{"id":19894,"date":"2026-05-29T05:00:12","date_gmt":"2026-05-29T04:00:12","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=19894"},"modified":"2026-05-28T23:09:22","modified_gmt":"2026-05-28T22:09:22","slug":"la-conspiracion-de-catilina-en-la-crisis-de-la-republica-romana-conflicto-politico-transformaciones-sociales-y-estado-de-excepcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=19894","title":{"rendered":"La conspiraci\u00f3n de Catilina en la crisis de la Rep\u00fablica romana: conflicto pol\u00edtico, transformaciones sociales y estado de excepci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h4>Introducci\u00f3n<\/h4>\n<p>Esta reflexi\u00f3n m\u00eda se inspira en la lectura del ensayo editado por Gianfranco Blasi y Aldo Noviello titulado <em>Dialoghi con Cicerone. Oltre i confini della storia<\/em> publicado por la editorial Il Segno. La m\u00eda es una lectura cr\u00edtica del texto que parte de un an\u00e1lisis de las condiciones sociales y econ\u00f3micas de la sociedad romano-it\u00e1lica de la \u00e9poca, de la crisis de las instituciones de la Rep\u00fablica romana y de una oligarqu\u00eda incapaz de iniciar un proceso de reformas institucionales capaz de hacer frente al nuevo contexto surgido desde el final de las guerras p\u00fanicas en adelante. Desde esta perspectiva, el an\u00e1lisis de la conspiraci\u00f3n de Catilina no se considera un simple episodio pol\u00edtico, sino un punto de observaci\u00f3n privilegiado para comprender las din\u00e1micas estructurales de la crisis republicana. Por lo tanto, el enfrentamiento pol\u00edtico entre Marco Tulio Cicer\u00f3n y Lucio Sergio Catilina ocupa un lugar central en mi reflexi\u00f3n. \u00abPero mientras el Estado crec\u00eda con esfuerzo y justicia [\u2026] la fortuna comenz\u00f3 a endurecerse y a trastornarlo todo\u00bb. Con estas palabras, Salustio describe la transformaci\u00f3n moral y pol\u00edtica de la Roma republicana tras las grandes conquistas mediterr\u00e1neas. El pasaje constituye no solo un juicio \u00e9tico sobre la decadencia de las costumbres, sino tambi\u00e9n una clave interpretativa historiogr\u00e1fica que ha influido profundamente en la lectura de la crisis republicana como proceso de corrupci\u00f3n interna de la \u00e9lite dirigente. Cabe subrayar que la tradici\u00f3n de las fuentes antiguas no es neutral, sino que responde a necesidades pol\u00edticas y ret\u00f3ricas espec\u00edficas, que deben tenerse en cuenta en la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica. La tradici\u00f3n historiogr\u00e1fica, fuertemente influenciada por la narraci\u00f3n de Cicer\u00f3n, ha transmitido durante mucho tiempo la imagen de Catilina como un subversivo sin escr\u00fapulos, moralmente corrupto y pol\u00edticamente peligroso. Sin embargo, una lectura cr\u00edtica de las fuentes y una consideraci\u00f3n m\u00e1s atenta del contexto hist\u00f3rico sugieren la necesidad de superar esta representaci\u00f3n unilateral. La figura de Catilina, lejos de reducirse a una caricatura moral, se presenta m\u00e1s bien como expresi\u00f3n de las profundas tensiones socioecon\u00f3micas y pol\u00edticas que atravesaban la Rep\u00fablica romana en la primera mitad del siglo I a. C. El presente ensayo se propone analizar la conspiraci\u00f3n de Catilina no solo como un episodio de subversi\u00f3n pol\u00edtica, sino como s\u00edntoma de una crisis estructural del orden republicano, en la que el conflicto entre la legalidad y la necesidad, entre la conservaci\u00f3n del statu quo y las exigencias de transformaci\u00f3n, alcanza un nivel particularmente agudo.<\/p>\n<h4>I. El contexto hist\u00f3rico: expansi\u00f3n, integraci\u00f3n y crisis del modelo republicano.<\/h4>\n<p>El panorama hist\u00f3rico que se expone a continuaci\u00f3n pone de manifiesto que la crisis de la Rep\u00fablica tard\u00eda no puede atribuirse a un \u00fanico acontecimiento, sino a una transformaci\u00f3n progresiva de los equilibrios econ\u00f3micos, sociales e institucionales. Para comprender el enfrentamiento entre Catilina y Cicer\u00f3n es necesario situarlo en el proceso m\u00e1s amplio de transformaci\u00f3n que afect\u00f3 a Roma a partir del final de las guerras p\u00fanicas. La expansi\u00f3n territorial, que culmin\u00f3 con la destrucci\u00f3n de Cartago y la conquista de la cuenca mediterr\u00e1nea, determin\u00f3 un profundo cambio en los equilibrios econ\u00f3micos y sociales. Paralelamente, Roma se vio afectada por un proceso de inclusi\u00f3n pol\u00edtica progresiva: primero la plebe, luego los pueblos it\u00e1licos, obtuvieron acceso a la ciudadan\u00eda, en particular tras la Guerra Social (91-88 a. C.), que sigui\u00f3 al asesinato del tribuno Marco Livio Druso. Posteriormente, Julio C\u00e9sar extendi\u00f3 la ciudadan\u00eda a la Galia Cisalpina, lo que contribuy\u00f3 a ampliar a\u00fan m\u00e1s la base c\u00edvica del Estado. A pesar de estas aperturas, la Rep\u00fablica mantuvo una estructura sustancialmente olig\u00e1rquica. El Senado, expresi\u00f3n de la aristocracia, sigui\u00f3 representando el centro del poder pol\u00edtico, incluso tras el acceso de la plebe a las magistraturas superiores, consagrado por leyes como las Liciniae Sextiae. La integraci\u00f3n de las clases subalternas se configur\u00f3 a menudo como un proceso de cooptaci\u00f3n, que no modific\u00f3 en profundidad las relaciones de poder. Este equilibrio entr\u00f3 progresivamente en crisis con la expansi\u00f3n imperial. La concentraci\u00f3n de la riqueza y de la propiedad de la tierra en manos de una \u00e9lite restringida min\u00f3 las bases del sistema censitario en el que se fundamentaba la ciudadan\u00eda romana. Las consecuencias fueron relevantes tambi\u00e9n en el plano militar. Las reformas de Cayo Mario, al rebajar el censo necesario para el alistamiento, transformaron el ej\u00e9rcito de una milicia c\u00edvica en una estructura profesional, compuesta en gran parte por individuos econ\u00f3micamente desfavorecidos. Si bien, por un lado, esto respond\u00eda a las necesidades de un imperio en expansi\u00f3n, por otro contribuy\u00f3 a reforzar el v\u00ednculo personal entre soldados y comandantes, debilitando la fidelidad a las instituciones republicanas. En ese contexto se desarrollan las tensiones que ya hab\u00edan encontrado expresi\u00f3n en las reformas de los Gracos y que, en el siglo I a. C., desembocan en una crisis sist\u00e9mica del orden republicano.<\/p>\n<h4>II. Cicer\u00f3n y la defensa del statu quo: construcci\u00f3n pol\u00edtica del enemigo<\/h4>\n<p>En este escenario, la dimensi\u00f3n del conflicto pol\u00edtico asume un papel central en la construcci\u00f3n de las categor\u00edas de legitimidad e ilegitimidad. El enfrentamiento entre Catilina y Cicer\u00f3n adquiere una valencia eminentemente pol\u00edtica. Es significativo observar que Catilina nunca fue sometido a un juicio regular por los hechos del a\u00f1o 63 a. C., ni tuvo la posibilidad de defenderse ante los tribunales. Las <b>Catilinarias de Cicer\u00f3n<\/b> se pronunciaron en el a\u00f1o 63 a. C., se \u00abreescribieron\u00bb en el 60 a. C. y se publicaron en el 56 a. C., por lo que deben considerarse una aut\u00e9ntica defensa de su propia actuaci\u00f3n. Para ser justos, aunque se comparte, la interpretaci\u00f3n de Luciano Canfora es cr\u00edtica con respecto a la construcci\u00f3n pol\u00edtica de Cicer\u00f3n, pero la idea de una reescritura sistem\u00e1tica destinada a tal justificaci\u00f3n no es aceptada como un dato hist\u00f3rico contrastado por la historiograf\u00eda mayoritaria. Ya en a\u00f1os anteriores, Catilina hab\u00eda sido objeto de procesos judiciales \u2014de los que hab\u00eda salido absuelto\u2014 utilizados veros\u00edmilmente para obstaculizar su carrera pol\u00edtica. El propio Cicer\u00f3n, en una fase anterior, se hab\u00eda declarado dispuesto a defenderlo, lo que pone de manifiesto la complejidad de las relaciones pol\u00edticas de la \u00e9poca. La elecci\u00f3n de Cicer\u00f3n al consulado en el a\u00f1o 63 a. C., junto con Cayo Antonio H\u00edbrida, marca un momento decisivo. Homo novus, carente de nobleza ancestral, Cicer\u00f3n se presenta como defensor del orden republicano, pero su acci\u00f3n pol\u00edtica parece estrechamente ligada a la tutela de los intereses de la oligarqu\u00eda senatorial. A este respecto, resulta interesante lo que escribe el propio Cicer\u00f3n en la oraci\u00f3n In Pisonem <em>\u00abEn las calendas de enero liber\u00e9 al Senado y a todos los hombres honrados del temor a una ley agraria y a una colosal operaci\u00f3n de corrupci\u00f3n electoral\u2026 En el asunto de C. Rabirio, acusado de alta traici\u00f3n, luch\u00e9 contra odiosos ataques defendiendo una decisi\u00f3n antigua, tomada por el Senado cuarenta a\u00f1os antes de mi consulado&#8230; Me esforc\u00e9 por que los j\u00f3venes honestos y meritorios quedaran excluidos de la lista de elegibles, gan\u00e1ndome su enemistad, pero evitando comprometer al Senado, pues sab\u00eda que, de haber obtenido alg\u00fan cargo, habr\u00edan provocado graves disturbios para el Estado. Consegu\u00ed que mi colega C. Antonio, que deseaba una provincia y se dejaba envolver en excesivas intrigas pol\u00edticas, actuara con moderaci\u00f3n\u2026 He ordenado a L. Catilina\u2026 que abandonara la Urbe. En los \u00faltimos meses de mi consulado, he arrancado de las manos criminales de sus parientes las dagas apuntadas contra la garganta de todos los ciudadanos\u2026\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Es especialmente significativa su oposici\u00f3n a la ley agraria propuesta por Rullo. Aunque inicialmente se mostr\u00f3 dispuesto a apoyarla, Cicer\u00f3n contribuy\u00f3 de manera decisiva a su fracaso, argumentando en contra de los poderes extraordinarios que se habr\u00edan atribuido a los comisionados encargados de la redistribuci\u00f3n de la tierra. De este modo, defendi\u00f3 un orden econ\u00f3mico caracterizado por fuertes desigualdades, en el que masas de ciudadanos \u2014entre ellos numerosos veteranos\u2014 quedaban excluidos del acceso a la tierra. La construcci\u00f3n de la imagen de Catilina como enemigo p\u00fablico se inscribe en este contexto. A trav\u00e9s de las Catilinarias, Cicer\u00f3n transforma un conflicto pol\u00edtico en una cuesti\u00f3n moral, desplazando la atenci\u00f3n de las causas estructurales del descontento hacia las supuestas culpas individuales del adversario. Dicha estrategia ret\u00f3rica resulta eficaz a corto plazo, pero contribuye a ocultar la naturaleza profunda de la crisis. Cicer\u00f3n estigmatiza al adversario, como ya se puede leer en la primera Catilinaria:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfHasta qu\u00e9 punto, Catilina, se aprovechar\u00e1 usted de nuestra paciencia? \u00bfPor cu\u00e1nto tiempo m\u00e1s se burlar\u00e1 de nosotros su locura? \u00bfHasta d\u00f3nde llegar\u00e1 una temeridad que ha perdido los frenos? \u00bfNo le han inquietado la guardia nocturna en el Palatino, las rondas que vigilan la ciudad, el miedo de la gente, la asistencia de todos los honrados, la reuni\u00f3n del Senado en este lugar tan vigilado, la expresi\u00f3n, el rostro de los presentes? \u00bfNo se da cuenta de que su plan ha sido descubierto? \u00bfNo ve que todos conocen su conspiraci\u00f3n, que la tienen bajo control? \u00bfO se enga\u00f1a pensando que alguno de nosotros ignora lo que hizo anoche y la noche anterior, d\u00f3nde estuvo, a qui\u00e9n convoc\u00f3, qu\u00e9 decisiones tom\u00f3? \u00a1Estos son los tiempos! \u00a1Esta es la deshonra! El Senado conoce el asunto, el c\u00f3nsul lo ve, pero \u00e9l est\u00e1 vivo. \u00bfEst\u00e1 vivo? \u00a1Incluso se presenta en el Senado, toma parte en la sesi\u00f3n, se\u00f1ala y marca con la mirada a quienes ha destinado a la muerte! \u00a1Y nosotros, hombres valientes, creemos que hacemos lo suficiente por el Estado si logramos esquivar las dagas de un loco! \u00a1A la muerte, Catilina, ya hace tiempo que deb\u00edamos condenarle por orden del c\u00f3nsul y hacer recaer sobre usted la ruina que desde hace tiempo prepara contra todos nosotros!\u2026\u00bb<\/em> <em>No quiero recordar el pasado, episodios como el de Cayo Servilio Ahala, que mat\u00f3 con sus propias manos a Espurio Melio, el revolucionario. \u00a1Hubo, hubo un tiempo en que el Estado pose\u00eda tal valor que hombres intr\u00e9pidos castigaban al ciudadano rebelde con mayor severidad que al m\u00e1s implacable de los enemigos! Tenemos un decreto senatorial contra usted: es de extrema dureza. Al Estado no le faltan ni la inteligencia ni la firmeza del orden senatorial: somos nosotros los que fallamos, nosotros, los c\u00f3nsules, lo digo abiertamente.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>La descripci\u00f3n que Cicer\u00f3n hace de Catilina ser\u00e1 retomada unas d\u00e9cadas m\u00e1s tarde por el propio Salustio cuando escribe: <em>\u00abL. Catilina, nacido de noble linaje, era de gran vigor de \u00e1nimo y de miembros, pero de ingenio malvado y vicioso. Desde su m\u00e1s temprana juventud le gustaron las guerras internas, las matanzas, los saqueos, las discordias civiles, y en ellas gast\u00f3 toda su juventud. Su cuerpo resist\u00eda el hambre, el fr\u00edo y las vigilias m\u00e1s all\u00e1 de toda imaginaci\u00f3n. De \u00e1nimo temerario, astuto, voluble, simulador y disimulador de cualquier cosa, \u00e1vido de lo ajeno, prodigo con lo suyo, ardiente en sus codicias, elocuente, carente de sabidur\u00eda. De esp\u00edritu vasto, anhelaba siempre cosas desmesuradas, lo fant\u00e1stico, lo inmenso. Tras el dominio de L. Sila, se hab\u00eda visto invadido por una desenfrenada codicia de hacerse con el poder, sin escr\u00fapulos a la hora de elegir los medios con tal de procurarse el reino. Cada vez m\u00e1s, d\u00eda tras d\u00eda, aquel alma altiva se ve\u00eda agitada por la pobreza de su patrimonio y por el remordimiento de los delitos, ambos agravados por los vicios antes mencionados. Le incitaban, adem\u00e1s, las costumbres de una ciudadan\u00eda corrupta, atormentada por dos males funestos y entre s\u00ed discordantes: el lujo y la avaricia. El propio tema parece requerir, ya que la ocasi\u00f3n me ha llevado a referirme a las costumbres de la ciudad, que retome los hechos desde m\u00e1s lejos y exponga brevemente las instituciones de los antepasados en tiempos de paz y de guerra, de qu\u00e9 manera gobernaron la rep\u00fablica, y cu\u00e1n grande la dejaron, y c\u00f3mo, con una lenta decadencia, el m\u00e1s bello y el mejor de los Estados se ha convertido en el m\u00e1s desdichado y corrupto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Son estos pasajes de estigmatizaci\u00f3n, de aut\u00e9ntica destrucci\u00f3n psicol\u00f3gica y moral del adversario pol\u00edtico, que se conservan en la historia incluso tras su derrota y su muerte, los que revisten una actualidad impresionante. La demolici\u00f3n del adversario mediante instrumentos jur\u00eddicos como la notificaci\u00f3n de imputaci\u00f3n que se hace pasar por sentencia firme, o las campa\u00f1as de prensa que pretenden invadir la vida privada del adversario para demonizarlo, recuerdan tanto a los ataques de Cicer\u00f3n contra Catilina como a la propia narraci\u00f3n que a\u00f1os m\u00e1s tarde har\u00e1 Salustio. Cicer\u00f3n negocia literalmente con Ibrida el gobierno de la provincia de Tracia para obtener su apoyo contra Catilina, ya que, dadas las condiciones financieras de Ibrida, esta provincia era un excelente feudo capaz de sanear las maltrechas finanzas de Ibrida. En este contexto, tambi\u00e9n debe relativizarse el alcance social de la tradicional oposici\u00f3n entre populares y optimates. M\u00e1s que expresar un conflicto entre clases opuestas, representa un enfrentamiento interno a la \u00e9lite dirigente por la conquista y la gesti\u00f3n del poder pol\u00edtico. De hecho, ambas facciones eran expresi\u00f3n de la misma oligarqu\u00eda romano-republicana, ya estructuralmente patricia-plebeya, en la que las antiguas distinciones de orden hab\u00edan dado paso progresivamente a una nobleza mixta (nobilitas) basada en el control de las magistraturas y del Senado. Desde esta perspectiva, el recurso al populus por parte de los populares no implica necesariamente un proyecto de transformaci\u00f3n social radical, sino que constituye m\u00e1s bien un instrumento pol\u00edtico utilizado por sectores de la aristocracia para reforzar su propia posici\u00f3n dentro de un sistema sustancialmente olig\u00e1rquico. En este sentido, la propia figura de Catilina se inscribe plenamente en dichas din\u00e1micas: lejos de ser un <em>outsider<\/em> respecto al sistema, pertenec\u00eda a la aristocracia y participaba en la competencia pol\u00edtica t\u00edpica de la \u00e9lite romana, aprovechando el descontento social como recurso estrat\u00e9gico en la lucha por el poder. Su actuaci\u00f3n, por lo tanto, puede interpretarse no solo como expresi\u00f3n de tensiones sociales reales, sino tambi\u00e9n como manifestaci\u00f3n de las fracturas internas de la oligarqu\u00eda dominante. Este aspecto tambi\u00e9n resulta sorprendentemente actual. En el contexto actual, la oposici\u00f3n entre derecha e izquierda ha quedado ampliamente superada por la adhesi\u00f3n al pensamiento \u00fanico neoliberal que, de hecho, ha \u00absuspendido la democracia\u00bb, vaciando de significado pol\u00edtico el voto de los electores y vinculando las decisiones pol\u00edticas a modelos econ\u00f3micos y pol\u00edticos tecnocr\u00e1ticos. En el plano de la cultura pol\u00edtica, las aut\u00e9nticas reivindicaciones de cambio procedentes de las clases sociales subalternas \u2014la <em>working class<\/em>, por emplear un t\u00e9rmino ingl\u00e9s que en este caso transmite perfectamente la idea\u2014 son estigmatizadas como reivindicaciones \u00abpopulistas\u00bb. El pueblo, es decir, el demos, la ra\u00edz misma de la democracia, acaba siendo menospreciado y presentado como un actor negativo.<\/p>\n<h4>III. La conspiraci\u00f3n y el estado de excepci\u00f3n: entre seguridad y legalidad<\/h4>\n<p>La conspiraci\u00f3n de Catilina, como dec\u00eda, representa uno de los momentos m\u00e1s cr\u00edticos de la Rep\u00fablica tard\u00eda, no solo por la amenaza que pod\u00eda suponer, sino sobre todo por la forma en que se abord\u00f3. Las fuentes antiguas \u2014en particular Salustio, Cicer\u00f3n y Casio Di\u00f3n\u2014 coinciden en la existencia de un proyecto insurreccional que preve\u00eda el recurso a la violencia. Sin embargo, dichos testimonios est\u00e1n condicionados por fines pol\u00edticos e interpretativos diferentes y no permiten reconstruir de manera totalmente objetiva el alcance real de la amenaza. El recurso al <i>senatus consultum ultimum<\/i> representa un punto de inflexi\u00f3n crucial en la crisis de las instituciones republicanas, ya que introduce una forma de suspensi\u00f3n impl\u00edcita de las garant\u00edas ordinarias sin derogar formalmente el ordenamiento vigente. Dicha medida, mediante la cual el Senado instaba a los magistrados a \u00abvelar por que la Rep\u00fablica no sufriera da\u00f1o alguno\u00bb, dejaba deliberadamente indeterminados los l\u00edmites de la acci\u00f3n permitida, otorgando a los magistrados un margen de discrecionalidad extremadamente amplio. Un ejemplo emblem\u00e1tico lo ofrece la conspiraci\u00f3n de Lucio Sergio Catilina en el a\u00f1o 63 a. C., cuando el Senado promulg\u00f3 el <i>senatus consultum ultimum<\/i> para hacer frente a la amenaza interna. En este contexto, Marco Tulio Cicer\u00f3n, en su calidad de c\u00f3nsul, interpret\u00f3 la medida como una legitimaci\u00f3n para recurrir a medidas excepcionales, llegando incluso a ordenar la ejecuci\u00f3n sin juicio de los conspiradores detenidos en Roma. Este episodio pone de manifiesto con especial claridad la naturaleza ambigua del <i>senatus consultum ultimum<\/i>: aunque no suspende formalmente el derecho, permite una suspensi\u00f3n de hecho, sobre todo en lo que respecta a garant\u00edas fundamentales como el derecho de <i>provocatio ad populum<\/i>. De este modo, la decisi\u00f3n pol\u00edtica se impone sobre la legalidad ordinaria, justific\u00e1ndose a trav\u00e9s de la urgencia de salvar al Estado. Sin embargo, precisamente en el debate senatorial sobre el destino de los conspiradores surge una posici\u00f3n cr\u00edtica de gran relevancia, la de Cayo Julio C\u00e9sar. C\u00e9sar se opuso a la pena de muerte, sosteniendo que la ejecuci\u00f3n sin juicio constitu\u00eda un precedente peligroso y una violaci\u00f3n de las garant\u00edas fundamentales de los ciudadanos romanos. En su lugar, propuso una pena alternativa, consistente en la reclusi\u00f3n perpetua, argumentando que, incluso en una situaci\u00f3n de emergencia, el Estado deb\u00eda permanecer dentro de los l\u00edmites del derecho. La postura de C\u00e9sar revela de manera particularmente l\u00facida la tensi\u00f3n entre la necesidad pol\u00edtica y la legalidad: aunque reconoce la gravedad de la amenaza, C\u00e9sar rechaza la idea de que la salvaci\u00f3n del Estado pueda justificar la suspensi\u00f3n de las normas fundamentales, anticipando una concepci\u00f3n seg\u00fan la cual es precisamente en los momentos de crisis cuando el respeto al derecho se vuelve decisivo. A la luz de la reflexi\u00f3n de Carl Schmitt sobre el \u00abestado de excepci\u00f3n\u00bb, el contraste entre Cicer\u00f3n y C\u00e9sar resulta a\u00fan m\u00e1s significativo: mientras que el primero encarna la l\u00f3gica de la decisi\u00f3n soberana que suspende el ordenamiento en nombre de su conservaci\u00f3n, el segundo representa un intento de contener la excepci\u00f3n dentro de un marco jur\u00eddico, oponi\u00e9ndose a la transformaci\u00f3n de la necesidad en fuente de legitimidad absoluta. El episodio de Catilina demuestra as\u00ed que el <i>senatus consultum ultimum<\/i> no es solo un instrumento de emergencia, sino un dispositivo que pone de manifiesto la fragilidad del orden republicano: muestra c\u00f3mo, ya en la Rep\u00fablica tard\u00eda, era posible actuar m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites jur\u00eddicos sin salir formalmente del marco constitucional, y c\u00f3mo precisamente en este terreno se desarrolla un conflicto fundamental entre diferentes concepciones de la relaci\u00f3n entre derecho y poder. Ya utilizado anteriormente contra figuras como Tiberio Graco, Cayo Graco y Lucio Apuleio Saturnino, este instrumento carec\u00eda de una base jur\u00eddica formalizada y supon\u00eda, de hecho, la suspensi\u00f3n de las garant\u00edas constitucionales. El momento m\u00e1s controvertido se produjo el 5 de diciembre del a\u00f1o 63 a. C., cuando algunos ciudadanos romanos, entre ellos Lentulo Sura y Cetego, fueron ejecutados sin juicio y sin posibilidad de apelar al pueblo (provocatio ad populum). Dicha decisi\u00f3n, justificada como necesaria para la salvaci\u00f3n del Estado, pone de manifiesto la tensi\u00f3n estructural entre legalidad y necesidad, t\u00edpica de las situaciones de crisis pol\u00edtica. Las consecuencias pol\u00edticas de esta decisi\u00f3n fueron notables. En los a\u00f1os siguientes, Publio Clodio Pulcro promovi\u00f3 una acci\u00f3n que condujo al exilio de Cicer\u00f3n, demostrando c\u00f3mo la suspensi\u00f3n de las garant\u00edas jur\u00eddicas pod\u00eda ser reinterpretada como acusaci\u00f3n pol\u00edtica contra quienes hab\u00edan ejercido el poder de excepci\u00f3n.<\/p>\n<h4>IV. La base social de la conspiraci\u00f3n y el significado hist\u00f3rico del acontecimiento<\/h4>\n<p>Desde el punto de vista socioecon\u00f3mico, la conspiraci\u00f3n se inscribe en un contexto caracterizado por una fuerte inestabilidad. El endeudamiento generalizado, las crecientes desigualdades y las consecuencias de las pol\u00edticas de Sila hab\u00edan generado un amplio descontento que atravesaba diversos estratos de la sociedad. Las propuestas atribuidas a Catilina \u2014en particular, la condonaci\u00f3n o reestructuraci\u00f3n de las deudas (tabulae novae) y la redistribuci\u00f3n del ager publicus\u2014 parecen radicales, pero no carecen de precedentes en el mundo antiguo. Pueden interpretarse como intentos, por problem\u00e1ticos que sean, de responder a una crisis sist\u00e9mica. La composici\u00f3n del movimiento catilinario confirma esta interpretaci\u00f3n: junto a miembros de la aristocracia endeudada se encuentran veteranos empobrecidos, antiguos partidarios de Sila e individuos excluidos de los c\u00edrculos del poder. M\u00e1s que una simple conspiraci\u00f3n criminal, el fen\u00f3meno se configura como una agrupaci\u00f3n heterog\u00e9nea de intereses y frustraciones. La muerte de Catilina en enero del 62 a. C., cerca de Pistoia, mientras combat\u00eda en primera l\u00ednea contra las fuerzas consulares, adquiere un valor simb\u00f3lico. Incluso las fuentes hostiles reconocen su valor personal, lo que contribuye a una reevaluaci\u00f3n parcial de su figura.<\/p>\n<h4>Conclusi\u00f3n<\/h4>\n<p>La conspiraci\u00f3n de Catilina no puede entenderse adecuadamente ni como un episodio contingente de desviaci\u00f3n pol\u00edtica ni como un simple objeto de juicio moralizante. Debe considerarse m\u00e1s bien como un dispositivo revelador de una crisis estructural de la res publica romana, en cuyo seno se manifiestan las tensiones sist\u00e9micas producidas por la inadecuaci\u00f3n de los ordenamientos institucionales frente a las transformaciones econ\u00f3mico-sociales generadas por la expansi\u00f3n imperial. Desde esta perspectiva, el episodio de Catilina se configura como s\u00edntoma de una desarticulaci\u00f3n entre la forma jur\u00eddico-constitucional y las din\u00e1micas materiales del poder. El conflicto entre Catilina y Cicer\u00f3n puede reconstruirse como la articulaci\u00f3n conflictiva de dos paradigmas de racionalidad pol\u00edtica no plenamente comparables: por un lado, la racionalidad de la conservaci\u00f3n del orden y de la reproducci\u00f3n del ordenamiento olig\u00e1rquico-constitucional; por otro, una racionalidad heterog\u00e9nea, no institucionalizada y potencialmente excedente con respecto a las formas del derecho vigente, orientada a la reconfiguraci\u00f3n de los equilibrios de acceso al poder pol\u00edtico. Dicha oposici\u00f3n, en la narraci\u00f3n de Salustio, se traduce en un diagn\u00f3stico de crisis de la coherencia normativa y axiol\u00f3gica de la \u00e9lite dirigente, en la que la categor\u00eda de los mores funciona como indicador de la descomposici\u00f3n de la legitimidad sist\u00e9mica. Paralelamente, la construcci\u00f3n discursiva llevada a cabo por Cicer\u00f3n \u2014en la que el enemigo pol\u00edtico se eleva a figura liminal y totalizadora de la amenaza interna\u2014 pone de relieve la naturaleza performativa y productiva de la categor\u00eda de \u00abconspiraci\u00f3n\u00bb, entendida no como un dato ontol\u00f3gico, sino como un dispositivo de securitizaci\u00f3n del conflicto pol\u00edtico. De ello se deduce que la \u00abconspiraci\u00f3n\u00bb opera como categor\u00eda jur\u00eddico-ret\u00f3rica de inclusi\u00f3n\/exclusi\u00f3n, funcional a la producci\u00f3n de la urgencia decisoria. El recurso al senatus consultum ultimum, junto con la suspensi\u00f3n de determinadas garant\u00edas jur\u00eddicas formales, pone de manifiesto la tensi\u00f3n estructural entre la normatividad ordinaria y la necesidad pol\u00edtica, es decir, entre la legalidad positiva y la raz\u00f3n de la salvaci\u00f3n del sistema. Dicha tensi\u00f3n puede interpretarse como una expresi\u00f3n precoz de una l\u00f3gica de excepci\u00f3n, en la que la continuidad del ordenamiento se garantiza mediante su suspensi\u00f3n funcional temporal.<\/p>\n<p>En este marco, la reflexi\u00f3n schmittiana sobre la soberan\u00eda como decisi\u00f3n sobre el estado de excepci\u00f3n permite una retroproyecci\u00f3n te\u00f3rica \u00fatil para tematizar la estructura decisoria impl\u00edcita en la noci\u00f3n de salus rei publicae, poniendo de relieve la naturaleza no meramente normativa, sino eminentemente pol\u00edtico-decisoria, del fundamento del orden jur\u00eddico en condiciones de crisis. El resultado es una configuraci\u00f3n en la que la soberan\u00eda se manifiesta como poder de suspensi\u00f3n selectiva de la normatividad en funci\u00f3n de su autoconservaci\u00f3n sist\u00e9mica. El segmento anal\u00edtico relativo a la contemporaneidad conceptual del fen\u00f3meno permite interpretar la tr\u00edada constituida por la suspensi\u00f3n del ordenamiento, el senatus consultum ultimum y las formas de gobierno extraordinario o tecnocr\u00e1ticamente legitimado como variantes de un mismo problema te\u00f3rico: la gesti\u00f3n de la crisis de gobernabilidad mediante dispositivos de concentraci\u00f3n y racionalizaci\u00f3n del poder, en los que el inter\u00e9s p\u00fablico se identifica con la preservaci\u00f3n de la unidad funcional del Estado como aparato de decisi\u00f3n. La calificaci\u00f3n de Cicer\u00f3n como defensor rei publicae implica, sin embargo, una necesaria problematizaci\u00f3n de la propia categor\u00eda de \u00abEstado\u00bb que presupone el enunciado. En t\u00e9rminos anal\u00edticos, el Estado ciceroniano puede reconstruirse como una forma institucional de dominancia olig\u00e1rquico-clasista, orientada estructuralmente a la reproducci\u00f3n de las jerarqu\u00edas sociopol\u00edticas internas del cuerpo c\u00edvico romano. En oposici\u00f3n, la figura de Catilina se sit\u00faa como vector de una demanda pol\u00edtica heterog\u00e9nea y no plenamente institucionalizable, que \u00e9l mismo articula en la f\u00f3rmula: <i>\u00abHe asumido, como es mi costumbre, la causa general de los desdichados\u00bb<\/i>. De ello se deriva un orden en el que la crisis de la res publica puede interpretarse como una crisis de la capacidad inclusiva del ordenamiento, en particular en lo que respecta a los procesos de extensi\u00f3n de la ciudadan\u00eda a los it\u00e1licos, formalmente integrados en la esfera jur\u00eddica romana pero a\u00fan no plenamente incorporados a los circuitos de la participaci\u00f3n pol\u00edtica efectiva. Esta brecha entre la inclusi\u00f3n jur\u00eddica y la exclusi\u00f3n pol\u00edtico-decisoria constituye uno de los principales vectores de inestabilidad sist\u00e9mica del ordenamiento republicano.<\/p>\n<h4><i>Bibliograf\u00eda m\u00ednima<\/i><\/h4>\n<ul>\n<li>\n<ul>\n<li>Agostino d\u2019Ippona,\u00a0<em>La citt\u00e0 di Dio<\/em>, in\u00a0<em>Opere di Sant\u2019Agostino<\/em>, Roma, Citt\u00e0 Nuova.<\/li>\n<li>M. Bicchiolla, M. Sartori,\u00a0<em>La congiura di Catilina<\/em>, Edizioni del Girasole.<\/li>\n<li>Marco Tullio Cicerone,\u00a0<em>Contro Catilina<\/em>, Milano, Mondadori.<\/li>\n<li>L.Canfora,\u00a0<em>Una rivoluzione mancata<\/em>, Roma-Bari, Laterza.<\/li>\n<li>A. Fadda,\u00a0<em>Catilina. La fine di un\u2019epoca<\/em>, Roma, Storia e Letteratura.<\/li>\n<li>M . Fini,\u00a0<em>Catilina. Ritratto di un uomo in rivolta<\/em>, Roma, Salerno Editrice.<\/li>\n<li>A. Gramsci,\u00a0<em>Quaderni del carcere<\/em>, Roma, Editori Riuniti.<\/li>\n<li>P.Grimal, ,\u00a0<em>Cicerone<\/em>, Milano, Mondadori, 1982.<\/li>\n<li>N. Machiavelli,\u00a0<em>Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio<\/em>, Milano, Mondadori, coll. \u201cOscar\u201d.<\/li>\n<li>N. Machiavelli,\u00a0<em>Il Principe<\/em>, Torino, Einaudi, coll. \u201cTascabili Classici\u201d.<\/li>\n<li>K. Marx,\u00a0<em>Il 18 brumaio di Luigi Bonaparte<\/em>, Roma, Editori Riuniti.<\/li>\n<li>K.l Marx,\u00a0<em>Lettere a Engels<\/em>, in\u00a0<em>Opere complete<\/em>, vol. 28, Roma, Editori Riuniti.<\/li>\n<li>T. Mommsen,\u00a0<em>Storia di Roma<\/em>, vol. III,\u00a0<em>Dalla morte di Silla alla battaglia di Tapso<\/em>, Milano, Mondadori.<\/li>\n<li>C. Schmitt,\u00a0<em>La dittatura. Dalle origini dell\u2019idea moderna di sovranit\u00e0 alla lotta di classe proletaria<\/em>, Milano, Adelphi.<\/li>\n<li>C. Schmitt,\u00a0<em>Le categorie del politico<\/em>, Bologna, Il Mulino.<\/li>\n<li>M. Talamanca,\u00a0<em>Lineamenti di storia del diritto romano<\/em>, Milano, Giuffr\u00e8.<\/li>\n<li>G. Vico,\u00a0<em>La Scienza nuova<\/em>, Torino, Einaudi, coll. \u201cNUE\u201d.<\/li>\n<li>G. Blasi \u2013 Noviello, A.,\u00a0<em>Dialoghi con Cicerone. Oltre i confini della storia<\/em>, Il Segno.<\/li>\n<li>Gaio Sallustio Crispo,\u00a0<em>La congiura di Catilina<\/em>, Milano, Mondadori.<\/li>\n<li>T. d\u2019Aquino,\u00a0<em>Summa Theologiae<\/em>, Bologna, ESD.<\/li>\n<li>Maurizio Viroli,\u00a0<em>Per amore della patria. Patriottismo e nazionalismo nella storia<\/em>, Roma-Bari, Laterza.<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p><i>Ponencia pronunciada en la Accademia Tiberina \u2013 Secci\u00f3n de Lucana \u2013 el 20 de mayo de 2026: \u00abLos mi\u00e9rcoles en la Academia. Cicer\u00f3n y Catilina. La lucha pol\u00edtica en la Roma antigua\u00bb<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n Esta reflexi\u00f3n m\u00eda se inspira en la lectura del ensayo editado por Gianfranco Blasi y Aldo Noviello titulado Dialoghi<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":19895,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-19894","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19894","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=19894"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19894\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19896,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19894\/revisions\/19896"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/19895"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=19894"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=19894"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=19894"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}