\u2013, y un fil\u00f3sofo \u2013Ortega\u2013 nos han aclarado suficientemente esta cuesti\u00f3n, en el siguiente sentido:<\/p>\n<p>La historia del hombre, como toda vida, es una sucesi\u00f3n de cambios. Ahora bien, ordinariamente esos cambios se producen de manera gradual, sin que quienes los viven puedan casi apreciarlos mientras se producen. Y as\u00ed en cualquier \u00e9poca tranquila, al llegar a los sesenta a\u00f1os los hombres han recordado un d\u00eda c\u00f3mo era el mundo de sus quince a\u00f1os y se han asombrado de que tama\u00f1a transformaci\u00f3n no les sorprendiera grandemente mientras se produc\u00eda. Otras veces, aunque ten\u00edan lugar grandes cambios, no afectaban a toda la vida social y mental del hombre, sino solo a algunos aspectos de ella. Tales cambios parciales no suelen producir inquietud social. No es raro que, en frase de Ortega, \u00abalgo cambie en el mundo\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00ed lo es, en cambio, que \u00abcambie el mundo mismo\u00bb. Hay veces en que los mismos fundamentos de la <em>organizaci\u00f3n social<\/em> (Burckhardt), del hombre y de su <em>organizaci\u00f3n mental <\/em>(Ortega), quedan afectados por el cambio. Pues bien, los momentos en que se deciden estos cambios fundamentales del mundo social y mental del hombre \u2013del mundo propiamente humano\u2013 son los que en rigor merecen de los historiadores el nombre de <em>crisis .<\/em><\/p>\n<p>De acuerdo con la descripci\u00f3n que generalmente se nos ofrece de nuestra \u00e9poca, y de acuerdo tambi\u00e9n con el estado de \u00e1nimo que hoy predomina en las personas que se ocupan de estas cosas, nuestra \u00e9poca es una \u00e9poca de crisis. En ella se dan dos hechos que el historiador y el fil\u00f3sofo que nos est\u00e1 guiando han identificado como fen\u00f3menos t\u00edpicos de tiempos cr\u00edticos. El fen\u00f3meno hist\u00f3rico-social consiste en que el acierto de la estructura social de nuestra vida es puesto en tela de juicio, mientras aparecen en el horizonte nuevos sistemas sociales posibles. El fen\u00f3meno filos\u00f3fico consiste en que la gente hace profesi\u00f3n pol\u00e9mica de las creencias fundamentales de su vida individual y social, y ello dentro del propio mundo fundamentado en tales creencias. Esto no es frecuente: en todas las circunstancias hist\u00f3ricas hay discusiones ideol\u00f3gicas, pero estas, cuando se limitan a ser ideol\u00f3gicas, solo son posibles gracias precisamente a una comunidad de elementos espirituales fundamentales entre las mismas personas ideol\u00f3gicamente opuestas. Estos elementos espirituales fundamentales del mundo humano, que hacen posible incluso el entenderse en la disparidad ideol\u00f3gica, son las creencias esenciales de un mundo, de un orden humano. Ellas fundamentan la discusi\u00f3n, y hasta el uso del lenguaje, sin que nadie las advierta en tiempos de sociedad \u00abs\u00f3lida\u00bb. Para una sociedad no amenazada, la creencia no necesita discusi\u00f3n: es el hogar espiritual de todos, incluso de los que sustentan teor\u00edas distintas.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que esos dos fen\u00f3menos de tiempos cr\u00edticos se dan entre nosotros, y ello viene a sumarse al estado de \u00e1nimo colectivo que as\u00ed lo siente.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, como la Filosof\u00eda, seg\u00fan venimos reconociendo, est\u00e1 bastante alejada de lo que realmente ocurre, no nos importa demasiado el que nuestros tiempos sean o no cr\u00edticos. Podemos limitarnos a tener esa proposici\u00f3n como hip\u00f3tesis, y as\u00ed podremos hablar m\u00e1s o menos de este modo: en el supuesto de que vivi\u00e9ramos una crisis, dadas las caracter\u00edsticas sociales y mentales de nuestra \u00e9poca, esa crisis admitir\u00eda las siguientes posibilidades resolutorias, o tal posibilidad resolutoria que nos interesa muy especialmente.<\/p>\n<p>Ahora bien, aun admitiendo que los cambios que parecen deber realizarse en un futuro pr\u00f3ximo sean tan radicales como para que estos a\u00f1os merezcan ser considerados cr\u00edticos y nuestra \u00e9poca, \u00e9poca de crisis, no es cierto que ello baste para que nos consideremos viviendo un plazo hist\u00f3rico totalmente excepcional: ha habido muchas crisis en la historia. Cambios de estructura social y mental de la vida humana se han producido en los siglos II-I a. de C., entre los siglos IV-VII, IX-XII, XV-XVI, a finales del XVIII, etc. Y a pesar de todo ha seguido habiendo hombres y civilizaci\u00f3n, y cada vez m\u00e1s hombres y m\u00e1s civilizaci\u00f3n. La crisis no es ninguna coyuntura fatal: como todo cambio, puede ser cambio para mejor. Crisis no es cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>Por este lado, pues, no se justifican los trenos sobre el terrible futuro que nos aguarda, ni aun resulta defendible la opini\u00f3n que ve en nuestra \u00e9poca novedades absolutas.<\/p>\n<p>Puestos a ser rigoristas, ni siquiera son m\u00e1s lamentables las circunstancias externas y adjetivas de nuestras desdichas de lo que lo fueron las de otros tiempos. Porque hay una inmoralidad grande en suponer que la bomba at\u00f3mica es m\u00e1s perversa que la espada: el te\u00f3logo sabe que la ley dice \u00abNo matar\u00e1s\u00bb y no \u00abno matar\u00e1s a muchos\u00bb y el fil\u00f3sofo sabe que dos vidas humanas no son menos ni m\u00e1s que doscientas vidas humanas, porque las personas no se pueden sumar ni restar: solo se pueden respetar. Cierto que es terrible la visi\u00f3n de Hiroshima o la de un campo de concentraci\u00f3n. Pero no creemos que debi\u00f3 de ser m\u00e1s agradable el espect\u00e1culo de cualquier Rams\u00e9s sacrificando prisioneros a golpe de maza. El genocidio de los hebreos por los nacionalsocialistas no ha sido ni de lejos tan eficaz como el que las v\u00edctimas de hoy llevaron a cabo en su tiempo con los amalecitas; y la deportaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n lituana no ha debido de ser mucho m\u00e1s horrible que la expulsi\u00f3n de jud\u00edos y moriscos o la cruzada contra los albigenses.<\/p>\n<p>El estilo de pensar de los periodistas no nos descubre, verdaderamente, ninguna novedad especial en nuestro cr\u00edtico presente.<\/p>\n<p>Y sin embargo la hay.<\/p>\n<p>4. Hace un momento hemos citado ejemplos de \u00e9pocas cr\u00edticas. A primera vista, la literatura t\u00edpica contempor\u00e1nea de cada una de esas \u00e9pocas tiene gran parecido con la parte de la literatura de nuestros d\u00edas que se refiere a la situaci\u00f3n social. Cuando dibujan con sus m\u00e1s terror\u00edficos tonos negros las feroces fauces de sus enemigos, nuestros periodistas no suelen a\u00f1adir gran cosa a los ep\u00edtetos que pueden encontrarse en cualquier diatriba pagana contra el cristianismo naciente, o a los conceptos que la nueva ciencia renacentista mereci\u00f3 de Roberto Belarmino, o la Revoluci\u00f3n francesa de los escritores conservadores que le fueron coet\u00e1neos. En la acera de enfrente, Ar\u00edstides el Apologista y Galileo hablando de sus dos nuevas ciencias, ofrecen tanta coincidencia sentimental cuanta heterogeneidad intelectual. En todas las \u00e9pocas cr\u00edticas ha habido apologistas de lo nuevo y autores de diatribas alarmadas contra esa novedad.<\/p>\n<p>Pero en nuestros d\u00edas hay algo m\u00e1s. Nosotros, por ejemplo, estamos ahora hablando de \u00abcrisis\u00bb entendiendo por crisis una categor\u00eda hist\u00f3rica, es decir: un concepto que se aplica a varios hechos, sucedidos en tiempos distintos. Nosotros hacemos esto gracias a la ense\u00f1anza de nuestros fil\u00f3sofos y nuestros historiadores. Colocamos la hipot\u00e9tica crisis que vivimos al lado de otras coyunturas hist\u00f3ricas que nos parecen semejantes, y englobamos consecuentemente a todas ellas bajo el mismo concepto.<\/p>\n<p>Esto es lo radicalmente nuevo de nuestra crisis, si es que hay tal crisis nuestra: en las dem\u00e1s no ha habido sino profetas convencidos de que el mundo nuevo es el perfecto y \u00faltimo, y, por otro lado amargas diatribas conservadoras arguyendo que el triunfo de ese supuesto mundo nuevo, encarnaci\u00f3n del mal absoluto, ser\u00eda una cat\u00e1strofe sin remisi\u00f3n posible, toda vez que el mundo suyo, el de los conservadores, es para ellos tan \u00abnatural\u00bb como el universo f\u00edsico. Para los unos tanto como para los otros, la coyuntura hist\u00f3rica vivida ha sido algo absolutamente \u00fanico, insubsumible bajo concepto general alguno. Lo mismo ocurre, es cierto, para la filosof\u00eda period\u00edstica de la historia, pero nuestros historiadores y fil\u00f3sofos subsumen tales coyunturas bajo el concepto general de crisis, quit\u00e1ndoles el car\u00e1cter de acontecimientos \u00fanicos en sentido absoluto o categorial.<\/p>\n<p>Juliano el Ap\u00f3stata y San Justino pensaron probablemente que viv\u00edan la mutaci\u00f3n final de la historia. Despu\u00e9s de ella, la sociedad humana no conocer\u00eda sino un \u00faltimo acontecimiento extraordinario: el fin del mundo. Juliano y Justino fueron sin duda burlados por la historia. Pero hoy, gracias a un siglo de historiadores y a medio siglo de fil\u00f3sofos y soci\u00f3logos, la historia ha dejado de enga\u00f1arnos. Por primera vez, el hombre se enfrenta con la posibilidad de un gran cambio hist\u00f3rico-social, teniendo conciencia de lo que eso es, de lo que es una crisis \u2013es decir: no el fin del mundo (como pensaron los conservadores en anteriores crisis), ni el nacimiento de la \u00faltima y perfecta humanidad (como pensaron los revolucionarios en las otras grandes transformaciones hist\u00f3ricas); sino, sencillamente un cambio, algo exigido por el mismo proceso hist\u00f3rico de la sociedad.<\/p>\n<p>Tal es la gran novedad de esta crisis: que el hombre posee el concepto de crisis.<\/p>\n<p>5. \u00bfConcluiremos que esa es poca novedad? Seg\u00fan y conforme. Mejor fuera, ciertamente, dominar el proceso hist\u00f3rico, y no tan solo haber escapado a su enga\u00f1o. Pero ante todo, ocurre que la Filosof\u00eda es muy humilde en las cuestiones pr\u00e1cticas, como ya nos lo advirti\u00f3 hace un rato. Hablando del futuro, la Filosof\u00eda no puede referirse m\u00e1s que a lo que el pensamiento pueda representar en la gestaci\u00f3n de ese futuro. La importancia de detalle que para \u00e9l puedan tener los datos concretos t\u00e9cnicos, cient\u00edficos, art\u00edsticos o pol\u00edticos, escapa a la reducida capacidad prof\u00e9tica de la Filosof\u00eda. Ella se limita a estudiar todas esas cosas en la conciencia del hombre. Por eso, el que en la tal conciencia obre hoy un nuevo concepto \u2013directamente aplicable a nuestra situaci\u00f3n\u2013 le parece a la Filosof\u00eda importante en sumo grado. Casi le parece fundamental. Y aunque se trate en este caso de una importancia meramente filos\u00f3fica, la Filosof\u00eda tiene sus razones para considerar que esa novedad en la conciencia humana tiene grandes virtualidades pr\u00e1cticas. Veamos brevemente esas razones.<\/p>\n<p>III. Record\u00e1bamos hace un rato una peculiaridad muy notable del hombre: aquella por la cual le definen m\u00e1s sus posibilidades \u2013su libertad\u2013 que los elementos materiales de su composici\u00f3n; m\u00e1s su forma abierta que su conclusa materia. Ocurre adem\u00e1s que el modo como sus posibilidades se actualizan para el hombre depende directamente del estado de su conciencia. Millones de veces hirvi\u00f3 el agua ante los hombres sin que la conciencia de ellos tuviera una clara idea del aprovechamiento de la energ\u00eda que procede de fuentes inorg\u00e1nicas. Por eso se desperdici\u00f3 durante miles de a\u00f1os la energ\u00eda del vapor, salvo, quiz\u00e1, para fines de artificio. En cambio bast\u00f3 poder obtener electricidad para aprovecharla, poder liberar la energ\u00eda intraat\u00f3mica para utilizarla. La conciencia no es precisamente el \u00faltimo mono de la casa del hombre. La conciencia de sus posibilidades es lo que hace posible que la libertad actualice aquellas que le interesan. El tomar conciencia es el modo peculiarmente humano de hacer presa en la realidad. Cierto que a menudo ese hacer presa peculiar del hombre no redunda en resultados pr\u00e1cticos apreciables: tenemos ya conciencia de las radiaciones c\u00f3smicas sin que todav\u00eda nos sirvan para gran cosa. Acaso en nuestro asunto \u2013el proceso de la historia\u2013 el caso sea el mismo y nuestra toma de conciencia de lo que es una crisis hist\u00f3rica no nos ayude en nada a dominar el proceso hist\u00f3rico mismo. Pero aunque as\u00ed fuera, esta crisis ser\u00eda la menos desagradable de la historia, porque, por lo menos, no nos coger\u00eda de sorpresa ni nos convertir\u00eda en pelotas inconscientes rodando por los a\u00f1os cr\u00edticos. Botar\u00edamos, ciertamente, aqu\u00ed y all\u00e1, tal vez contra nuestro deseo; pero a cada golpe ir\u00edamos diciendo: ya lo sab\u00eda yo.<\/p>\n<p>Para nosotros la crisis ser\u00eda algo relativo, no un quiliasmo irrepetible. Y relativizar nuestras aventuras y desventuras no es poco consuelo para el hombre consciente que odie, como es debido, los falsos absolutos de aqu\u00ed abajo.<\/p>\n<p>Eso, en el peor de los casos. Pero tal vez la toma de conciencia de lo que es crisis nos valga para algo m\u00e1s. El sentido com\u00fan desde luego, no se quedar\u00eda cruzado de brazos, sino que, seg\u00fan creo, utilizar\u00eda su enriquecida conciencia para razonar poco m\u00e1s o menos de este modo:<\/p>\n<p>Veamos, dir\u00e1 el sentido com\u00fan: historiadores y fil\u00f3sofos me demuestran que este lamentable asunto de la crisis es cuarta, quinta o sexta repetici\u00f3n de la tal categor\u00eda hist\u00f3rica; y aun esto, solo por lo que respecta a nuestra tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Y \u00bfqu\u00e9 ha pasado sustancialmente en todas esas crisis? Pues ha ocurrido que una determinada parte del acervo con que los hombres llegaron a la encrucijada cr\u00edtica se perdi\u00f3, mientras, por otro lado aquel acervo se enriquec\u00eda con temas aportados por las circunstancias resolutorias de cada crisis.<\/p>\n<p>De entre todos esos tesoros hay uno imposible de sobrevalorar: la conciencia de continuidad que la humanidad debe tener para que su historia no se convierta en un historia de locos. Por conciencia de continuidad debemos entender aquel estado de \u00e1nimo que nos permite injertar todo nuevo brote del esp\u00edritu humano en el viejo y robusto tronco de las m\u00e1s antiguas verdades y virtudes. Cuando se pierde la conciencia de continuidad, el hombre intenta tirar a la calle de la nada, con prodigalidad metaf\u00edsica, los tesoros que otros hombres acumularon para s\u00ed y para todos. No es exageraci\u00f3n llamar metaf\u00edsica a esa prodigalidad: la tradici\u00f3n alimenta el ser del hombre, ya que el hombre \u2013repit\u00e1moslo una vez m\u00e1s\u2013 interviene mucho en su propio ser, y una de las maneras que tiene de hacerlo consiste precisamente en utilizar la tradici\u00f3n como primer alimento de su esp\u00edritu cuyo desarrollo empieza gracias a la asimilaci\u00f3n de esas viejas substancias quintaesenciadas por el tiempo.<\/p>\n<p>El fil\u00f3sofo alem\u00e1n Karl Jaspers tiene en cuenta todo eso cuando coloca entre los derechos del hombre el que \u00e9l llama \u00abderecho a la continuidad\u00bb, que es el derecho que el hombre tiene a que nadie intente separarle violentamente de sus ra\u00edces, de su pasado, en lo que este tiene de sustancial.<\/p>\n<p>El sentido com\u00fan asentir\u00e1 sin duda a esa exigencia del fil\u00f3sofo, y desear\u00e1 fervientemente que, si de verdad estamos en crisis, no viole nuestro derecho a la continuidad.<\/p>\n<p>Expresado este deseo, el sentido com\u00fan continuar\u00e1 su apacible discurso, alegr\u00e1ndose al notar que en las crisis de nuestra cultura se ha respetado discretamente tal derecho a la continuidad. Clemente de Alejandr\u00eda cambi\u00f3 su propio mundo al convertirse, pero no destroz\u00f3 est\u00fapidamente lo que necesitaba de lo antiguo para seguir sinti\u00e9ndose el mismo Clemente; conserv\u00f3 todo aquello \u2013poco o mucho\u2013 que le pareci\u00f3 suficiente y digno de conservaci\u00f3n, seg\u00fan su leal saber y entender.<\/p>\n<p>Su leal saber y entender pudo ser menos inteligente que leal, pero otras personas m\u00e1s brillantes le siguieron en su tarea, desde san Agust\u00edn a Beda el Venerable, pasando por san Isidoro, y entre todos ellos evitaron la cat\u00e1strofe y dejaron la cosa en mera crisis europea: mutaci\u00f3n sin p\u00e9rdida de la continuidad. Galileo y Newton supieron hacer lo mismo en el Renacimiento, y luego ya, en la gran crisis del siglo XVIII, ni siquiera fue necesario que grandes personajes se ocuparan en esa tarea: la continuidad se afirm\u00f3 por s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Respecto a este primer punto, pues y dentro de lo que cabe, el sentido com\u00fan queda bastante tranquilizado. Con todo \u2013piensa\u2013 esa tranquilidad es demasiado abstracta, porque no me importa mucho que la continuidad se mantenga si solo se mantiene gracias a la casual supervivencia de algunos. No es deseable que el mundo caiga en situaci\u00f3n tal que necesite, para conservar lo que tiene de bueno, la considerable labor de Isidoros y Agustines. Adem\u00e1s que no siempre vamos a tener la suerte de que los turcos entren en Constantinopla y los sabios bizantinos tengan que huir hacia Occidente. Aunque el sentido com\u00fan ha obtenido alg\u00fan consuelo relativizando el significado de la crisis, no se puede decir, con todo, que est\u00e9 ya satisfecho. Por eso sigue discurriendo:<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que en nuestros d\u00edas puede hacer que volvamos a necesitar a Isidoros y Agustines? Lo mismo que en otras \u00e9pocas: la irreductible oposici\u00f3n de bandos que crean en su absoluta bondad y en la absoluta maldad de los dem\u00e1s, y est\u00e1n por tanto dispuestos a destruir todo lo que sus enemigos representan; la existencia de hombres que opinen que el mundo existente es en bloque perverso, y la existencia de hombres que crean que los nuevos aires que corren son tambi\u00e9n en su totalidad catastr\u00f3ficos. En otros t\u00e9rminos: lo que encona la presunta crisis de nuestro tiempo es que haya hombres convencidos de poder hacer una transformaci\u00f3n tal en el mundo que coloque a este en una nueva situaci\u00f3n perfecta en la que no quepa necesidad de ulteriores cambios, y, por otra parte, la existencia de hombres convencidos de que tal proyecto significa el total hundimiento de toda cosa buena.<\/p>\n<p>\u00a1Pero eso ha pasado siempre!, exclama el sentido com\u00fan al llegar aqu\u00ed y siempre se ha visto que la opini\u00f3n de los unos era tan err\u00f3nea como la de los otros, tanto en la cuesti\u00f3n esencial como en las de detalle. Siempre ha resultado falso que los cristianos adoraran a una cabeza de asno, como quer\u00edan sus detractores, y falso tambi\u00e9n que el fil\u00f3sofo griego Her\u00e1clito estuviera sencillamente previendo su eterna condenaci\u00f3n cuando hablaba del fuego, interpretaci\u00f3n peregrina que plac\u00eda sobremanera al p\u00edo autor del <em>Discurso a Diogneto. <\/em>Todo eso era falso: los primitivos cristianos estaban muy lejos de la rid\u00edcula superstici\u00f3n que se les atribuy\u00f3 y el honrado pensador de \u00c9feso no ten\u00eda, que sepamos, ninguna relaci\u00f3n personal con Satan\u00e1s.<\/p>\n<p>Pues bien, piensa el sentido com\u00fan, \u00bfpor qu\u00e9 no intentar convencer a nuestros contempor\u00e1neos de que el bien absoluto y el mal absoluto no son cosas de hombres, ni, por tanto, realizables en la historia? \u00bfPor qu\u00e9 no intentar convencerles de que la coyuntura \u00fanica y catastr\u00f3fica que ellos creen vivir no es ni \u00fanica ni catastr\u00f3fica? \u00bfPor qu\u00e9 no intentar convencerles de que no est\u00e1 en su mano ni su absoluta redenci\u00f3n ni su condenaci\u00f3n absoluta? \u00bfPor qu\u00e9 no intentar convencerles de que lo m\u00e1s que pueden conseguir es realizar los cambios t\u00e9cnicos que sean necesarios, sin perder el gran tesoro de la continuidad?<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s decir eso, el sentido com\u00fan, por muy com\u00fan, se dar\u00e1 cuenta de que ha dicho algo extraordinario: lo verdaderamente nuevo, \u00fanico hasta ahora en la historia, es lo que \u00e9l acaba de decir. Ha estado hablando del proceso hist\u00f3rico como si \u00e9l estuviera fuera de la historia. Esto es positivamente nuevo: el poseer las categor\u00edas hist\u00f3ricas elaboradas por los historiadores de las grandes escuelas hist\u00f3ricas del siglo pasado, permite al hombre por primera vez situar su conciencia (y con ella su libertad) <em>fuera<\/em> del flujo hist\u00f3rico en que, por otra parte, est\u00e1 sumergida.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed se abre para el sentido com\u00fan una buena oportunidad: la de llevar al hombre no a dominar el proceso hist\u00f3rico de la sociedad, pero s\u00ed a evitar que los movimientos de ese proceso nos cojan desprevenidos, sin haber tomado medida alguna para encauzarlos en mayor provecho de los hombres.<\/p>\n<p>El sentido com\u00fan, la Filosof\u00eda, puede hoy decir a quienes dirigen nuestros destinos: no os empe\u00f1\u00e9is en creer que jug\u00e1is una baza \u00faltima o \u00fanica en nuestra historia; bazas como esta se han jugado muchas, y todo hace prever que hayan de jugarse muchas m\u00e1s. Dir\u00edase que la humanidad no tiene pies ni manos, sino pseud\u00f3podos, como ciertos animalillos. Y no pasa nada grave mientras se respeta el n\u00facleo consciente que asegura la continuidad.<\/p>\n<p>Si el sentido com\u00fan consiguiera convencer a nuestros contempor\u00e1neos de que la gran novedad de nuestra hipot\u00e9tica crisis consiste en que sabemos que viene precedida de tantas otras que ya no es posible tom\u00e1rsela completamente en serio, y que en cambio es factible el tratarla en fr\u00edo, t\u00e9cnicamente, sin hacer caso a los profetas del para\u00edso futuro ni a los del para\u00edso pasado; si el sentido com\u00fan consiguiera imponer su correcta filosof\u00eda de la historia a los hombres aut\u00e9nticamente retr\u00f3grados que todav\u00eda no entienden que no hay sistema ideol\u00f3gico humano que gane en radicalidad al propio desarrollo hist\u00f3rico de la humanidad; si el sentido com\u00fan convenciera \u00edntimamente a los hombres de que las organizaciones sociales caen, igual que los sistemas ideol\u00f3gicos y cient\u00edficos, mientras que el hombre permanece, que, por consiguiente, solo este, el hombre y su continuidad, merecen los sacrificios que ellos est\u00e1n dispuestos a realizar por determinadas organizaciones sociales y determinadas ideolog\u00edas, entonces el sentido com\u00fan habr\u00eda aprovechado la excelente oportunidad que tiene abierta ante \u00e9l: la oportunidad que consiste en poder dominar por vez primera, aunque solo sea en la conciencia, la marcha hist\u00f3rica de la humanidad.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Los conferenciantes anunciados fueron: Juli\u00e1n Mar\u00edas (\u00abEstructura de la Historia\u00bb), Lorenzo Gomis (\u00abLa religi\u00f3n a prueba\u00bb), Fabi\u00e0 Estap\u00e9 (\u00abEl precio de la industrializaci\u00f3n\u00bb), R.Vidal Teixidor (\u00abHombre, destino y enfermedad\u00bb), Jos\u00e9 Casanovas (\u00abLa m\u00fasica, una revoluci\u00f3n imposible\u00bb), Josep M\u00aa Castellet (\u00abUna literatura sin lectores\u00bb), Manuel Ribas (\u00abEse arte \u00fatil que llamamos Arquitectura\u00bb), Gabriel Ferrater (\u00ab\u00bfA d\u00f3nde miran los pintores?\u00bb), Miguel S\u00e1nchez Mazas (\u00abCiencia te\u00f3rica, ciencia aplicada\u00bb), Pinilla de las Heras (\u00abLa coexistencia posible: el equilibro entre potencias. La coexistencia imposible: libertad y seguridad\u00bb) y el propio Sacrist\u00e1n. El curso se inici\u00f3 el 24 de noviembre de 1954 en el Ateneo barcelon\u00e9s con la conferencia de Juli\u00e1n Mar\u00edas; la \u00faltima de las intervenciones no lleg\u00f3 a celebrarse: S\u00e1nchez Mazas, en el exilio, no pudo (o tal vez no le permitieran) trasladarse a Barcelona.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Pinilla de las Heras recuerda los avatares de la publicaci\u00f3n de las conferencias: \u00abDel ciclo \u201cPanorama del Porvenir\u201d se hicieron cuatro ejemplares mecanografiados. Conservo todav\u00eda la factura de los mecan\u00f3grafos, a mi nombre, factura que el Instituto de Estudios Hisp\u00e1nicos nunca me reembols\u00f3. Un ejemplar se envi\u00f3 al diplom\u00e1tico Jos\u00e9 Luis Mess\u00eda, que por entonces era Secretario General en funciones del Instituto de Cultura Hisp\u00e1nica, en la sede central en Madrid. Otro ejemplar qued\u00f3 en posesi\u00f3n del Secretario General del Instituto en Barcelona, Ram\u00f3n Mulleras. Otro lo tengo yo. Y el cuarto ejemplar debi\u00f3 hacer alg\u00fan recorrido err\u00e1tico por los clanes intelectuales barceloneses. Solamente una parte de las conferencias llegaron a publicarse por entonces, donde se pudo (por ej., en el bolet\u00edn cultural del Instituto de Estudios Americanos, en el n\u00fam.1, 1958)\u00bb. Pinilla de las Heras observa que \u00abla conferencia de Gabriel Ferrater fue publicada, \u00edntegra, por el profesor Laureano Bonet, como ap\u00e9ndice a su libro sobre Gabriel Ferrater, Universidad de Barcelona, 1983.\u00bb<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Sacrist\u00e1n tuvo tiempo de leer el texto mecanografiado y de hacer observaciones y correcciones que Pinilla de las Heras conserv\u00f3 en su manuscrito. \u00abNuestra esperanza era que, dada la calidad de los textos, se hallar\u00eda alg\u00fan editor. Pero el Instituto de Cultura Hisp\u00e1nica era la instituci\u00f3n que hab\u00eda pagado las conferencias, y no produjo ni autorizaci\u00f3n ni negaci\u00f3n de autorizaci\u00f3n. Por otro lado, J. Mar\u00edas decidi\u00f3 publicar por su cuenta, como parte de un libro suyo, su ensayo sobre <em>Estructura de la Historia, <\/em>convirtiendo en editorialmente imposible su reproducci\u00f3n simult\u00e1nea por nosotros\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Pinilla de las Heras da cuenta de las razones por las que los miembros de <em>Laye<\/em>, reci\u00e9n llegados al Instituto de Cultura Hisp\u00e1nica, pudieron tener la libertad suficiente para organizar las jornadas. Los dotados y generosos atributos personales de Juan Sed\u00f3 fueron condiciones de posibilidad del curso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEn el verano de 1954, en un jard\u00edn de que dispon\u00edan los pisos (un entresuelo ampliado) en que se hallaba por entonces el Instituto de Estudios Hisp\u00e1nicos, en la calle Valencia, 231, en Barcelona, nos reun\u00edamos a menudo los participantes en seminarios. Era presidente del Instituto un industrial textil y gran mecenas barcelon\u00e9s, don Juan Sed\u00f3 Peris-Mencheta. Se trataba de un genuino <em>gentleman, <\/em>un hombre liberal, de peque\u00f1a estatura, salud m\u00e1s bien d\u00e9bil, voz muy mesurada, de un trato exquisito, una diplomacia permanente\u00bb. Ten\u00eda una afici\u00f3n por la que conocido internacionalmente, \u00abdesde Barcelona al Jap\u00f3n, y desde California hasta Armenia: los beneficios de su industria textil los invert\u00eda en una gigantesca biblioteca cervantina que hab\u00eda ido formando, desde muy joven, en un gran piso que pose\u00eda en la Ronda de San Pedro. En esa biblioteca ten\u00eda no solamente ediciones muy antiguas del <em>Quijote <\/em>y de otras obras de Cervantes, en el original castellano; merced a contactos frecuentes con libreros de todo el mundo (incluida la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, Bulgaria, India, etc.) hab\u00eda ido reuniendo traducciones de Cervantes en otras lenguas\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">La sola visi\u00f3n de aquella biblioteca cervantina donada a la muerte de Sed\u00f3 a la Biblioteca de Catalu\u00f1a, se\u00f1ala el soci\u00f3logo soriano-barcelon\u00e9s, produc\u00eda un cierto sentimiento de v\u00e9rtigo. \u00abEste se transformaba en placer y gozo al poder hojear algunos textos, maravillas de impresi\u00f3n, de arte, de creatividad humana. No hab\u00eda biblioteca cervantina comparable en el mundo.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3 id=\"10\"><strong> 9. Los art\u00edculos de <em>Laye <\/em><\/strong><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Relaci\u00f3n de los art\u00edculos publicados por Sacrist\u00e1n en <em>Laye<\/em>.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Se\u00f1alamos con \u00abPyM\u00bb los art\u00edculos incluidos en los vol\u00famenes de <em>Panfletos y Materiales<\/em>:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (2), abril 1950<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abAlfonso Costafreda: <em>Nuestra eleg\u00eda<\/em>. Barcelona 1949\u00bb. p\u00e1g. 11 (firma: M.S.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye <\/em>(3), mayo 1950<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abAnt\u00edstenes y la polic\u00eda pol\u00edtica\u00bb, P\u00e1gs. 6, 7 y 11. (firma Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00bbComentario a un gesto intrascendente\u00bb. \u00daltima p\u00e1gina (firma: Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (8 y 9), Octubre-Noviembre 1950<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abHeidelberg, agosto de 1950. Notas de un cursillista de verano\u00bb, p. 9 y 11. (firma: Manuel S. Luz\u00f3n)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (10), diciembre 1950<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEl gran periplo de Thornton Wilder en <em>La piel de nuestros dientes<\/em>\u00bb. \u00daltima p\u00e1gina. (firma: Manuel S. Luz\u00f3n<strong>) <\/strong>[PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (12), marzo-abril 1951<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUn mes de Barcelona. Marzo de 1951\u00bb, pp. 57-61 (firma: M. S. L.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (13), mayo 1951<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abAcerca de los cursos de seminario en la Facultad de Letras\u00bb, pp. 10-2. (firma: Juan Manuel Mauri; art\u00edculo conjunto con Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUn mes de Barcelona (mayo de 1951)\u00bb, pp. 43-48 (firma: M. S. L.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00bbDos conferencias\u00bb, pp. 49-50. (firma M. S. )<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (14), Junio-Julio 1951<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUna humilde verdad\u00bb, pp. 36-39 (firma: Manuel Entenza)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUn mes de Barcelona (junio de 1951)\u00bb, pp. 45-49 (firma Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUna conferencia de Luys Santa Marina\u00bb, pp. 49-50 (firma: M. S.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Simone Weil: <em>La pesanteur et la gr\u00e2ce<\/em>, p 68. (firma: M.S.). [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Simone Weil: <em>Attente de Dieu<\/em>, pp. 68-69 (firma: M. S.). [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Simone Weil: <em>L&#8217;Enracinement<\/em>, pp.69-70 (firma: M.S.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de: Simone Weil: <em>La Connaissance surnaturelle<\/em>, pp. 70-72 (firma: M. S.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Herbert W. Schneider: <em>Historia de la filosof\u00eda norteamericana<\/em>, pp. 72-74 (firma.: M.S.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (15) septiembre-octubre 1951<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abLas vacaciones de Barcelona\u00bb, pp. 4l-50 (firmado M. S. L.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Jean Wahl: <em>Introducci\u00f3n a la filosof\u00eda<\/em>, pp. 70-72 (firma M. S L.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (16), noviembre-diciembre 1951<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEntre sol y sol\u00bb, pp. 39-41 (Firma L) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUn mes de Barcelona (Noviembre de 1951)\u00bb, pp. 43-46 (firma: M. S. L.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de : El <em>Bulletin de l&#8217;Association Guillaume Bud\u00e9<\/em>, p.65 (firma: M. S..)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Simone Weil <em>Intuitions pr\u00e9-chr\u00e9tiennes<\/em>, pp. 65-67 (firma: M.S.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (17)<sub>,<\/sub> enero-febrero 1952<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEntre sol y sol. Barcelona, Enero\u00bb pp. 71-73 (firma: M.S.L.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Karl Jaspers: <em>Einf<\/em><em>\u00fchrung in<\/em> <em>die <\/em><em>Philosophie<\/em>, pp. 55-57 (firma M. S. L.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de: Martin Heidegger, <em>El ser y el tiempo<\/em>, pp. 57-60 (firma M.S.L.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Jos\u00e9 Gaos, \u00abIntroducci\u00f3n a <em>El <\/em><em>Ser <\/em><em>y<\/em> <em>el tiempo<\/em> de Martin Heidegger\u00ab, p. 61 (firma M.S.L.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye <\/em>(18), marzo-abril 1952<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEntre sol y sol\u00bb, pp. 10l-103 (firma M.S.L.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de: Diels, Hermann: <em>Die<\/em> <em>Fragmente<\/em><em> de<\/em><em>r<\/em> <em>Vorsokratiker<\/em>, pp.73-74 (firma M.S.L.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a. de Alberto Moravia, <em>Il Conformista<\/em>, pp. 95-97 (firma M. S. L) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (19), mayo-julio 1952 <\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEntre sol y sol\u00bb, pp 85-87 (firma M.S.L.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Rese\u00f1a de Anselmo Stolz, <em>Teolog\u00eda<\/em> <em>de<\/em> <em>la<\/em> <em>m<\/em><em>\u00edstica<\/em><em>,<\/em> pp. 68-70 (firma: M. S. L.) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (21), noviembre-diciembre 1952<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abTres grandes libros en la estacada\u00bb. pp. 55-62 (firma: Manuel S. Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00ab<em>El deseo<\/em> <em>bajo<\/em> <em>los olmos<\/em> de Eugene O&#8217;Neill.\u00bb, pp. 62-68 (firma: Manuel S. Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00ab<em>El<\/em><em> c<\/em><em>\u00f3nsul<\/em>, de Gian Carlo Menotti\u00bb, pp. 70-75 (firma: Manuel S. Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (22), enero-marzo 1953<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abConcepto kantiano de la historia\u00bb. pp. 5-24 (firma Manuel S. Luz\u00f3n)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abTeatro\u00bb (Comentario), pp. 100-105 (firma Manuel S. Luz\u00f3n)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abNota acerca de la constituci\u00f3n de una nueva filosof\u00eda\u00bb, pp. 117-120 (firma Manuel S. Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong><em>Laye<\/em> (23), abril-junio 1953<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abHomenaje a Ortega. Nota editorial\u00bb, firmada \u00abLaye\u00bb, p. 3. [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abVerdad: Desvelaci\u00f3n y Ley\u00bb, pp. 71-96 (firma: Manuel S. Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUna pica en Flandes, Un tiro por la culata y algunos nombres nuevos\u00bb, pp. 126-131 (firma Manuel S. Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><em><strong>Laye<\/strong><\/em> <strong>(24),<\/strong> <strong>1954 <\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abUna lectura del <em>Alfanhu\u00ed<\/em> de Rafael S\u00e1nchez Ferlosio\u00bb, pp. 17-31 (firma Manuel S. Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abTeatro cl\u00e1sico en Barcelona\u00bb, pp. 88-91 (firma: M. S. L.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEn la muerte de Eugenio O\u2019Neill\u00bb, pp. 91-94 (firma: Manuel S. Luz\u00f3n) [PyM]<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Probablemente por sugerencia de Sacrist\u00e1n, Ediciones Laye public\u00f3 en 1955: Juan David Garc\u00eda Bacca, <em>Las ideas del Ser y estar; de posibilidad y realidad en la idea de hombre, seg\u00fan la filosof\u00eda actual.<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Tambi\u00e9n se public\u00f3 en Ediciones Laye: Jaime Ferran, <em>Poemas del viajero<\/em> (Premio Ciudad de Barcelona 1953; entrevistado por Xavier Juncosa para \u00abIntegral Sacrist\u00e1n\u00bb), y se anunci\u00f3 la edici\u00f3n de Josep M.\u00aa. Castellet, <em>Notas sobre literatura espa\u00f1ola contempor\u00e1nea.<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">A\u00f1os despu\u00e9s, desde Caracas, el 18 de enero de 1968, Garc\u00eda Bacca escrib\u00eda a Sacrist\u00e1n en los siguientes t\u00e9rminos:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Sr. D. M. Sacrist\u00e1n L.:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Mi distinguido amigo y colega. Espero que haya recibido Vd. algunos de los libros que suplen los perdidos hace meses. De algunos de ellos no tengo yo mismo ejemplares.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">De dos obras m\u00edas \u00faltimas <em>\u2013I<\/em><em>nvitaci\u00f3n a filosofar seg\u00fan esp\u00edritu y letra de Antonio Machado<\/em> y <em>Elementos de filosof\u00eda de las ciencias\u2013, <\/em>he enviado a VD. su ejemplar: \u00bfle han llegado?<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Pero la finalidad de esta carta es preguntarle si hay ya alguna posibilidad de viaje suyo aqu\u00ed para un curso de dos o tres meses a partir de abril.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Si fuese posible, ind\u00edqueme algunos temas: nos interesa al Instituto, sobre todo, lo referente a filosof\u00eda de las ciencias y m\u00e1s en especial, la filosof\u00eda de la Econom\u00eda, o para fil\u00f3sofos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">En todo caso env\u00edenos su curr\u00edculum vitae.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Ojal\u00e1 no demore en su presencia y valores.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Gran abrazo y siempre [ilegible] y amigo,<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Juan David Garc\u00eda Bacca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">No hemos podido averiguar si Sacrist\u00e1n contest\u00f3 la carta del autor del <em>In<\/em><em>troducci\u00f3n a la l\u00f3gica moderna,<\/em> Barcelona: Labor, 1936, aunque conjeturamos que no. En cualquier caso, Sacrist\u00e1n no pudo impartir el curso: era entonces miembro del comit\u00e9 ejecutivo del PSUC y carec\u00eda de pasaporte.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"#INDICE\">V<\/a><a href=\"#INDICE\">OLVER A EMPEZAR<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal y Jos\u00e9 Sarri\u00f3n Estimados lectores, queridos amigos y amigas: Seguimos con la serie de textos<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":17024,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19,8,10],"tags":[2198],"class_list":["post-17023","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-filosofia","category-manuel-sacristan","tag-centenario-sacristan"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17023","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17023"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17023\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17033,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17023\/revisions\/17033"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/17024"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17023"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17023"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17023"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}