{"id":220,"date":"2006-04-02T00:00:00","date_gmt":"2006-04-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=220"},"modified":"2020-02-12T12:26:05","modified_gmt":"2020-02-12T11:26:05","slug":"cuatro-economias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=220","title":{"rendered":"Cuatro econom\u00edas"},"content":{"rendered":"<p>La globocolonizaci\u00f3n provoca tan enorme desigualdad socioecon\u00f3mica entre la poblaci\u00f3n mundial, que los datos son escandalosos: cuatro norteamericanos -Bill Gates, Paul Allen, Warren Buffet y Larry Ellisson- poseen juntos una fortuna superior a la del PIB de 42 naciones con 600 millones de habitantes. En el Real Madrid, equipo de f\u00fatbol de Espa\u00f1a, tres jugadores -un brasile\u00f1o, un ingl\u00e9s y un franc\u00e9s- reciben, juntos, salarios anuales de 42 millones de d\u00f3lares, equivalente al presupuesto anual de la capital de El Salvador, con cerca de 1.8 millones de habitantes.<\/p>\n<p>No es verdad que todos nacemos iguales, como dice la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos. Somos desiguales antes incluso del parto. La gestaci\u00f3n de una mujer pobre no se puede comparar con la de una rica. Basta comparar el peso de sus bebes y sus defensas org\u00e1nicas.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista del comportamiento, podemos hablar hoy de cuatro econom\u00edas: de la necesidad, de la suficiencia, de lo superfluidad y de la opulencia.<\/p>\n<p>Dos terceras partes de la poblaci\u00f3n mundial -4 mil millones de personas- viven inmersas en la econom\u00eda de la necesidad, pues ni siquiera disponen de alimentaci\u00f3n en cantidad y calidad suficiente. En 1960 hab\u00eda en el mundo 1 rico por cada 30 pobres; hoy la proporci\u00f3n es de 1 a 80. Millones de personas sobreviven en funci\u00f3n de sus necesidades b\u00e1sicas inmediatas: acceso a lo m\u00ednimo de alimentos, de agua, de salud, de vivienda. Tienen suerte cuando encuentran empleo y educaci\u00f3n. Es un pueblo condenado al \u00e9xodo, a la di\u00e1spora, emigrando de una regi\u00f3n a otra, llevando consigo todas sus pertenencias. De entre ellos mueren cada d\u00eda por hambre 24 mil vidas, entre las cuales millares de ni\u00f1os.<\/p>\n<p>La econom\u00eda de la suficiencia habr\u00e1 de predominar cuando se hayan reducido las desigualdades y la humanidad conquiste, como anunci\u00f3 el profeta Isa\u00edas hace 2,800 a\u00f1os, \u201cla paz como fruto de la justicia\u201d (32,17). Esa econom\u00eda asegura a cada ciudadano los derechos b\u00e1sicos: alimentaci\u00f3n, salud y educaci\u00f3n; vivienda, trabajo y transporte; cultura, informaci\u00f3n y diversi\u00f3n. Es la econom\u00eda que predomina en los monasterios y conventos, donde nadie es condenado a pasar necesidad y nadie tampoco posee cosas superfluas. Todos los bienes, excepto los de uso personal son socializados -lo que es de uno es de todos-, conforme a lo que dice la Biblia respecto de los primeros cristianos: \u201cNadie consideraba exclusivamente suyo lo que pose\u00eda, sino que todo entre ellos era com\u00fan (\u2026) Entre ellos nadie pasaba necesidad\u201d (Hechos de los Ap\u00f3stoles 4,32-34). La econom\u00eda de suficiencia deber\u00eda de servir de par\u00e1metro y norma para el desarrollo sustentable de las naciones.<\/p>\n<p>La econom\u00eda de la superfluidad es orquestada por el poderoso engranaje publicitario y favorecida por el acelerado avance tecnol\u00f3gico, que vuelve el producto de hoy obsoleto y descartable ma\u00f1ana. Cuando la tecnolog\u00eda no es capaz de dar un paso adelante en lo que ya est\u00e1 inventado -como se ve en los ejemplos del paraguas o del sacacorchos- recurre a las variantes de \u201cdise\u00f1o\u201d, de modo que pueda conquistar al consumidor por el aspecto, ya que el mecanismo en s\u00ed es invariable. Eso sucede especialmente con el consumo de veh\u00edculos de paseo, cuya est\u00e9tica atrae m\u00e1s a los compradores que la potencia del motor, la econom\u00eda de combustible, la estabilidad y otros aspectos, a los cuales la mayor\u00eda ni les presta atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El papel de la publicidad es hacer famosa una mercanc\u00eda y a continuaci\u00f3n convertir lo superfluo en necesario. De ese modo miles de consumidores ya no pueden prescindir de ese champ\u00fa o de aquella marca de refrigerador, recargando sus presupuestos con el consumo innecesario y muchas veces hasta perjudicial para la salud. De esa manera la publicidad invade nuestro universo ps\u00edquico, que llega a invertir la relaci\u00f3n persona-mercanc\u00eda. \u00c9sta, realzada por una marca, pasa a darle valor a su comprador. Es como un caballo apreciado por la belleza de sus arreos. El producto pasa a tener m\u00e1s valor que la persona, y \u00e9sta s\u00f3lo es valorada socialmente, y as\u00ed se siente subjetivamente, en la medida que muestra la marca del producto.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s la m\u00e1s avasalladora econom\u00eda de lo superfluo hoy d\u00eda sea la industria de la est\u00e9tica corporal. El culto a la esbeltez del cuerpo, una anticultura deshumanizante, desencadena un enorme gasto de tiempo y de dinero, a causa de la preocupaci\u00f3n de parecer hermoso a los ojos ajenos. En una sociedad en que belleza, fama y riqueza son consideradas valores fundamentales, s\u00f3lo queda la belleza como posibilidad, ya que la riqueza y la fama est\u00e1n restringidas a un c\u00edrculo herm\u00e9tico.<\/p>\n<p>Son la riqueza y la fama, y tambi\u00e9n el poder, quienes posibilitan la econom\u00eda de la opulencia, al alcance del peque\u00f1o grupo de privilegiados que hace de su consumo superfluo una forma de ostentaci\u00f3n, gastando fortunas con productos y manteniendo un estilo de vida sofisticado. Esa hartura contrasta de tal modo con el nivel de vida medio, que obliga a aquellas personas a protegerse del asedio, del asalto y de la envidia, con un fuerte entorno de seguridad. La econom\u00eda de la opulencia fetichiza la mercanc\u00eda, idolatra el mercado, pone el dinero en el lugar de Dios. Y controla el juego de poder en este mundo en que la pol\u00edtica es siempre dirigida por la econom\u00eda. Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Luis Burguet.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La globocolonizaci\u00f3n provoca tan enorme desigualdad socioecon\u00f3mica entre la poblaci\u00f3n mundial, que los datos son escandalosos: cuatro norteamericanos -Bill Gates, Paul Allen, Warren Buffet y Larry Ellisson- poseen juntos una fortuna superior a la del PIB de 42 naciones con 600 millones de habitantes. En el Real Madrid, equipo de f\u00fatbol de Espa\u00f1a, tres jugadores -un brasile\u00f1o, un ingl\u00e9s y un franc\u00e9s- reciben, juntos, salarios anuales de 42 millones de d\u00f3lares, equivalente al presupuesto anual de la capital de El Salvador, con cerca de 1.8 millones de habitantes. <\/p>\n<p> No es verdad que todos nacemos iguales, como dice la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos. Somos desiguales antes incluso del parto. La gestaci\u00f3n de una mujer pobre no se puede comparar con la de una rica. Basta comparar el peso de sus bebes y sus defensas org\u00e1nicas.<\/p>\n<p> Desde el punto de vista del comportamiento, podemos hablar hoy de cuatro econom\u00edas: de la necesidad, de la suficiencia, de lo superfluidad y de la opulencia.<\/p>\n<p> Dos terceras partes de la poblaci\u00f3n mundial -4 mil millones de personas- viven inmersas en la econom\u00eda de la necesidad, pues ni siquiera disponen de alimentaci\u00f3n en cantidad y calidad suficiente. En 1960 hab\u00eda en el mundo 1 rico por cada 30 pobres; hoy la proporci\u00f3n es de 1 a 80. Millones de personas sobreviven en funci\u00f3n de sus necesidades b\u00e1sicas inmediatas: acceso a lo m\u00ednimo de alimentos, de agua, de salud, de vivienda. Tienen suerte cuando encuentran empleo y educaci\u00f3n. Es un pueblo condenado al \u00e9xodo, a la di\u00e1spora, emigrando de una regi\u00f3n a otra, llevando consigo todas sus pertenencias. De entre ellos mueren cada d\u00eda por hambre 24 mil vidas, entre las cuales millares de ni\u00f1os.<\/p>\n<p> La econom\u00eda de la suficiencia habr\u00e1 de predominar cuando se hayan reducido las desigualdades y la humanidad conquiste, como anunci\u00f3 el profeta Isa\u00edas hace 2,800 a\u00f1os, &#8220;la paz como fruto de la justicia&#8221; (32,17). Esa econom\u00eda asegura a cada ciudadano los derechos b\u00e1sicos: alimentaci\u00f3n, salud y educaci\u00f3n; vivienda, trabajo y transporte; cultura, informaci\u00f3n y diversi\u00f3n. Es la econom\u00eda que predomina en los monasterios y conventos, donde nadie es condenado a pasar necesidad y nadie tampoco posee cosas superfluas. Todos los bienes, excepto los de uso personal son socializados -lo que es de uno es de todos-, conforme a lo que dice la Biblia respecto de los primeros cristianos: &#8220;Nadie consideraba exclusivamente suyo lo que pose\u00eda, sino que todo entre ellos era com\u00fan (&#8230;) Entre ellos nadie pasaba necesidad&#8221; (Hechos de los Ap\u00f3stoles 4,32-34). La econom\u00eda de suficiencia deber\u00eda de servir de par\u00e1metro y norma para el desarrollo sustentable de las naciones.<\/p>\n<p> La econom\u00eda de la superfluidad es orquestada por el poderoso engranaje publicitario y favorecida por el acelerado avance tecnol\u00f3gico, que vuelve el producto de hoy obsoleto y descartable ma\u00f1ana. 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