{"id":18623,"date":"2025-10-18T05:00:18","date_gmt":"2025-10-18T04:00:18","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=18623"},"modified":"2025-10-17T19:24:15","modified_gmt":"2025-10-17T18:24:15","slug":"como-lemmings-en-un-precipicio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=18623","title":{"rendered":"Como lemmings en un precipicio"},"content":{"rendered":"<p><em>Rese\u00f1a del libro <\/em>El fin de nuestro mundo. La lenta irrupci\u00f3n de la cat\u00e1strofe<em> de Emmanuel Rodr\u00edguez. Este no un manual de soluciones frente a la cat\u00e1strofe, sino una invitaci\u00f3n a mirar de frente al abismo sabiendo que podemos ensayar formas de vida colectivas capaces de resistir.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/el-fin-de-nuestro-mundo.gif\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-18625\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/el-fin-de-nuestro-mundo.gif\" alt=\"\" width=\"172\" height=\"300\" \/><\/a>Una frase de Fredric Jameson se ha popularizado para dar cuenta de la perseverancia del capitalismo contempor\u00e1neo y nuestra incapacidad para ver d\u00f3nde empiezan sus l\u00edmites: \u00abEs m\u00e1s f\u00e1cil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo\u00bb. Citada con insistencia en multitud de ensayos contempor\u00e1neos, la frase se ha utilizado casi como una herramienta para explicar por qu\u00e9 est\u00e1 tan arraigada la sensaci\u00f3n de que no existe alternativa al capitalismo neoliberal. Est\u00e1 tan abigarrado, tan imbricado en nuestras vidas que ya no es tan solo una forma de organizar la producci\u00f3n o el mercado, sino que articula y atraviesa nuestra subjetividad, organiza nuestras formas de vida, las relaciones sociales y los espacios que habitamos. Es m\u00e1s f\u00e1cil imaginar la implosi\u00f3n del planeta Tierra que un mundo en el que no estemos sometidos a una ley abstracta del valor o un mundo en el que podamos cooperar para garantizar una vida justa y plena para todas las personas.<\/p>\n<p>Emmanuel Rodr\u00edguez profundiza en esta idea y nos obliga a atender a otra dimensi\u00f3n: para \u00e9l, el fin del mundo no es un horizonte futuro, sino un presente que acontece frente a nuestros ojos. El problema es que apenas contamos con imaginarios capaces de dar sentido a la cat\u00e1strofe que presenciamos. Nuestros relatos de colapso siguen siendo superficiales y se quedan cortos frente a la magnitud del desastre al que nos enfrentamos. Es m\u00e1s, el problema de la m\u00e1xima de Jameson es que separa el fin del mundo del fin del capitalismo. Para Rodr\u00edguez, estos dos fen\u00f3menos est\u00e1n densamente imbricados; por ello, en su libro <a href=\"https:\/\/traficantes.net\/libros\/el-fin-de-nuestro-mundo\"><em>El fin de nuestro mundo<\/em><\/a>, nos enfrenta a la posibilidad de que la humanidad ya no pueda frenar el ingente proceso de destrucci\u00f3n de h\u00e1bitats, formas de vida y especies que asola la Tierra. El fin del capitalismo es tambi\u00e9n el fin del mundo.<\/p>\n<p>Sin andarse con rodeos el autor no duda en afirmar que \u00abno hay, y no va a haber en un futuro inmediato, ni una soluci\u00f3n a la crisis clim\u00e1tica ni tampoco a la crisis de largo recorrido de la civilizaci\u00f3n capitalista, tal y como la hemos conocido\u00bb. As\u00ed, el libro insiste en que no hay mundo fuera del capitalismo, como tampoco hay capitalismo fuera del mundo. El agotamiento del sistema \u2014su incapacidad para generar m\u00e1s valor, abrir nuevas fronteras extractivas o abaratar a\u00fan m\u00e1s la vida de ecosistemas y personas\u2014 lo ha lanzado a una espiral destructiva que amenaza con arrastrarlo todo. Y como el capitalismo produce mundo, ahora nos enfrentamos a las consecuencias de una \u00e9poca de crecimiento desmedido y explotaci\u00f3n incontrolada de recursos, que empieza a exhibir su rostro m\u00e1s devastador. Tanto la reproducci\u00f3n social como la reproducci\u00f3n de la vida planetaria han entrado en ca\u00edda libre. Y pese a las mejores intenciones, poco parece que podamos hacer para detenerlo.<\/p>\n<p>Este doble ciclo de destrucci\u00f3n genera sus propios monstruos: magnates tecno-solucionistas que conf\u00edan en la prolongaci\u00f3n indefinida de la modernidad a trav\u00e9s de la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica; reformistas de izquierdas que intentan paliar los peores efectos de la debacle mediante pol\u00edticas p\u00fablicas; negacionistas clim\u00e1ticos que se aferran a sus certezas para no enfrentarse a lo inevitable; neorreaccionarios que fantasean con pasados blancos idealizados en los que todav\u00eda se cre\u00eda posible controlar la realidad; personas conscientes del problema que no est\u00e1n dispuestas a cambiar su vida, expertos en cat\u00e1strofes y tertulianos que todo lo saben y, finalmente, multitudes de personas que se refugian en una suerte de \u00abnihilismo dulce\u00bb, replegadas sobre su malestar personal y su sufrimiento frente a la devastaci\u00f3n. En el libro tambi\u00e9n aparecen zombies, muchos zombies, lemmings y algunos supervivientes que merodean por una tierra devastada.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay quienes han comenzado a vislumbrar el problema: sujetos que, armados con la cr\u00edtica, alcanzan a reconocer parte de lo que enfrentamos. Sin embargo, aun con las mejores intenciones, se trata de personas profundamente individualizadas, habituadas a desenvolverse en entornos acad\u00e9micos, art\u00edsticos o militantes, donde extraen capital simb\u00f3lico de su capacidad para mantenerse despiertos y se\u00f1alar a quienes a\u00fan no lo est\u00e1n. Dice Rodr\u00edguez que \u00absu ecologismo, feminismo, antirracismo o incluso \u2014en caso de declararse\u2014 su anticapitalismo, no deja de ser un estilo ret\u00f3rico o ideol\u00f3gico, que no llega a constituirse como una verdadera forma de vida, la cual requiere siempre de una condici\u00f3n colectiva\u00bb. Personas que posiblemente teman un cambio de sistema real que ponga en jaque sus estilos de vida, su visibilidad y su capacidad de juzgar la vida de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Lamentablemente tanto los negacionistas, los conscientes bienintencionados como los nihilistas dulces comparten una limitaci\u00f3n: su incapacidad para comprender la verdadera extensi\u00f3n de la cat\u00e1strofe. Unos y otros solo perciben signos aislados, imposibles de articular en una constelaci\u00f3n mayor. Unos se concentran en la precariedad social y el agotamiento del sistema; otros observan patrones clim\u00e1ticos an\u00f3malos sin vincularlos a siglos de explotaci\u00f3n extractiva; algunos miran con recelo las migraciones; otros temen la ca\u00edda de la fertilidad; otros, en fin, se resisten a aceptar que la ciencia contempor\u00e1nea ha perdido el control de un mundo que ya no puede comprender ni ordenar con sus herramientas. Para Rodr\u00edguez, todos estos elementos forman parte de una misma realidad: la desgraciada ca\u00edda del mundo que habitamos y la inevitable extinci\u00f3n \u2014o zombificaci\u00f3n\u2014 de sus habitantes.<\/p>\n<p>En un libro preciso y minucioso, sostenido por datos que avalan las tendencias analizadas, nuestro humanismo latente puede jugarnos una trampa: empujarnos a esperar una redenci\u00f3n. Pero este libro no trata de soluciones; en sus p\u00e1ginas no hallaremos un faro que se alce entre las brumas de las danas ni una se\u00f1al que atraviese el humo de los incendios que arrasan nuestros bosques. A medida que avanza la lectura, y que se complejiza la interrelaci\u00f3n masiva entre capitalismo, vida y mundo, nuestro subconsciente reclama la aparici\u00f3n de un piloto dispuesto a estrellar un cohete contra un meteorito para salvar a la humanidad, o de un pensador de izquierdas con la fuerza suficiente para darle la vuelta al sistema-mundo heredado del capitalismo y ofrecernos alguna pista a seguir. En cambio, el mensaje que se configura frente a nuestros ojos es alto y claro: HUMANIDAD EPIC FAIL. No hay alternativa, al final del mundo. Pantalla final.<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez no es proclive a las concesiones. Con la misma contundencia con la que afirma que estamos ante el fin del mundo, aunque nos invita a combatirlo, nos recuerda que no hay nada que hacer para detenerlo. Esta es, quiz\u00e1, la parte m\u00e1s amarga del libro: no promete salidas ni alivio, sino \u00fanicamente la destrucci\u00f3n del capitalismo y del sistema-mundo que lo acompa\u00f1a, junto con los relatos de progreso y prosperidad que forj\u00f3 la modernidad europea. En ese sentido, tanto la derecha recalcitrante que pide volver hacia atr\u00e1s en el tiempo como la izquierda que sigue abonada a la noci\u00f3n de progreso, se resisten a aceptar que hace tiempo ya no son capitanes de un barco arrastrado a la deriva por fuerzas desatadas que no pueden ser gobernadas.<\/p>\n<p>Precisamente, lo que se\u00f1ala el autor es que ahora mismo no es el momento de esperar a que surja una soluci\u00f3n o arreglo t\u00e9cnico a un problema tan ingente, que acontece a tantos niveles y que nos va a afectar de formas tan dispares, pues escapa a las l\u00f3gicas solucionistas que se nos han ofrecido. No es el momento de esperar respuestas un\u00edvocas ni recetas m\u00e1gicas; en su lugar, el autor nos insta a crear alianzas y \u00abresistir las condiciones de vida impuestas\u00bb, y as\u00ed empezar a inventar \u00abotras formas de vida\u00bb. Aun as\u00ed, es consciente de que en la actualidad lo que nos queda poco con lo que trabajar. Disturbios sociales, estallidos y violencias incontroladas que no logran politizarse, malestares que desgarran a las comunidades, insurrecciones que oscilan de forma azarosa hacia la derecha o la izquierda y que apenas logran consumir, por un instante, la impotencia acumulada. Rencillas entre pares y una incapacidad para crear redes de resistencia desde abajo. Por ello, Rodr\u00edguez propone potenciar esas peque\u00f1as explosiones sociales, abandonar la espera estrat\u00e9gica de una revoluci\u00f3n improbable y reconocer que en esas formas de malestar a\u00fan hay espacio para acelerar la destrucci\u00f3n del sistema. Se trata de asumir peque\u00f1as formas de agencia frente a la destrucci\u00f3n de formas de vida a la que nos enfrentamos, de crear alianzas desde abajo y dise\u00f1ar modos in\u00e9ditos de existencia. Formas de vida imaginativas e inauditas que potencien nuestras capacidades colectivas de pelear e intervenir.<\/p>\n<p>En definitiva, <em><a href=\"https:\/\/traficantes.net\/libros\/el-fin-de-nuestro-mundo\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">El fin de nuestro mundo<\/a>\u00a0<\/em>no es un manual de soluciones ni un consuelo frente a la cat\u00e1strofe, sino una invitaci\u00f3n a mirar de frente al abismo al que nos abocamos y a reconocer que, incluso en un horizonte sin redenci\u00f3n, todav\u00eda podemos ensayar formas de vida colectivas capaces de resistir, reinventar y disputar el sentido de lo com\u00fan.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Zona de estrategia<\/em>, 2 de octubre de 2025 (https:\/\/zonaestrategia.net\/como-lemmings-en-un-precipicio\/)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a del libro El fin de nuestro mundo. La lenta irrupci\u00f3n de la cat\u00e1strofe de Emmanuel Rodr\u00edguez. 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