{"id":18258,"date":"2025-07-24T05:00:19","date_gmt":"2025-07-24T04:00:19","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=18258"},"modified":"2025-07-23T12:00:36","modified_gmt":"2025-07-23T11:00:36","slug":"el-materialismo-es-esencial-para-la-politica-socialista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=18258","title":{"rendered":"El materialismo es esencial para la pol\u00edtica socialista"},"content":{"rendered":"<p><strong>La tradici\u00f3n socialista estuvo asociada durante mucho tiempo al materialismo, la idea de que los agentes humanos tienden a actuar seg\u00fan sus intereses objetivos, una visi\u00f3n que ha sido criticada en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Sin embargo, el materialismo es la base indispensable de la pol\u00edtica de izquierdas.<\/strong><\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas, el marxismo y la tradici\u00f3n socialista en general \u2014de la cual el marxismo es solo una parte\u2014 estuvieron asociados a una doctrina conocida como materialismo. Pero en tiempos recientes, este enfoque ha sido en gran medida abandonado por los te\u00f3ricos cr\u00edticos, hasta el punto de que su mera menci\u00f3n suele recibirse con escepticismo, si no directamente con burla. En este art\u00edculo, describo brevemente en qu\u00e9 consiste el materialismo y luego examino algunas cr\u00edticas comunes que se le hacen a esta teor\u00eda. Muestro que en gran medida esas objeciones est\u00e1n fuera de lugar y, adem\u00e1s, que no solo sigue siendo posible sostener el materialismo tradicional en la teor\u00eda social, sino que es la base indispensable para la revitalizaci\u00f3n de la pol\u00edtica de izquierda.<\/p>\n<p>Para precisar el concepto, se\u00f1alemos que el materialismo puede entenderse en tres sentidos distintos.<\/p>\n<p>Uno es el materialismo <i>ontol\u00f3gico<\/i> o <i>metaf\u00edsico<\/i>. Es la idea de que la realidad existe independientemente de nuestras mentes, tanto en el mundo natural como en el social. Esto contrasta con lo que a veces se llama idealismo, que supone que lo que consideramos real podr\u00eda ser solo un producto de nuestra imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El segundo es el materialismo <i>epistemol\u00f3gico<\/i>, que sostiene que, aunque las ideas median nuestro acceso a la realidad, la estructura de esa realidad impone l\u00edmites a la variabilidad de nuestras impresiones del mundo. Esto significa que, aunque podamos tener comprensiones equivocadas de lo que hay \u00abah\u00ed afuera\u00bb, existe una forma de corregirlas mediante el contacto con el mundo que nos rodea. As\u00ed, es posible alcanzar un conocimiento aproximadamente correcto de la realidad.<\/p>\n<p>Y el tercero es el materialismo <i>social<\/i>, que plantea que, al tratar de explicar fen\u00f3menos importantes del mundo social, partimos del supuesto de que los agentes act\u00faan en funci\u00f3n de sus intereses objetivos; m\u00e1s espec\u00edficamente, sus intereses materiales o econ\u00f3micos. Por lo tanto, en este texto, materialismo social debe entenderse como explicaciones de la acci\u00f3n humana basadas en intereses.<\/p>\n<p>Estos tres elementos se combinan en un marco coherente que afirma la existencia de una realidad objetiva, que puede ser comprendida a trav\u00e9s de un an\u00e1lisis riguroso y, por ende, transformada mediante la intervenci\u00f3n pr\u00e1ctica que moviliza a las personas en torno a sus intereses. Durante m\u00e1s de cien a\u00f1os, los marxistas sostuvieron los tres argumentos. Esto se deb\u00eda a que, como teor\u00eda pol\u00edtica, el marxismo estaba motivado principalmente por el tercero: el materialismo social. Sostener el materialismo social requiere tambi\u00e9n comprometerse con sus presupuestos ontol\u00f3gicos y epistemol\u00f3gicos. No se puede creer que los agentes est\u00e1n motivados por sus intereses objetivos si no se cree que esos intereses, y los agentes mismos que act\u00faan movidos por ellos, existen realmente \u00aball\u00ed afuera\u00bb en el mundo; ni se puede insistir en comprender sus intereses si no se cree que es posible que las teor\u00edas aprehendan efectivamente la realidad.<\/p>\n<p>Ese giro supuestamente radical en la teor\u00eda social reciente ha rechazado en buena medida el segundo y el tercer componente del materialismo tradicional: la idea de que es posible entender el mundo con precisi\u00f3n y la de que los actores comparten ciertos intereses materiales comunes. Este fue el n\u00facleo del giro cultural, del cual derivaron un relativismo epistemol\u00f3gico (por el rechazo de la segunda tesis) y un relativismo cultural (por el rechazo de la tercera). No resulta pol\u00e9mico sugerir que ha existido una fuerte tendencia hacia un relativismo epistemol\u00f3gico y cultural dominante, derivado de la influencia del posestructuralismo y su descendiente directo, la teor\u00eda poscolonial, ambos pilares del giro hacia la cultura.<\/p>\n<p>Lo que quiero hacer aqu\u00ed es concentrarme en el tercer componente, el materialismo social, y ofrecer una defensa frente a algunas de las cr\u00edticas que ha recibido, para mostrar que muchas de las preocupaciones de los cr\u00edticos \u2014bastantes de ellas totalmente leg\u00edtimas\u2014 pueden ser contempladas si la teor\u00eda se entiende adecuadamente. M\u00e1s a\u00fan, sugerir\u00e9 que una pol\u00edtica genuinamente igualitaria y democr\u00e1tica no solo es posible a partir de la teor\u00eda materialista, sino que depende de ella. Hay una buena raz\u00f3n por la cual los socialistas fundaron su teor\u00eda social y su pr\u00e1ctica pol\u00edtica en el materialismo. El abandono de este enfoque es solo uno de los muchos s\u00edntomas de la decadencia intelectual general que ha acompa\u00f1ado al declive de la izquierda.<\/p>\n<h3><strong>1. \u00bfQu\u00e9 es el materialismo social?<\/strong><\/h3>\n<p>El materialismo social tiene dos componentes: macro y micro. El componente macro es la visi\u00f3n de que la historia est\u00e1 gobernada por el desarrollo tecnol\u00f3gico. Esta es la afirmaci\u00f3n que Karl Marx propuso en el prefacio de <cite>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/cite> y que G. A. Cohen elabor\u00f3 brillantemente en su cl\u00e1sico <cite>La teor\u00eda de la historia de Karl Marx: una defensa<\/cite>.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Marx, la historia est\u00e1 gobernada de manera \u00ablegal\u00bb, es decir, seg\u00fan leyes, por el desarrollo progresivo de las fuerzas productivas. Y las relaciones sociales se ajustan funcionalmente al avance de ese desarrollo. Las ideas y la ideolog\u00eda quedan subordinadas, tambi\u00e9n funcionalmente, a las relaciones de producci\u00f3n \u2014es decir, a las relaciones de clase\u2014 que predominan en cada momento, las cuales, a su vez, se explican por el nivel alcanzado por las fuerzas productivas. Recientemente, esta teor\u00eda ha sido objeto de numerosas cr\u00edticas. Yo mismo la he cuestionado, consider\u00e1ndola probablemente inveros\u00edmil, aunque durante mucho tiempo fue aceptada sin reservas por los marxistas como un ejemplo paradigm\u00e1tico de materialismo.<\/p>\n<p>El segundo tipo de materialismo social se centra en el nivel micro. Es una teor\u00eda de la motivaci\u00f3n agencial en las interacciones sociales. Su afirmaci\u00f3n fundamental es que, en algunas relaciones sociales, los actores est\u00e1n motivados para perseguir sus intereses materiales o econ\u00f3micos, incluso si eso significa dejar de lado otros compromisos. La principal circunstancia de este tipo se da en las interacciones econ\u00f3micas y en las actividades pol\u00edticas. Y dado que ambos fen\u00f3menos son fundamentales para las relaciones de clase, esto equivale a la opini\u00f3n de que la acci\u00f3n de clase est\u00e1 motivada fundamentalmente por intereses materiales.<\/p>\n<p>As\u00ed, al tratar de explicar las elecciones de los actores en los asuntos econ\u00f3micos y pol\u00edticos, los marxistas se basan en la premisa de que los actores son m\u00e1s propensos a seguir cursos de acci\u00f3n que promuevan su bienestar material. Al hacerlo, podr\u00edan describirse como agentes racionales. En este sentido, la acci\u00f3n racional es aquella que se emprende en defensa de los intereses materiales propios. Las l\u00edneas de actuaci\u00f3n concretas vienen dictadas por la ubicaci\u00f3n de los actores en la estructura de clases; en otras palabras, el poder de la estructura de clases consiste en hacer que los agentes sigan de forma racional l\u00edneas de actuaci\u00f3n que defiendan sus intereses materiales.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil ver c\u00f3mo esta premisa genera tanto una econom\u00eda pol\u00edtica del capitalismo como una teor\u00eda del conflicto de clases. En la estructura de clases que define el capitalismo, un peque\u00f1o grupo de personas se clasifica en la posici\u00f3n de productores capitalistas, y la gran mayor\u00eda se inserta en la posici\u00f3n de trabajadores asalariados. Estas dos posiciones obligan a los actores que las ocupan a seguir determinadas l\u00edneas de actuaci\u00f3n si quieren defender sus intereses materiales. Para defender su bienestar, los trabajadores se dan cuenta de que no tienen otra alternativa razonable que vender su fuerza de trabajo a los capitalistas. Por supuesto, tienen la libertad de negarse, nadie les obliga a acudir al trabajo todos los d\u00edas.<\/p>\n<p>Por lo tanto, es correcto afirmar, como hacen los libertarianos, que la decisi\u00f3n de trabajar es libremente tomada por el empleado. Pero aunque nadie les obliga a trabajar para los capitalistas, sus circunstancias los obligan a buscar empleo. Por lo tanto, aunque nadie los coacciona para que trabajen, est\u00e1n estructuralmente obligados a hacerlo. Es una acci\u00f3n que emprenden racionalmente, ya que negarse a hacerlo supondr\u00eda un golpe catastr\u00f3fico para su bienestar material.<\/p>\n<p>Por otro lado, los actores que se encuentran en la posici\u00f3n de los capitalistas descubren r\u00e1pidamente que sus propios intereses materiales est\u00e1n ligados al \u00e9xito econ\u00f3mico de sus empresas. Si desean mantener su posici\u00f3n privilegiada, deben preservar la viabilidad de sus empresas frente a sus rivales. Esto se traduce r\u00e1pidamente en la necesidad imperiosa de minimizar los costos y maximizar los beneficios. Mientras operen en mercados competitivos, las empresas capitalistas de todo el mundo se comprometen en primer lugar a minimizar los costos y maximizar los beneficios. Esta es la l\u00ednea de actuaci\u00f3n que emprenden racionalmente para poder seguir siendo econ\u00f3micamente viables.<\/p>\n<p>El impulso universalmente impuesto de maximizar los beneficios genera, a su vez, lo que Marx denomin\u00f3 las \u00ableyes de movimiento\u00bb del capitalismo. Las decisiones a nivel micro se agregan en patrones de desarrollo econ\u00f3mico a nivel macro. Dado que los empresarios capitalistas responden de forma m\u00e1s o menos similar a situaciones econ\u00f3micas similares, es posible tener algo parecido a una teor\u00eda de la econom\u00eda. La econom\u00eda pol\u00edtica como ciencia social solo es posible porque existe coherencia en la forma en que los actores responden a las condiciones econ\u00f3micas. Y esa coherencia es imposible de explicar salvo partiendo de la hip\u00f3tesis de la racionalidad.<\/p>\n<p>La premisa materialista genera as\u00ed una teor\u00eda del desarrollo capitalista. Pero tambi\u00e9n sustenta la teor\u00eda pol\u00edtica marxista. Porque, aunque la defensa de los intereses materiales une a los agentes econ\u00f3micos en un patr\u00f3n de desarrollo predecible, tambi\u00e9n genera resistencia y conflicto. Los mismos imperativos que obligan a los empresarios a contener los costos los obligan tambi\u00e9n a socavar directamente el bienestar material de sus empleados.<\/p>\n<p>El impulso de los empleadores por minimizar los costos y extraer el m\u00e1ximo rendimiento de la mano de obra no puede sino causar alg\u00fan grado de da\u00f1o a sus empleados. Reducir los costos implica mantener los salarios en el nivel m\u00e1s bajo que permiten las condiciones del mercado; extraer el m\u00e1ximo rendimiento de la mano de obra suele traducirse en una intensificaci\u00f3n del trabajo, lo que causa da\u00f1os f\u00edsicos y psicol\u00f3gicos a los trabajadores. Pero precisamente porque los empleados valoran su bienestar material, estas acciones provocan, como es de esperar, resistencia a las exigencias de los empleadores. De cualquier manera posible, los trabajadores asalariados tratan de reducir los da\u00f1os que les inflige su empleador en su af\u00e1n de lucro.<\/p>\n<p>En otras palabras, el impulso universal del capitalismo por la obtenci\u00f3n de ganancias provoca una resistencia igualmente universal por parte de las clases trabajadoras. De hecho, esa universalidad no se aplica solo al hecho mismo de la resistencia, sino incluso a su contenido. Los trabajadores de la era moderna han vivido y trabajado en contextos culturales muy diversos. Un culturalismo llevado hasta sus \u00faltimas consecuencias conducir\u00eda a predecir una inconmensurabilidad en las demandas que los trabajadores plantean a sus empleadores. Y, en efecto, existe cierta variabilidad. Pero lo que resulta mucho m\u00e1s llamativo es la similitud de sus reivindicaciones fundamentales a trav\u00e9s de culturas y regiones: mejoras salariales, reducci\u00f3n de la jornada laboral, menor intensidad del trabajo, provisiones para la salud y cuestiones similares. Estas demandas han estado en el centro de todos los movimientos obreros modernos, sin importar las condiciones ideol\u00f3gicas y culturales, un hecho que resulta sencillamente incomprensible desde un marco relativista. As\u00ed, ambos fen\u00f3menos \u2014la universalizaci\u00f3n del imperativo de desarrollo del capitalismo y la resistencia universal que suscita entre sus v\u00edctimas\u2014 son imposibles de explicar si no se parte del supuesto de la racionalidad.<\/p>\n<h3><strong>2. Las virtudes del materialismo<\/strong><\/h3>\n<p>La premisa materialista ha generado una de las teor\u00edas sociales m\u00e1s exitosas de la era moderna. De ella tambi\u00e9n surgieron los fundamentos estrat\u00e9gicos del movimiento pol\u00edtico m\u00e1s exitoso de la era moderna: el movimiento obrero, y especialmente su componente socialista. No es exagerado decir que la orientaci\u00f3n estrat\u00e9gica del socialismo moderno asumi\u00f3 la centralidad de los intereses materiales. Esto fue particularmente evidente en tres componentes que definen a la izquierda moderna.<\/p>\n<ul>\n<li>Programa pol\u00edtico: En primer lugar, la teor\u00eda materialista ha sido la base de la estrategia socialista. Todos los programas pol\u00edticos se fundamentaron en un an\u00e1lisis de los intereses de las personas. Estos programas descansaban sobre dos preguntas. La primera era qu\u00e9 grupo de personas constitu\u00eda la base social del partido. Esa base, la clase trabajadora, no se defin\u00eda en virtud de sus actitudes o de los valores que sostuviera en un momento dado, sino a partir de una evaluaci\u00f3n de sus intereses objetivos. Las alineaciones pol\u00edticas se preve\u00edan sobre la base de los intereses, no de las actitudes o de las orientaciones normativas. De hecho, si las actitudes de los miembros de la clase diverg\u00edan de sus intereses, eso nunca disuad\u00eda a los partidos de intentar organizarlos. El objetivo era trabajar con esa base social para que sus actitudes pudieran alinearse con sus intereses. La segunda pregunta era qu\u00e9 demandas pol\u00edticas resultar\u00edan atractivas para esa base. El instrumento mediante el cual se buscaba cohesionar a la base como clase era el programa pol\u00edtico. Y el programa consist\u00eda en un conjunto de demandas que los organizadores consideraban atractivas para los trabajadores precisamente porque esas demandas coincid\u00edan con sus intereses. Se instru\u00eda a los cuadros a apoyarse en el programa para reclutar trabajadores a la causa, no solo a trav\u00e9s de exhortaciones, sino sobre la base de las promesas contenidas en dicho programa. La direcci\u00f3n causal proced\u00eda as\u00ed: el punto de partida era un an\u00e1lisis de los intereses de las clases sociales; de all\u00ed surg\u00edan las demandas plasmadas en el programa; y a partir de eso se delineaba la estrategia sobre a qui\u00e9n organizar y c\u00f3mo incorporarlo al partido. En otras palabras, los partidos no trataban de reclutar personas de manera aleatoria, bas\u00e1ndose en la atracci\u00f3n moral de sus objetivos. Por supuesto, siempre hab\u00eda un componente moral en su labor de organizaci\u00f3n, y si suced\u00eda que ciertos individuos de otras clases encontraban atractivos sus objetivos, pod\u00edan ser invitados a unirse a la organizaci\u00f3n. Pero la base principal se identificaba siempre a partir de los intereses de los actores, no de sus valores. Los socialistas nunca irrump\u00edan en las salas de directorio de las corporaciones para tratar de convencer a sus miembros del valor moral del movimiento. Dirig\u00edan sus energ\u00edas a los trabajadores, porque estaban convencidos de que los intereses de estos los inclinar\u00edan hacia los fines socialistas, mientras que los habitantes de la \u00abC-suite\u00bb (la alta gerencia) se alinear\u00edan contra ellos. As\u00ed, el an\u00e1lisis de los intereses delimitaba el abanico de actores considerados como base del socialismo, y, del mismo modo, a quienes se ve\u00eda como enemigos de clase.<\/li>\n<li>Compromiso democr\u00e1tico: La segunda consecuencia del materialismo no se aprecia a menudo, pero es absolutamente crucial. Si se parte de la premisa de que, en su vida econ\u00f3mica y pol\u00edtica, las personas responden racionalmente a sus circunstancias, esto obliga a tratarlas con cierto respeto. Obliga a actuar con la idea de que, si est\u00e1n haciendo algo que no se entiende del todo, es razonable suponer que no se han comprendido suficientemente las circunstancias en las que act\u00faan. Lo que a primera vista parece irracional puede resultar mucho m\u00e1s l\u00f3gico una vez que se comprenden mejor sus limitaciones y sus preferencias. En otras palabras, en lugar de concluir que han sido enga\u00f1ados por la ideolog\u00eda, que est\u00e1n siendo manipulados o que han interiorizado normas perjudiciales, hay que tratarlos como personas inteligentes con una comprensi\u00f3n b\u00e1sica de su situaci\u00f3n. Ahora te corresponde a ti averiguar qu\u00e9 aspecto de su condici\u00f3n hace que una determinada opci\u00f3n les resulte atractiva. Se trata de una suposici\u00f3n extremadamente democr\u00e1tica. Y es una vacuna contra el elitismo que impera en gran parte de la izquierda actual, donde se critica habitualmente a los trabajadores por estar imbuidos de una falsa conciencia o de creencias autodestructivas.<\/li>\n<li>Internacionalismo: En tercer lugar, el materialismo era la base de lo que llamamos internacionalismo. La idea de que las personas de todo el mundo \u2014no solo los europeos blancos o los cristianos\u2014 se resisten a la opresi\u00f3n y la explotaci\u00f3n depende de la premisa de que las personas comparten ciertos intereses, que a su vez se derivan de una serie de necesidades b\u00e1sicas comunes. Por lo tanto, no son solo los blancos los que tienen intereses de clase similares, ni solo los europeos los que se consideran motivados por preocupaciones econ\u00f3micas, sino cualquier persona que se encuentre en la misma posici\u00f3n en la estructura de clases, sea blanca o negra, morena o amarilla, hind\u00fa o musulmana, cristiana o jud\u00eda. Esta suposici\u00f3n ha sido la base para unir a personas de todas las culturas y or\u00edgenes sociales en la b\u00fasqueda de objetivos que les beneficiaran, objetivos que ellos mismos entend\u00edan como beneficiosos, un mundo alejado del relativismo y su resultado, el tribalismo nacional, que envuelve a la izquierda actual.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Estas fueron los tres componentes centrales de la estrategia de la izquierda durante la mayor parte del siglo XX. Y se mantuvieron como tales porque, mientras el movimiento cont\u00f3 con una verdadera base de masas, los organizadores comprobaron que el supuesto materialista generaba enormes frutos. Los partidos de masas lograron echar ra\u00edces profundas en las clases trabajadoras de todo el mundo sobre la base de programas pol\u00edticos notablemente similares. Estrategias de organizaci\u00f3n formuladas en un lenguaje de derechos y necesidades universales pod\u00edan aplicarse en una asombrosa variedad de contextos culturales y econ\u00f3micos, porque resonaban con los trabajadores en todas partes. La teor\u00eda materialista orient\u00f3 a los movimientos sociales m\u00e1s duraderos y exitosos que ha visto el mundo.<\/p>\n<p>Por supuesto, es enteramente posible que el \u00e9xito de esos movimientos no se debiera en absoluto al marco te\u00f3rico que los guiaba. Es poco probable, pero no imposible, que el movimiento haya triunfado a pesar de la teor\u00eda y no gracias a ella. Por eso, cr\u00edticas como las que examinar\u00e9 m\u00e1s adelante no pueden ser descartadas a la ligera, especialmente dado que hoy son populares e incluso hegem\u00f3nicas entre los acad\u00e9micos cr\u00edticos. Sin embargo, el \u00e9xito hist\u00f3rico de la teor\u00eda materialista en el terreno pol\u00edtico y organizativo al menos deber\u00eda representar un desaf\u00edo para quienes la descartan por principio.<\/p>\n<h3><strong>3. El giro hacia la cultura<\/strong><\/h3>\n<p>El alejamiento del materialismo y el giro hacia la cultura es quiz\u00e1s el rasgo definitorio de la producci\u00f3n intelectual radical durante la era neoliberal. La preocupaci\u00f3n fundamental detr\u00e1s de este giro ha sido que, en su explicaci\u00f3n del funcionamiento del capitalismo, el marxismo subordina o minimiza en exceso el papel de la ideolog\u00eda, el discurso, la interpretaci\u00f3n social y fen\u00f3menos similares, que suelen agruparse bajo el paraguas de la cultura.<\/p>\n<p>Estas preocupaciones salieron a la superficie en Europa Occidental en los primeros a\u00f1os de la posguerra, impulsadas en parte por la Escuela de Frankfurt y tambi\u00e9n por la Nueva Izquierda brit\u00e1nica. Lo que motivaba la cr\u00edtica era la constataci\u00f3n de que la fe de Marx en la capacidad revolucionaria de la clase trabajadora hab\u00eda sido desmentida por los acontecimientos hist\u00f3ricos. Es cierto que, en el primer tercio del siglo, los hechos parec\u00edan desarrollarse conforme a las predicciones de Marx. Desde la Revoluci\u00f3n Rusa de 1905 hasta la Guerra Civil Espa\u00f1ola, el capitalismo parec\u00eda efectivamente sumido en una crisis revolucionaria: el surgimiento del movimiento obrero coincid\u00eda en gran medida con su exitoso asalto al Estado burgu\u00e9s. La clase trabajadora parec\u00eda, en efecto, ser el \u00absepulturero\u00bb del capitalismo, tal como Marx hab\u00eda anunciado en el Manifiesto Comunista.<\/p>\n<p>Pero para la primera d\u00e9cada despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, el momento revolucionario parec\u00eda haber quedado atr\u00e1s. En los pa\u00edses donde el capitalismo estaba m\u00e1s desarrollado, donde la predicci\u00f3n de Marx sobre el derrocamiento del sistema deber\u00eda haberse cumplido, lo que en realidad ocurri\u00f3 fue la incorporaci\u00f3n de la clase trabajadora al sistema y un declive del fervor revolucionario que hab\u00eda caracterizado a los movimientos obreros en las primeras tres d\u00e9cadas del siglo. Esto represent\u00f3 un enigma sumamente inquietante para la izquierda de posguerra. Al intentar comprenderlo, llegaron a la conclusi\u00f3n de que Marx ten\u00eda raz\u00f3n al insistir en que la estructura de clases genera conflicto, pero se equivocaba al ignorar que la disposici\u00f3n de la clase trabajadora a rebelarse, su comprensi\u00f3n de su propia situaci\u00f3n y su capacidad para unirse como clase estaban profundamente mediadas por la ideolog\u00eda y la cultura.<\/p>\n<p>La izquierda de posguerra parti\u00f3 de esta observaci\u00f3n sociol\u00f3gica: que para entender c\u00f3mo funciona la clase social, los analistas deb\u00edan comprender c\u00f3mo la cultura media el reconocimiento del propio lugar dentro de la estructura de clases. A esto sumaron la idea de que la estructura de clases no dicta de manera unilateral y determinista ninguna estrategia particular. Y a partir de all\u00ed llegaron a una conclusi\u00f3n sobre la agencia: a saber, que dado que la cultura vuelve impredecibles las elecciones econ\u00f3micas y pol\u00edticas, introduce un alto grado de indeterminaci\u00f3n en esos \u00e1mbitos.<\/p>\n<p>Para la emergente Nueva Izquierda, la constataci\u00f3n de que la agencia pol\u00edtica y econ\u00f3mica estaba mediada por la ideolog\u00eda condujo lentamente a una comprensi\u00f3n completamente nueva de la agencia misma a nivel micro. Mientras que los marxistas insist\u00edan en que la estructura de clases generaba elecciones predecibles y estables por parte de los agentes econ\u00f3micos, la teor\u00eda cultural sosten\u00eda que la mediaci\u00f3n cultural romp\u00eda cualquier relaci\u00f3n estable entre estructura y acci\u00f3n. Y si esto era as\u00ed, entonces la idea de una estrategia de clase basada en intereses de clase estables tambi\u00e9n se ven\u00eda abajo. La realidad social se volv\u00eda contingente, los intereses eran relativos a la cultura, y la pol\u00edtica no consist\u00eda en articular un conjunto de intereses, sino en construir identidades comunes.<\/p>\n<p>La iron\u00eda, por supuesto, es que esta huida desenfrenada hacia el construccionismo social alcanz\u00f3 su punto m\u00e1ximo precisamente cuando la presi\u00f3n inexorable e implacable del capitalismo se expand\u00eda por todo el mundo. Incluso cuando la l\u00f3gica implacable y un\u00edvoca del sistema se impon\u00eda sobre los agentes sociales, la teor\u00eda social se sumerg\u00eda en la contingencia y la localizaci\u00f3n, justo cuando la fuerza obstinada de las relaciones capitalistas aplastaba a pueblos diversos bajo su peso.<\/p>\n<p>Como han se\u00f1alado muchos comentaristas, hubo una conexi\u00f3n entre estos dos fen\u00f3menos: el contexto social y la \u00abinmersi\u00f3n en el discurso\u00bb, como lo describi\u00f3 un temprano cr\u00edtico. Fue la expresi\u00f3n te\u00f3rica de la derrota masiva y \u00e9pocal de los movimientos populares en todo el mundo despu\u00e9s de la d\u00e9cada de 1970. El giro hacia la cultura expresaba un profundo pesimismo de la clase intelectual respecto a la posibilidad de un cambio pol\u00edtico. Pero, m\u00e1s importante a\u00fan, fue tambi\u00e9n la articulaci\u00f3n te\u00f3rica de algo real en el capitalismo. Una vez disuelta la fuerza aglutinante de los movimientos obreros, los agentes sociales en el capitalismo abrazaron cualquier medio organizativo e institucional que tuvieran a mano para aislarse de la dura realidad de los mercados laborales. Esto, a su vez, condujo a una masiva fragmentaci\u00f3n de las identidades sociales.<\/p>\n<p>Vista desde el \u00e1ngulo de la ubicaci\u00f3n econ\u00f3mica, esa fragmentaci\u00f3n ten\u00eda un gran componente de contingencia. Fue esa contingencia la que los te\u00f3ricos culturales tomaron como ancla de la realidad social. En lugar de verla como resultado de fuerzas de clase y nuevas formas de acumulaci\u00f3n, la promovieron como un hecho fundacional de la interacci\u00f3n social, dando as\u00ed un golpe mortal a los relatos totalizadores o grandilocuentes.<\/p>\n<p>Para comienzos de los a\u00f1os 2000, incluso algunos de los principales defensores del an\u00e1lisis cultural empezaron a sentir una desconexi\u00f3n entre el marco dominante en la teor\u00eda social, que promov\u00eda la cultura y la contingencia, y lo que realmente estaba ocurriendo en la econom\u00eda pol\u00edtica global.<\/p>\n<p>Esto sucedi\u00f3 justo cuando algunos de los factores pol\u00edticos que hab\u00edan impulsado el alejamiento del an\u00e1lisis materialista empezaban a cambiar. Ahora estamos en lo que podr\u00edan ser los primeros pasos hacia una revitalizaci\u00f3n de los movimientos obreros globales. Si esta tendencia contin\u00faa \u2014y es un gran \u00absi\u00bb\u2014 espero que gran parte de los residuos de los a\u00f1os anteriores caigan naturalmente, incluida la aceptaci\u00f3n acr\u00edtica de las diversas formas de relativismo que gener\u00f3. Pero el hecho es que, aunque fue sumamente debilitante y condujo a conclusiones te\u00f3ricas bastante defectuosas, las objeciones planteadas por el giro cultural deben ser enfrentadas y no simplemente dejadas de lado. Cada vez que se las enfrenta, se ofrece a los materialistas la oportunidad de poner a prueba su propia teor\u00eda y desarrollarla all\u00ed donde es d\u00e9bil.<\/p>\n<h3><b>4. Tres preocupaciones acerca de la racionalidad<\/b><\/h3>\n<p>Lo que propongo hacer aqu\u00ed es abordar algunas de las inquietudes expresadas por los argumentos provenientes del giro cultural.<\/p>\n<p>Los materialistas sostienen que, en una variedad de fen\u00f3menos sociales, puede esperarse que los actores persigan racionalmente sus intereses materiales. Gran parte de la ansiedad entre los te\u00f3ricos cr\u00edticos gira en torno a lo que significa que los actores sean \u00abracionales\u00bb. Abordar\u00e9 tres preocupaciones comunes.<\/p>\n<p>La primera es que caracterizar a los agentes como orientados hacia fines econ\u00f3micos reduce toda motivaci\u00f3n humana a lo econ\u00f3mico, cuando en realidad sabemos que los seres humanos valoran muchos otros fines. Los asuntos econ\u00f3micos son solo una de las preocupaciones de las personas, pero tambi\u00e9n aman, tienen amistades, compromisos morales, inquietudes est\u00e9ticas, etc. En suma, los actores sociales son multifac\u00e9ticos. De hecho, eso es lo que los distingue de los animales. Insistir en colocar las preocupaciones econ\u00f3micas en el centro de nuestra agenda explicativa hace violencia a la heterogeneidad y diversidad de las motivaciones humanas.<\/p>\n<p>La segunda preocupaci\u00f3n es que, al decir que los agentes sociales se ocupan de fines econ\u00f3micos, los convertimos en m\u00e1quinas fr\u00edas, calculadoras, o maximizadores econ\u00f3micos. No solo les preocupar\u00eda su bienestar, sino que estar\u00edan obsesionados con obtener el m\u00e1ximo de cada interacci\u00f3n social en la que participan. Esto, una vez m\u00e1s, parece hacer injusticia a la manera en que nos relacionamos entre nosotros, a nuestra capacidad de ver a las dem\u00e1s personas como fines y no meramente como medios.<\/p>\n<p>Y la tercera preocupaci\u00f3n, que se desprende de las dos anteriores, es que resulta dif\u00edcil dar cuenta de todos los contraejemplos que encontramos en nuestra vida social, en los que las personas no solo persiguen otros fines, sino que adem\u00e1s se embarcan en metas que, desde el punto de vista de este tipo de materialismo, parecer\u00edan irracionales, y por tanto la teor\u00eda termina haciendo lo que ninguna teor\u00eda cient\u00edfica deber\u00eda: ignorar los contraejemplos y as\u00ed convertirse en una doctrina r\u00edgida.<\/p>\n<p><b>\u00bfSon los objetivos econ\u00f3micos los \u00fanicos?<\/b><\/p>\n<p>\u00bfSignifica esto que una explicaci\u00f3n materialista de la agencia reduce toda motivaci\u00f3n a lo econ\u00f3mico? Es cierto que los materialistas a veces pueden dar esa impresi\u00f3n, pero la teor\u00eda materialista no lo requiere en absoluto. Entonces, \u00bfc\u00f3mo es posible evitar reducir toda motivaci\u00f3n a lo econ\u00f3mico en una teor\u00eda construida sobre la premisa de que trabajadores y capitalistas est\u00e1n motivados materialmente?<\/p>\n<p>No supone ning\u00fan problema para el materialismo admitir que las personas est\u00e1n motivadas por toda clase de valores y mantienen muchos tipos de compromisos: morales, est\u00e9ticos, religiosos, etc. La teor\u00eda no tiene que negar que existan otras motivaciones o metas. El punto es que la persecuci\u00f3n de estos otros fines presupone el \u00e9xito en la persecuci\u00f3n de los fines materiales. Si deseo ser un artista exitoso, primero tengo que ganarme la vida; para perseguir mis fines religiosos, tengo que mantener cuerpo y alma juntos; para tener un arreglo satisfactorio en mis asuntos sociales, debo asegurarme pan y agua cada d\u00eda. No es que no valoremos otras cosas. Es que no hay ning\u00fan otro valor que act\u00fae como precondici\u00f3n para satisfacer los valores superiores.<\/p>\n<p>La motivaci\u00f3n econ\u00f3mica constituye la precondici\u00f3n pr\u00e1ctica para perseguir cualquier otra motivaci\u00f3n que puedan tener los actores. Esto tiene una implicaci\u00f3n interesante. Cada d\u00eda participamos en todo tipo de interacciones sociales: tenemos amistades, relaciones amorosas, vamos a trabajar, tenemos objetivos pol\u00edticos. En todas estas interacciones sociales, las precondiciones materiales para su realizaci\u00f3n funcionan como una restricci\u00f3n pr\u00e1ctica. Debemos prestar atenci\u00f3n, en alg\u00fan grado, a los costos que nos imponen. Algunas b\u00fasquedas tendr\u00e1n un costo directo e inmediato. Por ejemplo, puedo valorar mi tiempo libre m\u00e1s que tener un empleo remunerado. Pero aunque valore m\u00e1s mi tiempo libre, si ello implica quedar desempleado, la realidad pronto me disuadir\u00e1 de perseguir esa preferencia. Ese es un costo directo e inmediato. Sin embargo, habr\u00e1 otras decisiones donde tendr\u00e9 mucha m\u00e1s libertad para actuar seg\u00fan mis preferencias.<\/p>\n<p>Siguiendo con el ejemplo anterior, la realidad me obligar\u00e1 a buscar y mantener un empleo aunque preferir\u00eda con mucho estar libre para otras actividades. Pero ese tipo de conflicto no afectar\u00e1 otras b\u00fasquedas que aprecio, como por ejemplo la pr\u00e1ctica de mi religi\u00f3n. Tener y conservar un empleo puede no verse afectado en gran medida por mis creencias religiosas. Mientras mi religi\u00f3n no interfiera con mi b\u00fasqueda de un empleo remunerado, tendr\u00e9 mucha m\u00e1s libertad para ejercer mis preferencias en ese \u00e1mbito.<\/p>\n<p>Consideremos un tercer caso. Aunque mi religi\u00f3n, en general, no interfiera con mis actividades econ\u00f3micas, puede haber elementos que s\u00ed lo hagan. Por ejemplo, podr\u00eda dictar que solo trabaje dos d\u00edas a la semana, dedicando los otros cinco a expresar mi devoci\u00f3n a la deidad local. Ese componente particular de mis creencias religiosas entra en conflicto con las exigencias de los empleos disponibles en mi regi\u00f3n; ning\u00fan empleador me contratar\u00eda si insisto en trabajar solo dos d\u00edas a la semana. En ese caso, mis preocupaciones materiales no me llevar\u00e1n a cambiar mi religi\u00f3n en su totalidad, pero s\u00ed me inclinar\u00e1n fuertemente a revisar ese componente doctrinal en particular, o a ignorarlo silenciosamente. As\u00ed, mientras en el primer ejemplo me veo obligado a rechazar de plano mis preferencias, en el segundo permanecen mayormente intactas, y en el tercero probablemente las ajuste parcialmente a mis circunstancias sociales.<\/p>\n<p>De esto podemos extraer la siguiente proposici\u00f3n: no es cierto que la motivaci\u00f3n econ\u00f3mica pese igual en todas las empresas sociales. M\u00e1s bien, su efecto se registra con diferentes grados de intensidad seg\u00fan el \u00e1mbito de actividad. Su impacto m\u00e1s profundo se dar\u00e1 en aquellas esferas de nuestra vida social donde nuestras decisiones inciden directamente sobre nuestro bienestar material, mientras que en aquellos dominios que no est\u00e1n directamente implicados en nuestra reproducci\u00f3n material su constricci\u00f3n ser\u00e1 notablemente m\u00e1s d\u00e9bil.<\/p>\n<p>Se sigue de esto que las motivaciones materiales ser\u00e1n m\u00e1s poderosas en los \u00e1mbitos donde las restricciones econ\u00f3micas son m\u00e1s fuertes. Esto, por supuesto, es lo que normalmente llamamos la econom\u00eda. En los asuntos relacionados con la reproducci\u00f3n econ\u00f3mica de los actores, deber\u00edamos esperar que el supuesto de racionalidad tenga el mayor \u00e9xito predictivo. Y eso es exactamente lo que la estructura de clases gobierna de forma m\u00e1s inmediata. Las relaciones de clase constri\u00f1en directamente las opciones disponibles para los actores en lo que respecta a su reproducci\u00f3n econ\u00f3mica. Las alternativas de sustento que tengo dependen de mi ubicaci\u00f3n en la estructura de clases. En otras palabras, mi posici\u00f3n en la estructura de clases determina los cursos de acci\u00f3n disponibles para m\u00ed si quiero reproducirme.<\/p>\n<p>No sorprende, entonces, que al teorizar las interacciones econ\u00f3micas \u2014la forma en que el capitalismo funciona como econom\u00eda\u2014 el supuesto de racionalidad funcione mejor, porque la b\u00fasqueda de nuestros intereses econ\u00f3micos es lo que nos permite reproducirnos exitosamente en la estructura de clases. Ahora bien, al alejarnos del examen de las elecciones econ\u00f3micas de los actores y dirigirnos a dominios m\u00e1s distales \u2014amistades, relaciones amorosas, asuntos morales y est\u00e9ticos\u2014, las restricciones econ\u00f3micas probablemente ser\u00e1n menos vinculantes. No es que desaparezcan, sino que su operaci\u00f3n deja mayor margen a la variabilidad. Esto se debe a que no conllevan consecuencias inmediatas para nuestra viabilidad como s\u00ed lo hacen las decisiones en asuntos econ\u00f3micos. Como no afectan directamente el bienestar de los agentes, los compromisos no econ\u00f3micos pueden tener a menudo una fuerza motivacional que no entra en conflicto con su seguridad material.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, esto no significa que estos otros \u00e1mbitos est\u00e9n libres de intereses materiales: hay mucho en las elecciones morales, en las amistades e incluso en el amor que est\u00e1 condicionado econ\u00f3micamente. El punto es que el espacio para valoraciones no econ\u00f3micas es mayor aqu\u00ed que en las elecciones econ\u00f3micas o incluso pol\u00edticas. As\u00ed, el materialismo es especialmente eficaz en el estudio de la econom\u00eda pol\u00edtica y de la contienda pol\u00edtica, aunque sigue teniendo relevancia en otras esferas.<\/p>\n<p>De esto se desprende una conclusi\u00f3n importante. La raz\u00f3n por la que el marxismo coloca los intereses econ\u00f3micos en el centro de su concepci\u00f3n de la agencia no es porque los marxistas piensen que los agentes est\u00e1n siempre y en todo lugar motivados econ\u00f3micamente. M\u00e1s bien, es porque la teor\u00eda se ocupa principalmente del \u00e1mbito de la existencia social donde las consideraciones econ\u00f3micas reinan de manera suprema, que es nuestra reproducci\u00f3n econ\u00f3mica \u2014c\u00f3mo nos reproducimos econ\u00f3micamente\u2014 y las relaciones de poder que la sostienen. El marxismo no es una teor\u00eda de todo. Es una teor\u00eda de la clase y la reproducci\u00f3n de clase, y por eso se ancla en el materialismo.<\/p>\n<p>Por supuesto, tiene argumentos sobre c\u00f3mo la estructura de clases constri\u00f1e otras esferas de la actividad social. Pero no puede decir, ni lo dice, que la estructura de clases impacte con igual fuerza en todos los \u00e1mbitos sociales. Hasta qu\u00e9 punto su influencia se irradia a otros dominios es una cuesti\u00f3n abierta, que equivale a algo as\u00ed como una agenda de investigaci\u00f3n. Pero sea cual sea su alcance explicativo respecto de estos otros fen\u00f3menos, la teor\u00eda no descansa en este \u00e9xito adicional. En suma, a medida que otros dominios inciden en la reproducci\u00f3n de las relaciones de clase, la teor\u00eda materialista predice que ceder\u00e1n a la fuerza de las motivaciones materiales. Pero donde no inciden directamente en la reproducci\u00f3n de clase, la teor\u00eda tiene mucho menos que decir.<\/p>\n<p>Por estas razones, es un error pensar que el supuesto de racionalidad describe exhaustivamente las motivaciones humanas. Los seres humanos est\u00e1n motivados por muchas cosas, pero las preocupaciones por el bienestar material imponen l\u00edmites al poder de los dem\u00e1s objetivos.<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>\u00bfImplica necesariamente la racionalidad el hedonismo?<\/b><\/p>\n<p>Parece razonable sostener que los seres humanos son racionales en el sentido de que intentar\u00e1n mantener su bienestar f\u00edsico y econ\u00f3mico. Ahora bien, surge la segunda preocupaci\u00f3n: \u00bfdeben ser maximizadores? \u00bfDeben estar constantemente intentando obtener el m\u00e1ximo de cada interacci\u00f3n? Esta es una inquietud comprensible, porque no solo dibuja una visi\u00f3n bastante objetable del comportamiento humano, sino que contradice nuestra propia experiencia. Nuestras interacciones cotidianas est\u00e1n llenas de ejemplos de decencia y consideraci\u00f3n por los dem\u00e1s. Estas ocurren no solo en esos \u00e1mbitos m\u00e1s enrarecidos a los que me refer\u00eda en la secci\u00f3n anterior, sino tambi\u00e9n en las interacciones econ\u00f3micas. Los actores muestran respeto por otros valores incluso en el lugar de trabajo, en el mismo n\u00facleo de la econom\u00eda capitalista.<\/p>\n<p>Para empezar, el supuesto de racionalidad no tiene por qu\u00e9 basarse en un comportamiento maximizador. La motivaci\u00f3n econ\u00f3mica no tiene que adoptar la forma de una b\u00fasqueda implacable del m\u00e1ximo beneficio en cada interacci\u00f3n. Los actores solo necesitan prestar atenci\u00f3n al umbral m\u00ednimo de bienestar, por debajo del cual vacilar\u00e1n en caer a favor de otros compromisos. La alternativa al comportamiento maximizador no es el altruismo, sino lo que se llama un comportamiento de satisfacci\u00f3n suficiente (<i>satisficing<\/i>). En otras palabras, la teor\u00eda solo requiere que los actores resistan elecciones que impliquen una reducci\u00f3n apreciable de su bienestar; no exige que busquen incrementarlo al m\u00e1ximo. Es perfectamente consistente con el materialismo que las personas digan: \u00abEstoy contento con tener lo suficiente en lugar de tenerlo todo\u00bb.<\/p>\n<p>Por supuesto, habr\u00e1 situaciones en que los actores se vean obligados a maximizar. Para retomar los ejemplos de la secci\u00f3n anterior, deber\u00edamos esperar que en actividades directamente econ\u00f3micas haya una mayor probabilidad de que se nos imponga una estrategia maximizadora. El ejemplo m\u00e1s obvio de esto es la empresa capitalista, que previsiblemente se ver\u00e1 forzada a seguir una estrategia de maximizaci\u00f3n incluso si los directivos desean resistirla. Las presiones competitivas recompensan el comportamiento maximizador al incrementar el flujo de ingresos de las empresas que lo adoptan, dot\u00e1ndolas de mayores fondos invertibles que, a su vez, les permiten adquirir bienes de capital, lo que reduce los costos unitarios de sus productos. Y esto, a su vez, les permite expulsar del mercado a los rivales que hayan optado por una estrategia meramente satisfactoria.<\/p>\n<p>Pero incluso esto no significa que las interacciones econ\u00f3micas obliguen como regla a un comportamiento maximizador. Los trabajadores no enfrentan el mismo tipo de presiones para maximizar sus retornos econ\u00f3micos que las empresas. Mientras que las empresas est\u00e1n disciplinadas para no caer por debajo de cierta tasa de beneficio, los trabajadores pueden verse obligados \u2014o pueden elegir\u2014 aceptar salarios por debajo de la tasa de mercado, porque las empresas tienen que ser econ\u00f3micamente viables mientras que los trabajadores solo tienen que ser f\u00edsicamente viables. Las empresas deben sopesar cada inversi\u00f3n frente a su costo de oportunidad; as\u00ed, bien pueden decidir cambiar su l\u00ednea de producci\u00f3n incluso cuando una planta sigue operativa, o cerrar f\u00e1bricas perfectamente funcionales porque tiene sentido econ\u00f3mico. En cambio, los trabajadores pueden decidir renunciar a empleos mejor remunerados para perseguir otros fines. Mientras consigan asegurar ingresos suficientes en un determinado trabajo, pueden elegir mantenerlo porque les deja tiempo para otras actividades.<\/p>\n<p>As\u00ed, incluso en lo que respecta a consideraciones estrictamente econ\u00f3micas, los trabajadores a veces renuncian a un comportamiento estrechamente maximizador. Pero es importante se\u00f1alar que, aun cuando lo hacen, sus necesidades f\u00edsicas siguen constituyendo un piso por debajo del cual no pueden permitirse caer en su b\u00fasqueda de fines no econ\u00f3micos. Deben mantener cuerpo y alma unidos mientras intentan ser fieles a sus otros compromisos. Por eso, resulta interesante que la econom\u00eda capitalista suscite diferentes tipos de motivaciones econ\u00f3micas en sus dos actores clave: las empresas y los trabajadores. Mientras las empresas est\u00e1n comprometidas con una estrategia de maximizaci\u00f3n brutal, los trabajadores no se ven impulsados por la misma l\u00f3gica implacable.<\/p>\n<p>Podemos concluir, por tanto, que mientras los agentes puedan satisfacer sus necesidades b\u00e1sicas, es perfectamente coherente con el materialismo que renuncien a un mayor beneficio econ\u00f3mico para perseguir otros fines. En consecuencia, vemos trabajadores que dejan de lado salarios m\u00e1s altos o empleos mejor pagados a favor de trabajos que les permiten realizar otras actividades. Pero habr\u00e1 l\u00edmites a cu\u00e1n lejos est\u00e1n dispuestos a llegar, y ese l\u00edmite no es solo el de la viabilidad f\u00edsica. Mucho antes de que la viabilidad se vea amenazada, basta a menudo con un simple malestar f\u00edsico para inclinar a los actores sociales a regresar a la realidad mundana de sus intereses materiales. Por lo tanto, un cierto grado de contingencia es totalmente consistente con la teor\u00eda materialista, pero se trata de una contingencia restringida.<\/p>\n<p><b>El problema de las desviaciones<\/b><\/p>\n<p>El argumento anterior busca reconciliar los postulados del materialismo con algunos hechos evidentes sobre la interacci\u00f3n social. Pero para muchos te\u00f3ricos esto todav\u00eda no es suficiente, y por razones que parecen v\u00e1lidas. Los cr\u00edticos pueden conceder que las consideraciones materiales desempe\u00f1an un papel importante en la interacci\u00f3n social. Pero afirmar que constri\u00f1en la acci\u00f3n social implica que gozan de una primac\u00eda que sigue siendo dif\u00edcil de conciliar con ciertos hechos. Uno de esos hechos es que, incluso en los tipos de movimientos e interacciones que he usado como evidencia del marco materialista, la historia est\u00e1 repleta de ejemplos de grupos de individuos que asumen enormes riesgos y sacrificios: organizadores sindicales que trabajan bajo represi\u00f3n; luchadores por la liberaci\u00f3n nacional que toman las armas contra probabilidades imposibles; activistas por los derechos civiles que aceptan ataques f\u00edsicos; empresarios que aceptan menores ganancias para actuar conforme a sus valores morales. Estos ejemplos provienen precisamente de los \u00e1mbitos donde he insistido en que las consideraciones materiales son m\u00e1s determinantes, y sin embargo encontramos personas que hacen sacrificios enormes por sus compromisos morales. Es dif\u00edcil reconciliar esto con cualquier afirmaci\u00f3n sobre la primac\u00eda de los intereses materiales.<\/p>\n<p>El punto no es si ocurren contraejemplos como estos, sino si son t\u00edpicos. En otras palabras, \u00bfes rutinario y esperable que las personas busquen fines que socavan su bienestar, o son estos casos excepcionales? Para comenzar, es importante destacar que la teor\u00eda social no es una teor\u00eda de cada individuo particular en la sociedad. Es una teor\u00eda de agregados. Se ocupa de lo que llamamos hechos sociales. Estos difieren de los hechos individuales en que no describen c\u00f3mo se comporta una persona concreta, sino patrones generales de comportamiento. Para teorizar cualquier cosa, es necesario encontrar fen\u00f3menos estables a trav\u00e9s de personalidades individuales y contextos espec\u00edficos. Si cualquier contraejemplo individual pudiera invalidar una teor\u00eda, no habr\u00eda teor\u00edas de nada en el mundo social, ya que no es dif\u00edcil encontrar un caso para casi cualquier tipo de comportamiento. Meramente hallar contraejemplos de una generalizaci\u00f3n no la invalida.<\/p>\n<p>Cualquier prueba de una teor\u00eda, por tanto, debe distinguir entre lo t\u00edpico y lo excepcional. Y si el evento desconcertante es excepcional \u2014si es inusual y raro\u2014 entonces no invalida por s\u00ed mismo una generalizaci\u00f3n te\u00f3rica. En cambio, pasa a una clase diferente de fen\u00f3menos, la de los casos excepcionales, que luego se examinan para ver qu\u00e9 circunstancias especiales podr\u00edan estar cre\u00e1ndolos. Estos casos excepcionales no invalidan una teor\u00eda a menos que se vuelvan lo suficientemente numerosos como para constituir un hecho social por derecho propio.<\/p>\n<p>Consideremos el caso del sindicalismo. Es cierto que muchos sindicalistas est\u00e1n dispuestos a asumir grandes costos en sus esfuerzos por organizar a sus compa\u00f1eros. Pero, como los propios organizadores comprenden, la raz\u00f3n por la que sus esfuerzos son tan arduos y a menudo fracasan es precisamente porque su psicolog\u00eda difiere de la de sus compa\u00f1eros. Mientras que los activistas est\u00e1n dispuestos a ignorar los costos personales en pos de sus pasiones morales, la mayor\u00eda de sus compa\u00f1eros no lo est\u00e1. Si lo estuvieran, obviamente no habr\u00eda necesidad de organizar a nadie. Los trabajadores se agrupar\u00edan alrededor de su indignaci\u00f3n moral, sin importar los costos. Del mismo modo, algunos capitalistas pueden decidir aceptar menores ganancias debido a una postura \u00e9tica. Pero la propia l\u00f3gica del mercado tiende a eliminar estos casos. Con el tiempo, por un proceso combinado de filtrado y efecto demostrativo, sus pares aprenden r\u00e1pidamente que el mercado no es lugar para los blandos de coraz\u00f3n. As\u00ed, su postura moral permanece como una anomal\u00eda, mientras que el hecho general se convierte en la indiferencia o bajeza moral del empleador.<\/p>\n<p>En resumen, los contraejemplos no pueden amenazar una generalizaci\u00f3n te\u00f3rica hasta que alcanzan el estatus de fen\u00f3meno general. Pero aqu\u00ed debe observarse una salvedad obvia: el contraejemplo debe ser genuino. Bien puede suceder que casos presentados como amenazas a la teor\u00eda general resulten ser bastante consistentes con ella. En muchas ocasiones, lo que los analistas consideran un alejamiento de la acci\u00f3n racional es, de hecho, un caso de esa misma acci\u00f3n. En otras palabras, el error lo comete el analista, no el agente que analiza.<\/p>\n<p>Un ejemplo prominente de esto es el caso, que se menciona rutinariamente en cr\u00edticas a la teor\u00eda materialista, del votante de clase trabajadora que parece votar contra sus intereses. \u00bfC\u00f3mo entender el hecho de que los trabajadores voten en gran n\u00famero por partidos alineados con sus enemigos, como el Partido Republicano en Estados Unidos y partidos conservadores en otros lugares? Si los trabajadores buscan sus intereses materiales, \u00bfpor qu\u00e9 votar\u00edan por un partido que de hecho perjudica esos intereses? A diferencia del ejemplo del capitalista \u00e9tico o del organizador abnegado, este no es un contraejemplo excepcional. Es un hecho social leg\u00edtimo, que ocurre con frecuencia.<\/p>\n<p>Sostendr\u00eda que este no es, en realidad, un caso desconcertante. M\u00e1s que un ejemplo de trabajadores actuando contra sus intereses, es un ejemplo de trabajadores intentando perseguirlos. Aqu\u00ed son importantes dos puntos. Primero, decir que los actores racionales persiguen sus intereses no significa que siempre tengan \u00e9xito en ello. Es una afirmaci\u00f3n sobre su motivaci\u00f3n, no sobre su \u00e9xito en la b\u00fasqueda de sus intereses. Puedo perfectamente emprender una acci\u00f3n porque creo que es en mi inter\u00e9s, incluso si su efecto resulta decepcionante o contrario a lo que pretend\u00eda. Tales resultados no me hacen irracional; solo me hacen poco exitoso. Sin embargo, si contin\u00fao realizando la misma acci\u00f3n frente a pruebas claras de que su efecto no me favorece, s\u00ed puedo ser acusado de irracionalidad. Pero ese es otro asunto, que debe considerarse por sus propios m\u00e9ritos. Antes de emitir ese juicio, debemos evaluar primero si la acci\u00f3n en s\u00ed fue irracional.<\/p>\n<p>Para juzgar su racionalidad, volvamos a la afirmaci\u00f3n b\u00e1sica de la postura materialista: las personas persiguen cursos de acci\u00f3n que consideran coherentes con sus intereses. Ahora bien, para evaluar si algo est\u00e1 en mi inter\u00e9s, hago un juicio sobre cu\u00e1les ser\u00e1n sus efectos en mi bienestar. Esto ya lo hemos establecido. Ahora introducir\u00e9 una distinci\u00f3n adicional para analizar el caso del trabajador votante. Es la distinci\u00f3n entre juicios basados en experiencia directa y juicios basados en informaci\u00f3n externa.<\/p>\n<p>Cuando intento determinar si un curso de acci\u00f3n ser\u00e1 beneficioso para m\u00ed, a veces puedo basarme en la experiencia directa. Por ejemplo, hay un conjunto espec\u00edfico de objetivos en el lugar de trabajo que puedo derivar de mi experiencia directa. S\u00e9 que tengo ciertas necesidades f\u00edsicas y biol\u00f3gicas b\u00e1sicas, como un consumo adecuado de bienes, una cantidad razonable de sue\u00f1o y una salud f\u00edsica aceptable. Por experiencia directa s\u00e9 que hay ciertos arreglos laborales favorables a estas necesidades. As\u00ed tengo una idea de lo que es un salario digno, s\u00e9 qu\u00e9 duraci\u00f3n de la jornada laboral me permitir\u00e1 dormir lo suficiente y reconozco cu\u00e1l es un ritmo de trabajo manejable para mi salud.<\/p>\n<p>Es muy dif\u00edcil enga\u00f1arme sobre estos asuntos. Ser\u00eda complicado convencerme de que un salario m\u00e1s bajo es bueno para m\u00ed o que un ritmo brutal de trabajo mejora mi salud. El hecho de que pueda contrastar inmediatamente tales afirmaciones con mi experiencia directa facilita rechazarlas de plano. Y por eso los trabajadores tienden a aceptar el deterioro de estas condiciones solo bajo coacci\u00f3n; bajo amenaza de perder el empleo o tras un largo conflicto laboral. En otras palabras, es dif\u00edcil que tenga una \u00abfalsa conciencia\u00bb en este rango de asuntos.<\/p>\n<p>Pero hay un segundo tipo de informaci\u00f3n relevante para mis intereses que no proviene de mi experiencia directa. Es informaci\u00f3n que llega desde una fuente externa, puede requerir alg\u00fan tipo de an\u00e1lisis experto y la recopilaci\u00f3n de distintos fragmentos de conocimiento a los que no tengo acceso directo. As\u00ed, puedo saber por experiencia que necesito mantener un empleo si quiero sobrevivir en una econom\u00eda de mercado o que necesito un salario m\u00e1s alto para sostenerme. Tambi\u00e9n s\u00e9 que la pol\u00edtica gubernamental influye en la disponibilidad de empleos. Pero no tengo un conocimiento inmediato y directo sobre qu\u00e9 tipo de pol\u00edticas sirven mejor a ese fin. \u00bfSon mejores las tasas de inter\u00e9s bajas o altas? \u00bfEs preferible el libre comercio o el proteccionismo? Aunque s\u00e9 por experiencia directa que tener empleo es bueno, no s\u00e9 qu\u00e9 pol\u00edticas generan buenos empleos. Hay muchos elementos intermedios en la cadena causal que conecta las tasas de inter\u00e9s con la creaci\u00f3n de empleo, que no tengo tiempo ni formaci\u00f3n para entender. Para esto debo confiar en expertos.<\/p>\n<p>Cuando los juicios dependen de asesoramiento externo y no de la experiencia directa, hay un potencial mucho mayor de ser enga\u00f1ado, aunque est\u00e9 intentando perseguir mis intereses lo mejor que puedo. Tomemos el ejemplo de la atenci\u00f3n m\u00e9dica. Puedo saber por experiencia directa que tengo dolor. Tambi\u00e9n s\u00e9 que necesito alg\u00fan tipo de tratamiento m\u00e9dico para aliviarlo. Pero para saber qu\u00e9 tratamiento es adecuado, debo confiar en los m\u00e9dicos. Supongamos que un m\u00e9dico me da un mal consejo porque quiere lucrar o est\u00e1 limitado por las aseguradoras a ofrecer solo ciertos tratamientos. Yo le escucho, pero termino peor que antes. Dif\u00edcilmente se podr\u00eda decir que no estoy persiguiendo mis intereses o que no soy consciente de ellos. Es evidente que lo estoy haciendo lo mejor que puedo, pero el problema es que eso requiere informaci\u00f3n a la que no tengo acceso directo y por tanto soy vulnerable a la manipulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El voto est\u00e1 sujeto a los mismos tipos de manipulaci\u00f3n. Si resulta que los expertos en quienes conf\u00edo son medios de comunicaci\u00f3n, l\u00edderes pol\u00edticos y comunitarios que tienen sus propios intereses y se benefician de enga\u00f1arme, entonces es muy probable que, aunque act\u00fae racionalmente e intente defender mis intereses, termine dando mi voto a alguien que promueve pol\u00edticas sub\u00f3ptimas o incluso perjudiciales para m\u00ed. Y en Estados Unidos, los medios y los partidos pol\u00edticos est\u00e1n completamente capturados por las \u00e9lites econ\u00f3micas. La informaci\u00f3n que brindan a los ciudadanos es abrumadoramente partidista, aunque se presente con un lenguaje que parece neutral y preocupado. No deber\u00eda sorprendernos que las personas terminen votando por partidos que no satisfacen sus intereses cuando la informaci\u00f3n que reciben est\u00e1 sistem\u00e1ticamente sesgada.<\/p>\n<p>La mejor descripci\u00f3n de esta situaci\u00f3n no es que los votantes de clase trabajadora sean irracionales, sino simplemente que est\u00e1n mal informados. Como he argumentado, ser enga\u00f1ado o estar mal informado puede, sin embargo, indicar irracionalidad si los actores no modifican su conducta al observar sus efectos. Volviendo al ejemplo de la salud, si resulta que el tratamiento que me prescribi\u00f3 el m\u00e9dico solo empeora mi condici\u00f3n, s\u00ed ser\u00eda irracional si continuara con \u00e9l. Podemos aplicar el mismo criterio a los trabajadores que votan conservador. Seguramente, tras algunas experiencias de hacer esa elecci\u00f3n, deber\u00edamos esperar que modificaran su juicio.<\/p>\n<p>Esto es cierto cuando existe una conexi\u00f3n real entre las decisiones pol\u00edticas y los resultados perjudiciales que pueda discernirse directamente por experiencia. Pero si ese juicio requiere otro ciclo de an\u00e1lisis experto, la expectativa de que los trabajadores cambien sus elecciones resulta poco realista. Y el hecho es que las cadenas causales que conectan las decisiones pol\u00edticas con los resultados econ\u00f3micos no son tan evidentes, ni siquiera para los expertos. Es casi un clich\u00e9 decir que, aunque la econom\u00eda se presenta como una ciencia, carece de algo parecido al consenso que existe en las ciencias naturales.<\/p>\n<p>Por tanto, es f\u00e1cil construir relatos que oscurezcan la conexi\u00f3n entre pol\u00edticas y resultados, dado que es sencillo encontrar economistas o expertos defendiendo argumentos diametralmente opuestos. Es demasiado exigir que los votantes comunes formulen juicios consistentes sobre las consecuencias de sus decisiones electorales cuando, en realidad, hay un grado de indeterminaci\u00f3n entre causa y efecto, o cuando esa conexi\u00f3n requiere tiempo y conocimientos que los votantes ordinarios no poseen. Por eso, no deber\u00eda sorprendernos si contin\u00faan por un camino que parece contraproducente.<\/p>\n<h3><b>Conclusi\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p>El menosprecio de las consideraciones materiales \u2014su rechazo como un apego vulgar a las \u00abcosas\u00bb, frente a una valoraci\u00f3n supuestamente superior de b\u00fasquedas de orden m\u00e1s elevado\u2014 es uno de los desarrollos m\u00e1s curiosos del marxismo occidental desde la d\u00e9cada de 1960. En su temprana y valiente defensa del materialismo en los primeros a\u00f1os de los 70, Sebastiano Timpanaro observ\u00f3 que los sofisticados te\u00f3ricos marxistas ya mostraban incomodidad ante la idea de ser asociados con esa doctrina. \u00abQuiz\u00e1 la \u00fanica caracter\u00edstica com\u00fan a pr\u00e1cticamente todas las variedades contempor\u00e1neas del marxismo occidental \u2014se\u00f1al\u00f3\u2014 sea su af\u00e1n por defenderse de la acusaci\u00f3n de materialismo.\u00bb Y continuaba:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Marxistas gramscianos o togliattianos, marxistas hegeliano-existencialistas, marxistas neo-positivistas, marxistas freudianos o estructuralistas, pese a las profundas disensiones que los dividen, coinciden en rechazar cualquier sospecha de connivencia con el materialismo \u2018vulgar\u2019 o \u2018mecanicista\u2019; y lo hacen con tal celo que terminan expulsando, junto con el mecanicismo o la vulgaridad, al materialismo <em>tout court<\/em>.<\/p>\n<p>Timpanaro se adelant\u00f3 un poco en su juicio. Aunque el giro hacia la cultura ya era evidente en los a\u00f1os setenta, todav\u00eda exist\u00eda entonces una l\u00ednea s\u00f3lida y bastante influyente de teorizaci\u00f3n materialista que durar\u00eda al menos una d\u00e9cada m\u00e1s. Pero lo que en 1970 parec\u00eda prematuro era un hecho innegable para el a\u00f1o 2000. A medida que los movimientos obreros y la izquierda se debilitaban, y que la intelectualidad se aislaba cada vez m\u00e1s del compromiso pol\u00edtico, el abrazo del discurso y la ideolog\u00eda a expensas del materialismo evolucion\u00f3 de ser una corriente entre muchas en el an\u00e1lisis radical a convertirse en casi una ortodoxia.<\/p>\n<p>Cuestionar esa ortodoxia es sin duda una de las tareas m\u00e1s urgentes hoy para la izquierda. Con ese fin, he sostenido que, m\u00e1s all\u00e1 de cualquier otra cosa, una teor\u00eda materialista no exige concebir a los agentes como seres unidimensionales o como fr\u00edas m\u00e1quinas calculadoras de utilidad. El materialismo simplemente reconoce que la necesidad de asegurar el bienestar econ\u00f3mico y f\u00edsico es la condici\u00f3n central para la b\u00fasqueda de cualquier otro objetivo. No siempre tiene que prevalecer sobre otros fines, pero cuando entra en conflicto con ellos, los agentes sociales solo pueden ignorarla a un gran costo. Por ello, aunque individuos particularmente comprometidos pueden elegir aceptar enormes penurias a expensas de su bienestar f\u00edsico, la mayor\u00eda de las personas t\u00edpicamente no lo har\u00e1n. Es m\u00e1s probable que rechacen opciones que requieran tales sacrificios, y se adaptar\u00e1n a las demandas de sus circunstancias a medida que la intensidad de esos sacrificios aumente.<\/p>\n<p>Sobre esta base puede construirse una teor\u00eda de los intereses materiales de las personas, que ha sido precisamente la fuente del \u00e9xito del marxismo como teor\u00eda pol\u00edtica. Dado que las personas son sensibles a su bienestar, aquellas relaciones sociales que afectan directamente su nivel y estabilidad ejercen una influencia particular sobre sus elecciones. La estructura de clases, m\u00e1s que cualquier otra relaci\u00f3n social, se superpone exactamente con estos aspectos de las consideraciones de los actores. No es de extra\u00f1ar, entonces, que el marxismo \u2014una teor\u00eda organizada en torno al an\u00e1lisis de clase\u2014 haya sido el defensor m\u00e1s ferviente del materialismo.<\/p>\n<p>El materialismo admite el hecho de que las personas est\u00e1n motivadas por muchas cosas. Otra virtud de su enfoque de la agencia social es que puede explicar no solo c\u00f3mo el capitalismo se ha expandido por el mundo en tantas culturas diferentes, sino tambi\u00e9n c\u00f3mo sostiene su heterogeneidad cultural. Es precisamente porque las personas encuentran posible conservar aquellos aspectos de la cultura local que no interfieren con las compulsiones econ\u00f3micas, mientras que ajustan o rechazan los que s\u00ed interfieren. Es una elecci\u00f3n pr\u00e1ctica. Esto nos brinda una teor\u00eda del cambio cultural adem\u00e1s de una teor\u00eda de la reproducci\u00f3n econ\u00f3mica. Las personas reflexionan sobre sus valores y normas y luego solo reproducen aquellos que son apropiados para sus situaciones, rechazando los que interfieren con sus objetivos e imperativos econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el materialismo no solo proporciona un medio para la resistencia universal al capital, sino un enfoque profundamente democr\u00e1tico de esa resistencia. El fundamento de cualquier compromiso democr\u00e1tico es tratar a las dem\u00e1s personas con respeto. Y eso es imposible si se asume que padecen deficiencias cognitivas, que son f\u00e1cilmente enga\u00f1ables o que son meros productos de su cultura. Para quienes hacen organizaci\u00f3n pol\u00edtica, es absolutamente esencial abordar la tarea con la convicci\u00f3n de que est\u00e1n tratando con una base consciente y reflexiva, a la que deben presentar argumentos s\u00f3lidos para que resistan a sus dominadores de un modo u otro. Y deben asumir que las personas aceptar\u00e1n una estrategia pol\u00edtica por razones racionales, no simplemente mediante lavado de cerebro o \u2014como es tan com\u00fan entre muchos izquierdistas hoy\u2014 por medio de la verg\u00fcenza y la presi\u00f3n moral.<\/p>\n<p>Estos son puntos que los intelectuales progresistas comprendieron instintivamente durante la mayor parte de la historia de la izquierda. Es totalmente previsible que, a medida que la teorizaci\u00f3n social se desvincul\u00f3 de la organizaci\u00f3n social, las versiones m\u00e1s inveros\u00edmiles del an\u00e1lisis cultural se apoderaran de los intelectuales cr\u00edticos. E inversamente, no sorprende que durante las d\u00e9cadas en que los intelectuales de izquierda estaban inmersos en la organizaci\u00f3n de clase, la suposici\u00f3n del materialismo nunca se cuestionara realmente. Sin duda, el camino de regreso a la sensatez es largo, pero, por sinuoso que sea, conduce de nuevo a ciertos elementos fundacionales de la teor\u00eda social. Y no hay ninguno m\u00e1s importante que el materialismo.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"post-author\">\n<div>\n<div class=\"author\">Vivek Chibber.\u00a0Profesor de sociolog\u00eda en la Universidad de Nueva York. Es editor de <em>Catalyst: A Journal of Theory and Strategy<\/em>.<br \/>\nTraducci\u00f3n: Natalia L\u00f3pez<\/div>\n<p>Fuente: <em>Jacobin lat<\/em>, 15 de julio de 2025 (<a href=\"https:\/\/jacobinlat.com\/2025\/07\/el-materialismo-es-esencial-para-la-politica-socialista\/\">https:\/\/jacobinlat.com\/2025\/07\/el-materialismo-es-esencial-para-la-politica-socialista\/<\/a>)<br \/>\nImagen de portada: Gr\u00faas levantan una estatua de Karl Marx de 33 toneladas a la entrada de la Universidad de Leipzig, en el este de Alemania. (Sebastian Willnow \/ DDP \/ AFP v\u00eda Getty Images)<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tradici\u00f3n socialista estuvo asociada durante mucho tiempo al materialismo, la idea de que los agentes humanos tienden a actuar<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":18259,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8,1552],"tags":[],"class_list":["post-18258","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-filosofia","category-marxismo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18258","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=18258"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18258\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18262,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18258\/revisions\/18262"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/18259"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=18258"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=18258"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=18258"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}