{"id":2196,"date":"2013-04-08T00:00:00","date_gmt":"2013-04-08T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2196"},"modified":"2020-02-19T17:33:51","modified_gmt":"2020-02-19T16:33:51","slug":"el-euro-o-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2196","title":{"rendered":"El euro o la vida"},"content":{"rendered":"<p>A finales de 1987, altos cargos pol\u00edticos de Francia y Alemania se reunieron para llegar a acuerdos bilaterales en materia de defensa militar, sobre todo en relaci\u00f3n al arsenal nuclear de la potencia gala. El franc\u00e9s Jacques Attali se dirigi\u00f3 a la delegaci\u00f3n alemana con un mensaje inquietante: \u201cPara poder tener un equilibrio, hablemos ahora de la bomba at\u00f3mica alemana\u201d. Los alemanes no sal\u00edan de su asombro: \u201cSab\u00e9is que no tenemos la bomba at\u00f3mica. \u00bfQu\u00e9 quieres decir?\u201d. A lo que Attali, en aquel entonces consejero del presidente Mitterrand, respondi\u00f3: \u201cMe refiero al marco alem\u00e1n\u201d<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote1sym\" name=\"sdfootnote1anc\">1<\/a>. La an\u00e9cdota es bastante ilustrativa de una realidad que, en su momento, pas\u00f3 bastante desapercibida: el euro no se gest\u00f3 en un laboratorio de brillantes economistas ni tampoco fue el producto de un irracional derroche de generosidad por parte de nuestros vecinos del norte. Su creaci\u00f3n debe mucho m\u00e1s al juego de intereses de las grandes potencias europeas y de las oligarqu\u00edas financieras locales que a una casi inexistente discusi\u00f3n intelectual sobre las ventajas y los peligros de una uni\u00f3n monetaria entre econom\u00edas con comportamientos y necesidades tan dispares.<\/p>\n<p>M\u00e1s de una d\u00e9cada m\u00e1s tarde, parece que la dur\u00edsima crisis econ\u00f3mica que sufre Espa\u00f1a y la manifiesta insolidaridad y sadismo con los que se est\u00e1 respondiendo desde Bruselas y Frankfurt han permitido abrir, con indudable retraso, el debate sobre la cuesti\u00f3n de la moneda \u00fanica europea. Un debate en el que, hasta hace bien poco, los escasos partidarios de tener en cuenta todas las opciones se arriesgaban a una fulminante orden de destierro al reino de lo pol\u00edticamente demencial. Independientemente de las conclusiones que uno pueda sacar como lector, hay que celebrar la aparici\u00f3n de la \u00faltima obra del economista Juan Francisco Mart\u00edn Seco, <em>Contra el euro<\/em>, aunque\u00a0s\u00f3lo sea como ejemplo de coraje intelectual. Escrito en un lenguaje comprensible y con voluntad de ser le\u00eddo por todo aquel que quiera sofisticar su conocimiento sobre la crisis y el papel de la pol\u00edtica monetaria en el abanico de remedios disponibles a corto y medio plazo, el libro es una aportaci\u00f3n incisiva y rigurosa al todav\u00eda incipiente debate sobre la permanencia en el euro.<\/p>\n<p>El libro empieza con una convincente identificaci\u00f3n de las causas que explicar\u00edan el innegable declive de la pasi\u00f3n europea en Espa\u00f1a. Durante la segunda mitad del siglo XX, a la Europa occidental se la asociaba popularmente con la democracia y el bienestar social, dos valores en claro antagonismo con el odiado r\u00e9gimen franquista. Sin embargo, a estas alturas, tras m\u00e1s de dos d\u00e9cadas de giro neoliberal europeo, a nadie se le escapa que las instituciones de la Uni\u00f3n Europea poco tienen que ver con la promoci\u00f3n de estos dos valores. M\u00e1s bien lo contrario. Desde el estallido de la crisis econ\u00f3mica, casi todo lo que llega de la UE \u2014ya sea en forma de recomendaci\u00f3n, orden o chantaje\u2014, s\u00f3lo se puede interpretar como un renovado intento de socavar los principios de la democracia y favorecer el empobrecimiento general de la mayor\u00eda.<\/p>\n<p>El irregular proceso con el que se pretendi\u00f3 aprobar la llamada \u201cConstituci\u00f3n europea\u201d constituye el ejemplo m\u00e1s significativo del talante demof\u00f3bico de la UE. Como se recordar\u00e1, las autoridades europeas sortearon los resultados negativos de los refer\u00e9ndums de Francia y Holanda, con la cuestionable maniobra de trasladar los apartados m\u00e1s importantes del fracasado proyecto constitucional al nuevo Tratado de Lisboa, lo que permiti\u00f3 a la casi totalidad de los gobiernos ahorrarse el incierto tr\u00e1mite de tener que aprobarlo v\u00eda refer\u00e9ndum. La \u00fanica excepci\u00f3n fue Irlanda, donde en un primer refer\u00e9ndum gan\u00f3 el no al Tratado y no fue hasta el segundo, ya bajo la presi\u00f3n de la crisis y la intervenci\u00f3n, cuando el peque\u00f1o pa\u00eds celta \u201centr\u00f3 en raz\u00f3n\u201d. La presi\u00f3n para tumbar a los gobiernos electos de Grecia e Italia y sustituirlos por tecn\u00f3cratas cercanos a la oligarqu\u00eda financiera tambi\u00e9n fue otro episodio muy elocuente. Mart\u00edn Seco acierta al se\u00f1alar al Banco Central Europeo (BCE) como el logro m\u00e1s relevante e influyente de la filosof\u00eda antidemocr\u00e1tica que domina el actual proyecto de construcci\u00f3n europea. Con la creaci\u00f3n del BCE, todos los pa\u00edses de la Eurozona cedieron la pol\u00edtica monetaria \u2014un pilar fundamental de toda pol\u00edtica econ\u00f3mica\u2014, a un gobernador \u201cindependiente\u201d de la pol\u00edtica. Los estatutos del BCE est\u00e1n fuertemente impregnados por la ideolog\u00eda neoliberal. A diferencia de otros bancos centrales, entre cuyos mandatos figura el fomento de pol\u00edticas de pleno empleo, el europeo se caracteriza por tener una \u00fanica misi\u00f3n: la estabilidad de precios. Con la crisis se ha demostrado que el BCE no s\u00f3lo es un organismo ideol\u00f3gicamente muy af\u00edn a los intereses de la \u00e9lite financiera europea, sino que, adem\u00e1s, es totalmente insensible al sufrimiento de las naciones m\u00e1s d\u00e9biles de la Eurozona. Junto con la libre circulaci\u00f3n de capitales, el Banco Central Europeo es el otro gran responsable de la actual vulnerabilidad gubernamental ante los ataques especulativos de los mercados financieros. Para los pa\u00edses con problemas de financiaci\u00f3n, el BCE se ha revelado como una instituci\u00f3n opresiva y extranjera, siguiendo la pol\u00edtica monetaria que m\u00e1s conven\u00eda a los intereses del gobierno alem\u00e1n y neg\u00e1ndose a apoyar la deuda de los pa\u00edses de la periferia. Desde Frankfurt se ha aprovechado la asfixia financiera de estos gobiernos para forzar cambios en la pol\u00edtica fiscal, social y laboral con un marcado sesgo neoliberal, cambios que hunden todav\u00eda m\u00e1s a la econom\u00eda del pa\u00eds afectado y que suponen una injerencia intolerable contra la democracia y la soberan\u00eda nacional. La pol\u00edtica de socorro financiero con fuertes dosis de condicionalidad ha cerrado un injustificable c\u00edrculo de expropiaci\u00f3n competencial. El BCE, que ya naci\u00f3 usurpando definitivamente la pol\u00edtica monetaria de los mecanismos de fiscalizaci\u00f3n democr\u00e1tica, ha acabado imponiendo su criterio ideol\u00f3gico en todas las \u00e1reas relevantes de pol\u00edtica econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>La otra gran v\u00edctima del desarrollo institucional europeo ha sido el ya de por s\u00ed precario Estado del Bienestar espa\u00f1ol. La destrucci\u00f3n continua de garant\u00edas sociales ha sido facilitada por el aparente caos asim\u00e9trico del proceso de construcci\u00f3n europea, el cual, en el fondo, no deja de tener una coherencia bastante s\u00f3lida. S\u00f3lo con que se analice con cierto detenimiento, no es dif\u00edcil llegar a la conclusi\u00f3n de que la Uni\u00f3n Europea ha tendido a armonizar y fragmentar lo que m\u00e1s le ha convenido a las \u00e9lites financieras. Por una parte, ha unificado la moneda, la religi\u00f3n del d\u00e9ficit cero y una legislaci\u00f3n sobre la competencia, que, en la pr\u00e1ctica, desarma a los gobiernos de toda posibilidad de legislar a favor de los intereses de sus clases populares. Al mismo tiempo, ha mantenido fraccionados el \u00e1mbito tributario (salvo algunas normas concretas en la imposici\u00f3n indirecta), las prestaciones sociales y la legislaci\u00f3n laboral. Las consecuencias eran previsibles. La ausencia de una pol\u00edtica fiscal, social y laboral de \u00e1mbito europeo, combinada con la libre circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas y de capital, deja a los Estados a merced del chantaje de las grandes empresas. \u00c9stas siempre podr\u00e1n amenazar con marcharse al pa\u00eds donde las condiciones sean m\u00e1s amables para el gran capital y m\u00e1s duras para el trabajo. Ante la amenaza de deslocalizaci\u00f3n, los gobiernos se ven forzados a cargar el grueso de la presi\u00f3n fiscal en impuestos indirectos y en las n\u00f3minas, as\u00ed como a desmantelar la legislaci\u00f3n laboral existente. Sin los grandes instrumentos necesarios para articular una pol\u00edtica econ\u00f3mica nacional, los gobiernos han acabado optando por caer en la trampa que ellos mismos se hab\u00edan tendido, aplicando pol\u00edticas de\u00a0dumping fiscal y laboral como \u00fanica v\u00eda posible para ganar cierta competitividad. En consecuencia, el atractivo del proyecto europeo ha quedado irremediablemente da\u00f1ado por esta tendencia a homogeneizar las condiciones laborales por abajo. Para el Sur de Europa, el proceso de convergencia europea no est\u00e1 implicando el prometido acercamiento paulatino al bienestar escandinavo, sino m\u00e1s bien un vertiginoso descenso a la competencia con la precariedad y la inseguridad laborales de la Europa del Este.<\/p>\n<p>En este contexto, no resulta extra\u00f1o que el necesario debate p\u00fablico que deber\u00eda haber precedido el proyecto de la uni\u00f3n monetaria fuera sustituido por una ensordecedora campa\u00f1a de propaganda para celebrar el aparente paso de gigante que estaba dando Europa en su ascenso hacia cotas hist\u00f3ricas de integraci\u00f3n pol\u00edtica continental. De haberse producido un debate serio sobre el euro, quiz\u00e1s se hubieran tenido en cuenta las lecciones m\u00e1s evidentes del fracaso de su precedente m\u00e1s inmediato, el Sistema Monetario Europeo (SME), el mecanismo por el cual varias monedas nacionales europeas establecieron unos estrechos m\u00e1rgenes de fluctuaci\u00f3n en sus respectivos tipos de cambio. El abandono efectivo del SME en 1993, cuando se ampliaron las bandas de fluctuaci\u00f3n hasta un 15%, demostr\u00f3 que el establecimiento de tipos de cambio fijo entre econom\u00edas tan diferentes provocaba problemas que acababan pagando los pa\u00edses con mayor d\u00e9ficit en sus balanzas de pago. Tambi\u00e9n dej\u00f3 claro que la imposici\u00f3n de l\u00edmites en la fluctuaci\u00f3n cambiaria no hab\u00eda implicado una correspondiente convergencia en los ritmos de inflaci\u00f3n de los distintos pa\u00edses. Un debate previo sobre la conveniencia de entrar en la moneda \u00fanica tambi\u00e9n habr\u00eda popularizado el an\u00e1lisis econ\u00f3mico que avala la creaci\u00f3n de una moneda \u00fanica para las llamadas \u201czonas monetarias \u00f3ptimas\u201d. Seg\u00fan este modelo explicativo, la Eurozona incumple dos de las cuatro principales condiciones para establecer un sistema de convergencia monetaria. No hay una aut\u00e9ntica movilidad laboral (las diferencias culturales y ling\u00fc\u00edsticas la hacen inviable y dolorosa) y, sobre todo, no hay una verdadera uni\u00f3n fiscal. Por \u201cuni\u00f3n fiscal\u201d no hay que entender la perversa caricatura que propone la canciller alemana (constitucionalizaci\u00f3n de la prohibici\u00f3n del d\u00e9ficit p\u00fablico estructural), sino el establecimiento de una Hacienda p\u00fablica comunitaria, con potentes impuestos propios, con capacidad para hacer frente a los gastos y las prestaciones sociales de todos los ciudadanos europeos y con voluntad de corregir los desequilibrios territoriales transfiriendo enormes cantidades de riqueza desde las regiones ricas a las pobres. Hay que reconocer que la actual alternativa a la Hacienda europea, los llamados fondos de cohesi\u00f3n estructural, han supuesto un gran \u00e9xito en t\u00e9rminos de efectividad publicitaria, pero sus efectos en la redistribuci\u00f3n de la riqueza entre regiones han sido pr\u00e1cticamente insignificantes. Estos fondos siempre han representado una cifra irrisoria del PIB europeo (el presupuesto total europeo equivale a poco m\u00e1s del 1% del PIB global de la UE, y la principal partida es para la agricultura). En muchos casos, los fondos de cohesi\u00f3n han incentivado una pol\u00edtica de grandes infraestructuras de dudosa utilidad, que ha distorsionado el presupuesto del gobierno espa\u00f1ol y que ha contribuido a consolidar un modelo productivo con altas tasas de paro.<\/p>\n<p>Sin una aut\u00e9ntica uni\u00f3n fiscal y pol\u00edtica que corrija los desequilibrios que provoca inevitablemente cualquier uni\u00f3n monetaria y comercial, el euro s\u00f3lo puede funcionar como un instrumento intensificador de la tendencia a la desigualdad social y regional en el seno de la Eurozona. En efecto, actualmente, la moneda \u00fanica fomenta la transferencia de recursos a trav\u00e9s de los mercados financieros, pero, en contra de la l\u00f3gica pol\u00edticamente aceptable, esta transferencia se efect\u00faa desde los pa\u00edses pobres a los pa\u00edses ricos. Alemania y otros pa\u00edses acreedores son los principales beneficiados del euro, al menos en el corto plazo. El mantenimiento del mismo tipo de cambio erosiona la competitividad de pa\u00edses como Espa\u00f1a con un ritmo de inflaci\u00f3n mucho m\u00e1s elevado e incrementa sus d\u00e9ficits en la balanza de pagos, mientras favorece que Alemania acumule super\u00e1vits. Como consecuencia, Alemania puede financiar su deuda a un tipo de inter\u00e9s privilegiado, mientras que los pa\u00edses de la periferia, abandonados por un BCE que s\u00f3lo escucha a Berl\u00edn, se ven forzados a tener que financiar su deuda p\u00fablica con tipos prohibitivos. Como se ha dicho, la uni\u00f3n monetaria tambi\u00e9n favorece el incremento de las desigualdades sociales. Sin posibilidad de recurrir a la devaluaci\u00f3n de la moneda, se presiona a los pa\u00edses deudores para que fomenten la devaluaci\u00f3n interna de los precios como estrategia para lograr la llamada deflaci\u00f3n competitiva. La hegemon\u00eda neoliberal de las \u00faltimas d\u00e9cadas ha hecho impensable establecer mecanismos de intervenci\u00f3n de precios para grandes \u00e1reas de la econom\u00eda nacional, con lo que la deflaci\u00f3n competitiva se acaba limitando a las pol\u00edticas de contracci\u00f3n intencionada de los salarios.<\/p>\n<p>Mart\u00edn Seco no se limita a un an\u00e1lisis abstracto de la moneda \u00fanica. El libro detalla la contribuci\u00f3n del euro a la actual crisis econ\u00f3mica espa\u00f1ola y concluye que, si bien el euro no es la \u00fanica causa de la burbuja inmobiliaria y del d\u00e9ficit en la balanza de pagos, s\u00ed que ha actuado como uno de sus requisitos imprescindibles. En primer lugar, la moneda \u00fanica ha supuesto un fuerte lastre para la competitividad de la econom\u00eda espa\u00f1ola. El euro se cre\u00f3 con la promesa \u2014incumplida\u2014 de que su propia puesta en marcha favorecer\u00eda una confluencia en los ritmos de inflaci\u00f3n y con la premisa \u2014indefendible\u2014 seg\u00fan la cual los intereses de la econom\u00eda alemana en pol\u00edtica monetaria siempre ser\u00edan id\u00e9nticos a los de una econom\u00eda tan diferente como la de Espa\u00f1a. La puesta en marcha de la uni\u00f3n monetaria ha evidenciado la fragilidad de estos supuestos te\u00f3ricos. Desde la constituci\u00f3n de la uni\u00f3n monetaria en 1999 hasta 2008, la media de la inflaci\u00f3n en la Eurozona fue del 22%, pero su comportamiento vari\u00f3 mucho en funci\u00f3n del pa\u00eds. En Alemania los precios crecieron un 17,42%, mientras que en Espa\u00f1a lo hicieron en un 34,28%. Los productos espa\u00f1oles, pues, se encarecieron un 17% respecto a los alemanes. Hay que tener en cuenta que, al permanecer en el euro, los pa\u00edses del Sur de Europa no s\u00f3lo pierden competitividad en relaci\u00f3n con pa\u00edses como Alemania, Austria y Francia. Tambi\u00e9n la pierden respecto a otras potencias econ\u00f3micas mundiales. Desde su creaci\u00f3n en 1999, el euro se ha apreciado un 31% frente al d\u00f3lar, un 32% con la libra, un 54% con el rublo, un 70% con el peso mexicano\u2026 Aunque las recetas impuestas desde la UE defienden lo contrario, la verdad es que el diferencial de inflaci\u00f3n entre Espa\u00f1a y Alemania no se explica por una pol\u00edtica fiscal expansiva (Espa\u00f1a ten\u00eda super\u00e1vit presupuestario al estallar la crisis) ni tampoco por incrementos salariales significativos. En cualquier caso, se trata de un diferencial que no deber\u00eda sorprender a nadie que se haya tomado la molestia de observar la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de los tipos de cambio entre los diversos pa\u00edses de la Eurozona. En los treinta a\u00f1os anteriores a la creaci\u00f3n del euro, el marco se hab\u00eda apreciado en un 500% respecto a la peseta y en m\u00e1s de un 2.000% respecto al dracma.<\/p>\n<p>En su momento, el euro tambi\u00e9n contribuy\u00f3 a hinchar la burbuja inmobiliaria con una abundancia de cr\u00e9dito barato. Sin la moneda \u00fanica europea, los bancos alemanes y franceses no hubieran podido prestar tanto y a un tipo tan atractivo a los bancos espa\u00f1oles. Sin duda, la crisis habr\u00eda estallado de cualquier modo, pero no con esta magnitud. Habiendo cedido la soberan\u00eda monetaria, las autoridades espa\u00f1olas disponen ahora de menos instrumentos para hacerle frente. El euro, pues, tiene mucho que ver con la intensidad y el origen de la crisis, as\u00ed como con las dificultades para poner en marcha soluciones realistas y socialmente equitativas.<\/p>\n<p>A estas alturas, ya nadie se atreve a defender a los art\u00edfices de la moneda \u00fanica europea como estadistas con una gran visi\u00f3n de futuro. Los apologetas entusiastas de ayer han cambiado el tono. Conscientes de que la \u00fanica promesa concreta que puede ofrecer la Troika (BCE, Comisi\u00f3n Europea y FMI) es la de m\u00e1s \u201csudor, sangre y l\u00e1grimas\u201d, los defensores de la permanencia incondicional en el euro oscilan entre el discurso del miedo y la apelaci\u00f3n a la presunta irreversibilidad de la historia. Lo que se pretende, en definitiva, es acallar las preguntas razonables que se deber\u00eda plantear la ciudadan\u00eda en la actual encrucijada hist\u00f3rica. \u00bfEs sostenible el euro tal como existe hoy d\u00eda? \u00bfLos costes de permanecer en el euro son menores que los de marcharse? El autor huye del tono apocal\u00edptico y expone, con matices, los distintos escenarios posibles.<\/p>\n<p>En caso de permanecer dentro del euro, los desequilibrios actuales se podr\u00edan corregir de tres maneras. Una salida posible pasar\u00eda por una pol\u00edtica fiscal expansiva de los pa\u00edses acreedores para estimular su demanda interna, lo que favorecer\u00eda las exportaciones de los pa\u00edses deficitarios. Esta pol\u00edtica deber\u00eda estar coordinada con una pol\u00edtica monetaria expansiva del BCE que permitiera la devaluaci\u00f3n del euro y mayores tasas de inflaci\u00f3n en la Eurozona, especialmente en Alemania. Ser\u00eda una soluci\u00f3n provisional y, a pesar de todo, dif\u00edcil de conseguir. El principal obst\u00e1culo es que no depende de nosotros, sino de un improbable cambio en el escenario pol\u00edtico alem\u00e1n, ya que, hoy por hoy, los grandes partidos de Alemania est\u00e1n en contra.<\/p>\n<p>Otra soluci\u00f3n \u2014la que se est\u00e1 llevando a cabo en la actualidad\u2014 es cargar la responsabilidad del ajuste a los pa\u00edses deudores: la llamada\u00a0deflaci\u00f3n competitiva, una estrategia que, como ya se ha comentado, siempre se acaba limitando a la contracci\u00f3n salarial y en ning\u00fan caso garantiza los mismos resultados de una depreciaci\u00f3n monetaria, porque parte de la err\u00f3nea e interesada premisa que identifica los incrementos salariales como principal causa de la inflaci\u00f3n. Vale la pena recordar que en Espa\u00f1a la inflaci\u00f3n no viene dada por alzas en los salarios (de hecho, los costes laborales unitarios en t\u00e9rminos reales cayeron seis puntos entre 1999 y 2007, tres puntos m\u00e1s que la media europea), sino por el aumento del excedente empresarial (m\u00e1s alto que muchos otros pa\u00edses de la UE). Como se sabe, el poder adquisitivo de los trabajadores durante los a\u00f1os de falsa prosperidad de antes de 2007 apenas se mantuvo. El principal defecto de la deflaci\u00f3n competitiva es su car\u00e1cter profundamente inequitativo. Afecta principalmente a los trabajadores y a los peque\u00f1os empresarios, mientras que los grandes empresarios, especialmente aquellos que dominan sectores de escasa o nula competencia, quedan beneficiados. Con la deflaci\u00f3n competitiva, los que tienen deudas ven como \u00e9stas crecen respecto a sus salarios, mientras que los que acumulan riquezas se vuelven m\u00e1s ricos en t\u00e9rminos relativos.<\/p>\n<p>La tercera soluci\u00f3n dentro del euro ser\u00eda la de construir los cimientos necesarios para un funcionamiento sostenible de la uni\u00f3n monetaria a trav\u00e9s de una verdadera uni\u00f3n pol\u00edtica y fiscal. Es decir, un proceso pol\u00edtico para Europa similar al de la Alemania unificada. Probablemente a muchos trabajadores alemanes de la antigua RDA, desencantados con el proceso de unificaci\u00f3n alemana, les sorprender\u00eda saber que la m\u00e1xima aspiraci\u00f3n del Sur de Europa pase por una repetici\u00f3n de su cuestionable modelo de integraci\u00f3n. Sin embargo, la verdad es que actualmente \u00e9sta es la mejor esperanza para los pa\u00edses de la periferia que decidan permanecer en el euro. Para lograr este objetivo, la dificultad pol\u00edtica es, por decirlo de manera suave, casi insalvable. No existe un sentimiento de solidaridad europea comparable al de una naci\u00f3n y, por lo tanto, no es veros\u00edmil imaginar que Alemania est\u00e9 dispuesta a practicar un grado de solidaridad interregional similar al que practican, por ejemplo, las Islas Baleares con el resto de Espa\u00f1a. Adem\u00e1s, siempre habr\u00eda que contar con el obst\u00e1culo a\u00f1adido de no poder aspirar al mismo grado de movilidad laboral que permite la unidad cultural y ling\u00fc\u00edstica de los alemanes. El horizonte de un gobierno nacional y democr\u00e1tico para toda la Eurozona, que gu\u00ede su pol\u00edtica a partir de un inter\u00e9s general europeo y saque a la UE del actual atolladero, puede resultar un objetivo pol\u00edtico loable, pero, en los tiempos de emergencia y colapso sociales que padecemos, no parece una opci\u00f3n muy factible. Para lograrla har\u00eda falta una revoluci\u00f3n democr\u00e1tica de \u00e1mbito europeo, basada en una conciencia colectiva que, a d\u00eda de hoy, brilla por su ausencia. Es dif\u00edcil imaginar la creaci\u00f3n de este nuevo sentimiento de pertenencia cuando no se cuenta ni siquiera con una esfera p\u00fablica europea. Valga como ejemplo que, tras d\u00e9cadas de \u201cintegraci\u00f3n europea\u201d, todav\u00eda no existe ni un solo gran medio de comunicaci\u00f3n continental.<\/p>\n<p>Finalmente, queda la opci\u00f3n de romper el tab\u00fa y empezar a sopesar la salida del euro como v\u00eda para corregir los desequilibrios de la econom\u00eda espa\u00f1ola. Sin negar el shock econ\u00f3mico inmediato que esta medida supondr\u00eda, hay que recordar que la salida del euro no deber\u00eda implicar necesariamente la salida de la UE (hay pa\u00edses de la UE que no entraron en el euro y que, en vista de su desastroso funcionamiento, han preferido mantenerse al margen). Tambi\u00e9n hay que tener en cuenta que la salida de la moneda \u00fanica tiene escenarios muy diversos. No es lo mismo ser la \u00fanica moneda que sale del euro (peor escenario), que una salida colectiva y ordenada o una salida de un grupo de pa\u00edses, ya sea los que pertenecen a la antigua \u00e1rea del marco alem\u00e1n o, por ejemplo, los del sur de Europa.<\/p>\n<p>El principal problema de la salida del euro y la consiguiente devaluaci\u00f3n de la nueva moneda nacional ser\u00eda, sin duda, el encarecimiento de las importaciones y el posible \u2014aunque cuestionado por no pocos economistas\u2014 efecto negativo que ello tendr\u00eda en el incremento de la inflaci\u00f3n, especialmente en un pa\u00eds como Espa\u00f1a, tan dependiente de las fuentes exteriores de energ\u00eda. Sin embargo, no es menos cierto que la subida de precios en los productos importados podr\u00eda favorecer la industria local, un fen\u00f3meno que, junto con el aumento del turismo y de las exportaciones, contribuir\u00eda a equilibrar la balanza de pagos. La nueva moneda contar\u00eda con el apoyo de un banco central propio que apoyar\u00eda a la deuda nacional y, con toda probabilidad, tambi\u00e9n recibir\u00eda el apoyo indirecto de los pa\u00edses con moneda fuerte, ya que a \u00e9stos tampoco les convendr\u00eda una excesiva devaluaci\u00f3n de la nueva moneda. Desde una \u00f3ptica progresista, lo m\u00e1s atractivo de la devaluaci\u00f3n es la posibilidad de repartir el coste del ajuste sobre todas las clases sociales, as\u00ed como sobre los acreedores extranjeros que cometieron la imprudencia de conceder cr\u00e9ditos (una moneda propia devaluada permitir\u00eda hacer una quita encubierta de la deuda). La salida del euro favorecer\u00eda una salida m\u00e1s equitativa en la medida en que s\u00f3lo modificar\u00eda los precios interiores con respecto a los exteriores, pero no tendr\u00eda por qu\u00e9 alterar significativamente los precios relativos (incluidos los salarios) en el interior. Finalmente, si, como parece previsible, no se avanza seriamente hacia la uni\u00f3n pol\u00edtica y fiscal europea, tarde o temprano la situaci\u00f3n se volver\u00e1 tan insostenible que la salida del euro acabar\u00e1 ocurriendo de forma ineluctable. En este caso, una salida planificada de la uni\u00f3n monetaria puede ser una alternativa mucho m\u00e1s razonable que la de tener que sufrir largos a\u00f1os de agon\u00eda para acabar siendo expulsados de forma ca\u00f3tica e incontrolada.<\/p>\n<p>El libro de Mart\u00edn Seco es una obra inteligente y honesta sobre la historia de un desastre anunciado. Tambi\u00e9n es un libro \u00fatil para ampliar los horizontes del discurso de la izquierda espa\u00f1ola, que en materia econ\u00f3mica parece conformarse con lanzar propuestas de pol\u00edtica fiscal dentro de los m\u00e1rgenes competenciales que permite el actual modelo de integraci\u00f3n europea. Es muy probable que algunos comentaristas sientan la tentaci\u00f3n de caricaturizar injustamente al libro de Mart\u00edn Seco como una explicaci\u00f3n falazmente tot\u00e9mica de la crisis o como un simple ataque de vanidad en forma de \u201cyo ya lo dec\u00eda\u201d. Lo cierto es que Mart\u00edn Seco expone sus argumentos de forma humilde. No los presenta como geniales hallazgos sino como meras constataciones de hechos obvios para cualquiera que no quisiera hacerse el ciego. Mart\u00edn Seco tampoco plantea la salida del euro como una panacea. Sin minimizar el coste y el trauma inherentes que comportar\u00eda el retorno a la soberan\u00eda monetaria, considera, con raz\u00f3n, que los culpables de sus consecuencias no son los que proponen la salida del euro, sino los que nos empujaron a una entrada irresponsable y suicida. El autor lo compara inteligentemente con la burbuja inmobiliaria. Resultaba evidente que, una vez dentro, el pinchazo ser\u00eda terrible, pero \u00bfacaso vali\u00f3 la pena alargarla para luego sufrir consecuencias a\u00fan m\u00e1s devastadoras?<\/p>\n<p>Contra el euro es, por encima de todo, un libro contra el miedo. El autor razona sin complejos y sin temor a ser tachado de antieurope\u00edsta, rechazando los constre\u00f1imientos mentales de quienes han interiorizado su papel como economistas coloniales. La mejor aportaci\u00f3n del libro de Mart\u00edn Seco es la generosidad con la que comparte sus conocimientos econ\u00f3micos para evidenciar que el debate del euro no puede limitarse a una cuesti\u00f3n t\u00e9cnica entre economistas profesionales. Tras constatar que dentro de la actual uni\u00f3n monetaria no es posible una salida democr\u00e1tica y social a la \u00faltima crisis del capitalismo espa\u00f1ol, la discusi\u00f3n para transformar esta realidad s\u00f3lo puede entenderse como parte de un debate de estrategia pol\u00edtica. Se trata de decidir si es factible una soluci\u00f3n europea o si, por el contrario, la izquierda y el movimiento democr\u00e1tico deben contar con un programa que, sin olvidar la esencia internacionalista de todo proyecto emancipador, incluya planes de contingencia ante una eventual recuperaci\u00f3n de la soberan\u00eda monetaria y el consiguiente abandono del proyecto m\u00e1s ambicioso y devastador de la oligarqu\u00eda financiera europea.<\/p>\n<p><strong>Nota<\/strong><\/p>\n<p><strong>(Andreu Espasa es historiador y miembro de Attac-Acordem)<\/strong><\/p>\n<p><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote1anc\" name=\"sdfootnote1sym\">1<\/a>David Marsh, The Euro. The Battle For The New Global Currency, New Haven, Yale University Press, 2009, pp. 120-121.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p style='margin-top: 0.2cm; margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 150%;' align='JUSTIFY'>Contra el euro es, por encima de todo, un libro contra el miedo. 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