{"id":174,"date":"2006-04-02T00:00:00","date_gmt":"2006-04-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=174"},"modified":"2020-02-12T13:07:52","modified_gmt":"2020-02-12T12:07:52","slug":"la-multitud-y-la-metropoli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=174","title":{"rendered":"La multitud y la metr\u00f3poli"},"content":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en el n\u00famero 5 de la revista POSSE<\/p>\n<p>1. \u201cGeneralizar\u201d la huelga. Ha sido interesante observar, con ocasi\u00f3n de las luchas de la primavera y del verano del 2002 en Italia, c\u00f3mo el proyecto de \u201cgeneralizar\u201d la huelga por parte de los movimientos de los precarios, de los obreros sociales, mujeres y hombres hab\u00eda parecido deslizarse de manera inocua e in\u00fatil a trav\u00e9s de la \u201chuelga general\u201d de los trabajadores. Despu\u00e9s de esta experiencia muchos compa\u00f1eros que han participado en la lucha, han comenzado a darse cuenta que, mientras la huelga obrera \u201chac\u00eda da\u00f1o\u201d al patr\u00f3n, la huelga social pasaba, por as\u00ed decirlo, a trav\u00e9s los pliegues de la jornada laboral global, sin hacer da\u00f1o al patr\u00f3n sino m\u00e1s bien a los trabajadores movibles flexibles. Esta constataci\u00f3n plantea un problema: el de comprender c\u00f3mo lucha el obrero social, c\u00f3mo puede concretamente destruir en el espacio metropolitano la subordinaci\u00f3n productiva y la violencia de la explotaci\u00f3n. Se trata de preguntarse c\u00f3mo la metr\u00f3poli se presenta ante la multitud y si es correcto decir que la metr\u00f3poli es a la multitud como la fabrica fue a la clase obrera. De hecho esta hip\u00f3tesis se nos presenta como problema. Ello no ha sido simplemente planteado desde las evidentes diferencias de eficacia inmediata entre luchas sociales y luchas obreras, sino tambi\u00e9n desde una cuesti\u00f3n mucho m\u00e1s pertinente y general: si la metr\u00f3poli es investida de la relaci\u00f3n capitalista de valorizaci\u00f3n y de explotaci\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo se puede, en su interior, aferrar el antagonismo de la multitud metropolitana? En los a\u00f1os sesenta y setenta a estos problemas, a medida que surg\u00edan en relaci\u00f3n a las luchas de clase obrera y a las mutaciones de los estilos de vida metropolitanos, se le dieron varias respuestas, a menudo muy eficaces. Pronto las resumiremos. Aqu\u00ed basta con subrayar c\u00f3mo aquellas respuestas guardaban una relaci\u00f3n externa entre la clase obrera y los otros estratos metropolitanos del trabajo asalariado y\/o intelectual. Hoy el problema se presenta de manera diversa porque las varias secciones de la fuerza de trabajo se presentan en el h\u00edbrido metropolitano como relaci\u00f3n interna e inmediatamente como multitud: un conjunto de singularidades, una multiplicidad de grupos y de subjetividades, que ponen en forma (antagonista) el espacio metropolitano.<\/p>\n<p>2. Anticipaciones te\u00f3ricas. Entre los estudiosos de la metr\u00f3poli (arquitectos y urbanistas), ha sido Koolhaas quien nos ha dado, de manera delirante, hacia finales de los setenta, una primera nueva imagen de la metr\u00f3poli. Aludimos, evidentemente, a Delirious New York. \u00bfEn qu\u00e9 consist\u00eda la tesis central de este libro? Consist\u00eda en dar una imagen de la metr\u00f3poli que, m\u00e1s all\u00e1 y a trav\u00e9s de las planificaciones (siempre, de manera m\u00e1s o menos coherente, desarrollada), viv\u00eda todav\u00eda de din\u00e1micas, conflictos y superposiciones potentes de estratos culturales, de formas y de estilos de vida, de una multiplicidad de hip\u00f3tesis y de proyectos sobre el porvenir. Se deb\u00eda mirar esta complejidad, esta microfisica de potencias desde dentro, para comprender la ciudad. New York, en particular, era el ejemplo de un extraordinario acumularse hist\u00f3rico y pol\u00edtico, tecnol\u00f3gico y art\u00edstico, de varias formas de programaci\u00f3n urbana. Pero no bastaba. Era necesario a\u00f1adir que la metr\u00f3poli era m\u00e1s fuerte que lo urbano. Los intereses especulativos y las resistencias de los ciudadanos impon\u00edan y arrollaban a un tiempo, las prescripciones del poder y las utop\u00edas de los opositores. El hecho es que la metr\u00f3poli confund\u00eda y mezclaba los t\u00e9rminos del discurso urban\u00edstico: a partir de una cierta intensidad urbana, la metr\u00f3poli constitu\u00eda nuevas categor\u00edas, era una nueva maquina proliferante. La medida se desmesuraba. Se trataba pues, a un tiempo, de dar de la metr\u00f3poli, de New York, un an\u00e1lisis microf\u00edsico, que fuese al encuentro ya sea de los miles y miles agentes singulares, ya sea de las formas de represi\u00f3n y bloqueo que la potencia de la multitud encontraba. Es as\u00ed que la arquitectura de Koolhaas se eleva a trav\u00e9s de grandes medidas de convivencia urbana, que vienen luego revueltas, mutadas y mezcladas en otras formas arquitect\u00f3nicas&#8230; Es una gran narraci\u00f3n la que la arquitectura de Koolhaas expresa, la gran narraci\u00f3n de la destrucci\u00f3n de la ciudad occidental, para dar lugar a una metr\u00f3poli mestiza. No es relevante (aunque \u00fatil para comprender) que en Koolhaas el desarrollo arquitect\u00f3nico sea clasificado de manera funcional a las varias t\u00e9cnicas de la organizaci\u00f3n del trabajo de construcci\u00f3n. Lo que interesa es exactamente lo contrario: tambi\u00e9n a trav\u00e9s de una corporativizaci\u00f3n industrial de los agentes de la producci\u00f3n, aqu\u00ed se percibe cuanto ahora ya la metr\u00f3poli se organiza sobre niveles continuos aunque distorsionados, fieles al Welfare aunque h\u00edbridos. La metr\u00f3poli es mundo com\u00fan. Es el producto de todos -no voluntad general sino aleatoriedad com\u00fan. As\u00ed la metr\u00f3poli se quiere imperial. Los postmodernos d\u00e9biles son golpeados por Koolhaas. Koolhaas anticipa efectivamente, buscando en la genealog\u00eda de la metr\u00f3poli, una operaci\u00f3n que en el postmoderno maduro deviene fundamental: el reconocimiento de la dimensi\u00f3n global como m\u00e1s productiva y m\u00e1s generosa desde el punto de vista de las figuras econ\u00f3micas y de los estilos de vida. Este esfuerzo critico no es solitario ni neutralizante. Al contrario produce otra critica, la confiada al movimiento real. Por ejemplo, cuando nosotros introducimos elementos diferenciales y antagonistas en el saber de la ciudad, y hacemos de \u00e9stos el motor de la construcci\u00f3n metropolitana, componemos tambi\u00e9n nuevos enfoques del vivir y del luchar -comunes. Todav\u00eda un ejemplo entre otros: un prop\u00f3sito de metr\u00f3poli y colectivizaci\u00f3n. Esta vieja palabra socialista est\u00e1 ciertamente ya obsoleta y totalmente superada en la consciencia de las nuevas generaciones. Pero \u00e9ste no es el problema. El proyecto no es el de colectivizar sino el de reconocer y organizar el com\u00fan. Un com\u00fan hecho de un patrimonio riqu\u00edsimo de estilos de vida, de posibilidades colectivas de comunicaci\u00f3n y reproducci\u00f3n de la vida y, sobretodo, del exceso de la expresi\u00f3n com\u00fan de la vida en los espacios metropolitanos. Disfrutamos de una segunda generaci\u00f3n de vida metropolitana, creativa de cooperaci\u00f3n y excedente en los valores inmateriales, relacionales, ling\u00fc\u00edsticos que produce. Esta es la metr\u00f3poli de la multitud singular y colectiva. Hay muchos postmodernos que rechazan la posibilidad de considerar la metr\u00f3poli de la multitud como espacio colectivo y singular, resistentemente com\u00fan y subjetivamnte maleable y siempre nuevamente inventada. Estos rechazos sustituyen al analista por el buf\u00f3n o el sicofante del poder. De hecho nosotros hemos recuperado la idea de las econom\u00edas externas, de las din\u00e1micas inmateriales, los ciclos de lucha y todo aquello que compone la multitud. New York es postmoderna, en la medida en que ha participado en todas condiciones del moderno, y ah\u00ed ha, por as\u00ed decirlo, consumado en la cr\u00edtica y en la prefiguraci\u00f3n de otro: el resultado es un h\u00edbrido, el h\u00edbrido metropolitano como figura espacial y temporal de las luchas, plano de la microf\u00edsica de los poderes.<\/p>\n<p>3. Metr\u00f3poli y espacio global. Es Saskia Sassen quien, antes y despu\u00e9s de cualquier otro, nos ha ense\u00f1ado a ver la metr\u00f3poli, todas las metr\u00f3polis, no solo, desde Koohlaas, como un agregado h\u00edbrido e interiormente antagonista, sino como figura homologa de la estructura general que el capitalismo ha asumido en la fase imperial. Las metr\u00f3polis expresan e individualizan el consolidarse de la jerarqu\u00eda global, en sus puntos m\u00e1s articulados, en un complejo de formas y ejercicio de comando. Las diferencias de clase y la programaci\u00f3n gen\u00e9rica en la divisi\u00f3n del trabajo ya no se hacen m\u00e1s entre naciones sino entre centro y periferia, en las metr\u00f3polis. Sassen va a observar los rascacielos para sacar lecciones implacables. Arriba est\u00e1 el que manda y abajo el que obedece; en el aislamiento de los que est\u00e1n m\u00e1s alto est\u00e1 la conexi\u00f3n con el mundo, mientras en la comunicaci\u00f3n de los que est\u00e1n m\u00e1s abajo, est\u00e1n los puntos m\u00f3viles, los estilos de vida y renovadas funciones de la recomposici\u00f3n metropolitana. Por esto nosotros debemos atravesar los espacios posibles de la metr\u00f3poli, si queremos reanudar los trazos de lucha, para descubrir los canales y las formas de conexi\u00f3n, los modos en que los sujetos est\u00e1n juntos. Sassen nos propone observar los rascacielos como estructura de la unificaci\u00f3n imperial. Pero al mismo tiempo insin\u00faa la sutil provocativa propuesta de imaginar los rascacielos no como un todo sino como un arriba y un abajo. Entre el arriba y el abajo corre la relaci\u00f3n de comando, de explotaci\u00f3n, y por tanto la posibilidad de rebeli\u00f3n. Los temas de Sassen son recorridos nuevamente fuertemente, en Europa, en los a\u00f1os noventa, cuando, con alguna dificultad, todav\u00eda sin embargo eficazmente, algunas fuerzas antagonistas han comenzado a ver en la estructura de la metr\u00f3poli reflejarse las contradicciones de la globalizaci\u00f3n. De hecho, que fuesen rascacielos o no, de todos modos el orden global restablec\u00eda un alto y un abajo en la metr\u00f3poli, que era la de una relaci\u00f3n de explotaci\u00f3n que se extend\u00eda sobre el horizonte interno de la sociedad urbana. Sassen mostraba los lugares y las relaciones de la explotaci\u00f3n y disolv\u00eda la multitud devolvi\u00e9ndola al ejercicio disperso de actividad material. De otra parte est\u00e1 el comando. Blade Runner deviene una ficci\u00f3n cient\u00edfica.<\/p>\n<p>4. Anticipaciones hist\u00f3ricas. Pero las metr\u00f3polis de los rascacielos y del Impero otros las perciben sobretodo como lugares de lucha, que pueden revelar aspectos comunes y sobretodo pueden encarnar formaciones y organizaciones de resistencia y de subversi\u00f3n. El ejemplo que inmediatamente viene a la mente, a este prop\u00f3sito, es el de las luchas parisinas del invierno del \u201995-\u201996. Estas luchas vienen recordadas porque en aquella ocasi\u00f3n los proyectos de privatizaci\u00f3n de los transportes p\u00fablicos parisinos fueron rechazadas, no s\u00f3lo por los sindicatos, sino por las luchas conjuntas de gran parte de la poblaci\u00f3n metropolitana. Estas luchas, sin embargo, no habr\u00edan alcanzado nunca la intensidad y la importancia que tuvieron si no fuesen estado atravesadas, y ya primero de alg\u00fan modo prefiguradas, por las luchas de los sans-papiers, sans-logement, sans-travail etc&#8230; Vale decir que el m\u00e1ximo de la complejidad metropolitana abre v\u00edas de fuga a toda la povert\u00e0 urbana: es aqu\u00ed que la metr\u00f3poli, tambi\u00e9n aquella imperial, se despierta al antagonismo. En los a\u00f1os setenta estos desarrollos y estos antagonismos hab\u00edan sido anticipados: en Alemania, en los EE.UU., en Italia. El gran pasaje desde el frente de lucha de la fabrica a la metr\u00f3poli, de la clase a la multitud, ha sido visto y organizado, te\u00f3ricamente y pr\u00e1cticamente, desde much\u00edsimas vanguardias. \u201cTomemos la ciudad\u201d era una parola d\u2019ordine italiana, insistente, importante, arrolladora. Palabras similares atravesaron las B\u00fcrger-initiativen alemanas, pero tambi\u00e9n las experiencias de los okupas en casi todas las metr\u00f3polis europeas. Los obreros fabriles se reconoc\u00edan en este desarrollo, mientras las dirigencias sindicales y las de los partidos del movimiento obrero lo ignoraron. La huelga del billete en los transportes, las ocupaciones masivas de casas, la toma de los barrios para organizar el tiempo libre y la seguridad de los trabajadores contra la polic\u00eda y los recaudadores fiscales, etc&#8230; , en definitiva la toma de zonas de la ciudad, fue un proyecto (per)seguido con mucha atenci\u00f3n. Estas zonas se llamaban entonces \u201cbases rojas\u201d, aunque frecuentemente no eran lugares, sino espacios urbanos, sitios de opini\u00f3n publica. Alguna vez tambi\u00e9n suced\u00eda que eran decididamente no-lugares: eran manifestaciones de masa que en movimiento recorr\u00edan y ocupaban plazas y territorios. As\u00ed la metr\u00f3poli comenz\u00f3 a ser reconstruida por una alianza extra\u00f1a: obreros de fabrica y proletarios metropolitanos. Aqu\u00ed comenzamos a ver cu\u00e1nto fue potente esta alianza. Junto a estas experiencias pol\u00edticas estaba tambi\u00e9n otro y m\u00e1s amplio experimento te\u00f3rico. Se comenzaba efectivamente, desde el inicio de los a\u00f1os setenta, a ver c\u00f3mo la metr\u00f3poli no fuera s\u00f3lo invadida por la mundializaci\u00f3n a partir de la cima de los rascacielos, sino tambi\u00e9n como fuera as\u00ed constituida desde las transformaciones del trabajo que estaban realiz\u00e1ndose. Alberto Magnaghi, y sus compa\u00f1eros, publicaron en los a\u00f1os setenta, una formidable revista (Quaderni del territorio) que mostraba, a cada n\u00famero de manera m\u00e1s convincente, como el capital estaba invistiendo la ciudad, transformando cada v\u00eda en un flujo productivo de mercanc\u00edas. La f\u00e1brica se encontraba, por tanto, en y sobre la sociedad: esto era evidente. Pero tambi\u00e9n era evidente que este investimento productivo de la ciudad modificaba radicalmente la lucha de clases.<\/p>\n<p>5. Polic\u00eda y guerra. En los a\u00f1os noventa que la gran transformaci\u00f3n de las relaciones productivas, que invisten las metr\u00f3polis, llega al limite cuantitativo, configurando una nueva fase. La recomposici\u00f3n capitalista de la ciudad, mejor, de la metr\u00f3poli, se da en toda la complejidad de la nueva configuraci\u00f3n de las relaciones de fuerza en el Impero. Ha sido Mike Davis quien, primero, nos ha dado una caracterizaci\u00f3n apropiada de los fen\u00f3menos caracter\u00edsticos de la metr\u00f3poli postmoderna. La erecci\u00f3n de muros para limitar zonas intransitables a los pobres, la definici\u00f3n de espacios para ghettos donde los desesperados de la tierra pudieran\/puedan hacinarse, el disciplinamiento de las l\u00edneas de circulaci\u00f3n y de control que tuvieran orden, un preventivo an\u00e1lisis y practica de contenci\u00f3n y de persecuci\u00f3n de las eventuales interrupciones del ciclo: hoy, en la literatura imperial, cuando se habla de la continuidad entre guerra y polic\u00eda global, lo que se olvida decir es que las t\u00e9cnicas continuas y homog\u00e9neas de guerra y polic\u00eda han sido inventadas en la metr\u00f3poli. \u201cTolerancia cero\u201d deviene una parola d\u2019ordine, mejor, el dispositivo de prevenci\u00f3n que inviste estratos sociales enteros, tambi\u00e9n ensa\u00f1\u00e1ndose con sus opositores o excluidos individuales. El color de la raza o el credo religioso, las costumbres de vida o la diversidad de clase, vienen, de vez en vez, asumidos como elementos que definen la zona represiva en el interior de la metr\u00f3poli. La metr\u00f3poli se construye sobre estos dispositivos. Como dec\u00edamos a prop\u00f3sito del trabajo de la Sassen, las dimensiones espaciales, anchura y altura, de los edificios y de los espacios p\u00fablicos, est\u00e1n completamente subordinados a la l\u00f3gica del control. D\u00f3nde es esto posible: donde en cambio el capital inmobiliario determina rentas demasiado altas para poder ser sometidas a instrumentos de control directo, a trav\u00e9s de la aplicaci\u00f3n de procesos urban\u00edsticos pesados, el paisaje metropolitano est\u00e1 cubierto por redes de control electr\u00f3nico, y recorrido, y excavado, por representaciones de peligro que televisiones o helic\u00f3pteros dise\u00f1an. Dentro de poco sobre cada ciudad se condensaran aquellos instrumentos autom\u00e1ticos de control, a\u00e9reos sin piloto, clones polic\u00edacos que los ej\u00e9rcitos est\u00e1n normalmente utilizando en las guerras. Pronto las [restricciones] y las zonas rojas se instalar\u00e1n sobre la l\u00f3gica de los vuelos de control: el urbanismo deber\u00e1 interiorizar las formas del control a partir de una globalidad a\u00e9rea, presupuesta a la libertad de desarrollar espacios y sociedad. Es evidente que, describiendo esto, nosotros exasperamos algunas l\u00edneas de tendencia que est\u00e1n de todos modos limitadas y representan solo una parte del desarrollo metropolitano. Efectivamente, tambi\u00e9n aqu\u00ed (como en la teor\u00eda de la guerra) la enorme capacidad de desarrollar violencia por parte del poder, la as\u00ed llamada asimetr\u00eda total, genera respuestas adecuadas: el fantasma de David contra la realidad de Goliat. Del mismo modo la planificaci\u00f3n del control sobre la ciudad, la \u201ctolerancia cero\u201d, producen nuevas formas de resistencia. La red metropolitana es continuamente interrumpida, a veces destruida, por redes de resistencia. La recomposici\u00f3n capitalista de la metr\u00f3poli construye trazos de recomposici\u00f3n por la multitud. El hecho es que, para darse, el control debe el mismo reconocerse, o hasta construir, en los esquemas transindividuales de ciudadan\u00eda. Toda la sociolog\u00eda urbana, desde la Escuela de Chicago hasta nuestros d\u00edas, sabe que incluso dentro de un marco de individualismo extremo, los conceptos y los esquemas de interpretaci\u00f3n deben asumir dimensiones transindividuales, casi comunitarias. Es al desarrollo de estas formas de vida que el an\u00e1lisis debe aplicarse. Se descubren as\u00ed, en la metr\u00f3poli, espacios definidos, localizaciones determinadas de los movimientos de la multitud. Determinaciones espaciales y temporales del h\u00e1bitat y del salario (consumo), dise\u00f1an de nuevo los contornos de los barrios y a caracterizar los comportamientos de las poblaciones. La guerra como legitimaci\u00f3n del orden, la polic\u00eda como instrumento del orden \u2013estas potencias que asumen una funci\u00f3n constituyente en la metr\u00f3poli, sustituyendo a los ciudadanos y a los movimientos- no consiguen pasar. De nuevo el an\u00e1lisis de la metr\u00f3poli remite aqu\u00ed a la percepci\u00f3n del exceso de valor que es producida por la cooperaci\u00f3n del trabajo inmaterial. La crisis de la metr\u00f3poli es, pues, desplazada mucho m\u00e1s adelante<\/p>\n<p>6. Construir la huelga metropolitana. Me cuentan que en Sevilla, cuando la \u201chuelga generalizada\u201d se puso en marcha -fue una huelga de 24 horas- por la noche, en todos los barrios, se formaron rondas que a partir de la medianoche bloqueaban los transportes, cerraban las boites de nuit, comunicaban a la ciudad la urgencia de la lucha. Y esto ha transcurrido, con una movilizaci\u00f3n general sobre el territorio metropolitano, concentrada por la tarde en las grandes manifestaciones de masa, durante toda la jornada. He aqu\u00ed un buen ejemplo de gesti\u00f3n de la huelga generalizada. Es una huelga metropolitano en la cual se encuentran, durante las 24 horas de la jornada laboral, las varias formas del trabajo social. Sin embargo, todo esto, este formidable movimiento pol\u00edtico, no parece suficiente para caracterizar la \u201chuelga generalizada\u201d. Tenemos necesidad de un ahondamiento m\u00e1s amplio, de un an\u00e1lisis especifico de todo pasaje y\/o movimiento de recomposici\u00f3n, de todo momento de lucha que pueda confluir en la construcci\u00f3n de la huelga social. \u00bfPorque decimos esto? Porque consideramos la huelga metropolitana como forma especifica de recomposici\u00f3n de la multitud en la metr\u00f3poli. La huelga metropolitano no es la socializaci\u00f3n de la huelga obrera: es una nueva forma de contrapoder. C\u00f3mo act\u00fae en el tiempo y en el espacio, no lo sabemos todav\u00eda. Lo que sabemos es que no ser\u00e1 una sociolog\u00eda funcionalista, una de esas que pone conjuntamente las varias formas de la recomposici\u00f3n social del trabajo bajo el control capitalista, para poder dise\u00f1ar la huelga metropolitana. El encuentro, el choque, y el moverse adelante de los varios estratos de la multitud metropolitana no pueden efectivamente ser indicados sino como construcciones (en las luchas) de movimientos de potencia. Pero. \u00bfsobre qu\u00e9 el movimiento deviene capacidad de potencia desplegada? Para nosotros la respuesta no alude ciertamente a la toma Palacio de invierno. Las revueltas metropolitanas no se proponen el problema de sustituir al gobierno: expresan nuevas formas de democracia, esquemas destruidos respecto a aquellos del control de la metr\u00f3poli. La revuelta metropolitana es siempre una refundaci\u00f3n de ciudad.<\/p>\n<p>7. Reconstruir la metr\u00f3poli. La \u201chuelga generalizada\u201d debe pues contener en s\u00ed misma el \u201cdelirante\u201d proyecto de reconstruir la metr\u00f3poli. \u00bfQu\u00e9 quiere decir reconstruir la metr\u00f3poli? Significa descubrir el com\u00fan, construir proximidad metropolitana. Tenemos dos figuras que son absolutamente indicativas de este proyecto puestas a los t\u00e9rminos extremos de una escala de comunidad: son el bombero y el inmigrado. El bombero representa el com\u00fan como seguridad, como recurso en caso de peligro, como constructor de la imaginaci\u00f3n com\u00fan de los ni\u00f1os; el inmigrado es el hombre necesario para dar color a la metr\u00f3poli m\u00e1s all\u00e1 de dar sentido a la solidaridad. El bombero es el peligro y el inmigrado es la esperanza. El bombero es la inseguridad y el inmigrado y el porvenir. Cuando nosotros pensamos en la metr\u00f3poli la pensamos como una comunidad f\u00edsica que es riqueza y producci\u00f3n de comunidad cultural. Nada, como la metr\u00f3poli, indica mejor y m\u00e1s el dise\u00f1o de un desarrollo sostenible, s\u00edntesis de ecolog\u00eda y producci\u00f3n, en fin, cuadro biopol\u00edtico. Hoy, precisamente en este periodo, estamos soportando el peso de una serie de viejos esquemas, innobles cuanto impotentes, de la socialdemocracia, que nos dicen que la metr\u00f3poli puede reproducirse solo si en ella son introducidos los amortiguadores sociales que sirven para monetizar (y eventualmente para reparar) las reca\u00eddas dram\u00e1ticas del desarrollo capitalista. Pol\u00edticos y sindicatos corruptos est\u00e1n tratando sobre los amortiguadores&#8230; Nosotros pensamos que la metr\u00f3poli es un recurso, una recurso excepcional y excesivo, tambi\u00e9n cuando la ciudad est\u00e1 constituida por favelas, por chabolas, por el caos. A la metr\u00f3poli no le pueden ser impuestos ni esquemas de orden, prefigurados por un control omnipotente (desde la tierra o desde el cielo a trav\u00e9s de la guerra y la polic\u00eda), ni estructuras de neutralizaci\u00f3n (represi\u00f3n, amortiguamiento, etc.) que se pretenden internas al tejido social. La metr\u00f3poli es libre. La libertad de la metr\u00f3poli nace en la construcci\u00f3n y reconstrucci\u00f3n que cada d\u00eda ella opera sobre s\u00ed misma y de s\u00ed misma; la \u201chuelga general\u201d se inserta en este marco. Ello es la prolongaci\u00f3n, mejor la manifestaci\u00f3n, es decir la revelaci\u00f3n, de cuanto vive en lo profundo de la ciudad. Probablemente en Sevilla la \u201chuelga generalizada\u201d ha sido tambi\u00e9n esto, el descubrimiento de esa otra sociedad que vive en la metr\u00f3poli durante todo el tiempo de la jornada laboral. Nosotros no sabemos si las cosas son verdaderamente as\u00ed: lo que sin embargo nos interesa subrayar es que la \u201chuelga generalizada\u201d es una especie de exploraci\u00f3n radical de la vida de la metr\u00f3poli, de su estructura productiva, de su com\u00fan.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: PB<\/p>\n<p>Digitalizaci\u00f3n: Colectivo NPH<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en el n\u00famero 5 de la revista POSSE<\/p>\n<p>1. \u201cGeneralizar\u201d la huelga. Ha sido interesante observar, con ocasi\u00f3n de las luchas de la primavera y del verano del 2002 en Italia, c\u00f3mo el proyecto de \u201cgeneralizar\u201d la huelga por parte de los movimientos de los precarios, de los obreros sociales, mujeres y hombres hab\u00eda parecido deslizarse de manera inocua e in\u00fatil a trav\u00e9s de la \u201chuelga general\u201d de los trabajadores. Despu\u00e9s de esta experiencia muchos compa\u00f1eros que han participado en la lucha, han comenzado a darse cuenta que, mientras la huelga obrera \u201chac\u00eda da\u00f1o\u201d al patr\u00f3n, la huelga social pasaba, por as\u00ed decirlo, a trav\u00e9s los pliegues de la jornada laboral global, sin hacer da\u00f1o al patr\u00f3n sino m\u00e1s bien a los trabajadores movibles flexibles. Esta constataci\u00f3n plantea un problema: el de comprender c\u00f3mo lucha el obrero social, c\u00f3mo puede concretamente destruir en el espacio metropolitano la subordinaci\u00f3n productiva y la violencia de la explotaci\u00f3n. Se trata de preguntarse c\u00f3mo la metr\u00f3poli se presenta ante la multitud y si es correcto decir que la metr\u00f3poli es a la multitud como la fabrica fue a la clase obrera. De hecho esta hip\u00f3tesis se nos presenta como problema. Ello no ha sido simplemente planteado desde las evidentes diferencias de eficacia inmediata entre luchas sociales y luchas obreras, sino tambi\u00e9n desde una cuesti\u00f3n mucho m\u00e1s pertinente y general: si la metr\u00f3poli es investida de la relaci\u00f3n capitalista de valorizaci\u00f3n y de explotaci\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo se puede, en su interior, aferrar el antagonismo de la multitud metropolitana? En los a\u00f1os sesenta y setenta a estos problemas, a medida que surg\u00edan en relaci\u00f3n a las luchas de clase obrera y a las mutaciones de los estilos de vida metropolitanos, se le dieron varias respuestas, a menudo muy eficaces. Pronto las resumiremos. Aqu\u00ed basta con subrayar c\u00f3mo aquellas respuestas guardaban una relaci\u00f3n externa entre la clase obrera y los otros estratos metropolitanos del trabajo asalariado y\/o intelectual. Hoy el problema se presenta de manera diversa porque las varias secciones de la fuerza de trabajo se presentan en el h\u00edbrido metropolitano como relaci\u00f3n interna e inmediatamente como multitud: un conjunto de singularidades, una multiplicidad de grupos y de subjetividades, que ponen en forma (antagonista) el espacio metropolitano.<\/p>\n<p>2. Anticipaciones te\u00f3ricas. Entre los estudiosos de la metr\u00f3poli (arquitectos y urbanistas), ha sido Koolhaas quien nos ha dado, de manera delirante, hacia finales de los setenta, una primera nueva imagen de la metr\u00f3poli. Aludimos, evidentemente, a Delirious New York. \u00bfEn qu\u00e9 consist\u00eda la tesis central de este libro? Consist\u00eda en dar una imagen de la metr\u00f3poli que, m\u00e1s all\u00e1 y a trav\u00e9s de las planificaciones (siempre, de manera m\u00e1s o menos coherente, desarrollada), viv\u00eda todav\u00eda de din\u00e1micas, conflictos y superposiciones potentes de estratos culturales, de formas y de estilos de vida, de una multiplicidad de hip\u00f3tesis y de proyectos sobre el porvenir. Se deb\u00eda mirar esta complejidad, esta microfisica de potencias desde dentro, para comprender la ciudad. New York, en particular, era el ejemplo de un extraordinario acumularse hist\u00f3rico y pol\u00edtico, tecnol\u00f3gico y art\u00edstico, de varias formas de programaci\u00f3n urbana. Pero no bastaba. Era necesario a\u00f1adir que la metr\u00f3poli era m\u00e1s fuerte que lo urbano. Los intereses especulativos y las resistencias de los ciudadanos impon\u00edan y arrollaban a un tiempo, las prescripciones del poder y las utop\u00edas de los opositores. El hecho es que la metr\u00f3poli confund\u00eda y mezclaba los t\u00e9rminos del discurso urban\u00edstico: a partir de una cierta intensidad urbana, la metr\u00f3poli constitu\u00eda nuevas categor\u00edas, era una nueva maquina proliferante. La medida se desmesuraba. Se trataba pues, a un tiempo, de dar de la metr\u00f3poli, de New York, un an\u00e1lisis microf\u00edsico, que fuese al encuentro ya sea de los miles y miles agentes singulares, ya sea de las formas de represi\u00f3n y bloqueo que la potencia de la multitud encontraba. Es as\u00ed que la arquitectura de Koolhaas se eleva a trav\u00e9s de grandes medidas de convivencia urbana, que vienen luego revueltas, mutadas y mezcladas en otras formas arquitect\u00f3nicas&#8230; Es una gran narraci\u00f3n la que la arquitectura de Koolhaas expresa, la gran narraci\u00f3n de la destrucci\u00f3n de la ciudad occidental, para dar lugar a una metr\u00f3poli mestiza. No es relevante (aunque \u00fatil para comprender) que en Koolhaas el desarrollo arquitect\u00f3nico sea clasificado de manera funcional a las varias t\u00e9cnicas de la organizaci\u00f3n del trabajo de construcci\u00f3n. Lo que interesa es exactamente lo contrario: tambi\u00e9n a trav\u00e9s de una corporativizaci\u00f3n industrial de los agentes de la producci\u00f3n, aqu\u00ed se percibe cuanto ahora ya la metr\u00f3poli se organiza sobre niveles continuos aunque distorsionados, fieles al Welfare aunque h\u00edbridos. La metr\u00f3poli es mundo com\u00fan. Es el producto de todos -no voluntad general sino aleatoriedad com\u00fan. As\u00ed la metr\u00f3poli se quiere imperial. Los postmodernos d\u00e9biles son golpeados por Koolhaas. Koolhaas anticipa efectivamente, buscando en la genealog\u00eda de la metr\u00f3poli, una operaci\u00f3n que en el postmoderno maduro deviene fundamental: el reconocimiento de la dimensi\u00f3n global como m\u00e1s productiva y m\u00e1s generosa desde el punto de vista de las figuras econ\u00f3micas y de los estilos de vida. Este esfuerzo critico no es solitario ni neutralizante. Al contrario produce otra critica, la confiada al movimiento real. Por ejemplo, cuando nosotros introducimos elementos diferenciales y antagonistas en el saber de la ciudad, y hacemos de \u00e9stos el motor de la construcci\u00f3n metropolitana, componemos tambi\u00e9n nuevos enfoques del vivir y del luchar -comunes. Todav\u00eda un ejemplo entre otros: un prop\u00f3sito de metr\u00f3poli y colectivizaci\u00f3n. Esta vieja palabra socialista est\u00e1 ciertamente ya obsoleta y totalmente superada en la consciencia de las nuevas generaciones. Pero \u00e9ste no es el problema. El proyecto no es el de colectivizar sino el de reconocer y organizar el com\u00fan. Un com\u00fan hecho de un patrimonio riqu\u00edsimo de estilos de vida, de posibilidades colectivas de comunicaci\u00f3n y reproducci\u00f3n de la vida y, sobretodo, del exceso de la expresi\u00f3n com\u00fan de la vida en los espacios metropolitanos. Disfrutamos de una segunda generaci\u00f3n de vida metropolitana, creativa de cooperaci\u00f3n y excedente en los valores inmateriales, relacionales, ling\u00fc\u00edsticos que produce. Esta es la metr\u00f3poli de la multitud singular y colectiva. Hay muchos postmodernos que rechazan la posibilidad de considerar la metr\u00f3poli de la multitud como espacio colectivo y singular, resistentemente com\u00fan y subjetivamnte maleable y siempre nuevamente inventada. Estos rechazos sustituyen al analista por el buf\u00f3n o el sicofante del poder. De hecho nosotros hemos recuperado la idea de las econom\u00edas externas, de las din\u00e1micas inmateriales, los ciclos de lucha y todo aquello que compone la multitud. New York es postmoderna, en la medida en que ha participado en todas condiciones del moderno, y ah\u00ed ha, por as\u00ed decirlo, consumado en la cr\u00edtica y en la prefiguraci\u00f3n de otro: el resultado es un h\u00edbrido, el h\u00edbrido metropolitano como figura espacial y temporal de las luchas, plano de la microf\u00edsica de los poderes.<\/p>\n<p>3. Metr\u00f3poli y espacio global. Es Saskia Sassen quien, antes y despu\u00e9s de cualquier otro, nos ha ense\u00f1ado a ver la metr\u00f3poli, todas las metr\u00f3polis, no solo, desde Koohlaas, como un agregado h\u00edbrido e interiormente antagonista, sino como figura homologa de la estructura general que el capitalismo ha asumido en la fase imperial. Las metr\u00f3polis expresan e individualizan el consolidarse de la jerarqu\u00eda global, en sus puntos m\u00e1s articulados, en un complejo de formas y ejercicio de comando. Las diferencias de clase y la programaci\u00f3n gen\u00e9rica en la divisi\u00f3n del trabajo ya no se hacen m\u00e1s entre naciones sino entre centro y periferia, en las metr\u00f3polis. Sassen va a observar los rascacielos para sacar lecciones implacables. Arriba est\u00e1 el que manda y abajo el que obedece; en el aislamiento de los que est\u00e1n m\u00e1s alto est\u00e1 la conexi\u00f3n con el mundo, mientras en la comunicaci\u00f3n de los que est\u00e1n m\u00e1s abajo, est\u00e1n los puntos m\u00f3viles, los estilos de vida y renovadas funciones de la recomposici\u00f3n metropolitana. Por esto nosotros debemos atravesar los espacios posibles de la metr\u00f3poli, si queremos reanudar los trazos de lucha, para descubrir los canales y las formas de conexi\u00f3n, los modos en que los sujetos est\u00e1n juntos. Sassen nos propone observar los rascacielos como estructura de la unificaci\u00f3n imperial. Pero al mismo tiempo insin\u00faa la sutil provocativa propuesta de imaginar los rascacielos no como un todo sino como un arriba y un abajo. Entre el arriba y el abajo corre la relaci\u00f3n de comando, de explotaci\u00f3n, y por tanto la posibilidad de rebeli\u00f3n. Los temas de Sassen son recorridos nuevamente fuertemente, en Europa, en los a\u00f1os noventa, cuando, con alguna dificultad, todav\u00eda sin embargo eficazmente, algunas fuerzas antagonistas han comenzado a ver en la estructura de la metr\u00f3poli reflejarse las contradicciones de la globalizaci\u00f3n. De hecho, que fuesen rascacielos o no, de todos modos el orden global restablec\u00eda un alto y un abajo en la metr\u00f3poli, que era la de una relaci\u00f3n de explotaci\u00f3n que se extend\u00eda sobre el horizonte interno de la sociedad urbana. Sassen mostraba los lugares y las relaciones de la explotaci\u00f3n y disolv\u00eda la multitud devolvi\u00e9ndola al ejercicio disperso de actividad material. De otra parte est\u00e1 el comando. Blade Runner deviene una ficci\u00f3n cient\u00edfica.<\/p>\n<p>4. Anticipaciones hist\u00f3ricas. Pero las metr\u00f3polis de los rascacielos y del Impero otros las perciben sobretodo como lugares de lucha, que pueden revelar aspectos comunes y sobretodo pueden encarnar formaciones y organizaciones de resistencia y de subversi\u00f3n. El ejemplo que inmediatamente viene a la mente, a este prop\u00f3sito, es el de las luchas parisinas del invierno del \u201995-\u201996. Estas luchas vienen recordadas porque en aquella ocasi\u00f3n los proyectos de privatizaci\u00f3n de los transportes p\u00fablicos parisinos fueron rechazadas, no s\u00f3lo por los sindicatos, sino por las luchas conjuntas de gran parte de la poblaci\u00f3n metropolitana. Estas luchas, sin embargo, no habr\u00edan alcanzado nunca la intensidad y la importancia que tuvieron si no fuesen estado atravesadas, y ya primero de alg\u00fan modo prefiguradas, por las luchas de los sans-papiers, sans-logement, sans-travail etc&#8230; Vale decir que el m\u00e1ximo de la complejidad metropolitana abre v\u00edas de fuga a toda la povert\u00e0 urbana: es aqu\u00ed que la metr\u00f3poli, tambi\u00e9n aquella imperial, se despierta al antagonismo. En los a\u00f1os setenta estos desarrollos y estos antagonismos hab\u00edan sido anticipados: en Alemania, en los EE.UU., en Italia. El gran pasaje desde el frente de lucha de la fabrica a la metr\u00f3poli, de la clase a la multitud, ha sido visto y organizado, te\u00f3ricamente y pr\u00e1cticamente, desde much\u00edsimas vanguardias. \u201cTomemos la ciudad\u201d era una parola d\u2019ordine italiana, insistente, importante, arrolladora. Palabras similares atravesaron las B\u00fcrger-initiativen alemanas, pero tambi\u00e9n las experiencias de los okupas en casi todas las metr\u00f3polis europeas. Los obreros fabriles se reconoc\u00edan en este desarrollo, mientras las dirigencias sindicales y las de los partidos del movimiento obrero lo ignoraron. La huelga del billete en los transportes, las ocupaciones masivas de casas, la toma de los barrios para organizar el tiempo libre y la seguridad de los trabajadores contra la polic\u00eda y los recaudadores fiscales, etc&#8230; , en definitiva la toma de zonas de la ciudad, fue un proyecto (per)seguido con mucha atenci\u00f3n. Estas zonas se llamaban entonces \u201cbases rojas\u201d, aunque frecuentemente no eran lugares, sino espacios urbanos, sitios de opini\u00f3n publica. Alguna vez tambi\u00e9n suced\u00eda que eran decididamente no-lugares: eran manifestaciones de masa que en movimiento recorr\u00edan y ocupaban plazas y territorios. As\u00ed la metr\u00f3poli comenz\u00f3 a ser reconstruida por una alianza extra\u00f1a: obreros de fabrica y proletarios metropolitanos. Aqu\u00ed comenzamos a ver cu\u00e1nto fue potente esta alianza. Junto a estas experiencias pol\u00edticas estaba tambi\u00e9n otro y m\u00e1s amplio experimento te\u00f3rico. Se comenzaba efectivamente, desde el inicio de los a\u00f1os setenta, a ver c\u00f3mo la metr\u00f3poli no fuera s\u00f3lo invadida por la mundializaci\u00f3n a partir de la cima de los rascacielos, sino tambi\u00e9n como fuera as\u00ed constituida desde las transformaciones del trabajo que estaban realiz\u00e1ndose. Alberto Magnaghi, y sus compa\u00f1eros, publicaron en los a\u00f1os setenta, una formidable revista (Quaderni del territorio) que mostraba, a cada n\u00famero de manera m\u00e1s convincente, como el capital estaba invistiendo la ciudad, transformando cada v\u00eda en un flujo productivo de mercanc\u00edas. La f\u00e1brica se encontraba, por tanto, en y sobre la sociedad: esto era evidente. Pero tambi\u00e9n era evidente que este investimento productivo de la ciudad modificaba radicalmente la lucha de clases.<\/p>\n<p>5. Polic\u00eda y guerra. En los a\u00f1os noventa que la gran transformaci\u00f3n de las relaciones productivas, que invisten las metr\u00f3polis, llega al limite cuantitativo, configurando una nueva fase. La recomposici\u00f3n capitalista de la ciudad, mejor, de la metr\u00f3poli, se da en toda la complejidad de la nueva configuraci\u00f3n de las relaciones de fuerza en el Impero. Ha sido Mike Davis quien, primero, nos ha dado una caracterizaci\u00f3n apropiada de los fen\u00f3menos caracter\u00edsticos de la metr\u00f3poli postmoderna. La erecci\u00f3n de muros para limitar zonas intransitables a los pobres, la definici\u00f3n de espacios para ghettos donde los desesperados de la tierra pudieran\/puedan hacinarse, el disciplinamiento de las l\u00edneas de circulaci\u00f3n y de control que tuvieran orden, un preventivo an\u00e1lisis y practica de contenci\u00f3n y de persecuci\u00f3n de las eventuales interrupciones del ciclo: hoy, en la literatura imperial, cuando se habla de la continuidad entre guerra y polic\u00eda global, lo que se olvida decir es que las t\u00e9cnicas continuas y homog\u00e9neas de guerra y polic\u00eda han sido inventadas en la metr\u00f3poli. \u201cTolerancia cero\u201d deviene una parola d\u2019ordine, mejor, el dispositivo de prevenci\u00f3n que inviste estratos sociales enteros, tambi\u00e9n ensa\u00f1\u00e1ndose con sus opositores o excluidos individuales. El color de la raza o el credo religioso, las costumbres de vida o la diversidad de clase, vienen, de vez en vez, asumidos como elementos que definen la zona represiva en el interior de la metr\u00f3poli. La metr\u00f3poli se construye sobre estos dispositivos. Como dec\u00edamos a prop\u00f3sito del trabajo de la Sassen, las dimensiones espaciales, anchura y altura, de los edificios y de los espacios p\u00fablicos, est\u00e1n completamente subordinados a la l\u00f3gica del control. D\u00f3nde es esto posible: donde en cambio el capital inmobiliario determina rentas demasiado altas para poder ser sometidas a instrumentos de control directo, a trav\u00e9s de la aplicaci\u00f3n de procesos urban\u00edsticos pesados, el paisaje metropolitano est\u00e1 cubierto por redes de control electr\u00f3nico, y recorrido, y excavado, por representaciones de peligro que televisiones o helic\u00f3pteros dise\u00f1an. Dentro de poco sobre cada ciudad se condensaran aquellos instrumentos autom\u00e1ticos de control, a\u00e9reos sin piloto, clones polic\u00edacos que los ej\u00e9rcitos est\u00e1n normalmente utilizando en las guerras. Pronto las [restricciones] y las zonas rojas se instalar\u00e1n sobre la l\u00f3gica de los vuelos de control: el urbanismo deber\u00e1 interiorizar las formas del control a partir de una globalidad a\u00e9rea, presupuesta a la libertad de desarrollar espacios y sociedad. Es evidente que, describiendo esto, nosotros exasperamos algunas l\u00edneas de tendencia que est\u00e1n de todos modos limitadas y representan solo una parte del desarrollo metropolitano. Efectivamente, tambi\u00e9n aqu\u00ed (como en la teor\u00eda de la guerra) la enorme capacidad de desarrollar violencia por parte del poder, la as\u00ed llamada asimetr\u00eda total, genera respuestas adecuadas: el fantasma de David contra la realidad de Goliat. Del mismo modo la planificaci\u00f3n del control sobre la ciudad, la \u201ctolerancia cero\u201d, producen nuevas formas de resistencia. La red metropolitana es continuamente interrumpida, a veces destruida, por redes de resistencia. La recomposici\u00f3n capitalista de la metr\u00f3poli construye trazos de recomposici\u00f3n por la multitud. El hecho es que, para darse, el control debe el mismo reconocerse, o hasta construir, en los esquemas transindividuales de ciudadan\u00eda. Toda la sociolog\u00eda urbana, desde la Escuela de Chicago hasta nuestros d\u00edas, sabe que incluso dentro de un marco de individualismo extremo, los conceptos y los esquemas de interpretaci\u00f3n deben asumir dimensiones transindividuales, casi comunitarias. Es al desarrollo de estas formas de vida que el an\u00e1lisis debe aplicarse. Se descubren as\u00ed, en la metr\u00f3poli, espacios definidos, localizaciones determinadas de los movimientos de la multitud. Determinaciones espaciales y temporales del h\u00e1bitat y del salario (consumo), dise\u00f1an de nuevo los contornos de los barrios y a caracterizar los comportamientos de las poblaciones. La guerra como legitimaci\u00f3n del orden, la polic\u00eda como instrumento del orden \u2013estas potencias que asumen una funci\u00f3n constituyente en la metr\u00f3poli, sustituyendo a los ciudadanos y a los movimientos- no consiguen pasar. De nuevo el an\u00e1lisis de la metr\u00f3poli remite aqu\u00ed a la percepci\u00f3n del exceso de valor que es producida por la cooperaci\u00f3n del trabajo inmaterial. La crisis de la metr\u00f3poli es, pues, desplazada mucho m\u00e1s adelante<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[45],"tags":[],"class_list":["post-174","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-proletariado-demos-multidud"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/174","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=174"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/174\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=174"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=174"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=174"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}