{"id":19624,"date":"2026-04-17T05:00:55","date_gmt":"2026-04-17T04:00:55","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=19624"},"modified":"2026-04-17T01:22:32","modified_gmt":"2026-04-17T00:22:32","slug":"la-lucha-de-clases-y-la-catastrofe-climatica-en-el-sahel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=19624","title":{"rendered":"La lucha de clases y la cat\u00e1strofe clim\u00e1tica en el Sahel"},"content":{"rendered":"<p><strong>En el Sahel, los crecientes conflictos que tienen su origen en la lucha de clases, son moldeados por la explotaci\u00f3n imperialista y agravados por la cat\u00e1strofe clim\u00e1tica.<\/strong><\/p>\n<div class=\"single-post--content--grid single-post--content--grid--wide\">\n<div id=\"post-contents\" class=\"single-post--content\">\n<section class=\"single-post--content--section\">\n<p class=\"single-post--content--text-small\">Las im\u00e1genes de este dossier, fotografiadas en 2025 por Pedro Stropasolas y editadas por el departamento de arte del Instituto Tricontinental, retratan a integrantes de la Asociaci\u00f3n de Mujeres Watinoma en Burkina Faso.<sup>1<\/sup><\/p>\n<p class=\"single-post--content--text-small\">A trav\u00e9s de estas im\u00e1genes, destacamos los esfuerzos colectivos de estas trabajadoras para recuperar y regenerar la tierra, dando testimonio no solo del trabajo cotidiano, sino tambi\u00e9n de la solidaridad, el conocimiento y la esperanza obstinada que lo sostienen.<\/p>\n<hr class=\"single-post--content--separator-narrow\" \/>\n<div class=\"single-post--content--media-block single-post--content--image single-post--content--image-framed single-post--content--image-framed-v\">\n<div id=\"attachment_138845\" class=\"wp-caption alignnone\">\n<figure id=\"attachment_19626\" aria-describedby=\"caption-attachment-19626\" style=\"width: 950px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Women-singing.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-19626\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Women-singing.jpg\" alt=\"\" width=\"950\" height=\"534\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Women-singing.jpg 950w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Women-singing-300x169.jpg 300w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Women-singing-768x432.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-19626\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"font-size: 10pt;\">En Koubri, a unos 40 kil\u00f3metros de Uagadug\u00fa, capital de Burkina Faso, las integrantes de la Asociaci\u00f3n de Mujeres Watinoma comienzan su jornada de trabajo con canto.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Desde la \u00e9poca colonial, los conflictos en \u00c1frica han sido explicados por todas las categor\u00edas imaginables. Antagonismo tribal, odio \u00e9tnico, extremismo religioso, fracasos de gobernanza, presiones demogr\u00e1ficas y escasez de recursos, entre otras, excepto por la que subyace a todas ellas: la clase. Si bien estas categor\u00edas sin duda moldean las contradicciones de \u00c1frica, no pueden explicarse sin un an\u00e1lisis de las relaciones de producci\u00f3n. Cada per\u00edodo de la historia poscolonial de \u00c1frica ha generado nuevas explicaciones que comparten un rasgo com\u00fan: la eliminaci\u00f3n sistem\u00e1tica del modo en que la extracci\u00f3n imperial y la explotaci\u00f3n de clase organizan la violencia y reproducen la inestabilidad.<\/p>\n<p>Muchos sectores, entre ellos algunos dentro de las luchas anticoloniales, han insistido en que las categor\u00edas del an\u00e1lisis de clase y la lucha de clases no se aplican a \u00c1frica porque en el continente no se ha formado una sociedad basada en clases. Hace 50 a\u00f1os, <em>Class Struggles in Tanzania<\/em> [Lucha de clases en Tanzania] de Issa Shivji plante\u00f3 dos argumentos centrales que refutaron esta tesis:<\/p>\n<ol>\n<li>Las relaciones de producci\u00f3n capitalistas en el continente africano han dividido a las poblaciones en clases, reconfigurando otras relaciones sociales, \u00e9tnicas, de parentesco, comunitarias, bajo las presiones de la formaci\u00f3n de clases.<\/li>\n<li>Por lo tanto, la clase como categor\u00eda es anal\u00edticamente necesaria para comprender la realidad africana (Shivji, 2025).<\/li>\n<\/ol>\n<p>En <em>Saviors and Survivors: Darfur, Politics, and the War on Terror<\/em> [Salvadores y sobrevivientes: Darfur, la pol\u00edtica y la guerra contra el terrorismo], Mahmood Mamdani argument\u00f3 que la guerra en Darfur no puede ser comprendida sin considerar la reorganizaci\u00f3n colonial de la tierra y la identidad pol\u00edtica, en particular la divisi\u00f3n entre tribus con tierras reconocidas (<em>dars<\/em>) y aquellas que carec\u00edan de ellas. Demostr\u00f3 c\u00f3mo estas divisiones, combinadas con la desertificaci\u00f3n y la creciente competencia por recursos, exacerbaron las tensiones de clase y la violencia, en particular a medida que la regi\u00f3n del Sahel se volvi\u00f3 cada vez m\u00e1s \u00e1rida (2009).<sup>2<\/sup><\/p>\n<p>Si bien el cambio clim\u00e1tico tiene un papel innegable en las transformaciones de la regi\u00f3n, el \u00abmarco del conflicto clim\u00e1tico\u00bb dominante define sistem\u00e1tica y falsamente, la escasez de recursos provocada por el clima como la ra\u00edz de la violencia y la inestabilidad en el Sahel.<\/p>\n<p>La arquitectura institucional del \u00abmarco del conflicto clim\u00e1tico\u00bb se consolid\u00f3 en la d\u00e9cada de 2010. El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) <em>Livelihood Security: Climate Change, Migration and Conflict in the Sahel<\/em> [Seguridad de los medios de vida: cambio clim\u00e1tico, migraci\u00f3n y conflictos en el Sahel] identific\u00f3 el cambio clim\u00e1tico como un \u00abfactor multiplicador de amenazas\u00bb que impulsaba el conflicto entre agricultorxs y pastorxs, mientras que el debate del Consejo de Seguridad de la ONU de 2018 sobre los riesgos de seguridad relacionados con el cambio clim\u00e1tico lo posicion\u00f3 como una amenaza que requer\u00eda respuesta militar (PNUMA, 2011; Consejo de Seguridad de la ONU, 2018). Este discurso del \u00abnexo clima-seguridad\u00bb emergi\u00f3 durante un per\u00edodo marcado por la crisis financiera mundial de 2008, la destrucci\u00f3n de Libia por parte de la OTAN en 2011 y la posterior militarizaci\u00f3n del Sahel mediante el aumento de la presencia militar de Estados Unidos y Francia, <em>un contexto que el propio marco omite sistem\u00e1ticamente<\/em>.<\/p>\n<p><em>En La lucha de clases y la cat\u00e1strofe clim\u00e1tica en el Sahel<\/em> sostenemos que los conflictos que se intensifican en el Sahel solo pueden comprenderse si se los analiza como enraizados en la lucha de clases, dado que operan dentro de la econom\u00eda pol\u00edtica de la extracci\u00f3n imperialista: la cat\u00e1strofe clim\u00e1tica es un <em>factor acelerador<\/em> que intensifica las contradicciones preexistentes, no su <em>causa ra\u00edz<\/em>. La segunda parte del dossier examina en detalle Mali y Sud\u00e1n como ejemplos de estos cambios en el Sahel.<\/p>\n<hr class=\"single-post--content--separator-section\" \/>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\">\n<h3>Parte I: La desertificaci\u00f3n del Sahel y sus repercusiones pol\u00edticas<\/h3>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\"><strong>La cat\u00e1strofe clim\u00e1tica<\/strong><\/p>\n<p>La palabra \u00e1rabe <em>Sahara<\/em> significa \u00abdesierto\u00bb, es decir, un lugar \u00e1rido con escasas precipitaciones. Sin embargo, esta es una denominaci\u00f3n enga\u00f1osa. Han existido largos per\u00edodos, influenciados por cambios en la \u00f3rbita terrestre y por la insolaci\u00f3n solar, <sup>3<\/sup> en los que el Sahara experiment\u00f3 fases pluviales. Uno de esos per\u00edodos, conocido como el \u00abSahara Verde\u00bb o el \u00abPer\u00edodo H\u00famedo Africano\u00bb, abarc\u00f3 el fin de la \u00faltima Era Glacial y el Holoceno temprano, entre hace 14.800 y 5.500 a\u00f1os, cuando en el Sahara y a lo largo del l\u00edmite sur del Sahel (palabra \u00e1rabe que significa \u00aborilla\u00bb o \u00abcosta\u00bb) exist\u00edan lagos, r\u00edos, pastizales, sabanas y vegetaci\u00f3n densa. En esa \u00e9poca, las sociedades se organizaban en torno al pastoreo comunal (pastoreo m\u00f3vil con acceso compartido al agua y las tierras de pastoreo), adapt\u00e1ndose a las oscilaciones clim\u00e1ticas mediante la coordinaci\u00f3n colectiva de los desplazamientos, en lugar de depender del control privatizado de los recursos (de Menocal et al., 2000: 347-361). Entre los siglos XVI y XVIII, partes de la franja Sahel-Sahara experimentaron nuevamente condiciones h\u00famedas antes de pasar a un largo ciclo de aridez en el siglo XX (Spinage, 2012).<\/p>\n<p>Si bien estos \u00abcambios de r\u00e9gimen clim\u00e1tico\u00bb, como los denominan lxs cient\u00edficxs especializados, tienden a producirse de manera relativamente abrupta, su ritmo en las \u00faltimas d\u00e9cadas se ha acelerado con mucha m\u00e1s rapidez que en cualquier otro per\u00edodo anterior de la historia del planeta. (Foley et al., 2003: 524-532). Seg\u00fan la evaluaci\u00f3n de zonas \u00e1ridas realizada por el Fondo Internacional de Desarrollo Agr\u00edcola de la ONU, en los \u00faltimos 30 a\u00f1os la zona ecol\u00f3gica del Sahel se ha desplazado entre 50 y 200 kil\u00f3metros hacia el sur, provocando importantes p\u00e9rdidas de biodiversidad y tierras cultivables (FIDA, 2024). Aunque generalmente se entiende que el Per\u00edodo H\u00famedo Africano termin\u00f3 \u00abr\u00e1pidamente\u00bb en t\u00e9rminos paleoclim\u00e1ticos, incluso los biomarcadores de cera vegetal de alta resoluci\u00f3n y las reconstrucciones del nivel de los lagos (registros de n\u00facleos sedimentarios de grano fino de las precipitaciones pasadas y los cambios en el balance h\u00eddrico) muestran que la transici\u00f3n principal de condiciones h\u00famedas a \u00e1ridas abarc\u00f3 varios siglos, no d\u00e9cadas. (Collins et al., 2017). \u00abEl pasado\u00bb, como sostiene un art\u00edculo cient\u00edfico, \u00abno es el futuro\u00bb (Claussen et al., 2003; L\u00e9zine et al., 2011).<\/p>\n<p>En el Sahel, el calentamiento antropog\u00e9nico (inducido por la actividad humana) reciente y los consiguientes cambios en las precipitaciones a lo largo de varias d\u00e9cadas se est\u00e1n produciendo a tasas que no tienen precedentes claros en el registro del Holoceno.<sup>4<\/sup> Estudios recientes muestran que el Sahel se ha calentado aproximadamente 1,5 veces m\u00e1s r\u00e1pido que el promedio global en las \u00faltimas d\u00e9cadas, a pesar de contribuir con menos del 1% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (por ejemplo, \u00c1frica represent\u00f3 menos del 3% de las emisiones acumuladas mundiales de CO\u2082 entre 1750 y 2021, mientras que \u00c1frica subsahariana, excluyendo Sud\u00e1frica, contribuy\u00f3 apenas el 0,6%). En contraste, los Estados Unidos continentales, que se calientan a una tasa similar (1,6 veces m\u00e1s r\u00e1pido que el promedio global), son responsables del 25% de las emisiones mundiales (Eboreime et al., 2025; Ritchie, 2023-2025). El sexto informe de evaluaci\u00f3n del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Clim\u00e1tico (IPCC por su sigla en ingl\u00e9s) (2023) confirma con \u00abgran certeza\u00bb que: 1) la temperatura de \u00c1frica ha aumentado con mayor rapidez que la de cualquier otra regi\u00f3n del mundo; 2) el calentamiento continuo acelerar\u00e1 las temperaturas extremas y, lo que es m\u00e1s importante, 3) que \u00abel cambio clim\u00e1tico inducido por el ser humano [ha sido] el factor determinante dominante\u00bb. (2021b).<\/p>\n<p>Estos no son hallazgos nuevos. Un art\u00edculo cient\u00edfico de 2001, por ejemplo, demostr\u00f3 que el Sahel \u00abofrece el ejemplo m\u00e1s llamativo a nivel mundial de variabilidad clim\u00e1tica que se ha medido de manera directa y cuantitativa\u00bb (Hulme, 2021). Entre principios de la d\u00e9cada de 1980 y finales de la de 1990, la regi\u00f3n del Sahel registr\u00f3 un aumento de las precipitaciones y la vegetaci\u00f3n, recuper\u00e1ndose de la severa sequ\u00eda de las dos d\u00e9cadas anteriores. Sin embargo, a partir de 1999, las tendencias al alza se estabilizaron (Chen et al., 2020). Aun cuando estudios anteriores suger\u00edan que las graves sequ\u00edas ocurridas desde finales de la d\u00e9cada de 1960 hasta la de 1980 eran causadas por la deforestaci\u00f3n, lo que sigue siendo una preocupaci\u00f3n vigente, datos y an\u00e1lisis m\u00e1s precisos demuestran que la variabilidad de las precipitaciones en el Sahel obedece al aumento de las temperaturas de la superficie del mar en el Mediterr\u00e1neo, el Atl\u00e1ntico Norte y los oc\u00e9anos tropicales. En otras palabras, esta variabilidad se debe a las tendencias generales de calentamiento antropog\u00e9nico, que son en gran medida el resultado de las emisiones industriales de gases de efecto invernadero de Occidente (Park et al., 2016: 941-945). Los futuros cambios clim\u00e1ticos, incluidos los influenciados por variaciones impulsadas por los oc\u00e9anos, podr\u00edan f\u00e1cilmente revertir o desestabilizar a\u00fan m\u00e1s este fr\u00e1gil equilibrio en el Sahel. <sup>5<\/sup><\/p>\n<p>Los patrones clim\u00e1ticos oscilantes en el Sahel tambi\u00e9n han generado problemas con la capa fre\u00e1tica, avivando conflictos entre distintas comunidades. El an\u00e1lisis estad\u00edstico a largo plazo de los patrones clim\u00e1ticos ha mostrado una fuerte recuperaci\u00f3n tras las sequ\u00edas, seguida de una meseta, lo que indica que no ha habido una recuperaci\u00f3n permanente. Esta meseta tambi\u00e9n se atribuye en gran medida al aumento de la temperatura de la superficie del mar impulsado por las emisiones industriales mundiales, concentradas en el Norte Global (Chen, 2020; Biasutti, 2019; Saley y Salack, 2023; Salack et al., 2018: 1274-1278). Utilizando el \u00cdndice de Precipitaciones del Sahel, derivado de observaciones pluviom\u00e9tricas, estos estudios demuestran que lo que ha cambiado es la <em>naturaleza<\/em> de las precipitaciones. Las lluvias son ahora m\u00e1s intensas pero intermitentes, lo que genera patrones clim\u00e1ticos m\u00e1s extremos, que incluyen tanto inundaciones como sequ\u00edas.<\/p>\n<figure id=\"attachment_19629\" aria-describedby=\"caption-attachment-19629\" style=\"width: 950px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Mother.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-19629\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Mother.jpg\" alt=\"\" width=\"950\" height=\"627\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Mother.jpg 950w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Mother-300x198.jpg 300w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Mother-768x507.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-19629\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Aproximadamente 30 integrantes de la Asociaci\u00f3n de Mujeres Watinoma trabajan una parcela de m\u00e1s de dos hect\u00e1reas, utilizando pr\u00e1cticas agroecol\u00f3gicas para producir alimentos para sus familias, escuelas y mercados locales de la regi\u00f3n de Koubri.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<div class=\"single-post--content--media-block single-post--content--image single-post--content--image-framed single-post--content--image-framed-v\">\n<div id=\"attachment_138864\" class=\"wp-caption alignnone\"><\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\"><strong>La cat\u00e1strofe social y econ\u00f3mica<\/strong><\/p>\n<p>Con temperaturas en el Sahel que aumentan 1,5 veces m\u00e1s r\u00e1pido que el promedio global, la agricultura y el pastoreo atraviesan una situaci\u00f3n de gran tensi\u00f3n (Doblas-Reyes y S\u00f6rensonn et al., 2021). Se ha documentado una fuerte correlaci\u00f3n entre la variabilidad de las precipitaciones en el Sahel y los rendimientos de cultivos de secano b\u00e1sicos como el mijo y el sorgo (Sultan y Gaetani, 2016). Existe s\u00f3lida evidencia cient\u00edfica de que lxs pastorxs del Sahel enfrentan una reducci\u00f3n de la disponibilidad de pastos debido al calentamiento y a las lluvias tard\u00edas. Como consecuencia, se ven obligadxs a migrar distancias m\u00e1s largas, adentr\u00e1ndose con frecuencia en territorios de pastoreo desconocidos. Investigaciones recientes sobre el pastoreo saheliano muestran que el aumento de las temperaturas, las precipitaciones irregulares y la degradaci\u00f3n de la tierra est\u00e1n reduciendo las tierras de pastoreo accesibles y empujando a lxs pastorxs a extender su movilidad estacional.<\/p>\n<p>Un informe de 2025 sobre el clima y los medios de vida pastorales se\u00f1ala que, en el Sahel, la reducci\u00f3n de la disponibilidad de pastos provocada por el calentamiento y las lluvias irregulares est\u00e1 llevando a lxs pastorxs a realizar migraciones m\u00e1s largas a trav\u00e9s de territorios desconocidos en busca de pastos y fuentes de agua cada vez m\u00e1s escasos. Esto reconfigura los calendarios y rutas de trashumancia tradicionales (los corredores consuetudinarios o demarcados utilizados para los desplazamientos estacionales del ganado entre zonas de pastoreo y puntos de agua) (Awazi, 2025: 85). Trabajos previos de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Alimentaci\u00f3n y la Agricultura (FAO por su sigla en ingl\u00e9s) documentaron de manera similar que la reducci\u00f3n de la disponibilidad de pastos ha obligado a realizar desplazamientos de mayor distancia y duraci\u00f3n, con rutas de los reba\u00f1os que se desplazan hacia el sur, hacia zonas m\u00e1s h\u00famedas y a menudo desconocidas (Ickowicz et al., 2012: 269).<\/p>\n<p>Esta movilidad intensificada se vuelve catastr\u00f3fica no porque la movilidad en s\u00ed sea intr\u00ednsecamente da\u00f1ina, sino porque los reg\u00edmenes coloniales y poscoloniales de tenencia de la tierra desmantelaron las protecciones legales de los corredores de trashumancia, el desarrollo posindependencia prioriz\u00f3 la agricultura sedentaria y, a partir de la d\u00e9cada de 1980, d\u00e9cadas de ajuste estructural erosionaron la regulaci\u00f3n p\u00fablica de la tierra y el agua (Tricontinental, 2023). En estas condiciones, la movilidad inducida por el clima expone cada vez m\u00e1s a lxs pastorxs m\u00e1s pobres al cercamiento de tierras, la extracci\u00f3n de rentas, la criminalizaci\u00f3n y la violencia, convirtiendo un estr\u00e9s ecol\u00f3gico en una crisis de reproducci\u00f3n mediada por la clase.<\/p>\n<p>Estas din\u00e1micas no son abstractas. Sus consecuencias se han registrado con mayor intensidad en los cuerpos de las personas j\u00f3venes. Las sequ\u00edas de finales de la d\u00e9cada de 1960 a la d\u00e9cada de 1980, y los impactos clim\u00e1ticos y ambientales que produjeron, derivaron en graves crisis alimentarias y hambrunas (Montimore, 2010; Anyamba et al., 2014). Las investigaciones sobre el clima y los sistemas alimentarios muestran que, incluso cuando se recuperan las lluvias y las cosechas, el deterioro a largo plazo de la salud infantil es dram\u00e1tico. Un estudio, por ejemplo, vincula el aumento de las temperaturas, la disminuci\u00f3n y creciente variabilidad de las precipitaciones, y la alteraci\u00f3n de las estaciones del a\u00f1o con el bajo peso al nacer y el retraso en el crecimiento infantil, causados por una combinaci\u00f3n de estr\u00e9s t\u00e9rmico intrauterino y desnutrici\u00f3n derivada de reiteradas p\u00e9rdidas de cosechas y ganado. Donde predominan la agricultura de subsistencia y la agricultura a peque\u00f1a escala, las p\u00e9rdidas estacionales cr\u00f3nicas se traducen directamente en d\u00e9ficits de salud duraderos (Davenport et al., 2017; Grace et al., 2015; Grace et al., 2018). Esta correlaci\u00f3n entre la variabilidad clim\u00e1tica y la salud infantil refleja c\u00f3mo los programas de ajuste estructural (PAE) del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) eliminaron las reservas de granos, los insumos subsidiados y los servicios de extensi\u00f3n que anteriormente amortiguaban la p\u00e9rdida de cosechas, al tiempo que impon\u00edan una agricultura de exportaci\u00f3n que prioriza los mercados europeos por sobre la seguridad alimentaria local.<\/p>\n<p>A medida que los cambios clim\u00e1ticos se intensifican, la crisis de hambre ha confluido lenta pero inexorablemente con la crisis de salud, dando lugar a una cat\u00e1strofe pol\u00edtica en la regi\u00f3n. Por ejemplo, el cintur\u00f3n epid\u00e9mico de la malaria se ha desplazado hacia el norte, hacia la zona de transici\u00f3n entre el Sahel y Sud\u00e1n, con tasas de mortalidad crecientes entre lxs ni\u00f1xs que carecen de inmunidad frente a la malaria y otras enfermedades asociadas (Caminade et al., 2014). Al mismo tiempo, se han intensificado las rebeliones tuareg (amazigh) en el norte de Mali y N\u00edger, arraigadas en agravios hist\u00f3ricos contra el Estado, las rebeliones islamistas surgidas a ra\u00edz de la destrucci\u00f3n de Libia a manos de la Organizaci\u00f3n del Tratado del Atl\u00e1ntico Norte; y de las tensiones entre pastorxs y agricultorxs sedentarixs. Desde la inseguridad alimentaria a los brotes de enfermedades, la regi\u00f3n se ha visto sumida enconflictos violentos, lo que ha provocado migraciones internas y transfronterizas, adem\u00e1s de desplazamientos masivos y una r\u00e1pida urbanizaci\u00f3n (Cattaneo y Massetti, 2015; Conte, 2023; Henderson et al., 2015).<\/p>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\"><strong>La cat\u00e1strofe pol\u00edtica<\/strong><\/p>\n<p>A medida que las sequ\u00edas se intensifican, las lluvias se vuelven err\u00e1ticas y los medios de vida agr\u00edcolas y pastorales colapsan, todo el orden social y pol\u00edtico se est\u00e1 reconfigurando. La disminuci\u00f3n de los pastizales y la reducci\u00f3n de las fuentes de agua han llevado a agricultorxs y pastorxs a enfrentamientos cada vez m\u00e1s violentos.<\/p>\n<p>A medida que las rutas de pastoreo se secan y los pozos se agotan, ls pastorxs se ven obligadxs a adentrarse m\u00e1s en las tierras agr\u00edcolas, mientras lxs agricultorxs, que enfrentan la disminuci\u00f3n de sus propias cosechas, se muestran cada vez menos dispuestxs a aceptar el paso de los reba\u00f1os itinerantes en ausencia de una mediaci\u00f3n eficaz. Esta intensificaci\u00f3n de la competencia no ocurre en el vac\u00edo: los patrones clim\u00e1ticos cambiantes hacen que los recursos vitales sean m\u00e1s escasos dentro de reg\u00edmenes territoriales moldeados por el despojo colonial, el sesgo poscolonial del Estado hacia la agricultura sedentaria y la erosi\u00f3n de la regulaci\u00f3n p\u00fablica (Benjaminsen, 2016).<\/p>\n<p>Estas tensiones localizadas se intensifican hasta convertirse en crisis nacionales precisamente porque los Estados del Sahel, debilitados por d\u00e9cadas de marginalizaci\u00f3n, desarrollo desigual y reestructuraci\u00f3n econ\u00f3mica impuesta desde el exterior, carecen de la capacidad para gestionar estas presiones. En regiones perif\u00e9ricas como el norte de Mali, N\u00edger y Chad, donde la presencia del Estado ha sido hist\u00f3ricamente m\u00ednima, los impactos clim\u00e1ticos interact\u00faan con la cr\u00f3nica subinversi\u00f3n para erosionar a\u00fan m\u00e1s una capacidad estatal ya de por s\u00ed fr\u00e1gil. La incapacidad del Estado para garantizar el acceso al agua, gestionar los pastizales y proteger a la poblaci\u00f3n de la violencia durante los per\u00edodos de sequ\u00eda socava su legitimidad, profundiza el resentimiento y acelera la fragmentaci\u00f3n pol\u00edtica mediante la instrumentalizaci\u00f3n de identidades religiosas y \u00e9tnicas (Benjaminsen, 2016). Este vac\u00edo de autoridad, configurado por la retirada del Estado y el abandono pol\u00edtico, constituye un terreno f\u00e9rtil para los grupos armados, en particular bajo las condiciones creadas por el estr\u00e9s ecol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Los movimientos insurgentes, desde las redes yihadistas sahelianas hasta Boko Haram, han aprendido a explotar la angustia ecol\u00f3gica como una oportunidad de expansi\u00f3n pol\u00edtica. Cuando las personas pierden ganado, cosechas o ingresos debido a la sequ\u00eda, son m\u00e1s vulnerables al reclutamiento, no porque una determinada ideolog\u00eda se vuelva repentinamente irresistible, sino porque los grupos armados ofrecen una apariencia de medios de subsistencia, protecci\u00f3n y resoluci\u00f3n de disputas. Estudios realizados en Kenia, Mali y el norte de Nigeria muestran que el colapso de los medios de subsistencia inducido por el clima aumenta la probabilidad de que los hombres j\u00f3venes se unan a grupos militantes, con evidencia de Nigeria que registra un aumento en el reclutamiento en regiones afectadas por la sequ\u00eda (Buhaug y von Uexkull, 2021: 545-568). La crisis clim\u00e1tica reconfigura as\u00ed el campo de batalla pol\u00edtico. Los grupos armados intervienen donde el Estado se retira, ofreciendo con frecuencia acceso al agua, arbitrando conflictos locales o distribuyendo el bot\u00edn, funciones que pueden imitar las de la gobernanza.<\/p>\n<p>Sin embargo, el colapso de los mecanismos de adaptaci\u00f3n tradicionales no es solo institucional, tambi\u00e9n es cultural y pol\u00edtico. Los pueblos del Sahel han desarrollado durante largo tiempo sistemas complejos de conocimiento para interpretar los ciclos ecol\u00f3gicos, anticipar las lluvias y coordinar los desplazamientos de los reba\u00f1os a trav\u00e9s de territorios vastos e inh\u00f3spitos. No eran simples costumbres, eran formas de gobernanza arraigadas en rituales, obligaciones sociales y acuerdos intercomunitarios. La volatilidad clim\u00e1tica ha desestabilizado estos sistemas de conocimiento, cuyo funcionamiento depend\u00eda de ritmos ecol\u00f3gicos relativamente predecibles. Las lluvias err\u00e1ticas hacen que los calendarios agr\u00edcolas ind\u00edgenas sean poco confiables, mientras que los ciclos de pastoreo alteradosobligan a lxs pastorxs a abandonar rutas migratorias tradicionales. (Zougmor\u00e9 et al., 2023; Turner, 2011). A medida que estas tecnolog\u00edas culturales se desintegran, las comunidades pierden su capacidad de autorregular el uso de los recursos, lo que crea m\u00e1s oportunidades para el conflicto y deslegitima a\u00fan m\u00e1s tanto a las autoridades ancestrales como a las instituciones estatales.<\/p>\n<p>Las mujeres y las ni\u00f1as se encuentran en el epicentro de esta crisis pol\u00edtico-clim\u00e1tica entrelazada, aunque sus experiencias suelen clasificarse err\u00f3neamente como sociales en lugar de pol\u00edticas. A medida que el agua y la le\u00f1a escasean, las mujeres deben recorrer distancias m\u00e1s largas cada d\u00eda, lo que reduce el tiempo disponible para la participaci\u00f3n econ\u00f3mica o c\u00edvica (Carney, 1993; Ilboudo N\u00e9bi\u00e9 et al., 2024). Los impactos clim\u00e1ticos pueden llevar a las familias a retirar a las ni\u00f1as de la escuela o a empujarlas al matrimonio precoz, un retroceso que debilita a\u00fan m\u00e1s los cimientos sociales de la participaci\u00f3n democr\u00e1tica y la igualdad de g\u00e9nero. Existe tambi\u00e9n evidencia de que el estr\u00e9s econ\u00f3mico provocado por la sequ\u00eda se correlaciona con un aumento de la violencia de pareja (Cools y Kotsadam, 2017). Estas presiones limitan la capacidad de acci\u00f3n pol\u00edtica de las mujeres y su capacidad para participar en la toma de decisiones comunitarias, la construcci\u00f3n de la paz o la gobernanza local. El cambio clim\u00e1tico, por lo tanto, no solo est\u00e1 reconfigurando los paisajes f\u00edsicos, sino estrechando el espacio pol\u00edtico para la mitad de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Consideradas en conjunto, las din\u00e1micas descritas \u00beel conflicto por los recursos, la erosi\u00f3n de la autoridad estatal, la expansi\u00f3n de los grupos armados, el colapso de los sistemas de gobernanza no estatales y la reducci\u00f3n de la capacidad pol\u00edtica de las mujeres, configuran una crisis pol\u00edtica entrelazada en la que el estr\u00e9s clim\u00e1tico intensifica contradicciones enraizadas en la intervenci\u00f3n imperialista, el desarrollo desigual y el debilitamiento de las instituciones p\u00fablicas y comunitarias. El cambio clim\u00e1tico no opera como un impacto externo, sino como una fuerza que reorganiza el poder, reconfigurando las luchas por la tierra, la movilidad y la autoridad en todo el Sahel. Estos procesos no se desarrollan de manera uniforme en toda la regi\u00f3n. Est\u00e1n mediados por historias nacionales, trayectorias estatales y decisiones pol\u00edticas. Para comprender c\u00f3mo la crisis clim\u00e1tica se convierte en la pr\u00e1ctica en una crisis pol\u00edtica, es necesario, por tanto, examinar estas din\u00e1micas en el contexto de pa\u00edses espec\u00edficos. A menos que la justicia clim\u00e1tica, la adaptaci\u00f3n equitativa y el fortalecimiento de las instituciones sociales se sit\u00faen en el centro de la estrategia pol\u00edtica de la regi\u00f3n, la espiral descendente continuar\u00e1, convirtiendo el impacto clim\u00e1tico en convulsi\u00f3n pol\u00edtica y la degradaci\u00f3n ambiental en colapso estatal.<\/p>\n<figure id=\"attachment_19628\" aria-describedby=\"caption-attachment-19628\" style=\"width: 950px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Jewelry.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-19628\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Jewelry.jpg\" alt=\"\" width=\"950\" height=\"534\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Jewelry.jpg 950w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Jewelry-300x169.jpg 300w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Jewelry-768x432.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-19628\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Impulsado por la defensa de la soberan\u00eda alimentaria, el cultivo de ma\u00edz org\u00e1nico se ha convertido en parte de la resistencia campesina frente a la expansi\u00f3n de las semillas gen\u00e9ticamente modificadas en Burkina Faso.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\">\n<h3>Parte II: Mali y Sud\u00e1n<\/h3>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\"><strong>Mali<\/strong><\/p>\n<p>Antes de que las tropas francesas invadieran el recodo del r\u00edo N\u00edger en la d\u00e9cada de 1890, las sociedades de \u00c1frica Occidental ya hab\u00edan desarrollado sistemas para gobernar la tierra, el agua y la movilidad pastoral. En Mali, los manuscritos de Tombuct\u00fa producidos entre los siglos XV y XIX vinculaban la legitimidad pol\u00edtica con la protecci\u00f3n de los medios de subsistencia, combinando el razonamiento jur\u00eddico con la observaci\u00f3n astron\u00f3mica para anticipar las lluvias y las inundaciones estacionales.<sup>6<\/sup> El Imperio Macina (1818\u20131862) formaliz\u00f3 posteriormente este enfoque a trav\u00e9s de la <em>dina<\/em> (un c\u00f3digo legal integral que regulaba el uso de la vasta llanura aluvial estacional del r\u00edo N\u00edger, el Delta Interior del N\u00edger, entre lxs pastorxs fulani, lxs agricultorxs dogon y bambara, y lxs pescadores bozo). Este sistema era supervisado por una jerarqu\u00eda de autoridades, incluidos los jefes pastorales conocidos como <em>jowros<\/em>, que coordinaban la entrada estacional del ganado, manten\u00edan los corredores ganaderos y mediaban los conflictos por los recursos bas\u00e1ndose en los patrones de inundaci\u00f3n observados (Benjaminsen y Ba, 2021: 4-26, 73).<\/p>\n<p>Estos manuscritos y sistemas de gobernanza demuestran que la gesti\u00f3n de los recursos y el medio ambiente en Mali era inseparable de la legitimidad pol\u00edtica, la obligaci\u00f3n social y el trabajo productivo, en lugar de ser tratada como un problema t\u00e9cnico de seguridad. El estr\u00e9s ambiental era entendido como un fracaso pol\u00edtico cuando lxs gobernantes no proteg\u00edan los medios de subsistencia. Lo que hoy se describe como \u00abconflicto estimulado por el clima\u00bb es, enrealidad, el resultado de la destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica de la capacidad estatal necesaria para gestionar los sistemas regulatorios, primero por el colonialismo franc\u00e9s, luego por la formaci\u00f3n del Estado neocolonial y, hoy en d\u00eda, intensificada por el cambio clim\u00e1tico antropog\u00e9nico que opera dentro de estructuras de desarrollo estancado.<\/p>\n<p>El colonialismo franc\u00e9s desmantel\u00f3 la capacidad regulatoria de las instituciones existentes mientras conservaba sus funciones extractivas. En Mali, la ley de tierras despoj\u00f3 a los jefes pastorales de su estatus jur\u00eddico al tiempo que segu\u00eda utiliz\u00e1ndolos para controlar el acceso pastoral y recaudar tasas, generando una condici\u00f3n de doble ilegitimidad, al perder tanto la autoridad consuetudinaria como la jur\u00eddica. Al reconocer \u00fanicamente los t\u00edtulos de propiedad individuales, la legislaci\u00f3n colonial sobre la tierra subordin\u00f3 los derechos consuetudinarios y pastorales de uso de la tierra, privilegi\u00f3 la agricultura sedentaria y dej\u00f3 al pastoreo m\u00f3vil en una situaci\u00f3n de precariedad jur\u00eddica.<\/p>\n<p>El primer presidente de Mali, Modibo Ke\u00efta (1960\u20131968), desafi\u00f3 este legado. Inspirado en el socialismo del Tercer Mundo, su gobierno se retir\u00f3 de la Comunidad Francesa,<sup>7<\/sup> abandon\u00f3 el sistema monetario respaldado por Francia conocido como la zona del franco CFA, nacionaliz\u00f3 industrias clave y promovi\u00f3 un desarrollo dirigido por el Estado orientado a restituir la autoridad sobre la tierra y los recursos, en un contexto de creciente variabilidad ambiental, incluidos los esfuerzos por limitar el poder pol\u00edtico de las \u00e9lites pastorales intermediarias. Esto incluy\u00f3 el rechazo de los planes respaldados por Francia para externalizar el control de los recursos en las regiones des\u00e9rticas de Mali, en particular la Organisation commune des r\u00e9gions sahariennes [Organizaci\u00f3n Com\u00fan de las Regiones Saharianas \u2013 OCRS], un proyecto colonial franc\u00e9s tard\u00edo que buscaba mantener el control sobre el territorio y los recursos del S\u00e1hara m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras coloniales, avivando las divisiones entre grupos \u00e9tnicos.<\/p>\n<p>El gobierno militar de Moussa Traor\u00e9 (1968\u20131991), que derroc\u00f3 a Ke\u00efta mediante un golpe de Estado en 1968, revirti\u00f3 estas medidas y restableci\u00f3 un papel privilegiado para las empresas y las finanzas francesas en el comercio, la banca y la contrataci\u00f3n p\u00fablica durante la d\u00e9cada de 1980. Esta restauraci\u00f3n de los privilegios comerciales franceses revelaba la funci\u00f3n del r\u00e9gimen de Traor\u00e9 dentro del sistema Fran\u00e7afrique (una matriz informal de mecanismos pol\u00edticos y econ\u00f3micos de control franc\u00e9s en sus antiguas colonias africanas). Al igual que con otros l\u00edderes nacionalistas radicales en el \u00c1frica franc\u00f3fona, el desaf\u00edo de Ke\u00efta al control neocolonial fue abruptamente suprimido.<\/p>\n<p>Bajo el mandato de Traor\u00e9, los jefes pastorales fueron paulatinamente rehabilitados, pero dentro de unas estructuras legales y administrativas que hab\u00edan perdido su funci\u00f3n de coordinaci\u00f3n precisamente cuando la variabilidad ambiental se intensificaba. Los c\u00f3digos de propiedad de tierras reconoc\u00edan \u00fanicamente los t\u00edtulos de propiedad individuales, lo que redujo los derechos consuetudinarios a d\u00e9biles derechos de uso y transformando a los jefes pastorales de gestores de recursos en agentes de extracci\u00f3n de rentas. A medida que las precipitaciones se volv\u00edan cada vez m\u00e1s irregulares tras las sequ\u00edas de finales de la d\u00e9cada de 1960 hasta la de 1980 y la \u00abrecuperaci\u00f3n\u00bb parcial de la d\u00e9cada de 1990, que se estanc\u00f3 hacia 1999, el acceso a los corredores de pastoreo y a los pastizales de las llanuras aluviales se volvi\u00f3 m\u00e1s disputado, lo que permiti\u00f3 a lxs pol\u00edticxs redefinir la entrada del ganado como una fuente de ingresos. Aunque los jefes pastorales segu\u00edan siendo responsables de gestionar estos corredores, carec\u00edan de autoridad legal sobre ellos y pasaron a depender de los funcionarios del gobierno local que controlaban el acceso y extra\u00edan rentas.<\/p>\n<p>El aumento de las tasas de acceso a los pastizales de las llanuras aluviales, impulsado por la necesidad de financiar sobornos a funcionarios locales, reca\u00eda de manera desproporcionada sobre lxs pastorxs de las tierras \u00e1ridas. A diferencia de lxs agropastorxs, no dispon\u00edan de tierras agr\u00edcolas a las que recurrir, y sus reba\u00f1os depend\u00edan del acceso estacional a los pastizales de las llanuras aluviales del delta. Mientras tanto, agencias estatales como la autoridad de desarrollo arrocero <em>Office riz Mopti<\/em> (Oficina de Arroz de Mopti) confiscaban pastizales ricos en nutrientes sin ofrecer compensaciones significativas por la p\u00e9rdida de acceso al pastoreo a las comunidades pastorales a las que en teor\u00eda serv\u00edan, mientras que los tribunales emit\u00edan fallos deliberadamente ambiguos en un clima de sobornos generalizados, perpetuando el conflicto para garantizar la extracci\u00f3n continua. Aunque las instituciones de gobernanza pastoral permanecieron formalmente en pie, su capacidad para coordinar la tierra, el agua y la movilidad bajo la creciente presi\u00f3n clim\u00e1tica fue desmantelada sistem\u00e1ticamente (Benjaminsen y Ba, 2021).<\/p>\n<p>Los programas de ajuste estructural (PAE), implementados a partir de 1988 y profundizados durante la d\u00e9cada de 1990, agudizaron esta crisis al desmantelar la capacidad del Estado para regular la tierra, el agua y la movilidad precisamente cuando la variabilidad de las precipitaciones se intensificaba. Las condiciones impuestas por el Banco Mundial y el FMI redujeron el personal de extensi\u00f3n veterinaria y agr\u00edcola, eliminaron los subsidios a los insumos (con fuertes aumentos en los precios de los fertilizantes), privatizaron el mantenimiento de los puntos de agua e impusieron una devaluaci\u00f3n monetaria del 50% en 1994, lo que colaps\u00f3 la infraestructura rural al tiempo que forzaban una comercializaci\u00f3n orientada a la exportaci\u00f3n (Banco Mundial, 1996; FMI, 1998; Inter-reseaux, 2020). A medida que desaparec\u00eda la capacidad de mediaci\u00f3n, se intensific\u00f3 la competencia por la tierra y se criminaliz\u00f3 la movilidad pastoral, lo que gener\u00f3 una extracci\u00f3n de rentas continua de las econom\u00edas pastorales. Lxs pastorxs fulani de clase baja fueron despose\u00eddxs sistem\u00e1ticamente mientras los funcionarios estatales y las \u00e9lites pastorales acumulaban rentas. La gobernanza pastoral se convirti\u00f3 en un mecanismo de extracci\u00f3n. El cambio clim\u00e1tico intensific\u00f3 estas condiciones al reducir los pastizales disponibles, aumentar lo que estaba en juego en el control de acceso y forzar migraciones m\u00e1s largas hacia territorios desconocidos donde una extracci\u00f3n depredadora pod\u00eda imponerse con mayor facilidad (Benjaminsen y Ba, 2019: 1-20).<\/p>\n<p>A medida que el Estado se retiraba de sus funciones de gobernanza, los grupos armados, no movimientos de liberaci\u00f3n, sino actores que explotaban el vac\u00edo dejado por el colapso institucional, actuaron para dar respuesta a las reivindicaciones materiales que ninguna autoridad pol\u00edtica estaba dispuesta a enfrentar. Entre 2015 y 2018, Katiba Macina (el Frente de Liberaci\u00f3n de Macina), un grupo yihadista armado formado en 2015 que reclutaba su base principalmente entre pastores fulani marginalizados y que, a partir de 2017, oper\u00f3 bajo la bandera de Jama\u2019at Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin (Grupo de Apoyo al Islam y a los musulmanes, JNIM por su sigla en \u00e1rabe), afiliado a al-Qaeda, aboli\u00f3 todas las tasas de pastoreo. Estas tasas hab\u00edan sido impuestas por los jefes pastorales para acceder a los pastizales de la llanura aluvial, ricos en nutrientes y hab\u00edan consumido una parte sustancial de los ingresos en efectivo de lxs pastorxs (Benjaminsen, 2024: 41-69). La abolici\u00f3n de las tasas elimin\u00f3 una fuente importante de extracci\u00f3n de rentas, aliviando la carga econ\u00f3mica y mejorando el acceso a los pastizales para lxs pastorxs de tierras \u00e1ridas. Para los hogares m\u00e1s pobres, esto signific\u00f3 un alivio material inmediato, con frecuencia, la diferencia entre la viabilidad y la desposesi\u00f3n (Benjaminsen y Ba, 2019).<\/p>\n<p>En este contexto, la divisi\u00f3n de clases dentro de las comunidades fulani y dogon molde\u00f3 los patrones de movilizaci\u00f3n armada. Entre lxs fulani, los jefes pastorales adinerados y propietarixs de ganado se enfrentaban a lxs pastorxs pobres de tierras \u00e1ridas. Las comunidades agr\u00edcolas dogon se estratificaron de manera similar entre propietarixs de tierra vinculadxs a los programas estatales y agricultorxs sin tierra que enfrentaban inseguridad alimentaria. Las pol\u00edticas estatales utililizaron estas divisiones de clase como arma. La Oficina de Arroz de Mopti desplaz\u00f3 corredores pastorales y accesos a pastos de manera que favoreciera a lxs agricultorxs adineradxs, generalmente sin compensaci\u00f3n significativa para lxs pastorxs. A medida que las fuerzas estatales se retiraban de las zonas rurales despu\u00e9s de 2015, las autoridades malienses delegaron la seguridad local a las milicias de cazadores dozo (fraternidades tradicionales reconvertidas en grupos armados) y les proporcionaron entrenamiento, armas y apoyo financiero. La m\u00e1s estructurada de estas milicias, Dan Na Ambassagou, reclutaba principalmente entre la juventud dogon empobrecida, cuya desposesi\u00f3n canalizaron hacia una hostilidad \u00e9tnica dirigida contra las comunidades fulani, en lugar de contra las \u00e9lites que despojaban a ambos. Las consecuencias fueron devastadoras. En la masacre de Ogossagou de marzo de 2019, los combatientes de Dan Na Ambassagou asesinaron a aproximadamente 160 civiles fulani, una atrocidad que forz\u00f3 la renuncia del primer ministro, pero no produjo una rendici\u00f3n de cuentas duradera (Nsaibia, 2025).<\/p>\n<p>Si bien el estr\u00e9s clim\u00e1tico no cre\u00f3 esta divisi\u00f3n de clases, multiplic\u00f3 sus efectos: las lluvias err\u00e1ticas y los pastizales degradados significaban que el acceso oportuno al delta se volv\u00eda a\u00fan m\u00e1s cr\u00edtico, transformando las tasas abusivas en barreras existenciales. Fue esta intensificaci\u00f3n de la extracci\u00f3n preexistente, no la escasez en s\u00ed misma, lo que impuls\u00f3 a lxs pastorxs a la resistencia armada.<\/p>\n<p>A pesar de imponer c\u00f3digos sociales coercitivos, incluidas restricciones a la libertad de movimiento de las mujeres y violencia contra quienes disent\u00edan, Katiba Macina logr\u00f3 resolver disputas de tierras, regular el acceso a los pastos y hacer cumplir las indemnizaciones por da\u00f1os a los cultivos, desempe\u00f1ando as\u00ed funciones de gobernanza que el Estado neocolonial hab\u00eda abandonado. El impacto econ\u00f3mico concreto de la abolici\u00f3n de tasas ayuda a explicar por qu\u00e9 lxs pastorxs de tierras \u00e1ridas apoyaron a Katiba Macina y, posteriormente, a JNIM en general, ya que esta organizaci\u00f3n abordaba agravios que ninguna otra fuerza pol\u00edtica hab\u00eda enfrentado. Despu\u00e9s de que Katiba Macina restableciera tasas menores en 2018, bajo la presi\u00f3n de los <em>jowros<\/em>, muchos pastorxs de tierras \u00e1ridas trasladaron su lealtad a Dawlat il Islamia (el Estado Isl\u00e1mico en el Gran Sahara, EIGS), una nueva facci\u00f3n alineada con el Estado Isl\u00e1mico formada a finales de 2019, cuyo llamado a la colectivizaci\u00f3n de la tierra y al fin de los pagos por el acceso a los pastizales apelaba directamente a lxs fulani de clase baja (Benjaminsen y Ba, 2019; Benjaminsen y Ba, 2021).<\/p>\n<p>La divisi\u00f3n entre JNIM e EIGS no se debi\u00f3 a diferencias en la doctrina religiosa ni a estrategias de adaptaci\u00f3n clim\u00e1tica, sino a la cuesti\u00f3n de si las \u00e9lites fulani pod\u00edan continuar extrayendo rentas de lxs pastorxs pobres. El llamado del EIGS a la colectivizaci\u00f3n de la tierra desafi\u00f3 directamente el poder de clase de los jefes pastorales, captando el apoyo de lxs fulani de clase baja que enfrentaban tanto el estr\u00e9s ambiental como la explotaci\u00f3n de clase sistem\u00e1tica. El estr\u00e9s clim\u00e1tico amplific\u00f3 estas din\u00e1micas al hacer m\u00e1s cr\u00edtico el acceso a los recursos, pero la lucha en s\u00ed misma era una disputa sobre qui\u00e9n fijar\u00eda las reglas de movilidad, acceso a los pastos y compensaciones en el delta. La narrativa estatal del \u00abconflicto \u00e9tnico\u00bb ha servido para ocultar estas din\u00e1micas de clase. Al presentar la violencia como un antagonismo primordial entre fulani y dogon, impide la solidaridad entre lxs agricultorxs y pastorxs pobres que enfrentan la explotaci\u00f3n a manos de la \u00e9lite y justifica las operaciones militares como una forma de \u00abcontraterrorismo\u00bb.<\/p>\n<p>En este contexto, la Alianza de Estados del Sahel (AES), formada en septiembre de 2023 por Mali, Burkina Faso y N\u00edger y formalizada como confederaci\u00f3n en julio de 2024, representa un intento de romper con la dependencia neocolonial y recuperar el control de los recursos, abriendo espacio para una adaptaci\u00f3n clim\u00e1tica integral. Los documentos de planificaci\u00f3n de Mali, la <em>Estrategia Nacional para la Emergencia y el Desarrollo Sostenible 2024\u20132033<\/em> y <em>Mali Kura <\/em><em>\u0272\u025b<\/em><em>taasira ka b<\/em><em>\u025b<\/em><em>n san 2063 ma<\/em> [Un nuevo Mali: Una visi\u00f3n para 2063], enmarcan expl\u00edcitamente la soberan\u00eda como un requisito previo para la restauraci\u00f3n ambiental y promueven pol\u00edticas como la inversi\u00f3n p\u00fablica en infraestructura de riego y pastoril, la restauraci\u00f3n de los corredores de pastoreo y la priorizaci\u00f3n de la soberan\u00eda alimentaria por sobre la agricultura orientada a la exportaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, la AES enfrenta profundos retos, como la deuda heredada, su limitada capacidad industrial, el conflicto armado en curso y la presi\u00f3n de Francia y la Comunidad Econ\u00f3mica de los Estados de \u00c1frica Occidental (CEDEAO). La dependencia de Mali de inversionistas extranjeros plantea preguntas cruciales sobre si la AES ser\u00e1 capaz de alcanzar una soberan\u00eda genuina o ceder\u00e1 ante los intereses del imperialismo franc\u00e9s. No obstante, esta alianza se hace eco del reconocimiento de Ke\u00efta de que las crisis ambientales no pueden abordarse sin confrontar al imperialismo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_19625\" aria-describedby=\"caption-attachment-19625\" style=\"width: 950px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Water-structure.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-19625\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Water-structure.jpg\" alt=\"\" width=\"950\" height=\"534\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Water-structure.jpg 950w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Water-structure-300x169.jpg 300w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Water-structure-768x432.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-19625\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Uno de los logros de la Asociaci\u00f3n de Mujeres Watinoma fue la instalaci\u00f3n de un pozo con una bomba solar y un reservorio de 15 m\u00b3, garantizando el acceso al agua incluso durante la estaci\u00f3n seca.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\"><strong>Sud\u00e1n<\/strong><\/p>\n<p>Darfur, del \u00e1rabe <em>D\u0101r F\u016br<\/em>, significa \u00abpatria del pueblo fur\u00bb. No obstante, hoy la palabra evoca con frecuencia una sensaci\u00f3n de crisis natural permanente. Catalogado como \u00abel primer conflicto del mundo provocado por el cambio clim\u00e1tico\u00bb por organizaciones humanitarias, funcionarios de la ONU y analistas de pol\u00edtica exterior, esta designaci\u00f3n oculta tanto como explica (Kamen, 2021). Cuando el entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, declar\u00f3 en 2007 que \u00abel conflicto de Darfur comenz\u00f3 como una crisis ecol\u00f3gica, surgida al menos en parte del cambio clim\u00e1tico\u00bb, realiz\u00f3 un conocido juego de manos: reconoci\u00f3 el estr\u00e9s ambiental al tiempo que ocult\u00f3 sistem\u00e1ticamente la econom\u00eda pol\u00edtica que transform\u00f3 la sequ\u00eda en genocidio (2007). La narrativa avanza de manera predecible: a medida que el desierto del Sahara avanza un kil\u00f3metro y medio al a\u00f1o y las precipitaciones disminuyen entre un 15% y un 30%, lxs pastorxs \u00e1rabes y lxs agricultorxs africanos negros compiten por recursos cada vez m\u00e1s escasos y se reavivan antiguos odios \u00e9tnicos. El clima se convierte en el motor principal. La clase desaparece por completo.<\/p>\n<p>La violencia que estall\u00f3 en Darfur en 2003 y que posteriormente se extendi\u00f3 a Kordof\u00e1n y el Nilo Azul no fue ni un brote repentino de conflicto \u00e9tnico ni una combusti\u00f3n espont\u00e1nea de la escasez. Fue precipitada por una convergencia estructural en la que la aceleraci\u00f3n de las alteraciones clim\u00e1ticas se entrecruz\u00f3 con una econom\u00eda pol\u00edtica forjada por una prolongada reestructuraci\u00f3n neoliberal y la depredaci\u00f3n estatal. El conflicto es, en esencia, una guerra de clases ecol\u00f3gica. El Estado ha desmantelado sistem\u00e1ticamente los medios de vida tradicionales, privatizado los recursos comunales y creado una poblaci\u00f3n despose\u00edda que depende de una econom\u00eda militarizada, todos ellos factores que han amplificado la precariedad ambiental. El resultado es m\u00e1s que una crisis humanitaria; es la reestructuraci\u00f3n violenta de la sociedad para la acumulaci\u00f3n de capital.<\/p>\n<p>El deterioro f\u00edsico del medio ambiente de Sud\u00e1n es agudo: el 40% de los a\u00f1os registrados (entre 1943 y 2017) en Darfur del Sur fueron clasificados como a\u00f1os de sequ\u00eda, junto con el avance hacia el sur de la desertificaci\u00f3n (PNUMA, 2007; Atiem et al., 2022: 1069). No se trata de una \u00abescasez\u00bb neutral: es una consecuencia geogr\u00e1ficamente desigual del orden econ\u00f3mico mundial, que ha externalizado sus costos ecol\u00f3gicos hacia la periferia. En Sud\u00e1n, la aceleraci\u00f3n del calentamiento antropog\u00e9nico act\u00faa como un brutal amplificador de las vulnerabilidades existentes.<\/p>\n<p>El estr\u00e9s ecol\u00f3gico solo se convierte en una cat\u00e1strofe cuando se encuentra con un sistema pol\u00edtico que antepone el lucro a las personas. En Sud\u00e1n, el punto de inflexi\u00f3n lleg\u00f3 con el golpe de Estado de 1989 y la reestructuraci\u00f3n neoliberal bajo Omar al-Bashir, impuesta por los PAE del FMI y el Banco Mundial, que exig\u00edan la eliminaci\u00f3n de los subsidios agr\u00edcolas, la privatizaci\u00f3n de las tierras comunales y el desmantelamiento de los servicios de apoyo estatal (Bush, 2007). Esta retirada estrat\u00e9gica del Estado destruy\u00f3 el contrato social en las zonas rurales de Sud\u00e1n. El r\u00e9gimen de al-Bashir utililiz\u00f3 activamente esta nueva ecolog\u00eda pol\u00edtica como arma, transformando la tierra de un recurso comunal en una moneda de clientelismo asignada a las \u00e9lites afines al r\u00e9gimen que mecanizaron la agricultura, bloquearon los corredores pastorales y despojaron a lxs agricultorxs (de Waal, 2005). Para sofocar la agitaci\u00f3n resultante, el Estado subcontrat\u00f3 la violencia a milicias pastoralistas, los <em>Janja\u2019wid<\/em> (demonios a caballo), otorg\u00e1ndoles carta blanca para apoderarse del ganado, las cosechas y la tierra (Tricontinental y Asamblea Internacional de los Pueblos, 2025). En este proceso, los activos fueron transferidos violentamente de manos comunitarias a privadas, creando una nueva clase de acumuladores militarizados.<\/p>\n<p>La fiebre del oro del siglo XXI, impulsada por los mercados globales, superpuso una fren\u00e9tica l\u00f3gica extractiva sobre este sistema. Las milicias, en particular las Fuerzas de Apoyo R\u00e1pido (RSF por su sigla en ingl\u00e9s), evolucionaron hasta convertirse en empresas capitalistas que controlaban minas y rutas de contrabando. (Craze, 2025). El desplazamiento de la poblaci\u00f3n impulsado por el clima ha creado una reserva de mano de obra desesperada y abierto nuevos territorios para la captura de recursos, monetizando de manera efectiva el desplazamiento humano y ecol\u00f3gico (Romankiewicz y Doevenspeck, 2015: 79-100).<\/p>\n<p>La narrativa de \u00ab\u00e1rabes contra africanos negros\u00bb es una poderosa herramienta pol\u00edtica que el r\u00e9gimen cultiv\u00f3 y utiliza activamente para contener un conflicto de clases en auge. Esta estrategia <em>etnific\u00f3<\/em> lo que era fundamentalmente una crisis por los medios de producci\u00f3n, sobre todo la tierra f\u00e9rtil y el agua, bajo condiciones de escasez inducida. Ha impedido la conformaci\u00f3n de un frente unificado de lxs despose\u00eddxs y ha permitido que los grupos armados recluten siguiendo l\u00edneas de identidad fragmentadas, capitalizando la angustia de un pueblo cuya esperanza de una vida digna ha sido aniquilada.<\/p>\n<p>El camino hacia la radicalizaci\u00f3n sigue un circuito claro de desposesi\u00f3n. Los hombres j\u00f3venes, separados de los medios de vida agrarios o pastorales por impactos ecol\u00f3gicos y econ\u00f3micos combinados, ven su fuerza de trabajo convertida en mercanc\u00eda en su forma m\u00e1s brutal: como combatientes armados. Por lo tanto, las RSF no son simplemente una milicia. Operan como una empresa gobernante que ofrece salarios, resoluci\u00f3n de disputas y protecci\u00f3n en zonas donde el Estado solo ofrece abandono o violencia. Unirse a ellas se convierte en una estrategia racional de supervivencia en una econom\u00eda colapsada, transformando el estr\u00e9s ecol\u00f3gico en mano de obra militar (Verhoeven, 2011: 679-707).<\/p>\n<p>En este contexto, los actores internacionales son componentes integrales del sistema que configura y explota la crisis, y no salvadores externos. Entre estos actores se encuentran:<\/p>\n<ul>\n<li>Los Emiratos \u00c1rabes Unidos y Arabia Saudita, que han financiado a las RSF como fuerza mercenaria para acceder al oro de Sud\u00e1n. Esto representa una nueva modalidad imperial, en la que el capital del Golfo utiliza la acumulaci\u00f3n militarizada para asegurar recursos y proyectar poder (Kebede, 2025).<\/li>\n<li>La Uni\u00f3n Europea, cuyo financiamiento, canalizado a trav\u00e9s del Proceso de Jartum hacia agencias estatales sudanesas para el control fronterizo, efectivamente dot\u00f3 de recursos y legitim\u00f3 a fuerzas -incluidas unidades vinculadas a las RSF- encargadas de frenar la migraci\u00f3n. Esta pol\u00edtica militariz\u00f3 directamente la respuesta a las poblaciones desplazadas por el clima, tratando a las v\u00edctimas de esta crisis pol\u00edtico-ecol\u00f3gica como una amenaza para la seguridad (Andersson, 2014).<\/li>\n<li>Las instituciones financieras occidentales, que crearon las condiciones para el colapso del Estado y la vulnerabilidad social, mediante la deuda y los PAE, convirtiendo a Sud\u00e1n en terreno f\u00e9rtil para las sucesivas oleadas de crisis. (Kadri, 2016).<\/li>\n<\/ul>\n<p>La revoluci\u00f3n sudanesa de 2019 y los comit\u00e9s de resistencia persistentes (organismos de base barrial que coordinaron el levantamiento y contin\u00faan organizando la gobernanza civil en medio de la guerra) representan un profundo desaf\u00edo a toda esta estructura (Mohamed Sahil, 2021). Sus demandas de democracia, justicia y paz son a la vez antiimperialistas y ecol\u00f3gicas, dado que un proyecto soberano y progresista en Sud\u00e1n requerir\u00eda desmantelar la econom\u00eda de guerra, renacionalizar y democratizar el control sobre la tierra y la riqueza mineral, y poner en marcha una restauraci\u00f3n agroecol\u00f3gica masiva para reconstruir la resiliencia comunitaria. Esto confrontar\u00eda directamente los intereses de la \u00e9lite local militarizada y de sus patrocinadores internacionales, intereses que ambos actores nacionales del conflicto actual (las Fuerzas Armadas de Sud\u00e1n y las RSF) buscan proteger. Esta guerra es, tr\u00e1gicamente, una batalla entre facciones rivales de esa \u00e9lite por el bot\u00edn del sistema, que mantiene a las masas atrapadas en la ecolog\u00eda de la desposesi\u00f3n. Una verdadera resoluci\u00f3n no se alcanzar\u00e1 mediante un alto al fuego entre generales que representan a esa \u00e9lite, sino mediante una transformaci\u00f3n revolucionaria de las relaciones pol\u00edtico-ecol\u00f3gicas que definen la vida sudanesa.<\/p>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\">\n<h3>Conclusi\u00f3n<\/h3>\n<p>En todo el Sahel, las condiciones de vida han estado definidas desde siempre por el desierto. Artistas como Tinariwen, una banda tuareg considerada pionera del llamado \u00abblues del desierto\u00bb, han cantado sobre el exilio, el despojo y la sed en el norte de Mali. Su canci\u00f3n <em>Tenere maloulat<\/em> [El desierto blanco] describe una condici\u00f3n familiar para la mayor\u00eda de los habitantes en la regi\u00f3n: \u00abperdidx en la noche, mi sed, mi deseo de agua me despert\u00f3\u00bb. Ni met\u00e1fora ni constataci\u00f3n de un hecho natural, esta canci\u00f3n engloba las condiciones pol\u00edticas vividas por los pueblos del Sahel. Cuando quienes habitan el Sahel cantan al agua negada, a la tierra perdida, a la vida relegada a los m\u00e1rgenes, nombran lo que este dossier ha argumentado: la cat\u00e1strofe clim\u00e1tica en el Sahel no se experimenta como un cambio ambiental abstracto, sino como la intensificaci\u00f3n de una econom\u00eda pol\u00edtica ya de por s\u00ed violenta. La sequ\u00eda, el calor y las lluvias irregulares se vuelven catastr\u00f3ficos all\u00ed donde el imperialismo, la reestructuraci\u00f3n neoliberal y la depredaci\u00f3n estatal han desmantelado las protecciones colectivas y transformado la tierra, el agua y el trabajo en sitios de extracci\u00f3n. La sed, en el Sahel, es creada por el capitalismo.<\/p>\n<p>Lo que est\u00e1 en juego es una lucha por la soberan\u00eda, el poder de clase y la organizaci\u00f3n social de la propia naturaleza. Cualquier camino hacia adelante debe, por lo tanto, romper con la securitizaci\u00f3n clim\u00e1tica y centrarse, en su lugar, en la soberan\u00eda alimentaria, el control democr\u00e1tico sobre la tierra y el agua y la reconstrucci\u00f3n de instituciones p\u00fablicas y comunitarias capaces de gestionar la variabilidad ambiental. El futuro del Sahel no se asegurar\u00e1 con muros fronterizos, bases militares o mercados, sino enfrentando las estructuras capitalistas e imperialistas que convierten el estr\u00e9s clim\u00e1tico en despojo y guerra. En este sentido, la lucha que se desarrolla en el Sahel no es perif\u00e9rica a la lucha global contra el capitalismo, es uno de sus frentes m\u00e1s intensos.<\/p>\n<hr class=\"single-post--content--separator-section single-post--content--separator-section-end\" \/>\n<div class=\"single-post--content--media-block single-post--content--image single-post--content--image-framed single-post--content--image-framed-v\">\n<div id=\"attachment_138890\" class=\"wp-caption alignnone\">\n<figure id=\"attachment_19627\" aria-describedby=\"caption-attachment-19627\" style=\"width: 950px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Fertilizer.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-19627\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Fertilizer.jpg\" alt=\"\" width=\"950\" height=\"633\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Fertilizer.jpg 950w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Fertilizer-300x200.jpg 300w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Web_Fertilizer-768x512.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-19627\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"font-size: 10pt;\">Entre las pr\u00e1cticas agroecol\u00f3gicas de la asociaci\u00f3n se encuentra el uso de un biopesticida elaborado con hojas de nim, jengibre machacado, ajo y chile, cuya acidez y amargor ahuyentan los insectos y reducen los da\u00f1os en los cultivos.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\">\n<p class=\"single-post--content--citations-title\"><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<div class=\"single-post--content--citations-block\">\n<p><sup>1<\/sup> El reportaje completo con las fotograf\u00edas originales, publicado en Brasil de Fato bajo el t\u00edtulo \u00abComo Burkina Faso est\u00e1 vencendo o deserto com agroecolog\u00eda\u00bb [C\u00f3mo Burkina Faso est\u00e1 venciendo el desierto con agroecolog\u00eda], 8 de noviembre de 2025, est\u00e1 disponible en: <a href=\"https:\/\/www.brasildefato.com.br\/2025\/11\/08\/entenda-como-a-agroecologia-e-um-dos-pilares-da-revolucao-agricola-em-burkina-faso\/\">https:\/\/www.brasildefato.com.br\/2025\/11\/08\/entenda-como-a-agroecologia-e-um-dos-pilares-da-revolucao-agricola-em-burkina-faso\/<\/a>.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> Para leer un excelente ensayo que critica el uso del marco <em>tribalista<\/em> para entender la pol\u00edtica de Kenia, v\u00e9ase Nyong\u2019o y Karugu, 2023. La cr\u00edtica cl\u00e1sica es la de Mafeje, 1971.<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> La insolaci\u00f3n solar se refiere a la cantidad de energ\u00eda solar recibida por una regi\u00f3n, que var\u00eda en funci\u00f3n de la inclinaci\u00f3n del eje de la Tierra y las variaciones orbitales, lo que influye en los patrones de temperatura y precipitaci\u00f3n.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> El IPCC AR6 WG1 (2021) concluye que las tasas de calentamiento actuales no tienen precedentes en al menos los \u00faltimos 2.000 a\u00f1os. En el Sahel en particular, las sequ\u00edas que comenzaron a finales de la d\u00e9cada de 1960 y persistieron durante la de 1980 constituyeron \u00abel ejemplo m\u00e1s dram\u00e1tico a nivel mundial de variabilidad clim\u00e1tica que ha sido medida de manera directa y cuantitativa\u00bb. En comparaci\u00f3n, el fin del Per\u00edodo H\u00famedo Africano, el cambio de r\u00e9gimen clim\u00e1tico m\u00e1s significativo del Holoceno en la regi\u00f3n, tuvo lugar a lo largo de cientos a miles de a\u00f1os, aunque incluy\u00f3 subper\u00edodos abruptos de d\u00e9cadas (2021a; Hulme, 2001: 19-29; Collins et al., 2017: 1372; Foley et al., 2003: 524-32; Trauth et al., 2024: 3936).<\/p>\n<p><sup>5<\/sup> No obstante, una creencia no cient\u00edfica en la desertificaci\u00f3n permanente resulta igualmente in\u00fatil (Gangeron et al., 2022: 1-11).<\/p>\n<p><sup>6<\/sup> <em>El Tratado pol\u00edtico de al-Maghili<\/em> (c. 1450\u20131504) articula principios que vinculan la legitimidad pol\u00edtica con la protecci\u00f3n de los medios de vida agr\u00edcolas y pastorales, as\u00ed como la prohibici\u00f3n de la apropiaci\u00f3n arbitraria de tierras y la monopolizaci\u00f3n de los pozos. <em>Las benditas virtudes de los oficios y la agricultura<\/em> (c. 1500\u20131900) enaltece el trabajo productivo y denuncia el acaparamiento especulativo. <em>El conocimiento del movimiento de los astros<\/em> (c. 1733) documenta la observaci\u00f3n astron\u00f3mica utilizada para predecir lluvias, inundaciones y patrones de enfermedad (Al-Maghili, s.f; An\u00f3nimo, s.f; Al-Tawathi al-Ghalawi, 1733).<\/p>\n<p><sup>7<\/sup> La Comunidad Francesa fue un marco constitucional de corta duraci\u00f3n creado por Francia en 1958 durante el proceso de descolonizaci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<\/section>\n<section class=\"single-post--content--section single-post--toc--section\">\n<p class=\"single-post--content--citations-title\"><strong>Referencias Bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<div class=\"single-post--content--citations-block\">\n<p>Al-Maghili, Muhammad ibn Abd al-Karim. <em>As\u2019ilat Askiyah wa-Ajwibat al-Maghili<\/em> [Tratado sobre pol\u00edtica de Maghili]. Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, exposici\u00f3n \u00abAncient Manuscripts from the Desert Libraries of Timbuktu\u00bb. Disponible en: <a href=\"https:\/\/www.loc.gov\/exhibits\/mali\/mali-exhibit.html\">https:\/\/www.loc.gov\/exhibits\/mali\/mali-exhibit.html<\/a>.<\/p>\n<p>Al-Tawathi Al-Ghalawi, Nasir al-Din Abu al-Abbas Ahmad ibn al-Hajj al-Amin. <em>Kashf al-Ghummah fi Nafa al-Ummah<\/em> [Las estrellas m\u00e1s importantes entre la multitud de los cielos]. Copiado en 1733. Mamma Haidara Commemorative Library, Tombuct\u00fa.<\/p>\n<p>An\u00f3nimo. <em>Kitab al-Barakah fi Fadl al-Hiraf wa-al-Zar<\/em> [El libro que describe los sagrados m\u00e9ritos de la artesan\u00eda y la agricultura]. Mamma Haidara Commemorative Library, Tombuct\u00fa. s.f.<\/p>\n<p>Anyang\u2019 Nyong\u2019o, Peter y Caroline Karugu. \u00abTribe and Tribalism in Kenya\u2019s Politics\u00bb. <em>CODESRIA Bulletin<\/em>, n\u00ba 5, abril de 2023.<\/p>\n<p>Awazi, Nyong Princely. <em>Building Resilience: Climate Change and Livelihoods in the Global South<\/em>. Londres: Palgrave Macmillan, 2025.<\/p>\n<p>Ban Ki-moon. \u00abA Climate Culprit in Darfur\u00bb. <em>The Washington Post<\/em>. Washington D.C., 16 de junio de 2007. Disponible en: <a href=\"https:\/\/www.washingtonpost.com\/wp-dyn\/content\/article\/2007\/06\/15\/AR2007061501857.html\">https:\/\/www.washingtonpost.com\/wp-dyn\/content\/article\/2007\/06\/15\/AR2007061501857.html<\/a>.<\/p>\n<p>Banco Mundial. <em>Mali: Emergency Recovery Credit<\/em>, Report No. 15819. Washington D.C.: Banco Mundial, 1996.<\/p>\n<p>Benjaminsen, Tor A. \u00abDoes Climate Change Lead to Conflicts in the Sahel?\u00bb. 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Disponible en: \u00a0<a href=\"https:\/\/wires.onlinelibrary.wiley.com\/doi\/pdfdirect\/10.1002\/wcc.591\">https:\/\/wires.onlinelibrary.wiley.com\/doi\/pdfdirect\/10.1002\/wcc.591<\/a>.<\/p>\n<p>Buhaug, Halvard y Nina von Uexkull. \u00abVicious Circles: Violence, Vulnerability, and Climate Change\u00bb. <em>Annual Review of Environment and Resources<\/em>, vol. 46, 2021.<\/p>\n<p>Bush, Ray. <em>Poverty and Neoliberalism: Persistence and Reproduction in the Global South<\/em>. 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Disponible en: <a href=\"https:\/\/www.mdpi.com\/2072-4292\/12\/17\/2723\">https:\/\/www.mdpi.com\/2072-4292\/12\/17\/2723<\/a>.<\/p>\n<p>Claussen, Martin, Victor Brovkin, Andrey Ganapolski, Claudia Kubatzki y Vladimir Petoukhov. \u00abClimate Change in Northern Africa: The Past is Not the Future\u00bb. <em>Climate Change<\/em>, vol. 57, marzo de 2003.<\/p>\n<p>Collins, James A., Matthias Prange, Thibaut Caley, Luis Gimeno, Britta Beckmann, Stefan Mulitza, Charlotte Skonieczny, Didier Roche y Enno Schefu\u00df. \u00abRapid Termination of the African Humid Period Triggered by Northern High-Latitude Cooling\u00bb. <em>Nature Communications<\/em>, vol. 8, n\u00ba 1372, 2017.<\/p>\n<p>Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. <em>Understanding and Addressing Climate-Related Security Risks<\/em>, S\/PV.8307. 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Disponible en: <a href=\"https:\/\/noria-research.com\/mena\/black-gold-liquid-metal-the-political-economy-of-gold-in-sudan\/\">https:\/\/noria-research.com\/mena\/black-gold-liquid-metal-the-political-economy-of-gold-in-sudan\/<\/a>.<\/p>\n<p>Davenport, Frank, Kathryn Grace, Chris Funk y Shraddhanand Shukla. \u00abChild Health Outcomes in Sub-Saharan Africa: A Comparison of Changes in Climate and Socio-Economic Factors\u00bb. <em>Global Environmental Change<\/em>, vol. 46, 2017.<\/p>\n<p>deMenocal, Peter, Joseph Ortiz, Tom Guilderson, Jess Adkins, Michael Sarnthein, Linda Baker y Martha Yarusinsky. \u00abAbrupt Onset and Termination of the African Humid Period: Rapid Climate Responses to Gradual Insolation Forcing\u00bb. <em>Quaternary Science Reviews<\/em>, vol. 19, n\u00ba 1-5, 2000.<\/p>\n<p>de Waal, Alex. <em>Famine That Kills: Darfur, Sudan<\/em>. Oxford: Oxford University Press, 2005.<\/p>\n<p>Doblas-Reyes, Francisco J. y Anna A. 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En: Meybeck, A., J. Lankoski, S. Redfern, N. Azzu y V. Gitz, eds. <em>Building Resilience for Adaptation to Climate Change in the Agriculture Sector<\/em>. Roma: Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Alimentaci\u00f3n y la Agricultura, 2012.<\/p>\n<p>Ilboudo N\u00e9bi\u00e9, Elisabeth Kago, Alexandra Brewis, Amber Wutich, Yogo P\u00e9renne y Kadiadiatou Magassa. \u00abWhy Livelihoods Matter in the Gendering of Household Water Insecurity\u00bb. <em>Weather, Climate, and Society<\/em>, vol. 16, n\u00ba 1, 2024.<\/p>\n<p>Instituto Tricontinental de Investigaci\u00f3n Social, Asamblea Internacional de los Pueblos y Pan-Africanism Today. <em>Sud\u00e1n necesita paz ahora<\/em>, Alerta Roja n\u00ba 21, 13 de noviembre de 2025. Disponible en: <a href=\"https:\/\/thetricontinental.org\/es\/alerta-roja-21-sudan\/\">https:\/\/thetricontinental.org\/es\/alerta-roja-21-sudan\/<\/a>.<\/p>\n<p>Instituto Tricontinental de Investigaci\u00f3n Social. <em>Life or Debt: The Stranglehold of Neocolonialism and Africa\u2019s Search for Alternatives<\/em>, dossier n\u00ba 63, 9 de junio de 2023. Disponible en: <a href=\"https:\/\/thetricontinental.org\/pan-africa\/dossier-63-african-debt-crisis\/\">https:\/\/thetricontinental.org\/pan-africa\/dossier-63-african-debt-crisis\/<\/a>.<\/p>\n<p>Inter-r\u00e9seaux. \u00abProduction et \u00e9coulement des semences certifi\u00e9es dans la zone d\u2019intervention de l\u2019Office riz Mopti\u00bb. 19 de octubre de 2020. Disponible en: <a href=\"https:\/\/www.inter-reseaux.org\/\">https:\/\/www.inter-reseaux.org\/<\/a><\/p>\n<p>Kadri, Ali. <em>The Unmaking of Arab Socialism<\/em>. Londres: Anthem Press, 2016.<\/p>\n<p>Kamen, Sydney. \u00abThe World\u2019s First Climate Change Conflict Continues\u00bb. <em>Think Global Health<\/em>, 10 de diciembre de 2021. Disponible en: <a href=\"https:\/\/www.thinkglobalhealth.org\/article\/worlds-first-climate-change-conflict-continues\">https:\/\/www.thinkglobalhealth.org\/article\/worlds-first-climate-change-conflict-continues<\/a>.<\/p>\n<p>Kebede, Alazar. \u00abThe Mercenary Economy: How War Became a Business\u00bb. <em>Capital: Business &amp; Economy<\/em>, 5 de octubre de 2025. Disponible en: <a href=\"https:\/\/capitalethiopia.com\/2025\/10\/05\/the-mercenary-economy-how-war-became-a-business\/\">https:\/\/capitalethiopia.com\/2025\/10\/05\/the-mercenary-economy-how-war-became-a-business\/<\/a>.<\/p>\n<p>L\u00e9zine, Anne-Marie, Christelle H\u00e9ly, Christophe Grenier, Pascale Braconnot y Gerhard Krinner. \u00abSahara and Sahel Vulnerability to Climate Changes, Lessons from Holocene Hydrological Data\u00bb. <em>Quaternary Science Reviews<\/em>, vol. 30, n\u00ba 21\u201322, 2011.<\/p>\n<p>Mafeje, Archie. \u00abThe Ideology of \u2018Tribalism\u2019\u00ab. <em>The Journal of Modern African Studies<\/em>, vol. 9, n\u00ba 2, agosto de 1971.<\/p>\n<p>Mamdani, Mahmood. <em>Saviors and Survivors: Darfur, Politics, and the War on Terror<\/em>. 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Segnon y Philip Thornton. \u00abHarnessing Indigenous Knowledge and Practices for Effective Adaptation in the Sahel\u00bb. <em>Current Opinion in Environmental Sustainability<\/em>, vol. 65, 2023.<\/p>\n<p>Fuente: Instituto Tricontinental de Investigaci\u00f3n Social, <em>Dossier<\/em> n\u00ba 99, 7 de abril de 2026 (<a href=\"https:\/\/thetricontinental.org\/es\/dossier-lucha-clases-clima-sahel\/\">https:\/\/thetricontinental.org\/es\/dossier-lucha-clases-clima-sahel\/<\/a>)<\/p>\n<\/div>\n<\/section>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el Sahel, los crecientes conflictos que tienen su origen en la lucha de clases, son moldeados por la explotaci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":19630,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[40,1563,2042],"tags":[],"class_list":["post-19624","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-africa","category-crisis-ecosocial","category-sahel"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19624","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=19624"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19624\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19632,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19624\/revisions\/19632"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/19630"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=19624"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=19624"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=19624"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}