{"id":19174,"date":"2026-01-26T05:00:36","date_gmt":"2026-01-26T04:00:36","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=19174"},"modified":"2026-01-26T02:55:48","modified_gmt":"2026-01-26T01:55:48","slug":"el-largo-ascenso-del-capitalismo-global","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=19174","title":{"rendered":"El largo ascenso del capitalismo global"},"content":{"rendered":"<p><strong>El art\u00edculo que sigue es una rese\u00f1a de <em>Capitalism: A Global History<\/em>, de Sven Beckert (Penguin Press, 2025)<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/capitalism-svert.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-19175\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/capitalism-svert.jpg\" alt=\"\" width=\"197\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/capitalism-svert.jpg 1000w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/capitalism-svert-197x300.jpg 197w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/capitalism-svert-674x1024.jpg 674w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/capitalism-svert-768x1167.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 197px) 100vw, 197px\" \/><\/a>El extenso <a href=\"https:\/\/www.penguinrandomhouse.com\/books\/541160\/capitalism-by-sven-beckert\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">libro<\/a>\u00a0de Sven Beckert es sumamente ambicioso, una historia perspicaz y bien ilustrada del historiador de Harvard, pionero en la creaci\u00f3n de nuevas narrativas que exploran c\u00f3mo el capitalismo en constante cambio ha sido un fen\u00f3meno arraigado social y culturalmente. Con m\u00e1s de mil p\u00e1ginas, el volumen de Beckert ofrece una s\u00edntesis y, en ocasiones, una reformulaci\u00f3n de casi todo lo que hemos aprendido sobre la historia del capitalismo, y no solo en las sociedades m\u00e1s estudiadas que bordean el Atl\u00e1ntico Norte.<\/p>\n<p>Se trata de una historia global, sostiene Beckert, porque el capitalismo \u00absiempre fue una econom\u00eda mundial\u00bb. Escribiendo dentro del esquema de sistemas mundiales asociado con Fernand Braudel e Immanuel Wallerstein, investiga las conexiones, los paralelismos y las transformaciones que tienen lugar dentro de una historia econ\u00f3mica y social que se remonta a casi mil a\u00f1os.<\/p>\n<p>El historiador Marc Bloch escribi\u00f3 una vez que observar cuidadosamente el mundo era tan importante para comprender la historia como el tiempo dedicado a los archivos. Beckert est\u00e1 de acuerdo. Su libro es el resultado no solo de una inmensa investigaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica, sino tambi\u00e9n de visitas a f\u00e1bricas, plantaciones, almacenes, ferrocarriles, muelles, mansiones, mezquitas, iglesias y casas de comerciantes que se extienden desde Phnom Penh hasta Senegal, desde Samarcanda hasta \u00c1msterdam y desde Tur\u00edn hasta Barbados. Puedo dar fe de la importancia de esos viajes: hace veinte a\u00f1os, cuando visit\u00e9 el delta del r\u00edo Perla en China, que entonces se estaba convirtiendo en el taller del mundo, no solo obtuve informaci\u00f3n crucial sobre c\u00f3mo Walmart abastec\u00eda su cadena de suministro, sino que tambi\u00e9n llegu\u00e9 a comprender de forma m\u00e1s intuitiva c\u00f3mo deb\u00eda de ser la floreciente y divisada Detroit casi un siglo antes.<\/p>\n<p>\u00abNo existe un capitalismo franc\u00e9s o un capitalismo estadounidense\u00bb, escribe Beckert, \u00absino solo capitalismo <em>en<\/em> Francia o <em>en<\/em> Estados Unidos\u00bb. Y tambi\u00e9n hay capitalismo en Arabia, India, China, \u00c1frica e incluso entre los aztecas. En su relato sobre los mercaderes y comerciantes de la primera mitad del segundo milenio, Beckert deja a Europa en un segundo plano y ofrece, en su lugar, un relato rico y \u2014excepto para los especialistas\u2014 desconocido sobre c\u00f3mo florecieron en Ad\u00e9n, Cambay, Mombasa, Guangzhou, El Cairo y Samarcanda las instituciones vitales para el comercio y los mercados tales como el cr\u00e9dito, la contabilidad, las sociedades limitadas, los seguros y la banca. Todas ellas son \u00abislas de capital\u00bb, una met\u00e1fora recurrente en el libro de Beckert.<\/p>\n<p>En los siglos XII y XIII, por ejemplo, Ad\u00e9n albergaba una densa red de mercaderes que desempe\u00f1aban un papel fundamental en el comercio entre el mundo \u00e1rabe y la India. Era una ciudad fortificada y cosmopolita de jud\u00edos, hind\u00faes, musulmanes e incluso algunos cristianos. Seg\u00fan Beckert, estos fueron los primeros capitalistas del mundo, ya que invert\u00edan dinero, obten\u00edan beneficios y no viajaban con sus mercanc\u00edas, sino que se quedaban en un lugar y comerciaban a distancia. Una barca de madera transportaba mercanc\u00edas que podr\u00edan caber en dos contenedores modernos, y el viaje de ida y vuelta de El Cairo a la India v\u00eda Ad\u00e9n duraba dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, y pese a las diferencias de escala y velocidad, Beckert sostiene que los comerciantes de Ad\u00e9n habitaban \u00abun mundo sorprendentemente moderno\u00bb. A diferencia de las \u00e9lites terratenientes de Europa y otros lugares, no alcanzaron la riqueza mediante el saqueo, los impuestos o los tributos, sino que utilizaron el mercado para comprar barato y vender caro. Esto era as\u00ed incluso en los despotismos orientales que Karl Marx consideraba tan jer\u00e1rquicos y claustrof\u00f3bicos.<\/p>\n<p>Beckert encuentra tambi\u00e9n mucha competencia pol\u00edtica y activismo mercantil dentro del Imperio mogol de la India. All\u00ed, el sult\u00e1n y sus consejeros constitu\u00edan solo una capa de autoridad poco definida por encima del poder de las autoridades locales. Bajo el brillo del poder, todos los estados que normalmente se consideraban ejemplos de \u00abdespotismo oriental\u00bb sobreviv\u00edan negociando constantemente con diversos estratos de la poblaci\u00f3n, sobre todo con los comerciantes, para obtener los fondos y los materiales necesarios para librar guerras cr\u00f3nicas.<\/p>\n<p>Los comerciantes son sin duda los revolucionarios de la historia de Beckert, al menos durante los primeros siglos. Eran \u00abcapitalistas sin capitalismo\u00bb, lo que significa que sus actividades lucrativas se limitaban a ciudades dispersas. Aunque conectadas por rutas comerciales y mar\u00edtimas, estas islas estaban en gran medida aisladas en los confines de un vasto interior, \u00abvanguardias mercantiles dispersas por todo el mundo\u00bb. Eran \u00abgotas en un mar de vida econ\u00f3mica cuyas corrientes principales flu\u00edan seg\u00fan l\u00f3gicas fundamentalmente diferentes\u00bb.<\/p>\n<p>Junto con Karl Polanyi, Beckert deja claro que la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n mundial viv\u00eda en el campo, donde, como dijo Marc Bloch, la vida econ\u00f3mica estaba \u00abincrustada [en] las relaciones sociales\u00bb. Eso convert\u00eda a los comerciantes en una casta distinta, de modo que \u00aba pesar de las inmensas distancias y las culturas distintas, los comerciantes cantoneses, gujaratis, adeni, genoveses, swahilis y bukhar\u00edes se habr\u00edan reconocido f\u00e1cilmente entre s\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s, pero en su relato de estos primeros siglos, Beckert busca diligentemente patrones similares entre estos comerciantes y no se detiene en las evidentes divergencias religiosas y sociales. Plantea una tesis seg\u00fan la cual estas \u00abislas de capital\u00bb irrumpir\u00e1n alg\u00fan d\u00eda en la sociedad en general y transformar\u00e1n por completo todos esos lazos antiguos y tradicionales que siguieron vigentes incluso despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n del feudalismo.<\/p>\n<p>Beckert discrepa, por tanto, con el historiador Robert Brenner, quien desencaden\u00f3 el \u00abdebate Brenner\u00bb de los a\u00f1os setenta y ochenta, al argumentar que el capitalismo \u2014al menos en Inglaterra\u2014 no ten\u00eda sus ra\u00edces en la clase mercantil urbana, sino en el campo, donde los terratenientes codiciosos libraban una guerra de clases contra los campesinos y los peque\u00f1os propietarios, cuyo sustento depend\u00eda de tradiciones como el acceso a los bienes comunes para la caza, el pastoreo y la recolecci\u00f3n de le\u00f1a. Alquilaban tierras a un precio habitual al se\u00f1or local y esperaban que los mercados estuvieran limitados por las restricciones regionales al comercio de los productos b\u00e1sicos esenciales para evitar el hambre. Los art\u00edculos de lujo circulaban ampliamente, pero eran comprados y vendidos por una peque\u00f1a \u00e9lite. Por lo tanto, Marx consideraba que los comerciantes ten\u00edan una relaci\u00f3n puramente externa con el modo de producci\u00f3n feudal, mientras que Maurice Dobb, en sus escritos de la d\u00e9cada de 1930, ve\u00eda a los comerciantes como \u00abpar\u00e1sitos del antiguo orden econ\u00f3mico\u00bb, una \u00abfuerza conservadora m\u00e1s que revolucionaria\u00bb. Brenner los consideraba parte integrante de la sociedad feudal y, por lo tanto, poco disruptivos.<\/p>\n<p>La idea central del libro de Beckert coincide con la de Brenner en que una transformaci\u00f3n radical de la forma de producir los productos b\u00e1sicos en el interior del pa\u00eds fue esencial para el triunfo del capitalismo a escala mundial. Dedica dos largos cap\u00edtulos a la transformaci\u00f3n y la conquista del campo, desde los cercados de la Edad Moderna hasta el auge de las plantaciones de az\u00facar tipo f\u00e1brica y la protoindustrializaci\u00f3n dom\u00e9stica que se impuso en los siglos XVII y XVIII. Pero la fuerza motriz de todos estos cambios no fueron los terratenientes codiciosos que cercaban los bienes comunes y generaban as\u00ed un excedente de poblaci\u00f3n destinado al trabajo asalariado en los centros urbanos, sino los ambiciosos comerciantes que contaban con el capital \u2014y el respaldo del Estado\u2014 que les daba la influencia necesaria para iniciar los despojos y los cercados que llevaron las relaciones de mercado al interior rural.<\/p>\n<p>La historia de Beckert tambi\u00e9n discrepa en parte con la de Jonathan Levy, cuyo libro de 2021, <em>Ages of American Capitalism<\/em>, con m\u00e1s de novecientas p\u00e1ginas, era casi igual de extenso. Levy sosten\u00eda que la \u00abpreferencia por la liquidez\u00bb de la mayor\u00eda de los capitalistas en la mayor\u00eda de los momentos y lugares siempre ha estado en tensi\u00f3n con la funci\u00f3n de inversi\u00f3n que tiende a la inmovilidad y la iliquidez de algunos de los activos de capital m\u00e1s importantes. As\u00ed pues, la obra de Levy presta m\u00e1s atenci\u00f3n a los aspectos especulativos y de financiarizaci\u00f3n del capitalismo del Atl\u00e1ntico Norte, al menos a partir de los siglos XVII y XVIII.<\/p>\n<p>Beckert, por su parte, deja de lado este conjunto de corrientes cruzadas psicol\u00f3gicas y econ\u00f3micas, aunque escribe con elocuencia sobre los p\u00e1nicos, los auges y las crisis que se convirtieron en una caracter\u00edstica del capitalismo mundial desde principios del siglo XIX hasta nuestros d\u00edas. Pero la expansi\u00f3n del comercio y la producci\u00f3n sigue siendo el n\u00facleo de su libro, incluso cuando narra los or\u00edgenes y el destino de nuestra reciente era neoliberal.<\/p>\n<p><strong>La gran conexi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El crecimiento explosivo del capitalismo mercantil lleg\u00f3 con la \u00abgran conexi\u00f3n\u00bb de los siglos XV y XVI. El descubrimiento del Nuevo Mundo fue muy importante, pero no fue la \u00fanica forma en que se gener\u00f3 un mercado global. Los historiadores saben desde hace tiempo que la conquista otomana de Constantinopla bloque\u00f3 el f\u00e1cil acceso a la India y al Lejano Oriente, al tiempo que la decadencia del feudalismo motiv\u00f3 a los gobernantes a buscar nuevas fuentes de tributos e impuestos para financiar guerras casi constantes. As\u00ed que los comerciantes y sus mecenas reales miraron hacia el oeste.<\/p>\n<p>En otro ejemplo de c\u00f3mo Beckert descentra la narrativa tradicional, dedica mucho m\u00e1s espacio a la exploraci\u00f3n y explotaci\u00f3n de la costa occidental africana por parte de genoveses y portugueses que a los descubrimientos del Nuevo Mundo por parte de Crist\u00f3bal Col\u00f3n. Aunque esos exploradores de \u00c1frica se vieron impulsados a bajar por la costa y rodear el cabo de Buena Esperanza con la esperanza de poder eludir a los intermediarios \u00e1rabes, el control europeo del Atl\u00e1ntico y del Nuevo Mundo result\u00f3 ser la fuerza que dio a la revoluci\u00f3n capitalista su car\u00e1cter euroc\u00e9ntrico.<\/p>\n<p>El crecimiento, la ambici\u00f3n y el conflicto entre todos los Estados, pero especialmente entre los europeos, hicieron avanzar el poder y la influencia de los mercaderes. Esto ocurri\u00f3 de dos maneras. En primer lugar, las guerras cr\u00f3nicas del largo siglo XVI requirieron enormes sumas de dinero que proced\u00edan de los comerciantes y banqueros, cuya influencia creci\u00f3 en consecuencia dentro de las cortes reales. A medida que los Estados hac\u00edan la guerra, la guerra hac\u00eda los Estados, lo que aumentaba el poder de los comerciantes en el proceso. Y en segundo lugar, el comercio y el imperio estaban indisolublemente unidos. De hecho, a menudo era dif\u00edcil distinguir a los comerciantes de los guerreros y gobernantes.<\/p>\n<p>Las Compa\u00f1\u00edas de las Indias Orientales, tanto holandesas como inglesas, eran pr\u00e1cticamente Estados en s\u00ed mismas. Con sus miles de soldados y cientos de barcos, Beckert compara estos monopolios con los proveedores de violencia cuasi estatales de nuestra \u00e9poca: la estadounidense Blackwater y la rusa Wagner Group. \u00abMiremos donde miremos\u00bb, escribe Beckert, \u00abla guerra era casi el modo predeterminado de la gran conexi\u00f3n\u00bb. \u00c9l denomina a esta \u00e9poca como la era del \u00abcapitalismo de guerra\u00bb.<\/p>\n<p>A lo largo de los siglos XVI y XVII, el archipi\u00e9lago del capital se expandi\u00f3 a medida que isla tras isla \u2014tanto en sentido literal como metaf\u00f3rico\u2014 se a\u00f1ad\u00eda al universo mercantil: Santo Domingo en 1516; Macao en 1557, Batavia en 1619, Manhattan en 1624, Barbados en 1627. Entre estas numerosas estrategias imperiales, Beckert destaca dos nuevas \u00abislas\u00bb cuyos ingresos eclipsaron cualquier intento anterior de los comerciantes.<\/p>\n<p>En 1600, Potos\u00ed se hab\u00eda convertido en la ciudad m\u00e1s grande de Am\u00e9rica, m\u00e1s poblada que Londres, Mil\u00e1n o Sevilla. All\u00ed, 160.000 habitantes andinos, africanos y europeos extra\u00edan el 60% de la plata del mundo. Y, como pr\u00e1cticamente todas las dem\u00e1s islas capitales del Nuevo Mundo, Potos\u00ed solo pod\u00eda prosperar gracias al trabajo forzado, una forma asesina de esclavitud que mataba a miles de mineros cada a\u00f1o, a menudo envenenados por el mercurio, esencial para el rentable procesamiento de grandes cantidades de mineral de baja ley. Debido a que la ciudad sosten\u00eda el poder espa\u00f1ol, el emperador Carlos V calific\u00f3 a Potos\u00ed como \u00abel tesoro del mundo\u00bb, pero otros la llamaban \u00abla monta\u00f1a que se come a los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Barbados fue otro generador asombroso, aunque brutal, de riqueza mercantil y poder pol\u00edtico. En la d\u00e9cada de 1660, la isla de las Indias Occidentales enviaba a Inglaterra az\u00facar por un valor que duplicaba los ingresos anuales del gobierno de esa naci\u00f3n. Dado que la isla estaba pr\u00e1cticamente despoblada, los plantadores ten\u00edan v\u00eda libre para crear un r\u00e9gimen productivo sin las obligaciones consuetudinarias que frenaban la transformaci\u00f3n capitalista del campo en el viejo continente. No hab\u00eda se\u00f1ores feudales entrometidos, campesinos rebeldes ni estados obstruccionistas. Con su \u00e9nfasis en la disciplina laboral, la estricta organizaci\u00f3n de la mano de obra y un enfoque implacable en la productividad y el control del tiempo, estas plantaciones fueron el primer ejemplo de industria moderna a gran escala.<\/p>\n<p>Por lo tanto, el verdadero mundo nuevo se encontraba en las Indias Occidentales, y no en el extremo oriental del continente norteamericano. Entre 1630 y 1700, m\u00e1s europeos emigraron al Caribe que a la Am\u00e9rica inglesa, lo que convirti\u00f3 a Boston y al resto de Nueva Inglaterra en meros eslabones subordinados de una cadena de suministro global, totalmente eclipsados por el dinamismo de estos modelos capitalistas. Al igual que una cadena de montaje de principios del siglo XX centrada implacablemente en la producci\u00f3n en serie de un solo producto, estas plantaciones de monocultivo fueron el prototipo de una nueva etapa de producci\u00f3n en la que la mano de obra, el capital y el comercio mundial se entrelazaban a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_81464\" class=\"wp-caption alignright\" aria-describedby=\"caption-attachment-81464\"><figcaption id=\"caption-attachment-81464\" class=\"wp-caption-text\">\u00e7<\/figcaption><\/figure>\n<p>Como Beckert deja claro una y otra vez, el trabajo forzoso estaba presente en todas partes y, en casi todos los casos, era fundamental para el crecimiento y la rentabilidad capitalistas. Los comerciantes europeos transportaron a 4,38 millones de africanos esclavizados al Nuevo Mundo antes de 1760, el doble del n\u00famero de migrantes europeos que llegaron a Am\u00e9rica en el mismo periodo. Aproximadamente 1,73 millones de agricultores, artesanos y mineros esclavizados trabajaban en plantaciones de az\u00facar, tabaco, arroz, \u00edndigo y algod\u00f3n y en las minas de plata de Am\u00e9rica, en una \u00e9poca en la que la poblaci\u00f3n activa total de Inglaterra era de solo 2,9 millones de personas. Aproximadamente un tercio de los activos de capital que pose\u00eda el Imperio Brit\u00e1nico en 1788 consist\u00eda en esclavos, y cuando se aboli\u00f3 ese sistema, el gobierno pidi\u00f3 prestados 20 millones de libras esterlinas, el 40 % de su presupuesto total, para compensar a los propietarios de esclavos por la emancipaci\u00f3n de su propiedad humana.<\/p>\n<p>Beckert sigue aqu\u00ed los pasos de intelectuales caribe\u00f1os antes ignorados, como Eric Williams y C. L. R. James, cuya labor pionera destac\u00f3 el papel que desempe\u00f1aron la violencia y la esclavitud para situar a estas islas de las Indias Occidentales en el centro del resurgimiento del capitalismo mundial.<\/p>\n<p><strong>\u00abMano de obra libre\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>La coacci\u00f3n laboral no termin\u00f3 con la abolici\u00f3n de la esclavitud ni con la instituci\u00f3n del trabajo asalariado. Es dif\u00edcil encontrar \u00abtrabajo libre\u00bb en la narrativa de Beckert y, si alguna vez ha existido en la forma que han fantaseado los economistas smithianos, su presencia ha sido hist\u00f3ricamente epis\u00f3dica y fugaz. As\u00ed, tras la abolici\u00f3n formal de la esclavitud a mediados del siglo XIX, se instauraron en su lugar una serie de reg\u00edmenes laborales diab\u00f3licamente ingeniosos.<\/p>\n<p>En su libro de 2014, <em>Empire of Cotton<\/em>, Beckert ofreci\u00f3 el testimonio de numerosos periodistas y funcionarios en el sentido de que, sin la esclavitud, la floreciente econom\u00eda del algod\u00f3n que un\u00eda el sur de Estados Unidos con Gran Breta\u00f1a y el resto de Europa se derrumbar\u00eda. Esos observadores ten\u00edan raz\u00f3n en lo esencial, y se necesitar\u00edan nuevas formas de coacci\u00f3n similares a la esclavitud para reclutar y retener a los trabajadores en el interior agr\u00edcola, no solo para el algod\u00f3n, sino tambi\u00e9n para el caucho, el t\u00e9, el arroz y otros productos b\u00e1sicos. Hace tiempo que conocemos la existencia del aparcer\u00eda, el arrendamiento agr\u00edcola y la servidumbre por deudas en el sur de Estados Unidos tras la emancipaci\u00f3n, pero en Asia y \u00c1frica, decenas de millones de trabajadores agr\u00edcolas del siglo XIX y principios del XX estaban contratados por contrato, viv\u00edan en barracones similares a los de los esclavos y estaban sujetos a azotes y otras formas de coacci\u00f3n f\u00edsica.<\/p>\n<p>En el siglo posterior a 1839, las potencias coloniales europeas transportaron a m\u00e1s de dos millones de estos trabajadores al Caribe, Sud\u00e1frica y Am\u00e9rica Latina. Pero todo eso palidec\u00eda en comparaci\u00f3n con los veintisiete millones de trabajadores del sur de Asia reclutados por intermediarios laborales indios para trabajar en las plantaciones de arroz, t\u00e9 y caucho de Birmania, Ceil\u00e1n y Malasia, un n\u00famero mayor que el de los tres siglos de comercio de esclavos en el Atl\u00e1ntico.<\/p>\n<p>El trabajo asalariado tampoco significaba un trabajo verdaderamente libre en las nuevas f\u00e1bricas. Esa era una presunci\u00f3n del siglo XIX dise\u00f1ada para distinguir el trabajo proletario del coraz\u00f3n industrial del trabajo esclavo en otros lugares. Independientemente de las dificultades del trabajo agr\u00edcola o de la producci\u00f3n protoindustrial en el hogar, pocos trabajadores, y desde luego no los hombres adultos, estaban ansiosos por trabajar en las nuevas f\u00e1bricas, donde la estrecha supervisi\u00f3n y las implacables exigencias laborales creaban un ambiente similar al de una prisi\u00f3n. Esa fue una de las razones por las que una gran proporci\u00f3n de los empleados eran mujeres y ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Un terrateniente se refiri\u00f3 a las aldeas fabriles como un \u00abasilo conveniente\u00bb para quienes hab\u00edan sido desplazados de sus granjas cuando los cercados acabaron con su medio de vida rural. Mientras tanto, en las ciudades, las leyes contra la vagancia se centraban en los \u00abpobres ociosos y desordenados\u00bb, mientras que la Ley de Amos y Sirvientes de Gran Breta\u00f1a de 1823 hac\u00eda a los trabajadores penalmente responsables si abandonaban a su empleador antes de que finalizara el contrato de servicio. En Prusia, los trabajadores que abandonaban el trabajo sin permiso pod\u00edan ser castigados con una multa o quince d\u00edas de prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Beckert denomina a este mundo de f\u00e1bricas algodoneras, trabajo forzado en las plantaciones, gobierno real y poder mercantil \u00abcapitalismo del antiguo r\u00e9gimen\u00bb, en el que las \u00e9lites terratenientes a\u00fan ostentaban mucho poder y las empresas comerciales sol\u00edan ser monopolios respaldados por el Estado. Pero todo ello se tambaleaba sobre cimientos preindustriales. Una sacudida a este sistema fueron las revoluciones, frustradas o reales, de mediados del siglo XIX. La burgues\u00eda no lleg\u00f3 a alcanzar el poder pleno, pero la derogaci\u00f3n de las Leyes del Ma\u00edz en Gran Breta\u00f1a, las insurgencias continentales de 1848, la Guerra Civil Estadounidense y la Restauraci\u00f3n Meiji en Jap\u00f3n movilizaron a los propietarios de capital para presionar contra los l\u00edmites de la pol\u00edtica establecida y debilitar el control del poder estatal por parte de las \u00e9lites terratenientes.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Beckert, m\u00e1s decisiva fue la aparici\u00f3n en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX de gigantescas empresas integradas vinculadas a las nuevas tecnolog\u00edas del hierro y el acero, la electricidad, la qu\u00edmica, el transporte y las comunicaciones. Beckert califica esos a\u00f1os como \u00abel punto de inflexi\u00f3n m\u00e1s monumental en la historia mundial del capitalismo\u00bb. Fue la \u00e9poca en la que los comerciantes fueron finalmente desplazados por los magnates industriales, \u00abun punto de ruptura fundamental en los m\u00e1s de 500 a\u00f1os de historia del capitalismo\u00bb.<\/p>\n<p>El principal ejemplo de Beckert no es Andrew Carnegie, cuya creaci\u00f3n multimillonaria de US Steel culmin\u00f3 el movimiento de fusiones en Estados Unidos, sino Carl Rochling, un banquero y comerciante de carb\u00f3n alem\u00e1n que construy\u00f3 un imperio sider\u00fargico en el Sarre y, cuando se present\u00f3 la oportunidad, lo extendi\u00f3 a todas las tierras que el ej\u00e9rcito alem\u00e1n pudiera conquistar. Al igual que Carnegie, Rochling odiaba el mercado, por lo que la integraci\u00f3n vertical, los trusts y los c\u00e1rteles pasaron a caracterizar la estructura y la gobernanza de la industria gigante a principios del siglo XX. La mano de obra era igualmente numerosa, m\u00e1s de diez mil personas en cada f\u00e1brica y planta, lo que significaba que estos centros de producci\u00f3n industrial finalmente igualaban el n\u00famero de trabajadores de una plantaci\u00f3n caribe\u00f1a.<\/p>\n<p>Y este fue el momento en el que podemos hacer una valoraci\u00f3n euroc\u00e9ntrica \u2014o al menos centrada en el Atl\u00e1ntico Norte\u2014 de la econom\u00eda mundial, que ahora crec\u00eda de forma espectacular. Los ferrocarriles triplicaron su ya considerable kilometraje, el comercio mundial se cuadruplic\u00f3 y entre el 70 % y el 80 % de toda la producci\u00f3n mundial se realizaba en el Reino Unido, Alemania, Francia y Estados Unidos. Fue un momento fugaz, de menos de un siglo. Pero mientras dur\u00f3, marc\u00f3 la visi\u00f3n del mundo de generaciones, incluida su percepci\u00f3n del capitalismo.<\/p>\n<p><strong>Entra el \u00abcapitalismo\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>De hecho, fueron estos los a\u00f1os en los que la palabra \u00abcapitalismo\u00bb entr\u00f3 finalmente en el uso com\u00fan. A partir de 1837, el p\u00e1nico y las recesiones crearon peri\u00f3dicamente disturbios en toda la sociedad al menos una vez por generaci\u00f3n, incluso cuando la sociedad se dividi\u00f3 entre los que ten\u00edan grandes riquezas y los que no. Era necesario alg\u00fan nombre para abarcar la nueva realidad social y econ\u00f3mica. Desde el siglo XVI hab\u00eda personas que se autodenominaban capitalistas, es decir, personas que dispon\u00edan de fondos para invertir o prestar. En Ginebra exist\u00edan los \u00abmessieurs les capitalistas\u00bb, que eran un grupo de personas capaces e interesadas en comprar bonos p\u00fablicos, y Adam Smith escribi\u00f3 sobre los \u00abpa\u00edses comerciales\u00bb como algo distinto de los \u00abpa\u00edses pastorales\u00bb.<\/p>\n<p>A pesar de titular su libro m\u00e1s famoso <em>El capital<\/em>, Marx utiliz\u00f3 el t\u00e9rmino \u00abeconom\u00eda pol\u00edtica\u00bb en casi todos sus escritos. Aunque la Acad\u00e9mie Royale de Lyon clasific\u00f3 el capitalismo como una \u00abpalabra nueva\u00bb en 1842, los socialistas brit\u00e1nicos le dieron una mayor difusi\u00f3n en la d\u00e9cada de 1850. Los fabianos la utilizaron en la d\u00e9cada de 1880, tras lo cual la palabra pas\u00f3 de la izquierda al centro, y el presidente de la Asociaci\u00f3n Econ\u00f3mica Americana defini\u00f3 a Estados Unidos en 1900 \u00abcomo una sociedad de capitalismo competitivo\u00bb. En Estados Unidos, la palabra sigui\u00f3 utiliz\u00e1ndose principalmente en la izquierda, mientras que los empresarios y empresarias prefer\u00edan \u00ablibre empresa\u00bb. Pero cuando la revista Forbes comenz\u00f3 a describirse a s\u00ed misma como una \u00abherramienta capitalista\u00bb en la d\u00e9cada de 1970, los pol\u00edticos y empresarios de centroderecha comenzaron a declararse orgullosamente a s\u00ed mismos y a su naci\u00f3n como un pa\u00eds capitalista.<\/p>\n<p>Antonio Gramsci calific\u00f3 el per\u00edodo de entreguerras del siglo XX como \u00abuna \u00e9poca de monstruos\u00bb, y Beckert coincide con \u00e9l, afirmando que los veintisiete a\u00f1os transcurridos entre 1918 y 1945 fueron los m\u00e1s tumultuosos de los quinientos a\u00f1os de historia del capitalismo. La revoluci\u00f3n bolchevique no fue la \u00fanica convulsi\u00f3n que puso en tela de juicio el capitalismo industrial, que parec\u00eda tan s\u00f3lido en las d\u00e9cadas anteriores a 1914.<\/p>\n<p>Beckert recoge en unas pocas p\u00e1ginas el levantamiento irland\u00e9s de Dubl\u00edn de 1916, las huelgas revolucionarias de los metal\u00fargicos en Petrogrado, un paro ferroviario en Senegal, la huelga general de Seattle de 1919, la masacre de Amritsar de abril de 1919 en la India brit\u00e1nica, el <em>biennio rosso<\/em> en el norte de Italia de la posguerra, la Rebeli\u00f3n del Rand de 1922 en Sud\u00e1frica y la formaci\u00f3n en Barbados de una secci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n Universal para el Progreso de la Raza Negra de Marcus Garvey.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de 1920 no se produjo ninguna revoluci\u00f3n. En <em>Recasting Bourgeois Europe<\/em>, el historiador Charles Maier destac\u00f3 hasta qu\u00e9 punto un compromiso corporativista entre el capital y el trabajo legitim\u00f3 durante un tiempo a una sociedad europea traumatizada por la guerra y la revuelta. Beckert menosprecia esa estrategia, al menos hasta la \u00e9poca posterior a la Segunda Guerra Mundial, y en su lugar destaca el triunfo fordista, que llev\u00f3 a decenas de industriales y expertos en producci\u00f3n europeos a River Rouge y Highland Park, donde el propio Henry Ford se complaci\u00f3 en compartir las asombrosas t\u00e9cnicas de producci\u00f3n en masa que sus ingenieros hab\u00edan desplegado. Giovanni Agnelli, de Fiat, fue uno de esos visitantes, por lo que Beckert ofrece un an\u00e1lisis en profundidad en el que explora hasta qu\u00e9 punto Agnelli fue capaz de emular toda la filosof\u00eda de producci\u00f3n de Ford, incluyendo el esfuerzo por construir la mayor f\u00e1brica de la posguerra en Europa en Tur\u00edn, producir miles de autom\u00f3viles econ\u00f3micos, marginar y desradicalizar a la mano de obra cualificada y crear una especie de capitalismo social para sus empleados.<\/p>\n<p>Pero el \u00e9xito econ\u00f3mico de Estados Unidos engendr\u00f3 sus propios monstruos. En 1900, Estados Unidos era un coloso manufacturero que superaba f\u00e1cilmente a Alemania y al Reino Unido en la producci\u00f3n de pr\u00e1cticamente todos los productos industriales y agr\u00edcolas importantes. Temerosos del poder que el mercado continental y el auge de la producci\u00f3n en masa otorgaban a Estados Unidos, los europeos vieron un \u00abpeligro estadounidense\u00bb al que solo se pod\u00eda hacer frente con el acceso imperial a un territorio igualmente grande, como el que Estados Unidos hab\u00eda adquirido casi un siglo antes.<\/p>\n<p>\u00abLa forma correcta de ver \u00c1frica\u00bb, editorializ\u00f3 una revista brit\u00e1nica en 1905, \u00abes considerarla como otra Am\u00e9rica, en barbecho y lista para producir ricas cosechas\u00bb. \u00c1frica es una \u00abAm\u00e9rica a nuestras puertas\u00bb, coincidi\u00f3 un peri\u00f3dico franc\u00e9s, con Argelia como la \u00abAm\u00e9rica de Francia\u00bb.<\/p>\n<p>Las cadenas de productos b\u00e1sicos se nacionalizar\u00edan y militarizar\u00edan en una nueva s\u00edntesis de poder estatal y hegemon\u00eda econ\u00f3mica. Comparando la necesidad de expansi\u00f3n alemana en Europa del Este con la conquista estadounidense del oeste del Mississippi, Adolf Hitler exigi\u00f3 \u00abterritorio y fordismo\u00bb si una nueva Alemania quer\u00eda contrarrestar tanto a los bolcheviques como a los estadounidenses.<\/p>\n<p>Tal era el contexto de la autarqu\u00eda, el nacionalismo econ\u00f3mico y los bloques comerciales engendrados por la Gran Depresi\u00f3n. Para muchos, el capitalismo parec\u00eda haber llegado a un callej\u00f3n sin salida, lo que bien pudo haber fomentado la amplia gama de respuestas estatistas ahora posibles en la crisis. Como Beckert ha subrayado una y otra vez en su historia, el capitalismo puede coexistir con una gran variedad de reg\u00edmenes pol\u00edticos. Durante la Depresi\u00f3n, el fascismo, el rearme y la expansi\u00f3n imperial fueron una soluci\u00f3n, a menudo respaldada por capitalistas como los Rochling, que se convirtieron en entusiastas del r\u00e9gimen nazi. La represi\u00f3n del radicalismo laboral y la adquisici\u00f3n mediante la conquista de nuevos mercados y insumos baratos para la cadena de suministro cumplieron muchas de las ambiciones que V\u00f6lklingen Steel ten\u00eda desde hac\u00eda tiempo.<\/p>\n<p>Este tipo de modernismo industrial vino acompa\u00f1ado durante la guerra por la reaparici\u00f3n del trabajo esclavo en el coraz\u00f3n de Europa. M\u00e1s del 40% de todos los trabajadores del imperio nazi durante la guerra trabajaban bajo coacci\u00f3n, una cifra impresionante que solo superan hist\u00f3ricamente las colonias de plantaciones del Caribe. La f\u00e1brica de Rochling en el Sarre se llev\u00f3 una parte equivalente; del mismo modo, se import\u00f3 y esclaviz\u00f3 a un gran n\u00famero de trabajadores en BMW, Daimler-Benz, Volkswagen, Hugo Boss, Krupp, Leica Camera, Lufthansa y otras empresas famosas.<\/p>\n<p>Suecia y Estados Unidos tambi\u00e9n eran estatistas, pero adoptaron un reformismo socialmente liberal. Ambos podr\u00edan describirse como corporativismo democr\u00e1tico. En Suecia, el \u00abAcuerdo de la Vaca\u00bb de 1933 sent\u00f3 las bases para un Estado de bienestar cada vez m\u00e1s elaborado, forjado cuando los socialdem\u00f3cratas y los agricultores llegaron a un acuerdo que tambi\u00e9n sent\u00f3 las bases para la agresiva campa\u00f1a de exportaci\u00f3n de la naci\u00f3n. El corporativismo, aunque de tipo bastante fragmentado, tambi\u00e9n lleg\u00f3 a Estados Unidos, encarnando tanto un alto grado de regulaci\u00f3n del mercado como el apoyo estatal al resurgimiento de los sindicatos y la elaboraci\u00f3n de un Estado de bienestar con c\u00f3digos raciales. En el Sur Global, Turqu\u00eda y M\u00e9xico aislaron sus econom\u00edas y elevaron el nivel de vida mediante un programa de aranceles elevados y producci\u00f3n industrial de sustituci\u00f3n de importaciones.<\/p>\n<p>El estatismo de la \u00e9poca de la Depresi\u00f3n, combinado con los traumas de la guerra, bien pudo haber ofrecido al Occidente capitalista un predicado ideol\u00f3gico y de construcci\u00f3n del Estado para las d\u00e9cadas de los \u00abTrente Glorieuses\u00bb de la primera posguerra. Aunque Beckert ofrece pocas ideas historiogr\u00e1ficas o te\u00f3ricas nuevas sobre una \u00e9poca caracterizada por el aumento de los salarios reales, el incremento de la productividad y el aumento del gasto de los consumidores, su estudio de la vida en Suecia, Australia y Francia lo presenta todo bajo una luz nueva.<\/p>\n<p>Por ejemplo, cita acertadamente el crecimiento del turismo mundial, un fen\u00f3meno de masas genuinamente nuevo \u2014y quiz\u00e1s la \u00abindustria\u00bb m\u00e1s grande del mundo\u2014 facilitado por la arquitectura econ\u00f3mica dise\u00f1ada en Bretton Woods. Ese acuerdo econ\u00f3mico permiti\u00f3 que dos cosas aparentemente contradictorias ocurrieran simult\u00e1neamente. Un sistema de tipos de cambio semifijos impuls\u00f3 el libre comercio, mientras que la persistencia del control estatal sobre la mayor\u00eda de las monedas clave protegi\u00f3 la capacidad de las naciones para mantener y mejorar sus propios estados de bienestar. Se trataba del \u00abliberalismo integrado\u00bb, lo que un economista denomin\u00f3 \u00abKeynes en casa y Smith en el extranjero\u00bb.<\/p>\n<p>No pod\u00eda durar. En su an\u00e1lisis del auge del neoliberalismo, Beckert pasa por alto la agitaci\u00f3n de los precios del petr\u00f3leo de la d\u00e9cada de 1970, la crisis de Volcker de 1979 y el \u00e9nfasis de Levy en la propensi\u00f3n del capital a migrar de la producci\u00f3n a las finanzas especulativas. En cambio, ofrece como una especie de obertura un relato bastante extenso del golpe militar de Augusto Pinochet en Chile en 1973 y la complicidad y el apoyo ofrecidos por la embajada estadounidense a la represi\u00f3n y la austeridad que siguieron.<\/p>\n<p>Esto es muy apropiado, ya que ejemplifica dos temas siempre presentes en el libro de Beckert. En primer lugar, el capitalismo tiene la capacidad de existir bajo pr\u00e1cticamente cualquier tipo de r\u00e9gimen pol\u00edtico, salvo el bolchevismo puro y duro. Y, en segundo lugar, cada vez que se manifiesta una nueva modalidad en la larga historia del capitalismo, el Estado desempe\u00f1a sin duda un papel importante, m\u00e1s a menudo asesino que benigno. Por lo tanto, el neoliberalismo siempre fue m\u00e1s que una mera celebraci\u00f3n del mercado; se consideraba a s\u00ed mismo como un orden estatista particular en el que la funci\u00f3n del r\u00e9gimen era crear un marco autorreforzado que afianzara y salvaguardara las funciones del mercado. En algunos casos, el Estado en cuesti\u00f3n era supranacional, como en el caso de la aplicaci\u00f3n por parte del Fondo Monetario Internacional del \u00abConsenso de Washington\u00bb, que encorset\u00f3 la pol\u00edtica econ\u00f3mica, sobre todo en el Sur Global.<\/p>\n<p>Los trabajadores se vieron muy afectados. En Chile, la junta encarcel\u00f3 y desapareci\u00f3 a sus enemigos de la izquierda y de los sindicatos. Desde la embajada de Estados Unidos en Santiago apenas hubo protestas, donde incluso antes del golpe un funcionario se mostr\u00f3 a favor de un \u00abcanje\u00bb de \u00abdemocracia por medidas econ\u00f3micas s\u00f3lidas\u00bb. Con el asesoramiento de los \u00abchicos de Chicago\u00bb, a menudo alumnos de Milton Friedman y Friedrich Hayek, los sindicatos quedaron diezmados, los salarios reales cayeron y el desempleo se dispar\u00f3. Beckert escribe: \u00abPinochet fue el Lenin del neoliberalismo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa clase media y la clase alta se encontraron de repente en el para\u00edso\u00bb, observ\u00f3 un funcionario estadounidense. La embajada de Estados Unidos inform\u00f3 de que, dado que el movimiento sindical hab\u00eda quedado paralizado y se hab\u00eda suspendido el derecho a la huelga, \u00abse hab\u00edan eliminado los principales medios de protesta de quienes pudieran oponerse a esas pol\u00edticas de ingresos\u00bb. Sobre la oposici\u00f3n, dijo la embajada, \u00abpoder gobernar por decreto es una gran ayuda en este sentido\u00bb. Cada vez que se manifiesta una nueva modalidad en la larga historia del capitalismo, el Estado desempe\u00f1a sin duda un papel importante, m\u00e1s a menudo asesino que benigno.<\/p>\n<p>Si la mano de obra barata en Chile lleg\u00f3 con un golpe militar, la mano de obra m\u00e1s barata a escala mundial tambi\u00e9n fue el producto de una serie de pol\u00edticas y transformaciones estatales. La desaparici\u00f3n del bloque sovi\u00e9tico situ\u00f3 a decenas de millones de nuevos trabajadores en una ecuaci\u00f3n salarial muy favorable al capital. Pero a\u00fan m\u00e1s importante fue la aparici\u00f3n de China como superpotencia manufacturera y fuente gigante de mano de obra que era libre solo en el sentido m\u00e1s atenuado. Esto ha cambiado las placas tect\u00f3nicas del capitalismo del siglo XXI.<\/p>\n<p>La desindustrializaci\u00f3n de los pa\u00edses ribere\u00f1os del Atl\u00e1ntico Norte se ha visto m\u00e1s que compensada por el crecimiento de la industria manufacturera en Asia Oriental durante la era de industrializaci\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida de la historia mundial. La proletarizaci\u00f3n masiva dentro de China ha sido estupenda y sin precedentes. Shenzhen, en el delta del r\u00edo Perla, durante un tiempo la gran ciudad de m\u00e1s r\u00e1pido crecimiento del planeta, es la verdadera heredera del Manchester del siglo XIX y del Detroit del siglo XX. En una repetici\u00f3n de parte de esa historia, los capitalistas mercantiles vuelven a estar al mando, con minoristas como Walmart y Amazon y marcas como Apple y Nike mucho m\u00e1s potentes que cualquier empresa manufacturera individual. Y no solo eso: al igual que a principios del siglo XIX, las mujeres j\u00f3venes son la columna vertebral de esta nueva ola de proletarismo industrial, con m\u00e1s del 90% de todos los trabajadores migrantes del campo en el sector de la industria ligera de Shenzhen.<\/p>\n<p>Como cualquier fen\u00f3meno social, Beckert cree que la historia del capitalismo tiene un final definido, pero que es poco probable que esa desaparici\u00f3n se produzca con una explosi\u00f3n revolucionaria. En cambio, vuelve a su met\u00e1fora de la isla y encuentra, por un lado, el auge de magnates libertarios como Peter Thiel, que buscan islas literales en las que aparcar su riqueza y separarse del resto de nosotros. En una nota m\u00e1s optimista, Beckert espera que en un mundo posneoliberal surjan pol\u00edticas gobernadas por relaciones ecol\u00f3gicamente sostenibles y ajenas al mercado. Esto parece inusualmente optimista, dada la brutalidad que siempre ha acompa\u00f1ado a cada nueva iteraci\u00f3n de la sociedad capitalista. Pero sea cual sea su destino, el amplio volumen de Beckert proporciona a una nueva generaci\u00f3n de capitalistas y anticapitalistas numerosos precedentes para cualquier mundo que lleguen a imaginar.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Jacobin lat<\/em>, 22 de enero de 2026 (<a href=\"https:\/\/jacobinlat.com\/2026\/01\/el-largo-ascenso-del-capitalismo-global\/\">https:\/\/jacobinlat.com\/2026\/01\/el-largo-ascenso-del-capitalismo-global\/<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El art\u00edculo que sigue es una rese\u00f1a de Capitalism: A Global History, de Sven Beckert (Penguin Press, 2025) El extenso<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":19176,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-19174","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19174","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=19174"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19174\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19177,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19174\/revisions\/19177"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/19176"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=19174"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=19174"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=19174"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}