{"id":17864,"date":"2025-05-19T05:00:15","date_gmt":"2025-05-19T04:00:15","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17864"},"modified":"2025-05-19T04:11:27","modified_gmt":"2025-05-19T03:11:27","slug":"releyendo-a-marx-notas-sobre-los-libros-ii-y-iii-de-el-capital","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17864","title":{"rendered":"Releyendo a Marx. Notas sobre los libros II y III de <i>El Capital<\/i>"},"content":{"rendered":"<p><em>Presentamos en una \u00fanica entrada las cinco publicaciones del autor en su blog en las que realiza una relectura de los Libros II y III de <\/em>El Capital<em>.<\/em><\/p>\n<h3>1. Presentaci\u00f3n del recorrido de investigaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Estudiar el Libro I de <i>El Capital <\/i>es una empresa menos abstrusa de lo que afirman los detractores de Marx. Porque revela los arcanos de la econom\u00eda capitalista de una manera clara y comprensible incluso para los no iniciados, y porque la reflexi\u00f3n te\u00f3rica se alterna con incisos literariamente disfrutables, en los que an\u00e1lisis, narraci\u00f3n hist\u00f3rica, chistes y citas \u00abcl\u00e1sicas \u2014no pocas veces b\u00edblicas, como ha destacado un conocido te\u00f3logo de la liberaci\u00f3n<sup>1<\/sup>\u2014 animan la lectura. Lo mismo no vale para los Libros II y III que, al igual que ciertas partes de los <i>Grundrisse, <\/i>exigen al lector un esfuerzo de comprensi\u00f3n (y a menudo de paciencia, sobre todo en las p\u00e1ginas llenas de esquemas y f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas) mucho mayor.<\/p>\n<p>No es casualidad que, cuando un exponente de alg\u00fan partido o movimiento que se proclama marxista (aunque pertenezca al c\u00edrculo de los m\u00e1s cultos, o incluso de los intelectuales de profesi\u00f3n) declara haber estudiado <em>El C<\/em><i>apital, <\/i>es l\u00edcito sospechar que su afirmaci\u00f3n se refiere al Libro I y, en el mejor de los casos, a algunas partes del II y del III. Mentir\u00eda si no reconociera que lo que acabo de decir tambi\u00e9n se aplica a quien esto firma: hasta hace poco, mis prop\u00f3sitos de estudiar en su totalidad la obra fundamental de Marx casi siempre se hab\u00edan topado con la dificultad de sacar el tiempo y la energ\u00eda necesarios de otras obligaciones.<\/p>\n<p>Finalmente, me vi obligado a taponar esta brecha, por un lado, por la necesidad de comprender mejor la din\u00e1mica de la crisis que el capitalismo mundial est\u00e1 experimentando desde principios de la d\u00e9cada de 2000 (en realidad desde los a\u00f1os setenta del siglo XX, pero con modalidades menos claras y evidentes que las actuales) y sus efectos geopol\u00edticos (a partir del riesgo inminente de un Tercer Guerra Mundial), por otro lado, de las cr\u00edticas a ciertos dogmas incrustados en el conjunto ideol\u00f3gico de la tradici\u00f3n marxista (en primer lugar occidental). Me refiero, en particular, a las planteadas por el \u00faltimo Lukacs, a quien, como he escrito en varias ocasiones<sup>2<\/sup>, considero el mayor fil\u00f3sofo marxista del siglo XX, y por otros autores, a menudo exponentes de culturas del Sur del mundo, pero no solo (nombrarlos a todos ser\u00eda dispersivo, por lo que remito a la lista sint\u00e9tica en nota) <sup>3<\/sup>.<\/p>\n<p>Dicho esto, a continuaci\u00f3n enumero las preguntas para las que he buscado, si no respuestas, al menos pistas sobre los caminos a seguir para encontrarlas, integrando mis lecturas, hasta ahora espor\u00e1dicas e incompletas, de los Libros II y III de El <i>capital<\/i>:<\/p>\n<p>1) Los marxistas llevan m\u00e1s de un siglo anunciando peri\u00f3dicamente que el modo de producci\u00f3n capitalista ha entrado en su fase \u00abterminal\u00bb, \u00absuprema\u00bb, etc., hasta el punto de que Giorgio Ruffolo, ironizando sobre las precisas desmentidas hist\u00f3ricas a las que se han enfrentado estas afirmaciones, titul\u00f3 simp\u00e1ticamente uno de sus libros<i> Il capitalismo ha i secoli contati<\/i><sup>4<\/sup>. A partir de este hecho, me pregunt\u00e9: \u00bfno se basan las profec\u00edas mencionadas en la afirmaci\u00f3n de Marx de que \u00abel l\u00edmite del capital es el capital mismo\u00bb<sup>5<\/sup>, tesis que, a su vez, remite al llamado ley del descenso tendencial de la tasa de ganancia, as\u00ed como al concepto de contradicci\u00f3n entre fuerzas productivas y relaciones de producci\u00f3n (el capitalismo, llegado a un cierto grado de desarrollo, ya no ser\u00eda capaz de llevar a cabo su \u00abmisi\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb, que es precisamente la de desarrollar las fuerzas productivas m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites que caracterizan a las formas de producci\u00f3n anteriores). Dicho de otro modo: \u00bfno existe un l\u00edmite inherente al an\u00e1lisis marxiano que podr\u00edamos definir con el t\u00e9rmino economicismo objetivista?<\/p>\n<p>2) Ya nadie se atreve a negar que la idea de que el modo de producci\u00f3n capitalista, en su camino hacia la subordinaci\u00f3n\/integraci\u00f3n de todas las formas sociales anteriores, habr\u00eda llegado \u2014en ausencia de una revoluci\u00f3n socialista\u2014 a generar un mundo unificado, compuesto casi exclusivamente por capitalistas y obreros, ha resultado err\u00f3nea. No solo las formas sociales precapitalistas (o m\u00e1s bien no capitalistas: tendremos ocasi\u00f3n de discutir sobre ese prefijo \u00abpre\u00bb), han resultado ser mucho m\u00e1s resistentes de lo que Marx imaginaba, sino que dentro de las mismas sociedades industriales avanzadas la estratificaci\u00f3n de clases ha crecido enormemente en comparaci\u00f3n con la \u00e9poca en que \u00e9l escribi\u00f3, hasta el punto de que el proletariado industrial (en todos los pa\u00edses occidentales) aparece ahora como una minor\u00eda relativa. \u00bfC\u00f3mo explicar el fen\u00f3meno, pero sobre todo c\u00f3mo interpretar sus efectos en relaci\u00f3n con la definici\u00f3n de un proyecto revolucionario?<\/p>\n<p>3) La otra gran desviaci\u00f3n de la realidad hist\u00f3rica con respecto a las previsiones de Marx (estrechamente entrelazada con la anterior) es la relativa al papel de la clase obrera de los pa\u00edses industrializados avanzados como sepulturera del capitalismo, pero sobre todo al hecho de que solo en estos \u00faltimos existir\u00edan las condiciones \u00abobjetivas\u00bb favorables a una revoluci\u00f3n socialista. Como es sabido, todas las revoluciones socialistas se han producido en los pa\u00edses \u00abatrasados\u00bb del Sur del mundo y han tenido como protagonista principal, si no \u00fanico, a las amplias masas campesinas (definidas en varias ocasiones como \u00abb\u00e1rbaras\u00bb por Marx, que consideraba su expropiaci\u00f3n y transformaci\u00f3n en trabajadores asalariados como uno de los aspectos m\u00e1s positivos de la misi\u00f3n \u00abcivilizadora\u00bb del capitalismo). Por lo tanto, deben releerse y profundizarse, tanto en el plano econ\u00f3mico como en el social, cultural y pol\u00edtico, las relaciones entre el modo de producci\u00f3n capitalista y los dem\u00e1s modos de producci\u00f3n, tanto en sus relaciones mutuas como en su evoluci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>4) Algunos marxistas \u00abortodoxos\u00bb resuelven el contradicci\u00f3n reci\u00e9n descrita negando el car\u00e1cter socialista de las revoluciones nacidas de las luchas de liberaci\u00f3n nacional del Tercer Mundo. Prefieren permanecer fieles al enfoque economicista\/objetivista (v\u00e9ase m\u00e1s arriba) que indica en la socializaci\u00f3n progresiva del proceso productivo, en su creciente dependencia del <i>general intellect, <\/i>en la despersonalizaci\u00f3n de las funciones de dise\u00f1o, direcci\u00f3n y coordinaci\u00f3n del ciclo capitalista, as\u00ed como en el proceso de creciente centralizaci\u00f3n de los capitales, los principales, si no los \u00fanicos, presupuestos del tr\u00e1nsito al socialismo. En otras palabras, ignoran el papel del factor subjetivo (la autonom\u00eda de lo pol\u00edtico) como factor de ruptura, de discontinuidad radical del flujo \u00abnormal\u00bb de la historia. En lugar de explicar la incompatibilidad entre los socialismos existentes concreta y hist\u00f3ricamente con el modelo ideal original, y de ponerse a trabajar para reformular la teor\u00eda de la transici\u00f3n al socialismo, se adhieren a los conceptos (\u00a1elaborados a finales del siglo XIX!) contenidos en la <i>Cr\u00edtica al programa de Gotha<\/i><sup>6<\/sup>. Por cierto, como veremos, los Libros II y III de <i>El Capital<\/i> est\u00e1n llenos de referencias a las caracter\u00edsticas de la futura sociedad socialista, hasta el punto de desmentir la supuesta prudencia de Marx al tratar el tema.<\/p>\n<p>5) Siguiendo con el tema de la visi\u00f3n de la historia: algunos conceptos citados en los puntos anteriores \u2014la \u00abmisi\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb del capitalismo, el uso del prefijo temporal pre (precapitalista) para definir las formas de producci\u00f3n no capitalistas, la supuesta tarea \u00abcivilizadora\u00bb del capitalismo, la llamada \u00abbarbarie\u00bb de las clases campesinas, etc.\u2014 son indicadores inequ\u00edvocos de un punto de vista euroc\u00e9ntrico (Europa como destino del proceso hist\u00f3rico mundial) extremado por la mayor\u00eda de los sucesores y disc\u00edpulos de Marx. Una visi\u00f3n claramente influenciada por el liberal-burgu\u00e9s iluminismo, progresismo y evolucionismo (en Marx mediado por la filosof\u00eda hegeliana, en los ep\u00edgonos dedicados a la b\u00fasqueda de la \u00abpureza cient\u00edfica\u00bb de la teor\u00eda<sup>7<\/sup> inspirados en los principios positivistas y\/o estructuralistas). Las huellas de este \u00abr\u00e9gimen narrativo\u00bb, que Costanzo Preve define como inmanentista y teleol\u00f3gico<sup>8<\/sup>, est\u00e1n, como veremos, ampliamente presentes en los Libros II y III de <i>El Capital<\/i>.<\/p>\n<p>6) Se ha observado que en <i>El Capital<\/i> el an\u00e1lisis va de lo abstracto a lo concreto: en el Libro I se tratan categor\u00edas muy generales como mercanc\u00eda, valor de uso, valor de cambio, plusval\u00eda, etc. mientras que en los Libros II y III se describen las formas fenomenol\u00f3gicas en las que estas categor\u00edas se encarnan y aparecen ante la conciencia del hombre com\u00fan: capital productivo, capital comercial, capital bancario; el beneficio se divide en beneficio, inter\u00e9s y renta; a continuaci\u00f3n, rotaci\u00f3n del capital, crisis, competencia, monopolio, etc. Todo esto es innegable si se observa desde el punto de vista de la progresiva revelaci\u00f3n de las modalidades de funcionamiento del capital (primero las leyes abstractas que lo rigen, luego los fen\u00f3menos en los que se manifiestan dichas leyes, finalmente el retorno a las leyes \u00abrevestidas\u00bb de su complejidad fenomenol\u00f3gica). Queda la pregunta: \u00bfpor qu\u00e9 la lectura del Libro I resulta m\u00e1s f\u00e1cil y apasionante? Mi hip\u00f3tesis es que, mientras esta primera secci\u00f3n relata \u00aben directo\u00bb los or\u00edgenes del modo de producci\u00f3n: la acumulaci\u00f3n originaria, la destrucci\u00f3n de las clases campesinas y artesanales, su resistencia y su reducci\u00f3n a obreros asalariados, etc., las secciones siguientes describen la \u00abconcretizaci\u00f3n\u00bb (en el sentido expuesto anteriormente) de las complejas articulaciones de la m\u00e1quina social del capitalismo, un proceso que se presenta como la objetivaci\u00f3n de los sujetos vivos que lo \u00abpersonifican\u00bb: la clase obrera desaparece, en la medida en que aparece integrada como funci\u00f3n, capital variable privado de atributos humanos y, de la misma manera \u2014v\u00e9anse los cap\u00edtulos dedicados a la renta de la tierra\u2014, desaparece la tierra, la otra \u00ab mercanc\u00eda ficticia que, al igual que la fuerza de trabajo, parece reducida a un mero objeto, una \u00abcosa\u00bb, que al no ser producto del trabajo no tiene ning\u00fan valor (aunque el derecho burgu\u00e9s la hace monopolizable y, por tanto, enajenable). \u00bfNo est\u00e1 claro que solo se sale de esta \u00abdesnaturalizaci\u00f3n\u00bb de la tierra y el trabajo trascendiendo (he aqu\u00ed la gran intuici\u00f3n de Lenin) las relaciones inmediatas de producci\u00f3n para alcanzar la dimensi\u00f3n de la lucha pol\u00edtica por el poder?<\/p>\n<p>7) El recorrido que propongo a los lectores de este blog no incluye un comentario directo a los esquemas de reproducci\u00f3n simple y ampliada contenidos en el Libro II. No tanto y no solo por mis escasas competencias l\u00f3gico-matem\u00e1ticas, sino sobre todo porque prefiero abordar el tema a partir de la interpretaci\u00f3n cr\u00edtica que de \u00e9l hizo Rosa Luxemburg<sup>9<\/sup>. Su enfoque de esta secci\u00f3n de <i>El Capital, <\/i>junto con el de Paul Baran y Paul Sweezy<sup>10<\/sup>, ofrece, de hecho, ideas decisivas para comprender las causas profundas de la amenaza de guerra que se cierne sobre nuestras cabezas, en la medida en que permiten comprender la naturaleza del imperialismo a\u00fan m\u00e1s profundamente de lo que lo han hecho Lenin y otros autores m\u00e1s recientes.<\/p>\n<p>El recorrido de investigaci\u00f3n que acabamos de describir se dividir\u00e1 en seis partes que no seguir\u00e1n la sucesi\u00f3n de las preguntas anteriores (que surgir\u00e1n transversalmente en cada parte), sino que tratar\u00e1n, en orden, 1) la historia y el papel del capital comercial y del capital financiero (capital para el comercio de dinero) en sus relaciones con el capital industrial; 2) el ensayo de la ganancia, la centralizaci\u00f3n del capital y la crisis; 3) la socializaci\u00f3n de los procesos de producci\u00f3n (el capital como potencia social) como requisito previo para la transici\u00f3n al socialismo; 4) las relaciones rec\u00edprocas entre el modo de producci\u00f3n capitalista y otros modos de producci\u00f3n; 5) la desnaturalizaci\u00f3n de la tierra y el trabajo vivo (integraci\u00f3n de la clase obrera); 6) cuestiones de m\u00e9todo (historicismo y evolucionismo). Seguir\u00e1 una \u00faltima entrega sobre la acumulaci\u00f3n de capital seg\u00fan Luxemburg y sobre el capital monopol\u00edstico seg\u00fan Baran y Sweezy, con el objetivo de profundizar en la teor\u00eda del imperialismo. Cada entrega ir\u00e1 precedida de una serie de citas extra\u00eddas de pasajes del Libro II y del Libro III (sin respetar el orden de los temas de los textos originales), seguidas de un comentario. Se trata de un enfoque claramente criticable desde el punto de vista acad\u00e9mico, pero quien escribe no tiene ambiciones de respetabilidad acad\u00e9mica.<\/p>\n<h3>2. Sobre las relaciones entre el modo de producci\u00f3n capitalista y otras formas sociales<\/h3>\n<p><b>Advertencia<\/b>:<i> los corchetes contienen aclaraciones o a\u00f1adidos del autor. Por el contrario, los t\u00e9rminos en cursiva son de los autores citados, salvo excepciones expresamente se\u00f1aladas.<\/i><\/p>\n<p>Seg\u00fan Marx, la forma de mercanc\u00eda que tienden a adoptar los productos del trabajo humano a medida que se desarrollan las fuerzas productivas, hasta generar un excedente con respecto a las necesidades de consumo inmediato, y las relaciones sociales (intercambio mercantil) que se derivan de ello, no deben clasificarse \u00fanicamente entre los <i>supuestos<\/i> del nacimiento del modo de producci\u00f3n capitalista, sino que representan tambi\u00e9n y sobre todo los <i>agentes<\/i> que permiten a este \u00faltimo asimilar e integrar todas las formas sociales con las que entra en contacto. Ambas funciones se discuten ampliamente tanto en el Libro II como en el Libro III de <em>El Capital<\/em>.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo XX del Libro III leemos: \u00abSea cual sea el modo de producci\u00f3n sobre cuya base se producen los productos que entran como mercanc\u00edas en la circulaci\u00f3n \u2014la comunidad primitiva o la producci\u00f3n esclavista, la producci\u00f3n por parte de peque\u00f1os campesinos y peque\u00f1os artesanos o la producci\u00f3n capitalista\u2014, esto no cambia en nada su car\u00e1cter de mercanc\u00edas; y como mercanc\u00edas deben pasar por el proceso de intercambio y los cambios de forma [es decir, M-D y D-M] que lo acompa\u00f1an\u00bb (pp. 411-412).<\/p>\n<p>El mismo concepto se explica de forma m\u00e1s amplia y detallada en el cap\u00edtulo IV del libro II: \u00abEl ciclo del capital industrial, ya sea como capital dinero o como capital mercanc\u00eda, se cruza con la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas de los m\u00e1s diversos modos de producci\u00f3n social, en la medida en que esta es al mismo tiempo producci\u00f3n de mercanc\u00edas. Sean las mercanc\u00edas producto de un modo de producci\u00f3n basado en la esclavitud, o de campesinos (chinos, <i>ryots<\/i> indios), o de comunidades (Indias Orientales Holandesas), o de una producci\u00f3n estatal (como, sobre la base de la servidumbre de la gleba, se presenta en \u00e9pocas pasadas de la historia rusa), o de pueblos cazadores semisalvajes, etc., como mercanc\u00edas y dinero se enfrentan al dinero y a las mercanc\u00edas en las que se representa el capital industrial, y entran tanto en el ciclo de este \u00faltimo como en el ciclo de la plusval\u00eda de la que es depositario el capital mercanc\u00eda, en cuanto se gasta como renta; por lo tanto, entran en ambas ramas de la circulaci\u00f3n del capital mercanc\u00eda. El car\u00e1cter del proceso de producci\u00f3n del que proceden es totalmente indiferente; como mercanc\u00edas, funcionan en el mercado, como mercanc\u00edas entran tanto en el ciclo del capital industrial como en la circulaci\u00f3n de la plusval\u00eda contenida en \u00e9l (p. 141).<\/p>\n<p>Notemos, de paso, que la referencia a la producci\u00f3n estatal, aqu\u00ed referida a \u00ab\u00e9pocas pasadas de la historia rusa\u00bb, podr\u00eda referirse hoy a las mercanc\u00edas producidas por las empresas estatales chinas o de otros pa\u00edses socialistas, lo que m\u00e1s adelante nos obligar\u00e1 a reflexionar sobre las implicaciones pol\u00edticas de su integraci\u00f3n en el mercado mundial. Dicho esto, la consecuencia inmediata del pasaje que acabamos de citar es que, como leemos en la p\u00e1gina siguiente, si es cierto que el modo de producci\u00f3n capitalista est\u00e1 condicionado por modos de producci\u00f3n existentes fuera de su nivel de desarrollo, es igualmente cierto que \u00absu tendencia es, en la medida de lo posible, convertir toda producci\u00f3n en producci\u00f3n de mercanc\u00edas; su medio principal para ello es precisamente atraerlas a su propio proceso de circulaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Muchas de las reflexiones cr\u00edticas que desarrollar\u00e9 a lo largo de este recorrido se basar\u00e1n en la rendija metodol\u00f3gica que ese \u00aben la medida de lo posible\u00bb abre al determinismo que parece inspirar aqu\u00ed el razonamiento de Marx (rendija que, como he argumentado en otra parte<sup>11<\/sup>, ha sido utilizado por autores como Costanzo Preve<sup>12<\/sup> y Gyorgy Luk\u00e1cs<sup>13<\/sup> para contestar las interpretaciones teleol\u00f3gicas de la concepci\u00f3n marxiana de la historia). Aqu\u00ed, sin embargo, debemos limitarnos a tomar nota de que Marx nos dice que la mercanc\u00eda act\u00faa como m\u00ednimo com\u00fan denominador, desempe\u00f1a el papel de un \u00ablenguaje universal\u00bb capaz de poner en relaci\u00f3n los modos de producci\u00f3n m\u00e1s diversos entre s\u00ed.<\/p>\n<p>A primera vista, esta pertenencia com\u00fan de los modos de producci\u00f3n al \u00e1mbito del intercambio mercantil no deber\u00eda implicar necesariamente el predominio de uno de ellos sobre todos los dem\u00e1s. Pero para Marx no es as\u00ed: en cuanto la mercanc\u00eda se convierte en <i>capital-mercanc\u00eda<\/i>, se transforma en un \u00e1cido corrosivo que lo disuelve todo: \u00abA medida que se desarrolla [la producci\u00f3n capitalista de mercanc\u00edas], ejerce efectos desintegradores y disolventes sobre todas las formas anteriores de producci\u00f3n, que, al tener como objetivo principal las necesidades personales inmediatas, solo transforman en mercanc\u00eda el excedente del producto\u00bb (Libro II, cap. I, p. 59). En pocas palabras, lo que determina la diferencia \u2014as\u00ed como el dominio del modo de producci\u00f3n capitalista sobre todas las dem\u00e1s formas sociales\u2014 es, por un lado, el car\u00e1cter limitado de la producci\u00f3n simple de mercanc\u00edas (propia de las sociedades en las que solo el producto que excede la necesidad personal inmediata se convierte en mercanc\u00eda) y, por otro, el car\u00e1cter ilimitado de la producci\u00f3n capitalista de mercanc\u00edas, es decir, de un sistema social en el que el capital-mercanc\u00eda debe transformarse \u00edntegramente en beneficio so pena de la supervivencia del sistema.<\/p>\n<p>Atenci\u00f3n: no es la <i>forma mercanc\u00eda<\/i> <i>como tal<\/i> la que desempe\u00f1a la funci\u00f3n disolvente que acabamos de describir (afirmarlo equivaldr\u00eda a atribuirle un poder metaf\u00edsico), sino la <i>mercanc\u00eda capital,<\/i> es decir, la mercanc\u00eda <i>transfigurada por el proceso hist\u00f3rico de desarrollo del capitalismo<\/i>. En el origen de este proceso se encuentra el capital mercantil: \u00abcuanto menos desarrollada est\u00e1 la producci\u00f3n, m\u00e1s se concentra el patrimonio monetario en manos de los comerciantes o aparece como forma espec\u00edfica del patrimonio comercial\u00bb (Libro III, cap. XX, p. 413). Y poco m\u00e1s abajo: \u00absu existencia [del capital mercantil] y su desarrollo hasta cierto nivel son, en efecto, la premisa hist\u00f3rica del desarrollo del modo de producci\u00f3n capitalista, 1) como presupuesto de la concentraci\u00f3n de patrimonios monetarios, 2) porque el modo de producci\u00f3n capitalista postula la producci\u00f3n para el comercio, la venta al por mayor y no a clientes individuales\u00bb (ib\u00eddem). Pero esto no basta por s\u00ed solo para garantizar el paso de un modo de producci\u00f3n a otro. Es cierto que \u00abel capital debe formarse en el proceso de circulaci\u00f3n antes de aprender a dominar sus extremos, las diferentes esferas de la producci\u00f3n entre las que la circulaci\u00f3n sirve de mediadora\u00bb (Libro III, cap. XX, p. 415), pero para que puedan existir las esferas de producci\u00f3n (capitalista) en cuesti\u00f3n, es necesario que, a medida que cada producto cae en manos de los agentes de la circulaci\u00f3n, esta fuerza centr\u00edpeta del capital mercantil produzca sus efectos, que consisten, como se ha anticipado anteriormente, en la tendencia a convertir toda producci\u00f3n en producci\u00f3n de mercanc\u00edas, lo que implica <i>la transformaci\u00f3n de todos los productores inmediatos en obreros asalariados.<\/i><\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo XXIV del Libro I, en el que analiza la acumulaci\u00f3n primitiva, Marx describe la crueldad con la que el capitalismo procede a la separaci\u00f3n de los productores inmediatos de sus medios de producci\u00f3n y a su transformaci\u00f3n en obreros asalariados. Pero en los Libros II y III se da por sentado que este proceso ya se ha completado, es decir, se supone \u00ab que las leyes del modo de producci\u00f3n capitalista se desarrollan <i>en estado puro<\/i>\u00bb, aunque Marx admite que, en realidad, \u00absiempre existe solo una aproximaci\u00f3n; pero esta aproximaci\u00f3n es tanto mayor cuanto m\u00e1s se ha desarrollado el modo de producci\u00f3n capitalista y cuanto m\u00e1s limitada es su adulteraci\u00f3n y mezcla con supervivencias de estados econ\u00f3micos anteriores\u00bb (Libro III, cap. X, p. 227).<\/p>\n<p>Una vez agotada la fase de acumulaci\u00f3n primitiva, el modo de producci\u00f3n se basa cada vez menos en la apropiaci\u00f3n salvaje del plusproducto social para asumir su forma \u00abpura\u00bb y completa: \u00abel capital industrial es la \u00fanica forma de existencia del capital en la que la funci\u00f3n de este \u00faltimo no consiste \u00fanicamente en la apropiaci\u00f3n de plusval\u00eda, es decir, de plusproducto, sino, al mismo tiempo, en su creaci\u00f3n. Por lo tanto, determina el car\u00e1cter capitalista de la producci\u00f3n; su existencia implica la de la ant\u00edtesis de clase entre capitalistas y asalariados. En la medida en que se apodera de la producci\u00f3n social, la t\u00e9cnica y la organizaci\u00f3n social del proceso de trabajo y, con ellas, el tipo hist\u00f3rico-econ\u00f3mico de la sociedad se revolucionan. Las dem\u00e1s especies de capital no solo se subordinan a \u00e9l y se modifican en consecuencia en el mecanismo de sus funciones, sino que ya no se mueven m\u00e1s que sobre sus bases, junto con las cuales viven y se mueven, se mantienen y caen. El capital dinero y el capital mercanc\u00eda (&#8230;) no son ya m\u00e1s que modos de existencia \u2014autonomizados y desarrollados unilateralmente como exponentes de ramas de negocio propias\u2014 de las diversas formas de funcionamiento que el capital industrial reviste ahora y deposita en la esfera de la circulaci\u00f3n\u00bb (Libro II, Cap. I, p. 79). Al proceso que acabamos de describir pertenece la liquidaci\u00f3n progresiva de los peque\u00f1os capitalistas, que se presenta como una \u00abseparaci\u00f3n a la segunda potencia\u00bb de las condiciones de trabajo de los productores, en la medida en que, para estos sujetos, \u00abel trabajo personal sigue desempe\u00f1ando un papel\u00bb (Libro III, cap. XV, p. 315).<\/p>\n<p>El modelo te\u00f3rico que se desprende de las citas que hemos extra\u00eddo de los libros II y III de <em>El Capital<\/em> parecer\u00eda justificar la tesis seg\u00fan la cual Marx habr\u00eda concebido una visi\u00f3n prof\u00e9tica del desarrollo futuro del modo de producci\u00f3n capitalista, consider\u00e1ndolo destinado a culminar en su propia mundializaci\u00f3n sin residuos, caracterizada por la disoluci\u00f3n integral de todos los dem\u00e1s modos de producci\u00f3n y por el ocaso de sus sistemas de relaci\u00f3n social, progresivamente sustituidos por la relaci\u00f3n hegem\u00f3nica, si no exclusiva, entre el capital y el trabajo asalariado. Este punto de vista encuentra su legitimaci\u00f3n en aquellos pasajes del <i>Manifiesto<\/i> de 1848 que exaltan la funci\u00f3n \u00abcivilizadora\u00bb del modo de producci\u00f3n capitalista, en la medida en que su energ\u00eda \u00abrevolucionaria\u00bb subvierte todas las relaciones econ\u00f3micas, pol\u00edticas y sociales, as\u00ed como todos los valores civiles, religiosos y culturales de las formas sociales tradicionales (definidas como b\u00e1rbaras o semib\u00e1rbaras), sac\u00e1ndolas de su \u00abletargo\u00bb secular y ampliando desmesuradamente las filas de los trabajadores asalariados, futuros sepultureros de toda forma de dominaci\u00f3n, opresi\u00f3n y explotaci\u00f3n del hombre sobre el hombre.<\/p>\n<p>Si nos aferramos a esta interpretaci\u00f3n (como ha hecho, por otra parte, buena parte de la tradici\u00f3n marxista occidental)<sup>14<\/sup>, obtendr\u00edamos la imagen de un Marx euroc\u00e9ntrico, condicionado por los paradigmas del evolucionismo y la Ilustraci\u00f3n burguesa progresista, o de lo que podr\u00edamos definir, con Costanzo Preve, un Marx atrapado en los reg\u00edmenes narrativos \u00abdeterministas-naturalistas\u00bb y \u00abgran narrativos\u00bb<sup>15<\/sup>. Ahora bien, no se puede negar que Marx, en consonancia con su conocida met\u00e1fora seg\u00fan la cual es la naturaleza humana la que ofrece la clave interpretativa de la naturaleza del mono, dijo que el pa\u00eds industrialmente m\u00e1s desarrollado no hace m\u00e1s que mostrar al menos desarrollado la imagen de su futuro, sin embargo, Baran y Sweezy, al citar esta afirmaci\u00f3n<sup>16<\/sup>, se\u00f1alan acertadamente que debe entenderse en el sentido de que los dem\u00e1s pa\u00edses europeos habr\u00edan seguido el camino trazado por Inglaterra, m\u00e1s que como una profec\u00eda sobre el futuro mundial. Pero, sobre todo, no hay que olvidar que en estas p\u00e1ginas Marx describe un <i>proceso tendencial<\/i> y no un <i>destino<\/i> y, como veremos m\u00e1s adelante, siempre est\u00e1 atento a analizar las contratendencias que pueden desviar el curso de la historia hacia direcciones in\u00e9ditas.<\/p>\n<p>De hecho, con la excepci\u00f3n del an\u00e1lisis del papel desempe\u00f1ado por el saqueo de los pueblos colonizados por las metr\u00f3polis capitalistas en la acumulaci\u00f3n primitiva, contenido en las partes finales del Libro I, Marx no ampli\u00f3, salvo por algunos indicios epis\u00f3dicos, su modelo te\u00f3rico hasta abarcar tanto los segmentos desarrollados como los subdesarrollados del mundo capitalista, lo que, seg\u00fan comentan Baran y Sweezy, \u00abtuvo el desagradable efecto de concentrar la atenci\u00f3n exclusivamente en los pa\u00edses capitalistas desarrollados\u00bb<sup>17<\/sup>. No es casualidad que todas las contribuciones innovadoras a la teor\u00eda marxista, desde el an\u00e1lisis de Lenin sobre el capital monopol\u00edstico<sup>18<\/sup> hasta el de los ya citados Baran y Sweezy, pasando por los an\u00e1lisis de la \u00abbanda de los cuatro\u00bb \u2014apodo con el que Alessandro Visalli define a los m\u00e1ximos te\u00f3ricos del subdesarrollo y de la relaci\u00f3n centro-periferia en el sistema mundial\u2014: Immanuel Wallerstein, Giovanni Arrighi, Samir Amin y Gunder Frank<sup>19<\/sup>\u2014se esfuerzan por subsanar este \u00abvac\u00edo\u00bb en la obra de Marx. Mientras que a David Harvey hay que reconocerle el m\u00e9rito de haber puesto de relieve que la llamada acumulaci\u00f3n primitiva no es una fase hist\u00f3rica limitada a los albores del desarrollo capitalista, sino un dispositivo sist\u00e9mico permanente, que este autor define como acumulaci\u00f3n por expropiaci\u00f3n<sup>20<\/sup>.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, hay que subrayar que fue el propio Marx quien desminti\u00f3 en varias ocasiones \u2014sobre todo en los textos \u00abtard\u00edos\u00bb de la segunda mitad de la d\u00e9cada de 1870\u2014 las lecturas deterministas (teleol\u00f3gicas) de su obra. As\u00ed, invirti\u00f3 su juicio sobre las relaciones entre el imperialismo ingl\u00e9s y la colonia irlandesa: mientras que anteriormente hab\u00eda sostenido, en obediencia a la supuesta misi\u00f3n progresista\/emancipadora del modo de producci\u00f3n capitalista metropolitano frente a los modos de producci\u00f3n precapitalistas de las colonias (proletarizaci\u00f3n de los peque\u00f1os campesinos), que los irlandeses solo podr\u00edan emanciparse tras una revoluci\u00f3n victoriosa de los obreros ingleses, pero una vez constatado que la superexplotaci\u00f3n de la mano de obra inmigrante irlandesa permit\u00eda al capitalismo ingl\u00e9s conceder privilegios a los trabajadores aut\u00f3ctonos, reconoci\u00f3 que, por el contrario, ninguna revoluci\u00f3n proletaria podr\u00eda tener lugar en Inglaterra mientras Irlanda no conquistara su independencia (anticip\u00e1ndose as\u00ed a las tesis de Lenin sobre la relaci\u00f3n entre la revoluci\u00f3n proletaria y las luchas de liberaci\u00f3n nacional).<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan: en una carta de 1877 a la redacci\u00f3n de una revista rusa que hab\u00eda publicado una rese\u00f1a de la edici\u00f3n rusa de <em>El Capital<\/em>, escrib\u00eda, a prop\u00f3sito de la tesis del rese\u00f1ista, que utilizaba el cap\u00edtulo sobre la acumulaci\u00f3n primitiva para sostener que ninguna revoluci\u00f3n social podr\u00eda tener lugar en Rusia hasta despu\u00e9s de la completa expropiaci\u00f3n (y la reducci\u00f3n al estatus de trabajadores asalariados) de los campesinos, \u00ab [mi cr\u00edtico] siente la necesidad de metamorfosear mi esbozo de la g\u00e9nesis del capitalismo en Europa occidental en una teor\u00eda hist\u00f3rico-filos\u00f3fica de la marcha general impuesta a <i>todos <\/i>los pueblos, <i>en cualquier situaci\u00f3n hist\u00f3rica en que se encuentren <\/i>(subrayado m\u00edo), para llegar finalmente a la forma econ\u00f3mica que, con la mayor suma de poder productivo del trabajo social, asegura el desarrollo m\u00e1s integral del hombre. Pero le pido disculpas: es para m\u00ed un honor y una injusticia [subentendido: demasiado honor al atribuirme la capacidad de describir las leyes generales del desarrollo de la humanidad, demasiada injusticia al atribuirme intenciones y m\u00e9ritos que nunca he tenido ni reivindicado]\u00bb<sup>21<\/sup>.<\/p>\n<p>El pasaje es particularmente significativo, tanto porque confirma la tesis de Luk\u00e1cs, que niega la intenci\u00f3n de Marx de formular \u00ableyes generales\u00bb de la historia capaces de predecir su desarrollo<sup>22<\/sup>, como porque, en esos mismos a\u00f1os, Marx redactaba la famosa carta a Vera Zasulich, en la que, interviniendo en el debate entre socialdem\u00f3cratas y populistas rusos, no exclu\u00eda, en principio y salvo determinadas condiciones<sup>23<\/sup>, que el com\u00fan campesino (<em>obschina<\/em>) pudiera desempe\u00f1ar el papel de agente de una transformaci\u00f3n socialista de Rusia, sin pasar por la horca de la fase capitalista. Es aqu\u00ed donde podemos evaluar la importancia de la frase anteriormente destacada: \u00absu [del modo de producci\u00f3n capitalista] tendencia es, <i>en la medida de lo posible,<\/i> convertir toda producci\u00f3n en producci\u00f3n de mercanc\u00edas\u00bb. El \u00aben la medida de lo posible\u00bb implica que las formas sociales precapitalistas no solo pueden <i>resistir<\/i> <i>al<\/i> intento de colonizaci\u00f3n por parte del modo de producci\u00f3n capitalista, sino que, dadas ciertas condiciones hist\u00f3ricas, pueden <i>prevalecer sobre<\/i> <em>\u00e9l<\/em>.<\/p>\n<p>Por otra parte, en el Libro III (cap. XX, p. 420), Marx precisa que la capacidad del capitalismo mercantil para provocar la desintegraci\u00f3n de las antiguas formas de producci\u00f3n \u00abdepende, en primer lugar, de su estabilidad y articulaci\u00f3n interna\u00bb. Y en la p\u00e1gina 422 a\u00f1ade que \u00aben China, donde no cuentan con la ayuda de la fuerza pol\u00edtica directa. La gran econom\u00eda y el fuerte ahorro de tiempo que se derivan de la combinaci\u00f3n inmediata de la agricultura y la manufactura ofrecen aqu\u00ed la resistencia m\u00e1s encarnizada a los productos de la gran industria\u00bb. Sobre estas aperturas del \u00faltimo Marx, algunos marxistas latinoamericanos \u2014entre ellos Mari\u00e1tegui<sup>24<\/sup>, Dussel<sup>25<\/sup> y Linera<sup>26<\/sup>\u2014 han basado sus an\u00e1lisis sobre el potencial anticapitalista de las comunidades originarias del subcontinente. En cuanto a la actualidad de la referencia marxista a la capacidad de resiliencia de la sociedad y la civilizaci\u00f3n china frente a la agresi\u00f3n imperialista occidental, me ocupar\u00e9 de ello en la \u00faltima parte de este art\u00edculo a partir de dos trabajos, en orden, del d\u00fao Alberto Gabriele-Elias Jabbour<sup>27<\/sup> y de Giovanni Arrighi<sup>28<\/sup>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>A Alberto Gabriele y Elias Jabbour les debemos una importante contribuci\u00f3n te\u00f3rica sobre la cuesti\u00f3n de la transici\u00f3n al socialismo. Se trata de un texto sobre el que tendr\u00e9 que detenerme m\u00e1s a fondo cuando aborde las partes de los libros II y III dedicadas al proceso de socializaci\u00f3n del capital y sus implicaciones para la transici\u00f3n al socialismo. Aqu\u00ed me limitar\u00e9 a describir su visi\u00f3n heterodoxa de la categor\u00eda marxiana de modo de producci\u00f3n y la tesis de la coexistencia de varios modos de producci\u00f3n tanto a nivel mundial como en el \u00e1mbito de una sola realidad nacional.<\/p>\n<p>Poco antes hemos visto c\u00f3mo el modelo marxista no concede ninguna posibilidad de supervivencia a los dem\u00e1s modos de producci\u00f3n que entran en contacto con el modo de producci\u00f3n capitalista a trav\u00e9s de la circulaci\u00f3n mercantil. Todas las formas sociales que se abren a las mercanc\u00edas capitalistas est\u00e1n inevitablemente destinadas a integrarse, aunque sea en diferente medida y forma, en el modo de producci\u00f3n que las produce. Marx tiene obviamente en mente la relaci\u00f3n entre el modo de producci\u00f3n capitalista y los modos de producci\u00f3n precapitalistas, pero, un siglo despu\u00e9s del nacimiento del primer pa\u00eds socialista, al que siguieron otras revoluciones, es inevitable tener en cuenta tambi\u00e9n la relaci\u00f3n entre el modo de producci\u00f3n capitalista y los pa\u00edses socialistas. Sabemos que, para muchos te\u00f3ricos marxistas, esta relaci\u00f3n es mortal para los segundos: en la medida en que estos \u00faltimos se integran (a trav\u00e9s del comercio, las inversiones directas e indirectas, etc.) en el sistema econ\u00f3mico mundial dominado por el modo de producci\u00f3n capitalista, su destino est\u00e1 sellado: tarde o temprano acabar\u00e1n volviendo a ser pa\u00edses capitalistas (no es casualidad que un autor como Samir Amin teorice sobre el <i>desenganche<\/i><sup>29<\/sup> invitando a los pa\u00edses del Sur del mundo que quieren emprender el camino del socialismo a desvincularse del mercado mundial).<\/p>\n<p>Gabriele y Jabbour invierten esta perspectiva a partir de la puesta en tela de juicio del propio concepto de modo de producci\u00f3n. No se trata de abandonarlo, argumentan, sino de relativizarlo, teniendo en cuenta su naturaleza de modelo abstracto. En el mundo real no existen modos de producci\u00f3n, sino formaciones socioecon\u00f3micas que solo se aproximan de manera aproximada al modelo abstracto. La relaci\u00f3n entre el modo de producci\u00f3n como figura universal, estructural y constante y sus manifestaciones hist\u00f3rico-geogr\u00e1ficas particulares y espec\u00edficas, escriben<sup>30<\/sup>, \u00abest\u00e1 lejos de ser simple\u00bb. El primado de un determinado modo de producci\u00f3n en un contexto hist\u00f3rico espec\u00edfico, a\u00f1aden<sup>31<\/sup>, puede ser absoluto o relativo. Si, por ejemplo, los Estados Unidos constituyen un caso de supremac\u00eda absoluta del modo de producci\u00f3n capitalista, en otras formaciones socioecon\u00f3micas pueden existir dos o m\u00e1s modos de producci\u00f3n que se encuentran en relaciones de rivalidad y\/o simbiosis.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima afirmaci\u00f3n es compatible con lo que afirma el propio Marx sobre la relaci\u00f3n de simbiosis entre el modo de producci\u00f3n capitalista y el modo de producci\u00f3n esclavista en las colonias de los pa\u00edses capitalistas, o con la subsunci\u00f3n de diversas formas productivas arcaicas dentro del ciclo del capital, etc. La diferencia radica en que, mientras Marx supone que estas formas h\u00edbridas son, al menos en tendencia, residuos destinados a evolucionar hacia la forma capitalista \u00abpura\u00bb, Gabriele y Jabbour dibujan un escenario m\u00e1s complejo y contradictorio. Dado que a nivel mundial se puede afirmar que la previsi\u00f3n de Marx se ha cumplido, en el sentido de que en todas partes rige la ley del valor que caracteriza a toda forma de producci\u00f3n mercantil basada en relaciones monetarias de producci\u00f3n y cambio (lo que vale tanto para los pa\u00edses capitalistas como para los pa\u00edses socialistas y los pa\u00edses con residuos importantes de formas de producci\u00f3n precapitalistas)<sup>32<\/sup>, seg\u00fan Gabriele y Jabbour, esto no implica: 1) que la mera existencia de la plusval\u00eda sea en s\u00ed misma indicio de explotaci\u00f3n de clase; 2) ni que, aunque el modo de producci\u00f3n capitalista siga siendo dominante a nivel mundial, no puedan coexistir en algunos pa\u00edses dos o m\u00e1s modos de producci\u00f3n, y que, a largo plazo, no sea necesariamente el capitalista el que prevalezca.<\/p>\n<p>Esta condici\u00f3n h\u00edbrida de coexistencia entre varios modos de producci\u00f3n ser\u00eda propia de aquellos pa\u00edses que Gabriele y Jabbour definen como sistemas socialistas, entre los que incluyen a China, caracterizados por el papel predominante que desempe\u00f1a el Estado en la econom\u00eda y por la consecuci\u00f3n de objetivos como la reducci\u00f3n de la desigualdad, la satisfacci\u00f3n universal de las necesidades b\u00e1sicas, la sostenibilidad medioambiental, etc. Se trata de sistemas mixtos en los que: a) el mecanismo de los precios de mercado y la ley del valor son la forma predominante de regulaci\u00f3n a corto y medio plazo; b) el papel directo e indirecto del Estado y su control sobre la econom\u00eda son cualitativa y cuantitativamente superiores a los de los pa\u00edses capitalistas; c) el Gobierno reivindica oficialmente como objetivo a largo plazo la realizaci\u00f3n del socialismo en un contexto de r\u00e1pido desarrollo socioecon\u00f3mico, el progreso tecnol\u00f3gico y la evoluci\u00f3n de los instrumentos de gobernanza econ\u00f3mica. El avance hacia el socialismo, en un marco similar, puede describirse como un escenario en el que las interacciones del mercado y la ley del valor mantienen su papel y siguen siendo v\u00e1lidas, aunque su hegemon\u00eda tradicional se vea progresivamente debilitada<sup>33<\/sup>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el caso de Arrighi me limitar\u00e9 a algunas referencias relativas al tema de este primer art\u00edculo dedicado a los libros II y III de <em>El Capital<\/em>, reserv\u00e1ndome retomar las tesis de este autor cuando aborde el proceso de socializaci\u00f3n del capital y sus implicaciones para la transici\u00f3n al socialismo.<\/p>\n<p>En las primeras p\u00e1ginas de su obra maestra, <em>Adam Smith en Pek\u00edn<\/em><sup>34<\/sup>, Giovanni Arrighi exhorta a \u00abtomarse m\u00e1s en serio la sociolog\u00eda econ\u00f3mica de la econom\u00eda\u00bb, siguiendo la estela de autores como Fernand Braudel y Karl Polanyi, que desplazaron el eje del an\u00e1lisis de la forma social capitalista del plano de la econom\u00eda \u00abpura\u00bb al plano de la sociolog\u00eda y la antropolog\u00eda cultural. Arrighi toma la misma direcci\u00f3n, invirtiendo la interpretaci\u00f3n \u00abcan\u00f3nica\u00bb de las teor\u00edas de Adam Smith: este, argumenta, es err\u00f3neamente descartado como apologista del mercado autorregulado, al que basta dejar operar libremente para que genere espont\u00e1neamente la riqueza de las naciones, mientras que en realidad era muy consciente de que solo la existencia de un Estado fuerte pod\u00eda garantizar las condiciones de existencia del propio mercado, hasta el punto de avanzar la tesis de que los mercados no deben abandonarse a su desarrollo espont\u00e1neo, sino \u00abutilizarse\u00bb como instrumentos de control y gobierno. Una tesis, argumenta Arrighi, que nos permite comprender la l\u00f3gica de las \u00abeconom\u00edas de mercado no capitalistas\u00bb, de las que China es el m\u00e1ximo ejemplo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Adam Smith, seg\u00fan Arrighi, ya lo hab\u00eda intuido en 1776, cuando escribi\u00f3 que China era entonces m\u00e1s rica que cualquier pa\u00eds europeo gracias al car\u00e1cter \u00abestacionario\u00bb de su econom\u00eda (en el sentido de que ignoraba el impulso europeo hacia la acumulaci\u00f3n ilimitada), es decir, gracias al hecho de que hab\u00eda alcanzado la plenitud de la riqueza que le permit\u00edan la naturaleza del suelo, el clima y la posici\u00f3n geogr\u00e1fica. Smith tambi\u00e9n defin\u00eda como \u00abnatural\u00bb este tipo de desarrollo, basado en la agricultura y el comercio interior, y lo contrapon\u00eda al desarrollo \u00abantinatural\u00bb de las econom\u00edas europeas, basado en el comercio exterior.<\/p>\n<p>Arrighi aprovecha esta distinci\u00f3n para desarrollar una cr\u00edtica a la tesis marxista que ve en el modo de producci\u00f3n capitalista una fase por la que todo el mundo tendr\u00e1 que pasar antes de poder liberarse de las f\u00e9rreas \u00ableyes\u00bb de la econom\u00eda (aunque, como hemos visto anteriormente, el \u00faltimo Marx ya no estaba tan convencido de ello). Seg\u00fan el Marx de <em>El Capital<\/em>, el desarrollo que Smith define como \u00abnatural\u00bb no tiene ning\u00fan futuro posible en un mundo en el que ya se ha extendido el desarrollo \u00abantinatural\u00bb del modo de producci\u00f3n capitalista; este \u00faltimo, gracias a su irresistible impulso por arrasar con todos los obst\u00e1culos, condena a todas las dem\u00e1s formaciones sociales a desintegrarse tan pronto como entran en contacto con sus mercanc\u00edas.<\/p>\n<p>El poder de la \u00abv\u00eda antinatural\u00bb, argumenta Arrighi (aqu\u00ed en perfecta sinton\u00eda con Marx), era el resultado de la intensa competencia entre las naciones europeas, que hab\u00eda generado una mezcla \u00fanica de capitalismo, industrialismo y militarismo, junto con una superioridad tecnol\u00f3gica que les permiti\u00f3 aplastar la resistencia de las naciones no europeas. Sin embargo, sigue siendo cierto, sostiene Arrighi, que la \u00abglobalizaci\u00f3n\u00bb prevista por Marx no se ha producido: las culturas, las tradiciones, los modelos de relaciones sociales y las formas de vida no solo han resistido, sino que, aprovechando la crisis generada por el \u00abexceso de \u00e9xito\u00bb del modelo neoliberal, han contraatacado, generando modelos de desarrollo alternativos al dominante, modelos basados en el mercado pero no capitalistas, de los que China es el ejemplo m\u00e1s significativo. Por ahora me detengo aqu\u00ed, limit\u00e1ndome a concluir con una observaci\u00f3n metodol\u00f3gica: en la medida en que asumimos este punto de vista, rechazando la visi\u00f3n inmanentista-teleol\u00f3gica de la historia como un proceso unidireccional hacia el \u00abprogreso\u00bb, deber\u00edamos sustituir la definici\u00f3n de formaciones sociales precapitalistas por la de formaciones sociales no capitalistas.<\/p>\n<h3>3. Capital comercial y capital financiero. Trabajo productivo y trabajo improductivo<\/h3>\n<p>\u00ab[En la medida en que la producci\u00f3n capitalista se apodera de la producci\u00f3n social] las dem\u00e1s especies de capital&#8230; no solo se subordinan y modifican en el mecanismo de sus funciones, sino que ya no se mueven m\u00e1s que sobre sus bases&#8230; el capital dinero y el capital mercanc\u00eda (como exponentes de ramas de negocios propias) ya no son m\u00e1s que modos de existencia&#8230; de las diferentes formas de funcionamiento que el capital industrial ahora reviste y ahora deposita en la esfera de la circulaci\u00f3n\u00bb (Libro II, p. 79).<\/p>\n<p>Inauguro la tercera etapa del viaje a trav\u00e9s de los Libros II y III de <em>El Capital<\/em> con este pasaje, ya citado en la etapa anterior, porque aclara bien el punto de vista de Marx sobre la posici\u00f3n que ocupan el capital mercanc\u00eda y el capital dinero en la jerarqu\u00eda entre las diferentes modalidades de existencia del capital en general: en su modelo te\u00f3rico, estas dos formas desempe\u00f1an la funci\u00f3n de \u00absirvientas\u00bb del capital industrial. Se trata de un punto de vista crucial para distinguir entre trabajo productivo y trabajo improductivo. Al mismo tiempo, es un punto de vista que, en la fase hist\u00f3rica caracterizada por el gran capital monopol\u00edstico, terciarizado y financiarizado, es objeto de cr\u00edticas incluso en el \u00e1mbito marxista, pero, antes de analizar estas cr\u00edticas, conviene profundizar en el pensamiento de Marx sobre el tema.<\/p>\n<p>La incapacidad del capitalista (y de los economistas vulgares) para comprender el \u00abmisterio\u00bb de la plusval\u00eda, es decir, el hecho de que esta proviene del tiempo de trabajo no remunerado, argumenta Marx, hace que atribuyan a la esfera del comercio la capacidad de crear riqueza: \u00abPara el capitalista, el excedente de valor, o plusval\u00eda, obtenida con la venta de la mercanc\u00eda, les aparece como un excedente de su precio de venta sobre su valor, en lugar de como un excedente de su valor sobre su precio de coste, por lo que la plusval\u00eda contenida en la mercanc\u00eda no se realiza <i>mediante<\/i> (subrayado m\u00edo) la venta de esta, sino que <i>proviene de<\/i> (\u00eddem) la venta misma (Libro III, p. 63).<\/p>\n<p>En cierto sentido, es como si la autorrepresentaci\u00f3n de su propia actividad por parte del capitalista se hubiera quedado de alguna manera \u00abcongelada\u00bb en la \u00e9poca en que el capital comercial mediaba en el intercambio de productos entre comunidades no desarrolladas, \u00e9poca en la que \u00abel beneficio comercial no solo aparece como un fraude, sino que en gran parte deriva de \u00e9l\u00bb (Libro III, p. 418). No es casualidad que, mientras el capitalista se limita a coordinar el trabajo de una serie de peque\u00f1os productores, recogiendo y vendiendo sus productos en el mercado, sobre su cabeza pesa la sospecha de enriquecerse de la misma manera que los antiguos comerciantes, que lucraban aumentando el precio de venta. Solo con el desarrollo del capital industrial surge la conciencia de que el valor de la mercanc\u00eda nace en el proceso de producci\u00f3n. Y, sin embargo, el papel del trabajo no remunerado en su creaci\u00f3n sigue siendo ignorado: \u00abAunque surge en el proceso de producci\u00f3n inmediato, el excedente del valor de la mercanc\u00eda sobre su precio de coste solo se realiza en el proceso de circulaci\u00f3n, y es tanto m\u00e1s f\u00e1cil que parezca surgir del proceso de circulaci\u00f3n\u00bb (Libro III, p. 69).<\/p>\n<p>A Marx le corresponde el m\u00e9rito de haber sustra\u00eddo a la mercanc\u00eda la dimensi\u00f3n trascendente en la que parece aumentar por s\u00ed misma su propio valor y de haberla devuelto a la tierra: \u00aben el proceso de circulaci\u00f3n no se produce ning\u00fan valor, por lo tanto tampoco plusvalor, solo se modifica la <i>forma<\/i> (subrayado m\u00edo) de la misma masa de valor (&#8230;) si en la venta de la mercanc\u00eda producida se realiza un plusvalor es solo porque este valor ya existe en ella\u00bb (Libro III, p. 356). De ello se deduce que \u00abcuanto mayor es el capital comercial en relaci\u00f3n con el capital industrial, menor es la tasa de beneficio industrial y viceversa\u00bb (Libro III, 365).<\/p>\n<p>Esto no implica que la circulaci\u00f3n no contribuya a aumentar, aunque sea indirectamente, el beneficio del capital industrial: por ejemplo, \u00abcuanto m\u00e1s disminuye el tiempo de circulaci\u00f3n, m\u00e1s funciona el capital y m\u00e1s aumentan su productividad y su automatizaci\u00f3n\u00bb (Libro III, p. 158). Despu\u00e9s de lo cual queda el hecho de que \u00ablas dimensiones que adquiere el intercambio de mercanc\u00edas en manos de los capitalistas no pueden transformar este trabajo, que no crea valor, sino que se limita a mediar en un cambio de forma del valor, en trabajo que genera valor\u00bb (Libro II, p. 164). Y poco despu\u00e9s: \u00absi mediante la divisi\u00f3n del trabajo, una funci\u00f3n en s\u00ed misma improductiva, pero que constituye un elemento necesario para la reproducci\u00f3n, se transforma de ocupaci\u00f3n subsidiaria de muchos en ocupaci\u00f3n exclusiva de unos pocos (&#8230;) no por ello cambia el car\u00e1cter de la ocupaci\u00f3n misma\u00bb (Libro II, p. 165).<\/p>\n<p>Es cierto que el capitalista comercial se apropia de una parte del trabajo no remunerado de sus asalariados, exactamente igual que lo hace el capitalista industrial, pero al explotarlos, el comerciante se limita a asegurarse <i>una mayor participaci\u00f3n<\/i> en la plusval\u00eda creada por la explotaci\u00f3n del trabajo asalariado por parte del capital industrial. Ergo: el trabajo de los asalariados de los capitalistas comerciales es improductivo. A continuaci\u00f3n, Marx precisa que ciertos costes de circulaci\u00f3n \u00abpueden derivarse de procesos de producci\u00f3n que se limitan a prolongarse en la circulaci\u00f3n, y cuyo car\u00e1cter productivo queda simplemente oculto por la forma circulatoria\u00bb (Libro II, p. 172). A este respecto, cita el ejemplo de la industria del transporte, escribiendo que, dado que \u00abel valor de uso de las cosas solo se realiza en su consumo, y su consumo puede hacer necesario su cambio de lugar\u00bb (Libro II, p. 187), se deduce que la industria del transporte debe considerarse un proceso de producci\u00f3n adicional (por lo que los asalariados que trabajan en ella deben considerarse productivos).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>La autonomizaci\u00f3n del capital monetario en la esfera de los negocios independientes (bancos, capital financiero, seguros, etc.) es consecuencia del hecho de que, para permitir que el ciclo reproductivo del capital social se desarrolle sin obst\u00e1culos, \u00abuna parte determinada del capital debe estar siempre presente como tesoro, capital monetario potencial&#8230; capital ocioso [adjetivo que debe entenderse aqu\u00ed en el sentido de no invertido en la producci\u00f3n directa] que espera en forma de dinero a ser puesto en funcionamiento, y una parte del capital refluye continuamente en esta forma\u00bb (Libro III, p. 400). En esta condici\u00f3n de capital posible, es decir, de medio potencial para la producci\u00f3n de ganancia, \u00abse convierte en mercanc\u00eda <em>sui generis<\/em>, el capital como capital se convierte en mercanc\u00eda\u00bb (Libro III, p. 428).<\/p>\n<p>La parte de su propio producto que el capital industrial paga al \u00abmercader de dinero\u00bb se llama inter\u00e9s y \u00abno es m\u00e1s que el nombre de una parte del beneficio que el capital en funcionamiento debe ceder a quien posee el capital posible\u00bb (Ibidem). No se trata aqu\u00ed tanto de una fase del proceso de reproducci\u00f3n social como de un acto jur\u00eddico: \u00abLa transacci\u00f3n que transfiere el capital de la mano del prestamista a la del prestatario es una transacci\u00f3n jur\u00eddica [que] no tiene nada que ver con el proceso real de reproducci\u00f3n del capital; [ella] no hace m\u00e1s que introducirlo. El reembolso (&#8230;) es una segunda transacci\u00f3n jur\u00eddica, la culminaci\u00f3n de la primera\u00bb (Libro III, p. 439). Por \u00faltimo, Marx introduce en el an\u00e1lisis de la funci\u00f3n del dinero como capital dos met\u00e1foras sorprendentes: 1) \u00abes este el valor de uso del dinero como capital (&#8230;) que el capitalista monetario enajena al capitalista industrial durante el tiempo en que le cede la facultad de disponer del capital prestado\u00bb; 2) \u00abdentro de estos l\u00edmites, el dinero prestado tiene cierta analog\u00eda con la fuerza de trabajo en su posici\u00f3n frente al capitalista industrial\u00bb.<\/p>\n<p>Se trata de dos analog\u00edas que permiten evaluar la importancia de la <i>forma l\u00f3gica (<\/i>\u00a1herencia hegeliana!) en el m\u00e9todo anal\u00edtico marxista: la categor\u00eda de valor de uso, que nos parece estrechamente asociada a la dimensi\u00f3n \u00abmaterial-concreta\u00bb de la mercanc\u00eda, se asocia aqu\u00ed a un fen\u00f3meno \u00abinmaterial-abstracto\u00bb como el capital-dinero, en la medida en que este \u00faltimo asume la naturaleza de capital-mercanc\u00eda. En cuanto a la parad\u00f3jica analog\u00eda entre fuerza de trabajo y capital prestado, se justifica (aunque con la precisi\u00f3n \u00aben estos l\u00edmites\u00bb) por el hecho de que ambos \u2014tanto la fuerza de trabajo como el capital prestado\u2014 solo pueden producir plusval\u00eda en la medida en que se emplean en el proceso productivo inmediato. A partir de ah\u00ed, es evidente que, en la realidad contempor\u00e1nea, caracterizada por los procesos de terciarizaci\u00f3n y financiarizaci\u00f3n del capital, esta atribuci\u00f3n l\u00f3gica de centralidad absoluta al capital industrial no puede sino plantear un problema (del mismo modo que empieza a plantear un problema la distinci\u00f3n entre trabajo productivo e improductivo). Sin embargo, antes de ver c\u00f3mo se ha intentado abordar estos retos, conviene recordar la extraordinaria capacidad prof\u00e9tica con la que Marx, aunque no previ\u00f3 las dimensiones que adquirir\u00eda la financiarizaci\u00f3n en el futuro, describi\u00f3 a la perfecci\u00f3n el \u00abdemonio\u00bb que la alimentar\u00eda.<\/p>\n<p>Partamos de las siguientes afirmaciones: 1) \u00abEn el capital productivo de inter\u00e9s, la relaci\u00f3n de capital alcanza su forma m\u00e1s alienada y fetichista D-D&#8217;\u00bb (Libro III, p. 493); 2) \u00abAhora el capital es cosa, pero en cuanto cosa es capital. Ahora el dinero tiene el amor en el cuerpo\u00bb (Libro III, p. 496). Lo que acabamos de citar nos obliga a partir del fetichismo de la mercanc\u00eda descrito en el Libro I: si la mercanc\u00eda como tal es ya un fen\u00f3meno \u00absensiblemente suprasensible\u00bb, es un objeto concreto que posee un valor de uso determinado, pero al mismo tiempo est\u00e1 animado por el \u00abfantasma\u00bb del valor de cambio, el capital-mercanc\u00eda (el capital-cosa) no puede ser sino depositario de un fetichismo en potencia. Un fetichismo que proh\u00edbe los intentos de justificar la producci\u00f3n capitalista a trav\u00e9s de su \u00abutilidad social\u00bb, en la medida en que revela su verdadera esencia: \u00abPrecisamente porque la forma monetaria del valor es su forma fenomenol\u00f3gica independiente y tangible, la f\u00f3rmula D-D&#8217; (&#8230;) expresa de la manera m\u00e1s concreta el verdadero motivo animador de la producci\u00f3n capitalista (&#8230;) El proceso de producci\u00f3n aparece solo como un eslab\u00f3n intermedio inevitable, un mal necesario para el fin de hacer dinero (por eso todas las naciones con modo de producci\u00f3n capitalista se ven peri\u00f3dicamente presas de un v\u00e9rtigo durante el cual pretenden hacer dinero sin la mediaci\u00f3n del proceso de producci\u00f3n\u00bb (Libro II, p. 80).<\/p>\n<p>La inversi\u00f3n dial\u00e9ctica no podr\u00eda ser m\u00e1s radical: el proceso de producci\u00f3n, que el an\u00e1lisis hab\u00eda situado en el centro del proceso de reproducci\u00f3n social como \u00fanico depositario de la creaci\u00f3n de valor, se ve reducido a \u00abmal necesario\u00bb, \u00abeslab\u00f3n intermedio\u00bb con respecto al verdadero objetivo del capitalista: acumular dinero. Aqu\u00ed no solo se aclara el supuesto de lo que Giovanni Arrighi<sup>35<\/sup> y otros autores describen al analizar hist\u00f3ricamente los cursos y recurrencias de las \u00abmigraciones\u00bb del capital, de la producci\u00f3n industrial a la finanza y viceversa, sino que tambi\u00e9n encontramos una anticipaci\u00f3n visionaria de la llamada \u00abeconom\u00eda de la deuda\u00bb: \u00aben el modo de razonar del banquero, las deudas pueden aparecer como mercanc\u00edas\u00bb (Libro III, p. 589); y a\u00fan m\u00e1s: \u00aben el hecho de que incluso la acumulaci\u00f3n de deudas pueda parecer acumulaci\u00f3n de capital, se manifiesta en forma extrema el vuelco que se produce en el sistema crediticio\u00bb (Libro III, p. 692); as\u00ed como de las burbujas especulativas como causa de las crisis financieras: \u00abel valor de los t\u00edtulos se vuelve especulativo cuando expresa el rendimiento esperado y no el actual\u00bb (Libro III, p. 592), y si la expectativa del mundo virtual es desmentida por el mundo real&#8230;<\/p>\n<p>Pero es hora de retomar el razonamiento sobre el arduo problema de distinguir entre trabajo productivo y trabajo improductivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Me corresponde comenzar con una autocr\u00edtica retrospectiva. Hace exactamente cuarenta y cinco a\u00f1os, en 1980, se public\u00f3 en la editorial Feltrinelli mi primer trabajo te\u00f3rico digno de tal nombre: <i>El fin del valor de uso.<\/i> <i>Reproducci\u00f3n, informaci\u00f3n, control. <\/i>Hoy confieso que considero ese escrito un claro ejemplo de interpretaci\u00f3n err\u00f3nea del problema de la distinci\u00f3n entre trabajo productivo y trabajo improductivo.<\/p>\n<p>Ya entonces, mi razonamiento part\u00eda del enfoque marxista del tema en los libros II y III de <em>El Capital<\/em>, enfoque que me parec\u00eda insostenible a la luz de las profundas transformaciones que hab\u00eda sufrido el modo de producci\u00f3n capitalista al pasar del capitalismo libre competitivo del siglo XIX al capitalismo monopol\u00edstico, terciarizado y financiarizado. Para actualizar el an\u00e1lisis a la nueva realidad sist\u00e9mica, me arriesgu\u00e9 a realizar una triple operaci\u00f3n. En primer lugar, intent\u00e9, parafraseando el t\u00edtulo de un libro de Antonio Negri<sup>36<\/sup>, jugar a Marx contra Marx, contraponiendo las tesis que el propio Marx hab\u00eda formulado en algunos pasajes del <i>Cap\u00edtulo VI in\u00e9dito<\/i><sup>37<\/sup> y de los <i>Grundrisse<\/i><sup>38<\/sup> a las de <em>El capital<\/em>; adem\u00e1s, impresionado por el experimento de reorganizaci\u00f3n productiva de IBM<sup>39<\/sup>, que en aquellos tiempos dominaba el mercado mundial de la inform\u00e1tica (de ah\u00ed el motivo del subt\u00edtulo), deduje la existencia de aquellas tendencias que, al cabo de unos a\u00f1os, nos llevar\u00edan a pensar en una tercera revoluci\u00f3n industrial; por \u00faltimo, me dej\u00e9 influir por Jean Baudrillard<sup>40<\/sup>, autor que en aquellos a\u00f1os profetizaba la progresiva marginaci\u00f3n de la producci\u00f3n de objetos-mercanc\u00edas por parte de la producci\u00f3n de servicios y c\u00f3digos inmateriales. Pero vayamos por partes.<\/p>\n<p>La forma en que estaba organizado el ciclo productivo de IBM me parec\u00eda confirmar que el gran capital monopol\u00edstico tend\u00eda a emplear una proporci\u00f3n cada vez menor de la clase obrera tradicional, frente a una masa creciente de mano de obra administrativa. Marxistas como Braverman deduc\u00edan el siguiente escenario: \u00abTodo progreso en el campo de la productividad reduce el campo de los verdaderos trabajadores productivos, ampl\u00eda el de aquellos que pueden ser utilizados en las luchas entre las grandes empresas por la distribuci\u00f3n de los excedentes, expande el empleo del trabajo en ocupaciones in\u00fatiles (&#8230;) y confiere a la sociedad el aspecto de una pir\u00e1mide invertida que se apoya en una base de trabajo \u00fatil cada vez m\u00e1s reducida\u00bb<sup>41<\/sup>.<\/p>\n<p>Este escenario, al igual que el formulado por todos los autores que hablan del \u00abfin del trabajo\u00bb<sup>42<\/sup>\u2014 corre el riesgo de parecer simplista: 1) si no se lee desde un punto de vista comparativo, es decir, teniendo en cuenta que la categor\u00eda de \u00abtrabajo \u00fatil\u00bb adquiere significados diferentes en sistemas sociales diferentes (como hacen Baran y Sweezy, de los que nos ocuparemos en breve); 2) si no se enmarca en el an\u00e1lisis global del sistema mundial. En cualquier caso, en mi trabajo descartaba el concepto de trabajo \u00abverdaderamente productivo\u00bb porque sonaba burdamente \u00abmaterialista\u00bb, oponi\u00e9ndole la interpretaci\u00f3n de Negri \u2014que entonces compart\u00eda\u2014, quien, aprovechando los pasajes antes mencionados del <i>Cap\u00edtulo VI in\u00e9dito<\/i> y de los <i>Grundrisse<\/i>, escrib\u00eda: \u00abla apropiaci\u00f3n capitalista de la circulaci\u00f3n (&#8230;) determina la circulaci\u00f3n como base de la producci\u00f3n y la reproducci\u00f3n, hasta un l\u00edmite de identificaci\u00f3n hist\u00f3rica, efectiva (aunque no l\u00f3gica) de la producci\u00f3n y la circulaci\u00f3n\u00bb<sup>43<\/sup>. Lo cual, aplicado a la cuesti\u00f3n de la composici\u00f3n de clase, implica alistar de oficio en el campo del trabajo productivo todo el trabajo terciario (y elegirlo, como har\u00edan poco despu\u00e9s los te\u00f3ricos posopera\u00edstas seguidores de Negri, como nueva vanguardia revolucionaria).<\/p>\n<p>Escrib\u00eda adem\u00e1s que \u00abel contenido material del trabajo es indiferente con respecto a su car\u00e1cter de trabajo productivo, a su funci\u00f3n de agente valorizante interno al capital. Por lo tanto, es productivo el trabajo que se intercambia por capital, sin relaci\u00f3n con los contenidos concretos de la actividad\u00bb<sup>44<\/sup>, y hasta aqu\u00ed todav\u00eda puedo estar de acuerdo con mi yo de entonces (salvo precisar que los contenidos concretos no son siempre y en todo caso indiferentes), pero, lamentablemente, continuaba afirmando que \u00abes improductivo el trabajo que no se realiza en forma espec\u00edficamente capitalista, que no produce beneficio para un capital\u00bb, lo que significaba definir improductivos a los cientos de millones de trabajadores que son explotados en el Sur del mundo porque no trabajan en forma <i>espec\u00edficamente<\/i> capitalista, en el sentido de que no est\u00e1n <i>directamente<\/i> empleados por las grandes empresas metropolitanas, y que generan una cuota gigantesca de excedente sin la cual estas \u00faltimas no durar\u00edan un d\u00eda.<\/p>\n<p>Hoy puedo absolverme en parte evocando las condicionantes de un esp\u00edritu de la \u00e9poca que, en aquellos a\u00f1os, se caracterizaba: 1) por el hecho de que la izquierda radical post-sesentayochista, agotado el entusiasmo por Vietnam y la Revoluci\u00f3n Cultural china, hab\u00eda dejado de lado las luchas antiimperialistas del Sur del mundo para concentrarse exclusivamente en las metr\u00f3polis \u00abavanzadas\u00bb (basta ya del tercermundismo, nuestra lucha est\u00e1 aqu\u00ed, era el lema); 2) por la autoalabanza sociol\u00f3gica de las izquierdas radicales nacidas de las luchas estudiantiles, que, superados los complejos de anta\u00f1o por sus or\u00edgenes peque\u00f1oburgueses, hab\u00edan elegido como vanguardia revolucionaria a las capas profesionales emergentes, \u00a1es decir, a ellos mismos! \u2014dedicados a trabajos \u00abcreativos\u00bb y a la producci\u00f3n \u00abinmaterial\u00bb<sup>45<\/sup>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Alessandro Visalli considera a Paul Baran y Paul Sweezy los dos autores que, ya en los a\u00f1os cincuenta y principios de los sesenta<sup>46<\/sup>, inauguraron una l\u00ednea de interpretaci\u00f3n que considera el capitalismo como un sistema social en el que la valorizaci\u00f3n deriva de la producci\u00f3n y la circulaci\u00f3n sobre bases internacionales. El elemento caracter\u00edstico de este enfoque consiste en profundizar en la cr\u00edtica al imperialismo, al colonialismo y al neocolonialismo, identific\u00e1ndolos con ese fen\u00f3meno \u2014la llamada acumulaci\u00f3n original\u2014 que Marx consideraba t\u00edpico de una fase hist\u00f3rica determinada, mientras que estos autores lo consideran consustancial al modo de producci\u00f3n capitalista, que lo explota como contratendencia a la ca\u00edda tendencial de la tasa de ganancia. Profundizaremos en el tema m\u00e1s adelante, en la etapa dedicada a la ley de la ca\u00edda de la tasa de ganancia y a las crisis. Aqu\u00ed nos limitamos a introducir el concepto de excedente y a describir c\u00f3mo este concepto influye en el tema que estamos tratando aqu\u00ed, es decir, la distinci\u00f3n entre trabajo productivo e improductivo.<\/p>\n<p>Marx identifica la plusval\u00eda como la suma de la ganancia, el inter\u00e9s y la renta, mientras que considera secundarios factores como los ingresos del Estado, los salarios de los trabajadores improductivos, los desperdicios de diversa \u00edndole, etc. Pero esto ya no se justifica, sostienen Baran y Sweezy, en la fase del capitalismo monopolista. En relaci\u00f3n con el excedente total \u2014definido como la diferencia entre la producci\u00f3n efectiva actual y el consumo efectivo actual de la sociedad\u2014, la plusval\u00eda representa una proporci\u00f3n menor \u2014y con tendencia a disminuir\u2014 que en la \u00e9poca de Marx. Y, dado que el excedente medido como se ha indicado tiende a aumentar, act\u00faa como una contracorriente a la ley de la tendencia a la ca\u00edda de la tasa de ganancia. Como se ha anticipado anteriormente, abordaremos las implicaciones de lo que acabamos de decir cuando hablemos de crisis, imperialismo, etc. Siguiendo con la distinci\u00f3n que hace Marx entre trabajo productivo e improductivo, \u00bfqu\u00e9 cambia al introducir el concepto de excedente?<\/p>\n<p>A primera vista, nada. Los capitalistas siguen ignorando la diferencia entre los costes de producci\u00f3n y los costes de venta, y entre el trabajo productivo y el improductivo: para ellos, ambos contribuyen a generar sus beneficios. Sin embargo, sabemos que el sistema tiende a expandir desmesuradamente actividades como la promoci\u00f3n de las ventas, la publicidad, el embalaje, el marketing, la obsolescencia programada, el cr\u00e9dito al consumo, etc.; que proliferan las clases profesionales que tienen la tarea de promover una guerra sin cuartel contra el ahorro en favor del consumo, inventando continuamente nuevas necesidades y alimentando su satisfacci\u00f3n a trav\u00e9s del endeudamiento. Al mismo nivel que la promoci\u00f3n de las ventas \u00abhay que situar la canalizaci\u00f3n de un amplio volumen de recursos hacia empleos bajo la r\u00fabrica de actividades financieras, aseguradoras e inmobiliarias\u00bb<sup>47<\/sup>. Marx, recuerdan Baran y Sweezy, describ\u00eda a toda esta gente como \u00abuna nueva aristocracia financiera, una nueva categor\u00eda de par\u00e1sitos en forma de ide\u00f3logos de proyectos, fundadores y directores que solo lo son de nombre, todo un sistema de fraudes y enga\u00f1os que tienen por objeto la fundaci\u00f3n de sociedades, la emisi\u00f3n y el comercio de acciones\u00bb<sup>48<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n para Baran y Sweezy, al igual que para Marx, este proceso, que hoy estamos acostumbrados a definir como terciarizaci\u00f3n del trabajo, aparece como una proliferaci\u00f3n de clases \u00abdevoradoras de excedentes\u00bb, y por lo tanto, tambi\u00e9n para Baran y Sweezy, las personas que viven de los excedentes \u00abse ven privadas de una parte de sus ingresos que va a parar a las personas que realizan trabajos improductivos\u00bb<sup>49<\/sup>. \u00bfC\u00f3mo rebatir la objeci\u00f3n de Negri y otros, que replican que la distinci\u00f3n se basa en argumentos puramente l\u00f3gico-ling\u00fc\u00edsticos, ya que las funciones reci\u00e9n descritas est\u00e1n tan integradas en los procesos productivos que forman parte de ellos (ya no compramos solo una mercanc\u00eda, sino la imagen de esta mercanc\u00eda que ha sido construida por el trabajo de publicistas, hombres de marketing, etc.)? etc., \u00bfacaso no compramos los productos Apple por su dise\u00f1o m\u00e1s que por su supuesta superioridad tecnol\u00f3gica)? \u00bfY c\u00f3mo responder a la objeci\u00f3n seg\u00fan la cual es productivo el trabajo que se cambia por capital, independientemente del contenido concreto de la actividad realizada?<\/p>\n<p>Aqu\u00ed entra en juego el argumento comparativo: para Baran y Sweezy, el t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n que permite disipar la duda es el socialismo: es improductivo \u00abtodo aquel trabajo que tiene como resultado la producci\u00f3n de bienes y servicios cuya demanda puede atribuirse a las condiciones y relaciones espec\u00edficas del sistema capitalista y que estar\u00eda ausente en una sociedad racionalmente ordenada\u00bb<sup>50<\/sup>, es decir, en una sociedad socialista. Y, sin embargo, es precisamente la masa de excedentes de la que se apropia el creciente n\u00famero de trabajadores improductivos lo que permite, gracias a su consumo, limitar parcialmente los efectos de la tendencia cr\u00f3nica del capitalismo monopolista a la subutilizaci\u00f3n de los recursos humanos y materiales. Parcialmente porque, si solo se dispusiera de estas salidas end\u00f3genas, el capitalismo monopolista se encontrar\u00eda en un estado de depresi\u00f3n permanente<sup>51<\/sup>. La verdadera soluci\u00f3n sigue siendo, por tanto, el imperialismo y la guerra.<\/p>\n<h3>4. Proceso de socializaci\u00f3n y transici\u00f3n socialista<\/h3>\n<p><b>Advertencia.<\/b> <i>Continuando con el trabajo de reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre algunos puntos te\u00f3ricos que Marx trata en los libros II y III de El capital, me he dado cuenta de la conveniencia de introducir un par de variaciones al <\/i><a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\"><i>proyecto inicial<\/i><\/a><i>: 1) en esta cuarta parte he incluido una referencia a la integraci\u00f3n de la clase obrera en el capital, tema que inicialmente hab\u00eda pensado tratar en una sexta parte dedicada a la \u00abdesnaturalizaci\u00f3n\u00bb del trabajo y la tierra.<\/i> <i>Esto se debe a que me di cuenta de que no podr\u00eda escribir sobre ello sin estudiar a fondo la cuesti\u00f3n de la renta de la tierra, lo que, por el momento, me resulta imposible, por lo que la sexta parte ha sido excluida del proyecto; 2) en cuanto al anunciado ap\u00e9ndice sobre las cr\u00edticas de Luxemburg a los esquemas marxianos de acumulaci\u00f3n ampliada, se integrar\u00e1 en la quinta y \u00faltima parte sobre la centralizaci\u00f3n del capital,<\/i> <i>la ca\u00edda de la tasa de ganancia y la crisis. Por \u00faltimo, aprovecho la ocasi\u00f3n para aclarar (por si fuera necesario) que con estos cinco textos no pretendo ofrecer m\u00e1s que una lista de dudas y problemas relativos a la medida en que ciertas categor\u00edas marxianas parecen aplicables a nuestros d\u00edas (un trabajo sistem\u00e1tico sobre la segunda y tercera secci\u00f3n de <\/i>El Capital <i>habr\u00eda requerido otras dimensiones).<\/i> <i>En cuanto a los autores citados, adem\u00e1s de Marx y Engels, se trata de elecciones muy personales, por lo que pido disculpas por adelantado a todos aquellos que me reprochen haber omitido tal o cual voz de la inmensa bibliograf\u00eda que la tradici\u00f3n marxista (y no solo ella) ha producido sobre estas cuestiones.<\/i><\/p>\n<p>Los pasajes de <em>El Capital<\/em> en los que Marx destaca el peso determinante del factor social en el modo de producci\u00f3n capitalista son tan frecuentes y numerosos que, si se quisieran citar todos, se acumular\u00eda una cantidad de p\u00e1ginas no muy inferior a la del propio <em>El Capital<\/em>. Por eso, las citas que siguen no pretenden ser exhaustivas sobre el tema, sino que representan una selecci\u00f3n inevitablemente limitada y arbitraria.<\/p>\n<p>Parto de dos pasajes que explican c\u00f3mo la actividad del capitalista individual se beneficia de la fuerza productiva social generada por el sistema en su conjunto:<\/p>\n<p>\u00abLo que caracteriza a este tipo de ahorro de capital constante [debido al aumento de la fuerza productiva del trabajo], derivado de los continuos avances de la industria, es que el aumento de la tasa de ganancia en <i>una<\/i> rama de la industria se debe aqu\u00ed al desarrollo de la productividad del trabajo en <i>otra<\/i>. Lo que aqu\u00ed beneficia al capitalista representa a su vez una ganancia que es producto del trabajo social, aunque no del trabajo de los obreros directamente explotados por \u00e9l. Ese desarrollo de la fuerza productiva se remonta siempre, en \u00faltima instancia, al car\u00e1cter social del trabajo puesto en acci\u00f3n; a la divisi\u00f3n del trabajo dentro de la sociedad; al desarrollo del trabajo intelectual, sobre todo de las ciencias naturales. Lo que el capitalista utiliza aqu\u00ed son \u00ab<i>las ventajas de todo el sistema de divisi\u00f3n social del trabajo <\/i>\u00bb (subrayado m\u00edo)\u00bb. (Libro III, pp. 116-117).<\/p>\n<p>En resumen, Marx explica aqu\u00ed que el capitalista no solo se apropia del trabajo no remunerado de sus trabajadores, sino tambi\u00e9n de los efectos generados por el aumento de todo el potencial productivo del sistema en el que act\u00faa. De manera similar, en un p\u00e1rrafo titulado \u00abEconom\u00edas mediante invenciones\u00bb, escribe que las econom\u00edas en el empleo del capital fijo \u00absirven como condiciones de trabajo inmediatamente social, socializado, es decir, de cooperaci\u00f3n directa dentro del proceso productivo\u00bb. Obviamente, aqu\u00ed no se hace referencia a la manufactura, sino a la producci\u00f3n industrial a gran escala, que es la \u00fanica que \u00abhace posibles las econom\u00edas derivadas del consumo productivo social\u00bb. Adem\u00e1s, para despejar el campo de la ambig\u00fcedad seg\u00fan la cual ser\u00edan las invenciones t\u00e9cnicas en s\u00ed mismas las que garantizar\u00edan este resultado, a\u00f1ade: \u00abPor \u00faltimo, sin embargo, solo la experiencia del obrero combinado descubre e indica c\u00f3mo y d\u00f3nde ahorrar, c\u00f3mo poner en pr\u00e1ctica de la manera m\u00e1s sencilla las invenciones ya realizadas, qu\u00e9 fricciones pr\u00e1cticas en la realizaci\u00f3n de la teor\u00eda \u2014en su aplicaci\u00f3n al proceso productivo\u2014 deben superarse, etc.\u00bb. A continuaci\u00f3n, concluye que \u00abhay que distinguir entre trabajo general y trabajo colectivo. Ambos desempe\u00f1an su papel en el proceso de producci\u00f3n (&#8230;) El trabajo general es todo trabajo cient\u00edfico, todo descubrimiento, toda invenci\u00f3n. Depende tanto de la cooperaci\u00f3n con los vivos como de la utilizaci\u00f3n del trabajo de los muertos. El trabajo colectivo presupone la cooperaci\u00f3n directa de los individuos\u00bb (Libro III, pp. 142-143).<\/p>\n<p>El concepto de trabajo general es sin\u00f3nimo del de <i>general intellect<\/i>, en el centro de las famosas p\u00e1ginas de los <i>Grundrisse<\/i><sup>52<\/sup> que encendieron la imaginaci\u00f3n de los te\u00f3ricos operistas y postoperistas, hasta el punto de llevarlos a delirar sobre un supuesto \u00abcomunismo del capital\u00bb<sup>53<\/sup>. No menor impacto ha tenido sobre ellos el concepto de \u00abobrero combinado\u00bb, identificado en ocasiones con el obrero masivo y\/o el obrero social, hasta llegar, como colof\u00f3n de un largo ciclo de desilusiones y derrotas, a la anodina categor\u00eda de multitud. Pero de esto nos ocuparemos m\u00e1s adelante, al discutir el <i>sujeto pol\u00edtico<\/i> que deber\u00eda surgir del trabajo colectivo. Primero nos ocuparemos de aquellos aspectos del proceso de socializaci\u00f3n que hacen que la figura tradicional e hist\u00f3rica del capitalista quede oscurecida por las potencias que \u00e9l mismo, a modo de aprendiz de brujo, ha evocado. Un proceso hist\u00f3rico que, seg\u00fan Marx, est\u00e1 necesariamente destinado a culminar en la emancipaci\u00f3n de esas potencias de las formas mistificadas en las que han sido encerradas por la propiedad privada.<\/p>\n<p>Con la creciente concentraci\u00f3n del capital, \u00abel capital se presenta cada vez m\u00e1s como <i>una potencia social de la que el capitalista es funcionario <\/i>(el subrayado es m\u00edo) y que ya no tiene ninguna relaci\u00f3n con lo que puede crear el trabajo de un individuo, sino como una potencia social alienada, que se ha vuelto aut\u00f3noma, <i>que se opone a la sociedad <\/i>como cosa y como poder del capitalista gracias a esa cosa. La contradicci\u00f3n entre el poder social general <i>que encarna el capital <\/i>y el poder privado del capitalista individual sobre estas condiciones sociales de producci\u00f3n, adquiere formas cada vez m\u00e1s estridentes e <i>implica la disoluci\u00f3n final de esta relaci\u00f3n<\/i>\u00bb (Libro III, p. 337). Retengamos los tres conceptos destacados: el capitalista se convierte de propietario en funcionario del capital (\u00a1pero sin perder la propiedad!); el capital, en cuanto potencia social abstracta y aut\u00f3noma que trasciende a los sujetos sociales concretos, se opone a la sociedad en su conjunto; y el proceso est\u00e1 l\u00f3gicamente (\u00a1por lo tanto, necesariamente!) destinado a culminar en la disoluci\u00f3n de la relaci\u00f3n de propiedad, y vemos c\u00f3mo se articulan en las partes siguientes del Libro III.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo XXII (\u00abReparto del beneficio, tasa de inter\u00e9s\u00bb) leemos: \u00abCon el desarrollo de la gran industria, el capital dinero, tal y como se presenta en el mercado, tiende cada vez m\u00e1s a no estar representado por el capitalista individual, propietario de esta o aquella fracci\u00f3n del capital disponible en el mercado, sino a intervenir como masa concentrada, organizada, que, muy al contrario que la producci\u00f3n real, est\u00e1 sometida al control de los banqueros representantes del capital social\u00bb (Libro III, p. 465). El tema de la financiarizaci\u00f3n, que en el episodio anterior abordamos en relaci\u00f3n con el concepto de \u00abconversi\u00f3n en mercanc\u00eda\u00bb del capital, se presenta aqu\u00ed como una etapa crucial del proceso de socializaci\u00f3n del capital: si el capitalista industrial individual decae a funcionario de su propio capital, el banquero, como funcionario del gran capital financiero, se eleva a representante del capital social.<\/p>\n<p>En el mismo cap\u00edtulo, encontramos la parad\u00f3jica descripci\u00f3n de la degradaci\u00f3n del capitalista a \u00abtrabajador\u00bb: \u00abel beneficio empresarial se presenta al capitalista como independiente de la propiedad del capital, como resultado de sus funciones de&#8230;<i>trabajador<\/i>\u00bb (Libro III, p. 479). Y unas diez p\u00e1ginas m\u00e1s adelante: \u00abLa propia producci\u00f3n capitalista ha tenido como efecto que el trabajo de direcci\u00f3n recorre las calles completamente separado de la propiedad del capital: <i>por lo tanto, es in\u00fatil que lo realicen capitalistas<\/i>\u00bb y dos p\u00e1ginas m\u00e1s adelante: \u00absolo queda el funcionario, <i>y el capitalista desaparece como persona superflua del proceso de producci\u00f3n<\/i>\u00bb (ambos subrayados son m\u00edos). Esto no significa que Marx olvide que el papel del directivo industrial sigue siendo el de explotar la fuerza de trabajo (lo que equivaldr\u00eda a decir que Marchionne era un \u00abtrabajador\u00bb bien remunerado gracias a sus excepcionales dotes directivas), de hecho, en la p\u00e1gina 488 escribe: \u00abFrente al capitalista monetario, el capitalista industrial es un trabajador, pero un trabajador como capitalista, es decir, como explotador del trabajo ajeno\u00bb.<\/p>\n<p>El tema de la funci\u00f3n del capital financiero como acelerador del proceso de socializaci\u00f3n del capital general aparece continuamente en el libro III. En el cap\u00edtulo XXXVI (\u00abEl proceso de la producci\u00f3n capitalista\u00bb) leemos, por ejemplo: \u00abEste car\u00e1cter social del capital solo se media y se realiza plenamente con el pleno desarrollo del sistema crediticio y bancario. Este \u00faltimo (&#8230;) pone a disposici\u00f3n de los capitalistas industriales y comerciales todo el capital disponible e incluso potencial, no comprometido ya activamente, de la sociedad, de modo que ni quien presta ni quien emplea este capital es su propietario o productor. <i>Con ello, suprime el car\u00e1cter privado del capital y contiene en s\u00ed mismo, pero tambi\u00e9n solo en s\u00ed mismo, la supresi\u00f3n del propio capital <\/i>(subrayado m\u00edo) (p. 756). Pero en la p\u00e1gina siguiente encontramos una afirmaci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s sorprendente sobre el papel (objetivamente) revolucionario del capital financiero: \u00abNo hay duda de que el sistema crediticio servir\u00e1 de palanca poderosa durante la transici\u00f3n del modo de producci\u00f3n capitalista al modo de producci\u00f3n del trabajo asociado, pero solo como un elemento en conexi\u00f3n con otros grandes trastornos del propio modo de producci\u00f3n\u00bb. En pocas palabras, para Marx, las transformaciones asociadas al desarrollo del gran capital industrial y financiero pueden describirse como \u00abla supresi\u00f3n del modo de producci\u00f3n capitalista dentro de los l\u00edmites del modo de producci\u00f3n capitalista\u00bb, en la medida en que representan \u00abla propiedad privada sin el control de la propiedad privada\u00bb (Libro III, p. 555).<\/p>\n<p>A pesar de la precisi\u00f3n \u2014seg\u00fan la cual la transici\u00f3n al modo de producci\u00f3n del trabajo asociado se ver\u00e1 facilitada por la evoluci\u00f3n del sistema hacia formas de producci\u00f3n cada vez m\u00e1s socializadas, \u00abpero solo como un elemento en conexi\u00f3n con otros grandes trastornos del modo de producci\u00f3n capitalista\u00bb\u2013, es dif\u00edcil negar que los argumentos reci\u00e9n citados pueden interpretarse de manera que justifiquen la tesis de una transici\u00f3n m\u00e1s o menos espont\u00e1nea, \u00abautom\u00e1tica\u00bb, del modo de producci\u00f3n capitalista al modo de producci\u00f3n del trabajo asociado. Por otra parte, as\u00ed es precisamente como los interpretaron los dirigentes de la Segunda Internacional, autoproclam\u00e1ndose los verdaderos guardianes de la herencia te\u00f3rica de Marx contra la herej\u00eda leninista que, por el contrario, colm\u00f3 el \u00abvac\u00edo\u00bb de un sistema te\u00f3rico incapaz de traducir la cr\u00edtica de las contradicciones internas del modo de producci\u00f3n capitalista en organizaci\u00f3n pol\u00edtica del sujeto revolucionario<sup>54<\/sup>.<\/p>\n<p>El vac\u00edo en cuesti\u00f3n nace de dos l\u00edmites: por un lado, una visi\u00f3n teleol\u00f3gica de la historia cuyas leyes immanentes condenan al capitalismo a crear las condiciones de su propio fin; por otro lado, el hecho de que en <em>El Capital<\/em> la clase obrera se representa exclusivamente como \u00abclase en s\u00ed\u00bb, capital variable, elemento totalmente interno al proceso capitalista de producci\u00f3n, al igual que el capital constante.<\/p>\n<p>Los pasajes que documentan la primera limitaci\u00f3n son innumerables. Me limitar\u00e9 a citar tres: \u00abSi, por lo tanto, el modo de producci\u00f3n capitalista <i>es un medio hist\u00f3rico <\/i>(subrayado m\u00edo) para desarrollar la fuerza productiva material y crear el mercado mundial correspondiente, es al mismo tiempo la contradicci\u00f3n permanente entre <i>esta misi\u00f3n hist\u00f3rica<\/i> (\u00eddem) y las relaciones sociales de producci\u00f3n que le corresponden\u00bb (Libro III, p. 320); \u00abAs\u00ed, en esta rama [se refiere a la industria qu\u00edmica], la competencia ha dado paso al monopolio y se ha preparado de la manera m\u00e1s feliz el terreno para la futura expropiaci\u00f3n por parte de la sociedad en su conjunto (Libro III, p. 555, se trata en este caso de una inserci\u00f3n de Engels); \u00ab las empresas capitalistas por acciones deben considerarse, al igual que las empresas cooperativas, como formas de transici\u00f3n del modo de producci\u00f3n capitalista al asociado\u00bb (Libro III, p. 558). Se pasa as\u00ed de la definici\u00f3n del capitalismo como instrumento de la \u00abastucia de la raz\u00f3n\u00bb hegeliana para desarrollar las fuerzas productivas, a la afirmaci\u00f3n del supuesto papel de las empresas accionarias como paso intermedio hacia la sociedad de productores asociados.<\/p>\n<p>En cuanto a la segunda limitaci\u00f3n (la clase obrera reducida a capital variable), he aqu\u00ed un par de ejemplos: \u00abDesde el punto de vista del obrero, el empleo productivo de su fuerza de trabajo solo es posible a partir del momento en que, tras su venta, se pone en relaci\u00f3n con los medios de producci\u00f3n (&#8230;) Pero tan pronto como, habiendo sido vendida, se pone en relaci\u00f3n con los medios de producci\u00f3n, <i>forma parte integrante del capital productivo de su comprador, al mismo t\u00edtulo que los medios de producci\u00f3n<\/i>\u00bb (subrayado m\u00edo; por cierto, me gustar\u00eda se\u00f1alar que esto podr\u00eda interpretarse en el sentido de que la resistencia subjetiva a la subordinaci\u00f3n sustancial del trabajador al proceso de valorizaci\u00f3n solo puede darse <i>antes<\/i> de la venta<sup>55<\/sup>, es decir, antes de ser transformado en mercanc\u00eda fuerza de trabajo, mientras que una vez integrado en el proceso no es m\u00e1s que un instrumento de producci\u00f3n) (Libro II, p. 53). Y a\u00fan m\u00e1s: \u00abLa producci\u00f3n capitalista (&#8230;) no solo produce mercanc\u00edas y plusval\u00eda, sino que reproduce, y en proporciones cada vez mayores, a la clase asalariada, y transforma en asalariados a la enorme mayor\u00eda de los productores directos\u00bb (Libro II, p. 57). Tambi\u00e9n aqu\u00ed la fuerza de trabajo aparece como objeto, \u00abse reproduce\u00bb, mientras que su crecimiento num\u00e9rico representa una contradicci\u00f3n para el capital solo en sentido \u00abobjetivo\u00bb, contradicci\u00f3n inmanente que encarna la necesidad hist\u00f3rica de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de pasar a analizar la soluci\u00f3n leninista a la doble limitaci\u00f3n en cuesti\u00f3n, es necesario completar el an\u00e1lisis marxista del proceso de socializaci\u00f3n, describiendo c\u00f3mo imaginaba Marx el punto de llegada de dicho proceso, es decir, la transici\u00f3n a la sociedad de los productores asociados. Es bien sabido que Marx fue parco en describir su visi\u00f3n de una sociedad poscapitalista. Tanto es as\u00ed que muchos consideran que el \u00fanico texto significativo que nos dej\u00f3 al respecto es<i> La cr\u00edtica al programa de Gotha<\/i> (Editori Riuniti). En realidad, en El capital hay al menos dos pasajes nada marginales sobre el tema, uno en el Libro I<sup>56<\/sup> y otro en el Libro III. Personalmente, me parece m\u00e1s interesante el segundo, que reproduzco a continuaci\u00f3n casi \u00edntegramente.<\/p>\n<p>\u00abUno de los aspectos civilizadores del capital consiste en el hecho de extorsionar este trabajo extra de una manera y en condiciones que son m\u00e1s favorables al desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones sociales, y a la creaci\u00f3n de los elementos de una nueva y m\u00e1s elevada cultura, que en las formas anteriores de esclavitud, servidumbre, etc. Por un lado, genera una etapa en la que cesan la coacci\u00f3n y la monopolizaci\u00f3n del desarrollo social (&#8230;) por parte de una parte de la sociedad a expensas de otra; por otro lado, crea los medios materiales y el germen de relaciones que permiten, en una forma superior de sociedad, combinar este trabajo extra con una mayor limitaci\u00f3n del tiempo dedicado en general al trabajo material. (&#8230;) La riqueza real de la sociedad y la posibilidad de una ampliaci\u00f3n constante de su proceso de reproducci\u00f3n no dependen, por lo tanto, de la duraci\u00f3n del trabajo extra, sino de su productividad y de las condiciones m\u00e1s o menos ricas en que se realiza. El reino de la libertad comienza, en efecto, solo donde cesa el trabajo determinado por la necesidad y la conveniencia externa; reside, por lo tanto, por la propia naturaleza de las cosas, m\u00e1s all\u00e1 de la esfera de la producci\u00f3n material en sentido estricto. As\u00ed como el salvaje debe luchar con la naturaleza para satisfacer sus necesidades, para conservar y reproducir su vida, as\u00ed debe hacerlo el hombre civilizado, y debe hacerlo en todas las formas de sociedad y en todos los modos de producci\u00f3n posibles. Con su desarrollo se extiende el reino de la necesidad natural, porque se expanden las necesidades; pero al mismo tiempo se expanden las fuerzas productivas que las satisfacen. La libertad en este campo solo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente este intercambio org\u00e1nico con la naturaleza, lo sometan a su control colectivo, en lugar de estar dominados por \u00e9l como por una fuerza ciega; lo realicen con el menor gasto de energ\u00eda y en las condiciones m\u00e1s dignas de su naturaleza humana y m\u00e1s adecuadas a ella. Pero esto sigue siendo un reino de la necesidad. M\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites comienza el desarrollo de las capacidades humanas, que es un fin en s\u00ed mismo; el verdadero reino de la libertad, que, sin embargo, solo puede florecer sobre la base de ese reino de la necesidad. La reducci\u00f3n de la jornada laboral es su condici\u00f3n fundamental\u00bb. (Libro III, pp. 1010-1012)<\/p>\n<p>El pasaje es tan denso que requerir\u00eda p\u00e1ginas y p\u00e1ginas de ejercicio hermen\u00e9utico. Me limitar\u00e9 aqu\u00ed a enumerar los puntos que considero m\u00e1s significativos: 1) En las primeras l\u00edneas encontramos la visi\u00f3n teleol\u00f3gica que ya hemos destacado en varias ocasiones: los m\u00e9ritos del capital como agente involuntario del \u00abprogreso humano\u00bb, en la medida en que acumula recursos materiales, los conocimientos y las relaciones sociales que preludian un salto civilizatorio (una visi\u00f3n ilustrada que los intelectuales revolucionarios del Sur del mundo acusan de eurocentrismo y de escasa atenci\u00f3n a las consecuencias de los llamados aspectos \u00abcivilizadores\u00bb del capital); 2) la idea \u2014en la que insiste mucho el \u00faltimo Lukacs en <i>Ontolog\u00eda del ser social<sup>57<\/sup><\/i>\u2014 de que, por muy desarrolladas que est\u00e9n las fuerzas productivas del trabajo social, el reino de la necesidad, entendido como intercambio org\u00e1nico entre el hombre y la naturaleza, nunca desaparecer\u00e1 \u00aben ninguna forma de sociedad ni en ning\u00fan modo de producci\u00f3n posible\u00bb (lo que podr\u00eda traducirse diciendo que quiz\u00e1 alg\u00fan d\u00eda podamos liberarnos del valor de cambio, pero nunca del valor de uso); 3) La idea de que, dada esta limitaci\u00f3n, la libertad solo puede consistir en el control colectivo de los productores asociados (control cuya forma pol\u00edtica sigue siendo indefinida) sobre las modalidades de la sustituci\u00f3n org\u00e1nica emancipada del \u00abpoder ciego\u00bb de las leyes de la econom\u00eda (capitalista); 4) La idea de que, m\u00e1s all\u00e1 de estas limitaciones materiales, podr\u00e1 existir ese \u00abverdadero reino de la libertad\u00bb no bien definido, del que Ernst Bloch nos ha entregado una versi\u00f3n vagamente m\u00edstica<sup>58<\/sup>; 5) Por el contrario, Marx, en la medida en que lo ancla todo a la reducci\u00f3n de la jornada laboral, nos proporciona el \u00fanico elemento concreto para imaginar la llegada de otro mundo posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>En las p\u00e1ginas de <em>El Capital<\/em> que acabamos de releer destacan, entre otros, algunos puntos problem\u00e1ticos. El primero, de car\u00e1cter metodol\u00f3gico, se refiere a la huella teleol\u00f3gica de una narraci\u00f3n que anuncia la necesidad hist\u00f3rica, fruto de leyes immanentes a las propias formas asumidas por el modo de producci\u00f3n capitalista en el curso de su proceso evolutivo, de la transici\u00f3n al socialismo. Se trata de un tema filos\u00f3fico que, aunque de gran importancia, no considero prioritario en el contexto de este escrito, por lo que remito a los textos que le he dedicado en otros lugares, a partir de las contribuciones de autores como Gyorgy Lukacs y Costanzo Preve<sup>59<\/sup>.<\/p>\n<p>Me parecen m\u00e1s urgentes aqu\u00ed otras tres cuestiones: 1) dado que la socializaci\u00f3n y el consiguiente desarrollo de las fuerzas productivas se concentran en las naciones occidentales, donde este proceso est\u00e1 m\u00e1s avanzado, \u00bfpor qu\u00e9 en estas naciones han fracasado todos los intentos de derrocar el dominio del capital? 2) \u00bfC\u00f3mo y en qu\u00e9 medida ha logrado la teor\u00eda marxista definir las condiciones de la transformaci\u00f3n de la clase en s\u00ed (como capital vivo integrado en el proceso productivo de plusval\u00eda) en clase para s\u00ed, es decir, en <i>organizaci\u00f3n pol\u00edtica<\/i> de su lucha por la emancipaci\u00f3n del dominio del capital? 3) \u00bfC\u00f3mo y en qu\u00e9 medida difieren las experiencias hist\u00f3ricas concretas de construcci\u00f3n de una sociedad socialista del modelo de sociedad de productores asociados esbozado por Marx (y Engels)?<\/p>\n<p>A lo largo de todo el siglo XX (pero tambi\u00e9n hoy, aunque en formas diferentes), el marxismo se dividi\u00f3 en dos grandes corrientes (aunque fragmentadas en su interior) a partir del acontecimiento cism\u00e1tico de la Revoluci\u00f3n de Octubre y del giro radical que Lenin imprimi\u00f3 a la teor\u00eda a trav\u00e9s de los conceptos de imperialismo y partido revolucionario de clase. El a\u00f1o 1917 marca la divisi\u00f3n entre un marxismo occidental que se mantuvo fiel a la visi\u00f3n de un proceso de maduraci\u00f3n espont\u00e1nea del socialismo como \u00absupresi\u00f3n del modo de producci\u00f3n capitalista dentro de los l\u00edmites del modo de producci\u00f3n capitalista\u00bb, parafraseando las palabras de Marx citadas anteriormente, y la concepci\u00f3n leninista de la revoluci\u00f3n como resultado de un <i>proyecto<\/i> pol\u00edtico, como <i>discontinuidad radical <\/i>del proceso hist\u00f3rico inducida y preparada por un partido que re\u00fane y organiza a la vanguardia pol\u00edticamente consciente de una parte social, condenada de otro modo a reproducirse eternamente como mera fuerza de trabajo, componente productivo del proceso de acumulaci\u00f3n capitalista.<\/p>\n<p>La adhesi\u00f3n dogm\u00e1tica a esta concepci\u00f3n leninista del partido no salv\u00f3, sin embargo, de la derrota a las minor\u00edas revolucionarias que intentaron oponerse a la hegemon\u00eda reformista, aplastante en el \u00e1mbito de la cultura marxista occidental. Esto se debe, en mi opini\u00f3n, a que el leninismo solo pod\u00eda funcionar, y funcion\u00f3, en las condiciones creadas en las regiones perif\u00e9ricas y semiexteriores del mundo por el imperialismo. Esta es la verdadera gran contribuci\u00f3n de Lenin a la teor\u00eda marxista: un an\u00e1lisis que, como observa John Bellamy Foster en un largo art\u00edculo publicado en <em>Monthly Review<\/em>, conserva toda su validez aunque \u00abha sido integrado y actualizado en varios momentos por la teor\u00eda de la dependencia, la teor\u00eda del intercambio desigual, la teor\u00eda de los sistemas-mundo (&#8230;). En todo ello, la teor\u00eda marxista del imperialismo ha mantenido una unidad b\u00e1sica que ha inspirado las luchas revolucionarias globales\u00bb<sup>60<\/sup>. Desde 1917 hasta la victoria de la Revoluci\u00f3n China de 1949, la derrota estadounidense en Vietnam en los a\u00f1os setenta, las revoluciones latinoamericanas de ayer (Cuba) y de hoy (Venezuela y Bolivia), las victorias de las masas populares del Sur del mundo son el resultado de la ampliaci\u00f3n de la contradicci\u00f3n de clase desde el conflicto entre el capital y el trabajo en Occidente hasta el conflicto entre naciones explotadoras y naciones explotadas en el sistema-mundo imperialista.<\/p>\n<p>Gracias a la conciencia de esta ampliaci\u00f3n ha sido posible superar los l\u00edmites euroc\u00e9ntricos de la visi\u00f3n marxista \u00abortodoxa\u00bb e integrar en la lucha anticapitalista a las amplias masas campesinas y populares del Sur del mundo. No es casualidad, como se\u00f1ala Bellamy Foster, que las izquierdas posmodernas hayan intentado por todos los medios invalidar la teor\u00eda leninista del imperialismo, reduci\u00e9ndola a una teor\u00eda geopol\u00edtica del conflicto territorial y militar entre grandes potencias, pasando por alto las implicaciones en t\u00e9rminos de explotaci\u00f3n econ\u00f3mica de las periferias por parte de las metr\u00f3polis, o incluso negando la existencia misma de esta \u00faltima<sup>61<\/sup>. Pero lo que choca a la izquierda pol\u00edtica y acad\u00e9mica occidental no es solo la denuncia de su complicidad objetiva con sus propias \u00e9lites dominantes: es tambi\u00e9n y sobre todo el reconocimiento, por parte de Lenin y sus herederos te\u00f3ricos, de que la transformaci\u00f3n de gran parte del proletariado occidental en una aristocracia obrera mundial, en una \u00abclase media\u00bb, objetivamente interesada en la conservaci\u00f3n del <em>statu quo<\/em>, se ha basado en la relaci\u00f3n de explotaci\u00f3n de las periferias por parte de las metr\u00f3polis. Un hecho que quema, hasta el punto de que incluso parte de la izquierda occidental supuestamente antagonista ha intentado negar, desde mediados de los a\u00f1os setenta, el concepto mismo de imperialismo y\/o representar, como veremos en breve, a la aristocracia mencionada como \u00abnueva\u00bb vanguardia revolucionaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Analizando las grandes empresas monopol\u00edsticas de Estados Unidos, Baran y Sweezy<sup>62<\/sup> retoman el tema marxista de la separaci\u00f3n entre las funciones directivas y la propiedad (tendencial en la segunda mitad del siglo XIX, hecho consumado en la posguerra del siglo XX) y lo profundizan: 1) definiendo el papel del directivo como \u00abhombre de la organizaci\u00f3n\u00bb en contraposici\u00f3n al individualismo del empresario cl\u00e1sico; 2) aclarando que estos funcionarios del capital no representan una nueva clase social \u2014tesis defendida por quienes los comparan con la burocracia sovi\u00e9tica, descrita a su vez como una nueva clase social<sup>63<\/sup>\u2014, sino que deben considerarse como la parte m\u00e1s activa e influyente de las clases propietarias; 3) reiterando que la sustituci\u00f3n del capitalista individual por el capitalista colectivo de las sociedades an\u00f3nimas constituye una \u00abinstitucionalizaci\u00f3n de la funci\u00f3n del capitalista\u00bb; 4) subrayando, por \u00faltimo, que los gerentes est\u00e1n menos condicionados \u2014en comparaci\u00f3n con el capitalista cl\u00e1sico\u2014 por prejuicios personales, por lo que est\u00e1n m\u00e1s dispuestos a promover la igualdad entre razas, g\u00e9neros, etc.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima afirmaci\u00f3n se adelanta en d\u00e9cadas (\u00a1estamos en los a\u00f1os sesenta!) al \u00abcapitalismo woke\u00bb de nuestros d\u00edas<sup>64<\/sup> y nos ayuda a comprender c\u00f3mo ya entonces era previsible que el capital se comprometiera a acoger e integrar las expectativas de emancipaci\u00f3n de las minor\u00edas de color, las mujeres, etc. (Cabe se\u00f1alar que en la p\u00e1gina 748 del Libro III, Marx ya escrib\u00eda: \u00abCuanto m\u00e1s capaz es una clase dominante de acoger en su seno a los hombres \u2014\u00a1y hoy deber\u00edamos a\u00f1adir a las mujeres!\u2014 m\u00e1s eminentes de las clases dominadas, m\u00e1s s\u00f3lido y peligroso es su dominio\u00bb). En lo que respecta, en particular, al nacimiento de una \u00abburgues\u00eda negra\u00bb tanto en Estados Unidos como en los pa\u00edses con reg\u00edmenes neocoloniales, he descrito a mi vez \u2014en una serie de entradas dedicadas al afromarxismo y al panafricanismo revolucionarios<sup>65<\/sup>\u2014 en qu\u00e9 medida la cooptaci\u00f3n de las \u00e9lites intelectuales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas de color ha funcionado como un arma poderosa para contrarrestar la lucha antiimperialista.<\/p>\n<p>Pero el m\u00e9rito de Baran y Sweezy y de sus an\u00e1lisis sobre el impacto socioecon\u00f3mico de las din\u00e1micas del imperialismo en la composici\u00f3n de clase en los pa\u00edses metropolitanos consiste sobre todo en haber documentado ampliamente, con datos y ejemplos concretos, hasta qu\u00e9 punto las aristocracias obreras occidentales se hab\u00edan expandido con respecto a la \u00e9poca de Lenin, convirti\u00e9ndose en esas \u00abclases medias\u00bb que acabaron por engullir a la mayor parte de los estadounidenses, incluidos los obreros, una masa de personas dispuestas a compartir sin discusi\u00f3n el objetivo de garantizar la estabilidad del sistema, individuos que \u00abpara dar una base racional a su elecci\u00f3n a favor de la conservaci\u00f3n del <i>american way of life, <\/i>aceptan y justifican el anticomunismo y las pol\u00edticas de expansi\u00f3n ilimitada del gasto militar\u00bb<sup>66<\/sup>. Partiendo de este an\u00e1lisis, Baran y Sweezy atribuyen el fortalecimiento de la hegemon\u00eda de las clases dominantes a la \u00abproliferaci\u00f3n de las clases devoradoras de excedentes\u00bb (v\u00e9ase <a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e_26.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\">lo que he escrito<\/a> sobre la diferencia entre trabajo productivo e improductivo). Un punto de vista diametralmente opuesto a las ideas de gran parte de la izquierda radical occidental, que, a partir de los a\u00f1os setenta del siglo XX, consider\u00f3 el proceso de terciarizaci\u00f3n del trabajo como una oportunidad para ampliar la base social revolucionaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>El ciclo de luchas obreras y estudiantiles que sacudi\u00f3 a muchos pa\u00edses occidentales en la d\u00e9cada de los sesenta y setenta del siglo pasado aliment\u00f3 la ilusi\u00f3n de un nuevo cisma: al igual que Lenin rompi\u00f3 con el marxismo de la Segunda Internacional, los movimientos y formaciones pol\u00edticas nacidos de ese ciclo de luchas promet\u00edan romper con las socialdemocracias y las opciones oportunistas de los partidos comunistas europeos, y dar vida a una nueva corriente revolucionaria dentro del marxismo occidental. Los \u00abintelectuales org\u00e1nicos\u00bb expresados por esos movimientos, aunque dispersos en una mir\u00edada de tendencias diferentes, pod\u00edan agruparse en dos grandes familias. Por un lado, estaban los que se inspiraban en las ense\u00f1anzas de Lenin y\/o Mao, sin embargo, sin lograr aplicarlas creativamente a una realidad socioecon\u00f3mica, pol\u00edtica y cultural profundamente diferente a la de la Rusia de 1917 (por no hablar de la China de 1949); por otro lado, estaban los que cre\u00edan que la clase obrera occidental de aquellos a\u00f1os hab\u00eda desarrollado un nivel de conciencia anticapitalista tan avanzado que pod\u00eda autoorganizarse, sin necesidad de la gu\u00eda de un partido, de una vanguardia pol\u00edtica externa. Sin embargo, todos compart\u00edan el objetivo de unir las luchas obreras con las luchas estudiantiles, con la diferencia de que unos conceb\u00edan esta convergencia como una alianza de clase entre obreros y peque\u00f1a burgues\u00eda democr\u00e1tica, mientras que otros teorizaban que el proceso de escolarizaci\u00f3n masiva que se estaba produciendo en aquellos a\u00f1os preludiaba la proletarizaci\u00f3n de una clase media juvenil destinada a convertirse en mano de obra cualificada, por lo tanto, ya parte integrante de una nueva clase obrera.<\/p>\n<p>Las reacciones a la derrota de las luchas obreras, aplastadas por la reacci\u00f3n de las \u00e9lites burguesas a la crisis econ\u00f3mica de los a\u00f1os setenta (reestructuraci\u00f3n organizativa y tecnol\u00f3gica del proceso productivo, descentralizaci\u00f3n de las industrias hacia los pa\u00edses perif\u00e9ricos y semiperif\u00e9ricos y proceso de terciarizaci\u00f3n del trabajo en los centros metropolitanos, recortes en el gasto p\u00fablico y el bienestar social, a lo que sigui\u00f3 el giro neoliberal de los a\u00f1os ochenta, aceptado, si no facilitado, por la aquiescencia de las organizaciones tradicionales de izquierda ) y al concomitante reflujo de las luchas juveniles y estudiantiles: por un lado, los micropartidos neoleninistas perdieron progresivamente consistencia, refluyendo en parte hacia la izquierda tradicional; por otro lado, el ala obrerista, que hab\u00eda celebrado el magn\u00edfico y progresista destino del \u00ab<i>obrero de masas<\/i>\u00bb<sup>67<\/sup> fordista, en lugar de reconocer el fin de un ciclo hist\u00f3rico, perseguir\u00e1 las nuevas figuras sociales generadas por la r\u00e1pida mutaci\u00f3n de la composici\u00f3n social, con especial atenci\u00f3n a las capas superiores de la fuerza de trabajo t\u00e9cnico-cient\u00edfica (<i>trabajadores del conocimiento<\/i>) y a las nuevas formas de trabajo aut\u00f3nomo. Esta carrera, marcada por la producci\u00f3n ininterrumpida de pseudocategor\u00edas sociol\u00f3gicas (proletariado juvenil, obrero social, etc.), no se dejar\u00e1 desarmar por las repetidas desilusiones y desmentidos, logrando incluso atribuir a la revoluci\u00f3n digital iniciada en los a\u00f1os noventa un potencial subversivo in\u00e9dito para el sistema, sin reconocer su naturaleza de arma final de la contrarrevoluci\u00f3n neoliberal<sup>68<\/sup>. As\u00ed, los procesos de individualizaci\u00f3n del trabajo (en particular del trabajo cognitivo y terciario, en el que los te\u00f3ricos posopera\u00edstas concentran su atenci\u00f3n y sus expectativas) que inspiran la ideolog\u00eda del trabajador \u00abempresario de s\u00ed mismo\u00bb<sup>69<\/sup> se celebran como precursores del nacimiento de una \u00abmultitud\u00bb formada por singularidades capaces de interactuar en nuevas formas de cooperaci\u00f3n social espont\u00e1nea y de autonomizarse del dominio del capital<sup>70<\/sup>.<\/p>\n<p>Bajo esta agitaci\u00f3n ideol\u00f3gica superestructural, las d\u00e9cadas que marcaron el paso del milenio fueron testigo de una r\u00e1pida y tr\u00e1gica evoluci\u00f3n de la realidad sociopol\u00edtica occidental. Aniquilado y disperso el patrimonio de conocimientos, memorias hist\u00f3ricas, estructuras organizativas, principios y valores \u00e9ticos de las clases trabajadoras occidentales, los v\u00ednculos sociales se disuelven y se rearticulan seg\u00fan nuevas jerarqu\u00edas funcionales a la flexibilidad exigida por el capitalismo globalizado, terciarizado y financiarizado surgido de la crisis de los a\u00f1os setenta. Mientras el proletariado se hunde en el infierno de los trabajos precarios, mal pagados y sin ninguna seguridad del sector terciario atrasado y de los procesos industriales redise\u00f1ados por las nuevas tecnolog\u00edas, los recortes de personal, la subcontrataci\u00f3n, etc., y las nuevas \u00e9lites burguesas ascienden al para\u00edso de los superricos que se benefician del ciclo de acumulaci\u00f3n abreviado D-D&#8217;, las clases medias sufren a su vez un proceso de polarizaci\u00f3n: los sectores productivos y las profesiones tradicionales sobreviven a duras penas, mientras que las nuevas figuras del sector terciario avanzado, aunque pagan el precio de ritmos de trabajo fren\u00e9ticos, crecen num\u00e9ricamente y se ven en condiciones de cultivar sue\u00f1os (en su mayor\u00eda ilusorios) de promoci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Es en esta \u00faltima capa, compuesta por los hijos y nietos de la generaci\u00f3n del 68, donde los \u00abnuevos movimientos\u00bb (feministas, ecologistas, LGBTQ, etc.) reclutan a sus adeptos. Y es de esta \u00faltima capa, como han argumentado magistralmente Boltanski y Chiapello<sup>71<\/sup>, de donde las \u00e9lites dominantes extraen el material del \u00abnuevo esp\u00edritu del capitalismo\u00bb. Y es finalmente en esta \u00faltima capa \u2014en la que se esconden aquellos a quienes Baran y Sweezy definen como \u00abdevoradores de excedentes\u00bb (v\u00e9ase m\u00e1s arriba)\u2014 donde las izquierdas posmodernas convertidas al liberalismo pescan a sus votantes, ofreci\u00e9ndoles programas repletos de reivindicaciones de derechos individuales y civiles e insensibles a las necesidades de los derechos sociales. Una realidad que, en lugar de producir las multitudes antagonistas so\u00f1adas por los posobreristas, ha producido la inversi\u00f3n del nuevo panorama ideol\u00f3gico occidental: obreros que odian a los liberales y votan a la derecha; oficinistas que se aman a s\u00ed mismos y votan a la \u00abizquierda\u00bb.<\/p>\n<p>Para completar el an\u00e1lisis de los efectos perversos del \u00abmal uso\u00bb que cierto marxismo occidental ha hecho de los conceptos marxistas, solo me queda describir c\u00f3mo las alusiones a la sociedad de productores que Marx nos dej\u00f3 en <em>El Capital<\/em> han sido explotadas para demonizar los experimentos revolucionarios llevados a cabo en Rusia, China y otros pa\u00edses socialistas. Desde la proclamaci\u00f3n de la restauraci\u00f3n del capitalismo en China, tras las reformas posmao\u00edstas, hasta los c\u00e1nticos de alegr\u00eda entonados sobre las ruinas del Muro de Berl\u00edn, las izquierdas posmodernas occidentales se han asociado sistem\u00e1ticamente al entusiasmo de la chusma liberal por el (supuesto) fracaso de los \u00absocialismos reales\u00bb. Pero mientras los liberales (y, por supuesto, los neofascistas) se regocijaban por el colapso del socialismo <em>tout court<\/em>, las izquierdas se consolaban con la tesis de que ese no era el \u00abverdadero\u00bb socialismo so\u00f1ado por Marx (Lenin ya hab\u00eda ca\u00eddo en desgracia como supuesto precursor del estalinismo), sino un horrible r\u00e9gimen autoritario.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Evidentemente, para absolver o condenar los socialismos reales no basta con compararlos con el modelo abstracto de sociedad de productores asociados que Marx propone en las p\u00e1ginas de <em>El Capital<\/em> citadas anteriormente. Como m\u00ednimo, es necesario recurrir tambi\u00e9n a los argumentos que el propio Marx utiliz\u00f3 en la <i>Cr\u00edtica al Programa de Gotha, <\/i>un texto que intervino en el debate sobre el concepto de socialismo dentro de los socialdem\u00f3cratas alemanes, pero tambi\u00e9n y sobre todo al desarrollo ulterior que le ofreci\u00f3 Federico Engels en el <i>Anti-D\u00fchring<sup>72<\/sup><\/i>. En esta \u00faltima obra se afirma claramente que el socialismo no se caracteriza solo por la socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n, sino tambi\u00e9n por el fin de la producci\u00f3n mercantil y de las relaciones monetarias; en otras palabras: lo que m\u00e1s tarde se describir\u00e1 como caracter\u00edsticas del comunismo realizado, aqu\u00ed ya se atribuye al socialismo como primera fase del comunismo.<\/p>\n<p>Para Engels, el paso de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad se realiza, por tanto, ya en la sociedad socialista, a diferencia de lo que escribe Marx en <em>El Capital<\/em> (v\u00e9ase m\u00e1s arriba), seg\u00fan el cual la transici\u00f3n socialista pertenece todav\u00eda al reino de la necesidad. Aparte de esta diferencia, no hay duda de que el socialismo sovi\u00e9tico (del chino hablaremos m\u00e1s adelante) no se ajust\u00f3 al modelo en cuesti\u00f3n. No obstante, Vladimiro Giacch\u00e9 sostiene acertadamente que la desviaci\u00f3n con respecto a la concepci\u00f3n \u00abcl\u00e1sica\u00bb de Marx y Engels no basta para definir la experiencia bolchevique como un \u00abfracaso\u00bb y, en un art\u00edculo<sup>73<\/sup> dedicado a la revoluci\u00f3n econ\u00f3mica sovi\u00e9tica, recuerda que, una vez superada la fase de reconstrucci\u00f3n posterior a la guerra civil, la Rusia socialista se desarroll\u00f3 a un ritmo mucho m\u00e1s r\u00e1pido que los pa\u00edses capitalistas occidentales, y que la planificaci\u00f3n le permiti\u00f3 superar sin problemas la Gran Crisis de 1929 que hab\u00eda puesto de rodillas a Estados Unidos y Europa. A continuaci\u00f3n, subraya que tambi\u00e9n Occidente se vio obligado en aquellos a\u00f1os a emprender el camino de la planificaci\u00f3n, aunque en formas diferentes, hasta el punto de alimentar la tesis de la convergencia entre los dos sistemas<sup>74<\/sup>. Es m\u00e1s: la capacidad de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica para desafiar el modelo occidental (tambi\u00e9n y sobre todo en los \u00e1mbitos de la sanidad, la educaci\u00f3n y la seguridad social), escribe Giacch\u00e9, se prolonga hasta los a\u00f1os sesenta, a pesar de las tremendas devastaciones provocadas por la agresi\u00f3n nazi, y solo a partir de los a\u00f1os setenta comienzan a manifestarse dificultades que ir\u00e1n creciendo hasta la crisis final del sistema. Crisis que el propio Giacch\u00e9 \u2014y no es el \u00fanico<sup>75<\/sup>\u2014 atribuye no solo a razones econ\u00f3micas (aunque enumera una serie de posibles causas estructurales), sino tambi\u00e9n y sobre todo a motivos pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Comencemos diciendo que el modelo cl\u00e1sico es fruto de las expectativas de Marx y Engels, quienes consideraban que una revoluci\u00f3n socialista mundial era una posibilidad no lejana, si no inminente. Adem\u00e1s, cre\u00edan que el proceso de transici\u00f3n al socialismo ser\u00eda m\u00e1s (Engels) o menos (Marx) breve. Y el propio Lenin, hasta 1919\/20, pensaba que el monopolio estatal sobre el comercio deb\u00eda ser sustituido por la sustituci\u00f3n total del comercio por la distribuci\u00f3n organizada seg\u00fan un plan. Sin embargo, ya en 1921-23, la dura realidad de los hechos le llev\u00f3 a criticar las tesis de aquellos exponentes de la izquierda bolchevique que sosten\u00edan que se pod\u00eda pasar directamente al socialismo sin un per\u00edodo de transici\u00f3n, tras lo cual acab\u00f3 admitiendo que dicho per\u00edodo ser\u00eda largo y caracterizado por la persistencia de las relaciones mercantiles y monetarias. Una constataci\u00f3n que se concret\u00f3 con el giro de la NEP, que indujo a muchos cr\u00edticos, tanto en Rusia como en otros lugares, a hablar de retorno del capitalismo y\/o capitalismo de Estado. Cr\u00edticas a las que Lenin ya hab\u00eda respondido a\u00f1os antes, cuando, en un discurso pronunciado en 1918, dijo lo siguiente: \u00abEstamos lejos incluso del final del per\u00edodo de transici\u00f3n del capitalismo al socialismo (&#8230;). Sabemos lo dif\u00edcil que es el camino que lleva del capitalismo al socialismo, pero tenemos el deber de decir que nuestra rep\u00fablica de los soviets es socialista, porque hemos emprendido este camino. Por lo tanto, es correcto decir que nuestro Estado es una rep\u00fablica socialista de los soviets\u00bb<sup>76<\/sup>.<\/p>\n<p>Consideraciones similares se imponen con respecto a China, dado que la abolici\u00f3n de la mercanc\u00eda y el dinero nunca se ha producido. Ni siquiera en la era mao\u00edsta, durante la cual se intent\u00f3 construir un sistema planificado de producci\u00f3n directa de valores de uso sin pasar por la forma mercanc\u00eda y el dinero, pero fue precisamente tras su fracaso cuando el PCCh se convenci\u00f3 de la imposibilidad de liquidar completamente el proceso de reproducci\u00f3n del capital en forma monetaria. Es m\u00e1s: las reformas iniciadas por Deng en 1978 y continuadas por sus sucesores fueron un paso mucho m\u00e1s radical que la NEP sovi\u00e9tica en la direcci\u00f3n de reintroducir el mercado como factor de regulaci\u00f3n de amplios sectores de la econom\u00eda china (aunque manteniendo el control p\u00fablico sobre los sectores estrat\u00e9gicos y el sistema financiero y sin renunciar a la planificaci\u00f3n, aunque m\u00e1s flexible). Por lo tanto, si seguimos considerando la desaparici\u00f3n de la producci\u00f3n mercantil como \u00fanico par\u00e1metro del car\u00e1cter socialista de una sociedad, debemos admitir que ni la China de Mao, ni mucho menos la de Deng, al igual que la Rusia de finales de los a\u00f1os veinte, pueden considerarse socialistas.<\/p>\n<p>Contra este punto de vista, evitando movilizar (lo que nos llevar\u00eda demasiado lejos) al amplio grupo de autores marxistas<sup>77<\/sup> que consideran a China (pero tambi\u00e9n a Cuba, Vietnam, Laos, Corea del Norte, Venezuela y Bolivia) pa\u00edses socialistas, me limito a concluir con los siguientes argumentos:<\/p>\n<p>1) La revoluci\u00f3n socialista triunf\u00f3 en pa\u00edses perif\u00e9ricos y semip\u00e9rificos, que acababan de salir de condiciones atrasadas y\/o del dominio colonial, y que tuvieron que resolver en primer lugar el problema de desarrollar la econom\u00eda en medida tal que garantizara la autonom\u00eda y la independencia nacionales, as\u00ed como un nivel de vida digno para sus ciudadanos, objetivo que se alcanz\u00f3 en un tiempo hist\u00f3ricamente muy breve, que solo ha sido posible gracias a una econom\u00eda planificada y al papel estrat\u00e9gico de la propiedad p\u00fablica de los medios de producci\u00f3n.<\/p>\n<p>2) Gracias a la experiencia de las revoluciones del Sur del mundo, se ha comprendido que el proceso de transici\u00f3n de la econom\u00eda capitalista a la econom\u00eda socialista es un proceso mucho m\u00e1s largo y complejo de lo que Marx y Engels pudieron imaginar hace un siglo y medio. Un proceso en el que persisten los conflictos y las contradicciones sociales, por lo que no existen garant\u00edas a priori de su resultado positivo, mientras que la realizaci\u00f3n de la sociedad de productores asociados sigue siendo un modelo te\u00f3rico y un objetivo a muy largo plazo.<\/p>\n<p>3) El papel del poder pol\u00edtico (y, por tanto, del Estado) es, y seguir\u00e1 siendo durante mucho tiempo, decisivo, ya que solo una direcci\u00f3n pol\u00edtica firme puede impedir que las capas sociales que se benefician de la permanencia de las din\u00e1micas capitalistas bloqueen, o incluso inviertan, el proceso de transici\u00f3n (por cierto, cabe se\u00f1alar que no existen modelos te\u00f3ricos capaces de analizar realidades sociales en las que el poder pol\u00edtico y el poder econ\u00f3mico pertenecen a capas sociales diferentes).<\/p>\n<p>4) El hecho de que todos los intentos revolucionarios en los pa\u00edses con capitalismo avanzado hayan fracasado no es casual: el an\u00e1lisis de Marx sobre la relaci\u00f3n entre el imperialismo ingl\u00e9s y el pueblo irland\u00e9s, el an\u00e1lisis de Lenin sobre el imperialismo, retomado por Baran y Sweezy despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, los an\u00e1lisis de los te\u00f3ricos de la dependencia, del intercambio desigual y del sistema mundial son otras tantas contribuciones a la comprensi\u00f3n de los dispositivos que permiten a las \u00e9lites metropolitanas neutralizar las veleidades revolucionarias de las clases subordinadas de sus propios pa\u00edses, gracias a la redistribuci\u00f3n parcial de los enormes sobrebeneficios obtenidos mediante la explotaci\u00f3n de los pa\u00edses perif\u00e9ricos. La condena ideol\u00f3gica que las clases medias y las \u00abizquierdas\u00bb occidentales expresan hacia el socialismo real, junto con el abandono de los temas de la lucha antiimperialista, son el resultado de intereses de clase precisos, as\u00ed como de una mentalidad euroc\u00e9ntrica que impide comprender y aceptar las especificidades culturales asociadas a las luchas revolucionarias de los pueblos del Sur del Mundo.<\/p>\n<p>5) Un criterio que en el futuro permitir\u00e1 juzgar mejor la validez de la reivindicaci\u00f3n de los pa\u00edses que hoy se proclaman socialistas ser\u00e1, una vez que hayan garantizado a sus respectivos pueblos una vida digna, es decir, liberada de las estrechas ataduras de la necesidad material, en qu\u00e9 medida lograr\u00e1n garantizar tambi\u00e9n esa reducci\u00f3n de la jornada laboral que Marx se\u00f1ala como condici\u00f3n fundamental para entrar en el reino de la libertad.<\/p>\n<h3>5. Crisis, centralizaci\u00f3n, ca\u00edda de la tasa de ganancia<\/h3>\n<p>Analizar\u00e9 la contribuci\u00f3n de Marx al an\u00e1lisis de las crisis capitalistas partiendo de la siguiente premisa: en mi opini\u00f3n, no es posible derivar de <em>El Capital<\/em> un modelo<i> monocausal <\/i>del fen\u00f3meno, aunque se ha intentado hacerlo atribuyendo, en cada caso, la ca\u00edda de la tasa de ganancia a la sobreproducci\u00f3n, el subconsumo, las turbulencias financieras, etc. Mi tesis es que, si bien los motivos de las crisis var\u00edan seg\u00fan el per\u00edodo hist\u00f3rico en que se producen, todas ellas est\u00e1n asociadas a dos caracter\u00edsticas estructurales del modo de producci\u00f3n capitalista que se encuentran \u00abpor encima\u00bb de las causas contingentes: el car\u00e1cter \u00aban\u00e1rquico\u00bb de este modo de producci\u00f3n, es decir, la ausencia de una programaci\u00f3n racional del proceso global de reproducci\u00f3n social, y la necesidad de garantizar a toda costa la continuidad del ciclo global del capital, so pena de ruina.<\/p>\n<p>Comienzo por este \u00faltimo tema, que Marx trata en los cuatro primeros cap\u00edtulos del Libro II (\u00abEl ciclo del capital dinero\u00bb, \u00abEl ciclo del capital productivo\u00bb, \u00abEl ciclo del capital mercanc\u00eda\u00bb, \u00abLas tres figuras del proceso c\u00edclico\u00bb). En la p\u00e1gina 83 del cap\u00edtulo I leemos (el subrayado es m\u00edo): \u00abEl proceso c\u00edclico del capital es, por lo tanto, <i>unidad de circulaci\u00f3n y producci\u00f3n<\/i>; incluye tanto lo uno como lo otro. En cuanto que las fases D-M, M&#8217;-D&#8217; son actos circulatorios, la circulaci\u00f3n del capital forma parte de la circulaci\u00f3n general de las mercanc\u00edas; pero, en cuanto que son secciones funcionalmente determinadas, etapas del ciclo del capital que pertenece no solo a la esfera de la circulaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n a la esfera de la producci\u00f3n, <i>el capital <\/i>[dinero]<i> describe dentro de la circulaci\u00f3n general de las mercanc\u00edas un ciclo propio<\/i>. En la primera etapa, la circulaci\u00f3n general de las mercanc\u00edas le permite revestirse de la forma en la que puede funcionar como capital productivo; en la segunda, le permite despojarse de su funci\u00f3n de mercanc\u00eda, <i>en la que no puede renovar su ciclo<\/i>, y al mismo tiempo le abre la posibilidad de separar su propio ciclo de capital de la circulaci\u00f3n de la plusval\u00eda que se le ha adherido. El ciclo del capital-dinero es, por lo tanto, la <i>forma fenomenol\u00f3gica m\u00e1s unilateral,<\/i> y por lo tanto la m\u00e1s evidente y caracter\u00edstica del ciclo del capital industrial, cuyo fin y motivo animador \u2014la valorizaci\u00f3n del valor, la creaci\u00f3n de dinero, la acumulaci\u00f3n\u2014 se representa en \u00e9l de manera que salta a la vista\u00bb. Por cierto, subrayo que estas l\u00edneas expresan, con otras palabras, el mismo concepto de otro pasaje en el que Marx escribe que, para el capitalista, la forma ideal de actividad es la sintetizada por la f\u00f3rmula D-D, es decir, la creaci\u00f3n de dinero mediante el dinero, mientras que la fase productiva del ciclo es solo un medio necesario, un estorbo del que no puede prescindir para alcanzar su verdadero objetivo. Tengamos presente este punto crucial y sigamos adelante.<\/p>\n<p>En la p\u00e1gina 100 (estamos en el cap\u00edtulo II, dedicado al ciclo del capital productivo), Marx, razonando sobre la posibilidad de que la metamorfosis D-M, que preludia la adquisici\u00f3n de los recursos necesarios para iniciar el proceso productivo, tropiece con alg\u00fan obst\u00e1culo, como, por ejemplo, una escasez de medios de producci\u00f3n en el mercado, escribe que, en este caso, \u00abel flujo del proceso de reproducci\u00f3n se interrumpe, exactamente igual que cuando el capital permanece inm\u00f3vil en forma de capital mercanc\u00eda [es decir, en caso de falta de salidas al mercado]. La diferencia, sin embargo, es la siguiente: puede <i>persistir en forma de dinero durante m\u00e1s tiempo que en la forma transitoria de mercanc\u00eda<\/i>. No deja de ser dinero cuando no funciona como capital dinero, pero deja de ser mercanc\u00eda y, en general, valor de uso, cuando se retiene demasiado tiempo en su funci\u00f3n de capital mercanc\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Con esto llegamos al punto crucial que Marx resume al comienzo del cap\u00edtulo IV (\u00abLas tres figuras del proceso c\u00edclico\u00bb): \u00abLa continuidad es el signo caracter\u00edstico de la producci\u00f3n capitalista\u00bb (p. 132), desarrollando a\u00fan m\u00e1s el concepto en la p\u00e1gina siguiente: \u00abTodas las partes del capital recorren en orden el proceso c\u00edclico, ocupando simult\u00e1neamente diferentes etapas del mismo. As\u00ed, el capital industrial, en la continuidad de su ciclo, se encuentra simult\u00e1neamente en todas sus etapas y en las diferentes formas de funci\u00f3n que les corresponden (&#8230;) El ciclo real del capital industrial <i>en su continuidad<\/i> (subrayado m\u00edo) es, por lo tanto, no solo la unidad del proceso de circulaci\u00f3n y del proceso de producci\u00f3n, sino la unidad de sus tres ciclos\u00bb. Y es precisamente en el binomio unidad-continuidad del ciclo donde se esconde la semilla de la crisis: \u00abCualquier interrupci\u00f3n en la sucesi\u00f3n de las partes perturba su yuxtaposici\u00f3n; cualquier interrupci\u00f3n en una etapa provoca una interrupci\u00f3n m\u00e1s o menos grave en todo el ciclo, no solo de la parte del capital que se ha detenido, sino de la totalidad del capital individual\u00bb (p. 134). Dicho esto, y por incidencia, que uno de los factores que pueden provocar una interrupci\u00f3n son las luchas obreras<sup>78<\/sup>, hay que aclarar que lo que acabamos de leer vale tanto para el capital individual como para el capital total, ya que \u00abla producci\u00f3n capitalista existe y puede seguir existiendo solo mientras el valor capital se valoriza, es decir, describe su proceso c\u00edclico como valor que se ha vuelto aut\u00f3nomo; <i>mientras, por lo tanto, las revoluciones de valor se superen y compensen <\/i>de alguna manera (subrayado m\u00edo) (p. 136).<\/p>\n<p>La necesidad de garantizar la continuidad del proceso de valorizaci\u00f3n, junto con la ausencia de regulaci\u00f3n social de la producci\u00f3n, hace que pueda ocurrir, incluso cuando la producci\u00f3n funciona a pleno rendimiento, que \u00abuna gran parte de las mercanc\u00edas solo haya entrado aparentemente en el consumo [mientras que] en realidad permanece sin vender (&#8230;) se encuentra, de hecho, todav\u00eda en el mercado. El flujo de mercanc\u00edas sigue al flujo de mercanc\u00edas, hasta que ocurre que el flujo pasado solo parece haber sido absorbido por el consumo. Los capitales mercanc\u00edas se disputan entre s\u00ed el lugar en el mercado. Para vender, los \u00faltimos en llegar venden por debajo del precio [se ven obligados a] vender a cualquier precio para poder pagar. Esta venta no tiene absolutamente nada que ver con el estado real de la demanda: solo tiene que ver con la <i>demanda de pago<\/i>, con la necesidad absoluta de convertir la mercanc\u00eda en dinero. Entonces estalla la crisis\u00bb (Libro II, pp. 102-103).<\/p>\n<p>Hablamos, pues, de sobreproducci\u00f3n, cuya otra cara es el subconsumo, sobre el que Marx escribe (Libro II, p. 101): \u00abpara la clase capitalista, la existencia constante de la clase obrera es necesaria [no solo para producir plusval\u00eda, sino porque] tambi\u00e9n es necesario el consumo (&#8230;) del trabajador\u00bb; concepto que en el Libro III (p. 610) profundiza as\u00ed: \u00abla capacidad de consumo de los obreros est\u00e1 limitada tanto por las leyes del salario como por el hecho de que solo se les emplea mientras es posible emplearlos con beneficio\u00bb; para concluir poco despu\u00e9s que \u00abLa causa \u00faltima de toda crisis verdadera sigue siendo siempre la miseria y la limitaci\u00f3n del consumo de las masas frente a la tendencia de la producci\u00f3n capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si su l\u00edmite fuera \u00fanicamente la capacidad de consumo <i>absoluta<\/i> de la sociedad\u00bb. La contradicci\u00f3n entre la sed absoluta de ganancias del capitalista y la capacidad de consumo limitada de las masas nos hace comprender que la sobreproducci\u00f3n es siempre relativa, como Marx reitera en este largo pasaje: \u00abNo es que se produzcan demasiados medios de subsistencia en relaci\u00f3n con la poblaci\u00f3n existente. Al contrario. Se producen muy pocos para satisfacer de manera decente y humana a la masa de la poblaci\u00f3n (&#8230;) peri\u00f3dicamente se producen demasiados medios de trabajo y medios de subsistencia para que funcionen como medios de explotaci\u00f3n de los trabajadores con un determinado \u00edndice de ganancia. Se producen demasiadas mercanc\u00edas para poder realizar, en las condiciones de distribuci\u00f3n y en las relaciones de consumo dadas por la producci\u00f3n capitalista, el valor que contienen y la plusval\u00eda que encierran, y reconvertirlos en nuevo capital (&#8230;) No es que se produzca demasiada riqueza. Es que se produce peri\u00f3dicamente demasiada riqueza en su forma contradictoria capitalista\u00bb.<i> <\/i>(Libro III, pp. 329-330)<\/p>\n<p>En resumen: el car\u00e1cter an\u00e1rquico del modo de producci\u00f3n capitalista genera la desmesura de la producci\u00f3n; la consecuencia de la desmesura es la posibilidad de que se produzcan interrupciones en la continuidad del ciclo de acumulaci\u00f3n; la interrupci\u00f3n genera la crisis que, en los pasajes reci\u00e9n citados, adopta la forma de la sobreproducci\u00f3n, que sin embargo no es la causa, sino el efecto de las contradicciones estructurales del modo de producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, la interrupci\u00f3n del ciclo tambi\u00e9n puede ser provocada por otros factores. Al comienzo del cap\u00edtulo XXVI del libro III (\u00abAcumulaci\u00f3n del capital monetario y su influencia en la tasa de inter\u00e9s\u00bb, pp. 525 y ss.), Marx cita el siguiente extracto del volumen <i>The Currency Theory reviewed <\/i>(1845): \u00abEn Inglaterra se produce una acumulaci\u00f3n constante de riqueza adicional [gran parte de la cual era presumiblemente fruto del saqueo de la India y otras colonias, NdA], que tiende finalmente a adoptar la forma de dinero.Pero despu\u00e9s de la aspiraci\u00f3n de ganar dinero, el deseo m\u00e1s ardiente es deshacerse de \u00e9l en esta o aquella forma de inversi\u00f3n que produzca un inter\u00e9s o un beneficio; <i>ya que el dinero como tal no produce riqueza <\/i>(subrayado m\u00edo)\u00bb.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se confirma la tesis marxista seg\u00fan la cual la plusval\u00eda congelada en el tesoro \u00abconstituye capital monetario latente, porque mientras persiste en forma de dinero, no puede desempe\u00f1ar funciones de capital\u00bb (Libro II, pp. 104-105). Pero a\u00fan m\u00e1s sorprendente es la actualidad de estas l\u00edneas, que podr\u00edamos haber le\u00eddo en un peri\u00f3dico estadounidense a principios del siglo XXI, poco antes de la explosi\u00f3n de la burbuja especulativa de las hipotecas <i>subprime<\/i>. Sabemos, en efecto, que a partir de los a\u00f1os ochenta del siglo XX, las enormes masas de dinero que afluyeron a Estados Unidos desde todas partes del mundo, tambi\u00e9n como consecuencia del desacoplamiento del d\u00f3lar del oro, ten\u00edan dificultades para encontrar empleos rentables en el sector industrial, lo que provoc\u00f3 una aceleraci\u00f3n monstruosa del proceso de financiarizaci\u00f3n. Estas situaciones de \u00abpl\u00e9tora de capital monetario\u00bb est\u00e1n destinadas, seg\u00fan Marx, a aumentar \u00aba medida que se desarrolla el cr\u00e9dito\u00bb, empujando a la econom\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites inherentes al modo de producci\u00f3n capitalista, por lo que generan \u00abexceso de comercio, exceso de producci\u00f3n, exceso de cr\u00e9dito\u00bb (Libro III, p. 637). Profec\u00eda que se confirm\u00f3 de forma clamorosa en la segunda mitad del siglo pasado, cuando, agotado el impulso del crecimiento industrial, el exceso se concentr\u00f3 progresivamente en el sector financiero. Y como ni siquiera la finanza puede crecer infinitamente, se intent\u00f3 desesperadamente hacerla crecer sobre s\u00ed misma, dilatando la econom\u00eda del endeudamiento, las apuestas sobre el futuro, los t\u00edtulos especulativos de alto riesgo, etc. Es decir, transformando la econom\u00eda en una inmensa casa de apuestas, hasta que algunas apuestas demasiado arriesgadas \u2014v\u00e9ase la titulizaci\u00f3n masiva de deudas incobrables\u2014 provocaron el colapso. El ciclo es siempre el mismo: el car\u00e1cter an\u00e1rquico del modo de producci\u00f3n genera la desmesura (en este caso financiera), la desmesura provoca la interrupci\u00f3n del ciclo, la interrupci\u00f3n provoca la crisis.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>En la segunda parte de esta quinta y \u00faltima etapa de nuestro viaje a trav\u00e9s de los libros II y III de <em>El Capital<\/em>, nos ocuparemos de la concentraci\u00f3n y centralizaci\u00f3n del capital, as\u00ed como de la llamada ley de la ca\u00edda de la tasa de ganancia, fen\u00f3menos que, como veremos, Marx relaciona entre s\u00ed. Abordeemos el problema de la tasa de ganancia partiendo del concepto de composici\u00f3n org\u00e1nica del capital. \u00abUn cierto n\u00famero de obreros corresponde a una cierta cantidad de medios de producci\u00f3n; por lo tanto, una cierta cantidad de trabajo vivo a una cierta cantidad de trabajo ya objetivado en los medios de producci\u00f3n\u00bb, escribe Marx (Libro III, p. 191), y contin\u00faa: \u00abEsta relaci\u00f3n es muy diferente en distintos \u00e1mbitos de la producci\u00f3n, a menudo en distintas ramas de una misma industria, aunque ocasionalmente pueda ser exactamente o casi la misma en ramas de la industria muy distantes entre s\u00ed. Esta relaci\u00f3n constituye la <i>composici\u00f3n t\u00e9cnica <\/i>del capital y es la verdadera base de su composici\u00f3n org\u00e1nica\u00bb. En conclusi\u00f3n, aunque se pueden dar, seg\u00fan el valor de los medios de producci\u00f3n puestos en movimiento por la fuerza de trabajo, diferencias m\u00e1s o menos grandes entre la composici\u00f3n t\u00e9cnica y la composici\u00f3n de valor, la definici\u00f3n completa del concepto que nos da Marx es la siguiente: \u00abLlamamos composici\u00f3n org\u00e1nica del capital a su composici\u00f3n de valor, en la medida en que est\u00e1 determinada por su composici\u00f3n t\u00e9cnica y la refleja\u00bb (Libro III, p. 192).<\/p>\n<p>A medida que aumenta la concentraci\u00f3n del capital, se introducen nuevos medios de producci\u00f3n, el progreso tecnol\u00f3gico y cient\u00edfico alimenta el desarrollo incesante de la productividad del trabajo, se ponen en funcionamiento cantidades crecientes de m\u00e1quinas por el trabajo vivo, \u00abeste aumento gradual del capital constante en relaci\u00f3n con el capital variable tendr\u00e1 necesariamente como resultado <i>una ca\u00edda gradual de la tasa de ganancia<\/i>, aunque la tasa de plusval\u00eda, es decir, el grado de explotaci\u00f3n del trabajo por parte del capital, permanezca inalterada\u00bb (Libro III, p. 272). La ley que acabamos de enunciar, aclara Marx unas p\u00e1ginas m\u00e1s adelante, \u00abno excluye en absoluto que la masa absoluta del trabajo puesto en movimiento y explotado por el capital social (&#8230;) crezca; tampoco excluye que los capitales sometidos al dominio de los capitalistas individuales dominen una masa creciente de trabajo y, por lo tanto, de plusval\u00eda\u00bb, ya que la disminuci\u00f3n es relativa y no tiene nada que ver con la magnitud absoluta del trabajo y de la plusval\u00eda puestos en movimiento, dado que: \u00abLa ca\u00edda de la tasa de ganancia no se deriva de una disminuci\u00f3n absoluta, sino de una disminuci\u00f3n solo relativa de la parte variable del capital total, de su disminuci\u00f3n en comparaci\u00f3n con la parte constante\u00bb (Libro III, pp. 278-279).<\/p>\n<p>La ampliaci\u00f3n de la escala de producci\u00f3n y el aumento de la productividad del trabajo social hacen, por tanto, que \u00abcada producto individual tomado por s\u00ed mismo contenga una suma de trabajo menor que en estadios inferiores de la producci\u00f3n\u00bb (Ibid., p. 273). Al mismo tiempo, la ca\u00edda de la tasa de ganancia asociada al aumento de la productividad va acompa\u00f1ada de un aumento de la masa de ganancia. \u00bfEs esto suficiente para neutralizar los efectos de la ley? No, aunque Marx enumera una serie de contratendencias que frenan su progresi\u00f3n. El capitalista individual puede aumentar la tasa de plusval\u00eda aprovechando ciertas invenciones antes de que se generalicen (pero tarde o temprano se generalizan y la tasa de plusval\u00eda vuelve a nivelarse); el aumento de la superpoblaci\u00f3n relativa \u00abes inseparable del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, que se expresa en la ca\u00edda de la tasa de ganancia y es acelerado por ella\u00bb (Ibid., p. 303) y permite bajar los salarios por debajo de la media, lo que abarata tanto los elementos del capital constante como los medios de subsistencia<sup>79<\/sup>, pero estos no pueden bajar m\u00e1s all\u00e1 de un cierto l\u00edmite y, por otra parte, \u00abla compensaci\u00f3n del n\u00famero reducido de obreros gracias al aumento del grado de explotaci\u00f3n del trabajo tropieza con l\u00edmites insuperables; por lo tanto, si bien puede obstaculizar la ca\u00edda de la tasa de ganancia, no puede anularla\u00bb (Ibid., p. 317).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, Marx cita, entre los factores que act\u00faan en contra de la ley, el comercio exterior (sobre todo colonial): \u00ablos capitales invertidos en el comercio exterior pueden proporcionar una tasa de ganancia m\u00e1s alta porque (&#8230;) aqu\u00ed se compite con mercanc\u00edas producidas en pa\u00edses con menores facilidades de producci\u00f3n, de modo que el pa\u00eds m\u00e1s avanzado vende sus mercanc\u00edas por encima de su valor, aunque m\u00e1s barato que los pa\u00edses competidores\u00bb; y unas l\u00edneas m\u00e1s abajo, anticipa la tesis del intercambio desigual que desarrollar\u00e1n despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial los te\u00f3ricos del subdesarrollo<sup>80<\/sup>: \u00abLa misma relaci\u00f3n se puede establecer con respecto al pa\u00eds al que se exportan e importan mercanc\u00edas: ocurre que este da <i>en naturaleza <\/i>m\u00e1s trabajo objetivado del que recibe y, sin embargo, obtiene la mercanc\u00eda a un precio inferior al que podr\u00eda producirla \u00e9l mismo\u00bb (Ibid., p. 305); y en la misma p\u00e1gina a\u00f1ade que los capitales invertidos en colonias \u00abpueden proporcionar tasas de beneficio m\u00e1s elevadas, porque all\u00ed la tasa de beneficio es m\u00e1s alta debido al menor desarrollo industrial y, gracias al empleo de esclavos, <i>coolies<\/i>, etc., tambi\u00e9n es mayor la explotaci\u00f3n del trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>Volvamos al Libro II (Cap\u00edtulo IV, \u00abLas tres figuras del proceso c\u00edclico\u00bb, p. 136), donde leemos : \u00abEl proceso se desarrolla de forma totalmente normal si las relaciones de valor permanecen constantes; se desarrolla, en realidad, mientras las perturbaciones en la repetici\u00f3n del ciclo [las discontinuidades del propio ciclo] se compensan; cuanto mayores son las perturbaciones, mayor es el capital monetario que debe poseer el capitalista industrial para poder esperar la compensaci\u00f3n; y como (&#8230;) la escala de todo proceso de producci\u00f3n se ampl\u00eda, y con ella crece la magnitud m\u00ednima del capital que hay que anticipar, esa circunstancia se a\u00f1ade a las dem\u00e1s que transforman cada vez m\u00e1s la funci\u00f3n del capitalista individual en un monopolio de grandes capitalistas monetarios, aislados o asociados\u00bb. Mientras que en el cap\u00edtulo XIV (\u00abEl tiempo de circulaci\u00f3n\u00bb, p. 310) escribe, a prop\u00f3sito de las ventajas generadas por el desarrollo de grandes centros en los que convergen v\u00edas y medios de transporte: \u00abEsta facilidad particular del tr\u00e1fico y la rotaci\u00f3n as\u00ed acelerada del capital (&#8230;) determinan una concentraci\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida tanto del lugar de producci\u00f3n como del lugar de venta. Con la concentraci\u00f3n tan acelerada de masas de hombres y capitales en determinados puntos, va de la mano la concentraci\u00f3n de estas masas de capitales en pocas manos\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, los procesos de concentraci\u00f3n y centralizaci\u00f3n se alimentan mutuamente, pero \u00bfcu\u00e1l es su relaci\u00f3n con la ley de la tendencia a la ca\u00edda de la tasa de ganancia? Volvemos al Libro III (Cap\u00edtulo XV \u00abDesarrollo de las contradicciones intr\u00ednsecas a la ley\u00bb, pp. 309 y ss.), donde encontramos la respuesta: \u00abLa acumulaci\u00f3n acelera la ca\u00edda de la tasa de ganancia, ya que implica la concentraci\u00f3n del trabajo a gran escala, y por lo tanto una mayor composici\u00f3n org\u00e1nica del capital (&#8230;) La ca\u00edda de la tasa de ganancia acelera a su vez la concentraci\u00f3n del capital y su centralizaci\u00f3n mediante la expropiaci\u00f3n de los capitalistas m\u00e1s peque\u00f1os y de los \u00faltimos restos de productores inmediatos&#8230;\u00bb.<sup>81<\/sup><\/p>\n<p>Inmediatamente despu\u00e9s, con un crescendo apremiante, el texto se precipita hacia la sentencia de muerte del modo de producci\u00f3n capitalista. He aqu\u00ed la secuencia:<\/p>\n<p>\u00abLa contradicci\u00f3n consiste en que el modo de producci\u00f3n capitalista encierra una tendencia al desarrollo absoluto de las fuerzas productivas (&#8230;) mientras que, por otro lado, tiene como objetivo la conservaci\u00f3n del valor capital existente y su valorizaci\u00f3n en la medida m\u00e1s extrema (&#8230;) Su car\u00e1cter espec\u00edfico es servirse del valor capital existente como medio para la valorizaci\u00f3n m\u00e1xima posible de este valor. Los m\u00e9todos con los que alcanza este objetivo comprenden: la disminuci\u00f3n de la tasa de ganancia, la desvalorizaci\u00f3n del capital existente y el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo a expensas de las fuerzas productivas ya producidas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa desvalorizaci\u00f3n peri\u00f3dica del capital existente [que sirve para frenar la ca\u00edda de la tasa de ganancia y acelerar la acumulaci\u00f3n con la formaci\u00f3n de nuevo capital] perturba (&#8230;) el proceso de circulaci\u00f3n y reproducci\u00f3n del capital, y por lo tanto va acompa\u00f1ada de paradas repentinas y crisis del proceso productivo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa disminuci\u00f3n del capital variable en relaci\u00f3n con el capital constante (&#8230;) impulsa el aumento de la poblaci\u00f3n obrera, al tiempo que crea continuamente una superpoblaci\u00f3n artificial. La acumulaci\u00f3n de capital (&#8230;) se ve frenada por la ca\u00edda de la tasa de ganancia, para acelerar a\u00fan m\u00e1s la acumulaci\u00f3n del valor de uso; a su vez, esto da a la acumulaci\u00f3n considerada en t\u00e9rminos de valor un ritmo acelerado\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa producci\u00f3n capitalista tiende incesantemente a superar sus l\u00edmites immanentes, pero solo los supera con medios que vuelven a oponerles, y a una escala m\u00e1s imponente, estos mismos l\u00edmites\u00bb.<\/p>\n<p>Ergo: \u00abEl <i>verdadero l\u00edmite <\/i>de la producci\u00f3n capitalista es<i> el propio capital\u00bb. <\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Llegados a este punto, debemos reconocer un hecho irrefutable: aunque las contradicciones del modo de producci\u00f3n capitalista descritas en <em>El Capital<\/em> han encontrado innumerables confirmaciones hist\u00f3ricas, su falta de soluci\u00f3n no ha provocado la crisis terminal prevista del sistema. \u00bfA qu\u00e9 podemos atribuir esta predicci\u00f3n err\u00f3nea? A continuaci\u00f3n enumero las dos causas que considero determinantes: 1) la deformaci\u00f3n perspectiva provocada por una concepci\u00f3n teleol\u00f3gica del proceso hist\u00f3rico, al que se atribuyen leyes inmanentes, automatismos \u00abobjetivos\u00bb que orientan sus supuestas tendencias fundamentales (aunque sabemos que en algunos textos tard\u00edos Marx reneg\u00f3 de esta visi\u00f3n); 2) la descripci\u00f3n de la clase obrera como fuerza productiva del capital, desprovista de subjetividad aut\u00f3noma, clase en s\u00ed y no para s\u00ed (una limitaci\u00f3n que solo la teor\u00eda leninista del partido ha logrado subsanar). Por supuesto, tambi\u00e9n se podr\u00eda citar la perspectiva euroc\u00e9ntrica desde la que Marx observ\u00f3 la realidad mundial, subestimando la capacidad de resiliencia y resistencia de las clases, los pueblos y las culturas no europeas a la colonizaci\u00f3n por parte del modo de producci\u00f3n capitalista; as\u00ed como se podr\u00eda citar su descripci\u00f3n del proceso de socializaci\u00f3n del capital como precursor de la transici\u00f3n a la sociedad de los productores asociados, un factor que ha sido explotado para justificar tanto el gradualismo reformista de los partidos socialdem\u00f3cratas como los delirios obristas sobre el llamado \u00abcomunismo del capital\u00bb, pero estos son l\u00edmites imputables al contexto hist\u00f3rico en el que Marx se encontr\u00f3 para desarrollar su trabajo te\u00f3rico. Dicho esto, voy a concluir este recorrido analizando las contribuciones de tres autores que han intentado llevar la teor\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites que acabamos de mencionar, a saber, Rosa Luxemburg, el d\u00fao Paul Baran y Paul Sweezy y Giovanni Arrighi.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>En su ponderada obra <i>La acumulaci\u00f3n del capital<\/i><sup>82<\/sup>, Rosa Luxemburg, adem\u00e1s de reconstruir \u2014y criticar\u2014 los esquemas de la reproducci\u00f3n simple y de la reproducci\u00f3n ampliada que Marx formula en la tercera secci\u00f3n (\u00abLa reproducci\u00f3n y circulaci\u00f3n del capital social total\u00bb) del libro II de <em>El Capital<\/em>, recorre las controversias te\u00f3ricas sobre el tema que se han sucedido entre los economistas cl\u00e1sicos y otros autores contempor\u00e1neos a ella. No la seguir\u00e9 en este accidentado recorrido, ni mucho menos en las complicadas argumentaciones l\u00f3gico-matem\u00e1ticas con las que la gran te\u00f3rica y l\u00edder comunista intenta demostrar que los esquemas marxianos no funcionan. Tambi\u00e9n porque, como ella misma observa acertadamente en su \u00abAnticr\u00edtica\u00bb, el ap\u00e9ndice en el que responde a los cr\u00edticos que cuestionaban sus tesis, los esquemas matem\u00e1ticos en s\u00ed mismos no pueden demostrar nada, ya que el propio Marx no los entend\u00eda como una <i>demostraci\u00f3n<\/i> de sus teor\u00edas, sino como un modelo, un <i>ejemplo<\/i> de c\u00f3mo pensaba que funcionaban los mecanismos de la reproducci\u00f3n social total. Mi cr\u00edtica, argumenta Luxemburg, no se refiere tanto a los esquemas como al hecho de que su <i>supuesto hist\u00f3rico<\/i> es insostenible.<\/p>\n<p>El verdadero quid de la cuesti\u00f3n, escribe, es el hecho de que: \u00abEn el II, al igual que en el I Libro de El capital, Marx parte del supuesto de que la producci\u00f3n capitalista es la \u00fanica y exclusiva forma de producci\u00f3n\u00bb<sup>83<\/sup>. Esto lo confirman las siguientes palabras de Marx (se trata de una cita del Libro I): \u00abPara captar el objeto de la investigaci\u00f3n en su pureza, libre de circunstancias perturbadoras accesorias, debemos considerar todo el mundo comercial como una naci\u00f3n y suponer que la producci\u00f3n capitalista se ha impuesto en todas partes y ha conquistado todas las ramas de la industria\u00bb. El problema, comenta Luxemburg, es que la premisa de la que parte Marx \u00abpara captar el objeto de la investigaci\u00f3n en su pureza\u00bb es manifiestamente falsa, porque en realidad, como todo el mundo sabe y como el propio Marx admite, a\u00f1ade Luxemburg unas l\u00edneas m\u00e1s abajo, la producci\u00f3n capitalista \u00abno es en absoluto la \u00fanica, ni su dominio es exclusivo y total (&#8230;) en todos los pa\u00edses capitalistas [incluso los m\u00e1s desarrollados] existen numerosas empresas artesanales y campesinas basadas en la producci\u00f3n simple de mercanc\u00edas (&#8230;) tambi\u00e9n existen en Europa pa\u00edses en los que la producci\u00f3n campesina y artesanal sigue siendo predominante, como Rusia, los Balcanes, los pa\u00edses escandinavos y Espa\u00f1a. Por \u00faltimo (&#8230;) existen continentes gigantescos en los que la producci\u00f3n capitalista apenas ha comenzado a echar ra\u00edces en peque\u00f1os puntos dispersos, mientras que en el resto sus pueblos presentan todas las formas econ\u00f3micas posibles, desde la comunista primitiva hasta la feudal, la campesina y la artesanal\u00bb<sup>84<\/sup>.<\/p>\n<p>Es indiscutible que la observaci\u00f3n que acabamos de citar era v\u00e1lida en la \u00e9poca en que la autora escribi\u00f3. Pero, como hemos sostenido a nuestra vez en las p\u00e1ginas de este blog, analizando las tesis de Gabriele y Jabbour sobre la coexistencia de modos de producci\u00f3n<sup>85<\/sup>, las de varios autores afromarxistas<sup>86<\/sup> y las de Giovanni Arrighi, inspiradas en la obra del gran historiador de la econom\u00eda Fernand Braudel<sup>87<\/sup>, su validez permanece intacta en nuestros d\u00edas. Si la producci\u00f3n capitalista fuera compradora ilimitada de s\u00ed misma, es decir, si la producci\u00f3n y el mercado de salida se identificaran en un juego continuo de intercambios rec\u00edprocos entre sectores productivos de medios de producci\u00f3n y sectores productivos de medios de subsistencia, argumenta Luxemburg, las crisis peri\u00f3dicas no tendr\u00edan raz\u00f3n de ser, la acumulaci\u00f3n capitalista ser\u00eda un proceso ilimitado, exento de conflictos y contradicciones, y todo discurso sobre la necesidad de la transici\u00f3n al socialismo perder\u00eda sentido. Por el contrario, sabemos que esta armon\u00eda sist\u00e9mica no existe, \u00abque cada empresario produce a ciegas, en competencia con otros, y solo ve lo que tiene delante de sus narices (&#8230;) que la producci\u00f3n actual cumple su funci\u00f3n como son\u00e1mbula, mediante un exceso o un defecto, en medio de continuas oscilaciones de precios y crisis\u00bb<sup>88<\/sup>. Por otra parte, sabemos que la producci\u00f3n capitalista, \u00aba pesar de sus diferencias con otras formas hist\u00f3ricas de producci\u00f3n, tiene esto en com\u00fan con ellas: que, aunque su fin determinante es, subjetivamente, el beneficio, objetivamente debe satisfacer las necesidades materiales de la sociedad\u00bb<sup>89<\/sup>.<\/p>\n<p>Anarqu\u00eda de la producci\u00f3n, necesidad de satisfacer las necesidades materiales de la sociedad aumentando al mismo tiempo los beneficios: una contradicci\u00f3n que solo puede resolverse garantizando una continua ampliaci\u00f3n de la producci\u00f3n, so pena de interrupciones catastr\u00f3ficas del ciclo. Para que el mecanismo se mantenga a pesar de sus contradicciones internas, es necesario que exista la posibilidad de una continua ampliaci\u00f3n de las necesidades sociales: en nuestro almac\u00e9n \u00abdeberemos encontrar tambi\u00e9n un tercer grupo de mercanc\u00edas que no se destinan ni a la renovaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n consumidos ni al mantenimiento de los obreros o de la clase capitalista, mercanc\u00edas que contienen la plusval\u00eda expropiada a los trabajadores, que representa el verdadero objetivo del capital: el beneficio destinado a la acumulaci\u00f3n\u00bb<sup>90<\/sup>.<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n radica en el hecho de que, contrariamente al modelo imaginado por Marx, que se basa en el supuesto de que la producci\u00f3n capitalista es la \u00fanica y exclusiva forma de producci\u00f3n, la acumulaci\u00f3n capitalista se lleva a cabo en un entorno compuesto por diversas formas precapitalistas, por lo que \u00abla producci\u00f3n capitalista cuenta con compradores de origen campesino y artesano de los antiguos pueblos y con consumidores de todos los dem\u00e1s, y a su vez no puede prescindir t\u00e9cnicamente de los productos de estas capas y pueblos (&#8230;) por lo que desde el principio se desarroll\u00f3 entre la producci\u00f3n capitalista y su entorno no capitalista una relaci\u00f3n de intercambio, en la que el capital encontr\u00f3 la posibilidad tanto de realizar su plusval\u00eda con fines de una mayor capitalizaci\u00f3n en dinero, que de abastecerse de todas las mercanc\u00edas necesarias para la ampliaci\u00f3n de su producci\u00f3n, y que, por \u00faltimo, de absorber nuevas fuerzas de trabajo proletarizadas mediante la descomposici\u00f3n violenta de las formas de producci\u00f3n no capitalistas\u00bb<sup>91<\/sup>.<\/p>\n<p>Los argumentos te\u00f3ricos de Rosa Luxemburg nunca han gustado a los economistas marxistas, ya que los consideran cient\u00edficamente aproximados e \u00abideol\u00f3gicos\u00bb. Sin embargo, es evidente que la teor\u00eda leninista del imperialismo (aunque Lenin critic\u00f3 a su vez la obra de Luxemburg) encuentra aqu\u00ed una amplificaci\u00f3n que, por un lado, corrobora la tesis de la convergencia de intereses entre el proletariado de los pa\u00edses industrialmente avanzados y las masas de los pa\u00edses subdesarrollados, y por otro lado ofrece puntos de reflexi\u00f3n sobre la posibilidad de construir bloques de clase anticapitalistas dentro de los distintos pa\u00edses (no es casualidad que las tesis de Luxemburg hayan gozado de gran aceptaci\u00f3n en los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina, donde la coexistencia de diferentes modos de producci\u00f3n es una realidad muy extendida). Tampoco es casualidad que sus ideas hayan gozado de la simpat\u00eda de autores como Paul Sweezy (que firm\u00f3 la Introducci\u00f3n a <em>La acumulaci\u00f3n<\/em>), quien inaugur\u00f3 una generaci\u00f3n de te\u00f3ricos marxistas que, en la posguerra, volvieron a reflexionar sobre el concepto de imperialismo.<\/p>\n<p>Termino con una nota cr\u00edtica: si Luxemburg tiene el m\u00e9rito de haber puesto de relieve los \u00abautomatismos reproductivos\u00bb que, en ciertas secciones de <em>El Capital<\/em>, corren el riesgo de oscurecer la conflictividad inherente al modo de producci\u00f3n capitalista, por otro lado tiene el dem\u00e9rito de haber elaborado una en\u00e9sima variante de la teor\u00eda del \u00abcolapso\u00bb. De hecho, suponiendo que llegue una fase hist\u00f3rica en la que se cumpla la premisa marxista de la desaparici\u00f3n de los modos de producci\u00f3n precapitalistas, escribe: \u00abPero a trav\u00e9s de este proceso, el capital prepara su propio colapso de dos maneras. Por un lado, al expandirse a expensas de todas las formas de producci\u00f3n no capitalistas, se encamina hacia el momento en que toda la humanidad estar\u00e1 compuesta \u00fanicamente por capitalistas y asalariados, por lo que una expansi\u00f3n adicional resultar\u00e1 imposible; por otro lado, en la medida en que esta tendencia se imponga [logrando el dominio absoluto e indivisible de la producci\u00f3n capitalista en el mundo], provocar\u00e1 la revuelta del proletariado internacional&#8230;\u00bb.<sup>92<\/sup>. Y aqu\u00ed es dif\u00edcil evitar la tentaci\u00f3n de citar la ir\u00f3nica frase de Giorgio Ruffolo: el capital tiene los siglos contados&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>En el <a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e_26.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\" shape=\"rect\">art\u00edculo<\/a> sobre el trabajo productivo y el trabajo improductivo, anticipamos algunas ideas de Paul Baran y Paul Sweezy sobre el capital monopol\u00edstico y el imperialismo. En particular, introdujimos el concepto de excedente \u2014definido como \u00abla diferencia entre lo que produce la sociedad y los costes de producci\u00f3n\u00bb\u2014, magnitud que incluye la plusval\u00eda. Para Marx, esta \u00faltima representa la suma del beneficio, el inter\u00e9s y la renta, excluyendo los ingresos del Estado, los gastos para transformar las mercanc\u00edas en dinero y los salarios de los trabajadores improductivos, pero Baran y Sweezy sostienen que, si bien esta exclusi\u00f3n est\u00e1 justificada cuando se habla de econom\u00eda competitiva, se vuelve anacr\u00f3nica en la era del capital monopol\u00edstico, en la que la cuota de plusval\u00eda con respecto al excedente social total tiende a contraerse, mientras que este \u00faltimo tiende a crecer en tal medida que compensa, si no neutraliza, la ley de la ca\u00edda tendencial de la tasa de ganancia.<\/p>\n<p>\u00bfEsto reduce o elimina el riesgo de crisis? No, responden Baran y Sweezy: aunque la unidad t\u00edpica del mundo capitalista ya no es la peque\u00f1a empresa, sino la gran sociedad an\u00f3nima que produce una parte importante del producto de una o varias industrias, y aunque esta \u00faltima dispone de un horizonte temporal m\u00e1s amplio que el del capitalista individual, por lo que realiza sus c\u00e1lculos de forma m\u00e1s racional, lo cierto es que \u00abel capitalismo monopolista carece tanto de un plan como su predecesor competitivo. Las grandes sociedades an\u00f3nimas se relacionan entre s\u00ed, con los consumidores, con el trabajo y con las empresas m\u00e1s peque\u00f1as principalmente a trav\u00e9s del mercado. El funcionamiento del sistema sigue siendo el resultado no intencionado de las acciones ego\u00edstas de las numerosas unidades que lo componen\u00bb<sup>93<\/sup>.<\/p>\n<p>Por lo tanto, persiste el car\u00e1cter an\u00e1rquico de la producci\u00f3n, es decir, la primera causa potencial de crisis. \u00bfQu\u00e9 decir del segundo factor, es decir, de la posibilidad de ralentizaci\u00f3n o interrupci\u00f3n del ciclo? Ahora lo provoca sobre todo el exceso de excedentes que no encuentran salida, es decir, aquellos beneficios que, si no se invierten ni se consumen, no son tales: \u00abel problema de realizar la plusval\u00eda es en realidad m\u00e1s cr\u00f3nico hoy que en la \u00e9poca de Marx\u00bb. Lo que impidi\u00f3 a Marx y a los economistas cl\u00e1sicos cuestionarse m\u00e1s a fondo la adecuaci\u00f3n de los modos de absorci\u00f3n del excedente fue probablemente su convicci\u00f3n de que el dilema central del capitalismo se resum\u00eda en la tendencia a la ca\u00edda de la tasa de ganancia: \u00abDesde este punto de vista, escriben Baran y Sweezy, las barreras al desarrollo capitalista parec\u00edan consistir m\u00e1s en una escasez del excedente necesario para mantener el ritmo de acumulaci\u00f3n que en una insuficiencia de los modos caracter\u00edsticos de utilizaci\u00f3n del excedente\u00bb<sup>94<\/sup>. Si, por el contrario, la barrera principal pasa a ser esta \u00faltima, el riesgo es que el exceso de capacidad acabe desalentando nuevas inversiones y que, con la desaparici\u00f3n de las inversiones, disminuyan los ingresos, el empleo y el excedente, lo que provocar\u00eda una crisis. La soluci\u00f3n consiste, en este punto, en estimular la demanda por todos los medios, so pena de estancamiento y muerte del sistema.<\/p>\n<p>Es a partir de aqu\u00ed que el an\u00e1lisis de Baran y Sweezy tiende a converger con el de Luxemburg: al igual que ella, ambos est\u00e1n convencidos de que, si solo se dispusiera de salidas end\u00f3genas, el capitalismo monopolista se encontrar\u00eda en un estado permanente de depresi\u00f3n. Es necesario, por tanto, abandonar el modelo reproductivo basado exclusivamente en los intercambios rec\u00edprocos entre los distintos sectores productivos, as\u00ed como en el consumo de los capitalistas, los obreros y los rentistas. Para explicar el modelo alternativo que surge de su an\u00e1lisis con conceptos que nos son m\u00e1s familiares, podr\u00edamos decir que se basa en fen\u00f3menos como la terciarizaci\u00f3n, la financiarizaci\u00f3n, la econom\u00eda de la deuda y el keynesianismo de guerra (entendido como el efecto combinado del imperialismo, el sistema militar-industrial y el neocolonialismo). Pero escuchemos sus propias palabras.<\/p>\n<p>La lucha contra los fantasmas del subconsumo, la subinversi\u00f3n y el subempleo cr\u00f3nicos, argumentan Baran y Sweezy, requiere el crecimiento de nuevas capas improductivas de mano de obra, que se suman a las clases tradicionales devoradoras de excedentes: \u00abSe ha producido un aumento de la estratificaci\u00f3n dentro de la clase trabajadora en sentido estricto y muchas categor\u00edas de empleados y obreros especializados han alcanzado ingresos y posiciones sociales que hasta hace poco solo disfrutaban los miembros de la clase media. Al mismo tiempo, han aumentado las antiguas clases \u00abdevora-excedentes\u00bb y han surgido nuevas clases: tecn\u00f3cratas de las empresas y la administraci\u00f3n; banqueros y abogados, redactores publicitarios y expertos en relaciones p\u00fablicas, agentes de bolsa y aseguradores, expertos inmobiliarios, etc.\u00bb<sup>95<\/sup>.<\/p>\n<p>El paradigma del nuevo sector terciario parasitario, escriben Baran y Sweezy, es la publicidad y todo lo que gira en torno a ella (promoci\u00f3n de ventas, marketing, packaging, dise\u00f1o de productos, etc.): \u00abLa importancia econ\u00f3mica de la publicidad no radica fundamentalmente en el hecho de que determina una redistribuci\u00f3n del gasto de los consumidores entre diferentes bienes, sino en sus efectos sobre el volumen de la demanda efectiva global y, por lo tanto, sobre el nivel de empleo y de ingresos\u00bb<sup>96<\/sup>. As\u00ed, por un lado, creaci\u00f3n de ingresos y absorci\u00f3n de excedentes, pero por otro \u00ablos efectos indirectos son quiz\u00e1s no menos importantes y act\u00faan en la misma direcci\u00f3n (&#8230;) son de dos tipos: los que se refieren a la disponibilidad y la naturaleza de las oportunidades de inversi\u00f3n, y los que se refieren a la divisi\u00f3n de la renta social total entre consumo y ahorro [l\u00e9ase la propensi\u00f3n al consumo]&#8230;Al permitir <i>crear <\/i>la demanda de un producto, la publicidad fomenta la inversi\u00f3n en instalaciones y equipos que de otro modo no se realizar\u00edan\u00bb<sup>97<\/sup>. Por \u00faltimo, la funci\u00f3n de la publicidad es \u00abllevar a cabo, en nombre de los productores y vendedores de bienes de consumo, una guerra incesante contra el ahorro y a favor del consumo [utilizando para ello] los cambios en la moda, la creaci\u00f3n de nuevas necesidades y la introducci\u00f3n de nuevos medios de distinci\u00f3n social\u00bb<sup>98<\/sup>.<\/p>\n<p>La guerra contra el ahorro implica, a su vez, el crecimiento exponencial de ese otro sector improductivo que se engloba bajo el t\u00e9rmino de actividades financieras, aseguradoras e inmobiliarias: \u00abtoda la actividad parasitaria de compraventa y especulaci\u00f3n inmobiliaria (&#8230;) no tendr\u00eda raz\u00f3n de ser en un orden social racional. La mayor parte de lo que nuestra sociedad gasta en actividades financieras, aseguradoras e inmobiliarias es una simple forma de absorci\u00f3n del excedente, caracter\u00edstica del capitalismo en general y (&#8230;) del capitalismo monopolista en particular\u00bb<sup>99<\/sup>. Dicho esto, Baran y Sweezy solo fueron testigos de la fase inicial de un proceso que, pocos a\u00f1os despu\u00e9s, en el apogeo de la revoluci\u00f3n neoliberal, alcanzar\u00eda cotas parox\u00edsticas, hasta la explosi\u00f3n de la burbuja de 2008, pero hay que reconocerles el m\u00e9rito de haber intuido la estrecha relaci\u00f3n entre la terciarizaci\u00f3n y la financiarizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pasemos al tema del imperialismo, respecto al cual se podr\u00eda decir que el enfoque de Baran y Sweezy representa un puente entre las tesis de Lenin y Luxemburg y las de los te\u00f3ricos del sistema mundial. Sabemos (v\u00e9ase la nota 80) que Baran y Sweezy lamentan que Marx no ampliara su modelo te\u00f3rico para incluir las regiones subdesarrolladas del mundo. Esto es cierto solo en parte<sup>100<\/sup>, pero es innegable que Marx descuid\u00f3 parcialmente el hecho de que, seg\u00fan escriben Baran y Sweezy, \u00abdesde sus prim\u00edsimos inicios en la Edad Media, el capitalismo siempre ha sido un sistema internacional y jer\u00e1rquico constituido por una o m\u00e1s metr\u00f3polis en la cima y por algunas colonias completamente dependientes en la base, ordenadas seg\u00fan muchos grados de clasificaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n. Estas caracter\u00edsticas son de vital importancia para el funcionamiento del sistema en su conjunto y de sus componentes individuales (&#8230;) La jerarqu\u00eda de las naciones que constituyen el sistema se caracteriza por una compleja serie de relaciones de explotaci\u00f3n. Los pa\u00edses que se encuentran en la cima explotan en mayor o menor medida a todos los dem\u00e1s y, del mismo modo, los pa\u00edses que se encuentran en un nivel determinado explotan a los que se encuentran m\u00e1s abajo (&#8230;) tenemos, por tanto, una red de relaciones antag\u00f3nicas que enfrentan a los explotadores contra los explotados y contra los dem\u00e1s explotadores\u00bb<sup>101<\/sup>.<\/p>\n<p>Antes de concluir, creo que hay que reconocer a Baran y Sweezy \u2014aunque no pudieron asistir a la ca\u00edda de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, al posterior intento de Estados Unidos de erigirse en \u00fanica potencia mundial y al ascenso de China, que frustr\u00f3 ese proyecto\u2014 el m\u00e9rito de haber puesto de relieve el doble mecanismo por el que la metr\u00f3poli imperial disfruta, por un lado, de los monstruosos sobrebeneficios que las multinacionales obtienen a costa de las naciones perif\u00e9ricas y semiperif\u00e9ricas y, por otro, de la a\u00fan m\u00e1s monstruosa absorci\u00f3n del excedente garantizada por el gigantesco aparato militar que la potencia hegem\u00f3nica mantiene para conservar su papel. El sistema militar industrial no solo sirve para eventuales conflictos interimperialistas, sino que tambi\u00e9n y sobre todo sirve para mantener el control sobre su dominio imperial. Pero sirve sobre todo para absorber el exceso de capital: lo vimos con la Segunda Guerra Mundial, que logr\u00f3 lo que las pol\u00edticas keynesianas seguidas tras la crisis de 1929 no hab\u00edan conseguido, y lo estamos viendo hoy, ya que la crisis de la globalizaci\u00f3n y la consiguiente contracci\u00f3n del \u00e1rea de control imperial empujan al sistema a apostar de nuevo por el keynesianismo de guerra.<\/p>\n<p>Como colof\u00f3n a su modelo de autorreproducci\u00f3n sist\u00e9mica, Baran y Sweezy centran su atenci\u00f3n en las nuevas formas que este modelo impone a la lucha de clases: \u00abSi se parte de la estabilidad del capitalismo monopolista, con su probada incapacidad para hacer un uso racional (..) de su enorme potencial productivo, es necesario decidir si se prefiere el desempleo masivo y las caracter\u00edsticas de la gran depresi\u00f3n, o la relativa seguridad de empleo y bienestar material garantizada por los enormes presupuestos militares [y por la creaci\u00f3n de amplias capas de trabajo improductivo y otros par\u00e1sitos \u00abdevoradores de excedentes\u00bb, NdA]. Dado que la mayor\u00eda de los estadounidenses, incluidos los trabajadores [pero, lamentablemente, esto tambi\u00e9n se aplica a gran parte de los ciudadanos europeos], siguen dando por sentada la estabilidad del sistema, es totalmente natural que prefieran la situaci\u00f3n que les resulta m\u00e1s ventajosa a nivel personal y privado [o mejor dicho: que siguen creyendo que lo es, contra toda evidencia&#8230;]\u00bb<sup>102<\/sup>. Por eso, argumentan, la iniciativa revolucionaria contra el capitalismo, que antes estaba en manos del proletariado de los pa\u00edses avanzados, ha pasado a las masas perif\u00e9ricas que luchan contra la opresi\u00f3n y la explotaci\u00f3n imperialistas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>En la parte sobre socializaci\u00f3n y socialismo, elogi\u00e9 un <a href=\"https:\/\/www.antropocene.org\/index.php\/648-la-sinistra-e-la-nuova-negazione-dellimperialismo\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\" shape=\"rect\">art\u00edculo<\/a> de Bellamy Forster que lamenta el rechazo del concepto de imperialismo por parte de los marxistas occidentales. Sin embargo, debo precisar aqu\u00ed que discrepo de algunos de sus juicios. En particular, Bellamy incluye a David Harvey y Giovanni Arrighi entre los autores que han \u00abtraicionado\u00bb el concepto en cuesti\u00f3n. La acusaci\u00f3n tiene cierto fundamento en el caso de Harvey<sup>103<\/sup>, mientras que me parece francamente injustificada en el caso de Arrighi, quien, aunque en sus \u00faltimos trabajos casi nunca utiliza el t\u00e9rmino imperialismo, ha dado, junto con Wallerstein y otros autores<sup>104<\/sup>, una contribuci\u00f3n decisiva a la comprensi\u00f3n de las din\u00e1micas del funcionamiento del capitalismo como sistema mundial, a partir de las relaciones de dependencia entre centros y periferias. Si prefiere recurrir al concepto gramsciano de hegemon\u00eda para describir estas relaciones, es porque trata de ampliar el an\u00e1lisis a los factores socioculturales, y no limitarse a los econ\u00f3micos. Esta elecci\u00f3n lo sit\u00faa en la estela de autores como Karl Polanyi<sup>105<\/sup> y Fernand Braudel<sup>106<\/sup> y, en el contexto de los temas que estamos discutiendo aqu\u00ed, tiene importantes implicaciones para tres conceptos marxistas discutidos anteriormente: 1) la idea de que el desarrollo del modo de producci\u00f3n capitalista tiende a establecer el primado del capital industrial sobre el capital financiero y comercial; 2) la idea de que este desarrollo (en ausencia de una revoluci\u00f3n socialista) conlleva la aniquilaci\u00f3n de todos los dem\u00e1s modos de producci\u00f3n (visi\u00f3n que el diamat estalinista \u00abcanoniz\u00f3\u00bb en su concepci\u00f3n de la historia como sucesi\u00f3n de etapas: comunismo primitivo, esclavitud, Edad Media, capitalismo); 3) la idea de que la competencia es la causa principal de gran parte de las contradicciones sist\u00e9micas.<\/p>\n<p>Que Marx describiera la industria moderna como la forma m\u00e1s evolucionada del modo de producci\u00f3n capitalista, argumenta Arrighi, se debe al hecho de que, en el siglo XIX, el capitalismo parec\u00eda \u00abespecializarse\u00bb en esa rama de la actividad, por lo que se entiende por qu\u00e9, seg\u00fan Marx, este sector econ\u00f3mico en particular representa el \u00abverdadero rostro\u00bb del capital. Sin embargo, no hay que olvidar que, sobre todo en el Libro III, el propio Marx reitera en varias ocasiones que los capitalistas prefieren \u2014y eligen siempre que pueden\u2014 la forma D-D&#8217; frente a los riesgos de la aventura industrial, que consideran un mal necesario para valorizar su capital. Arrighi, al igual que Braudel, insiste a\u00fan m\u00e1s en este punto, poniendo de relieve c\u00f3mo el capitalismo, a lo largo de toda su larga historia, nunca se ha dejado encasillar en la producci\u00f3n y el comercio de mercanc\u00edas individuales, ni en sectores de actividad concretos, sino que ha mantenido constantemente una relaci\u00f3n \u00abinstrumental\u00bb con los mundos del comercio y la producci\u00f3n. Sus caracter\u00edsticas han sido siempre la plasticidad, el eclecticismo y la adaptabilidad camale\u00f3nica, cualidades que le han permitido aprovechar las m\u00e1s diversas oportunidades para ejercer esa capacidad de \u00abprocrear\u00bb (el t\u00e9rmino es de Marx), que m\u00e1s que ninguna otra caracteriza su esencia.<\/p>\n<p>Pasemos a otro punto. Seg\u00fan Braudel, el capitalismo nunca ha sido capaz de agotar toda la vida econ\u00f3mica, de \u00abcontener\u00bb toda la sociedad productiva. Incluso en la Europa actual (escribe a finales de los a\u00f1os setenta) existen amplios sectores de autoconsumo, as\u00ed como peque\u00f1as empresas artesanales y comerciales, y diversos tipos de actividades que no entran en la contabilidad nacional. Ciertamente, es sobre todo en la Edad Media cuando la casi totalidad de la producci\u00f3n es absorbida por el autoconsumo de la familia y la aldea y no entra en los circuitos del mercado. Y es tambi\u00e9n en la Edad Media cuando los principales agentes del mercado son los vendedores ambulantes y los tenderos; pero ya entonces, por encima de este nivel inferior, se elevaba la \u00e9lite de los grandes comerciantes, que dominaban las ferias y las bolsas y controlaban el comercio a larga distancia. Gracias a la concentraci\u00f3n de crecientes masas de dinero en sus manos, estos comenzaron a desempe\u00f1ar la funci\u00f3n de financiadores de otros mercaderes y pr\u00edncipes, as\u00ed como a comprar directamente a los campesinos y artesanos sus productos para ejercer la funci\u00f3n de mayoristas (es el primer paso hacia la explotaci\u00f3n del trabajo a domicilio que Marx describe en el Libro I de El capital como el antepasado de la manufactura).<\/p>\n<p>Esta esfera superior de la circulaci\u00f3n, que se eleva por encima del intercambio cotidiano de los mercados elementales y del tr\u00e1fico a corta distancia, es ya, seg\u00fan Braudel, capitalismo (estamos a caballo entre los siglos XIV y XV, pero en algunas regiones de Europa se puede remontar m\u00e1s atr\u00e1s). Un fen\u00f3meno que el propio Braudel define como <i>contramercado,<\/i> ya que, gracias a su dimensi\u00f3n internacional, se deshace de las reglas de los mercados tradicionales (locales), elude las barreras pol\u00edticas y jur\u00eddicas, gestiona \u00abintercambios desiguales en los que la competencia&#8230;tiene poco espacio y en el que el comerciante disfruta de dos ventajas: en primer lugar, la de haber interrumpido la relaci\u00f3n directa y lineal entre el productor y el consumidor (&#8230;); en segundo lugar, dispone del dinero en efectivo, que es su principal aliado\u00bb<sup>107<\/sup>. Es como decir que la llamada libre competencia siempre ha sido un mito de los economistas liberales burgueses, mientras que el capitalismo naci\u00f3 con una tendencia monopolista y as\u00ed ha permanecido.<\/p>\n<p>Volveremos sobre este tema en breve, pero antes hay que tomar nota de un corolario de esta forma de abordar la historia del capitalismo. La coexistencia entre el nivel inferior de la econom\u00eda de mercado y el nivel superior del protocapitalismo no es una fase transitoria, contingente. Contrariamente a Marx, que prev\u00e9 que, a medida que el proto-capitalismo mercantil evoluciona hacia un modo de producci\u00f3n capitalista maduro, el nivel inferior est\u00e1 destinado a desaparecer, en la concepci\u00f3n que acabamos de describir, el nivel superior no puede destruir el nivel inferior por la simple raz\u00f3n de que su naturaleza es la de un par\u00e1sito que explota todo lo que hay debajo, que succiona sus recursos para aprovecharlos y valorizar al cuadrado el valor creado por otros modos de producci\u00f3n, del que se apropia. Al modelo del marxismo ortodoxo, basado en la sucesi\u00f3n de etapas (esclavitud, servidumbre, capitalismo), le sustituye la visi\u00f3n de una coexistencia entre modos de producci\u00f3n diferentes, visi\u00f3n compartida por Luxemburg, Baran y Sweezy, los te\u00f3ricos de la dependencia, Gabriele y Jabbour, adem\u00e1s de Braudel y Arrighi.<\/p>\n<p>Retomemos el tema del monopolio como tendencia original. Para Arrighi, al igual que para Braudel, el tema est\u00e1 entrelazado con la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre la concentraci\u00f3n del poder capitalista y el Estado, cuesti\u00f3n que Marx, recuerda Arrighi, aborda en el Libro I de <em>El Capital<\/em> a partir del papel de la deuda p\u00fablica en el sostenimiento de la expansi\u00f3n inicial del capitalismo. He aqu\u00ed la cita en cuesti\u00f3n: \u00abLa deuda p\u00fablica, es decir, la alienaci\u00f3n del Estado \u2014ya sea desp\u00f3tico, constitucional o republicano\u2014 imprime su sello en la era capitalista (&#8230;) Como con un golpe de varita m\u00e1gica, [la deuda p\u00fablica] confiere al dinero, que es improductivo, la facultad de procrear, y as\u00ed lo transforma en capital, sin que el dinero tenga que someterse al esfuerzo y al riesgo inseparables de la inversi\u00f3n industrial y tambi\u00e9n de la usura. En realidad, los acreedores del Estado no dan nada, ya que la suma prestada se transforma en obligaciones f\u00e1cilmente transferibles, que en sus manos siguen funcionando como si fueran dinero en efectivo\u00bb<sup>108<\/sup>.<\/p>\n<p>Reflexionando sobre esta relaci\u00f3n hist\u00f3rica entre el Estado y el capital, y sobre el papel que ha desempe\u00f1ado en la construcci\u00f3n del dominio europeo sobre el resto del mundo, Arrighi escribe a su vez: \u00abLa transici\u00f3n realmente importante que exige una explicaci\u00f3n no es la del feudalismo al capitalismo, sino la de un poder capitalista difuso a uno concentrado. Y el aspecto m\u00e1s relevante de esta transici\u00f3n (&#8230;) es la <i>singular fusi\u00f3n del Estado y el capital <\/i>(subrayado m\u00edo) que en ning\u00fan lugar se realiz\u00f3 de manera tan favorable al capitalismo como en Europa\u00bb<sup>109<\/sup>. Por eso, a\u00f1ade Arrighi citando a Braudel, el capitalismo solo puede triunfar cuando se identifica con el Estado, <i>cuando es el Estado<\/i>. No solo el capitalismo monopolista, sino tambi\u00e9n el capitalismo monopolista de Estado se revela as\u00ed como una caracter\u00edstica original del capitalismo; \u00abla competencia entre los Estados por el capital m\u00f3vil ha sido el complemento de este proceso\u00bb, a\u00f1ade Arrighi unas l\u00edneas m\u00e1s abajo, y en la p\u00e1gina siguiente escribe: \u00abla competencia interestatal ha sido un componente decisivo en cada fase de expansi\u00f3n financiera y un factor fundamental en la formaci\u00f3n de estos bloques de agentes gubernamentales y empresariales que han guiado la econom\u00eda mundial capitalista a trav\u00e9s de sus sucesivas fases de expansi\u00f3n\u00bb<sup>110<\/sup>.<\/p>\n<p>Para no extenderme demasiado, evitar\u00e9 entrar en el m\u00e9rito de la alternancia de ciclos hegem\u00f3nicos (Genova, Holanda, Inglaterra, Estados Unidos) que Braudel y Arrighi consideran la forma en que se ha desarrollado la econom\u00eda mundial en los \u00faltimos cinco siglos, ni discutir\u00e9 la tesis seg\u00fan la cual las fases de financiarizaci\u00f3n marcan las crisis de transici\u00f3n de un ciclo hegem\u00f3nico a otro, ni comparar\u00e9 el pensamiento de Braudel y Arrighi sobre la previsi\u00f3n de c\u00f3mo se resolver\u00e1 la crisis del \u00faltimo de estos ciclos, hegem\u00f3nico de los Estados Unidos (solo recuerdo que Braudel no ofrece respuestas claras, mientras que Arrighi primero razon\u00f3 sobre la emergencia de la zona asi\u00e1tica, para luego centrarse en China). Hemos llegado as\u00ed al final de este largo recorrido en cinco etapas a trav\u00e9s del Libro II y III de <em>El Capital<\/em>, y a trav\u00e9s del pensamiento de algunos autores que se han enfrentado a las cuestiones planteadas por esta monumental obra. Quienes esperaban una conclusi\u00f3n deben resignarse: el objetivo de este trabajo, como he dejado claro desde el principio, era elaborar una lista de lo que considero los principales problemas que Marx nos ha legado, e indicar algunas l\u00edneas de investigaci\u00f3n para abordarlos y profundizar en ellos. Imaginar extraer una \u00abs\u00edntesis\u00bb ser\u00eda una locura, ya que significar\u00eda pensar en reescribir un <em>Capital<\/em> de nuestros d\u00edas, empresa muy por encima de mis capacidades (y creo que de las de cualquier otra persona).<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><b>Notas<\/b><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>1<\/sup> V\u00e9ase E. Dussel, <i>Metafore teologiche di Marx, <\/i>Schibboleth<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>2<\/sup> V\u00e9ase <i>Ombre rosse<\/i>, Meltemi, Mil\u00e1n 2022; v\u00e9ase tambi\u00e9n <i>Guerra e rivoluzione, <\/i>Vol I. Cap. I, Meltemi, Mil\u00e1n 2023. V\u00e9ase, por \u00faltimo, mi <i>Prefacio <\/i>a la edici\u00f3n Meltemi (2023) de <i>Ontolog\u00eda del ser social <\/i>de G. Lukacs.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>3<\/sup> Una lista, limitada pero significativa, de autores que han influido en mi reconsideraci\u00f3n cr\u00edtica de ciertos dogmas marxistas incluye: entre los italianos, Giovanni Arrighi, Domenico Losurdo y Costanzo Preve; entre otros autores occidentales, Karl Polanyi, Walter Benjamin, P. Baran y P. Sweezy, Emmanuel Wallerstein, David Harvey; entre los autores del Sur del mundo, Samir Amin, J. C. Mari\u00e1tegui, A. G. Linera, A. Cabral, Frantz Fanon, Cedric Robinson.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>4<\/sup> G. Ruffolo,<i> Il capitalismo ha i secoli contati, <\/i>Einaudi, Tur\u00edn 2009.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>5<\/sup> <i>El Capital, <\/i>Libro III (editado por Bruno Maffi), p. 320, UTET, Tur\u00edn 1987.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>6<\/sup> K. Marx, <i>Cr\u00edtica al programa de Gotha<\/i>.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>7<\/sup> La referencia se refiere, entre otros, a Louis Althusser.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>8<\/sup> V\u00e9ase C. Preve, <i>La filosofia imperfetta. Una proposta di ricostruzione del marxismo contemporaneo, <\/i>Franco Angeli, Mil\u00e1n 1984.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>9<\/sup> R. Luxemburg, <i>L&#8217;accumulazione del capitale, <\/i>Einaudi, Tur\u00edn 1960<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>10<\/sup> P. Baran, P. Sweezy, <i>Il capitale monopolistico, <\/i>Einaudi, Tur\u00edn 1966.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>11<\/sup> V\u00e9ase C. Formenti,<i> Ombre rosse. Saggi sull&#8217;ultimo Luk\u00e1cs e altre eresie, <\/i>Meltemi, Mil\u00e1n 2022; v\u00e9ase tambi\u00e9n <i>Guerra e rivoluzione, <\/i>vol. I cap. I, Meltemi, Mil\u00e1n 2023; v\u00e9ase finalmente, con Onofrio Romano, <i>Tagliare i rami secchi, <\/i>DeriveApprodi, Roma 2019.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>12<\/sup> V\u00e9ase, en particular, <i>La filosofia imperfetta, <\/i>Franco Angeli, Mil\u00e1n 1984.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>13<\/sup> V\u00e9ase G. Luk\u00e1cs, <i>Ontologia dell&#8217;essere sociale, <\/i>4 vols. , Meltemi, Mil\u00e1n 2023.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>14<\/sup> Para un an\u00e1lisis cr\u00edtico del marxismo occidental, v\u00e9ase D. Losurdo, <em>Il marxismo occidentale. Come nacque, come mor\u00ec, come pu\u00f2 rinascere<\/em>, Laterza, Roma-Bari 2017.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>15<\/sup> V\u00e9ase C. Preve, op. cit. Preve utiliza las siguientes definiciones para connotar los dos reg\u00edmenes narrativos que atribuye a Marx: 1) la idea de que la historia humana est\u00e1 gobernada por \u00ableyes\u00bb comparables a las leyes de la naturaleza (r\u00e9gimen deterministico-naturalista); 2) una \u00abmetaf\u00edsica inmanentista gobernada por un Sujeto que marcha hacia la utop\u00eda de una sociedad \u00edntegramente transparente\u00bb (regime narrativo grande). A estos reg\u00edmenes, Preve contrapone un tercer r\u00e9gimen que, en su opini\u00f3n, est\u00e1 presente en la obra de Marx y que define, siguiendo la lecci\u00f3n de Luk\u00e1cs (v\u00e9ase la nota 3), como ontol\u00f3gico-social.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>16<\/sup> V\u00e9ase P. Baran, P, Sweezy, <i>Il capitale monopolistico, <\/i>Einaudi, Tur\u00edn 1968.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>17<\/sup> Ib\u00eddem, p. 8<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>18<\/sup> V\u00e9ase V. I. Lenin, <i>El imperialismo, fase suprema del capitalismo,<\/i> en Obras escogidas, vol. I, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Mosc\u00fa 1947.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>19<\/sup> V\u00e9ase A Visalli, <i>Dipendenza, <\/i>Meltemi, Mil\u00e1n 2020.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>20<\/sup> V\u00e9ase D. Harvey, <i>L\u2019enigma del capitale e il prezzo della sua sopravvivenza, <\/i>Feltrinelli, Mil\u00e1n 2011.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>21<\/sup> La carta se encuentra en K. Marx, F. Engels, <i>India Cina Russia, <\/i>il Saggiatore, Mil\u00e1n 1960.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>22<\/sup> La cr\u00edtica de Luk\u00e1cs a las interpretaciones teleol\u00f3gicas de la visi\u00f3n marxista de la historia es recurrente en su<i> Ontolog\u00eda social,<\/i> cit.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>23<\/sup> Las diversas versiones de la carta a Vera Zasulich tambi\u00e9n se encuentran en\u00a0<i>ndia Cina Russia, <\/i>cit<i>.<\/i><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>24<\/sup> V\u00e9ase J. C. Mari\u00e1tegui, <i>Siete ensayos sobre la realidad peruana y otros escritos pol\u00edticos.<\/i><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>25<\/sup> V\u00e9ase E. Dussel, <i>El \u00faltimo Marx, <\/i>Manifestolibri, Roma 2009.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>26<\/sup> V\u00e9ase A. G. Linera, <i>Forma valor y forma comunidad, <\/i>Traficantes de Sue\u00f1os, Quito 2015.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>27<\/sup> A. Gabriele, E. Jabbour, <i>Socialist Economic Development in the 21 Century, <\/i>Routledge, Londres 2022.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>28<\/sup> G. Arrighi,<i> Adam Smith a Pechino,<\/i> Feltrinelli, Mil\u00e1n 2007.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>29<\/sup> V\u00e9ase Samir Amin,<i> La d\u00e9connextion, <\/i>la D\u00e9couvert, Par\u00eds 1986.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>30<\/sup> <i>Socialist Economic&#8230; <\/i>cit., p. 51.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>31<\/sup> Ib\u00edd., p. 52<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>32<\/sup> Ib\u00edd., p. 79. Seg\u00fan los dos autores, la coexistencia de diferentes modos de producci\u00f3n a nivel mundial puede definirse como un \u00abmeta modo de producci\u00f3n\u00bb caracterizado por la producci\u00f3n de mercanc\u00edas y las relaciones monetarias de producci\u00f3n y cambio, la vigencia de la ley del valor y los mercados, la extracci\u00f3n de plusval\u00eda y la coexistencia de un macrosector productivo y un macrosector improductivo (p. 96).<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>33<\/sup> Ibid., p. 37.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>34<\/sup> V\u00e9ase la nota 28.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>35<\/sup> V\u00e9ase G. Arrighi, <i>Il lungo ventesimo secolo. Denaro, potere e le origini del nostro tempo, <\/i>il Saggiatore.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>36<\/sup> V\u00e9ase A. Negri, <i>Marx oltre Marx, <\/i>Feltrinelli, Mil\u00e1n 1979.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>37<\/sup> V\u00e9ase K. Marx, <i>Il Capitale. Libro I, capitolo VI inedito, <\/i>La Nuova Italia, Florencia 1969.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>38<\/sup> V\u00e9ase K. Marx, <i>Lineamenti fondamentali della critica dell\u2019economia politica, <\/i>2 vols. La Nuova Italia, Florencia 1969.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>39<\/sup> Tuve ocasi\u00f3n de analizar las estrategias organizativas de IBM estudiando algunos documentos que me entregaron los delegados sindicales de la empresa, con los que estaba en contacto como responsable provincial de los t\u00e9cnicos y empleados de la Federaci\u00f3n de Trabajadores Metal\u00fargicos. Gracias a esa experiencia, me hice una idea muy precisa del impacto que la difusi\u00f3n de las redes inform\u00e1ticas en las grandes empresas tendr\u00eda en la organizaci\u00f3n del trabajo t\u00e9cnico-administrativo y en las transformaciones de la composici\u00f3n de clase, que ya estaban en marcha en aquel momento. Mis previsiones sobre el proceso de terciarizaci\u00f3n del trabajo en los pa\u00edses industrializados avanzados, ridiculizadas por algunos cr\u00edticos \u00abortodoxos\u00bb, resultaron prof\u00e9ticas, aunque pesimistas por defecto, en el sentido de que el impacto de las nuevas generaciones de ordenadores y la llegada de Internet ser\u00eda a\u00fan m\u00e1s radical. A medida que se hac\u00edan evidentes los efectos devastadores de la revoluci\u00f3n digital sobre las relaciones de fuerza entre el trabajo y el capital, mi posici\u00f3n se alej\u00f3 cada vez m\u00e1s del optimismo de los apologistas del posfordismo, que consideraban que las nuevas tecnolog\u00edas ofrec\u00edan oportunidades in\u00e9ditas para la democracia, si no para la superaci\u00f3n del capitalismo. Mis cr\u00edticas a esta visi\u00f3n superoptimista comenzaron con<i> Incantati dalla Rete<\/i> (Cortina 2000), en el que pon\u00eda de relieve la relaci\u00f3n entre las nuevas izquierdas \u00abcalifornianas\u00bb y los delirios transhumanistas de los gur\u00fas de Silicon Valley; continuaron con<i> Mercanti di futuro. Utopia e crisi della Net Economy<\/i> (Einaudi 2002), en el que analizaba las estrategias de dominio y explotaci\u00f3n puestas en marcha por los gigantes de la econom\u00eda digital; <i>Felici e sfruttati <\/i>(Egea, 2011), en el que criticaba el mito del \u00abtrabajo creativo\u00bb; para culminar con<i> Utopie letali<\/i> (Jaka Book, 2013), una especie de r\u00e9quiem dedicado al tr\u00e1gico fracaso de las ilusiones alimentadas por las izquierdas posmodernistas.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>40<\/sup> V\u00e9ase J. Baudrillard, <i>Critica dell&#8217;economia politica del segno, <\/i>Mazzotta, Mil\u00e1n 1974.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>41<\/sup> H. Braverman, <i>Lavoro e capitale monopolistico, <\/i>Einaudi, Tur\u00edn 1978, p. 206.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>42<\/sup> V\u00e9ase J. Rifkin, <i>La fine del lavoro, <\/i>Mondadori.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>43<\/sup> <i>Marx oltre Marx<\/i>, cit., p. 122. Ese par\u00e9ntesis (aunque il\u00f3gico) pone de manifiesto la influencia de Althusser en el pensamiento de Negri, en la medida en que da a entender que los supuestos l\u00edmites del an\u00e1lisis marxista se atribuyen a la herencia \u00abidealista\u00bb de la l\u00f3gica hegeliana.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>44<\/sup> En el libro <em>Socialist Economic Development in the XXI Century<\/em> (Routledge), Gabriele y Jabbour afirman algo similar: \u00abEl proceso de terciarizaci\u00f3n tiende a hacer creer que la mayor\u00eda de los trabajadores de las empresas privadas en Estados Unidos y en los pa\u00edses avanzados son improductivos. No estamos de acuerdo, consideramos productivas todas las actividades (&#8230;) que generan plusval\u00eda\u00bb (p. 63). Esta posici\u00f3n, an\u00e1loga a la que yo defend\u00eda en 1980, me parece contradictoria con las tesis que estos dos autores plantean sobre la coexistencia conflictiva entre el modo de producci\u00f3n capitalista y los pa\u00edses en transici\u00f3n hacia el socialismo (v\u00e9ase la etapa anterior de este recorrido). \u00bfC\u00f3mo no tener en cuenta (v\u00e9anse las tesis de Baran y Sweezy) el hecho de que los conceptos de productivo e improductivo cambian seg\u00fan el contexto socioecon\u00f3mico al que se refieren, pero sobre todo c\u00f3mo no tener en cuenta el punto de vista socialista, que considera improductiva gran parte del trabajo terciario de las empresas privadas occidentales?<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>45<\/sup> Como he argumentado en todos mis trabajos citados en la nota 38, considero que el concepto de trabajo \u00abinmaterial\u00bb, elaborado por la cultura posmodernista y apreciado por autores como Andr\u00e9 Gorz (v\u00e9ase <em>L&#8217;immateriale. Conoscenza, valore e capitale<\/em>, Bollati Boringhieri, Tur\u00edn, 2003) y otros, carece de todo fundamento. El concepto se inspira presumiblemente en la met\u00e1fora acu\u00f1ada por ciertos estudiosos de los sistemas complejos (en particular en el campo de las neurociencias), que han establecido una analog\u00eda entre los binomios mente-cuerpo y software-hardware. Dado que, en mi opini\u00f3n, ni siquiera la producci\u00f3n de software, algoritmos, c\u00f3digos inform\u00e1ticos, etc. puede considerarse inmaterial, ya que exige el esfuerzo de los sentidos, los nervios, el cerebro, los ojos, las manos, etc. de millones de trabajadores, la ret\u00f3rica de lo inmaterial es claramente delirante cuando se refiere al hardware. Tras observar acertadamente que esta ret\u00f3rica se inscribe en la \u00abcultura del post\u00bb, adoptada por una cierta izquierda enamorada del supuesto papel progresista de las nuevas tecnolog\u00edas, Fabien Lebrun (<i>Barbarie digitale, <\/i>Ed. L&#8217;\u00c9chapp\u00e9e) desglosa los siguientes datos: los 34 000 millones de dispositivos digitales que existen hoy en d\u00eda en la Tierra pesan 220 millones de toneladas, un smartphone contiene cincuenta metales diferentes y, si se a\u00f1ade la infraestructura necesaria para que funcionen las redes y los terminales, resulta evidente lo parad\u00f3jico del concepto de \u00abdesmaterializaci\u00f3n\u00bb. Es m\u00e1s, esta ret\u00f3rica suena como un insulto a los millones de trabajadores congole\u00f1os y de otros pa\u00edses del Sur del mundo, reducidos a condiciones de semiesclavitud para extraer de la tierra los recursos necesarios para alimentar la llamada econom\u00eda \u00abinmaterial\u00bb. En cuanto al supuesto papel antagonista de los trabajadores creativos, es v\u00e1lida la despiadada an\u00e1lisis de Boltanski y Chiapello (<i>Il nuovo spirito del capitalismo, <\/i>Mimesis), que demuestran c\u00f3mo, una vez desaparecido el impulso de las luchas obreras, los \u00abremanentes\u00bb de las luchas estudiantiles del 68 han abandonado la cr\u00edtica social para dedicarse a la \u00abcr\u00edtica art\u00edstica\u00bb, es decir, a las gen\u00e9ricas reivindicaciones antiautoritarias de los \u00abnuevos movimientos\u00bb, que no solo han sido f\u00e1cilmente reabsorbidas por el sistema capitalista, sino que se han convertido en eficaces instrumentos de control y gesti\u00f3n de las capas superiores de la fuerza de trabajo.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>46<\/sup> V\u00e9ase P. Baran, <i>Il \u00absurplus\u00bb economico e la teoria marxista dello sviluppo, <\/i>Feltrinelli, v\u00e9ase tambi\u00e9n P. Baran y P. Sweezy, <i>Il capitale monopolistico. Saggio sulla struttura economica e sociale americana<\/i>, Einaudi, Tur\u00edn 1968.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>47<\/sup> <i>Il capitale monopolistico&#8230;<\/i>cit., p. 119.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>48<\/sup> Citado en P. Baran, P. Sweezy, <i>op. cit.<\/i>, p. 120.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>49<\/sup> Ib\u00edd., p. 107.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>50<\/sup> La diferencia se hace m\u00e1s clara cuando Baran (<i>Il \u00absurplus\u00bb, <\/i>cit.) contrasta el excedente econ\u00f3mico efectivo (la diferencia entre la producci\u00f3n efectiva actual y el consumo efectivo coherente de la sociedad) y el excedente potencial, es decir, el excedente realizable si no estuviera limitado por el exceso de consumo, la p\u00e9rdida de producci\u00f3n debida a trabajos improductivos (subrayado m\u00edo), la organizaci\u00f3n irracional del sistema, el desempleo debido a la anarqu\u00eda capitalista y la insuficiencia de la demanda efectiva. En pocas palabras: es improductivo el trabajo que lo parece desde el punto de vista de una sociedad racional, es decir, socialista.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>51<\/sup> Este es el tema de la cr\u00edtica de Rosa Luxemburg a los esquemas marxianos de la reproducci\u00f3n ampliada. Pero de esto hablaremos m\u00e1s adelante.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>52<\/sup> V\u00e9ase el \u00abfragmento sobre las m\u00e1quinas\u00bb (<i>Elementi fondamentali della critica dell\u2019economia politica, <\/i>vol. 2<i>, <\/i>pp. 389-403, La Nuova Italia, Florencia 1970), donde leemos los siguientes pasajes: \u00abMientras el medio de trabajo sigue siendo, en el sentido estricto de la palabra, medio de trabajo (&#8230;), solo sufre un cambio formal por el hecho de que ya no se presenta solo desde su lado material como medio de trabajo, sino al mismo tiempo como una forma particular de existencia del capital (&#8230;). Pero, una vez incorporado al proceso productivo del capital, [este] sufre diversas metamorfosis, la \u00faltima de las cuales es la m\u00e1quina o, m\u00e1s bien un sistema autom\u00e1tico de m\u00e1quinas (&#8230;) este aut\u00f3mata est\u00e1 constituido por numerosos \u00f3rganos mec\u00e1nicos e intelectuales, de modo que los propios obreros solo est\u00e1n determinados como \u00f3rganos conscientes del mismo (&#8230;)<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abLa actividad del obrero, reducida a una simple abstracci\u00f3n de actividad, est\u00e1 determinada en todas sus partes por el movimiento de la maquinaria, y no a la inversa (&#8230;)\u00bb.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEl proceso de producci\u00f3n ha dejado de ser un proceso de trabajo en el sentido de que el trabajo lo domina como unidad. El trabajo se presenta ahora solo como \u00f3rgano consciente, en varios puntos del sistema de m\u00e1quinas en forma de trabajadores individuales vivos (&#8230;)\u00bb.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEn la medida en que las m\u00e1quinas se desarrollan con la acumulaci\u00f3n de la ciencia social, de la productividad en general, no es en el trabajo, sino en el capital, donde se expresa el trabajo social en general\u00bb.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">Hasta aqu\u00ed puede parecer parad\u00f3jico que este texto \u2014relanzado en el n\u00famero 4 de Quaderni Rossi, la revista fundadora de la corriente te\u00f3rica del obrerismo italiano\u2014 haya alimentado el mito de la autonom\u00eda obrera, ya que la clase se describe m\u00e1s bien como un polvo de individuos (quiz\u00e1s Charlie Chaplin lo ley\u00f3 antes de rodar Tiempos modernos) , reducidos a c\u00e9lulas nerviosas del sistema autom\u00e1tico de las m\u00e1quinas. Sin embargo, unas p\u00e1ginas m\u00e1s adelante aparecen las frases que se han interpretado como la inversi\u00f3n dial\u00e9ctica de la subordinaci\u00f3n integral del trabajo al capital. He aqu\u00ed:<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abLa riqueza real se manifiesta (&#8230;) en la enorme desproporci\u00f3n entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, as\u00ed como en la desproporci\u00f3n cualitativa entre el trabajo reducido a pura abstracci\u00f3n y la potencia del proceso de producci\u00f3n que supervisa. Ya no es tanto el trabajo el que se presenta como incluido en el proceso de producci\u00f3n, sino m\u00e1s bien el hombre el que se sit\u00faa en relaci\u00f3n con el proceso de producci\u00f3n como supervisor y regulador (&#8230;) El obrero ya no es el que inserta el objeto natural modificado como miembro intermedio entre el objeto y s\u00ed mismo, sino el que inserta el proceso natural, que transforma en un proceso industrial, como medio entre s\u00ed mismo y la naturaleza inorg\u00e1nica, de la que se apodera\u00bb (&#8230;).<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEn esta transformaci\u00f3n no es ni el trabajo inmediato, realizado por el hombre mismo, ni el tiempo que trabaja, sino la apropiaci\u00f3n de su productividad general (\u2026) en una palabra, es el desarrollo del individuo social que se presenta como el gran pilar de la producci\u00f3n y la riqueza. El robo del tiempo de trabajo ajeno, en el que se basa la riqueza actual, se presenta como una base miserable en comparaci\u00f3n con esta nueva base que se ha desarrollado entretanto y que ha sido creada por la gran industria misma: tan pronto como el trabajo en forma inmediata ha dejado de ser la gran fuente de riqueza, el tiempo de trabajo cesa y debe dejar de ser su medida, y por lo tanto el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso\u00bb (&#8230;).<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">\u00abEl desarrollo del capital fijo muestra hasta qu\u00e9 punto el conocimiento social general, <i>knowledge,<\/i> se ha convertido en fuerza productiva inmediata, y por lo tanto las condiciones del proceso vital mismo de la sociedad han pasado a estar bajo el control del <i>general intellect&#8230;\u00bb.<\/i><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">Aqu\u00ed las razones del entusiasmo obrero son evidentes. Marx, en su visi\u00f3n de autor ante litteram de la ciencia ficci\u00f3n, anticipa niveles de desarrollo tecnol\u00f3gico y cient\u00edfico m\u00e1s cercanos a los actuales que a la protoindustria mecanizada de su \u00e9poca, y asocia esta visi\u00f3n al agotamiento de la funci\u00f3n hist\u00f3rica del modo de producci\u00f3n capitalista: en la producci\u00f3n de la riqueza, ahora controlada por el <i>intelecto general,<\/i> la medici\u00f3n del valor a trav\u00e9s del tiempo de trabajo inmediato ya no tiene raz\u00f3n de ser, lo que tambi\u00e9n se aplica al valor de cambio, que queda as\u00ed reabsorbido en el valor de uso. Ergo: el capital ha creado las condiciones materiales para su propia superaci\u00f3n. Pero, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 el <i>sujeto pol\u00edtico <\/i>que decreta su fin? Respuesta obrerista: es la propia clase obrera que, precisamente por estar integrada en el capital, se transforma directamente en la sociedad de productores asociados que gobierna el proceso productivo e invita amablemente al capitalista a hacerse a un lado&#8230; \u00bfPara qu\u00e9 sirve el partido leninista si es el propio modo de producci\u00f3n capitalista el que se vuelve espont\u00e1neamente comunista?<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>53<\/sup> V\u00e9ase C. Marazzi<i>, Il comunismo del capitale<\/i>, ombre corte.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>54<\/sup> V\u00e9ase V.I. Lenin, <i>\u00bfQu\u00e9 hacer?<\/i>, en Obras escogidas, vol. I, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Mosc\u00fa 1947.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>55<\/sup> Para Marx, la resistencia de los productores directos (campesinos, artesanos, comunidades precapitalistas, etc.) y de los desempleados expropiados por el proceso de acumulaci\u00f3n primitiva es un factor esencialmente conservador, ya que ralentiza el proceso de crecimiento de la masa de trabajadores asalariados. V\u00e9ase al respecto su juicio negativo sobre el movimiento ludista en Inglaterra (v\u00e9ase E. P. Thompson,<i> The Making of the English Working Class, <\/i>Penguin, Londres 1991). Pero la historia de los movimientos revolucionarios del Sur del mundo nos ense\u00f1a que, por el contrario, la lucha de las masas populares de los pa\u00edses perif\u00e9ricos contra el proceso de colonizaci\u00f3n de sus formas de vida por parte del modo de producci\u00f3n capitalista ha desempe\u00f1ado y sigue desempe\u00f1ando un papel estrat\u00e9gico en la lucha global contra el imperialismo. El tema ha sido desarrollado sobre todo por los marxistas latinoamericanos y africanos (v\u00e9ase, entre otros, J. C. Mariategui, 1972; A. G. Linera 2015 y C. Robinson 2023).<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>56<\/sup> K. Marx, <em>I<\/em><i>l capitale<\/i>, I, UTET, Tur\u00edn 1974, pp. 681-682: \u00abLa eliminaci\u00f3n de la forma de producci\u00f3n capitalista permitir\u00e1 limitar la <i>jornada laboral al trabajo necesario.<\/i> Sin embargo, este \u00faltimo, en condiciones iguales, ampliar\u00eda su espacio, por un lado porque las condiciones de vida del obrero ser\u00edan m\u00e1s ricas y sus necesidades vitales mayores, y por otro porque una parte del trabajo adicional actual contar\u00eda como trabajo necesario, es decir, como trabajo necesario para la constituci\u00f3n de un fondo social de reserva y de acumulaci\u00f3n. Cuanto m\u00e1s crece la fuerza productiva del trabajo, m\u00e1s se puede acortar la jornada laboral, y cuanto m\u00e1s se acorta la jornada laboral, m\u00e1s puede crecer la intensidad del trabajo. Desde el punto de vista social, la productividad del trabajo crece tambi\u00e9n con su econom\u00eda, que comprende no solo el ahorro de los medios de producci\u00f3n, sino tambi\u00e9n la exclusi\u00f3n de todo trabajo in\u00fatil. Mientras que el modo de producci\u00f3n capitalista impone la econom\u00eda en cada empresa individual, su sistema an\u00e1rquico de competencia provoca el despilfarro m\u00e1s desmesurado de los medios de producci\u00f3n y de las fuerzas de trabajo sociales, adem\u00e1s de un n\u00famero enorme de funciones hoy indispensables pero, en s\u00ed mismas, superfluas. Dada la intensidad y la fuerza productiva del trabajo, <i>la parte de la jornada laboral social necesaria para la producci\u00f3n material <\/i>ser\u00e1 tanto m\u00e1s breve, y la parte de tiempo ganada para la actividad libre individual y social de los individuos ser\u00e1 tanto mayor, cuanto m\u00e1s <i>proporcionalmente<\/i> se distribuya el trabajo entre <i>todos<\/i> los miembros de la sociedad capaces de trabajar, cuanto menos una capa social pueda descargar de sus hombros sobre los de otra la necesidad natural del trabajo\u00bb.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>57<\/sup> V\u00e9ase G. Lukacs, <i>Ontologia all&#8217;essere sociale, <\/i>4 vol\u00famenes, Meltemi, Mil\u00e1n 2023.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>58<\/sup> V\u00e9ase E. Bloch, <i>Il principio speranza, <\/i>3 vol\u00famenes<i>, <\/i>Mimesis, Mil\u00e1n-Udine 2019.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>59<\/sup> V\u00e9ase, en particular, <i>Ombre rosse, saggi sull&#8217;ultimo Lukacs e altre eresie, <\/i>Meltemi, Mil\u00e1n 2022.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>60<\/sup> J. B. Foster, <i>La sinistra e la nuova negazione dell&#8217;imperialismo<\/i>, \u00abMonthly Review\u00bb, noviembre de 2024.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>61<\/sup> En el mismo art\u00edculo de Foster leemos: \u00abHoy, gracias a la investigaci\u00f3n de Jason Hickel y sus colegas, sabemos que entre 1995 y 2021 el Norte global fue capaz de extraer del Sur global 826 000 millones de horas de trabajo neto apropiado. Medido con los salarios del Norte, esto equivale a 18,4 billones de d\u00f3lares\u00bb.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>62<\/sup> V\u00e9ase P. Baran, P. Sweezy, <i>Il capitale monopolistico. Saggio sulla struttura economica e sociale americana, <\/i>Einaudi, Tur\u00edn 1968.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>63<\/sup> Una teor\u00eda muy extendida entre los te\u00f3ricos de inspiraci\u00f3n trotskista.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>64<\/sup> V\u00e9ase C. Rodhes,<i> Capitalismo woke,<\/i> Fazi, Roma 2023.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>65<\/sup> V\u00e9anse en este blog los art\u00edculos que he dedicado a Ochieng Okoth, Du Bois, Cabral, Rodney, Williams, Padmore, Robinson y otros intelectuales de origen africano.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>66<\/sup> V\u00e9ase P. Baran, P. Sweezy, op. cit.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>67<\/sup> V\u00e9ase M. Tronti, <em>Operai e capitale<\/em>, Einaudi, Tur\u00edn, 1966.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>68<\/sup> He criticado estas invenciones pseudosociol\u00f3gicas de Antonio Negri y otros autores posopera\u00edstas en diversos escritos. V\u00e9ase, en particular, <i>Utopie letali, <\/i>Jaka Book, Mil\u00e1n 2013.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>69<\/sup> Sobre la invenci\u00f3n del concepto de \u00abtrabajador como empresario de s\u00ed mismo\u00bb, v\u00e9ase P. Dardot, C. Laval, <i>La nuova ragione del mondo, <\/i>DeriveApprodi, Roma 2013.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>70<\/sup> Adem\u00e1s de una interpretaci\u00f3n \u00abcreativa\u00bb de los pasajes de los <i>Grundrisse <\/i>que he citado en la nota 52, esta teor\u00eda se ha valido de la ret\u00f3rica de la \u00abcultura hacker\u00bb estadounidense, que intentaba extraer de fen\u00f3menos como las comunidades de desarrolladores de software de c\u00f3digo abierto y Wikipedia la tesis de una progresiva expropiaci\u00f3n de los gigantes de la industria de alta tecnolog\u00eda por parte de los procesos de agregaci\u00f3n desde abajo de nuevas formas de emprendimiento cooperativo (v\u00e9ase al respecto Y. Benkler, <i>La ricchezza della Rete<\/i>).<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>71<\/sup> V\u00e9ase L. Boltanski, E. Chiapello, <i>Il nuovo spirito del capitalismo, <\/i>Mimesis, Mil\u00e1n-Udine 2014.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>72<\/sup> F. Engels, <i>Antiduhring, <\/i>Editori Riuniti, Roma 1971.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>73<\/sup> V\u00e9ase Giacch\u00e9, \u00abLa rivoluzione economica sovietica\u00bb; el art\u00edculo est\u00e1 publicado en Elogio del comunismo del Novecento, Actas del Foro de la Red de Comunistas, 4-5 de octubre de 2024.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>74<\/sup> En el art\u00edculo citado en la nota anterior, Giacch\u00e9 se\u00f1ala al holand\u00e9s Jan Tinbergen como el exponente m\u00e1s interesante de la corriente de los te\u00f3ricos de la convergencia.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>75<\/sup> Una autora italiana que ha elaborado interesantes tesis sobre las causas sociopol\u00edticas de la crisis sovi\u00e9tica es Rita di Leo (v\u00e9ase, en particular, <i>L&#8217;esperimento profano, <\/i>Futura, Roma, 2011).<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>76<\/sup> Citado en <i>Economia della rivoluzione, <\/i>Recopilaci\u00f3n de textos de Lenin a cargo de V. Giacch\u00e9, il Saggiatore, Mil\u00e1n, 2017.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>77<\/sup> En el cap\u00edtulo sobre China del segundo volumen de mi <em>Guerra e rivoluzione<\/em> (Meltemi, Mil\u00e1n, 2023), adem\u00e1s de la obra maestra de Arrighi, A<em>dam Smith a Pechino<\/em>, cito las obras de Gabellini, Bertozzi, Bell, Parenti, Herrera y Gabriele.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>78<\/sup> Toda la teorizaci\u00f3n obrerista sobre la posibilidad de derrocar el modo de producci\u00f3n capitalista a partir de la f\u00e1brica, en lugar de a partir de la relaci\u00f3n global entre todas las clases sociales (v\u00e9ase M. Tronti, <i>Operai e capitale, <\/i>Einaudi 1966), se basa en la capacidad de las luchas de la masa obrera para interrumpir el ciclo productivo de la gran f\u00e1brica fordista.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>79<\/sup> Otra forma en que se ha logrado este resultado ha sido la llamada \u00abeconom\u00eda Walmart\u00bb, es decir, la importaci\u00f3n masiva de productos chinos baratos (distribuidos por la cadena comercial Walmart), que ha permitido reducir dr\u00e1sticamente los costes de reproducci\u00f3n de la fuerza de trabajo estadounidense.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>80<\/sup> V\u00e9ase, entre otros, G. Myrdal, <i>Teoria economica e paesi sottosviluppati, <\/i>Feltrinelli, Mil\u00e1n 1959. Un siglo despu\u00e9s de Marx, Baran y Sweezy lamentar\u00e1n que las intuiciones marxistas sobre el tema del intercambio desigual entre centros y periferias y sobre la relaci\u00f3n entre desarrollo y subdesarrollo hayan quedado en algo epis\u00f3dico, mientras que su atenci\u00f3n se ha centrado casi exclusivamente en el mundo capitalista desarrollado.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>81<\/sup> A esta cita le sigue un pasaje ya mencionado anteriormente: \u00abUna vez m\u00e1s, no se trata m\u00e1s que de la separaci\u00f3n, pero al cuadrado, de las condiciones de trabajo de los productores, a los que pertenecen estos peque\u00f1os capitalistas porque en ellos el trabajo personal sigue desempe\u00f1ando un papel\u00bb.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>82<\/sup> R. Luxemburg, <i>L&#8217;accumulazione del capitale e Anticritica, <\/i>(Introducci\u00f3n de Paul Sweezy, traducci\u00f3n de Bruno Maffi), Einaudi, Tur\u00edn 1960.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>83<\/sup> Op. cit., p. 478.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>84<\/sup> Ib\u00edd., p. 479.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>85<\/sup> V\u00e9ase A. Gabriele, E. Jabbour, <i>Socialist Economic Development in the 21 Century, <\/i>Routledge, Londres 2022.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>86<\/sup> V\u00e9ase, en particular, C. Robinson, <i>Black Marxism,<\/i> Alegre 2023.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>87<\/sup> V\u00e9ase F. Braudel, <i>La dinamica del capitalismo, <\/i>il Mulino, Bolonia 1977.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>88<\/sup> Op. cit., p. 474.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>89<\/sup> Ib\u00edd., p. 468.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>90<\/sup> Ib\u00edd., p. 475.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>91<\/sup> Ib\u00edd., p. 480.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>92<\/sup> Ib\u00edd., p. 481.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>93<\/sup> P. Baran, P. Sweezy, <i>Il capitale monopolistico, <\/i>Einaudi, Tur\u00edn 1968, p. 46.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>94<\/sup> Ib\u00eddem, p. 97.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>95<\/sup> Ib\u00eddem, pp. 107 y ss.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>96<\/sup> Ib\u00eddem.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>97<\/sup> Ib\u00eddem.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>98<\/sup> Ib\u00eddem.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>99<\/sup> Ib\u00eddem, p. 119.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>100<\/sup> V\u00e9anse, entre otros textos, los ensayos suyos y de Engels recogidos en el volumen <em>India, Cina, Russia<\/em>, Il Saggiatore, Mil\u00e1n, 1960.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>101<\/sup> Il capitale monopolistico, cit., pp. 151, 152.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>102<\/sup> Ib\u00eddem, p. 177.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>103<\/sup> Me refiero en particular a las cr\u00edticas que Harvey ha dirigido al libro de Prabhat y Utsa Patnaik, <i>Una teoria dell\u2019imperialismo <\/i> (Meltemi), negando que la relaci\u00f3n entre Gran Breta\u00f1a y la India pueda clasificarse como un caso t\u00edpico de imperialismo.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>104<\/sup> V\u00e9ase A. Visalli, <i>Dipendenza, <\/i>Meltemi, Mil\u00e1n 2020.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>105<\/sup> V\u00e9ase K. Polanyi,<i> La gran transformaci\u00f3n,<\/i> Einaudi, Tur\u00edn 1974.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>106<\/sup> V\u00e9ase F. Braudel,<i> La din\u00e1mica del capitalismo,<\/i> cit.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>107<\/sup> Ib\u00edd., p. 57.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>108<\/sup> Este pasaje, con algunas peque\u00f1as diferencias en la traducci\u00f3n, se encuentra en las p\u00e1ginas 942 y 943 (Libro I) de la edici\u00f3n de El capital que estoy utilizando aqu\u00ed (UTET 1974, traducci\u00f3n de Bruno Maffi).<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>109<\/sup> G. Arrighi, <i>Il lungo XX secolo, <\/i>il Saggiatore, Mil\u00e1n 1996, p. 30.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>110<\/sup> Ib\u00eddem, p. 31.<\/span><\/p>\n<p>Fuente: aunque estaban previstas seis partes, finalmente fueron cinco las entradas en el blog del autor, <em>Per un socialismo del secolo XXI<\/em>, entre el 8 de abril y el 14 de mayo de 2025 (I: <a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e.html\">https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e.html<\/a>, II: <a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e_22.html\">https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e_22.html<\/a>, III: <a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e_26.html\">https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/04\/rileggendo-marx-appunti-sui-libri-ii-e_26.html<\/a>, IV:\u00a0 <a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/05\/rileggere-marx-appunti-sui-libri-ii-e.html\">https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/05\/rileggere-marx-appunti-sui-libri-ii-e.html<\/a>, V: <a href=\"https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/05\/rileggere-marx-appunti-sui-libri-ii-e_14.html\">https:\/\/socialismodelsecoloxxi.blogspot.com\/2025\/05\/rileggere-marx-appunti-sui-libri-ii-e_14.html<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Presentamos en una \u00fanica entrada las cinco publicaciones del autor en su blog en las que realiza una relectura de<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":12552,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2001,1544,1552],"tags":[],"class_list":["post-17864","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-friedrich-engels","category-karl-marx","category-marxismo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17864","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17864"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17864\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17866,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17864\/revisions\/17866"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/12552"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17864"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17864"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17864"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}