{"id":17897,"date":"2025-05-24T05:00:37","date_gmt":"2025-05-24T04:00:37","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17897"},"modified":"2025-05-24T03:31:08","modified_gmt":"2025-05-24T02:31:08","slug":"el-estilo-de-marx-un-extracto-del-libro-de-vincent-berthelier","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17897","title":{"rendered":"El estilo de Marx. Un extracto del libro de Vincent Berthelier"},"content":{"rendered":"<p><em>La obra de Karl Marx nos recuerda los gruesos vol\u00famenes de <\/em>El capital<em>, los m\u00faltiples libros, art\u00edculos y contribuciones, las miles de p\u00e1ginas escritas por el revolucionario del siglo XIX, que a algunos les parece aburrido. Nada m\u00e1s lejos de la realidad. Porque Marx tambi\u00e9n tiene un estilo propio, hecho de im\u00e1genes concretas, f\u00f3rmulas y giros llamativos que dan cuerpo y sustancia tanto a su sistema conceptual como a las pol\u00e9micas que lo enfrentan a sus adversarios. Este estilo constituye el armaz\u00f3n ling\u00fc\u00edstico y sensible de su pensamiento, cuya riqueza presenta aqu\u00ed Vincent Berthelier, insistiendo en la singularidad de la escritura marxiana.<\/em><\/p>\n<figure id=\"attachment_17898\" aria-describedby=\"caption-attachment-17898\" style=\"width: 205px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Couv-style-de-marx-410x600-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17898\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Couv-style-de-marx-410x600-1.jpg\" alt=\"\" width=\"205\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Couv-style-de-marx-410x600-1.jpg 410w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Couv-style-de-marx-410x600-1-205x300.jpg 205w\" sizes=\"auto, (max-width: 205px) 100vw, 205px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17898\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Vincent Berthelier, <em>Le style de Marx<\/em>, \u00c9ditions Sociales, 2025, 200 p., 20 euros<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>No todo el mundo ha tenido la suerte de leer a Karl Marx. Pero \u00bfqui\u00e9n no tiene en mente su figura, la de un hombre de mirada serena, ennoblecido por la edad y con una monumental barba blanca? Esa barba, realzada por un bigote que se mantuvo negro, evoca f\u00e1cilmente la de un patriarca b\u00edblico o la de un Pap\u00e1 Noel venido a ofrecer a la humanidad un futuro prometedor (la expresi\u00f3n no es suya, por cierto). Una reciente portada de la revista alemana <i>Der<\/i> <i>Spiegel<\/i> lo representaba incluso como un hipster con los brazos cubiertos de tatuajes<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>En la segunda mitad del siglo XIX, los hombres llevaban barba con gusto: pensemos en Bakunin, V\u00edctor Hugo o nuestros olvidados presidentes de la Tercera Rep\u00fablica. Entonces, \u00bfqu\u00e9 inter\u00e9s tiene detenerse en la de Marx, por imponente que fuera? Una an\u00e9cdota, para empezar: en febrero de 1882, el anciano Marx desembarca en Argel, donde tiene previsto quedarse por motivos de salud. En abril, escribe a su amigo Friedrich Engels: \u00abDebido al sol, me he deshecho de mi barba de profeta y de mi peluca, pero (como mis hijas me prefieren as\u00ed) me he hecho fotografiar antes de sacrificar mi cabello en el altar de un barbero argelino<sup>2<\/sup>\u00bb. La imagen del \u00abprofeta\u00bb barbudo es, por tanto, la \u00faltima fotograf\u00eda que Marx dej\u00f3 voluntariamente a la posteridad, un a\u00f1o antes de morir en 1883.<\/p>\n<p>Al ver en esta fotograf\u00eda su mirada sonriente y su aire bonach\u00f3n, cuesta creer que se tomara muy en serio el papel de \u00abSe\u00f1or Profeta\u00bb, como se autodenomina en otra carta<sup>3<\/sup>. Los aficionados al psicoan\u00e1lisis podr\u00e1n comentar la castraci\u00f3n simb\u00f3lica que representaba ese afeitado y la funci\u00f3n reparadora de una fotograf\u00eda de este tipo, que, en cualquier caso, no estaba destinada a salir del \u00e1mbito familiar. Los historiadores observar\u00e1n que los retratos de Marx que mostraba la propaganda de los \u00absocialismos reales\u00bb son mucho m\u00e1s austeros<sup>4<\/sup>. Pero durante mucho tiempo inspiraron la iconograf\u00eda y la simbolog\u00eda revolucionaria: \u00bfacaso la CIA no mont\u00f3 una operaci\u00f3n especial para atentar contra la barba de Fidel Castro<sup>5<\/sup>?<\/p>\n<p>Las caracter\u00edsticas capilares del ciudadano Karl Marx parecen contingentes, anecd\u00f3ticas, insignificantes. Sin embargo, es la primera imagen que tenemos de \u00e9l, la que tambi\u00e9n percibieron los numerosos visitantes que recib\u00eda en su domicilio de Londres. Kautsky, el futuro l\u00edder de la socialdemocracia alemana, destacaba la diferencia entre el dandy Engels, \u00absiempre impecablemente vestido\u00bb, y Marx, \u00abun patriarca muy digno\u00bb, pero poco preocupado por las convenciones<sup>6<\/sup>. No sin raz\u00f3n, Deleuze invitaba a imaginar \u00abun Marx <i>filos\u00f3ficamente<\/i> imberbe<sup>7<\/sup>\u00bb. La barba abundante, s\u00edmbolo a la vez de sabidur\u00eda, virilidad demi\u00fargica y rebeli\u00f3n, formaba parte integrante de Marx, de los papeles que desempe\u00f1aba o fing\u00eda desempe\u00f1ar, de la impresi\u00f3n exterior que deseaba dar, de su manera de ser, en definitiva, de su <i>estilo<\/i>.<\/p>\n<p>La apuesta que hago en este libro es tomar en serio, en la medida de lo posible, el estilo de Marx; no tanto el estilo exterior del hombre<sup>8<\/sup>, bastante comentado por los testigos de la \u00e9poca y los bi\u00f3grafos, como el estilo de su obra. La forma de escribir de Marx podr\u00eda parecer insignificante en comparaci\u00f3n con sus ideas, conceptos y compromisos; sin embargo, al leer a Marx, lo primero que nos viene a la mente son las palabras, las frases, las expresiones y las im\u00e1genes.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n de este trabajo es triple. En primer lugar, esclarecer lo mejor posible las relaciones entre la letra y el pensamiento, y discernir en qu\u00e9 medida el estilo de Marx es el simple producto de los h\u00e1bitos literarios de su entorno y su \u00e9poca, o por el contrario el esqueleto inseparable de su carne te\u00f3rica. Algunas de las f\u00f3rmulas m\u00e1s memorables del pensador provienen, de hecho, de otras fuentes: \u00abla religi\u00f3n es el opio del pueblo\u00bb (tomada de Kant y Hegel<sup>9<\/sup>); \u00ablos grandes acontecimientos hist\u00f3ricos se repiten dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa\u00bb (tomada de Hegel y Engels), etc. No hay nada aqu\u00ed que pueda chocar con el marxismo, que es una acusaci\u00f3n implacable contra el individualismo metodol\u00f3gico, y es natural que el estilo de Marx sea producto de su entorno, m\u00e1s que la invenci\u00f3n singular de un individuo genial.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, se trata de rehabilitar la escritura de Marx, mucho menos <i>aburrida<\/i> de lo que algunos han pretendido. Pienso, entre otras cosas, en la broma de Pierre Desproges: \u00ab\u00bfHas intentado leer <i>El capital<\/i>? Es aburrido. \u00bf<i>El capital<\/i>? Es como la gu\u00eda telef\u00f3nica, pasas tres p\u00e1ginas y lo dejas<sup>10<\/sup>\u00bb. Sin embargo, es tambi\u00e9n por su fuerza verbal por lo que un libro como el <i>Manifiesto<\/i> <i>del Partido Comunista<\/i> es uno de los m\u00e1s le\u00eddos del mundo.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, este libro quiere ofrecer al lector franc\u00e9s una s\u00edntesis de los estudios ya existentes sobre la cuesti\u00f3n. En efecto, el tema no es nuevo, pero casi todos los textos que se le han dedicado no est\u00e1n disponibles en franc\u00e9s, a excepci\u00f3n de un art\u00edculo muy antiguo de Franz Mehring sobre la met\u00e1fora, otro m\u00e1s sustancioso de Marc Angenot y Darko Suvin sobre el <i>Manifiesto<\/i>, una nota de Alain Lhomme que traza las pautas de una estil\u00edstica marxista<sup>11<\/sup>, y diversos pr\u00f3logos a las obras de Marx que a veces evocan los rasgos ling\u00fc\u00edsticos de sus tratados econ\u00f3micos o de su correspondencia<sup>12<\/sup>. El p\u00fablico franc\u00e9s no tiene acceso a la monograf\u00eda fundacional (aunque un poco anticuada) de Ludovico Silva, traducida a varios idiomas y recientemente al ingl\u00e9s<sup>13<\/sup>, ni a la obra de Siegbert S. Prawer sobre Marx y la literatura mundial<sup>14<\/sup> ni a las recopilaciones colectivas<sup>15<\/sup> y a las decenas de art\u00edculos publicados en el mundo anglosaj\u00f3n y en Alemania (incluso en la antigua RDA), que se mencionar\u00e1n en la bibliograf\u00eda al final del volumen.<\/p>\n<p>\u00bfNo corre el riesgo una empresa de este tipo de reducir a Marx, su compromiso revolucionario y su cr\u00edtica radical de las relaciones sociales capitalistas a cuestiones literarias, a sutilezas est\u00e9ticas en el peor sentido de la palabra? \u00bfNo es neutralizar <i>El capital<\/i> proponer leerlo como una novela victoriana, una novela polic\u00edaca, una reescritura de Dante o de <i>Tristram Shandy<\/i><sup>16<\/sup>?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Leer <i>El Capital<\/i> como literatura es como leer la Biblia como literatura: el texto ha sido tratado como un texto sagrado durante tanto tiempo y por tanta gente que tal enfoque suscita una profunda desconfianza en ciertos c\u00edrculos, sobre todo si se tiene en cuenta la desconfianza que desde hace tiempo suscita el an\u00e1lisis \u00abformalista\u00bb por parte del propio marxismo<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>Del mismo modo que los museos occidentales exponen ahora sin temor el arte sovi\u00e9tico, durante mucho tiempo denostado por su fealdad y su kitsch, alabar las cualidades estil\u00edsticas de Marx parecer\u00eda el \u00faltimo homenaje del vicio a la virtud y de la burgues\u00eda a la subversi\u00f3n neutralizada.<\/p>\n<p>Ante este peligro, evocar\u00e9 la hip\u00f3tesis que gui\u00f3 a Prawer: a las tres fuentes del marxismo mencionadas por Engels (la filosof\u00eda alemana, el socialismo franc\u00e9s y la econom\u00eda inglesa), se podr\u00eda a\u00f1adir la literatura cl\u00e1sica<sup>18<\/sup>. De hecho, gran lector de Cervantes, Shakespeare, Heine o Balzac, Marx nunca descuid\u00f3 ni la literatura (recordemos sus intentos como poeta, en los que no me detendr\u00e9<sup>19<\/sup>), ni las cuestiones de estilo. Si bien desprecia a los charlatanes, a los \u00abestilistas pretenciosos<sup>20<\/sup>\u00bb y la fraseolog\u00eda, no por ello dejaba de ser un censor riguroso, que correg\u00eda el estilo de sus colaboradores y el suyo propio cuando dirig\u00eda una revista, y que ridiculizaba el de sus adversarios cuando se dedicaba a la panfleter\u00eda (cap\u00edtulos enteros de <i>La Santa Familia<\/i> \u2014no los m\u00e1s interesantes, sin duda\u2014 est\u00e1n constituidos por cr\u00edticas de este tipo).<\/p>\n<p>Dejando de lado estos h\u00e1bitos puristas heredados de su educaci\u00f3n<sup>21<\/sup>, si la dimensi\u00f3n literaria destaca tanto en la obra de Marx, siempre que se le preste la atenci\u00f3n suficiente, es porque su estilo acompa\u00f1a constantemente al pensamiento, incluso lo precede. En su escritura, en sus formulaciones, en sus im\u00e1genes, ya hay un razonamiento impl\u00edcito, que no siempre se revela por completo y que tal vez encierra algunos de los nudos y los impensados de la filosof\u00eda marxista. Sin embargo, si esta hip\u00f3tesis no se verificara o no resultara convincente, este trabajo siempre habr\u00e1 servido para que los literatos y los dandis lean a Marx, lo cual no les har\u00e1 ning\u00fan da\u00f1o.<\/p>\n<p><strong>Plan de la obra<\/strong><\/p>\n<p>El primer cap\u00edtulo tratar\u00e1 del material mismo con el que se forja el estilo: la lengua, o m\u00e1s bien las lenguas, de Marx. Los cap\u00edtulos siguientes, dedicados a los rasgos estil\u00edsticos m\u00e1s destacados de la obra, est\u00e1n organizados por figuras, siguiendo la tradici\u00f3n ret\u00f3rica: figuras de construcci\u00f3n (inversi\u00f3n y repetici\u00f3n), de enunciaci\u00f3n (cita y polifon\u00eda), de pensamiento (iron\u00eda) y de sentido (met\u00e1foras). La naturaleza de los rasgos estil\u00edsticos abordados permite comprender que el estudio estil\u00edstico de un escritor en lenguas extranjeras es, en realidad, un obst\u00e1culo muy secundario. El \u00faltimo cap\u00edtulo ampliar\u00e1 la perspectiva a la arquitectura general de las obras y a los tipos de lectura que estas proponen. Como el b\u00faho de Minerva solo sacude sus plumas al caer la noche, volver\u00e9, al final del recorrido, sobre lo que hay que entender por <i>estilo<\/i> \u2014un concepto cuya eminente plasticidad exige un enfoque inductivo\u2014 y sobre lo que significa convertirlo en el <i>de Marx<\/i>.<\/p>\n<h3><strong>Extracto del cap\u00edtulo 5: El velo, la escena, el topo: algunos desv\u00edos metaf\u00f3ricos<\/strong><\/h3>\n<p><strong>El pensamiento subterr\u00e1neo<\/strong><\/p>\n<p>En El <i>Dieciocho Brumaire<\/i>, adem\u00e1s de un an\u00e1lisis del golpe de Estado, Marx ofrece un complemento a su teor\u00eda de la revoluci\u00f3n: esta no es solo la consecuencia de una evoluci\u00f3n de las fuerzas productivas que entran en contradicci\u00f3n con los marcos sociales anteriores, sino que est\u00e1 dirigida por actores que desempe\u00f1an un papel extra\u00eddo de un imaginario colectivo, a veces preexistente (los revolucionarios de 1789 interpretan a los romanos de la Rep\u00fablica), a veces a\u00fan por inventar, como es el caso de la futura revoluci\u00f3n comunista. Como sus roles a\u00fan est\u00e1n por escribir, la revoluci\u00f3n toma caminos tortuosos para llegar a su objetivo y, a veces, parece ir por mal camino o avanzar a ciegas. Marx ilustra estos elementos con una imagen muy realista, en todos los sentidos de la palabra: el topo. En este caso, la revoluci\u00f3n de 1848 parece haber reforzado el poder del ejecutivo al llevar a Bonaparte al poder; pero el topo simboliza el trabajo invisible de socavamiento que ha realizado:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">[La revoluci\u00f3n] perfecciona el <i>poder ejecutivo<\/i>, lo reduce a su expresi\u00f3n m\u00e1s pura, lo a\u00edsla, lo coloca frente a ella como un \u00fanico objetivo para concentrar todas sus fuerzas destructivas contra \u00e9l. Y cuando esta segunda mitad de su trabajo preparatorio haya sido completada, Europa saltar\u00e1 de su asiento y exclamar\u00e1: \u00ab\u00a1Bien has cavado, viejo topo<sup>22<\/sup>!\u00bb.<\/p>\n<p>La imagen del topo est\u00e1 tomada de Shakespeare, en el primer acto de <i>Hamlet<\/i>: el fantasma del rey asesinado, pidiendo venganza, aparece sucesivamente en diversos lugares de la escena, como si se moviera bajo el suelo<sup>23<\/sup>. La r\u00e9plica de su hijo Hamlet es una intrusi\u00f3n de lo c\u00f3mico en la tragedia, al igual que en Marx es una intrusi\u00f3n del optimismo revolucionario en un momento de confusi\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Encontramos otra referencia al topo<sup>24<\/sup> en un discurso pronunciado en 1856 en el banquete del <i>People&#8217;s Paper<\/i>. Volviendo sobre las revoluciones de 1848, el discurso retoma un enigma inquietante: la coexistencia, por un lado, de las formidables revoluciones de la ciencia y la t\u00e9cnica y, por otro, el embrutecimiento de los trabajadores modernos y la impresi\u00f3n de decadencia generalizada que emana de ellos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Algunos partidos pueden lamentarse por ello; otros pueden desear deshacerse de las t\u00e9cnicas modernas para deshacerse de los conflictos modernos. O pueden imaginar que un progreso significativo en la industria debe ir acompa\u00f1ado de un retroceso igualmente significativo en la pol\u00edtica. Por nuestra parte, no nos equivocamos sobre la forma del esp\u00edritu astuto que sigue marcando todas estas contradicciones. [\u2026] En los signos que desconciertan a la clase media, a la aristocracia y a los pobres profetas de la regresi\u00f3n, reconocemos a nuestro valiente amigo Robin Goodfellow, el viejo topo que puede trabajar tan r\u00e1pido en la tierra, ese valiente pionero: la Revoluci\u00f3n<sup>25<\/sup>.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, el topo es una met\u00e1fora de la Revoluci\u00f3n, cuya labor subterr\u00e1nea va en contra de los signos aparentes. Es una met\u00e1fora hegeliana, no solo porque Marx la toma prestada de Shakespeare a trav\u00e9s de Hegel<sup>26<\/sup>, sino porque, en un sentido m\u00e1s amplio, el topo ilustra el curso de la historia, que avanza, pero avanza a ciegas, de forma discontinua, con (como en Hegel) aparentes retrocesos. Pero, a diferencia de Hegel, que relaciona al topo con im\u00e1genes m\u00e1s nobles, Marx lo reduce a lo prosaico. De ah\u00ed viene la mezcla de referencias: se parte de la tragedia de Hamlet para llegar al burl\u00f3n Puck (Robin Goodfellow) de <i>El sue\u00f1o de una noche de verano<\/i>.<\/p>\n<p>Para Peter Stallybrass, la imagen c\u00f3mica del topo es una forma de resolver simb\u00f3licamente un problema te\u00f3rico: por un lado, las revoluciones se hacen a partir (de los trajes) del pasado. Por otro lado, la revoluci\u00f3n proletaria, acontecimiento puro y ruptura radical con el orden presente, es irrepresentable. La soluci\u00f3n encontrada por Marx es, por tanto, reproducir el gesto subversivo de Hamlet y cambiar los trajes antiguos por una forma irreverente. As\u00ed como Hamlet es el retrato de su padre (que se le aparece con su traje m\u00e1s digno, con armadura), pero se refiere a \u00e9l llam\u00e1ndolo \u00abviejo topo\u00bb, la revoluci\u00f3n proletaria toma la forma de un topo y un duende, dos figuras de la indeterminaci\u00f3n<sup>[27]<\/sup>.<\/p>\n<p>El topo merece que nos detengamos en \u00e9l, no solo porque es una forma optimista, irreverente y hegeliana de representar la revoluci\u00f3n, sino porque proporciona un modelo mucho m\u00e1s amplio para pensar la historia, la econom\u00eda o las ciencias:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">[\u2026] las ciencias, cuyo curso hist\u00f3rico solo conduce al punto de partida efectivo tras mil rodeos y meandros. A diferencia de otros arquitectos, la ciencia no solo dibuja castillos en Espa\u00f1a, sino que construye algunos pisos habitables antes de colocar la primera piedra del edificio<sup>28<\/sup>.<\/p>\n<p>Estamos muy lejos aqu\u00ed de la met\u00e1fora arquitect\u00f3nica r\u00edgida y binaria de la base y la superestructura; pero no tan lejos del topo que excava su laberinto bajo los cimientos posibles<sup>29<\/sup>. Un poco m\u00e1s adelante en la <i>Contribuci\u00f3n<\/i>, la ciencia pasa de ser comparada a comparante, pero siempre seg\u00fan el mismo esquema subterr\u00e1neo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">As\u00ed como en la espalda de los alquimistas, cuando quer\u00edan hacer oro, nac\u00eda la qu\u00edmica, as\u00ed tambi\u00e9n, en la espalda de los poseedores de mercanc\u00edas, cuando persiguen su figura encantada [el oro], nacen las fuentes de la industria mundial y del comercio mundial<sup>30<\/sup>.<\/p>\n<p>El progreso cient\u00edfico por el cual una falsa ciencia se convierte en ciencia tiene algo de m\u00e1gico, de alqu\u00edmico; lo mismo ocurre con el hecho de que la acumulaci\u00f3n de oro da lugar al mercado mundial, incluso antes de ser una moneda mundial. Marx analiza no solo las ilusiones que tienen una eficacia social, sino tambi\u00e9n los procesos invisibles que escapan a quienes los llevan a cabo. Incluso la teor\u00eda del valor de Marx, ese valor siempre presente y activo en las relaciones econ\u00f3micas, sin manifestarse nunca directamente en los precios visibles, forma parte de este pensamiento subterr\u00e1neo. Ampliamente comentada como alegor\u00eda de la revoluci\u00f3n y marca del teleologismo de Marx<sup>31<\/sup>, el topo es sobre todo la alegor\u00eda de un pensamiento materialista <i>y <\/i>dial\u00e9ctico que se distingue del empirismo.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p><sup>1<\/sup> \u00ab Hatte Marx doch recht? \u00bb, <i>Der Spiegel<\/i>, n.\u00ba 1, 2023.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> Carta a Engels del 28 de abril de 1882, citada por Marcello Musto, <i>Les Derni\u00e8res Ann\u00e9es de Karl Marx : une biographie intellectuelle 1881-1883<\/i>, A. Burlaud (trad.), Par\u00eds, Presses universitaires de France, 2023, p. 218.<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> Carta a Engels del 27 de junio de 1867, en Karl Marx y Friedrich Engels, <i>Correspondencia<\/i>, G. Badia y J. Mortier (trad.), Par\u00eds, \u00c9ditions sociales, 1981, t. VIII (enero de 1865-junio de 1867), p. 401.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> Marcello Musto, <i>Les Derni\u00e8res Ann\u00e9es de Karl Marx<\/i>, <i>op. cit.<\/i>, p. 218. V\u00e9ase, a modo de comparaci\u00f3n, el busto que le hizo su bisnieto, el escultor Karl-Jean Longuet, que participa de la misma mitolog\u00eda del genio de frente fecunda y mirada visionaria.<\/p>\n<p><sup>5<\/sup> Fran\u00e7ois Bougon, \u00abCes 638 fois o\u00f9 la CIA a voulu se d\u00e9barrasser de Fidel Castro\u00bb, <i>Le Monde<\/i>, 26 de noviembre de 2016.<\/p>\n<p><sup>6<\/sup> Citado por Marcello Musto, <i>Les Derni\u00e8res Ann\u00e9es de Karl Marx<\/i>, <i>op. cit.<\/i>, p. 40.<\/p>\n<p><sup>7<\/sup> Gilles Deleuze, <i>Diferencia y repetici\u00f3n<\/i>, Par\u00eds, Presses universitaires de France, 1968, p. 4.<\/p>\n<p><sup>8<\/sup> Una de las concepciones extraliterarias m\u00e1s interesantes del <i>estilo<\/i> fue elaborada por Giorgio Agamben, \u00abPer un&#8217;ontologia dello stile\u00bb, en <i>L&#8217;uso dei corpi<\/i>, Vicenza, Neri Pozza, 2014, pp. 286-297. Se encuentra una reformulaci\u00f3n en Marielle Mac\u00e9, Styles : critique de nos formes de vie, Par\u00eds, Gallimard, 2016. V\u00e9ase tambi\u00e9n el concepto de \u00abpostura\u00bb en J\u00e9r\u00f4me Meizoz, L&#8217;\u0153il sociologue et la litt\u00e9rature, Ginebra, Slatkine \u00c9rudition, 2004.<\/p>\n<p><sup>9<\/sup> V\u00e9ase Paul Clavier, \u00abLa religion, opium du peuple ? La r\u00e9futation pratique de la religion selon Karl Marx\u00bb, <i>en<\/i> C. Bouriau, Y. Meessen y F. Larminach (dir.), <i>Philosophie et religion : nouvelles approches<\/i>, Nancy, \u00c9ditions de l&#8217;universit\u00e9 de Lorraine, 2023, pp. 35-47.<\/p>\n<p><sup>10<\/sup> Pierre Desproges, <i>Textes de sc\u00e8ne<\/i>, Par\u00eds, Seuil, 1988, p. 62. V\u00e9ase m\u00e1s abajo, el cap\u00edtulo 7.<\/p>\n<p><sup>11<\/sup> NB: Utilizar\u00e9, seg\u00fan el uso habitual, el adjetivo \u00abmarxiano\u00bb para referirme directamente a Marx, mientras que \u00abmarxista\u00bb se refiere al marxismo como corriente pol\u00edtica e ideol\u00f3gica.<\/p>\n<p><sup>12<\/sup> Franz Mehring, \u00abKarl Marx et l&#8217;all\u00e9gorie\u00bb, <i>en<\/i> D. Riazanov (dir.), <i>Karl Marx, homme, penseur et r\u00e9volutionnaire<\/i>, Par\u00eds, \u00c9ditions sociales internationales, 1928, pp. 64-69; Marc Angenot y Darko Suvin, \u00ab L&#8217;implicite du manifeste\u202f: m\u00e9taphores et imagerie de la d\u00e9mystification dans le \u00abmanifeste communiste\u00bb \u00bb, <i>\u00c9tudes fran\u00e7aises<\/i>, vol. 16, n.\u00ba<sup> 3-4<\/sup>, 1980, pp. 43-67; Alain Lhomme, \u00abLe style de Marx\u00bb, <i>Question Marx<\/i>, en l\u00ednea, 27 de enero de 2012. En cuanto a los pr\u00f3logos, cabe mencionar los de los editores de Karl Marx y Friedrich Engels, <i>Correspondance<\/i>, G. Badia y J. Mortier (trad.), facs\u00edmil de los dos primeros vol\u00famenes, Par\u00eds, Les \u00e9ditions sociales, 2019, tomos 1 y 2 (1835-1851), de Karl Marx, <i>Contribution \u00e0 la critique de l&#8217;\u00e9conomie politique<\/i>, G. Fondu y J. Qu\u00e9tier (trad.), Par\u00eds, Les \u00e9ditions sociales, 2014, p. 17-24, de Karl Marx, <em>El capital. Critique de l&#8217;\u00e9conomie politique, libro 1<\/em> (1867), J.-P. Lefebvre (trad.), Par\u00eds, Les \u00e9ditions sociales, 2022, o las numerosas citas del <i>Manifiesto<\/i>: por \u00c9mile Bottigelli (Karl Marx y Friedrich Engels, <i>Manifeste du parti communiste<\/i> (1848), G. Raulet (ed.), \u00c9. Bottigelli (trad.), Par\u00eds, Flammarion, 1999), por Umberto Eco (Karl Marx y Friedrich Engels, <i>El Manifeste du parti communiste<\/i>, F. Bri\u00e8re (trad.), Par\u00eds, 10\/18, 2004), o, la m\u00e1s reciente, por \u00c9ric Vuillard (Karl Marx y Friedrich Engels, <i>Manifeste du parti communiste<\/i> (1848), G. Cornillet (trad.), Par\u00eds, Les \u00e9ditions sociales, 2023).<\/p>\n<p><sup>13<\/sup> Ludovico Silva, <i>El Estilo literario de Marx<\/i>, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1971. Traducci\u00f3n al ingl\u00e9s: Ludovico Silva, <i>Marx&#8217;s Literary Style<\/i>, P. B. N\u00fa\u00f1ez (trad.), Londres, Verso Books, 2023.<\/p>\n<p><sup>14<\/sup> Siegbert S. Prawer, <i>Karl Marx and World Literature<\/i>, Londres, Oxford University Press, 1976.<\/p>\n<p><sup>15<\/sup> Cabe citar, entre otros: Samir Gandesha y Johan F. Hartle (eds.), <i>Aesthetic Marx<\/i>, Londres, Bloomsbury Academic, 2017; Michael Bies y Elisabetta Mengaldo (eds.), <i>Marx konkret: Poetik und \u00c4sthetik des <\/i>Kapitals, Gotingena, Wallstein Verlag, 2020.<\/p>\n<p><sup>16<\/sup> V\u00e9ase Anna Kornbluh, \u00abLondon, Nineteenth Century, Capital of Realism: On Marx&#8217;s Victorian Novel\u00bb, en <i>Realizing Capital<\/i>, Nueva York, Fordham University Press, 2014, pp. 113-136, William Clare Roberts, <em>Marx&#8217;s Inferno: The Political Theory of Capital<\/em>, Princeton, Princeton University Press, 2017 y Francis Wheen, <i>Marx&#8217;s <\/i>Das Kapital<i>: a biography<\/i>, Londres, Atlantic, 2006, p. 42. En cuanto a la novela polic\u00edaca, la sugerencia (mucho m\u00e1s pertinente) fue hecha por Alix Bouffard en el programa de France Culture \u00abGrande travers\u00e9e: Karl Marx l&#8217;inconnu\u00bb (episodio 4: \u00abDans l&#8217;antre du Capital\u00bb), del 23 de julio de 2020.<\/p>\n<p><sup>17<\/sup> Duncan Large, \u00abKarl Marx&#8217;s Shandean Humour: <i>Scorpion und Felix<\/i> and its Aftermath\u00bb, en K. Viewig, J. Vigus y K. M. Wheeler (eds.), <i>Shandean humour in English and German literature and philosophy<\/i>, Londres, Routledge, 2013, p. 110-123.<\/p>\n<p><sup>18<\/sup> S. S. Prawer, <i>Karl Marx and World Literature<\/i>, <i>op. cit.<\/i>, p. 82.<\/p>\n<p><sup>19<\/sup> V\u00e9ase Karl Marx, <i>Po\u00e9sies<\/i>, H. Fleury, \u00c9. Lohr y G. Lohr (trad.), Montreuil, l&#8217;Insomniaque, 2014 y Marcel Ollivier, <i>Marx et Engels po\u00e8tes romantiques<\/i>, Par\u00eds, Spartacus, 2014.<\/p>\n<p><sup>20<\/sup> Sobre Chateaubriand, en su carta a Engels del 26 de octubre de 1854 (Karl Marx y Friedrich Engels, <i>Correspondencia<\/i>, G. Badia y J. Mortier (ed.), Par\u00eds, \u00c9ditions sociales, 1974, t. IV (julio de 1853-junio de 1857), p. 168).<\/p>\n<p><sup>21<\/sup> Sobre el Marx purista, v\u00e9ase lo que dice Liebknecht (Paul Lafargue y Wilhelm Liebknecht, <i>Souvenirs sur Marx<\/i>, Par\u00eds, \u00c9d. du Sandre, 2008, pp. 37-39).<\/p>\n<p><sup>22<\/sup> Karl Marx, <i>El dieciocho brumario de Luis Bonaparte<\/i>, <i>op. cit.<\/i>, p. 187.<\/p>\n<p><sup>23<\/sup> Hamlet: \u00abBien dicho, viejo topo. \u00bfTan r\u00e1pido trabajas en la tierra? \/ \u00a1Un pionero digno!\u00bb (acto I, escena 5, en William Shakespeare, <i>Hamlet<\/i>, Harold Jenkins (ed.), Londres, Thomson Learning, 2005, p. 225).<\/p>\n<p><sup>24<\/sup> Aparte de su uso en los manuscritos preparatorios de la tesis de Marx: \u00abel topo del verdadero saber filos\u00f3fico que nunca cesa en su trabajo\u00bb (Karl Marx, <i>Diferencia entre la filosof\u00eda de la naturaleza de Dem\u00f3crito y Epicuro<\/i>, J. Ponnier (trad.), Burdeos, Ducros, 1970, p. 198).<\/p>\n<p><sup>25<\/sup> Karl Marx, \u00ab Fourth Anniversary Banquet of <i>The People&#8217;s Paper<\/i> \u00bb, art. citado. Traducci\u00f3n m\u00eda.<\/p>\n<p><sup>26<\/sup> En Hegel (en <i>Le\u00e7ons sur l&#8217;histoire de la philosophie<\/i>, III, 3, cap. E: \u00abR\u00e9sultat final\u00bb), el topo es una imagen del Esp\u00edritu. V\u00e9ase Martin Harries, \u00abHomo Alludens: Marx&#8217;s Eighteenth Brumaire\u00bb, <i>New German Critique<\/i>, n.\u00ba 66, 1995, pp. 35-64; David Farrell Krell, \u00abThe Mole: Philosophic Burrowings in Kant, Hegel, and Nietzsche\u00bb, <i>boundary 2<\/i>, vol. 9\/10, 1981, pp. 169-185; Margreta de Grazia, \u00abTeleology, Delay, and the \u00abOld Mole\u00bb\u00bb, <i>Shakespeare Quarterly<\/i>, vol. 50, n.<sup>\u00ba<\/sup> 3, 1999, pp. 251-267.<\/p>\n<p><sup>27<\/sup> Peter Stallybrass, \u00ab\u00abWell grubbed, old mole\u00bb: Marx, Hamlet , and the (un)fixing of representation\u00bb, en J. E. Howard y S. C. Shershow (dir.), <i>Marxist Shakespeares<\/i>, Londres, Routledge, 2000, p. 16-30. Para Martin Harries, este dilema se resuelve gracias a la alusi\u00f3n: \u00abMarx recomienda olvidar el pasado, pero el lenguaje tomado prestado de esta recomendaci\u00f3n proporciona un incentivo indirecto para indagar en las fuentes hist\u00f3ricas de este lenguaje. La alusi\u00f3n obliga a reconocer los usos que un discurso encuentra en el pasado, incluso la genealog\u00eda de una frase\u00bb. (Martin Harries, \u00abHomo Alludens\u00bb, art. cit., p. 61)<\/p>\n<p><sup>28<\/sup> Karl Marx, <i>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/i>, <i>op. cit.<\/i>, p. 98.<\/p>\n<p><sup>29<\/sup> Para Kant, las galer\u00edas de topos de la metaf\u00edsica impiden construir un edificio filos\u00f3fico s\u00f3lido (<i>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/i>, \u00abDial\u00e9ctica trascendental. Las ideas en general\u00bb).<\/p>\n<p><sup>30<\/sup> Karl Marx, <i>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/i>, <i>op. cit.<\/i>, p. 183.<\/p>\n<p><sup>31<\/sup> Daniel Bensa\u00efd, \u00abRevolutions: Great and Still and Silent\u00bb, en Mike Haynes y Jim Wolfreys (dir.), <i>History and Revolution. Refuting revisionism<\/i>, Londres, Verso, 2007.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Contretemps<\/em>, 14 de mayo de 2025 (<a href=\"https:\/\/www.contretemps.eu\/style-marx-extrait-vincent-berthelier\/\">https:\/\/www.contretemps.eu\/style-marx-extrait-vincent-berthelier\/<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La obra de Karl Marx nos recuerda los gruesos vol\u00famenes de El capital, los m\u00faltiples libros, art\u00edculos y contribuciones, las<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":17899,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544,5],"tags":[923,2253,2252],"class_list":["post-17897","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-karl-marx","category-literatura","tag-fragmentos","tag-le-style-de-marx","tag-vincent-berthelier"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17897","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17897"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17897\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17902,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17897\/revisions\/17902"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/17899"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17897"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17897"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17897"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}