{"id":2430,"date":"2013-11-11T00:00:00","date_gmt":"2013-11-11T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2430"},"modified":"2020-02-19T11:10:46","modified_gmt":"2020-02-19T10:10:46","slug":"donde-hallar-nuestro-lugar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2430","title":{"rendered":"D\u00f3nde hallar nuestro lugar"},"content":{"rendered":"<p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p>Alguien pregunta: \u00bftodav\u00eda eres marxista? Nunca antes ha sido tan extensa como hoy la devastaci\u00f3n ocasionada por la b\u00fasqueda de la ganancia, seg\u00fan la define el capitalismo. Casi todo mundo lo sabe. C\u00f3mo entonces es posible no hacerle caso a Marx, quien profetiz\u00f3 y analiz\u00f3 tal devastaci\u00f3n. La respuesta ser\u00eda que la gente, mucha gente, ha perdido sus coordenadas pol\u00edticas. Sin mapa alguno, no saben a d\u00f3nde se dirigen.<\/p>\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n<p>Todos los d\u00edas, la gente sigue se\u00f1ales que apuntan a alg\u00fan sitio que no es su hogar, sino a un destino elegido. Se\u00f1ales carreteras, se\u00f1ales de embarque en alg\u00fan aeropuerto, avisos en las terminales. Algunos hacen sus viajes por placer, otros por negocios, muchos motivados por la p\u00e9rdida o la desesperaci\u00f3n. Al llegar, terminan por darse cuenta que no est\u00e1n en el sitio indicado por la se\u00f1ales que siguieron. Donde se encuentran tiene la latitud, la longitud, el tiempo local y la moneda correctos, y no obstante no tiene la gravedad espec\u00edfica del destino que escogieron.<\/p>\n<p>Se hallan junto al lugar al que escogieron llegar. La distancia que los separa de \u00e9ste es incalculable. Puede ser \u00fanicamente la anchura de un v\u00eda p\u00fablica, puede estar a un mundo de distancia. El sitio ha perdido lo que lo convert\u00eda en un destino. Ha perdido su territorio de experiencia.<\/p>\n<p>Algunas veces algunos cuantos de estos viajeros emprenden un viaje privado y hallan el lugar que anhelaban alcanzar, que a veces es m\u00e1s rudo de lo que imaginaban, aunque lo descubren con alivio sin l\u00edmites. Muchos nunca lo logran. Aceptan los signos que siguieron y es como si no viajaran, como si se quedaran siempre donde ya estaban.<\/p>\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n<p>Los detalles en la imagen de esta p\u00e1gina fueron tomados por Anabell Guerrero en el albergue de la Cruz Roja para refugiados y emigrantes en Sangatte, cerca de Calais y del t\u00fanel del Canal de la Mancha. Por \u00f3rdenes de los gobiernos brit\u00e1nico y franc\u00e9s el albergue fue cerrado recientemente. Varios cientos de personas se albergaban ah\u00ed, muchos de ellos con la esperanza de llegar a Gran Breta\u00f1a. El hombre de las fotograf\u00edas &#8211;Guerrero prefiere no revelar su nombre&#8211; proviene de Zaire.<\/p>\n<p>Mes tras mes, millones abandonan su tierra natal. Se van porque no hay nada ah\u00ed, excepto su todo, que no ofrece lo suficiente para alimentar a sus ni\u00f1os. Alguna vez lo hizo. Esta es la pobreza del nuevo capitalismo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de largos y terribles viajes, despu\u00e9s de experimentar la bajeza de la que otros son capaces, despu\u00e9s de llegar y confiar en su obstinada e incomparable valent\u00eda propia, los emigrantes se encuentran esperando en alguna estaci\u00f3n extranjera de tr\u00e1nsito, y entonces lo \u00fanico que les queda de su continente natal es su ser mismo: sus manos, sus ojos, sus pies, hombros, cuerpos, la ropa que usan y aquello con lo que se tapan por las noches para dormir debajo, ansiando techo.<\/p>\n<p>Gracias a la imagen de Guerrero tenemos un testimonio de c\u00f3mo los dedos del hombre son todo lo que queda de una parcela de tierra cultivada, sus palmas lo que queda del lecho de alg\u00fan r\u00edo; de c\u00f3mo sus ojos son las reuniones familiares a las que no asistir\u00e1.<\/p>\n<p>El retrato de un continente emigrante.<\/p>\n<p><strong>4<\/strong><\/p>\n<p>&#8216;Voy bajando las escaleras de una estaci\u00f3n de metro para tomar la l\u00ednea B. Est\u00e1 repleto aqu\u00ed. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s t\u00fa? \u00bfDe veras? \u00bfY c\u00f3mo est\u00e1 el clima? Ya me tengo que subir al tren, luego te hablo&#8230;&#8217;<\/p>\n<p>De las miles de millones de conversaciones por telefon\u00eda m\u00f3vil que ocurren cada hora en las ciudades y suburbios del mundo, la mayor\u00eda, sean privadas o de negocios, comienzan con una declaraci\u00f3n del paradero o ubicaci\u00f3n aproximada de quien llama. La gente necesita de inmediato identificar con precisi\u00f3n d\u00f3nde se encuentra. Es como si estuvieran perseguidos por la duda de que tal vez no est\u00e9n en ninguna parte. Circundados por tantas abstracciones, tienen que inventar y compartir su localizaci\u00f3n transitoria.<\/p>\n<p>Hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os Guy Debord prof\u00e9ticamente escribi\u00f3: &#8216;la acumulaci\u00f3n de bienes de consumo producidos masivamente para el espacio abstracto del mercado, as\u00ed como aplast\u00f3 todas las barreras regionales y legales, y todas las restricciones corporativas de la Edad Media que manten\u00edan la calidad de la producci\u00f3n artesanal, tambi\u00e9n destruy\u00f3 la autonom\u00eda y la cualidad de los lugares&#8217;.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino clave del caos global actual es la dislocaci\u00f3n, o la relocalizaci\u00f3n. Esto no se refiere \u00fanicamente a la pr\u00e1ctica de mover la producci\u00f3n a donde quiera que la mano de obra sea m\u00e1s barata y las regulaciones, m\u00ednimas.<\/p>\n<p>Contiene tambi\u00e9n el sue\u00f1o demente de salirse de margen, propio del nuevo poder en funciones: el sue\u00f1o de minar el estatus y confianza de todos los lugares fijos previos, de tal manera que el mundo entero sea un solo mercado fluido.<\/p>\n<p>El consumidor es esencialmente alguien que se siente perdido (o a quien se le hace sentir perdido) a menos que consuma. Las marcas y logotipos de las mercanc\u00edas son el sitio que nombra esa\u00a0ninguna parte.<\/p>\n<p>Otros signos que anuncian la Libertad y la Democracia, t\u00e9rminos robados de periodos hist\u00f3ricos previos, se usan tambi\u00e9n para confundir. En el pasado, fue una t\u00e1ctica com\u00fan de quienes defend\u00edan su tierra natal contra los invasores el cambiar las se\u00f1ales camineras para que una que indicaba ZARAGOZA, apuntara en la direcci\u00f3n opuesta hacia BURGOS. Hoy no son quienes se defienden, sino los invasores extranjeros, los que invierten los signos para confundir a las poblaciones locales, para confundirlas acerca de qui\u00e9n gobierna a qui\u00e9n, acerca de la naturaleza de la felicidad, del alcance del quebranto o de donde ha de hallarse la eternidad. El prop\u00f3sito de estas direcciones falseadas es persuadir a la gente de que ser un cliente es la salvaci\u00f3n \u00faltima.<\/p>\n<p>Sin embargo, a los clientes los define el sitio de su salida y su pago, no d\u00f3nde viven y mueren.<\/p>\n<p><strong>5<\/strong><\/p>\n<p>Extensas \u00e1reas que alguna vez fueron lugares rurales las est\u00e1n convirtiendo en &#8216;zonas&#8217;. Los detalles de este proceso var\u00edan seg\u00fan el continente: \u00c1frica, Am\u00e9rica Central o el sureste asi\u00e1tico. El desmembramiento inicial, sin embargo, siempre proviene de otra parte y es efectuado por los intereses corporativos que dan rienda suelta a su apetito de m\u00e1s y m\u00e1s acumulaci\u00f3n, lo que significa apoderarse de los recursos naturales (peces en el Lago Victoria, madera del Amazonas, petr\u00f3leo donde quiera que haya, uranio de Gab\u00f3n, etc\u00e9tera), sin importarles a qui\u00e9n pertenezca la tierra o el agua. La explotaci\u00f3n resultante pronto exige aeropuertos, bases militares y paramilitares para defender lo que se chupan, y la colaboraci\u00f3n de los mafiosos locales. Pueden ocurrir entonces la guerra tribal o intercomunitaria, la hambruna y el genocidio. La gente de tales &#8216;zonas&#8217; pierde todo sentido de residencia: los ni\u00f1os se vuelven hu\u00e9rfanos (aunque no lo sean), las mujeres se vuelven esclavas, los hombres, desesperados. Una vez que esto ocurre, restaurar sentido alguno de lo dom\u00e9stico toma generaciones. Cada a\u00f1o tal acumulaci\u00f3n prolonga esa\u00a0ninguna parte,\u00a0en tiempo y espacio.<\/p>\n<p><strong>6<\/strong><\/p>\n<p>Entretanto &#8211;y la resistencia pol\u00edtica comienza con frecuencia en un entretanto&#8211; la cosa m\u00e1s importante de aprehender y recordar es que aquellos que lucran del caos actual, con sus comentaristas incrustados en los medios, desinforman y mal encaminan todo el tiempo. Sus declaraciones y todos los t\u00e9rminos saqueados que tienen tanta costumbre de usar no deber\u00edan argumentarse. Deben ser rechazados y abandonados. No llevan a nadie a ning\u00fan lado.<\/p>\n<p>La tecnolog\u00eda de la informaci\u00f3n desarrollada por las corporaciones y sus ej\u00e9rcitos para poder dominar su ninguna parte con m\u00e1s velocidad, la usan otros como medio de comunicaci\u00f3n a trav\u00e9s del lugar de todos hacia el que luchan.<\/p>\n<p>El escritor caribe\u00f1o Edouard Glissant lo dice muy bien: &#8216;&#8230;para resistir la globalizaci\u00f3n no hay que negar la globalidad, sino imaginar que es la suma finita de todas las particularidades posibles y luego hacernos a la idea de que, mientras falte alguna particularidad, la globalidad no ser\u00e1 lo que para nosotros deber\u00eda ser&#8217;.<\/p>\n<p>Estamos estableciendo nuestros propios asideros, nombrando lugares, hallando poes\u00eda. S\u00ed, en ese entretanto, debemos hallar la poes\u00eda. Dice Gareth Evans:<\/p>\n<p>Mientras el ladrillo de la tarde<\/p>\n<p>guarda el calor rosa del viaje<\/p>\n<p>Mientras la rosa germina<\/p>\n<p>un invernadero para respirar<\/p>\n<p>y florece como el viento<\/p>\n<p>Mientras los esbeltos abedules<\/p>\n<p>murmuran sus historias<\/p>\n<p>del viento a lo urgente<\/p>\n<p>en los camiones<\/p>\n<p>Mientras las hojas de los setos<\/p>\n<p>guardan la luz<\/p>\n<p>el pensamiento del d\u00eda<\/p>\n<p>que perdieran<\/p>\n<p>Mientras el cuenco de su mu\u00f1eca<\/p>\n<p>pulsa como el pecho<\/p>\n<p>de un gorri\u00f3n<\/p>\n<p>en el aire ondulante<\/p>\n<p>Mientras el coro de la tierra<\/p>\n<p>encuentra sus ojos en el cielo<\/p>\n<p>y los devela para uno y para otra<\/p>\n<p>en la rebosante oscuridad<\/p>\n<p>j\u00fantalo todo, querida<\/p>\n<p><strong>7<\/strong><\/p>\n<p>Su ninguna parte genera una conciencia del tiempo extra\u00f1a, por no tener precedente. Tiempo digital. Contin\u00faa por siempre, ininterrumpido por d\u00edas y noches, las estaciones, el nacimiento y la muerte. Tan indiferente como el dinero. Aunque, siendo continuo, es brutalmente singular. Es el tiempo del presente guardado aparte del presente y el futuro. En su interior s\u00f3lo el presente tiene carga, los otros dos carecen de gravedad. El tiempo ya no es una matriz sino una \u00fanica columna de unos y ceros. Un tiempo vertical sin nada que lo circunde, excepto la ausencia.<\/p>\n<p>Lean unas cuantas p\u00e1ginas de Emily Dickinson y luego vayan a ver Dogville de Von Trier. En la poes\u00eda de Dickinson la presencia de lo eterno concurre en todas las pausas. Por el contrario, el film muestra inexorablemente lo que sucede cuando todo rastro de lo eterno es borrado de la vida cotidiana. Lo que pasa cuando todas las palabras y su lenguaje pleno se quedan sin sentido.<\/p>\n<p>Con un solo presente, dentro del tiempo digital, no puede hallarse ni establecerse localizaci\u00f3n o ubicaci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p><strong>8<\/strong><\/p>\n<p>Tomaremos nuestras coordenadas de otro sistema temporal. Lo eterno, seg\u00fan Spinoza (que fuera el fil\u00f3sofo m\u00e1s querido de Marx) es ahora. No es algo que nos aguarde, sino algo que encontramos durante esos breves y no obstante intemporales momentos donde todo embona con todo y ning\u00fan intercambio es inadecuado.<\/p>\n<p>En Hope in the Dark, un urgente libro de Rebecca Sonit, ella cita a la poeta sandinista Gioconda Belli, cuando describe el momento en que en Nicaragua derrocaron a la dictadura de Somoza: &#8216;dos d\u00edas que fueron como si un encantamiento m\u00e1gico ancestral nos hubiera cubierto, regres\u00e1ndonos al G\u00e9nesis, al sitio exacto de la creaci\u00f3n del mundo&#8217;. El hecho de que Estados Unidos y sus mercenarios destruyeran despu\u00e9s a los sandinistas no disminuye en medida alguna ese momento que existe en el pasado, el presente y el futuro.<\/p>\n<p><strong>9<\/strong><\/p>\n<p>A un kil\u00f3metro de distancia de donde escribo, hay un campo donde pastan cuatro burros, dos hembras y dos burritos. Son de una especie particularmente peque\u00f1a. Cuando las madres aguzan sus orejas ribeteadas de negro, me llegan a la altura del ment\u00f3n. Los burritos, de unas cuantas semanas de edad, son del tama\u00f1o de unos perros terrier grandes, con la diferencia de que sus cabezas son casi tan grandes como sus costados.<\/p>\n<p>Me brinco la barda y me siento en el campo apoyando la espalda en el tronco de un manzano. Ya tienen sus rutas propias por todo el campo y pasan por debajo de ramas tan bajas que yo tendr\u00eda que ir a gatas. Me observan. Hay dos \u00e1reas en donde no hay pasto alguno, s\u00f3lo tierra rojiza, y es en uno de estos anillos a donde vienen varias veces en el d\u00eda a rodarse sobre su lomo. Primero las madres, luego los burritos. \u00c9stos tienen ya una franja negra en los lomos.<\/p>\n<p>Ahora se aproximan. El olor de los burros y el salvado &#8211;no el de los caballos, que es m\u00e1s discreto. Las madres rozan mi cabeza con sus quijadas. Son blancos sus hocicos. Alrededor de sus ojos hay moscas, mucho m\u00e1s agitadas que sus propias miradas interrogantes.<\/p>\n<p>Cuando se quedan a la sombra, en el lindero del bosque, las moscas se marchan y pueden quedarse casi inm\u00f3viles por media hora. En la sombra del medio d\u00eda, el tiempo se alenta. Cuando uno de los burritos mama (la leche de burra es la m\u00e1s semejante a la humana), las orejas de la madre se echan hacia atr\u00e1s y apuntan a la cola.<\/p>\n<p>Rodeado de los cuatro burros en la luz del d\u00eda, mi atenci\u00f3n se fija en sus patas, diecis\u00e9is de ellas. Son esbeltas, contundentes, contienen concentraci\u00f3n, seguridad. (Las patas de los caballos parecen hist\u00e9ricas en comparaci\u00f3n.). Estas son patas para cruzar monta\u00f1as que ning\u00fan caballo se atrever\u00eda, patas para soportar cargas inimaginables si se consideran tan s\u00f3lo las rodillas, las espinillas, las cernejas, los jarretes, las canillas, los cuartos, las pezu\u00f1as. Patas de burro.<\/p>\n<p>Deambulan, con la cabeza baja, pastando, mientras sus orejas no se pierden de nada; los observo, con sus ojos cubiertos de piel. En nuestros intercambios, tal como ocurren, en la compa\u00f1\u00eda de mediod\u00eda que nos ofrecemos ellos y yo, hay un sustrato de algo que s\u00f3lo puedo describir como gratitud. Cuatro burros en un campo, mes de junio, a\u00f1o 2005.<\/p>\n<p><strong>10<\/strong><\/p>\n<p>Si, entre otras muchas cosas sigo siendo marxista.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style='margin-top: 0.21cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;' lang='es-ES' align='JUSTIFY'>Alguien pregunta: \u00bftodav\u00eda eres marxista? Nunca antes ha sido tan extensa como hoy la devastaci\u00f3n ocasionada por la b\u00fasqueda de la ganancia, seg\u00fan la define el capitalismo. Casi todo mundo lo sabe. C\u00f3mo entonces es posible no hacerle caso a Marx, quien profetiz\u00f3 y analiz\u00f3 tal devastaci\u00f3n. La respuesta ser\u00eda que la gente, mucha gente, ha perdido sus coordenadas pol\u00edticas. 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