{"id":18322,"date":"2025-08-12T05:00:25","date_gmt":"2025-08-12T04:00:25","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=18322"},"modified":"2025-08-12T06:47:48","modified_gmt":"2025-08-12T05:47:48","slug":"idees-forces","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=18322","title":{"rendered":"Id\u00e9es-forces"},"content":{"rendered":"<p><em>El ingl\u00e9s Francis Rory Peregrine Anderson (Londres, 1938) no necesita demasiada presentaci\u00f3n: historiador, soci\u00f3logo, pensador, ensayista, profesor de la UCLA, editor de la <\/em>New Left Review\u2026 S<em>e trata del intelectual marxista m\u00e1s sobresaliente de la actualidad, con una extens\u00edsima obra que cubre los temas m\u00e1s diversos. Es dif\u00edcil hallar alg\u00fan autor, sea cual fuere la tradici\u00f3n te\u00f3rica, que se le pueda parangonar en amplitud de miras, erudici\u00f3n, capacidad de an\u00e1lisis y potencia de s\u00edntesis. Con 87 a\u00f1os a sus espaldas, sigue dando muestras de una lucidez y criticidad descollantes. La cultura de izquierdas debe estar infinitamente agradecida por el hecho de que Perry Anderson sea uno de los nuestros.<\/em><br \/>\n<em>El art\u00edculo suyo que aqu\u00ed compartimos fue originalmente publicado en la <\/em><strong><a href=\"https:\/\/newleftreview.org\/issues\/ii151\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">New Left Review<\/a><\/strong><em>, nro. 151, marzo-abril de 2025. La traducci\u00f3n del ingl\u00e9s no es nuestra, sino de la <strong><a href=\"https:\/\/newleftreview.es\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">versi\u00f3n castellana de la <\/a><\/strong><\/em><strong><a href=\"https:\/\/newleftreview.es\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">NLR<\/a><\/strong><em>, a cargo de la editorial espa\u00f1ola Traficantes de Sue\u00f1os, con sede en Madrid. Este es el copete: \u00ab\u00bfQu\u00e9 peso debe otorgarse al papel de las ideas en los momentos de cambio radical frente al desempe\u00f1ado por los intereses y las fuerzas materiales? De la Reforma a la Ilustraci\u00f3n, del auge del marxismo a la hegemon\u00eda del neoliberalismo, lecciones para la izquierda antisist\u00e9mica\u00bb.<\/em><br \/>\n<em>En el pr\u00f3ximo n\u00famero de <\/em>Kalewche <em>editaremos otro ensayo andersoniano, a\u00fan m\u00e1s reciente: \u00ab\u00bfCambio de r\u00e9gimen en Occidente?\u00bb, que apareci\u00f3 en la <\/em>London Review of Books <em>a principios de abril. Ese texto y el que a continuaci\u00f3n reproducimos han servido de inspiraci\u00f3n a Ariel Petruccelli para encarar la redacci\u00f3n de \u00abLa atalaya de Perry Anderson\u00bb, art\u00edculo donde nuestro camarada patag\u00f3nico analiza los desaf\u00edos del presente. Este escrito de Ariel, que ya est\u00e1 casi listo, saldr\u00e1 a la luz el domingo 17 de agosto, en simult\u00e1neo con \u00ab\u00bfCambio de r\u00e9gimen en Occidente?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bca32bdeb71b93fa29581c0b366abc93\">\u00bfQu\u00e9 importancia tiene el papel de las ideas en las convulsiones pol\u00edticas, que han marcado los grandes cambios hist\u00f3ricos? \u00bfSon meros epifen\u00f3menos mentales de procesos materiales y sociales mucho m\u00e1s profundos o poseen un poder aut\u00f3nomo decisivo como fuerzas de movilizaci\u00f3n pol\u00edtica?<sup>1 <\/sup>Contrariamente a las apariencias, las respuestas dadas a esta pregunta no dividen tajantemente a la izquierda de la derecha. Muchos conservadores y liberales han exaltado, por supuesto, la trascendente importancia de los elevados ideales y de los valores morales en la historia, denunciando, como materialistas vulgares, a los radicales que insisten en que las contradicciones econ\u00f3micas son el motor del cambio hist\u00f3rico. Entre los ejemplos modernos famosos de tal idealismo de la derecha se encuentran figuras como Friedrich Meinecke, Benedetto Croce o Karl Popper. Para tales pensadores, dicho en palabras de Meinecke: \u00abLas ideas, transmitidas y transformadas por personalidades vivas, constituyen el lienzo de la vida hist\u00f3rica\u00bb. Pero podemos encontrar otras figuras importantes de la derecha que atacan los delirios racionalistas presentes en el estatus de las doctrinas artificiales, defendiendo contra ellas el significado mucho m\u00e1s duradero de las costumbres tradicionales o de los instintos biol\u00f3gicos. Friedrich Nietzsche, Lewis Namier y Gary Becker fueron, desde diferentes puntos de vista, te\u00f3ricos de los intereses materiales, empe\u00f1ados en desinflar con sorna las pretensiones de los valores \u00e9ticos o pol\u00edticos. La teor\u00eda de la elecci\u00f3n racional, hegem\u00f3nica en amplias \u00e1reas de las ciencias sociales anglosajonas, es el paradigma contempor\u00e1neo m\u00e1s conocido de este tipo.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e2dafaf9a00262a213b97598789388c8\"><strong>1<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c1fb815d612b1f90eda104fd715f25ff\">Sin embargo, la misma bifurcaci\u00f3n puede encontrarse en la izquierda. Si nos fijamos en los grandes historiadores modernos de la izquierda, encontramos una completa indiferencia hacia el papel de las ideas en Fernand Braudel, a diferencia del apasionado apego a ellas presente en R. H. Tawney. Entre los propios marxistas brit\u00e1nicos, nadie confundir\u00eda las posiciones de Edward P. Thompson, cuya obra de toda una vida fue una pol\u00e9mica contra lo que \u00e9l consideraba como reduccionismo econ\u00f3mico, con las de Eric Hobsbawm, cuya historia del siglo XX no contiene en absoluto secciones separadas dedicadas a las ideas. Si nos fijamos en los l\u00edderes pol\u00edticos, la misma oposici\u00f3n se repite de forma a\u00fan m\u00e1s marcada. \u00abEl movimiento lo es todo, el objetivo no es nada\u00bb, anunci\u00f3 Bernstein. \u00bfPodr\u00eda haber una devaluaci\u00f3n m\u00e1s dr\u00e1stica de los principios o ideas a favor de procesos puramente f\u00e1cticos? Bernstein cre\u00eda que era leal a Marx cuando pronunci\u00f3 este apotegma. En el mismo periodo, Lenin declar\u00f3, en una m\u00e1xima igualmente famosa de efecto exactamente antit\u00e9tico, como algo que todo marxista deber\u00eda saber, que \u00absin teor\u00eda revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario\u00bb. La dicotom\u00eda en este caso no corr\u00eda \u00fanicamente entre el reformista y el revolucionario. En las filas de la propia izquierda revolucionaria encontramos la misma dualidad. Para Rosa Luxemburgo, como ella dijo, \u00abal principio fue el hecho\u00bb: no una idea preconcebida, sino simplemente la acci\u00f3n espont\u00e1nea de las masas era el punto de partida de todo gran cambio hist\u00f3rico. Los anarquistas nunca dejaron de estar de acuerdo con ella. Para Gramsci, por otro lado, el movimiento obrero nunca podr\u00eda obtener victorias duraderas a menos que lograra una supremac\u00eda ideal, lo que \u00e9l llam\u00f3 una hegemon\u00eda cultural y pol\u00edtica, sobre la sociedad en su conjunto, incluidos sus enemigos. Al frente de sus respectivos Estados, Stalin confi\u00f3 la construcci\u00f3n del socialismo al desarrollo material de las fuerzas productivas y Mao a una revoluci\u00f3n cultural capaz de transformar las mentalidades y las costumbres.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3f30c4a70ca17d3793f229d4ed5c69bc\"><strong>2<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18bd13e7ef721c26a388e001809ca183\">\u00bfC\u00f3mo se puede arbitrar esta antigua oposici\u00f3n? Las ideas se presentan en diferentes formas y tama\u00f1os. Las que son relevantes para los grandes cambios hist\u00f3ricos han sido t\u00edpicamente ideolog\u00edas sistem\u00e1ticas. G\u00f6ran Therborn ha ofrecido una taxonom\u00eda penetrante y elegante de estas \u00faltimas, en un libro cuyo mismo t\u00edtulo, <em>La ideolog\u00eda del poder y el poder de la ideolog\u00eda<\/em> (1980), nos ofrece una agenda. Divide las ideolog\u00edas en existenciales e hist\u00f3ricas, inclusivas y posicionales. Entre ellas, las que han tenido mayor alcance, espacial o temporal, se han distinguido por una caracter\u00edstica que tal vez fue mejor captada por el conservador ingl\u00e9s T. S. Eliot, en sus <em>Notes sobre la definici\u00f3n de cultura <\/em>(1948). Podemos sustituir f\u00e1cilmente su noci\u00f3n de \u00abcultura\u00bb por el t\u00e9rmino \u00abideolog\u00eda\u00bb. La observaci\u00f3n clave de Eliot fue que cualquier sistema de creencias importante constituye una jerarqu\u00eda de diferentes niveles de complejidad conceptual, que van de las construcciones intelectuales altamente sofisticadas en la parte superior del sistema, que son accesibles \u00fanicamente para una \u00e9lite educada a las simplificaciones m\u00e1s crudas y elementales localizables en el \u00e1mbito popular, pasando por versiones m\u00e1s amplias y menos refinadas situadas en niveles intermedios de ese sistema: todas ellas, sin embargo, se hallan unificadas por un \u00fanico lenguaje y respaldadas por el correspondiente conjunto de pr\u00e1cticas simb\u00f3licas. \u00danicamente un sistema as\u00ed totalizado, argumentaba Eliot, era digno del nombre de una cultura real y capaz a su vez de generar un gran arte.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bff4f1949fa66f1aa9674bf4455d6d6e\"><strong>3<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-270b09f706e17c2347516747e1b6f25a\">Eliot pensaba, por supuesto, en el cristianismo como principal ejemplo de tal sistema, que un\u00eda las especulaciones teol\u00f3gicas m\u00e1s arcanas con prescripciones \u00e9ticas familiares y supersticiones populares en una \u00fanica fe que lo abarcaba todo, sostenida por historias e im\u00e1genes sagradas de un acervo com\u00fan de fuentes escriturales. Las religiones mundiales, surgidas en la llamada <em>era axial<\/em> (800-200 A.C.) por Karl Jaspers, ofrecen sin duda una prueba inicial sorprendente de toda hip\u00f3tesis sentada sobre el papel de las ideas en los grandes cambios hist\u00f3ricos. Pocos podr\u00edan dudar del enorme impacto de estos sistemas de creencias en vastas \u00e1reas del mundo y a lo largo de milenios. Tampoco es f\u00e1cil identificar sus or\u00edgenes en convulsiones materiales o sociales precedentes, producidas a una escala conmensurable con su propia influencia transformadora y con su grado de difusi\u00f3n. A lo sumo, podr\u00edamos decir que la unificaci\u00f3n del mundo mediterr\u00e1neo por parte del Imperio Romano proporcion\u00f3 un marco institucional favorable para la difusi\u00f3n de un monote\u00edsmo universalista, como el cristianismo, o que un nomadismo militarizado en un entorno des\u00e9rtico sometido a una fuerte presi\u00f3n demogr\u00e1fica encontrar\u00eda probablemente tarde o temprano una expresi\u00f3n religiosa espec\u00edfica, como sucedi\u00f3 con el islam. La desproporci\u00f3n entre causas imputables y consecuencias comprobables parece ser un argumento s\u00f3lido a favor de otorgar un poder aut\u00f3nomo notable, o incluso extraordinario, a las ideas en las civilizaciones de esa \u00e9poca.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cab03ed59bad87400810d4e75daa1e1f\">El impacto pol\u00edtico de estas religiones no fue, por supuesto, estrictamente comparable. El cristianismo convirti\u00f3 gradualmente desde dentro a un universo imperial previamente existente sin que se produjera ninguna alteraci\u00f3n significativa de su estructura social. Pero al crear en la Iglesia un complejo institucional paralelo al Estado, que sobrevivi\u00f3 al colapso final del Imperio, asegur\u00f3 una continuidad cultural y pol\u00edtica m\u00ednima para el posterior surgimiento del feudalismo. El islam, por el contrario, redibuj\u00f3 de un plumazo todo el mapa pol\u00edtico del Mediterr\u00e1neo y de Oriente Pr\u00f3ximo mediante una fulminante conquista militar. Sin embargo, todav\u00eda estamos en la Antig\u00fcedad. En ambos casos, los sistemas de creencias que conquistaron la regi\u00f3n no hicieron lo que m\u00e1s tarde describir\u00edamos como una <em>batalla de ideas<\/em>. No se libr\u00f3 ninguna lucha ideol\u00f3gica sostenida entre paganos y cristianos, o entre cristianos y musulmanes, a medida que los t\u00e9rminos de la creencia se trastrocaban en Roma o El Cairo. La conversi\u00f3n se produjo esencialmente por \u00f3smosis o por la fuerza sin una colisi\u00f3n ideol\u00f3gica articulada.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0170795a9672e250603ca9d3cc0d7e30\"><strong>4<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9269f3b6a4ba49f6917211e69ffa9192\">Cuando pasamos a la era moderna, las cosas son diferentes. La Reforma protestante, a diferencia de las ense\u00f1anzas de Cristo o de Mahoma, fue un sistema doctrinal escrito \u2013o m\u00e1s bien un conjunto de ellos\u2013 desde el principio, desarrollado en los textos pol\u00e9micos de Lutero, Zuinglio y Calvino, antes de convertirse en una fuerza importante o en un poder institucional. Menos distante en el tiempo, es m\u00e1s f\u00e1cil rastrear las condiciones sociales y materiales pr\u00f3ximas a su aparici\u00f3n: la corrupci\u00f3n del catolicismo renacentista, el surgimiento del sentimiento nacional, el acceso diferencial de los Estados europeos al Vaticano, la llegada de la imprenta, etc\u00e9tera. Lo que llama la atenci\u00f3n ahora es otra cosa: el surgimiento de la Contrarreforma dentro de la Iglesia cat\u00f3lica y, con ella, una batalla ideol\u00f3gica sin cuartel entre los dos credos, sostenida en los niveles m\u00e1s altos del debate metaf\u00edsico e intelectual, as\u00ed como por todos los medios conocidos de propaganda popular \u2013a esta \u00e9poca le debemos el t\u00e9rmino\u2013, lo cual desencaden\u00f3 una serie tit\u00e1nica de rebeliones, guerras y conflictos civiles en toda Europa. Aqu\u00ed, como en ning\u00fan otro caso, las ideas parecen desencadenar y dar forma al cambio hist\u00f3rico. De hecho, ninguna revoluci\u00f3n posterior se desencadenar\u00eda tan directamente por cuestiones de creencias intelectuales como sucedi\u00f3 con la primera serie de grandes levantamientos conducente a la creaci\u00f3n de los Estados modernos en Europa: la revuelta de los Pa\u00edses Bajos contra Espa\u00f1a en el siglo XVI, y la Guerra Civil Inglesa y la Revoluci\u00f3n Gloriosa en Inglaterra en el XVII. En los tres casos, el detonante inmediato de la revoluci\u00f3n fue un estallido de pasi\u00f3n teol\u00f3gica: la destrucci\u00f3n de im\u00e1genes sagradas en nombre de la pureza de las escrituras en los Pa\u00edses Bajos, la imposici\u00f3n de un nuevo libro de oraciones en Escocia y la amenaza de la tolerancia cat\u00f3lica en Inglaterra.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-78c63ee506b1c6e10dfa796d8555f542\"><strong>5<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-62b14f22440d6f2556bee282d5d6bfb5\">En comparaci\u00f3n, los estallidos de las revoluciones norteamericana y francesa en el siglo XVIII estuvieron mucho m\u00e1s determinados por factores materiales. En ninguno de los dos casos hubo un sistema desarrollado de ideas que motivara el asalto inicial al antiguo orden colonial o real. Por el contrario, en las colonias norteamericanas, el inter\u00e9s econ\u00f3mico propio m\u00e1s rampl\u00f3n (el rechazo a los impuestos recaudados para pagar el costo de la protecci\u00f3n contra los indios y los franceses, aderezado con la correspondiente dosis de conspiracionismo), desencaden\u00f3 una rebeli\u00f3n contra la monarqu\u00eda brit\u00e1nica, mientras que en Francia una crisis fiscal provocada por el costo de ayudar a los rebeldes estadounidenses oblig\u00f3 a convocar una instituci\u00f3n feudal tard\u00eda, los Estados Generales, cuyas reformas fueron r\u00e1pidamente barridas por la erupci\u00f3n del descontento masivo en el campo y en las ciudades bajo la presi\u00f3n de una mala cosecha y de los altos precios de los cereales. En ambos casos, el colapso del antiguo orden fue un proceso no premeditado en el que predominaron las quejas de tipo material m\u00e1s que ideol\u00f3gico. En en el trasfondo se encontraba, sin embargo, la cultura cr\u00edtica acumulada de la Ilustraci\u00f3n, un vasto almac\u00e9n de ideas y discursos potencialmente explosivos a la espera, por as\u00ed decirlo, de ser activado en tales condiciones de emergencia. Este arsenal de iconoclasia preexistente convirti\u00f3 la desintegraci\u00f3n del orden establecido en la creaci\u00f3n revolucionaria de un nuevo orden y desencaden\u00f3 la forja de un imaginario ideol\u00f3gico con el que todav\u00eda vivimos hoy. Los ideales de la Revoluci\u00f3n Norteamericana y, sobre todo, de la Revoluci\u00f3n Francesa han seguido siendo inspiraciones activas para la acci\u00f3n pol\u00edtica mucho despu\u00e9s de que las instituciones que cada una de ellas gener\u00f3 se hubieran fosilizado o hubieran ca\u00eddo en el olvido.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-21b0b3c46688a9b72a2235da5dc017ed\"><strong>6<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d6101b1242b8cebb3dd44e0e5e3fef1d\">Si el principal legado de las religiones mundiales fue la introducci\u00f3n de una idea metaf\u00edsica de universalismo y el de la Reforma el individualismo, la herencia ideol\u00f3gica que dejaron las revoluciones en la era de la Ilustraci\u00f3n residi\u00f3 esencialmente en las nociones de soberan\u00eda popular y derechos civiles. Estas nociones eran solo los medios formales para la libre determinaci\u00f3n de la forma de una sociedad. \u00bfC\u00f3mo deber\u00eda ser esa forma, esto es, la esencia del bienestar colectivo? Esta fue la pregunta que plante\u00f3 el advenimiento de la Revoluci\u00f3n Industrial en el siglo XIX. Se dieron tres tipos diferentes de respuestas. En 1848 se hab\u00edan establecido los grandes campos de batalla de la \u00e9poca. De la mano del <em>Manifiesto comunista<\/em>, Europa se enfrent\u00f3 a la elecci\u00f3n que m\u00e1s tarde se plante\u00f3 en todo el planeta: \u00bfcapitalismo o socialismo? Por primera vez, la humanidad se enfrentaba a principios de organizaci\u00f3n social claramente definidos y radicalmente antit\u00e9ticos. Pero hab\u00eda una asimetr\u00eda en su formulaci\u00f3n. El socialismo logr\u00f3 una teorizaci\u00f3n extensa, variada y autoproclamada, como movimiento pol\u00edtico y como objetivo hist\u00f3rico. El capitalismo, a diferencia de s\u00edntomas como la \u00absociedad comercial\u00bb de Smith, rara vez o nunca habl\u00f3 en su propio nombre en el siglo XIX ni durante la mayor parte del siglo XX, siendo el propio t\u00e9rmino una invenci\u00f3n de sus oponentes. Los defensores de la propiedad privada, partidarios del <em>statu quo<\/em>, apelaron a concepciones m\u00e1s parciales o tradicionales e invocaron principios conservadores o liberales en lugar de proponer una ideolog\u00eda expresamente capitalista. Estos principios estaban lejos de ser un sustituto fiable. No pocos pensadores conservadores \u2013Carlyle o Maurras\u2013 expresaron una feroz antipat\u00eda hacia el capitalismo, mientras que varios te\u00f3ricos liberales \u2013Mill o Walras\u2013 vieron con buenos ojos las versiones m\u00e1s suaves de socialismo. Si consideramos el papel de las ideas en el siglo XIX, est\u00e1 claro que el socialismo \u2013sobre todo en su versi\u00f3n marxista y, por lo tanto, m\u00e1s intransigentemente materialista\u2013 mostr\u00f3 una capacidad de galvanizaci\u00f3n de la acci\u00f3n pol\u00edtica mucho mayor que su oponente. No es en absoluto casual que nadie hablara de un movimiento capitalista. El poder del orden establecido segu\u00eda descansando en mucha mayor medida en la tradici\u00f3n, la costumbre y la fuerza que en cualquier conjunto de ideas te\u00f3ricas. A mediados del siglo XX, por otro lado, el socialismo como idea hab\u00eda logrado una extensi\u00f3n geogr\u00e1fica de adeptos m\u00e1s amplia que la que hab\u00eda tenido nunca ninguna religi\u00f3n mundial.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cf9b713c8615396257b5cc53516ae9fb\"><strong>7<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b80c99e5189347e5f07398d250479aff\">Aun as\u00ed, el universo ideol\u00f3gico no se agot\u00f3 con estos opuestos. Hab\u00eda otra gran fuerza motriz en funcionamiento en esta \u00e9poca, diferente en especie de cualquiera de los dos. Ya en 1848 el nacionalismo demostr\u00f3 ser un movimiento movilizador a\u00fan m\u00e1s poderoso que el socialismo en Europa. Dos peculiaridades lo definieron como idea pol\u00edtica, mucho antes de que se extendiera triunfalmente al resto del mundo. Por un lado, produjo muy pocos pensadores significativos u originales, con alguna rara excepci\u00f3n ocasional como Fichte. Como doctrina articulada, fue incomparablemente m\u00e1s pobre e inconsistente que sus dos coet\u00e1neos. Por otro, precisamente debido a su relativa vacuidad conceptual, era eminentemente flexible y pod\u00eda entrar en una gran variedad de combinaciones, ya fuera con el capitalismo o con el socialismo, produciendo tanto el chovinismo que aliment\u00f3 la guerra interimperialista de 1914 y el fascismo que desencaden\u00f3 su prosecuci\u00f3n en 1939, por un lado, como los movimientos revolucionarios de liberaci\u00f3n nacional en el Tercer Mundo, por otro. El triunfo del ideal nacional a escala mundial demostr\u00f3 la falta de toda correspondencia necesaria entre el sistema y el impacto, entre la profundidad intelectual y el alcance de una ideolog\u00eda y su poder de movilizaci\u00f3n en el mundo moderno.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c303778d4d21f8fe04034ddfb28c968\"><strong>8<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7b7e615d6caa0dc996b660ae7f3c61c7\">A principios del siglo XX se produjeron una serie de grandes revoluciones en Estados clave de la periferia del mundo imperialista, que en orden cronol\u00f3gico fueron las de M\u00e9xico, China, Rusia y Turqu\u00eda. Estas revoluciones conforman un conjunto significativo de disparidades. El papel de las ideas en la configuraci\u00f3n del desarrollo y del resultado del proceso revolucionario fue mayor en Rusia y China, la movilizaci\u00f3n popular m\u00e1s fuerte en M\u00e9xico y Rusia, y el atractivo nacionalista m\u00e1s poderoso en Turqu\u00eda. La revoluci\u00f3n republicana de 1911 fracas\u00f3 en China, pero la intensa efervescencia intelectual que la sustentaba perdur\u00f3 y sus afluentes acabaron desembocando en la revoluci\u00f3n comunista que triunf\u00f3 en 1949. La recuperaci\u00f3n kemalista en Turqu\u00eda implic\u00f3 muy pocas ideas, m\u00e1s all\u00e1 de la salvaci\u00f3n nacional, antes de importar una variedad ecl\u00e9ctica de ellas una vez establecido el nuevo r\u00e9gimen. Son las revoluciones mexicana y rusa, con mucho las mayores convulsiones de este periodo, las que ofrecen el contraste m\u00e1s acusado. En M\u00e9xico se desencaden\u00f3 una convulsi\u00f3n social masiva, que dur\u00f3 una d\u00e9cada sin que ning\u00fan sistema importante de ideas la iniciara o surgiera de ella. Desde un punto de vista puramente doctrinal, la \u00fanica ideolog\u00eda desarrollada del periodo no pertenec\u00eda a los revolucionarios, sino al r\u00e9gimen que derrocaron: el positivismo cient\u00edfico de finales del Porfiriato. Aqu\u00ed, m\u00e1s que en cualquier otro lugar, se llevaron a cabo actos pol\u00edticos a una escala tit\u00e1nica sin nada m\u00e1s que nociones elementales de justicia institucional o social: una tremenda lecci\u00f3n para cualquier visi\u00f3n demasiado intelectualista del cambio hist\u00f3rico de envergadura. Solo el pueblo mexicano puede decir qu\u00e9 precio se pag\u00f3 en \u00faltima instancia por la facticidad de la Revoluci\u00f3n a medida que el Estado del PRI tom\u00f3 forma a partir de la presidencia de Obreg\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c612cb2bf49f932230e6cb0745abce5d\">La Revoluci\u00f3n Rusa sigui\u00f3 un patr\u00f3n muy diferente. El zarismo fue derrocado por el descontento espont\u00e1neo de las masas, provocado por el hambre y las penurias de la guerra, un comienzo mucho m\u00e1s desprovisto de ideas que la revuelta de Madero en M\u00e9xico. En pocos meses, los bolcheviques hab\u00edan llegado al poder gracias a la agitaci\u00f3n popular en torno a temas no menos elementales que los que impulsaron a Zapata o Villa: pan, tierra y paz. Sin embargo, una vez en el poder, Lenin y su partido tuvieron a su disposici\u00f3n la ideolog\u00eda pol\u00edtica m\u00e1s sistem\u00e1tica y completa de la \u00e9poca. Aqu\u00ed la relaci\u00f3n entre las causas y el car\u00e1cter de la revoluci\u00f3n \u2013la torsi\u00f3n entre los or\u00edgenes materiales y los objetivos ideales\u2013 no fue muy diferente de la que produjo el r\u00e9gimen jacobino del A\u00f1o II en Francia, pero fue mucho m\u00e1s extrema. Tanto las haza\u00f1as como los cr\u00edmenes del Estado sovi\u00e9tico creado por los bolcheviques empeque\u00f1ecieron los del Estado del PRI, terminando siete d\u00e9cadas despu\u00e9s en una desaparici\u00f3n mucho m\u00e1s apocal\u00edptica, el precio pagado por su recurso a un voluntarismo ideol\u00f3gico hom\u00e9rico.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6a86624acab7583401defd67c104658b\"><strong>9<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1703043a735e102f30a4b3758b31cd4\">Los efectos de la Revoluci\u00f3n de Octubre, por supuesto, no se limitaron a Rusia. Hacia el final de su vida, Marx hab\u00eda previsto la posibilidad de que Rusia eludiera el pleno desarrollo capitalista de la mano de un levantamiento popular, capaz de originar una reacci\u00f3n revolucionaria en cadena en Europa. Esta fue esencialmente la concepci\u00f3n detr\u00e1s de la estrategia de Lenin: ninguna creencia en la posibilidad de construir el socialismo en un Estado aislado y atrasado como Rusia, pero total esperanza de que el ejemplo sovi\u00e9tico detonara revoluciones proletarias en toda Europa, en sociedades donde exist\u00edan las condiciones materiales para una libre asociaci\u00f3n de los productores dotada de un alto nivel de productividad industrial. La historia tom\u00f3 el rumbo opuesto: bloqueo de cualquier posibilidad de revoluci\u00f3n en el Occidente avanzado, propagaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n en sociedades a\u00fan m\u00e1s atrasadas que la rusa en el Este. As\u00ed pues, el enorme \u00e9xito pol\u00edtico del marxismo pareci\u00f3 ser la mejor refutaci\u00f3n de sus presuposiciones te\u00f3ricas. Lejos de que las superestructuras siguieran a la determinaci\u00f3n de las infraestructuras econ\u00f3micas (sistemas ideales que reflejaban las pr\u00e1cticas materiales), la ideolog\u00eda del marxismo-leninismo, en una forma m\u00e1s o menos estalinizada, parec\u00eda ser capaz de generar, en entornos sin capitalismo, sociedades m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l. Esto dio lugar, dentro del propio marxismo, a la noci\u00f3n popular en las d\u00e9cadas del 60 y 70 de que las relaciones de producci\u00f3n ten\u00edan primac\u00eda sobre las fuerzas productivas y que incluso las defin\u00edan. Pero las ideas de Marx no iban a ser tan f\u00e1cilmente puestas cabeza abajo. Al final, las fuerzas productivas se vengaron con el colapso de la propia URSS, ya que la mayor productividad econ\u00f3mica de los pa\u00edses donde deber\u00eda haber tenido lugar la revoluci\u00f3n acab\u00f3 por enterrar a aquellos donde s\u00ed se produjo.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18f8314419b8f3570e0f7bec43e64d29\">\u00bfQu\u00e9 lugar ocupaban las ideas en el otro lado de la lucha? El d\u00e9ficit ideol\u00f3gico del capitalismo como orden declarado nunca se subsan\u00f3 realmente en su batalla contra el comunismo. El t\u00e9rmino en s\u00ed sigui\u00f3 perteneciendo esencialmente al enemigo, como arma contra el sistema en lugar de como su propia autodescripci\u00f3n. A mediados de siglo, sin embargo, el inicio de la Guerra Fr\u00eda, que supuso una lucha sin cuartel entre dos bloques antag\u00f3nicos, requiri\u00f3 un cambio de marcha ideol\u00f3gico del capital a un nivel de eficacia e intensidad completamente nuevo. El resultado fue la conversi\u00f3n occidental est\u00e1ndar de los t\u00e9rminos del conflicto: no capitalismo contra socialismo, sino democracia contra totalitarismo, el mundo libre contra el mundo de <em>1984<\/em>. Fueran cuales fuesen las hipocres\u00edas generales de esta construcci\u00f3n \u2013el llamado <em>mundo libre<\/em> inclu\u00eda, por supuesto, muchas dictaduras militares y policiales\u2013, respond\u00eda a las ventajas reales del Occidente del Atl\u00e1ntico Norte sobre el Este estalinizado. En la competencia entre los bloques, la bandera de la democracia fue un activo decisivo donde menos se necesitaba, esto es, entre las poblaciones de las propias sociedades capitalistas avanzadas, que requer\u00edan de poca persuasi\u00f3n para mostrar su preferencia por las condiciones en las que viv\u00edan. Por razones obvias, tuvo mucho menos efecto en el antiguo mundo colonial o semicolonial hasta hace poco dominado por las propias democracias occidentales. Pero en Europa del Este y, en menor medida, en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, el imaginario orwelliano tuvo m\u00e1s resonancia y las emisiones de Radio Free Europe o Radio Liberty, que predicaban los m\u00e9ritos de la democracia estadounidense, contribuyeron sin duda a la victoria final en la Guerra Fr\u00eda. Sin embargo, la raz\u00f3n principal del triunfo del capitalismo sobre el comunismo resid\u00eda m\u00e1s cerca de casa, esto es, en el magnetismo de niveles mucho m\u00e1s altos de consumo material, que al final atrajeron irresistiblemente a la \u00f3rbita de Occidente no solo a las masas desfavorecidas, sino tambi\u00e9n a las \u00e9lites burocr\u00e1ticas del bloque sovi\u00e9tico, a los privilegiados, que sintieron una atracci\u00f3n igual o quiz\u00e1 superior a la sentida por los empobrecidos. En pocas palabras, la ventaja comparativa del \u00abmundo libre\u00bb que decidi\u00f3 el resultado del conflicto radicaba en el \u00e1mbito de las compras m\u00e1s que en el de las votaciones.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7019792deac7d4a4e52815f71a1f18cd\"><strong>10<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f3b22e8529dbafe690d5cee711a6240c\">El final de la Guerra Fr\u00eda trajo consigo una configuraci\u00f3n completamente nueva. Por primera vez en la historia, el capitalismo se proclam\u00f3 a s\u00ed mismo como tal, de la mano de una ideolog\u00eda que anunciaba la llegada de un punto final en el desarrollo social, constituido por la construcci\u00f3n de un orden ideal basado en el libre mercado, m\u00e1s all\u00e1 del cual no puede imaginarse ninguna mejora sustancial. Tal es el mensaje central del neoliberalismo, el sistema de creencias hegem\u00f3nico que ha gobernado el mundo durante casi medio siglo. Sus or\u00edgenes se remontan a la inmediata posguerra. En ese momento, el orden establecido en Occidente todav\u00eda estaba afectado por el impacto de la Gran Depresi\u00f3n y se enfrentaba a movimientos obreros reci\u00e9n empoderados surgidos de la Segunda Guerra Mundial. Para evitar el peligro de volver a la crisis de los 30 y para integrar las presiones del proletariado, la pr\u00e1ctica totalidad de los gobiernos occidentales adoptaron pol\u00edticas econ\u00f3micas y sociales dise\u00f1adas para controlar el ciclo econ\u00f3mico, mantener el empleo y ofrecer cierta seguridad material a los menos favorecidos. La gesti\u00f3n keynesiana de la demanda y el Estado de bienestar socialdem\u00f3crata fueron los sellos distintivos de la \u00e9poca, y juntos asegurar\u00edan unos niveles m\u00e1s altos de intervenci\u00f3n estatal y redistribuci\u00f3n fiscal de lo que jam\u00e1s se hab\u00eda visto en el mundo capitalista. Una peque\u00f1a minor\u00eda de pensadores radicales se alz\u00f3 contra esta ortodoxia dominante y denunci\u00f3 todo ese dirigismo estatal como algo que, a la larga, ser\u00eda fatal para el dinamismo econ\u00f3mico y la libertad pol\u00edtica. Friedrich von Hayek fue el principal impulsor y el organizador clave de esta disidencia neoliberal, reuniendo a compa\u00f1eros de ideas de todo el mundo en una red de influencia semiclandestina, la Sociedad Mont-P\u00e8lerin. Durante un cuarto de siglo, este grupo permaneci\u00f3 al margen de la opini\u00f3n respetable y sus opiniones fueron ignoradas o ridiculizadas.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf106828377f44892566c93f961b453c\">Sin embargo, con el inicio de la crisis de estanflaci\u00f3n de principios de la d\u00e9cada del 70 y la ca\u00edda de la econom\u00eda capitalista mundial en la larga recesi\u00f3n de los decenios siguientes, esta doctrina rigurosa e intransigente se impuso. En la d\u00e9cada del 80, la derecha radical hab\u00eda tomado el poder en Estados Unidos y Gran Breta\u00f1a, y los gobiernos de todo el mundo estaban adoptando recetas neoliberales para hacer frente a la crisis: recortar los impuestos directos, desregular los mercados financieros y laborales, debilitar a los sindicatos, privatizar los servicios p\u00fablicos. Hayek, un profeta sin honra en su propia tierra durante las d\u00e9cadas del 50 y 60, fue consagrado por Reagan, Thatcher y otros jefes de Estado como el visionario pragm\u00e1tico de la \u00e9poca. El colapso del comunismo sovi\u00e9tico a finales de los 80 pareci\u00f3 la ratificaci\u00f3n pertinente de su creencia de larga data seg\u00fan la cual el socialismo no era m\u00e1s que una \u00abarrogancia fatal\u00bb.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4c3f782d60844bc3998c426cd67a6ef4\">Pero fue durante la d\u00e9cada del 90, cuando la URSS ya no exist\u00eda, y Reagan y Thatcher hab\u00edan desaparecido de la escena, cuando el dominio neoliberal alcanz\u00f3 su apogeo. En esos momentos, sin el campo de fuerza amigo-enemigo de la Guerra Fr\u00eda y sin necesidad de que la derecha radical estuviera en el poder, fueron los gobiernos de centroizquierda del mundo capitalista avanzado los que siguieron imperturbablemente las pol\u00edticas neoliberales de sus predecesores con una ret\u00f3rica m\u00e1s blanda y con la concesi\u00f3n de medidas secundarias, pero con una deriva pol\u00edtica consistente tanto en Europa como en Am\u00e9rica. La prueba de una verdadera hegemon\u00eda, en contraposici\u00f3n a una mera dominaci\u00f3n, es su capacidad para moldear las ideas y las acciones, no tanto de sus partidarios declarados, como de sus adversarios nominales. Aparentemente, los reg\u00edmenes de Clinton y Blair, de Schr\u00f6der y D\u2019Alema, por no hablar de Cardoso y De la R\u00faa, llegaron al poder repudiando las duras doctrinas de acumulaci\u00f3n y desigualdad que reinaban en la d\u00e9cada del 80. En la pr\u00e1ctica, normalmente las preservaron o ampliaron.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2790cdd5a7b6c9692e1e21ee204a3cca\"><strong>11<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-efc25098325483c39efc907b8982a7af\">M\u00e1s all\u00e1 de la transfiguraci\u00f3n de la centroizquierda en la zona del Atl\u00e1ntico Norte, la hegemon\u00eda neoliberal se extendi\u00f3 en el mismo periodo a los rincones m\u00e1s lejanos del planeta. Se pod\u00edan encontrar fervientes admiradores de Hayek o Friedman en los ministerios de Finanzas de todas partes, desde La Paz hasta Pek\u00edn, desde Auckland hasta Nueva Delhi, desde Mosc\u00fa hasta Pretoria, desde Helsinki hasta Kingston. El libro de Daniel Yergin y Joseph Stanislaw, <em>The Commanding Heights <\/em>(1998), ofrec\u00eda un recorrido panor\u00e1mico de la \u00abgran transformaci\u00f3n\u00bb de la \u00e9poca, una transformaci\u00f3n tan radical e infinitamente m\u00e1s ambiciosa que la que describi\u00f3 Karl Polanyi al escribir sobre el advenimiento del liberalismo cl\u00e1sico en la \u00e9poca victoriana. A diferencia de la narrativa de Polanyi, por supuesto, el relato de Yergin y Stanislaw sobre la victoria global del neoliberalismo estaba lleno de entusiasmo por el cambio liberador que traen los mercados libres. Junto a ellos lleg\u00f3 el segundo gran acontecimiento de la \u00e9poca: la cruzada por los derechos humanos liderada por Estados Unidos y la Uni\u00f3n Europea. Porque no todo el intervencionismo era mal visto por el orden neoliberal. Aunque el de tipo econ\u00f3mico, si era redistributivo, fue reprobado, el de tipo militar se practic\u00f3 y aplaudi\u00f3 como nunca. Si la guerra del Golfo, manifiestamente librada para asegurar los intereses petroleros de Occidente, todav\u00eda se adecu\u00f3 a un patr\u00f3n m\u00e1s antiguo, las intervenciones posteriores establecieron nuevos par\u00e1metros. El bloqueo de Irak, con una fuerte intensificaci\u00f3n de los bombardeos por parte de Clinton y Blair, fue una empresa \u00abhumanitaria\u00bb puramente punitiva. El desencadenamiento de una guerra a gran escala en los Balcanes, que incluy\u00f3 el bombardeo a\u00e9reo sobre Yugoslavia, ya no necesit\u00f3 de las Naciones Unidas, ni siquiera como excusa, para la acci\u00f3n de la OTAN hasta despu\u00e9s de producido el acontecimiento. En nombre de los derechos humanos, el derecho internacional fue redefinido unilateralmente para anular la soberan\u00eda de cualquier Estado de menor tama\u00f1o, que incurriera en el desagrado de Washington o Bruselas.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f95ce67f831b5317c6d922f4eb7cf714\">Aunque fue la versi\u00f3n del neoliberalismo adoptada por la centroizquierda la que puso en marcha esta escalada de prepotencia militar, la visi\u00f3n esencial del poder imperial estaba presente en la propia doctrina original. Hayek, despu\u00e9s de todo, fue pionero en la noci\u00f3n de bombardear pa\u00edses recalcitrantes a la voluntad anglo-estadounidense, pidiendo ataques a\u00e9reos rel\u00e1mpago contra Ir\u00e1n en 1979 y Argentina en 1982. La concepci\u00f3n de la hegemon\u00eda elaborada por Gramsci inclu\u00eda de modo preponderante el consentimiento, que funcionaba para asegurarla, dado que su concepto remit\u00eda al poder de la persuasi\u00f3n ideol\u00f3gica.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-254feec34c84981040ca87ec51804113\">Pero nunca fue su intenci\u00f3n subestimar, y mucho menos olvidar, el sostenimiento de esta mediante la represi\u00f3n armada. \u00abConsentimiento m\u00e1s coerci\u00f3n\u00bb era la f\u00f3rmula completa de un orden hegem\u00f3nico, en su opini\u00f3n. El universo neoliberal, todav\u00eda dominado por la potencia hegem\u00f3nica de este periodo, ha cumplido ampliamente ambos requisitos. Hoy en d\u00eda est\u00e1 hasta cierto punto en tela de juicio no tanto por la forma en que hubo que gestionar el <em>crack<\/em> de Wall Street de 2008 y sus consecuencias, que trajo aparejado un enorme y nuevo incremento del endeudamiento global, que era precisamente el hecho que lo hab\u00eda provocado, sino porque la amenaza de la competencia de China ha obligado a un retroceso del libre comercio y al recurso a las subvenciones p\u00fablicas en Occidente, en medio de un aumento todav\u00eda mayor de la monta\u00f1a de deuda total contra\u00edda a escala mundial. Sin embargo, sigue sin haber una alternativa coherente al neoliberalismo como sistema de ideas rector dotado de alcance planetario.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66c2d3bb01b7d6c1bcae55f2d77172e6\"><strong>12<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a7fcec93b2d7b94c86cbb1efeeb5f67a\">Las razones de su fuerza no se deben encontrar \u00fanicamente en su predominio econ\u00f3mico. Debajo del neoliberalismo se encuentra un conjunto de ideas y valores mucho m\u00e1s antiguo, que adquiri\u00f3 el t\u00e9rmino <em>liberal<\/em> durante el siglo XIX, siendo la relaci\u00f3n entre ambos uno de los temas m\u00e1s centrales, pero menos discutidos, planteados por el predominio del primero.<sup>2<\/sup> En esencia, el neoliberalismo contempor\u00e1neo es fundamentalmente una doctrina econ\u00f3mica, mientras que el liberalismo propiamente dicho era un conjunto de doctrinas pol\u00edticas, que primero tom\u00f3 forma sistem\u00e1tica como una perspectiva autoconstituida no en Gran Breta\u00f1a, sino en Francia, de la mano del pensamiento de Constant, Guizot y Royer-Collard, antes de generar teoremas econ\u00f3micos en la obra de Bastiat. En la siguiente generaci\u00f3n seguir\u00edan Tocqueville y, en Gran Breta\u00f1a, su amigo y contempor\u00e1neo John Stuart Mill, igualmente productivo en argumentos pol\u00edticos y econ\u00f3micos. Los principios fundamentales de este liberalismo cl\u00e1sico, junto con la protecci\u00f3n de la propiedad privada, eran las restricciones constitucionales contra el gobierno arbitrario, la opci\u00f3n por el gobierno representativo organizado mediante un sufragio limitado y la salvaguarda de las libertades individuales. En la f\u00f3rmula de Constant, la libertad moderna se diferencia de la antigua, que se basaba en la participaci\u00f3n activa de los ciudadanos en los asuntos p\u00fablicos. A finales de siglo, la industrializaci\u00f3n hab\u00eda producido una poblaci\u00f3n trabajadora, que requer\u00eda integrarse de alguna manera en el Estado, si este quer\u00eda ser estabilizado, por lo que se ampli\u00f3 el sufragio; y en el transcurso del siglo siguiente, tras una larga lucha, los derechos de voto se extendieron no solo a los trabajadores varones, sino tambi\u00e9n a las mujeres, en lo que con el tiempo se denomin\u00f3 <em>democracias liberales<\/em>. Las masas occidentales se apegaron a estos sistemas pol\u00edticos, aunque en la pr\u00e1ctica lo hicieron m\u00e1s por las libertades civiles que garantizaban que por la autodeterminaci\u00f3n popular que pregonaban, lo cual proporcion\u00f3 una s\u00f3lida base sociol\u00f3gica para la afirmaci\u00f3n oficial de que este era el mundo libre y todo lo dem\u00e1s era despotismo.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97a0b848d0f99935b90da1293952a91f\">La ideolog\u00eda neoliberal que arroll\u00f3 el campo econ\u00f3mico durante las dos \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XX se superpuso as\u00ed a un sistema de creencias anterior del que se derivaba pero al cual no pod\u00eda reducirse, un sistema que no solo era m\u00e1s antiguo en los pa\u00edses avanzados de Occidente, sino en esencia m\u00e1s rico y diverso, lo que permit\u00eda albergar en el mejor de los casos, aunque siempre permanecieron marginales en el panorama del liberalismo en su conjunto, a liberales que rechazaban no solo el <em>laissez-faire<\/em> cl\u00e1sico, sino incluso la propia propiedad privada capitalista, como sucedi\u00f3 en los casos de Russell o Dewey en diferentes etapas de sus carreras. El neoliberalismo era un cuerpo de pensamiento inherentemente m\u00e1s inconsistente, dotado de menos atractivo popular que el liberalismo en su sentido cl\u00e1sico. No muy diferente del propio capitalismo, del que constitu\u00eda la expresi\u00f3n y la teorizaci\u00f3n m\u00e1s radicales, el neoliberalismo era, en consecuencia, un t\u00e9rmino que sus exponentes m\u00e1s h\u00e1biles prefer\u00edan desautorizar, como si fuera una calumnia inventada por los descontentos. T\u00edpicamente, en las columnas del <em>Financial Times<\/em> o de <em>The Economist<\/em>, \u00abneoliberal\u00bb aparecer\u00e1 solo entre comillas o se prescindir\u00e1 del t\u00e9rmino por completo. Hay que poner todo el cuidado en negarlo o evitarlo, dado que los te\u00f3ricos pioneros del neoliberalismo pod\u00edan ser vergonzosamente sinceros en su visi\u00f3n sombr\u00eda de la democracia, que constituye el tesoro de los valores liberales tal como los entend\u00edan los exponentes de versiones anteriores o menos radicales. Mises, despu\u00e9s de todo, hab\u00eda saludado al fascismo como la opci\u00f3n que hab\u00eda salvado a Italia del socialismo; Hayek abog\u00f3 abiertamente por la supresi\u00f3n del sufragio universal. Para ambos, el <em>Rechtsstaat<\/em> (Estado de derecho) era un valor superior a la democracia, que pod\u00eda ser una amenaza para \u00e9l y que deb\u00eda ser frenada, si ese fuera el caso: una idea que no confesaban f\u00e1cilmente los peri\u00f3dicos, o los pol\u00edticos que se hac\u00edan eco de ellos, dado que unos y otros dependen ya de importantes tiradas, ya de un gran n\u00famero de votantes.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9307b095cad459248846202b8bcac31\">Entonces, \u00bfpor qu\u00e9, si sus doctrinas son m\u00e1s endebles y sus predicadores menos numerosos, el neoliberalismo se ha convertido en una ideolog\u00eda mucho m\u00e1s poderosa y omnipresente que el liberalismo en el que se basa? La respuesta, familiar para cualquier marxista, es que la infraestructura material de cualquier sociedad desarrollada es de lo que depende todo lo dem\u00e1s: sin ella no puede haber burocracia, ej\u00e9rcito, asamblea, medios de comunicaci\u00f3n, hospitales o escuelas, prisiones, ni cultura alta o baja: todo requiere una econom\u00eda funcional para operar. As\u00ed que, cuando no son queridos, puede prescindirse de constituciones o parlamentos liberales, peri\u00f3dicos o <em>podcasts<\/em> liberales, artes o creencias liberales, pero eso no se puede hacer con un sistema econ\u00f3mico funcional. Esa es la <em>conditio sine qua non<\/em> de cualquier orden pol\u00edtico o cultural. A lo cual el postulado central del neoliberalismo a\u00f1ade que ahora solo existe un sistema econ\u00f3mico funcional: \u00abNo hay alternativa\u00bb, en el irremediable dictamen de Thatcher. No se requiere la aprobaci\u00f3n positiva de sus principios como deseables: la resignaci\u00f3n negativa ante ellos como inevitables es suficiente. No por casualidad, la primera implementaci\u00f3n radical \u2013y durante mucho tiempo exitosa\u2013 de un programa neoliberal por parte de cualquier gobierno se produjo bajo la brutal dictadura de Pinochet en Chile, Am\u00e9rica Latina. El neoliberalismo pudo adoptar un crecimiento casi universal en todo el antiguo Tercer y Segundo Mundo sin necesidad del subsuelo liberal que lo hab\u00eda alimentado en el Primero. Medio siglo despu\u00e9s, seguimos enfrent\u00e1ndonos a la ideolog\u00eda pol\u00edtica m\u00e1s exitosa de la historia mundial.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-954b7e69094621088692cd787e53b77e\"><strong>13<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-052fd2fb7daac263a0b7cd30773281c6\">Hay quienes se opondr\u00edan con vehemencia a tal veredicto. En los pa\u00edses avanzados, las objeciones alegadas contra \u00e9l comenzaron pronto y fueron m\u00e1s o menos las siguientes. Deber\u00edamos estar en guardia, argumentan los cr\u00edticos, contra los peligros de sobreestimar la influencia de las doctrinas neoliberales como tales. Ciertamente, los tiempos hab\u00edan cambiado desde las d\u00e9cadas del 50 y 60; los mercados hab\u00edan ganado m\u00e1s poder a expensas de los Estados, y la clase trabajadora ya no era la fuerza que hab\u00eda sido. Pero considerando en su conjunto los decenios posteriores al hito de la victoria de Thatcher en 1979, al menos en los pa\u00edses avanzados el gasto p\u00fablico se ha mantenido alto y los sistemas de bienestar m\u00e1s o menos intactos. Mucho menos alterados de lo que podr\u00eda parecer a primera vista, fue un error pensar que las ideas neoliberales han marcado una diferencia significativa en los mismos: constantes sociol\u00f3gicas m\u00e1s profundas mantuvieron el consenso del periodo de posguerra.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0cbe29edd352fbe1aeb0b7448eb07810\">Incluso en el \u00e1mbito de las ideas mismas, la dura medicina del neoliberalismo, cuyo radio de atracci\u00f3n real era muy estrecho, fue rechazada por muchos m\u00e1s pol\u00edticos que aquellos que la respaldaron. Despu\u00e9s de todo, \u00bfno dejaron claro Clinton y Blair que defend\u00edan una Tercera V\u00eda, expresamente equidistante tanto del neoliberalismo como del estatismo anticuado? Del mismo modo, \u00bfqu\u00e9 decir del firme compromiso de Schr\u00f6der con una <em>Neue Mitte<\/em> \u2013un Nuevo Centro\u2013 o de la declaraci\u00f3n de principios de Jospin a favor de una econom\u00eda de mercado, pero no, en absoluto, de una sociedad de mercado? Desde entonces, hemos visto el conservadurismo compasivo del <em>no child left behind<\/em> de Bush, la intrepidez de la \u00abaudacia de la esperanza\u00bb postulada por Obama, la sobriedad del \u00abfreno de la deuda\u00bb de Merkel y el \u00abpacto de responsabilidad\u00bb de Hollande, el dinamismo de las \u00abtres flechas\u00bb de Abe, la \u00abreducci\u00f3n de la inflaci\u00f3n\u00bb de Biden y el \u00abcontrato con la naci\u00f3n\u00bb de Macron o, la m\u00e1s simple y vac\u00eda de todas como consigna frente a su contrario, el \u00abcambio\u00bb de Starmer (<em>plus \u00e7a change, plus c\u2019est la m\u00eame chose<\/em>).<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b22a006156c7b84da27d936e32d553b9\">Algunas de las objeciones convencionales tienen m\u00e1s peso que otras. Es perfectamente cierto, por supuesto, que no puede atribuirse a las ideas neoliberales poderes m\u00e1gicos de persuasi\u00f3n pol\u00edtica por s\u00ed mismas. Como todas las grandes ideolog\u00edas, esta tambi\u00e9n ha necesitado siempre de suplementos afectivos \u2013normalmente el nacionalismo\u2013 y de pr\u00e1cticas materiales \u2013instrumentales o rituales\u2013 para mantener su dominio. Mientras tanto, la base pr\u00e1ctica de la hegemon\u00eda neoliberal se encuentra en la primac\u00eda del consumo privado \u2013de bienes y servicios mercantilizados\u2013 en la vida cotidiana de las sociedades capitalistas contempor\u00e1neas, alcanzando nuevos niveles de intensidad en las \u00faltimas cuatro d\u00e9cadas; as\u00ed como en el auge de la especulaci\u00f3n en tanto que eje central de la actividad econ\u00f3mica en los mercados financieros mundiales, que han penetrado en los poros del tejido social con la comercializaci\u00f3n masiva de los fondos de inversi\u00f3n y de pensiones, desarrollo del que estamos presenciando tan solo los inicios, a medida que se extiende desde Norteam\u00e9rica a Europa y al hemisferio sur. Aunque el gasto p\u00fablico en los Estados capitalistas avanzados sigue siendo elevado, ahora es cada vez m\u00e1s h\u00edbrido y se diluye por las infusiones de capital privado, que se extienden a todo tipo de servicios, de los hospitales a las prisiones y los servicios de recaudaci\u00f3n de impuestos, que en otro momento se habr\u00edan considerado dominios inviolables de la autoridad p\u00fablica o de la provisi\u00f3n colectiva. La hegemon\u00eda neoliberal no prescribe tanto un programa espec\u00edfico de innovaciones, que puede variar significativamente de una sociedad a otra, sino que determina los l\u00edmites de lo que es posible en cualquiera de ellas.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f2f9a8c6e986ed84b384fc39eb4f9cd7\">Una buena medida de su dominio general es la conformidad de todos los gobiernos del Norte Global, independientemente de su color pol\u00edtico nominal, con los imperativos del bloqueo militar, la ocupaci\u00f3n o la intervenci\u00f3n fuera de la zona atl\u00e1ntica. Los reg\u00edmenes socialdem\u00f3cratas de Escandinavia, por ejemplo, que en su d\u00eda tuvieron fama de cierta independencia en cuestiones de pol\u00edtica exterior, han actuado regularmente como chacales que acechan junto a los grandes depredadores occidentales: Noruega ayud\u00f3 a sellar el dominio israel\u00ed en Palestina, Finlandia negoci\u00f3 el bombardeo de Yugoslavia, Suecia colabor\u00f3 en las entregas extraordinarias de prisioneros en la guerra contra el terrorismo, y los cuatro se unieron a la manada en Ucrania. La vacuidad de la ret\u00f3rica de la Tercera V\u00eda como una supuesta alternativa a esos imperativos fue siempre la prueba m\u00e1s segura del ascendiente duradero del neoliberalismo.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-79af119d0bcba2cd566383629209d142\"><strong>14<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-023e461a18fce22ccac5ec128aa6f751\">\u00bfQu\u00e9 lecciones saca la izquierda de esta historia? En primer lugar, que las ideas cuentan en el equilibrio de la acci\u00f3n pol\u00edtica y en el resultado del cambio hist\u00f3rico. En los tres grandes casos de impacto ideol\u00f3gico moderno, el patr\u00f3n fue el mismo. Ilustraci\u00f3n, marxismo, neoliberalismo: en cada caso se desarroll\u00f3 un sistema de ideas, dotado de un alto grado de sofisticaci\u00f3n, en situaci\u00f3n de aislamiento inicial y tensi\u00f3n con el entorno pol\u00edtico circundante, con poca o ninguna esperanza de influencia inmediata. Solo cuando estall\u00f3 una crisis objetiva importante, de la que no eran en modo alguno responsables, los recursos intelectuales subjetivos, que se hab\u00edan ido acumulando gradualmente en los m\u00e1rgenes de unas condiciones de calma, adquirieron de repente una fuerza abrumadora como ideolog\u00edas movilizadoras capaces de desplegar un control directo sobre el curso de los acontecimientos. Tal fue el patr\u00f3n en las d\u00e9cadas de 1790, 1910 y 1980. Cuanto m\u00e1s radical e intransigente era el conjunto de esas ideas, m\u00e1s radical fue su efecto una vez desencadenado en condiciones turbulentas. Hoy en d\u00eda seguimos inmersos en una situaci\u00f3n en la que una sola ideolog\u00eda dominante gobierna la mayor parte del mundo. La resistencia y la disidencia est\u00e1n lejos de haber desaparecido, pero siguen careciendo de una articulaci\u00f3n sistem\u00e1tica e intransigente. La experiencia sugiere que no vendr\u00e1 de un d\u00e9bil ajuste o de una acomodaci\u00f3n eufem\u00edstica al orden existente de las cosas. Lo que se necesita, en cambio, y no llegar\u00e1 de la noche a la ma\u00f1ana, es un esp\u00edritu completamente diferente: un an\u00e1lisis inquebrantable y, cuando sea necesario, c\u00e1ustico del mundo tal y como es, que no haga concesi\u00f3n alguna a las arrogantes afirmaciones de la derecha, ni a los mitos conformistas del centro ni a las beater\u00edas <em>bien-pensants<\/em> de gran parte de lo que se hace pasar por la izquierda. Las ideas incapaces de conmocionar al mundo son incapaces de sacudirlo.<\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-5c55b5d72a598f1e589d0876d597cc46\"><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-796f8cfb92739f3a63cb6a0d546c0082\"><sup>1<\/sup> Notas preparadas originalmente para impartir una conferencia en M\u00e9xico a principios de siglo, y objeto de desarrollo desde entonces.<br \/>\n<sup>2<\/sup> Aqu\u00ed, un solo t\u00edtulo domina el campo: <em>Liberalism at Large<\/em> (2019), la reveladora historia de Alexander Zevin sobre <em>The Economist<\/em>, desde la \u00e9poca de Peel y Gladstone hasta los tiempos de Blair y Cameron.<\/p>\n<p>Fuente: Kalewche,\u00a0 <time class=\"entry-date published\" datetime=\"2025-08-03T00:01:21-03:00\">3 de agosto de 2025,\u00a0<a href=\"https:\/\/kalewche.com\/idees-forces\/\">https:\/\/kalewche.com\/idees-forces\/<\/a><\/time><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ingl\u00e9s Francis Rory Peregrine Anderson (Londres, 1938) no necesita demasiada presentaci\u00f3n: historiador, soci\u00f3logo, pensador, ensayista, profesor de la UCLA,<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":18323,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13,1548],"tags":[],"class_list":["post-18322","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-izquierda-a-debate","category-politica"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18322","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=18322"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18322\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18327,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/18322\/revisions\/18327"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/18323"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=18322"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=18322"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=18322"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}