{"id":17919,"date":"2025-05-29T05:00:57","date_gmt":"2025-05-29T04:00:57","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17919"},"modified":"2025-05-29T04:40:58","modified_gmt":"2025-05-29T03:40:58","slug":"cambio-de-regimen-en-occidente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=17919","title":{"rendered":"\u00bfCambio de r\u00e9gimen en Occidente?"},"content":{"rendered":"<div dir=\"ltr\">\n<div class=\"yiv6057698536ydp1de4ad2dyiv1447911906ydp48cc70b6pasted-link\">\n<p>A un cuarto de camino de este siglo, el cambio de r\u00e9gimen se ha convertido en un t\u00e9rmino can\u00f3nico. Significa el derrocamiento, normalmente, aunque no exclusivamente, por parte de Estados Unidos, de gobiernos de todo el mundo que no son del agrado de Occidente, empleando para ello la fuerza militar, el bloqueo econ\u00f3mico, la erosi\u00f3n ideol\u00f3gica o una combinaci\u00f3n de estos medios. Sin embargo, en su origen, el t\u00e9rmino significaba algo muy diferente, una alteraci\u00f3n generalizada en el propio Occidente, no la transformaci\u00f3n repentina de un Estado-naci\u00f3n por la violencia externa, sino la instauraci\u00f3n gradual de un nuevo orden internacional en tiempos de paz. Los pioneros de esta concepci\u00f3n fueron los te\u00f3ricos estadounidenses que desarrollaron la idea de los reg\u00edmenes internacionales como acuerdos que garantizaban las relaciones econ\u00f3micas cooperativas entre los principales Estados industriales, que pod\u00edan adoptar o no la forma de tratados. Se sosten\u00eda que estos se desarrollaron a partir del liderazgo estadounidense despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, pero lo sustituyeron con la formaci\u00f3n de un marco consensuado de transacciones mutuamente satisfactorias entre los pa\u00edses l\u00edderes. El manifiesto de esta idea se public\u00f3 en <i>Power and Interdependence<\/i>, una obra escrita conjuntamente por dos pilares del establishment de la pol\u00edtica exterior de la \u00e9poca, Joseph Nye y Robert Keohane, cuya primera edici\u00f3n \u2014de las muchas que tuvo\u2014 apareci\u00f3 en 1977. Aunque se presentaba como un sistema de normas y expectativas que contribu\u00eda a garantizar la continuidad entre las diferentes administraciones de Washington al introducir \u00abuna mayor disciplina\u00bb en la pol\u00edtica exterior estadounidense, el estudio de Nye y Keohane no dejaba lugar a dudas sobre las ventajas para Washington. \u00abLos reg\u00edmenes suelen beneficiar a los intereses de Estados Unidos porque este es la primera potencia comercial y pol\u00edtica del mundo. Si no existieran ya muchos reg\u00edmenes, Estados Unidos sin duda querr\u00eda inventarlos, como ya ha hecho\u00bb.<sup>1<\/sup> A principios de la d\u00e9cada de 1980, se publicaron numerosos libros en esta l\u00ednea: un simposio titulado <i>International Regimes<\/i>, editado por Stephen Krasner (1983); el propio tratado de Keohane, <i>After Hegemony<\/i> (1984); y una serie de art\u00edculos acad\u00e9micos.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada siguiente, esta doctrina tranquilizadora sufri\u00f3 una mutaci\u00f3n con la publicaci\u00f3n de un volumen titulado <i>Regime Changes: Macroeconomic Policy and Financial Regulation in Europe from the 1930s to the 1990s<\/i>, editado por Douglas Forsyth y Ton Notermans, uno estadounidense y otro neerland\u00e9s. En \u00e9l se manten\u00eda, aunque se afinaba, la idea de un r\u00e9gimen internacional, especificando la variante que hab\u00eda prevalecido antes de la guerra, basada en el patr\u00f3n oro; luego, el orden forjado en Bretton Woods, que le sucedi\u00f3 despu\u00e9s de la guerra; y, por \u00faltimo, se explicaba la desaparici\u00f3n de este sucesor en la d\u00e9cada de 1970. <sup>2<\/sup> Lo que hab\u00eda sustituido al mundo instituido en Bretton Woods era un conjunto de restricciones sist\u00e9micas que afectaban a todos los gobiernos, independientemente de su composici\u00f3n, y que consist\u00edan en paquetes de pol\u00edticas macroecon\u00f3micas de regulaci\u00f3n monetaria y financiera que fijaban los par\u00e1metros de las posibles pol\u00edticas laborales, industriales y sociales. Mientras que el orden de la posguerra se hab\u00eda impulsado con el objetivo de garantizar el pleno empleo, la prioridad de su secuela era la estabilidad monetaria. El liberalismo econ\u00f3mico cl\u00e1sico hab\u00eda llegado a su fin con la Gran Depresi\u00f3n. El keynesianismo de la posguerra se agot\u00f3 con la estanflaci\u00f3n de los a\u00f1os setenta. El nuevo r\u00e9gimen internacional marc\u00f3 el reinado del neoliberalismo.<\/p>\n<p>Tal era el significado original de la f\u00f3rmula \u00abcambio de r\u00e9gimen\u00bb, hoy casi olvidada, borrada por la ola de intervencionismo militar que confisc\u00f3 el t\u00e9rmino a principios de siglo. Un vistazo a su Ngram lo dice todo. Tras permanecer estancada desde su aparici\u00f3n en la d\u00e9cada de 1970, la frecuencia del t\u00e9rmino se dispar\u00f3 a finales de la d\u00e9cada de 1990, multiplic\u00e1ndose por sesenta y convirti\u00e9ndose, como se\u00f1al\u00f3 John Gillingham, historiador econ\u00f3mico vinculado a su sentido original, en \u00abel eufemismo actual para derrocar gobiernos extranjeros\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, la relevancia de su significado original sigue vigente. El neoliberalismo no ha desaparecido. Sus rasgos distintivos son ahora familiares: desregulaci\u00f3n de los mercados financieros y de productos; privatizaci\u00f3n de los servicios y las industrias; reducci\u00f3n de los impuestos sobre las empresas y el patrimonio; desgaste o castraci\u00f3n de los sindicatos. El objetivo de la transformaci\u00f3n neoliberal que comenz\u00f3 en Estados Unidos y Gran Breta\u00f1a bajo los gobiernos de Carter y Callaghan y alcanz\u00f3 su m\u00e1ximo impulso bajo los de Thatcher y Reagan era restaurar las tasas de beneficio del capital \u2014que hab\u00edan ca\u00eddo pr\u00e1cticamente en todas partes desde finales de los a\u00f1os sesenta\u2014 y vencer la combinaci\u00f3n de estancamiento e inflaci\u00f3n que se hab\u00eda instalado una vez que estas tasas hab\u00edan descendido.<\/p>\n<p>Durante un cuarto de siglo, los remedios del neoliberalismo parecieron funcionar. El crecimiento volvi\u00f3, aunque a un ritmo notablemente inferior al del cuarto de siglo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Se control\u00f3 la inflaci\u00f3n. Las recesiones fueron breves y superficiales. Las tasas de beneficio se recuperaron. Economistas y expertos aclamaron el triunfo de lo que el futuro presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, ensalz\u00f3 como la Gran Moderaci\u00f3n. Sin embargo, el \u00e9xito del neoliberalismo como sistema internacional no se bas\u00f3 en la recuperaci\u00f3n de la inversi\u00f3n hasta los niveles de la posguerra en Occidente: esto habr\u00eda requerido un aumento de la demanda econ\u00f3mica que imped\u00eda la represi\u00f3n salarial, elemento central del sistema. Se bas\u00f3, m\u00e1s bien, en una expansi\u00f3n masiva del cr\u00e9dito, es decir, en la creaci\u00f3n de niveles sin precedentes de deuda privada, corporativa y, finalmente, p\u00fablica. En <i>Buying Time<\/i>, su innovadora obra de 2014, Wolfgang Streeck describe esto como derechos sobre recursos futuros que a\u00fan no se han producido; Marx lo llam\u00f3 m\u00e1s crudamente \u00abcapital ficticio\u00bb. Finalmente, como predijeron m\u00e1s de un cr\u00edtico del sistema, la pir\u00e1mide de la deuda se derrumb\u00f3, provocando la crisis de 2008.<\/p>\n<p>La crisis que sigui\u00f3 fue, como confes\u00f3 Bernanke, \u00abuna amenaza para la vida\u00bb del capitalismo. En magnitud, fue totalmente comparable al crack de Wall Street de 1929. Durante el a\u00f1o siguiente, la producci\u00f3n mundial y el comercio internacional cayeron m\u00e1s r\u00e1pidamente que durante los primeros doce meses de la Gran Depresi\u00f3n. Sin embargo, lo que sigui\u00f3 no fue otra gran depresi\u00f3n, sino una gran recesi\u00f3n, lo cual es una gran diferencia. Un punto de partida para comprender la situaci\u00f3n pol\u00edtica en la que se encuentra Occidente hoy en d\u00eda es echar la vista atr\u00e1s a la secuencia de acontecimientos de la d\u00e9cada de 1930. Cuando el Lunes Negro golpe\u00f3 la bolsa estadounidense en octubre de 1929, en Estados Unidos, Francia y Suecia gobernaban gobiernos conservadores, mientras que en Gran Breta\u00f1a y Alemania lo hac\u00edan gobiernos socialdem\u00f3cratas. Sin embargo, todos ellos eran m\u00e1s o menos indistinguibles en su fidelidad a las ortodoxias econ\u00f3micas de la \u00e9poca: un compromiso con la solidez monetaria \u2014es decir, el patr\u00f3n oro\u2014 y el equilibrio presupuestario, pol\u00edticas que no hicieron m\u00e1s que agravar y prolongar la Depresi\u00f3n. No fue hasta el oto\u00f1o de 1932 y la primavera de 1933, con un retraso de tres a\u00f1os o m\u00e1s, cuando comenzaron a introducirse programas no convencionales para combatir la situaci\u00f3n, primero en Suecia, luego en Alemania y finalmente en Estados Unidos. Estos correspond\u00edan a tres configuraciones pol\u00edticas muy diferentes: la llegada al poder de la socialdemocracia en Suecia, del fascismo en Alemania y de un liberalismo actualizado en Estados Unidos. Detr\u00e1s de cada una de ellas exist\u00edan heterodoxias preexistentes, listas para ser adoptadas si los gobernantes se decid\u00edan a hacerlo, como hicieron Per Albin Hansson en Suecia, Hitler en Alemania y Roosevelt en Estados Unidos: la escuela econ\u00f3mica de Estocolmo, descendiente de Knut Wicksell y Ernst Wigforss en Suecia; la valorizaci\u00f3n de las obras p\u00fablicas por parte de Hjalmar Schacht en Alemania, y las inclinaciones reguladoras neoprogresistas de Raymond Moley, Rexford Tugwell y Adolf Berle \u2014el \u00abgrupo de expertos\u00bb original de FDR\u2014 en Estados Unidos. Ninguno de estos era un sistema totalmente elaborado o coherente. Schacht en Alemania y Keynes en Gran Breta\u00f1a hab\u00edan estado en contacto desde la d\u00e9cada de 1920, pero el keynesianismo propiamente dicho \u2014<i>La<\/i> <em>teor\u00eda general del empleo, el inter\u00e9s y el dinero<\/em> no apareci\u00f3 hasta 1936\u2014 no fue una aportaci\u00f3n directa a estos experimentos, aunque todos ellos implicaban un papel m\u00e1s destacado del Estado. Tales eran las herramientas t\u00e9cnicas dispersas de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os de desempleo masivo hab\u00edan generado poderosas fuerzas ideol\u00f3gicas en cada pa\u00eds: un reformismo socialdem\u00f3crata mucho m\u00e1s audaz en la noci\u00f3n de <i>Folkhemmet<\/i>, el Hogar del Pueblo, en Suecia; el nazismo, autodenominado <i>die Bewegung<\/i>, el Movimiento, en Alemania; y en Estados Unidos, el papel din\u00e1mico del comunismo estadounidense en los sindicatos y entre los intelectuales, que oblig\u00f3 a la administraci\u00f3n dem\u00f3crata a promulgar reformas laborales y de seguridad social que, por su propia voluntad, dif\u00edcilmente habr\u00eda promulgado. Por \u00faltimo, en el trasfondo de estos tres acontecimientos en el mundo capitalista se perfilaba el \u00e9xito sin precedentes de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, que hab\u00eda logrado evitar por completo la recesi\u00f3n, con pleno empleo y r\u00e1pidas tasas de crecimiento, lo que hac\u00eda atractiva la idea de la planificaci\u00f3n econ\u00f3mica en todo el mundo capitalista. Sin embargo, se necesitar\u00eda un choque mucho mayor y m\u00e1s profundo que el crack de Wall Street para poner fin a la depresi\u00f3n mundial a la que condujo e institucionalizar la ruptura con las ortodoxias del liberalismo econ\u00f3mico cl\u00e1sico. Fue el abismo de la Segunda Guerra Mundial lo que lo consigui\u00f3. Cuando se restableci\u00f3 la paz, nadie pod\u00eda dudar de que se hab\u00eda instaurado un sistema internacional diferente \u2014que combinaba el patr\u00f3n oro, pol\u00edticas monetarias y fiscales antic\u00edclicas, niveles de empleo elevados y estables y sistemas oficiales de bienestar\u2014 ni del papel que las ideas de Keynes hab\u00edan desempe\u00f1ado en su consolidaci\u00f3n. Tras 25 a\u00f1os de \u00e9xito, fue la degeneraci\u00f3n final de este r\u00e9gimen hacia la estanflaci\u00f3n lo que desat\u00f3 el neoliberalismo.<\/p>\n<p>El escenario tras la crisis de 2008 fue completamente diferente. En Estados Unidos, las ambulancias pol\u00edticas acudieron inmediatamente al lugar del accidente. Bajo el mandato de Obama, se rescat\u00f3 a bancos y compa\u00f1\u00edas de seguros fraudulentos y a empresas automovil\u00edsticas en quiebra con enormes inyecciones de fondos p\u00fablicos que nunca se destinaron a una sanidad, una educaci\u00f3n, unas pensiones, unos ferrocarriles, unas carreteras o unos aeropuertos dignos, por no hablar de ayudas a los m\u00e1s desfavorecidos. Se desat\u00f3 un est\u00edmulo fiscal masivo, ignorando la disciplina presupuestaria. Para sostener el mercado de valores, bajo el eufemismo cort\u00e9s de \u00abflexibilizaci\u00f3n cuantitativa\u00bb, el banco central inyect\u00f3 dinero a gran escala. En silencio y desafiando su mandato, la Reserva Federal rescat\u00f3 no solo a los bancos estadounidenses en quiebra, sino tambi\u00e9n a los europeos, en transacciones ocultas al Congreso y al escrutinio p\u00fablico, mientras que el Tesoro se aseguraba, en estrecha colaboraci\u00f3n entre bastidores con el Banco Popular de China, de que este no vacilara en la compra de bonos del Tesoro. En resumen, una vez que las instituciones centrales del capital se vieron en peligro, se tiraron por la borda todos los dogmas de la econom\u00eda neoliberal, con dosis de remedios megakeynesianos que superaban la imaginaci\u00f3n del propio Keynes. En Gran Breta\u00f1a, donde la crisis golpe\u00f3 con m\u00e1s fuerza de todos los pa\u00edses europeos, se lleg\u00f3 incluso a la nacionalizaci\u00f3n temporal de lo que el don estadounidense para los eufemismos burocr\u00e1ticos denomin\u00f3 \u00abactivos problem\u00e1ticos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfSignificaba todo esto un rechazo del neoliberalismo y un giro hacia un nuevo r\u00e9gimen internacional de acumulaci\u00f3n? En absoluto. El principio fundamental de la ideolog\u00eda neoliberal, acu\u00f1ado por Thatcher, siempre hab\u00eda residido en el acr\u00f3nimo TINA, que suena tan atractivo y femenino: There Is No Alternative (No hay alternativa). Por muy transgresoras que parecieran las medidas para controlar la crisis, y en buena parte lo eran, seg\u00fan los c\u00e1nones neocl\u00e1sicos, en esencia se trataba de una cuadratura o cubicaci\u00f3n matem\u00e1tica de la din\u00e1mica subyacente de la \u00e9poca neoliberal, es decir, la expansi\u00f3n continua del cr\u00e9dito por encima de cualquier aumento de la producci\u00f3n, en lo que los franceses llaman una \u00abfuite en avant\u00bb, una huida hacia adelante. As\u00ed, una vez que las medidas exigidas por la emergencia que amenazaba su vida estabilizaron el sistema, la l\u00f3gica del neoliberalismo volvi\u00f3 a avanzar, en un pa\u00eds tras otro.<\/p>\n<p>En Gran Breta\u00f1a, que fue la primera en iniciar el proceso, la imposici\u00f3n despiadada de la austeridad redujo el gasto de las autoridades locales a niveles mendicantes y recort\u00f3 dr\u00e1sticamente las pensiones universitarias. En Espa\u00f1a e Italia, se revis\u00f3 la legislaci\u00f3n laboral para facilitar el despido sumario de los trabajadores y aumentar el empleo precario. En Estados Unidos, se mantuvieron las dr\u00e1sticas reducciones de los impuestos a las empresas y a los ricos, mientras se aceleraba la desregulaci\u00f3n en los servicios energ\u00e9ticos y financieros. En Francia, hist\u00f3ricamente rezagada en la carrera hacia el neoliberalismo, pero ahora aspirando a un lugar en la vanguardia, se puso en marcha algo parecido a un programa thatcherista completo: privatizaci\u00f3n de las industrias p\u00fablicas, legislaci\u00f3n para debilitar a los sindicatos, desgravaciones fiscales a las empresas, reducci\u00f3n de la funci\u00f3n p\u00fablica, recortes en las pensiones, acceso reducido a las universidades&#8230; Todo ello parece conducir a un enfrentamiento social similar al que provoc\u00f3 Thatcher con los mineros, un punto de inflexi\u00f3n en las relaciones de clase del que el capital brit\u00e1nico nunca ha vuelto a salir.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo fue posible todo esto? \u00bfC\u00f3mo pudo un choque tan traum\u00e1tico para el sistema como la crisis financiera mundial, y el descr\u00e9dito en el que inevitablemente cayeron sus principales organismos y panaceas, ir seguido de una vuelta tan completa a la normalidad? Dos condiciones fueron fundamentales para este resultado parad\u00f3jico. En primer lugar, a diferencia de lo que ocurri\u00f3 en la d\u00e9cada de 1930, no hab\u00eda paradigmas te\u00f3ricos alternativos esperando entre bastidores para desbancar el dominio de la doctrina neoliberal y tomar el relevo. El keynesianismo, que despu\u00e9s de 1945 se convirti\u00f3 en el denominador com\u00fan de lo que hab\u00eda sido tamizado por la trituradora de la guerra a partir de las tres tendencias rivales de la d\u00e9cada de 1930, nunca se hab\u00eda recuperado de su debacle en los conflictos de clase de la d\u00e9cada de 1970. La matematizaci\u00f3n hab\u00eda anestesiado durante mucho tiempo gran parte de la disciplina econ\u00f3mica contra cualquier tipo de pensamiento original, dejando completamente marginadas anomal\u00edas como la Escuela de la Regulaci\u00f3n en Francia o la Escuela de la Estructura Social de la Acumulaci\u00f3n en Estados Unidos. Los teoremas neoliberales de las \u00abexpectativas racionales\u00bb o el \u00abequilibrio de mercado\u00bb pueden parecer ahora absurdos, pero no hab\u00eda nada con qu\u00e9 sustituirlos.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de esa ausencia intelectual \u2014y esta era la segunda condici\u00f3n para la aparente inmunidad del neoliberalismo frente a la desgracia\u2014 se encontraba la desaparici\u00f3n de cualquier movimiento pol\u00edtico significativo que reclamara con firmeza la abolici\u00f3n o la transformaci\u00f3n radical del capitalismo. A principios de siglo, el socialismo, en sus dos variantes hist\u00f3ricas, revolucionaria y reformista, hab\u00eda sido barrido del escenario en la zona atl\u00e1ntica. La variante revolucionaria: en apariencia, con el colapso del comunismo en la URSS y la desintegraci\u00f3n de la propia Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. La variante reformista: en apariencia, con la extinci\u00f3n de cualquier rastro de resistencia a los imperativos del capital en los partidos socialdem\u00f3cratas occidentales, que ahora simplemente compet\u00edan con los partidos conservadores, dem\u00f3cratas cristianos o liberales en su aplicaci\u00f3n. La Internacional Comunista fue clausurada ya en 1943. Sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, la llamada Internacional Socialista contaba entre sus filas al partido gobernante de la brutal dictadura militar de Mubarak en Egipto.<\/p>\n<p>Nada de esto significaba, ni pod\u00eda significar, que tras reinar durante un cuarto de siglo y caer repentinamente de rodillas, el sistema neoliberal se quedara sin oposici\u00f3n. Despu\u00e9s de 2008, sus consecuencias sociales y pol\u00edticas acumuladas comenzaron a hacerse notar. Consecuencias sociales: un aumento pronunciado y, en algunos casos (sobre todo en Estados Unidos y el Reino Unido), asombroso de la desigualdad; estancamiento salarial a largo plazo; un precariado en expansi\u00f3n. Consecuencias pol\u00edticas: corrupci\u00f3n generalizada, creciente intercambiabilidad de los partidos, erosi\u00f3n de la elecci\u00f3n electoral significativa, disminuci\u00f3n de la participaci\u00f3n electoral; en resumen, el eclipse creciente de la voluntad popular por una oligarqu\u00eda cada vez m\u00e1s dura. Este sistema gener\u00f3 ahora su anticuerpo, deplorado en todos los \u00f3rganos de opini\u00f3n acreditados y en todos los c\u00edrculos pol\u00edticos respetables como la enfermedad de la \u00e9poca: el populismo. Las muy diversas revueltas que engloba esta etiqueta est\u00e1n unidas en su rechazo al r\u00e9gimen internacional vigente en Occidente desde la d\u00e9cada de 1980. Lo que se oponen no es al capitalismo como tal, sino a su versi\u00f3n socioecon\u00f3mica actual: el neoliberalismo. Su enemigo com\u00fan es la clase pol\u00edtica que preside el orden neoliberal, formada por el d\u00fao alternante de partidos de centro-derecha y centro-izquierda que han monopolizado el gobierno bajo su mandato. Estos partidos han ofrecido a menudo, aunque no siempre, dos variantes ligeramente diferentes del neoliberalismo: una es disciplinaria y, por lo general, m\u00e1s innovadora en sus iniciativas, como en el caso de Thatcher y Reagan; la otra es compensatoria y ofrece pagos adicionales a los pobres que la variante disciplinaria niega, como en el caso de Clinton o Blair. Sin embargo, ambas versiones se han comprometido firmemente a promover el objetivo com\u00fan de fortalecer el capital frente a cualquier choque adverso.<\/p>\n<p>El neoliberalismo, como he dicho, forma un r\u00e9gimen internacional: es decir, no es solo un sistema replicado dentro de cada Estado-naci\u00f3n, sino que une y trasciende los diferentes Estados-naci\u00f3n de las regiones avanzadas y menos avanzadas del mundo capitalista en el proceso que se ha dado en llamar globalizaci\u00f3n. A diferencia de las diversas agendas nacionales del neoliberalismo, este proceso no fue impulsado originalmente por la intenci\u00f3n pol\u00edtica de los detentadores del poder, sino que fue consecuencia de la explosiva desregulaci\u00f3n de los mercados financieros desatada por el llamado Big Bang de Thatcher en 1986. Con el tiempo, la globalizaci\u00f3n se convirti\u00f3 en una consigna ideol\u00f3gica de los reg\u00edmenes neoliberales de todo el mundo, ya que reportaba dos enormes ventajas al capital en general. En t\u00e9rminos pol\u00edticos, la globalizaci\u00f3n consolid\u00f3 la expropiaci\u00f3n de la voluntad democr\u00e1tica que el cierre olig\u00e1rquico del neoliberalismo estaba imponiendo a nivel nacional. Por el momento, TINA no solo significaba que la connivencia pol\u00edtica entre el centro-derecha y el centro-izquierda a nivel nacional eliminaba en gran medida cualquier opci\u00f3n electoral significativa, sino tambi\u00e9n que los mercados financieros globales no permitir\u00edan ninguna desviaci\u00f3n de las pol\u00edticas ofrecidas, so pena de colapso econ\u00f3mico. Esa fue la ventaja pol\u00edtica de la globalizaci\u00f3n. No menos importante fue la ventaja econ\u00f3mica: el capital pod\u00eda ahora debilitar a\u00fan m\u00e1s a los trabajadores, no solo mediante la desindicalizaci\u00f3n, la represi\u00f3n salarial y la precariedad, sino tambi\u00e9n trasladando la producci\u00f3n a pa\u00edses menos desarrollados con costes laborales mucho m\u00e1s bajos, o incluso simplemente amenazando con hacerlo.<\/p>\n<p>Sin embargo, otro aspecto de la globalizaci\u00f3n tuvo un efecto m\u00e1s ambiguo. Los principios neoliberales estipulan la desregulaci\u00f3n de los mercados: la libre circulaci\u00f3n de todos los factores de producci\u00f3n, es decir, la movilidad transfronteriza no solo de bienes, servicios y capital, sino tambi\u00e9n de mano de obra. L\u00f3gicamente, esto significa inmigraci\u00f3n. Las empresas de la mayor\u00eda de los pa\u00edses llevaban mucho tiempo utilizando a los trabajadores migrantes como ej\u00e9rcito de reserva de mano de obra barata, all\u00ed donde se necesitaba y las circunstancias lo permit\u00edan. Pero para los Estados, las consideraciones de car\u00e1cter puramente econ\u00f3mico deb\u00edan sopesarse con otras de car\u00e1cter m\u00e1s social y pol\u00edtico. En este sentido, es significativo que Friedrich von Hayek, la mayor mente del neoliberalismo, hubiera expresado desde el principio una reserva, una advertencia. La inmigraci\u00f3n, advert\u00eda, no pod\u00eda tratarse como si se tratara simplemente de una cuesti\u00f3n de mercados de factores, ya que, a menos que se controlara estrictamente, pod\u00eda amenazar la cohesi\u00f3n cultural del Estado de acogida y la estabilidad pol\u00edtica de la propia sociedad. Aqu\u00ed es donde Thatcher tambi\u00e9n traz\u00f3 la l\u00ednea. Sin embargo, por supuesto, persistieron las presiones para importar o aceptar mano de obra extranjera barata, incluso cuando la producci\u00f3n se externalizaba cada vez m\u00e1s al extranjero, ya que muchos servicios de tipo servil o desagradable, rechazados por los locales, no pod\u00edan, a diferencia de las f\u00e1bricas, exportarse, sino que deb\u00edan realizarse in situ. A diferencia de pr\u00e1cticamente cualquier otro aspecto del orden neoliberal, nunca se alcanz\u00f3 un consenso estable entre la clase dirigente sobre esta cuesti\u00f3n, que sigui\u00f3 siendo un eslab\u00f3n d\u00e9bil en la cadena de TINA.<\/p>\n<p>Si observamos las revueltas populistas contra el neoliberalismo, se dividen, como todo el mundo sabe, en movimientos de derecha y de izquierda. En ese sentido, repiten el patr\u00f3n de las revueltas contra el liberalismo cl\u00e1sico tras su debacle en la Gran Depresi\u00f3n: fascistas a la derecha, socialdem\u00f3cratas o comunistas a la izquierda. Lo que diferencia a las rebeliones actuales es que carecen de ideolog\u00edas o programas comparativamente articulados, de cualquier cosa que se acerque a la coherencia te\u00f3rica o pr\u00e1ctica del propio neoliberalismo. Se definen mucho m\u00e1s por lo que rechazan que por lo que defienden. \u00bfContra qu\u00e9 protestan? El sistema neoliberal de hoy, como el de ayer, encarna tres principios: la escalada de las diferencias de riqueza y renta; la abolici\u00f3n del control y la representaci\u00f3n democr\u00e1ticos; y la desregulaci\u00f3n de tantas transacciones econ\u00f3micas como sea posible. En resumen: la desigualdad, la oligarqu\u00eda y la movilidad de los factores. Estos son los tres objetivos centrales de las insurgencias populistas. Donde se dividen estas insurgencias es en el peso que otorgan a cada elemento, es decir, contra qu\u00e9 segmento del espectro neoliberal dirigen la mayor parte de su hostilidad. Es bien sabido que los movimientos de derecha se centran en el \u00faltimo, la movilidad de los factores, aprovechando las reacciones xen\u00f3fobas y racistas hacia los inmigrantes para obtener un amplio apoyo entre los sectores m\u00e1s vulnerables de la poblaci\u00f3n. Los movimientos de izquierda se resisten a esta estrategia y apuntan a la desigualdad como el mal principal. La hostilidad hacia la oligarqu\u00eda pol\u00edtica establecida es com\u00fan a los populismos tanto de derecha como de izquierda.<\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente, existe una clara divisi\u00f3n cronol\u00f3gica entre estas diferentes formas del mismo fen\u00f3meno. El populismo contempor\u00e1neo surgi\u00f3 por primera vez en Europa, donde todav\u00eda se da la gama m\u00e1s amplia y diversificada de movimientos. All\u00ed, las fuerzas populistas de derecha se remontan a principios de la d\u00e9cada de 1970. En Escandinavia, tomaron la forma de revueltas libertarias contra los impuestos de los Partidos del Progreso de Dinamarca y Noruega, fundados en 1972 y 1973, respectivamente. En Francia, el Frente Nacional se fund\u00f3 en 1972, pero solo logr\u00f3 un modesto apoyo electoral como partido nacionalista y antiinmigrante de derecha, con cierto atractivo para la clase obrera y fuertes tintes racistas, a principios de la d\u00e9cada de 1980. M\u00e1s adelante en esa d\u00e9cada, J\u00f6rg Haider tom\u00f3 el liderazgo del Partido de la Libertad en Austria, adoptando una plataforma similar, mientras que m\u00e1s al norte surgieron los Dem\u00f3cratas de Suecia como un grup\u00fasculo de extrema derecha con una base xen\u00f3foba muy similar. Hubo elementos literalmente neofascistas en el origen de las tres formaciones, que, una vez que alcanzaron una presencia electoral significativa, se fueron desvaneciendo gradualmente. La d\u00e9cada de 1990 vio el surgimiento de la Liga Norte en Italia, que por el contrario ten\u00eda ra\u00edces antifascistas, la aparici\u00f3n del Ukip en Gran Breta\u00f1a y la conversi\u00f3n de los antiguos partidos libertarios daneses y noruegos en fuerzas antiinmigrantes. A principios de la d\u00e9cada siguiente, los Pa\u00edses Bajos crearon su propio Partido de la Libertad, que combinaba perspectivas libertarias e islam\u00f3fobas. Diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, la Alternativa para Alemania repiti\u00f3 el modelo neerland\u00e9s en Alemania. Todos estos partidos de derecha arremetieron contra la corrupci\u00f3n pol\u00edtica y el cierre de sus establishment nacionales, as\u00ed como contra los dictados burocr\u00e1ticos de Bruselas y la Uni\u00f3n Europea. Todos, con la \u00fanica excepci\u00f3n de la AfD (fundada en 2013), son anteriores a la crisis de 2008.<\/p>\n<p>Las fuerzas populistas de la izquierda son mucho m\u00e1s recientes, ya que surgieron tras la crisis financiera mundial de 2008. En Italia, el Movimiento Cinco Estrellas data de 2009. En Grecia, Syriza, que era todav\u00eda una agrupaci\u00f3n min\u00fascula cuando Lehman Brothers quebr\u00f3 en Nueva York, se convirti\u00f3 en una fuerza electoral significativa en 2012. En Espa\u00f1a, Podemos se form\u00f3 en 2014. Jean-Luc M\u00e9lenchon cre\u00f3 La France Insoumise en 2016. El momento en que se produjo esta ola deja claro que son las desigualdades socioecon\u00f3micas del neoliberalismo, y no el debilitamiento de las fronteras \u00e9tnico-nacionales, las que han impulsado el populismo de izquierda. Esta es una distinci\u00f3n fundamental entre los dos tipos de revuelta contra el orden actual. Sin embargo, no se trata de un abismo insalvable, ya que no solo existe un solapamiento general en el rechazo com\u00fan a la connivencia y la corrupci\u00f3n de las clases pol\u00edticas de cada pa\u00eds, sino tambi\u00e9n, en algunos casos, una contig\u00fcidad en la defensa com\u00fan de los sistemas de bienestar amenazados y, en otros, en la preocupaci\u00f3n por las presiones de la inmigraci\u00f3n. Bajo el liderazgo de Marine Le Pen, el Frente Nacional se situ\u00f3 sistem\u00e1ticamente a la izquierda del Partido Socialista franc\u00e9s en la mayor\u00eda de las cuestiones de pol\u00edtica interior y exterior, con la excepci\u00f3n de la inmigraci\u00f3n, y sus cr\u00edticas al r\u00e9gimen de Fran\u00e7ois Hollande eran a menudo indistinguibles de las de M\u00e9lenchon. Por el contrario, el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, cuyo historial de votaciones en el Parlamento fue en general impecablemente radical, expres\u00f3 repetidamente su alarma por la creciente afluencia de refugiados a Italia. Otro gesto com\u00fan a pr\u00e1cticamente todas las corrientes populistas en Europa ha sido la rebeli\u00f3n contra la flagrante confiscaci\u00f3n de la democracia por parte de las estructuras de la Uni\u00f3n Europea en Bruselas.<\/p>\n<p>Sin embargo, durante los siete a\u00f1os que siguieron a la crisis de 2008, el impacto pol\u00edtico de las revueltas populistas en Europa fue bastante modesto, nada comparable a las tormentas que azotaron Europa y Am\u00e9rica en la d\u00e9cada de 1930. La Liga Norte y la AfD se estancaron por debajo del 5 % de los votos. El Ukip, los Dem\u00f3cratas de Suecia, el Partido por la Libertad de los Pa\u00edses Bajos, el Partido del Progreso de Noruega y el Frente Nacional obten\u00edan entre el 10 % y el 18 % del electorado. Todos ellos eran populismos de derecha. Algo m\u00e1s de una quinta parte del electorado activo vot\u00f3 al Partido de la Libertad en Austria y al Partido Popular Dan\u00e9s, tambi\u00e9n de derecha, y a Podemos, de izquierda. Los dos populismos m\u00e1s exitosos eran creaciones recientes de la izquierda: en Italia, el Movimiento Cinco Estrellas obtuvo una cuarta parte de los votos, y en Grecia, Syriza, m\u00e1s de un tercio.<\/p>\n<p>Lo que cambi\u00f3 todo esto fueron cuatro acontecimientos posteriores. En Gran Breta\u00f1a, el Partido Conservador, en el poder, bajo la presi\u00f3n interna y la amenaza de perder votantes a favor del Ukip, permiti\u00f3 un refer\u00e9ndum sobre la pertenencia a la Uni\u00f3n Europea, que sus l\u00edderes asumieron que producir\u00eda una victoria bastante f\u00e1cil para el statu quo, dado que tres cuartas partes de los diputados, la totalidad de las altas finanzas y las grandes empresas, los altos niveles de la burocracia sindical y las masas de la intelectualidad y la clase cultural del pa\u00eds estaban a favor de continuar en la Uni\u00f3n. Para sorpresa general, una clara mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n vot\u00f3 a favor de la salida de Europa, con una participaci\u00f3n mucho mayor que en las elecciones generales. Decisiva en el resultado fue la revuelta de las regiones y clases m\u00e1s abandonadas del pa\u00eds contra el establishment neoliberal bipartidista que hab\u00eda estado continuamente en el poder desde la d\u00e9cada de 1990. Era la primera vez que una rebeli\u00f3n populista se convert\u00eda en la expresi\u00f3n de una mayor\u00eda pol\u00edtica en un pa\u00eds capitalista y, con ello, alteraba el curso de su historia. Fue una revuelta orquestada por fuerzas de la derecha: el Ukip, el ala tradicionalista del Partido Conservador y la mayor parte de la prensa sensacionalista. Pero su \u00e9xito se bas\u00f3 en la movilizaci\u00f3n de amplios sectores de la poblaci\u00f3n que en el pasado hab\u00edan sido bastiones de la izquierda laborista.<\/p>\n<p>Unos meses m\u00e1s tarde lleg\u00f3 el triunfo de Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses, para las que hab\u00eda aclamado el Brexit como un ensayo general. Su campa\u00f1a, a diferencia de su administraci\u00f3n, fue de tono y contenido puramente populista de derecha, una t\u00f3nica que se repiti\u00f3 por \u00faltima vez en su discurso de investidura, en el que combin\u00f3 denuncias fulminantes de la involuci\u00f3n pol\u00edtica, la creciente desigualdad y la p\u00e9rdida de la soberan\u00eda nacional con la hostilidad hacia la inmigraci\u00f3n. Su victoria nacional fue en cierto sentido accidental: si los dem\u00f3cratas hubieran elegido pr\u00e1cticamente cualquier otro candidato mainstream menos impopular que Hillary Clinton, probablemente habr\u00eda sido derrotado. Al quedarse muy por debajo de la mayor\u00eda absoluta, con menos votos totales que Clinton, la victoria de Trump no solo no alcanz\u00f3 las mismas proporciones que el Brexit, sino que dependi\u00f3 para su \u00e9xito del secuestro de las lealtades partidistas reflexivas de aquellos dispuestos a votar a cualquier candidato siempre que fuera republicano, por muy desagradable que fuera. Sin embargo, la victoria de Trump no se gan\u00f3 con una simple pregunta de s\u00ed o no, como el Brexit, sino con un amplio programa ideol\u00f3gico-pol\u00edtico, y su apoyo entre los votantes de clase trabajadora puede haber sido mayor que el del Brexit: alrededor del 70 % de los que votaron por \u00e9l no ten\u00edan t\u00edtulo universitario. Tampoco fue este el \u00fanico brote populista en Estados Unidos ese a\u00f1o, ya que Bernie Sanders demostr\u00f3 ser un formidable rival por la candidatura dem\u00f3crata desde la izquierda. Si tenemos en cuenta a los miembros de las clases menos privilegiadas que votaron por Trump en las elecciones presidenciales y a los que votaron por Sanders en las primarias dem\u00f3cratas como porcentaje proporcional de los que lo hicieron por Clinton en noviembre, aproximadamente un tercio de los que votaron en 2016 eran susceptibles al populismo de derecha y una quinta parte al populismo de izquierda.<\/p>\n<p>La siguiente sorpresa fue el resultado en las elecciones generales de 2017 del Partido Laborista brit\u00e1nico, bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn, hasta entonces considerado por casi todos como un perdedor de extrema izquierda, sin esperanza y pol\u00edticamente incompetente. Al final, tras llevar a cabo una campa\u00f1a muy eficaz bajo el lema populista \u00abPara los muchos, no para los pocos\u00bb, obtuvo m\u00e1s votos que su partido en cualquiera de las tres elecciones anteriores, privando a los conservadores de su mayor\u00eda en el Parlamento, con un programa m\u00e1s expl\u00edcitamente hostil al orden neoliberal que el de cualquier partido de peso comparable en Europa. La tradici\u00f3n hist\u00f3rica y la naturaleza inalterable del laborismo brit\u00e1nico, ambas profundamente conservadoras, distan mucho del populismo. Pero la gran afluencia de j\u00f3venes al partido una vez que Corbyn se convirti\u00f3 en su l\u00edder, que lo convirti\u00f3 durante un tiempo en la organizaci\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s numerosa de Europa, fue como una inyecci\u00f3n repentina y masiva de una cepa extra\u00f1a, que lo empuj\u00f3 en lo que en otras condiciones habr\u00eda sido una direcci\u00f3n populista de izquierda, no muy diferente de la transformaci\u00f3n del Partido de Izquierda de M\u00e9lenchon, bastante tradicionalmente socialista, que \u00e9l mismo fund\u00f3 en 2008, en la France Insoumise populista de 2016.<\/p>\n<p>En 2018 se super\u00f3 el mayor obst\u00e1culo hasta la fecha en Italia, donde dos partidos expl\u00edcitamente populistas, el Movimiento Cinco Estrellas, de izquierda, y la Liga, de derecha, obtuvieron juntos el 50 % de los votos, lo que supuso un terremoto en Italia y, con mucho, el resultado m\u00e1s alarmante hasta la fecha para el establishment europeo, ya que ambos anunciaron que no ten\u00edan intenci\u00f3n de someter al pa\u00eds a los dictados de m\u00e1s austeridad de Berl\u00edn, Par\u00eds o Bruselas. Las elecciones italianas tambi\u00e9n marcaron la primera vez que, en un enfrentamiento directo, el populismo de izquierda super\u00f3 por un amplio margen al populismo de derecha: 33 % para el M5S y 17 % para la Liga. En todos los dem\u00e1s lugares ocurri\u00f3 lo contrario. En Francia, en 2017, los votos de Le Pen superaron a los de M\u00e9lenchon. En Gran Breta\u00f1a, Corbyn fue derrotado en 2019 por el demagogo conservador Boris Johnson, encarnaci\u00f3n extravagante de un simulacro de populismo de derecha.<\/p>\n<p>No es dif\u00edcil entender por qu\u00e9 el populismo de derecha ha disfrutado de una ventaja sobre el populismo de izquierda. En el orden neoliberal, la desigualdad, la oligarqu\u00eda y la movilidad de los factores forman un sistema interconectado. Los populismos de derecha e izquierda pueden, de diferentes maneras, atacar los dos primeros con un vigor m\u00e1s o menos igual. Pero solo la derecha puede atacar el tercero con mayor vehemencia, utilizando la xenofobia hacia los inmigrantes como su carta de triunfo. En este punto, los populismos de izquierda no pueden seguirle sin cometer un suicidio moral. Tampoco pueden eludir f\u00e1cilmente el problema de la inmigraci\u00f3n, por dos razones. No es un mito que las empresas importan mano de obra barata del extranjero \u2014es decir, trabajadores que normalmente no est\u00e1n protegidos por los derechos de ciudadan\u00eda\u2014 para deprimir los salarios y, en algunos casos, quitarles el trabajo a los trabajadores locales, a quienes cualquier izquierda debe defender. Tampoco es cierto que, en una sociedad neoliberal, se haya consultado habitualmente a los votantes sobre la llegada o la magnitud de la mano de obra extranjera: esto casi siempre ha ocurrido a sus espaldas, convirti\u00e9ndose en una cuesti\u00f3n pol\u00edtica no <i>ex ante<\/i>, sino <i>ex post facto<\/i>. Aqu\u00ed hay una diferencia transatl\u00e1ntica. La negaci\u00f3n de la democracia en la que se ha convertido la estructura de la Uni\u00f3n Europea incluy\u00f3 desde el principio la negaci\u00f3n de cualquier participaci\u00f3n democr\u00e1tica en la composici\u00f3n de su poblaci\u00f3n. La Constituci\u00f3n de los Estados Unidos, lamentablemente anacr\u00f3nica en muchos otros aspectos, no es tan radicalmente antidemocr\u00e1tica. Hist\u00f3ricamente, por supuesto, los Estados Unidos son una sociedad de inmigrantes, como ning\u00fan pa\u00eds europeo ha sido nunca. Esto significa que existe una tradici\u00f3n de acogida selectiva y solidaridad con los reci\u00e9n llegados que no existe con el mismo \u00e9nfasis emocional en Europa. Pero a ambos lados del Atl\u00e1ntico, el populismo de izquierda se enfrenta a la misma dificultad. Los populismos de derecha tienen una posici\u00f3n clara sobre la inmigraci\u00f3n: cerrar las puertas a los extranjeros y expulsar a los que no deber\u00edan estar aqu\u00ed. La izquierda no puede tener nada que ver con esto. Pero \u00bfcu\u00e1l es exactamente su pol\u00edtica de inmigraci\u00f3n: fronteras abiertas, pruebas de aptitud, cuotas regionales o qu\u00e9? Todav\u00eda no se ha dado una respuesta pol\u00edticamente coherente, emp\u00edricamente detallada y sincera en ning\u00fan sitio. Mientras eso siga as\u00ed, es muy probable que el populismo de derecha mantenga su ventaja sobre el populismo de izquierda.<\/p>\n<p>El problema, de hecho, es m\u00e1s general. Ning\u00fan populismo, ni de derecha ni de izquierda, ha producido hasta ahora un remedio eficaz para los males que denuncia. En t\u00e9rminos program\u00e1ticos, los oponentes contempor\u00e1neos del neoliberalismo siguen, en su mayor parte, silbando en la oscuridad. \u00bfC\u00f3mo se puede abordar la desigualdad \u2014no solo con parches\u2014 de manera seria, sin provocar inmediatamente una huelga de capital? \u00bfQu\u00e9 medidas se podr\u00edan prever para enfrentarse al enemigo golpe por golpe en ese terreno controvertido y salir victoriosos? \u00bfQu\u00e9 tipo de reconstrucci\u00f3n, a estas alturas inevitablemente radical, de la democracia liberal realmente existente ser\u00eda necesaria para poner fin a las oligarqu\u00edas que ha engendrado? \u00bfC\u00f3mo desmantelar el Estado profundo, organizado en todos los pa\u00edses occidentales para la guerra imperial, clandestina o abierta? \u00bfQu\u00e9 reconversi\u00f3n de la econom\u00eda se imagina para combatir el cambio clim\u00e1tico sin empobrecer a las sociedades ya pobres de otros continentes? Que falten tantas flechas en el carcaj de la oposici\u00f3n seria al statu quo no es, por supuesto, solo culpa de los populismos actuales. Refleja la contracci\u00f3n intelectual de la izquierda en sus largos a\u00f1os de retroceso desde la d\u00e9cada de 1970, y la esterilidad en ese tiempo de lo que en su d\u00eda fueron corrientes de pensamiento originales al margen de la corriente dominante. Se pueden citar propuestas correctivas, que var\u00edan de un pa\u00eds a otro: sanidad universal en Estados Unidos, renta b\u00e1sica garantizada en Italia, bancos de inversi\u00f3n p\u00fablica en Gran Breta\u00f1a, impuestos Tobin en Francia y similares. Pero en lo que se refiere a una alternativa general e interrelacionada al statu quo, el armario sigue vac\u00edo. Si un partido o movimiento populista llega al poder en la actualidad, para ver el resultado probable solo tenemos que mirar el destino traicionero de Syriza en Grecia, en la izquierda \u2014en la oposici\u00f3n, rebelde contra los dictados de la UE; en el poder, instrumento sumiso de la misma\u2014 o, en la derecha, la normalizaci\u00f3n repentina de la primera presidencia de Trump, que en su toma de posesi\u00f3n arremeti\u00f3 contra la complacencia del establishment y la desigualdad, pero que, una vez en la Casa Blanca, no hizo nada al respecto. Pol\u00edticamente hablando, el neoliberalismo no ha corrido ning\u00fan peligro por parte de ninguno de ellos.<\/p>\n<p>En este escenario, el virus Covid golpe\u00f3 como un rayo en 2020, obligando a imponer confinamientos en todo el mundo. Trump y Johnson, que un a\u00f1o antes estaban en la cima, cayeron derribados por su impacto. Trump habr\u00eda sido reelegido con toda seguridad ese a\u00f1o si su administraci\u00f3n no se hubiera visto afectada por la pandemia. Johnson fue derrocado por su propio partido en 2022. Bajo la onda expansiva del Covid, el comercio internacional se desplom\u00f3 y se perdieron 500 millones de puestos de trabajo en todo el mundo en pocos meses. En Estados Unidos, la bolsa se desplom\u00f3 y el producto interior bruto sufri\u00f3 su peor ca\u00edda desde 1946, con una contracci\u00f3n del 3,5 % en 2020. En Gran Breta\u00f1a, el PIB cay\u00f3 un 10 %, y en la Uni\u00f3n Europea, un 6 %. A medida que las cadenas de suministro mundiales se desmoronaban, la inflaci\u00f3n comenz\u00f3 a aumentar en toda la OCDE y, con ella, el desempleo. En esta situaci\u00f3n de emergencia, el \u00faltimo a\u00f1o del primer mandato de Trump fue testigo de un enorme est\u00edmulo fiscal para evitar una recesi\u00f3n m\u00e1s profunda. A partir de 2021, con Biden en la Casa Blanca, se puso en marcha una intervenci\u00f3n estatal a\u00fan mayor para estabilizar la econom\u00eda estadounidense con la llamada Ley de Reducci\u00f3n de la Inflaci\u00f3n, que inyect\u00f3 750 000 millones de d\u00f3lares en la econom\u00eda, con un enorme paquete de subvenciones estatales para fomentar nuevas inversiones, sostener los ingresos de los hogares y modificar el consumo energ\u00e9tico; a la que sigui\u00f3 la Ley de Chips y Ciencia de 2022, que destin\u00f3 otros 280 000 millones de d\u00f3lares de gasto p\u00fablico a la industria de los semiconductores y afines, junto con una serie de medidas proteccionistas destinadas a derrotar la competencia tecnol\u00f3gica de China. Se trata de un programa que los partidarios de la administraci\u00f3n Biden describieron con orgullo como la versi\u00f3n del siglo XXI del New Deal de Roosevelt: sus recetas modernizar\u00edan la industria estadounidense, ayudar\u00edan a los m\u00e1s desfavorecidos y equipar\u00edan a las fuerzas armadas del pa\u00eds para combatir la amenaza que supone el auge de China. Muchos elogiaron sus amplias intervenciones estatistas y su adopci\u00f3n de pol\u00edticas industriales activas como una ruptura con el neoliberalismo comparable y tan decisiva como la ruptura de Roosevelt con las doctrinas paleoliberales en la d\u00e9cada de 1930. Otros aplaudieron el resurgimiento de Biden de la pol\u00edtica de la Guerra Fr\u00eda de construir alianzas contra enemigos mortales en el extranjero, ya sea en el Mar Negro, en Oriente Medio o en Extremo Oriente, en el mejor esp\u00edritu de Truman en las d\u00e9cadas de 1940 y 1950.<\/p>\n<p>La opini\u00f3n mayoritaria, no solo en Estados Unidos, sino tambi\u00e9n, y a menudo con m\u00e1s fervor, en Europa, acogi\u00f3 los resultados de este cambio como poco menos que un milagro. La revista The Economist, con sede en Londres, la publicaci\u00f3n peri\u00f3dica m\u00e1s influyente e inteligente del mundo capitalista, que en ocasiones act\u00faa como asesora semioficial del mismo, pudo celebrar la econom\u00eda estadounidense en un reportaje especial publicado el pasado mes de octubre como \u00abla envidia del mundo\u00bb, cuyo dinamismo pospand\u00e9mico hab\u00eda \u00abdejado a otros pa\u00edses ricos en la estacada\u00bb. Los comentaristas de los propios Estados Unidos alabaron la eficaz represi\u00f3n de la inflaci\u00f3n por parte de Biden, las medidas de su administraci\u00f3n en favor de los m\u00e1s desfavorecidos y sus progresistas pol\u00edticas inter\u00e9tnicas de \u00abdiversidad, equidad e inclusi\u00f3n\u00bb. Tanto en Europa como en Estados Unidos se aplaudi\u00f3 su firmeza al apoyar a Israel en Gaza y a Ucrania. Por desgracia, los votantes estadounidenses no quedaron tan impresionados. En el verano del a\u00f1o pasado, Biden estaba tan desacreditado que su propio partido le oblig\u00f3 a renunciar a la reelecci\u00f3n, de forma muy similar a como los conservadores hab\u00edan expulsado a Johnson en Gran Breta\u00f1a, dejando a Kamala Harris, su desventurada vicepresidenta, a merced de Trump, que gan\u00f3 en noviembre con una mayor\u00eda mayor que en 2016.<\/p>\n<p>Lo que significar\u00e1 la segunda presidencia de Trump para Estados Unidos y para el mundo sigue siendo incierto, dada la larga brecha entre sus palabras y sus actos. En el \u00e1mbito nacional, es posible que esta vez tampoco cumpla sus promesas electorales de imponer aranceles del 60 % a todos los productos procedentes de China y deportar a los once millones de inmigrantes ilegales que se encuentran en Estados Unidos, al igual que no cumpli\u00f3 sus promesas de la \u00faltima vez de reconstruir las deterioradas infraestructuras del pa\u00eds y construir un muro infranqueable a lo largo de toda la frontera con M\u00e9xico. Sin embargo, dado que los republicanos controlar\u00e1n ambas c\u00e1maras del Congreso durante al menos dos a\u00f1os, es m\u00e1s probable que cumpla algunas de sus promesas que descartarlas todas y, en materia comercial, que obligue tanto a sus aliados como a sus adversarios a pagar un tributo monetario mayor que en el pasado a Estados Unidos. En el extranjero, podr\u00eda detener la guerra en Ucrania cortando toda la ayuda a Kiev, o podr\u00eda intensificarla si Rusia rechaza las condiciones en las que espera poner fin a los combates. \u00c9l cree en la ventaja de ser impredecible y, sin duda, la Uni\u00f3n Europea, Gran Breta\u00f1a y Jap\u00f3n, aunque no les guste lo que hace, son demasiado d\u00e9biles como socios subordinados para disuadirlo.<\/p>\n<p>El Gobierno de Alemania, la potencia m\u00e1s fuerte de Europa, se derrumb\u00f3 al d\u00eda siguiente de la elecci\u00f3n de Trump, cuando Scholz destituy\u00f3 a su ministro de Finanzas y perdi\u00f3 el tercer partido del que depend\u00eda su coalici\u00f3n. Nunca antes se hab\u00eda producido un acontecimiento as\u00ed en la Rep\u00fablica Federal. Las nuevas elecciones han duplicado los votos de la AfD hasta alcanzar una quinta parte del electorado, lo que ha dado lugar a otra coalici\u00f3n del establishment que se apresura a aprobar un aumento del gasto en defensa en un Bundestag que acaba de rechazarlo, en una demostraci\u00f3n m\u00e1s de lo poco que les importa a las \u00e9lites europeas la democracia que proclaman con tanta vehemencia. En Francia, el Gobierno nombrado por Macron tras su derrota en las urnas el verano pasado se derrumb\u00f3 en cuesti\u00f3n de meses, derrocado por una coalici\u00f3n de la oposici\u00f3n de derecha e izquierda en la Asamblea Nacional, en una revuelta que el pa\u00eds solo hab\u00eda conocido una vez antes, hace m\u00e1s de sesenta a\u00f1os. Pocos creen que su precario sucesor, que se apoya en una cooptaci\u00f3n a rega\u00f1adientes del Partido Socialista, vaya a durar mucho tiempo. En resumen, la versi\u00f3n de Trump del populismo de derecha, abominada por la mitad del pa\u00eds como una amenaza mortal para la democracia, se ha impuesto en Washington en un momento de desorden institucional en Berl\u00edn y Par\u00eds, y con un Gobierno en Londres que ahora es a\u00fan menos popular que la desacreditada oposici\u00f3n a la que derrot\u00f3 hace poco. En todas partes, el panorama es de inestabilidad, inseguridad e imprevisibilidad. \u00abTodo es desorden bajo los cielos\u00bb, y hay pocos indicios de un retorno al orden, tal y como lo entienden quienes est\u00e1n acostumbrados a gobernar Occidente.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde se sit\u00faa el neoliberalismo en medio de esta agitaci\u00f3n? En condiciones de emergencia, se ha visto obligado a adoptar medidas \u2014intervencionistas, estatistas y proteccionistas\u2014 que son anatema para su doctrina, sin perder por ello su influencia sobre los responsables pol\u00edticos ni ceder ante ninguna visi\u00f3n alternativa coherente sobre c\u00f3mo debe gestionarse una econom\u00eda capitalista avanzada. A pesar de las dram\u00e1ticas desviaciones de las recetas puras de Hayek o Friedman, poco ha cambiado en los motores y contradicciones subyacentes del sistema que ha creado. Si bien el PIB de Estados Unidos cay\u00f3 alrededor de un 4,3 % durante la Gran Recesi\u00f3n tras la crisis de 2008 y dos tercios de la poblaci\u00f3n activa de la OCDE sufri\u00f3 una estancamiento o una ca\u00edda de sus ingresos reales, el crecimiento general se ha reanudado, aunque a niveles a\u00fan muy inferiores a los anunciados en China, mientras que la desigualdad ha seguido aumentando. En Estados Unidos, la brecha entre el gasto de las capas m\u00e1s ricas y m\u00e1s pobres de la poblaci\u00f3n es la mayor jam\u00e1s registrada. Pero, sobre todo, lo que desencaden\u00f3 la crisis de 2008 se ha compensado con m\u00e1s de lo mismo. La parte desmesurada que ocupa la financiaci\u00f3n en el PIB estadounidense no ha disminuido, sino que ha aumentado. El d\u00e9ficit del Gobierno estadounidense se ha triplicado en la \u00faltima d\u00e9cada. En el mismo periodo, la deuda p\u00fablica de Estados Unidos se ha disparado en 17 billones de d\u00f3lares, un aumento equivalente al de los 240 a\u00f1os anteriores. En el conjunto de la OCDE, la deuda soberana total, que en 2008 era de 26 billones de d\u00f3lares, se ha m\u00e1s que duplicado, alcanzando los 56 billones en 2024. Un r\u00e9gimen internacional que hace una d\u00e9cada zozobr\u00f3 y casi se ahog\u00f3 en el mar de deuda que hab\u00eda creado, se est\u00e1 empapando con una avalancha de deuda a\u00fan mayor, sin que se vislumbre un final.<\/p>\n<p>\u00bfEstamos asistiendo por fin a la llegada de un cambio de r\u00e9gimen en Occidente, anunciado ya en numerosas ocasiones a lo largo de este siglo? Ese es el mensaje del reciente best seller de un eminente historiador estadounidense simpatizante de Biden, <i>The Rise and Fall of the Neoliberal Order:<\/i> <i>America and the World in the Free Market Era<\/i>, en el que sugiere que, desde diferentes direcciones, Sanders y Trump asestaron golpes tan eficaces a la encarnaci\u00f3n del neoliberalismo que representaba Hillary Clinton que se allan\u00f3 el camino bajo Biden para que comenzara a modificarse el equilibrio entre ricos y pobres en la sociedad estadounidense y los beneficios de la pol\u00edtica industrial dirigida por el Gobierno se hicieran visibles para millones de personas.<sup>3<\/sup> Aunque reconoce que \u00ablos vestigios del orden neoliberal permanecer\u00e1n con nosotros durante a\u00f1os, y tal vez d\u00e9cadas\u00bb, concluye con la firme afirmaci\u00f3n de que \u00abel orden neoliberal en s\u00ed mismo est\u00e1 roto\u00bb. En cierto modo, una cr\u00edtica a\u00fan m\u00e1s dura del balance socioecon\u00f3mico desde Reagan proviene de un antiguo admirador del Gipper, el banquero indio-estadounidense Ruchir Sharma, antiguo estratega jefe global de Morgan Stanley, en <i>What Went Wrong with Capitalism<\/i>.<sup>4<\/sup> Su leitmotiv es que \u00ablas crisis financieras peri\u00f3dicas \u2014que estallaron en 2001, 2008 y 2020\u2014 se desarrollan ahora en un contexto de crisis permanente y cotidiana de desasignaci\u00f3n colosal del capital\u00bb, resultado de las enormes inyecciones de dinero f\u00e1cil que los bancos centrales han inyectado en las econom\u00edas avanzadas para sostener unas tasas de crecimiento en constante descenso. Esos torrentes de dinero dispensados por el Estado son la verdad \u00faltima y predominante de este periodo. Tarde o temprano, advierte Sharma, se producir\u00e1 una conmoci\u00f3n trascendental en el sistema. \u00bfQu\u00e9 remedio traer\u00e1 consigo? La respuesta de Sharma: volver a un Estado m\u00e1s peque\u00f1o y a una pol\u00edtica monetaria m\u00e1s restrictiva, la receta cl\u00e1sica de Mises y Hayek, el neoliberalismo restaurado en su totalidad.<\/p>\n<p>Estos veredictos contradictorios no son en s\u00ed mismos una novedad. Eric Hobsbawm proclamaba \u00abLa muerte del neoliberalismo\u00bb ya en 1998. Doce a\u00f1os m\u00e1s tarde, Colin Crouch, no menos reacio a este sistema, lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n opuesta y titul\u00f3 su libro sobre sus desventuras <i>La extra\u00f1a no muerte del neoliberalismo<\/i>, un juicio que reiter\u00f3 hace un a\u00f1o en un texto titulado \u00abNeoliberalismo: a\u00fan por deshacerse de su mortalidad\u00bb. Estas eran las conclusiones de un enemigo declarado del orden neoliberal. Jason Furman, asistente especial de Bill Clinton, presidente del Consejo de Asesores Econ\u00f3micos de Obama y admirador del modelo de gesti\u00f3n de Walmart, es un exponente comprometido del mismo y opina lo mismo. En un art\u00edculo de fondo de Foreign Affairs titulado \u00abThe Post-Neoliberal Delusion\u00bb (La ilusi\u00f3n posneoliberal), responde con contundencia a pensadores como Gerstle, atribuyendo la p\u00e9rdida de la Casa Blanca por parte de los dem\u00f3cratas a la locura de abandonar la disciplina econ\u00f3mica ortodoxa con programas de gasto vastos e incontrolados que no lograron sus objetivos. Al exponer los costes y los beneficios del mandato de Biden con gran detalle, Furman afirma: \u00abLa inflaci\u00f3n, el desempleo, los tipos de inter\u00e9s y la deuda p\u00fablica eran m\u00e1s altos en 2024 que en 2019. Entre 2019 y 2023, los ingresos familiares ajustados a la inflaci\u00f3n disminuyeron y la tasa de pobreza aument\u00f3\u00bb. \u00abA pesar de los esfuerzos por aumentar la deducci\u00f3n fiscal por hijos y el salario m\u00ednimo\u00bb, contin\u00faa, \u00abambos eran considerablemente m\u00e1s bajos en t\u00e9rminos ajustados a la inflaci\u00f3n cuando Biden dej\u00f3 el cargo que cuando lo asumi\u00f3. A pesar de todo el \u00e9nfasis que puso en los trabajadores estadounidenses, Biden fue el primer presidente dem\u00f3crata en un siglo que no ampli\u00f3 de forma permanente la red de seguridad social\u00bb. Conclusi\u00f3n: \u00abLos responsables pol\u00edticos no deben volver a ignorar nunca los fundamentos en su b\u00fasqueda de soluciones heterodoxas fantasiosas\u00bb. Lo que fue rechazado como ortodoxia neoliberal sigue vivo y ofrece la \u00fanica v\u00eda para avanzar.<\/p>\n<p>\u00bfUn r\u00e9gimen internacional que se hunde en el suelo o que resurge como L\u00e1zaro? El enfrentamiento en los veredictos de los expertos tiene su correlato en el panorama pol\u00edtico, donde el conflicto entre el neoliberalismo y el populismo, adversarios que se han enfrentado en todo Occidente desde principios de siglo, se ha vuelto cada vez m\u00e1s explosivo, como demuestran los acontecimientos de las \u00faltimas semanas, aunque, a pesar de sus aparentes compromisos o reveses, el neoliberalismo sigue teniendo la sart\u00e9n por el mango. El primero ha sobrevivido solo gracias a la reproducci\u00f3n continua de lo que amenaza con derribarlo, mientras que el segundo ha crecido en magnitud sin avanzar en una estrategia significativa. El estancamiento pol\u00edtico entre ambos no ha terminado: cu\u00e1nto durar\u00e1 es una inc\u00f3gnita.<\/p>\n<p>\u00bfSignifica esto que, hasta que no se haya configurado un conjunto coherente de ideas econ\u00f3micas y pol\u00edticas, comparable a los antiguos paradigmas keynesianos o hayekianos, como alternativa para gestionar las sociedades contempor\u00e1neas, no cabe esperar ning\u00fan cambio serio en el modo de producci\u00f3n existente? No necesariamente. Fuera de las zonas centrales del capitalismo, se produjeron al menos dos cambios trascendentales sin que ninguna doctrina sistem\u00e1tica los imaginara o propusiera de antemano. Una fue la transformaci\u00f3n de Brasil con la revoluci\u00f3n que llev\u00f3 al poder a Get\u00falio Vargas en 1930, cuando las exportaciones de caf\u00e9 en las que se basaba su econom\u00eda se derrumbaron con la crisis y la recuperaci\u00f3n se logr\u00f3 de forma pragm\u00e1tica mediante la sustituci\u00f3n de importaciones, sin el beneficio de ninguna defensa previa. La otra, a\u00fan m\u00e1s trascendental, fue la transformaci\u00f3n, tras la muerte de Mao, de la econom\u00eda planificada en China en la era de las reformas presidida por Deng Xiaoping, con la llegada del sistema de responsabilidad familiar en la agricultura y el impulso, por parte de las empresas municipales y rurales, del crecimiento econ\u00f3mico m\u00e1s espectacular y sostenido de la historia, tambi\u00e9n improvisado y experimental, sin teor\u00edas previas de ning\u00fan tipo. \u00bfSon estos casos demasiado ex\u00f3ticos para tener alguna relevancia en el coraz\u00f3n del capitalismo avanzado? Lo que los hizo posibles fue la magnitud del choque y la profundidad de la crisis que hab\u00eda sufrido cada sociedad: la crisis en Brasil, la Revoluci\u00f3n Cultural en China, equivalentes tropicales y orientales de los golpes sufridos por la autoconfianza occidental en la Segunda Guerra Mundial. Si alguna vez desapareciera en Occidente la incredulidad de que sea posible cualquier alternativa, lo m\u00e1s probable es que algo comparable fuera el motivo.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p><sup>1<\/sup> Nye se convirti\u00f3 en presidente del Consejo Nacional de Inteligencia y subsecretario de Defensa en la administraci\u00f3n Clinton.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> Forsyth y Notermans tuvieron cuidado de terminar su relato subrayando que no ofrec\u00edan explicaciones causales para los sucesivos cambios sist\u00e9micos que relataban. Notermans, el m\u00e1s prol\u00edfico de los dos, se convirti\u00f3 en un destacado cr\u00edtico del neoliberalismo \u2014t\u00e9rmino que solo ha adquirido un uso generalizado en este siglo\u2014 desde el punto de vista de una socialdemocracia fr\u00edamente realista, y elabor\u00f3, entre otros, el mejor an\u00e1lisis del modelo econ\u00f3mico de impuesto \u00fanico en el pa\u00eds al que se traslad\u00f3: \u00ab\u00bfUna fortaleza inexpugnable? El neoliberalismo en Estonia\u00bb, en Localities (2015).<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> Oxford, 432 pp., \u00a314.99, September 2023, 978 0 19 767631 8.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> Allen Lane, 384 pp., \u00a325, June 2024, 978 0 241 59576 3.<\/p>\n<p>Fuente: <em>London Review of Books<\/em>, Vol. 47 No. 6, 3 de abril de 2025 (<a href=\"https:\/\/www.lrb.co.uk\/the-paper\/v47\/n06\/perry-anderson\/regime-change-in-the-west\">https:\/\/www.lrb.co.uk\/the-paper\/v47\/n06\/perry-anderson\/regime-change-in-the-west<\/a>)<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A un cuarto de camino de este siglo, el cambio de r\u00e9gimen se ha convertido en un t\u00e9rmino can\u00f3nico. 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