{"id":20198,"date":"2026-07-22T05:00:16","date_gmt":"2026-07-22T04:00:16","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=20198"},"modified":"2026-07-22T01:44:45","modified_gmt":"2026-07-22T00:44:45","slug":"por-que-el-mayor-movimiento-mundial-contra-la-guerra-no-logro-convertirse-en-un-nuevo-internacionalismo-antiimperialista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=20198","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 el mayor movimiento mundial contra la guerra no logr\u00f3 convertirse en un nuevo internacionalismo antiimperialista?"},"content":{"rendered":"<div dir=\"ltr\">\n<div>\n<p><strong>Gaza, Ir\u00e1n, la crisis de la izquierda y la b\u00fasqueda de un nuevo internacionalismo<\/strong><\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/span><\/h2>\n<p>Desde el 7 de octubre de 2023, el mundo ha sido testigo de una de las mayores oleadas de protestas desde la Guerra de Irak. Surgieron acampadas estudiantiles desde la Universidad de Columbia hasta Berkeley, y desde \u00c1msterdam hasta Londres. Los estibadores de Oakland se negaron a cargar buques que transportaban armas con destino a Israel. En diciembre de 2023, Sud\u00e1frica present\u00f3 una demanda contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, alegando que las acciones de Israel en Gaza constitu\u00edan un genocidio.<\/p>\n<p>A medida que el conflicto se extend\u00eda al L\u00edbano, Yemen y, finalmente, a un enfrentamiento militar directo en el que se vieron implicados Israel, Estados Unidos e Ir\u00e1n, lo que muchos analistas de izquierdas ven\u00edan advirtiendo desde hac\u00eda a\u00f1os se hizo cada vez m\u00e1s evidente: una guerra regional ya no era una posibilidad te\u00f3rica, sino una realidad en pleno desarrollo. Sin embargo, al examinar las consecuencias pol\u00edticas de este periodo, la izquierda mundial se enfrenta a una pregunta inc\u00f3moda. Millones de personas salieron a la calle. La solidaridad con Palestina se convirti\u00f3 en un lenguaje pol\u00edtico compartido por todas las generaciones. La opini\u00f3n p\u00fablica en muchos pa\u00edses occidentales, especialmente entre las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes, se mostr\u00f3 cada vez m\u00e1s cr\u00edtica con las pol\u00edticas exteriores aplicadas por sus propios gobiernos. Y, sin embargo, a pesar de la magnitud de estas movilizaciones, no surgi\u00f3 ning\u00fan frente global contra la guerra, no se cre\u00f3 ninguna estructura pol\u00edtica duradera y de estas luchas no naci\u00f3 ning\u00fan nuevo internacionalismo capaz de desafiar el poder imperial. La pregunta que plantea este art\u00edculo no es, por tanto, simplemente: \u00bfpor qu\u00e9 no logr\u00f3 la izquierda unirse? La pregunta m\u00e1s profunda es: \u00bfpor qu\u00e9 la mayor ola mundial de oposici\u00f3n a la guerra de las \u00faltimas d\u00e9cadas no logr\u00f3 convertirse en la base de un internacionalismo antiimperialista renovado? Desde una perspectiva marxista, la respuesta no puede reducirse a desacuerdos entre organizaciones de izquierda ni a conflictos personales entre l\u00edderes pol\u00edticos. Las ra\u00edces de este fracaso residen en transformaciones hist\u00f3ricas m\u00e1s profundas: la crisis estructural del capitalismo global, el declive de la hegemon\u00eda estadounidense, el debilitamiento de las organizaciones de la clase trabajadora y las transformaciones internas de la propia izquierda a lo largo de las \u00faltimas cuatro d\u00e9cadas.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><b>La crisis organizativa de la izquierda<\/b><\/span><\/h2>\n<p>La primera y quiz\u00e1s m\u00e1s fundamental raz\u00f3n de este fracaso es la erosi\u00f3n de la infraestructura organizativa de la izquierda global. Los movimientos contra la guerra anteriores \u2014desde la lucha contra la guerra de Vietnam hasta los movimientos anticolonialistas de los a\u00f1os sesenta y setenta\u2014 se apoyaban en redes de partidos comunistas, sindicatos poderosos, movimientos de liberaci\u00f3n y organizaciones pol\u00edticas internacionales. Estas estructuras ten\u00edan muchas limitaciones y contradicciones, pero proporcionaban algo que hoy en d\u00eda brilla por su ausencia: la capacidad de transformar la movilizaci\u00f3n callejera en una estrategia pol\u00edtica sostenida. Hoy en d\u00eda, gran parte de esta infraestructura ha desaparecido o se ha visto gravemente debilitada. Los sindicatos, tras cuatro d\u00e9cadas de reestructuraci\u00f3n neoliberal, han perdido afiliados, poder de negociaci\u00f3n y gran parte de su capacidad para coordinar la acci\u00f3n internacional. En Gran Breta\u00f1a, la densidad sindical ha ca\u00eddo de alrededor de la mitad de la poblaci\u00f3n activa a finales de la d\u00e9cada de 1970 a aproximadamente una cuarta parte en la actualidad; en Estados Unidos es a\u00fan menor, situ\u00e1ndose en torno al diez por ciento de los trabajadores asalariados. En muchos pa\u00edses, el movimiento sindical ha pasado de ser una fuerza pol\u00edtica central a encontrarse en una posici\u00f3n defensiva, luchando simplemente por preservar los logros alcanzados durante per\u00edodos anteriores de organizaci\u00f3n de la clase trabajadora. Los movimientos de los \u00faltimos a\u00f1os han adoptado en gran medida una forma diferente: descentralizados, basados en redes y organizados a trav\u00e9s de plataformas digitales. A menudo resultan extremadamente eficaces a la hora de movilizar r\u00e1pidamente a miles o incluso millones de personas, pero con frecuencia carecen de las instituciones necesarias para transformar la indignaci\u00f3n social en poder pol\u00edtico duradero.<\/p>\n<p>Las acampadas estudiantiles de la primavera de 2024 pusieron de manifiesto esta contradicci\u00f3n con claridad. Demostraron un valor y una conciencia pol\u00edtica notables, pero se trataba principalmente de coaliciones temporales de organizaciones estudiantiles, grupos religiosos y activistas de derechos humanos, m\u00e1s que de un frente pol\u00edtico de base de clase con una estrategia com\u00fan a largo plazo m\u00e1s all\u00e1 de las reivindicaciones inmediatas en los campus. La resistencia, en definitiva, nunca falt\u00f3. Lo que falt\u00f3 de forma constante fue la forma organizativa capaz de llevar adelante esa resistencia.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La tensi\u00f3n entre la pol\u00edtica de identidad y la pol\u00edtica de clase<\/strong><\/span><\/h2>\n<p>El segundo factor se refiere a la transformaci\u00f3n de la organizaci\u00f3n pol\u00edtica dentro de la izquierda contempor\u00e1nea. A lo largo de las \u00faltimas d\u00e9cadas, una parte significativa de la pol\u00edtica progresista se ha organizado cada vez m\u00e1s en torno a cuestiones de identidad, reconocimiento y representaci\u00f3n, en lugar de hacerlo principalmente en torno a las relaciones de clase y las estructuras del capitalismo global. Esta transformaci\u00f3n no se produjo sin razones hist\u00f3ricas. Las luchas contra el racismo, el patriarcado, los legados coloniales y las diferentes formas de exclusi\u00f3n social han sido aut\u00e9nticos movimientos emancipadores. Han logrado importantes victorias y han ampliado el significado de la igualdad y la justicia. Cualquier pol\u00edtica de izquierda seria debe reconocer que la explotaci\u00f3n de clase no existe al margen de las formas de opresi\u00f3n racial, de g\u00e9nero, nacional y cultural. La dificultad surge cuando las luchas basadas en la identidad se desconectan de un an\u00e1lisis estructural m\u00e1s amplio del poder. Cuando los movimientos pol\u00edticos entienden la opresi\u00f3n principalmente a trav\u00e9s de categor\u00edas de identidad separadas, en lugar de hacerlo a trav\u00e9s de las relaciones sociales, las estructuras econ\u00f3micas y los sistemas globales que reproducen la desigualdad, su capacidad para construir alianzas amplias y duraderas se ve debilitada. La cuesti\u00f3n palestina, por ejemplo, no puede entenderse plenamente solo a trav\u00e9s de identidades contrapuestas o narrativas nacionales. Tambi\u00e9n debe analizarse a trav\u00e9s de las estructuras del colonialismo de asentamiento, la ocupaci\u00f3n militar, la producci\u00f3n mundial de armas, los intereses capitalistas y la competencia geopol\u00edtica. Del mismo modo, el enfrentamiento con Ir\u00e1n no puede entenderse \u00fanicamente a trav\u00e9s del lenguaje de los Estados rivales o las amenazas a la seguridad. Forma parte de una historia m\u00e1s amplia de intervenci\u00f3n occidental en Oriente Medio, de luchas por los recursos estrat\u00e9gicos y de intentos por preservar la influencia geopol\u00edtica en una regi\u00f3n fundamental para el capitalismo global. Un movimiento antiimperialista sostenible requiere una pol\u00edtica capaz de conectar diferentes luchas a trav\u00e9s de una comprensi\u00f3n estructural com\u00fan: aunar los movimientos obreros, las luchas feministas, las campa\u00f1as medioambientales, las movilizaciones antirracistas y el activismo contra la guerra sin reducir a ellas a cuestiones secundarias. El reto para la izquierda contempor\u00e1nea no consiste, por tanto, en rechazar las luchas basadas en la identidad, sino en integrarlas en un proyecto m\u00e1s amplio de emancipaci\u00f3n social \u2014recuperando la capacidad hist\u00f3rica de la pol\u00edtica marxista para vincular diferentes formas de opresi\u00f3n a una cr\u00edtica m\u00e1s amplia del sistema mundial capitalista, sin dejar de prestar atenci\u00f3n a las experiencias reales de las comunidades marginadas\u2014.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La crisis del concepto de imperialismo<\/strong><\/span><\/h2>\n<p>Un tercer obst\u00e1culo, y quiz\u00e1 decisivo, es el debate sin resolver dentro de la propia izquierda sobre el significado del imperialismo. En la tradici\u00f3n marxista, especialmente tras el an\u00e1lisis de Lenin sobre el imperialismo como una etapa del desarrollo capitalista, el imperialismo no es simplemente la pol\u00edtica exterior de un Estado concreto. Se refiere a un sistema global en el que la acumulaci\u00f3n de capital, el poder financiero, la expansi\u00f3n militar y la dominaci\u00f3n geopol\u00edtica configuran las relaciones entre Estados y clases. Sin embargo, la izquierda contempor\u00e1nea sigue profundamente dividida sobre c\u00f3mo debe aplicarse este concepto al sistema mundial actual. Una corriente, inspirada en las tradiciones antiimperialistas cl\u00e1sicas, identifica a Estados Unidos y a sus principales aliados como las fuerzas centrales de la dominaci\u00f3n imperial contempor\u00e1nea, haciendo hincapi\u00e9 en la historia del colonialismo, las intervenciones militares, las sanciones, las operaciones de cambio de r\u00e9gimen y la red global del poder militar estadounidense. Otra corriente sostiene que el imperialismo no puede reducirse \u00fanicamente al poder occidental. Bas\u00e1ndose en una comprensi\u00f3n m\u00e1s compleja del sistema mundial, sostiene que m\u00faltiples Estados \u2014desde Rusia y China hasta potencias regionales de Oriente Medio\u2014 pueden participar en relaciones de dominaci\u00f3n y expansi\u00f3n militar, y que ning\u00fan Estado deber\u00eda quedar exento de cr\u00edtica simplemente por el hecho de desafiar a Washington. Este debate, que dividi\u00f3 profundamente a la izquierda durante la guerra en Ucrania, ha resurgido durante las crisis en Gaza e Ir\u00e1n. Para algunos sectores de la izquierda, cualquier fuerza que se enfrente al poder estadounidense se sit\u00faa autom\u00e1ticamente en un marco antiimperialista. Para otros, este enfoque corre el riesgo de sustituir el an\u00e1lisis marxista por el \u00abcampismo\u00bb geopol\u00edtico \u2014la suposici\u00f3n de que el enemigo de mi enemigo debe representar necesariamente una alternativa progresista\u2014. Una perspectiva genuinamente antiimperialista debe evitar ambas posturas. Debe reconocer el papel hist\u00f3rico y estructural del poder imperial occidental, en particular el dominio militar, financiero y pol\u00edtico ejercido por Estados Unidos y sus aliados. Al mismo tiempo, debe mantener una cr\u00edtica independiente de todas las formas de dominaci\u00f3n, incluidas las ejercidas por potencias no occidentales y regionales. Como nos recuerda el an\u00e1lisis de Lenin, el imperialismo tiene sus ra\u00edces en las estructuras del capital y del poder, no meramente en la identidad de gobiernos concretos. Aplicar esta idea hoy en d\u00eda requiere un an\u00e1lisis concreto del sistema global, en lugar de una repetici\u00f3n mec\u00e1nica de las alineaciones pol\u00edticas del siglo XX. Por lo tanto, un enfoque marxista debe mantener unidos dos principios: la oposici\u00f3n a la dominaci\u00f3n imperial por parte de las principales potencias capitalistas y la oposici\u00f3n a todas las formas de explotaci\u00f3n, opresi\u00f3n y militarismo, independientemente del Estado que las ejerza. Esta posici\u00f3n dial\u00e9ctica es pol\u00edticamente m\u00e1s exigente que optar por un bando geopol\u00edtico frente a otro. Pero sin esa independencia, la izquierda pierde su capacidad para ofrecer una alternativa genuina a la l\u00f3gica de la competencia entre grandes potencias.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La econom\u00eda pol\u00edtica de la guerra<\/strong><\/span><\/h2>\n<p>Otra dimensi\u00f3n del problema es la base econ\u00f3mica de la guerra contempor\u00e1nea. Las guerras no son solo el resultado de decisiones pol\u00edticas tomadas por los gobiernos; tambi\u00e9n est\u00e1n arraigadas en intereses materiales y estructuras de acumulaci\u00f3n. El complejo militar-industrial, especialmente en los principales Estados capitalistas, se ha convertido en una poderosa red que conecta a fabricantes de armas, instituciones financieras, industrias de seguridad y burocracias estatales. La magnitud de este sistema no es abstracta: solo el gasto militar de EE. UU. supera actualmente los 850 000 millones de d\u00f3lares al a\u00f1o, m\u00e1s que los siguientes presupuestos militares m\u00e1s cuantiosos del mundo sumados, y los principales contratistas, como Lockheed Martin y RTX, han registrado carteras de pedidos sin precedentes precisamente durante los a\u00f1os de escalada en Gaza, Ucrania y el Golfo. La perpetuaci\u00f3n de la guerra permanente no es, por lo tanto, un mero accidente de la pol\u00edtica. Los presupuestos militares, los contratos de armamento y las industrias de seguridad representan enormes flujos de capital, y para las instituciones vinculadas a estos sectores, la propia inestabilidad puede convertirse en una fuente de beneficio y acumulaci\u00f3n. Esto no significa que toda guerra pueda reducirse mec\u00e1nicamente a intereses econ\u00f3micos. Los conflictos pol\u00edticos, las experiencias hist\u00f3ricas, las luchas nacionales y los factores ideol\u00f3gicos desempe\u00f1an todos ellos un papel. Pero un an\u00e1lisis marxista debe plantear, aun as\u00ed, una pregunta fundamental: \u00bfqui\u00e9n se beneficia materialmente de la continuaci\u00f3n de la militarizaci\u00f3n y qui\u00e9n paga sus costes? La respuesta es clara: los costes de la guerra recaen de forma abrumadora sobre la gente corriente, mientras que los beneficios econ\u00f3micos se concentran en un reducido grupo de instituciones y empresas poderosas. Por eso la pol\u00edtica antib\u00e9lica no puede separarse de las luchas contra el neoliberalismo y la desigualdad econ\u00f3mica. Los mismos gobiernos que afirman que no hay recursos suficientes para la sanidad, la vivienda, la educaci\u00f3n y la protecci\u00f3n del medio ambiente suelen encontrar enormes recursos para la expansi\u00f3n militar. La guerra y la austeridad no son realidades separadas. Son dos expresiones de un sistema que antepone la acumulaci\u00f3n de capital a las necesidades humanas.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><b>El poder de los medios de comunicaci\u00f3n y la batalla por el significado<\/b><\/span><\/h2>\n<p>El poder imperial contempor\u00e1neo se mantiene no solo a trav\u00e9s de la fuerza militar, la dominaci\u00f3n econ\u00f3mica y la influencia pol\u00edtica, sino tambi\u00e9n mediante la capacidad de moldear narrativas y definir la realidad. Toda guerra es, al mismo tiempo, una batalla por el territorio y una batalla por el significado. La guerra en Gaza ha demostrado una vez m\u00e1s la importancia central de esta lucha. Si bien las im\u00e1genes de destrucci\u00f3n, desplazamiento y sufrimiento de la poblaci\u00f3n civil llegaron a millones de personas en todo el mundo, gran parte de los medios de comunicaci\u00f3n dominantes de los pa\u00edses occidentales enmarcaron el conflicto principalmente a trav\u00e9s del lenguaje de la seguridad, el terrorismo y el \u00abderecho a la autodefensa\u00bb. El contexto hist\u00f3rico m\u00e1s amplio \u2014d\u00e9cadas de ocupaci\u00f3n, colonialismo de asentamiento, relaciones de poder desiguales y el apoyo pol\u00edtico y militar prestado por los gobiernos occidentales\u2014 sol\u00eda quedar marginado o tratarse como algo secundario. Esto refleja lo que Edward Herman y Noam Chomsky describieron como el \u00abfiltrado estructural\u00bb de los sistemas medi\u00e1ticos: las formas en que la concentraci\u00f3n de la propiedad, los intereses econ\u00f3micos y la dependencia de fuentes oficiales configuran las narrativas dominantes sobre los conflictos internacionales. Criticar este marco medi\u00e1tico no significa negar la complejidad de las realidades pol\u00edticas ni ignorar la violencia cometida por diferentes actores. La cuesti\u00f3n es c\u00f3mo las instituciones dominantes construyen una jerarqu\u00eda de legitimidad: cuya violencia se describe como seguridad, cuya resistencia se describe como terrorismo y cuyo sufrimiento se hace pol\u00edticamente visible. Como argument\u00f3 Antonio Gramsci, los poderes dominantes mantienen su influencia no solo mediante la coacci\u00f3n, sino tambi\u00e9n transformando intereses particulares en sentido com\u00fan. La hegemon\u00eda opera haciendo que una interpretaci\u00f3n espec\u00edfica de la realidad parezca natural, neutral e incuestionable. El reto para la izquierda antiimperialista no consiste, por tanto, solo en oponerse a las guerras, sino tambi\u00e9n en cuestionar los marcos ideol\u00f3gicos que las normalizan. Las plataformas digitales han creado oportunidades sin precedentes para desenmascarar los discursos oficiales y movilizar a la opini\u00f3n p\u00fablica. Sin embargo, no han dado lugar autom\u00e1ticamente a organizaciones pol\u00edticas duraderas. A menudo se caracterizan por ciclos de atenci\u00f3n breves y momentos temporales de visibilidad, m\u00e1s que por una estrategia colectiva a largo plazo. Esto genera una de las contradicciones centrales de nuestra era: el mundo est\u00e1 m\u00e1s conectado que nunca, pero las organizaciones pol\u00edticas capaces de transformar esta conexi\u00f3n en poder hist\u00f3rico siguen siendo d\u00e9biles.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Un sistema mundial en transici\u00f3n: el declive hegem\u00f3nico y el significado de Gaza<\/strong><\/span><\/h2>\n<p>El fracaso del movimiento contra la guerra a la hora de convertirse en una fuerza antiimperialista global debe entenderse en el contexto de la crisis m\u00e1s amplia del sistema mundial. Las guerras y los conflictos de los \u00faltimos a\u00f1os \u2014Gaza, Ucrania, Yemen, Siria y la escalada de la confrontaci\u00f3n en torno a Ir\u00e1n\u2014 no son acontecimientos aislados. Son manifestaciones interrelacionadas de una transformaci\u00f3n m\u00e1s profunda: la crisis del orden mundial liderado por Estados Unidos y el surgimiento de un sistema internacional m\u00e1s inestable y disputado. Como argument\u00f3 Immanuel Wallerstein, los per\u00edodos de declive hegem\u00f3nico no son necesariamente per\u00edodos de paz. Por el contrario, suelen caracterizarse por la incertidumbre, la inestabilidad y una competencia cada vez m\u00e1s intensa entre las fuerzas que pretenden configurar el futuro del sistema mundial. Estados Unidos sigue siendo el actor militar y financiero m\u00e1s poderoso del mundo. Sin embargo, su capacidad para imponer un orden mundial estable se ha debilitado. Al mismo tiempo, las potencias emergentes y los actores regionales cuestionan aspectos del dominio estadounidense sin ofrecer necesariamente una alternativa social o econ\u00f3mica fundamentalmente diferente. Este per\u00edodo de transici\u00f3n crea unas condiciones en las que las soluciones militares resultan cada vez m\u00e1s atractivas para las \u00e9lites gobernantes. Cuando las contradicciones econ\u00f3micas se agravan y la legitimidad pol\u00edtica declina, los Estados suelen recurrir en mayor medida al poder militar, a las instituciones de seguridad y a los conflictos externos como mecanismos para mantener su influencia. Oriente Medio se ha convertido en uno de los escenarios centrales de esta lucha precisamente por su importancia estrat\u00e9gica: recursos energ\u00e9ticos, rutas comerciales, posicionamiento militar e influencia geopol\u00edtica. Desde esta perspectiva, Gaza no fue solo una cat\u00e1strofe humanitaria \u2014aunque sin duda lo fue\u2014. Tambi\u00e9n puso de manifiesto contradicciones fundamentales dentro del orden mundial vigente, dejando al descubierto la brecha entre las afirmaciones de un \u00absistema internacional basado en normas\u00bb y la aplicaci\u00f3n selectiva de dichas normas en funci\u00f3n de los intereses geopol\u00edticos. Esta contradicci\u00f3n supuso una oportunidad hist\u00f3rica para la izquierda.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Por qu\u00e9 Gaza represent\u00f3 una oportunidad hist\u00f3rica para la izquierda<\/strong><\/span><\/h2>\n<p>A pesar de sus debilidades organizativas, la respuesta a Gaza demostr\u00f3 que a\u00fan existen los cimientos sociales para un internacionalismo renovado. Una nueva generaci\u00f3n, marcada por la crisis financiera de 2008, la crisis clim\u00e1tica y los fracasos de la globalizaci\u00f3n neoliberal, se incorpor\u00f3 a la lucha pol\u00edtica a escala mundial. Los campus universitarios de Estados Unidos y Europa se convirtieron en centros de protesta. Los estudiantes cuestionaron las relaciones de sus universidades con los fabricantes de armas y exigieron responsabilidad pol\u00edtica. Al mismo tiempo, las acciones de los trabajadores vinculados a las cadenas de suministro globales apuntaban hacia otra posibilidad: el retorno parcial de la pol\u00edtica de clases a las luchas contra la guerra. La negativa de los estibadores de Oakland a participar en el env\u00edo de armas a Israel, aunque de escala limitada, ofreci\u00f3 un atisbo de la importancia estrat\u00e9gica que pueden tener los trabajadores. A diferencia de la mera protesta simb\u00f3lica, el movimiento obrero tiene el potencial de intervenir directamente en las redes materiales a trav\u00e9s de las cuales se produce y se sostiene la guerra. Sin embargo, ser\u00eda exagerado describir estos acontecimientos como un retorno pleno de la pol\u00edtica de clase. Por el contrario, deben entenderse como se\u00f1ales importantes de una posibilidad que la izquierda a\u00fan no ha transformado en una estrategia m\u00e1s amplia y reproducible. El Sur Global, por su parte, desempe\u00f1\u00f3 un papel cada vez m\u00e1s independiente a la hora de cuestionar las narrativas occidentales. La acci\u00f3n judicial de Sud\u00e1frica ante la Corte Internacional de Justicia volvi\u00f3 a situar el lenguaje del genocidio en el centro del debate internacional y simboliz\u00f3 una exigencia m\u00e1s amplia de un orden mundial m\u00e1s igualitario. En toda \u00c1frica, Am\u00e9rica Latina y Asia, numerosas sociedades expresaron un escepticismo creciente hacia las pretensiones occidentales de autoridad moral en los asuntos internacionales. Tal y como sugiere el an\u00e1lisis de Wallerstein sobre la crisis del sistema mundial, los momentos de inestabilidad hegem\u00f3nica tambi\u00e9n pueden convertirse en momentos de apertura pol\u00edtica. Sin embargo, esta enorme energ\u00eda social permaneci\u00f3 fragmentada. El problema no era la ausencia de solidaridad. El problema era la ausencia de una organizaci\u00f3n pol\u00edtica capaz de transformar la solidaridad en un poder internacional duradero. No obstante, la fragmentaci\u00f3n organizativa no es el \u00fanico obst\u00e1culo al que debe hacer frente la izquierda. Incluso all\u00ed donde existe organizaci\u00f3n, los movimientos han tenido a menudo dificultades para expresar con claridad a qu\u00e9 aspiran, y no solo a qu\u00e9 se oponen.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><b>La crisis de la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica<\/b><\/span><\/h2>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la debilidad organizativa, la izquierda se enfrenta tambi\u00e9n a una crisis m\u00e1s profunda: una crisis de la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica. El declive de los proyectos socialistas del siglo XX, combinado con el dominio ideol\u00f3gico del neoliberalismo, ha reducido los horizontes pol\u00edticos en gran parte del mundo. Muchos movimientos contempor\u00e1neos se han vuelto muy eficaces a la hora de resistirse a injusticias concretas \u2014oponerse a las guerras, defender a las comunidades, combatir la discriminaci\u00f3n y denunciar los abusos de poder\u2014, pero a menudo les cuesta articular una visi\u00f3n coherente de un orden social diferente. La resistencia se ha vuelto m\u00e1s f\u00e1cil de imaginar que la transformaci\u00f3n. Esta es una de las contradicciones centrales del momento actual. Millones de personas pueden reconocer los fracasos del sistema existente: guerras interminables, desigualdad creciente, destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica y la concentraci\u00f3n de la riqueza y el poder. Sin embargo, muchos movimientos carecen de un lenguaje com\u00fan para describir qu\u00e9 deber\u00eda sustituir a ese sistema. Para la izquierda, el antiimperialismo no puede limitarse a ser mera oposici\u00f3n. Debe representar tambi\u00e9n un proyecto positivo: una visi\u00f3n de cooperaci\u00f3n internacional, justicia econ\u00f3mica, control democr\u00e1tico de los recursos, sostenibilidad ecol\u00f3gica y un orden mundial basado en las necesidades humanas, en lugar de en la competencia entre Estados y la acumulaci\u00f3n de capital. Sin ese horizonte, los movimientos corren el riesgo de convertirse en ciclos de resistencia que se enfrentan a crisis puntuales, pero que no logran transformar las estructuras que generan dichas crisis. La tarea consiste, por tanto, no solo en reconstruir las organizaciones, sino tambi\u00e9n en reconstruir la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica. Un nuevo internacionalismo debe responder no solo a la pregunta de contra qu\u00e9 estamos, sino tambi\u00e9n a qu\u00e9 tipo de mundo estamos tratando de crear.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><b>Construir un nuevo internacionalismo antiimperialista<\/b><\/span><\/h2>\n<p>La lecci\u00f3n fundamental del per\u00edodo reciente es que la protesta por s\u00ed sola no basta. Los millones de personas que se manifestaron contra la guerra en Gaza demostraron que el deseo de justicia, solidaridad y paz sigue vivo. El elemento que faltaba nunca fue la voluntad popular; fue la capacidad organizativa para convertir esa voluntad en una fuerza hist\u00f3rica coherente. La historia demuestra que las grandes transformaciones sociales rara vez surgen \u00fanicamente de la movilizaci\u00f3n espont\u00e1nea. Los movimientos son capaces de cambiar la sociedad cuando desarrollan organizaciones, instituciones, educaci\u00f3n pol\u00edtica y estrategias a largo plazo. Por lo tanto, el reto para la izquierda hoy en d\u00eda no es simplemente movilizarse contra guerras concretas, sino reconstruir los cimientos organizativos de la solidaridad internacional. Un nuevo internacionalismo antiimperialista no puede ser una repetici\u00f3n mec\u00e1nica de las estructuras pol\u00edticas del siglo XX. El mundo ha cambiado. La clase trabajadora est\u00e1 m\u00e1s dispersa a escala mundial, la producci\u00f3n se ha reorganizado a trav\u00e9s de cadenas de suministro globales, las tecnolog\u00edas digitales han transformado la comunicaci\u00f3n y las crisis ecol\u00f3gicas se han convertido en cuestiones pol\u00edticas centrales. Sin embargo, los principios fundamentales siguen siendo relevantes: la oposici\u00f3n a la dominaci\u00f3n, la resistencia al militarismo, la solidaridad entre los pueblos oprimidos y la lucha por un orden social basado en las necesidades humanas m\u00e1s que en la acumulaci\u00f3n de capital.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Reconectar la pol\u00edtica antib\u00e9lica con la lucha de clases<\/strong><\/span><\/h2>\n<p>El reto m\u00e1s importante para la futura izquierda es reconstruir el v\u00ednculo entre la pol\u00edtica antib\u00e9lica y la organizaci\u00f3n de la clase trabajadora. Una de las debilidades de muchos movimientos antib\u00e9licos contempor\u00e1neos es que a menudo permanecen separados de las luchas econ\u00f3micas cotidianas de la gente corriente. Sin embargo, la guerra y la desigualdad social est\u00e1n profundamente relacionadas. Los presupuestos militares no son cifras abstractas. Representan recursos desviados de la sanidad, la vivienda, la educaci\u00f3n y la protecci\u00f3n del medio ambiente. El mismo sistema econ\u00f3mico que genera empleo precario y una desigualdad creciente tambi\u00e9n genera una militarizaci\u00f3n permanente. Por este motivo, los sindicatos deben volver a convertirse en actores centrales en la lucha contra la guerra. El poder de los trabajadores no reside solo en su n\u00famero, sino en su posici\u00f3n dentro del propio sistema de producci\u00f3n. Los trabajadores de los puertos, el transporte, la log\u00edstica y las industrias militares ocupan posiciones estrat\u00e9gicas en las redes que hacen posible la guerra moderna. Su acci\u00f3n colectiva tiene el potencial de cuestionar los fundamentos materiales de la militarizaci\u00f3n. Por lo tanto, la experiencia de los estibadores de Oakland debe interpretarse con cautela: no como prueba de que ya haya surgido un nuevo movimiento obrero global contra la guerra, sino como un ejemplo importante de las posibilidades que existen cuando el poder de clase se cruza con la pol\u00edtica antiimperialista. La cuesti\u00f3n esencial a la que se enfrenta la izquierda no es solo c\u00f3mo protestamos contra la guerra, sino c\u00f3mo organizamos a aquellos cuyo trabajo hace posible la guerra. Sin esta conexi\u00f3n, la oposici\u00f3n al militarismo corre el riesgo de quedarse en algo simb\u00f3lico en lugar de transformador. Por lo tanto, un movimiento antiguerra renovado debe ir m\u00e1s all\u00e1 de la mera condena moral y forjar alianzas capaces de desarticular las estructuras econ\u00f3micas y pol\u00edticas que sustentan la militarizaci\u00f3n.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><b>M\u00e1s all\u00e1 de la fragmentaci\u00f3n: reconstruir la independencia pol\u00edtica de la izquierda<\/b><\/span><\/h2>\n<p>El futuro de la izquierda depende de que se superen dos peligros opuestos. El primero es el \u00abcampismo\u00bb geopol\u00edtico: la idea de que la pol\u00edtica mundial puede reducirse a una lucha entre Estados rivales, y de que la oposici\u00f3n a una potencia imperial sit\u00faa autom\u00e1ticamente a otra fuerza del lado de la emancipaci\u00f3n. El segundo es un internacionalismo liberal que condena ciertas formas de violencia al tiempo que ignora las realidades estructurales del capitalismo, el imperialismo y la desigualdad global. Una izquierda renovada debe rechazar ambos enfoques. Debe reconocer el papel central que sigue desempe\u00f1ando el poder imperial occidental y las consecuencias hist\u00f3ricas del colonialismo, la intervenci\u00f3n militar y las estructuras globales desiguales. Al mismo tiempo, debe mantener una postura cr\u00edtica frente a todas las formas de dominaci\u00f3n, incluidas las ejercidas por potencias regionales y no occidentales. Esta perspectiva independiente no es un lujo pol\u00edtico. Es la base de cualquier proyecto emancipador genuino. La misi\u00f3n hist\u00f3rica de la izquierda nunca ha consistido simplemente en tomar partido en los conflictos entre las \u00e9lites gobernantes. Su tarea ha sido desarrollar una alternativa basada en los intereses de los trabajadores y las comunidades oprimidas m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras. La izquierda no puede reconstruir el internacionalismo convirti\u00e9ndose en una extensi\u00f3n de la estrategia geopol\u00edtica de ning\u00fan Estado. Una pol\u00edtica genuinamente antiimperialista debe anteponer la emancipaci\u00f3n humana a la alineaci\u00f3n geopol\u00edtica. Debe defender el derecho de los pueblos a determinar su propio futuro, al tiempo que se opone a la ocupaci\u00f3n, la dominaci\u00f3n, la explotaci\u00f3n y el autoritarismo dondequiera que se manifiesten. Se trata de una posici\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s dif\u00edcil que la simple elecci\u00f3n de un bando en los conflictos entre Estados. Pero es precisamente esta independencia la que confiere al antiimperialismo su potencial transformador.<\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Conclusi\u00f3n: Crisis, posibilidad y el futuro del internacionalismo<\/strong><\/span><\/h2>\n<p>Las guerras en Gaza, Yemen, Siria, Ucrania y la escalada de la confrontaci\u00f3n en torno a Ir\u00e1n revelan una realidad m\u00e1s profunda: el capitalismo global, enfrentado a contradicciones econ\u00f3micas y a una crisis de hegemon\u00eda, recurre cada vez m\u00e1s a la militarizaci\u00f3n, la coacci\u00f3n y el conflicto como mecanismos de poder. Al mismo tiempo, la respuesta de millones de personas en todo el mundo ha demostrado que el deseo de solidaridad y resistencia no ha desaparecido. Las calles, las universidades, los lugares de trabajo y los movimientos sociales han demostrado que los cimientos sociales para un internacionalismo renovado siguen existiendo. Lo que faltaba no era la voluntad de la gente corriente. Lo que faltaba era la organizaci\u00f3n pol\u00edtica capaz de transformar esa voluntad en una fuerza hist\u00f3rica coherente. La crisis de la izquierda hoy en d\u00eda no es, por lo tanto, solo una crisis de ideas. Es una crisis de organizaci\u00f3n, estrategia y coordinaci\u00f3n internacional. Si la izquierda no logra aprender de este momento, las futuras guerras y crisis podr\u00edan volver a generar protestas masivas sin dar lugar a una transformaci\u00f3n pol\u00edtica duradera. Pero si es capaz de extraer las lecciones necesarias \u2014la necesidad de organizaci\u00f3n, la necesidad de una pol\u00edtica de clase que supere la fragmentaci\u00f3n, la necesidad de imaginaci\u00f3n pol\u00edtica y la necesidad de una perspectiva antiimperialista independiente\u2014, entonces este per\u00edodo de crisis podr\u00eda convertirse en el comienzo de un nuevo cap\u00edtulo en la historia de la solidaridad internacional. Como sosten\u00eda Antonio Gramsci, los per\u00edodos de crisis son momentos en los que el viejo orden est\u00e1 muriendo, mientras que el nuevo a\u00fan no ha nacido. Tales momentos encierran tanto peligro como posibilidades. El futuro no est\u00e1 predeterminado. Las mismas crisis que pueden conducir a un mayor militarismo, autoritarismo y barbarie tambi\u00e9n pueden crear oportunidades para nuevas luchas por la emancipaci\u00f3n. La cuesti\u00f3n central a la que se enfrenta la izquierda en el siglo XXI es si ser\u00e1 capaz de construir el movimiento internacional capaz de transformar la resistencia en una fuerza hist\u00f3rica duradera.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Z network<\/em>, 15 de julio de 2026 (<a href=\"https:\/\/znetwork.org\/znetarticle\/why-did-the-largest-global-anti-war-movement-fail-to-become-a-new-anti-imperialist-internationalism\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\">https:\/\/znetwork.org\/znetarticle\/why-did-the-largest-global-anti-war-movement-fail-to-become-a-new-anti-imperialist-internationalism\/<\/a>)<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gaza, Ir\u00e1n, la crisis de la izquierda y la b\u00fasqueda de un nuevo internacionalismo Introducci\u00f3n Desde el 7 de octubre<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":19621,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1555,1925,1553],"tags":[],"class_list":["post-20198","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-imperialismo","category-pacifismo","category-socialismo"],"aioseo_notices":[],"aioseo_head":"\n\t\t<!-- All in One SEO 4.9.9 - aioseo.com -->\n\t<meta name=\"description\" content=\"Gaza, Ir\u00e1n, la crisis de la izquierda y la b\u00fasqueda de un nuevo internacionalismo Introducci\u00f3n Desde el 7 de octubre de 2023, el mundo ha sido testigo de una de las mayores oleadas de protestas desde la Guerra de Irak. 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