{"id":20336,"date":"2026-09-08T05:00:32","date_gmt":"2026-09-08T04:00:32","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=20336"},"modified":"2026-09-08T01:16:22","modified_gmt":"2026-09-08T00:16:22","slug":"el-imperio-exige-tributo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=20336","title":{"rendered":"El Imperio exige tributo"},"content":{"rendered":"<div dir=\"ltr\">\n<div>\n<h3><b>Donald Trump y el imperialismo en declive<\/b><\/h3>\n<p><strong>Introducci\u00f3n: Imperialismo sin remordimientos<\/strong><\/p>\n<p>Donald Trump no cre\u00f3 la crisis del imperialismo estadounidense. Surgi\u00f3 de ella, comprendi\u00f3 algunos de sus s\u00edntomas con la intuici\u00f3n burda de un agente inmobiliario y ofreci\u00f3 a la clase dominante estadounidense un m\u00e9todo para gestionar su declive relativo. Su lenguaje es soez porque la realidad que describe es soez. Los pa\u00edses son activos o pasivos; los aliados son clientes que no han pagado sus facturas; las v\u00edas navegables son peajes; los minerales son tesoros que yacen bajo el suelo de otros pueblos; los aranceles son instrumentos de castigo; y la protecci\u00f3n militar es un servicio por el que se debe pagar. Trump despoja al imperialismo de su disfraz diplom\u00e1tico. Mientras que el internacionalismo liberal hablaba de valores comunes y de un orden basado en normas, Trump pregunta qui\u00e9n es el propietario del puerto, qui\u00e9n controla el mineral, qui\u00e9n paga por la base y qu\u00e9 tributo puede obtenerse a cambio del acceso al mercado estadounidense.<\/p>\n<p>El mundo contempor\u00e1neo est\u00e1 atravesando una profunda transici\u00f3n. Las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial permanecen en gran medida intactas, pero los cimientos materiales que las sustentan han cambiado. Estados Unidos sigue dominando las finanzas mundiales, el poder militar, los est\u00e1ndares tecnol\u00f3gicos, los sistemas de comunicaciones y las instituciones internacionales; sin embargo, ya no posee la supremac\u00eda productiva indiscutible que en su d\u00eda dotaba de solidez a su liderazgo. El centro de gravedad productivo se ha desplazado hacia Asia. China se ha convertido en la mayor potencia manufacturera del mundo, mientras que los pa\u00edses del Sur Global representan una cuota cada vez mayor del comercio, la producci\u00f3n, la inversi\u00f3n y la capacidad tecnol\u00f3gica. La producci\u00f3n se ha dispersado geogr\u00e1ficamente, pero el poder financiero, monetario, militar e informativo sigue concentrado en el antiguo bloque del Atl\u00e1ntico Norte.<\/p>\n<p>Esta contradicci\u00f3n define la coyuntura actual. Estados Unidos conserva un extraordinario poder coercitivo, mientras que su capacidad para liderar la econom\u00eda mundial a trav\u00e9s de la superioridad productiva ha disminuido. Sigue siendo el emisor de la moneda de reserva dominante (el d\u00f3lar), el centro de los mercados de capitales mundiales, la sede de poderosas empresas tecnol\u00f3gicas y el centro de mando de un sistema militar que se extiende por todo el planeta. Pero no puede simplemente superar en producci\u00f3n a China, ofrecer al Sur Global una v\u00eda de desarrollo cre\u00edble ni restablecer el monopolio industrial del que disfrut\u00f3 tras 1945. Lo que parece una serie de crisis inconexas \u2014guerras arancelarias, sanciones, controles a la exportaci\u00f3n, sobreendeudamiento, cerco militar, amenazas territoriales y guerras regionales\u2014 se entiende mejor como un \u00fanico proceso hist\u00f3rico: el esfuerzo por preservar una jerarqu\u00eda imperialista cuyos cimientos econ\u00f3micos se encuentran bajo presi\u00f3n.<\/p>\n<p>El imperialismo de Trump es el intento de convertir las ventajas que a\u00fan conservan los Estados Unidos \u2014su alcance militar, el poder del d\u00f3lar, su mercado de consumo, los monopolios tecnol\u00f3gicos y el control sobre las infraestructuras estrat\u00e9gicas\u2014 en instrumentos de tributo y mando. No representa una retirada del imperio. \u00abAmerica First\u00bb, el lema de Trump, significa que Estados Unidos seguir\u00e1 reclamando privilegios globales al tiempo que renuncia incluso a la apariencia de obligaciones universales. Dominar\u00e1 sin asumir la responsabilidad de la gesti\u00f3n, mandar\u00e1 sin consentimiento y exigir\u00e1 el pago por el orden que \u00e9l mismo ha vuelto cada vez m\u00e1s peligroso. El trumpismo no es la retirada del imperialismo estadounidense del mundo; es la retirada del imperialismo del lenguaje de la responsabilidad internacional.<\/p>\n<p><b>De la supremac\u00eda productiva al poder coercitivo<\/b><\/p>\n<p>El orden internacional que surgi\u00f3 tras 1945 se asentaba sobre tres pilares interconectados: la superioridad productiva de EE. UU., la centralidad del d\u00f3lar y la supremac\u00eda militar. Estados Unidos sali\u00f3 de la Segunda Guerra Mundial con su aparato industrial intacto y enormemente ampliado, mientras que Europa y gran parte de Asia quedaban devastadas. Las f\u00e1bricas, las instituciones cient\u00edficas, las infraestructuras y las empresas estadounidenses constitu\u00edan el n\u00facleo productivo del mundo capitalista. A trav\u00e9s de las instituciones de Bretton Woods, el Plan Marshall, la OTAN y una red cada vez m\u00e1s amplia de alianzas militares, Washington tradujo esta ventaja econ\u00f3mica en un orden institucional. El d\u00f3lar se convirti\u00f3 en la principal moneda de reserva y de intercambio, mientras que el poder\u00edo militar estadounidense garantizaba las rutas comerciales, los recursos, los gobiernos d\u00f3ciles y las condiciones pol\u00edticas necesarias para la acumulaci\u00f3n de capital. Este orden se modific\u00f3 tras las crisis de la d\u00e9cada de 1970. El capital estadounidense traslad\u00f3 cada vez m\u00e1s la producci\u00f3n al extranjero, primero a lugares con salarios m\u00e1s bajos y luego a complejas cadenas de suministro globales, especialmente en Asia Oriental. El sector financiero gan\u00f3 poder en relaci\u00f3n con el manufacturero. Wall Street, el d\u00f3lar y la arquitectura jur\u00eddica de los mercados de capitales estadounidenses permitieron a Estados Unidos mantener su autoridad global incluso cuando la capacidad industrial se traslad\u00f3 a otros lugares. Las f\u00e1bricas se marcharon, pero las facturas, las l\u00edneas de cr\u00e9dito, los contratos de seguros, las reclamaciones de propiedad intelectual y los sistemas de pago permanecieron bajo la autoridad de instituciones con sede en Nueva York, Londres y Washington.<\/p>\n<p>Durante un tiempo, esto pareci\u00f3 ser una soluci\u00f3n brillante al problema de la rentabilidad. Las empresas estadounidenses pod\u00edan beneficiarse de una producci\u00f3n de bajo coste en el extranjero, los consumidores estadounidenses pod\u00edan adquirir bienes m\u00e1s baratos y el Tesoro de EE. UU. pod\u00eda financiar enormes d\u00e9ficits, ya que el ahorro mundial segu\u00eda fluyendo hacia activos en d\u00f3lares. Sin embargo, ese mismo proceso fortaleci\u00f3 nuevos centros productivos. China no se limit\u00f3 al montaje de bajo valor a\u00f1adido. Mediante la planificaci\u00f3n, la inversi\u00f3n p\u00fablica, la transferencia de tecnolog\u00eda, la construcci\u00f3n de infraestructuras y el control de los sectores clave de las finanzas, se introdujo en los \u00e1mbitos de las telecomunicaciones, el tren de alta velocidad, la construcci\u00f3n naval, las energ\u00edas renovables, los veh\u00edculos el\u00e9ctricos, las bater\u00edas, la maquinaria avanzada y la inteligencia artificial, y construy\u00f3 as\u00ed ecosistemas industriales que los aranceles por s\u00ed solos no pueden reproducir.<\/p>\n<p>Esta es la iron\u00eda hist\u00f3rica de la globalizaci\u00f3n neoliberal: la internacionalizaci\u00f3n de la producci\u00f3n reforz\u00f3 inicialmente el poder empresarial y financiero de EE. UU., pero tambi\u00e9n cre\u00f3 la base material para la erosi\u00f3n del monopolio del Atl\u00e1ntico Norte sobre la producci\u00f3n avanzada. Estados Unidos pudo seguir obteniendo rentas a trav\u00e9s de las finanzas, la tecnolog\u00eda, las marcas y la propiedad intelectual, pero ya no pudo dar por sentado que las fuerzas productivas m\u00e1s sofisticadas permanecer\u00edan bajo su control. El desaf\u00edo chino no radica, por tanto, meramente en que China cuente con un elevado producto interior bruto. Radica en que China ha desarrollado la capacidad de producir a gran escala, de innovar en todos los sectores industriales y de ofrecer infraestructuras y relaciones comerciales que no pasan \u00edntegramente por los antiguos centros imperiales.<\/p>\n<p>Ning\u00fan an\u00e1lisis serio deber\u00eda confundir el declive relativo con la debilidad. Estados Unidos sigue siendo m\u00e1s poderoso que cualquier imperio anterior en cuanto a alcance militar y coacci\u00f3n financiera. El declive describe una relaci\u00f3n, no un colapso. Significa que la distancia entre el poder de EE. UU. y las capacidades de otros Estados se ha reducido, y que Washington ya no puede reproducir su liderazgo mediante la misma combinaci\u00f3n de consentimiento, superioridad productiva y legitimidad institucional. Es precisamente la brecha entre el poder coercitivo que persiste y la supremac\u00eda productiva en declive lo que genera la agresividad del presente.<\/p>\n<p>Trump percibe esta brecha a su manera. Intuye acertadamente que las antiguas promesas de la globalizaci\u00f3n ya no gozan de legitimidad entre millones de personas en Estados Unidos. Regiones enteras han sufrido cierres de f\u00e1bricas, el declive del poder sindical, el estancamiento salarial, la adicci\u00f3n a los opi\u00e1ceos, el colapso de los servicios p\u00fablicos y la humillaci\u00f3n del abandono social. Pero Trump no acusa a las empresas que trasladaron la producci\u00f3n ni a los financieros que se beneficiaron de la destrucci\u00f3n. Desv\u00eda la culpa hacia China, los migrantes, los gobiernos extranjeros y los aliados que, seg\u00fan \u00e9l, enga\u00f1an a Estados Unidos. Toma una crisis provocada por el capital y la traduce en resentimiento nacional. Las heridas sociales del neoliberalismo se convierten en el combustible emocional de un imperialismo m\u00e1s agresivo.<\/p>\n<p><b>\u00abAmerica First\u00bb no es aislacionismo<\/b><\/p>\n<p>A menudo se describe a Trump como un aislacionista porque se muestra hostil hacia las instituciones multilaterales, desde\u00f1a las alianzas y desconf\u00eda de las guerras cuyos beneficios no puede expresar en t\u00e9rminos comerciales. Esta descripci\u00f3n es enga\u00f1osa. El aislacionismo significar\u00eda una contracci\u00f3n de las ambiciones militares y pol\u00edticas de Estados Unidos. Trump, en cambio, busca revisar las condiciones en las que se ejercen dichas ambiciones. No desea menos privilegios para Estados Unidos; desea menos restricciones y menores costes. No se opone a las alianzas como instrumentos de poder; se opone a las alianzas en las que los Estados subordinados parecen poseer derechos independientes de lo que aportan a Washington. El internacionalismo liberal presentaba los intereses nacionales de EE. UU. como intereses universales. Hablaba en nombre de la democracia, los derechos humanos, los mercados abiertos y el derecho internacional, aun cuando apoyaba golpes de Estado, ocupaciones, sanciones y dictaduras. Se afirmaba que el liderazgo estadounidense proporcionaba bienes p\u00fablicos globales: seguridad, moneda estable, mares navegables e instituciones predecibles. Este discurso siempre fue ideol\u00f3gico, pero permit\u00eda a las clases dirigentes aliadas presentar su subordinaci\u00f3n como una participaci\u00f3n voluntaria en una comunidad internacional.<\/p>\n<p>Trump descarta gran parte de esta mediaci\u00f3n. Interpreta la OTAN como un contrato de protecci\u00f3n y a sus miembros como clientes morosos. Trata las bases militares no como la infraestructura de una defensa com\u00fan, sino como servicios por los que los pa\u00edses anfitriones deben pagar. Considera que la ayuda al desarrollo es un despilfarro a menos que compre obediencia inmediata. Ve a las Naciones Unidas como \u00fatiles \u00fanicamente cuando ratifican las decisiones de EE. UU. e ileg\u00edtimas cuando las limitan. La esencia de la dominaci\u00f3n persiste, pero la forma cambia: del liderazgo a la transacci\u00f3n. Este enfoque transaccional no hace que el imperio sea menos violento. Hace que la violencia est\u00e9 m\u00e1s directamente vinculada a la extracci\u00f3n de recursos. El mundo se convierte en un campo de acuerdos respaldados por la amenaza de exclusi\u00f3n del mercado estadounidense, del sistema del d\u00f3lar, de la tecnolog\u00eda avanzada, de la cooperaci\u00f3n en materia de inteligencia o de la protecci\u00f3n militar. Un aliado que paga y obedece puede ser recompensado; un aliado que disiente puede ser castigado. A un adversario se le puede bombardear, sancionar o bloquear, pero tambi\u00e9n se le puede ofrecer un acuerdo si reconoce la primac\u00eda de EE. UU. Lo que importa no es la adhesi\u00f3n a una doctrina estable, sino la demostraci\u00f3n p\u00fablica de que Washington puede imponer las condiciones.<\/p>\n<p>La <i>Estrategia de Seguridad Nacional<\/i> de Trump para 2025 da forma oficial a esta perspectiva. Ataca a las \u00e9lites estadounidenses anteriores por permitir que China se beneficiara de los mercados y las inversiones de EE. UU. y presenta la segunda administraci\u00f3n Trump como una restauraci\u00f3n del poder nacional. Sin embargo, esta restauraci\u00f3n no puede devolver a Estados Unidos a 1945. El panorama industrial, el mercado mundial y el equilibrio de las fuerzas productivas han cambiado. Por lo tanto, Trump intenta utilizar el poder estatal para forzar un resultado que el capital estadounidense ya no puede garantizar mediante la competencia comercial habitual. Los aranceles, los controles a la exportaci\u00f3n, el escrutinio de las inversiones, las sanciones, la presi\u00f3n militar y las reivindicaciones territoriales se convierten en sustitutos de la preponderancia productiva que se ha perdido.<\/p>\n<p>Trump representa tanto una ruptura como una continuidad. El enfrentamiento estrat\u00e9gico con China no comenz\u00f3 con \u00e9l ni desapareci\u00f3 bajo el mandato de Joseph Biden. Los controles a la exportaci\u00f3n, las alianzas militares en Asia, las sanciones y las subvenciones industriales traspasaron las l\u00edneas partidistas. Pero Trump concentra estas tendencias y les quita su barniz liberal. Su singularidad no radica en inventar el imperialismo estadounidense, sino en transformar su ansiedad acumulada en un programa de coacci\u00f3n abierta.<\/p>\n<p><b>Los aranceles y el imperialismo del tributo<\/b><\/p>\n<p>Los aranceles son fundamentales para la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica de Trump, ya que parecen resolver varios problemas a la vez. Prometen proteger la industria nacional, castigar a los competidores extranjeros, generar ingresos para el Estado, impulsar la inversi\u00f3n dentro de Estados Unidos y demostrar que el presidente puede obligar a otros pa\u00edses a someterse. Trump presenta el d\u00e9ficit comercial como prueba de que se ha robado a Estados Unidos, como si cada contenedor que llegara a un puerto estadounidense fuera un tributo pagado en la direcci\u00f3n equivocada. El arancel es su instrumento para invertir ese flujo. Sin embargo, los aranceles bajo el mandato de Trump no son simplemente instrumentos de protecci\u00f3n. Son instrumentos de coacci\u00f3n pol\u00edtica. El acceso al mercado estadounidense se trata como un privilegio que puede suspenderse a menos que otro Estado modifique su pol\u00edtica comercial, sus controles migratorios, su alineaci\u00f3n diplom\u00e1tica, su relaci\u00f3n con China o su postura respecto a una disputa territorial. El poder proviene del volumen constante del consumo estadounidense: aunque la posici\u00f3n productiva relativa del pa\u00eds est\u00e9 en declive, sigue siendo un destino enorme para los bienes y el capital. Trump pretende convertir esta asimetr\u00eda en un arma.<\/p>\n<p>Por lo tanto, esta pol\u00edtica encierra una l\u00f3gica claramente imperial. En la era colonial, las potencias imperiales obligaban a los territorios subordinados a abrir sus mercados, ceder recursos y aceptar acuerdos jur\u00eddicos desiguales. En las condiciones actuales, la administraci\u00f3n directa suele ser innecesaria. La amenaza de aranceles, la exclusi\u00f3n de los sistemas de pago, las sanciones secundarias o la denegaci\u00f3n de tecnolog\u00eda pueden obligar a gobiernos reconocidos formalmente como soberanos. La pol\u00edtica econ\u00f3mica se convierte en un medio para imponer la obediencia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>El ataque contra China pone de manifiesto la versi\u00f3n m\u00e1s amplia de esta estrategia. El objetivo no es meramente reducir el d\u00e9ficit comercial bilateral. Se trata de frenar el desarrollo tecnol\u00f3gico chino, restringir el acceso a semiconductores y maquinaria avanzados, reorganizar las cadenas de suministro alej\u00e1ndolas de China y obligar a los aliados a participar en un sistema de contenci\u00f3n. Washington ya no conf\u00eda en que la competencia de mercado preserve su ventaja tecnol\u00f3gica. Debe recurrir a prohibiciones administrativas, a la disciplina de las alianzas y al control de los puntos estrat\u00e9gicos en la producci\u00f3n tecnol\u00f3gica. Se habla de seguridad nacional, pero el objetivo es impedir que un sistema productivo rival alcance la autonom\u00eda estrat\u00e9gica.<\/p>\n<p>Los l\u00edmites de esta pol\u00edtica son considerables. Un arancel puede encarecer el precio de un veh\u00edculo el\u00e9ctrico importado, pero no puede crear de la noche a la ma\u00f1ana las redes de transporte, la mano de obra cualificada, los cl\u00fasteres de proveedores, los sistemas p\u00fablicos de investigaci\u00f3n y la planificaci\u00f3n a largo plazo que han hecho posible dicho veh\u00edculo. Puede redirigir una etapa final del montaje de un pa\u00eds a otro, mientras que los componentes chinos siguen circulando por la cadena de suministro. Puede generar beneficios extraordinarios para las empresas protegidas sin exigirles que realicen inversiones productivas. Por encima de todo, puede imponer mayores costes a los trabajadores estadounidenses, cuyos salarios no han aumentado al mismo ritmo que el coste de la vivienda, la asistencia sanitaria, la educaci\u00f3n y la alimentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica industrial de Trump se encuentra, por lo tanto, atrapada en una contradicci\u00f3n. Necesita al Estado porque el mercado no puede restablecer la supremac\u00eda productiva de EE. UU., pero las fuerzas de clase que le respaldan se resisten a la planificaci\u00f3n, la propiedad p\u00fablica, la redistribuci\u00f3n y la inversi\u00f3n social que requerir\u00eda una aut\u00e9ntica reconstrucci\u00f3n industrial. Su coalici\u00f3n quiere subvenciones sin control p\u00fablico, protecci\u00f3n sin fuerza de trabajo y reindustrializaci\u00f3n sin una transformaci\u00f3n de las relaciones de propiedad. El resultado es una pol\u00edtica industrial militarizada organizada en torno a las armas, la energ\u00eda f\u00f3sil, la inteligencia artificial, la log\u00edstica y los minerales estrat\u00e9gicos, en lugar de un programa destinado a satisfacer las necesidades sociales.<\/p>\n<p>Las sanciones funcionan, junto con los aranceles, como otra forma de tributo. El papel que sigue desempe\u00f1ando el d\u00f3lar en las reservas, los pagos, la deuda y la fijaci\u00f3n de precios de las materias primas otorga a Estados Unidos una jurisdicci\u00f3n que se extiende mucho m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras. Un banco de un pa\u00eds puede ser sancionado por tramitar una transacci\u00f3n en la que participe un tercer pa\u00eds, incluso si no hay productos estadounidenses involucrados. Se puede excluir a un Estado de los sistemas de pago, embargar sus activos en el extranjero, obstaculizar su transporte mar\u00edtimo y privar a su poblaci\u00f3n de medicamentos e importaciones esenciales. El poder financiero se convierte en la capacidad de decidir qu\u00e9 pa\u00edses pueden participar con normalidad en la econom\u00eda mundial.<\/p>\n<p>Cuba, Venezuela, Ir\u00e1n y otros Estados sancionados demuestran que la guerra econ\u00f3mica no es una alternativa a la violencia militar. Se trata de violencia ejercida a trav\u00e9s de la escasez, la interrupci\u00f3n de la producci\u00f3n, el deterioro de los hospitales, la inflaci\u00f3n y la migraci\u00f3n. El sufrimiento se atribuye entonces al gobierno sancionado, lo que permite a Washington presentar los efectos de la coacci\u00f3n como prueba de que el objetivo ha fracasado. Trump intensifica esta pr\u00e1ctica al tiempo que se refiere a ella como \u00abpresi\u00f3n m\u00e1xima\u00bb: una admisi\u00f3n de que el objetivo es hacer insoportable la vida social hasta obtener concesiones pol\u00edticas.<\/p>\n<p>Esta combinaci\u00f3n de aranceles, sanciones y pagos de protecci\u00f3n puede denominarse \u00abimperialismo del tributo\u00bb. Trump pretende que los Estados paguen por la seguridad, paguen por el acceso al mercado, paguen por la exenci\u00f3n del castigo y paguen mediante la cesi\u00f3n de recursos o de autonom\u00eda pol\u00edtica. El m\u00e9todo es transaccional, pero la relaci\u00f3n no es una transacci\u00f3n entre iguales. Un acuerdo alcanzado a la sombra de un grupo de portaaviones, del sistema del d\u00f3lar y del mayor mercado de consumo del mundo sigue siendo un acto de coacci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Territorio, puntos estrat\u00e9gicos y el retorno de la posesi\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Las declaraciones de Trump sobre la adquisici\u00f3n de Groenlandia, la recuperaci\u00f3n del control del Canal de Panam\u00e1 y la absorci\u00f3n de Canad\u00e1 suelen descartarse como mero espect\u00e1culo. Pero ese espect\u00e1culo encierra una teor\u00eda del poder. El imperialismo liberal prefer\u00eda ejercer el control sin una anexi\u00f3n formal, recurriendo a bases, tratados, normas de inversi\u00f3n y \u00e9lites complacientes. Trump resucita el antiguo vocabulario de la posesi\u00f3n. Concibe el territorio como un bien inmueble y la soberan\u00eda como un obst\u00e1culo que puede superarse mediante la compra, la presi\u00f3n o la fuerza.<\/p>\n<p>Groenlandia condensa las preocupaciones centrales del nuevo imperialismo. Su ubicaci\u00f3n es relevante para la estrategia militar en el \u00c1rtico, los sistemas de alerta de misiles, las rutas mar\u00edtimas emergentes y la rivalidad con Rusia y China. Su subsuelo contiene minerales considerados fundamentales para las bater\u00edas, la electr\u00f3nica, las armas y la transici\u00f3n energ\u00e9tica. A medida que la crisis clim\u00e1tica derrite el hielo \u00e1rtico, la cat\u00e1strofe provocada en gran medida por las emisiones hist\u00f3ricas de las antiguas potencias industriales abre nuevas rutas para el comercio y la extracci\u00f3n. Trump observa esta geograf\u00eda transformada y ve una oportunidad de adquisici\u00f3n.<\/p>\n<p>La poblaci\u00f3n de Groenlandia desaparece en gran medida de este c\u00e1lculo. Su larga lucha contra el dominio colonial dan\u00e9s y su derecho a decidir su futuro quedan subordinados al apetito estrat\u00e9gico de Washington. Aqu\u00ed, el imperialismo de Trump revela su esencia colonial: la tierra es valiosa por lo que yace bajo ella y por su ubicaci\u00f3n, mientras que las personas que viven en ella se convierten en un estorbo. Sus amenazas contra Dinamarca tambi\u00e9n demuestran que la jerarqu\u00eda del imperio incluye a los aliados. La pertenencia a la OTAN no garantiza la igualdad; formaliza grados de subordinaci\u00f3n. Cuando un aliado se interpone entre Estados Unidos y un activo que este desea, los aranceles y la presi\u00f3n militar pueden volverse contra el propio aliado.<\/p>\n<p>El Canal de Panam\u00e1 representa una l\u00f3gica similar. El canal no es meramente un s\u00edmbolo del poder estadounidense del pasado. Es una arteria clave del comercio mundial y un enlace estrat\u00e9gico entre los oc\u00e9anos Atl\u00e1ntico y Pac\u00edfico. La ret\u00f3rica de Trump sobre recuperarlo refleja la inquietud de que las relaciones comerciales chinas en Am\u00e9rica Latina puedan reducir el control de Washington sobre la infraestructura log\u00edstica del hemisferio. Los puertos, los canales, los cables submarinos, las v\u00edas f\u00e9rreas y los centros de datos ocupan ahora el lugar que antes correspond\u00eda principalmente a las fortalezas y las estaciones de carb\u00f3n. El control sobre la circulaci\u00f3n es tan importante como el control sobre la producci\u00f3n.<\/p>\n<p>La renovada visi\u00f3n territorial se extiende por todas las Am\u00e9ricas. La Doctrina Monroe siempre ha afirmado que el hemisferio constituye una zona especial de prerrogativas estadounidenses. Bajo el mandato de Trump, esta doctrina se ampl\u00eda para abarcar el petr\u00f3leo, el litio, los puertos, las rutas migratorias, la infraestructura digital y la exclusi\u00f3n de China. Cuba sigue sometida a un bloqueo econ\u00f3mico destinado a castigar su negativa a renunciar a la soberan\u00eda conquistada por su revoluci\u00f3n. Las reservas de petr\u00f3leo de Venezuela y su proyecto pol\u00edtico independiente la convierten en blanco de sanciones, confiscaci\u00f3n de activos, desestabilizaci\u00f3n y amenazas militares. Se presiona a los gobiernos de toda Am\u00e9rica Latina para que restrinjan la inversi\u00f3n china, acepten las exigencias migratorias de EE. UU. y alineen sus pol\u00edticas exteriores con las de Washington.<\/p>\n<p>La migraci\u00f3n es un elemento central de esta geograf\u00eda imperial. Las pol\u00edticas de EE. UU. han contribuido a destruir econom\u00edas, a prolongar guerras y a agravar la vulnerabilidad clim\u00e1tica, creando las condiciones que obligan a huir a millones de personas. Trump, por su parte, militariza la frontera contra quienes se ven desplazados por el sistema que Estados Unidos ha dominado. Se presenta a los migrantes como invasores, mientras que el capital, las fuerzas militares y la injerencia pol\u00edtica de EE. UU. cruzan las fronteras con impunidad. La frontera no supone un alejamiento del mundo. Distingue entre la movilidad concedida al capital y a la violencia, y la inmovilidad impuesta a la mano de obra.<\/p>\n<p>Canad\u00e1 entra en la ret\u00f3rica de Trump desde una posici\u00f3n diferente, pero el principio subyacente es reconocible. \u00c9l concibe las fronteras nacionales como provisionales en lo que respecta a la seguridad, los recursos y la ventaja comercial de Estados Unidos. Sus bromas y amenazas constituyen una pedagog\u00eda pol\u00edtica: ense\u00f1an al p\u00fablico estadounidense a considerar la soberan\u00eda de los pa\u00edses vecinos como algo contingente y a ver la expansi\u00f3n del poder estadounidense como un derecho natural. El mapa imperial se presenta como inacabado.<\/p>\n<p><b>Palestina, Ir\u00e1n y la impunidad imperialista<\/b><\/p>\n<p>En ning\u00fan lugar resulta m\u00e1s evidente la violencia del imperialismo de Trump que en Asia Occidental. Palestina e Ir\u00e1n revelan la unidad del poder militar, financiero, territorial e ideol\u00f3gico. Tambi\u00e9n ponen al descubierto el enga\u00f1o de la afirmaci\u00f3n de que Estados Unidos defiende un orden basado en normas. Las normas se invocan contra los adversarios y se descartan para los aliados; la soberan\u00eda es absoluta cuando la reivindica Washington y condicional cuando la reivindican quienes se le oponen.<\/p>\n<p>El apoyo de Estados Unidos a Israel no es simplemente una alianza entre dos Estados. Israel funciona como una posici\u00f3n militar y de inteligencia avanzada dentro de la arquitectura imperial de Asia Occidental, una regi\u00f3n cuyos recursos energ\u00e9ticos, rutas comerciales y ubicaci\u00f3n estrat\u00e9gica la han convertido en una preocupaci\u00f3n central del poder estadounidense. Washington suministra armas, dinero, protecci\u00f3n diplom\u00e1tica e inteligencia, mientras que Israel pone de manifiesto las formas de vigilancia, castigo colectivo, control de la poblaci\u00f3n y tecnolog\u00eda militar que circulan por el sistema imperial en su conjunto.<\/p>\n<p>El trato que Trump dispensa a Palestina traslada su visi\u00f3n de promotor inmobiliario al \u00e1mbito de la guerra colonial. Gaza no se considera una patria habitada por un pueblo con derechos, historia y reivindicaciones pol\u00edticas, sino un territorio cuya poblaci\u00f3n puede ser desplazada y cuya costa puede ser reurbanizada. Se trata de la vieja fantas\u00eda colonial expresada en el lenguaje inmobiliario: desalojar a la poblaci\u00f3n, despejar el terreno y convertir la devastaci\u00f3n en una oportunidad de inversi\u00f3n. La obscenidad no reside solo en la propuesta, sino en el hecho de que da forma expl\u00edcita a una l\u00f3gica ya presente en la destrucci\u00f3n de viviendas, hospitales, universidades, archivos, tierras agr\u00edcolas y vida c\u00edvica.<\/p>\n<p>El ataque contra Palestina tambi\u00e9n requiere un ataque contra el derecho internacional. Cuando las instituciones internacionales investigan la conducta de Israel o de Estados Unidos, Washington sanciona a los funcionarios, amenaza a los tribunales, veta resoluciones y retira su cooperaci\u00f3n. La soberan\u00eda imperial significa el derecho a juzgar a los dem\u00e1s sin ser juzgado. Estados Unidos insiste en la jurisdicci\u00f3n universal para sus sanciones y operaciones militares, al tiempo que niega dicha jurisdicci\u00f3n a los organismos que podr\u00edan exigir responsabilidades a sus l\u00edderes o aliados. Trump no crea este doble rasero, pero lo convierte en un motivo de orgullo.<\/p>\n<p>Ir\u00e1n presenta la misma estructura a una escala regional m\u00e1s amplia. Durante d\u00e9cadas, las sanciones han intentado impedir que Ir\u00e1n ejerza su soberan\u00eda econ\u00f3mica y estrat\u00e9gica. Las restricciones a las exportaciones de petr\u00f3leo, la banca, el transporte mar\u00edtimo, la tecnolog\u00eda y la inversi\u00f3n se han dise\u00f1ado para agotar al pa\u00eds y aislarlo de la econom\u00eda mundial. La pol\u00edtica de \u00abm\u00e1xima presi\u00f3n\u00bb de Trump utiliza el sufrimiento de los iran\u00edes de a pie como moneda de cambio. Parte de la base de que el sufrimiento econ\u00f3mico puede dosificarse hasta que un Estado renuncie a su papel regional independiente y acepte las condiciones establecidas por Washington y Tel Aviv.<\/p>\n<p>Pero la coacci\u00f3n financiera se convierte f\u00e1cilmente en coacci\u00f3n militar. Los ataques, los asesinatos, los bloqueos, las amenazas contra las instalaciones nucleares y los intentos de controlar la navegaci\u00f3n por el estrecho de Ormuz forman parte de un mismo continuo. El estrecho es uno de los pasos energ\u00e9ticos m\u00e1s importantes del mundo, y su control tiene consecuencias que van mucho m\u00e1s all\u00e1 de Ir\u00e1n. Reivindicar el derecho a vigilarlo de forma unilateral equivale a reivindicar la autoridad sobre una arteria central de la econom\u00eda mundial. Una vez m\u00e1s, Estados Unidos presenta su propio control como libertad de navegaci\u00f3n y la resistencia de un Estado regional como una amenaza para el orden internacional.<\/p>\n<p>Las pol\u00edticas de Trump en Asia Occidental suelen describirse como err\u00e1ticas, ya que las amenazas, las negociaciones, los ataques y las propuestas de acuerdos se suceden r\u00e1pidamente. Sin embargo, esa aparente volatilidad tiene un prop\u00f3sito. La imprevisibilidad se convierte en un instrumento de negociaci\u00f3n. El adversario debe creer que el presidente puede sobrepasar los l\u00edmites establecidos, mientras que los aliados deben buscar continuamente garant\u00edas. El peligro es inmenso, ya que una estrategia que se basa en una irracionalidad simulada puede generar consecuencias que ninguna actuaci\u00f3n puede contener.<\/p>\n<p>Se trata del hiperimperialismo en su forma m\u00e1s concentrada: el intento de un bloque militar, pol\u00edtico y econ\u00f3mico liderado por Estados Unidos de compensar su autoridad mermada mediante una coacci\u00f3n intensificada. Estados Unidos y sus aliados poseen una parte abrumadora del gasto militar mundial, una inmensa red de bases en el extranjero, el control sobre tecnolog\u00edas estrat\u00e9gicas y la capacidad de librar una guerra econ\u00f3mica m\u00e1s all\u00e1 de las jurisdicciones. Sin embargo, no logran obtener resultados pol\u00edticos estables. Irak, Afganist\u00e1n, Libia, Palestina y la prolongada campa\u00f1a contra Ir\u00e1n demuestran el poder destructivo del bloque y los l\u00edmites de su capacidad para generar legitimidad. Es capaz de devastar sociedades con mayor facilidad de la que tiene para gestionar las consecuencias.<\/p>\n<p><b>Asia y la militarizaci\u00f3n de la competencia productiva<\/b><\/p>\n<p>La principal preocupaci\u00f3n a largo plazo de la estrategia estadounidense sigue siendo Asia, ya que Asia es la regi\u00f3n m\u00e1s din\u00e1mica de la econom\u00eda mundial y China es la potencia que ha roto de forma m\u00e1s decisiva la antigua jerarqu\u00eda productiva. Estados Unidos se enfrenta a un dilema: no puede desvincularse econ\u00f3micamente de una regi\u00f3n de la que dependen sus empresas y consumidores, pero tampoco puede aceptar un orden econ\u00f3mico asi\u00e1tico en el que Washington no posea la autoridad definitiva. Su respuesta consiste en militarizar la competencia econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Las bases estadounidenses en Jap\u00f3n, Corea del Sur, Guam, Filipinas y Australia forman un arco alrededor de China. AUKUS, el Quad, las patrullas navales, los ejercicios militares, los nuevos acuerdos de bases y la instrumentalizaci\u00f3n de la cuesti\u00f3n de Taiw\u00e1n ampl\u00edan la infraestructura de confrontaci\u00f3n. Los controles sobre los semiconductores y las restricciones a la inversi\u00f3n funcionan en t\u00e1ndem con esta arquitectura militar. La f\u00e1brica, el laboratorio, la ruta mar\u00edtima, el sat\u00e9lite, la plataforma de pago y la base naval pasan a formar parte de una \u00fanica estrategia.<\/p>\n<p>Trump a\u00f1ade presi\u00f3n transaccional a esta estructura. Se exige a Jap\u00f3n y Corea del Sur que paguen m\u00e1s por las fuerzas estadounidenses, a pesar de que dichas fuerzas sirven al dise\u00f1o estrat\u00e9gico de Washington. Taiw\u00e1n es tratado simult\u00e1neamente como una posici\u00f3n estrat\u00e9gica, un cliente de armas estadounidenses y un activo en materia de semiconductores cuya capacidad productiva Estados Unidos desea que se traslade. Se espera de los aliados no solo que se alineen diplom\u00e1ticamente, sino que reorganicen sus econom\u00edas, sus relaciones tecnol\u00f3gicas y sus cadenas de suministro en torno a la contenci\u00f3n de China.<\/p>\n<p>El peligro radica en que Estados Unidos intente compensar militarmente lo que no puede lograr comercialmente. El auge de China no puede revertirse mediante portaaviones. Sus ecosistemas industriales no pueden ser destruidos con bombardeos sin provocar una cat\u00e1strofe en toda la econom\u00eda mundial. Sin embargo, la opci\u00f3n militar sigue estando arraigada en la planificaci\u00f3n estadounidense porque la p\u00e9rdida de primac\u00eda se considera una amenaza para la seguridad, en lugar de una invitaci\u00f3n a la cooperaci\u00f3n entre Estados soberanos.<\/p>\n<p>A los pueblos de Asia se les pide que vivan en medio de esta contradicci\u00f3n. Sus econom\u00edas est\u00e1n cada vez m\u00e1s integradas con China, mientras que sus instituciones de seguridad se ven presionadas para alinearse con Estados Unidos. El gasto militar desv\u00eda recursos del desarrollo social, y las bases transforman ciudades, islas y costas en objetivos potenciales. Washington habla de una regi\u00f3n libre y abierta, pero la libertad se define como la libertad continuada de las fuerzas estadounidenses para operar a miles de kil\u00f3metros de su propio territorio.<\/p>\n<p>El nacionalismo racial de Trump intensifica el peligro. La competencia econ\u00f3mica se presenta como un robo civilizacional, y China se convierte en la explicaci\u00f3n externa del declive interno de EE. UU. Este discurso prepara a la poblaci\u00f3n para el sacrificio al convertir una compleja transformaci\u00f3n de la econom\u00eda mundial en una historia de victimismo nacional. Oculta el papel de las empresas estadounidenses en la deslocalizaci\u00f3n de la producci\u00f3n y hace que la hostilidad hacia China parezca una pol\u00edtica de la clase trabajadora, a pesar de que la confrontaci\u00f3n amenaza a los trabajadores de todo el mundo.<\/p>\n<p><b>El proyecto de clase detr\u00e1s del trumpismo<\/b><\/p>\n<p>La fuerza pol\u00edtica de Trump proviene de su capacidad para abordar la devastaci\u00f3n social real al tiempo que protege las relaciones de propiedad que la han generado. La desindustrializaci\u00f3n, el endeudamiento, la precariedad laboral, la desigualdad racializada y el colapso de las instituciones p\u00fablicas han generado una enorme reserva de ira. La clase dirigente dem\u00f3crata defendi\u00f3 la globalizaci\u00f3n que enriqueci\u00f3 a las empresas financieras y tecnol\u00f3gicas, al tiempo que ofrec\u00eda a las comunidades afectadas reciclaje profesional, cr\u00e9dito al consumo y sermones morales. Trump entr\u00f3 en este panorama y prometi\u00f3 una restauraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero esa restauraci\u00f3n es fraudulenta. Trump no pretende transferir el poder a los trabajadores ni reconstruir la sociedad en torno a la prestaci\u00f3n de servicios p\u00fablicos. Su proyecto a\u00fana a sectores del capital de los combustibles f\u00f3siles, las finanzas, los fabricantes de armas, los intereses inmobiliarios, el capital riesgo, la log\u00edstica y los multimillonarios tecnol\u00f3gicos con una base de masas procedente, en parte, de las v\u00edctimas del neoliberalismo. La contradicci\u00f3n se gestiona a trav\u00e9s del nacionalismo. Se exime al capital de toda responsabilidad, mientras que se se\u00f1ala como enemigos a los migrantes, a China, a los empleados p\u00fablicos, a las universidades, a las minor\u00edas y a los gobiernos extranjeros.<\/p>\n<p>Esta coalici\u00f3n de clases explica la peculiar configuraci\u00f3n de la pol\u00edtica industrial de Trump. Una aut\u00e9ntica reconstrucci\u00f3n de la capacidad productiva requerir\u00eda una planificaci\u00f3n a largo plazo, bancos p\u00fablicos, infraestructuras modernas, escuelas y universidades s\u00f3lidas, salarios sociales ampliados, poder de los trabajadores y alguna forma de autoridad p\u00fablica sobre la inversi\u00f3n. La coalici\u00f3n de Trump no tolerar\u00e1 un programa de este tipo. Por lo tanto, se basa en desgravaciones fiscales, desregulaci\u00f3n, contratos de defensa, aranceles, energ\u00eda barata y subvenciones al capital privado. El dinero p\u00fablico absorbe el riesgo, mientras que los propietarios privados conservan el control.<\/p>\n<p>La oligarqu\u00eda tecnol\u00f3gica ocupa un lugar especial dentro de este entramado. Las plataformas digitales, los sistemas en la nube, los modelos de inteligencia artificial, los sat\u00e9lites, los centros de datos y los cables submarinos se han convertido en infraestructuras esenciales para la vida econ\u00f3mica y pol\u00edtica. Las empresas que las controlan ejercen un poder cuasi soberano. Pueden determinar el acceso a la informaci\u00f3n, las comunicaciones, los canales de pago y la capacidad computacional. Su relaci\u00f3n con el Estado no es ni simplemente antag\u00f3nica ni subordinada. Requieren investigaci\u00f3n p\u00fablica, energ\u00eda, contratos, protecci\u00f3n militar y una regulaci\u00f3n favorable, mientras que el Estado depende cada vez m\u00e1s de sus tecnolog\u00edas para la vigilancia, la guerra y la administraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para el Sur Global, esta concentraci\u00f3n crea una nueva frontera de dependencia. Un pa\u00eds puede gozar de independencia formal, mientras que sus datos p\u00fablicos, sus comunicaciones, su infraestructura en la nube y sus pagos digitales siguen estando controlados desde el extranjero. La digitalizaci\u00f3n puede mejorar la planificaci\u00f3n, la sanidad, la educaci\u00f3n y la producci\u00f3n, pero solo si se abordan las cuestiones de propiedad y soberan\u00eda. \u00bfQui\u00e9n es el propietario de los datos? \u00bfQui\u00e9n construye los sistemas? \u00bfQui\u00e9n establece las normas? \u00bfQui\u00e9n se queda con el valor? La alianza de Trump con el capital tecnol\u00f3gico confiere a estas cuestiones un car\u00e1cter abiertamente geopol\u00edtico, ya que el acceso a los chips, las plataformas y la inteligencia artificial pasa a estar condicionado a una alineaci\u00f3n estrat\u00e9gica.<\/p>\n<p>A nivel nacional, esas mismas tecnolog\u00edas se unen a un Estado coercitivo reforzado. La militarizaci\u00f3n de las fronteras, la deportaci\u00f3n, la vigilancia, los ataques contra la disidencia y la criminalizaci\u00f3n de la solidaridad no son aspectos separados de la pol\u00edtica exterior. El imperio regresa a casa a trav\u00e9s de las instituciones y los h\u00e1bitos que ha desarrollado en el extranjero. Un Estado acostumbrado a tratar a poblaciones enteras como amenazas para la seguridad acabar\u00e1 aplicando los mismos m\u00e9todos a los trabajadores, los migrantes, los estudiantes y los opositores pol\u00edticos dentro de sus fronteras.<\/p>\n<p>Por lo tanto, el trumpismo no puede derrotarse restaurando el orden neoliberal que lo gener\u00f3. Una defensa del antiguo discurso de alianzas y normas, sin una transformaci\u00f3n del poder de clase, no hace m\u00e1s que allanar el terreno para otro Trump. La respuesta debe partir de las heridas sociales que su movimiento explota, al tiempo que rechaza el racismo, el militarismo y el chovinismo a trav\u00e9s de los cuales redirige a ellos.<\/p>\n<p><b>Los l\u00edmites de la restauraci\u00f3n imperial<\/b><\/p>\n<p>El imperialismo de Trump es peligroso precisamente porque combina un poder extraordinario con ambiciones imposibles. Estados Unidos puede infligir un sufrimiento inmenso, interrumpir el comercio, embargar activos, excluir a empresas del acceso a la tecnolog\u00eda y obligar a los Estados m\u00e1s d\u00e9biles a hacer concesiones. Pero la coacci\u00f3n no puede revertir indefinidamente la redistribuci\u00f3n de la capacidad productiva. Tampoco puede resolver las contradicciones internas del capitalismo estadounidense.<\/p>\n<p>El d\u00f3lar sigue siendo dominante, pero el uso cada vez m\u00e1s extendido de las sanciones anima a los Estados a buscar formas alternativas de pago. La tecnolog\u00eda estadounidense sigue siendo poderosa, pero los controles a la exportaci\u00f3n aceleran la inversi\u00f3n en capacidades independientes. Las alianzas militares pueden rodear a China, pero no pueden borrar las relaciones econ\u00f3micas que unen a Asia. Los aranceles pueden modificar los precios y las rutas, pero no pueden crear de la nada ecosistemas industriales. Cada uso del poder coercitivo demuestra la fortaleza de Estados Unidos, al tiempo que genera incentivos para escapar de ella. No existe un paso autom\u00e1tico del declive estadounidense a un mundo justo. Los nuevos centros de producci\u00f3n pueden reproducir relaciones extractivas. Los gobiernos del Sur Global pueden buscar margen de maniobra sin transformar las vidas de los trabajadores y los campesinos. Las instituciones regionales pueden seguir siendo cautelosas, desiguales o dominadas por los intereses nacionales. La redistribuci\u00f3n del poder entre los Estados no es sin\u00f3nimo de emancipaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>No obstante, han surgido nuevas posibilidades. El comercio Sur-Sur, la cooperaci\u00f3n en materia de infraestructuras, los bancos de desarrollo, los acuerdos en moneda local, la tecnolog\u00eda p\u00fablica y las redes regionales de producci\u00f3n pueden reducir la dependencia de las instituciones controladas por el antiguo bloque imperial. Su importancia no radica en sustituir a una potencia hegem\u00f3nica por otra, sino en ampliar el espacio en el que los pueblos puedan perseguir un desarrollo soberano. Esta posibilidad seguir\u00e1 siendo limitada a menos que est\u00e9 impulsada por la lucha popular. La soberan\u00eda no puede significar \u00fanicamente el derecho de una \u00e9lite nacional a negociar una mejor posici\u00f3n dentro del capitalismo mundial. Debe significar la capacidad de la poblaci\u00f3n para controlar los recursos, planificar la producci\u00f3n, construir instituciones p\u00fablicas, garantizar la alimentaci\u00f3n y la salud, compartir tecnolog\u00eda y determinar los fines para los que se utiliza el excedente social. De lo contrario, la resistencia a la dominaci\u00f3n estadounidense puede coexistir con la explotaci\u00f3n interna.<\/p>\n<p>La crisis clim\u00e1tica hace que esta transformaci\u00f3n sea urgente. El Sur Global soporta una parte desproporcionada de los da\u00f1os clim\u00e1ticos, mientras que los pagos de la deuda agotan los recursos necesarios para la adaptaci\u00f3n. Una transici\u00f3n verde gobernada por el imperialismo de Trump se convertir\u00e1 en otra apropiaci\u00f3n de recursos: se confiscar\u00e1n minerales cr\u00edticos, se monopolizar\u00e1n tecnolog\u00edas y se transferir\u00e1n los costes ecol\u00f3gicos a los trabajadores y los campesinos. La justicia clim\u00e1tica requiere, por tanto, la condonaci\u00f3n de la deuda, la financiaci\u00f3n p\u00fablica, el intercambio de tecnolog\u00eda y la soberan\u00eda sobre los recursos naturales. No puede construirse mediante la adquisici\u00f3n de Groenlandia ni la militarizaci\u00f3n de las cadenas de suministro de minerales.<\/p>\n<p><b>Conclusi\u00f3n: El Imperio no puede repararse<\/b><\/p>\n<p>Donald Trump no es una aberraci\u00f3n que flote por encima de la historia del poder estadounidense. Es la expresi\u00f3n pol\u00edtica de un sistema imperial que conserva enormes capacidades coercitivas, al tiempo que pierde la supremac\u00eda productiva y la confianza ideol\u00f3gica que en su d\u00eda sustentaron su liderazgo. Su vulgaridad resulta reveladora. Mira las alianzas y ve facturas de protecci\u00f3n impagadas; mira Groenlandia y ve minerales y una posici\u00f3n militar; mira Panam\u00e1 y ve una autopista de peaje que deber\u00eda pertenecer a Estados Unidos; mira Gaza y ve terrenos frente al mar despejados; mira a los migrantes y ve invasores en lugar de personas desplazadas de un mundo desigual; y mira los aranceles y ve armas con las que exigir obediencia.<\/p>\n<p>El rasgo distintivo del imperialismo de Trump no es que abandone al mundo, sino que le exige tributo. Busca pago a cambio de protecci\u00f3n, deferencia a cambio de acceso al mercado, recursos a cambio de favores pol\u00edticos e impunidad para la violencia de Estados Unidos y sus aliados. Convierte las ventajas estructurales que a\u00fan le quedan a Estados Unidos en instrumentos para retrasar una transici\u00f3n hist\u00f3rica que no puede impedir.<\/p>\n<p>Sin embargo, los m\u00e9todos de retraso agravan la crisis. Las sanciones fomentan alternativas al sistema del d\u00f3lar. Los controles tecnol\u00f3gicos estimulan la investigaci\u00f3n independiente. Las amenazas territoriales ponen al descubierto la subordinaci\u00f3n oculta en las alianzas. El cerco militar hace que Asia sea m\u00e1s peligrosa sin que ello restablezca la primac\u00eda industrial de EE. UU. El ataque al derecho internacional destruye la legitimidad de las instituciones que en su d\u00eda ayudaron a organizar el consenso en torno al liderazgo estadounidense. Trump puede coaccionar, castigar y destruir, pero no puede restablecer el mundo que hac\u00eda que la supremac\u00eda estadounidense pareciera natural.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n a la que se enfrenta la humanidad no es entre el imperio descarado de Trump y un retorno al imperio cort\u00e9s que lo precedi\u00f3. El internacionalismo liberal cre\u00f3 las guerras, las desigualdades, los reg\u00edmenes de sanciones y la devastaci\u00f3n social de los que surgi\u00f3 Trump. La alternativa tampoco es simplemente una distribuci\u00f3n diferente del poder estatal. La tarea consiste en construir un orden internacional arraigado en la soberan\u00eda, la cooperaci\u00f3n, la redistribuci\u00f3n, la recuperaci\u00f3n ecol\u00f3gica y la paz.<\/p>\n<p>Dicho orden no lo instaurar\u00e1n los Estados que act\u00faan por encima de la sociedad. Tendr\u00e1 que crearse a trav\u00e9s de las luchas de los trabajadores, los campesinos, las mujeres, los j\u00f3venes, los pueblos ind\u00edgenas, los movimientos antiimperialistas y los gobiernos impulsados por poblaciones organizadas. La transformaci\u00f3n productiva de la econom\u00eda mundial ha abierto una brecha en la antigua estructura imperial, pero solo la lucha pol\u00edtica puede ampliar esa brecha hasta convertirla en emancipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Trump cree que la historia puede revertirse levantando un muro arancelario, apoder\u00e1ndose de un canal, comprando una isla, amenazando a un tribunal o enviando otro grupo de portaaviones hacia una costa lejana. Pero la crisis del imperio no es un error de negociaci\u00f3n. Es el resultado de cambios en la producci\u00f3n, la pol\u00edtica y las aspiraciones populares que ning\u00fan presidente por s\u00ed solo puede someter a su voluntad. El peligro es que un imperio incapaz de repararse a s\u00ed mismo intente destruir el mundo. La tarea urgente consiste en impedir esa destrucci\u00f3n y construir, a partir de las luchas ya en marcha, un mundo que ning\u00fan imperio pueda poseer.<\/p>\n<p><b>Bibliograf\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Tricontinental: Instituto de Investigaci\u00f3n Social, <i>Hiperimperialismo: una nueva etapa peligrosa y decadente<\/i>, 23 de enero de 2024.<\/p>\n<p>Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, <i>Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2025: Al borde del abismo<\/i>, Naciones Unidas, 2025.<\/p>\n<p>Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, <i>Informe sobre la Inversi\u00f3n Mundial 2025: La inversi\u00f3n internacional en la econom\u00eda digital<\/i>, Naciones Unidas, 2025.<\/p>\n<p>Estados Unidos, Oficina Ejecutiva del Presidente, <i>Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de Am\u00e9rica<\/i>, La Casa Blanca, 2025.<\/p>\n<div dir=\"ltr\">Fuente: <em>Marxist<\/em>, XLII, 2, April\u2013June 2026, versi\u00f3n electr\u00f3nica: 4 de septiembre de 2026 (<a href=\"https:\/\/cpim.org\/the-empire-demands-tribute-donald-trump-and-the-imperialism-of-decline\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow noopener noreferrer\">https:\/\/cpim.org\/the-empire-demands-tribute-donald-trump-and-the-imperialism-of-decline\/<\/a>)<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Donald Trump y el imperialismo en declive Introducci\u00f3n: Imperialismo sin remordimientos Donald Trump no cre\u00f3 la crisis del imperialismo estadounidense.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":17686,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[44,31,16,1548],"tags":[],"class_list":["post-20336","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-economia","category-eeuu","category-imperio-imperialismo","category-politica"],"aioseo_notices":[],"aioseo_head":"\n\t\t<!-- All in One SEO 4.9.10 - aioseo.com -->\n\t<meta name=\"description\" content=\"Donald Trump y el imperialismo en declive Introducci\u00f3n: Imperialismo sin remordimientos Donald Trump no cre\u00f3 la crisis del imperialismo estadounidense. 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