{"id":18181,"date":"2025-07-10T05:00:28","date_gmt":"2025-07-10T04:00:28","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=18181"},"modified":"2025-07-10T01:33:19","modified_gmt":"2025-07-10T00:33:19","slug":"geoffrey-de-ste-croix-y-el-mundo-antiguo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=18181","title":{"rendered":"Geoffrey de Ste. Croix\u00a0y el mundo antiguo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/class-strugle.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-18182\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/class-strugle.webp\" alt=\"\" width=\"196\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/class-strugle.webp 404w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/class-strugle-196x300.webp 196w\" sizes=\"auto, (max-width: 196px) 100vw, 196px\" \/><\/a>La aparici\u00f3n de <em>La lucha de clases en el mundo griego antiguo<\/em>, de Geoffrey de Ste. Croix, altera de forma significativa e inesperada la imagen de la historia materialista en Gran Breta\u00f1a. Parte de este cambio radica simplemente en la sorpresa que supone el propio autor. Habr\u00eda sido razonable pensar que el notable grupo de historiadores marxistas que se form\u00f3 en los a\u00f1os inmediatamente anteriores o durante la Segunda Guerra Mundial se hab\u00eda convertido desde hac\u00eda tiempo en una pl\u00e9yade finita, cuyos nombres eran familiares para todos los lectores de la revista History Workshop Journal. Pero ahora est\u00e1 claro lo err\u00f3neo que habr\u00eda sido tal suposici\u00f3n. Junto a Hill o Hobsbawm, Hilton o Thompson, Ste. Croix debe figurar como una figura de magnitud comparable. La paradoja es que es m\u00e1s viejo que cualquiera de ellos. La gran obra que tenemos ante nosotros, dise\u00f1ada expresamente para los estudiantes de Marx y el \u00ablector en general\u00bb, as\u00ed como para los estudiosos especializados, fue escrita durante su s\u00e9ptima d\u00e9cada de vida.<\/p>\n<p>El segundo cambio que aporta el libro de Ste. Croix es ampliar una vez m\u00e1s \u2014esperemos que de una vez por todas\u2014 los horizontes del materialismo hist\u00f3rico para abarcar el mundo cl\u00e1sico como campo central de la investigaci\u00f3n intelectual. Raphael Samuel ha se\u00f1alado la importancia de la \u00ablucha de clases en la Antig\u00fcedad\u00bb para el debate intelectual y pol\u00edtico entre los marxistas alrededor de 1900, y c\u00f3mo qued\u00f3 \u00abcasi totalmente olvidada\u00bb posteriormente. Las razones de este cambio habr\u00e1n sido complejas. Pero entre ellas, ir\u00f3nicamente, puede haber estado el propio auge de la \u00abhistoria del pueblo\u00bb, en su sentido moderno. El t\u00e9rmino se presta, quiz\u00e1s de forma ineludible, a horizontes y definiciones nacionales m\u00e1s f\u00e1cilmente que a los universales: por razones obvias, es dif\u00edcil extender la noci\u00f3n desde, por ejemplo, el \u00abpueblo\u00bb ingl\u00e9s hasta el populus romano. El peculiar patr\u00f3n de las pruebas que han sobrevivido del pasado cl\u00e1sico tambi\u00e9n es dr\u00e1sticamente taciturno sobre las vidas de los explotados y oprimidos, lo que ofrece poco apoyo inmediato para el tipo de investigaciones detalladas e imaginativas sobre ellos asociadas con lo mejor de la \u00abhistoria desde abajo\u00bb. Pero, sean cuales sean sus causas, el resultado de este cambio de sensibilidad e inter\u00e9s ha sido, por lo general, separar la historia cl\u00e1sica de la \u00abeuropea\u00bb \u2014por no hablar de la brit\u00e1nica\u2014 en el repertorio mental de muchos marxistas. Esta separaci\u00f3n intelectual, por supuesto, reproduce a su vez la divisi\u00f3n institucional entre historia antigua y moderna (todos los dem\u00e1s tipos) arraigada en los departamentos acad\u00e9micos. El efecto de la obra de Ste. Croix es revertir esta situaci\u00f3n. Devuelve al mundo cl\u00e1sico a una posici\u00f3n natural y central dentro del universo explicativo del marxismo.<\/p>\n<p>Sin embargo, lo hace de una manera especialmente incisiva y desafiante. Porque su propuesta de reintegraci\u00f3n de la Antig\u00fcedad implica algo m\u00e1s que una simple expansi\u00f3n \u00abtemporal\u00bb de la historiograf\u00eda materialista: invita tambi\u00e9n a una reconstrucci\u00f3n de sus conceptos. <i>La lucha de clases en el mundo griego antiguo<\/i> es una de las obras hist\u00f3ricas m\u00e1s rigurosamente te\u00f3ricas que se han producido en este pa\u00eds. La exposici\u00f3n directa y la discusi\u00f3n cr\u00edtica sostenida de los conceptos marxistas, con un alto nivel de rigor anal\u00edtico, ocupan un lugar en el dise\u00f1o general del libro de Ste. Croix que no tiene equivalente en la pr\u00e1ctica de sus colegas. Solo por eso, sus repercusiones se dejar\u00e1n sentir all\u00ed donde las clases sociales y los conflictos entre ellas sigan siendo un tema organizador en la escritura de la historia. Parece apropiado que uno de los rasgos distintivos (y placeres) de la escritura de Ste. Croix sea la libertad y la agudeza de sus digresiones tem\u00e1ticas, ya sea sobre el Partido Conservador o el Estado del bienestar, la Guerra Fr\u00eda o la religi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Dos hechos interrelacionados parecen haber diferenciado a Ste. Croix de su generaci\u00f3n, entre los historiadores marxistas. Comenz\u00f3 su carrera mucho m\u00e1s tarde, estudiando la licenciatura a los treinta a\u00f1os en el University College de Londres (1946-1949), bajo la direcci\u00f3n de A. H. M. Jones, y lleg\u00f3 a los estudios cl\u00e1sicos tras una d\u00e9cada de vida profesional como abogado antes de la guerra (1931-1939). Su primer libro \u2014el \u00fanico hasta <i>The Class Struggle in the Ancient Greek World<\/i>\u2014 fue un estudio sobre <i>The Origins of the Peloponnesian War<\/i>, publicado en 1972. Este brillante estudio, que ya revelaba muchos de sus dones y peculiaridades, propuso una reinterpretaci\u00f3n radical de los or\u00edgenes del conflicto entre Atenas y Esparta en el siglo V a. C., cuyo resultado fue trasladar la responsabilidad principal del estallido de la guerra de la primera a la segunda, al tiempo que se enfatizaba la naturaleza irreconciliable del antagonismo a largo plazo entre las pol\u00edticas democr\u00e1ticas y olig\u00e1rquicas de estas dos sociedades esclavistas. Desde el punto de vista metodol\u00f3gico, la caracter\u00edstica distintiva del libro es la extraordinaria delicadeza y precisi\u00f3n del an\u00e1lisis textual que despliega al examinar y revisar las pruebas sobre los or\u00edgenes del conflicto del Peloponeso. Las dos <i>proezas<\/i> \u2014una t\u00e9cnica y otra filos\u00f3fica\u2014 del enfoque de Ste. Croix en este libro fueron su demolici\u00f3n de la visi\u00f3n tradicional de los decretos meg\u00e1ricos (considerados generalmente como represalias econ\u00f3micas vengativas de Atenas contra una ciudad vecina que provoc\u00f3 las hostilidades en Grecia, que \u00e9l argument\u00f3 que eran con toda probabilidad sanciones religiosas de importancia bastante limitada, explotadas con fines propagand\u00edsticos por Esparta) y su reconstrucci\u00f3n de la visi\u00f3n de la historia en general de Tuc\u00eddides. Su sombr\u00edo relato del mundo intelectual de Tuc\u00eddides, especialmente su convicci\u00f3n de la amoralidad esencial de las relaciones entre los Estados, tiene un poder inolvidable. Solo esto confiere a <i>The Origins of the Peloponnesian War<\/i> una importancia duradera para el lector en general.<\/p>\n<p>En estos pasajes, como en todo el libro, son inconfundibles las huellas de la m\u00e1s alta formaci\u00f3n jur\u00eddica: la capacidad de analizar, con la m\u00e1xima ingenuidad y vigilancia, los matices m\u00e1s sutiles y los contextos m\u00e1s elusivos, mediante comparaciones o precedentes, en un conjunto contradictorio de documentos escritos, con el fin de llegar a la interpretaci\u00f3n final m\u00e1s plausible del significado o del acontecimiento. Al mismo tiempo, como todo el mundo sabe, la presentaci\u00f3n de un abogado no siempre es la m\u00e1s f\u00e1cil para un profano. Los or\u00edgenes de la guerra del Peloponeso reh\u00faye los atractivos de cualquier narrativa. Sus cap\u00edtulos est\u00e1n rigurosamente organizados por problem\u00e1ticas, pr\u00e1cticamente inconexos entre s\u00ed, con un m\u00ednimo de v\u00ednculos. La discusi\u00f3n de las <i>res gestae<\/i> se entrelaza constantemente con la cr\u00edtica de los relatos sobre ellas, de una manera m\u00e1s habitual en un art\u00edculo especializado que en un libro: se citan y se examinan en detalle otras autoridades, a lo largo de muchas p\u00e1ginas, dentro del propio cuerpo del texto. El t\u00edtulo guarda una relaci\u00f3n un tanto caprichosa con el contenido del libro, que incluye reflexiones sobre el fin de la Guerra del Peloponeso e incluso la ca\u00edda de Esparta o Atenas un siglo m\u00e1s tarde. Adem\u00e1s, en lo que debe ser una especie de r\u00e9cord para un historiador reciente, la indiferencia hacia las expectativas convencionales de la narraci\u00f3n, o incluso de la exposici\u00f3n de argumentos, genera nada menos que cuarenta y siete ap\u00e9ndices, que abarcan m\u00e1s de cien p\u00e1ginas, despu\u00e9s de la conclusi\u00f3n de la narraci\u00f3n principal, un formidable precipicio que cualquier lector, quiz\u00e1s incluso el clasicista contempor\u00e1neo, tendr\u00e1 que escalar. Por \u00faltimo, una cr\u00edtica m\u00e1s sustantiva del libro podr\u00eda ser que se cuela un elemento de defensa involuntaria en la asignaci\u00f3n de responsabilidades de Ste. Croix al atribuir las responsabilidades de la Guerra del Peloponeso: la pol\u00edtica espartana, en cualquier caso, recibe una serie de juicios y ep\u00edtetos \u2014\u00abego\u00edsta\u00bb, \u00abc\u00ednica\u00bb, \u00abexpansionista\u00bb, \u00abagresiva\u00bb, \u00abrepresiva\u00bb\u2014 de los que la ateniense queda generalmente exenta, incluso a veces directamente exculpada. Aqu\u00ed, las simpat\u00edas del historiador est\u00e1n en desacuerdo con los axiomas pol\u00edticos que extrae de Tuc\u00eddides, cuya lecci\u00f3n central era que la l\u00f3gica de la contienda entre todos los Estados del mundo antiguo era tan implacable que sus pol\u00edticas exteriores no pod\u00edan ser, por naturaleza, m\u00e1s que despiadadas y rapaces. Con m\u00e1s razones para repartir culpas pol\u00edticas, por una cat\u00e1strofe de la que \u00e9l mismo fue v\u00edctima, Tuc\u00eddides se mostr\u00f3 menos propenso a hacerlo.<\/p>\n<p><i> <a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/ste-croix.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18184 alignright\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/ste-croix.jpg\" alt=\"\" width=\"199\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/ste-croix.jpg 397w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/ste-croix-199x300.jpg 199w\" sizes=\"auto, (max-width: 199px) 100vw, 199px\" \/><\/a>La lucha de clases en el mundo griego antiguo<\/i> es una obra muy diferente. Construida a escala monumental, repasa 1400 a\u00f1os de historia \u2014desde la \u00abGrecia arcaica hasta las conquistas \u00e1rabes\u00bb\u2014 a lo largo de 700 p\u00e1ginas; y qu\u00e9 p\u00e1ginas. Con una prosa de estimulante agudeza y claridad, Ste. Croix aborda la enorme tarea de desentra\u00f1ar las sucesivas estructuras de clase que abarcaron la evoluci\u00f3n del mundo antiguo. Para ello, el libro recurre a una fabulosa variedad de fuentes. En cierto modo, los historiadores cl\u00e1sicos siempre han tenido que ser m\u00e1s polifac\u00e9ticos que la mayor\u00eda de sus colegas, ya que el conjunto de pruebas que ha sobrevivido del mundo antiguo puede considerarse, en la mayor\u00eda de los aspectos \u2014pr\u00e1cticamente todos, salvo los restos arqueol\u00f3gicos\u2014, como un inventario cerrado. Precisamente porque esa cantidad es tan limitada para muchos fines, tiende a imponer una destreza cualitativa excepcional a quienes la investigan: es decir, la capacidad de moverse \u2014y arbitrar\u2014 entre diferentes tipos de pruebas que, en per\u00edodos posteriores de la historia, rara vez se reunir\u00edan en el \u00e1mbito de un solo programa de investigaci\u00f3n. En <i>The Class Struggle in the Ancient Greek World<\/i>, estas habilidades peculiares se practican con maestr\u00eda. Ste. Croix moviliza sus pruebas a partir de poemas l\u00edricos, inscripciones municipales, corpus jur\u00eddicos, constituciones imperiales, pol\u00e9micas patr\u00edsticas, anales narrativos, discursos filos\u00f3ficos, an\u00e9cdotas m\u00e9dicas, textos b\u00edblicos, correspondencia senatorial, l\u00e1pidas populares, papiros administrativos y lemas numism\u00e1ticos, no de forma indiscriminada, sino de manera incisiva y cr\u00edtica en cada caso. Persisten algunas de las peculiaridades de sus escritos anteriores. El t\u00edtulo del libro vuelve a ser enga\u00f1oso, m\u00e1s a\u00fan cuando Ste. Croix no se limita en modo alguno al mundo \u00abgriego\u00bb: su tratamiento de la historia romana es, de hecho, considerablemente m\u00e1s extenso y completo. Su estructura es menos abrupta que la de su predecesor, ya que parte de secciones te\u00f3ricas y sociol\u00f3gicas generales (parte I) para pasar a relatos hist\u00f3ricos secuenciales (parte II). Pero el espacio est\u00e1 distribuido de forma muy desigual dentro de esta \u00faltima, que contiene interpolaciones de material ajeno, en las que el autor ha incorporado eficazmente al texto la esencia de art\u00edculos escritos anteriormente. Esta rebeld\u00eda da lugar a menudo a algunos de los pasajes m\u00e1s agradables del libro, como la espl\u00e9ndida digresi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n de Jes\u00fas con el mundo de la polis grecorromana o sobre las actitudes jud\u00edas y cristianas hacia las mujeres; pero tambi\u00e9n introduce un cierto elemento arbitrario en la composici\u00f3n de la obra en su conjunto, curiosamente inseparable de su grandeza.<\/p>\n<p>Si estos aspectos de <i>La lucha de clases en el mundo griego antiguo<\/i> recuerdan a <i>Los or\u00edgenes de la guerra del Peloponeso<\/i>, la diferencia decisiva radica en el alcance te\u00f3rico y la ambici\u00f3n de la nueva obra. Tambi\u00e9n aqu\u00ed es dif\u00edcil no ver la influencia de la formaci\u00f3n jur\u00eddica de Ste. Croix. Es un lugar com\u00fan que, cuando los historiadores se disponen a escribir sobre la historiograf\u00eda y sus procedimientos t\u00edpicamente provisionales de investigaci\u00f3n, verificaci\u00f3n y juicio, recurren con frecuencia a analog\u00edas con el derecho, en contraposici\u00f3n a la ciencia. Dos de los ejemplos m\u00e1s recientes y famosos son la extensa met\u00e1fora de Edward Thompson, que vincula los tribunales hist\u00f3ricos y los judiciales en La <i>pobreza de la teor\u00eda<\/i>, y la comparaci\u00f3n anterior y m\u00e1s exhaustiva de Oscar Handlin entre ambas disciplinas, que en cierto modo se hace eco de la primera. Sin embargo, a pesar de ello, al menos en el siglo actual, ha sido bastante raro que un historiador importante tenga experiencia real en el \u00e1mbito jur\u00eddico: incluso la mayor\u00eda de los historiadores del derecho no suelen ser profesionales. Esto puede explicar el hecho de que la interpretaci\u00f3n convencional de d\u00f3nde residen las virtudes jur\u00eddicas haya tendido a ser tan parcial. Las analog\u00edas tradicionales enfatizan esencialmente las dimensiones emp\u00edricas de la pr\u00e1ctica jur\u00eddica o judicial: el examen caso por caso de las pruebas, con los protocolos de prueba correspondientes. Pero, por supuesto, el derecho tambi\u00e9n implica \u2014e incluso consiste principalmente en\u2014 conceptos. En otras palabras, la jurisprudencia real exige la m\u00e1xima capacidad de an\u00e1lisis rigurosamente abstracto de categor\u00edas formalizadas: su distinci\u00f3n, interrelaci\u00f3n y modificaci\u00f3n. En este sentido, como disciplina, se acerca mucho m\u00e1s a la sociolog\u00eda cl\u00e1sica que a la mayor\u00eda de las variedades de historia descriptiva o narrativa, tal y como se practican habitualmente. No es casualidad, pues, que Ste. Croix muestre una apreciaci\u00f3n tan elocuente de las exigencias duales de cualquier materialismo hist\u00f3rico genuino, es decir, la necesidad de que el historiador marxista \u00abconcilie una atenci\u00f3n plena y escrupulosa a todas las formas de evidencia sobre el tema elegido y el estudio de la literatura moderna relacionada con \u00e9l, con una comprensi\u00f3n de la metodolog\u00eda hist\u00f3rica general y la teor\u00eda sociol\u00f3gica suficiente para poder aprovechar al m\u00e1ximo lo que aprende\u00bb. Ya se ha se\u00f1alado el dominio de Ste. Croix sobre las pruebas. Su complemento es su dominio de los conceptos, su uso declarado y deliberado de categor\u00edas de an\u00e1lisis social que no solo son precisas, en el sentido de que puedo definirlas, sino tambi\u00e9n generales, en el sentido de que pueden aplicarse al an\u00e1lisis de otras sociedades. Una gran parte de <i>La lucha de clases en el mundo griego antiguo<\/i> est\u00e1 dedicada a la labor de clarificaci\u00f3n sistem\u00e1tica y fundamentaci\u00f3n de las categor\u00edas sociales marxistas, una labor realizada sin ning\u00fan esp\u00edritu de penitencia preliminar, sino con la energ\u00eda de un temperamento te\u00f3rico natural.<\/p>\n<p>El objetivo central de la obra de Ste. Croix es mostrar las estructuras materiales de opresi\u00f3n y explotaci\u00f3n que sentaron las bases hist\u00f3ricas de las sucesivas formas de Estado y sociedad en la Antig\u00fcedad. Una reproducci\u00f3n a todo color de Los comedores de patatas de Van Gogh, para Ste. Croix \u00abla representaci\u00f3n m\u00e1s profunda y conmovedora del arte\u00bb de los productores primarios de la tierra, sirve de frontispicio al libro. \u00abEstos son los trabajadores sin voz, la gran mayor\u00eda \u2014no lo olvidemos\u2014 de la poblaci\u00f3n del mundo griego y romano, sobre la que se construy\u00f3 una gran civilizaci\u00f3n que los despreciaba y hac\u00eda todo lo posible por olvidarlos\u00bb. Para establecer las identidades exactas y diversas de estos trabajadores, Ste. Croix comienza con una discusi\u00f3n general sobre la clase, de gran trascendencia tanto para la teor\u00eda como para la historia. En contra de la corriente dominante de la mayor\u00eda de los escritos hist\u00f3ricos marxistas de los a\u00f1os sesenta y setenta, insiste en que la clase no debe definirse principalmente como un \u00abacontecimiento\u00bb subjetivo, cuyos criterios esenciales son, por lo tanto, la conciencia cultural o la autonom\u00eda pol\u00edtica, es decir, la autoconciencia o la autoconstrucci\u00f3n. Ste. Croix rechaza con respeto pero con firmeza las diferentes versiones de esta posici\u00f3n que encuentra en la obra de otros historiadores marxistas. Las clases, sostiene, son principalmente formaciones objetivas, definidas por relaciones sociales de explotaci\u00f3n que aseguran la extracci\u00f3n del excedente de trabajo de los productores inmediatos. Esa explotaci\u00f3n puede generar o no un sentido de unidad colectiva e inter\u00e9s en los explotados, cuyos resultados dependen de las posibilidades determinadas de acci\u00f3n com\u00fan que se les ofrecen. En otras palabras, la conciencia de la identidad de clase var\u00eda enormemente entre las clases dominadas, mientras que las clases dominantes siempre la poseer\u00e1n en gran medida. Sin embargo, lo que no variar\u00e1 de la misma manera es el hecho de la resistencia a la explotaci\u00f3n: para Ste. Croix, este es el otro polo, igualmente objetivo, de la relaci\u00f3n que constituye la clase social como tal. Sin embargo, esa resistencia no tiene por qu\u00e9 ser consciente ni colectiva, ni siquiera visible en los vestigios del pasado que han sobrevivido a los filtros del prejuicio y el privilegio. La lucha de clases es inherente a la propia relaci\u00f3n de clases, como las pr\u00e1cticas de explotaci\u00f3n o la resistencia a ellas. Por lo tanto, existe incluso cuando \u00abpuede que no haya una conciencia com\u00fan expl\u00edcita de clase en ninguno de los bandos, ni una lucha espec\u00edficamente pol\u00edtica, y tal vez incluso poca conciencia de lucha de ning\u00fan tipo\u00bb. Ste. Croix es plenamente consciente de las implicaciones te\u00f3ricas y pol\u00edticas de esta posici\u00f3n. \u00abAdoptar la concepci\u00f3n muy com\u00fan de la lucha de clases que se niega a considerarla como tal a menos que incluya la conciencia de clase y el conflicto pol\u00edtico activo (como hacen algunos marxistas) es diluirla hasta el punto de que pr\u00e1cticamente desaparece en muchas situaciones. Entonces es posible negar por completo la existencia misma de la lucha de clases hoy en d\u00eda en los Estados Unidos de Am\u00e9rica o entre los empleadores y los trabajadores inmigrantes en el norte de Europa, y entre los amos y los esclavos en la antig\u00fcedad, simplemente porque en cada caso la clase explotada en cuesti\u00f3n no tiene o no ten\u00eda ninguna \u00abconciencia de clase\u00bb ni emprende ninguna acci\u00f3n pol\u00edtica en com\u00fan, salvo en muy raras ocasiones y en un grado muy limitado. Pero esto, dir\u00eda yo, no solo convierte en un sinsentido <i>El Manifiesto Comunista<\/i>, sino tambi\u00e9n la mayor parte de la obra de Marx.<\/p>\n<p>Tras definir la clase en general, Ste. Croix pasa a discutir el problema de la esclavitud en el mundo antiguo y su posici\u00f3n dentro de las econom\u00edas griega y romana. Es bien conocida la controversia que ha rodeado esta cuesti\u00f3n en los \u00faltimos a\u00f1os. A grandes rasgos, las opiniones se han dividido en dos bandos: los que sostienen que la esclavitud era constitutiva de la naturaleza de la civilizaci\u00f3n antigua y se\u00f1alan la escala estructural de la propiedad de esclavos en sus per\u00edodos de apogeo, y los que niegan que la esclavitud fuera fundamental, bas\u00e1ndose en que los peque\u00f1os productores independientes o dependientes eran en general m\u00e1s numerosos que los esclavos. Entre estos \u00faltimos, algunos limitan su afirmaci\u00f3n a la Grecia cl\u00e1sica, o incluso solo a Atenas, en contraposici\u00f3n al orden romano que finalmente la sucedi\u00f3. Con frecuencia, aunque no siempre, los defensores de la segunda posici\u00f3n han tendido a reducir la condici\u00f3n de esclavo a un fen\u00f3meno esencialmente cultural o jur\u00eddico, al margen de las divisiones econ\u00f3micas, m\u00e1s cercano al \u00abestatus\u00bb weberiano que a la clase marxista. Ste. Croix resuelve estas discusiones con una aclaraci\u00f3n decisiva de sus t\u00e9rminos. Sostiene que la mayor parte del trabajo realizado en la Antig\u00fcedad puede haber sido casi siempre obra de productores no esclavos, ya fueran peque\u00f1os propietarios, artesanos o arrendatarios dependientes. Pero el trabajo excedente que proporcionaba los ingresos y la riqueza de las clases dominantes era esencialmente extorsionado a los esclavos, hasta la llegada de la servidumbre generalizada en el Imperio romano tard\u00edo. Ste. Croix nos recuerda que fue esta \u00faltima categor\u00eda la que Marx teoriz\u00f3 expresamente como base para su periodizaci\u00f3n de los modos de producci\u00f3n en la historia, en El capital y en otros lugares: \u00abLo que creo que se ha pasado por alto a menudo es que lo que Marx destaca como la caracter\u00edstica realmente distintiva de cada sociedad no es la forma en que se realiza la mayor parte del trabajo de producci\u00f3n, sino c\u00f3mo se garantiza la extracci\u00f3n del excedente del productor inmediato.<\/p>\n<p>Al reunir las pruebas desiguales pero incuestionables de la presencia del trabajo esclavo en las fincas agr\u00edcolas, no solo en la Rep\u00fablica romana o el Principado, sino tambi\u00e9n en la \u00c1tica cl\u00e1sica, Ste. Croix se\u00f1ala que, si esto se considera insuficiente, hay muchas menos pruebas de cualquier otra forma de explotaci\u00f3n agraria por parte de los ricos en esas \u00e9pocas. \u00abEntonces, \u00bfc\u00f3mo\u00bb, se pregunta, \u00absi no era mediante el trabajo esclavo, se realizaba el trabajo agr\u00edcola para la clase propietaria? \u00bfDe qu\u00e9 otra manera obten\u00eda esa clase su excedente?\u00bb. No solo no hay indicios emp\u00edricos de que el trabajo asalariado o el arrendamiento, las \u00fanicas alternativas, estuvieran m\u00e1s extendidos: tambi\u00e9n demuestra que, l\u00f3gicamente, ninguno de los dos podr\u00eda haber producido tasas de explotaci\u00f3n comparables al uso de la esclavitud en las condiciones de la \u00e9poca. La conclusi\u00f3n, por tanto, es irresistible. Restableciendo la visi\u00f3n marxista cl\u00e1sica del papel de la esclavitud en la Antig\u00fcedad, pero ahora sobre la base de los estudios modernos m\u00e1s exhaustivos, Ste. Croix resume: \u00abLa esclavitud aument\u00f3 el excedente en manos de la clase propietaria hasta un punto que no podr\u00eda haberse alcanzado de otro modo y fue, por lo tanto, una condici\u00f3n previa esencial para los magn\u00edficos logros de la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica. Esto es v\u00e1lido, aclara, para la propia democracia ateniense, a la que escritores bienintencionados han tratado en ocasiones de absolver de la mancha de la esclavitud. Sin ceder en su admiraci\u00f3n por esa democracia, de la que ofrece un relato memorable, Ste. Croix insiste sin embargo en que se trataba de una dictadura de la minor\u00eda de la poblaci\u00f3n, aunque no de una minor\u00eda peque\u00f1a; que el hecho de que fuera una democracia y de que los ciudadanos m\u00e1s pobres estuvieran en cierta medida protegidos contra los poderosos, obligaba a sacar el m\u00e1ximo partido de las clases inferiores a los ciudadanos; y que, por lo tanto, no debe sorprendernos encontrar un desarrollo m\u00e1s intenso de la esclavitud en Atenas que en la mayor\u00eda de los dem\u00e1s lugares del mundo griego: si no se pod\u00eda explotar plenamente a los ciudadanos m\u00e1s humildes y no era conveniente ejercer demasiada presi\u00f3n sobre los metecos, era necesario recurrir en grado excepcional a la explotaci\u00f3n del trabajo de los esclavos. Por lo tanto, no fue casualidad que fueran los propietarios de esclavos \u2014\u00abhombres liberados del trabajo\u00bb\u2014 quienes \u00abprodujeron pr\u00e1cticamente todo el arte, la literatura, la ciencia y la filosof\u00eda griegos, y proporcionaron una buena parte de los ej\u00e9rcitos que obtuvieron notables victorias por tierra sobre los invasores persas en Marat\u00f3n en 490 y en Platea en 479 a. C. En un sentido muy real, la mayor\u00eda de ellos eran par\u00e1sitos de otros hombres, sobre todo de sus esclavos: la mayor\u00eda no eran partidarios de la democracia que invent\u00f3 la antigua Grecia y que fue su gran contribuci\u00f3n al progreso pol\u00edtico, aunque s\u00ed proporcionaron casi todos sus l\u00edderes, lo que conocemos como civilizaci\u00f3n griega se expres\u00f3 sobre todo en ellos y a trav\u00e9s de ellos.<\/p>\n<p>Si bien la centralidad de la esclavitud est\u00e1 ampliamente documentada, uno de los grandes puntos fuertes de <i>La lucha de clases en el mundo griego antiguo<\/i> es que Ste. Croix presta toda la atenci\u00f3n necesaria a las diversas formas de explotaci\u00f3n caracter\u00edsticas de la Antig\u00fcedad y a los diferentes tipos de peque\u00f1os productores que estaban tan densamente representados en ella. Los an\u00e1lisis detallados de los peque\u00f1os propietarios independientes, los artesanos libres, los <i>laoi<\/i> rurales y, m\u00e1s tarde, los <i>coloni<\/i>, ofrecen un amplio panorama de estas clases subordinadas diferenciadas. \u00abQuiz\u00e1s destacan dos aspectos del tratamiento que Ste. Croix hace de ellos. El primero es su afirmaci\u00f3n de que los <i>laoi<\/i> o <i>coloni<\/i> \u2014es decir, los cultivadores dependientes vinculados a la tierra\u2014 pueden describirse sin reservas como \u00absiervos\u00bb, un t\u00e9rmino que a menudo se les niega debido a sus connotaciones medievales. El segundo es su afirmaci\u00f3n de que las mujeres en la Antig\u00fcedad deben considerarse una clase aparte, porque su posici\u00f3n especial en \u00abla m\u00e1s antigua y fundamental de todas las divisiones del trabajo\u00bb, al monopolizar la funci\u00f3n reproductiva (en su sentido m\u00e1s amplio), las convert\u00eda en un grupo explotado, con derechos de propiedad y otros derechos legales inferiores, dependiente de los hombres.<\/p>\n<p>Por muy importantes que fueran num\u00e9rica y humanamente estos otros estratos oprimidos \u2014preponderantes incluso, en t\u00e9rminos censales, en la mayor\u00eda de los casos\u2014, para Ste. Croix no constituyen el hilo conductor de la historia antigua. Este se encuentra en las estructuras explotadoras del propio trabajo esclavo. Porque forma parte del tema principal de <i>La lucha de clases en el mundo griego antiguo<\/i> que la esclavitud no solo proporcion\u00f3 el excedente de trabajo en el que se basaba la fortuna de las clases propietarias en los per\u00edodos de apogeo de la civilizaci\u00f3n griega y romana, sino que tambi\u00e9n explica la evoluci\u00f3n a largo plazo del mundo antiguo. Contrastando la teor\u00eda marxista, que relaciona din\u00e1micamente a las clases sociales entre s\u00ed en conflictos antag\u00f3nicos que generan cambios hist\u00f3ricos, con la teor\u00eda weberiana, en la que los grupos de estatus se yuxtaponen de forma inerte en una jerarqu\u00eda sin tendencia ni impulso interno, Ste. Croix sostiene que una prueba de la primera es precisamente su capacidad para explicar, y no solo describir, el declive y la ca\u00edda de la civilizaci\u00f3n imperial romana. Gran parte de la segunda mitad de su libro est\u00e1 dedicada a esa explicaci\u00f3n. Comienza sugiriendo, como hemos visto, que la esclavitud era generalmente la forma m\u00e1s eficiente de extracci\u00f3n del excedente de trabajo en la Antig\u00fcedad, ya que maximizaba la tasa de explotaci\u00f3n de las clases propietarias y, por lo tanto, siempre era preferida por estas cuando las circunstancias lo permit\u00edan. A continuaci\u00f3n, se\u00f1ala, como muchos otros estudiosos antes que \u00e9l, quiz\u00e1s especialmente Weber, que una vez que las fronteras del Imperio romano se estabilizaron tras Trajano, el suministro de esclavos capturados en la guerra disminuy\u00f3, con el resultado de que la cr\u00eda de esclavos se generaliz\u00f3, ya que los terratenientes se esforzaban por mantener la mano de obra en sus fincas. En este punto, Ste. Croix introduce el eslab\u00f3n crucial \u2014en su opini\u00f3n, hasta entonces faltante\u2014 en la cadena causal que condujo al posterior colonato y, posteriormente, al colapso del propio orden imperial.<\/p>\n<p>Para promover una reproducci\u00f3n m\u00e1s regular, argumenta, los propietarios de esclavos debieron necesariamente dar m\u00e1s libertad a las esclavas para tener y criar hijos, en lugar de trabajar en el campo, y mantener m\u00e1s esclavas tout court, adem\u00e1s de permitir una mayor cohabitaci\u00f3n estable entre los sexos. Estos cambios con respecto al <i>ergastulum<\/i> desequilibrado de la \u00e9poca republicana solo pod\u00edan haber reducido la tasa de explotaci\u00f3n de la mano de obra esclava en su conjunto. \u00abLa cr\u00eda de esclavos dentro de la econom\u00eda, en lugar de traerlos principalmente del exterior, ya fuera a bajo precio o incluso (como consecuencia de la esclavitud de los prisioneros de guerra) pr\u00e1cticamente gratis, impone necesariamente una mayor carga a la econom\u00eda en su conjunto, especialmente en una sociedad como la antigua Grecia (y Roma), con una alta tasa de mortalidad infantil y materna\u00bb. La reacci\u00f3n l\u00f3gica de las clases propietarias fue entonces intentar compensar la disminuci\u00f3n de la rentabilidad del trabajo esclavo ampliando sus mecanismos de extorsi\u00f3n al trabajo hasta entonces libre y rebaj\u00e1ndolo a un nivel semiesclavo: \u00abLa consecuencia inevitable es que la clase propietaria no puede mantener la misma tasa de beneficio con el trabajo esclavo y, para evitar que su nivel de vida baje, es probable que se vea obligada a aumentar la tasa de explotaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n libre m\u00e1s humilde, como creo que hizo gradualmente la clase dominante romana.<\/p>\n<p>El resultado fue una serie de cambios sociales y jur\u00eddicos que se iniciaron a partir del siglo II y degradaron progresivamente la posici\u00f3n de las clases bajas del Imperio, lo que se denomin\u00f3 <i>humiliores <\/i>en la terminolog\u00eda jur\u00eddica que surgi\u00f3 durante la \u00e9poca de Antonino, hasta que finalmente, en el siglo IV, surgi\u00f3 en el campo una clase uniforme de <i>coloni,<\/i> que inclu\u00eda tanto a antiguos esclavos como a peque\u00f1os propietarios: una poblaci\u00f3n de siervos vinculados, que pagaban rentas a sus terratenientes e impuestos al Estado. La tasa media de explotaci\u00f3n en el nuevo sistema debi\u00f3 de disminuir, pero su volumen, al extraerse el excedente de mano de obra a una escala mucho mayor en el campo, aument\u00f3 sin duda, como atestiguan el creciente tama\u00f1o de las fortunas senatoriales, por no hablar de las indicciones imperiales o las prebendas clericales. El resultado fue una polarizaci\u00f3n social de la sociedad romana tard\u00eda tan extrema que empuj\u00f3 hacia abajo incluso a la mayor parte de la clase curial de la peque\u00f1a nobleza provincial, debilitando fatalmente su capacidad para mantener fuerzas militares vigorosas del tipo republicano (ej\u00e9rcitos reclutados entre peque\u00f1os propietarios independientes) o para generar lealtad y resistencia civil frente a los enemigos externos. Las invasiones b\u00e1rbaras pudieron entonces acabar con un orden social desintegrado desde dentro, por su propia l\u00f3gica interna.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Tales son los temas generales de <i>The Class Struggle in the Ancient Greek World.<\/i> El espacio impide dar cuenta adecuadamente de la riqueza de detalles y digresiones con que se desarrollan. Tampoco puede un lector profano aspirar a m\u00e1s que sugerir algunas posibles preguntas o matizaciones, a partir del complejo edificio del propio argumento de Ste. Croix. Estas no afectan a la afirmaci\u00f3n te\u00f3rica central del libro. La redefinici\u00f3n de clase de Ste. Croix y la redefinici\u00f3n del lugar de la esclavitud en las sociedades de clases de la Antig\u00fcedad tienen una fuerza convincente. Es dif\u00edcil imaginar que el debate sobre cualquiera de estos temas pueda volver a ser exactamente el mismo. El punto de partida para una exploraci\u00f3n m\u00e1s profunda se encuentra en algunas de las propuestas m\u00e1s estrictamente hist\u00f3ricas de su marco conceptual. Aqu\u00ed destacan tres \u00e1reas, relacionadas respectivamente con las fronteras de clase, el papel de la lucha de clases y la din\u00e1mica del modo de producci\u00f3n en el que dicha lucha pudo haber tenido lugar.<\/p>\n<p>La primera plantea una cuesti\u00f3n que, en realidad, es marginal en el libro de Ste. Croix en su conjunto, pero que no por ello deja de ser interesante. Dada su definici\u00f3n de clase social, \u00bfpueden las mujeres de la Antig\u00fcedad haber constituido una? Ste. Croix defiende su postura con dos argumentos. En primer lugar, asimila la \u00abreproducci\u00f3n\u00bb a la \u00abproducci\u00f3n\u00bb, como una simple forma de esta \u00faltima. En segundo lugar, destaca la posici\u00f3n jur\u00eddica inferior de las mujeres, como reproductoras, en la Antig\u00fcedad, especialmente sus menores derechos de propiedad, s\u00edmbolo de su explotaci\u00f3n por parte de los hombres. \u00abLas esposas griegas, he argumentado, y por lo tanto potencialmente todas las mujeres griegas, deben ser consideradas como una clase econ\u00f3mica distinta, en el sentido t\u00e9cnico marxista, ya que su papel productivo \u2014el mero hecho de ser la mitad de la raza humana que soportaba la mayor parte de la carga de la reproducci\u00f3n\u2014 las llev\u00f3 directamente a estar sometidas a los hombres, pol\u00edtica, econ\u00f3mica y socialmente\u00bb. Ste. Croix se\u00f1ala a este respecto, de forma bastante plausible, que los individuos pueden pertenecer en principio a varias clases, si combinan en su persona varios roles sociales, pero que uno de estos roles normalmente predominar\u00e1 y, por lo tanto, definir\u00e1 en la mayor\u00eda de los casos la identidad de clase de esa persona. Por lo tanto, las parejas y las hijas de los esclavos o peque\u00f1os propietarios podr\u00edan ser principalmente esclavas o peque\u00f1as propietarias, dada la indigencia com\u00fan de ambos sexos en estos grupos, mientras que las esposas o las hijas de los propietarios de esclavos ser\u00edan principalmente mujeres por su posici\u00f3n de clase, dada la gran disparidad de derechos entre ellas y sus maridos o padres. \u00abEn la Atenas cl\u00e1sica, considerar\u00eda que la posici\u00f3n de clase de una mujer ciudadana perteneciente a la clase m\u00e1s alta estaba determinada en gran medida por su sexo, por el hecho de pertenecer a la clase de las mujeres, ya que su padre, sus hermanos, su marido y sus hijos ser\u00edan todos propietarios, mientras que ella carecer\u00eda pr\u00e1cticamente de derechos de propiedad, por lo que su posici\u00f3n de clase ser\u00eda muy inferior a la de ellos. Sin embargo, la humilde campesina no se encontrar\u00eda en la pr\u00e1ctica en una posici\u00f3n tan inferior a la de los hombres de su familia, que tendr\u00edan muy pocas propiedades; y, en parte debido al hecho de que participar\u00eda en cierta medida en sus actividades agr\u00edcolas y trabajar\u00eda junto a ellos (en la medida en que le lo permitieran la maternidad y la crianza de los hijos), su pertenencia a la clase de los campesinos pobres podr\u00eda ser un determinante mucho m\u00e1s importante de su posici\u00f3n de clase que su sexo.<\/p>\n<p>Es posible dudar de la solidez de estos dos argumentos. La reproducci\u00f3n, por muy fundamental que sea como funci\u00f3n humana en la generaci\u00f3n de la vida, no es claramente una producci\u00f3n en el sentido convencional del t\u00e9rmino. No proporciona las necesidades vitales, y menos a\u00fan produce un excedente sobre ellas; tampoco es susceptible de ser medida con ning\u00fan criterio de \u00abproductividad\u00bb, que para Marx era un criterio fundamental para distinguir un tipo de econom\u00eda hist\u00f3rica de otro. Adem\u00e1s, hay algo parad\u00f3jico en argumentar que las \u00fanicas mujeres que formaban una clase explotada verdaderamente separada eran las que proced\u00edan de entornos privilegiados. Estas eran precisamente las mujeres que dispon\u00edan de sirvientas dom\u00e9sticas, generalmente esclavas, por no hablar de las dem\u00e1s comodidades materiales de los hogares ricos. \u00bfQu\u00e9 excedente de trabajo se les extra\u00eda, seg\u00fan los propios criterios de Ste. Croix? La discriminaci\u00f3n social y cultural que sufr\u00edan en Grecia era, por supuesto, real y bastante grave. Pero hablar de su \u00abexplotaci\u00f3n econ\u00f3mica\u00bb parece capciosa. Cabe a\u00f1adir que las mujeres romanas de clase alta \u2014aqu\u00ed, inusualmente, excluidas del debate por Ste. Croix\u2014 pose\u00edan, de hecho, amplios derechos legales y de propiedad, y disfrutaban de una igualdad formal con los hombres que ha llamado la atenci\u00f3n de muchas observadoras feministas, desde Simone de Beauvoir en adelante. El an\u00e1lisis de Ste. Croix sobre estas cuestiones es m\u00e1s tentativo que el de sus temas principales, y espera con raz\u00f3n que se realicen m\u00e1s investigaciones que puedan aclararlas.<\/p>\n<p>Un segundo \u00e1mbito en el que algunos lectores podr\u00edan encontrar un poco desconcertante la elecci\u00f3n de Ste. Croix se refiere a la \u00ablucha de clases en la Antig\u00fcedad\u00bb. A pesar de su relevancia en el t\u00edtulo del libro y de su protagonismo en la primera parte, podr\u00eda argumentarse que las manifestaciones reales de la lucha de clases en la segunda parte, que examina el desarrollo hist\u00f3rico de la civilizaci\u00f3n griega y romana, se registran de forma bastante fragmentaria, a veces incluso minimizadas. La laguna m\u00e1s evidente en este sentido es la ausencia de cualquier referencia a las grandes rebeliones de esclavos de la Rep\u00fablica romana. Espartaco solo merece tres menciones de pasada; Eunus, l\u00edder de la revuelta siciliana que precedi\u00f3 a la era de la agitaci\u00f3n gracchiana, no recibe ninguna. Se podr\u00eda argumentar que estos acontecimientos quedan fuera del \u00e1mbito de Ste. Croix, ya que pertenecen a la historia romana anterior a la incorporaci\u00f3n definitiva del Oriente griego. Pero, de hecho, Ste. Croix dedica un cap\u00edtulo fascinante a las luchas de clases dentro del cuerpo ciudadano de la Roma republicana, desde el conflicto entre \u00abpatricios\u00bb y \u00abplebeyos\u00bb hasta los tumultos populares contra la oligarqu\u00eda tard\u00eda en la \u00e9poca de Cicer\u00f3n y Clodio. Dada su propia insistencia en la centralidad de la esclavitud como relaci\u00f3n de clase, el patr\u00f3n de atenci\u00f3n aqu\u00ed parece inconsistente. En este sentido, tambi\u00e9n se podr\u00eda objetar que el an\u00e1lisis de la lucha de clases espec\u00edficamente griega \u2014prometido en el t\u00edtulo\u2014 es, en comparaci\u00f3n, excesivamente conciso. Ciertamente, dos de sus episodios m\u00e1s destacados reciben escaso espacio: la exitosa revuelta de los ilotas mesenios contra Esparta, junto con la penetraci\u00f3n tebana en el Peloponeso, y el extraordinario intento de regeneraci\u00f3n social mediante un amplio programa de reformas que inclu\u00eda la emancipaci\u00f3n de los ilotas laconios, del rey espartano Nabis en el siglo II a. C., una empresa que desat\u00f3 una feroz lucha de clases dentro del propio cuerpo espartano. Estas ausencias deben ser motivo de especial pesar, ya que ning\u00fan historiador ha demostrado un dominio m\u00e1s apasionante de la sociedad espartana, en toda su complejidad y oscuridad, que el propio Ste. Croix, en las secciones muy sustanciales que le dedica en <i>The Origins of the Peloponnesian War.<\/i><\/p>\n<p>En parte, los aparentes desequilibrios en la concentraci\u00f3n tem\u00e1tica de la segunda parte de <i>La lucha de clases en el mundo griego antiguo <\/i>reflejan sin duda el temperamento heterodoxo del propio autor, tan impaciente con las normas convencionales de composici\u00f3n como con las ideas recibidas de cualquier tipo. Pero tambi\u00e9n indican un problema subyacente en el tratamiento de la curva de la civilizaci\u00f3n antigua que merece una mayor elucidaci\u00f3n. \u00bfProporciona la lucha de clases, tal y como la formula Ste. Croix, la clave directa para comprender la din\u00e1mica de las sucesivas sociedades cl\u00e1sicas? En la primera parte, afirma enf\u00e1ticamente que s\u00ed. Las irregularidades de la segunda parte, al menos en lo que se refiere a los relatos directos de la resistencia de los explotados, podr\u00edan ser un s\u00edntoma de las dificultades de esa afirmaci\u00f3n. Las cruces aqu\u00ed son, obviamente, la \u00abdestrucci\u00f3n de la democracia griega y la decadencia y ca\u00edda del Imperio romano\u00bb, los dos cambios m\u00e1s trascendentales de la historia pol\u00edtica de la Antig\u00fcedad. \u00bfCu\u00e1l es la explicaci\u00f3n de Ste. Croix para lo primero? \u00bfPor qu\u00e9 la sociedad griega cl\u00e1sica qued\u00f3 eclipsada a finales del siglo IV a. C.? Su respuesta general parece ser que exist\u00eda una tendencia inherente de los grupos econ\u00f3micamente m\u00e1s fuertes dentro de las ciudades-estado a aumentar su poder pol\u00edtico a expensas de los ciudadanos m\u00e1s pobres, lo que a la larga ten\u00eda que conducir a la contracci\u00f3n y subversi\u00f3n de las instituciones democr\u00e1ticas: \u00abla situaci\u00f3n econ\u00f3mica b\u00e1sica se impuso a largo plazo, como siempre ocurre: las clases propietarias griegas, con la ayuda primero de sus se\u00f1ores macedonios y m\u00e1s tarde de sus amos romanos, socavaron gradualmente y acabaron destruyendo por completo la democracia griega\u00bb. Seg\u00fan \u00e9l, a partir del siglo IV comenz\u00f3 en Grecia una \u00ablenta regresi\u00f3n\u00bb: \u00abhab\u00eda una pobreza generalizada y grave entre la masa del pueblo, al tiempo que los pocos ricos se enriquec\u00edan a\u00fan m\u00e1s\u00bb (p. 294), y ello en una regi\u00f3n que, de todos modos, nunca hab\u00eda pose\u00eddo grandes recursos naturales. El resultado fue un aumento de la tensi\u00f3n social y de los conflictos internos en muchas de las ciudades-estado. Estos fueron luego explotados por la monarqu\u00eda macedonia, que, dado su propio car\u00e1cter aristocr\u00e1tico, encontr\u00f3 aliados naturales en las clases propietarias locales en su avance hacia Grecia.<\/p>\n<p>\u00bfHasta qu\u00e9 punto es convincente este relato tan resumido? Una de sus principales deficiencias parece ser la falta de una l\u00f3gica temporal suficientemente espec\u00edfica. Ste. Croix sostiene, en sus dos libros, que la democracia griega debe considerarse esencialmente como un mecanismo mediante el cual los ciudadanos m\u00e1s humildes se proteg\u00edan de la amenaza econ\u00f3mica que representaban para ellos los propietarios. Sin embargo, si la defensa fue posible en el siglo V, \u00bfpor qu\u00e9 no lo fue tambi\u00e9n en el IV? De hecho, la democracia ateniense se mostr\u00f3 relativamente estable despu\u00e9s de la guerra del Peloponeso. El principal cambio en su funcionamiento no fue tanto el aumento del poder de los ricos dentro de la ciudad, como la disminuci\u00f3n del poder que tanto ricos como pobres disfrutaban fuera de ella, con la desaparici\u00f3n del Imperio ateniense. Ste. Croix cita la crisis financiera provocada por el cese del tributo imperial y la consiguiente dificultad de Atenas para movilizar fuerzas navales adecuadas. Pero estos factores no se integran en su explicaci\u00f3n principal de la \u00abca\u00edda de Grecia\u00bb. Sin embargo, se podr\u00eda construir una explicaci\u00f3n alternativa del declive de la democracia hel\u00e9nica, no tanto en t\u00e9rminos de polarizaci\u00f3n social interna dentro de la polis, como de las limitaciones externas de la forma de Estado democr\u00e1tico en la Antig\u00fcedad, que, precisamente por su car\u00e1cter radicalmente directo, ejemplificado sobre todo en Atenas, nunca pudo trascender el tama\u00f1o municipal sin contradecirse a s\u00ed misma al dar lugar a un dominio imperial sobre otras ciudades. Sin embargo, solo ese dominio pod\u00eda proporcionarle los recursos territoriales y materiales suficientes para competir militarmente con las monarqu\u00edas centralizadas o las rep\u00fablicas olig\u00e1rquicas. En este sentido, se puede decir que la p\u00e9rdida del imperio conden\u00f3 a Atenas y, con ella, a las ciudades m\u00e1s peque\u00f1as que manten\u00edan constituciones populares a su sombra.<\/p>\n<p>Sin embargo, el agente inmediato de su ca\u00edda fue la monarqu\u00eda macedonia, considerada por Ste. Croix como una fuerza m\u00e1s o menos ex\u00f3gena en todo el proceso. Pero esto subestima el grado de simbiosis entre la Grecia urbana y su periferia tribal: la creciente fuerza y sofisticaci\u00f3n de la pol\u00edtica y la nobleza macedonias bajo Filipo I fue en s\u00ed misma el producto de una aculturaci\u00f3n acumulativa dentro de la \u00f3rbita de la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica propiamente dicha, en la pen\u00ednsula. En este sentido, la Grecia cl\u00e1sica atrajo a su propio destructor. Se podr\u00eda decir que la lucha que estaba directamente en juego aqu\u00ed era entre grupos dominantes: una aristocracia monta\u00f1esa y las ciudadan\u00edas municipales. Si bien la pol\u00edtica macedonia era efectivamente conservadora en lo social y lo pol\u00edtico en Grecia, descartando innovaciones radicales en las ciudades que ca\u00edan bajo su control, es significativo que no mostrara una hostilidad inmediata hacia la democracia ateniense como tal, una vez establecida su soberan\u00eda sobre ella; como reconoce Ste. Croix, ni Filipo II ni Alejandro interfirieron en modo alguno en la constituci\u00f3n ateniense. No fue hasta la guerra de Lamia, una revuelta generalizada de los griegos contra el dominio macedonio tras la muerte de Alejandro, cuando Ant\u00edpater impuso temporalmente un r\u00e9gimen m\u00e1s olig\u00e1rquico en Atenas, aunque incluso entonces era bastante amplio, basado en un censo de hoplitas. Pero, por supuesto, la vitalidad de cualquier pol\u00edtica municipal no pod\u00eda sobrevivir a largo plazo a la abolici\u00f3n de la autonom\u00eda externa, y las instituciones cl\u00e1sicas de la democracia griega se fueron convulsionando y debilitando inevitablemente dentro del nuevo universo helen\u00edstico de se\u00f1ores feudales, hasta que finalmente la conquista romana puso fin a ellas.<\/p>\n<p>Si nos centramos ahora en el declive del propio orden imperial romano, el relato de Ste. Croix no toma como punto de partida la lucha de clases como tal. Es una contradicci\u00f3n sist\u00e9mica, m\u00e1s que una lucha social, la que pone en marcha el proceso secular de disoluci\u00f3n. La disminuci\u00f3n de la oferta de mano de obra esclava, consecuencia de las bajas tasas de reproducci\u00f3n interna, da lugar a intentos compensatorios de cr\u00eda de esclavos que reducen la tasa de explotaci\u00f3n, lo que requiere una depresi\u00f3n complementaria del trabajo libre para mantener los niveles generales de extracci\u00f3n de excedentes. Las principales manifestaciones de la lucha de clases entre los esclavos y sus propietarios \u2014las revueltas de esclavos\u2014 no desempe\u00f1an aqu\u00ed ning\u00fan papel causal. Sin duda, esta es la raz\u00f3n por la que aparecen tan fugazmente en el texto de Ste. Croix: tienen poco o ning\u00fan peso explicativo. Emp\u00edricamente, la solidez del juicio de Ste. Croix en este punto no ofrece lugar a dudas. Los intentos de convertir la resistencia de los esclavos \u2014en una versi\u00f3n reciente, si no en rebeli\u00f3n, entonces en deserci\u00f3n masiva\u2014 en la palanca de la disminuci\u00f3n de la esclavitud en el mundo antiguo son uniformemente poco convincentes. Los mecanismos reales, se\u00f1alados por Ste. Croix, constituyen m\u00e1s bien un ejemplo de ese otro tema fundamental del materialismo hist\u00f3rico: a saber, que los modos de producci\u00f3n cambian cuando las fuerzas y las relaciones de producci\u00f3n entran en contradicci\u00f3n decisiva entre s\u00ed. La maduraci\u00f3n de tal contradicci\u00f3n no implica necesariamente una acci\u00f3n consciente de ninguna clase, ni por parte de los explotadores ni de los explotados, ni una batalla decidida por el futuro de la econom\u00eda y la sociedad; aunque, por otra parte, su desarrollo posterior probablemente desencadene implacables luchas sociales entre fuerzas opuestas. De hecho, esta es precisamente la secuencia que tiende a sugerir la interpretaci\u00f3n de Ste. Croix sobre los \u00faltimos siglos de la Antig\u00fcedad. Es sorprendente lo mucho que se parecen las cuestiones te\u00f3ricas e hist\u00f3ricas aqu\u00ed planteadas a las que plante\u00f3 la disoluci\u00f3n del feudalismo un milenio m\u00e1s tarde. Tambi\u00e9n en ese caso, los autores marxistas \u2014el m\u00e1s ilustre de ellos, Maurice Dobb\u2014 se han inclinado a veces por interpretar la crisis de la econom\u00eda medieval tard\u00eda como el resultado directo de la lucha de clases entre los se\u00f1ores y los campesinos, con las exacciones cada vez mayores de los primeros provocando el colapso de la producci\u00f3n de los segundos. De hecho, los l\u00edmites demogr\u00e1ficos y ecol\u00f3gicos del modo de producci\u00f3n feudal en Europa occidental no pueden ignorarse en un an\u00e1lisis de su l\u00f3gica contradictoria: fue el estancamiento objetivo que impusieron a las sociedades del siglo XIV, al chocar las fuerzas productivas contra barreras insuperables dentro de las relaciones de producci\u00f3n existentes, lo que precipit\u00f3 los desastres econ\u00f3micos de la \u00e9poca, que a su vez desencadenaron los episodios m\u00e1s espectaculares de conflicto abierto por la tierra.<\/p>\n<p>La diferencia fundamental entre los dos procesos, el medieval y el antiguo, era, por supuesto, que uno condujo a la emancipaci\u00f3n general de los productores directos del campo, y el otro a su sometimiento general, es decir, a su salida definitiva de una condici\u00f3n semiserf, frente a su entrada inicial en ella (siempre que se tengan en cuenta todas las discontinuidades y diferencias entre los villanos y los <i>coloni<\/i>). Se\u00f1alar esto es registrar algunos de los problemas sin resolver del lento cambio del sistema laboral en el Imperio romano tard\u00edo. La formidable contundencia de la reconstrucci\u00f3n de Ste. Croix del paso de la esclavitud al colonato como forma predominante de extracci\u00f3n de excedentes \u2014superior a cualquier otra explicaci\u00f3n alternativa disponible\u2014 se basa m\u00e1s en la deducci\u00f3n l\u00f3gica que en cualquier documentaci\u00f3n emp\u00edrica. Dada la ausencia de fuentes, no podr\u00eda ser de otra manera. Pero es inherente a su argumento plantear una serie de preguntas adicionales sobre el proceso que ofrece para explicarlo. La primera de ellas se refiere a la cuesti\u00f3n de la reproducci\u00f3n de los esclavos. La idea central del argumento de Ste. Croix es que la cr\u00eda de esclavos, cada vez m\u00e1s necesaria una vez que cesaron las grandes ganancias de las conquistas, era econ\u00f3micamente menos rentable que la captura de esclavos, de ah\u00ed la presi\u00f3n para complementarla con la depresi\u00f3n de los arrendatarios o peque\u00f1os propietarios, si se quer\u00eda preservar la renta de las clases propietarias. \u00bfPodr\u00eda haber habido tambi\u00e9n un est\u00edmulo cultural para este cambio? Ste. Croix destaca, en su an\u00e1lisis de la esclavitud griega, las ventajas cruciales que supon\u00eda para los propietarios de esclavos disponer de una mano de obra que no solo era \u00e9tnicamente ajena, sino tambi\u00e9n heterog\u00e9nea, diferenciada del resto de la poblaci\u00f3n y privada de fuentes comunes de resistencia. Seg\u00fan \u00e9l, fue la ausencia de estas dos cualidades lo que hizo que los ilotas mesenios fueran mucho m\u00e1s peligrosos que los esclavos attios. La gran mayor\u00eda de los esclavos romanos, a medida que se expand\u00eda el imperio, proced\u00edan, por supuesto, de pueblos no latinos. Tambi\u00e9n en este caso, cuando se produc\u00eda una concentraci\u00f3n excesiva de cautivos de una misma regi\u00f3n, esclavizados e importados a Italia, pod\u00edan estallar insurrecciones en la \u00e9poca republicana: la revuelta liderada por Eunus, por ejemplo, reuni\u00f3 a prisioneros recientes de Siria y Asia Menor en una resistencia com\u00fan en Sicilia. Pero despu\u00e9s de la \u00e9poca de Augusto, la relativa estabilizaci\u00f3n de la mano de obra debi\u00f3 de conducir, en ausencia de cualquier barrera racial, a una asimilaci\u00f3n generalizada, en lengua y costumbres, entre esclavos y pobres libres en amplias zonas del Imperio occidental. Un episodio como los disturbios plebeyos en protesta contra una ejecuci\u00f3n masiva de esclavos dom\u00e9sticos en Roma bajo Ner\u00f3n, citado por Ste. Croix, sugiere tal convergencia cultural. En estas condiciones, cabe preguntarse si una de las limitaciones adicionales de la cr\u00eda de esclavos como remedio para paliar la escasez no era su tendencia a debilitar el control ideol\u00f3gico y coercitivo sobre la propia poblaci\u00f3n esclava, que con el paso del tiempo se har\u00eda cada vez menos distinguible como tal, lo que quiz\u00e1 facilitaba la fuga, si no la manumisi\u00f3n (siempre m\u00e1s frecuente en el mundo latino que en el griego, posiblemente por razones relacionadas con los patrones de clientelismo romanos, seg\u00fan Ste. Croix), al tiempo que hac\u00eda cada vez menos perceptible la diferencia entre la poblaci\u00f3n pobre libre y los esclavos. Aqu\u00ed podr\u00eda residir una de las razones secundarias de los cambios sociales y jur\u00eddicos de la \u00e9poca de Antonino.<\/p>\n<p>Sea como fuere, la consecuencia de estos cambios fue una enorme expansi\u00f3n de la red de explotaci\u00f3n rural. La segunda cuesti\u00f3n que plantea con gran agudeza el relato de Ste. Croix es c\u00f3mo se organizaba esta explotaci\u00f3n. Aqu\u00ed se plantean dos problemas distintos. \u00bfC\u00f3mo se extra\u00eda realmente el excedente de los productores inmediatos? \u00bfC\u00f3mo lo obten\u00edan los explotadores finales? Es necesario hacer hincapi\u00e9 en los adjetivos, porque la oscuridad de cada proceso radica esencialmente en los agentes intermediarios y los mecanismos que lo garantizan. Ste. Croix no aborda directamente el primer problema. Sabemos por las detalladas descripciones de Columella c\u00f3mo se supon\u00eda que funcionaba una villa de esclavos en el siglo I d. C.: mediante una elaborada divisi\u00f3n de la propia mano de obra, que implicaba una jerarqu\u00eda de esclavos supervisores, cualificados, no cualificados y encadenados, que trabajaban en peque\u00f1os equipos, cada uno con sus propios conductores, coordinados por capataces y dirigidos por el alguacil o villicus. La diferenciaci\u00f3n de rangos, la cooperaci\u00f3n en las tareas y la vigilancia del ritmo, respaldadas por azotes y grilletes, constitu\u00edan el modelo prescriptivo de la agricultura esclava, cuyas unidades medias de explotaci\u00f3n no superaban probablemente las 150-200 acres. Sin embargo, esta transparencia desaparece cuando se centra la atenci\u00f3n en la forma en que los propietarios de esclavos comercializaban los productos de sus fincas: como comenta Ste. Croix en un pasaje importante, \u00abtenemos muy pocos datos sobre este tipo de actividad\u00bb. A continuaci\u00f3n, coincide en que los terratenientes vend\u00edan normalmente su producci\u00f3n (ma\u00edz, aceite, vino) en los mercados locales. Pero esto no hace m\u00e1s que aumentar el misterio de la administraci\u00f3n de grandes fortunas en la tierra, ya que estas sol\u00edan implicar una amplia dispersi\u00f3n de fincas que, en la tarde Rep\u00fablica o principios del Principado, por ejemplo, pod\u00edan estar distribuidas a lo largo y ancho de Italia. \u00bfC\u00f3mo se recaudaban y centralizaban eficazmente los ingresos procedentes de fuentes tan dispares?<\/p>\n<p>Esta cuesti\u00f3n, que dista mucho de estar clara para el per\u00edodo de la agricultura esclava a gran escala, se vuelve a\u00fan m\u00e1s desconcertante una vez que se produce el paso al colonato. Por un lado, la supervisi\u00f3n directa del proceso de trabajo por parte de los terratenientes disminuy\u00f3 necesariamente, y con ella la extracci\u00f3n del excedente en el propio lugar de producci\u00f3n. Pero, por otro lado, si la tasa de explotaci\u00f3n disminuy\u00f3, el alcance de la explotaci\u00f3n aument\u00f3 con la generalizaci\u00f3n de la dependencia predial en el Imperio tard\u00edo. Ste. Croix, en una de las afirmaciones m\u00e1s llamativas de su libro, escribe: \u00abHay un fen\u00f3meno en particular que sugiere claramente que en el Imperio romano los campesinos eran explotados de forma m\u00e1s completa y eficaz que en la mayor\u00eda de las dem\u00e1s sociedades que depend\u00edan en gran medida de la poblaci\u00f3n campesina para su suministro de alimentos. A menudo se ha observado que los campesinos suelen sobrevivir mejor a las hambrunas que sus compatriotas que viven en las ciudades, porque pueden esconder para s\u00ed mismos parte de los alimentos que producen y a\u00fan pueden tener algo que comer cuando hay hambruna en las ciudades. No era as\u00ed en el Imperio romano, donde una y otra vez encontramos a los campesinos api\u00f1\u00e1ndose en la ciudad m\u00e1s cercana en tiempos de hambruna, porque solo en la ciudad se pod\u00eda conseguir comida comestible. Sin embargo, quiz\u00e1 no subraya lo suficiente el hecho de que todos los ejemplos que da datan de la \u00e9poca posterior al declive de la esclavitud, es decir, de los siglos IV al VI d. C. La extraordinaria \u00abeficiencia\u00bb de la explotaci\u00f3n agraria de la clase dominante en esta \u00e9poca encuentra su confirmaci\u00f3n, en la otra cara de la moneda, en el gigantesco tama\u00f1o de las fortunas senatoriales en el Imperio occidental, que en el siglo IV eran en promedio cinco veces mayores que las del siglo I.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfc\u00f3mo se recaudaban estas enormes sumas de los productores inmediatos? \u00bfQu\u00e9 sistemas de recaudaci\u00f3n de rentas inmensamente ramificados, impuestos por qu\u00e9 formas de coacci\u00f3n y gestionados por cu\u00e1ntos niveles de intermediarios, garantizaban la perforaci\u00f3n constante y letal de tantos medios de vida campesinos en innumerables regiones remotas, sin buenos medios de transporte ni comunicaciones, en beneficio de una familia magnate de Roma? La escala geogr\u00e1fica del proceso, en su m\u00e1ximo apogeo, se asemejaba m\u00e1s a la de una corporaci\u00f3n multinacional moderna que a la de cualquier holding medieval concebible. Melania, una noble de principios del siglo V, pose\u00eda fincas en Campania, Apulia, Sicilia, T\u00fanez, Numidia, Mauritania, Espa\u00f1a y Gran Breta\u00f1a: dominios literalmente transcontinentales. En estas fincas a\u00fan hab\u00eda miles de esclavos, pero muchos m\u00e1s habr\u00edan sido coloni. \u00bfPor qu\u00e9 v\u00edas se convert\u00edan sus productos en sus ingresos de 1600 libras de oro al a\u00f1o? Ste. Croix se empe\u00f1a en llamar \u00absiervos\u00bb a los colonos, pero su relaci\u00f3n con sus terratenientes nunca se acerc\u00f3 al potente pacto ideol\u00f3gico de la servidumbre medieval, ya que carec\u00edan tanto de los derechos feudales del se\u00f1or sobre la familia del villano (merchet, heriot, etc.) como de la lealtad que el villano deb\u00eda a la autoridad jur\u00eddica del se\u00f1or. Sin embargo, al estar menos presionados, el sistema romano rend\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<p>Parte de la raz\u00f3n por la que pudo hacerlo, por supuesto, fue el peso del propio Estado imperial tard\u00edo. Esto figura de forma menos directa en los cap\u00edtulos finales de Ste. Croix de lo que quiz\u00e1s merecer\u00eda. En cualquier caso, no hay un an\u00e1lisis como tal de la profunda y prolongada crisis del Imperio en el siglo III d. C., entre la muerte de Alejandro Severo y la ascensi\u00f3n de Diocleciano, cuando la anarqu\u00eda end\u00e9mica, las invasiones, las plagas y la inflaci\u00f3n parecieron amenazar su existencia durante cincuenta a\u00f1os. El enfoque estructural \u2014por problem\u00e1tico, m\u00e1s que por peri\u00f3dico\u2014 preferido por Ste. Croix pasa por alto este punto de inflexi\u00f3n. De hecho, puede que las fuentes sean tan escasas para estos a\u00f1os convulsos \u2014Jones los compar\u00f3 con un t\u00fanel negro\u2014 que no se puedan avanzar hip\u00f3tesis \u00fatiles sobre su significado global. Pero la coincidencia entre su cronolog\u00eda y la transici\u00f3n en el campo parece poco probable que sea fortuita. Cualquier historia que sacrifique demasiado la narrativa pagar\u00e1 un precio por su claridad anal\u00edtica. En este caso, el coste es cualquier reflexi\u00f3n profunda sobre la metamorfosis del Estado imperial en el siglo III, que sin embargo debe ser de vital importancia para el prop\u00f3sito explicativo del propio Ste. Croix. Parece como si en esta \u00e9poca hubiera estado en funcionamiento una especie de servomecanismo. El gran aumento del tama\u00f1o del ej\u00e9rcito imperial y de la burocracia debi\u00f3 de guardar alguna relaci\u00f3n con la mayor capacidad de las clases propietarias para exprimir cada vez m\u00e1s al campesinado; el aparato central de represi\u00f3n y coacci\u00f3n se vio enormemente reforzado al final de estas d\u00e9cadas. Por otra parte, el crecimiento de este aparato ejerci\u00f3 a su vez una presi\u00f3n implacable sobre los mismos productores directos, en forma de una carga fiscal mucho mayor impuesta para su mantenimiento, lo que deprimi\u00f3 considerablemente su situaci\u00f3n econ\u00f3mica y los hizo cada vez m\u00e1s susceptibles de caer en la servidumbre del colonato. El fen\u00f3meno del patrocinium, propio de los siglos IV y V, apunta muy claramente a esta dial\u00e9ctica: los campesinos se pon\u00edan \u00abvoluntariamente\u00bb a merced de un terrateniente para asegurarse alg\u00fan alivio de las atenciones del recaudador de impuestos. Es necesario tener presente la compleja l\u00f3gica de este circuito. Si Finley \u2014con quien Ste. Croix polemiza sin descanso y de forma exagerada\u2014 hipostatiza indebidamente lo que \u00e9l llama \u00abla ley de hierro de la burocracia absolutista, que crece tanto en n\u00famero como en coste, como un proceso pr\u00e1cticamente sobrenatural, desvinculado de las funciones determinadas de dicha burocracia\u00bb, Ste. Croix, por su parte, no tiene suficientemente en cuenta el grado de autonom\u00eda que el Estado imperial adquiri\u00f3 a partir de entonces respecto a la clase aristocr\u00e1tica a la que serv\u00eda, gracias a su propia reforma.<\/p>\n<p>Porque, si bien los privilegios socioecon\u00f3micos de la nobleza imperial tard\u00eda se fortalecieron y ampliaron bajo el manto burocr\u00e1tico del Dominio, su poder pol\u00edtico se vio recortado all\u00ed donde antes m\u00e1s contaba: en la maquinaria militar del Estado, que adquiri\u00f3 entonces proporciones bastante novedosas (un ej\u00e9rcito de m\u00e1s de 600 000 efectivos frente a una burocracia civil de unos 30 000). El orden senatorial fue excluido de los mandos militares por Diocleciano y nunca los recuper\u00f3. El resultado en Occidente, donde la aristocracia era m\u00e1s rica y poderosa, parece haber sido una indiferencia generalizada de los ricos hacia las necesidades de defensa del Estado ante las presiones externas o las emergencias, una indiferencia que se expresaba en la evasi\u00f3n fiscal generalizada, la retenci\u00f3n de reclutas y la hostilidad hacia los oficiales profesionales (por entonces a menudo de origen b\u00e1rbaro) que intentaban reunir las fuerzas imperiales en la regi\u00f3n. Ste. Croix sostiene que fue la desaparici\u00f3n de un campesinado independiente lo que min\u00f3 la vitalidad de los ej\u00e9rcitos romanos durante el siglo V. Pero, de hecho, el servicio militar obligatorio, reintroducido bajo el Dominio, produjo una maquinaria militar numerosa y relativamente fiable, cuyos soldados disfrutaban de una serie de privilegios materiales que los situaban por encima de la masa campesina de la que proced\u00edan. Tras sostener que la moral (y probablemente el f\u00edsico) del ej\u00e9rcito se deterior\u00f3 debido al empobrecimiento del campesinado, Ste. Croix admite unas p\u00e1ginas m\u00e1s adelante que el ej\u00e9rcito de finales del Imperio \u00abdesarroll\u00f3 una disciplina y un esp\u00edritu de cuerpo propios muy notables: los soldados rasos se desligaron por completo de sus or\u00edgenes y sol\u00edan ser instrumentos obedientes, si no de sus emperadores, al menos de sus oficiales, lo que parece m\u00e1s acertado\u00bb. Si bien la apat\u00eda popular hacia las invasiones b\u00e1rbaras se manifiesta como un fen\u00f3meno civil, fue la alienaci\u00f3n de los patricios la que afect\u00f3 m\u00e1s directamente a las capacidades estrictamente militares del orden romano en Occidente. Los ej\u00e9rcitos dieron buena cuenta de s\u00ed mismos mientras se mantuvieron fuertes. Fue cuando se descuidaron, en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo IV, bajo una serie de emperadores que no eran m\u00e1s que figuras aristocr\u00e1ticas, cuando se produjo el desastre.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, el Imperio no cay\u00f3 simplemente por sus propias debilidades internas. Los ataques externos fueron el agente necesario para su ejecuci\u00f3n. Una vez m\u00e1s, la descripci\u00f3n que hace Ste. Croix del proceso de declive debe complementarse con alguna referencia a los cambios hist\u00f3ricos en la periferia b\u00e1rbara del Imperio. La creciente presi\u00f3n de los pueblos germ\u00e1nicos del norte, a partir del siglo III, no puede estar desvinculada del impacto econ\u00f3mico, pol\u00edtico y cultural que tuvo sobre ellos la magn\u00e9tica civilizaci\u00f3n del sur. La creciente diferenciaci\u00f3n social y la sofisticaci\u00f3n militar eran inevitables en cualquier proximidad prolongada de sociedades tribales primitivas a una cultura urbana y comercial avanzada de tipo cl\u00e1sico. Aqu\u00ed, el relato de Ste. Croix debe complementarse con la destacada obra que documenta precisamente este proceso, realizada por su compa\u00f1ero historiador marxista Edward Arthur Thompson, una de las contribuciones m\u00e1s originales a los estudios cl\u00e1sicos desde la guerra. De hecho, las pruebas que \u00e9l mismo re\u00fane \u2014en un valioso ap\u00e9ndice sobre los colonos b\u00e1rbaros dentro del Imperio antes de su ca\u00edda, que \u00e9l calcula en cientos de miles\u2014 hablan directamente de la creciente interpenetraci\u00f3n de los dos mundos. En este sentido, se podr\u00eda aventurar una analog\u00eda con la ca\u00edda de Grecia. Al igual que esta \u00faltima desarroll\u00f3 a distancia su periferia atrasada en Macedonia, lo que acab\u00f3 por atraer a su conquistador, la ca\u00edda de Roma se produjo en \u00faltima instancia cuando sus rudimentarias fronteras en Alemania evolucionaron, bajo la fuerza de su atracci\u00f3n, hasta convertirse en fuerzas sociales y militares capaces de abrumarla en su extremo. La diferencia, por supuesto, era que Macedonia era pol\u00edticamente una monarqu\u00eda centralizada y culturalmente una sociedad helenizada, que compart\u00eda el idioma y las tradiciones con una Grecia cl\u00e1sica a\u00fan vigorosa intelectual y c\u00edvicamente, lo que dio lugar a la gran expansi\u00f3n de la civilizaci\u00f3n helen\u00edstica; mientras que los invasores germ\u00e1nicos no eran primos latinos, sino confederaciones tribales a\u00fan poco cohesionadas, y la sociedad romana cl\u00e1sica llevaba mucho tiempo vaciada desde dentro, lo que dio lugar a la Edad Media.<\/p>\n<p>Sin embargo, el recuerdo de estos aspectos externos del colapso del Imperio occidental no altera la conclusi\u00f3n esencial a la que nos lleva Ste. Croix al final de su larga obra. \u00abA mi modo de ver\u00bb, escribe, \u00abel sistema pol\u00edtico romano facilit\u00f3 una explotaci\u00f3n muy intensa y, en \u00faltima instancia, destructiva de la gran masa del pueblo, ya fuera esclavo o libre, e hizo imposible una reforma radical. El resultado fue que la clase propietaria, los hombres verdaderamente ricos, que hab\u00edan creado deliberadamente este sistema para su propio beneficio, drenaron la sangre vital de su mundo y destruyeron as\u00ed la civilizaci\u00f3n grecorromana en gran parte del Imperio: Gran Breta\u00f1a, Galia, Espa\u00f1a y el norte de \u00c1frica en el siglo V; gran parte de Italia y los Balcanes en el siglo VI; y en el VII, Egipto, Siria y Mesopotamia, y de nuevo el norte de \u00c1frica, que hab\u00eda sido reconquistado por los generales de Justiniano en el siglo VI. Esa fue, en mi opini\u00f3n, la raz\u00f3n principal del declive de la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica. Este resumen, que hace hincapi\u00e9 en los principales rasgos del proceso, puede aceptarse en su totalidad. De manera caracter\u00edstica, en contraste expl\u00edcito con la afirmaci\u00f3n de su talentoso colega no marxista Peter Brown, seg\u00fan la cual \u00abla prosperidad del mundo mediterr\u00e1neo parece haberse agotado en la c\u00faspide\u00bb en el siglo IV, Ste. Croix concluye: \u00abSi buscara una met\u00e1fora para describir la gran y creciente concentraci\u00f3n de la riqueza en manos de las clases altas, no me inclinar\u00eda por nada tan inocente y autom\u00e1tico como el drenaje: preferir\u00eda pensar en algo mucho m\u00e1s intencionado y deliberado, tal vez el murci\u00e9lago vampiro\u00bb. Es dif\u00edcil que ese juicio caiga en el olvido.<\/p>\n<p><i>Este es un extracto editado de <\/i><a href=\"https:\/\/www.versobooks.com\/products\/1377-a-zone-of-engagement\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\">A Zone of Engagement.<\/a><\/p>\n<p>Fuente: P\u00e1gina web de la editorial Verso, 1 de julio de 2025 (<a href=\"https:\/\/www.versobooks.com\/blogs\/news\/geoffrey-de-ste-croix-and-the-ancient-world\">https:\/\/www.versobooks.com\/blogs\/news\/geoffrey-de-ste-croix-and-the-ancient-world<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La aparici\u00f3n de La lucha de clases en el mundo griego antiguo, de Geoffrey de Ste. Croix, altera de forma<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":18183,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2202,17],"tags":[2266,2264,917,2265],"class_list":["post-18181","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-grecia","category-historia","tag-la-lucha-de-clases-en-el-mundo-griego-antiguo","tag-perry-anderson","tag-resenas","tag-the-class-struggle-in-the-ancient-greek-world"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18181","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=18181"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18181\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18186,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18181\/revisions\/18186"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/18183"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=18181"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=18181"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=18181"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}