{"id":1908,"date":"2012-06-01T00:00:00","date_gmt":"2012-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1908"},"modified":"2020-02-21T07:56:11","modified_gmt":"2020-02-21T06:56:11","slug":"komatsu-pc-340-cavar-buscando-la-aurora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1908","title":{"rendered":"KOMATSU PC-340: Cavar buscando la aurora"},"content":{"rendered":"<p><em>El nombre de una excavadora de 34 toneladas es el t\u00edtulo de la primera novela de Javier Mestre. Es una novela, magn\u00edficamente enhebrada, sobre la dominaci\u00f3n del trabajo en nuestros d\u00edas y sobre las posibilidades redentoras del amor y la lucha social.<\/em><\/p>\n<p>El nombre de una excavadora de 34 toneladas es el t\u00edtulo de la primera novela de Javier Mestre. \u201cUn autom\u00f3vil rugiente, que parece correr sobre la r\u00e1faga, es m\u00e1s bello que la Victoria de Samotracia\u201d, escribi\u00f3 el futurista Marinetti. Tambi\u00e9n aqu\u00ed, en la narraci\u00f3n que nos ocupa, entre el traj\u00edn y el estruendo de las tuneladoras, podremos encontrar m\u00e1s verdad y m\u00e1s belleza que en las socorridas novelas de la clase media. Porque Komatsu no es un relato de escritores para escritores, ni otra novela m\u00e1s de progres cultivados y esc\u00e9pticos. Es una novela, magn\u00edficamente enhebrada, sobre la dominaci\u00f3n del trabajo en nuestros d\u00edas y sobre las posibilidades redentoras del amor y la lucha social.<\/p>\n<p>El libro cuenta la historia de amor entre Victoria, ingeniera en las obras de la M-30 y Santiago, el conductor de uno de los inmensos ingenios de la perforaci\u00f3n a los que se alude en el t\u00edtulo. La inusual relaci\u00f3n nace a ra\u00edz de la muerte en accidente laboral de Gumersindo, un trabajador inmigrante sin papeles. En el relato se van anudando los meandros de lo social y lo \u00edntimo, el crimen ordinario donde se amasan las fortunas y el amor como fundamental escapatoria.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de estampas comunes, el autor nos va desvelando la minuciosa red de sometimientos, trampas y rendiciones que explican el estado de nuestro mundo. Las conversaciones a la hora del bocadillo, el b\u00e1lsamo de las confidencias en los bares amigos, el parip\u00e9 de la visita de los representantes institucionales y sindicales a las obras, la trama de subcontratas, encargados y competitividad inducida que convierten los centros de trabajo en transparentes pan\u00f3pticos para los que mandan\u2026<\/p>\n<p>Todo parece visto para sentencia: el capital y sus negocios, inexpugnables; los inmigrantes, invisibles; las vidas de la clase media, arruinadas en la mediocridad; las vidas de todos, condenadas a dar vueltas en la interminable noria de los trepadores. Casi todo conspira para que nos rindamos. Y, sin embargo, algo se escapa a los meticulosos planes del poder, algo se resiste a la rutina del dominio. Entre los pliegues de lo cotidiano, se alzan la resistencia social y el amor como \u00faltimas trincheras. Y a partir de ah\u00ed, la novela nos ir\u00e1 relatando la posibilidad de que estas dos incautas esperanzas puedan enfrentarse a la f\u00e9rrea urdimbre de determinaciones o si, por el contrario, como ocurre habitualmente, la barca del amor se estrellar\u00e1 contra la vida cotidiana\u2026<\/p>\n<p>El misterioso t\u00edtulo se va dilucidando. \u201cLas piquetas de los gallos cavan buscando la aurora\u201d, imagin\u00f3 Lorca. Las excavadoras de nuestra narraci\u00f3n tambi\u00e9n quieren quebrar albores, desbaratar los duros canchales de la explotaci\u00f3n y la doblez, invisibles tras el prosa\u00edsmo de lo material. Se trata de ahondar, de agujerear la realidad, de experimentar un camino que contradiga la agorera profec\u00eda de que la suerte est\u00e1 echada.<\/p>\n<p>\u201cNo dejar\u00e9 de inquietaros con mis interrogatorios\u201d, dice la cita de Plat\u00f3n con la que Javier Mestre abre el libro, advirtiendo ya desde el inicio de sus prop\u00f3sitos. Como Santiago, el conductor indomable de nuestra historia que pretende convertir la parada del bocadillo en un tiempo de conciencia, el autor quiere \u201cresucitar los cad\u00e1veres de la solidaridad, de la dignidad\u201d, \u201cel rescoldo mortecino de las luchas de un siglo de hombres y mujeres de la clase obrera\u201d.<\/p>\n<p>Incondicionalidad de la lucha, rescate de los muertos, distorsi\u00f3n de la lengua \u201cDe los muchos caminos con que un hombre cuenta para escapar al apaciguamiento, estos son seguramente los tres m\u00e1s importantes: la incondicionalidad de la lucha, el rescate de los muertos y la distorsi\u00f3n de la lengua\u201d<\/p>\n<p>Quique Falc\u00f3n, en La taberna roja \u00bfEs posible resistir? Esa es la principal pregunta que recorre Komatsu. La novela se interroga sobre la posibilidad de la lucha anticapitalista en tiempos de resignaci\u00f3n, cinismo y alienaci\u00f3n consumista. \u201cEn cuanto se les deja, se sit\u00faan en fila india y avanzan hacia el fuego graneado de las mercanc\u00edas\u201d, escribi\u00f3 con amargura Walter Benjamin. Pero nuestro novelista no quiere mostrarnos s\u00f3lo la fortaleza del dominio o los fundamentos de la nueva barbarie, sino sobre todo \u201cesos momentos exquisitos, m\u00e1gicos, en que se rompe el hechizo del capital\u201d, las ocasiones en las que se resquebraja la costumbre de la obediencia y el discurso del consumismo. El autor va a iluminar los instantes en los que estallan \u201clas peque\u00f1as bombas de rebeld\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>Luchar es conspirar con otros, conocer con otros, evaluar con otros las fuerzas propias y las del enemigo, buscar aliados, elegir las estrategias y cu\u00f1as&#8230; Pero luchar es, a menudo en primer lugar, combatir contra uno mismo: \u201cAh\u00ed estaba Viqui muriendo, Victoria naciendo, cuando solt\u00f3 de pronto, secamente, sin miramientos, sin introducciones, por sorpresa, su aparente sentencia de muerte como ingeniera de la UTE, la expresi\u00f3n definitiva de su compromiso con todo lo dem\u00e1s, lo accesorio, lo colateral, lo de debajo\u201d.<\/p>\n<p>Como el de Victoria-Manuela, el de Javier Mestre es un s\u00f3lido compromiso con \u201clo colateral, lo de debajo\u201d. Komatsu no es una novela escrita para el Mercado ni para la Academia -que es con quienes est\u00e1n comprometidas a sangre y fuego la inmensa mayor\u00eda de las novelas convencionales, presuntamente \u201capol\u00edticas\u201d. En sus p\u00e1ginas, hay un permanente esfuerzo por acoger a los otros sujetos sociales y pol\u00edticos, a los actores colectivos que cuestionan el ruido y el silencio dominantes.<\/p>\n<p>Militantes y afanes del sindicalismo no vendido, la izquierda anticapitalista, la cultura cr\u00edtica o el ecologismo social pueblan la narraci\u00f3n de debates, preocupaciones y rebeld\u00edas actuales. Frente a la milonga de la \u201cnovela sin sujeto\u201d, Komatsu es una novela con sujetos reconocidos y reconocibles. Las reuniones o actividades de Ecologistas en Acci\u00f3n, las Oficinas de Derechos Sociales, Ferrocarril Clandestino, la CGT, los cr\u00edticos de CCOO, la agrupaci\u00f3n Marx Madera del PCE, la Plataforma Vecinal contra la M-30 o las asociaciones de la memoria hist\u00f3rica, aparecen en el relato componiendo un fresco del activismo social y pol\u00edtico de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>Los escuadrones literarios de la transici\u00f3n liquidaron la novela social de los a\u00f1os 50 y 60 tild\u00e1ndola con desprecio como \u201cnovela de la berza\u201d. De un plumazo, con la complicidad de los grupos editoriales y pol\u00edticos que urd\u00edan un \u201ctr\u00e1nsito sin traumas\u201d, se deshicieron de una narrativa problem\u00e1tica, etiquet\u00e1ndola como esquem\u00e1tica y panfletaria. La peque\u00f1a burgues\u00eda ascendente y la gran burgues\u00eda ascendida urg\u00edan otra cr\u00f3nica social, funcional al reacomodo pol\u00edtico de las \u00e9lites.<\/p>\n<p>Javier Mestre entronca con esa corriente literaria, arrinconada en los desvanes del consenso. Otra literatura es necesaria, una literatura realista, es decir que revele realidad, que se atreva a inmiscuirse en los blindados muros de los Centros de Internamiento de Inmigrantes, o en los entresijos de la asesina siniestralidad laboral, o en el exquisito tejido del ostracismo social y pol\u00edtico contempor\u00e1neo. Cuando la fantas\u00eda de las clases medias se derrumba, cuando el huevo de la serpiente late con fuerza presagiando fascismos de nuevo tipo, la literatura no puede ser lujo o capital cultural de las nuevas generaciones de \u201cneutrales\u201d. \u201cNo perder\u00eda lo mejor de mi vida intentando escribir novelas si se tratase s\u00f3lo de un juego, de tejer un bordado de ganchillo verbal utilizando los hilos de un g\u00e9nero que otros manejaron antes que yo\u201d, apunt\u00f3 con maestr\u00eda Rafael Chirbes. Sobra costumbrismo y solipsismo de la experiencia, y falta literatura de la conciencia y de la resistencia.<\/p>\n<p>Pero para que esa literatura sea incisiva ha de ser buena literatura, hecha, como escribi\u00f3 Maiakovski, con \u201cpalabras nuevas, expresivas y comprensibles para todos\u201d. No basta con que sea plenamente consciente de su circunstancia social, pol\u00edtica y econ\u00f3mica, adem\u00e1s ha de iluminarla con palabras frescas y significativas. No simple discurso o reflejo est\u00e1tico de la realidad, sino distorsi\u00f3n art\u00edstica que alumbre, capacidad dial\u00e9ctica para articular determinaciones y contradicciones, construcci\u00f3n de personajes en transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Komatsu es un buen ejemplo de esa combinaci\u00f3n de literatura civil e ingenio narrativo. El relato nos presenta de una forma novedosa la relaci\u00f3n compleja entre derrotas cotidianas y militancia pol\u00edtica. En modo alguno resulta una ingenua exaltaci\u00f3n del activismo, sino una trama que nos invita a reflexionar sobre la sinceridad, los obst\u00e1culos y los l\u00edmites del antagonismo pol\u00edtico. El segundo y \u00faltimo cap\u00edtulo es una magn\u00edfica muestra de esta habilidad para esquivar la simplificaci\u00f3n y el manique\u00edsmo. Han pasado algunos a\u00f1os y nuestros protagonistas, Victoria y Santiago, tras la dura experiencia en las obras de la M-30 que ha fundado su relaci\u00f3n, han acabado recalando en el pueblo de los padres de \u00e9l.<\/p>\n<p>Victoria es ahora la arquitecta de la mancomunidad de municipios y Santiago sigue trabajando con una m\u00e1quina excavadora, aunque en condiciones m\u00e1s precarias. Victoria \u201ctiene que lograr que su marido la acompa\u00f1e en la aventura de dejarse llevar por el sue\u00f1o y tratar de criar al ni\u00f1o con la felicidad que es posible aqu\u00ed y ahora\u201c (\u2026) \u201cLas amistades del pueblo marcan el camino, lo mismo que la televisi\u00f3n, la radio, los peri\u00f3dicos, la escuela, las fiestas, las vacaciones en la playa, las navidades, las compras en el centro comercial cercano, la normalidad apabullante, somn\u00edfera, a la que tiene derecho. S\u00ed, tenemos derecho a una vida normal, proclama Victoria\u201d.<\/p>\n<p>Mestre, que conoce bien el pa\u00f1o del cernido caciquismo en los pueblos peque\u00f1os, nos baja de la nube \u00e9pica a la cruda y prosaica f\u00e1brica de resignaci\u00f3n. Del romance revolucionario a lo Benedetti (\u201cen la calle, codo a codo, somos mucho m\u00e1s que dos\u201d) a la reabsorci\u00f3n en el sistema por la v\u00eda familiar y comunitaria. S\u00ed, somos v\u00ednculo, somos mucho m\u00e1s que dos, pero el lazo no s\u00f3lo une, tambi\u00e9n ata. \u201cJosep, ven aqu\u00ed, son tus hijos\u201d, le grita la mujer del anarquista que protagoniza la pel\u00edcula La ciudad quemada, magn\u00edfica descripci\u00f3n de la Semana Tr\u00e1gica de Barcelona, cuando el insurrecto, escopeta en mano, se dispone a incorporarse con sus compa\u00f1eros a las barricadas. \u201cVete. Tuyos son tambi\u00e9n. Y ya est\u00e1 bien con la mierda de los hijos\u201d, le contesta \u00e9l.<\/p>\n<p>Casi todo conspira para que nos rindamos. Rodeados por las reconvenciones familiares, la atm\u00f3sfera del corporativismo o los m\u00faltiples mecanismos de control social, tan bien descritos en el relato, estamos a punto de asumir la imposibilidad o improcedencia de seguir luchando.\u2026 El cacique o el encargado, tan atento a nuestras flaquezas, a nuestros cotidianos talones de Aquiles, nos aliviar\u00e1 el tr\u00e1nsito en la adaptaci\u00f3n a otra actitud m\u00e1s sensata y responsable: \u201cYo quiero gente como t\u00fa en mis equipos de direcci\u00f3n, gente con coraz\u00f3n y con agallas, y creo que pronto podr\u00e9 ofrecerte algo a lo que no te podr\u00e1s negar\u201d; y la familia o los amigos, tan pendientes de ponderarnos las peque\u00f1as virtudes, la prudencia, la moderaci\u00f3n o la autocontenci\u00f3n, tambi\u00e9n nos animar\u00e1n a componer el nuevo compromiso. \u201cEs sano tener aspiraciones revolucionarias cuando se est\u00e1 descubriendo el mundo\u201d, le dice Rocabruna, un amigo de la familia, a Victoria, en el momento de las primeras dudas. S\u00ed, ya se sabe, el que no es comunista a los veinte a\u00f1os no tiene coraz\u00f3n, el que lo sigue siendo a los cuarenta, no tiene cabeza\u2026 El autor nos muestra con maestr\u00eda la complejidad del sistema de dominaci\u00f3n, su capacidad de atracci\u00f3n y persuasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Un ej\u00e9rcito de resignadores va alicatando nuestra renuncia. Hasta que llega el d\u00eda en que no hace falta que nadie nos vigile, porque ya somos nosotros los que nos encargamos de auto-vigilarnos y, de paso, vigilar que otros ingenuos levantiscos acepten la oferta del mundo apacible e hip\u00f3crita de la clase media. Santiago y Victoria parecen ya casi atrapados, entre las precariedades del trabajo y la dulce atm\u00f3sfera de rendici\u00f3n. Pero sobrevive en ellos una inquietud elemental, una \u201cpatolog\u00eda de desadaptaci\u00f3n social\u201d, una conciencia sobre la injusticia y mentira que encierra el vistoso plato \u00fanico de la felicidad posmoderna. Ante los ojos de nuestros protagonistas, se produce una nueva tropel\u00eda, una recalificaci\u00f3n tramposa de terrenos. Y entonces saltar\u00e1 otra vez el imprevisible dispositivo del coraje.<\/p>\n<p>Cabr\u00eda objetar que la resoluci\u00f3n de la novela parece muy deudora de la necesidad de un bello final militante. La realidad no se deja agujerear f\u00e1cilmente, y menos a\u00fan excavar. Pero quiz\u00e1s es \u00fanicamente ah\u00ed, en la fidelidad al acontecimiento militante, en el excedente ut\u00f3pico no integrable por el sistema, en la renovaci\u00f3n del v\u00ednculo de lucha con otros, en la pugna frente al poder y frente a nuestra propia rutina, donde pueden abrirse las grietas de la esperanza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p style='margin-top: 0.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;' lang='es-ES' align='JUSTIFY'>\n<p style='margin-top: 0.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;' lang='es-ES' align='JUSTIFY'>El nombre de una excavadora de 34 toneladas es el t\u00edtulo de la primera novela de Javier Mestre. 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