{"id":20654,"date":"2026-10-27T05:00:02","date_gmt":"2026-10-27T04:00:02","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=20654"},"modified":"2026-10-27T01:21:39","modified_gmt":"2026-10-27T00:21:39","slug":"los-hijos-culturales-de-la-burguesia-bienpensante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=20654","title":{"rendered":"Los hijos culturales de la burgues\u00eda bienpensante"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Mao Tse-tung, que sab\u00eda mucho de revoluciones, sosten\u00eda que cuando reina una gran confusi\u00f3n bajo el cielo, la situaci\u00f3n puede volverse excelente. Por supuesto, Mao sab\u00eda muy bien que el caos social no da lugar autom\u00e1ticamente a una revoluci\u00f3n. Para que las contradicciones de una sociedad puedan transformarse en un proceso revolucionario se necesita una direcci\u00f3n pol\u00edtica, una capacidad organizativa y, sobre todo, una perspectiva alternativa al orden existente.<\/p>\n<p>Sin estos elementos, la ira puede estallar, manifestarse a trav\u00e9s de protestas y actos violentos, pero dif\u00edcilmente logra transformarse en un proyecto de cambio de las relaciones sociales. No pretendo desarrollar un an\u00e1lisis de sociolog\u00eda hist\u00f3rica sobre las causas de las revoluciones, sino recordar algunos pasajes \u00fatiles para comprender el presente. Desde la revuelta de los barones contra Juan Sin Tierra hasta la Reforma protestante, desde las revoluciones inglesas del siglo XVII hasta la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, desde la Revoluci\u00f3n Francesa hasta la rusa de 1917, pasando por las revoluciones china, vietnamita y cubana, nos encontramos ante procesos profundamente diferentes en cuanto a su naturaleza y composici\u00f3n social, pero que tienen en com\u00fan, en sus experiencias m\u00e1s significativas, la presencia de sujetos pol\u00edticos capaces de interpretar las contradicciones de su \u00e9poca y de traducirlas en una perspectiva de transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Marx hab\u00eda identificado en las relaciones materiales de producci\u00f3n el fundamento de las contradicciones sociales; Lenin hab\u00eda situado en el centro de su pensamiento el problema de la organizaci\u00f3n y la conciencia revolucionaria; Gramsci profundizar\u00eda posteriormente en una cuesti\u00f3n decisiva para comprender las sociedades capitalistas avanzadas: el poder de las clases dominantes no se basa exclusivamente en la coacci\u00f3n y el control de los medios de producci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en la capacidad de construir una hegemon\u00eda cultural, de hacer que sus propios valores, sus propios intereses y su propia concepci\u00f3n del mundo parezcan naturales, universales y compartidos. Partiendo precisamente de esta consideraci\u00f3n, me gustar\u00eda interpretar lo que est\u00e1 ocurriendo en las sociedades europeas. Francia, Alemania, B\u00e9lgica, Espa\u00f1a, Italia y otros pa\u00edses se ven sacudidos por protestas en las que participan agricultores, transportistas, trabajadores, estudiantes, sectores empobrecidos de la clase media y j\u00f3venes de las periferias.<\/p>\n<p>Se trata de fen\u00f3menos distintos, que no pueden atribuirse mec\u00e1nicamente a una \u00fanica causa. Una cosa son las movilizaciones de quienes reclaman salarios, empleo, derechos y condiciones de vida dignas; otra cosa muy distinta son los saqueos, las devastaciones y los actos de violencia perpetrados por grupos carentes de cualquier perspectiva pol\u00edtica. Sin embargo, estos \u00faltimos fen\u00f3menos no pueden interpretarse \u00fanicamente como manifestaciones de delincuencia individual, separ\u00e1ndolos del contexto cultural en el que se producen.<\/p>\n<p>Y es precisamente en este punto donde surge la hipocres\u00eda de la burgues\u00eda bienpensante. Cuando se asaltan tiendas de lujo, cuando desaparecen bolsos de Louis Vuitton, zapatos de marca y otros s\u00edmbolos del consumo ostentoso, asistimos a la habitual indignaci\u00f3n de los bienpensantes. Se invoca el orden, la seguridad y la represi\u00f3n, describiendo a los protagonistas de esos actos violentos como cuerpos ajenos a una sociedad que se supone sana y moralmente superior.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqui\u00e9n ha construido el modelo cultural en el que han crecido esos j\u00f3venes? A los tantos burgueses escandalizados me gustar\u00eda decirles algo muy sencillo: esos saqueadores son sus hijos. No en sentido biol\u00f3gico, naturalmente, sino cultural.<\/p>\n<p>Son el producto de un modelo de sociedad que, sobre todo en los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os, ha impuesto progresivamente el individualismo competitivo, el enriquecimiento personal, el consumismo y la ostentaci\u00f3n de la riqueza como valores dominantes.<\/p>\n<p>El capitalismo neoliberal no se ha limitado a modificar la organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n, las relaciones laborales y el papel del Estado. Ha llevado a cabo una profunda transformaci\u00f3n cultural, penetrando en los comportamientos cotidianos, en las aspiraciones individuales, en las relaciones sociales e incluso en la forma en que las personas se perciben a s\u00ed mismas.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la publicidad, la televisi\u00f3n comercial, la industria del entretenimiento y, posteriormente, las plataformas digitales y las redes sociales, ha construido un imaginario colectivo en el que el \u00e9xito coincide con la riqueza, la libertad con la capacidad de consumir y el reconocimiento social con la posesi\u00f3n de bienes. Se ha ido educando progresivamente al individuo para que se considere una empresa, para que compita con los dem\u00e1s y para que mida su propio valor a trav\u00e9s de los ingresos, la apariencia y la posibilidad de acceder a determinados estilos de vida. El denominado <i>American way of life<\/i>, en su versi\u00f3n m\u00e1s exageradamente individualista, se ha convertido en el referente cultural de generaciones enteras.<\/p>\n<p>El resultado es una sociedad en la que se ha ido debilitando progresivamente la idea de pertenencia colectiva, mientras que la solidaridad ha sido sustituida por la competencia y el ciudadano ha quedado reducido a la dimensi\u00f3n de consumidor. Este es el contexto en el que tambi\u00e9n deben situarse algunas de las manifestaciones de violencia a las que asistimos. Cuando un joven asalta una tienda para hacerse con un bolso de marca o un par de zapatos caros, no est\u00e1 rechazando necesariamente los valores de la sociedad capitalista.<\/p>\n<p>Al contrario, puede manifestar su interiorizaci\u00f3n m\u00e1s completa. No cuestiona el significado social de la mercanc\u00eda, sino que pretende poseerla. No pone en duda el modelo de \u00e9xito que se le ha impuesto, sino que intenta alcanzarlo mediante la violencia.<\/p>\n<p>Se trata de una forma de rebeli\u00f3n que permanece totalmente cautiva de la ideolog\u00eda dominante. El capitalismo ha creado deseos que no puede satisfacer de manera universal, ha transformado el consumo en un criterio de reconocimiento social y ha alimentado expectativas que las condiciones materiales de vida hacen inalcanzables para una parte cada vez mayor de la poblaci\u00f3n. La contradicci\u00f3n entre el modelo de vida que se propone continuamente y la posibilidad concreta de hacerlo realidad genera frustraci\u00f3n, resentimiento y, en determinadas condiciones, comportamientos destructivos.<\/p>\n<p>Por supuesto, no existe una relaci\u00f3n autom\u00e1tica entre pobreza y violencia, ni ser\u00eda correcto atribuir todo comportamiento delictivo a las contradicciones del sistema econ\u00f3mico. Pero ser\u00eda igualmente err\u00f3neo ignorar la responsabilidad cultural de un modelo que ha convertido la afirmaci\u00f3n individual y la posesi\u00f3n de bienes en los principales criterios de realizaci\u00f3n personal. La paradoja es que la burgues\u00eda se escandaliza ante las consecuencias de esa misma cultura que ha contribuido a hacer hegem\u00f3nica.<\/p>\n<p>Han ense\u00f1ado que el \u00e9xito se mide a trav\u00e9s del dinero, que el enriquecimiento personal constituye el principal objetivo de la existencia, que el prestigio depende del consumo y que cada uno debe competir contra todos los dem\u00e1s. Han construido una sociedad en la que todo tiende a convertirse en mercanc\u00eda, incluidos el trabajo, las relaciones humanas y las aspiraciones individuales. Y hoy se sorprenden de que algunas personas, que carecen de los medios econ\u00f3micos para participar en este universo de consumo, intenten apropiarse de \u00e9l por la fuerza.<\/p>\n<p>No estoy justificando los saqueos. Lo que sostengo es que una sociedad no puede eludir la responsabilidad de haber generado los valores que orientan el comportamiento de sus miembros. Desde un punto de vista marxista, la cuesti\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>La ideolog\u00eda dominante no es simplemente un conjunto de ideas difundidas a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n, sino la expresi\u00f3n de determinadas relaciones sociales, que se presentan como naturales e inevitables. El neoliberalismo ha representado, desde este punto de vista, un extraordinario \u00e9xito hegem\u00f3nico del capitalismo. Ha convencido a amplios sectores de las clases subalternas de que no exist\u00edan alternativas al mercado, de que la competencia era una ley natural de la sociedad, de que el \u00e9xito o el fracaso depend\u00edan esencialmente de las cualidades individuales y de que la dimensi\u00f3n colectiva era un obst\u00e1culo para la libertad personal.<\/p>\n<p>Incluso ha transformado la precariedad en flexibilidad, la p\u00e9rdida de las garant\u00edas sociales en oportunidades y la subordinaci\u00f3n del trabajo a las exigencias del capital en una supuesta necesidad de la modernizaci\u00f3n. Esta hegemon\u00eda, sin embargo, podr\u00eda estar entrando hoy en una fase de crisis. El modelo cultural sigue ejerciendo una fuerza enorme, pero su promesa fundamental \u2014la de un bienestar accesible a trav\u00e9s de la iniciativa individual y el mercado\u2014 parece cada vez menos cre\u00edble a los ojos de sectores cada vez m\u00e1s amplios de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El trabajo ya no garantiza necesariamente unas condiciones de vida dignas, el coste de la vivienda dificulta la autonom\u00eda de las nuevas generaciones, los servicios p\u00fablicos se deterioran y la movilidad social resulta cada vez m\u00e1s problem\u00e1tica. En una ciudad como Mil\u00e1n, para muchas familias, hacer frente a los gastos de vivienda, alimentaci\u00f3n, transporte y servicios esenciales supone una dificultad creciente, incluso cuando se dispone de ingresos laborales. La cuesti\u00f3n no se refiere \u00fanicamente al poder adquisitivo, sino a la contradicci\u00f3n entre las expectativas creadas por la ideolog\u00eda dominante y las posibilidades materiales que ofrecen las relaciones capitalistas de producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es posible, por tanto, que nos encontremos ante los primeros indicios de una crisis de la hegemon\u00eda cultural neoliberal. Pero hay que evitar un malentendido fundamental: la crisis de credibilidad de un modelo no implica autom\u00e1ticamente su superaci\u00f3n. Una sociedad puede seguir identific\u00e1ndose con los valores dominantes incluso cuando ya no es capaz de hacerlos realidad.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, precisamente esta contradicci\u00f3n puede generar formas de resentimiento, agresividad y competencia exacerbada, en lugar de una conciencia colectiva alternativa. El joven que saquea una tienda de lujo, en este sentido, no representa necesariamente la negaci\u00f3n de la hegemon\u00eda capitalista, sino que puede ser una manifestaci\u00f3n extrema de la misma: rechaza su propia exclusi\u00f3n del consumo, no el consumo como criterio de valor social. La crisis de la hegemon\u00eda puede, por tanto, manifestarse como una p\u00e9rdida de consenso hacia las instituciones y hacia las promesas del sistema, sin traducirse a\u00fan en una ruptura con sus valores fundamentales.<\/p>\n<p>Es aqu\u00ed donde el pensamiento de Gramsci conserva una extraordinaria actualidad. Se produce una crisis org\u00e1nica cuando las clases dirigentes encuentran dificultades crecientes para ejercer su funci\u00f3n hegem\u00f3nica, mientras que las clases subalternas a\u00fan no disponen de los instrumentos pol\u00edticos y culturales necesarios para construir una nueva orientaci\u00f3n de la sociedad. Se trata de una situaci\u00f3n en la que pueden desarrollarse fen\u00f3menos contradictorios, desde la protesta social hasta la pasividad pol\u00edtica, desde el autoritarismo hasta las formas m\u00e1s irracionales de rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>Y hoy en d\u00eda el problema es precisamente este: mientras que el capitalismo neoliberal muestra contradicciones cada vez m\u00e1s evidentes, no existe una perspectiva socialista lo suficientemente organizada, reconocible y cre\u00edble como para representar una alternativa. La responsabilidad de esta ausencia no puede atribuirse \u00fanicamente a la fuerza de las clases dominantes. Tambi\u00e9n hay que cuestionarse la transformaci\u00f3n de las organizaciones pol\u00edticas que hist\u00f3ricamente se remit\u00edan al movimiento obrero y al socialismo.<\/p>\n<p>Una parte significativa de la izquierda europea ha abandonado progresivamente la cr\u00edtica a las relaciones capitalistas de producci\u00f3n, aceptando el mercado como un horizonte insuperable y reduciendo su funci\u00f3n pol\u00edtica a la gesti\u00f3n de sus consecuencias sociales. El socialismo, entendido como un proyecto de transformaci\u00f3n de las relaciones de propiedad, del poder econ\u00f3mico y de la organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n, ha sido sustituido por un socialliberalismo que intenta conciliar la centralidad del mercado con ciertas formas de protecci\u00f3n social y con el reconocimiento de los derechos individuales. No se trata de negar la importancia de los derechos civiles o de las pol\u00edticas redistributivas, sino de reconocer que estos objetivos, cuando se separan de la cr\u00edtica al capitalismo, no constituyen por s\u00ed mismos una perspectiva socialista.<\/p>\n<p>La contradicci\u00f3n entre el capital y el trabajo se ha ido marginando progresivamente, mientras que la pol\u00edtica se ha convertido sobre todo en la administraci\u00f3n de lo existente. Las mismas formaciones que siguen remiti\u00e9ndose al socialismo \u2014ya sea en los s\u00edmbolos, en la historia o en el lenguaje\u2014 han aceptado a menudo los supuestos fundamentales de la econom\u00eda neoliberal. Se declaran progresistas, pero no cuestionan la estructura de las relaciones de producci\u00f3n; denuncian las desigualdades, pero rara vez abordan el problema de la propiedad y de la apropiaci\u00f3n privada de la riqueza producida socialmente.<\/p>\n<p>El resultado es que millones de trabajadores y j\u00f3venes ya no reconocen en estas organizaciones una representaci\u00f3n capaz de interpretar sus propias condiciones materiales y de se\u00f1alar una perspectiva de transformaci\u00f3n. En este contexto se inscriben tambi\u00e9n las pol\u00edticas de las clases dirigentes europeas. Mario Draghi ha se\u00f1alado la necesidad de movilizar inversiones adicionales del orden de 750 000 a 800 000 millones de euros anuales para relanzar la competitividad de la Uni\u00f3n Europea, mediante intervenciones que abarcan diversos sectores estrat\u00e9gicos y no exclusivamente el rearme.<\/p>\n<p>Sin embargo, la creciente importancia del gasto militar en las decisiones europeas plantea una cuesti\u00f3n pol\u00edtica que no puede eludirse: \u00bfqu\u00e9 intereses se consideran prioritarios y qui\u00e9n asumir\u00e1 los costes de las nuevas pol\u00edticas econ\u00f3micas? Cuando se habla de sanidad, educaci\u00f3n, pensiones, salarios y protecci\u00f3n social, los recursos siempre parecen insuficientes; en cambio, cuando se abordan las necesidades de la competitividad estrat\u00e9gica, la seguridad militar y el apoyo a los grandes complejos industriales, las prioridades cambian. Las posturas de Kaja Kallas, Ursula von der Leyen, Giorgia Meloni, Elly Schlein, Giuseppe Conte, Emmanuel Macron y Friedrich Merz presentan diferencias pol\u00edticas incluso significativas, pero gran parte de las fuerzas que gobiernan o aspiran a gobernar Europa siguen movi\u00e9ndose dentro de un marco econ\u00f3mico que da por sentada la permanencia de las relaciones capitalistas como un hecho sustancialmente indiscutible.<\/p>\n<p>El Estado, contrariamente a la ret\u00f3rica neoliberal, no se ha retirado de la econom\u00eda: ha redefinido sus funciones, interviniendo para respaldar la acumulaci\u00f3n de capital, garantizar la estabilidad del sistema financiero y gestionar las contradicciones sociales. Cuando estas \u00faltimas se agudizan, tambi\u00e9n crece la tendencia a dar prioridad a los instrumentos de control, seguridad y represi\u00f3n frente a la ampliaci\u00f3n de los espacios de participaci\u00f3n democr\u00e1tica. La burgues\u00eda bienpensante, por su parte, sigue indign\u00e1ndose ante los escaparates destrozados, pero muestra mucha menos sensibilidad ante la violencia econ\u00f3mica provocada por el cierre de f\u00e1bricas, la precarizaci\u00f3n del trabajo, la especulaci\u00f3n inmobiliaria y la concentraci\u00f3n de la riqueza.<\/p>\n<p>El cierre de una f\u00e1brica puede comprometer la subsistencia de cientos de familias; la especulaci\u00f3n inmobiliaria puede expulsar a comunidades enteras de los barrios en los que han vivido durante generaciones; la precariedad puede privar a millones de j\u00f3venes de la posibilidad de labrarse un futuro. Sin embargo, estos fen\u00f3menos se describen mediante el lenguaje aparentemente neutro de la eficiencia, la flexibilidad y la competitividad. En cambio, cuando se saquea una tienda, el lenguaje cambia de inmediato: barbarie, delincuencia, emergencia, represi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por supuesto, la violencia econ\u00f3mica no legitima la de los saqueadores, pero revela la selectividad de la indignaci\u00f3n de una clase dominante que tiende a considerar intolerable la violaci\u00f3n de la propiedad privada, mientras presenta como inevitables las consecuencias sociales de sus propias decisiones econ\u00f3micas. El problema pol\u00edtico fundamental, sin embargo, no consiste \u00fanicamente en denunciar esta hipocres\u00eda. Se trata de comprender por qu\u00e9 el malestar generado por las contradicciones del capitalismo no se traduce en conciencia de clase ni en organizaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se pone de manifiesto la ausencia de lo que Lenin denominaba \u00abrevolucionarios de profesi\u00f3n\u00bb, no en el sentido de una casta separada de las masas, sino de militantes pol\u00edticamente formados, arraigados en los conflictos sociales y capaces de vincular las reivindicaciones inmediatas con una perspectiva general de transformaci\u00f3n. Sin una direcci\u00f3n pol\u00edtica y cultural alternativa, las protestas de los agricultores, los trabajadores, los estudiantes y los sectores sociales empobrecidos corren el riesgo de permanecer fragmentadas, mientras que la ira de las periferias puede agotarse en comportamientos destructivos que no afectan en lo m\u00e1s m\u00ednimo a las relaciones de poder. El capitalismo puede sobrevivir incluso a una crisis de su propia legitimidad, sobre todo cuando las clases subalternas no disponen de un proyecto capaz de sustituir a la hegemon\u00eda existente.<\/p>\n<p>La desesperaci\u00f3n no conduce necesariamente al socialismo; puede alimentar el nacionalismo, el racismo, el autoritarismo y la guerra entre pobres. Por ello, la cuesti\u00f3n decisiva no es simplemente organizar la protesta, sino reconstruir una cultura socialista capaz de disputarle al capitalismo la direcci\u00f3n intelectual y moral de la sociedad. Es necesario volver a situar en el centro el trabajo, la solidaridad, la dimensi\u00f3n colectiva de la existencia, el control democr\u00e1tico de la riqueza producida socialmente y la superaci\u00f3n de la idea de que el mercado representa la \u00fanica forma posible de organizaci\u00f3n de las relaciones humanas.<\/p>\n<p>No basta con proponer una distribuci\u00f3n menos injusta de los ingresos dejando inalteradas las relaciones de propiedad y de poder. Es necesario reconstruir un imaginario social alternativo, pues ninguna transformaci\u00f3n socialista puede afianzarse de forma estable si no cuestiona tambi\u00e9n los valores, las aspiraciones y los modelos de vida a trav\u00e9s de los cuales el capitalismo reproduce su propia hegemon\u00eda. A los se\u00f1ores de la burgues\u00eda bienpensante, que se escandalizan ante un bolso Louis Vuitton robado, me gustar\u00eda dirigirles, pues, una \u00faltima reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esos saqueadores no son la negaci\u00f3n de su mundo. Son, en muchos aspectos, su producto cultural m\u00e1s contradictorio. Han construido una sociedad en la que la posesi\u00f3n de bienes representa el principal s\u00edmbolo del \u00e9xito y hoy se sorprenden de que algunas personas, excluidas de las posibilidades materiales de ese \u00e9xito, intenten apropiarse de \u00e9l mediante la violencia.<\/p>\n<p>Pero de quienes realmente deber\u00edan preocuparse no son aquellos que desean apoderarse de sus bienes. Son los trabajadores que podr\u00edan empezar a preguntarse qui\u00e9n produce la riqueza, qui\u00e9n se apropia de ella y cu\u00e1les son las relaciones sociales que hacen posible esa apropiaci\u00f3n. Son los j\u00f3venes que podr\u00edan comprender que la precariedad no es una condici\u00f3n natural, los estudiantes que podr\u00edan reconocer en la mercantilizaci\u00f3n de la educaci\u00f3n una manifestaci\u00f3n de las relaciones capitalistas, los sectores sociales que podr\u00edan transformar su malestar en conciencia colectiva.<\/p>\n<p>Si estas fuerzas encontraran una perspectiva socialista y una organizaci\u00f3n pol\u00edtica capaz de representarlas, la cuesti\u00f3n ya no se reducir\u00eda a unos cuantos escaparates rotos, sino que se centrar\u00eda en la propiedad de los medios de producci\u00f3n, en el control de la riqueza producida socialmente y en el cuestionamiento de los privilegios de clase. Por el momento, sin embargo, a\u00fan estamos lejos de una perspectiva semejante. Asistimos a protestas fragmentadas, a estallidos epis\u00f3dicos de ira y a manifestaciones de violencia que, aunque maduran en el seno de las contradicciones de la sociedad capitalista, no expresan ninguna alternativa emancipadora.<\/p>\n<p>La hegemon\u00eda cultural del neoliberalismo podr\u00eda empezar a resquebrajarse, pero sigue condicionando profundamente incluso a quienes sufren sus consecuencias. Y la tragedia pol\u00edtica de nuestro tiempo radica en que, precisamente cuando el capitalismo pone de manifiesto sus propias contradicciones, las fuerzas que deber\u00edan representar su alternativa han renunciado en gran medida a imaginar una sociedad diferente, adapt\u00e1ndose a la gesti\u00f3n social-liberal de lo existente. Esta es la contradicci\u00f3n m\u00e1s grave: un modelo econ\u00f3mico y cultural que podr\u00eda ir perdiendo progresivamente consenso, sin que exista una fuerza socialista capaz de canalizar el malestar y transformarlo en una nueva hegemon\u00eda.<\/p>\n<p>Porque el verdadero peligro para el capitalismo no es el pobre que desea poseer los bienes del rico, sino el trabajador que comprende por qu\u00e9 existe esa riqueza, qui\u00e9n la produce, qui\u00e9n se apropia de ella y decide organizarse para modificar esas relaciones. Mientras esta comprensi\u00f3n no se convierta en conciencia de clase y en proyecto pol\u00edtico, bajo el cielo podr\u00e1 haber toda la confusi\u00f3n posible, pero eso no dar\u00e1 lugar a una revoluci\u00f3n ni, simplemente, a una propuesta reformista. Y la burgues\u00eda podr\u00e1 seguir indign\u00e1ndose por sus escaparates rotos, sin tener que temer que alguien ponga realmente en tela de juicio el sistema econ\u00f3mico y cultural que esos escaparates representan.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mao Tse-tung, que sab\u00eda mucho de revoluciones, sosten\u00eda que cuando reina una gran confusi\u00f3n bajo el cielo, la situaci\u00f3n puede<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":20655,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1548,1557],"tags":[],"class_list":["post-20654","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-politica","category-sociedad"],"aioseo_notices":[],"aioseo_head":"\n\t\t<!-- All in One SEO 5.0.2 - aioseo.com -->\n\t<meta name=\"description\" content=\"Mao Tse-tung, que sab\u00eda mucho de revoluciones, sosten\u00eda que cuando reina una gran confusi\u00f3n bajo el cielo, la situaci\u00f3n puede volverse excelente. 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