{"id":19880,"date":"2026-05-25T05:00:37","date_gmt":"2026-05-25T04:00:37","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=19880"},"modified":"2026-05-25T00:23:48","modified_gmt":"2026-05-24T23:23:48","slug":"francisco-suarez-y-el-corpus-mysticum-como-clave-de-la-constitucion-sociopolitica-y-de-la-convivencia-juridica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=19880","title":{"rendered":"Francisco Su\u00e1rez y el <i>Corpus Mysticum<\/i> como clave de la constituci\u00f3n sociopol\u00edtica y de la convivencia jur\u00eddica"},"content":{"rendered":"<p><strong>RESUMEN<\/strong><\/p>\n<p>En este estudio tratamos de entender la controvertida referencia que realiza Francisco Su\u00e1rez, SJ (1548-1617) al concepto de <i>corpus mysticum<\/i>, cuando lo aplica no ya para explicar la naturaleza social de la Iglesia sino, a su vez espec\u00edfica y diferenciadamente, para expresar el sentido propio de la uni\u00f3n social y pol\u00edtica de los diversos cuerpos sociales y la fuente de la dimensi\u00f3n normativa y de la estructura constitucional que los configura. Para ello, en primer lugar, tratamos de liberar el acceso a la posible legitimidad del uso de este concepto para explicar la constituci\u00f3n de sujetos colectivos como son las sociedades pol\u00edticas. En segundo lugar, estudiaremos qu\u00e9 sentido cobra lo \u00abm\u00edstico\u00bb en su teolog\u00eda espiritual y su significatividad e implicaciones para los cuerpos sociales. Y, en tercer lugar, veremos los elementos fundamentales que definen el hecho social y pol\u00edtico y su sentido moral y jur\u00eddico desde el an\u00e1lisis de Su\u00e1rez.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">I. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA<\/span><\/h2>\n<p>\u00bfEs adecuado para poder entender y articular social, pol\u00edtica y normativamente la convivencia en las sociedades pol\u00edticas o en la sociedad global usar el t\u00e9rmino de <i>corpus mysticum<\/i>?<\/p>\n<p>Esta es la opci\u00f3n que asume Su\u00e1rez en general para identificar y explicar la unidad moral, social y pol\u00edtica que conforma cada sociedad particular que supera el mero agregado de individuos que no genera cuerpo. Sin embargo, esta categor\u00eda, <i>prima facie<\/i> es extra\u00f1a a la sensibilidad moderna de cara a poder explicar la articulaci\u00f3n social y pol\u00edtica. El giro secularizador en la Modernidad desaconseja emplear terminolog\u00eda de origen religioso y espiritual para explicar la constituci\u00f3n del mundo humano e hist\u00f3rico, as\u00ed como sus dinamismos y procesualidad. En su caso, el empleo como pr\u00e9stamo, que para algunos habr\u00eda que considerarlo m\u00e1s bien como un residuo l\u00e9xico de la \u00e9poca anterior, ser\u00eda leg\u00edtimo a condici\u00f3n de su no referencialidad a un horizonte trascendente y de su clausura en un mundo humano y naturalmente autorreferencial.<\/p>\n<p>Sin embargo, en cuestiones como estas se juega el significado de la propuesta intelectual e hist\u00f3rica suareciana que, cuando es vista desde nuestro presente, puede constituir una modernidad alternativa<sup>1<\/sup> frente a la mera secularizaci\u00f3n moderna<sup>2<\/sup> en cuanto se base en la oposici\u00f3n e incomunicaci\u00f3n necesaria entre horizontes a condici\u00f3n de poder liberar y desarrollar la autonom\u00eda y la emancipaci\u00f3n humana y social. Por el contrario, la distinci\u00f3n de horizontes y de disciplinas que opera en Su\u00e1rez, no le impide dar cuenta desde el horizonte humano de su apertura y constructividad moral desde la referencia a lo absoluto o a la fuente del bien com\u00fan como motor de humanizaci\u00f3n y plenificaci\u00f3n en este mundo y de esperanza en un mundo transhist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, podr\u00eda pensarse que no es pertinente el empleo de esta categor\u00eda por dos razones de peso que pueden volverse en contra de su uso. En primer lugar, el empleo del concepto de cuerpo m\u00edstico podr\u00eda conducir a una posible confusi\u00f3n e identificaci\u00f3n entre el orden natural y el orden sobrenatural. Distinci\u00f3n que tiene un papel central en la propia teolog\u00eda cat\u00f3lica, como en la filosof\u00eda jur\u00eddica y pol\u00edtica que desarrollan los autores de esta escuela como Su\u00e1rez, para quien el cuerpo pol\u00edtico tiene una finalidad inmanente, pues se ocupa del cuidado y promoci\u00f3n de la felicidad p\u00fablica de car\u00e1cter natural<sup>3<\/sup>, y no del cuidado\u00a0de la salvaci\u00f3n de las almas en orden a la felicidad sobrenatural. Entonces, \u00bfest\u00e1 confundiendo Su\u00e1rez estos planos?<\/p>\n<p>La respuesta nos la da \u00e9l mismo de forma clara. La Iglesia \u00abes y siempre fue un cuerpo m\u00edstico formalmente distinto \u2013dig\u00e1moslo as\u00ed\u2013 del cuerpo pol\u00edtico, es decir, ordenado a un fin diverso, a saber, la felicidad sobrenatural y unido con un v\u00ednculo diverso, a saber, la unidad de la fe, y que ejercita acciones diversas, las que se refieren al culto a Dios y santificaci\u00f3n de las almas\u00bb<sup>4<\/sup>. Dada esa diferencia de constituci\u00f3n, de vinculaci\u00f3n y funcional o pr\u00e1ctica, el poder que se ejerce en ella para el cumplimiento de su fin no surge del mismo modo que en el cuerpo pol\u00edtico natural, pues es un <i>poder sobrenatural<\/i> ya que \u00abdepende de la revelaci\u00f3n sobrenatural y el ejercitarlo de un peculiar influjo del Esp\u00edritu Santo\u00bb<sup>5<\/sup>. En correlaci\u00f3n inversa, el cuerpo m\u00edstico <i>pol\u00edtico<\/i> de \u00edndole natural o hist\u00f3rica en su constituci\u00f3n trae causa directa de la actividad humana, y el poder que se ejerce en ella deriva igualmente de sus propias actuaciones<sup>6<\/sup>. El modo de vinculaci\u00f3n, como despu\u00e9s veremos, es una uni\u00f3n moral, no basada directamente en la fe, sino en la recta raz\u00f3n. Tampoco hay correspondencia con el modo de ejercer el poder, pues seg\u00fan el orden de la naturaleza, los seres humanos \u00aben las cosas civiles, no se rigen por revelaciones sino por la raz\u00f3n natural\u00bb<sup>7<\/sup>.<\/p>\n<p>Y, en segundo lugar, otra posible inconveniencia de este uso es que puede implicar una sacralizaci\u00f3n de la comunidad social y pol\u00edtica al vincularla con un cuerpo m\u00edstico, con lo que podr\u00eda connotar de asociarla a algo definitivo, abso luto, o que se encuentra m\u00e1s all\u00e1 de la historia en orden a su intocabilidad, su irresponsabilidad ante la sociedad, y a su no perfectibilidad. Por este camino, el cuerpo pol\u00edtico ser\u00eda entendido y tratado de modo mistificado. En ese supuesto, parad\u00f3jicamente, nos encontrar\u00edamos, por un lado, ante una cr\u00edtica profunda y expl\u00edcita por parte de Su\u00e1rez al pretendido <i>derecho divino de los reyes<\/i> que realiza en su c\u00e9lebre obra la <i>Defensio fidei<\/i><sup>8<\/sup>, y por otro, una sacralizaci\u00f3n conservadora de la comunidad o sociedad pol\u00edtica en la forma del dominio pol\u00edtico espec\u00edfico a la que estuviera sometida.<\/p>\n<p>Sin embargo, el uso del concepto de cuerpo m\u00edstico para explicar el v\u00ednculo social, lo realiza ya profusamente en el tratado <i>De legibus ac Deo legislatore<\/i>, justamente donde con anterioridad ya hab\u00eda asentado el fundamento de esta cr\u00edtica suareciana a la supuesta intocabilidad e irresponsabilidad social del poder instituido por el consentimiento comunitario y ante la propia comunidad. En esta obra declara, \u00abla raz\u00f3n natural dicta que no es necesario ni siquiera conveniente a tal naturaleza el tener este poder en la comunidad de una manera inmutable, pues, tomado as\u00ed este poder sin a\u00f1adir ninguna determinaci\u00f3n ni hacer cambio alguno, apenas podr\u00eda hacer uso de \u00e9l; luego la naturaleza y su autor lo dan de forma que pueda hacerse cambio en \u00e9l como m\u00e1s convenga para el bien com\u00fan\u00bb<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<p>Por ello, ni lo primero, ni lo segundo, opera en el an\u00e1lisis y en la propuesta suareciana. No hay confusi\u00f3n de planos, pero tampoco un cierre comunicativo dogm\u00e1tico entre ellos, sino m\u00e1s bien, como despu\u00e9s veremos, una apertura desde el horizonte humano y pol\u00edtico a un cierto dinamismo inmanente de trascendencia hist\u00f3rica, en el cual se dialoga tambi\u00e9n con lo que se interpreta por su calidad \u00e9tica como divino o como presencia de Dios o del Esp\u00edritu Santo en los dinamismos humanos y sociales y que justamente se asocian a las din\u00e1micas alineadas con el bien com\u00fan o el bien m\u00e1s universal y al proceso de rectificaci\u00f3n de la voluntad ante la inadecuaci\u00f3n de los afectos desordenados que impiden el ejercicio de las virtudes y de la recta raz\u00f3n<sup>10<\/sup>. Tampoco hay una sacralizaci\u00f3n e indisponibilidad del orden sociopol\u00edtico generado en un momento de la historia. La responsabilidad y la agencia humana o social se mantiene en todo momento en orden a la b\u00fasqueda y consecuci\u00f3n de la felicidad natural, as\u00ed como el discernimiento de la actuaci\u00f3n del poder p\u00fablico en orden al bien com\u00fan<sup>11<\/sup>. El poder\u00a0es una mediaci\u00f3n, no un absoluto social. La sujeci\u00f3n pol\u00edtica, la <i>servidumbre<\/i> <i>pol\u00edtica <\/i>(o \u00abesclavitud pol\u00edtica\u00bb, traducci\u00f3n literalista y equ\u00edvoca en nuestros d\u00edas<sup>12<\/sup>), es \u00fanicamente entendida como una sumisi\u00f3n en el orden civil o <i>sujeci\u00f3n<\/i> <i>civil<\/i> bajo un <i>dominio jurisdiccional<\/i> y <i>no desp\u00f3tico<\/i><sup>13<\/sup>, por tanto, el poder est\u00e1 sujeto a l\u00edmites jur\u00eddicos, y los sujetos bajo el poder no se encuentran alienados de su estatus jur\u00eddico frente al poder institucional. En el marco constitucional o jur\u00eddico de l\u00edmites y cauces del poder pol\u00edtico, este poder no es lo \u00faltimo de la relaci\u00f3n social, sino que es instrumental y preciso para el cuidado del bien com\u00fan. Por tanto, no hay en la explicaci\u00f3n suareciana del poder una presunta sacralizaci\u00f3n o una visi\u00f3n totalitaria del poder impl\u00edcita u operante en su concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, es razonable conceder el beneficio de la duda a Su\u00e1rez, y esto nos permitir\u00e1 sostener y desplegar la pregunta m\u00e1s libremente de prejuicios contempor\u00e1neos que desde direcciones cruzadas se aplican a Su\u00e1rez, unas veces provenientes de posiciones materialmente secularistas, otras desde cr\u00edticas teol\u00f3gicas afines a la restauraci\u00f3n neoescol\u00e1stica y al neotomismo que persisten desde fines del siglo XIX hasta nuestros d\u00edas, en cuanto tomen a Su\u00e1rez como blanco de interpretaciones unilaterales y reductoras<sup>14<\/sup>. En suma, consideramos aqu\u00ed, por\u00a0las razones expuestas y por mostrar en adelante, que no s\u00f3lo es l\u00edcito emplear el t\u00e9rmino salvando esas posibles dificultades, sino que asumimos la hip\u00f3tesis de trabajo de su positiva contribuci\u00f3n al entendimiento y tratamiento de las realidades sociales y pol\u00edticas a partir del mismo, sin incurrir ni en la sacralizaci\u00f3n del orden social y pol\u00edtico, ni en la confusi\u00f3n de planos entre lo natural y sobrenatural, ni en una exclusi\u00f3n de cualquier posibilidad de correlaci\u00f3n entre estos \u00f3rdenes dotada de relevancia social, p\u00fablica y \u00e9tica, posici\u00f3n que es m\u00e1s propia de la secularizaci\u00f3n hegem\u00f3nica<sup>15<\/sup> en la Modernidad, que de una modernidad alternativa, diferenciada y posibilitadora del pluralismo<sup>16<\/sup>, ya que desde hoy podemos mejor entender el sentido propio de la posici\u00f3n suareciana y su posible fecundidad hist\u00f3rica, pasada y futura.<\/p>\n<p>En esta l\u00ednea, y para deshacer equ\u00edvocos o aproximaciones cient\u00edficas simplificadoras, tratamos aqu\u00ed de hacer un di\u00e1logo con su obra que rompa las censuras intelectuales que estructuran los diversos objetos de conocimiento y que marcan lo que queda fuera del campo de cada disciplina, para transitar por un camino transdisciplinario que nos permita dar cuenta de forma no reductora ni disgregadora de lo que conforma la complejidad de la realidad tratada. Por ello, el sentido de lo m\u00edstico en Su\u00e1rez como n\u00facleo explicativo de lo socionormativo ha de ser reconstruido desde lo que acontece en la vida m\u00edstica o actos m\u00edsticos, que son considerados en la teolog\u00eda espiritual o teolog\u00eda m\u00edstica de Su\u00e1rez, sin cuya luz esta referencia no deja de ser ininteligible e inaplicable.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">II. SENTIDO DE LO M\u00cdSTICO EN SU\u00c1REZ DESDE SU TEOLOG\u00cdA M\u00cdSTICA E IMPLICACIONES PARA LA RELACI\u00d3N SOCIAL<\/span><\/h2>\n<p>Suele ser com\u00fan cuando se indaga en el sentido de lo m\u00edstico, tambi\u00e9n para explicar a Su\u00e1rez, acudir a su sentido etimol\u00f3gico<sup>17<\/sup>. A partir de ah\u00ed, se vincula con el \u00e1mbito de lo mist\u00e9rico, de lo no accesible por arcano, escondido o que escapa al entendimiento humano<sup>18<\/sup>. Sin embargo, para Su\u00e1rez no es ese el camino primario de acercamiento a lo m\u00edstico. Si la remisi\u00f3n al sentido de lo m\u00edstico fuera desde esa direcci\u00f3n principal no ser\u00eda pertinente reivindicar su uso cient\u00edfico o te\u00f3rico para explicar aquello en lo que primigeniamente consiste la comunidad pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En el contexto de la teolog\u00eda m\u00edstica de Su\u00e1rez<sup>19<\/sup>, lo m\u00edstico es el \u00e1mbito relacional donde se da la experiencia de <i>uni\u00f3n<\/i> con Dios. Interpretando la\u00a0teolog\u00eda m\u00edstica anterior<sup>20<\/sup>, es la experiencia de la uni\u00f3n afectiva con Dios que se da en los actos m\u00edsticos o contemplativos y que abre a la familiaridad y al entendimiento del Otro, aun sin negar su trascendencia y alteridad radical. El ejercicio de la m\u00edstica implica una relaci\u00f3n personal o entre sujetos (aun dada en este caso la diferencia esencial u ontol\u00f3gica) sostenida en la intimidad espiritual por el amor o afecto fundamental que mueve al comportamiento debido, como el que se da en la oraci\u00f3n, que es un acto de la virtud de la religi\u00f3n<sup>21<\/sup>. La virtud de la religi\u00f3n es una virtud de \u00edndole moral<sup>22<\/sup>, se\u00f1ala Su\u00e1rez, pues es el \u00e1mbito del comportamiento debido para con Dios, y en este sentido, es un acto de justicia hacia Dios. As\u00ed, el acto de la virtud de la religi\u00f3n, en su raz\u00f3n formal o distintiva, es \u00abcierta justicia y reverencia hacia Dios\u00bb<sup>23<\/sup>. Si en esta actividad humana hay, como no pod\u00eda ser de otro modo, cooperaci\u00f3n entre potencias, voluntad, entendimiento, imaginaci\u00f3n\u2026, estas se disponen de tal manera que en ellas tienen prevalencia la voluntad movida por un afecto piadoso<sup>24<\/sup>, como \u00e1mbito propio de la virtud de la religi\u00f3n, que rige e integra los afectos y deseos de todas las virtudes<sup>25<\/sup>. As\u00ed, en la v\u00eda m\u00edstica el afecto guiado por el amor es el que abre camino a actualizar la posibilidad fundamental o metaf\u00edsica del encuentro o de la <i>comunicaci\u00f3n y sociabilidad natural<\/i>, as\u00ed como al entendimiento y pr\u00e1ctica de la relaci\u00f3n debida para con el otro:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">\u00ab[H]ay una doble v\u00eda de ascenso a Dios hasta la uni\u00f3n afectiva con \u00e9l: a una la\u00a0llama<sup>26<\/sup> escol\u00e1stica y a otra m\u00edstica porque la primera requiere la investigaci\u00f3n y\u00a0el estudio del hombre que del conocimiento de las cosas inferiores llega al conocimiento de Dios y finalmente termina en el afecto y en esta clase de meditaci\u00f3n\u00a0o contemplaci\u00f3n confiesa que la voluntad sigue al entendimiento y que el afecto\u00a0no puede durar sin un previo conocimiento. Pero en la v\u00eda m\u00edstica aprecia que el\u00a0afecto va delante y que, movido inmediatamente por el Esp\u00edritu Santo, se une a\u00a0Dios por un ardor y atracci\u00f3n inflamada. Y algunas veces dice que tal afecto se\u00a0da sin pensamiento o conocimiento previo o concomitante y cree que alguna vez\u00a0el conocimiento procede de ese afecto y as\u00ed dice: porque lo que siente el afecto\u00a0lo entiende en verdad el entendimiento (\u2026) y de este contacto queda en la mente\u00a0un verdadero conocimiento del entendimiento. (\u2026) [E]l afecto preparado por el\u00a0amor es lo m\u00e1s alto en el esp\u00edritu racional y en consecuencia lo m\u00e1s cercano al\u00a0Esp\u00edritu Santo\u00bb<sup>27<\/sup>.<\/p>\n<p>Al hilo de este acceso, podemos distinguir por ahora al menos tres momentos o niveles de la relaci\u00f3n comunitaria: comunidad personal y de amistad, comunidad de bien y comunidad de justicia.<\/p>\n<p>En primer lugar, lo unitivo se est\u00e1 liberando a trav\u00e9s del amor de benevolencia, caridad o de amistad, que es lo que se actualiza en la uni\u00f3n m\u00edstica con Dios, y an\u00e1logamente, tambi\u00e9n en la uni\u00f3n social o pol\u00edtica. Se da en ello un verdadero amor de amistad, pues \u00abprimariamente y por s\u00ed mismo se refiere a la persona como objeto, por tanto, (\u2026) nos une al mismo Dios como amigo\u00bb<sup>28<\/sup>. Podr\u00edamos reconocer ah\u00ed el momento radical de la uni\u00f3n, que tiene un car\u00e1cter propiamente personal o <i>ad personam,<\/i>y que libera esa comuni\u00f3n o <i>comunidad<\/i> <i>personal<\/i>.<\/p>\n<p>En esta misma l\u00ednea para mostrar el momento interpersonal de la comunidad, apunta tambi\u00e9n el an\u00e1lisis del modo de relaci\u00f3n entre Cristo y su Iglesia,\u00a0en cuanto composici\u00f3n del <i>corpus mysticum. <\/i>Ello puede servirnos si mantenemos el sentido explicativo del concepto tambi\u00e9n para las realidades sociales del orden natural, podemos ganar una comprensi\u00f3n decisiva en la relaci\u00f3n sociopol\u00edtica<sup>29<\/sup>. As\u00ed, recoge Elorduy que la uni\u00f3n del Verbo con la humanidad es <i>per<\/i><i>sonal<\/i>, no es un v\u00ednculo f\u00edsico, es una conexi\u00f3n que incluye la uni\u00f3n moral, pero es de un orden distinto y superior a ella. En esa uni\u00f3n personal se realiza la s\u00edntesis de las perfecciones f\u00edsicas, de los lazos sociales y de los v\u00ednculos morales; sin ella no hay perfecciones del mundo f\u00edsico, porque nada hay positivo y absoluto sin individuaci\u00f3n o personalidad<sup>30<\/sup>. Por ello, sin uni\u00f3n personal no hay tampoco lazos sociales ni v\u00ednculos de amistad, ni ser\u00eda posible un amor verdadero a las cosas sin que est\u00e9 fundado en un afecto personal superior al atractivo que sobre las personas pueden ejercer las cosas. As\u00ed, sin el dominio que la persona tiene sobre s\u00ed mismo y sin las responsabilidades de ese dominio se privar\u00eda de fundamento real a la moral y al derecho<sup>31<\/sup>. En este sentido, la condici\u00f3n de persona sintetiza y fusiona, une y completa, armoniza y dirige las energ\u00edas f\u00edsicas, sociales y morales de los seres humanos. Esta forma de uni\u00f3n personal que se da en los cuerpos pol\u00edticos, tambi\u00e9n se puede proyectar en la edificaci\u00f3n del cuerpo pol\u00edtico de la comunidad universal. Los sujetos individuales y propiamente personales no quedan absorbidos, sino que son condici\u00f3n posibilitadora de una nueva subjetividad colectiva, la que puede conformar en la propia comunidad universal.<\/p>\n<p>Pero, a su vez, este trato personal est\u00e1 sostenido por el afecto que \u00abune inmediatamente a la misma persona amada\u00bb<sup>32<\/sup>, y en su virtud, surge la uni\u00f3n por este tipo de amor distintivo que es el de amistad o amor hacia el otro, y no meramente desde el amor de concupiscencia o para s\u00ed<sup>33<\/sup>.<\/p>\n<p>El afecto no es ni solo sentimiento, ni sola voluntad. Es algo m\u00e1s concreto y complejo, a un tiempo. Es la \u00abcomplacencia provocada en nuestras potencias apetitivas (sensitiva y volitiva) mediante la atracci\u00f3n del bien; esta complacencia desemboca en deseo de uni\u00f3n y empe\u00f1a a toda la persona\u00bb<sup>34<\/sup>. As\u00ed, ni basta el conocimiento de lo bueno, ni la decisi\u00f3n de la voluntad de encaminarse a ello, sino que es central la configuraci\u00f3n concreta y din\u00e1mica del amor en el sujeto.<\/p>\n<p>El afecto modulado en este sentido no es entonces una concomitancia paralela de los actos sociales<sup>35<\/sup>, o en su caso, del h\u00e1bito comunitario y social como disposici\u00f3n para el bien del otro o de los otros, sino un cauce fundamental y primario para la actualizaci\u00f3n de la sociabilidad natural<sup>36<\/sup>, en cuanto modulaci\u00f3n ordenada de la relaci\u00f3n con los otros. La amistad c\u00edvica, en cuanto socializa vinculando o uniendo, opera como principio de la interrelaci\u00f3n que alcanza tambi\u00e9n, en \u00faltima instancia, a la comunidad del g\u00e9nero humano. La versi\u00f3n o apertura y relacionalidad personal con todo miembro del g\u00e9nero humano, es un hecho antropol\u00f3gico que est\u00e1 orientando la relaci\u00f3n debida con todos. No se trata, como se ha apuntado, de que Su\u00e1rez limite el alcance de la comunidad universal a la comunidad de Estados<sup>37<\/sup> o entre sujetos pol\u00edticos colectivos, sino de que la relaci\u00f3n de justicia con las otras sociedades se arraiga en la amistad intersubjetiva como punto de partida, esto es, en la disposici\u00f3n a tratar al otro como amigo y no como enemigo. As\u00ed, la enemistad no est\u00e1 en el origen como principio de interrelaci\u00f3n fundante de la socialidad o de la versi\u00f3n a los otros, ni tampoco es el principio normativo fundante del trato debido a los otros.<\/p>\n<p>En segundo lugar, de la comuni\u00f3n o comunidad personal, surge propiamente una <i>comunidad de bien<\/i>, pues el modo que tiene esta orientaci\u00f3n del amor es querer el bien en cuanto es para el otro y es, por as\u00ed decir, un vector de la universalidad del bien querido. El amor de amistad o de caridad es benevolente, lo que mueve a la comunicaci\u00f3n y a la ordenaci\u00f3n. La amistad humana o caridad\u00a0\u00abpor s\u00ed misma se refiere en primer lugar a la benevolencia de la persona para la que se quiere formalmente el bien y precisamente por su bien\u00bb<sup>38<\/sup>. Si bien el afecto es vector, no es un hecho no modulable y por ello puede haber una ordenaci\u00f3n del afecto desde la benevolencia universal, cuya actualizaci\u00f3n humaniza la mera pertenencia biol\u00f3gica o fil\u00e9tica al g\u00e9nero humano. As\u00ed, la <i>recta ratio<\/i> puede ampliar el alcance del afecto o de la amistad c\u00edvica, pero es, a su vez, el afecto benevolente el hecho primario que puede ser ampliado o universalizado. El afecto, en este sentido, no es una suerte de automatismo universal, responde, por as\u00ed decir, a la \u00edndole metaf\u00edsica humana, despleg\u00e1ndose optativamente esta posibilidad fundamental de humanizaci\u00f3n ante los otros a trav\u00e9s de los actos sociales concretos en que se va ejerciendo.<\/p>\n<p>En este sentido, la amistad c\u00edvica que opera como principio de la interrelaci\u00f3n humanizadora entre la comunidad del g\u00e9nero humano, es condici\u00f3n material de la rectitud de las costumbres, que act\u00faa no s\u00f3lo entre comunidades o sujetos colectivos, sino entre sujetos individuales o personales<sup>39<\/sup>. Ya Vitoria afirm\u00f3 que \u00abla amistad entre los hombres parece ser de derecho natural, y contra la naturaleza impedir la compa\u00f1\u00eda y consorcio de los hombres\u00bb<sup>40<\/sup>. Si bien podemos distinguir, como hace Su\u00e1rez, entre el momento unitivo en un sentido material, y el momento normativo de la uni\u00f3n, como es el sentido de rectitud o justicia en y ante dicha comunidad, es ese momento primario de versi\u00f3n comunitaria unitiva desde la amistad, esa fuerza material socializadora, la que, a su vez, es reconocida intelectivamente y apreciada en su normatividad o capacidad reguladora de la interacci\u00f3n.<\/p>\n<p>En un tercer nivel, se puede distinguir, como hemos avanzado, una <i>comu<\/i><i>nidad de justicia<\/i>. Hay una relaci\u00f3n estructural entre la virtud de la justicia, que cualifica de un modo preciso la relaci\u00f3n social, aun en un sentido omnicomprensivo (incluyendo ah\u00ed la virtud de la religi\u00f3n), y la virtud de caridad o del amor. Ahora bien, esta relaci\u00f3n estructural no implica para Su\u00e1rez confusi\u00f3n, ni ausencia de distinci\u00f3n de las virtudes. As\u00ed, por ejemplo, si la religi\u00f3n es la virtud de justicia para con Dios, y lo realiza \u00abno formalmente por el afecto a la misma persona ni por ella misma o por su bien, sino solamente por la equidad y\u00a0honestidad de la justicia\u00bb<sup>41<\/sup>. As\u00ed, el contexto del an\u00e1lisis de los actos m\u00edsticos le permite a Su\u00e1rez ver las correspondencias y correlaciones entre la virtud de la amistad o de la caridad, y la virtud de la justicia (y de la religi\u00f3n):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">\u00abconcediendo que la amistad humana o la caridad haga bien hacia el pr\u00f3jimo, esto no impide que la justicia, la gratitud y la consideraci\u00f3n con las que damos al pr\u00f3jimo alg\u00fan bien y queremos darlo, sean virtudes distintas de la caridad del pr\u00f3jimo o de la amistad y favor. As\u00ed pues, la caridad y la religi\u00f3n se relacionan con Dios como la amistad y la justicia con el pr\u00f3jimo. Porque la caridad de Dios es cierta amistad con \u00e9l (\u2026). Y la religi\u00f3n es cierta justicia y reverencia hacia Dios (\u2026). [L]a justicia procura darle a otro su derecho; y esto ciertamente, aunque en realidad ceda en bien y provecho de aquel a quien se da lo que se le debe, sin embargo, la justicia misma no busca formalmente este bien o provecho sino la honestidad que se da al establecer la equidad por eso debido\u00bb.<sup>42<\/sup><\/p>\n<p>Hay una comunicaci\u00f3n de bienes y de reconocimientos al interior de la relaci\u00f3n comunitaria o social, pero reconocer al amigo en virtud de un afecto vinculante, querer su bien, favor, o disponerse para la ayuda al pr\u00f3jimo, es distinto de la justicia que procura darle al otro su derecho, aunque como dice Su\u00e1rez, en realidad o en un sentido material ceda en bien y provecho de aquel a quien se da lo que se le debe. La comunicaci\u00f3n de bienes o reconocimientos, que es el \u00e1mbito de la amistad y caridad, procura, por as\u00ed decir, los bienes diversos que se comunican materialmente en la relaci\u00f3n social, pero la justicia procura la comunicaci\u00f3n <i>debida<\/i>, esto es, la correcci\u00f3n, honestidad o exigibilidad del bien o del trato debido al que se accede en el contexto de la relaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Si, como indica Su\u00e1rez, hay dos v\u00edas para la uni\u00f3n social, la v\u00eda del entendimiento, intelectual o \u00abescol\u00e1stica\u00bb que genera de modo subsiguiente el afecto unitivo en que radica la actualizaci\u00f3n de la relaci\u00f3n social, en cuanto que la voluntad sigue al entendimiento y el afecto no puede durar sin un previo conocimiento; o bien la \u00abm\u00edstica\u00bb en virtud del afecto unitivo que subtiende la din\u00e1mica comunitaria y procura a su modo la generaci\u00f3n de la comunidad interpersonal; es pertinente que Su\u00e1rez elija este segundo modo de la v\u00eda m\u00edstica para explicar lo unitivo y generativo de la relaci\u00f3n social. Con ello, Su\u00e1rez est\u00e1 accediendo a la fundamentalidad y relevancia funcional de los \u00abniveles inferiores\u00bb de la subjetividad humana con respecto a los \u00abniveles superiores\u00bb<sup>43<\/sup> para la\u00a0generaci\u00f3n de lo social o la formaci\u00f3n de los cuerpos sociales. Ello no obsta a que los \u00abniveles superiores\u00bb puedan y deban reobrar sobre la modulaci\u00f3n de los cuerpos sociales, pero no es, por as\u00ed decir, lo primigenio que libera o posibilita la constituci\u00f3n social. De suyo, en la v\u00eda o en el hecho m\u00edstico (que acontece en la intimidad espiritual con Dios, y si tomamos en serio la explicaci\u00f3n suareciana, tambi\u00e9n en el trato con los otros, la cual puede ser mejor entendida desde la anal\u00edtica del trato m\u00edstico con Dios) nos revela que <i>lo que siente el afecto lo<\/i> <i>entiende en verdad el entendimiento y de este contacto queda en la mente un<\/i> <i>verdadero conocimiento del entendimiento<\/i>. De donde, como indic\u00f3 Su\u00e1rez, el \u00abafecto preparado por el amor es lo m\u00e1s alto en el esp\u00edritu racional y en consecuencia lo m\u00e1s cercano al Esp\u00edritu Santo\u00bb<sup>44<\/sup>.<\/p>\n<p>Lo relevante, entonces, es que este afecto nos abre a la comunidad y al entendimiento de los otros, y a partir de ah\u00ed, a la relaci\u00f3n debida ante los otros. Son momentos diferentes, como se\u00f1ala Su\u00e1rez, pero de suyo est\u00e1n imbricados. As\u00ed, el modo de conocer depende del afecto implicado en el ejercicio o despliegue de ese conocimiento. Pero el afecto no es un\u00edvoco o se articula siempre del mismo modo, pues puede haber <i>afectos desordenados<\/i><sup>45<\/sup><i>.<\/i> Pero si hay afectos desordenados no es s\u00f3lo por una cualificaci\u00f3n cr\u00edtica y racional sobre los mismos, sino porque se alienan o separan de su versi\u00f3n primaria, la cual es reconocida, por as\u00ed decir, <i>ex post<\/i>, seg\u00fan lo que parece ser una cualidad <i>ex ante<\/i>; que a su vez, es reconocida de dos modos, bien ulteriormente por la cr\u00edtica racional (v\u00eda intelectual o \u00abescol\u00e1stica\u00bb), o bien inmediatamente por medio de la v\u00eda del afecto o \u00abm\u00edstica\u00bb, o de los actos o ejercicios m\u00edsticos que nos reconduce directamente a la experiencia social originaria y fundante, y que nos permite acceder al entendimiento m\u00e1s radical y aut\u00e9ntico del otro, y en este sentido, es fuente de relaciones humanizadoras.<\/p>\n<p>As\u00ed, no todo modo de conocimiento sirve humanamente sino aqu\u00e9l en el que opera un \u00abafecto ordenado\u00bb. Los afectos se mueven entre dos grandes\u00a0polaridades; los que unen, afectos primarios o afectos \u00abdivinos\u00bb, responsables, convivenciales; o bien afectos divisivos o secundarios, por contraposici\u00f3n a los primeros, \u00abdiab\u00f3licos\u00bb, en cuanto separan, desvinculan y sostienen un modo de actividad humana autorreferencial como si el sujeto fuera irresponsable, pasara de largo de la justicia debida o se declarara independiente de la relaci\u00f3n con los otros.<\/p>\n<p>Nos encontramos entonces con el amor como motor m\u00e1s radical del dinamismo humano, para bien y para mal. Si es meramente autorreferencial, desajusta o desordena la realizaci\u00f3n del sujeto; si se conforma, como dice Su\u00e1rez, desde la rectitud de la voluntad, se hace inclusivo y tendencialmente universal o cooperador de la universalidad real, pues opera como motor de la comunicaci\u00f3n en la l\u00ednea del bien, o del bien com\u00fan. El amor de amistad, por la universalidad que vehicula, implica rectitud de la voluntad, y a su vez, esta voluntad recta est\u00e1 en correlaci\u00f3n con la voluntad divina<sup>46<\/sup>. Una y otra son entendidas o explicadas desde su entra\u00f1a \u00e9tica, y por ello, se asumen desde un horizonte antropol\u00f3gico, aunque no clausurado en s\u00ed mismo. Sobre la voluntad divina, nos dice Su\u00e1rez que \u00abs\u00f3lo tiene por objeto el bien universal, s\u00f3lo ella puede conducir al bien com\u00fan y al fin universal\u00bb<sup>47<\/sup>.<\/p>\n<p>En esta l\u00ednea, la actividad m\u00edstica viene entendida por Su\u00e1rez como un modo sanar y articular rectamente la sociabilidad real del sujeto. El ejercicio de los actos m\u00edsticos que se corresponden con los actos espirituales permite ordenarse al sujeto para incorporarse o resituarse en un \u00e1mbito de relacionalidad ben\u00e9fica o en la l\u00ednea del bien universal o bien com\u00fan, y es una forma de superar una relacionalidad desordenada en cuanto esta no posibilita su adecuada realizaci\u00f3n para s\u00ed, ni en el entorno de sus relaciones. En este contexto, la ordenaci\u00f3n de los afectos tiene una relevancia \u00e9tico-pol\u00edtica central para posibilitar una interacci\u00f3n social o una convivencia dinamizada por el bien com\u00fan. El camino de las pr\u00e1cticas espirituales de la vida m\u00edstica, en el sentido ignaciano que Su\u00e1rez asume, busca conocer a Dios y unirse a \u00e9l m\u00e1s ardiente y santamente<sup>48<\/sup>. Si traducimos a un lenguaje secular y antropol\u00f3gico podr\u00edamos entenderlo como el cuidado de la rectitud de la voluntad y de los afectos en orden a perfeccionar al sujeto en relaci\u00f3n alineado con la posibilitaci\u00f3n del conocimiento y consecuci\u00f3n del bien universal. Y, por tanto, los sujetos as\u00ed orientados, han de cuidar hacer presente en sus interacciones la justicia y la solidaridad universal a la que llama\u00a0la voluntad divina en cuanto promoci\u00f3n del bien del universo. En l\u00ednea con el carisma ignaciano y jesuita, dir\u00edamos pues que \u00abel bien cuanto m\u00e1s universal es m\u00e1s divino\u00bb<sup>49<\/sup>, aunque la inversa tambi\u00e9n es correcta, pues lo divino se alinea hacia el bien universal.<\/p>\n<p>Pero esta alineaci\u00f3n no opera s\u00f3lo cuidando lo \u00absuperior\u00bb, la rectitud de voluntad y de raz\u00f3n, sino que est\u00e1 promovida y sostenida, en su caso, por el afecto o amor de amistad por medio de los actos m\u00edsticos. Ahora bien, si lo m\u00edstico, seg\u00fan Su\u00e1rez, como modo de uni\u00f3n social, aun con toda su complejidad y constructividad, es un hecho com\u00fan que a traviesa todos los cuerpos sociales que son conformados por toda variedad de sujetos (y como decimos, operan en este modo de m\u00edstica social de alg\u00fan modo experiencias afines o correlativas a la m\u00edstica espiritual, aun dadas las diferencias entre sujetos), hay tambi\u00e9n un \u00e1mbito de comunicaci\u00f3n y de posibilitaci\u00f3n desde la pr\u00e1ctica de la m\u00edstica espiritual para la conformaci\u00f3n, ordenaci\u00f3n y promoci\u00f3n de la vida \u00e9tica en las relaciones sociales. Veamos brevemente, tanto esta posibilidad com\u00fan para todos, como la sinergia que se da, seg\u00fan Su\u00e1rez, entre la m\u00edstica espiritual y la vida \u00e9tica p\u00fablica o pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Su\u00e1rez sostiene una posici\u00f3n inclusiva con respecto a la pr\u00e1ctica de actos m\u00edsticos espirituales, aun dada la variedad de sujetos, experiencias o aptitudes<sup>50<\/sup>. La experiencia m\u00edstica no es s\u00f3lo propia de esp\u00edritus muy cultivados, sino que es una experiencia com\u00fan que todos pueden tener en alg\u00fan grado, as\u00ed como es pertinente para su propia maduraci\u00f3n y felicidad terrena. Reconoce Su\u00e1rez que \u00absi a todos les conviene ejercitarse en el amor, ser\u00e1 tambi\u00e9n \u00fatil acostumbrarse poco a poco a permanecer en ese amor con alguna tranquilidad y reposo del \u00e1nimo, seg\u00fan a cada uno le sea concedido del cielo. Adem\u00e1s, porque la suavidad de la devoci\u00f3n es muy provechosa en todo estado y no la suscita sino el amor o la sustancial devoci\u00f3n que todos deben buscar\u00bb<sup>51<\/sup>. Aunque en un sentido intensivo la felicidad natural consista en la contemplaci\u00f3n de Dios en los actos m\u00edsticos, sin embargo, tal felicidad no puede permanecer sin la pr\u00e1ctica de las virtudes. Para la pr\u00e1ctica de las virtudes, ayuda la ordenaci\u00f3n del afecto por medio de la actividad contemplativa (aunque hay, tambi\u00e9n, cierta circularidad posibilitadora entre la pr\u00e1ctica de las virtudes y los actos m\u00edsticos). Los actos m\u00edsticos son:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">\u00abel primer paso de la vida honesta (\u2026) porque el comienzo de la salud proviene\u00a0del pensamiento santo (\u2026); y el santo pensamiento se refiere por s\u00ed mismo a la\u00a0contemplaci\u00f3n. Y estos [ejercicios contemplativos] se ordenan a excitar y promover este pensamiento y reflexi\u00f3n en la persona\u00bb<sup>52<\/sup>.<\/p>\n<p>Lo que mueve y sustenta esta pr\u00e1ctica es el amor de Dios, que:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">\u00abtrae consigo la observancia de los mandamientos naturales y, consecuentemente,\u00a0la pr\u00e1ctica de las virtudes. Tambi\u00e9n porque para tal contemplaci\u00f3n es necesario\u00a0tener dominadas las pasiones y el esp\u00edritu en calma, cosas que no pueden darse\u00a0sin la pr\u00e1ctica de las virtudes (\u2026). Igualmente, porque, despu\u00e9s de la contemplaci\u00f3n y el amor de Dios, lo que perfecciona m\u00e1s al hombre como tal es la pr\u00e1ctica\u00a0de las virtudes y vivir seg\u00fan la recta raz\u00f3n\u00bb<sup>53<\/sup>.<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n es un acto simplic\u00edsimo que se realiza m\u00e1s recibiendo que buscando, a modo de mirada y reposo en la verdad hallada<sup>54<\/sup>. Se trata con ello de purificar y ordenar los afectos que operan en el alma humana, pues para realizar las buenas obras, hace falta que precedan el santo pensamiento y el santo deseo que se cultiva en la oraci\u00f3n mental o interior. La felicidad en esta vida alcanza su culmen en la contemplaci\u00f3n, que, a su vez, abre el camino del recto obrar o vida honesta. Todo ello lleva a reconocer la virtualidad p\u00fablica de la vida m\u00edstica en la que se ordenan los afectos que mueven a una vida honesta, recta o justa<sup>55<\/sup>.<\/p>\n<p>De este modo, la rectitud y la consiguiente pr\u00e1ctica de las virtudes es necesaria \u00abpara el esplendor y la paz de la Rep\u00fablica, y aun en cierto modo, para la buena madurez de la propia vida\u00bb<sup>56<\/sup>. Es pertinente, pues, constatar la imbricaci\u00f3n entre lo que acontece interiormente en el sujeto, con su virtualidad ontol\u00f3gica y la eficacia p\u00fablica de su proyecci\u00f3n social. La justeza o ajuste de la rectitud para el desarrollo humano proporciona tambi\u00e9n la paz p\u00fablica que nace de la justicia de la rectitud. Por el contrario, podr\u00edamos decir, la discordia, enemistad y guerra en las relaciones sociales trae causa de la no rectitud, esto es, de las <i>afecciones<\/i> <i>desordenadas<\/i>. El curso de la adecuada realizaci\u00f3n humana est\u00e1 condicionada, incluso imposibilitada en su caso, seg\u00fan el tipo de <i>afecciones<\/i> que operan. Estas pueden estar no s\u00f3lo poniendo en peligro la orientaci\u00f3n humana, y sobre lo que\u00a0hay que alcanzar conciencia cr\u00edtica, sino que es un nivel radical y estructural que hay que cuidar positivamente. Esta ordenaci\u00f3n del afecto, seg\u00fan demandan las <i>Constituciones <\/i>de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, se plantea como superaci\u00f3n o salida de s\u00ed mismo, de su \u00abamor sensual\u00bb<sup>57<\/sup>, de su propia voluntad e impulso autorreferencial. Un salir de su autocentramiento, que tanto le aprovechar\u00e1 o ayudar\u00e1 a avanzar en su propia realizaci\u00f3n cuanto \u00absaliere de su propio amor, querer e inter\u00e9s\u00bb<sup>58<\/sup>. Se trata con ello de la canalizaci\u00f3n del amor en cuanto motor m\u00e1s radical del dinamismo humano por el camino de la abnegaci\u00f3n y de la humildad como contrario al rechazo de Dios y del pr\u00f3jimo debido a la soberbia y a un falso amor propio<sup>59<\/sup>.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">III. CUERPO M\u00cdSTICO <i>O<\/i> COMUNIDAD POL\u00cdTICA: ELEMENTOS CONSTITUCIONALES<\/span><\/h2>\n<p>Cuando Su\u00e1rez cambia la perspectiva de la teolog\u00eda a la filosof\u00eda, sigue empleando esta categor\u00eda que proviene de la teolog\u00eda espiritual. Parece entonces que para \u00e9l la v\u00eda m\u00edstica expresa y articula los nexos que congregan o unen en comunidades a los seres humanos, a\u00fan dadas diferencias cualitativas esenciales entre ellas. As\u00ed, en el sentido antes analizado, lo m\u00edstico constituye la materia que conforman los distintos cuerpos sociales, sean espirituales, sean meramente sociales o pol\u00edticos. Su\u00e1rez emplea entonces esta categor\u00eda de <i>corpus mysticum<\/i>, tanto en la l\u00ednea de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica cristiana para describir a la Iglesia, como \u00abrep\u00fablica espiritual\u00bb<sup>60<\/sup>, y lo que puede resultar hoy m\u00e1s desafiante, para describir la realidad de las formaciones sociopol\u00edticas de orden natural.<\/p>\n<p>Es relevante se\u00f1alar el empe\u00f1o que muestra Su\u00e1rez en asignar un uso propio de este concepto, el cual no es figurado o simplemente metaf\u00f3rico, sino que pretende emplearlo de modo riguroso y explicativo. Por ello, en la teor\u00eda pol\u00edtica y social suareciana no es algo que vendr\u00eda a ser propiamente una contaminaci\u00f3n\u00a0proveniente del l\u00e9xico teol\u00f3gico al que Su\u00e1rez estaba acostumbrado, sino un pr\u00e9stamo l\u00e9xico que permite dar cuenta mejor de esta realidad. Que se trata de un uso propio para Su\u00e1rez que de un modo habitual est\u00e1 presente en sus escritos tanto teol\u00f3gicos, como jur\u00eddico-pol\u00edticos, se deduce de diversos usos<sup>61<\/sup>. Entonces, lo m\u00edstico es equivalente o identificable con lo pol\u00edtico en un sentido primario, pues se trata de una <i>comunidad pol\u00edtica o m\u00edstica<\/i><sup>62<\/sup>. Veamos entonces esa conformaci\u00f3n o constituci\u00f3n espec\u00edfica.<\/p>\n<p>Una comunidad tal no es un simple aglomerado de personas sin ning\u00fan orden ni uni\u00f3n f\u00edsica o moral, sino que una sociedad es cuerpo pol\u00edtico en tanto que est\u00e1 \u00abmoralmente unida y ordenada para componer un cuerpo m\u00edstico\u00bb<sup>63<\/sup>. En el mismo, se lleva a cabo en una unidad pol\u00edtica congregada con un v\u00ednculo social, \u00abpara que mutuamente se ayuden en orden a un fin pol\u00edtico\u00bb<sup>64<\/sup>. Si bien tiene sus partes activas y unidas este cuerpo m\u00edstico \u00abest\u00e1n necesitadas de una cabeza\u00bb<sup>65<\/sup> o autoridad, aun cuando, esta \u00abcabeza\u00bb es algo derivado de la misma existencia de sociedad, y no la sociedad la constituida por acci\u00f3n de la cabeza. As\u00ed, en el orden de la naturaleza, el cuerpo pol\u00edtico debe constituirse <i>antes<\/i> de que exista el poder sobre los sujetos, porque la comunidad o sociedad debe ser sujeto del poder antes que ese poder llegue a existir sobre la misma. En este sentido, tambi\u00e9n esta categor\u00eda de <i>corpus mysticum<\/i> puede aplicarse en alguna proporci\u00f3n a las relaciones morales, jur\u00eddicas y pol\u00edticas que surgen tambi\u00e9n en el conjunto de la humanidad, aun cuando no exista un poder central y \u00fanico sobre esta comunidad universal.<\/p>\n<p>Entonces, lo m\u00edstico visto desde lo constitucional, es el \u00e1mbito del surgimiento de la uni\u00f3n o congregaci\u00f3n en una comunidad de amistad, momento social primario, de donde nace la <i>politicidad<\/i> del cuerpo, que no consiste primariamente en la dominaci\u00f3n, sino en la congregaci\u00f3n o uni\u00f3n; pues antes de que surja el dominio sobre el cuerpo social, este debe ser sujeto. Si bien en un nivel radical o metaf\u00edsico puede verse como fruto de la sociabilidad natural del ser humano; su despliegue, podr\u00edamos decir, su subtensi\u00f3n din\u00e1mica, est\u00e1 sostenida por el afecto, que es un modo de versi\u00f3n al otro que se actualiza en l\u00ednea con la amistad en un sentido c\u00edvico, aunque la amistad sea ya un hecho social atravesado por lo normativo y racional, e incluye no s\u00f3lo al propio cuerpo social de referencia, sino en \u00faltima instancia, alcanza a toda la comunidad de cong\u00e9neres<sup>66<\/sup>. Por ello, sobre la comunidad del g\u00e9nero humano, Su\u00e1rez reconoce la existencia de un criterio racional de bien com\u00fan para el g\u00e9nero humano, lo que, a su vez, es un criterio material de justicia que opera sobre las pr\u00e1cticas sociales o costumbres que instituyen el derecho entre los pueblos<sup>67<\/sup>.<\/p>\n<p>Para ahondar en la explicaci\u00f3n de lo constitucional, podemos advertir que Su\u00e1rez se enfrenta cr\u00edticamente con tres concepciones insuficientes del hecho social o del modo de constituci\u00f3n de la sociedad. Ni la sociedad se explica como un agregado f\u00edsico o extr\u00ednseco de sujetos; ni se trata de una conjunci\u00f3n o multitud confusa, esto es, sin v\u00ednculo social y moral, como si la integraci\u00f3n social consistiera en algo accidental sobrevenido a la multitud y no fruto de su propia determinaci\u00f3n; ni se trata de un mero compuesto org\u00e1nico de elementos integrados sin subjetividad propia con respecto al propio sistema org\u00e1nico.<\/p>\n<p>En el primer sentido, no reside en la mera proximidad f\u00edsica o coexistencia espacial, puesto que es una dimensi\u00f3n f\u00edsica insuficiente<sup>68<\/sup>, ya que implicar\u00eda considerar la sociedad pol\u00edtica como conglomerado de objetos, en este caso, cada uno de los objetos ser\u00edan los miembros personales. Obviando as\u00ed la capacidad de subjetividad, moralidad y libertad de cada uno de sus miembros, y, por tanto, de integraci\u00f3n moral, subjetiva o propia de sujetos, en virtud de cuyas acciones <i>resulta<\/i> la comunidad pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En el segundo sentido, tampoco es una multitud confusa, sino que posee orientaci\u00f3n desde s\u00ed misma, en cuanto que la uni\u00f3n est\u00e1 atravesada por la moralidad interna que justamente evita esa confusi\u00f3n en cuanto desorientaci\u00f3n, y que, a su vez, se articula din\u00e1micamente en unos fines pol\u00edticos ya considerados o preferidos desde la propia comunidad (y antes de su administraci\u00f3n por parte del poder pol\u00edtico). Podr\u00edamos decir, porque tienen una raz\u00f3n moral interna, pueden llegar a reconocer intelectivamente esa raz\u00f3n moral que los vincula y ordena. Hay un \u00e1mbito de autonom\u00eda material propia que no se adecua a la simple heteronom\u00eda de un legislador que sea \u00fanica fuente de la moralidad o rectitud en la comunidad. En uno y en otro caso, la sociedad no existir\u00eda internamente o desde s\u00ed misma con una positiva constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed hay, por tanto, una diferencia esencial con la teor\u00eda social liberal, en su versi\u00f3n positivista de Hobbes, para quien no existe ni sociedad ni justicia anterior a la existencia del soberano<sup>69<\/sup>; ni en la versi\u00f3n iusnaturalista del liberalismo en Locke<sup>70<\/sup>, para quien no existe sociedad antes o al margen del proceso de instituci\u00f3n del soberano en cuanto poder supremo fiduciario, y la moralidad o justicia que ordena la relaci\u00f3n entre individuos, es meramente de car\u00e1cter negativo y no existe un deber positivo de solidaridad ni la ordenaci\u00f3n del derecho individual de cada cual desde el bien com\u00fan como, en cambio, sostiene y\u00a0defiende Su\u00e1rez<sup>71<\/sup>. Esta diferencia esencial puede explicarse desde el diverso presupuesto antropol\u00f3gico del que parte Su\u00e1rez, a diferencia de la matriz liberal, pues como ya avanzaron Copleston y Scannone<sup>72<\/sup>, entre otros, la relaci\u00f3n social y pol\u00edtica, no es fruto de un ego\u00edsmo ilustrado o del utilitarismo individualista<sup>73<\/sup>, sino como consecuencia de la sociabilidad y politicidad naturales del ser humano, actualizada hist\u00f3ricamente por el ejercicio de la libertad y el consenso mutuo, aunque mediado esto \u00faltimo por el afecto o amistad c\u00edvica, como antes mostramos.<\/p>\n<p>En un tercer sentido, tampoco se articula el cuerpo pol\u00edtico como una mera interacci\u00f3n org\u00e1nica, si se entiende la misma como ausencia de subjetividad, moralidad y libertad propia de los elementos o partes conformadoras inscritos en una totalidad que se sobredetermina sist\u00e9micamente a s\u00ed misma sin relaci\u00f3n \u00e9tica. No hay una composici\u00f3n mec\u00e1nica u org\u00e1nica, sino pr\u00e1ctica o a trav\u00e9s de actos plenariamente humanos. Su\u00e1rez estar\u00eda m\u00e1s conforme con Bartolom\u00e9 de las Casas, para quien \u00abla unidad del cuerpo m\u00edstico resulta de la uni\u00f3n de las voluntades, no de la uni\u00f3n de los \u00f3rganos, ya que en \u00e9l las partes son personas\u00bb<sup>74<\/sup>. La integraci\u00f3n social no es, en este sentido propio del cuerpo m\u00edstico, un proceso de constituci\u00f3n totalitaria donde las partes son meros instrumentos de la marcha colectiva o piezas funcionales sin alteridad \u00e9tica o valor propio. El bien com\u00fan posibilita y ordena, pero no aniquila la dignidad o el reconocimiento propio de las partes.<\/p>\n<p>Vistas algunas conceptuaciones por v\u00eda negativa del hecho social, as\u00ed como considerado en el apartado anterior la raz\u00f3n o causa material de este hecho, esto es, aquello que est\u00e1 posibilitando el v\u00ednculo, que dicho de forma constructa, est\u00e1 atravesado por el afecto o amor de amistad, la voluntad y la raz\u00f3n de cada uno de los miembros integrados; debemos ver ahora c\u00f3mo surge la comunidad o el sujeto colectivo en un sentido de eficiencia o del modo de producci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<p>La comunidad o el cuerpo pol\u00edtico no se vertebra sino a trav\u00e9s de los actos, y las costumbres que expresan y coordinan la vida colectiva no son sino una <i>sucesi\u00f3n de actos, p\u00fablicos, y voluntarios<\/i>. Se puede entonces llegar al pueblo o sujeto colectivo a trav\u00e9s de la costumbre, pero a esta no se llega, a su vez, sino es por medio de los actos. Es decir, desde los actos puede surgir una subjetividad colectiva en sentido moral y pol\u00edtico. Con ello, no hay una emergencia meramente natural de la sociedad, si no es por medio de las propias determinaciones humanas: \u00ablas costumbres versan sobre actos humanos en cuanto tales, es imposible que se introduzcan sin multitud y frecuencia de actos, porque esos actos no duran largo tiempo, y la costumbre debe ser larga y, por tanto, no puede serlo sin una sucesi\u00f3n de actos\u00bb<sup>75<\/sup>. De este modo, la costumbre \u00fanicamente se introduce con la frecuencia de los actos realizados \u00abp\u00fablica y voluntariamente, dado que para introducir la costumbre es necesario el consentimiento del pueblo\u00bb<sup>76<\/sup>. Tenemos as\u00ed que el pueblo o subjetividad colectiva, es fruto de una trama intersubjetiva de actos personales. Desde ah\u00ed, el car\u00e1cter mayoritario en que convergen en su caso estos actos expresa y conforma al pueblo.<\/p>\n<p>Por ello, estos actos tienen no s\u00f3lo una eficiencia normativa en cuanto que significan determinaciones normativas, sino cierta eficiencia entitativa, y por ello, tambi\u00e9n relevancia constitutiva. Esto nos lleva a considerar otra raz\u00f3n o causalidad que opera en las interacciones sociales, como es la causalidad o acci\u00f3n de resultancia, pues el cuerpo social <i>resulta <\/i>de los actos intersubjetivos de modo necesario, en el sentido de una consecuencia propia o interna de los propios actos. Los actos humanos son entonces causa pr\u00f3xima del proceso de generaci\u00f3n o subjetivaci\u00f3n colectiva. Indica Su\u00e1rez, \u00abanal\u00f3gicamente, as\u00ed como la libertad se ha dado a cada hombre por el autor de la naturaleza, pero no sin la intervenci\u00f3n de una causa pr\u00f3xima\u2014es decir, el padre que le dio el ser [a ese hombre]\u2014, del mismo modo ese poder se da a la comunidad humana por el autor de la naturaleza, pero no sin la intervenci\u00f3n de la voluntad y el consentimiento de los hombres que al agruparse han dado lugar a esa comunidad perfecta\u00bb<sup>77<\/sup>. Ahora bien, esa voluntad s\u00f3lo es necesaria para constituir una comunidad perfecta, ya que \u00abpara que esa comunidad tenga el poder de que hablamos no es necesario ning\u00fan acto especial de voluntad humana, sino que resulta [\u00ab<i>re<\/i><i>sultat<\/i>\u00bb] de la naturaleza de las cosas y de la providencia del autor de la naturaleza\u00bb<sup>78<\/sup>. \u00bfEn qu\u00e9 sentido? Por el hecho de congregarse los hombres \u00aben un\u00a0cuerpo pol\u00edtico o rep\u00fablica, resulta dicho poder en esta comunidad sin intervenci\u00f3n de ninguna voluntad creada\u00bb<sup>79<\/sup>. Esto es prueba de que ese poder \u00abprocede directamente de Dios, con la intervenci\u00f3n solamente de la resultancia natural o por consecuencia de la naturaleza y por dictamen que demuestra la raz\u00f3n natural\u00bb<sup>80<\/sup>.<\/p>\n<p>La comunidad pol\u00edtica tiene una capacidad de subjetividad propia (y distinta del poder, que ser\u00eda otro nivel de subjetividad) en cuanto que es capaz de actos de voluntad o consentimiento: \u00abun acto especial de su voluntad o com\u00fan consentimiento\u00bb por el que \u00abse integran los hombres en un cuerpo pol\u00edtico con un v\u00ednculo social para ayudarse mutuamente en orden a un fin pol\u00edtico. De este modo, forman un solo cuerpo m\u00edstico [\u00ab<i>corpus mysticum<\/i>\u00bb] que puede llamarse uno en sentido moral y, en consecuencia, precisa tambi\u00e9n un solo jefe\u00bb. Asegura Su\u00e1rez que en esa comunidad en cuanto tal radica por su naturaleza este poder [pol\u00edtico]; de tal manera que no depende ya del arbitrio humano integrarse socialmente de esta forma y simult\u00e1neamente no aceptar este poder, \u00ab[p]orque es imposible concebir un cuerpo pol\u00edtico sin gobierno pol\u00edtico y organizaci\u00f3n adecuada\u00bb<sup>81<\/sup>.<\/p>\n<p>Entonces, este poder que no es una emergencia puramente natural o al margen de la actuaci\u00f3n subjetiva, ni una acci\u00f3n divina directa en cuanto no mediada por la acci\u00f3n humana, se genera como resultado de los actos sociales intersubjetivos. Porque existe una trama intersubjetiva de actos que expresan y concretan la existencia de un cuerpo social; se genera, podr\u00edamos decir, como una propiedad resultante de la actividad intersubjetiva, una suerte de autoridad normativa por el derecho vivido y producido en esa sociedad, que vincula, <i>velis nolis<\/i>, a sus miembros, y a su vez, mediante la propia interacci\u00f3n social expresa unos fines pol\u00edticos. Tanto el derecho vivido, como los fines pol\u00edticos, podr\u00edamos decir, generan a su vez una nueva alteridad sobre la comunidad, el poder sobre la comunidad, que tiene una cierta capacidad de imposici\u00f3n, pues la comunidad no puede no estar sujeta a sus propias determinaciones.<\/p>\n<p>El cuerpo m\u00edstico se equiparar\u00e1 entonces, como indica Su\u00e1rez, con la <i>per<\/i><i>sona moral<\/i> o <i>ficta<\/i>, lo cual no quiere decir ausencia de subjetividad real, sino positiva subjetividad y dotada de una eficiencia propia, aun diferente de la <i>per<\/i><i>sona f\u00edsica<\/i>, pues, aunque la persona propiamente dicha sea el ser humano particular, tambi\u00e9n existe la persona \u00abmoral, que suele llamarse tambi\u00e9n cuerpo m\u00edstico, como es una ciudad, una orden religiosa, un colegio, un monasterio, una universidad, y cosas parecidas\u00bb<sup>82<\/sup>. Es decir, siempre ese cuerpo m\u00edstico expresa un sujeto colectivo, que es capaz de una actuaci\u00f3n como tal y de un dominio en su propio \u00e1mbito de actuaci\u00f3n. Pues \u00abel cuerpo pol\u00edtico, por el hecho de producirse a su manera, tiene el se\u00f1or\u00edo y el gobierno de s\u00ed mismo y por consiguiente tiene tambi\u00e9n el poder sobre sus miembros y un peculiar se\u00f1or\u00edo sobre ellos\u00bb<sup>83<\/sup>. En este sentido, la producci\u00f3n de un cuerpo social determinado alcanza, a su vez, subjetividad propia, como lo expresa Su\u00e1rez en su descripci\u00f3n de las sociedades perfectas, no s\u00f3lo en rep\u00fablicas, reinos o pueblos, sino tambi\u00e9n comunidades sociales relativas o insertas en otras mayores. Pero unas y otras no son \u00abperfectas\u00bb por su pretendida autarqu\u00eda como tal, sino por la normatividad y organizaci\u00f3n de la que son capaz de dotarse y hacerla valer socialmente en su propio \u00e1mbito<sup>84<\/sup>.<\/p>\n<p>Para mayor claridad, retomemos entonces los niveles de subjetividad que se van coimplicando en el cuerpo m\u00edstico pol\u00edtico. En primer lugar, las personas. En segundo lugar, la comunidad de personas generada desde el actuar personal y que en t\u00e9rminos colectivos es capaz de sus propios actos. En tercer lugar, el poder resultante que, si bien es una emergencia o resultancia de los actos comunitarios, puede, o bien en cierto modo funcionar como una mera alteridad en cuanto a las normas y a los fines sociales promovidos por la comunidad mientras que la propia comunidad no instituya un poder diferenciado institucionalmente sobre la misma, o bien la institucionalizaci\u00f3n de ese poder del modo que la comunidad determine.<\/p>\n<p>Pero, a su vez, la nueva subjetividad resultante o emergida como consecuencia de los propios actos, est\u00e1 sujeta a la trama de donde procede. El dominio o se\u00f1or\u00edo del nuevo sujeto colectivo institucional sujeta a la comunidad, pero es, a su vez, sujetado por las determinaciones anteriores de la comunidad. Por ello, el dominio pol\u00edtico colectivo no es un <i>dominio desp\u00f3tico<\/i>, sino un <i>dominio ju<\/i><i>risdiccional<\/i><sup>85<\/sup> y, por tanto, sujeto normativa y materialmente a la comunidad, esto es, a su reconocimiento y a procurar su bien. El nuevo cuerpo m\u00edstico no es un espacio de arbitrariedad y despotismo, sino en su caso, como desviaci\u00f3n o perversi\u00f3n de la trama socionormativa originante.<\/p>\n<p>Vistos los elementos constitucionales que se expresan o generan en el cuerpo m\u00edstico pol\u00edtico a partir de la causalidad de resultancia, apuntemos finalmente la causa formal o raz\u00f3n distintiva del modo de ejercicio del poder resultante de la existencia de un cuerpo m\u00edstico o pol\u00edtico. Seg\u00fan Su\u00e1rez esta es la recta raz\u00f3n y la prudencia<sup>86<\/sup>, pues seg\u00fan el orden de la naturaleza, los seres humanos \u00aben las cosas civiles, no se rigen por revelaciones sino por la raz\u00f3n natural\u00bb<sup>87<\/sup>. No es suficiente el gobierno de las leyes, pues el cuerpo social necesita la direcci\u00f3n de la prudencia, condici\u00f3n necesaria para que la sociabilidad humana se pueda encaminar hacia el bien com\u00fan. La conducci\u00f3n o b\u00fasqueda pr\u00e1ctica de lo bueno y justo desde la situaci\u00f3n concreta en la comunidad y en el entorno de sus relaciones, requiere realizarse desde la raz\u00f3n natural o desde la primaria responsabilidad humana. Lo m\u00edstico opera aqu\u00ed exigiendo un \u00e1mbito de discernimiento desde una trascendencia inmanente o en b\u00fasqueda situada del mayor bien y justicia.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">IV. CONCLUSIONES<\/span><\/h2>\n<p>La referencia de Su\u00e1rez a lo m\u00edstico como clave transversal para explicar lo social desde distintas disciplinas y modos de experiencia humana, nos ha exigido poner en ejercicio un di\u00e1logo entre saberes y modos de experiencia, que ha tratado de superar las censuras disciplinarias que permiten conformar, a su vez, un imaginario desarticulado para la comprensi\u00f3n y manejo reflexivo de las esferas sociales y de sus fundamentos antropol\u00f3gicos. Ello ha permitido reconstruir la significatividad de este hecho en las din\u00e1micas sociales y mostrar, al menos indiciariamente, su eficiencia en lo social.<\/p>\n<p>Lo anterior, ha posibilitado reconocer la necesidad de sucesivas investigaciones que indaguen en las dimensiones interiores de la experiencia humana, no s\u00f3lo a nivel cognitivo y racional, sino tambi\u00e9n en sus niveles volitivos y afectivos, y sus virtualidades tanto en la conformaci\u00f3n de cuerpos sociales, como en la comunicaci\u00f3n de bienes y en el \u00e1mbito del reconocimiento y en el alcance que tienen para las relaciones de justicia. Nos encontramos en Su\u00e1rez otra antropolog\u00eda m\u00e1s rica e integrada que la presente en los desarrollos contractualistas\u00a0liberales y en buena medida en la \u00e9tica p\u00fablica que sustentan. Ello puede, a su vez, permitir el reconocimiento de otros caminos para el cuidado de las fuentes morales de la convivencia c\u00edvica, no solo al interior de cada sociedad, sino tambi\u00e9n ante la pluralidad humana en el mundo.<\/p>\n<p>Como hallazgos de nuestra exploraci\u00f3n se\u00f1alamos que lo m\u00edstico, a un nivel general, implica para Su\u00e1rez una clave, no s\u00f3lo explicativa sino <i>generadora<\/i> de la vinculaci\u00f3n y ordenaci\u00f3n pol\u00edtica y moral. As\u00ed, habr\u00eda una fuente <i>matriz de<\/i> <i>uni\u00f3n y de intersubjetividad generada desde el \u00e1mbito de lo m\u00edstico<\/i> que posibilita la existencia de una comunidad interpersonal y de amistad, el dinamismo moral de la sociedad y la comunicaci\u00f3n de bienes y reconocimientos debidos en una comunidad de justicia. Lo m\u00edstico aporta como nota esencial a los cuerpos sociales su integraci\u00f3n, propiamente gracias a la uni\u00f3n afectiva desde donde se articula la relaci\u00f3n entre personas, pero tambi\u00e9n la apertura de los cuerpos sociales ante la alteridad \u00e9tica de los otros que quedan fuera.<\/p>\n<p>Sustenta la virtud c\u00edvica del sujeto, y tambi\u00e9n de los sujetos colectivos, en cuanto a las relaciones de justicia, pues no s\u00f3lo se trata de conocer los principios de la moralidad universal o de la ley natural que nos ofrece el ejercicio de la recta raz\u00f3n, sino de una uni\u00f3n afectiva que vehicula el reconocimiento de lo debido intersubjetivamente y que concreta o arraiga el alcance real de este hecho.<\/p>\n<p>Lo m\u00edstico, a su vez, genera la comunicaci\u00f3n del bien en la interacci\u00f3n social. Esta comunicaci\u00f3n procede de una interioridad sana en cuanto posibilita una cercan\u00eda real cooperadora y la disposici\u00f3n a estar congregados y servirse mutuamente, y a su vez, a estar coordinados, en su caso, por una cabeza en sentido pol\u00edtico particular para el cuidado del bien com\u00fan, o por un autoridad normativa que puede regir entre los sujetos en la comunidad universal en orden a reconocer el deber fundamental de solidaridad y ayuda entre los miembros del g\u00e9nero humano, y en este sentido, ser principio de realizaci\u00f3n del bien com\u00fan de la humanidad. Ello posibilitar\u00eda tambi\u00e9n la conservaci\u00f3n en la paz entre las diversas comunidades humanas.<\/p>\n<p>El cuidado de los actos m\u00edsticos, as\u00ed como el trabajo con la interioridad de los sujetos, y podr\u00edamos decir, no s\u00f3lo con los sujetos propiamente humanos o personales, sino tambi\u00e9n con las disposiciones sociales o ante los otros que operan en los sujetos colectivos, puede ayudar al desarrollo, bien de la virtud c\u00edvica personal, bien de la virtud c\u00edvica social. La riqueza, complejidad, tensiones y antagonismos presentes en la naturaleza humana que muestra Su\u00e1rez en su obra, invita a hacerse cargo reflexivamente del cuidado del desarrollo social de las posibilidades humanas.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">1 Senent-De Frutos, J. A., \u00abIgnatian Modernity as another kind of Modernity\u00bb, Reformation(en) und Moderne. Philosophisch-theologische Enkungurden, Shelkshorn H., (ed.), Vienna University Press, Viena 2016, 153-172. Senent-De Frutos, J. A., \u00abFrancisco Su\u00e1rez and the Complexities of Modernity\u00bb, <i>Journal of Jesuit Studies<\/i> 6, 2019, pp. 559-576. doi:10.1163\/22141332-00604001; Se- nent-De Frutos, J. A., \u00abLa filosof\u00eda jesuita en el \u00e1mbito de la Monarqu\u00eda hispana (1540-1767)\u00bb, <i>Los<\/i> <i>Jesuitas. Impacto cultural de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en la Monarqu\u00eda Hispana (1540-1767)<\/i>, (2 vols.), H. Pizarro Llorente (dir.), J. Garc\u00eda de Castro, M. Moralejo y W. Soto (eds.), Bilbao-Santander- Madrid: Mensajero-Sal Terrae-U. P. Comillas, 2022: 265-297.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">2 Sobre la separaci\u00f3n entre la teolog\u00eda y a filosof\u00eda, y en buena medida, incomunicaci\u00f3n entre estas disciplinas para entender e incidir en el mundo jur\u00eddico despu\u00e9s de la Segunda Escol\u00e1stica puede verse, entre otros, Ramis Barcel\u00f3, R. 2021: <i>El nacimiento de la Filosof\u00eda del derecho. De la Philosophia<\/i> <i>iuris a la Rechtsphilosophie<\/i>. 2021, Madrid: Dykinson; Ramis Barcel\u00f3, R., \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ciertos juristas quieren ser fil\u00f3sofos?\u00bb, <i>Doxa. Cuadernos de Filosof\u00eda del Derecho<\/i>, (47), (2023), 547-568. https:\/\/doi.org\/ 10.14198\/DOXA2023.47.21<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">3 Su\u00e1rez, F., 1612, <i>Tractatus de legibus ac Deo legislatore in decem libros distributos<\/i>, L. III, I, 5: \u00ab(\u2026) en una comunidad perfecta es necesario un poder p\u00fablico al cual le corresponda por oficio\u00a0buscar y procurar el bien com\u00fan\u00bb. Coimbra. (En adelante <i>DL<\/i>).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">4 <i>DL<\/i>, L. IV, II, 1. Para una visi\u00f3n conjunta de la propuesta eclesiol\u00f3gica de Su\u00e1rez, <i>vid<\/i>. Demeuse, Erick J., <i>Unity and Catholicity in Christ. The Ecclesiology of Francisco Su\u00e1rez, S.J.<\/i>, Oxford: Oxford University Press, 2022.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">5 <i>Ibid.<\/i><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">6 As\u00ed, el poder \u00ab(\u2026) inmediatamente reside en la comunidad; luego para que comience a residir justamente en alguna persona como en autoridad suprema [<i>in supremo principe<\/i>], es preciso que se le entregue con consentimiento de la comunidad\u00bb (<i>DL<\/i>, III, IV, 5).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">7 <i>DL<\/i>, L. III, IV, 2.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">8 Su\u00e1rez, F., <i>Defensio fidei catholicae et apostolicae adversus anglicanae sectae errores, cum<\/i> <i>responsione ad apologiam pro iuramento fidelitatis et praefationem monitoriam serenissimi Iacobi<\/i> <i>Angliae regis<\/i>. Coimbra, 1613. (En adelante <i>DF<\/i>).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">9 <i>DL<\/i>, L. III, III, 8. De igual modo, precisa el camino del cambio en el poder instituido, pues \u00abno se da en ella de una manera inmutable, sino que por el consentimiento de la misma comunidad o por otro camino justo puede ser quitado al que lo tiene y trasferido a otro\u00bb (<i>DL<\/i>, L. III, III, 7). Szil\u00e1rd Tattay, \u00abChapter 13 Francisco Su\u00e1rez: Absolutist or Constitutionalist?\u00bb. In Francisco Su\u00e1rez (1548\u2013 1617), (Leiden, The Netherlands: Brill, 2019) doi: <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004395657_015\">https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004395657_015<\/a>; Jos\u00e9 \u00c1ngel Garc\u00eda Cuadrado, 2017. \u00abFrancisco Su\u00e1rez: Entre El Absolutismo Y La Democracia \/ Francisco Su\u00e1rez: Between Absolutisme and Democracy\u00bb. <i>Cauriensia. Revista Anual De Ciencias Eclesi\u00e1sticas<\/i> 12 (diciembre):169-78. <a href=\"https:\/\/www.cauriensia.es\/index.php\/cauriensia\/article\/view\/XII-EMO8\">https:\/\/www.cauriensia.es\/index.php\/cauriensia\/article\/view\/XII-EMO8<\/a>.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">10 Senent-De Frutos, J. A., \u00abRecta ratio, affectivity, and the good. Integration and ethics of reason in Francisco Su\u00e1rez\u00bb. <i>Mediaevalia. Textos e estudos<\/i>, 41: 389-406. doi: <a href=\"http:\/\/doi.org\/10.21747\/21836884\/med41a30\">http:\/\/doi.org\/10.21747\/21836884\/med41a30<\/a><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">11 Font Oporto, P. 2019. \u00abJuicio, deposici\u00f3n y occisi\u00f3n del tirano en Francisco Su\u00e1rez\u00bb, <i>Cau<\/i><i>riensia. Revista anual de ciencias eclesi\u00e1sticas <\/i>14: 239-63. http:\/\/dx.doi.org\/10.17398\/2340- 4256.14.239 ; Font Oporto, Pablo. \u00abChapter 11 Entrega del poder al gobernante y esclavitud voluntaria de la comunidad pol\u00edtica en Francisco Su\u00e1rez: Una interpretaci\u00f3n desde los l\u00edmites f\u00e1cticos al poder\u00bb. In Francisco Su\u00e1rez (1548\u20131617), (Leiden, The Netherlands: Brill, 2019) doi: <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004395657_013\">https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004395657_013<\/a>; <i>Idem<\/i>, <i>El derecho de resistencia civil en Francisco Su\u00e1rez.<\/i> <i>Virtualidades actuales<\/i>, Granada: Comares, 2019.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">12 El propio Su\u00e1rez deja igualmente claro que esta <i>servitus politica<\/i>, es decir, sujeci\u00f3n pol\u00edtica, servidumbre o \u00abesclavitud\u00bb (decimos, como err\u00f3nea o equ\u00edvocamente se ha entendido), no es identificable con la esclavitud en otras \u00e9pocas hist\u00f3ricas, ni con el sentido que hoy cobra esta instituci\u00f3n en la actualidad como cosificaci\u00f3n y alienaci\u00f3n plena del esclavizado. Si fuera as\u00ed traducible literalmente por \u00abesclavitud pol\u00edtica\u00bb, implicar\u00eda negar la condici\u00f3n jur\u00eddica de sujetos a cualquier miembro de la comunidad pol\u00edtica donde el poder es ejercido, pues no habr\u00eda subjetividad jur\u00eddica propia, ni dominio propio de cada persona, ni reserva de derechos inalienables tales como el derecho a la vida, ni l\u00edmites por la institucionalizaci\u00f3n jur\u00eddica al ejercicio del poder. Justamente que la raz\u00f3n de la existencia del poder no es estructural e institucionalmente el despotismo, sino en su caso como un abuso o perversi\u00f3n del mismo, es lo que Su\u00e1rez trata de mostrar con sus an\u00e1lisis. Cf. G\u00f3mez Robledo, I., <i>El origen del Poder<\/i> <i>Pol\u00edtico seg\u00fan Francisco Su\u00e1rez<\/i>, M\u00e9xico: Ed. Jus, 1949, 134; De la Torre Rangel, J. A., \u00abMandar obedeciendo. Poder y democracia desde el iusnaturalismo y el personalismo\u00bb, <i>Isonom\u00eda<\/i>, 12, 2000, 183-184.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Tambi\u00e9n es cierto, y dicho sea en descargo de quienes se ven sorprendidos por este uso y atrapados por el sentido actual que cobra el significado de esta instituci\u00f3n al aplicarlo directamente a la explicaci\u00f3n suareciana del poder, que el mero uso suareciano del t\u00e9rmino <i>servitus<\/i>, con independencia del sentido t\u00e9cnico o preciso que le da Su\u00e1rez en su obra, facilita la confusi\u00f3n actual.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">13 As\u00ed, Su\u00e1rez establece con meridiana claridad: \u00abel poder de soberan\u00eda [<i>potestas superior<\/i>] es una especie de dominio [<i>dominii<\/i>]; ahora bien, este dominio no es tal que a \u00e9l corresponda una verdadera esclavitud desp\u00f3tica [<i>propia servitus despotica<\/i>] sino una sujeci\u00f3n civil; luego es un dominio de jurisdicci\u00f3n [<i>dominium iurisdictionis<\/i>] cual se da en el soberano [<i>principe<\/i>] o el rey\u00bb (<i>DL<\/i>, L. III, I, 7).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">14 Desde este trasfondo, el empe\u00f1o de Su\u00e1rez de emplear el concepto de cuerpo m\u00edstico para explicar tambi\u00e9n las realidades pol\u00edticas naturales, no s\u00f3lo la de la Iglesia, a pesar de las diferencias estructurales entre uno y otro cuerpo que Su\u00e1rez aclara expresamente, podr\u00eda ser visto, al igual que en\u00a0otros autores, como una supuesta \u00abmonstruosidad intelectual\u00bb, una revitalizaci\u00f3n de la lucha entre orden pol\u00edtico y orden eclesi\u00e1stico, o incluso una suerte de argumentaci\u00f3n pro \u00abimperialismo papal\u00bb. Tal no es caso, ni el uso que adopta Su\u00e1rez. Cf. H. de Lubac: \u00abGiles of Rome, Matthew of Aquasparta, and Alvaro Pelayo, would say: \u2018the mystical body is one\u2019. But in thus applying to the juridical and social order a word whose resonances were entirely \u2018mystical\u2019 and spiritual, their doctrine would mark a sort of degeneration of the mystical body, exposing ecclesiastical power to the resentment of secular rulers and to the polemics of their theologians. This is the origin of the bitter and prolonged arguments that dominated the final centuries of the Middle Ages, reviving in another guise the old struggle between the priesthood and the empire. In a certain way these arguments turned on the unity between the mystical body and its head. The time was certainly past when someone like Peter Damian could still speak of the kingdom and the priesthood as of the two heads of the world. Now such language was universally condemned. The papal theologians said: for fear of creating a monster, a single body can only have a single head: its one and only head is the Pope. To which the royal theologians gave a threefold response. Either, admitting the premises of their adversaries, they insisted, in terms of the analogy with the human body, on a role for the heart as essential as that of the head: and would not that heart of the mystical body be the prince, king or emperor, who had sovereignty over temporal matters? Or else it was the unity of the body itself that they opposed: next to the mystical body that is the Church, and before it, was there not another great collective body, that natural body formed by the human race? And if it could be said of the Pope that he is the \u2018head of the Church\u2019, should it not then be said of the emperor that he is head of the world? Could not the body of the laity and the body of the clergy therefore each have its own head, without risking any talk of monsters? Lastly, and more radically, others refused to envisage for the mystical body any head other than Christ himself, and, in a spirited counter-offensive, it was the partisans of papal imperialism whom they accused of having given birth to an intellectual monster.\u00bb <i>Corpus Mysticum: The Eucharist and the Church in the Middle Ages<\/i>, trans. Gemma Simmonds with Richard Price and Christopher Stephens (Notre Dame: Notre Dame Press, 2007), 211.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">15 Entendemos aqu\u00ed por secularizaci\u00f3n hegem\u00f3nica un largo proceso, primero ilustrado liberal, y posteriormente positivista, y no de <i>modalidades de secularizaci\u00f3n<\/i> como acontece hist\u00f3ricamente en distintas sociedades en la distinta configuraci\u00f3n del elemento religioso en el espacio p\u00fablico. Senent- De Frutos, J. A. 2013. \u00abSujeto libre y discernimiento de la ley\u00bb, <i>Teor\u00eda cr\u00edtica del Derecho. Nuevos<\/i> <i>horizontes<\/i>, S\u00e1nchez Rubio, D. y Senent, J.A. (eds.), Centro de Estudios Jur\u00eddicos y Sociales Mispat, Aguascalientes, 133-47.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">16 Sobre esta cuesti\u00f3n de la modernidad diferenciada que se desarrolla desde la tradici\u00f3n jesuita como \u00abmodernidad ignaciana\u00bb, y el sentido que cobra la obra de Su\u00e1rez, vid. sup. n. 1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">17 Mu\u00f1oz, C. y Cuccia, E. J. \u00abApuntes sobre el pueblo como cuerpo m\u00edstico. Del papa Francisco a Su\u00e1rez, y vuelta\u00bb. <i>Franciscanum <\/i>171, Vol. LXI (2019), 154 y ss.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">18 En este sentido habitual de lo m\u00edstico, nos dice el <i>Diccionario de autoridades<\/i> (1734) que es: \u00abLo que incluye myst\u00e9rio o raz\u00f3n oculta\u00bb. Sin embargo, en el uso eclesiol\u00f3gico, y pol\u00edtico-jur\u00eddico del t\u00e9rmino en Su\u00e1rez, no se dirige en esta direcci\u00f3n de la opacidad o inaccesibilidad significativa de la experiencia m\u00edstica, en cuanto que puede ser reconocible en sus elementos y consecuencias.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">19 Esta dimensi\u00f3n m\u00edstica de su teolog\u00eda escol\u00e1stica, como presencia, objeto y clave hermen\u00e9utica de su obra, es hoy bastante descuidada por los estudios habituales acerca del pensamiento suareciano, quiz\u00e1 porque se suele desconocer o pasar de largo sobre el trasfondo m\u00edstico y experiencial que \u00abinveros\u00edmilmente\u00bb est\u00e1 operando en este autor escol\u00e1stico como n\u00facleo integrador y existencial que fecunda sus estudios y magisterio, como el propio Su\u00e1rez se encarg\u00f3 de advertir a sus lectores: \u00abesta ha sido siempre la meta de mi obra: que los hombres conocieran m\u00e1s a Dios, y se unieran m\u00e1s ardiente y santamente\u00bb, Proemio, <i>De religione<\/i>, Opera Omnia, XIII, Par\u00eds: Viv\u00e8s1859 [1608], 1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Cf. Elorduy, E., \u00abLa teolog\u00eda m\u00edstica de Su\u00e1rez\u00bb, 1943, <i>Manresa. Revista de espiritualidad igna<\/i><i>ciana<\/i>, n\u00ba 15, 203-230; Castillo, J. M., 1965, \u00abLa afectividad en los Ejercicios seg\u00fan la teolog\u00eda de Francisco Su\u00e1rez\u00bb. <i>Archivo Teol\u00f3gico Granadino<\/i>, vol. 28, 69-178; Castillo, J. M., 1966, \u00abLa afectividad en los Ejercicios seg\u00fan la teolog\u00eda de Francisco Su\u00e1rez\u00bb. <i>Archivo Teol\u00f3gico Granadino<\/i>, vol. 29, 5-85; Su\u00e1rez, F., 2003, <i>Los Ejercicios espirituales. Una defensa<\/i>; Introducci\u00f3n, notas y comentario de Josep Gim\u00e9nez Meli\u00e0, (Bilbao-Santander: Mensajero \u2013 Sal Terrae, 2003).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">20 En su tratado sobre la virtud de la religi\u00f3n (<i>De religione<\/i>. Tractatus I De virtute et statu religionis, L. II, XIII. En adelante, <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>), cita a san Buenaventura (1217\/8-1275) como referencia que \u00e9l sigue, adem\u00e1s de a Dionisio, y sus respectivas obras sobre teolog\u00eda m\u00edstica. As\u00ed, en el caso de san Buenaventura le atribuye (como era com\u00fan en su \u00e9poca) la <i>Theologia<\/i> <i>mystica.<\/i> Sin embargo, la obra a la que remite Su\u00e1rez como clave para interpretar el sentido de lo m\u00edstico es de un te\u00f3logo cartujo de la segunda mitad del siglo XIII, que fue en parte coet\u00e1neo de Buenaventura, como es Hugo de Balma (fallecido en 1305), cuya <i>Theologia mystica <\/i>fue atribuida en la Edad Media y en la \u00c9poca Moderna a san Buenaventura. Los editores de la edici\u00f3n cr\u00edtica de la <i>Opera Omnia<\/i> de Buenaventura descartaron esta atribuci\u00f3n a fines del siglo XIX. Esta obra de Hugo de Balma ten\u00eda, a su vez, como referencia la <i>Theologia mystica<\/i> de Dionisio (hoy reconocido como Pseudo Dionisio Aeropagita), aun cuando parece que pudo conocer la obra de Buenaventura. Cf. Pseudo Dionisio Aeropagita, <i>La jerarqu\u00eda celestial. La jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica. La teolog\u00eda m\u00edstica. Ep\u00edstolas <\/i>(Buenos Aires: Losada, 2008). Agradezco al prof. Manuel L\u00e1zaro Pulido esta indicaci\u00f3n sobre Hugo de Balma.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">21 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, L. I, c. IV, 2.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">22 Su\u00e1rez en esto dice seguir a sto. Tom\u00e1s y a Cayetano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">23 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, L. I, c. II, n\u00ba 7. En este sentido, indica Su\u00e1rez que \u00abla religi\u00f3n es esencialmente una virtud en referencia a otro, es decir, a Dios. As\u00ed como la justicia incluye bajo su objeto al pr\u00f3jimo al que se ordena y en general lo que es hacia otro, y lo consi- dera como fin o termino, as\u00ed la religi\u00f3n tiende a Dios y en consecuencia lo incluye bajo su objeto\u00bb (Tractatus I, lib. I, cap. III, 3).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">24 Su\u00e1rez, F., <i>De religione<\/i>. Tractatus IV De oratione, L. I, c. 1, 6. En adelante, <i>Tractatus de<\/i> <i>oratione<\/i>.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">25 Su\u00e1rez considera la eminencia pr\u00e1ctica de esta virtud sobre las dem\u00e1s virtudes, ya que \u00abnos ense\u00f1a a dar culto y venerar a la causa suprema\u00bb (<i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, proemio).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">26 Cf. nota 20.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">27 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, lib. II, cap. 13.1. En esta l\u00ednea, sostiene en la misma obra <i>De religione<\/i>, en su <i>Tractatus de oratione<\/i>, L. II, c. XXX, 36: \u00abel que llega a este estado de contemplaci\u00f3n no est\u00e1 sol\u00edcito por buscar un mayor conocimiento de Dios sino de perfeccionar la uni\u00f3n con \u00e9l que se hace principalmente por la caridad y la voluntad, y que por tanto en este tema y en el estado del camino, tiene la parte principal. Pero de este mismo afecto con la dulzura y deleite espiritual que le acompa\u00f1a, se sigue en el entendimiento un cierto conocimiento m\u00e1s \u00edntimo y a su modo m\u00e1s claro de esa misma verdad que contempla el entendimiento que se sigue de los mismos afectos que el alma experimenta en s\u00ed con cierta necesidad y sin ninguna distracci\u00f3n de la mente o inquietud y as\u00ed se perfecciona la contemplaci\u00f3n por el amor\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">28 <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, lib. III, n\u00ba 10. <i>Francisco Su\u00e1rez y el Corpus mysticum como clave de la constituci\u00f3n sociopol\u00edtica\u2026<\/i>\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">29 Esta uni\u00f3n personal o de persona a persona, se\u00f1ala Elorduy siguiendo a Su\u00e1rez, que el cuerpo m\u00edstico de la Iglesia forma con su cabeza que es Cristo, es una \u00abuni\u00f3n cuasi personal\u00bb (Elorduy, E., \u00abEl cuerpo m\u00edstico en Su\u00e1rez\u00bb, <i>Revista Espa\u00f1ola de Teolog\u00eda<\/i>, n\u00ba 2, 1942, 469).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">30 Elorduy, E., \u00abEl cuerpo m\u00edstico en Su\u00e1rez\u00bb, <i>op. cit.<\/i>, 470.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">31 <i>Ibid.<\/i>, 471.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">32 <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, Ibid. En este sentido, Su\u00e1rez enfatiza que el afecto une inmediatamente a la misma persona, \u00aby no solamente [al reconocimiento debido] a su gloria\u00bb, o en el caso interhumano siguiendo en esta l\u00ednea de relaci\u00f3n y como reconoce en otros lugares, a su justicia, al reconocimiento de lo debido al otro en un sentido primario (vid. infra).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">33 Su\u00e1rez, F., <i>Ms. De beatitudine<\/i>, <i>C.<\/i>1579. Biblioteca del Seminario de Valladolid, Valladolid, ff. 91r-92v. (En adelante, <i>De beatitudine<\/i>). Sobre la coordinaci\u00f3n en Su\u00e1rez entre el amor de amistad y el amor de concupiscencia o para s\u00ed, que no es de mero antagonismo, ni tampoco de alienaci\u00f3n del amor hacia s\u00ed y para s\u00ed, sino de estricta ordenaci\u00f3n y conciliaci\u00f3n, vid. Senent-De Frutos, J. A. (2022) \u00abFrancisco Su\u00e1rez y el bien com\u00fan de la humanidad\u00bb. <i>Revista Anales del Seminario de Historia de la Filo<\/i><i>sof\u00eda<\/i>, 39 (2), 719-720.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">34 Castillo, J. M., 1965, \u00abLa afectividad en los Ejercicios seg\u00fan la teolog\u00eda Francisco Su\u00e1rez\u00bb, <i>Archivo Teol\u00f3gico Granadino<\/i>, vol. 28, 1965, 158.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">35 Castillo, J. M., \u00abLa afectividad en los Ejercicios seg\u00fan la teolog\u00eda de Francisco Su\u00e1rez\u00bb. <i>Ar<\/i><i>chivo Teol\u00f3gico Granadino<\/i>, vol. 28 (1965), 69-178; Jos\u00e9 Mar\u00eda Castillo. \u00abLa afectividad en los Ejercicios seg\u00fan la teolog\u00eda de Francisco Su\u00e1rez\u00bb. <i>Archivo Teol\u00f3gico Granadino<\/i>, vol. 29 (1966), 5-85. Cf. <i>Entrevista a Jos\u00e9 Mar\u00eda Castillo por Juan Antonio Senent: La afectividad en Francisco Su\u00e1rez<\/i>. 7 de diciembre de 2017, Universidad Loyola Andaluc\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">36 O de otro modo, el afecto que configura e integra esencialmente la din\u00e1mica de la acci\u00f3n, no es un aditamento o complemento sentimental de la acci\u00f3n. Cuesti\u00f3n distinta es el tipo de afecto implicado en la acci\u00f3n social o ante los otros, y su respectiva fuerza unitiva o disociativa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">37 Cf. Andreas Wagner, \u00abChapter 15 International Law\u00bb. In <i>A Companion to the Spanish Scho<\/i><i>lastics<\/i>, (Leiden, The Netherlands: Brill, 2021) doi: <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004296961_017\">https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004296961_017<\/a>: \u00abThe global polity unity is no longer a transnational community of all human beings, but rather a community of states\u00bb, 419.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">38 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, L. III, c. II, 7.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">39 As\u00ed, indica Su\u00e1rez, \u00aben todo momento, hay una cierta unidad, no ya s\u00f3lo espec\u00edfica, sino cuasi pol\u00edtica y moral como lo indica el precepto natural de la solidaridad y ayuda que se extiende a todos, incluso a extranjeros y de cualquier naci\u00f3n\u00bb (DL, L. II, c. XIX, 9). El signo o indicaci\u00f3n normativa expresa la realidad signada a la que remite como su punto de partida y desde donde se despliega normativamente el \u00absigno\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">40 Francisco Vitoria, <i>De indis prior<\/i>, I, 2. en Obras, Urdanoz, T. (ed. cr\u00edt.), Ed. Cat\u00f3lica, Madrid, 1960.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">41 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, L. III, c. III, 10. 42 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, L. III, c. II, 7. 43 Senent-De Frutos, J. A., \u00abAfectividad y conocimiento desde la tradici\u00f3n ignaciana. Relectura desde Francisco Su\u00e1rez\u00bb, en <i>Affektivitat und Erkenntnis. Interkulturelle Anniiherungen an eine neue<\/i> <i>Erkenntniskultur. Dokumentation des XIII. Internationalen Kongresses f\u00fcr Interkulturelle Philosophie<\/i>, Ra\u00fal Fornet-Betancourt (ed.), (Aachen: Wissenschaft Verlag, 2000), 39-58<i>. <\/i><a href=\"https:\/\/www.researchgate.net\/publication\/339540775_Afectividad_y_conocimiento_desde_la_tradicion_ignaciana_Relectura_desde_Francisco_Suarez\">https:\/\/www.researchgate.net\/publication\/339540775_Afectividad_y_conocimiento_desde_la_tradicion_ignaciana_Relectura_desde_Francisco_Suarez<\/a><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">44 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de virtute et statu religionis<\/i>, lib. II, cap. 13.1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">45 En la primera anotaci\u00f3n del libro de los <i>Ejercicios espirituales<\/i>, Ignacio de Loyola propone la pr\u00e1ctica de los ejercicios espirituales como un \u00abmodo de quitar de s\u00ed todas las afecciones desordenadas, y despu\u00e9s de quitadas buscar y hallar la voluntad divina en la disposici\u00f3n de su vida\u00bb (Loyola, I., <i>Ejercicios espirituales<\/i>, Introducci\u00f3n, texto, notas Dalmases, C., S.J., (ed.) Sal Terrae, Santander, 1987, n\u00ba 1). La correcci\u00f3n de los afectos desordenados en el curso de la vida de los sujetos es una v\u00eda para alcanzar el bien propio y alinearse de modo particular cooperadoramente con el bien universal. La \u00abdisposici\u00f3n de su vida\u00bb no dice s\u00f3lo referencia al sujeto, sino de aquello y aquellos con los que el sujeto hace su vida. La \u00abvoluntad divina\u00bb puede ser traducida, en este contexto, como voluntad de bien universal.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">46 Su\u00e1rez, F., \u00abLa voluntad es recta cuando est\u00e1 conforme con la raz\u00f3n recta y con la voluntad divina\u00bb (<i>De beatitudine<\/i>, 144v).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">47 Su\u00e1rez, F., <i>De beatitudine<\/i>, 18v.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">48 Cf. n. 20.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">49 Loyola. I., <i>Constituciones de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/i> Arzubialde, S. Arzubialde, S.; Corella, J.; Garc\u00eda-Lomas, J. M. (eds.), Bilbao \u2013 Santander: Mensajero \u2013 Sal Terrae, 1997, n\u00ba 622.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">50 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de oratione<\/i>, L. II, c. XI, 8. Cf. Elorduy, E., \u00abLa teolog\u00eda m\u00edstica de Su\u00e1rez\u00bb, <i>op. cit.<\/i>, 218.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">51 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus de oratione<\/i>, L. II, c. XI, 10.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">52 Su\u00e1rez, F., <i>De religione<\/i>,<i>Tractatus X De religione Societatis Iesu in particular,<\/i> L. IX, c. 7. (En adelante <i>Tractatus<\/i> <i>de religione Societatis Iesu in particular<\/i>).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">53 Su\u00e1rez, F., <i>De beatitudine<\/i>, f. 125r.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">54 Su\u00e1rez, F., <i>Tractatus<\/i> <i>de religione Societatis Iesu in particulari<\/i>, L. IX, c. 8,<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">55 En relaci\u00f3n con los actos m\u00edsticos, como la oraci\u00f3n p\u00fablica de la Iglesia, Su\u00e1rez enfatiza el peso de la oraci\u00f3n comunitaria sobre la personal o privada, pues \u00abla comunidad tiene una especial dignidad por cuya raz\u00f3n el bien com\u00fan se considera m\u00e1s divino\u00bb (<i>Tractatus de oratione<\/i>, L. IV, c.1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">56 Su\u00e1rez, F., <i>De beatitudine<\/i>, f. 129r.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">57 I. de Loyola, <i>Constituciones<\/i>, <i>op. cit.<\/i>, n\u00ba 516.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">58 I. de Loyola, <i>Ejercicios espirituales<\/i>, <i>op. cit<\/i>., n\u00ba 189.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">59 R. Pall\u00edn, \u00abAbnegaci\u00f3n\u00bb, <i>Diccionario de espiritualidad ignaciana<\/i>, Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander, 2007, 66.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">60 Seg\u00fan Su\u00e1rez, la \u00abIglesia de Dios es cierto cuerpo pol\u00edtico o moral, que est\u00e1 compuesto de hombres que profesan la fe de Cristo (\u2026) Por lo tanto la parte material de este cuerpo son los hombres en camino, porque solo hablamos de la Iglesia que actualmente milita. La forma es aquella por la cual todos los que son partes de la Iglesia se unen en una Rep\u00fablica espiritual; esta forma es principalmente la fe\u00bb (<i>De fide<\/i>, d. 9, s.1, n. 3; Opera Omnia, XII, 245).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Tambi\u00e9n a la inversa habr\u00eda que decir que la Iglesia no se explica solo por conexi\u00f3n con el orden sobrenatural o \u00abinvisible\u00bb, sino que, como nos acaba de decir, es \u00abcierto cuerpo pol\u00edtico o moral\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">61 As\u00ed, \u00ab(\u2026) Luego con toda raz\u00f3n se da a modo de propiedad que resulta de ese cuerpo m\u00edstico ya constituido en su ser especifico y no de otra manera\u00bb (<i>DL<\/i>, L. III, III, 6). La expresi\u00f3n enfatiza la funci\u00f3n de\u00edctica en esta definici\u00f3n \u00ab<i>en tal<\/i> ser constituido\u00bb <i>in tali esse constituto<\/i>, y refuerza a\u00fan m\u00e1s en la coda final por v\u00eda negativa: \u00aby no de otra manera\u00bb (<i>et non aliter<\/i>). Queda as\u00ed reforzada la voluntad de Su\u00e1rez de hacer un uso t\u00e9cnico, espec\u00edfico y preciso de este concepto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">62 \u00ab(\u2026) communitas politica vel mystica per specialem coniunctionem in congregatione morali modo una\u00bb. F. Su\u00e1rez, <i>DL<\/i>, L. I, c. VI, 18, edici\u00f3n cr\u00edtica biling\u00fce por Luciano Pere\u00f1a <i>et alii<\/i>, Madrid, CSIC, 1971.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">63 \u00ab(\u2026) moraliter unita et ordinata ad componendum unum corpus mysticum\u00bb, F. Su\u00e1rez, <i>DL.<\/i> III, op. cit., p. 153.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">64 \u00abin unum corpus politicum congregantur uno societatis vinculo et ut mutuo se iuvent in ordine ad unum finem politicum, quomodo efficiunt unum corpus mysticum, quod moraliter dici potest per se unum\u00bb, F. Su\u00e1rez (<i>DL<\/i>, III, II, 4). Destaquemos ahora que los \u00abfines pol\u00edticos\u00bb de la <i>comunidad pol\u00edtica<\/i> <i>o m\u00edstica<\/i>no advienen a la comunidad <i>despu\u00e9s<\/i> y <i>a trav\u00e9s<\/i> del poder pol\u00edtico instituido, sino que surgen desde su propia constituci\u00f3n o mera existencia, y por tanto, el poder pol\u00edtico los recibe de la comunidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">65 \u00abquatenus speciali voluntate seu communi consensu in unum corpus politicum congregantur uno societatis vinculo et ut mutuo se iuvent in ordine ad unum finem politicum, quomodo efficient unum corpus mysticum, quod moraliter dici potest per se unum; illudque consequenter indiget uno capite\u00bb. F. Su\u00e1rez, <i>De legibus<\/i>. III, <i>op. cit<\/i>., p. 25<i>.<\/i><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">66 De hecho, diferencia Su\u00e1rez entre la comunidad natural, que abarca a todos los hombres \u00abformada por todos aquellos en los que coincide \u00fanicamente su naturaleza racional\u00bb, de lo que puede llamarse \u00abcomunidad pol\u00edtica o m\u00edstica, unida moralmente en grupo a trav\u00e9s de v\u00ednculos especiales. Al primer tipo de comunidad se refiere la ley natural, que se propone a cada uno de los hombres mediante la luz de la raz\u00f3n\u00bb (<i>DL<\/i>\u00b8L. I, VI, 19). Sin embargo, la v\u00eda m\u00edstica comunitaria no acaba en las comunidades particulares que se subdividen y poseen una normatividad interna propia, pues \u00abel g\u00e9nero humano, aunque de hecho est\u00e1 dividido en pueblos y reinos, mantiene, sin embargo, en todo momento una cierta unidad, no ya s\u00f3lo la espec\u00edfica [natural], sino cuasi pol\u00edtica y moral como lo indica el precepto natural de la solidaridad y ayuda que se extiende a todos, incluso extranjeros y de cualquier naci\u00f3n\u00bb (<i>DL<\/i>, L. II, XIX, 9).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">67 <i>DL<\/i>, L. III, 2, 5: \u00abCon esto no se excluye sino que m\u00e1s bien se confirma lo que dec\u00edamos antes acerca del derecho de gentes, pues, aunque el g\u00e9nero humano no estuvo reunido en un cuerpo pol\u00edtico sino dividido en distintas comunidades, sin embargo, para que esas comunidades pudiesen ayudarse mutuamente y conservarse en la justicia y en la paz \u2014cosa que era necesaria para el bien de la humanidad\u2014 convino que, como por un pacto y consentimiento com\u00fan, observasen entre s\u00ed algunos derechos comunes: esto es lo que se llama derecho de gentes, el cual, seg\u00fan hemos dicho, se introdujo m\u00e1s por tradici\u00f3n y costumbre que por constituci\u00f3n alguna\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">68 En este contexto, se\u00f1ala Su\u00e1rez, que encontrarse en proximidad f\u00edsica o espacial puede ser una <i>causa remota<\/i> del cuerpo m\u00edstico, pero de suyo insuficiente. Es interesante esta observaci\u00f3n, la experiencia de cierta proximidad, como la experiencia hist\u00f3rica propia de la \u00e9poca de Su\u00e1rez donde se comenz\u00f3 a tener una evidencia a partir de la globalizaci\u00f3n producida por las exploraciones e intercambios de los europeos con otros pueblos de la tierra, permiti\u00f3 la necesidad de hacerse cargo de que el g\u00e9nero humano, aun su diversidad y fragmentaci\u00f3n, conforma, ya desde su altura hist\u00f3rica, un conjunto hist\u00f3rico real. A partir de ello, es donde puede emerger propiamente un reconocimiento social y una articulaci\u00f3n moral que vincula normativamente a ese conjunto humano. Sin tal reconocimiento y moralidad interna, el conjunto humano existente en un sentido f\u00e1ctico no alcanzar\u00eda el car\u00e1cter constructo de formar cuerpo, comunidad o sociedad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">69 Hobbes, Thomas. (1966) \u00abWhere there is no common power, there is no law; where no law, no injustice\u00bb. <i>Leviathan, or the Matter and Form of a Commonwealth, Ecclesiastical and Civil<\/i> [1651], en The English Works of Thomas Hobbes of Malmesbury, Scientia Verlag, Aalen, [1650]; XIII: 115.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">70 Locke, John. (2015). <i>The Second Treatise of Civil Government <\/i>[1690], Bailey, A. <i>et al.<\/i>(eds.)<i>,<\/i> (Broadview Press, Ontario: \u00a795, 97, 149.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">71 Senent-De Frutos, J. A. (2022), \u00abFrancisco Su\u00e1rez y el bien com\u00fan de la humanidad\u00bb, <i>op.<\/i> <i>cit.,<\/i>711-722.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">72 Copleston, F. A History of Philosophy III. Ockham to Su\u00e1rez. (Maryland, Estados Unidos: Westminster, 1953): 395; Scannone, J. C. \u00abLo social y pol\u00edtico en Su\u00e1rez. Hacia una relectura latinoamericana actual de la filosof\u00eda pol\u00edtica de Su\u00e1rez\u00bb. <i>Stromata<\/i> 54 (1998): 93.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">73 Cid V\u00e1zquez, Mar\u00eda Teresa. 2022. \u00abJusticia Como Imparcialidad O Reconocer El Bien Del Otro\u00bb. Cauriensia. Revista Anual De Ciencias Eclesi\u00e1sticas 17 (diciembre):63-83, aqu\u00ed 65. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.17398\/2340-4256.17.63\">https:\/\/doi.org\/10.17398\/2340-4256.17.63<\/a>.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">74 <i>De regia potestate<\/i>, XXII, 3 (<i>Obras completas. 12. De regia potestate<\/i>. Ed. Gonz\u00e1lez Rodr\u00edguez, J., Madrid: Alianza Editorial, 1990).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">75 Su\u00e1rez, F., <i>DL<\/i>\u00b8 L. VII, X, 2.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">76 Su\u00e1rez, F., <i>DL<\/i>\u00b8 L. VII, X, 1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">78 \u00abAs\u00ed que en ese sentido [y s\u00f3lo en \u00e9ste, a\u00f1adir\u00edamos nosotros] es exacto afirmar que [dicho poder] ha sido conferido por el mismo Dios directamente\u00bb (<i>DL<\/i>, III, III, 6). A partir de este n\u00famero\u00a0Scannone refiere expl\u00edcitamente la existencia de una conexi\u00f3n entre el concepto metaf\u00edsico de <i>resul<\/i><i>tantia<\/i> y la noci\u00f3n pol\u00edtica del poder en Su\u00e1rez, y la extrae tambi\u00e9n del t\u00e9rmino \u00ab<i>resultat<\/i>\u00bb (J. C. Scannone, \u00abLo social y lo pol\u00edtico seg\u00fan Su\u00e1rez. Hacia una relectura latinoamericana actual de la filosof\u00eda pol\u00edtica de Su\u00e1rez\u00bb, en J. C. Scannone y V. Santuc (Eds.), <i>Lo pol\u00edtico en Am\u00e9rica Latina. Desaf\u00edos<\/i> <i>actuales. Contribuci\u00f3n filos\u00f3fica a un nuevo modo de hacer pol\u00edtica<\/i> (Buenos Aires: Bonum, 1999), 250-251.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">79 Su\u00e1rez, F., <i>DL<\/i>, L. III, III, 5<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">80 Su\u00e1rez, F., <i>DF<\/i>, L. III, II, 6.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">81 <i>DL<\/i>, III, II, 4; III, III, 2; III, III, 6; III, IV, 1. Considera Su\u00e1rez que \u00aben la hip\u00f3tesis de que los hombres desearan las dos alternativas\u2014es decir, integrarse socialmente de aquel modo, pero con la condici\u00f3n de no quedar sujetos a este poder, se dar\u00eda una total contradicci\u00f3n y, por tanto, nada har\u00edan en realidad\u00bb (<i>DL<\/i>, III, II, 4).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">82 Su\u00e1rez, F., <i>DL<\/i>, L. VIII, III, 4.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">84 Su\u00e1rez, F., <i>DL<\/i>\u00b8 L. I, VI, 19 y 20.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">85 Su\u00e1rez, F., <i>DL<\/i>, L. III, I, 7<i>.<\/i><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">86 Su\u00e1rez, F., <i>DL<\/i>, L. III, III, 8.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">87 Su\u00e1rez, F., <i>DL<\/i>, L. III, IV, 2.<\/span><\/p>\n<p><strong>REFERENCIAS BIBLIOGR\u00c1FICAS<\/strong><\/p>\n<p>Castillo, Jos\u00e9 Mar\u00eda. 1965. \u00abLa afectividad en los Ejercicios seg\u00fan la teolog\u00eda de Francisco Su\u00e1rez\u00bb. <i>Archivo Teol\u00f3gico Granadino<\/i>, vol. 28, 69-178. Castillo, Jos\u00e9 Mar\u00eda. 1966. \u00abLa afectividad en los Ejercicios seg\u00fan la teolog\u00eda de Francisco Su\u00e1rez\u00bb. <i>Archivo Teol\u00f3gico Granadino<\/i>, vol. 29, 5-85. Cid V\u00e1zquez, Mar\u00eda Teresa. 2022. \u00abJusticia Como Imparcialidad O Reconocer El Bien\u00a0Del Otro\u00bb. <i>Cauriensia. Revista Anual De Ciencias Eclesi\u00e1sticas<\/i> 17 (diciembre): 63-83. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.17398\/2340-4256.17.63\">https:\/\/doi.org\/10.17398\/2340-4256.17.63<\/a><\/p>\n<p>Copleston, Frederick. <i>A History of Philosophy III. Ockham to Su\u00e1rez<\/i>. Maryland, Estados Unidos: Westminster, 1953. De la Torre Rangel, Jes\u00fas Antonio. 2000. \u00abMandar obedeciendo. Poder y democracia\u00a0desde el iusnaturalismo y el personalismo\u00bb, <i>Isonom\u00eda<\/i>, 12, 183-184. De Lubac, Henry. <i>Corpus Mysticum: The Eucharist and the Church in the Middle Ages<\/i>,\u00a0trans. Gemma Simmonds with Richard Price and Christopher Stephens (Notre\u00a0Dame: Notre Dame Press, 2007).<\/p>\n<p>Demeuse, Erick J., <i>Unity and Catholicity in Christ. The Ecclesiology of Francisco\u00a0<\/i><i>Su\u00e1rez, S.J.<\/i>, Oxford: Oxford University Press, 2022. Elorduy, Eleuterio. 1942. \u00abEl cuerpo m\u00edstico en Su\u00e1rez\u00bb, <i>Revista Espa\u00f1ola de Teolog\u00eda<\/i>,\u00a0n\u00ba 2: 347-397.<\/p>\n<p>Elorduy, Eleuterio. 1943. \u00abLa teolog\u00eda m\u00edstica de Su\u00e1rez\u00bb, <i>Manresa. Revista de espiri<\/i><i>tualidad ignaciana<\/i>, n\u00ba 15: 203-230. <i><\/i><\/p>\n<p><i>Entrevista a Jos\u00e9 Mar\u00eda Castillo por Juan Antonio Senent: La afectividad en Francisco\u00a0<\/i><i>Su\u00e1rez<\/i>. 7 de diciembre de 2017, Sevilla: Universidad Loyola Andaluc\u00eda.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=KYAIVNyPHbA&amp;t=12s\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=KYAIVNyPHbA&amp;t=12s<\/a><\/p>\n<p>Font Oporto, Pablo. \u00abChapter 11 Entrega del poder al gobernante y esclavitud voluntaria de la comunidad pol\u00edtica en Francisco Su\u00e1rez: Una interpretaci\u00f3n desde los l\u00edmites f\u00e1cticos al poder\u00bb. In Francisco Su\u00e1rez (1548\u20131617), (Leiden, The Netherlands:\u00a0Brill, 2019). <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004395657_013\">https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004395657_013<\/a><\/p>\n<p>Font Oporto, Pablo. 2019. \u00abJuicio, deposici\u00f3n y occisi\u00f3n del tirano en Francisco Su\u00e1rez\u00bb,\u00a0<i>Cauriensia. Revista Anual De Ciencias Eclesi\u00e1sticas<\/i> 14: 239-63.\u00a0<a href=\"http:\/\/dx.doi.org\/10.17398\/2340-4256.14.239\">http:\/\/dx.doi.org\/10.17398\/2340-4256.14.239<\/a><\/p>\n<p>Font Oporto, Pablo. <i>El derecho de resistencia civil en Francisco Su\u00e1rez. Virtualidades\u00a0<\/i><i>actuales<\/i>, Comares: Granada, 2019.<\/p>\n<p>Garc\u00eda Cuadrado, Jos\u00e9 \u00c1ngel. 2017. \u00abFrancisco Su\u00e1rez: Entre El Absolutismo Y La Democracia \/ Francisco Su\u00e1rez: Between Absolutisme and Democracy\u00bb. <i>Cauriensia.\u00a0<\/i><i>Revista Anual De Ciencias Eclesi\u00e1sticas<\/i> 12 (diciembre):169-89. <a href=\"https:\/\/www.cauriensia.es\/index.php\/cauriensia\/article\/view\/XII-EMO8\">https:\/\/www.cauriensia.es\/index.php\/cauriensia\/article\/view\/XII-EMO8<\/a><\/p>\n<p>G\u00f3mez Robledo, Ignacio, <i>El origen del Poder Pol\u00edtico seg\u00fan Francisco Su\u00e1rez<\/i>, Ed. Jus:\u00a0M\u00e9xico, 1949.<\/p>\n<p>Grupo de Espiritualidad Ignaciana, GEI. <i>Diccionario de espiritualidad ignaciana<\/i>, Bilbao-Santander. Mensajero-Sal Terrae, 2007.<\/p>\n<p>Hobbes, Thomas. <i>Leviathan, or the Matter and Form of a Commonwealth, Ecclesiasti<\/i><i>cal and Civil<\/i>, in The English Works of Thomas Hobbes of Malmesbury, (Aalen:\u00a0Scientia Verlag, 1966 [1651]).<\/p>\n<p>Las Casas, Bartolom\u00e9 de. <i>De regia potestate<\/i>, Obras completas. 12. Ed. Gonz\u00e1lez Rodr\u00edguez, J., (Madrid: Alianza Editorial, 1990).<\/p>\n<p>Locke, John. <i>The Second Treatise of Civil Government<\/i>, Bailey, A. et al. (eds.), (Ontario:\u00a0Broadview Press, 2015 [1690]).<\/p>\n<p>Loyola, Ignacio de. <i>Constituciones de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/i>, Arzubialde, S. Arzubialde,\u00a0S.; Corella, J.; Garc\u00eda-Lomas, J. M. (eds.), (Bilbao \u2013 Santander: Mensajero \u2013 Sal\u00a0Terrae, 1997).<\/p>\n<p>Loyola, Ignacio de. <i>Ejercicios espirituales<\/i>, Introducci\u00f3n, texto, notas Dalmases, C., S.J.,\u00a0(ed.), Santander: Sal Terrae, 1987.<\/p>\n<p>Mu\u00f1oz, C. y Cuccia, E. J. 2019. \u00abApuntes sobre el pueblo como cuerpo m\u00edstico. Del\u00a0papa Francisco a Su\u00e1rez, y vuelta\u00bb. <i>Franciscanum<\/i> 171, Vol. LXI: 149-174.\u00a0<a href=\"https:\/\/doi.org\/10.21500\/01201468.4104\">https:\/\/doi.org\/10.21500\/01201468.4104<\/a><\/p>\n<p>Pseudo Dionisio Aeropagita. <i>La jerarqu\u00eda celestial. La jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica. La teolo<\/i><i>g\u00eda m\u00edstica<\/i>. <i>Ep\u00edstolas<\/i> (Buenos Aires: Losada 2008).<\/p>\n<p>Ramis Barcel\u00f3, Rafael. 2023. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ciertos juristas quieren ser fil\u00f3sofos?\u00bb,<i>Doxa. <\/i><i>Cuadernos de Filosof\u00eda del Derecho<\/i> 47: 547-568. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.14198\/DOXA2023.47.21\">https:\/\/doi.org\/10.14198\/DOXA2023.47.21<\/a><\/p>\n<p>Ramis Barcel\u00f3, Rafael. <i>El nacimiento de la Filosof\u00eda del derecho. De la Philosophia\u00a0<\/i><i>iuris a la Rechtsphilosophie<\/i>. 2021, Madrid: Dykinson, 2021.<\/p>\n<p>Scannone, Juan Carlos. 1998. \u00abLo social y pol\u00edtico en Su\u00e1rez. Hacia una relectura latinoamericana actual de la filosof\u00eda pol\u00edtica de Su\u00e1rez\u00bb. <i>Stromata<\/i> 54: 85-118.<\/p>\n<p>Senent-De Frutos, Juan Antonio. \u00abSujeto libre y discernimiento de la ley\u00bb. <i>Teor\u00eda cr\u00edtica\u00a0<\/i><i>del Derecho. Nuevos horizontes<\/i>, S\u00e1nchez Rubio, D. y Senent, J.A. (eds.), Centro de\u00a0Estudios Jur\u00eddicos y Sociales Mispat, Aguascalientes, 2013: 133-147.<\/p>\n<p>Senent-De Frutos, Juan Antonio. \u00abIgnatian Modernity as another kind of Modernity\u00bb,\u00a0<i>Reformation(en) und Moderne. Philosophisch-theologische Enkungurden<\/i>,\u00a0Shelkshorn H., (ed.). Viena: Vienna University Press, 2016: 153-172.<\/p>\n<p>Senent-De Frutos, Juan Antonio. \u00abAfectividad y conocimiento desde la tradici\u00f3n ignaciana. Relectura desde Francisco Su\u00e1rez\u00bb, en <i>Affektivitat und Erkenntnis. Interkul<\/i><i>turelle Anniiherungen an eine neue Erkenntniskultur. Dokumentation des XIII.<\/i> <i>Internationalen Kongresses f\u00fcr Interkulturelle Philosophie<\/i>, Ra\u00fal Fornet-Betancourt (ed.), (Aachen: Wissenschaft Verlag, 2019:39-58. <a href=\"https:\/\/www.researchgate.net\/publication\/339540775_Afectividad_y_conocimiento_desde_la_tradicion_ignaciana_Relectura_desde_Francisco_Suarez\">https:\/\/www.researchgate.net\/publication\/339540775_Afectividad_y_conocimiento_desde_la_tradicion_ignaciana_Relectura_desde_Francisco_Suarez<\/a><\/p>\n<p>Senent-De Frutos, Juan Antonio. 2019. \u00abFrancisco Su\u00e1rez and the Complexities of Modernity\u00bb, <i>Journal of Jesuit Studies<\/i> 6, 4: 559-576, <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1163\/22141332-00604001\">https:\/\/doi.org\/10.1163\/22141332-00604001 <\/a><\/p>\n<p>Senent-De Frutos, Juan Antonio. 2022. \u00abFrancisco Su\u00e1rez y el bien com\u00fan de la humanidad\u00bb. <em>Revista Anales del Seminario de Historia de la Filosof\u00eda<\/em>, 39 (2): 719-720.\u00a0<a href=\"https:\/\/dx.doi.org\/10.5209\/ashf.83705\">https:\/\/dx.doi.org\/10.5209\/ashf.83705 <\/a><\/p>\n<p>Senent-De Frutos, Juan Antonio. \u00abLa filosof\u00eda jesuita en el \u00e1mbito de la Monarqu\u00eda hispana (1540-1767)\u00bb, <i>Los Jesuitas. Impacto cultural de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en la\u00a0<\/i><i>Monarqu\u00eda Hispana (1540-1767)<\/i>, (2 vols.), H. Pizarro Llorente (dir.), J. Garc\u00eda de\u00a0Castro, M. Moralejo y W. Soto (eds.). Santander-Bilbao-Madrid: Sal Terrae-Mensajero-Universidad Pontificia de Comillas, 2022: 265-297.<\/p>\n<p>Senent-De Frutos, Juan Antonio. 2022. \u00ab<i>Recta ratio<\/i>, affectivity, and the good. Integration and ethics of reason in Francisco Su\u00e1rez\u00bb. <i>Mediaevalia. Textos e estudos<\/i>, 41: 389-406. <a href=\"http:\/\/doi.org\/10.21747\/21836884\/med41a30\">http:\/\/doi.org\/10.21747\/21836884\/med41a30 <\/a><\/p>\n<p>Su\u00e1rez, Francisco. <i>Ms. De beatitudine<\/i>. Valladolid: Biblioteca del Seminario de Valladolid, <i>circa <\/i>1579.<\/p>\n<p>Su\u00e1rez, Francisco. <i>Tractatus de legibus ac Deo legislatore in decem libros distributos<\/i>,\u00a0Coimbra. 1612.<\/p>\n<p>Su\u00e1rez, Francisco. <i>Defensio fidei catholicae et apostolicae adversus anglicanae sectae\u00a0<\/i><i>errores, cum responsione ad apologiam pro iuramento fidelitatis et praefationem\u00a0<\/i><i>monitoriam serenissimi Iacobi Angliae regis<\/i>. Coimbra, 1613.<\/p>\n<p>Su\u00e1rez, Francisco. <i>De fide<\/i>, Opera Omnia, XII, Par\u00eds: Viv\u00e8s, 1858 [1621].<\/p>\n<p>Su\u00e1rez, Francisco. <i>De religione<\/i>, Opera Omnia, XIII, Par\u00eds: Viv\u00e8s, 1859 [1608].<\/p>\n<p>Su\u00e1rez, Francisco. <i>De religione<\/i>. <i>Tractatus I De virtute et statu religionis<\/i>. Par\u00eds: Viv\u00e8s,1859 [1608].<\/p>\n<p>Su\u00e1rez, Francisco. <i>De religione<\/i>.<i>Tractatus IV De oratione<\/i>, Opera Omnia XIV, Par\u00eds: Viv\u00e8s, 1859 [1609].<\/p>\n<p>Su\u00e1rez, Francisco. <i>Los Ejercicios espirituales. Una defensa<\/i>. Introducci\u00f3n, notas y comentario de Josep Gim\u00e9nez Meli\u00e0. Bilbao-Santander: Mensajero \u2013 Sal Terrae, 2003.<\/p>\n<p>Tattay, Szil\u00e1rd. \u00abChapter 13 Francisco Su\u00e1rez: Absolutist or Constitutionalist?\u00bb. In\u00a0<i>Francisco Su\u00e1rez (1548\u20131617)<\/i>. Leiden, The Netherlands: Brill, 2019. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004395657_015\">https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004395657_015 <\/a><\/p>\n<p>Vitoria, Francisco de. <i>De indis prior<\/i>, en Obras, Urdanoz, T. (ed. cr\u00edt.). Madrid: Ed.\u00a0Cat\u00f3lica, 1960.<\/p>\n<p>Wagner, Andreas. \u00abChapter 15 International Law\u00bb. In <i>A Companion to the Spanish\u00a0<\/i><i>Scholastics<\/i>. Leiden, The Netherlands: Brill, 2021. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004296961_017\">https:\/\/doi.org\/10.1163\/9789004296961_017<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Antonio Senent-De Frutos<\/p>\n<p>Departamento de Humanidades y Filosof\u00eda<br \/>\nUniversidad Loyola Andaluc\u00eda<br \/>\nCampus Sevilla<br \/>\nAvda. de las Universidades s\/n<br \/>\n41704 Dos Hermanas, Sevilla (Espa\u00f1a)<\/p>\n<p>Director del Archivo de Investigaci\u00f3n Francisco Su\u00e1rez. Investigador principal del Proyecto<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/orcid.org\/0000-0002-2749-769X\">https:\/\/orcid.org\/0000-0002-2749-769X<\/a><\/p>\n<p>Fuente: CAURIENSIA, Vol. XVIII (2023) 1225-1256, ISSN: 1886-4945 \u2013 EISSN: 2340-4256<\/p>\n<p>Doi: <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.17398\/2340-4256.18.1225\">https:\/\/doi.org\/10.17398\/2340-4256.18.1225<\/a><\/p>\n<p>Recibido: 13\/10\/2022 Aceptado: 22\/11\/2022<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>RESUMEN En este estudio tratamos de entender la controvertida referencia que realiza Francisco Su\u00e1rez, SJ (1548-1617) al concepto de corpus<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":19803,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[2291],"class_list":["post-19880","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-filosofia","tag-quinto-centenario-de-la-escuela-de-salamanca"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19880","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=19880"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19880\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19882,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19880\/revisions\/19882"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/19803"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=19880"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=19880"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=19880"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}