{"id":184,"date":"2006-04-02T00:00:00","date_gmt":"2006-04-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=184"},"modified":"2020-02-29T12:36:29","modified_gmt":"2020-02-29T11:36:29","slug":"las-lecturas-de-marx-en-el-siglo-xxi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=184","title":{"rendered":"Las lecturas de Marx en el siglo XXI"},"content":{"rendered":"<p><em>Soci\u00f3logo y miltante alem\u00e1n, fundador del grupo Krisis. Ha escrito varios libros sobre el fin del fordismo y de la sociedad del trabaqjo abstracto. Este texto constituye la Introducci\u00f3n (p\u00e1ginas 13 a 48) del libro de su libro <\/em>Marx Lesen<em>, Frankfurt am Main, Eichborn, 2001. Fue traducido del original alem\u00e1n al portugu\u00e9s y publicado en el segundo cuaderno de <\/em>Critica Radical<em> (Fortaleza, Cear\u00e1, Brasil). De aqu\u00ed lo hemos tomado. Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s: R. D.<\/em><\/p>\n<p>Quien fue considerado muerto est\u00e1 m\u00e1s vivo que nunca. En su calidad de te\u00f3rico activo y cr\u00edtico, Karl Marx fue dado ya por muerto m\u00e1s de una vez, pero siempre consigui\u00f3 escapar de la muerte hist\u00f3rica y te\u00f3rica. Tal hecho se debe a un motivo: la teor\u00eda marxista s\u00f3lo puede morir en paz junto con su objeto, o sea, con el modo de producci\u00f3n capitalista. Este sistema social, \u00abobjetivamente\u00bb c\u00ednico, desborda de comportamientos tan insolentes impuestos a los seres humanos, produce junto a una riqueza obscena e ins\u00edpida una pobreza en masa de tal dimensi\u00f3n, est\u00e1 marcado en su din\u00e1mica de furia ciega por la potenciaci\u00f3n de cat\u00e1strofes tan incre\u00edbles, que su simple supervivencia hace que, inevitablemente, resurjan siempre temas y pensamientos de cr\u00edtica radical. A su vez, el punto esencial de esa cr\u00edtica consiste en la teor\u00eda cr\u00edtica de aquel Karl Marx que, hace casi 150 a\u00f1os, analizara ya, sin ser superado, la l\u00f3gica destructiva del proceso de acumulaci\u00f3n capitalista en sus fundamentos. Sin embargo, al igual que para cualquier pensamiento te\u00f3rico que sobrepasa la fecha de validez de un determinado esp\u00edritu del tiempo, tambi\u00e9n para la obra marxista vale lo siguiente: siempre se hace necesaria una reaproximaci\u00f3n peri\u00f3dica que descubra nuevas facetas y rechace viejas interpretaciones. Y no s\u00f3lo interpretaciones, sino tambi\u00e9n elementos de esa propia teor\u00eda ligados al tiempo. Todo te\u00f3rico pens\u00f3 siempre m\u00e1s de lo que \u00e9l mismo sab\u00eda, y no ser\u00eda serio llamar teor\u00eda a una teor\u00eda exenta de contradicciones. As\u00ed, no s\u00f3lo los libros individualmente tienen su destino, sino tambi\u00e9n las grandes teor\u00edas. Entre una teor\u00eda y sus receptores, tanto adeptos como oponentes, se desarrolla siempre una relaci\u00f3n de tensi\u00f3n en la que se manifiesta la contradicci\u00f3n interna de la teor\u00eda, a partir de lo cual, y s\u00f3lo entonces, se generar\u00e1 conocimiento.<\/p>\n<p><strong>Marx y la \u00faltima oda posmoderna a la \u00abgran teor\u00eda\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>En vez de volver a enfrentar el problema de la procesualidad hist\u00f3rica de la teor\u00eda social al final del siglo XX, el llamado pensamiento posmoderno s\u00f3lo est\u00e1 interesado en silenciar la dial\u00e9ctica entre formaci\u00f3n de la teor\u00eda, recepci\u00f3n y cr\u00edtica. Y precisamente la teor\u00eda marxista ya no es investigada en sus contenidos, ni analizada en sus condiciones hist\u00f3ricas ni mucho menos corregida, sufriendo a priori un rechazo en su leg\u00edtima pretensi\u00f3n de \u00abgran teor\u00eda\u00bb. Esta falsa modestia, que no es vista como tal sino sencillamente reprimida, respecto a la gran totalidad de las formas de socializaci\u00f3n capitalistas, desciende a un nivel inferior de la reflexi\u00f3n te\u00f3rico-social. La pol\u00edtica del avestruz de un pensamiento reducido y desarmado de un modo tan espont\u00e1neo menosprecia el hecho de que no es posible trazar una separaci\u00f3n entre la problem\u00e1tica de las denominadas grandes teor\u00edas y grandes conceptos y su objeto social real. La pretensi\u00f3n de querer abrazar el todo viene provocada sobremanera por la realidad social. En su existencia real, el todo negativo del capitalismo no cesa de actuar simplemente porque se lo ignore conceptualmente y porque ya no queramos mirar en esa direcci\u00f3n: \u00abla totalidad no nos olvida\u00bb, como bien se burl\u00f3 el ingl\u00e9s Terry Eagleton, te\u00f3rico de la literatura.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica posmoderna a la gran teor\u00eda, asimilada con gratitud por muchos ex marxistas como forma de pensamiento supuestamente aliviadora, no hay que remitirla a un pensamiento afirmativo y apolog\u00e9tico en el sentido tradicional, sino m\u00e1s bien a la desesperaci\u00f3n de una cr\u00edtica social que est\u00e1 trastornada y que se sobresalta ante una tarea superior a su capacidad actual. Se trata de una evasi\u00f3n que s\u00f3lo puede tener un car\u00e1cter provisional: al final, el pensamiento cr\u00edtico ser\u00e1 implacablemente reconducido hacia el obst\u00e1culo que tendr\u00e1 que superar. Y este obst\u00e1culo, ciertamente, es muy dif\u00edcil de enfrentar, sobre todo porque el pensamiento marxista practicado hasta el d\u00eda de hoy tambi\u00e9n est\u00e1 obligado a saltar por encima de su propia sombra. Se podr\u00eda cambiar esta met\u00e1fora un tanto extra\u00f1a por esta otra: el marxismo esconde en sus bodegas un cad\u00e1ver que ya no puede permanecer as\u00ed por mucho tiempo. O sea, tanto la contradicci\u00f3n entre la teor\u00eda marxista y su recepci\u00f3n a trav\u00e9s del antiguo movimiento obrero, como las contradicciones en el interior de la propia teor\u00eda marxista registradas a fines del siglo XX llegaron a tal punto de madurez que ya no se puede concebir una reactivaci\u00f3n o una reactualizaci\u00f3n de esta teor\u00eda dentro de los moldes en los que se ha hecho hasta hoy.<\/p>\n<p><strong>Despu\u00e9s del siglo del movimiento obrero<\/strong><\/p>\n<p>En el pasado, siempre que el Marx considerado prematuramente muerto volvi\u00f3 a levantarse de su tumba sano y salvo, tales resurrecciones ocurrieron en una \u00e9poca que podr\u00eda llamarse \u00abel siglo del movimiento obrero\u00bb. En la actualidad, parece claro que esta historia ha concluido. En cierto modo, sus motivos, sus reflexiones te\u00f3ricas y sus modelos sociales de acci\u00f3n se volvieron falsos. Perdieron su fuerza de atracci\u00f3n, la vida se les escap\u00f3, y se nos presentan como bajo un cristal. Ese marxismo no es nada m\u00e1s que una pesada pieza de museo. Pero con esto a\u00fan no queda aclarado porque las cosas son as\u00ed. El apresurado distanciamiento de los antiguos adeptos lleva en s\u00ed algo de hip\u00f3crita, y el triunfalismo precipitado de los antiguos opositores, algo de ingenuo. Ello porque, con el incomprendido final de una \u00e9poca que todav\u00eda no fue debidamente trabajada, los problemas madurados en el transcurso de esta historia no se desvanecieron; inversamente, se agravaron de manera dram\u00e1tica, nueva y todav\u00eda desconocida. Se tiene casi la impresi\u00f3n de que esa \u00e9poca ya pasada habr\u00eda sido apenas la fase de transformaci\u00f3n en cris\u00e1lida o el per\u00edodo de incubaci\u00f3n de una gran crisis cualitativamente nueva por acontecer a\u00fan en el seno de la sociedad mundial, cuya naturaleza s\u00f3lo se puede abordar tambi\u00e9n, desde el punto de vista te\u00f3rico, con conceptos equivalentemente grandes y, desde el punto de vista pr\u00e1ctico, con una transformaci\u00f3n social de cu\u00f1o equivalentemente radical. Frente a la situaci\u00f3n real, la religi\u00f3n profesada por un \u00abpragmatismo\u00bb democr\u00e1tico y de econom\u00eda de mercado, que reina por todas partes y mezcla todos los posibles aderezos de un escenario m\u00f3vil, surte el mismo efecto que intentar combatir el sida utilizando alguna medicina popular o la explosi\u00f3n de un reactor at\u00f3mico usando las mangueras del cuerpo de bomberos voluntarios.<\/p>\n<p>Resulta enga\u00f1oso el hecho de que el concepto central de esta filosof\u00eda de charlatanes que mezcla ciencia, pol\u00edtica y management, o sea, aquella f\u00f3rmula m\u00e1gica ritual de la \u00abmodernizaci\u00f3n\u00bb, parezca tan vac\u00edo, muerto y museol\u00f3gico como los grandes conceptos del movimiento obrero. El fin de la cr\u00edtica significa tambi\u00e9n el fin de la reflexi\u00f3n, y en el capitalismo posmoderno negligente e irreflexivo el mantra de la \u00abmodernizaci\u00f3n\u00bb gan\u00f3 la importancia de una vana idolatr\u00eda. El concepto de modernizaci\u00f3n apenas se volvi\u00f3 tan inveros\u00edmil como los conceptos del \u00abpunto de vista obrero\u00bb o de la \u00ablucha de clases\u00bb. Esa p\u00e9rdida de significado com\u00fan a ambas partes remite tambi\u00e9n a una entidad com\u00fan y a un lugar hist\u00f3rico com\u00fan al antiguo marxismo y al mundo capitalista. Es la identidad interior secreta de los adversarios encarnizados que siempre ven la superficie cuando el conflicto inmanente s\u00f3lo sobrevive porque el sistema com\u00fan de relaciones se fragiliza. Siguiendo este pensamiento, como circunstancia integral de la modernizaci\u00f3n el marxismo no puede estar muerto y al mismo tiempo el capitalismo estar vivo y queriendo continuar, imperturbablemente, esta misma modernizaci\u00f3n ad infinitum. M\u00e1s bien, tal vez se trate s\u00f3lo de una vida aparente en un reino intermedio, o sea, de una presencia de zombies sin vida real en sus cuerpos.<\/p>\n<p>En la misma direcci\u00f3n apunta el reduccionismo tecnol\u00f3gico de este concepto de modernizaci\u00f3n desvinculado de todos los contenidos de naturaleza originariamente social, anal\u00edtico-social y econ\u00f3mico-cr\u00edtica. Si el acceso a internet y a la biotecnolog\u00eda deben serlo ya todo, entonces en el fondo eso no significa nada, pues las ciencias naturales y la tecnolog\u00eda no pueden existir por s\u00ed solas ni producir un progreso aislado. \u00c9stas s\u00f3lo son eficaces dentro de un contexto de desarrollo social y socioecon\u00f3mico que supere estadios anteriores. Una modernizaci\u00f3n centrada en una naturaleza meramente tecnol\u00f3gica, que ya no quiera cuestionar el statu quo del orden social y que admita haber llegado al fin de la metamorfosis de las formas sociales a trav\u00e9s de la econom\u00eda de mercado y de la democracia, se descalifica a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Estas reflexiones son ya una indicaci\u00f3n de c\u00f3mo se podr\u00eda clasificar el fin del marxismo del movimiento obrero. Si la nueva crisis mundial del siglo XXI, que paulatinamente va mostrando sus contornos, consiste en que las bases comunes de la actual historia de la modernizaci\u00f3n se est\u00e1n volviendo obsoletas, esto significa tambi\u00e9n que el propio marxismo de las izquierdas pol\u00edtica y sindical, juntamente con su reflexi\u00f3n te\u00f3rica, ya logr\u00f3 movilizarse en el interior de las formas capitalistas. Su cr\u00edtica al capitalismo no se refer\u00eda, por tanto, al todo l\u00f3gico e hist\u00f3rico de este modo de producci\u00f3n, sino s\u00f3lo a determinados estadios de desarrollo ya recorridos o a ser superados. En este sentido, en su siglo el movimiento marxista de la clase obrera no fue de ninguna manera el sepulturero del capitalismo (de acuerdo con la c\u00e9lebre met\u00e1fora marxista), sino que, muy por el contrario, represent\u00f3 la inquietud interna propulsora, el motor vital y en cierta forma el \u00abt\u00e9cnico de ayuda al desarrollo\u00bb\/1 de la socializaci\u00f3n capitalista. Por eso, el \u00abtodav\u00eda no\u00bb marxista en el sentido empleado por el fil\u00f3sofo Ernst Bloch no se refer\u00eda en absoluto, contra la intenci\u00f3n de \u00e9ste, a la emancipaci\u00f3n del capitalismo, de sus formas represivas y sus pretensiones fundamentales, sino m\u00e1s bien al reconocimiento positivo dentro del capitalismo y al progreso para la modernizaci\u00f3n dentro del capullo capitalista. El \u00abtodav\u00eda no\u00bb caracterizaba la propia escisi\u00f3n interna del capitalismo, s\u00f3lo que todav\u00eda no significaba una visi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9ste, la que s\u00f3lo se viabilizar\u00e1 en sus l\u00edmites hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p><strong>La no-simultaneidad interna del capitalismo<\/strong><\/p>\n<p>La perspectiva de la \u00abno-simultaneidad\u00bb inmanente a la formaci\u00f3n del sistema social moderno puede representarse en diversos niveles. De esta manera, el modo de producci\u00f3n capitalista a\u00fan joven en aquel lapso de tiempo del siglo XIX en el que se inserta el per\u00edodo de vida de Karl Marx (1818-1883) era en cierta forma no-simult\u00e1neo en relaci\u00f3n a s\u00ed mismo. Por un lado, ese modo de producci\u00f3n ya hab\u00eda desarrollado su l\u00f3gica interna a tal punto que \u00e9sta se hab\u00eda vuelto visible en sus aspectos b\u00e1sicos y as\u00ed abstractamente reconocible; por otro, las formas espec\u00edficamente capitalistas todav\u00eda se encontraban mezcladas de modo m\u00faltiple con relaciones precapitalistas en distintas fases de decadencia y con las de aquella transformaci\u00f3n a\u00fan lejos de estar concluida. Si incluso la conciencia te\u00f3rica de esa sociedad en fermentaci\u00f3n y en permanente mutaci\u00f3n llegaba a confundir cada estadio del proceso de transformaci\u00f3n con el \u00abcapitalismo como tal\u00bb, entonces con m\u00e1s raz\u00f3n la conciencia pr\u00e1ctica inevitablemente envuelta en las necesidades cotidianas se ve\u00eda obligada a equiparar el capitalismo con las manifestaciones sociales directas, que todav\u00eda estaban impregnadas, sin embargo, de las impurezas de residuos premodernos bajo diferentes aspectos. Del mismo modo que el capitalismo parec\u00eda ser la propia identidad de cada estadio de su desarrollo a\u00fan no concluido, sobre todo en la visi\u00f3n de los intereses dominantes de cada \u00e9poca y de los apologistas de estos intereses (obs\u00e9rvese que las autoridades patriarcales y las clases capitalistas de comienzos del siglo XIX, por ejemplo, dif\u00edcilmente lograr\u00edan reconocerse en las figuras de los actuales capitalistas del tipo puntocom impuesto por la globalizaci\u00f3n), como contrapartida fue necesario para las fuerzas progresistas liberadas de cada uno de los respectivos estadios que el repudio a ese estado de cosas asumiese el nombre de una cr\u00edtica al capitalismo, aunque en verdad se tratase s\u00f3lo de una continuaci\u00f3n del desarrollo del propio capitalismo.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, el concepto de modernizaci\u00f3n no era tan unidimensional como hoy, sino que estaba sobrecargado de una especie de cr\u00edtica intercapitalista (se podr\u00eda hasta decir: una autocr\u00edtica interna progresiva del capitalismo a\u00fan no concluido). Esto todav\u00eda ten\u00eda m\u00e1s sentido cuando se trataba de una lucha de clases aparentemente muy f\u00e1cil de ser definida. Por una parte, los propios sujetos capitalistas de los siglos XVIII y XIX, a\u00fan provistos de modelos de pensamiento y comportamiento premodernos, tend\u00edan a tratar con paternalismo y aires se\u00f1oriales autoritarios a los asalariados por ellos explotados como dependientes personales, aunque, en el caso del \u00abtrabajo asalariado libre\u00bb, obedeciendo a su forma, se tratase de contratos entre iguales. Por otra parte, los asalariados y sus organizaciones, que en primer lugar fueron oprimidos por el Estado, reivindicaban precisamente ese car\u00e1cter de relaciones contractuales en un mismo pie de igualdad jur\u00eddica, en oposici\u00f3n al car\u00e1cter dominador y manifiestamente personal de la relaci\u00f3n de capital que emp\u00edricamente a\u00fan no correspond\u00eda a su concepto l\u00f3gico. Con todo, y exactamente por ese motivo, la lucha de clases se convirti\u00f3 en el motor de la historia de la imposici\u00f3n capitalista, y la cr\u00edtica al capitalismo frente a los capitalistas-propietarios personales s\u00f3lo equival\u00eda en verdad a la pura l\u00f3gica del propio capitalismo, o sea, a la l\u00f3gica de un sistema de igualdad formal estricta de individuos abstractos, los cuales de alguna manera aparecen como \u00e1tomos de un proceso que, frente a ellos, se autonomiza.<\/p>\n<p>No obstante, m\u00e1s all\u00e1 de los modos de dominio paternalistas y personales y de los resquicios de relaciones sociales corporativas, hab\u00eda tambi\u00e9n otros factores de no-simultaneidad interna, como por ejemplo modelos culturales premodernos que bajo diversos aspectos aparec\u00edan como un estorbo frente al tiempo din\u00e1mico y abstracto introducido por la administraci\u00f3n de empresas, al d\u00eda de trabajo abstracto, al conjunto de reglas pol\u00edtico-econ\u00f3micas unificadas, a la normalizaci\u00f3n de la cotidianidad y de las cosas, a la reducci\u00f3n funcionalista de la est\u00e9tica, etc. Independientemente tambi\u00e9n de la lucha de clases y de la cr\u00edtica inmanente al capitalismo vinculada a ella, el contexto sist\u00e9mico capitalista no estaba todav\u00eda suficientemente maduro, sobre todo si se tiene en cuenta que incluso en los pa\u00edses capitalistas m\u00e1s desarrollados (con Inglaterra a la cabeza) el modo de producci\u00f3n capitalista no hab\u00eda alcanzado a\u00fan integralmente todas las ramas de la producci\u00f3n, y las esferas sociales que se encontraban fuera de la producci\u00f3n empresarial directa (Estado, familia, vida cultural, corporaciones extraecon\u00f3micas, etc.) no estaban adaptadas lo bastante para las necesidades capitalistas y tampoco eran continuamente reestructuradas siguiendo la imagen de la racionalidad capitalista.<\/p>\n<p><strong>El movimiento obrero en la \u00abmodernizaci\u00f3n reparadora\u00bb del siglo XIX<\/strong><\/p>\n<p>Bajo otro aspecto, la no-simultaneidad del desarrollo capitalista tambi\u00e9n se manifest\u00f3 como una no-simultaneidad externa. En aquella \u00e9poca, una gran parte del planeta no se encontraba todav\u00eda sujeta a la l\u00f3gica de este modo de producci\u00f3n, ni siquiera incluso bajo la forma colonialista superficial. Una parte considerable de las anexiones coloniales se efectu\u00f3 en el siglo XIX, y aun en los pa\u00edses y regiones del mundo ya conquistados las estructuras de reproducci\u00f3n social no estaban evidentemente tan penetradas por el capitalismo como en las respectivas metr\u00f3polis. Mantenidos como reservas de materias primas y considerados m\u00e1s bien como mercados marginales, ser\u00edan incluidos en el proceso capitalista de manera parcial, as\u00ed como la vida en el gran hinterland, dominado pol\u00edtica y militarmente s\u00f3lo de forma puntual, estaba arraigada a\u00fan en gran parte a formas precapitalistas.<\/p>\n<p>Mientras tanto, tambi\u00e9n dentro de la propia Europa hab\u00eda una acentuada disparidad de desarrollo. Aunque el capitalismo ya contase con una larga historia preliminar, a fines del siglo XVIII s\u00f3lo Inglaterra, que presentaba una industrializaci\u00f3n embrionaria, pod\u00eda ser llamada un pa\u00eds capitalista moderno, en comparaci\u00f3n con el cual el desarrollo del continente era todav\u00eda relativamente atrasado. Dentro de la Europa continental, a su vez, la parte occidental (especialmente Francia y Holanda) se hallaba mucho m\u00e1s adelantada en relaci\u00f3n a las regiones central y meridional. En Alemania, todav\u00eda no se hab\u00edan desarrollado siquiera las condiciones b\u00e1sicas para la formaci\u00f3n de una econom\u00eda nacional homog\u00e9nea y la de un correspondiente Estado nacional. De esta forma, en Europa y en el c\u00edrculo de aquellos pa\u00edses que ya comenzaban a llamarse vagamente capitalistas, el siglo XIX estaba esencialmente bajo el signo de una \u00ablucha para ganar terreno\u00bb\/2. En la competencia establecida entre Inglaterra y Francia, esta primera modernizaci\u00f3n reparadora\/3 acab\u00f3 creando un verdadero paradigma que marc\u00f3 vigorosamente el desarrollo de Alemania e Italia. En Asia, tambi\u00e9n se uni\u00f3 al grupo Jap\u00f3n, mientras que al otro lado del Atl\u00e1ntico los EE.UU. comenzaban ya un cambio s\u00fabito, a la b\u00fasqueda de un enfoque aut\u00f3nomo del desarrollo industrial capitalista.<\/p>\n<p>S\u00f3lo a trav\u00e9s de esa modernizaci\u00f3n reparadora, ocurrida en la segunda mitad del siglo XIX, surgi\u00f3 aquel contradictorio centro global compuesto por una cantidad relativamente peque\u00f1a de pa\u00edses que desde entonces vienen dominando, en configuraciones alternadas mediante guerras mundiales avasalladoras, el mundo capitalista. Eso que se instaur\u00f3 despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial como club exclusivo de la OCDE, que desde hace poco tiempo viene promoviendo conferencias globales peri\u00f3dicas bajo la denominaci\u00f3n de \u00abG7\u00bb y aparece como tr\u00edada formada por los centros Uni\u00f3n Europea, Estados Unidos y Jap\u00f3n, sigue estando representado por el mismo complejo central de Estados y econom\u00edas nacionales que fueron el resultado de la \u00abposici\u00f3n alcanzada en la carrera\u00bb por los anglosajones y los europeos occidentales y de la siguiente modernizaci\u00f3n reparadora emprendida por Alemania, Italia y Jap\u00f3n en el siglo XIX.<\/p>\n<p>No se pod\u00eda evitar que, junto a la no-simultaneidad interna b\u00e1sica, una no- simultaneidad externa nacional-estatal y nacional-econ\u00f3mica viniese a determinar el anticapitalismo inmanente del antiguo movimiento obrero. All\u00ed donde hubiese, bajo tal o cual aspecto, cierto atraso de desarrollo en relaci\u00f3n a otras naciones, aqu\u00e9l asum\u00eda positivamente el problema; y all\u00ed donde las disparidades fuesen especialmente grandes, esa identificaci\u00f3n ganaba un car\u00e1cter bien marcado. En Alemania, la socialdemocracia marxista y los sindicatos figuraban entre los m\u00e1s vehementes opositores a la unificaci\u00f3n nacional. Pero a pesar de que la unificaci\u00f3n nacional-estatal fue, en \u00faltimo an\u00e1lsis, realizada \u00abde arriba abajo\u00bb por el primer ministro imperial Bismarck\/4 en el \u00e1mbito de un imperio anacr\u00f3nico, se puede afirmar que la socialdemocracia alemana se mantuvo como un patriotismo burgu\u00e9s bastante oscuro. En las relaciones de competencia, del modo en que quedaron configuradas por la coyuntura de la modernizaci\u00f3n reparadora registrada en el siglo XIX, todos los partidos obreros acabaron asumiendo el punto de vista nacional-econ\u00f3mico y nacional-estatal de \u00absu\u00bb pa\u00eds, un tipo de orientaci\u00f3n que, como se sabe, llev\u00f3 a los movimientos obreros nacionales \u00abamigos\u00bb a reencontrarse en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Bajo el efecto de la modernizaci\u00f3n reparadora, ese viraje hacia la posici\u00f3n de la competencia nacional-econ\u00f3mica en la no-simultaneidad externa estaba \u00edntimamente relacionado, siguiendo una necesidad l\u00f3gica, con el papel vanguardista asumido por el movimiento obrero en lo referido a la no simultaneidad-interna del sistema capitalista. En otras palabras: de verdad, la oposici\u00f3n social hacia dentro y el conformismo nacional hacia fuera no eran tan antag\u00f3nicos como quiz\u00e1 pueda haber parecido a primera vista.<\/p>\n<p><strong>El Marx exot\u00e9rico y el Marx esot\u00e9rico<\/strong><\/p>\n<p>En ese campo de tensi\u00f3n entre no-simultaneidad interna y externa del capitalismo del siglo XIX, se sit\u00faa la g\u00e9nesis de la teor\u00eda marxista. Marx, \u00e9l mismo un disidente del liberalismo burgu\u00e9s, no pod\u00eda sino llevar consigo esa tensi\u00f3n. Examinada superficialmente, la acci\u00f3n de Marx refleja la doble contradicci\u00f3n, interna y externa, del capitalismo de su \u00e9poca. En primer lugar, Marx (junto a Friedrich Engels) era la figura m\u00e1s destacada del cambio de campo social protagonizado por los intelectuales de vanguardia que, al criticar las formas de gobierno estructuralmente atrasadas existentes sobre todo en la Europa continental, dejaron de ser burgueses liberales moderadamente opositores, para pasar a integrar la oposici\u00f3n proletaria del movimiento obrero que entonces comenzaba. Evidentemente, si se entiende el car\u00e1cter de este movimiento como un motor inmanente al desarrollo del propio capitalismo, entonces este cambio de campo no fue en modo alguno tan extraordinario y trascendental para la Historia como siempre intent\u00f3 mostrar la hagiograf\u00eda marxista. A diferencia de la autoconciencia de los agentes implicados, el simple cambio del punto de vista de clase permaneci\u00f3 en los moldes de la l\u00f3gica capitalista, y estuvo marcado sobre todo por la decepci\u00f3n frente al escaso vanguardismo inmanente de aquella clase capitalista emp\u00edrica, demasiado arraigada al statu quo de la \u00e9poca y demasiado conservadora.<\/p>\n<p>La forma b\u00e1sica del pensamiento disidente que de ah\u00ed resultaba consist\u00eda en la idea de transferir, en cierto sentido, al joven movimiento obrero las \u00abtareas burguesas\u00bb\/5 realizadas sin gran entusiasmo y con lentitud por la \u00abclase poseedora\u00bb del capitalismo ascendente, tareas en gran parte ligadas al desarrollo capitalista ulterior que hab\u00edan sido simplemente abandonadas (desarrollo de las relaciones jur\u00eddicas civiles, homogeneizaci\u00f3n del espacio social, modernizaci\u00f3n de las estructuras familiares y culturales, etc.), una tem\u00e1tica que siempre volv\u00eda a encontrar espacio en el pensamiento de Marx. En este sentido, la teor\u00eda s\u00f3lo hac\u00eda consciente lo que, independientemente de ella, ya se hab\u00eda establecido en el capitalismo como impulso esencial del movimiento obrero a trav\u00e9s de su lucha por el reconocimiento. En la medida en que la teor\u00eda marxista confer\u00eda una expresi\u00f3n cient\u00edfica a este impulso, pod\u00eda convertirse en portavoz te\u00f3rico-social o representante cient\u00edfico del movimiento obrero en su condici\u00f3n de aquel motor interno de desarrollo del capitalismo.<\/p>\n<p>Este papel de la teor\u00eda marxista se fortaleci\u00f3 incluso por el hecho de que Marx, al ser alem\u00e1n, escrib\u00eda al mismo tiempo a partir de la perspectiva del \u00absubdesarrollo\u00bb capitalista espec\u00edficamente alem\u00e1n. Ya en el prefacio a la primera edici\u00f3n de El capital, se\u00f1alaba: \u00abNos atormenta, como al resto de Europa occidental continental, no s\u00f3lo el desarrollo de la producci\u00f3n capitalista, sino tambi\u00e9n la escasez de su desarrollo. Junto a las calamidades modernas, nos oprimen una serie de calamidades heredadas, que se originan en la inercia de los anticuados modos de producci\u00f3n sobrevivientes, con su s\u00e9quito de relaciones sociales y pol\u00edticas anacr\u00f3nicas. No sufrimos s\u00f3lo a causa de los vivos, sino tambi\u00e9n a causa de los muertos. Le mort saisit le vif!\u00bb&#8230; Con estas palabras, queda patente la fuerza con que el disidente Marx se aferraba al concepto liberal de progreso y al esquema de desarrollo hist\u00f3rico de la filosof\u00eda hegeliana, que trasladar\u00e1 a la historia de los modos de producci\u00f3n econ\u00f3mica s\u00f3lo a partir de una versi\u00f3n puramente hist\u00f3rica o, como \u00e9l mismo lleg\u00f3 a afirmar, cuya imagen corregir\u00eda. Desde este punto de vista, hist\u00f3ricamente el capitalismo era una masa compacta y, para poder abolirlo realmente, en primer lugar era necesario introducirlo como un modo de producci\u00f3n hist\u00f3ricamente necesario, en nombre del desarrollo de las fuerzas productivas; luego hab\u00eda que rodearlo de cuidados y mimos, promover su desarrollo ulterior y, en cierto modo, aproximarse a su concepto. Simplemente, no era posible desembarazarse de \u00e9l, como afirm\u00f3 Marx en aquel prefacio, pues se trataba de tendencias \u00abque se imponen con f\u00e9rrea necesidad\u00bb: \u00abEl pa\u00eds m\u00e1s desarrollado industrialmente se muestra apenas desarrollado si se lo compara con su futuro\u00bb.<\/p>\n<p>En su referencia te\u00f3rica positiva y en cierto modo hist\u00f3rico-filos\u00f3fica tanto a la no-simultaneidad interna como a lo no-simultaneidad externa del capitalismo en el siglo XIX, Marx puede ser le\u00eddo como un sensato te\u00f3rico de la modernizaci\u00f3n y, justamente por eso, \u00abte\u00f3rico-jefe\u00bb del movimiento obrero moderno. En esa interpretaci\u00f3n, nos encontramos de nuevo con el conocido Marx de la \u00ablucha de clases\u00bb, del \u00abinter\u00e9s econ\u00f3mico\u00bb, del \u00abpunto de vista del obrero\u00bb, del \u00abmaterialismo hist\u00f3rico\u00bb, etc. Si la teor\u00eda marxista se dejase absorber por esto, entonces se distinguir\u00eda de otras teor\u00edas de la modernizaci\u00f3n s\u00f3lo por el \u00e9nfasis social dado, su terminolog\u00eda espec\u00edfica y su fundamentaci\u00f3n te\u00f3rico-hist\u00f3rica. Bajo esta \u00f3ptica, el programa de una cr\u00edtica al capitalismo meramente inmanente y volcada a los diversos niveles de no-simultaneidad estar\u00eda hoy agotada, y de este modo Marx liquidado.<\/p>\n<p>En este contexto, no se trata de meras clasificaciones del pensamiento (te\u00f3rico, cient\u00edfico), sino de categor\u00edas reales de la reproducci\u00f3n social y del modo de vida social que vuelven a emerger en la teor\u00eda como conceptos (por ejemplo, en las ciencias econ\u00f3micas de cu\u00f1o burgu\u00e9s). Por esa raz\u00f3n, el subt\u00edtulo de El Capital de Marx, o sea, una \u00abCr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica\u00bb, admite dos interpretaciones: por un lado, como cr\u00edtica a las relaciones objetivas y reales, existentes antes de o independientes de cualquier teor\u00eda y consideradas en sus formas de referencia socioecon\u00f3micas elementales; y por otro, como cr\u00edtica a las formas de pensamiento y conciencia a ella ligadas y de ella resultantes, originadas tanto en el \u00absentido com\u00fan\u00bb como en la ideolog\u00eda y la ciencia.<\/p>\n<p>Es bastante f\u00e1cil describir las categor\u00edas capitalistas b\u00e1sicas, pero es bastante dif\u00edcil someterlas a una cr\u00edtica fundamental. El concepto abstracto de \u00abtrabajo\u00bb, el \u00abvalor\u00bb econ\u00f3mico, la representaci\u00f3n social de los productos como \u00abmercanc\u00edas\u00bb, la forma general del dinero, la intervenci\u00f3n a trav\u00e9s de \u00abmercados\u00bb, la reuni\u00f3n de esos mercados en \u00abeconom\u00edas nacionales\u00bb con determinadas unidades monetarias (monedas), los \u00abmercados de trabajo\u00bb como requisito para una vasta econom\u00eda de mercanc\u00edas, monedas y mercado, el Estado en cuanto \u00abEstado abstracto\u00bb, la forma del \u00abderecho\u00bb abstracto general (codificaci\u00f3n jur\u00eddica) de todas las relaciones personales y sociales y como forma de la subjetividad social, la forma estatal pura y totalmente desarrollada de la \u00abdemocracia\u00bb, el disfraz irracional y culturalmente simb\u00f3lico de la coherencia nacional-econ\u00f3mico-estatal \u2013todas estas categor\u00edas elementales de socializaci\u00f3n capitalista moderna, por una parte desarrolladas a trav\u00e9s de procesos hist\u00f3ricos ciegos, fueron, por otra, impuestas a los seres humanos por los respectivos protagonistas y detentadores del poder en un proceso de catequizaci\u00f3n, habituaci\u00f3n e interiorizaci\u00f3n a lo largo de varios siglos, resultando de ah\u00ed el hecho de que esas categor\u00edas, muy pronto, hayan aparecido como constantes antropol\u00f3gicas pr\u00e1cticamente insuperables, poni\u00e9ndose al abrigo de toda cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Lograr vender el contexto de la forma social capitalista, antes totalmente inexistente, como una ley natural de la convivencia humana que siempre hubiese existido, fue indudablemente una gran haza\u00f1a de la filosof\u00eda iluminista burguesa y de la teor\u00eda econ\u00f3mica vinculada a ella y puesta en pr\u00e1ctica entre el final del siglo XVIII y comienzos del XIX. Como se lleg\u00f3 a decir, esas categor\u00edas propiamente eternas s\u00f3lo habr\u00edan sido empleadas de manera equivocada e incompleta en el pasado, porque hab\u00eda faltado la comprensi\u00f3n necesaria (la raz\u00f3n suscitada por el Iluminismo). Pero despu\u00e9s de que, por suerte, se hubiese encontrado esa raz\u00f3n, la historia de los equ\u00edvocos hab\u00eda llegado a su fin, y la humanidad podr\u00eda marchar entonces hacia un futuro glorioso, obedeciendo los principios de la sociedad par excellence (enti\u00e9ndase: del capitalismo), que siempre hab\u00edan existido y regido.<\/p>\n<p>Con mucha perspicacia y sutileza, Hegel modific\u00f3 esa hip\u00f3tesis, redefiniendo las condiciones sociales premodernas, que para los iluministas todav\u00eda aparec\u00edan como errores y equ\u00edvocos, y estableciendo un n\u00famero equivalente de \u00abestadios de desarrollo necesarios\u00bb que, con certeza, en su conjunto s\u00f3lo ten\u00edan el sentido de apuntar hacia la maravillosa era moderna como punto culminante y final del desarrollo humano. El hecho de que Hegel haya considerado este \u00faltimo estadio como ya alcanzado en plena monarqu\u00eda constitucional prusiana es la clara prueba de que tambi\u00e9n \u00e9l confund\u00eda, y mucho, la Edad Moderna o el capitalismo (que para \u00e9l no lleva este nombre, sino que merece denominaciones mucho m\u00e1s pat\u00e9ticas, como por ejemplo Weltgeist\/6), en cuanto objetivo de la Historia, con la situaci\u00f3n real de su tiempo a\u00fan no completamente maduro.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como se dio la circunstancia de que la filosof\u00eda moderna en general y las ciencias econ\u00f3micas en particular (y m\u00e1s tarde tambi\u00e9n otras disciplinas acad\u00e9micas aut\u00f3nomas, como la sociolog\u00eda, las ciencias pol\u00edticas, etc.) hayan proyectado para toda la historia de la humanidad el contexto totalmente nuevo de la sociedad capitalista como principio presuntamente natural de la convivencia y la administraci\u00f3n. Tambi\u00e9n a\u00fan hoy, a pesar de todas las cr\u00edticas que se han formulado en relaci\u00f3n a una visi\u00f3n ahist\u00f3rica e inespec\u00edfica, se tiene como cierto, al menos en las ciencias econ\u00f3micas, que la primera herramienta arrancada a la piedra por un hombre prehist\u00f3rico ya habr\u00eda sido capital y alcanzado un precio en un mercado formado por sujetos de cambio. No se puede negar que Marx permaneci\u00f3 aferrado a Hegel desde el punto de vista hist\u00f3rico-filos\u00f3fico, pero se divert\u00eda enormemente con esos anacronismos horripilantes de las ciencias econ\u00f3micas y no s\u00f3lo \u00abhistorizaba\u00bb expl\u00edcita o impl\u00edcitamente las modernas categor\u00edas capitalistas, sino que tambi\u00e9n las defin\u00eda como formas de una forma profundamente irracional, destructiva y, al final de cuentas, autocorrosiva, de la sociedad.<\/p>\n<p>Pero esa cr\u00edtica radical se encuentra, en verdad, mezclada y cruzada con aquel an\u00e1lisis de la no-simultaneidad interna y externa del capitalismo y aquella representaci\u00f3n de la clase obrera volcada simplemente hacia el reconocimiento \u00abdentro\u00bb del capitalismo, de modo que Marx oscila permanentemente, en parte en su manera de expresarse y en parte tambi\u00e9n en su argumentaci\u00f3n, entre una cr\u00edtica categ\u00f3rica fundamental por un lado y una presentaci\u00f3n \u00abpositivista\u00bb (y, como tal, comprensible) por otro, llegando incluso a ser claramente contradictorio en lo tocante a muchos de sus conceptos y argumentaciones centrales. En este sentido, urge que se hable, pues, de un \u00abdoble Marx \u00bb, y en rigor se lo debe hacer precisamente en lo que concierne a esa relaci\u00f3n de inmanencia positivista y trascendencia categorial presente en la formaci\u00f3n de su teor\u00eda. As\u00ed, nos vemos delante de un Marx \u00abexot\u00e9rico\u00bb (volcado hacia afuera, de f\u00e1cil comprensi\u00f3n) y un Marx \u00abesot\u00e9rico\u00bb (que piensa categ\u00f3ricamente, de dif\u00edcil acceso). El Marx exot\u00e9rico es el positivamente inclinado hacia el desarrollo inmanente del capitalismo, en tanto que el Marx esot\u00e9rico es aquel que se vuelve hacia la cr\u00edtica categ\u00f3rica al capitalismo.<\/p>\n<p><strong>Marx y el movimiento obrero: matrimonio no por amor<\/strong><\/p>\n<p>Mientras tanto, para el propio Marx y para sus receptores en el seno del movimiento obrero, no era posible separar estos dos factores tan entrelazados. Aunque Marx hubiera reconocido muy pronto la pol\u00edtica como forma de una sociabilidad meramente extr\u00ednseca, abstracta y dependiente del proceso de explotaci\u00f3n del capital, crey\u00f3 que el movimiento obrero, precisamente por la v\u00eda de la lucha pol\u00edtica (ligada al Estado), podr\u00eda ser lanzado a trav\u00e9s de la representaci\u00f3n de intereses meramente inmanentes en la direcci\u00f3n de aquella cr\u00edtica a\u00fan difusa y categ\u00f3rica, que trascend\u00eda la conciencia constituida de forma capitalista, una cr\u00edtica cuya realizaci\u00f3n \u00e9l mismo lleg\u00f3 a calificar ocasionalmente de \u00absue\u00f1o\u00bb, \u00abobjetivo gigantesco\u00bb o haza\u00f1a de una \u00abenorme conciencia\u00bb.<\/p>\n<p>A su vez, el movimiento obrero y sus representantes pol\u00edticos, en su gran mayor\u00eda personas honestas, no ten\u00edan casi ninguna idea de qu\u00e9 hacer con aquella cr\u00edtica categ\u00f3rica que aparec\u00eda impl\u00edcita o expl\u00edcitamente. De una manera un tanto hip\u00f3crita, ante el problema prefer\u00edan apelar a la disculpa de que se trataba de un discurso te\u00f3rico dif\u00edcil de comprender, asumiendo una actitud deliberadamente humilde delante del \u00abgran pensador\u00bb, pero s\u00f3lo para movilizar sutilmente el sentido com\u00fan del obrero asalariado en contra de aquella \u00abteor\u00eda nebulosa\u00bb y de sus \u00abfilosofemas\u00bb in\u00fatiles y nada pr\u00e1cticos. Con ese tel\u00f3n de fondo, a muchos receptores, que se hab\u00edan mostrado antes completamente interesados, aquellas tesis de Marx, supuestamente incomprensibles, acerca de la cr\u00edtica radical a las formas capitalistas, les parecieron tambi\u00e9n una especie de \u00abfanfarronadas hegelianas\u00bb e incluso una \u00abtonter\u00eda filos\u00f3fica\u00bb. En verdad, el razonamiento ontol\u00f3gico-abstracto y te\u00f3rico-cognitivo de la filosof\u00eda moderna, que parece distante de la praxis, acaba ocultando con su ropaje terminol\u00f3gico la reflexi\u00f3n sobre las formas de pensar capitalistas que simult\u00e1neamente son las formas sociales de la praxis.<\/p>\n<p>En tanto que Marx, en contra de su propia convicci\u00f3n, quer\u00eda reconocer en la forma pol\u00edtica del movimiento obrero, la cual trascend\u00eda la lucha diaria de intereses meramente sindicales, el veh\u00edculo de una cr\u00edtica radical acerca de la forma (y de este modo, parad\u00f3jicamente, tambi\u00e9n acerca de la propia forma pol\u00edtica), para el movimiento obrero, a la inversa, esa forma pol\u00edtica se convirti\u00f3 en el veh\u00edculo mediante el que ser\u00eda posible eludir prudentemente la cr\u00edtica categorial de la forma, una cr\u00edtica que hasta cierto punto s\u00f3lo se contemplaba de soslayo y provocaba temores, y conquistar el reconocimiento (exitoso, en resumidas cuentas) dentro del capitalismo como sujeto de trabajo, as\u00ed como en los mercados de trabajo. De esta manera, se produc\u00eda una ilusi\u00f3n rec\u00edproca, y Marx se volv\u00eda no s\u00f3lo en su condici\u00f3n exot\u00e9rica el representante cient\u00edfico del movimiento obrero, sino que encarnaba tambi\u00e9n simult\u00e1neamente, en su condici\u00f3n esot\u00e9rica, al te\u00f3rico importuno, protest\u00f3n y enfurru\u00f1ado, eternamente descontento, y \u00abpap\u00e1 sabelotodo\u00bb predicador de sermones que quedaban en un segundo plano, convirti\u00e9ndose en un fiel reflejo de su propia contradicci\u00f3n interna en relaci\u00f3n al movimiento hist\u00f3rico de la clase obrera hacia el interior del capitalismo, en vez de fuera de \u00e9l.<\/p>\n<p>La inevitable tensi\u00f3n derivada de esa relaci\u00f3n extremadamente discrepante hizo que la antinomia de la teor\u00eda se convirtiese en poco tiempo en su canonizaci\u00f3n y dogmatizaci\u00f3n, como normalmente sucede cuando la propia cosmovisi\u00f3n legitimadora contiene un punto ciego que no puede ser tematizado. Es verdad que Marx lleg\u00f3 a observar ir\u00f3nicamente que \u00e9l no era \u00abmarxista\u00bb, pero eso no le sirvi\u00f3 de nada. Pues la transformaci\u00f3n, y con ella la anatematizaci\u00f3n, de la contradicci\u00f3n te\u00f3rica en la ideolog\u00eda de un \u00abismo\u00bb era la \u00fanica posibilidad de adecuar a su teor\u00eda una recepci\u00f3n que equivaliese a las necesidades del movimiento obrero. Y esa ideologizaci\u00f3n hizo con Marx aquello que ocurre con todo pensador no-simult\u00e1neo que est\u00e1 en su tiempo, pero al mismo tiempo adelantado a \u00e9l: s\u00f3lo por eso fue, en cuanto Marx exot\u00e9rico, elevado a la condici\u00f3n de dogma para ser, en la condici\u00f3n de Marx esot\u00e9rico, degradado y recibir una patada en el trasero. Y con mayor vehemencia por parte de los ide\u00f3logos \u00abmarxistas\u00bb del partido y de los eruditos acad\u00e9micos, desde Karl Kautsky hasta Oskar Negt. Tal vez no haya otro pensador moderno a quien mejor le cuadre la siguiente frase del aforista polaco Stanislaw Jerzy Lec: \u00abLo lapidaron levant\u00e1ndole un monumento\u00bb.<\/p>\n<p><strong>El marxismo y la modernizaci\u00f3n reparadora en el siglo XX<\/strong><\/p>\n<p>Esta lapidaci\u00f3n del Marx esot\u00e9rico continu\u00f3 despu\u00e9s de su muerte durante un per\u00edodo de m\u00e1s de un siglo. Pues el \u00abbreve\u00bb siglo XX, delimitado por las fechas hist\u00f3ricas de 1914 y 1989\/7, no experiment\u00f3 el avance de la cr\u00edtica categ\u00f3rica en la teor\u00eda marxista ni una consecuente nueva cualidad de reflexi\u00f3n social, sino que, por el contrario, vio la ascensi\u00f3n reiterada y al fin la ca\u00edda del Marx exot\u00e9rico de la modernizaci\u00f3n y positivamente inmanente, en un nuevo nivel de no-simultaneidad hist\u00f3rica dentro del capitalismo. Porque el siglo XX no lleg\u00f3 a representar, a pesar de ambas guerras mundiales y de la crisis econ\u00f3mica mundial (1929-1933), el siglo de la maduraci\u00f3n de la crisis y de la transformaci\u00f3n del capitalismo, sino que, a la inversa, represent\u00f3 esencialmente la \u00e9poca de una segunda ola de \u00abmodernizaci\u00f3n reparadora\u00bb. S\u00f3lo entonces las grandes regiones mundiales de la periferia capitalista, la gran mayor\u00eda de la humanidad, como previera Marx, entraron en la historia mundial.<\/p>\n<p>Esta segunda modernizaci\u00f3n reparadora se dividi\u00f3 en dos tendencias entrelazadas: por un lado, la ascensi\u00f3n del socialismo de Estado (vulgarmente, capitalismo de Estado) en el Este, que esgrimi\u00f3 la tesis de un sistema mundial propio, y por otro, el movimiento de liberaci\u00f3n nacional de los pa\u00edses coloniales del Hemisferio Sur, cuya descolonizaci\u00f3n e independencia civil y nacional-estatal s\u00f3lo pudo ser concluida al final del siglo (en definitiva, con la devoluci\u00f3n de Hong-Kong a China). El \u00abbig bang\u00bb de esa historia mundial del siglo XX fue la gran revoluci\u00f3n de octubre ocurrida en Rusia al final de la Primera Guerra Mundial, seguida de la revoluci\u00f3n china en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, as\u00ed como de las grandes guerras anticoloniales de liberaci\u00f3n (Argelia, Vietnam, \u00c1frica del Sur) libradas en las d\u00e9cadas de la posguerra.<\/p>\n<p>No se pod\u00eda evitar que el Marx exot\u00e9rico, cuya teor\u00eda inmanente de la modernizaci\u00f3n ya se desvaneciera un tanto dentro del movimiento socialdem\u00f3crata occidental y fuera mezclada con escenarios m\u00f3viles de las ciencias positivas burguesas, llegase a experimentar su segunda primavera en la segunda ola hist\u00f3rica de la modernizaci\u00f3n reparadora. Pues al entrar en el horizonte global del capitalismo, las regiones perif\u00e9ricas apenas pod\u00edan seguir sus propias tradiciones culturales limitadas. M\u00e1s a\u00fan, carec\u00edan de una teor\u00eda occidental universal como tel\u00f3n de fondo legitimador, que al mismo tiempo, en cuanto teor\u00eda de legitimaci\u00f3n universal orientada hacia la historia mundial capitalista, tuviera un car\u00e1cter hist\u00f3ricamente de oposici\u00f3n, para poder ser instrumentalizada en la competencia entre la periferia, ocupada en su modernizaci\u00f3n reparadora, y los centros del capital ya establecidos.<\/p>\n<p>En consecuencia, el Marx exot\u00e9rico fue retomado por te\u00f3ricos como Lenin, Stalin y Mao Ts\u00e9-tung, y se lo adapt\u00f3 a las necesidades de la nueva \u00ablucha para ganar terreno\u00bb en la periferia capitalista. Estas necesidades difer\u00edan de las del movimiento obrero occidental, en la medida en que no se trataba s\u00f3lo de mostrar reconocimiento a las personas que depend\u00edan de un salario en un capitalismo ya establecido; se trataba, m\u00e1s bien, de la implantaci\u00f3n \u2013con car\u00e1cter reparador\u2013 de las propias categor\u00edas sociales capitalistas, y a decir verdad, mucho m\u00e1s all\u00e1 de las exigencias de aquel proceso similar de modernizaci\u00f3n reparadora registrado en Alemania, Italia y Jap\u00f3n en el siglo XIX. Porque, en primer lugar, el atraso en el grado de socializaci\u00f3n capitalista era mucho mayor, si se lo compara con las discrepancias de aquella Europa m\u00e1s joven; en segundo lugar, porque la \u00ablucha para ganar terreno\u00bb ten\u00eda que realizarse en unos plazos mucho m\u00e1s exiguos y en un nivel de desarrollo del capital mundial mucho m\u00e1s alto; y en tercer lugar, porque eso s\u00f3lo pod\u00eda suceder dentro de una competencia precaria frente a un c\u00edrculo dominante de \u00edndole ya global, formado por poderes centrales altamente desarrollados y fuertemente armados.<\/p>\n<p>En ese contexto, la teor\u00eda marxista sufri\u00f3 una nueva deformaci\u00f3n y reducci\u00f3n. Los aspectos esot\u00e9ricos de la cr\u00edtica categ\u00f3rica ni siquiera surg\u00edan ya como reflexi\u00f3n filos\u00f3fica fuera de la realidad y distante de las exigencias pr\u00e1cticas; desaparecieron casi completamente de la discusi\u00f3n, perdidos a mitad de camino entre Lenin y los te\u00f3ricos de la liberaci\u00f3n nacional. Aunque la relaci\u00f3n social con un movimiento obrero se hab\u00eda mantenido desde el punto de vista formal, \u00e9sta se redujo pr\u00e1cticamente a grupos relativamente peque\u00f1os y organizaciones sindicales en el marco de una industrializaci\u00f3n a\u00fan fr\u00e1gil. Los propios partidos obreros marxistas perif\u00e9ricos se convirtieron en m\u00e1quinas burocr\u00e1ticas de la \u00abvalorizaci\u00f3n reparadora\u00bb de sociedades que todav\u00eda no se encontraban permeadas por la forma econ\u00f3mica capitalista. No s\u00f3lo eran los representantes de la inquietud interior del capitalismo o del desarrollo ulterior de un capitalismo orientado hacia el Estado de derecho o hacia el Estado social, como sus partidos hermanos occidentales; adem\u00e1s (en el caso de Lenin, a\u00fan relativamente consciente), en un sentido abstracto-pansocial, ten\u00edan que \u00abhacer de burgues\u00eda\u00bb, porque la burgues\u00eda social de los pa\u00edses perif\u00e9ricos simplemente era muy d\u00e9bil para esa tarea. Por tal motivo, la identificaci\u00f3n de ese marxismo perif\u00e9rico con la naci\u00f3n respectiva (en las ex colonias, la naci\u00f3n fue en general una invenci\u00f3n tard\u00eda y totalmente sint\u00e9tica) adquir\u00eda un car\u00e1cter a\u00fan m\u00e1s intenso que en Occidente.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter parad\u00f3jico de ese marxismo de legitimaci\u00f3n ideol\u00f3gica que se encuentra en la segunda modernizaci\u00f3n reparadora superaba en mucho a aquel registrado en los partidos obreros occidentales, pues en realidad se trataba de una amalgama explicable s\u00f3lo a partir del contexto hist\u00f3rico especial de un \u00abcapitalismo desarrollista anticapitalista\u00bb o \u00abcapitalismo directo de Estado\u00bb, lo cual, en el campo de tensi\u00f3n de una no-simultaneidad externa especialmente extrema, ten\u00eda que expresar la contradicci\u00f3n de la teor\u00eda marxista tambi\u00e9n de una manera especialmente extrema.<\/p>\n<p>Esencialmente, esa segunda recepci\u00f3n del Marx exot\u00e9rico apareci\u00f3 y ocurri\u00f3 de una manera m\u00e1s profundamente radical que la primera, pero no porque hubiera movilizado la cr\u00edtica categ\u00f3rica oculta del capitalismo y as\u00ed hubiese abierto el camino en la direcci\u00f3n de la ra\u00edz de la relaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino porque estaba m\u00e1s expuesta a una carga mayor de no-simultaneidad intercapitalista. Como burocracias estatales, los partidos obreros marxistas no s\u00f3lo tuvieron que asumir las tareas burguesas de una forma mucho m\u00e1s enf\u00e1tica de lo que sucediera antes en Occidente; en verdad, parad\u00f3jicamente, \u00a1tuvieron incluso que engendrar la clase obrera como material humano del propio proceso de explotaci\u00f3n por primera vez a gran escala social! Si esa versi\u00f3n hard-core del marxismo exot\u00e9rico se mostr\u00f3 radical, en realidad se trataba menos de una radicalidad de la cr\u00edtica te\u00f3rica y pr\u00e1ctica y mucho m\u00e1s de una forzosa militancia de la competencia en la autoafirmaci\u00f3n intercapitalista frente a los centros occidentales, que por eso busc\u00f3 con ah\u00ednco una representaci\u00f3n marcial correspondiente, de cu\u00f1o cultural-simb\u00f3lico, y acab\u00f3 realzando, bajo el signo de las guerras de la revoluci\u00f3n y de las guerras de independencia del siglo XX, el kalachnikov estilizado sobre las insignias del trabajo, principalmente la hoz y el martillo.<\/p>\n<p>Como no se logr\u00f3 superar la problem\u00e1tica de ah\u00ed resultante con los medios ofrecidos por la teor\u00eda marxista de la modernizaci\u00f3n, esa diferencia meramente relativa acab\u00f3 conduciendo, en el seno de la recepci\u00f3n de Marx, al gran cisma del movimiento marxista mundial. Esa escisi\u00f3n, condicionada a primera vista por el aparente contraste entre la radicalidad del Este y del Sur y el reformismo moderado occidental, s\u00f3lo refleja en realidad la diferencia en el grado de no-simultaneidad e inconclusividad de la penetraci\u00f3n capitalista. Para explicarnos: en el estrato m\u00e1s antiguo de la v\u00eda de desarrollo occidental, la cuesti\u00f3n giraba en torno del simple reconocimiento dentro del Estado moderno ya establecido, mientras que en el estrato m\u00e1s nuevo de las regiones Este y Sur, se trataba de conquistar el poder estatal, con el fin de instalar una m\u00e1quina estatal moderna responsable de la industrializaci\u00f3n capitalista de Estado. Se puede entender muy bien que la forma de una radicalizaci\u00f3n (centrada en la cuesti\u00f3n del poder estatal) de la teor\u00eda marxista, vinculada a esta coyuntura, s\u00f3lo hubiese podido movilizar en los centros occidentales a una minor\u00eda ideol\u00f3gica; el comunismo (como r\u00f3tulo del nuevo impulso modernizador de capitalismo de Estado) permaneci\u00f3 en Occidente como un simple ni\u00f1o malcriado, una especie de tropa auxiliar de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, y por eso no consegu\u00eda superar el status de una nota a pie de p\u00e1gina de la historia, en tanto lograba mantener su verdadero poder de irradiaci\u00f3n en las grandes regiones de la periferia mundial. Como contrapartida, la democracia social de Occidente, saturada a causa de una participaci\u00f3n diversificada en la administraci\u00f3n de seres humanos y aterrorizada con las formas crudas de la dictadura desarrollista engendrada por el marxismo perif\u00e9rico, fue dejando a un lado paulatinamente, y por completo, su marxismo, para sufrir una mutaci\u00f3n, despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, en su legitimaci\u00f3n y en sus programas, y volcarse a una opaca teor\u00eda keynesiana de Estado social sin ret\u00f3rica de lucha de clases y sin revoluci\u00f3n. Balance: de alg\u00fan modo, el Marx exot\u00e9rico se hab\u00eda vuelto propiedad exclusiva de los retrasados hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p><strong>El reciclaje del marxismo en la guerra fr\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>S\u00f3lo se puede explicar el destino de la teor\u00eda marxista en el siglo XX mediante el desciframiento de los contrastes externos en el contexto de un repudio intercapitalista global, dentro del cual el movimiento hist\u00f3rico-mundial del capitalismo comenz\u00f3 por primera vez, no s\u00f3lo de acuerdo con su l\u00f3gica sino tambi\u00e9n emp\u00edricamente, a mostrarse como capital mundial, seg\u00fan la esencia capitalista, en la forma de una competencia destructiva y grandes cat\u00e1strofes de dimensiones imprevistas. Dentro de esa evoluci\u00f3n, se superpusieron varias oleadas de desarrollo, cuya influencia mutua cre\u00f3 sistemas globales y relaciones de competencia de estabilidad s\u00f3lo provisional. El \u00absiglo del movimiento obrero (occidental)\u00bb (aproximadamente de 1848 a 1945) se cruz\u00f3 con el \u00absiglo de las revoluciones nacionales de desarrollo\u00bb (1918 a 1989) y con la lucha por el dominio capitalista a escala mundial en el seno del Centro, la cual fue definitivamente resuelta en 1945 con el inicio de la \u00abPax Americana\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, todo ese proceso se manifest\u00f3 a trav\u00e9s de la coyuntura formada por los \u00abtres mundos\u00bb, que marc\u00f3 especialmente la segunda mitad del siglo XX: el \u00abPrimer Mundo\u00bb del viejo centro capitalista, en lo sucesivo bajo la cuestionada hegemon\u00eda de EE.UU.; el \u00abSegundo Mundo\u00bb, representado por el comunismo de Estado del Este, o capitalismo de Estado, bajo la direcci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica; y finalmente el \u00abTercer Mundo\u00bb, compuesto por aquellos movimientos poscoloniales de liberaci\u00f3n nacional y por dictaduras desarrollistas de las m\u00e1s diversas tendencias existentes en el Hemisferio Sur del planeta. Oeste y Este, el Primero y el Segundo Mundos se enfrentaban en la Guerra Fr\u00eda del denominado conflicto de sistemas, mientras que el Tercer Mundo se organizaba en parte en el grupo de los llamados pa\u00edses no alineados (con una clara tendencia hacia el socialismo de Estado) y en parte se convert\u00eda en escenario de \u00abguerras por delegaci\u00f3n\u00bb de ambos bloques de sistemas.<\/p>\n<p>La teor\u00eda marxista, que en su forma exot\u00e9rica remodelada sacudi\u00f3 toda esa \u00e9poca a partir de la periferia, acab\u00f3 siendo completamente desfigurada por ambos lados hasta quedar irreconocible. Si al principio, cuando la joven Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica estaba a\u00fan vinculada intelectual y culturalmente a la pol\u00edtica y a la historia human\u00edstica de Occidente (transmitidas por los socialistas emigrados durante el r\u00e9gimen zarista), se mantuvo todav\u00eda aparentemente el patetismo emancipador del \u00abnuevo ser humano\u00bb y del \u00abtiempo nuevo\u00bb sobrecargado de utop\u00edas, muy pronto surgi\u00f3 el car\u00e1cter modernizador del capitalismo de Estado incorporado por el r\u00e9gimen sovi\u00e9tico y por todas las dictaduras desarrollistas que vinieron a continuaci\u00f3n, para los cuales figuraba como punto central no la emancipaci\u00f3n social del ser humano, sino su transformaci\u00f3n en material de una participaci\u00f3n, supervisada por el Estado, en el mercado mundial. De esta manera, apenas puede resultar extra\u00f1o que inmediatamente despu\u00e9s aparecieran no s\u00f3lo aquellas formas de trabajo, moneda y mercado del Estado burocr\u00e1tico, caracter\u00edsticas del punto de partida capitalista, sino tambi\u00e9n los acostumbrados actos criminales de la modernizaci\u00f3n, una vez que se disip\u00f3 la polvareda ideol\u00f3gica de las revoluciones.<\/p>\n<p>A estas alturas, Occidente, intimidado en la Guerra Fr\u00eda por el ala antag\u00f3nica atrincherada, representada por los retrasados hist\u00f3ricos, eligi\u00f3 a Marx y su teor\u00eda como la imagen de representaci\u00f3n negativa de todo el Imperio del Mal, mientras que los pa\u00edses del bloque oriental de capitalismo de Estado lo pintaban como icono legitimador de una esperanza oscurecida hac\u00eda mucho tiempo por los reg\u00edmenes de la industrializaci\u00f3n dictatorial-desarrollista. En su deslumbramiento, Occidente no quer\u00eda reconocer en tal \u00abEste marxista\u00bb (y en parte del Sur) la imagen de su propio pasado, aun cuando el Este hubiese intentado imitar, en los siguientes a\u00f1os setenta, llegando a rozar el rid\u00edculo, no s\u00f3lo las categor\u00edas capitalistas, sino tambi\u00e9n el modo de vida y consumo capitalista en un nivel relativamente inferior, bajo un manto de burocracia de Estado.<\/p>\n<p><strong>El movimiento del 68 como brote ef\u00edmero del Marx exot\u00e9rico<\/strong><\/p>\n<p>Hacia el fin del milagro econ\u00f3mico occidental, aquel gran boom de la posguerra de las industrias fordistas con el autom\u00f3vil como un bien de producci\u00f3n y consumo central, el Marx exot\u00e9rico experiment\u00f3 una vez m\u00e1s \u2013a decir verdad, ya m\u00e1s all\u00e1 de su \u00e9poca hist\u00f3rica\u2013 una inesperada tercera primavera, esta vez bajo la forma del gran movimiento occidental de j\u00f3venes y estudiantes, que estuvo acompa\u00f1ado por fen\u00f3menos similares en el Este europeo (Primavera de Praga) y en el Tercer Mundo. Pero esa tercera primavera fue apenas una brisa fresca que lo \u00fanico que hizo fue rozar levemente la superficie de la sociedad como un movimiento simb\u00f3lico-cultural. El intento de enriquecer ese movimiento con el patetismo nacional-revolucionario del Tercer Mundo y de reasumir de nuevo, en un gran plan estrat\u00e9gico, la recepci\u00f3n del Marx exot\u00e9rico como una fuerza hist\u00f3rica global se desvaneci\u00f3 considerablemente en una cultura pop rom\u00e1ntico-revolucionaria. S\u00f3lo una \u00ednfima minor\u00eda intent\u00f3 poner en pr\u00e1ctica esa opci\u00f3n estrat\u00e9gica condenada al fracaso con acciones militares kamikaze completamente aisladas y casi existencialistas (como por ejemplo en la Rep\u00fablica Federal Alemana, la Rote-Armee-Fraktion \/9).<\/p>\n<p>A estas alturas, la teor\u00eda marxista no estaba siendo repensada en el mismo nivel del desarrollo alcanzado por las formas sociales capitalistas; a la inversa, se la reimportaba en una forma conceptual muy desamparada desde la periferia, cuya modernizaci\u00f3n reparadora, desde el punto de vista econ\u00f3mico y estructural, ya se encontraba a punto de fracasar, aunque la teor\u00eda en s\u00ed pareciera a\u00fan vivir sus \u00faltimos triunfos revolucionarios.<\/p>\n<p>En cuanto a las propias metr\u00f3polis capitalistas, lo que qued\u00f3 como residuo o sobra de la antigua funci\u00f3n de modernizaci\u00f3n en el horizonte de comprensi\u00f3n del Marx exot\u00e9rico fue un impulso contrarrevolucionario del movimiento del 68 hacia el desencadenamiento del \u00faltimo estadio de individualidad capitalista posmoderna: las tem\u00e1ticas en torno a la cultura cr\u00edtica habitual, al antiautoritarismo, a la \u00abrevoluci\u00f3n sexual\u00bb y a las dem\u00e1s campa\u00f1as del momento, todas ellas adornadas todav\u00eda por el vocabulario marxista impuesto por el movimiento juvenil y estudiantil, acabaron transform\u00e1ndose en diversos planos de gerenciamiento y marketing de vanguardia, en una comercializaci\u00f3n de lo \u00edntimo y en un nuevo autoempresariado de la fuerza de trabajo.<\/p>\n<p>Mientras que los denominados nuevos movimientos sociales, que desde 1968 hasta la mitad de los a\u00f1os ochenta emprendieron diversas tentativas de una contracultura, se ve\u00edan todav\u00eda (o se ve\u00edan err\u00f3neamente) como una oposici\u00f3n social fundamental, cada vez se remit\u00edan con menos frecuencia a la cr\u00edtica marxista de la econom\u00eda pol\u00edtica. Era evidente que el potencial de las interpretaciones marxistas ya no bastaba para una explicaci\u00f3n progresista de la realidad. Pero si no recurr\u00eda a la teor\u00eda marxista, el an\u00e1lisis acababa careciendo de profundidad cr\u00edtica, y los movimientos fueron perdiendo su fuerza, deshaci\u00e9ndose o disolvi\u00e9ndose dentro del capitalismo mediante la subcultura y la pol\u00edtica lobista de grupos aislados.<\/p>\n<p><strong>La gran confusi\u00f3n despu\u00e9s del marxismo<\/strong><\/p>\n<p>Con la extinci\u00f3n de aquel brote, finalmente el Marx exot\u00e9rico pudo desaparecer para siempre. Pero por falta de reflexi\u00f3n hist\u00f3rica y te\u00f3rica acerca de su importancia, tal agotamiento del paradigma marxista se interpret\u00f3 como si la cr\u00edtica al capitalismo tuviera que ser archivada por haberse tratado de un mero enga\u00f1o. Esta impresi\u00f3n superficial pareci\u00f3 confirmarse dram\u00e1ticamente cuando en 1989 \u2013de manera ir\u00f3nica, a la hora puntual de celebrarse el segundo centenario de la Revoluci\u00f3n Francesa\u2013 se desmoron\u00f3 el fr\u00e1gil imperio del capitalismo de Estado del Este europeo, hundi\u00e9ndose, casi sin hacer ruido, en el infierno de la Historia. El socialismo real, que tanto fuera evocado en nombre del Marx exot\u00e9rico, sencillamente perdi\u00f3 su realidad. Y despu\u00e9s de esto ya no se detendr\u00edan: a\u00fan dentro de ese modo de ver t\u00edpico de la Guerra Fr\u00eda, aquella ruptura de \u00e9poca, tan inusitada como incomprendida, pas\u00f3 a ser proclamada por todas las vertientes pol\u00edticas y te\u00f3ricas como una victoria decisiva de la \u00abeconom\u00eda de mercado y de la democracia\u00bb, f\u00f3rmula que todav\u00eda hoy nos persigue como una musiquilla chata y de f\u00e1cil \u00e9xito, fabricada para vend\u00e9rsela a los clientes del Kaufhaus des Westens\/10.<\/p>\n<p>En ese momento, dentro de la visi\u00f3n de poco alcance hist\u00f3rico de la Guerra Fr\u00eda, el contrasistema marxista, y con \u00e9l la alternativa hist\u00f3rica al capitalismo, parec\u00eda fracasado. Y a partir de la perspectiva de una izquierda en franca y r\u00e1pida disoluci\u00f3n, que s\u00f3lo sab\u00eda pensar de la manera inmanente del Marx exot\u00e9rico, hab\u00eda que bajar la cabeza y mostrarse de acuerdo con tal evaluaci\u00f3n. Por un lado, los grandes movimientos de desbandada hacia un \u00abrealismo\u00bb conforme al capitalismo, con sus consecuentes carreras grotescas, y por otro, la triste y obstinada nostalgia marxista de una minor\u00eda desorientada parec\u00edan sellar definitivamente el destino de la teor\u00eda marxista. Completamente fuera de consideraci\u00f3n quedaba el hecho de que a\u00fan podr\u00eda haber otra interpretaci\u00f3n, muy diferente, de los desarrollos y acontecimientos registrados, y en verdad ser\u00eda una interpretaci\u00f3n en el horizonte de aquel Marx esot\u00e9rico reprimido y de su cr\u00edtica radical categ\u00f3rica.<\/p>\n<p>Desde esta visi\u00f3n totalmente diferente, de la cual incluso la opini\u00f3n p\u00fablica te\u00f3rica s\u00f3lo se dio cuenta con reluctancia, no fue la alternativa hist\u00f3rica la que fracas\u00f3, sino, por el contrario, la modernizaci\u00f3n reparadora de la periferia. Si, a partir de la perspectiva de la no-simultaneidad externa (nacional) en el siglo XIX, la \u00ablucha para ganar terreno\u00bb todav\u00eda pudo alcanzar relativamente sus fines, despu\u00e9s de los \u00e9xitos iniciales acab\u00f3 derrumb\u00e1ndose en el siglo XX, a pesar de los enormes esfuerzos realizados. Los motivos de esa derrota residen en el estadio de desarrollo del propio sistema capitalista mundial: bajo las condiciones de integraci\u00f3n progresiva posibilitadas por el comercio mundial y los mercados financieros, los retrasados hist\u00f3ricos s\u00f3lo perder\u00edan el aliento, a m\u00e1s tardar, con la tercera revoluci\u00f3n industrial (microelectr\u00f3nica). Al fin de cuentas, ya no estaban en condiciones (o s\u00f3lo a costa de un endeudamiento externo precario) de obtener la fuerza de capital destinada a ese nuevo armamento tecnol\u00f3gico del aparato total de producci\u00f3n. As\u00ed, perdieron la competencia en el mercado mundial, y, en una reacci\u00f3n en cadena, se abri\u00f3 la discrepancia entre precios de importaci\u00f3n y de exportaci\u00f3n (terms of trade) en detrimento de estos \u00faltimos, de modo que ya no pudieron obtener las divisas suficientes, vi\u00e9ndose obligados, por fin, a capitular como econom\u00edas nacionales aut\u00f3nomas.<\/p>\n<p>Ahora, hasta los propios portavoces de la econom\u00eda de mercado y de la democracia, as\u00ed como los neoliberales de l\u00ednea dura empiezan a ver con claridad que la crisis mundial actualmente en curso, provocada por sucesivos colapsos nacional-econ\u00f3micos, no puede ser vencida de ning\u00fan modo mediante un simple cambio en los campos pol\u00edtico-ideol\u00f3gico e institucional, saliendo del plano estatal y encamin\u00e1ndose hacia la competencia de mercado, del proteccionismo relativo hacia la apertura del mercado y de la fracasada dictadura desarrollista unipartidaria hacia un parlamentarismo democr\u00e1tico. Esa crisis es mucho m\u00e1s profunda. Como bien lo demostraron los colapsos sufridos, y a\u00fan no superados en absoluto, por los \u00abtigres\u00bb del sudeste asi\u00e1tico, con su aparente econom\u00eda milagrosa, no s\u00f3lo fueron las econom\u00edas decididamente socialistas de la periferia las que tropezaron con sus fronteras hist\u00f3ricas. Resulta cada vez m\u00e1s evidente que el capitalismo occidental no puede integrar, en un sistema mundial unificado bajo su \u00e9gida exclusiva, a aquellos retrasados hist\u00f3ricos que fracasaron en sus tentativas aut\u00f3nomas de recuperar el terreno y el tiempo perdidos. La no-simultaneidad intercapitalista no fue abolida de manera positiva, sino tan s\u00f3lo negativa. Bajo la presi\u00f3n de patrones de productividad y rentabilidad globalmente unificados, hoy una gran parte de la humanidad ya no logra existir dentro de las formas sociales capitalistas. M\u00e1s todav\u00eda: de manera inequ\u00edvoca, la crisis mundial se manifiesta tambi\u00e9n dentro de los propios pa\u00edses-n\u00facleo capitalistas, aunque por el momento permanezca oculta en virtud de un nuevo capitalismo financiero fuera de la realidad, el cual puede ser interpretado, a su vez, como un fen\u00f3meno de crisis.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s claramente proclamen los hechos esta verdad a los cuatro vientos, mayor ser\u00e1 la confusi\u00f3n. \u00bfSer\u00e1 que se debe, por ejemplo, reexhumar la enterrada cr\u00edtica marxista al capitalismo y simplemente revitalizar y repetir los conceptos ya olvidados de la lucha de clases y de una econom\u00eda pol\u00edtica, aunque \u00e9stos formen parte, obviamente, de una \u00e9poca ya desaparecida? La ciencia oficial y la opini\u00f3n p\u00fablica burguesa se resisten, con derecho, a reanimar un debate tartamudo y superfluo. Aparentemente, ya no habr\u00e1 ninguna posibilidad de expresar con claridad los evidentes fen\u00f3menos de crisis y desarrollar alternativas sociales hist\u00f3ricas (de ah\u00ed tambi\u00e9n el discursos terco, bordeando la ignorancia, de la \u00abeconom\u00eda de mercado sin alternativa\u00bb). Como despu\u00e9s de 150 a\u00f1os s\u00f3lo el Marx exot\u00e9rico de una teor\u00eda de la modernizaci\u00f3n positiva est\u00e1 presente en la conciencia social, la teor\u00eda social sufre una par\u00e1lisis extrema.<\/p>\n<p><strong>La necromancia marxista<\/strong><\/p>\n<p>En gran parte, los pocos grup\u00fasculos marxistas que quedan no hacen pr\u00e1cticamente nada para revertir este estado de cosas. Al contrario, fortalecen la par\u00e1lisis y confirman, cuando el pasado est\u00e1 repasado, llenos de estridencias y en medio de una grosera presunci\u00f3n, la misma pel\u00edcula que muestra el paradigma naufragado del Marx exot\u00e9rico.<\/p>\n<p>Las insignias y lemas de las revoluciones desarrollistas reparadoras ya fueron a parar al ba\u00fal de los trastos viejos posmoderno. \u00abHoz y martillo\u00bb aparecen al lado de s\u00edmbolos religiosos y de otra naturaleza como un accesorio desprovisto de su contenido que ya se volvi\u00f3 hist\u00f3rico, y fondos de inversiones y empresas de alquiler de veh\u00edculos hacen la publicidad de sus \u00abrevolucionarias\u00bb ideas comerciales a trav\u00e9s de im\u00e1genes alienadas de Lenin. Pero el marxismo que qued\u00f3 reflexiona infatigablemente sobre la diferencia cualitativa para \u00e9l todav\u00eda obvia entre el socialismo real desrealizado y el modo de producci\u00f3n capitalista. Y esto sucede, aunque la identidad positiva haya sido probada pr\u00e1cticamente por el hecho de que ese socialismo s\u00f3lo haya podido fracasar seg\u00fan los criterios capitalistas porque \u00e9stos tambi\u00e9n eran los suyos.<\/p>\n<p>En la actualidad, se esboza un nuevo frente de retirada de la izquierda global, en el cual conceptos del Marx exot\u00e9rico (\u00ablucha de clases\u00bb, etc.) se vinculan a elementos de la doctrina econ\u00f3mica keynesiana (intervenciones parciales del Estado y acompa\u00f1amiento social-estatal del capitalismo, etc.). Al frente de esta tendencia, destaca el soci\u00f3logo franc\u00e9s Pierre Bourdieu, quien proclam\u00f3 categ\u00f3ricamente la \u00abdefensa de la civilizaci\u00f3n keynesiana\u00bb contra la marcha triunfal del neoliberalismo. Frente a la mayor\u00eda de los \u00abrealistas\u00bb ex izquierdistas que ahora, a ciegas, participan en todo lo que requiere el capitalismo, desde la exigencia por sectores de salarios baratos hasta la entrada de la OTAN en guerras, este llamamiento hecho con integridad personal por Pierre Bourdieu, convocando a la resistencia intelectual y social, parece extremadamente simp\u00e1tico. Pero tal actitud de oposici\u00f3n izquierdista ya no dispone de ninguna autonom\u00eda hist\u00f3rica, ninguna sustancia y ninguna perspectiva social.<\/p>\n<p>Al contrario de la necromancia dogm\u00e1tica de los \u00faltimos \u00abcreyentes\u00bb que viven fuera de la realidad, la iniciativa de Bourdieu s\u00f3lo puede mostrarse no dogm\u00e1tica y nueva por el siguiente motivo: se trata de una combinaci\u00f3n ideol\u00f3gica de dos contenidos antiguos y decr\u00e9pitos, otrora antag\u00f3nicos. En esta circunstancia, la referencia al Marx exot\u00e9rico s\u00f3lo aparece sin embargo como evocaci\u00f3n ritual de la lucha de clases, permaneciendo como ret\u00f3rica de acompa\u00f1amiento, mientras que para nosotros, en lo concerniente al contenido, s\u00f3lo se trata de una opaca nostalgia keynesiana. De esta forma, por ejemplo, la reivindicaci\u00f3n irremediablemente ingenua de un \u00abcontrol pol\u00edtico de los mercados financieros transnacionales\u00bb repite aquel mismo modelo de la \u00e9poca pasada, o sea, la idea de una regulaci\u00f3n y moderaci\u00f3n estatal-pol\u00edtica de las categor\u00edas reales capitalistas no abolidas, en un mundo que hace mucho dej\u00f3 de empe\u00f1arse en eso. El deficit spending [gasto deficitario] de la moderaci\u00f3n estatal keynesiana fue devorado por la inflaci\u00f3n de los a\u00f1os 70 y 80, en cuanto el control monetario nacional-estatal fue demolido por la globalizaci\u00f3n. Por tal raz\u00f3n, este modelo ya no responde a ninguna norma de realidad intercapitalista. Permanece como reminiscencia ideol\u00f3gica, y s\u00f3lo por eso es posible un extra\u00f1o matrimonio mixto entre Marx y el keynesianismo, matrimoni\u00f3 que sufri\u00f3 la burla del marxismo de los a\u00f1os 70 que era, \u00e9l mismo, apenas una resonancia hist\u00f3rica. De manera real, el keynesianismo occidental fracas\u00f3 tanto como el capitalismo de Estado del Este en la segunda modernizaci\u00f3n reparadora.<\/p>\n<p>\u00danicamente porque el sistema de coordenadas del desarrollo y de la conciencia social sufri\u00f3 un dislocamiento, esa posici\u00f3n, desde el punto de vista formal, casi puede parecer de nuevo \u00abradical de izquierda\u00bb. Sin embargo, la izquierda reunida en ese sentido para lo que s\u00f3lo es un combate de retirada, en verdad ya no se presenta con su propio nombre marxista, sino que va a oler en el cubo de la basura hist\u00f3rico los trapos usados y tirados por las ciencias econ\u00f3micas burguesas. El hecho de no hallarnos ya, de ning\u00fan modo, ante un retorno del Marx exot\u00e9rico se puede desprender tambi\u00e9n de la constataci\u00f3n de que la perspectiva de Bourdieu ya no se refiere al futuro de un nuevo impulso desarrollista capitalista febrilmente discutido, el cual tuviese que estar, como en aquel mayo de anta\u00f1o, presumiblemente ligado al \u00abanticapitalismo\u00bb; tal hecho se refiere apenas al pasado desvanecido del boom capitalista de posguerra, de sus normas de naturaleza estatal-social y de la expansi\u00f3n de su sector p\u00fablico.<\/p>\n<p><strong>La crisis categorial y la zona-tab\u00fa de la era moderna<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 la conciencia social se cierra a trav\u00e9s del espectro de las ideas de manera tan contraria al pensamiento de que la nueva crisis mundial del siglo XXI podr\u00eda ser una crisis categorial del capitalismo? \u00bfPor qu\u00e9 el Marx esot\u00e9rico, reprimido y recluido en un mundo filos\u00f3fico o en un futuro distante y sin importancia para toda y cualquier cr\u00edtica pr\u00e1ctica, tiene tantas dificultades para hacer valer sus derechos? Hay una serie de motivos con que responder a estas preguntas. Y todos tienen algo que ver con la dimensi\u00f3n de esta nueva crisis que ya no puede ser superada bajo las formas de acci\u00f3n y de conciencia hasta ahora vigentes.<\/p>\n<p>Puesto que el horizonte de desarrollo interno capitalista se ha disipado, ya no se puede formular una oposici\u00f3n emancipatoria dentro de las categor\u00edas del moderno sistema de producci\u00f3n de mercanc\u00edas. Esto significa que tampoco es posible luchar simplemente contra un enemigo externo f\u00e1cilmente definible (la \u00abclase poseedora\u00bb, las \u00abfuerzas reaccionarias\u00bb, el \u00abimperialismo\u00bb de las potencias establecidas, etc.), pero tambi\u00e9n que la propia forma del sujeto y de la acci\u00f3n (capitalistamente constituida) est\u00e1 a disposici\u00f3n. Esto es tan dif\u00edcil de entender como de soportar.<\/p>\n<p>Es evidente que el desarrollo hist\u00f3rico entr\u00f3 en una zona tab\u00fa. S\u00f3lo en la superficie el capitalismo fue un proceso de destabuizaci\u00f3n. En esta sociedad, en el final de su desarrollo, (casi) todo est\u00e1 permitido, bajo la condici\u00f3n, sin embargo, de que se pueda comprar y vender. No obstante, la aparente arbitrariedad universal se halla al mismo tiempo limitada por formas completamente no arbitrarias, hasta cierto punto dogm\u00e1ticas, unidimensionales y sin alternativas de valor, mercanc\u00eda, dinero y competencia, en que se basa la forma y sustancia econ\u00f3mico-empresarial del \u00abtrabajo\u00bb. Esta dictadura de la forma social, que entretanto ya alcanz\u00f3 incluso al amor, el deporte, la religi\u00f3n, el arte, etc., no tolera otros dioses.<\/p>\n<p>Pero como ese tab\u00fa apenas est\u00e1 constituido por postulados y prohibiciones externas, siendo \u00e9l mismo ordenado mediante la forma moderna de conciencia y de sujeto, y estando anclado, en consecuencia, m\u00e1s profundamente que todos los antiguos contextos-tab\u00fa, resulta tambi\u00e9n mucho m\u00e1s dif\u00edcil lograr un avance. Quien, por ejemplo, cuestione el sistema de ganar dinero como tal puede contar con el hecho de que ser\u00e1 declarado por el sentido com\u00fan como un caso de psiquiatr\u00eda. Justamente los \u00faltimos dinosaurios que quedan del marxismo exot\u00e9rico, cuyos representantes siempre reaccionaron con miedo y defensivamente a las consecuencias esot\u00e9ricas de su maestro, consideran tal pretensi\u00f3n como \u00abesoterismo\u00bb, lo que, sin embargo, desde su \u00f3ptica, debe significar simplemente irracionalidad, charlataner\u00eda, etc. La idea de que el propio capitalismo podr\u00eda haber expulsado a las fuerzas productivas m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la subjetividad \u00abganadora de dinero\u00bb del ser humano moderno, s\u00f3lo puede chocar con una total incredulidad.<\/p>\n<p>Para lograr abrir un espacio discursivo a la cr\u00edtica categ\u00f3rica del Marx esot\u00e9rico al modo de producci\u00f3n capitalista, obviamente es necesario, en primer lugar, superar un estadio preliminar, precisamente aquella zona de la tabuizaci\u00f3n de preguntas que no se hacen y de cosas sobre las que no se habla, pero que s\u00ed se poseen. Se trata, pues, de la tematizaci\u00f3n de prerrequisitos hasta entonces t\u00e1citos que no eran analizables. Fue el hecho de haber sido el primero y el \u00fanico te\u00f3rico moderno en \u00abexpresar en palabras\u00bb el apriori t\u00e1cito del sistema de producci\u00f3n de mercanc\u00edas lo que llev\u00f3 a la presunta \u00abininteligibilidad\u00bb y al \u00abcar\u00e1cter filos\u00f3fico fuera de la realidad\u00bb del Marx esot\u00e9rico. Por otro lado, las ciencias econ\u00f3micas, y con ellas todas las otras ciencias sociales plenamente desarrolladas (que hoy, en definitiva, est\u00e1n degradadas a simples ciencias auxiliares, por no decir polic\u00edas auxiliares de las ciencias econ\u00f3micas), no tienen las categor\u00edas capitalistas de trabajo, valor, mercanc\u00eda, dinero, mercado, etc., como objeto, sino como prerrequisito t\u00e1cito de su razonamiento \u00abcient\u00edfico\u00bb. La forma de sujeto de cambio de mercanc\u00edas, la transformaci\u00f3n de fuerza de trabajo en dinero y del capital-dinero en plusval\u00eda (lucro) no es indagada acerca de su \u00abqu\u00e9\u00bb o su \u00abpor qu\u00e9\u00bb, sino tan s\u00f3lo acerca de su \u00abc\u00f3mo\u00bb funcional, semejante al modo en que los cient\u00edficos naturales s\u00f3lo analizan el \u00abc\u00f3mo\u00bb de las llamadas leyes naturales. El primer obst\u00e1culo de una cr\u00edtica categ\u00f3rica al capitalismo consiste, por tanto, en retirar esas categor\u00edas de su status de obviedad t\u00e1cita y tornarlas expl\u00edcitas y as\u00ed, y s\u00f3lo entonces, criticables.<\/p>\n<p><strong>El fetichismo como dimensi\u00f3n t\u00e1cita y el gran salto de la historia<\/strong><\/p>\n<p>De forma abstracta, como problema met\u00f3dico, la sociolog\u00eda cultural ya desarroll\u00f3 ampliamente la cuesti\u00f3n de una cr\u00edtica posible al presupuesto ciego. La transformaci\u00f3n de una \u00abdimensi\u00f3n t\u00e1cita\u00bb (Michael Polanyi) de lo impl\u00edcito en un expl\u00edcito expreso por medio de la lengua, la tematizaci\u00f3n de lo hasta el momento indecible como problema de comunicaci\u00f3n en \u00e9pocas de crisis y de transici\u00f3n, se convirti\u00f3 en un lugar com\u00fan dentro de los an\u00e1lisis hist\u00f3rico-culturales. Pero en gran parte este problema no es tematizado con intenci\u00f3n cr\u00edtica, sino afirmativa, por ejemplo en la reflexi\u00f3n de la teor\u00eda sist\u00e9mica (N. Luhman), como constituci\u00f3n de un \u00abtel\u00f3n de fondo de obviedad\u00bb que apunta a la \u00abreducci\u00f3n de la complejidad\u00bb. En esta l\u00ednea de pensamiento, el car\u00e1cter t\u00e1cito aprior\u00edstico de las categor\u00edas capitalistas surge como un tipo de alivio para la vida, y su crisis fundamental no se tiene en cuenta de ning\u00fan modo como posibilidad.<\/p>\n<p>Pero cuando el problema fue abordado como impulso de tematizaci\u00f3n en transiciones cr\u00edticas, ello ocurri\u00f3, o bien como una observaci\u00f3n de \u00e9pocas lejanas (por ejemplo, para el fil\u00f3sofo Karl Jaspers con relaci\u00f3n a la llamada \u00abera axial\u00bb del siglo V a. C., cuando se dio un primer gran impulso de separaci\u00f3n entre el mundo terreno y el divino junto a una revoluci\u00f3n de los \u00f3rdenes sociales), o bien como una investigaci\u00f3n de las obviedades impl\u00edcitas en la vida cotidiana, que son expresadas en palabras y cuestionadas por el desarrollo de la metaestructura social. Esta \u00faltima explicaci\u00f3n del tel\u00f3n de fondo impl\u00edcito s\u00f3lo va a ser incluso afirmativa en el capitalismo en el momento en que coincida ampliamente con \u00e9l, lo que el fil\u00f3sofo J\u00fcrgen Habermas denomin\u00f3 \u00abcolonizaci\u00f3n del mundo vital\u00bb. Pues como primera y \u00fanica forma social de din\u00e1mica ciega tenemos al propio capitalismo, que retira y cuestiona obviedades permanentemente impl\u00edcitas en la vida cotidiana, de la actividad profesional, la convivencia social, la cultura, etc., a partir de esa obviedad \u2013sin embargo, de ning\u00fan modo en el sentido de una emancipaci\u00f3n social, sino, por el contrario, como entrega total del ser humano a procesos de mercado ciegos. Si el problema de la tematizaci\u00f3n de aquello que hasta ahora no fue objeto de comunicaci\u00f3n hubiera de tornarse fecundo de manera emancipatoria, entonces ello s\u00f3lo ser\u00e1 posible cuando la investigaci\u00f3n de la tematizaci\u00f3n se vuelva hacia los \u00abaxiomas impl\u00edcitos\u00bb del propio capitalismo \u2013o sea, con el Marx esot\u00e9rico, volver la indagaci\u00f3n tematizadora hacia las formas sociales categoriales que para la era moderna s\u00f3lo formaron el tel\u00f3n de fondo t\u00e1cito.<\/p>\n<p>El concepto central del Marx esot\u00e9rico, que representa esa tematizaci\u00f3n cr\u00edtica, y con ella la despedida emancipatoria de la modernidad, es el concepto de \u00abfetichismo\u00bb. A partir de \u00e9l, Marx muestra que la aparente racionalidad de la modernidad capitalista s\u00f3lo representa, en cierto modo, la racionalidad interior de un sistema absurdo objetivado: una especie de creencia secularizada en cosas, la cual se manifiesta en las abstracciones hechas palpables del sistema de producci\u00f3n de mercanc\u00edas, de sus crisis, absurdidades y resultados destructivos para el ser humano y la naturaleza. En la autonomizaci\u00f3n de la llamada econom\u00eda, en la fetichizaci\u00f3n del trabajo, valor y dinero se oponen a los seres humanos, a su propia sociabilidad, como un poder extra\u00f1o y exterior.<\/p>\n<p>El esc\u00e1ndalo consiste en que esa autonomizaci\u00f3n espantosa, fantasmag\u00f3rica y destructiva de las cosas muertas, economizadas\/11, tom\u00f3 la forma de la obviedad axiom\u00e1tica. Con su concepto de fetiche, que tambi\u00e9n extiende al Estado, la pol\u00edtica y la democracia, el Marx esot\u00e9rico produjo lo que todo gran descubridor produce en las cosas humanas: transforma lo aparentemente simple, lo cotidiano, la \u00abdimensi\u00f3n silenciosa\u00bb de lo obvio, en lo extra\u00f1o, lo carente de explicaci\u00f3n y lo err\u00f3neo.<\/p>\n<p>El Marx esot\u00e9rico, a diferencia de su sosia exot\u00e9rico inmanente a la modernizaci\u00f3n, al retirar a la modernidad de su posici\u00f3n de reina dentro de la Historia, no justifica e idealiza, como los cr\u00edticos meramente reaccionarios de la era moderna, las relaciones de las sociedades agrarias premodernas, sino que, por el contrario, inserta la era moderna en el contexto de una historia social de sufrimientos de la humanidad, una historia no suprimida, inscrita en el horizonte de un todav\u00eda v\u00e1lido \u00abtodav\u00eda no\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando el Marx cl\u00e1sico analiza la Historia como un todo, en el sentido del concepto hegeliano, orientado hacia el materialismo, de desarrollo y progreso, lo hace con el concepto de una \u00abHistoria de las luchas de clases\u00bb: s\u00f3lo proyecta, por tanto, el proceso de desarrollo e imposici\u00f3n intercapitalista a toda la Historia existente hasta el momento. Es s\u00f3lo con el concepto de fetiche empleado por el Marx esot\u00e9rico que se vuelve posible describir, en un nivel de abstracci\u00f3n m\u00e1s elevado, el conjunto de todas las formas sociales surgidas hasta entonces, producido no s\u00f3lo mediante retroproyecciones de la era moderna: por m\u00e1s diferentes que sus relaciones puedan haber sido, nunca hubo sociedades autoconscientes que pudiesen decidir libremente sobre el empleo de sus posibilidades; siempre hubo s\u00f3lo sociedades que fueron dirigidas por medios fetichistas de las m\u00e1s diversas clases (rituales, personificaciones, tradiciones determinadas por la religi\u00f3n, etc.). Desde ese punto de vista, deber\u00eda hablarse de una \u00abhistoria de las relaciones de fetiche\u00bb. En ese sentido, el moderno sistema de producci\u00f3n de mercanc\u00edas con su econom\u00eda autonomizada irracionalmente s\u00f3lo representa la \u00faltima forma de fetichismo social, ciega a trav\u00e9s de su propia din\u00e1mica.<\/p>\n<p>La tarea que de ah\u00ed resulta viene a poner de manifiesto finalmente la verdadera dimensi\u00f3n de la crisis mundial del siglo XXI. Se trata \u2013en las propias palabras de Marx, y dicho con esta audacia\u2013 no s\u00f3lo del fin de la historia capitalista, sino tambi\u00e9n del problema de una superaci\u00f3n de la historia existente hasta ahora, comparable al m\u00e1ximo con la llamada revoluci\u00f3n neol\u00edtica o con aquella revoluci\u00f3n de la \u00abera axial\u00bb. No s\u00f3lo la era de la Guerra Fr\u00eda lleg\u00f3 a su fin, sino tambi\u00e9n la historia mundial de la modernizaci\u00f3n en general, y no s\u00f3lo esa historia espec\u00edficamente moderna, sino la historia mundial de las relaciones de fetiche en general.<\/p>\n<p>La hipot\u00e9tica reducci\u00f3n de la complejidad a trav\u00e9s de la m\u00e1quina social capitalista, que siempre represent\u00f3 m\u00e1s ideolog\u00eda que realidad, se transforma finalmente en destrucci\u00f3n. Por esa raz\u00f3n tambi\u00e9n, el salto es tan grande y est\u00e1 tan lleno de temores. Pero las relaciones de crisis, que se volvieron reconocibles a trav\u00e9s de su continua evoluci\u00f3n, reclaman implacablemente: all\u00ed donde hab\u00eda inconsciencia social (desde la \u00abinvisible hand\u00bb [mano invisible] del culto a los antepasados hasta la \u00abinvisible hand\u00bb del mercado capitalista mundial), deber\u00e1 surgir conciencia social. En lugar de un medio ciego, tendr\u00e1 que surgir un proceso decisorio social consciente, organizado por instituciones autodeterminadas (no establecidas a priori), m\u00e1s all\u00e1 del mercado y del Estado.<\/p>\n<p><strong>Envoltorios ilusorios posmodernos como \u00faltima palabra de la era moderna<\/strong><\/p>\n<p>En vez de tomar por fin en serio los postulados del Marx esot\u00e9rico ante la crisis mundial y alcanzar una reflexi\u00f3n cr\u00edtica m\u00e1s all\u00e1 del paradigma de modernizaci\u00f3n ya agotado, las ciencias sociales desarmadas intentan enga\u00f1arnos frente a esta tarea. No s\u00f3lo no se desea ning\u00fan otro nivel de reflexi\u00f3n, sino que adem\u00e1s se procura prorrogar una vez m\u00e1s la antigua forma de reflexi\u00f3n inmanente a la historia de imposici\u00f3n capitalista, yendo m\u00e1s all\u00e1 de su fecha de vencimiento. Para eso, el soci\u00f3logo Ulrich Beck invent\u00f3 el t\u00e9rmino de la \u00abmodernizaci\u00f3n reflexiva\u00bb. Pero esa expresi\u00f3n que acab\u00f3 siendo muy utilizada y recitada de manera inconsciente, es una expresi\u00f3n hueca y un envoltorio ilusorio, pues la reflexividad aqu\u00ed postulada no se refiere, en absoluto, a una forma de combatir el capitalismo, sino tan s\u00f3lo a una pura fenomenolog\u00eda. En otras palabras: supuesta m\u00e1s que nunca de manera ciega en su contexto capitalista, la sociedad deber\u00e1 comportarse \u00abreflexivamente\u00bb s\u00f3lo en relaci\u00f3n a los diversos fen\u00f3menos y consecuencias de su obrar enloquecido y destructivo.<\/p>\n<p>El mismo car\u00e1cter lamentable ofrecen las recetas propuestas que van desde el \u00abtrabajo civil no remunerado\u00bb hasta la \u00abadministraci\u00f3n cercana al ciudadano\u00bb, etc. No se pretende alcanzar una nueva forma de sociedad m\u00e1s all\u00e1 del mercado y el Estado, sino la llamada \u00absociedad civil\u00bb, en verdad hace ya mucho tiempo corro\u00edda por la colonizaci\u00f3n capitalista del mundo vital, que, como instancia encargada de los servicios de reparaci\u00f3n, tendr\u00e1 que derrotar la crisis que ha estallado en los poros y en los recovecos existentes entre el mercado y el Estado. Esta perspectiva parece tan irremediablemente irrealista como la pretensi\u00f3n de resucitar el Estado social keynesiano que est\u00e1 naufragando. En el fondo, su objetivo es simplemente intentar compensar la supresi\u00f3n de las obligaciones sociales por medio de limosnas privadas y autoactividad moral desprovista de sentido cr\u00edtico.<\/p>\n<p>No importa las vueltas que se den: no hay manera de eludir a Marx, aun cuando actualmente el \u00abretorno a Marx\u00bb s\u00f3lo pueda referirse a la cr\u00edtica radical categ\u00f3rica del fetichismo de la era moderna, una cr\u00edtica que viene siendo reprimida hasta el d\u00eda de hoy. Y tampoco tendr\u00eda nada que objetar respecto a ese Marx esot\u00e9rico si, por ejemplo, se levantase la sospecha de un mal utopismo de su parte. Exactamente lo contrario sucede con el Marx exot\u00e9rico de la modernizaci\u00f3n, quien acogi\u00f3 complacientemente a los utopistas en el pante\u00f3n de sus precursores. La utop\u00eda siempre puede ser le\u00edda en la historia de la modernizaci\u00f3n como una apelaci\u00f3n al ideal capitalista (ideol\u00f3gico) frente a una mala realidad capitalista. La utop\u00eda es la enfermedad infantil del capitalismo, no del comunismo.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, tambi\u00e9n el Marx esot\u00e9rico es completamente no ut\u00f3pico y antiut\u00f3pico. En su caso, no se trata ni del para\u00edso en la tierra ni de la construcci\u00f3n de un nuevo ser humano, sino de la superaci\u00f3n de las exigencias capitalistas hechas al ser humano, del fin de las cat\u00e1strofes sociales producidas por el capitalismo. Ni m\u00e1s ni menos. El hecho de que esto s\u00f3lo ser\u00eda viable si fuese superada la historia acontecida hasta el presente como una historia de fetiches, no pertenece a la arrogancia de la cr\u00edtica, sino a la arrogancia del propio capitalismo. Incluso despu\u00e9s del capitalismo, seguir\u00e1 habiendo enfermedad y muerte, envidia e individuos despreciables. S\u00f3lo que no ya no existir\u00e1 una parad\u00f3jica pobreza masiva, producida por la producci\u00f3n abstracta de riqueza; ya no existir\u00e1 un sistema autonomizado de relaciones fetichistas ni formas sociales dogm\u00e1ticas. El objetivo es grande, justamente porque, medido por la exaltaci\u00f3n ut\u00f3pica, se muestra relativamente modesto, y no promete nada m\u00e1s que liberar de sufrimientos completamente innecesarios.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong> [del traductor al espa\u00f1ol]<\/p>\n<p>1. La met\u00e1fora hace referencia a la \u00abayuda al desarrollo econ\u00f3mico\u00bb normalmente ofrecida por los pa\u00edses industrializados que env\u00edan agentes t\u00e9cnicos responsables de la aplicaci\u00f3n de proyectos en los llamados pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo.<\/p>\n<p>2. En alem\u00e1n, la palabra usada (Aufholjagd) proviene de la jerga deportiva y es usada habitualmente en el sentido de que alguien intenta recuperar el tiempo perdido en una competici\u00f3n (por ejemplo, en una carrera). En el texto se considera an\u00e1logamente la carrera emprendida por los pa\u00edses que quer\u00edan recuperar el tiempo perdido y alcanzar el desarrollo industrial.<\/p>\n<p>3. El t\u00e9rmino \u00abreparador\u00bb debe ser entendido aqu\u00ed como \u00abque repara, mejora, fortalece\u00bb (cfr. Diccionario Houaiss). Obs\u00e9rvese que la idea contenida en la expresi\u00f3n \u00abmodernizaci\u00f3n reparadora\u00bb est\u00e1 \u00edntimamente ligada a la considerada en la nota anterior, o sea: por medio del proceso de modernizaci\u00f3n que lleg\u00f3 tard\u00edamente a Alemania, Italia y Jap\u00f3n, estos pa\u00edses procuraban ganar el tiempo perdido para lograr as\u00ed quedar en pie de igualdad con Inglaterra o superarla.<\/p>\n<p>4. Otto von Bismarck (1815-1898) es considerado el unificador de Alemania. Mediante tres guerras [contra Dinamarca, Austria y Francia], consigui\u00f3 en 1871 anexar los estados meridionales a la ya existente Confederaci\u00f3n del Norte, organizada por \u00e9l, y coronar emperador de Alemania a Guillermo I de Prusia, en Versalles, convirti\u00e9ndose \u00e9l mismo en el primer Primer Ministro imperial (Reichskanzler) de Alemania.<\/p>\n<p>5. En alem\u00e1n, el adjetivo que significa \u00abburgu\u00e9s\u00bb (b\u00fcrgerlich) tambi\u00e9n puede significar \u00abcivil\u00bb. Con todo, en la teor\u00eda marxista entr\u00f3 tambi\u00e9n otro sesgo de argumentaci\u00f3n muy diferente que excede en mucho el horizonte de su tiempo. Se trata de una cr\u00edtica al capitalismo mucho m\u00e1s profunda, la cual merece ese nombre tambi\u00e9n en sentido l\u00f3gico e hist\u00f3rico, puesto que examina el modo de producci\u00f3n capitalista fundamentalmente en sus formas pol\u00edtico-econ\u00f3micas elementales, que abarcan a todos los grupos, clases y capas sociales y forman el sistema colectivo de referencias de los conflictos sociales intercapitalistas. Este segundo nivel de la cr\u00edtica marxista al capitalismo, el nivel realmente genuino, no es s\u00f3lo v\u00e1lido para un determinado modo o un determinado nivel de desarrollo o determinados efectos de ese contexto de formas, sino que est\u00e1 relacionado con la esencia o el n\u00facleo de la cosa; al no remitirse a cualidades negativas o a fallos e imperfecciones (que posiblemente estar\u00edan al alcance de una correcci\u00f3n inmanente), este nivel es categ\u00f3rico o categorial, o sea, que rechaza las clasificaciones ontol\u00f3gicas b\u00e1sicas del capitalismo.<\/p>\n<p>6. Weltgeist: \u00abesp\u00edritu del mundo\u00bb.<\/p>\n<p>7. A\u00f1o de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn, hecho que aceler\u00f3 el colapso general de los reg\u00edmenes socialistas en los pa\u00edses del Este europeo.<\/p>\n<p>8. A veces no queda muy claro en el texto original si el autor se refiere a \u00abEste\u00bb y \u00abSur\u00bb s\u00f3lo en el contexto europeo o si tambi\u00e9n cabr\u00eda la idea del \u00abEste\u00bb como referencia a pa\u00edses de Oriente, o la del \u00abSur\u00bb como referencia a pa\u00edses del Hemisferio Sur, sobre todo si pensamos en pa\u00edses comunistas de Asia.<\/p>\n<p>9. Grupo terrorista \u00abFracci\u00f3n del Ej\u00e9rcito Rojo\u00bb, que actu\u00f3 en Alemania occidental, de manera bastante violenta, sobre todo durante los a\u00f1os 70.<\/p>\n<p>10. En Berl\u00edn occidental, durante la Guerra Fr\u00eda, se construy\u00f3 un predio donde se instalaron lujosas tiendas dedicadas a los m\u00e1s diversos ramos, desde zapater\u00edas y librer\u00edas hasta mercados de alimentaci\u00f3n con las m\u00e1s finas delicatesses. El predio, que est\u00e1 situado dentro del corredor tur\u00edstico central de Berl\u00edn, serv\u00eda (y a\u00fan sirve) como escaparate de la modernizaci\u00f3n y del poder\u00edo econ\u00f3mico-comercial de Alemania occidental, sobre todo en la \u00e9poca del Muro de Berl\u00edn, pues se contrapon\u00eda a la poca variedad del comercio del vecino Berl\u00edn oriental (sector comunista). Popularmente, se lo llama KDW (se pronuncia ka-de-v\u00e9). Literalmente, significa \u00abCentro Comercial del Oeste\u00bb.<\/p>\n<p>11. La palabra \u00abeconomizada\u00bb no debe entenderse aqu\u00ed como \u00abahorrada\u00bb, sino como \u00abque pas\u00f3 por un proceso de \u2018economizaci\u00f3n\u2019\u00bb.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: AA.VV.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Soci\u00f3logo y miltante alem\u00e1n, fundador del grupo Krisis. Ha escrito varios libros sobre el fin del fordismo y de la sociedad del trabaqjo abstracto. Este texto constituye la Introducci\u00f3n (p\u00e1ginas 13 a 48) del libro de su libro Marx Lesen, Frankfurt am Main, Eichborn, 2001. Fue traducido del original alem\u00e1n al portugu\u00e9s y publicado en el segundo cuaderno de Critica Radical (Fortaleza, Cear\u00e1, Brasil). De aqu\u00ed lo hemos tomado. Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s: R. D.<\/p>\n<p>Quien fue considerado muerto est\u00e1 m\u00e1s vivo que nunca. En su calidad de te\u00f3rico activo y cr\u00edtico, Karl Marx fue dado ya por muerto m\u00e1s de una vez, pero siempre consigui\u00f3 escapar de la muerte hist\u00f3rica y te\u00f3rica. Tal hecho se debe a un motivo: la teor\u00eda marxista s\u00f3lo puede morir en paz junto con su objeto, o sea, con el modo de producci\u00f3n capitalista. Este sistema social, \u00abobjetivamente\u00bb c\u00ednico, desborda de comportamientos tan insolentes impuestos a los seres humanos, produce junto a una riqueza obscena e ins\u00edpida una pobreza en masa de tal dimensi\u00f3n, est\u00e1 marcado en su din\u00e1mica de furia ciega por la potenciaci\u00f3n de cat\u00e1strofes tan incre\u00edbles, que su simple supervivencia hace que, inevitablemente, resurjan siempre temas y pensamientos de cr\u00edtica radical. A su vez, el punto esencial de esa cr\u00edtica consiste en la teor\u00eda cr\u00edtica de aquel Karl Marx que, hace casi 150 a\u00f1os, analizara ya, sin ser superado, la l\u00f3gica destructiva del proceso de acumulaci\u00f3n capitalista en sus fundamentos. Sin embargo, al igual que para cualquier pensamiento te\u00f3rico que sobrepasa la fecha de validez de un determinado esp\u00edritu del tiempo, tambi\u00e9n para la obra marxista vale lo siguiente: siempre se hace necesaria una reaproximaci\u00f3n peri\u00f3dica que descubra nuevas facetas y rechace viejas interpretaciones. Y no s\u00f3lo interpretaciones, sino tambi\u00e9n elementos de esa propia teor\u00eda ligados al tiempo. Todo te\u00f3rico pens\u00f3 siempre m\u00e1s de lo que \u00e9l mismo sab\u00eda, y no ser\u00eda serio llamar teor\u00eda a una teor\u00eda exenta de contradicciones. As\u00ed, no s\u00f3lo los libros individualmente tienen su destino, sino tambi\u00e9n las grandes teor\u00edas. Entre una teor\u00eda y sus receptores, tanto adeptos como oponentes, se desarrolla siempre una relaci\u00f3n de tensi\u00f3n en la que se manifiesta la contradicci\u00f3n interna de la teor\u00eda, a partir de lo cual, y s\u00f3lo entonces, se generar\u00e1 conocimiento.<\/p>\n<p>Marx y la \u00faltima oda posmoderna a la \u00abgran teor\u00eda\u00bb<\/p>\n<p>En vez de volver a enfrentar el problema de la procesualidad hist\u00f3rica de la teor\u00eda social al final del siglo XX, el llamado pensamiento posmoderno s\u00f3lo est\u00e1 interesado en silenciar la dial\u00e9ctica entre formaci\u00f3n de la teor\u00eda, recepci\u00f3n y cr\u00edtica. Y precisamente la teor\u00eda marxista ya no es investigada en sus contenidos, ni analizada en sus condiciones hist\u00f3ricas ni mucho menos corregida, sufriendo a priori un rechazo en su leg\u00edtima pretensi\u00f3n de \u00abgran teor\u00eda\u00bb. Esta falsa modestia, que no es vista como tal sino sencillamente reprimida, respecto a la gran totalidad de las formas de socializaci\u00f3n capitalistas, desciende a un nivel inferior de la reflexi\u00f3n te\u00f3rico-social. La pol\u00edtica del avestruz de un pensamiento reducido y desarmado de un modo tan espont\u00e1neo menosprecia el hecho de que no es posible trazar una separaci\u00f3n entre la problem\u00e1tica de las denominadas grandes teor\u00edas y grandes conceptos y su objeto social real. La pretensi\u00f3n de querer abrazar el todo viene provocada sobremanera por la realidad social. En su existencia real, el todo negativo del capitalismo no cesa de actuar simplemente porque se lo ignore conceptualmente y porque ya no queramos mirar en esa direcci\u00f3n: \u00abla totalidad no nos olvida\u00bb, como bien se burl\u00f3 el ingl\u00e9s Terry Eagleton, te\u00f3rico de la literatura. <\/p>\n<p>La cr\u00edtica posmoderna a la gran teor\u00eda, asimilada con gratitud por muchos ex marxistas como forma de pensamiento supuestamente aliviadora, no hay que remitirla a un pensamiento afirmativo y apolog\u00e9tico en el sentido tradicional, sino m\u00e1s bien a la desesperaci\u00f3n de una cr\u00edtica social que est\u00e1 trastornada y que se sobresalta ante una tarea superior a su capacidad actual. Se trata de una evasi\u00f3n que s\u00f3lo puede tener un car\u00e1cter provisional: al final, el pensamiento cr\u00edtico ser\u00e1 implacablemente reconducido hacia el obst\u00e1culo que tendr\u00e1 que superar. Y este obst\u00e1culo, ciertamente, es muy dif\u00edcil de enfrentar, sobre todo porque el pensamiento marxista practicado hasta el d\u00eda de hoy tambi\u00e9n est\u00e1 obligado a saltar por encima de su propia sombra. Se podr\u00eda cambiar esta met\u00e1fora un tanto extra\u00f1a por esta otra: el marxismo esconde en sus bodegas un cad\u00e1ver que ya no puede permanecer as\u00ed por mucho tiempo. O sea, tanto la contradicci\u00f3n entre la teor\u00eda marxista y su recepci\u00f3n a trav\u00e9s del antiguo movimiento obrero, como las contradicciones en el interior de la propia teor\u00eda marxista registradas a fines del siglo XX llegaron a tal punto de madurez que ya no se puede concebir una reactivaci\u00f3n o una reactualizaci\u00f3n de esta teor\u00eda dentro de los moldes en los que se ha hecho hasta hoy. <\/p>\n<p>Despu\u00e9s del siglo del movimiento obrero<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[923,868,1469,1470],"class_list":["post-184","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-la-izquierda-a-debate","tag-fragmentos","tag-karl-marx","tag-marx-lesen","tag-robert-kurz"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/184","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=184"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/184\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=184"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=184"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=184"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}