{"id":17469,"date":"2025-03-20T05:00:09","date_gmt":"2025-03-20T04:00:09","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17469"},"modified":"2025-03-20T05:37:42","modified_gmt":"2025-03-20T04:37:42","slug":"mas-sobre-el-marxismo-negro-angela-davis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17469","title":{"rendered":"M\u00e1s sobre el marxismo negro. Angela Davis"},"content":{"rendered":"<div>Estimulado por la traducci\u00f3n del libro de K. Ochieng Okoth, <i>Red Africa<\/i><sup>1<\/sup><i>, en <\/i>los \u00faltimos meses he acompa\u00f1ado a los lectores en una exploraci\u00f3n del pensamiento radical negro, discutiendo las obras de ocho autores: Bouamama, Du Bois, Cabral, Rodney, Williams, James, Padmore, C\u00e9saire. A este \u00faltimo ya lo hab\u00eda conocido, habi\u00e9ndolo le\u00eddo en paralelo a los escritos de Franz Fanon; de Bouamama hab\u00eda tenido la oportunidad de escuchar una videoconferencia en una reciente conferencia organizada por la Red de Comunistas; a Cabral lo hab\u00eda le\u00eddo hace varios a\u00f1os, pero en ese momento subestim\u00e9 su importancia, todos los dem\u00e1s fueron, en cambio, extraordinarias novedades, y le agradezco a Okoth por hab\u00e9rmelas dado a conocer.<\/div>\n<p>Como marxista occidental, aunque hereje, he intentado entrar \u00abde puntillas\u00bb en este \u00e1mbito ideal del que ignoro muchas cosas, adoptando la misma actitud de escucha respetuosa que en el pasado adopt\u00e9 al acercarme al pensamiento revolucionario asi\u00e1tico y latinoamericano (en este \u00faltimo caso ayudado por algunos viajes a Sudam\u00e9rica). La comparaci\u00f3n con los autores revolucionarios del Sur del mundo implica afrontar un desaf\u00edo fundamental que consiste en tratar de comprender c\u00f3mo se produjo el encuentro entre una teor\u00eda como el marxismo \u2014que tiene pretensiones universalistas y hereda una serie de principios y valores racionalistas\/progresistas\/ilustrados que lo connotan en un sentido euroc\u00e9ntrico\u2014 y tradiciones hist\u00f3ricas, culturales, civiles y religiosas no menos antiguas pero profundamente diferentes de las nuestras.<\/p>\n<p>All\u00ed donde este encuentro ha resultado posible y fruct\u00edfero (por ejemplo, en China, Vietnam y Cuba), ha forjado armas formidables para la lucha antiimperialista y anticapitalista, y ha contribuido a innovar una teor\u00eda endurecida por esquematismos y dogmatismos que la han incapacitado para interpretar y contrarrestar la ofensiva neoliberal en los centros metropolitanos. El caso africano es m\u00e1s complejo, tanto porque una serie de experiencias que podr\u00edan haber abierto nuevas v\u00edas de escape de la \u00abnormalidad\u00bb de la dominaci\u00f3n occidental han sido cortadas de ra\u00edz<sup>2<\/sup>, como porque las contribuciones te\u00f3ricas m\u00e1s ricas e interesantes (a menudo fruto del pensamiento negro de la di\u00e1spora, antillano y norteamericano) han sido eliminadas y neutralizadas por el academicismo poscolonial: v\u00e9ase al respecto el ya citado libro de Okoth<sup>3<\/sup>. A pesar de estas derrotas, el marxismo negro ha acumulado un valioso potencial creativo e innovador que solo espera ser reactivado y valorizado.<\/p>\n<p>El tema de esta \u00faltima entrega, dedicada a una gran marxista afroamericana, Angela Davis, es aparentemente exc\u00e9ntrico en comparaci\u00f3n con los tratados en los art\u00edculos anteriores. Aparentemente porque, si estos \u00faltimos exploraban la relaci\u00f3n entre conflictos de clase y conflictos raciales, convergiendo en la cr\u00edtica de la lectura \u00abesencialista\u00bb del racismo y poniendo de relieve las ra\u00edces \u00abestructurales\u00bb, de clase, de dicha ideolog\u00eda, <i>Mujeres raza y clase<\/i><sup>4<\/sup> es una invitaci\u00f3n a abandonar la lectura \u00abesencialista\u00bb del sexismo, es decir, de una forma de analizar el conflicto de g\u00e9nero a partir de un sujeto-mujer supuestamente homog\u00e9neo. A este enfoque, t\u00edpico de la ideolog\u00eda feminista tard\u00eda, Davis opone un enfoque marxista que parte de la relaci\u00f3n estructural entre el capitalismo estadounidense y la opresi\u00f3n <i>de las mujeres negras<\/i>.<\/p>\n<p><b>Contra los estereotipos sobre las esclavas negras<\/b><\/p>\n<p>Por lo general, las feministas blancas tienden a dar por sentado que las mujeres negras comparten su misma experiencia de opresi\u00f3n de g\u00e9nero en el \u00e1mbito dom\u00e9stico. Las cosas no son as\u00ed, replica Davis. De hecho, escribe que las mujeres negras siempre han trabajado <i>fuera de<\/i> sus hogares, y aunque hoy en d\u00eda el trabajo <i>sans phrase<\/i> ocupa un espacio enorme en sus vidas, esto no es nada nuevo en comparaci\u00f3n con la \u00e9poca de la esclavitud, cuando el trabajo forzado consum\u00eda casi todo su tiempo. Cualquiera que quiera abordar seriamente el tema de la condici\u00f3n de las mujeres negras sometidas al r\u00e9gimen de la esclavitud debe partir de su papel como <i>trabajadoras. <\/i>Aqu\u00ed, Davis sigue la l\u00ednea trazada por autores como Eric Williams<sup>5<\/sup>: De la misma manera que estos autores examinan la condici\u00f3n del esclavo como fuerza de trabajo, antes de considerar su identidad racial, Davis examina la condici\u00f3n de la esclava negra como fuerza de trabajo, antes de considerar su identidad sexual: como entidades laborales que generaban beneficios, escribe, <i>pod\u00edan carecer de g\u00e9nero<\/i>.<\/p>\n<p>En el siglo XIX, siete de cada ocho esclavos eran trabajadores, fueran hombres o mujeres (y los industriales esclavistas se serv\u00edan de hombres, mujeres y ni\u00f1os, cuando los terratenientes se los ofrec\u00edan). En este sentido, se podr\u00eda decir que exist\u00eda una igualdad de g\u00e9nero negativa, en la medida en que ambos sexos viv\u00edan las mismas condiciones de opresi\u00f3n y explotaci\u00f3n por parte del amo blanco. Por supuesto, si eran f\u00e9rtiles, las mujeres ten\u00edan una funci\u00f3n productiva adicional: daban a luz a nuevos esclavos, ni\u00f1os que pod\u00edan ser vendidos y separados de sus madres \u00abcomo se hace con los terneros de la vaca\u00bb. Pero, aparte de esto, la esclavitud, como forma econ\u00f3mica espec\u00edfica del capitalismo, ignoraba los roles que reg\u00edan las relaciones de g\u00e9nero incorporados en la ideolog\u00eda de la familia blanca del siglo XIX (los hombres en el trabajo, las mujeres en el hogar).<\/p>\n<p>Es m\u00e1s: se desalentaba la supremac\u00eda masculina en el \u00e1mbito de las comunidades de esclavos porque el sistema no admit\u00eda \u00abrupturas en la cadena de mando\u00bb que descend\u00eda de arriba abajo: amos (hombres y mujeres), supervisores y esclavos, estos \u00faltimos sin distinci\u00f3n de g\u00e9nero para no alimentar perniciosas ambiciones de mando en el hombre negro. Los n\u00facleos familiares a menudo se destru\u00edan por la fuerza, a\u00f1ade Davis, aunque hombres y mujeres intentaban desesperadamente defender sus vidas familiares dentro de los escasos m\u00e1rgenes de autonom\u00eda de los que pod\u00edan disponer y, en el marco de estas precarias vidas familiares, prevalec\u00edan las relaciones igualitarias: por ejemplo, el trabajo dom\u00e9stico se distribu\u00eda equitativamente (tambi\u00e9n en este caso se puede hablar de igualdad de g\u00e9nero negativa, en el sentido de que este trabajo representaba una carga com\u00fan que se sumaba a la agotadora de los campos).<\/p>\n<p>Igualdad tambi\u00e9n en los roles y en las formas de resistencia. Como todos los intelectuales negros radicales de los que he hablado en posts anteriores<sup>6<\/sup>, Angela Davis tambi\u00e9n subraya que, tanto en las Antillas como en las Am\u00e9ricas continentales del Norte y del Sur, las mujeres a menudo intentaban unirse a las comunidades de esclavos fugitivos (cimarrones), aunque eran capturadas m\u00e1s f\u00e1cilmente, sobre todo cuando intentaban llevarse a los ni\u00f1os. Y en las plantaciones no era raro que asesinaran a los amos con veneno y cometieran sabotajes como sus compa\u00f1eros varones. Cuando estos \u00abdelitos\u00bb eran castigados, entraba en juego la diferencia sexual. Aparte de los casos de infracciones especialmente graves, que preve\u00edan la pena de muerte tanto para hombres como para mujeres, la violaci\u00f3n era uno de los castigos m\u00e1s frecuentes para las mujeres, un acto, comenta Angela Davis, que serv\u00eda, m\u00e1s que para satisfacer los apetitos sexuales de los hombres blancos, como arma de dominaci\u00f3n y represi\u00f3n, por un lado, debilitando la voluntad de resistencia de las mujeres, y por otro, desmoralizando a los hombres.<\/p>\n<p><b>Sobre las mujeres blancas: racismo y diferencias de clase<\/b><\/p>\n<p>\u00bfReduce la abolici\u00f3n de la esclavitud la diferencia entre las mujeres de color y las mujeres blancas de clase media? Solo en una m\u00ednima parte, responde Angela Davis: mientras que un cuarto de siglo despu\u00e9s de la emancipaci\u00f3n, un gran n\u00famero de mujeres negras segu\u00edan trabajando en el campo<sup>7<\/sup>, y las pocas que hab\u00edan logrado convertirse en obreras realizaban las tareas m\u00e1s sucias y peor pagadas, la condici\u00f3n de las \u00abhermanas\u00bb blancas sufre una profunda transformaci\u00f3n: muchas de las tareas femeninas que antes se realizaban en el \u00e1mbito familiar (como el trabajo a domicilio y\/o el complejo trabajo reproductivo: fabricaci\u00f3n de objetos, tejido, horticultura, etc.) se industrializan, por lo que las mujeres se ven confinadas a las funciones reproductivas m\u00e1s \u00abbajas\u00bb y asociadas al trabajo de cuidado, es decir, se convierten en \u00abamas de casa\u00bb que ya no trabajan fuera de casa, una mutaci\u00f3n que, seg\u00fan argumenta Davis, produce \u00abuna noci\u00f3n m\u00e1s rigurosa de la inferioridad femenina\u00bb.<\/p>\n<p>El discurso es diferente para las mujeres blancas de clase media-alta: estas \u00faltimas, aunque especialmente activas en la campa\u00f1a contra la esclavitud, casi nunca estaban obligadas a trabajar por un salario, ya que eran esposas de m\u00e9dicos, abogados, jueces, comerciantes e industriales. Es en este estrato social donde toma cuerpo el movimiento sufragista que, observa Angela Davis, produce documentos \u00abprotofeministas\u00bb que proponen un an\u00e1lisis de la condici\u00f3n femenina que descuida la de todas aquellas que no pertenecen a la clase de las autoras.<\/p>\n<p>Los abolicionistas hab\u00edan cuestionado la esclavitud como una pr\u00e1ctica innoble e inmoral, sin relacionarla con su funci\u00f3n econ\u00f3mica, es decir, con el papel que hab\u00eda desempe\u00f1ado en la acumulaci\u00f3n originaria<sup>8<\/sup>, por lo que sus cr\u00edticas no se extend\u00edan al sistema capitalista; del mismo modo, escribe Davis, muchas defensoras de los derechos de la mujer consideraban el supremacismo masculino como un defecto de una sociedad por lo dem\u00e1s aceptable. Y si las mujeres trabajadoras ten\u00edan todo el derecho a comparar su condici\u00f3n con la de los esclavos, a\u00f1ade, las mujeres blancas de clase media que comparaban su servidumbre dom\u00e9stica con la de los negros afirmaban impl\u00edcitamente que la esclavitud no era, despu\u00e9s de todo, peor que el matrimonio.<\/p>\n<p>Cuando comenzaron, m\u00e1s o menos al mismo tiempo, las luchas por el derecho al voto de las mujeres y los negros, pod\u00eda parecer que la emancipaci\u00f3n hab\u00eda hecho a los antiguos esclavos iguales a las mujeres blancas, pero esta idea ocultaba la terrible precariedad asociada a la \u00ablibertad\u00bb que hab\u00eda obtenido el pueblo negro: desde la disoluci\u00f3n del sue\u00f1o de \u00abcuarenta acres de tierra y una mula\u00bb, hasta la multiplicaci\u00f3n de las manifestaciones de odio racial tanto en el Sur como en el Norte (despu\u00e9s de la instituci\u00f3n del servicio militar obligatorio en el Norte hubo revueltas en las grandes ciudades que causaron la masacre de cientos de negros, mientras que en el Sur el n\u00famero de linchamientos creci\u00f3 exponencialmente en las primeras d\u00e9cadas posteriores a la emancipaci\u00f3n), al uso sistem\u00e1tico del trabajo forzado de los presos negros (en continuo aumento incluso por delitos insignificantes: una tendencia que persiste en la actualidad) para reemplazar el trabajo de los esclavos.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed, los an\u00e1lisis hist\u00f3ricos y las reflexiones cr\u00edticas de Davis no me han parecido particularmente sorprendentes, aunque tampoco son nada obvios. Debo confesar, en cambio, que me qued\u00e9 conmocionado cuando la autora revel\u00f3 que tanto el movimiento abolicionista como el sufragista, que las feministas de hoy reivindican con orgullo entre sus ra\u00edces hist\u00f3ricas e ideol\u00f3gicas, estaban imbuidos del racismo m\u00e1s vil. En la segunda mitad del siglo XIX, recuerda Davis, entre las sufragistas y sus simpatizantes masculinos era opini\u00f3n com\u00fan que cualquiera \u2014intelectuales, pol\u00edticos, cen\u00e1culos culturales, etc.\u2014 que promoviera el sufragio femenino era \u00fatil para la causa<i>, incluso si manifestaba opiniones abiertamente racistas<\/i>. Adem\u00e1s, los abolicionistas siempre hab\u00edan sostenido que las mujeres blancas, cultas y nacidas en Estados Unidos, ten\u00edan m\u00e1s derecho a votar que los negros y los inmigrantes (hombres y mujeres), ya que estos \u00faltimos, \u00abb\u00e1rbaros\u00bb, incultos y a menudo analfabetos, no eran capaces de alimentar opiniones pol\u00edticas racionales y motivadas<sup>9<\/sup>. Angela Davis cita al respecto la autorizada opini\u00f3n de Elizabeth Cady Stanton, quien declar\u00f3 en varias ocasiones que se deber\u00eda impedir cualquier progreso para los negros si no reportaba beneficios inmediatos para las mujeres blancas.<\/p>\n<p>En particular, escribe Davis, para las feministas blancas, las \u00abhermanas\u00bb negras eran sacrificables cuando se trataba de cortejar a las mujeres blancas del Sur para recibir su apoyo pol\u00edtico para sus objetivos: as\u00ed, la campa\u00f1a por el voto de las mujeres aprovechaba el argumento de que el voto de las mujeres blancas cultas del Sur neutralizar\u00eda los efectos \u00absubversivos\u00bb de conceder el derecho de voto a los negros. Por lo tanto, se entiende por qu\u00e9 no solo las mujeres negras, sino tambi\u00e9n las trabajadoras blancas, no estaban particularmente fascinadas por la lucha por obtener un derecho de voto <i>que las hubiera hecho iguales a sus hombres explotados y sufrientes<\/i>. Adem\u00e1s, el conflicto de clase entre mujeres ten\u00eda otras razones muy v\u00e1lidas: por ejemplo, las mujeres blancas que trabajaban como empleadas dom\u00e9sticas eran inmigrantes europeas que, al igual que las antiguas esclavas, se ve\u00edan obligadas a aceptar cualquier trabajo, y sus amos de la clase media blanca \u2014incluidas las feministas\u2014 siempre han mostrado (incluso hoy en d\u00eda y no solo en Estados Unidos: v\u00e9ase m\u00e1s adelante el Ap\u00e9ndice) una fuerte reticencia a apoyar sus luchas y a reconocer sus derechos. Peor a\u00fan: en caso de huelga, las mujeres blancas de clase alta incitaban a las trabajadoras a practicar el esquirolaje, ya que consideraban que, de esta manera, <i>reforzar\u00edan su posici\u00f3n contractual como mujeres<\/i><sup>10<\/sup>. Por \u00faltimo, siempre en materia de clasismo feminista, Davis recuerda la posici\u00f3n de algunas exponentes de la movimiento en relaci\u00f3n con el tema de la anticoncepci\u00f3n: el control de la natalidad, reivindicado como un medio de las clases medias para facilitar su carrera profesional, se indicaba al mismo tiempo como un instrumento para reducir la proliferaci\u00f3n de las clases inferiores, es decir, como un derecho en el primer caso y una obligaci\u00f3n en el segundo, tambi\u00e9n para <i>evitar que el pueblo estadounidense corriera el riesgo de ser sustituido por negros y extranjeros migrantes gracias a sus altas tasas de natalidad<\/i> (\u00bfle recuerda a algo?).<\/p>\n<p>Para concluir este peque\u00f1o museo de los horrores, queda por mencionar la actitud de algunas intelectuales de la movimiento feminista estadounidense frente al fen\u00f3meno del continuo aumento del n\u00famero de negros mutilados, asesinados y\/o condenados a muerte por falsas acusaciones de violaci\u00f3n: estas almas c\u00e1ndidas no dudaron en reavivar el estereotipo de que los negros son m\u00e1s propensos a la violencia sexual, por lo que, fingiendo defender la causa de todas las mujeres, se erig\u00edan en paladinas de las mujeres blancas amenazadas por la libido negra (Davis cita al respecto el espeluznante caso de una distinguida se\u00f1ora que, ante el caso del asesinato de un ni\u00f1o de trece a\u00f1os acusado de acosar a una blanca, se las apa\u00f1a diciendo que seguro que ella ten\u00eda la culpa).<\/p>\n<p><b>Ap\u00e9ndice. Feminismo se\u00f1orial; Butler sobre la noche de Colonia; Davis sobre el salario de las trabajadoras dom\u00e9sticas.<\/b><\/p>\n<p><b>I.<\/b><\/p>\n<p>Poco antes he citado la cr\u00edtica de Angela Davis a las protofeministas estadounidenses de clase media que se han cuidado mucho de apoyar la lucha de las trabajadoras dom\u00e9sticas (negras e inmigrantes blancas) por el reconocimiento de sus derechos. Se trata de una observaci\u00f3n que no ha perdido actualidad en el mundo occidental contempor\u00e1neo, mientras que adquiere matices racistas y clasistas a\u00fan m\u00e1s evidentes en ciertos pa\u00edses latinoamericanos. Por ejemplo, mientras estaba en Ecuador investigando sobre la Revoluci\u00f3n Ciudadana de Rafael Correa, me encontr\u00e9 con un art\u00edculo de M. Cabezas Fern\u00e1ndez<sup>11<\/sup> que define el feminismo <i>se\u00f1orial<\/i> como la actitud de algunas diputadas bolivianas hacia la lucha de las trabajadoras dom\u00e9sticas de etnia ind\u00edgena. A continuaci\u00f3n, reproduzco \u00edntegramente lo que escrib\u00ed al respecto en<i> Utop\u00edas letales<\/i><sup>12<\/sup>:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">M. Cabezas Fern\u00e1ndez cuenta la lucha de las trabajadoras dom\u00e9sticas bolivianas: ind\u00edgenas confiadas a una edad temprana a familias de la burgues\u00eda blanca de la ciudad, obligadas a trabajar diecis\u00e9is horas al d\u00eda sin remuneraci\u00f3n (solo reciben comida y alojamiento), hasta que son devueltas a sus familias de origen en las mismas condiciones en que dejaron el Amazonas. Estas mujeres se organizaron en un sindicato para exigir un salario m\u00ednimo garantizado y el reconocimiento de su condici\u00f3n de trabajadoras. La lentitud con la que obtuvieron justicia se debi\u00f3 a la oposici\u00f3n de algunas parlamentarias feministas de izquierda porque: las ni\u00f1as no eran tratadas como sirvientas, sino como \u00abhijas\u00bb, y adem\u00e1s muchas familias no habr\u00edan podido pagarles. Fern\u00e1ndez contrapone a esta actitud un feminismo cr\u00edtico que no considera a las mujeres una categor\u00eda homog\u00e9nea y reconoce que la \u00absororidad\u00bb no es una condici\u00f3n natural, sino el resultado de una construcci\u00f3n pol\u00edtica que tiene en cuenta las diferencias de clase y de identidad cultural.<\/p>\n<p><b>II.<\/b><\/p>\n<p>El conocido episodio de la noche del 31 de diciembre de 2015, durante el cual una multitud de inmigrantes musulmanes invadi\u00f3 el centro de Colonia y acos\u00f3 a algunas ciudadanas alemanas que celebraban el A\u00f1o Nuevo, desencaden\u00f3 un duro enfrentamiento entre las feministas alemanas y la fil\u00f3sofa estadounidense Judith Butler, cuyo comentario sobre el acontecimiento en cuesti\u00f3n fue acusado de relativismo cultural e indulgencia hacia el machismo isl\u00e1mico. En <i>El socialismo ha muerto. Viva el socialismo<\/i><sup>13<\/sup> defend\u00ed las razones de Butler con el siguiente argumento:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Las cr\u00edticas que Butler dirige al universalismo feminista se refieren a la falta de reconocimiento: 1) del hecho de que las mujeres no son el \u00fanico segmento de la poblaci\u00f3n expuesto a condiciones de precariedad y privaci\u00f3n de derechos; 2) del hecho de que la poblaci\u00f3n que puede ser subsumida bajo la denominaci\u00f3n de minor\u00edas de g\u00e9nero y sexuales (como los miembros de las comunidades LGBTQ) est\u00e1 diferenciada internamente en t\u00e9rminos de clase, raza, religi\u00f3n, pertenencia a comunidades, ling\u00fc\u00edstica y cultural. De esta doble constataci\u00f3n, Butler deduce la siguiente consecuencia: el movimiento feminista debe desconfiar de las formas de reconocimiento p\u00fablico, sobre todo si y cuando tales reconocimientos sirven para desviar la atenci\u00f3n de la negaci\u00f3n de los derechos de otros sujetos. En resumen: si Butler habla de la necesidad, en casos como el de la noche de Colonia, de llevar adelante un discurso antisexista que sea al mismo tiempo antirracista, no lo hace para negar la gravedad del episodio, sino porque se propone investigar las v\u00edas a trav\u00e9s de las cuales \u00abla precariedad podr\u00eda operar como un lugar de alianza entre grupos de personas que, m\u00e1s all\u00e1 de ella, tienen poco en com\u00fan, o entre las cuales a veces hay incluso desconfianza o antagonismo\u00bb.<\/p>\n<p><b>III.<\/b><\/p>\n<p>A mediados de los a\u00f1os setenta, cuando estaba en Padua para completar mis estudios de Ciencias Pol\u00edticas, tuve la oportunidad de discutir con un grupo de amigas feministas lideradas por Mariarosa Dalla Costa, que teorizaban la necesidad de luchar por obtener un salario por el trabajo dom\u00e9stico. Al leer, d\u00e9cadas despu\u00e9s, el libro de Angela Davis, pude constatar que las razones por las que critica esta l\u00ednea pol\u00edtica coinciden en gran medida con las que yo plante\u00e9 entonces. Las sintetizo a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1) La regeneraci\u00f3n de la fuerza de trabajo, escribe Davis, no es parte integrante del proceso de producci\u00f3n social, sino un requisito previo. Aqu\u00ed se plantea un complejo punto te\u00f3rico que implica la subsunci\u00f3n progresiva de todos los aspectos de la vida social, incluida la regeneraci\u00f3n de la fuerza de trabajo, bajo el proceso de valorizaci\u00f3n del capital (v\u00e9anse al respecto las tesis de Nancy Fraser<sup>14<\/sup>). Se trata de una cuesti\u00f3n que no puedo profundizar aqu\u00ed, porque requerir\u00eda una discusi\u00f3n muy amplia. Me limito a observar que el punto de vista de Davis se refiere al proceso de producci\u00f3n social en general, mientras que el de Fraser se refiere espec\u00edficamente al proceso de producci\u00f3n capitalista en su fase avanzada de terciarizaci\u00f3n del trabajo. Por lo tanto, el dilema es el siguiente: \u00bfla colonizaci\u00f3n capitalista de todos los mundos vitales y la consiguiente monetizaci\u00f3n de todas las actividades humanas es un hecho que hay que aceptar (Fraser) o es justo oponerse a ella (Davis)?<\/p>\n<p>2) En la medida en que opta por rechazar la subsunci\u00f3n capitalista de los mundos vitales, Angela Davis considera la reivindicaci\u00f3n del salario en el trabajo dom\u00e9stico una forma de adaptaci\u00f3n a la l\u00f3gica interna del capitalismo, y por lo tanto lo juzga como un movimiento pol\u00edtico contraproducente en la perspectiva de una oposici\u00f3n antagonista al sistema (se trata, por lo tanto, de una cr\u00edtica similar a la dirigida a los abolicionistas y a las feministas -v\u00e9ase m\u00e1s arriba- cuando estos adoptan actitudes que, mientras rechazan moralmente ciertas injusticias, dan a entender que, una vez que se hayan eliminado, el sistema puede aceptarse tal cual).<\/p>\n<p>3) Angela Davis se pregunta cu\u00e1ntas mujeres estar\u00edan realmente dispuestas a ocuparse para siempre de las tareas dom\u00e9sticas con tal de obtener un salario. Las mujeres que trabajan en el servicio dom\u00e9stico son las que saben por experiencia propia lo que significa tener un salario a cambio del trabajo dom\u00e9stico, una conciencia que evidentemente les falta a las mujeres de clase media que plantean esta reivindicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4) En lugar de un salario por el trabajo dom\u00e9stico, sostiene Davis, ser\u00eda mejor reivindicar su industrializaci\u00f3n, creando una serie de servicios p\u00fablicos accesibles para las clases trabajadoras.<\/p>\n<p><b>Notas<\/b><\/p>\n<p><sup>1<\/sup> K. Ochieng Okoth, <i>Red Africa, <\/i>Meltemi, Mil\u00e1n 2024.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> La lista de l\u00edderes de gobiernos y movimientos de liberaci\u00f3n derrocados o asesinados por agentes del imperialismo occidental es interminable (Lumumba, Cabral, Nkrumah, etc.). Lo mismo puede decirse de los l\u00edderes de los movimientos negros radicales en Am\u00e9rica (Malcolm X, Carmichael, Rodney, etc.).<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> V\u00e9anse en particular los cap\u00edtulos dedicados a la cr\u00edtica del afropesimismo 2.0 y de los te\u00f3ricos poscoloniales en K. O. Okoth, op. cit.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> A Davis, <i>Mujeres, raza y clase<\/i>, Madrid, Akal, 2018.<\/p>\n<p><sup>5<\/sup> V\u00e9ase E. Williams, <i>Capitalism and Slavery, <\/i>University of North Carolina Press 1944-1994.<\/p>\n<p><sup>6<\/sup> Adem\u00e1s del de E. Williams, v\u00e9anse las entradas sobre Am\u00edlcar Cabral, William Du Bois, George Padmore, Walter Rodney, Cedric Robinson y C. L. R. James.<\/p>\n<p><sup>7<\/sup> Sobre el desvanecimiento del sue\u00f1o de un trabajo decente (cuarenta acres de tierra y un mulo) inmediatamente despu\u00e9s de la emancipaci\u00f3n, v\u00e9anse los relatos de W. Du Bois sobre la condici\u00f3n de mujeres y hombres reducidos a trabajar como peones en condiciones no muy mejores que las de los esclavos de anta\u00f1o (<i>Les \u00e2mes du peuple noir, <\/i>Editions Rue d&#8217;Ulm, Par\u00eds 2004).<\/p>\n<p><sup>8<\/sup> V\u00e9ase K. Marx, <i>El Capital, <\/i>Libro I, cap. XXIV, \u00abLa llamada acumulaci\u00f3n originaria\u00bb.<\/p>\n<p><sup>9<\/sup> Con los mismos argumentos, las actuales \u00e9lites burguesas de los pa\u00edses occidentales (sin distinci\u00f3n entre derecha e izquierda) arremeten contra los votantes \u00abincultos\u00bb que \u00abvotan mal\u00bb.<\/p>\n<p><sup>10<\/sup> Tambi\u00e9n en este caso encontramos una correspondencia con la actitud actual de ciertas \u00e9lites feministas de clase media-baja que anteponen sus propios intereses profesionales a cualquier motivaci\u00f3n pol\u00edtico-ideol\u00f3gica.<\/p>\n<p><sup>11<\/sup> M. C. Fern\u00e1ndez, \u00ab19 a\u00f1os de lucha por la ley 11 en el parlamento\u00bb, <i>Iconos, <\/i>n.\u00ba 44, septiembre de 2012.<\/p>\n<p><sup>12<\/sup> C. Formenti, <i>Utopie letali, <\/i>Jaka Book, Mil\u00e1n 2013.<\/p>\n<p><sup>13<\/sup> C. Formenti, <i>Il socialismo \u00e8 morto. Viva il socialismo,<\/i> Meltemi, Mil\u00e1n 2019.<\/p>\n<p><sup>14<\/sup> V\u00e9ase N. Fraser, <i>Fortune of Feminism<\/i>; Verso, Nueva York 2013; v\u00e9ase tambi\u00e9n <i>Capitalism <\/i>(con R. Jaeggi), Polity Press, Cambridge 2018.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Per un socialismo del secolo XXI<\/em> (blog del autor), 7 de marzo de 2025 (<a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/03\/ancora-sul-marxismo-nero-angela-davis.html\">https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/03\/ancora-sul-marxismo-nero-angela-davis.html<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estimulado por la traducci\u00f3n del libro de K. 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