{"id":2035,"date":"2012-10-18T00:00:00","date_gmt":"2012-10-18T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2035"},"modified":"2020-02-20T12:22:01","modified_gmt":"2020-02-20T11:22:01","slug":"hay-mercado-despues-de-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2035","title":{"rendered":"\u00bfHay mercado despu\u00e9s de la muerte?"},"content":{"rendered":"<p>Es una historia muy dura. El pasado 24 de febrero la polic\u00eda ucraniana descubri\u00f3 en el interior de una furgoneta huesos y tejidos humanos mezclados con fajos de billete. No se trataba del crimen de un mafioso vengativo o de un soci\u00f3pata desalmado sino de los flecos de un negocio banal. Ucrania forma parte de la ruta internacional de \u201cingredientes\u201d para la fabricaci\u00f3n de art\u00edculos farmacol\u00f3gicos -implantes dentales, pr\u00f3tesis y cremas anti-arrugas- vendidos en todo el mundo y muy especialmente en Estados Unidos, m\u00e1ximo receptor de este tipo de productos. La investigaci\u00f3n, en efecto, revel\u00f3 que restos de ciudadanos ucranianos eran enviados a una f\u00e1brica en Alemania, subsidiaria a su vez de una compa\u00f1\u00eda norteamericana de productos m\u00e9dicos con sede en Florida, la RTI Biologics, que factura todos los a\u00f1os 169 millones de d\u00f3lares gracias al \u201creciclaje de material anat\u00f3mico\u201d.<\/p>\n<p>Uno de los problemas es que el sistema de donaci\u00f3n de tejido humano est\u00e1 sometido a una regulaci\u00f3n mucho m\u00e1s liviana que el de semillas o el de juguetes de pl\u00e1stico y, desde luego, claramente m\u00e1s tolerante que el de sangre u \u00f3rganos para trasplante. Es dif\u00edcil seguir la pista al tr\u00e1fico legal de piel, huesos y v\u00e1lvulas sangu\u00edneas y la mayor\u00eda de sus beneficiarios -en cl\u00ednicas y hospitales de todo el mundo- no conocen la procedencia del perno que le han instalado en la dentadura o de la pr\u00f3tesis gracias a la cual ha dejado de cojear. M\u00e1s grave a\u00fan: una parte importante de este tr\u00e1fico no procede de donaciones sino de una red ilegal de saqueo y comercio de cad\u00e1veres cuyos beneficios oscilan entre 80.000 y 200.000 d\u00f3lares por \u201cunidad corporal\u201d. Entre los restos encontrados en la furgoneta se encontraban algunos pertenecientes a Oleksandr Frolov, de 35 a\u00f1os, muerto a causa de un ataque de epilepsia. \u201cDe camino al cementerio, cuando est\u00e1bamos en el cortejo f\u00fanebre, notamos que uno de los zapatos se ca\u00eda, parec\u00eda estar suelto\u201d, cont\u00f3 su madre. \u201cCuando mi nuera lo toc\u00f3, dijo que el pie estaba vac\u00edo\u201d. M\u00e1s tarde, la polic\u00eda le mostr\u00f3 una lista de lo que hab\u00eda sido extra\u00eddo del cuerpo de su hijo: dos costillas, dos talones de Aquiles, dos codos, dos t\u00edmpanos y dos dientes.<\/p>\n<p>La historia viene de lejos. En marzo de 2003, la polic\u00eda de Letonia investig\u00f3 si el proveedor local de Tutogen, la subsidiaria alemana de RTI Biologics, hab\u00eda extra\u00eddo tejidos de unos 400 cuerpos depositados en el instituto m\u00e9dico forense del Estado sin el consentimiento pertinente. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, Michael Mastromarino, propietario de la Biomedical Tissues, fue procesado por comprar a los enterradores de Nueva York y Pensilvania hasta 1.000 cad\u00e1veres a fin de fabricar y vender productos biom\u00e9dicos en Canad\u00e1, Turqu\u00eda, Suiza y Australia. Tanto en el caso de Tutogen como en el de Mastromarino los cad\u00e1veres, despojados de sus entra\u00f1as y rellenos de telas, madera y tubos, eran devueltos a sus familias, que los enterraban sin sospechar nada. Mastromarino, hoy en la c\u00e1rcel como \u201cladr\u00f3n de cad\u00e1veres\u201d, declar\u00f3 con toda naturalidad: \u201cEsta es una industria. Es una mercanc\u00eda. Como la harina en el mercado. No es diferente\u201d. Y a\u00f1adi\u00f3: \u201cyo tom\u00e9 atajos. Pero sab\u00eda d\u00f3nde pod\u00eda hacerlo. Proporcion\u00e1bamos un producto fant\u00e1stico\u201d.<\/p>\n<p>El tr\u00e1fico de lo que eufem\u00edsticamente llaman \u201cmaterial anat\u00f3mico\u201d tiene sin duda consecuencias graves para la salud: la implantaci\u00f3n de tejidos sin control ha producido ya numerosos casos de c\u00e1ncer, hepatitis C o SIDA en los receptores. Pero \u00e9ste, en todo caso, es un mal muy peque\u00f1o frente al que se hace a -digamos- la \u201ccivilizaci\u00f3n humana\u201d, cuyo fundamento hist\u00f3rico y cultural gira en torno a tres elementos: el fuego, las semillas y el culto a los muertos. Puede parecer una exageraci\u00f3n, pero de alguna manera son los muertos los que protegen y humanizan las relaciones entre los vivos; son los muertos los que evitan la descomposici\u00f3n temporal de las sociedades humanas. Ateos o creyentes, la muerte aparece ante nosotros como ese l\u00edmite insuperable que amenaza el orden social y que s\u00f3lo puede ser absorbido en \u00e9l de manera precaria y provisional, prolong\u00e1ndolo -por as\u00ed decirlo- en una fr\u00e1gil \u201csociedad de antepasados\u201d. La ceremonia, la memoria y la repetici\u00f3n gestual -las flores en la tumba, la receta de la abuela o el modo de caminar del hermano muerto- permiten \u201csolucionar\u201d un problema que de otro modo disolver\u00eda en el terror todas las relaciones humanas. Estamos vinculados entre nosotros porque estamos vinculados al futuro a trav\u00e9s de los ni\u00f1os y porque estamos vinculados al pasado a trav\u00e9s de los muertos. Al contrario que el mercado, una sociedad humana es el conjunto de las demandas de las generaciones pasadas, presentes y venideras.<\/p>\n<p>Al morir, un cuerpo se convierte definitivamente en objeto. El cad\u00e1ver est\u00e1 solo y es vulnerable y dependiente. Requiere cuidados. Tras una despedida solemne, es necesario enterrarlo o quemarlo -parad\u00f3jicamente- para que no vuelva a la vida; es decir, para que no se convierta en otra cosa de lo que era. Los procesos de descomposici\u00f3n -invasi\u00f3n de un nuevo bullicio vital de otro orden- desbaratan la completud final del muerto, que conserva todav\u00eda un instante la dignidad inerte, pasiva, desprotegida, de lo que fue nuestra madre, nuestro t\u00edo o nuestro amigo. Ese objeto -el cad\u00e1ver- es terrible porque es humano e inhumano al mismo tiempo y porque nuestro esfuerzo por mantenerlo en la humanidad, siempre fracasado, implica su renuncia a \u00e9l. Es nuestro porque nos aseguramos de que nadie va a tocarlo; es de todos porque nos aseguramos de que no ser\u00e1 privatizado por un extra\u00f1o. Comerciar con el sexo, con las semillas o con el agua es un atentado sin duda a la seriedad colectiva del mundo; pero comerciar con los muertos es como arrancarle todas las v\u00e9rtebras, y dejar sin venas ni huesos, a la Humanidad entera.<\/p>\n<p>La muerte, como l\u00edmite insuperable, s\u00f3lo se puede humanizar renunciando a recuperar socialmente -racionalmente- el cad\u00e1ver del ser querido. El mercado ha vuelto leg\u00edtima, honorable y banal la profanaci\u00f3n de los muertos. Se dir\u00e1 que el culto a los muertos es una superstici\u00f3n, que el progreso requiere dejar atr\u00e1s tab\u00faes obstaculizadores y que, a trav\u00e9s de este comercio, los muertos, hasta ahora inservibles, borde de toda funcionalidad, se vuelven socialmente \u00fatiles y ayudan a seguir viviendo a los vivos. Pero la paradoja es justamente \u00e9sa: al recuperar socialmente a los muertos convirti\u00e9ndolos en mercanc\u00eda, al negarnos a renunciar a ellos, al mantenerlos en nuestros cuerpos sin permitir que formen su propia sociedad exterior, y al hacer todo esto contra la voluntad del muerto y de sus supervivientes, privamos definitivamente a la humanidad de esa exterioridad irreductible -la Naturaleza- sin la cual son imposibles los trabajos agotadores y maravillosos de la cultura humana.<\/p>\n<p>Hay cosas que no se pueden racionalizar sin perder completamente la raz\u00f3n. Hay cosas que no se pueden desdramatizar sin agravar el drama. Una humanidad sometida a una hambruna tal que s\u00f3lo pudiera sobrevivir aliment\u00e1ndose de la carne de sus padres muertos no merecer\u00eda el nombre de humanidad y no merecer\u00eda, por tanto, sobrevivir. El mercado capitalista apunta siempre al derrumbe de la civilizaci\u00f3n; y si a\u00fan no ha conseguido su prop\u00f3sito es s\u00f3lo porque miles de hombres y mujeres la sostienen y apuntalan cocinando, amando a sus ni\u00f1os, cuidando a sus ancianos, despidiendo a sus muertos y luchando por la tierra y el fuego.<\/p>\n<p>(Publicado en La Calle del Medio)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style='margin-top: 0.2cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;' lang='es-ES' align='JUSTIFY'>La muerte, como l\u00edmite insuperable, s\u00f3lo se puede humanizar renunciando a recuperar socialmente -racionalmente- el cad\u00e1ver del ser querido. 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