{"id":1797,"date":"2012-02-05T00:00:00","date_gmt":"2012-02-05T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1797"},"modified":"2020-02-21T09:56:57","modified_gmt":"2020-02-21T08:56:57","slug":"las-virtudes-cardinales-el-capitalismo-aventurero-y-la-crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1797","title":{"rendered":"Las virtudes cardinales, el capitalismo aventurero y la crisis"},"content":{"rendered":"<p>Ya s\u00e9 que la virtud no es palabra de moda. No lo es desde hace ya demasiado tiempo. Hace m\u00e1s de dos siglos, en 1748, dec\u00eda Montesquieu: \u201cLos pol\u00edticos griegos, que viv\u00edan en un gobierno popular, no reconoc\u00edan m\u00e1s fuerza para sostenerlo que la virtud. Los pol\u00edticos de hoy no nos hablan m\u00e1s que de f\u00e1bricas, de comercio, de finanzas, de riquezas e incluso de lujo\u201d. Y as\u00ed nos va. Los cl\u00e1sicos hablaban en efecto de virtud, y dieron buenas razones para pensar que sin ella es dif\u00edcil, si no imposible, alcanzar la felicidad, que es \u2013antes como ahora- de lo que deber\u00eda tratar la vida. De entre todas las virtudes, cuatro fueron se\u00f1aladas como virtudes cardinales: la prudencia, la templanza o moderaci\u00f3n, la fortaleza o valor y la justicia. En rigor todas ellas tienen que ver con c\u00f3mo encaramos el futuro, con las consecuencias futuras de nuestras decisiones, con c\u00f3mo nos precavemos de la incertidumbre que rodea al porvenir. Y todo ello porque ese porvenir incierto est\u00e1 sujeto a las desconocidas leyes secretas \u2013l\u00e9ase caprichos- de la fortuna. No sabemos en efecto que tendr\u00e1 a bien depararnos la ruleta con la que juega esta diosa, si nos regalar\u00e1 bienes y riqueza o si por el contrario nos traer\u00e1 desgracia y penalidad. Los antiguos, sin embargo, pensaban que la virtud pod\u00eda doblegar a la fortuna e inclinarla a nuestro favor, someterla de alguna forma al dictado de nuestra inteligencia pr\u00e1ctica. Y aqu\u00ed, las virtudes cardinales son poderosas herramientas con las que fabricarnos una vida lo menos expuesta posible a las veleidades del azar, lo menos vulnerable posible al infortunio. La prudencia \u2013phronesis en griego, prudentia en lat\u00edn- sobresale por encima de las dem\u00e1s en esta propuesta cl\u00e1sica de sabia gesti\u00f3n del futuro. Por prudencia ahorramos o dejamos de gastar lo que ahora nos sobra, por lo que pueda pasar en el futuro; por prudencia evitamos hacer cosas cuyas consecuencias no controlamos o pensamos que pueden terminar perjudic\u00e1ndonos, por prudencia renunciamos a ciertos placeres o nos sacrificamos. La prudencia es una virtud de la inteligencia, pero no para la ciencia sino para la vida, y nos hace m\u00e1s sabios cuando tomamos decisiones, menos temerarios, m\u00e1s realistas. Y as\u00ed, le vamos comiendo el terreno a la jurisdicci\u00f3n de la fortuna, hacemos m\u00e1s peque\u00f1a su ruleta del azar.<\/p>\n<p>Pues bien, la virtud cardinal de la prudencia es la primera que este capitalismo globalizado ha tirado por tierra. Lejos de ella, corporaciones y empresas, parlamentos y gobiernos, consumidores y familias, han optado por el riesgo y por el despilfarro, como si le hubieran perdido el respeto al futuro, tanto que apenas hay instituci\u00f3n, desde los bancos a los hogares y las haciendas p\u00fablicas, que no est\u00e9 seriamente endeudada. Pero las elecciones irracionales miopes en las que s\u00f3lo cuenta el presente, tarde o temprano, se pagan. Y la fortuna no tiene m\u00e1s que esperar a que acabe la org\u00eda y el desenfreno para montarse una fiesta con las penas de la resaca.<\/p>\n<p>Claro que la prudencia no puede funcionar bien si no es al alim\u00f3n con otra virtud cardinal, a saber: la moderaci\u00f3n a la hora de desear, la templanza del car\u00e1cter. Ambas virtudes \u2013phronesis y sophrosyne- comparten en griego la ra\u00edz \u201cphren\u201d, que significa coraz\u00f3n, mente, entendimiento. Ambas virtudes, pues, lo son de la inteligencia pr\u00e1ctica, del saber vivir. La templanza, de una manera especial, porque se relaciona con el conocimiento de un mismo. Porque es al dejar de explorar en nuestro interior cuando permitimos que nuestra maquinaria de querer y desear se dispare y escape a todo control. Y los deseos desatados son imprevisibles, infinitos e inconstantes. Nos confunden, nos extrav\u00edan, nos pierden. A la postre, nos hacen desgraciados. S\u00f3lo cuando sabemos qui\u00e9nes somos, qu\u00e9 nos conviene realmente y qu\u00e9 somos capaces de lograr de manera factible, podemos elegir y elegirnos con sabidur\u00eda. Y aqu\u00ed logramos la templanza, el freno inteligente a los reclamos insensatos del cuerpo. Saber desear es saber vivir. De lo contrario, sin templanza ni prudencia, como meras m\u00e1quinas de desear, \u00e1vidos de sensaciones y placeres, siempre nuevos, hacemos del consumo la esencia de una identidad alienada. Y en esa misma medida, nos volvemos reos de un sistema de incentivos \u2013el del mercado capitalista- para el que poco cuenta nuestra autorrealizaci\u00f3n personal o que tengamos una vida plena o siquiera la satisfacci\u00f3n de nuestras necesidades reales, sino cu\u00e1nto somos capaces de consumir. La patolog\u00eda del consumismo es una patolog\u00eda de la l\u00f3gica del deseo, y \u00e9sta prospera con la falta de moderaci\u00f3n y autodominio. Lejos de la verdadera libertad, nos hacemos siervos de un enga\u00f1oso sistema que, cre\u00e1ndonos necesidades, inventando placeres, tent\u00e1ndonos con sensaciones desconocidas, nos convence de que somos libres de elegir (free to choose), si podemos pag\u00e1rnoslo en cualquier caso, entre un amplio men\u00fa de mercader\u00edas, cosas, fetiches, enseres. Un men\u00fa del que, huelga decirlo, nosotros mismos estamos excluidos. Podemos elegir, que no conseguir, cualquier cosa, excepto a nosotros mismos. Queda arrumbado todo proyecto de vida centrado en el propio yo, en la realizaci\u00f3n de nuestras capacidades creativas, o en la relaci\u00f3n con otros individuos como fines en s\u00ed mismos, esto es, como personas con una dignidad que respetar y con un derecho a la felicidad.<\/p>\n<p><a name=\"_GoBack\"><\/a> No son sin embargo los cantos de sirena del consumo los \u00fanicos que atentan contra la virtud cardinal de la templanza en el capitalismo. M\u00e1s a\u00fan que la pulsi\u00f3n adquisitiva del consumo, el capitalismo se basa en la pasi\u00f3n acumulativa de la codicia. Es la maximizaci\u00f3n del beneficio y la creciente acumulaci\u00f3n de riqueza lo que mueve al sistema, y debajo de esas motivaciones y estrategias, aportando el combustible, est\u00e1 esa pasi\u00f3n terrible. La codicia se mantuvo m\u00e1s o menos contenida mientras el capitalismo fue capaz de regular y frenar el intercambio y la producci\u00f3n mediante mecanismos de no enajenabilidad y no acumulabilidad. Los bienes p\u00fablicos y los derechos sociales, los mecanismos de redistribuci\u00f3n y regulaci\u00f3n financiera y mercantil eran medios que, en \u00faltima instancia, manten\u00edan (hasta cierto punto) sujeta la codicia latente en el sistema. Pero \u00e9sta se ha exacerbado con la revoluci\u00f3n neoliberal, la cual \u2013a base de exenciones, desregulaciones y privatizaciones- ha potenciado el modelo de capitalismo de casino, el especulativo, el del riesgo financiero, el de la imprudencia aventurera, con toda su cohorte clientelar de pol\u00edticos, comunicadores y gestores. As\u00ed que la falta de templanza del consumismo adquisitivo se ha visto complementada por la falta de templanza de la codicia acumulativa, en un circuito de retroalimentaci\u00f3n que s\u00f3lo se corta cuando estalla la burbuja del sinsentido: la crisis.<\/p>\n<p>Entonces queda al descubierto una nueva falla del sistema: la falta de justicia, otra de las virtudes cardinales, la principal virtud de la sociedad bien ordenada, de la buena sociedad y el buen gobierno. La injusticia se evidencia en un sencillo hecho: los principales responsables de la crisis \u2013grandes corporaciones, grandes bancos y pol\u00edticos serviles- se han enriquecido extraordinariamente con ella pero se la est\u00e1n haciendo pagar a la parte menos culpable: la sociedad civil en su conjunto, y dentro de ella la poblaci\u00f3n asalariada, y dentro de esa poblaci\u00f3n a la clase trabajadora m\u00e1s vulnerable. El trasvase de riqueza de los pobres a los ricos se profundiza as\u00ed despu\u00e9s incluso de la crisis, al tiempo que los que, con codicia e imprudencia extremas, provocaron el desastre quedan impunes o incluso salen fortalecidos. As\u00ed, 41 de las 100 primeras econom\u00edas del mundo no son pa\u00edses sino corporaciones; as\u00ed el 1% del poder corporativo, pero sobre todo los bancos, controla el 40% de los negocios mundiales, as\u00ed el 20% m\u00e1s rico de la poblaci\u00f3n del planeta posee m\u00e1s del 80% del PIB mundial mientras que el 20% m\u00e1s pobre s\u00f3lo tiene el 1% de ese PIB, y 2.700 millones de personas \u201csobreviven\u201d con un d\u00f3lar\/d\u00eda o menos. Y el ajuste brutal de la econom\u00eda del trabajo \u2013el ataque frontal a la soberan\u00eda democr\u00e1tica y a los derechos de ciudadan\u00eda- se est\u00e1 haciendo sin menoscabo de la protecci\u00f3n de las inmensas fortunas privadas radicadas en para\u00edsos fiscales \u2013en torno a la mitad de los cuales est\u00e1n en manos brit\u00e1nicas-, para\u00edsos en los que el secreto financiero preserva a esas riquezas de todo control p\u00fablico, de toda exacci\u00f3n fiscal, al tiempo que esconde el origen, a menudo turbio y delictivo, de dichas fortunas.<\/p>\n<p>La cuarta virtud cardinal de la sabidur\u00eda pr\u00e1ctica antigua era como una virtud-refugio: la fortaleza. La fortaleza, enti\u00e9ndase, para soportar los golpes de la fortuna. Porque incluso una vida prudente, moderada y justa tiene que hab\u00e9rselas con los caprichos de la fortuna, con la enfermedad y el accidente, con la muerte y la desgracia. Y hay que saber aguantar. Pues bien, mucha fortaleza vamos a necesitar los ciudadanos golpeados por la crisis para no desmoronarnos. Ahora bien, la virtud de la fortaleza \u2013la andreia- no s\u00f3lo sirve para soportar y resistir. De ah\u00ed tambi\u00e9n sacamos el valor y el coraje para combatir y pelear. Las calamidades se soportan, pero la injusticia se combate. Y ahora est\u00e1n dadas ambas cosas: la injusta calamidad sufrida por los m\u00e1s pobres y vulnerables creada por una codiciosa y desenfrenada oligarqu\u00eda financiero-medi\u00e1tico-corporativa mundial a beneficio de su cuenta de resultados, paradis\u00edacamente protegida. Est\u00e1 por ver si esa fortaleza de los indignados \u2013que somos muchos- puede con el miedo que ahora mismo atenaza a la poblaci\u00f3n. S\u00f3lo entonces podremos empezar a pensar que las ciudadan\u00edas recuperar\u00e1n la soberan\u00eda, la pol\u00edtica su dignidad y autonom\u00eda, el Estado su capacidad de regulaci\u00f3n y control y, as\u00ed, por esa senda, tal vez podamos, a base de prudencia, templanza y fortaleza, conseguir vivir en una sociedad justa. Y ser felices.<\/p>\n<p><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n<p>Montesquieu [1748], Del Esp\u00edritu de las Leyes, trad. de M. V\u00e1zquez y P. de Vega, Madrid: Tecnos, 1985, p\u00e1g. 20.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ya s\u00e9 que la virtud no es palabra de moda. No lo es desde hace ya demasiado tiempo. 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