{"id":196,"date":"2006-04-02T00:00:00","date_gmt":"2006-04-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=196"},"modified":"2020-02-12T12:46:58","modified_gmt":"2020-02-12T11:46:58","slug":"pensar-la-decadencia-el-concepto-de-crisis-a-comienzos-del-siglo-xxi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=196","title":{"rendered":"Pensar la decadencia. El concepto de crisis a comienzos del siglo XXI"},"content":{"rendered":"<p>jorgebeinstein@yahoo.com<\/p>\n<p><strong>1. El concepto<\/strong><\/p>\n<p>El concepto de crisis es extremadamente ambiguo, ha tenido m\u00faltiples usos, muchas veces contradictorios. A lo largo del siglo XX ha gozado de per\u00edodos de enorme popularidad en contraste con otros donde su existencia futura, como fen\u00f3meno social de amplitud y duraci\u00f3n significativas, era casi descartada. As\u00ed ocurri\u00f3 hacia finales de la era keynesiana, en los lejanos a\u00f1os 1960 y a\u00fan muy al comienzo de los 1970, en esa \u00e9poca el mito del estado burgu\u00e9s regulador, domesticador de los ciclos econ\u00f3micos, hac\u00eda que un economista prestigioso en esa \u00e9poca como Marchal se\u00f1alara en 1963 que &#8216;en el estado actual de los conocimientos y de las ideas, una crisis prolongada ser\u00eda imposible&#8217; (Marchal J. M, 1963). Mientras que el premio Nobel de econom\u00eda Paul Samuelson afirmaba poco antes de la crisis de 1973-74: &#8216;El National Bureau of Economics Research\u00a0 ha trabajado tan bien que de hecho ha eliminado una de sus propias tareas principales, a saber: las fluctuaciones c\u00edclicas&#8217; agregando que &#8216;Gracias al empleo apropiado de pol\u00edticas monetarias y fiscales, nuestro sistema de econom\u00eda mixta puede evitar los excesos de los booms y de las depresiones y desarrollar un crecimiento sano y sostenido&#8217; (Mandel E., 1978).<\/p>\n<p>Pero antes de la primera guerra mundial en plena hegemon\u00eda del liberalismo y de la ideolog\u00eda del progreso (que muchos supon\u00edan indefinido) tambi\u00e9n era subestimada la idea de crisis, arrojada\u00a0\u00a0 al museo de antig\u00fcedades anarquistas y marxistas catastrofistas.\u00a0 Pero el para\u00edso se derrumb\u00f3 en 1914.<\/p>\n<p>Y m\u00e1s recientemente en los a\u00f1os 1990, sobre todo en el segundo lustro, en pleno delirio burs\u00e1til, la prosperidad de Estados Unidos\u00a0 sol\u00eda ser presentada como el modelo del futuro, la matriz de un capitalismo que finalmente hab\u00eda logrado desatar una din\u00e1mica de crecimiento imparable durante un largu\u00edsimo per\u00edodo. Se nos explicaba que la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica hacia subir los ingresos y en consecuencia la demanda, incitando a m\u00e1s revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica, aumentando la productividad laboral y generando nuevos ingresos, etc. etc. Pero el c\u00edrculo virtuoso de las tecnolog\u00edas de punta ocultaba al circulo vicioso de la especulaci\u00f3n financiera que termin\u00f3 por pudrir completamente a la mega fortaleza del capitalismo global. Ese frenes\u00ed neoliberal de los 90 fue bendecido en sus comienzos por personajes como Francis Fukuyama quien nos informaba que est\u00e1bamos entrando no solo en una era sin crisis significativas sino en el mism\u00edsimo &#8216;fin de la historia&#8217; (Fukuyama F, 1990).<\/p>\n<p>Como es sabido el origen del concepto de crisis es muy remoto, si nos restringimos a la historia de Occidente suele ser situado en la Grecia Antigua, lo emple\u00f3 Tuc\u00eddides en &#8216;La guerra del Peloponeso&#8217; para se\u00f1alar el momento de decisi\u00f3n en la batalla pero tambi\u00e9n la evoluci\u00f3n de la peste en Atenas atravesando ciertos puntos de inflexi\u00f3n, y por supuesto Hip\u00f3crates, anclando el tema en la medicina donde estuvo instalado con casi exclusividad durante muchos siglos en los que apareci\u00f3 t\u00edmidamente en algunas reflexiones sobre acontecimiento sociales.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 que esperar el ingreso pleno a la modernidad (a partir del siglo XVIII y sobre todo del XIX) para encontrar la expresi\u00f3n en su extensi\u00f3n actual (curiosamente su destino es similar a los t\u00e9rminos\u00a0 progreso y decadencia). Hoy su ubicuidad, su empleo abrumador lo ha terminado por convertir en una suerte de comod\u00edn dif\u00edcil de encasillar.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de las utilizaciones individuales o para fen\u00f3menos de peque\u00f1a dimensi\u00f3n humana (grupales, etc.) y cuando entramos en los grandes procesos sociales podemos distinguir &#8216;crisis&#8217; extremadamente breves de otras de larga duraci\u00f3n (d\u00e9cadas, siglos), diferenciamos tambi\u00e9n las crisis de baja intensidad de otras que sacuden profundamente a la estructura. Tambi\u00e9n podemos distinguir a las causadas por la propia din\u00e1mica del sistema involucrado, es decir\u00a0 con causas end\u00f3genas, de la provocadas por factores externos al mismo (causas ex\u00f3genas), ejemplo de las segundas es la crisis catastr\u00f3fica producida en Am\u00e9rica a ra\u00edz de la conquista europea, ejemplo de las primeras son la crisis cl\u00e1sicas de sobreproducci\u00f3n del capitalismo industrial que se insin\u00faan desde comienzos del siglo XIX pero que se expresan plenamente desde mediados del mismo.<\/p>\n<p>Cierto reduccionismo econ\u00f3mico las limita al momento de cambio de fase del ciclo cuando se pasa de la etapa de crecimiento a la de recesi\u00f3n dejando de lado las turbulencias sist\u00e9micas que se prolongan mucho m\u00e1s all\u00e1 de esos momentos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s resulta saludable descartar la idea de crisis puramente econ\u00f3micas, ellas forman siempre parte de un conjunto social m\u00e1s amplio abarcando hechos pol\u00edticos, institucionales, culturales y muchos otros m\u00e1s.<\/p>\n<p>Simplificando tal vez demasiado podr\u00eda definir a la crisis como una turbulencia o perturbaci\u00f3n importante del sistema social considerado m\u00e1s all\u00e1 de su duraci\u00f3n y extensi\u00f3n geogr\u00e1fica, que puede llegar a poner en peligro su propia existencia, sus mecanismos esenciales de reproducci\u00f3n. Aunque en otros casos le permite a este recomponerse, desechar componentes y comportamientos nocivos e incorporar innovaciones salvadoras.<\/p>\n<p>En el primer caso la crisis lleva a la decadencia y luego al colapso. En el segundo a la recomposici\u00f3n m\u00e1s o menos eficaz o durable sea como supervivencia dif\u00edcil o bien como &#8216;crisis de crecimiento&#8217;, propia de organismos sociales j\u00f3venes o con reservas de renovaci\u00f3n disponibles.<\/p>\n<p>En cualquier caso la crisis es un tiempo de decisi\u00f3n donde el sistema opta (si hay lugar para ello) entre reconstituirse de una u otra manera o decaer (tambi\u00e9n transitando alguno de los varios caminos posibles). En la base de esta opci\u00f3n est\u00e1 el fondo cultural que predispone hacia un comportamiento u otro, la cultura no como stock, como patrimonio inamovible, sino como evoluci\u00f3n, como din\u00e1mica de seres vivientes que incluye espacios de creatividad reformista o revolucionaria y espacios de rigidez, de conservadurismo letal. En ese sentido &#8216;la crisis propone pero la cultura dispone&#8217; (Le Roy Ladurie, 1976), las sociedades\u00a0 desarroll\u00e1ndose y agravando sus contradicciones llegan a las crisis y de sus propias entra\u00f1as emergen (desde una suerte de mara\u00f1a, de laberinto de memorias, de reservas hist\u00f3ricas) se\u00f1ales, empujones, zancadillas, sabidur\u00edas que alientan caminos futuros. Obviamente nunca podemos hablar hist\u00f3ricamente de sistemas cerrados, es muy raro encontrarlos en el pasado e impensable en el presente mundializado, pero a\u00fan hoy es superficial limitarnos a las &#8216;corrientes globales de cambio&#8217; (imperialistas, perif\u00e9ricas, regionales, etc.) e ignorar las especificidades producto de largos y complejos procesos locales-globales, de supervivencias y entrelazamientos de ciclos hist\u00f3ricos m\u00e1s o menos antiguos, etc.<\/p>\n<p>Como la crisis es un detonador, una caja de Pandora, desde donde irrumpen pasados supuestamente enterrados para siempre, iniciativas inconcebibles poco antes de la turbulencia, interacciones de diversa amplitud geogr\u00e1fica; constituye siempre una avalancha de &#8216;sorpresas&#8217; muchas de ellas previsibles a condici\u00f3n de no estar sumergidos en la rutina conservadora aferrada a la creencia ilusoria de que lo que fue y es seguramente ser\u00e1.<\/p>\n<p>2. Las viejas crisis occidentales.<\/p>\n<p>Las crisis mejor estudiadas son las occidentales, reducidas a ese espacio o con repercusiones m\u00e1s amplias incluso planetarias, lo que permite establecer una larga secuencia hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>a. Precapitalismo: Roma.<\/p>\n<p>Ahora a comienzos del siglo XXI cuando asistimos a la acumulaci\u00f3n de incertidumbres en un planeta profundamente occidentalizado (inmerso en la civilizaci\u00f3n burguesa) resulta sumamente \u00fatil iniciar el recorrido remont\u00e1ndonos a la crisis multisecular del Imperio Romano.\u00a0 En los \u00faltimos tiempos han proliferado comparaciones, varias de ellas muy atractivas, entre la declinaci\u00f3n romana y la situaci\u00f3n actual de Occidente. Denis Duclos por ejemplo establece tres similitudes notables (Duclos Denis, 1997). En primer lugar : la agravaci\u00f3n extrema de la opresi\u00f3n-explotaci\u00f3n de las clases inferiores del sistema, no como primera acumulaci\u00f3n sangrienta, despiadada, apuntando a la expansi\u00f3n imperial sino como ultimo recurso ante el estancamiento del proceso expansivo cuya continuaci\u00f3n aporta m\u00e1s costos que beneficios. Al respecto Engels se\u00f1alaba que en el comienzo del fin del Imperio &#8216;el estado romano se hab\u00eda convertido en una m\u00e1quina gigantesca y complicada con el exclusivo fin de explotar a los s\u00fabditos. Impuestos, gabelas y requisas de toda clase, sum\u00edan a la masa de la poblaci\u00f3n en una pobreza cada vez m\u00e1s miserable, por las exacciones de los gobernantes, de los recaudadores, de los soldados&#8230; (en consecuencia) los b\u00e1rbaros contra los cuales pretend\u00eda proteger a los ciudadanos eran esperados por estos como salvadores&#8217; (Fernandez Urbi\u00f1a\u00a0 J., 1982). La comparaci\u00f3n con la sobre-explotaci\u00f3n actual de la periferia combinada con d\u00e9ficits crecientes (fiscal, comercial&#8230;) en los Estados Unidos es inmediata. El caso de la guerras coloniales de Irak y Afganist\u00e1n cuyo costo provoca graves problemas financieros a la superpotencia, con grandes dificultades para enviar m\u00e1s tropas al combate, puede ser f\u00e1cilmente comparado con situaciones similares del Imperio romano declinante.<\/p>\n<p>En segundo t\u00e9rmino el distanciamiento f\u00edsico de las clases altas respecto del resto (actualmente el refugio de los ricos en sus &#8216;barrios privados&#8217; y residencias alejadas y en la Roma decadente de la aristocracia en sus palacios rurales). Se trata de la profundizaci\u00f3n del abismo social que reproduce de manera ampliada dos subculturas cada vez\u00a0\u00a0 m\u00e1s separadas, expresi\u00f3n de la desvinculaci\u00f3n creciente de la \u00e9lite respecto de su base productiva. Pero en ambos casos es tambi\u00e9n distanciamiento de los de arriba con relaci\u00f3n a sus responsabilidades p\u00fablicas, la funci\u00f3n integradora del Estado es despreciada, el Estado solo aparece como coto de caza, lugar de rapi\u00f1a. En el mundo de hoy eso es evidente desde los pa\u00edses perif\u00e9ricos\u00a0 hasta el centro del Imperio, Estados Unidos. En Roma &#8216;desde el siglo IV ya no son m\u00e1s lo grandes gastos en favor de su ciudad lo que distingue a un hombre (de la clase alta)&#8230;el financiamiento de edificios p\u00fablicos a trav\u00e9s de fondos privados tiende a disminuir&#8230; el lujo se refugia en los palacios y residencias rurales que devienen mundos aislados&#8217; (Rostovtzeff M. I., 1973).<\/p>\n<p>Como vemos, la privatizaci\u00f3n extrema\u00a0 no es una creaci\u00f3n original de los neoliberales y sus mafias financieras, hace m\u00e1s de 1700 a\u00f1os la practicaba la decadente aristocracia romana.<\/p>\n<p>En tercer lugar, la irrupci\u00f3n aplastante del parasitismo, en el caso de Roma desde el siglo III, Rostovtzeff se refiere al predominio &#8216;de una nueva burgues\u00eda mezquina&#8230; que utilizaba diversos subterfugios para eludir las obligaciones impuestas por el estado y que fundaba su prosperidad en la explotaci\u00f3n y la especulaci\u00f3n lo que no impidi\u00f3 su decadencia&#8217; ( Rostovtzeff, op. cit.). Nuevamente el paralelo con la mafia financiera actual es inmediato. Pero tambi\u00e9n en ambos casos el poder imperial (en\u00a0 Roma desde el siglo III y en Washington hoy) es visto por sus jefes como una maquina de pillaje, la reproducci\u00f3n del sistema de dominaci\u00f3n, complejo articulador de iniciativas productivas, culturales, pol\u00edticas, institucionales, militares&#8230; y de saqueo, es casi reducido a esta \u00faltima funci\u00f3n lo que lleva a reemplazar la b\u00fasqueda de consenso por el empleo de la sola fuerza bruta. Ayer las operaciones punitivas de los emperadores romanos hoy Irak. Parasitismo, especulaci\u00f3n, militarizaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Pero debemos ir m\u00e1s all\u00e1 de los s\u00edntomas que acabo de se\u00f1alar y entender al ciclo milenario de Roma, desde su origen modesto hasta la dominaci\u00f3n mundial, como un proceso donde la ciudad esclavista de ciudadanos-soldados desarroll\u00f3 su &#8216;conquista en una sucesi\u00f3n (expansiva) de c\u00edrculos conc\u00e9ntricos produciendo una creciente depredaci\u00f3n de hombres y productos de la periferia. Lo propio de dicho sistema era que exclu\u00eda entre otras cosas el estado estacionario, solo pod\u00eda subsistir incorporando nuevas zonas de pillaje&#8217; (Chaunu P., 1981). Se trataba de una din\u00e1mica imparable de enriquecimiento del centro imperial que generaba nuevas necesidades de conquista. Cuando hacia el siglo II el Imperio alcanz\u00f3 aproximadamente los tres millones de kil\u00f3metros cuadrados, llagando hasta la Mauritania\u00a0 y Armenia, cubri\u00f3 la m\u00e1xima superficie de territorio habitado explotable dadas las condiciones t\u00e9cnicas\u00a0 (medios de comunicaci\u00f3n y transporte) de la \u00e9poca. En ese punto de inflexi\u00f3n la reproducci\u00f3n del sistema solo pod\u00eda proseguir aumentando los niveles de explotaci\u00f3n de recursos naturales y humanos del espacio ya conquistado. La acumulaci\u00f3n hab\u00eda tocado techo, los mecanismos de reproducci\u00f3n comenzaron a generar crecientes desarrollos parasitarios, el consenso interior se fue deteriorando al ritmo de la autofagia del sistema.\u00a0 El siglo III marc\u00f3 el principio de la decadencia.<\/p>\n<p>Dicho en otros t\u00e9rminos la victoria &#8216;planetaria&#8217; del Imperio, la ocupaci\u00f3n de todo el \u201cmundo\u201d (t\u00e9cnicamente) posible se\u00f1alaba el principio de una crisis-declinaci\u00f3n que se prolong\u00f3 durante varios siglos hasta la desintegraci\u00f3n f\u00edsica completa del sistema. Solo diecisiete siglos despu\u00e9s, hacia 1900, Occidente volvi\u00f3 a ocupar su espacio m\u00e1ximo, esta vez coincidente con la totalidad del planeta. En ese momento salvo Jap\u00f3n y algunos territorios\u00a0 marginales, el mundo estaba integrado por pa\u00edses occidentales, colonias y semicolonias de Occidente.<\/p>\n<p>La crisis del imperio romano estuvo atravesada en su etapa inicial por tentativas fracasadas de recomposici\u00f3n para entrar luego en la decadencia. Fue una crisis larga, multisecular que engendr\u00f3 formas aut\u00e1rquicas de supervivencia hasta llegar a estructuras institucionales que agrupaban, conservaban interrelaciones, lazos culturales, comunicaciones, parasitando durante mucho tiempo sobre los restos del antiguo imperio para ir engendrando poco a poco formas renovadas, aunque restringidas\u00a0 de articulaci\u00f3n del viejo espacio. La Iglesia cumpli\u00f3 un rol esencial no solo de preservaci\u00f3n de cierta continuidad cultural sino tambi\u00e9n de preparaci\u00f3n del pr\u00f3ximo salto imperial de Occidente.<\/p>\n<p>Visto desde el futuro de ese universo decadente, es posible afirmar que la desintegraci\u00f3n fue desarrollando los embriones de lo que a mediados del milenio siguiente ser\u00eda el camino capitalista de dominaci\u00f3n mundial. Le Roy Ladurie lo afirma de manera contundente: &#8216;la inmensa crisis post-imperial del segundo tercio o de la segunda mitad del primer milenio de la era cristiana gener\u00f3 un dato socioecon\u00f3mico radicalmente nuevo; m\u00e1s all\u00e1 de la \u00e9poca medieval, prefigura y prepara nuestra modernidad capitalista&#8217; (Le Roy Ladurie, op cit).<\/p>\n<p>b. Protocapitalismo.<\/p>\n<p>En el largo per\u00edodo que se extiende entre el a\u00f1o 1000 y el comienzo del siglo XVIII podemos distinguir dos grandes crisis seculares: la de mediados del siglo XIV (hasta mediados del siglo XV) y la del siglo XVII, ambas pueden ser incluidas en el t\u00e9rmino com\u00fan de crisis del protocapitalismo.<\/p>\n<p>El proceso de decadencia se revierte completamente hacia comienzos del nuevo milenio cuando se produce en Occidente la convergencia\u00a0 de tres fen\u00f3menos. En primer lugar una revoluci\u00f3n t\u00e9cnica que genera un significativo crecimiento de la productividad agr\u00edcola; la reintroducci\u00f3n masiva de los molinos de agua, las mejoras de semillas, el empleo de instrumentos de hierro. Se establece as\u00ed un c\u00edrculo virtuoso involucrando a la artesan\u00eda y la agricultura conformando lo que autores como Gimpel denominan &#8216;revoluci\u00f3n industrial&#8217; de la baja Edad Media (Gimpel J., 1985).<\/p>\n<p>Segundo, la extensi\u00f3n de redes comerciales en el interior del territorio y su conexi\u00f3n con polos de comercio mar\u00edtimo, lo que impulsa la reproducci\u00f3n de una burgues\u00eda mercantil que comienza a presionar sobre las estructuras productivas existentes. Y tercero,\u00a0 hecho decisivo, el retorno del pillaje colonial motorizado por las Cruzadas. Todo ello desata una ola de prosperidad protocapitalista y la consiguiente explosi\u00f3n demogr\u00e1fica: la poblaci\u00f3n de Europa Occidental se duplica entre aproximadamente los a\u00f1os 1100 y el 1300 (Gaudin T., 1988).<\/p>\n<p>Pero la expansi\u00f3n colonial se frustra porque las cruzadas no logran\u00a0 restaurar el dominio occidental sobre el Mediterr\u00e1neo y el saqueo prolongado y sistem\u00e1tico de su zona de influencia. Lo que bloquea la fuente decisiva de recursos del desarrollo occidental.<\/p>\n<p>A comienzos del siglo XIV retorna la penuria alimentaria y la peste de 1348 se abate sobre una poblaci\u00f3n fragilizada por el deterioro econ\u00f3mico produciendo una cat\u00e1strofe demogr\u00e1fica. Se trata de una crisis larga, de aproximadamente un siglo donde se suceden guerras intestinas, pestes, ca\u00eddas poblacionales, pero tambi\u00e9n desarticulaciones institucionales y culturales significativas. Se trata de un prolongado proceso de trituraci\u00f3n del mundo medieval del que van a emerger hacia mediados del siglo XV burgues\u00edas comerciales peque\u00f1as pero relativamente liberadas de los controles feudales, grandes extensiones de tierras f\u00e9rtiles con baja densidad de poblaci\u00f3n (guerras-pestes mediante) y un desarrollo de ideas t\u00e9cnicas (propias o copiadas-adaptadas) que permitir\u00e1n el salto colonial de un protocapitalismo arrollador cuya \u00e1rea principal de exp\u00e1nsi\u00f3n ya no ser\u00e1 el mundo mediterr\u00e1neo sino el Oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico primero hacia el Africa occidental, luego hacia Am\u00e9rica y despu\u00e9s hacia el Oriente.<\/p>\n<p>En ese sentido resulta apropiada la idea de Chaunu cuando interpreta al largo derrumbe del imperio romano como un proceso de paedomorf\u00f3sis; retroceder para saltar luego con m\u00e1s fuerza hacia adelante. &#8216;La paedomorf\u00f3sis significa que llegada a un cierto punto cr\u00edtico y a condici\u00f3n de no haber cometido errores irreparables, de no haber ido demasiado lejos por la ruta equivocada, la evoluci\u00f3n puede retroceder, desandar buena parte del camino que la hab\u00eda llevado a un callej\u00f3n sin salida y recomenzar la marcha en una nueva direcci\u00f3n&#8217; (Chaunu, op.cit).\u00a0 La involuci\u00f3n de los dos \u00faltimos tercios del primer milenio, es sucedida por un primer salto imperial (las cruzadas) que es seguido por un nuevo proceso de crisis y paedomorfismo, entre mediados del siglo XIV y mediados del siglo XV, de alta intensidad, con enormes derrumbes demogr\u00e1ficos y productivos que dar\u00e1 lugar al comienzo de la aventura planetaria de Occidente conclu\u00edda exitosamente hacia 1900.<\/p>\n<p>Pero en el comienzo de esa larga marcha ocurri\u00f3 una nueva crisis secular, la llamada &#8216;larga crisis del siglo XVII&#8217; que Le Roy Ladurie denomina &#8216;largo siglo XVII&#8217; extendiendolo desde las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XVI hasta comienzos del siglo XVIII. Hobsbawn considera que &#8216;durante el siglo XVII la econom\u00eda europea sufri\u00f3 una crisis general, \u00faltima fase de la transici\u00f3n global desde una econom\u00eda feudal hacia una econom\u00eda capitalista&#8217; (Hobsbawm, 1983). La desaceleraci\u00f3n de la gran expansi\u00f3n colonial europea ocurrida en torno del siglo XVI aparece como tel\u00f3n del fondo del fen\u00f3meno (proceso heterog\u00e9neo con algunas excepciones m\u00e1s o menos durables). Como se\u00f1ala Trevor-Roper: &#8216;el XVI fue un siglo de expansi\u00f3n econ\u00f3mica. Fue el siglo en que por primera vez\u00a0 Europa estuvo viviendo a costa de Asia, Africa y Am\u00e9rica&#8217; (Trevor-Roper, 1983). Atenuada la avalancha colonial se desata una sucesi\u00f3n de convulsiones econ\u00f3micas, pol\u00edtico-militares, religiosas al final de las cuales ya nada se opone al avance del capitalismo, los restos feudales son eliminados, la ciencia moderna emerge irresistible, es la \u00e9poca de Newton y Descartes, de grandes avances en matem\u00e1ticas y f\u00edsica, en suma de una renovaci\u00f3n intelectual que se contrapone a las penurias econ\u00f3micas y a significativos retrocesos demogr\u00e1ficos. El fin de la primera ola de prosperidad colonial desata la crisis que opera como un mega catalizador de la reestructuraci\u00f3n burguesa de Europa.<\/p>\n<p>Es posible desarrollar un modelo general de las crisis anteriores al capitalismo incluyendo a las formas protocapitalistas m\u00e1s avanzadas, no solo en Occidente sino en el conjunto de civilizaciones del planeta. En s\u00edntesis, se trata de crisis de subproducci\u00f3n propias de econom\u00edas donde el sector agr\u00edcola consagrado a la producci\u00f3n de alimentos era dominante sobredeterminando de manera absoluta al conjunto del sistema. El ciclo cl\u00e1sico es el siguiente; la prosperidad agr\u00edcola (1) provoca aumento de poblaci\u00f3n y del aparato estatal y otras estructuras parasitarias (religiosas, etc.), sube la masa de tributos y dem\u00e1s exacciones a los campesinos y la presi\u00f3n alimentaria general de la sociedad. Esto, en condiciones de rigidez t\u00e9cnica a mediano plazo (o de progresos hiper lentos en las t\u00e9cnicas vinculadas al desarrollo agr\u00edcola), termina por causar el agotamiento de los recursos naturales empleados: la productividad de la tierra disminuye lo que exacerba la explotaci\u00f3n de las elites sobre los campesinos y de estos sobre los recursos naturales declinantes lo que agrava la situaci\u00f3n. La fase decadente puede ser anticipada, acelerada o provocada debido a cambios clim\u00e1ticos negativos (que muchas veces no constituyen factores &#8216;ex\u00f3genos&#8217; sino el resultado de manipulaciones depredadoras del ecosistema), guerras internas, invasiones, etc. (2).<\/p>\n<p>En numerosos casos la ca\u00edda productiva al causar penuria alimentaria fragiliza a las clases inferiores haci\u00e9ndolas v\u00edctimas f\u00e1ciles de pestes y otras calamidades sanitarias lo que suele provocar derrumbes demogr\u00e1ficos.<\/p>\n<p>La escasez de alimentos causa el aumento de sus precios (del que solo se benefician unos pocos acaparadores). Se trata en suma de una combinaci\u00f3n explosiva de alza general de precios y ca\u00edda de la producci\u00f3n. A largo o mediano plazo la cat\u00e1strofe elimina poblaci\u00f3n campesina y libera recursos (tierra cultivable) lo que permite recomenzar el ciclo m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Este sistema empieza a ser superado en Occidente a partir del desarrollo primero t\u00edmido y luego arrollador de la modernidad industrial.<\/p>\n<p>c. Capitalismo industrial<\/p>\n<p>Desde comienzos del siglo XVIII se inicia una era de ascenso de la civilizaci\u00f3n burguesa y su base colonial que llega al punto de dominio planetario m\u00e1ximo hacia el a\u00f1o 1900. El crecimiento econ\u00f3mico, salpicado por numerosas turbulencias, algunas con estancamientos o depresiones de duraci\u00f3n variable, se prolonga hasta la actualidad. Y hacia finales del siglo XX, importantes rupturas anticapitalistas (en primer lugar la Revoluci\u00f3n Rusa) hab\u00edan sido reabsorbidas por el sistema. Sin embargo es necesario profundizar el an\u00e1lisis.<\/p>\n<p>Una primera distinci\u00f3n debe hacerse entre las viejas crisis de subproducci\u00f3n que todav\u00eda se sucedieron en el siglo XVIII y las crisis de sobreproducci\u00f3n no muy prolongadas, pero c\u00edclicas, propias del capitalismo industrial ascendente. Estas \u00faltimas aparecen como crisis de sobreoferta general de mercanc\u00edas (o demanda insuficiente relativa) combinada con la baja de la tasa de ganancia. Los capitalistas ingresan en una din\u00e1mica donde compiten unos con otros al mismo tiempo que frenan la participaci\u00f3n de los asalariados en los beneficios obtenidos por el incremento de su productividad (gracias al flujo incesante de innovaciones t\u00e9cnicas). Cada vez necesitan invertir m\u00e1s para sostener sus ganancias (decrece la tasa de beneficio) y el grueso de la poblaci\u00f3n afectada por la concentraci\u00f3n de ingresos tiene crecientes dificultades para comprar la masa de productos ofrecidos por el sistema econ\u00f3mico.\u00a0 La crisis de sobreproducci\u00f3n aparece como consecuencia de diversos factores: la sobreacumulaci\u00f3n de capitales que engendra una capacidad de oferta que desborda a la demanda, el subconsumo relativo vinculado a lo anterior, el desorden productivo y econ\u00f3mico en general y la declinaci\u00f3n de la rentabilidad de las actividades productivas. La evoluci\u00f3n negativa puede ser desacelerada o bloqueada gracias a ciertas iniciativas estatales (reducciones fiscales, compras p\u00fablicas a precios artificialmente altos, etc.), una mayor explotaci\u00f3n de la periferia, y eludida por algunos capitalistas a trav\u00e9s del canibalismo financiero, as\u00ed como el subconsumo relativo puede ser paliado por medio de cr\u00e9ditos, presiones consumistas, etc. Pero finalmente el peso de las grandes tendencias termina por imponerse provocando la crisis y con ella\u00a0 deflaci\u00f3n, desocupaci\u00f3n, cierre de empresas, etc. Hasta que el desastre produzca una baja decisiva en los salarios y vac\u00edos significativos de oferta, entonces la inversi\u00f3n productiva encuentra espacios de alta rentabilidad, puede incrementar el empleo de\u00a0 asalariados (baratos) y vender a mercados vacantes; el ciclo econ\u00f3mico recomienza.\u00a0 Aunque como lo demostraron Marx y Engels al describir las crisis del siglo XIX y su reproducci\u00f3n futura, no se trata de simples repeticiones sino de una sucesi\u00f3n de ciclos cada vez mas degradados. Ello solo puede ser entendido desde una visi\u00f3n hist\u00f3rica, superando las modelizaciones ahist\u00f3ricas de la teor\u00eda econ\u00f3mica. Como se\u00f1ala Marx: &#8216;Hasta 1825&#8230; se puede decir que las necesidades del consumo\u00a0 general marchaban m\u00e1s r\u00e1pido que la producci\u00f3n, y que el desarrollo del maquinismo era la consecuencia forzosa de las necesidades del mercado&#8230; (en Inglaterra) la industria acababa de salir de su infancia, como lo prueba el hecho de que\u00a0 es solo con la crisis de 1825 que ella inaugura el ciclo peri\u00f3dico de la vida moderna. Y fue solo en 1830 que se produjo una crisis realmente caracter\u00edstica (de sobreproducci\u00f3n)&#8217; (Marx-Engels, 1978).<\/p>\n<p>Se abri\u00f3 entonces un per\u00edodo de crisis decenales de crecimiento\u00a0 que marcaron el ascenso del capitalismo industrial ingl\u00e9s, pero en 1870 Engels afirmaba que por lo menos para la vieja Inglaterra\u00a0 esas regularidades pertenec\u00edan\u00a0 al pasado: &#8216;La supresi\u00f3n del monopolio ingl\u00e9s sobre el mercado mundial y los nuevos medios de comunicaci\u00f3n han contribuido a liquidar los ciclos decenales\u00a0 de la crisis industrial&#8217; pronosticando desde entonces la tendencia hacia un acortamiento del ciclo hasta llegar asint\u00f3ticamente a una crisis cr\u00f3nica, una supercrisis muy probablemente acompa\u00f1ada\u00a0 por guerras, anticipando el desastre de 1914-18 (ibid). Pero antes de ese momento el capitalismo exacerb\u00f3 su presi\u00f3n expoliadora, engendrando deformaciones parasitarias-financieras que fueron extendiendo su dominaci\u00f3n al conjunto del sistema, incluido el Estado, abriendo la era del imperialismo contempor\u00e1neo, que Bujarin definir\u00e1 mas tarde como &#8216;la pol\u00edtica del capital financiero&#8217; (Bujarin, 1971) , expresi\u00f3n seg\u00fan Lenin de la &#8216;degeneraci\u00f3n del capitalismo&#8217; correspondiente a su etapa hist\u00f3rica de descomposici\u00f3n parasitaria (Lenin, 1960). Obviamente ninguno de ellos estableci\u00f3 plazos precisos aunque su optimismo los llevaba frecuentemente como es l\u00f3gico a inclinarse por una aceleraci\u00f3n de los tiempos.<\/p>\n<p>Podemos entonces describir la trayectoria de las crisis en Occidente a lo largo del siglo XIX partiendo de &#8216;crisis mixtas&#8217; , muy al comienzo, donde se mezclaron fen\u00f3menos propios de las viejas crisis de escasez o subproducci\u00f3n, correspondientes a las econom\u00edas con predominio agrario, con las nuevas crisis de sobreproducci\u00f3n inscriptas en la era industrial, pasando por las crisis de sobreproducci\u00f3n &#8216;cl\u00e1sicas&#8217; descriptas por Marx, sus repeticiones decenales, hasta llegar hacia fines de ese siglo a la emergencia dominante del capital financiero. Todo ese largo periodo se inscribe en una ola m\u00e1s extendida que arranca a comienzos del siglo XVIII marcada por la expansi\u00f3n imperial de Occidente. Es una tercera arremetida depredadora luego de las cruzadas al iniciarse el milenio y las conquistas coloniales de los siglos XV y XVI.<\/p>\n<p>d. Capitalismo drogado<\/p>\n<p>Desde fines del siglo XIX se abre la era de las crisis del &#8216;capitalismo drogado&#8217;, del imperialismo contempor\u00e1neo , &#8216;reacci\u00f3n de la forma capitalista ante su envejecimiento&#8230; tentativa destinada a sostener y acelerar de manera artificial el proceso productivo&#8217; (Roger Dangeville en Marx-Engels, op. cit.). Dichas turbulencias se suceder\u00e1n a lo largo del siglo XX.<\/p>\n<p>La primera de ellas fue la super crisis de sobreproducci\u00f3n que deriv\u00f3 en la Primera Guerra Mundial de la que emergi\u00f3 una civilizaci\u00f3n burguesa amputada por la Revoluci\u00f3n Rusa.<\/p>\n<p>La segunda fue la de 1929 y su secuela depresiva llegando a la tercera, la Segunda Guerra Mundial, desde donde el capitalismo global sali\u00f3 con decisivos retrocesos territoriales que continuaron hasta fines de los a\u00f1os 1970: la p\u00e9rdida de Europa del Este, de China de 1949, en 1959 Cuba hasta llegar a Vietnam a mediados de los 70&#8230;\u00a0\u00a0 vinculada a una ola tricontinental, perif\u00e9rica, de revoluciones antiimperialistas amenazando desplazar al capitalismo como sistema mundial.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed nos encontramos con un capitalismo caracterizado por una abrumadora intervenci\u00f3n del Estado, la extensi\u00f3n de grandes burocracias p\u00fablicas, la instalaci\u00f3n de la industria militar y los aparatos institucionales correspondientes como muleta decisiva del sistema, la hipertrofia de producciones de bienes suntuarios y de consumos artificiales, el sostenimiento estatal de la demanda (subvenciones al consumo, gastos de prestigio, obras p\u00fablicas, gastos militares&#8230;), el manejo voluntarista del cr\u00e9dito.<\/p>\n<p>Esa fase despeg\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XIX con una avalancha militarista ligada a las grandes empresas\u00a0 del sector y sus tramas financieras, fen\u00f3meno que destac\u00f3 Engels hacia el final de su vida (Marx-Engels, op.cit.) y que hizo eclosi\u00f3n en la guerra de 1914-18. Sigui\u00f3 con los fascismos en los a\u00f1os 1920 y 1930, pero tambi\u00e9n con el New Deal en Estados Unidos&#8230; y la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de 1945 se consolid\u00f3 como mega parche keynesiano que estabiliz\u00f3 a Occidente, permiti\u00e9ndole integrar a sus clases bajas y asegurar algo m\u00e1s de dos d\u00e9cadas de crecimiento sostenido.<\/p>\n<p>Puede resultar \u00fatil destacar cuatro fen\u00f3menos que bajo diversos envoltorios ideol\u00f3gicos y pol\u00edticos atravesaron el per\u00edodo (entre fines del siglo XIX y comienzos de los a\u00f1os 1970).<\/p>\n<p>Primero, la idea de que las crisis capitalistas pod\u00edan ser domesticadas e incluso anuladas gracias a la aplicaci\u00f3n de dosis variables de voluntarismo estatal. Fue una convicci\u00f3n fuerte en los delirios fascistas pero tambi\u00e9n lo fue despu\u00e9s de 1945 durante la prosperidad keynesiana. La crisis iniciada a fines de los 1960 y que estall\u00f3 incontrolable hacia 1973-74 aplast\u00f3 dicha ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Segundo, el ascenso del capital financiero como centro dominante del mundo burgu\u00e9s hasta llegar a la hegemon\u00eda absoluta desde finales de los a\u00f1os 1970. En su origen el fen\u00f3meno fue descripto entre otros por Hilferding, Lenin, Bujarin, pero en dicha \u00e9poca y hasta mucho despu\u00e9s (por lo menos hasta los a\u00f1os 1960) esa dominaci\u00f3n econ\u00f3mica creciente debi\u00f3 coexistir con la hegemon\u00eda cultural del productivismo, la legitimidad burguesa se encarnaba en la figura de la empresa productiva sus gerentes e ingenieros industriales. Todo cambi\u00f3 con la llegada del neoliberalismo, los ingenieros industriales fueron opacados por el ascenso de los ingenieros financieros, los capitalistas innovadores productivos fueron desplazados del altar de la cultura burguesa por los especuladores financieros, los Henri Ford por los George Soros. La dominaci\u00f3n financiera discreta devino hegemon\u00eda civilizacional del parasitismo.<\/p>\n<p>Tercero, la persistencia y expansi\u00f3n permanente en el largo plazo de los complejos econ\u00f3mico-militares (industrias, sistemas de espionaje, burocracias militares, camarillas pol\u00edticas y financieras, etc.). La expectativa de su reducci\u00f3n luego de la primera guerra mundial fue r\u00e1pidamente descartada, lo mismo sucedi\u00f3 despu\u00e9s de 1945 y del fin de la guerra fr\u00eda.<\/p>\n<p>Cuarto, la combinaci\u00f3n perversa del retroceso territorial del capitalismo (entre la primera guerra mundial y fines de los a\u00f1os 1970) con la reproducci\u00f3n de su hegemon\u00eda cultural planetaria. Las rupturas anticapitalistas de esa \u00e9poca\u00a0 fueron desde el punto de vista ideol\u00f3gico rupturas a medias, h\u00edbridos culturales, prisioneras de los mitos de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica occidental (subestimando su peso cultural capitalista), de la eficacia del nuevo estado burgu\u00e9s del siglo XX, del capitalismo de estado, de la planificaci\u00f3n\u00a0\u00a0 autoritaria, de las formas militarizadas de organizaci\u00f3n, del modelo de consumo occidental, de la ideolog\u00eda del progreso. La tragedia de ese per\u00edodo fue protagonizada por tentativas heroicas de construcci\u00f3n de un mundo nuevo, socialista, que chocaban con gigantescas barreras civilizacionales que les imped\u00edan desarrollar plenamente una cultura superadora del desarrollo y del subdesarrollo burgu\u00e9s. Lo que di\u00f3 lugar a degeneraciones monstruosas como la del stalinismo cuyo tel\u00f3n de fondo fue el fracaso de la Revoluci\u00f3n Rusa, deglutida por el aparato burocratico herencia del pasado zarista (forma espec\u00edfica del capitalismo perif\u00e9rico, subdesarrollado) pero recompuesto al consolidarse la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, modernizado seg\u00fan las t\u00e9cnicas autoritarias (occidentales) m\u00e1s avanzadas de la \u00e9poca (3).<\/p>\n<p>Con las revoluciones y reformas nacionalistas de la periferia a medio camino entre la imitaci\u00f3n de los \u00e9xitos idealizados de las transformaciones keynesianas en los pa\u00edses centrales y los h\u00edbridos socialistas (en primer lugar la URSS) el resultado fue similar.<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, el retroceso del capitalismo mundial fue compensado, amortiguado por un reaseguro, una reserva descomunal de poder, nutrida por la superacumulaci\u00f3n hist\u00f3rica de riquezas y de desarrollo cultural, lo que le permiti\u00f3 bloquear las rupturas perif\u00e9ricas (anticapitalistas y nacionalistas) y tambi\u00e9n las que\u00a0 emergieron en su propio seno. Pero la declinaci\u00f3n sigui\u00f3 su curso, atravesando crisis de distinta envergadura, prosiguiendo la mutaci\u00f3n parasitaria del sistema.<\/p>\n<p>3. La crisis actual<\/p>\n<p>La \u00faltima gran ola de prosperidad del capitalismo condujo hacia fines de los a\u00f1os 1960 a una acumulaci\u00f3n de desequilibrios que fueron forjando las condiciones de una crisis general de sobreproducci\u00f3n. Como en otras ocasiones la misma no se restring\u00eda a la esfera econ\u00f3mica sino que abarcaba al conjunto de la reproducci\u00f3n social, mientras emerg\u00edan las tensiones monetarias, los desajustes comerciales, las aventuras militaristas (Vietnam), estallaron hacia 1968 inesperadas rupturas pol\u00edticas en los pa\u00edses centrales. Europa se vio sacudida por una serie de rebeliones que establecieron un corte cultural profundo que marcaba el fin del optimismo burgu\u00e9s, del renacimiento de las ilusiones del progreso indefinido.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 luego la crisis monetaria de 1971 y finalmente la estampida de precios del petr\u00f3leo de 1973-74. Esta \u00faltima fue el detonador de la crisis mundial. Que no se expreso bajo el aspecto deflacionista convencional sino como una combinaci\u00f3n novedosa de estancamiento (hasta llegar a la recesi\u00f3n) e inflaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La otra &#8216;novedad&#8217; fue la naturaleza del &#8216;detonador &#8216;, el alza del precio del petr\u00f3leo, llev\u00f3 en ese momento a Le Roy Ladurie a se\u00f1alar que no se trataba de una tradicional crisis de sobreproducci\u00f3n sino de una &#8216;crisis mixta&#8217;: de sobreproducci\u00f3n, principalmente industrial, y de subproducci\u00f3n, de escasez de materia prima energ\u00e9tica (Le Roy Ladurie, op.cit). Mandel respondi\u00f3 acertadamente a este tipo de argumentaciones\u00a0 se\u00f1alando que no era la primera vez que la escasez de una materia prima cumpl\u00eda esa funci\u00f3n; por ejemplo la crisis de 1866 fue provocada por la penuria de algod\u00f3n debida a la guerra de secesi\u00f3n en Estados Unidos (Mandel E., op. cit). Evidentemente no es el tipo de detonador lo que define la din\u00e1mica de la crisis aunque no se trat\u00f3 de un factor coyuntural, de una penuria acccidental o reversible en el marco hist\u00f3rico capitalista sino de un fen\u00f3meno que desde comienzos de los a\u00f1os 1970 fue emergiendo de manera irresitible como parte de un proceso m\u00e1s amplio de destrucci\u00f3n de recursos naturales. Esta subestimaci\u00f3n permiti\u00f3 a Mandel explicar dicha crisis sin apartarse del esquema marxista convencional dejando de lado una evaluaci\u00f3n civilizacional de mayor alcance. La escasez de materia prima energ\u00e9tica (petroleo), pudo ser paliada e incluso revertida a mediano plazo (ahorros de energ\u00eda, sustituciones parciales) pero termin\u00f3 por imponerse en el largo plazo.<\/p>\n<p>No se trataba del retorno al mundo de comienzos del siglo XIX sino de una fen\u00f3meno a la vez &#8216;nuevo&#8217; (desde el punto de vista del capitalismo) pero que enlazaba inesperadamente con crisis antiguas, civilizatorias muchas de ellas.<\/p>\n<p>Estados Unidos, hab\u00eda llegado a comienzos de los a\u00f1os 1970 al cenit de su producci\u00f3n de petr\u00f3leo a partir de all\u00ed la misma descendi\u00f3 de manera irresistible. Pero fue a mediados de los 1980 cuando la tendencia se aceler\u00f3; entre 1986 y 2004 la extracci\u00f3n cay\u00f3 cerca de un 40 %. Uno de cada cuatro barriles de petr\u00f3leo vendidos en el mercado internacional es a comienzos de 2005 comprado por Estados Unidos que representa solo el 9 % de la producci\u00f3n mundial de petr\u00f3leo, aunque consume el 25 % de la misma. A ello se agrega la Uni\u00f3n Europea que importa el 80 % del petr\u00f3leo que consume, mientras Jap\u00f3n compra al exterior casi el 100 % de su consumo. Si sumamos a las tres potencias tendremos el 12% de la producci\u00f3n\u00a0 mundial pero el 50 % del consumo y el 62% de las importaciones internacionales (Beinstein J., 2004).<\/p>\n<p>La declinaci\u00f3n petrolera estadounidense fue pronosticada por King Hubbert en los a\u00f1os 1950\u00a0 por medio de un modelo matem\u00e1tico que fue luego aplicado por destacados expertos a la producci\u00f3n global llegando a la conclusi\u00f3n de que el planeta alcanzar\u00eda el punto de m\u00e1xima producci\u00f3n de petr\u00f3leo entre 2008 y 2012, sin embargo nuevas evaluaciones han llevado a muchos de ellos a aproximar la fecha a 2007 e incluso a 2006.<\/p>\n<p>Actualmente a la presi\u00f3n sobre los recursos ejercida por la tres potencias mencionadas se agrega la demanda adicional (en expansi\u00f3n explosiva)\u00a0 de China. El resultado durante 2004 fue una fuerte elevaci\u00f3n del precio del petr\u00f3leo. A esta escasez para el corto-mediano plazo es necesario sumar otras menos cercanas como la de los recursos h\u00eddricos y\u00a0 la de tierras f\u00e9rtiles sobre todo en extendidas \u00e1reas de la periferia donde la aplicaci\u00f3n de tecnolog\u00edas avanzadas va degradando ese recurso natural (por ejemplo, las t\u00e9cnicas de &#8216;siembra directa&#8217; asociadas al empleo de agroqu\u00edmicos depredadores en la producci\u00f3n de soja o ma\u00edz transg\u00e9nicos impuestos por trasnacionales del sector como la firma Monsanto).<\/p>\n<p>Una conclusi\u00f3n te\u00f3rica importante es que el modelo marxista convencional de crisis de sobreproducci\u00f3n es a la vez un instrumento indispensable pero al mismo tiempo insuficiente para comprender la crisis iniciada a fines de los a\u00f1os 1960. Esta crisis mixta de sobreproducci\u00f3n y subproducci\u00f3n (de materias primas debido al agotamiento de recursos naturales) aparece entonces como un resultado muy original de la sucesi\u00f3n de crisis capitalistas de sobreproducci\u00f3n pero con v\u00ednculos, similitudes hist\u00f3ricas con crisis civilizatorias anteriores al capitalismo. Porque de lo que se trata, visto desde el largo plazo, es de un fen\u00f3meno de rigidez t\u00e9cnica (mas bien tecnol\u00f3gica en esta era de fusi\u00f3n entre ciencia e industria) que bloquea cambios en m\u00e9todos de producci\u00f3n esenciales (de productos energ\u00e9ticos y otros) provocando agotamiento de recursos naturales. Dicha rigidez no es\u00a0 un obst\u00e1culo superable en el marco civilizacional existente sino uno de los resultados centrales de una proceso cultural prolongado, de un modo de producci\u00f3n (capitalista en el caso presente) que se instal\u00f3 y consolid\u00f3 en un largo per\u00edodo hist\u00f3rico hasta adquirir dimensi\u00f3n planetaria. Podr\u00eda argumentarse que actuales y futuras revoluciones tecnol\u00f3gicas terminar\u00e1n por solucionar esos problemas, pero esa es una respuesta limitada (prisionera de abstracciones tecnologistas), deben ser considerados\u00a0 los costos y tiempos de reconversi\u00f3n, y su compatibilidad con la l\u00f3gica de la rentabilidad capitalista, presionada como nunca antes por el comportamiento cortoplacista propio de la hegemon\u00eda financiera.<\/p>\n<p>Al desatarse la crisis entre 1968 y 1974, se exacerbaron las tendencias a la concentraci\u00f3n de empresas y de ingresos entre centro y periferia y al interior de ambos subsistemas, lo que produjo crecientes masas de marginales acentuando una crisis de sobreproducci\u00f3n (y subconsumo relativo global) que devino cr\u00f3nica, con agravaciones y respiros ef\u00edmeros. La tasa de crecimiento de la econom\u00eda mundial fue decreciendo gradualmente desde entonces bajo el empuje declinante de los pa\u00edses centrales. El estancamiento japon\u00e9s desde comienzos de los 1990 acentu\u00f3 la tendencia, la desaceleraci\u00f3n alemana fue menos pronunciada debido a los beneficios pasajeros de la anexi\u00f3n de Alemania del Este y la depredaci\u00f3n financiera de los ex pa\u00edses socialistas de Europa y la URSS. Y la de Estados Unidos menos a\u00fan, por lo menos hasta ahora (comienzos de 2005), gracias a las sucesivas burbujas especulativas que inflaron su demanda absorbiendo porciones crecientes del ahorro global.<\/p>\n<p>Enfriamiento de la producci\u00f3n y la demanda que engendr\u00f3 un c\u00edrculo vicioso financiero cada vez m\u00e1s ingobernable. Los estados de los pa\u00edses ricos\u00a0 sosteniendo sus demandas internas con subsidios, exenciones fiscales, gastos militares y otros, para lo cual\u00a0 recurren al endeudamiento. Empresas colocando excedentes\u00a0 en esas deudas y en papeles de otras empresas que absorben recursos para invertirlos en sus guerras tecnol\u00f3gicas y comerciales cada vez m\u00e1s costosas. Lo cual crea nuevos excedentes orientados tambi\u00e9n hacia la rapi\u00f1a en la periferia y finalmente hacia negocios ilegales, lo que a su vez genera m\u00e1s excedentes. Burbujas financieras que estallan o se desinflan una tras otra para\u00a0 reconstituirse en pa\u00edses y rubros variables. La crisis financiera japonesa de comienzos de los 1990, seguida poco despu\u00e9s por la de M\u00e9xico, en 1997 por Asia del Este, Rusia en 1998, hasta llegar al desinfle de la superburbuja burs\u00e1til en Estados Unidos a comienzos del milenio actual sucedida en ese mismo pa\u00eds por una nueva burbuja especulativa mucho m\u00e1s grande que la anterior combinada con\u00a0 un desborde militarista. Que precipita a la superpotencia a la sobre-extensi\u00f3n estrat\u00e9gica: obligada por su l\u00f3gica imperial a ampliar su despilfarro militar con consecuencias desastrosas para sus finanzas p\u00fablicas.<\/p>\n<p>Un concepto muy \u00fatil para describir este panorama es el de &#8216;capitalismo senil&#8217; que puede ser asociado a visiones parecidas correspondientes a otras crisis de civilizaci\u00f3n. Por ejemplo San Cipriano a mediados del siglo III se refiri\u00f3 al envejecimiento del mundo romano como causa de su decadencia (Fernandez Urbi\u00f1a J., op. Cit.). Hacia finales de los a\u00f1os 1970 Roger Dangeville de manera pionera instal\u00f3 el concepto anticipando as\u00ed el desarrollo futuro de la crisis que entonces comenzaba (Marx-Engels. op. cit.).<\/p>\n<p>Para Dangueville se estaba iniciando un proceso de crisis de sobreproducci\u00f3n cr\u00f3nica, con estallidos controlados, sin los derrumbes espectaculares de la grandes crisis capitalistas anteriores (por lo menos en un primer y largo recorrido). Pero sin las recuperaciones vigorosas que por ejemplo se sucedieron en el siglo XIX (secuencia de &#8216;crisis de crecimiento&#8217;), por el contrario cada turbulencia importante en la era del &#8216;capitalismo senil&#8217; (entendida como una \u00fanica super crisis, cr\u00f3nica, de larga duraci\u00f3n) no es sucedida por una nueva expansi\u00f3n durable sino por supervivencias plagadas de deterioros, de p\u00e9rdidas de vitalidad.<\/p>\n<p>Es posible se\u00f1alar indicadores evidentes de la senilidad del mundo burgu\u00e9s, entre otros: primero, la tendencia de largo plazo, persistente (m\u00e1s de tres d\u00e9cadas hasta hoy) a la desaceleraci\u00f3n del crecimiento econ\u00f3mico global. Todos lo &#8216;milagros&#8217; anteriores que promet\u00edan contrarrestar esa tenencia se esfumaron uno tras otro (Jap\u00f3n hacia 1990, los tigres asi\u00e1ticos en 1997), y el actual, China, esta tan atado como sus antecesores a los avatares de la euforia parasitario-consumista de Estados Unidos lo que no le augura un porvenir brillante. La p\u00e9rdida de dinamismo aparece como un fen\u00f3meno irresistible.<\/p>\n<p>Segundo, la hipertofia (hegem\u00f3nica) financiera global, el parasitismo ya ha hecho met\u00e1stasis invadiendo (controlando) a la totalidad del sistema mundial.<\/p>\n<p>Tercero, la evidencia de rendimientos productivos decrecientes de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica que sometida a la din\u00e1mica del capitalismo parasitario se va convirtiendo en un factor de destrucci\u00f3n neta de fuerzas productivas. Ya cit\u00e9 el caso de los transg\u00e9nicos, podr\u00edamos agregar el de la pareja inform\u00e1tica-financierizaci\u00f3n destructora masiva de empleos, de econom\u00edas nacionales en la periferia.<\/p>\n<p>Cuarto, la decadencia del estado burgu\u00e9s, pieza maestra de la civilizaci\u00f3n burguesa. Que se expresa en el desquicio estatal de buena parte de la periferia, la podredumbre institucional norteamericana, la creciente crisis de representatividad-legitimidad en los estados de la Uni\u00f3n Europea, etc. Los neoliberales de los\u00a0 1990 sol\u00edan alegrarse ante ese hecho, muchos de ellos vaticinaban la emergencia de una suerte de &#8216;autoridad global transnacional&#8217; (amalgama de FMI, Banco Mundial, OMC, Naciones Unidas&#8230;). Fue una fantas\u00eda ef\u00edmera, la profundizaci\u00f3n de la crisis ha degradado y desacreditado a esas organizaciones, las necesidades imperiales de Estados Unidos (empleando brutales iniciativas militares y financieras) contribuy\u00f3 decisivamente a ello.<\/p>\n<p>Quinto, la ultraprivatizaci\u00f3n de la riqueza que se manifiesta como desprecio de la burgues\u00eda imperial (pero tambi\u00e9n de las perif\u00e9ricas) hacia la funci\u00f3n p\u00fablica. Es decir el desinter\u00e9s de las clases dominantes por la integraci\u00f3n de las clases inferiores a trav\u00e9s del Estado. El apartheid social es una de sus consecuencias.<\/p>\n<p>Sexto, la desintegraci\u00f3n social, marginalizaci\u00f3n en ascenso de grandes masas humanas.<\/p>\n<p>S\u00e9ptimo, vinculado a lo anterior, la subutilizaci\u00f3n y destrucci\u00f3n a escala global de fuerzas productivas (en el sentido amplio del t\u00e9rmino).<\/p>\n<p>Octavo, la inutilidad pr\u00e1ctica creciente de los sofisticados y car\u00edsimos aparatos militares, cuyo gigantismo apabullante se contrapone a su incapacidad para ganar guerras coloniales como la de Irak.<\/p>\n<p>Es necesario constatar que la larga crisis actual motorizada por una sobredosis de parasitismo financiero, sin reconversiones productivas a la vista, desintegrando de manera permanente grandes masas de poblaci\u00f3n, apuntando hacia el agotamiento de recursos naturales; ha quebrado numerosas rutinas caracter\u00edsticas del viejo capitalismo. Entre ellas la repetici\u00f3n de grandes ciclos de depresi\u00f3n-expansi\u00f3n como las ondas largas de Kondratieff. Hacia el final del siglo XIX Engels sosten\u00eda que los ciclos decenales que hab\u00edan atravesado a la econom\u00eda inglesa empezaban a formar parte del pasado (Marx-Engels, op. cit.), ahora la experiencia reciente nos muestra que la din\u00e1mica de los ciclos de Kondratieff de aproximadamente cincuenta a\u00f1os (un cuarto de siglo de ascenso y un cuarto de siglo de descenso) a partir de la la &#8216;crisis&#8217; del cambio de fase (1968-74) se convirti\u00f3 desde hace m\u00e1s de tres d\u00e9cadas en &#8216;crisis cr\u00f3nica&#8217; (pronto cumplir\u00e1 cuarenta a\u00f1os de edad). Su duraci\u00f3n supera ampliamente a todas las declinaciones capitalistas anteriores (siglos XIX y XX) y cualquier evaluaci\u00f3n m\u00ednimamente rigurosa concluir\u00eda con el pron\u00f3stico de que esta ola descendente durar\u00e1 f\u00e1cilmente m\u00e1s de medio siglo equivalente a m\u00e1s de un ciclo completo de Kondratieff (con su ascenso y su descenso). Quienes (neoliberales, neokeynesianos, etc.) desde fines de los a\u00f1os 1990 esperan confiados el &#8216;inminente&#8217; recomienzo de una nueva era de prosperidad capitalista deber\u00e1n transformar su impaciencia en resignaci\u00f3n. El mundo ha cambiado. La profundidad de la decadencia no admite nuevos parches (keynesianos u otros), si admitir\u00e1 cada vez m\u00e1s cambios revolucionarios integrales, tentativas de abolici\u00f3n (superaci\u00f3n) del marco civilizacional actual, de la civilizaci\u00f3n burguesa que luego de su recorrido milenario y de haber llegado a la hegemon\u00eda planetaria\u00a0 ha devenido antag\u00f3nica a la grandes fuerzas humanas que ella misma desat\u00f3. El postcapitalismo aparece ahora, mucho m\u00e1s que a comienzos del siglo XX (cuando comenz\u00f3 la primera etapa de la\u00a0 decadencia del sistema) como una necesidad profunda del g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<p>(1) La prosperidad agr\u00edcola pod\u00eda eventualmente ser el resultado de la recuperaci\u00f3n de una crisis anterior, de la incorporaci\u00f3n de nuevas tierras f\u00e9rtiles, la realizaci\u00f3n de grandes obras de regad\u00edo y en ciertos casos impulsadas por rapi\u00f1as a otras poblaciones\u00a0 bajo la forma de tributos, trabajo esclavo, etc.<\/p>\n<p>(2) La fase descendente pod\u00eda ser frenada por la obtenci\u00f3n de riquezas provenientes de rapi\u00f1as externas o bien por la introducci\u00f3n de mejoras t\u00e9cnicas.<\/p>\n<p>(3) El ascenso de Stalin al poder debe ser interpretado no como la victoria del &#8216;atraso asi\u00e1tico&#8217; sino como la reinstalaci\u00f3n de formas desp\u00f3ticas de modernizaci\u00f3n, siguiendo y radicalizando modelos organizativos autoritarios provenientes de Occidente y reconectando con la trayectoria trazada por los \u201cmodernizadores\u201d Ivan el Terrible y Pedro el Grande.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>&#8211; Beinstein Jorge; &#8216;Estados Unidos en el centro de la crisis mundial&#8217;, Enfoques Alternativos n\u00ba 27, Buenos Aires, noviembre 2004.<\/p>\n<p>&#8211; Bujarin Nicolai I., &#8216;El imperialismo y la econom\u00eda mundial&#8217;, Cuadernos de Pasado y Presente, C\u00f3rdoba, Argentina, 1971.<\/p>\n<p>&#8211; Chaunu Pierre, &#8216;Histoire et d\u00e9cadence&#8217;, Perrin, Paris, 1981.<\/p>\n<p>&#8211; Duclos Denis, &#8216;\u00c9trange ressemblance avec la fin de l&#8217;empire romain. La cosmocratie, nouvelle classe plan\u00e9taire&#8217;. Le Monde Diplomatique, Par\u00eds, Ao\u00fbt, 1997.<\/p>\n<p>&#8211; Fernandez Urbi\u00f1a J., &#8216;La crisis del siglo III y el fin del mundo antiguo&#8217;, Akal\/Universitaria, Madrid, 1982.<\/p>\n<p>&#8211; Fukuyama Francis, &#8216;El fin de la historia?&#8217;, Doxa n\u00ba1, Buenos Aires, 1990.<\/p>\n<p>&#8211; Gimpel Jean, &#8216;La revolution industrielle au Moyen Age&#8217;, Seuil, 1985.<\/p>\n<p>&#8211; Godin Thierry, &#8216;Les m\u00e9tamorphoses du futur&#8217;, Econ\u00f3mica, Paris, 1988.<\/p>\n<p>&#8211; Hobsbawm E. J.; &#8216;La crisis del siglo XVII&#8217; en &#8216;Crisis en Europa, 1560-1660&#8217;, Compilaci\u00f3n de Trevor Aston, Alianza Universidad, Madrid, 1983.<\/p>\n<p>&#8211; Lenin V. I., &#8216;El imperialismo, fase superior del capitalismo&#8217; en &#8216;Obras Escogidas&#8217;, tomo I, Ediciones en Lenguas Extrangeras, Mosc\u00fa, 1960.<\/p>\n<p>&#8211; Le Roy Ladurie Emmanuel, &#8216;La crise et le historien&#8217; en &#8216;Le Concept de crise&#8217;, Editions du Seuil, Paris. 1976.<\/p>\n<p>&#8211; Mandel Ernest; &#8216;La crise 1974-78&#8217;, Champs-Flamarion, Par\u00eds, 1978.<\/p>\n<p>&#8211; Marchal J.M; &#8216;Expansion et r\u00e9cession. Iniciation aux m\u00e9canismes g\u00e9n\u00e9raux de l&#8217;\u00e9conomie&#8217;, Cujas, Par\u00eds, 1963.<\/p>\n<p>&#8211; Marx-Engels, &#8216;La crise&#8217;, Recopilaci\u00f3n y comentarios de Roger Dangeville, 10\/18- Union G\u00e9n\u00e9rale d&#8217;Editions, Par\u00eds, 1978.<\/p>\n<p>&#8211; Rostovtzeff\u00a0 M. Invanovich, &#8216;Historia social y econ\u00f3mica del Imperio Romano&#8217;, Espasa-Calpe, Madrid, 1973..<\/p>\n<p>&#8211; Trevor-Roper H. R., &#8216;La crisis general del siglo XVII&#8217; en en &#8216;Crisis en Europa, 1560-1660&#8217;, Compilaci\u00f3n de Trevor Aston, Alianza Universidad, Madrid, 1983.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>jorgebeinstein@yahoo.com<\/p>\n<p>1. El concepto<\/p>\n<p>El concepto de crisis es extremadamente ambiguo, ha tenido m\u00faltiples usos, muchas veces contradictorios. A lo largo del siglo XX ha gozado de per\u00edodos de enorme popularidad en contraste con otros donde su existencia futura, como fen\u00f3meno social de amplitud y duraci\u00f3n significativas, era casi descartada. As\u00ed ocurri\u00f3 hacia finales de la era keynesiana, en los lejanos a\u00f1os 1960 y a\u00fan muy al comienzo de los 1970, en esa \u00e9poca el mito del estado burgu\u00e9s regulador, domesticador de los ciclos econ\u00f3micos, hac\u00eda que un economista prestigioso en esa \u00e9poca como Marchal se\u00f1alara en 1963 que &#8216;en el estado actual de los conocimientos y de las ideas, una crisis prolongada ser\u00eda imposible&#8217; (Marchal J. M, 1963). Mientras que el premio Nobel de econom\u00eda Paul Samuelson afirmaba poco antes de la crisis de 1973-74: &#8216;El National Bureau of Economics Research\u00a0 ha trabajado tan bien que de hecho ha eliminado una de sus propias tareas principales, a saber: las fluctuaciones c\u00edclicas&#8217;\u00a0 agregando que &#8216;Gracias al empleo apropiado de pol\u00edticas monetarias y fiscales, nuestro sistema de econom\u00eda mixta puede evitar los excesos de los booms y de las depresiones y desarrollar un crecimiento sano y sostenido&#8217; (Mandel E., 1978).<\/p>\n<p>Pero antes de la primera guerra mundial en plena hegemon\u00eda del liberalismo y de la ideolog\u00eda del progreso (que muchos supon\u00edan indefinido) tambi\u00e9n era subestimada la idea de crisis, arrojada\u00a0\u00a0 al museo de antig\u00fcedades anarquistas y marxistas catastrofistas.\u00a0 Pero el para\u00edso se derrumb\u00f3 en 1914.<\/p>\n<p>Y m\u00e1s recientemente en los a\u00f1os 1990, sobre todo en el segundo lustro, en pleno delirio burs\u00e1til, la prosperidad de Estados Unidos\u00a0 sol\u00eda ser presentada como el modelo del futuro, la matriz de un capitalismo que finalmente hab\u00eda logrado desatar una din\u00e1mica de crecimiento imparable durante un largu\u00edsimo per\u00edodo. Se nos explicaba que la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica hacia subir los ingresos y en consecuencia la demanda, incitando a m\u00e1s revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica, aumentando la productividad laboral y generando nuevos ingresos, etc. etc. Pero el c\u00edrculo virtuoso de las tecnolog\u00edas de punta ocultaba al circulo vicioso de la especulaci\u00f3n financiera que termin\u00f3 por pudrir completamente a la mega fortaleza del capitalismo global. Ese frenes\u00ed neoliberal de los 90 fue bendecido en sus comienzos por personajes como Francis Fukuyama quien nos informaba que est\u00e1bamos entrando no solo en una era sin crisis significativas sino en el mism\u00edsimo &#8216;fin de la historia&#8217; (Fukuyama F, 1990).<\/p>\n<p>Como es sabido el origen del concepto de crisis es muy remoto, si nos restringimos a la historia de Occidente suele ser situado en la Grecia Antigua, lo emple\u00f3 Tuc\u00eddides en &#8216;La guerra del Peloponeso&#8217; para se\u00f1alar el momento de decisi\u00f3n en la batalla pero tambi\u00e9n la evoluci\u00f3n de la peste en Atenas atravesando ciertos puntos de inflexi\u00f3n, y por supuesto Hip\u00f3crates, anclando el tema en la medicina donde estuvo instalado con casi exclusividad durante muchos siglos en los que apareci\u00f3 t\u00edmidamente en algunas reflexiones sobre acontecimiento sociales.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-196","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-materiales-para-la-refundacion-comunista"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/196","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=196"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/196\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=196"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=196"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=196"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}