{"id":1886,"date":"2012-05-02T00:00:00","date_gmt":"2012-05-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1886"},"modified":"2020-02-21T08:30:36","modified_gmt":"2020-02-21T07:30:36","slug":"arthur-rosenberg-historiador-del-socialismo-y-la-democracia-real","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1886","title":{"rendered":"Arthur Rosenberg, historiador del socialismo y la democracia real"},"content":{"rendered":"<p>A finales de los a\u00f1os treinta, Nueva York era la capital emblem\u00e1tica del izquierdismo estadounidense. Era la \u00e9poca del Frente Popular, que en los Estados Unidos se concretaba en un amplio movimiento social que daba un apoyo cr\u00edtico al presidente Roosevelt y donde el Partido Comunista de los Estados Unidos jugaba un papel central. Sus principales luchas eran la erradicaci\u00f3n de la discriminaci\u00f3n racista, la extensi\u00f3n de los derechos sindicales y la solidaridad internacionalista con China y, sobre todo, con la Espa\u00f1a republicana. El grueso de la izquierda frentepopulista eran sindicalistas, pero entre sus filas tambi\u00e9n se contaban numerosos artistas e intelectuales, muchos de los cuales eran refugiados de la Alemania nazi. Arthur Rosenberg, historiador de la democracia y el socialismo, era una las cabezas m\u00e1s privilegiadas de aquella generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La etapa norteamericana de Arthur Rosenberg es el \u00faltimo episodio de una biograf\u00eda pol\u00edtica y acad\u00e9mica muy accidentada. Naci\u00f3 en Berl\u00edn en 1889, en el seno de una familia de clase media jud\u00eda. Al estallar la Primera Guerra Mundial, Rosenberg era un joven de ideolog\u00eda nacionalista alemana que trabajaba como profesor de historia antigua. Se alist\u00f3 como voluntario al ej\u00e9rcito imperial en 1915 y sirvi\u00f3 la mayor parte del tiempo en su Departamento de Prensa de Guerra. Para Rosenberg, la cat\u00e1strofe de la guerra signific\u00f3 una profunda decepci\u00f3n con el sistema pol\u00edtico imperial. El joven historiador abandon\u00f3 el nacionalismo alem\u00e1n para abrazar la causa del internacionalismo proletario. En noviembre de 1918, Rosenberg se afili\u00f3 al Partido Socialdem\u00f3crata Independiente de Alemania (USPD). Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde sigui\u00f3 al ala izquierda del USPD en su confluencia con el Partido Comunista Alem\u00e1n, donde ocup\u00f3 varios cargos. Su producci\u00f3n acad\u00e9mica tambi\u00e9n se vio profundamente afectada por su nuevo compromiso pol\u00edtico. Despu\u00e9s de la guerra, su inter\u00e9s se ir\u00e1 desplazando progresivamente al campo de la historia contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>A partir del oto\u00f1o de 1925, Rosenberg empez\u00f3 a mostrar signos de desconformidad con la l\u00ednea pol\u00edtica de sus camaradas hasta que, finalmente, en abril de 1927, abandon\u00f3 el partido comunista, denunciando la subordinaci\u00f3n de los distintos partidos del Comintern a las directrices de Mosc\u00fa como principal causa de su ruptura. Rosenberg tambi\u00e9n lamentaba que la pol\u00edtica de los comunistas hubiera derivado en una fraseolog\u00eda revolucionaria \u2014rom\u00e1ntica e inofensiva\u2014 que ya no serv\u00eda para derrocar el orden capitalista. Sigui\u00f3 como diputado independiente en el Reichstag hasta 1928 y se reincorpor\u00f3 a la ense\u00f1anza, desde donde trat\u00f3 de conciliar su pasi\u00f3n pol\u00edtica y su carrera profesional a trav\u00e9s de escritos sobre la historia de la democracia. La vida calmada fuera de la pol\u00edtica dur\u00f3 pocos a\u00f1os. Huy\u00f3 de Alemania en cuanto Hitler fue nombrado canciller, en el invierno de 1933. Despu\u00e9s de una breve estancia en Suiza, retom\u00f3 el rumbo hacia Inglaterra, donde trabaj\u00f3 como lector de historia antigua durante tres a\u00f1os en la Universidad de Liverpool. Acabado el contrato en Liverpool acept\u00f3 una oferta en Brooklyn College, en los Estados Unidos. Rosenberg lleg\u00f3 a Nueva York con su familia en noviembre de 1937. Con el raqu\u00edtico sueldo que recib\u00eda por sus clases y las ayudas de una organizaci\u00f3n de solidaridad con los refugiados, el historiador alem\u00e1n se dispuso a rehacer su vida como intelectual comprometido. Entre las pertenencias que hab\u00eda tra\u00eddo hasta Nueva York se encontraba el manuscrito del que ser\u00eda su \u00faltimo libro:Democracia y Socialismo [1].<\/p>\n<p><strong>La democracia entendida como el gobierno de la mayor\u00eda de pobres libres<\/strong><\/p>\n<p>Entre las principales premisas de la obra de Rosenberg, destacan la voluntad dehistorizar la democracia, el rechazo a las abstracciones descontextualizadas de cierta literatura politol\u00f3gica y la centralidad de un an\u00e1lisis de clases libre de esquematismos deterministas. En efecto, la importancia otorgada por Rosenberg a las clases sociales en la historia de la democracia no va re\u00f1ida con una visi\u00f3n llena de matices y respetuosa con la complejidad hist\u00f3rica. Las clases sociales no son est\u00e1ticas ni tienen un comportamiento predecible, sino que son realidades din\u00e1micas y fluidas, donde el elemento subjetivo ejerce una influencia relevante. El historiador berlin\u00e9s no pretend\u00eda definir categor\u00edas de clase v\u00e1lidas para cualquier contexto hist\u00f3rico ni limitar la clase a factores meramente econ\u00f3micos. Rosenberg tampoco ve\u00eda posible escribir una historia de la democracia a partir del relato embellecido de sus defensores intelectuales, c\u00f3modamente instalados en una liberal Rep\u00fablica de las Ideas en la que no hac\u00eda falta esforzarse por entender las condiciones econ\u00f3micas y sociales de cada periodo hist\u00f3rico. Es por eso por lo que Rosenberg se propone la novedosa tarea de historizar la democracia, trazando la evoluci\u00f3n de su significado variable y definiendo las fuerzas sociales que le han dado apoyo a lo largo del tiempo.<\/p>\n<p>En Democracia y lucha de clases en la Antig\u00fcedad (1921) encontramos un buen ejemplo de su m\u00e9todo hist\u00f3rico. Rosenberg nos recuerda que la democracia, seg\u00fan los antiguos, era el gobierno de las clases populares, de la mayor\u00eda de pobres libres. La extensi\u00f3n que conformaba esta mayor\u00eda era cambiante y depend\u00eda de cada momento hist\u00f3rico, pero no s\u00f3lo a causa de las exigencias de los diferentes modos de producci\u00f3n. Tambi\u00e9n influ\u00eda la habilidad del movimiento democr\u00e1tico a la hora de agrupar la mayor\u00eda del pueblo a su alrededor y aislar a los m\u00e1s ricos. Para Rosenberg, las clases sociales se crean y se redefinen a trav\u00e9s de la lucha pol\u00edtica. La originalidad de su marxismo queda demostrada en su desaf\u00edo a determinadas certezas de la historiograf\u00eda marxista tradicional. Como marxista, defiende que la lucha de clases es el motor de la historia, pero, para que esta afirmaci\u00f3n mantenga un valor heur\u00edstico, exige que se examine de cerca las distintas clases en lucha en cada momento hist\u00f3rico determinado. El car\u00e1cter heterodoxo del marxismo de Rosenberg llega al extremo de hacerle rechazar la teor\u00eda hist\u00f3rico-evolutiva de los modos de producci\u00f3n. Ya en 1921, el historiador socialista se\u00f1ala que, en la Antig\u00fcedad, la lucha de clases determinante no se dio entre esclavos y amos. Sit\u00faa la esclavitud como una relaci\u00f3n social minoritaria y como un r\u00e9gimen de explotaci\u00f3n menos duro que la servidumbre de la gleba, la cual aparece de forma intermitente durante la Antig\u00fcedad. Rosenberg concluye que, en contra de lo que se afirma en el primer cap\u00edtulo del Manifiesto Comunista, las principales luchas de clases para los antiguos no fueron entre se\u00f1ores, por un lado, y esclavos o siervos, por el otro, sino entre pobres libres \u2014demos, la plebe\u2014 y ciudadanos ricos \u2014los oligoi, los patricios\u2014 [2].<\/p>\n<p>Las bases del marxismo original de Rosenberg aplicadas a la historia de la democracia ya se pueden apreciar en sus textos de principios de los a\u00f1os veinte. La misma metodolog\u00eda y tem\u00e1tica le servir\u00e1 para explicar el bolchevismo [Una Historia del Bolchevismo (1932)] y los or\u00edgenes de la Rep\u00fablica de Weimar [Alemania Imperial (1928)]. En 1938 aparecer\u00e1 en Holanda la versi\u00f3n alemana de Democracia y Socialismo (1938) y, un a\u00f1o m\u00e1s tarde, la traducci\u00f3n en ingl\u00e9s [3].Democracia y Socialismo ser\u00e1 su obra m\u00e1s ambiciosa, tanto por el alcance cronol\u00f3gico como por la dimensi\u00f3n internacional del per\u00edodo estudiado. Como indica su t\u00edtulo, el libro trata sobre la relaci\u00f3n hist\u00f3rica del movimiento socialista con la democracia e intenta demostrar que desde los tiempos de Marx y Engels el socialismo se hab\u00eda insertado en la tradici\u00f3n de la democracia revolucionaria. La primera parte del libro trata de la democracia moderna antes de Marx, con especial atenci\u00f3n a Jefferson y Robespierre, a quienes considera dos versiones del mismo movimiento democr\u00e1tico, a pesar de la leyenda negra que persigue al revolucionario franc\u00e9s. El grueso del libro, no obstante, se encuentra en la segunda parte, dedicada a la evoluci\u00f3n del pensamiento socialista desde 1848 hasta los inicios de la Segunda Internacional.<\/p>\n<p>En un principio, como se puede observar en el \u00faltimo cap\u00edtulo del Manifiesto Comunista, Marx y Engels situaban el comunismo como una rama del movimiento democr\u00e1tico. Si se autodefin\u00edan como comunistas y dem\u00f3cratas es porque entend\u00edan que el objetivo de socializar la propiedad de los medios de producci\u00f3n s\u00f3lo se conseguir\u00eda como resultado de una gran revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, que diera al proletariado el dominio pol\u00edtico que le correspond\u00eda por su gran fuerza num\u00e9rica y su misi\u00f3n hist\u00f3rica espec\u00edfica. Adem\u00e1s, Marx y Engels nunca creyeron que su modesta organizaci\u00f3n, la Liga Comunista, fuera capaz de tomar el poder en ninguna naci\u00f3n europea. Los escritos anteriores a 1848 muestran una gran convicci\u00f3n en la inminencia de la revoluci\u00f3n porque, como comunistas, ten\u00edan plena conciencia de pertenecer al amplio movimiento democr\u00e1tico. Su tarea intelectual consist\u00eda en influir al movimiento democr\u00e1tico con el objetivo de liberarlo de ilusiones y retrasos propios de la peque\u00f1a burgues\u00eda y hacerlo consciente de la necesidad de centralizar la actividad industrial moderna, con un programa de transici\u00f3n gradual hacia el socialismo donde los privilegios de cuna m\u00e1s injustificables, como el derecho a herencia o los impuestos regresivos, ser\u00edan abolidos inmediatamente. El movimiento democr\u00e1tico se fundaba en una coalici\u00f3n interclasista que inclu\u00eda trabajadores, campesinos y peque\u00f1a burgues\u00eda. En esta vasta coalici\u00f3n, la misi\u00f3n de los comunistas consist\u00eda en el fortalecimiento del liderazgo del proletariado, dado que ninguna otra clase social se encontraba en mejor posici\u00f3n para entender la necesidad hist\u00f3rica y el significado profundo del movimiento democr\u00e1tico. Del mismo modo que el \u00e9xito de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica pasaba por el liderazgo del proletariado, el \u00e9xito del socialismo era inconcebible sin su medio principal, es decir, sin la conquista del poder por parte del proletariado a trav\u00e9s de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica. La teor\u00eda pol\u00edtica de Marx y Engels, pues, no se puede entender sin tener en cuenta su relaci\u00f3n con el movimiento democr\u00e1tico de masas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de 1850, las relaciones de Marx y Engels con los l\u00edderes oficiales del movimiento democr\u00e1tico sufrieron un gran cambio. Para los l\u00edderes comunistas, los dirigentes oficiales del movimiento democr\u00e1tico, una vez aislados y derrotados, perdieron todo inter\u00e9s. Las duras cr\u00edticas contra los l\u00edderes dem\u00f3cratas no evidenciaban, sin embargo, una renuncia sustancial en la apuesta democr\u00e1tica de Marx y Engels. Para los socialistas, el aut\u00e9ntico cambio hacia el movimiento democr\u00e1tico se dio a partir de la derrota obrera en la Comuna de Par\u00eds. En octubre de 1847, Friedrich Engels escrib\u00eda que las discusiones entre comunistas y dem\u00f3cratas no ten\u00edan ning\u00fan sentido, ya que unos y otros coincid\u00edan en todas las cuestiones de pol\u00edtica inmediata. Adem\u00e1s, el dominio del proletariado equival\u00eda al dominio democr\u00e1tico de la mayor\u00eda. En cambio, una generaci\u00f3n despu\u00e9s, en diciembre de 1884, el mismo Engels escribir\u00eda en una carta sobre el peligro de que las fuerzas de la reacci\u00f3n, en una situaci\u00f3n revolucionaria, se agruparan bajo la bandera de la \u201cpura democracia\u201d para impedir la hegemon\u00eda pol\u00edtica del proletariado. La evoluci\u00f3n de los conceptos democracia y socialismo es a\u00fan m\u00e1s profunda si se tiene en cuenta que, antes de 1848, democracia era una palabra ofensiva para la gran burgues\u00eda, una palabra que ol\u00eda a sangre y barricadas, mientras que socialismo ten\u00eda unas connotaciones m\u00e1s bien inofensivas, asociadas con aquellos que se entreten\u00edan en discutir sobre modelos de utop\u00eda social.<\/p>\n<p>En efecto, la derrota de la Comuna de Par\u00eds de 1871 y la represi\u00f3n posterior supusieron un duro golpe para el movimiento obrero europeo. El exterminio de decenas de miles de obreros tambi\u00e9n trajo consigo la aniquilaci\u00f3n de la memoria democr\u00e1tica popular. Se esfum\u00f3 el significado de pueblo y de democracia, tal y como se entend\u00edan en la tradici\u00f3n pol\u00edtica de la democracia revolucionaria. El movimiento obrero socialista que renaci\u00f3 en Francia ignor\u00f3 el legado de Robespierre, un radical de clase media sobre qui\u00e9n caer\u00e1 una leyenda negra. El declive del movimiento democr\u00e1tico coincidi\u00f3 con un importante cambio de percepci\u00f3n hacia el sufragio universal. Hasta 1848, se entend\u00eda que la extensi\u00f3n del derecho a voto tendr\u00eda como consecuencia inevitable el dominio econ\u00f3mico y pol\u00edtico de las masas. Las luchas por la extensi\u00f3n del sufragio se libraron con la vehemencia y ferocidad que una creencia como \u00e9sta pod\u00eda suscitar en todos los bandos, pero la experiencia posterior provoc\u00f3 un fuerte desencanto en los sectores politizados de las clases populares, sobre todo en los obreros franceses, traumatizados por el hecho de que la supresi\u00f3n de la Comuna hab\u00eda contado con la aprobaci\u00f3n de una Asamblea legitimada por el sufragio universal masculino. En la medida en que la obtenci\u00f3n del sufragio universal no supon\u00eda una amenaza para las clases altas ni una mejora notable en las condiciones de vida de los trabajadores, la fracci\u00f3n m\u00e1s radical del movimiento obrero empez\u00f3 a despreciar el sistema democr\u00e1tico, que ya no se asociaba con el autogobierno de las masas como medio para su emancipaci\u00f3n social y pol\u00edtica, sino con la organizaci\u00f3n pol\u00edtica del capitalismo.<\/p>\n<p>La socialdemocracia alemana liderada por Ferdinand Lassalle tambi\u00e9n supondr\u00e1 un punto de ruptura respecto a la etapa anterior, cuando el socialismo se entend\u00eda como una rama de la tradici\u00f3n de la democracia revolucionaria, basada en un movimiento interclasista y popular. Uno de los motivos de disputa m\u00e1s graves entre Lassalle y Marx ser\u00e1 justamente el desprecio de los socialdem\u00f3cratas alemanes hacia la necesidad de aliarse con la clase media. En el Congreso de unificaci\u00f3n de los socialdem\u00f3cratas alemanes de 1875 celebrado en el municipio de Gotha, la tendencia de Lassalle era la dominante. El programa adoptado, conocido como el Programa de Gotha, conten\u00eda muchas concesiones de los socialistas \u201cmarxistas\u201d. Para Marx y Engels, el resultado de la negociaci\u00f3n fue muy decepcionante, ya que el nuevo partido sufr\u00eda el mal del sectarismo obrerista, adem\u00e1s de ser excesivamente estatista e insuficientemente internacionalista. La Segunda Internacional vivir\u00e1, durante d\u00e9cadas, con una pol\u00edtica de obrerismo estrecho, cifrando sus esperanzas de crecimiento num\u00e9rico al proceso mec\u00e1nico de proletarizaci\u00f3n de las clases medias.<\/p>\n<p>Lenin, buen lector de Marx, fue el dirigente socialista que recuper\u00f3 el viejo programa marxista: revoluci\u00f3n democr\u00e1tica con el liderazgo del proletariado. En la profunda crisis de legitimidad a que la Primera Guerra Mundial conden\u00f3 al zarismo, la bandera de la democracia revolucionaria se mostr\u00f3 muy eficaz en la toma de poder. El programa inicial de los bolcheviques era, en efecto, un programa de radicalidad democr\u00e1tica: poder para los consejos democr\u00e1ticos de trabajadores, campesinos y soldados, convocatoria inmediata de elecciones para la Asamblea Constituyente, cese incondicional de la guerra imperialista a trav\u00e9s de negociaciones de paz transparentes, con luz y taqu\u00edgrafos, y confiscaci\u00f3n de la gran propiedad agr\u00edcola. Los enemigos de la Revoluci\u00f3n Rusa eran la aristocracia latifundista, la gran burgues\u00eda industrial y la burocracia absolutista \u2014en ning\u00fan caso, la democracia o la clase media\u2014. El tr\u00e1gico golpe de tim\u00f3n vendr\u00e1 despu\u00e9s, cuando las circunstancias de extrema dureza que los bolcheviques deber\u00e1n afrontar para sobrevivir los forzar\u00e1n a abandonar los ideales ultrademocr\u00e1ticos de democracia sovi\u00e9tica \u2014es decir, democracia directa, asamblearia\u2014 por el recurso desesperado a la dictadura de partido. \u00c9sta no fue la \u00fanica contradicci\u00f3n que tuvo que afrontar Lenin. Adem\u00e1s, los bolcheviques hab\u00edan llegado al poder con un partido que pretend\u00eda hacer una revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, pero que, internamente, se hab\u00eda regido con pr\u00e1cticas autoritarias, heredadas, seg\u00fan Rosenberg, de las mismas malas pr\u00e1cticas de Marx y Engels en sus relaciones con los trabajadores socialistas.<\/p>\n<p>El descr\u00e9dito casi absoluto que sufri\u00f3 la democracia entre el movimiento obrero no llegar\u00e1 hasta los \u00faltimos a\u00f1os de la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, en la posguerra. Este cambio no se deber\u00e1 en exclusiva al \u00e9xito aparente de la nueva dictadura bolchevique. En Estados Unidos, por ejemplo, la guerra se hab\u00eda librado como una cruzada para construir a world safe for democracy. El impagable monto de deuda impuesto a la nueva Rep\u00fablica alemana, la creciente desigualdad social de los a\u00f1os veinte y el final abrupto de la falsa prosperidad en el crack de 1929 revelaron el car\u00e1cter c\u00ednico y vac\u00edo de las promesas democr\u00e1ticas de las potencias vencedoras. El ascenso del fascismo en los a\u00f1os treinta cambiar\u00e1 las cosas de nuevo. La irrupci\u00f3n de un movimiento expl\u00edcitamente antidemocr\u00e1tico y antiilustrado, que se propon\u00eda exterminar las conquistas democr\u00e1ticas de la clase trabajadora y hasta el propio movimiento obrero, har\u00e1 revivir una nueva fe democr\u00e1tica entre los trabajadores. Con la aparici\u00f3n de la cultura pol\u00edtica del frentepopulismo, la defensa de la democracia ir\u00e1 acompa\u00f1ada de una dr\u00e1stica redefinici\u00f3n de sus bases. El car\u00e1cter democr\u00e1tico de un r\u00e9gimen ya no se juzgar\u00e1 \u00fanicamente en funci\u00f3n del respeto a sus aspectos procedimentales, como el sufragio universal o el derecho a la libertad de expresi\u00f3n. El nuevo empuje del frentepopulismo enfatizar\u00e1 la necesaria inclusi\u00f3n de fuertes garant\u00edas sociales como prerrequisito indispensable para una democracia plena. Para la izquierda frentepopulista, el fortalecimiento de los aspectos sustanciales de la democracia \u2014servicios de educaci\u00f3n y sanidad p\u00fablicas accesibles para todos, seguridad econ\u00f3mica en caso de infortunio, nacionalizaci\u00f3n de los monopolios\u2014 constitu\u00edan la mejor garant\u00eda para evitar que un r\u00e9gimen aparentemente pluralista acabara en manos de la oligarqu\u00eda como m\u00e1scara instrumental para su dominio sobre la mayor\u00eda popular.<\/p>\n<p>Es en este contexto de resurgimiento democr\u00e1tico entre la izquierda, donde los libros de Rosenberg cobrar\u00e1n un sentido especial. Su obra ofrec\u00eda las tesis hist\u00f3ricas que el Frente Popular necesitaba. Democracia y socialismo eran la misma cosa desde los tiempos del joven Marx. La derrota de la Comuna de Par\u00eds y la miop\u00eda pol\u00edtica de los dirigentes de la Segunda Internacional rompieron temporalmente el v\u00ednculo entre el socialismo y la democracia revolucionaria y dieron paso a una pol\u00edtica obrerista, despreocupada del resto de clases populares. Lenin, el marxista que lider\u00f3 una revoluci\u00f3n victoriosa, fue el encargado de reconciliar el socialismo con el movimiento democr\u00e1tico. El reencuentro fue breve, debido a las peculiaridades y las durezas de la nueva Rusia sovi\u00e9tica. Ahora el empuje del fascismo exig\u00eda retomar, a trav\u00e9s de los Frentes Populares, la vieja tradici\u00f3n marxista. El movimiento obrero deb\u00eda intentar liderar una coalici\u00f3n interclasista con un programa m\u00ednimo de radicalidad democr\u00e1tica. Para hacer realidad este programa, era imprescindible el abandono de la doctrina del pacifismo abstracto, un dogma compartido por el movimiento obrero socialista y por la vieja democracia liberal, pero totalmente ajeno al pensamiento pol\u00edtico de Marx y Engels y a la tradici\u00f3n de la democracia revolucionaria. En este sentido, la pol\u00edtica exterior del Frente Popular \u2014defensa de la pol\u00edtica de seguridad colectiva, seg\u00fan la cual, en caso de conflicto, las sanciones contra las naciones agresoras deb\u00edan de ir acompa\u00f1adas de medidas de auxilio para las naciones agredidas\u2014 supon\u00eda un cambio de gran significaci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Arthur Rosenberg es, hoy en d\u00eda, un intelectual bastante olvidado [4]. El historiador Joaqu\u00edn Miras atribuye el desconocimiento general de Rosenberg a su radicalidad pol\u00edtica e independencia de criterio (en afortunada expresi\u00f3n de Luciano Canfora, Rosenberg fue un comunista sin partido), as\u00ed como al poco inter\u00e9s general por la historia de la democracia como movimiento sociopol\u00edtico de las clases populares [5]. Sin duda, la obra de Rosenberg presenta debilidades que no pueden escapar al lector cr\u00edtico de hoy, especialmente su manifiesta incapacidad para integrar el racismo y el colonialismo en su relato historiogr\u00e1fico. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de los aciertos e insuficiencias de la obra historiogr\u00e1fica de Rosenberg, Democracia y Socialismo mantiene todo el inter\u00e9s por su significaci\u00f3n pol\u00edtica, muy representativa del esp\u00edritu de la \u00e9poca frentepopulista. Refutar la pretendida antinomia entre comunismo y democracia representa una tarea intelectual que no parece muy alejada del significado hist\u00f3rico del Frente Popular, entendido como la reconciliaci\u00f3n del comunismo con el movimiento democr\u00e1tico y la rectificaci\u00f3n inconfesada respecto a muchas de las premisas que hab\u00edan provocado la ruptura con los socialistas, incluyendo la diferencia sobre la inminencia de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Volver a leer a Arthur Rosenberg hoy<\/strong><\/p>\n<p>En la lectura de las obras de Rosenberg, se pueden encontrar muchas lecciones \u00fatiles para los que luchan hoy por una democracia real. Quiz\u00e1s la m\u00e1s importante sea la constataci\u00f3n hist\u00f3rica de que la democracia, adem\u00e1s de un ideal pol\u00edtico, es tambi\u00e9n un movimiento. Su avance depende de la articulaci\u00f3n de un amplio frente de movilizaci\u00f3n social, que ponga fin a la fragmentaci\u00f3n de las clases populares e implante un programa de desarrollo democr\u00e1tico. En una situaci\u00f3n de crisis y ante el p\u00e1nico represivo de las clases dirigentes, el primer y m\u00e1s inmediato objetivo del movimiento democr\u00e1tico pasa por la defensa del derecho a la protesta. A medio plazo, cualquier programa democr\u00e1tico serio tendr\u00e1 que proponerse eliminar la excesiva concentraci\u00f3n de poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico por parte de la clase dominante. Esto s\u00f3lo ser\u00e1 posible si se recuperan objetivos tradicionales del movimiento democr\u00e1tico como la renacionalizaci\u00f3n de los oligopolios privatizados, la financiaci\u00f3n p\u00fablica y transparente de las campa\u00f1as electorales, la expropiaci\u00f3n de los grandes de medios de comunicaci\u00f3n en manos privadas, la nacionalizaci\u00f3n de la banca, la implantaci\u00f3n de una fiscalidad progresiva y la mejora de unos servicios p\u00fablicos en sanidad y educaci\u00f3n que neutralicen en gran medida los efectos del azar de cuna. S\u00f3lo con medidas dr\u00e1sticas se facilitar\u00e1 la cesi\u00f3n del poder secuestrado por las minor\u00edas plutocr\u00e1ticas a la mayor\u00eda popular y el establecimiento de un marco verdaderamente pac\u00edfico para la soluci\u00f3n de los conflictos sociales.<\/p>\n<p>La otra gran lecci\u00f3n de Rosenberg tiene que ver con la relaci\u00f3n entre capitalismo, socialismo y democracia. Despu\u00e9s de cuatro a\u00f1os de dura crisis econ\u00f3mica, la conciencia de vivir en una democracia de cart\u00f3n est\u00e1 muy extendida. En menor medida, tambi\u00e9n es relativamente f\u00e1cil escuchar lamentos sobre la incompatibilidad de la democracia con la l\u00f3gica expropiadora y cortoplacista del capitalismo y sus insostenibles objetivos de incrementos constantes en las tasas de beneficio empresarial caiga quien caiga. Sin embargo, los debates sobre la necesidad del socialismo o sobre la relaci\u00f3n entre socialismo y democracia siguen sin estar presentes en la agenda de la mayor parte de la izquierda intelectual. Parece que, como respuesta a la radicalizaci\u00f3n derechista de las \u00e9lites pol\u00edticas y econ\u00f3micas, gran parte de la izquierda ha buscado refugio en la franja m\u00e1s progresista dentro del espectro de lo pol\u00edticamente respetable. En Espa\u00f1a, esta desmoralizaci\u00f3n ideol\u00f3gica provoca situaciones francamente extravagantes. Un ejemplo de ello se encuentra en el espejo estadounidense. \u00bfC\u00f3mo es posible que la izquierda espa\u00f1ola tienda a reverenciar a keynesianos conservadores como Paul Krugman y Joseph Stiglitz en detrimento de la figura m\u00e1s destacada del socialismo norteamericano, John Bellamy Foster, editor de Monthly Review?<\/p>\n<p>Con un socialismo pluralista que ha cosechado considerables \u00e9xitos en Am\u00e9rica Latina y con la esperanzadora ola de movimiento democr\u00e1tico mundial \u2014desde el 15-M hasta el movimiento Occupy Wall Street\u2014, la lectura de la obra de Rosenberg puede resultar una refrescante invitaci\u00f3n para retomar la tarea de batallar intelectualmente por el socialismo, conect\u00e1ndolo con la lucha por una democracia real. Y es que, para evitar el inminente colapso social y medioambiental, la propaganda por el socialismo como principio de organizaci\u00f3n social que sit\u00faa la satisfacci\u00f3n de necesidades humanas y ecol\u00f3gicas en el centro de sus prioridades presenta una afinidad mucho m\u00e1s coherente con los anhelos democr\u00e1ticos de la mayor\u00eda que la defensa de un retorno a los niveles de falsa prosperidad de antes de la crisis.<\/p>\n<p><a name=\"_GoBack\"><\/a> Notas<\/p>\n<p>[1] Carsten, Francis L., \u201cArthur Rosenberg: Ancient Historian into Leading Communist\u201d, Journal of Contemporary History, vol. 8, n\u00fam. 1, enero de 1973, pp. 63-75.<\/p>\n<p>[2] Rosenberg, Arthur, Democracia y lucha de clases en la Antig\u00fcedad (1921), Barcelona, El Viejo Topo, 2006 (pr\u00f3logo de Joaqu\u00edn Miras), p. 45.<\/p>\n<p>[3] Rosenberg, Arthur, Democracy and Socialism. Contribution to the Political History of the past 150 Years, Nova York, Alfred A. Knopf, 1939 (traducci\u00f3n de George Rosen).<\/p>\n<p>[4] A pesar del olvido aparente de Rosenberg, su obra ha dejado huella entre destacados intelectuales de izquierda. El caso m\u00e1s relevante es el de Noam Chomsky, quien ley\u00f3Democracia y Socialismo cuando era adolescente y frecuentaba el entorno de Avukah, la misma organizaci\u00f3n sionista de izquierdas en la que Rosenberg colabor\u00f3 en sus \u00faltimos a\u00f1os. La historia del grupo Avukah y su relaci\u00f3n con Arthur Rosenberg y Noam Chomsky, en: Barsky, Robert F., Noam Chomsky. A life of dissent, Cambridge, The MIT Press, 1998, pp. 58-70.<\/p>\n<p>[5] Pr\u00f3logo de Joaqu\u00edn Miras en Rosenberg, Arthur, Democracia y lucha de clases en la Antig\u00fcedad (1921), Barcelona, El Viejo Topo, 2006, pp. 7-40. La excepci\u00f3n m\u00e1s notable al desinter\u00e9s por la historia de la democracia en una perspectiva similar a la de Rosenberg la encontramos en: Canfora, Luciano, La democracia. Historia de una ideolog\u00eda, Barcelona, Cr\u00edtica, 2004. En el campo de la filosof\u00eda pol\u00edtica, otra obra igualmente excepcional y con un enfoque parecido: Dom\u00e8nech, Antoni, El eclipse de la fraternidad. Una revisi\u00f3n republicana de la tradici\u00f3n socialista, Barcelona, Cr\u00edtica, 2004.<\/p>\n<p>[Andreu Espasa es historiador y profesor de lengua catalana en la Universidad de Harvard. El presente ensayo es la versi\u00f3n ampliada y actualizada de un texto que fue publicado en catal\u00e1n por la revista L\u2019Espurna en 2009, publicado originalmente en la revista Mientras Tanto: <a href=\"http:\/\/www.mientrastanto.org\/boletin-102\/ensayo\/arthur-rosenberg-historiador-del-socialismo-y-la-democracia-real\">http:\/\/www.mientrastanto.org\/boletin-102\/ensayo\/arthur-rosenberg-historiador-del-socialismo-y-la-democracia-real<\/a>]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p style='margin-top: 0.2cm; margin-bottom: 0cm; background: none repeat scroll 0% 0% #ffffff; line-height: 150%;' align='JUSTIFY'>En la lectura de las obras de Rosenberg, se pueden encontrar muchas lecciones \u00fatiles para los que luchan hoy por una democracia real. Quiz\u00e1s la m\u00e1s importante sea la constataci\u00f3n hist\u00f3rica de que la democracia, adem\u00e1s de un ideal pol\u00edtico, es tambi\u00e9n un movimiento. Su avance depende de la articulaci\u00f3n de un amplio frente de movilizaci\u00f3n social, que ponga fin a la fragmentaci\u00f3n de las clases populares e implante un programa de desarrollo democr\u00e1tico.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":1887,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15,28],"tags":[],"class_list":["post-1886","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-materiales-para-la-refundacion-comunista","category-siglo-xx"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1886","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1886"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1886\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1887"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1886"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1886"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1886"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}