{"id":256,"date":"2006-04-10T00:00:00","date_gmt":"2006-04-10T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=256"},"modified":"2019-03-31T10:53:50","modified_gmt":"2019-03-31T10:53:50","slug":"la-memoria-del-genocidio-aleman","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=256","title":{"rendered":"La memoria del genocidio alem\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p>Publicado en Memoria 186 agosto 2004 | Prieto, Jimena A.<\/p>\n<h3>Historia de una representaci\u00f3n<\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2006\/04\/portada_si-esto-es-un-hombre_primo-levi_201802271710.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-3818 alignleft\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2006\/04\/portada_si-esto-es-un-hombre_primo-levi_201802271710-196x300.jpg\" alt=\"\" width=\"196\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2006\/04\/portada_si-esto-es-un-hombre_primo-levi_201802271710-196x300.jpg 196w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2006\/04\/portada_si-esto-es-un-hombre_primo-levi_201802271710.jpg 252w\" sizes=\"auto, (max-width: 196px) 100vw, 196px\" \/><\/a><\/p>\n<p><i>\u201cHistoria monumental\u201d llama Nietzsche, en la segunda de sus Consideraciones Intempestivas, al acto de rememoraci\u00f3n que los pueblos hacen de su propio pasado; ya sea a trav\u00e9s de monumentos nacionales o de conmemoraciones oficiales, en esencia, se trata de representaciones destinadas a reflejar un tiempo lejano, fij\u00e1ndolo inamoviblemente como fundamento m\u00edtico de la naci\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p>Mientras que la historia misma est\u00e1 marcada con el sello de lo irrepetible, la memoria colectiva de un pueblo se encarga de escenificar aquel tiempo digno de ser conjurado y elevado a heroico pasado nacional.<\/p>\n<p>A pesar de lo oscuro de su historia, a principios del siglo XXI, Alemania ha logrado hacerse de una \u201chistoria monumental\u201d. Podremos ver materializada esta empresa en el \u201cMonumento Nacional a los Jud\u00edos Europeos Asesinados\u201d que en octubre de este a\u00f1o comienza a construirse en el coraz\u00f3n de la nueva capital, Berl\u00edn. No deja de sorprender este momento cumbre de escenificaci\u00f3n pol\u00edtica, sobre todo al tener presente que la historia posterior al nacionalsocialismo se caracteriza por el peso de la propia culpa. Sin embargo, podemos entender la especificidad de este monumento al tomar en cuenta que toda conmemoraci\u00f3n en torno al nacionalsocialismo lleva en su seno su propia negaci\u00f3n. Ya sean recintos del recuerdo o fechas conmemorativas, estos espacios s\u00f3lo pueden configurarse en t\u00e9rminos opuestos a los que otras naciones celebran afirmativamente su propio pasado; Alemania recuerda sus propios cr\u00edmenes, de ah\u00ed el car\u00e1cter de luto como momento constitutivo de la memoria colectiva.<\/p>\n<p>Este art\u00edculo, en el que se recorre la historia de Alemania desde el momento de su derrota, pretende dar una visi\u00f3n general del complejo proceso de formaci\u00f3n de la memoria colectiva. Se necesitar\u00e1n varios decenios para comprender que el genocidio no constituye \u00fanicamente una etapa de totalitarismo y criminalidad, sino una radical \u201cruptura civilizatoria\u201d, que tiene lugar a mediados del siglo XX, en una naci\u00f3n que representa en su tradici\u00f3n human\u00edstica uno de los puntos m\u00e1s elevados del pensamiento ilustrado europeo. Se necesitar\u00e1 tambi\u00e9n el esfuerzo de una nueva generaci\u00f3n para consolidar las bases de un proceso de saber cada vez m\u00e1s diferenciado en torno al genocidio. Una aut\u00e9ntica cultura de la memoria s\u00f3lo ser\u00e1 posible una vez que los j\u00f3venes de los a\u00f1os sesenta exijan a la generaci\u00f3n anterior la confrontaci\u00f3n cr\u00edtica y reflexiva con el pasado. El genocidio se convertir\u00e1 entonces en objeto de saber popular, en el \u201cHolocausto\u201d, y comenzar\u00e1 a multiplicarse indefinidamente toda suerte de representaciones comerciales y art\u00edsticas, tanto en Alemania como en otros pa\u00edses. Un punto final de la historia de la representaci\u00f3n del genocidio puede verse en la puesta en escena oficial del discurso de las v\u00edctimas, cuyo m\u00e1ximo monumento podr\u00e1 ser visitado en 2004, en Berl\u00edn.<\/p>\n<p>Todos y cada uno de estos momentos reflejan una historia desgarrada entre la necesidad de olvido y la obsesi\u00f3n por recordar el pasado nazi, b\u00fasqueda hist\u00f3rica de absoluci\u00f3n y de confrontaci\u00f3n constante con la culpa alemana.<\/p>\n<p>El genocidio, entre escenarios jur\u00eddicos<\/p>\n<p>Entre el foro de N\u00faremberg y el foro de la conciencia moral<\/p>\n<p>En el verano de 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial con la derrota alemana, los jefes de gobierno de los pa\u00edses aliados se dieron cita en la ciudad de Potsdam. El objetivo de reunirse en las cercan\u00edas de una Berl\u00edn convertida en ruinas era asegurar con toda clase de medidas que nunca m\u00e1s surgiera una guerra en suelo alem\u00e1n. Para lograr este fin, los aliados establecieron un tratado cuyas cl\u00e1usulas principales se refieren a la \u201cdesnazificaci\u00f3n\u201d, la \u201cdesmilitarizaci\u00f3n\u201d y la \u201creeducaci\u00f3n\u201d de Alemania. Ciertamente, entre la ocupaci\u00f3n sovi\u00e9tica y la de los pa\u00edses occidentales, se abri\u00f3 con el tiempo un abismo ideol\u00f3gico en torno a las maneras de entender la democratizaci\u00f3n y la construcci\u00f3n del nuevo orden1. Sin embargo, en los a\u00f1os en que Alemania no era m\u00e1s que un mont\u00f3n de escombros, todos estaban de acuerdo en que la tarea urgente era la de reeducar a una naci\u00f3n que hab\u00eda permitido un orden de terror y que hab\u00eda causado una guerra en la que hab\u00edan muerto alrededor de 55 millones de seres humanos, por no hablar de los cuantiosos da\u00f1os materiales que afectaron gran parte de Europa. Ninguna medida result\u00f3 m\u00e1s efectiva que erigir un tribunal militar para enjuiciar ante los ojos del mundo a los responsables del r\u00e9gimen nazi; los famosos juicios de N\u00faremberg surgieron en el contexto de la pol\u00edtica reeducativa de los aliados y se constituyeron como el primer foro p\u00fablico a trav\u00e9s del cual tom\u00f3 la palabra el momento m\u00e1s oscuro de la historia alemana.<\/p>\n<p>No es casual que los aliados hayan elegido N\u00faremberg como sede del tribunal militar. Finalmente, en esta id\u00edlica ciudad fueron formuladas y sancionadas las leyes que legitimaron el exterminio de seis millones de jud\u00edos europeos y la Blutschutzgesetz (ley de protecci\u00f3n de la sangre), expedida por el gobierno de Hitler en 1935. Los procesos que los aliados montaron en la ciudad del Reichsparteitag duraron poco menos de un a\u00f1o: del invierno de 1945 al oto\u00f1o de 1946; se llevaron a cabo 218 sesiones en las que se recogi\u00f3 el testimonio de 249 personas. De los veinticuatro acusados, doce fueron condenados a muerte.<\/p>\n<p>Lo interesante y, a la vez, desconcertante de los juicios de N\u00faremberg es que los jueces se encontraban ante una realidad inclasificable dentro de las convenciones del derecho internacional de aquella \u00e9poca. En 1945, lo que hab\u00eda existido en el mundo y, en consecuencia, era sancionable jur\u00eddicamente eran las \u201cguerras\u201d [2]. La exigencia de enjuiciar y castigar a los responsables del nacionalsocialismo s\u00f3lo pod\u00eda interpretarse dentro de los m\u00e1rgenes del derecho internacional que entonces exist\u00edan, es decir, en el contexto de una \u201cguerra\u201d que hab\u00eda comenzado en 1939. De esta suerte, los m\u00e1ximos dirigentes del nazismo fueron sentenciados en N\u00faremberg por haber cometido \u201ccr\u00edmenes de guerra\u201d, ignorando el contexto m\u00e1s amplio de la ideolog\u00eda totalitaria y racista que sirvi\u00f3 de instrumento para exterminar al pueblo jud\u00edo y a otros grupos estigmatizados. Un historiador escribe: \u201cEl exterminio jud\u00edo fue interpretado en N\u00faremberg como consecuencia de acciones militares y como parte de cr\u00edmenes de guerra y no as\u00ed como un complejo que formara parte de la pol\u00edtica racial del nacionalsocialismo\u201d [3]. Los cr\u00edmenes que los nazis llevaron a cabo muchos a\u00f1os antes del comienzo de la guerra pasaron inadvertidos en este tribunal y el genocidio mismo, como eje fundamental alrededor del cual giraba la maquinaria entera del nacionalsocialismo, no pudo percibirse entonces en su inconmensurable singularidad. Por el contrario, su car\u00e1cter espec\u00edfico se perd\u00eda al quedar subordinado bajo el amplio e impreciso concepto de \u201ccr\u00edmenes de guerra\u201d.<\/p>\n<p>En el tiempo de la posguerra, nadie quer\u00eda saber del reciente pasado nazi. Todo crimen relacionado con el nacionalsocialismo se convert\u00eda r\u00e1pidamente en tab\u00fa. Sin embargo, no puede hablarse de un desplazamiento radical del pasado, si tomamos en cuenta que \u00e9ste se infiltraba en la vida p\u00fablica a trav\u00e9s de varios discursos. Ya de por s\u00ed, el acto de realizar un tribunal militar era una forma espec\u00edfica de confrontar a la sociedad, aunque difusamente, con la realidad de los campos de concentraci\u00f3n. A este respecto, resulta interesante la tesis que sostienen Daniel Levy y Natan Sznaider en su libro Memoria en la \u00e9poca global: El Holocausto. Afirman acerca de la memoria y el holocausto que el que no haya existido un nombre para el holocausto en la primera fase de la posguerra, no lleva a suponer que reinaba un estado de amnesia colectiva: \u201cLa primera representaci\u00f3n del holocausto tiene la forma de un tribunal de justicia, es decir, una forma visual&#8230; Nunca, ni en ese entonces, fueron totalmente borrados los delitos de los nazis; inmediatamente despu\u00e9s de la guerra se publicaban ya reportajes e im\u00e1genes de lo que hab\u00eda sucedido\u201d4. Los estadounidenses, bajo el imperativo democratizador, ten\u00edan particular inter\u00e9s en que los procesos de N\u00faremberg se convirtieran en un escenario mundial donde ellos quedaran representados como liberadores del mal. M\u00e1s de doscientos reporteros de prensa y radio se apretujaban en las salas plenarias; algunas revistas semanales, tales como Life, reportaban continuamente el avance de los procesos. Incluso dentro de los m\u00e1rgenes de su Re-education Program realizaron un documental \u201ceducativo\u201d de los propios procesos: N\u00faremberg y su ense\u00f1anza, en el que aparec\u00edan im\u00e1genes del campo de concentraci\u00f3n Buchenwald. En otra pel\u00edcula de la \u00e9poca, The Nazi Concentration Camps, aparecen por primera vez ante las pantallas cinematogr\u00e1ficas las im\u00e1genes de miles de cad\u00e1veres amontonados en fosas comunes. En resumen, las posibilidades publicitarias de la \u00e9poca fueron utilizadas al m\u00e1ximo por los estadounidenses para generar discursos de tono moralizante y acusador: se daban a conocer al mundo los cr\u00edmenes de guerra de los nazis y se estigmatizaba de paso al pueblo que hab\u00eda permitido semejante cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>Los juicios de N\u00faremberg, as\u00ed como toda la publicidad que gir\u00f3 a su alrededor, fueron la primera forma en que el genocidio se represent\u00f3 y se trajo a la memoria p\u00fablica. Aunque para ese entonces no puede hablarse de una \u201cmemoria colectiva\u201d en torno al pasado nazi, al no haber suficiente distancia hist\u00f3rica para que \u00e9sta se haya consolidado, los tribunales permitieron vislumbrar el uso de ciertas estrategias de una comunidad para recordar su propio pasado. El acto colectivo de representar el pasado -lo se\u00f1ala por primera vez Maurice Halbwachs- no se gu\u00eda \u00fanicamente por valores institucionalizados -por ejemplo, honrar la memoria de los h\u00e9roes-; son, sobre todo, intereses pol\u00edticos enraizados en el presente los que gu\u00edan la selecci\u00f3n que se har\u00e1 para tal representaci\u00f3n. Esta estrategia de selecci\u00f3n es claramente aplicable a \u201cN\u00farenberg\u201d: fueron elegidos aquellos fragmentos del pasado nazi -a trav\u00e9s de tribunales, documentos cinematogr\u00e1ficos, reportajes fotogr\u00e1ficos, etc\u00e9tera- que pudieran servir para marcar un contraste entre la barbarie del nazismo alem\u00e1n y la superioridad pol\u00edtica y moral, y adem\u00e1s democratizadora, de Estados Unidos. De las perspectivas que fueron seleccionadas en la pol\u00edtica de reeducaci\u00f3n resulta claro que no s\u00f3lo se persegu\u00eda el inter\u00e9s de sensibilizar a la poblaci\u00f3n hacia una actitud proestadounidense; tambi\u00e9n se quer\u00eda generar una atm\u00f3sfera de culpabilidad. As\u00ed, en el verano de 1945, se ve\u00eda en los muros de las ciudades y de los pueblos un cartel con im\u00e1genes del campo de concentraci\u00f3n Bergen-Belsen, al pie del cual se le\u00eda: \u201c\u00a1\u00c9sta es vuestra culpa!\u201d. Los alemanes miraban incr\u00e9dulos estas primeras im\u00e1genes de los campos de concentraci\u00f3n y, sin duda, se preguntaban si eran tan reales como la miseria en la que se encontraban inmersos, al cabo de una guerra en la que la mayor\u00eda hab\u00eda perdido seres queridos. \u00bfCu\u00e1ntos de ellos hab\u00edan estado realmente involucrados en un r\u00e9gimen en el que muchos hab\u00edan cre\u00eddo y del cual se hab\u00edan beneficiado econ\u00f3micamente? Finalmente, la pregunta que todos se hac\u00edan en su fuero interno: \u00bfqui\u00e9nes eran los verdaderos culpables?, \u00bfno se trataba m\u00e1s bien de un pueblo v\u00edctima de un dictador al que nadie pudo oponerse con \u00e9xito? La acusaci\u00f3n que proven\u00eda del foro jur\u00eddico y de la propaganda aliada encontraba un replanteamiento en el foro de la conciencia moral y en el \u201csilencio\u201d de la vida privada. Los culpables hab\u00edan sido unos cuantos o, bien, resultaba culpable la sociedad entera que de una forma u otra hab\u00eda participado en ellos. El reproche de una \u201cculpa colectiva\u201d, que desde entonces ha sido objeto de reflexi\u00f3n p\u00fablica y largos debates acad\u00e9micos, naci\u00f3 en este ambiente de pol\u00edtica educativa impuesta por los aliados y es indisociable de la primera representaci\u00f3n -jur\u00eddica- del genocidio [5].<\/p>\n<p>En la vida privada, el \u201csilencio\u201d que reinaba en torno a los campos de concentraci\u00f3n estaba marcado por un fuerte contraste con la escenificaci\u00f3n grandilocuente de los juicios de N\u00faremberg. Sin embargo, una reflexi\u00f3n cr\u00edtica o una representaci\u00f3n diferenciada del genocidio estaba definitivamente excluida de ambas formas de discurso; el p\u00fablico y el privado. N\u00faremberg, como foro jur\u00eddico y representaci\u00f3n p\u00fablica, implica una toma de distancia esc\u00e9nica, toda vez que la distancia hist\u00f3rica, como condici\u00f3n para que surja un genuino inter\u00e9s reflexivo, es imposible en este tiempo de posguerra. Otros factores tambi\u00e9n explican la imposibilidad de ir m\u00e1s all\u00e1 de un sentimiento de culpa paralizante: no se debe \u00fanicamente a la falta de distancia hist\u00f3rica, afirma el soci\u00f3logo Friedrich Tenbruck, sino tambi\u00e9n al car\u00e1cter impuesto de la propaganda. La revelaci\u00f3n del pasado a trav\u00e9s de tribunales, acusaciones y pel\u00edculas documentales, ten\u00eda la forma de una \u201cculpa ordenada\u201d; \u201cen esta forma impuesta de confrontar el pasado no hab\u00eda lugar para que surgiera en los alemanes un proceso de reflexi\u00f3n libre\u201d6. S\u00f3lo algunos decenios m\u00e1s adelante, bajo el influjo de la distancia hist\u00f3rica y con el \u00edmpetu de una nueva generaci\u00f3n, podr\u00eda comenzar un proceso reflexivo en torno al genocidio; \u00e9ste se constituir\u00e1, entonces, en la base sobre la cual pudo darse una cultura de la memoria institucionalizada en los a\u00f1os ochenta.<\/p>\n<p>\u201cEl proceso de Auschwitz\u201d y su dramatizaci\u00f3n<\/p>\n<p>En un peque\u00f1o ensayo titulado \u201c\u00bfQu\u00e9 significa superar el pasado?\u201d (1959), Theodor Adorno reflexiona sobre las causas del olvido del pasado criminal nazi en la pr\u00f3spera sociedad alemana de los a\u00f1os cincuenta. El fil\u00f3sofo de la Escuela de Frankfurt refiere que, si ya en ese tiempo era com\u00fan hablar de una superaci\u00f3n del pasado [7], con ello se indicaba sobre todo la necesidad de abstraerse de la inc\u00f3moda realidad del nacionalsocialismo. \u201cSuperar el pasado\u201d, escribe Adorno, \u201cno quiere decir en nuestros d\u00edas que nos confrontemos reflexivamente y en serio con \u00e9l, que rompamos su hechizo con una conciencia clara; m\u00e1s bien quiere trazarse un punto final y, si es posible, borrar el pasado de la memoria\u201d [8]. Negar el pasado nazi era lo m\u00e1s normal en la sociedad de esa \u00e9poca. Si hab\u00eda que justificar este \u201colvido\u201d se dec\u00eda, cuando mucho, que la traum\u00e1tica carga ps\u00edquica del pasado s\u00f3lo pod\u00eda generar sintom\u00e1ticamente una amnesia colectiva.<\/p>\n<p>Adorno, en su pretensi\u00f3n de entender c\u00f3mo los intereses pol\u00edticos y econ\u00f3micos del presente determinan el discurso sobre el pasado, ofrece una explicaci\u00f3n m\u00e1s compleja: el \u201colvido\u201d puede deberse al desplazamiento caracter\u00edstico de experiencias traum\u00e1ticas; sin embargo, arg\u00fc\u00eda, este \u201colvido\u201d es m\u00e1s bien explicable a ra\u00edz de la prosperidad material de Alemania como un fen\u00f3meno emergente en los tempranos a\u00f1os cincuenta. En Hitler, afirma el fil\u00f3sofo, la sociedad hab\u00eda encontrado un lugar en el que expresaba su ideal colectivo narcisista, en otras palabras, su orgullo de \u201cser alem\u00e1n\u201d. Si bien es cierto que muchos hab\u00edan sufrido carencias y p\u00e9rdidas bajo el terror de la dictadura nazi, a la mayor\u00eda no le hab\u00eda ido mal econ\u00f3micamente. Tras el colapso del nacionalsocialismo y la consecuente decepci\u00f3n social al haberse desenmascarado como r\u00e9gimen criminal, el narcisismo alem\u00e1n hab\u00eda sufrido un da\u00f1o que s\u00f3lo podr\u00eda ser reparable en una nueva \u00e9poca de florecimiento econ\u00f3mico [9]. Gracias al boom econ\u00f3mico de los cincuenta se rehabilitar\u00eda la conciencia nacional y los alemanes estaban dispuestos a afirmarse de nuevo como triunfantes, una vez que los aspectos negativos del pasado fueran olvidados.<\/p>\n<p>Con el tiempo, esta \u00e9poca se tipific\u00f3 como \u201cla era Adenauer\u201d, no en \u00faltima instancia por la consolidaci\u00f3n material, que fue el gran logro de Konrad Adenauer, un hombre de 73 a\u00f1os elegido canciller en 1949. Aunque Adenauer hizo posible el auge econ\u00f3mico de Alemania occidental, en su programa no estaba contenida la m\u00ednima intenci\u00f3n de impulsar una cultura pol\u00edtica e hist\u00f3rica y, mucho menos, de desarrollar una conciencia cr\u00edtica respecto al pasado nazi. La tendencia al olvido que Adorno constata en sus estudios psicosociales es caracter\u00edstica de un decenio en el que no conviene que el pasado nazi forme parte de la identidad nacional. Alemania entrega al mundo una imagen de una naci\u00f3n econ\u00f3micamente fuerte, de competencia internacional, de alta productividad y eficiente reconstrucci\u00f3n. El pasado criminal s\u00f3lo puede tener el car\u00e1cter de m\u00e1cula eliminable en una naci\u00f3n que, lejos de definir su identidad hist\u00f3ricamente, la define s\u00f3lo por el alto rendimiento econ\u00f3mico y el bienestar material.<\/p>\n<p>La exigencia de Adorno y, en general, de la Escuela de Frankfurt, de llevar a cabo una confrontaci\u00f3n cr\u00edtica y de Aufkl\u00e4rung en torno al nacionalsocialismo y sus cr\u00edmenes, ser\u00e1 un prop\u00f3sito realizable en la sociedad alemana s\u00f3lo a partir de los a\u00f1os sesenta. El genocidio comenz\u00f3 a ser objeto de una atenci\u00f3n cada vez m\u00e1s diferenciada, incluso cuando toda discusi\u00f3n de ese tiempo se haya limitado a los c\u00edrculos acad\u00e9micos del saber [10]. La relativa apertura de los sesenta no se debi\u00f3 s\u00f3lo al impulso obtenido por el movimiento liberador y revolucionario propio de ese tiempo, sino al surgimiento de una nueva generaci\u00f3n: los hijos de quienes experimentaron el nacionalsocialismo en carne propia cuestionaban a sus padres; quer\u00edan saber c\u00f3mo actuaron en los tiempos de Hitler, en qu\u00e9 medida se comprometieron. En pocas palabras, exig\u00edan cuentas a la generaci\u00f3n anterior.<\/p>\n<p>En la sociedad de los a\u00f1os sesenta, se dieron b\u00e1sicamente dos discursos opuestos en torno al pasado nazi. Por una parte, se generaron discursos pol\u00edticos y culturales en los que subyac\u00eda el inter\u00e9s de superar el pasado cr\u00edtica y reflexivamente. Por otra parte y en cierta continuidad con la pol\u00edtica amn\u00e9sica de Adenauer, se generaron discursos oficiales que supeditaban la cuesti\u00f3n del pasado al inter\u00e9s preminente del nuevo orden econ\u00f3mico. Sobre todo, era en la pol\u00edtica oficial donde conven\u00eda \u201csuperar el pasado\u201d mediante el olvido. Ludwig Erhard, canciller en ese entonces de la Alemania capitalista, expres\u00f3 esta intenci\u00f3n en su pol\u00edtica: \u201cbien es cierto que todas las generaciones posteriores tienen que cargar con las consecuencias de la pol\u00edtica llevada a cabo de 1933 a 1945 en nombre del pueblo alem\u00e1n. Sin embargo, los puntos de referencia en la actual pol\u00edtica de la Alemania Federal ya no pueden ser la guerra o la \u00e9poca de la posguerra. Los puntos de referencia no est\u00e1n atr\u00e1s de nosotros, sino frente a nosotros. El tiempo de la posguerra ha llegado a su fin\u201d [11]. No puede formularse de mejor manera la ideolog\u00eda progresista liberal en su estrategia deshistorizante: s\u00f3lo cuando el -inc\u00f3modo- pasado sea una dimensi\u00f3n cerrada y agotada podr\u00e1 darse la apertura hacia horizontes futuros. El discurso futurista de Erhard -hay que decirlo- resulta m\u00e1s sorprendente si se toma en cuenta que fue formulado en 1965, cuando llegaba a su fin el proceso penal m\u00e1s grande que se hab\u00eda realizado en Alemania occidental contra actores involucrados en Auschwitz; un proceso que, al esclarecer radicalmente el pasado nazi, contradec\u00eda la pol\u00edtica oficial representada por Erhard. Claro, a menos que fuera visto como un proceso que nada ten\u00eda que ver con la pol\u00edtica hist\u00f3rica alemana&#8230;<\/p>\n<p>El proceso de Auschwitz: interpretaciones en conflicto<\/p>\n<p>A finales de 1939, el comandante Arpad Wigand propuso a Hitler construir un \u201ccampo de concentraci\u00f3n\u201d en las cercan\u00edas de la ciudad polaca ocupada Oswiecim. Pocos meses despu\u00e9s, en la primavera de 1940, el dirigente superior de la SS (Schutzstafel, organizaci\u00f3n policiaca mediante la cual el gobierno de Hitler consolid\u00f3 su sistema totalitario de terror), Rudolf H\u00f6ss, fue nombrado comandante del nuevo campo de concentraci\u00f3n para los presos jud\u00edos. El campo se dividi\u00f3 en Auschwitz I, que albergaba los campamentos de vigilancia y control, y Auschwitz-Birkenau II, donde se encontraban los campamentos de reclutamiento y los crematorios. Ambos estaban rodeados de una cerca que abarcaba 24 km. cuadrados, al oeste y sureste de la poblaci\u00f3n de Oswiecin. \u201cPara los seres humanos que fueron arrastrados en vagones de ganado a Auschwitz, este lugar s\u00f3lo puede simbolizar una ruptura total. Auschwitz significa el fin de la civilizaci\u00f3n, el fin del mundo, el fin de todo lo posible\u201d [12]. El que \u201cAuschwitz\u201d se haya constituido con el tiempo en el s\u00edmbolo por excelencia del fin de la civilizaci\u00f3n se debe en gran parte a la informaci\u00f3n que sali\u00f3 por primera vez a la luz p\u00fablica a trav\u00e9s de los juicios contra 24 vigilantes y operadores del campo de concentraci\u00f3n Auschwitz-Birkenau, que se llevaron a cabo en las salas R\u00f6mer del ayuntamiento de Frankfurt, entre 1963 y 1965. Un montaje period\u00edstico espectacular, cuyo antecedente fue el famoso juicio a Rudolf Eichmann en Jerusal\u00e9n, hizo posible que los alemanes y el mundo entero fueran testigos, por primera vez, del funcionamiento en detalle de la maquinaria de exterminio que fue este campo de concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Procedentes de varios pa\u00edses europeos llegaron a comparecer m\u00e1s de 300 testigos: jud\u00edos y presos pol\u00edticos sobrevivientes. El testimonio rendido por las v\u00edctimas constituye un documento invaluable, ya que abre las puertas a un conocimiento objetivo y detallado sobre Auschwitz. Lo que sucedi\u00f3 en los campos de concentraci\u00f3n dej\u00f3 de enfocarse bajo la perspectiva de otros tantos \u201ccr\u00edmenes de guerra\u201d, lo cual permiti\u00f3 que se tuviera conciencia de las proporciones reales y espantosas del genocidio. Por otra parte, el que los acusados en el proceso de 1965 fueran vigilantes, m\u00e9dicos y capataces, y no los creadores intelectuales de Auschwitz -muchos ya hab\u00edan muerto- es caracter\u00edstico de una estrategia de la pol\u00edtica oficial de los a\u00f1os sesenta: una vez m\u00e1s se trataba de escenificar un acto de justicia a trav\u00e9s de un gran foro jur\u00eddico penal. Sin embargo, por m\u00e1s que el juicio significara dirigir la atenci\u00f3n hacia el atormentante pasado, no quer\u00eda hacerse esc\u00e1ndalo en el presente, ya que muchos de los \u201cpeces gordos\u201d del nazismo estaban perfectamente reintegrados a la sociedad alemana en altos puestos de gobierno [13].<\/p>\n<p>El Proceso de Auschwitz dio origen a un debate sobre el significado pol\u00edtico del genocidio para el presente alem\u00e1n. El conflicto, al que s\u00f3lo podemos aludir brevemente, da cuenta de la dificultad de abrir una dimensi\u00f3n hist\u00f3rica al discurso de la identidad nacional. El presidente del tribunal, Hans Hofmeyer, representa la interpretaci\u00f3n oficial del proceso de Auschwitz. Hofmeyer estaba convencido de que no hab\u00eda que ver en \u00e9ste un proceso donde estuviera compareciendo ante la ley \u201ctoda una etapa de la historia alemana\u201d; se trataba \u00fanicamente de un proceso en el que determinados individuos estaban siendo juzgados por haber cometido, sin m\u00e1s, determinados delitos: \u201clos jueces de este tribunal no han sido convocados para &#8216;superar el pasado&#8217; alem\u00e1n. Si bien es cierto que el proceso ha llamado enormemente la atenci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras del pa\u00eds y ha obtenido el nombre de &#8216;Proceso de Auschwitz&#8217;, se delimita a ser \u00fanicamente un proceso penal\u201d [14]. Nadie protest\u00f3 m\u00e1s contra la tendencia a despojar el proceso de toda significaci\u00f3n pol\u00edtica e hist\u00f3rica que el fiscal Fritz Bauer, verdadero autor intelectual del proceso. Bauer opinaba que un proceso penal contra los operadores de Auschwitz ten\u00eda que abrir un espacio para una dimensi\u00f3n simb\u00f3lica: no s\u00f3lo hab\u00eda que ver a los acusados como individuos criminales, sino, sobre todo, como partes constitutivas de todo un sistema estatal que justificaba su existencia a trav\u00e9s de la eliminaci\u00f3n racional y sistem\u00e1tica de la poblaci\u00f3n jud\u00eda, por no hablar de los otros grupos de v\u00edctimas: presos pol\u00edticos, homosexuales, gitanos, enfermos mentales, etc\u00e9tera. El proceso ten\u00eda que hacer transparente el funcionamiento del criminal como parte del engranaje de la maquinaria de destrucci\u00f3n que fue el sistema entero del nacionalsocialismo. Las razones de Bauer para insistir en el car\u00e1cter pol\u00edtico del proceso no eran tanto reprochar a toda una naci\u00f3n la \u201cculpa\u201d de semejante pasado, sino superarlo en el sentido en el que Adorno lo hab\u00eda propuesto: con una intenci\u00f3n pedag\u00f3gica preventiva para que Auschwitz no fuera a repetirse [15]. Mientras que la pol\u00edtica se debat\u00eda entre interpretaciones sobre del significado que hab\u00eda que dar al proceso de Auschwitz para el presente, fueron en realidad los intelectuales y artistas quienes impulsaron discursos y foros de discusi\u00f3n cr\u00edtica en torno al genocidio. En estos c\u00edrculos, comenz\u00f3 a surgir la concepci\u00f3n de Auschwitz como s\u00edmbolo del \u201crompimento civilizatorio\u201d y la barbarie en el coraz\u00f3n de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La pesquisa, una dramatizaci\u00f3n del Proceso de Auschwitz<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del ejemplo que el dramaturgo alem\u00e1n Peter Weiss brinda con su obra teatral La pesquisa, constatamos la verdad contenida en la afirmaci\u00f3n de Anna Sa&#8217;adah: \u201cmientras que las estrategias institucionales se preocupan m\u00e1s por guardar principios de orden, las estrategias culturales tienden a tomar m\u00e1s en cuenta a las v\u00edctimas de una injusticia\u201d [16].<\/p>\n<p>En 1946, Peter Weiss hab\u00eda sido espectador de los procesos que se llevaban en Frankfurt. Como artista comprometido, estaba convencido de que nada de lo declarado en los juicios pod\u00eda clausurarse en el presente como un pasado pasado; por el contrario, hab\u00eda que ocuparse una y otra vez de Auschwitz y los testimonios de los sobrevivientes; \u00e9sta era la responsabilidad moral del artista: \u201cs\u00f3lo a trav\u00e9s del arte como acto moral, el artista puede recuperar algo del pasado en el presente\u201d [17]. El \u201cteatro documental\u201d, tal y como Weiss designa su trabajo, pretende ser un instrumento formativo de una opini\u00f3n cr\u00edtica dirigida al presente a trav\u00e9s de un tema pol\u00edtico escenificable [18].<\/p>\n<p>Las declaraciones de acusados y testigos, la revisi\u00f3n de las actas y protocolos de cada sesi\u00f3n del proceso, la investigaci\u00f3n sobre las v\u00edctimas en las interminables listas de defunci\u00f3n, la revisi\u00f3n, en fin, del campo de concentraci\u00f3n Auschwitz como el n\u00facleo del terror organizado, integra el conjunto del material del que se sirvi\u00f3 Weiss para elaborar un drama que representa sobriamente el tribunal que juzga a los operadores de Auschwitz. El teatro se convierte, de esta suerte, en el verdadero foro de di\u00e1logo, provocaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n con el p\u00fablico, dando un lugar a la dimensi\u00f3n pol\u00edtica y simb\u00f3lica que el juez Hofmeyer exclu\u00eda del proceso real que ocurr\u00eda al mismo tiempo en Frankfurt.<\/p>\n<p>La pesquisa fue montada simult\u00e1neamente en 15 ciudades de Alemania. A mediados de los sesenta, no s\u00f3lo sirvi\u00f3 como un documento pol\u00edtico esclarecedor -en virtud de su car\u00e1cter realista-, sino que, al ser una representaci\u00f3n art\u00edstica de \u201cAuschwitz\u201d, origin\u00f3 un nuevo problema que, con el tiempo, se ramific\u00f3 en varias cuestiones: \u00bfes representable \u201cAuschwitz\u201d est\u00e9ticamente?, \u00bfno est\u00e1 banaliz\u00e1ndose el genocidio y, as\u00ed, renunci\u00e1ndose a la seriedad moral que se merece?, \u00bfno estamos ante el peligro de hacer del crimen alem\u00e1n, m\u00e1s que un lugar de discusi\u00f3n cr\u00edtica, una industria comercial?<\/p>\n<p>Las bases para que en poco m\u00e1s de un decenio se diera un boom mundial del holocausto ya estaban puestas, pero tambi\u00e9n estaban ah\u00ed para iniciar una investigaci\u00f3n m\u00e1s diferenciada en la historiograf\u00eda y, finalmente, para que naciera la cultura oficial de la memoria.<\/p>\n<p>El Holocausto entre escenarios est\u00e9ticos<\/p>\n<p>El surgimiento del \u201cHolocausto\u201d a trav\u00e9s de la imagen televisiva<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda, conocemos varios nombres que designan el genocidio alem\u00e1n. Los t\u00e9rminos m\u00e1s usuales son \u201cshoah\u201d, \u201cAuschwitz\u201d y \u201cholocausto\u201d. Shoah es un t\u00e9rmino teol\u00f3gico de origen hebreo que se traduce como \u201cdesesperaci\u00f3n en la historia de exilio y sufrimiento del pueblo jud\u00edo\u201d19; mientras tanto, \u201cAuschwitz\u201d es la traducci\u00f3n en alem\u00e1n de la poblaci\u00f3n Oswiecin en Polonia, lugar del campo de concentraci\u00f3n Auschwitz-Birkenau; finalmente, el concepto ingl\u00e9s holocaust (holocausto en espa\u00f1ol) es un derivado del griego hol\u00f3kaustus, y remite a la v\u00edctima incinerada en un sacrificio religioso. Aunque todos estos nombres se refieren al mismo suceso hist\u00f3rico, nuestro discurso aparecer\u00e1 contextualizado en un determinado horizonte de significados (pol\u00edticos, hist\u00f3ricos, religiosos, etc\u00e9tera), seg\u00fan el nombre que usemos. La relaci\u00f3n entre el acto de nombrar y el genocidio alem\u00e1n como hecho hist\u00f3rico ha sido objeto del an\u00e1lisis de James E. Young, estudioso del juda\u00edsmo, en su brillante ensayo \u201cWriting and Rewriting the Holocaust\u201d. El acto de nombrar, escribe Young, es el primer paso hermen\u00e9utico que damos en torno a un suceso hist\u00f3rico. Los nombres no descubren en primer lugar un qu\u00e9 hist\u00f3rico, sino un c\u00f3mo \u201cnarrativo\u201d: de acuerdo con qu\u00e9 intereses, con qu\u00e9 mitos fundantes, en funci\u00f3n de qu\u00e9 ideolog\u00edas nacionales, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Que en Israel, por ejemplo, se use desde tiempos del nazismo el concepto de \u201cshoah\u201d obedece a un inter\u00e9s predominantemente pol\u00edtico: en este t\u00e9rmino de origen b\u00edblico el sionismo fundacional encontraba las resonancias teol\u00f3gicas necesarias que legitimaban la ocupaci\u00f3n de Palestina: nada justificaba mejor que la shoah la necesidad de fundar un Estado propio como soluci\u00f3n a la di\u00e1spora; la shoah se enfocaba, as\u00ed, como la \u00faltima fase en la historia de persecuci\u00f3n del pueblo de Abraham. Independientemente de que cada nombre sea usado en determinados contextos y de acuerdo con determinados intereses, existe un t\u00e9rmino con el que designamos inequ\u00edvoca y universalmente, desde finales de los a\u00f1os setenta, el genocidio alem\u00e1n: holocausto. Resulta interesante acercarse al momento en que esta palabra de origen griego se convierti\u00f3 en la designaci\u00f3n universal del genocidio.<\/p>\n<p>En 1978, se transmiti\u00f3 por televisi\u00f3n en varios pa\u00edses del mundo una serie estadounidense, Holocaust. Se trataba de la historia ficticia de una familia jud\u00eda v\u00edctima del genocidio alem\u00e1n. La miniserie fue transmitida en Estados Unidos en cuatro tardes consecutivas; la audiencia de casi cien millones de espectadores prueba ampliamente el rotundo \u00e9xito de los episodios en ese pa\u00eds. En Alemania, con unos 15 millones de espectadores, su \u00e9xito fue igual de significativo. La configuraci\u00f3n realista de la serie y el alt\u00edsimo \u00edndice de audiencia fueron precisamente los factores que determinaron el nombre de \u201cHolocausto\u201d para el genocidio. Desde los tiempos de la serie, todo el mundo tiene al menos una vaga noci\u00f3n de lo que pas\u00f3 -y c\u00f3mo fue que pas\u00f3- en los campos de concentraci\u00f3n alemanes. Peter Novick escribe que en esas siete horas televisivas (el tiempo total de duraci\u00f3n de la serie) los estadounidenses obtuvieron m\u00e1s informaci\u00f3n sobre el \u201cHolocausto\u201d que en los treinta a\u00f1os precedentes; una informaci\u00f3n, por cierto, confeccionada a trav\u00e9s de highlights hist\u00f3ricos que ofrecen una visi\u00f3n panor\u00e1mica de la historia de los jud\u00edos en la Alemania nazi: el a\u00f1o en el que fueron sancionadas las leyes de N\u00faremberg, la \u201cNoche de los cristales rotos\u201d, la Conferencia de Wannsee en la que se decidi\u00f3 la \u201cSoluci\u00f3n final\u201d, el levantamiento del ghetto de Varsovia y, finalmente, el terror en diversos campos de concentraci\u00f3n: Buchenwald, Theresienstadt y Auschwitz [20].<\/p>\n<p>No resulta exagerada la afirmaci\u00f3n de Levy y Sznaider de que \u201cdel Holocausto surgi\u00f3 el Holocausto\u201d, es decir, que un producto medi\u00e1tico configur\u00f3 nuestro saber sobre el genocidio. Sin embargo, habr\u00eda que decir con estos autores que, si bien la americanizaci\u00f3n del holocausto,;como se llama a este fen\u00f3meno de mercado que empez\u00f3 en Estados Unidos, ofrece una versi\u00f3n muy tipificada y \u201cdisneyl\u00e1ndica\u201d del genocidio, no implica la muerte de toda discusi\u00f3n productiva. Finalmente, no podemos abstraernos en la modernidad de la \u201creproducibilidad t\u00e9cnica\u201d (Walter Benjamin) en tanto una mediaci\u00f3n constitutiva de toda producci\u00f3n cultural. La aparici\u00f3n de la serie Holocaust no fue, ni siquiera en el momento de su transmisi\u00f3n, en 1978, un mero entretenimiento televisivo. Muy por el contrario, fue la gota que activ\u00f3 discusiones a nivel mundial sobre las formas v\u00e1lidas de representar y escenificar el pasado criminal alem\u00e1n, sobre todo tomando en cuenta que se trataba ya de historia para las generaciones j\u00f3venes de los a\u00f1os setenta.<\/p>\n<p>Ciertamente, ya se sab\u00eda mucho sobre el genocidio y lo que hab\u00eda sucedido en los campos de concentraci\u00f3n. Sin embargo, toda investigaci\u00f3n se limitaba a los estrechos c\u00edrculos del saber especializado y, cuando mucho, en la esfera privada interesaba a los supervivientes o descendientes de los afectados. Las expresiones pol\u00edticas y art\u00edsticas como los procesos penales, el cine documental, el teatro de Peter Weiss, la poes\u00eda de Paul Celan, no ten\u00edan repercusiones en el \u00e1mbito del saber popular. S\u00f3lo con la emisi\u00f3n de la serie el tema alcanz\u00f3 a grandes sectores de la sociedad alemana: se discut\u00eda en las escuelas, en la comunidad jud\u00edo-alemana y en las universidades; era objeto de debate en la televisi\u00f3n y en revistas populares. Un periodista alem\u00e1n escribi\u00f3: \u201cpor primera vez, y gracias a Holocaust, la gran mayor\u00eda de la naci\u00f3n sabe lo que se esconde detr\u00e1s de la horrenda pero poco alusiva f\u00f3rmula burocr\u00e1tica de &#8216;Soluci\u00f3n final de la cuesti\u00f3n jud\u00eda&#8217;. Esto es as\u00ed gracias a que los cineastas estadounidenses tuvieron el valor de liberarse del imperativo paralizador de que el genocidio es irrepresentable\u201d [21].<\/p>\n<p>El periodista se refiere impl\u00edcita pero claramente al dictum de Adorno: \u201cdespu\u00e9s de Auschwitz escribir un poema es un acto de barbarie\u201d [22]. Aunque esta frase disuasoria de representar Auschwitz est\u00e9ticamente haya tenido significado s\u00f3lo en el contexto de la cr\u00edtica cultural adorniana, en Alemania se hab\u00eda convertido en una especie de imperativo moral respecto a lo que es permitido representar al arte, tomando en cuenta que el objeto a estetizar es \u201cAuschwitz\u201d. Para muchos, Auschwitz ten\u00eda que representarse como s\u00edmbolo de lo irrepresentable. La serie Holocaust logr\u00f3 liberar a la sociedad de la prohibici\u00f3n de representar popularmente el genocidio. Ello desencaden\u00f3 tanto una comercializaci\u00f3n extrema del tema como una extensa conciencia social respecto al pasado criminal alem\u00e1n.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os ochenta, una vez que el holocausto formaba parte del saber popular, comenzaron a surgir discursos inconcebibles a\u00f1os atr\u00e1s: se investigar\u00edan a fondo casos particulares, se publicar\u00eda literatura testimonial y memorias de supervivientes, se filmar\u00edan videos caseros de cierta difusi\u00f3n comercial, se fundar\u00edan organizaciones civiles de apoyo terap\u00e9utico para los afectados y sus descendientes, entre otras actividades. En 1993, se estren\u00f3 de nuevo una pel\u00edcula estadounidense sobre el \u201cHolocausto\u201d, La lista de Schindler, de Steven Spielberg. En esta ocasi\u00f3n, se trataba de la historia real del empresario nazi Oskar Schindler, que salv\u00f3 la vida de m\u00e1s de mil jud\u00edos. No obstante el car\u00e1cter pedag\u00f3gico de esta pel\u00edcula, el genocidio se enfoca desde una perspectiva bastante provocativa: Spielberg no ubica en el centro del filme la matanza de los jud\u00edos, sino la salvaci\u00f3n de mil cien jud\u00edos por un nazi de buenas intenciones. La pel\u00edcula se discute por todas partes; sin embargo, pertenece a una \u00e9poca en la que, a fuerza de su explotaci\u00f3n comercial, el holocausto comenzaba a causar hast\u00edo. En la Alemania reunificada de los a\u00f1os noventa, la prohibici\u00f3n de Adorno de representar Auschwitz parece estar definitivamente superada. No s\u00f3lo se ha convertido en un topus popular, sino que ser\u00e1 parte constitutiva de una pol\u00edtica estatal cada vez m\u00e1s consciente del peso del pasado en la narrativa nacional.<\/p>\n<p>La puesta en escena oficial: cultura de la memoria y sus escenarios pol\u00edticos<\/p>\n<p>Al reflexionar sobre la exposici\u00f3n \u201cHolocausto, sus monumentos y formas de memoria\u201d, James E. Young se\u00f1ala un momento caracter\u00edstico en la constituci\u00f3n de la memoria colectiva: \u201centre m\u00e1s se aleja de nosotros en el tiempo el holocausto, m\u00e1s se acercan al primer plano sus monumentos y museos\u201d [23]. Sin duda, el tiempo es un factor esencial en la configuraci\u00f3n de la memoria hist\u00f3rica de un pueblo. As\u00ed como en la vejez surgen los mejores recuerdos de la remota infancia, los pueblos obtienen las representaciones del pasado m\u00e1s n\u00edtidas entre m\u00e1s se alejan de \u00e9ste. Por esta raz\u00f3n, no debe extra\u00f1arnos que en los \u00faltimos decenios del siglo veinte, el genocidio se haya convertido en objeto de toda suerte de discursos estatales a nivel mundial. Museos y monumentos se multiplican en todos los pa\u00edses afectados por el nazismo; incluso, los mismos monumentos son ya tema de exposiciones. \u201cEl problema de la conciencia del holocausto en los ochenta y noventa, escribe Andreas Huyssen, no era ni es el olvido, sino m\u00e1s bien su omnipresencia, el exceso de s\u00edmbolos del holocuasto en nuestra cultura; la fascinaci\u00f3n del fascismo en la literatura, en el cine y en los monumentos p\u00fablicos\u201d [24].<\/p>\n<p>Hay que decir, sin embargo, que la omnipresencia \u201choloc\u00e1ustica\u201d en monumentos y museos no se explica s\u00f3lo por la natural distancia hist\u00f3rica y la obsesi\u00f3n por retener el pasado: los monumentos estatales constituyen un momento importante de la escenificaci\u00f3n simb\u00f3lica de la pol\u00edtica. Una excesiva escenificaci\u00f3n del pasado podr\u00eda ser -contradictoriamente- una estrategia pol\u00edtica para suprimirlo o, bien, para originar una vivencia estetizante descartando la posibilidad y el riesgo que implica la sobriedad de una conciencia cr\u00edtica hist\u00f3rica. En s\u00edntesis, toda conmemoraci\u00f3n oficial del pasado es tambi\u00e9n significativa porque representa intenciones e intereses pol\u00edticos que pertenecen al presente.<\/p>\n<p>El ejemplo m\u00e1s sobresaliente desde el aspecto de una pol\u00edtica simb\u00f3lica nacional es el Holocaust Memorial Museum, inaugurado en 1993, en Washington, D. C. Desde su ubicaci\u00f3n, podemos empezar a descifrar el significado pol\u00edtico de este museo dentro del discurso nacional estadounidense: se encuentra en la zona de los museos y monumentos m\u00e1s representativos de esa ciudad, frente al Capitolio y al Jefferson Memorial, a una cuadra del National Mall y muy cercano al complejo del Instituto Smithsonian, que contiene un conjunto importante de museos. Junto con su archivo y biblioteca, constituye el centro de investigaci\u00f3n e informaci\u00f3n sobre el genocidio alem\u00e1n m\u00e1s importante de Estados Unidos. Seg\u00fan leemos en su cat\u00e1logo, el memorial fue construido \u201ccomo un componente importante de los museos de la historia americana\u201d. Sin embargo, cuanto m\u00e1s sobresale este museo por sus dimensiones extraordinarias y por la sem\u00e1ntica nacional que implica, tanto m\u00e1s urgente se hace tratar de responder a la pregunta con la que James E. Young abre su estudio sobre la escenificaci\u00f3n del holocausto en Estados Unidos: \u201c\u00bfqu\u00e9 significado tiene un museo nacional del holocausto, en un pa\u00eds tan lejano y tan ajeno al lugar de los hechos?\u201d [25]. El mismo cat\u00e1logo nos da la respuesta: \u201cel Memorial Museum no s\u00f3lo refleja el evento hist\u00f3rico del holocausto, sus v\u00edctimas y perpetradores, sino tambi\u00e9n la historia de los testigos, salvadores y liberadores de los KZ\u201d.<\/p>\n<p>Leamos entre l\u00edneas: este museo no se interesa tanto por documentar la historia alemana en s\u00ed, sino por representar al ej\u00e9rcito estadounidense como redentor del terror nazi. En efecto, fueron las tropas estadounidenses las que abrieron las puertas de los campos de concentraci\u00f3n de Dachau y Buchenwald; adem\u00e1s, esta naci\u00f3n se convirti\u00f3 en uno de los pa\u00edses m\u00e1s importantes de la emigraci\u00f3n europea y en un lugar seguro para los jud\u00edos que lograron huir del nazismo. Es \u00e9sta precisamente la perspectiva que pretende resaltar el Memorial, proyectando hacia el presente, como escribe Young, los valores que fundan la identidad nacional estadounidense: la libertad y la posibilidad de una sociedad democr\u00e1tica y enemiga del racismo.<\/p>\n<p>Sin embargo, representar los ideales estadounidenses en un fragmento de historia alemana bien puede ser una h\u00e1bil estrategia para ocultar la propia historia y sus cr\u00edmenes. En su debatido libro, La industria del Holocausto, Norman Finkelstein pregunta: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 ocuparse de la historia de los alemanes y no as\u00ed de los &#8216;cap\u00edtulos m\u00e1s oscuros&#8217; de la propia historia?\u201d [26] La respuesta no se deja esperar: la memoria colectiva nacional se construye a partir de hechos heroicos, sacrificando necesariamente el discurso de las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>El caso de Alemania no necesita mayor justificaci\u00f3n en su \u00edmpetu por establecer monumentos y museos; nos encontramos en el lugar de los hechos, en la naci\u00f3n a la que pertenecieron los responsables del genocidio. Mucho antes de que se diera el boom mundial del holocausto, exist\u00eda en Alemania una tradici\u00f3n de monumentos p\u00fablicos, sobre todo en la antigua Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana. Claro, el significado pol\u00edtico de los Gedenkst\u00e4tte, o sea, los recintos del recuerdo, ha ido cambiando a lo largo de los a\u00f1os, seg\u00fan el discurso de la pol\u00edtica oficial. Pl\u00f6tzensee y Sachsenhausen, como dos Gedenkst\u00e4tte sobresalientes de la Alemania socialista, ten\u00edan poco inter\u00e9s por subrayar en su museograf\u00eda que las v\u00edctimas hubieran sido jud\u00edos, homosexuales o gitanos e intentaban, m\u00e1s bien, guiar la atenci\u00f3n hacia el triunfo del socialismo como superaci\u00f3n del fascismo.<\/p>\n<p>S\u00f3lo hasta en los a\u00f1os ochenta los monumentos obtuvieron un papel fundamental en la pol\u00edtica estatal alemana, concretamente, en la pol\u00edtica hist\u00f3rica impulsada por el canciller de Alemania occidental, Helmut Kohl. Si tomamos en cuenta que las conmemoraciones p\u00fablicas se interesan por fortalecer la identidad nacional, escenificando orgullosamente el pasado colectivo, podemos imaginar por qu\u00e9 ha sido tan problem\u00e1tica la creaci\u00f3n de una memoria nacional hist\u00f3rica. Los franceses, por ejemplo, fundan su identidad hist\u00f3rica en una mitificaci\u00f3n extrema de la Revoluci\u00f3n Francesa, de la misma manera en que los rusos lo hacen basados en la Revoluci\u00f3n Bolchevique o los mexicanos en la Revoluci\u00f3n de 1910. El caso de Alemania no es muy afortunado en este sentido, puesto que el genocidio significa para toda posteridad una ruptura radical en la historia heroica.<\/p>\n<p>Uno de los intereses de la pol\u00edtica cultural de Helmut Kohl fue fomentar una visi\u00f3n del pasado en la que el genocidio se volviera relativo, recordar esta etapa como un momento oscuro, s\u00ed, pero tambi\u00e9n como un momento entre otros m\u00e1s heroicos de la historia alemana; si de alguna manera hab\u00eda que rendir culto a las v\u00edctimas, hab\u00eda que incluir a todas las v\u00edctimas, incluyendo en esa categor\u00eda a los soldados alemanes y a los soldados de la SS. El tema est\u00e1, desde entonces, en el aire: \u00bfqu\u00e9 valor puede otorgarse al pasado nazi en la totalidad de la historia alemana?<\/p>\n<p>En Alemania, como en ninguna otra parte del mundo, cada monumento, cada recinto del recuerdo, cada placa conmemorativa, es objeto de infinitas discusiones p\u00fablicas y debates intelectuales. Bien se\u00f1ala Young que se trata de la memoria de una naci\u00f3n que se encuentra frente a la dif\u00edcil tarea de levantar un nuevo Estado sobre la base del recuerdo de sus terribles cr\u00edmenes. Hay que echar finalmente una mirada a la m\u00e1s grande discusi\u00f3n en torno a la representaci\u00f3n estatal del genocidio. Un desgarrante debate de diez a\u00f1os refleja la lucha en la Alemania reunificada por poseer un discurso viable del pasado nazi. Este debate desemboca en la construcci\u00f3n del monumento nacional en memoria del genocidio, el momento cumbre en la canonizaci\u00f3n estatal del pasado.<\/p>\n<p>El escenario nacional, un monumento a los jud\u00edos<\/p>\n<p>A 500 metros de distancia del Reichstag y casi en colindancia con la Puerta de Brandenburgo, en una superficie ocupada en la \u00e9poca nazi por la villa de Joseph Goebbels, nos topamos hoy en d\u00eda con un terreno cercado de 19 mil metros cuadrados. A trav\u00e9s de la cerca, puede verse material de construcci\u00f3n disperso y unos cuantos bloques de cemento. A principios de 2005, seg\u00fan las estimaciones actuales, Alemania tendr\u00e1 un monumento nacional dedicado a los jud\u00edos v\u00edctimas del genocidio. Dos mil 700 bloques de cemento de diferente altura constituir\u00e1n art\u00edsticamente un campo de estelas a trav\u00e9s del cual el visitante podr\u00e1 pasear y, seg\u00fan la intenci\u00f3n, recordar a las v\u00edctimas jud\u00edas del nacionalsocialismo.<\/p>\n<p>En 1999, se decidi\u00f3 por mayor\u00eda parlamentaria la construcci\u00f3n del \u201cMonumento a los Jud\u00edos Europeos Asesinados\u201d. El monumento ser\u00e1 construido de acuerdo con el proyecto del arquitecto neoyorquino Peter Eisenmann y contar\u00e1 con un centro de informaci\u00f3n en el s\u00f3tano. La construcci\u00f3n, que costar\u00e1 en total 27 millones de euros, corre a cargo del Estado. A pesar de ello, el grupo encargado de la promoci\u00f3n y realizaci\u00f3n del proyecto considera importante que los ciudadanos alemanes hagan donaciones de apoyo, para impulsar su participaci\u00f3n activa en la realizaci\u00f3n del monumento. Hace poco tiempo se contrat\u00f3 a la modelo Claudia Schiffer para realizar una campa\u00f1a televisiva de recaudaci\u00f3n de fondos.<\/p>\n<p>Una desgarrante discusi\u00f3n precedi\u00f3 al permiso concedido por el Parlamento para construir semejante obra en el coraz\u00f3n del pa\u00eds, Berl\u00edn. Todo comenz\u00f3 en 1989, poco antes de la ca\u00edda del Muro. Un grupo independiente de periodistas argument\u00f3 que, a pesar de los llamados Gedenkst\u00e4tte, no hay, precisamente en el pa\u00eds de los actores responsables, un monumento nacional en memoria de las v\u00edctimas jud\u00edas. Este grupo promotor se gan\u00f3 el favor de Helmut Kohl a principios de los noventa: sin embargo, surgieron una y otra vez obst\u00e1culos que imped\u00edan el permiso de construcci\u00f3n. Las discusiones abordaron numerosos aspectos del asunto: qui\u00e9nes deben financiar semejante obra, las cuestiones est\u00e9ticas en torno a la representabilidad de \u201cAuschwitz\u201d, \u201cla monumentalidad\u201d nazi que podr\u00eda reflejar positivamente este monumento y la idea de que los estadounidenses e israelitas tienen ya monumentos insuperables, por enumerar s\u00f3lo algunas.<\/p>\n<p>Al ser por definici\u00f3n un s\u00edmbolo glorificador de una naci\u00f3n, de sus guerras y sus victorias, el monumento tendr\u00eda que interpretarse en este caso como una especie de \u201cantimonumento\u201d, a trav\u00e9s del cual la naci\u00f3n muestra sus propios cr\u00edmenes. Sin embargo, hay muchas formas de interpretar una escenificaci\u00f3n oficial de la historia. Sybille Quack, miembro del grupo encargado de la construcci\u00f3n, subraya la \u201cdimensi\u00f3n futura\u201d como la \u00faltima raz\u00f3n de llevar el discurso de las v\u00edctimas a las p\u00e1ginas de la narraci\u00f3n nacional: \u201ccon este monumento integramos la memoria del holocausto y el duelo por las v\u00edctimas en nuestra historia nacional y mostramos as\u00ed nuestra responsabilidad futura\u201d [27]. La opini\u00f3n de Quack se\u00f1ala precisamente los intereses pol\u00edticos actuales como una dimensi\u00f3n que no puede suprimirse de toda escenificaci\u00f3n nacional del pasado. El monumento nacional a las v\u00edctimas del genocidio tiene que significar m\u00e1s que un mero recinto de luto humano, abrir una dimensi\u00f3n hacia el futuro en tanto vistosa advertencia de los peligros que traen consigo los prejuicios raciales, la discriminaci\u00f3n por religi\u00f3n, origen, etc\u00e9tera. Sin embargo, precisamente en este punto, el grupo promotor refleja una pol\u00edtica separatista y jerarquizante: el monumento debe representar s\u00f3lo a los jud\u00edos asesinados, con exclusi\u00f3n de todos los dem\u00e1s grupos que fueron v\u00edctimas del nacionalsocialismo.<\/p>\n<p>Los pros y los contras de un monumento \u201csingular\u201d<\/p>\n<p>El profesor israel\u00ed Yehuda Bauer, reconocida autoridad mundial en la investigaci\u00f3n del genocidio nazi, sostiene que el exterminio de los jud\u00edos es incomparable a cualquier otro genocidio: \u00bfpor qu\u00e9 es la Shoah, afirma Bauer, m\u00e1s especial que el genocidio de los armenios, la matanza de los Tutsi en Ruanda, del pueblo bosnio en Yugoslavia o de los indios de Norteam\u00e9rica? Bauer argumenta que por primera vez en la historia fueron condenados a muerte seres humanos por la simple raz\u00f3n de haber nacido. En otros genocidios, las razones han sido reales, s\u00f3lo en la Shoah se trata de motivos ideol\u00f3gicos, fant\u00e1sticos. El discurso del profesor Bauer tuvo lugar en el Parlamento alem\u00e1n, en 1998, poco antes de que se votara a favor de la construcci\u00f3n del monumento. As\u00ed contextualizado, puede verse que Bauer toma posici\u00f3n por un monumento en el que s\u00f3lo sean recordados los jud\u00edos como grupo espec\u00edfico de v\u00edctimas. Bauer ignora que los comunistas, los homosexuales, los gitanos, los testigos de Jehov\u00e1 y los minusv\u00e1lidos tambi\u00e9n fueron asesinados por razones ideol\u00f3gicas y supone impl\u00edcitamente que la discriminaci\u00f3n a homosexuales, por mencionar un grupo, es una raz\u00f3n real, mientras que el antisemitismo es una raz\u00f3n fant\u00e1stica.<\/p>\n<p>Con certeza, el problema m\u00e1s delicado de todas las cuestiones que imped\u00eda la construcci\u00f3n del monumento era la cuesti\u00f3n de la exclusividad. No ha de asombrar que la insistencia del grupo promotor para erigir un monumento s\u00f3lo a los jud\u00edos haya suscitado la indignaci\u00f3n de muchos intelectuales, periodistas y pol\u00edticos; este monumento no puede tratarse de un recinto m\u00e1s del recuerdo, sino de la representaci\u00f3n nacional, la \u00faltima palabra de Alemania como naci\u00f3n respecto al momento m\u00e1s oscuro de su historia. La mayor parte de los grupos de v\u00edctimas han de quedar excluidos de este discurso. A la ideolog\u00eda de la exclusividad se opuso sobre todo Romano Rose, el representante de los sinti y los roma (gitanos) en Alemania. Rose arg\u00fc\u00eda que lo que distingue al holocausto es el car\u00e1cter de v\u00edctima y no as\u00ed de pertenecer a determinada identidad cultural; \u201cla postura del grupo promotor significa jerarquizar v\u00edctimas; el holocausto contiene tambi\u00e9n el asesinato de 500 mil sinti y roma\u201d [28]. Por otra parte, Ignatz Bubis, en ese entonces director del Consejo Jud\u00edo Alem\u00e1n, estaba de acuerdo en que se erigiera tambi\u00e9n un monumento a los sinti y los roma, pero, dec\u00eda Bubis, \u00e9ste no deb\u00eda estar vinculado de ninguna suerte con el Monumento Nacional a los Jud\u00edos. As\u00ed se mov\u00eda el p\u00e9ndulo entre la defensa de los unos por un \u00fanico grupo de v\u00edctimas y la indignaci\u00f3n de los otros por la exclusi\u00f3n de todos los grupos que deb\u00edan ser representados en las p\u00e1ginas esc\u00e9nicas del pasado nacional.<\/p>\n<p>Hay que decirlo abiertamente; algo de ofensivo hay en la insistencia de la singularidad de los jud\u00edos como grupo de v\u00edctimas y, en consecuencia, en la exclusividad del monumento nacional. Parecer\u00eda ser que el resto de las v\u00edctimas es de segunda categor\u00eda, que su dolor no es comparable al dolor de los jud\u00edos. Sin embargo, hablar de singularidad es estrat\u00e9gicamente atractivo: elige, compara, jerarquiza, eleva un grupo al pelda\u00f1o m\u00e1s alto. Como bien se\u00f1ala Peter Novick, la singularidad hist\u00f3rica es una categor\u00eda meramente cuantitativa, vac\u00eda de por s\u00ed, si tomamos en cuenta que todo suceso hist\u00f3rico es singular. En Estados Unidos se discut\u00eda si en Bosnia se trataba \u201cde un holocausto en realidad o s\u00f3lo de un genocidio\u201d [29]. Para muchos, en Bosnia se hab\u00eda llevado a cabo un genocidio y con ello se atribu\u00eda impl\u00edcitamente una importancia menor en comparaci\u00f3n con el holocausto. El d\u00eda de la conmemoraci\u00f3n oficial de la Shoah en Israel, en 1999, el primer ministro Benjam\u00edn Netanjahu subray\u00f3 que los sucesos en Kosovo no fueron comparables a las monstruosidades del holocausto alem\u00e1n [30].<\/p>\n<p>Ciertamente, la singularidad del genocidio reside en eso que se ha llamado \u201cruptura civilizatoria\u201d y no as\u00ed en que un grupo de seres humanos haya sido el grupo mayoritario de v\u00edctimas de los nazis. Daniel Goldhagen nos recuerda el sentido, al menos ideal de escenificar el pasado nacional en la memoria: \u201csi una sociedad se interesa por la justicia, entonces debe honrar la memoria de aqu\u00e9llos que fueron perseguidos&#8230; \u00bfmerece un grupo de v\u00edctimas en virtud de su dolor un monumento m\u00e1s significativo que otro grupo?\u201d [31]. Si nos las habemos en el caso alem\u00e1n con un \u201cantimonumento\u201d, el mejor significado que \u00e9ste puede tener es llamar la atenci\u00f3n para el presente y el futuro a trav\u00e9s de la memoria de todas las v\u00edctimas discriminadas y asesinadas por razones arbitrarias. Por desgracia, este fin es irrealizable en la medida en que resulta discriminada la mayor\u00eda de los grupos de v\u00edctimas. El Monumento Nacional a los Jud\u00edos Europeos Asesinados, cumbre del dif\u00edcil y doloroso proceso de la memoria del genocidio en Alemania, lleva en su esencia este fracaso.<\/p>\n<p>La historia de la representaci\u00f3n del genocidio alem\u00e1n se constituye como momento fundamental de la historia pol\u00edtica de Alemania. En las inmediaciones de la guerra, no pod\u00eda haber una conciencia clara de lo que fue el genocidio en todas sus significaciones; una \u201cculpa ordenada\u201d, manifiesta a trav\u00e9s de tribunales militares y medidas radicales de desnazificaci\u00f3n, parec\u00eda ser la \u00fanica forma de \u201csuperar el pasado\u201d. S\u00f3lo con el tiempo, los alemanes han tomado conciencia de que las estrategias jur\u00eddicas poco o nada redimen del pasado. El genocidio toma la palabra permanentemente, decenio tras decenio, ya sea en el silencio convertido en tab\u00fa, en la amnesia colectiva producto del bienestar econ\u00f3mico o en la popularizaci\u00f3n mundial del \u201cholocausto\u201d. Esta historia alcanza su punto culminante en el momento en que la naci\u00f3n escenifica monumentalmente su propio crimen y se solidariza de esta suerte con las que fueron sus propias v\u00edctimas. La Alemania del siglo XXI ha logrado integrar a su narrativa nacional el discurso de las v\u00edctimas, es decir, ha logrado tomar distancia de la identidad de \u201clos actores responsables\u201d de Auschwitz.<\/p>\n<p>La escenificaci\u00f3n del pasado fracasa \u00e9ticamente si el Monumento Nacional refuerza en primer t\u00e9rmino la conciencia del otro como \u201cel otro excluido\u201d, \u201cel extranjero\u201d, el \u201cno-alem\u00e1n\u201d. El recuerdo, en t\u00e9rminos de luto, es productivo s\u00f3lo si existe una solidaridad con las v\u00edctimas en tanto que v\u00edctimas y no en tanto que grupo espec\u00edfico de v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Para algunos, el Monumento a los Jud\u00edos Europeos Asesinados no significa tanto un acto de solidaridad con las v\u00edctimas sino el \u00faltimo pelda\u00f1o en la \u201cmonumentalizaci\u00f3n de la verg\u00fcenza alemana\u201d; refleja la \u201cincansable necesidad de ritualizar e instrumentalizar el pasado\u201d (Martin Walser). En realidad, siempre ha existido una instrumentalizaci\u00f3n de \u201cAuschwitz\u201d; es parte constitutiva de la memoria colectiva el se\u00f1alar intereses del presente a trav\u00e9s de la escenificaci\u00f3n del pasado. Sin embargo, el sentido del recuerdo y de una pol\u00edtica de la memoria no tiene que reducirse necesariamente a la mera instrumentalizaci\u00f3n. Tambi\u00e9n en el espacio de la pol\u00edtica oficial puede abrirse una dimensi\u00f3n, al menos ideal, en la que encuentre un reflejo el imperativo \u00e9tico de \u201cun mundo mejor y m\u00e1s justo\u201d, al ser este imperativo la justificaci\u00f3n profunda de la escenificaci\u00f3n del pasado alem\u00e1n. Ya sean los Gedenkst\u00e4tte, los museos sobre el holocausto e, incluso, el Monumento Nacional, deben tener la funci\u00f3n que Kafka atribu\u00eda a la literatura: \u201cun libro debe ser el hacha para el mar congelado en nosotros\u201d. S\u00f3lo en la medida en que el pasado criminal alem\u00e1n dialogue con los problemas sociales del presente (por ejemplo, el racismo y sus expresiones en sociedades multiculturales), cumplir\u00e1 con la funci\u00f3n del imperativo \u00e9tico de la justicia y podr\u00e1 hablarse de un aspecto productivo de la pol\u00edtica nacional de la memoria.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1 La Alemania socialista se desentendi\u00f3 r\u00e1pidamente de toda confrontaci\u00f3n cr\u00edtica en torno al pasado nazi. El argumento principal que justific\u00f3 una pol\u00edtica de \u201colvido del pasado\u201d fue el siguiente: el fascismo es indisociable del capitalismo; una vez superado este \u00faltimo por el socialismo, tienen que desaparecer tambi\u00e9n las tendencias fascistas en la sociedad. V\u00e9ase, Friedrich H. Tenbruck: \u201cVon der verordneten Vergangenheitsbew\u00e4ltigung zur intelektuellen Gr\u00fcndung der Bundesrepublik\u201d, en Die intelektuelle;Gr\u00fcndung der Bundesrepublik, Frankfurt\/Main 2000.<\/p>\n<p>2 Si bien el derecho internacional no estaba a\u00fan consolidado institucionalmente, exist\u00edan ya desde principios del siglo XX estatutos jur\u00eddicos internacionales: la Convenci\u00f3n de Ginebra de 1906 y la de la Haya de 1907. \u00c9stas encontraban sus l\u00edmites al ser v\u00e1lidas \u00fanicamente para situaciones de guerra, tal y como se entend\u00eda este concepto desde el siglo XIX.<\/p>\n<p>3 V\u00e9ase Peter Reichel, Vergangenheitsbew\u00e4ltigung in Deutschland, M\u00fcnchen 2001, p. 44 (trad. J. A. P.).<\/p>\n<p>4 V\u00e9ase Daniel Levy\/Natan Sznaider, Erinnerung im globalen Zeitalter: Der Holocaust, Frankfurt\/Main 2001, p. 69 (trad. J. A. P.).<\/p>\n<p>5 La discusi\u00f3n de una \u201cculpa colectiva\u201d ha sido desde entonces un tema de permanente debate entre los alemanes. El fil\u00f3sofo alem\u00e1n Karl Jaspers fue uno de los pocos intelectuales que se ocup\u00f3 de la cuesti\u00f3n de la \u201cculpa colectiva\u201d en los primeros a\u00f1os de la posguerra, en su obra La cuesti\u00f3n de la culpa. Acerca de la responsabilidad pol\u00edtica de Alemania (1946). Constituye un momento culminante en la discusi\u00f3n actual sobre la \u201cculpa alemana\u201d la controvertida tesis del estadounidense Daniel J. Goldhagen acerca de un \u201cantisemitismo eliminatorio\u201d propio del ser alem\u00e1n, desarrollada en su obra Hitler&#8217;s willing executioners. Ordinary Germans and the Holocaust, New York, 1996.<\/p>\n<p>6 V\u00e9ase el art\u00edculo citado m\u00e1s arriba de Friedrich H. Tenbruck, p. 88 (trad. J. A. P.).<\/p>\n<p>7 En el t\u00e9rmino alem\u00e1n Vergangenheitsbew\u00e4ltigung (\u201csuperaci\u00f3n del pasado\u201d) est\u00e1 contenida tanto la noci\u00f3n de combatir como la de ir m\u00e1s all\u00e1 del pasado. La \u201csuperaci\u00f3n del pasado\u201d se convierte en f\u00f3rmula institucionalizada desde los tempranos a\u00f1os sesenta para referir diversas actitudes pol\u00edticas de la memoria colectiva.<\/p>\n<p>8 El t\u00edtulo original de este ensayo es \u201cWas bedeutet: Aufarbeitung der Vergangenheit?\u201d, en Theodor W. Adorno, Erziehung zur M\u00fcndigkeit, Frankfurt\/Main, 1970, p. 10 (trad. J. A. P.). Adorno emplea el t\u00e9rmino alem\u00e1n Aufarbeitung en el sentido psicoanal\u00edtico de trabajo\/recuerdo\/repetici\u00f3n del pasado, es decir, traer a la memoria el pasado en un proceso reflexivo de confrontaci\u00f3n.<\/p>\n<p>9Para esta tesis, v\u00e9ase obra anterior, sobre todo pp. 19-20.<\/p>\n<p>10 La obra de Alexander y Margarete Mitscherlich, Die Unf\u00e4higkeit zu trauern, publicada en 1967, tuvo un gran efecto en los c\u00edrculos intelectuales. Dentro de la tradici\u00f3n de la Escuela de Frankfurt, los autores estudian las razones psicosociales de la incapacidad de recordar a las v\u00edctimas del nacionalsocialismo; la percepci\u00f3n del \u201cotro\u201d (jud\u00edo, gitano, extranjero, etc\u00e9tera) como diferente y ajeno al ser alem\u00e1n explica, en parte, esta indiferencia.<\/p>\n<p>11 Extracto de la declaraci\u00f3n gubernamental de reelecci\u00f3n del canciller Ludwig Erhard, el 10 de noviembre de 1965.<\/p>\n<p>12 Cf. Matthias Kontarsky, Trauma Auschwitz, Saarbr\u00fccken, 2001, p. 16 (trad. J. A. P.).<\/p>\n<p>13 V\u00e9ase el interesante reportaje de Hannah Arendt, \u201cDer Auschwitz-Prozess\u201d, en Nach Auschwitz, Berl\u00edn, 1989. Los acusados no fueron los Schreibtischt\u00e4ter (autores intelectuales), sino los que hicieron el trabajo sucio, pp. 111-118.<\/p>\n<p>14 Citado por Jochen Winters, \u201cDas Unfassbare vor Gericht\u201d, en Frankfurter Allgemeine Zeitung, 19 de agosto de 1995 (trad. J. A. P.).<\/p>\n<p>15 El famoso imperativo \u00e9tico-pedag\u00f3gico de Adorno, \u201cel que Auschwitz no vuelva a tener lugar, es \u00e9sta la primera de todas las exigencias educativas\u201d (trad. J. A. P.), subyace en la lectura pol\u00edtica de Bauer del proceso. V\u00e9ase \u201cErziehung nach Auschwitz\u201d, en Theodor W. Adorno, o. c., p. 88.<\/p>\n<p>16 Cit. por Daniel Levy\/Natan Sznaider, Erinnerung im globalen Zeitalter: Der Holocaust, Frankfurt\/Main, p. 76 (trad. J.A.P.).<\/p>\n<p>17 V\u00e9ase Matthias Kontarsky, o. c., p. 28 (trad. J. A. P.).<\/p>\n<p>18 V\u00e9ase Peter Weiss, \u201cDas Material und die Modelle\u201d, manifiesto en el que Weiss explica los principios del teatro documental, en Peter Weiss, Dramen 2, Frankfurt\/Main, 1991, p. 467.<\/p>\n<p>19 V\u00e9ase James E. Young, Beschreiben des Holocaust, Frankfurt\/M, 1992, p. 144 (t\u00edtulo original: Writing and Rewriting the Holocaust. Narrative and the Consequences of Interpretation, Bloomington, 1988).<\/p>\n<p>20 V\u00e9ase Peter Novick, Nach dem Holocaust, M\u00fcnchen 2003, p. 270 (t\u00edtulo original: The Holocaust in American Life, N. Y., 1999).<\/p>\n<p>21 V\u00e9ase Heinz H\u00f6hne, Der Spiegel, 29 de enero, 1979, p. 22; citado por Peter Novick, o. c., p. 275.<\/p>\n<p>22 V\u00e9ase Adorno, Kulturkritik und Gesellschaft I, Gesammelte Schriften 10\/1, Frankfurt\/Main 1977, p. 30 (trad. J. A. P.).<\/p>\n<p>23 V\u00e9ase Mahnmale des Holocaust, editado por James E. Young, M\u00fcnchen 1996, p. 19.<\/p>\n<p>24 Ib., p. 13 (trad. J. A. P.).<\/p>\n<p>25 V\u00e9ase James E. Young, The Texture of Memory. Holocaust Memorials and Meanings, London, 1993, p. 375.<\/p>\n<p>26 V\u00e9ase Norman G. Fink, Die Holocaust Industrie, M\u00fcnchen, 2002, p. II (versi\u00f3n alemana de The Holocaust Industry, London, 2000).<\/p>\n<p>27 V\u00e9ase \u201cDissonanzen im Raum der Stille\u201d, S\u00fcddeutsche Zeitung, 27 de enero de 2003.<\/p>\n<p>28 V\u00e9ase Romano Rose, \u201cEin Mahnmal f\u00fcr alle Opfer\u201d, semanario Die Zeit, 28 de abril de 1989.<\/p>\n<p>29 Peter Novick, o. c. en nota 20.<\/p>\n<p>30 V\u00e9ase semanario alem\u00e1n Der Spiegel, 13 de abril de 1999.<\/p>\n<p>31 V\u00e9ase Daniel Goldhagen, \u201cEs gibt keine Hierarchie der Opfer\u201d, semanario Die Zeit, 7 de febrero de 1997.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en Memoria 186 agosto 2004 | Prieto, Jimena A. | Reflexiones<\/p>\n<p>\u201cHistoria monumental\u201d llama Nietzsche, en la segunda de sus Consideraciones Intempestivas, al acto de rememoraci\u00f3n que los pueblos hacen de su propio pasado; ya sea a trav\u00e9s de monumentos nacionales o de conmemoraciones oficiales, en esencia, se trata de representaciones destinadas a reflejar un tiempo lejano, fij\u00e1ndolo inamoviblemente como fundamento m\u00edtico de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>                                                    Mientras que la historia misma est\u00e1 marcada con el sello de lo irrepetible, la memoria colectiva de un pueblo se encarga de escenificar aquel tiempo digno de ser conjurado y elevado a heroico pasado nacional.<\/p>\n<p>A pesar de lo oscuro de su historia, a principios del siglo XXI, Alemania ha logrado hacerse de una \u201chistoria monumental\u201d. Podremos ver materializada esta empresa en el \u201cMonumento Nacional a los Jud\u00edos Europeos Asesinados\u201d que en octubre de este a\u00f1o comienza a construirse en el coraz\u00f3n de la nueva capital, Berl\u00edn. No deja de sorprender este momento cumbre de escenificaci\u00f3n pol\u00edtica, sobre todo al tener presente que la historia posterior al nacionalsocialismo se caracteriza por el peso de la propia culpa. Sin embargo, podemos entender la especificidad de este monumento al tomar en cuenta que toda conmemoraci\u00f3n en torno al nacionalsocialismo lleva en su seno su propia negaci\u00f3n. Ya sean recintos del recuerdo o fechas conmemorativas, estos espacios s\u00f3lo pueden configurarse en t\u00e9rminos opuestos a los que otras naciones celebran afirmativamente su propio pasado; Alemania recuerda sus propios cr\u00edmenes, de ah\u00ed el car\u00e1cter de luto como momento constitutivo de la memoria colectiva.<\/p>\n<p>Este art\u00edculo, en el que se recorre la historia de Alemania desde el momento de su derrota, pretende dar una visi\u00f3n general del complejo proceso de formaci\u00f3n de la memoria colectiva. Se necesitar\u00e1n varios decenios para comprender que el genocidio no constituye \u00fanicamente una etapa de totalitarismo y criminalidad, sino una radical \u201cruptura civilizatoria\u201d, que tiene lugar a mediados del siglo XX, en una naci\u00f3n que representa en su tradici\u00f3n human\u00edstica uno de los puntos m\u00e1s elevados del pensamiento ilustrado europeo. Se necesitar\u00e1 tambi\u00e9n el esfuerzo de una nueva generaci\u00f3n para consolidar las bases de un proceso de saber cada vez m\u00e1s diferenciado en torno al genocidio. Una aut\u00e9ntica cultura de la memoria s\u00f3lo ser\u00e1 posible una vez que los j\u00f3venes de los a\u00f1os sesenta exijan a la generaci\u00f3n anterior la confrontaci\u00f3n cr\u00edtica y reflexiva con el pasado. El genocidio se convertir\u00e1 entonces en objeto de saber popular, en el \u201cHolocausto\u201d, y comenzar\u00e1 a multiplicarse indefinidamente toda suerte de representaciones comerciales y art\u00edsticas, tanto en Alemania como en otros pa\u00edses. Un punto final de la historia de la representaci\u00f3n del genocidio puede verse en la puesta en escena oficial del discurso de las v\u00edctimas, cuyo m\u00e1ximo monumento podr\u00e1 ser visitado en 2004, en Berl\u00edn.<\/p>\n<p>Todos y cada uno de estos momentos reflejan una historia desgarrada entre la necesidad de olvido y la obsesi\u00f3n por recordar el pasado nazi, b\u00fasqueda hist\u00f3rica de absoluci\u00f3n y de confrontaci\u00f3n constante con la culpa alemana.<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":3818,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42],"tags":[],"class_list":["post-256","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-europa-europa"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/256","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=256"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/256\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3818"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=256"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=256"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=256"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}