{"id":258,"date":"2006-04-10T00:00:00","date_gmt":"2006-04-10T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=258"},"modified":"2020-02-14T12:29:08","modified_gmt":"2020-02-14T11:29:08","slug":"barbarie-y-modernidad-en-el-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=258","title":{"rendered":"Barbarie y modernidad en el siglo XX"},"content":{"rendered":"<p><b>L<\/b>a palabra \u00abb\u00e1rbaro\u00bb es de origen griego. Ella designaba, en la Antig\u00fcedad, a las naciones no griegas, consideradas primitivas, incultas, atrasadas y violentas. La oposici\u00f3n entre civilizaci\u00f3n y barbarie es, entonces, antigua. La misma encuentra una nueva legitimidad en la filosof\u00eda de los iluministas y ser\u00e1 heredada por la izquierda. El t\u00e9rmino \u00abbarbarie\u00bb tiene, seg\u00fan el diccionario, dos significados distintos, pero relacionados: \u00abfalta de civilizaci\u00f3n\u00bb y \u00abcrueldad del b\u00e1rbaro\u00bb. La historia del siglo XX nos obliga a disociar esas dos acepciones y a reflexionar sobre el concepto -aparentemente contradictorio, m\u00e1s de hecho perfectamente coherente- de \u00abbarbarie civilizada\u00bb.<br \/>\n\u00bfEn qu\u00e9 consiste el \u00abproceso civilizatorio\u00bb? Como bien demostr\u00f3 Norberto Elias, uno de sus aspectos m\u00e1s importantes es que la violencia no es ejercida de manera espont\u00e1nea, irracional y emocional por los individuos, sino que es monopolizada y centralizada por el Estado, m\u00e1s precisamente por las fuerzas armadas y la polic\u00eda. Gracias al proceso civilizador, las emociones son controladas, el camino de la sociedad es pacificado y la coerci\u00f3n f\u00edsica queda concentrada en las manos del poder pol\u00edtico. Lo que Elias parece no haber percibido es el reverso de esa brillante moneda: el formidable potencial de violencia acumulado por el Estado que, inspirado por una filosof\u00eda optimista del progreso, todav\u00eda pod\u00eda escribir en 1939: \u00abcomparada con el furor del combate abisinio (&#8230;) o de aquellas tribus de la \u00e9poca de las grandes migraciones, la agresividad de las naciones m\u00e1s belicosas del mundo civilizado parece moderada (&#8230;), ella s\u00f3lo se manifiesta en su fuerza brutal y sin l\u00edmites en sue\u00f1os y en algunos fen\u00f3menos que nosotros calificamos de &#8216;patol\u00f3gicos'\u00bb.1<br \/>\nAlgunos meses despu\u00e9s de que esas l\u00edneas fueron escritas, comenzaba una guerra entre naciones \u00abcivilizadas\u00bb cuya \u00abfuerza brutal y sin l\u00edmites\u00bb es simplemente imposible de comparar con el pobre \u00abfuror\u00bb de los combatientes et\u00edopes: tama\u00f1a es la desproporci\u00f3n. El lado siniestro del \u00abproceso civilizador\u00bb y de la monopolizaci\u00f3n estatal de la violencia se manifest\u00f3 en toda su terrible potencia.<br \/>\nSi nos referimos al segundo sentido de la palabra \u00abb\u00e1rbaro\u00bb -actos crueles, inhumanos, la producci\u00f3n deliberada de sufrimiento y de muerte deliberada de no combatientes (en particular, ni\u00f1os)-, ning\u00fan siglo de la historia conoce manifestaciones de barbarie tan extensas, tan masivas y tan sistem\u00e1ticas como el siglo XX. Ciertamente, la historia humana es rica en actos de barbarie, cometidos tanto por las naciones \u00abcivilizadas\u00bb como por las tribus \u00absalvajes\u00bb. La historia moderna, despu\u00e9s de la conquista de Am\u00e9rica, parece una sucesi\u00f3n de actos de ese g\u00e9nero: la masacre de ind\u00edgenas americanos, el tr\u00e1fico de negros, las guerras coloniales. Se trata de una barbarie \u00abcivilizada\u00bb, esto es, conducida por los imperios coloniales econ\u00f3micamente m\u00e1s avanzados, acumulaci\u00f3n del capital.2<br \/>\nEn El Capital, Karl Marx era uno de los cr\u00edticos m\u00e1s feroces de esos tipos de pr\u00e1cticas mal\u00e9ficas y destructoras de la modernidad, que para \u00e9l est\u00e1n asociadas a las necesidades de acumulaci\u00f3n capitalista. Especialmente en el cap\u00edtulo sobre la acumulaci\u00f3n primitiva, se encuentra una cr\u00edtica radical de los horrores de la expansi\u00f3n colonial: la esclavitud o el exterminio de los ind\u00edgenas, las guerras de conquista o el tr\u00e1fico de negros. Esas \u00abbarbaries y atrocidades execrables\u00bb -que, seg\u00fan Marx, citado de modo favorable por M. W. Howitt, no tienen paralelo en cualquier otra era de la historia universal, en ninguna raza por m\u00e1s salvaje, grosera , impiadosa y sin pudor que ella haya sido\u00bb- no fueron simplemente interpretadas como ganancias y p\u00e9rdidas del progreso hist\u00f3rico, sino debidamente denunciadas como una \u00abinfamia\u00bb.3 Considerando algunas de las manifestaciones m\u00e1s siniestras del capitalismo, como las leyes de los pobres o los worhouses &#8211; esas \u00abfortalezas de obreros\u00bb-, Marx escribe en 1847 este pasaje sorprendente y prof\u00e9tico, que parece anunciar a la Escuela de Frankfurt: \u00abLa barbarie reaparece, pero esta vez ella es engendrada en el propio seno de la civilizaci\u00f3n y es parte integrante de ella. Es una barbarie leprosa, la barbarie como la lepra de la civilizaci\u00f3n\u00bb. 4<br \/>\nPero con el siglo XX, un l\u00edmite es transgredido y se pasa a un nivel superior; la diferencia es cualitativa. Se trata de una barbarie espec\u00edficamente moderna, del punto de vista de su etos, de su ideolog\u00eda, de sus medios y su estructura. M\u00e1s adelante, volveremos a ese punto.<br \/>\nLa Primera Guerra Mundial inaugur\u00f3 esa nueva fase de barbarie civilizada. Dos autores, los primeros, dieron la se\u00f1al de alarma en 1914: Rosa Luxemburgo y Franz Kafka. A pesar de sus evidentes diferencias, tienen en com\u00fan el hecho de haber tenido la intuici\u00f3n -cada uno a su manera- de que en el curso de aquella guerra estaba por constituirse algo sin precedentes.<br \/>\nAl usar una frase del orden \u00absocialismo o barbarie\u00bb, Rosa Luxemburgo en La crisis de la socialdemocracia, en 1915 (firmada con el seud\u00f3nimo \u00abJunius\u00bb), rompe con la concepci\u00f3n -de origen burguesa pero adoptada por la Segunda Internacional- de la historia como progreso irresistible, inevitable, \u00abgarantizado\u00bb por leyes \u00abobjetivas\u00bb del desenvolvimiento econ\u00f3mico o de la evoluci\u00f3n social. Esta frase est\u00e1 sugerida en ciertos textos de Marx o de Engels, pero es Rosa Luxemburgo quien le da esa formulaci\u00f3n expl\u00edcita y elaborada que implica una percepci\u00f3n de la historia como un proceso abierto, como una serie de \u00abbifurcaciones\u00bb donde el \u00abfactor subjetivo\u00bb -conciencia, organizaci\u00f3n, iniciativa- de los oprimidos se torna decisivo. No se trata m\u00e1s de esperar que el fruto \u00abmadure\u00bb, seg\u00fan las \u00ableyes naturales\u00bb de la econom\u00eda o de la historia, sino de actuar antes de que sea demasiado tarde.<br \/>\nEl otro t\u00e9rmino de la alternativa es un siniestro peligro: la barbarie. En un primer momento, ella parece considerar una \u00abreca\u00edda en la barbarie\u00bb como \u00abla aniquilaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n\u00bb, una decadencia an\u00e1loga a aquella de la Roma antigua5. Pero luego se da cuenta de que no se trata de un \u00abregresi\u00f3n\u00bb imposible a un pasado tribal, primitivo o \u00absalvaje\u00bb, sino m\u00e1s bien de una barbarie eminentemente moderna, de la cual la Primera Guerra Mundial brinda un ejemplo sorprendente, mucho peor en su asesina inhumanidad que las pr\u00e1cticas guerreras de los conquistadores \u00abb\u00e1rbaros\u00bb de fines del Imperio Romano. Jam\u00e1s en el pasado tecnolog\u00edas tan modernas -los tanques, los gases t\u00f3xicos, la aviaci\u00f3n militar- hab\u00edan sido colocadas al servicio de una pol\u00edtica imperialista de masacre y agresi\u00f3n en una escala tan inmensa.<br \/>\nLas intuiciones de Kafka son de una naturaleza totalmente diferente. Es bajo una forma literaria e imaginaria como \u00e9l describe la nueva barbarie. Se trata de una novela titulada La colonia penal: en una colonia francesa, un soldado \u00abind\u00edgena\u00bb es condenado a muerte por oficiales cuya doctrina jur\u00eddica resume en pocas palabras la quintaesencia de lo arbitrario: \u00abla culpabilidad no debe ser jam\u00e1s colocada en duda\u00bb. Su ejecuci\u00f3n debe ser llevada a cabo por una m\u00e1quina de tortura que escribe lentamente sobre su cuerpo con agujas que lo atraviesan la frase \u00abHonra a tus superiores\u00bb.<br \/>\nEl personaje central de la novela no es un viajero que observa los acontecimientos con una hostilidad muda, ni el prisionero que no reacciona de ninguna forma, ni el oficial que preside la ejecuci\u00f3n, ni el comandante de la colonia. Es la misma m\u00e1quina.<br \/>\nTodo el relato gira en torno de ese siniestro aparato (Apparat), que parece m\u00e1s y m\u00e1s, en el curso de la detallada explicaci\u00f3n que el oficial brinda al viajero, como un fin en s\u00ed mismo. El aparato no est\u00e1 all\u00ed para ejecutar al hombre sino al contrario, el hombre est\u00e1 para la m\u00e1quina, para proporcionarle un cuerpo sobre el cual ella pueda escribir su est\u00e9tica obra maestra, su sangrienta inscripci\u00f3n ilustrada con \u00abmuchos adornos floridos\u00bb. El oficial mismo es apenas un servidor de la M\u00e1quina y, finalmente, \u00e9l tambi\u00e9n se sacrifica a ese insaciable Moloch6.<br \/>\n\u00bfEn qu\u00e9 \u00abm\u00e1quina de poder\u00bb b\u00e1rbara, en que \u00abaparato de autoridad\u00bb sacrificador de vidas humanas pensaba Kafka? La colonia penal fue escrita en octubre de 1914, tres meses despu\u00e9s de la eclosi\u00f3n de la gran guerra. Hay pocos textos en la literatura universal que presentan de manera tan penetrante la l\u00f3gica mort\u00edfera de la barbarie moderna como un mecanismo impersonal.<br \/>\nEsos presentimientos parecen perderse en los a\u00f1os de posguerra. Walter Benjamin es uno de esos raros pensadores marxistas que entiende que el progreso t\u00e9cnico e industrial puede ser portador de cat\u00e1strofes sin precedentes. De ah\u00ed proviene su pesimismo no fatalista, pero s\u00ed activo y revolucionario. En un art\u00edculo de 1929, \u00e9l defin\u00eda la pol\u00edtica revolucionaria como \u00abla organizaci\u00f3n del pesimismo\u00bb, un pesimismo en todas las l\u00edneas: desconfianza en cuanto al destino de la libertad, desconfianza en cuanto al destino del pueblo europeo. Y a\u00f1ade ir\u00f3nicamente: \u00abconfianza ilimitada solamente en IG Farben y en el perfeccionamiento pac\u00edfico de la Luftwaffe\u00bb.7 Ahora bien, el mismo Benjamin, el m\u00e1s pesimista de todos, no pod\u00eda adivinar hasta qu\u00e9 punto esas dos instituciones iban a mostrar, algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, la capacidad mal\u00e9fica y destructiva de la modernidad.8<br \/>\nPuede definirse como propiamente moderna la barbarie que presenta las siguientes caracter\u00edsticas:<br \/>\nUtilizaci\u00f3n de medios t\u00e9cnicos modernos. Industrializaci\u00f3n del homicidio.<br \/>\nExterminaci\u00f3n en masa gracias a tecnolog\u00edas cient\u00edficas de punta.<br \/>\nImpersonalidad de la masacre. Poblaciones enteras -hombre y mujeres, ni\u00f1os y ancianos- son \u00abeliminadas\u00bb con el menor contacto personal posible entre quien es el que toma la decisi\u00f3n y las v\u00edctimas.<br \/>\nGesti\u00f3n burocr\u00e1tica, administrativa, eficaz, planificada, \u00abracional\u00bb (en t\u00e9rminos instrumentales) de los actos de barbarie.<br \/>\nIdeolog\u00eda legitimadora de tipo moderno: \u00abbiol\u00f3gica\u00bb, \u00abhigi\u00e9nica\u00bb, \u00abcient\u00edfica\u00bb (no religiosa ni tradicionalista).<br \/>\nTodos los cr\u00edmenes contra la humanidad, genocidios y masacres del siglo XX no son modernos en el mismo grado: el genocidio de los armenios en 1915, el llevado a cabo por Pol Pot en Camboya, aquel de los tutsis en Ruanda, etc., asocian, cada uno de manera espec\u00edfica, caracter\u00edsticas modernas y arcaicas.<br \/>\nLas cuatro masacres que encarnan de manera m\u00e1s acabada la modernidad de la barbarie son el genocidio nazi contra los jud\u00edos y los gitanos, la bomba at\u00f3mica en Hiroshima, el Gulag estalinista y la guerra norteamericana en Vietnam. Los dos primeros son probablemente los m\u00e1s integralmente modernos: la c\u00e1mara de gas de los nazis y la muerte at\u00f3mica norteamericana contienen pr\u00e1cticamente todos los ingredientes da la barbarie tecnoburocr\u00e1tica moderna.<br \/>\nAuschwitz representa la modernidad no solamente por su estructura de f\u00e1brica de muerte, cient\u00edficamente organizada y que utiliza las t\u00e9cnicas m\u00e1s eficaces: el genocidio de jud\u00edos y gitanos es tambi\u00e9n, como observa el soci\u00f3logo Zygmunt Bauman, un producto t\u00edpico de la cultura racional burocr\u00e1tica, que elimina de las gesti\u00f3n administrativa toda interferencia moral. Es, desde este punto de vista, uno de los posibles resultados del proceso civilizador en cuanto a racionalizaci\u00f3n y centralizaci\u00f3n de la violencia y como producto social de indiferencia moral. \u00abComo toda otra acci\u00f3n conducida de manera moderna -racional, planificada, cient\u00edficamente informada, dirigida de forma eficaz y coordinada- el Holocausto dej\u00f3 atr\u00e1s todos sus pretendidos equivalentes premodernos, revel\u00e1ndolos en comparaci\u00f3n como primitivos, antiecon\u00f3micos e ineficaces&#8230; Se eleva muy por encima de los episodios de genocidios del pasado, de la misma forma que la f\u00e1brica industrial moderna est\u00e1 muy por encima de la oficina artesanal\u00bb.9<br \/>\nLa ideolog\u00eda legitimadora del genocidio es tambi\u00e9n de tipo moderno, seudocient\u00edfico, biol\u00f3gico, antropom\u00e9trico, eugenista. La utilizaci\u00f3n obsesiva de f\u00f3rmulas seudom\u00e9dicas es la caracter\u00edstica del discurso antisemita de los dirigentes nazis, lo cual puede ser notado en sus conversaciones privadas. En una carta a Himmler en 1942, Adolfo Hitler insist\u00eda: \u00abLa batalla en la cual estamos comprometidos hoy es del mismo tipo que la batalla liderada en el siglo pasado por Pasteur y Koch. Cu\u00e1ntas dolencias tuvieron su origen en el virus jud\u00edo&#8230; Nosotros no encontraremos nuestra salud sin eliminar a los jud\u00edos\u00bb.10<br \/>\nEn su notable ensayo sobre Auschwitz11, Enzo Traverso destaca, con palabras sobrias, precisas y l\u00facidas, el contexto del genocidio. No se trata de una simple \u00abresistencia irracional a la modernizaci\u00f3n\u00bb ni de un residuo de antigua barbarie, sino de una manifestaci\u00f3n patol\u00f3gica de la modernidad, del rostro escondido, infernal, de la civilizaci\u00f3n occidental, de una barbarie industrial, tecnol\u00f3gica, \u00abracional\u00bb (del punto de vista instrumental). Tanto la motivaci\u00f3n decisiva del genocidio -una biolog\u00eda racial- como sus formas de realizaci\u00f3n -las c\u00e1maras de gas- eran perfectamente modernas. Si la racionalidad instrumental no basta para explicar Auschwitz, ella es su condici\u00f3n necesaria e indispensable. En los medios de exterminio nazis, se encuentra una combinaci\u00f3n de diferentes instituciones t\u00edpicas de la modernidad: al mismo tiempo, la prisi\u00f3n descripta por Foucalt, la f\u00e1brica capitalista de la cual hablaba Marx, \u00abla organizaci\u00f3n cient\u00edfica del trabajo\u00bb, de Taylor, la administraci\u00f3n racional\/burocr\u00e1tica seg\u00fan Max Weber.<br \/>\nEste \u00faltimo hab\u00eda intuido, de manera muy convincente, la transformaci\u00f3n de la raz\u00f3n occidental en fuerza destructiva. Su an\u00e1lisis de la burocracia como m\u00e1quina \u00abdeshumanizada\u00bb, impersonal, sin amor ni pasi\u00f3n, indiferente a todo aquello que no es su tarea jer\u00e1rquica, es esencial para comprender la l\u00f3gica reificada de los campos de la muerte.<br \/>\nEso vale tambi\u00e9n para la f\u00e1brica capitalista, que estaba presente en Auschwitz, al mismo tiempo que en las oficinas de trabajo esclavo de la empresa IG Farben y en las c\u00e1maras de gas, lugares de producci\u00f3n de asesinados \u00aben cadena\u00bb. Pero la \u00absoluci\u00f3n final\u00bb es irreductible a toda l\u00f3gica econ\u00f3mica: la muerte no es una mercanc\u00eda ni una fuente de lucro.<br \/>\nTraverso critica, de manera muy convincente, las interpretaciones -inspiradas, en un grado u otro, por la ideolog\u00eda del progreso- del nazismo y del genocidio como producto de la historia del irracionalismo alem\u00e1n (George Luc\u00e1cs), de una \u00absalida\u00bb de Alemania por fuera de la cuna occidental (J\u00fcrgen Habermas) o de un movimiento de \u00abdescivilizaci\u00f3n\u00bb (Entzivilisierung) inspirado por una ideolog\u00eda \u00abpreindustrial\u00bb (Norbert Elias). Si el proceso civilizatorio significa, ante todo, la monopolizaci\u00f3n por el Estado de la violencia -como lo muestran, despu\u00e9s de Hobbes, tanto Weber como Elias-, es necesario reconocer que la violencia del Estado est\u00e1 en el origen de todos los genocidios del siglo XX. Auschwitz no representa una \u00abregresi\u00f3n\u00bb en direcci\u00f3n al pasado, a una edad b\u00e1rbara primordial, pero es realmente uno de las caras posibles de la civilizaci\u00f3n industrial occidental. Constituye al mismo tiempo una ruptura con la herencia humanista e universalista de los Iluministas y un ejemplo terrible de las potencialidades negativas y destructivas de nuestra civilizaci\u00f3n.<br \/>\nSi el exterminio de los jud\u00edos por el Tercer Reich es comparable con otros actos b\u00e1rbaros, no por eso deja de ser un evento singular. Es necesario rechazar las interpretaciones que eliminan las diferencias entre Auschwitz y los campos sovi\u00e9ticos, las masacres coloniales o los progroms, etc.12 El crimen de guerra que tiene m\u00e1s afinidades con Auschwitz es Hiroshima, como comprendieron tan bien G\u00fcnther Anders y Dwight MacDonald: en los dos casos, se delega la tarea a una m\u00e1quina de muerte formidablemente moderna, tecnol\u00f3gica y \u00abracional\u00bb. Pero las diferencias son fundamentales. Inicialmente, las autoridades americanas no tuvieron jam\u00e1s como objetivo -como aquellas del Tercer Reich- realizar el genocidio de toda una poblaci\u00f3n: en el caso de las ciudades japonesas, la masacre no era, como en los campos nazis, un fin en s\u00ed mismo, sino un simple \u00abmedio\u00bb para alcanzar objetivos pol\u00edticos. El objetivo de la bomba at\u00f3mica no era el exterminio de la poblaci\u00f3n japonesa como fin aut\u00f3nomo. Se trataba, sobre todo, de acelerar el fin de la guerra y demostrar la supremac\u00eda militar norteamericana frente a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. En un informe secreto de mayo de 1945 al presidente Truman, el Target Comittee -o \u00abComit\u00e9 Blanco\u00bb, compuesto por los generales Groves, Norstadt y el matem\u00e1tico Von Neuman- observa fr\u00edamente: \u00abLa muerte y la destrucci\u00f3n no solamente intimidar\u00e1n a los japoneses sobrevivientes y los presionar\u00e1n para aceptar la capitulaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n (como una ganancia extra) asustar\u00e1n a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. En s\u00edntesis, EU podr\u00eda terminar m\u00e1s r\u00e1pidamente la guerra y, al mismo tiempo, ayudar a moldear el mundo de posguerra\u00bb 13.<br \/>\nPara obtener esos objetivos pol\u00edticos, la ciencia y la tecnolog\u00eda m\u00e1s avanzada fueron utilizadas en centenares de miles de civiles inocentes; hombres, mujeres y ni\u00f1os fueron masacrados, sin hablar de la contaminaci\u00f3n por las radiaciones nucleares de las generaciones futuras.<br \/>\nOtra diferencia con Auschwitz es, sin duda, un n\u00famero muy inferior de v\u00edctimas. Pero la comparaci\u00f3n de las dos formas de barbarie burocr\u00e1ticomilitar es muy pertinente. Los propios dirigentes norteamericanos eran conscientes del paralelo con los cr\u00edmenes nazis: en una conversaci\u00f3n con Truman el 6 de junio de 1945, el secretario de Estado, Stimson, relataba sus sentimientos: \u00abdije a Truman que estaba inquieto con ese aspecto de la guerra&#8230; porque yo no quer\u00eda que los americanos ganaran la reputaci\u00f3n de sobrepasar a Hitler en atrocidades\u00bb 14.<br \/>\nEn muchos aspectos, Hiroshima representa un nivel superior de modernidad, tanto por la novedad cient\u00edfica y tecnol\u00f3gica representada por la bomba at\u00f3mica, como por el car\u00e1cter todav\u00eda m\u00e1s lejano, impersonal, puramente \u00abt\u00e9cnico\u00bb del acto exterminador: presionar un bot\u00f3n, abrir la escotilla que libera la carga nuclear. En el contexto particular y as\u00e9ptico de muerte at\u00f3mica entregada por v\u00eda a\u00e9rea, se dejaron atr\u00e1s ciertas formas manifiestamente arcaicas del Tercer Reich, como las explosiones de crueldad, el sadismo y la furia asesina de los oficiales de la SS. Esa modernidad se encuentra en la c\u00fapula norteamericana que toma -despu\u00e9s de haber pesado cuidadosa y \u00abracionalmente\u00bb los pros y las contras- la decisi\u00f3n de exterminar la poblaci\u00f3n de Hiroshima y Nagasaki: un organigrama burocr\u00e1tico complejo compuesto por cient\u00edficos, generales, t\u00e9cnicos, funcionarios y pol\u00edticos tan grises como Harry Truman, en contraste con los accesos de odio irracional de Adolfo Hitler y sus fan\u00e1ticos.<br \/>\nEn el curso de los debates que precedieron a la decisi\u00f3n de lanzar la bomba, ciertos oficiales, como el general Marshall, manifestaron sus reservas, en la medida en que ellos defend\u00edan el antiguo c\u00f3digo militar, o sea, una concepci\u00f3n tradicional de la guerra que no admit\u00eda la masacre intencional de civiles. Estos oficiales fueron derrotados por un nuevo punto de vista, m\u00e1s \u00abmoderno\u00bb, fascinado por la novedad cient\u00edfica y t\u00e9cnica del arma at\u00f3mica, un punto de vista que no ten\u00eda nada que ver con c\u00f3digos militares arcaicos y que no se interesaba sino por el c\u00e1lculo de ganancias y p\u00e9rdidas, esto es, en criterios de eficacia pol\u00edtico-militar15. Ser\u00eda necesario agregar que un cierto n\u00famero de cient\u00edficos que hab\u00edan participado, por convicci\u00f3n antifascista, en los trabajos de preparaci\u00f3n del arma at\u00f3mica, protestaron contra la utilizaci\u00f3n de sus descubrimientos sobre la poblaci\u00f3n civil de las ciudades japonesas.<br \/>\nUna palabra sobre el Gulag estalinista: si bien tiene mucho en com\u00fan con Auschwitz -campos de concentraci\u00f3n, r\u00e9gimen totalitario, millones de v\u00edctimas-, se distingue por el hecho de que el objetivo de los campos sovi\u00e9ticos no era el exterminio de los prisioneros sino su explotaci\u00f3n brutal como fuerza de trabajo esclava. En otras palabras puede compararse Kolyma y Buchenwald, pero no Gulag y Treblinka. Ninguna contabilidad macabra -como aquella fabricada por St\u00e9phane Courtios y otros anticomunistas profesionales- puede negar esa diferencia.<br \/>\nEl Gulag era una forma de barbarie moderna en la medida en que estaba burocr\u00e1ticamente administrado por un Estado totalitario y colocado al servicio de proyectos estalinistas fara\u00f3nicos de \u00abmodernizaci\u00f3n\u00bb econ\u00f3mica de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Pero se caracteriza tambi\u00e9n por trazos m\u00e1s \u00abprimitivos\u00bb: corrupci\u00f3n, ineficacia, arbitrariedad, \u00abirracionalidad\u00bb. Por esta raz\u00f3n, se sit\u00faa en un grado de modernidad inferior al sistema de campos de concentraci\u00f3n del Tercer Reich.<br \/>\nEn fin, la guerra estadunidense en Vietnam, el atroz n\u00famero de v\u00edctimas exterminadas por los bombardeos, el napalm o las ejecuciones colectivas constituye, en varios aspectos, una interveci\u00f3n extremadamente moderna: fundada sobre una planificaci\u00f3n \u00abracional\u00bb -con la utilizaci\u00f3n de computadoras y de un ej\u00e9rcito de especialistas-, moviliza un armamento muy sofisticado, usando tecnolog\u00eda de punta del progreso t\u00e9cnico de los a\u00f1os sesenta-setenta: napalm, herbicidas, bombas de fragmentaci\u00f3n, etc\u00e9tera. 16<br \/>\nEsa guerra no fue un conflicto colonial como los otros: basta recordar que la cantidad de bombas y explosivos lanzados sobre el Vietnam fue superior a la utilizada por todos los beligerantes durante la Segunda Guerra Mundial. Como en el caso de Hiroshima, la masacre no era un objetivo en s\u00ed, sino un medio pol\u00edtico y, si bien la cifra de muertos es muy superior a la de las dos ciudades japonesas, no se encuentra en Vietnam aquella perfecci\u00f3n de modernidad t\u00e9cnica e impersonal, aquella abstracci\u00f3n cient\u00edfica de la muerte que caracteriza a la muerte at\u00f3mica.17<br \/>\nLa naturaleza contradictoria del \u00abprogreso\u00bb y de la \u00abcivilizaci\u00f3n\u00bb moderna se encuentra en el coraz\u00f3n de las reflexiones de la Escuela de Frankfurt. En La Dial\u00e9ctica del Iluminismo (1944), Adorno y Horkheimer constatan la tendencia de la racionalidad instrumental a transformarse en locura asesina: la \u00abluminosidad helada\u00bb de la raz\u00f3n proyectista \u00abacarrea la simiente de la barbarie\u00bb. En una nota redactada en 1945 para Minima Moralia, Adorno utiliza la expresi\u00f3n \u00abprogreso regresivo\u00bb tratando de dar cuenta de la naturaleza paradojal de la civilizaci\u00f3n moderna.18<br \/>\nEntretanto, esas expresiones tambi\u00e9n son tributarias, a pesar de todo, de la filosof\u00eda del progreso. En verdad, Auschwitz e Hiroshima no constituyen para nada una \u00abregresi\u00f3n a la barbarie\u00bb o, por lo mismo, una \u00abregresi\u00f3n\u00bb: no hay nada en el pasado que sea comparable a la producci\u00f3n industrial, cient\u00edfica, an\u00f3nima y racionalmente administrada de la muerte en nuestra \u00e9poca. Basta comparar Auschwitz e Hiroshima con las pr\u00e1cticas guerreras de las tribus b\u00e1rbaras del siglo IV para darse cuenta de que no tienen nada en com\u00fan: la diferencia no es solamente de escala, sino de naturaleza. \u00bfEs posible comparar las pr\u00e1cticas m\u00e1s \u00abferoces\u00bb de los \u00absalvajes\u00bb (muerte ritual del prisionera de guerra, canibalismo, reducci\u00f3n de cabezas, etc\u00e9tera) con una c\u00e1mara de gas o una bomba at\u00f3mica? Son fen\u00f3menos enteramente nuevos, que no ser\u00edan posibles fuera del siglo XX.<br \/>\nLas atrocidades en masa, tecnol\u00f3gicamente perfeccionadas y burocr\u00e1ticamente organizadas, pertenecen \u00fanicamente a nuestra civilizaci\u00f3n industrial avanzada. Auschwitz e Hiroshima no constituyen \u00abregresiones\u00bb: son cr\u00edmenes irremediable y exclusivamente modernos.<br \/>\nExiste entretanto un dominio espec\u00edfico de \u00abbarbarie civilizada\u00bb en la que se puede efectivamente hablar de regresi\u00f3n: se trata de la tortura. Como destaca Eric Hobsbawn en su admirable ensayo de 1994, Barbarie: una gu\u00eda para el usuario: \u00abA partir de 1782, la tortura fue formalmente eliminada del procedimiento judicial de los pa\u00edses civilizados. En teor\u00eda, no era m\u00e1s tolerada en los aparatos coercitivos del Estado. Un preconcepto contra esa pr\u00e1ctica era tan fuerte que la misma no podr\u00eda retornar despu\u00e9s de la derrota de la Revoluci\u00f3n Francesa que la hab\u00eda abolido&#8230; Puede sospecharse que en los reductos de la barbarie tradicional que resisten al progreso moral -por ejemplo, las prisiones militares u otras instituciones an\u00e1logas- la tortura de hecho no desapareci\u00f3&#8230;\u00bb Ahora, en el siglo XX, bajo el fascismo o el estalinismo, en las guerras coloniales (Argelia, Irlanda, etc\u00e9tera) y en las dictaduras latinoamericanas, la tortura es empleada de nuevo a gran escala.19<br \/>\nLos m\u00e9todos son diferentes -la electricidad substituye al fuego y los torniquetes-, pero la tortura de prisioneros pol\u00edticos se torn\u00f3 en el curso del siglo XX una pr\u00e1ctica rutinaria -e igualmente oficial- de reg\u00edmenes totalitarios, dictatoriales y tambi\u00e9n, en ciertos casos (las guerras coloniales), \u00abdemocr\u00e1ticos\u00bb.<br \/>\nEn ese caso, el t\u00e9rmino \u00abregresi\u00f3n\u00bb es pertinente, en la medida en que la tortura era practicada en innumerables sociedades premodernas, y tambi\u00e9n en la Europa de la Edad Media y durante el siglo XVIII. Una metodolog\u00eda b\u00e1rbara que el proceso civilizador parec\u00eda haber suprimido en el curso del siglo XIX retorn\u00f3 en el XX, bajo una forma m\u00e1s moderna -desde el punto de vista de las t\u00e9cnicas-, pero no menos inhumana.<br \/>\nConsiderar la barbarie moderna del siglo XX exige el abandono de la ideolog\u00eda del progreso lineal. Eso no quiere decir que el progreso t\u00e9cnico y cient\u00edfico sea intr\u00ednsecamente portador de maleficios ni tampoco lo inverso. Simplemente, la barbarie es una de las manifestaciones posibles de la civilizaci\u00f3n industrial\/capitalista moderna o de su copia \u00absocialista\u00bb burocr\u00e1tica.<br \/>\nTampoco se trata de reducir la historia del siglo XX a sus momentos de barbarie: esa historia conoce tambi\u00e9n la esperanza, las sublevaciones de los oprimidos, las solidaridades internacionales, los combates revolucionarios: M\u00e9xico, 1914; Petrogrado, 1917; Budapest, 1919; Barcelona, 1936; Par\u00eds, 1944; Budapest, 1956; La Habana, 1961; Par\u00eds, 1968; Lisboa, 1974; Managua, 1979; Chiapas, 1994. Esos fueron algunos de los momentos fuertes -y tambi\u00e9n ef\u00edmeros- de esa dimensi\u00f3n emancipadora del siglo. Ellos constituyen preciosos puntos de apoyo para la lucha de las generaciones futuras por una sociedad humana y solidaria.<\/p>\n<p><b>Notas <\/b><br \/>\n1 Norbert Elias, La Dynamyque de l\u00b4Occident, Calmann-L\u00e9vy, Paris, 1975, pp. 181-190. Una referencia al combate abisinio suena extra\u00f1a en el momento en que Etiop\u00eda combat\u00eda por su libertad contra la invasi\u00f3n colonial del fascismo italiano, portador de una pretendida misi\u00f3n \u00abcivilizadora\u00bb.<br \/>\n2 Norbert Elias, La civilisation des moeurs, Calmann-L\u00e8vy, Paris, 1973, p. 280.<br \/>\n3 Marx, Le Capital, vol. I, p.557-558,563<br \/>\n4 Marx, \u00abArbeitslohn\u00bb, 1847, Kleine \u00d6konomische Schriften, Berlin, Dietz Verlag, 1955, p. 245<br \/>\n5 R. Luxemburgo, A crise da social-democracia, 1915.<br \/>\n6 Kafka, In del Strafkolonie, Erz\u00e4hlung und kleine Prosa, N. York, Schocken Books, 1946, pp. 181-113.<br \/>\n7 W. Benjamin, \u00abO surrealismo. O \u00faltimo instante de intelig\u00eancia europ\u00e9ia\u00bb, 1929, en Mythe et violence, Paris, Letras Novas, 1971, p. 312.<br \/>\n8 Recordemos que el gran trust qu\u00edmico IG Farben no solamente utiliz\u00f3 mano de obra esclava en Auschwitz, sino que tambi\u00e9n produjo el gas Zyklotron B, que serv\u00eda para exterminar las v\u00edctimas de los campos de concentraci\u00f3n nazis.<br \/>\n9 Zygmut Bauman, Modernity and the Holocaust, London, Polity Press, 1989, pp. 15 y 28 .<br \/>\n10 Citado por Zygmunt Bauman, obra citada en nota precedente, p. 71.<br \/>\n11 Enzo Traverso, L&#8217;Histoire d\u00e8chir\u00e8e. Essai sur Auschwitz et les intellectuels, Paris, Cerf. 1997.<br \/>\n12 Sobre ese asunto, remito a la excelente contribuci\u00f3n de Enzo Traverso \u00abLa singularidad de Auschwitz. Hip\u00f3tesis, problemas y derivaciones de la pesquisa hist\u00f3rica\u00bb, Pour une critique de la barbarie modernes. Ecrits sur l&#8217;histoire des juifs e de l&#8217;antis\u00e9mitisme, Lausanne, Ed. Page deux, 1997.<br \/>\n13 Citado de los archivos hist\u00f3ricos recientemente abiertos al p\u00fablico en Barton J. Bernstein, \u00abThe Atomic Bombings Reconsidered\u00bb, Foreign Affairs, febrero de 1995, p. 143.<br \/>\n14 Ib., p. 146 .<br \/>\n15 Sobre las reservas de Marshall, cf. Barton J. Bernstein, nota 13, p.143 .<br \/>\n16 De hecho, es enteramente racional si \u00abraz\u00f3n\u00bb significa racionalidad instrumental, aplicar la fuerza militar norteamericana, los B-52, el napalm y todo el resto en Vietnam \u00abbajo dominaci\u00f3n comunista\u00bb (claramente una \u00abcausa indeseable\u00bb) como un \u00aboperador\u00bb para transformarlo en \u00abcausa deseable\u00bb. Joseph Weizenbaum, \u00abComputer Power and Human Reason\u00bb, en From Judgemente to Calculation, S. Francisco, W. H. Freeman, 1976, p. 252.<br \/>\n17 Otras guerras coloniales tuvieron lugar en el siglo XX ( Indochina, Argelia, Africa colonial portuguesa) pero ninguna alcanz\u00f3 el grado de modernidad de la de Vietnam. En comparaci\u00f3n parecen arcaicas, primitivas.<br \/>\n18 T. W. Adorno, M. Horkheimer, La Dialectique de la raison, Gallimard, Paris, 1974, p. 48, y T. W. Adorno, Minima Moralia, Payot, Paris, 1983, p.134.<br \/>\n19 E. Hobsbawn, Barbarism: An User Guide. On History, Weidenfelds and Nicholson, London, 1997, pp. 259-263 .<\/p>\n<p>Michael L\u00f6wy, brasile\u00f1o, soci\u00f3logo e investigador del Consejo Nacional de Investigaci\u00f3n Cient\u00edfica (CNRS) de Francia y autor, entre otros, de Sublevaci\u00f3n de melancol\u00eda: el romanticismo de contramano con la modernidad.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n, Elena Raimondi; colaboraci\u00f3n, Mar\u00eda Elena Saludas .<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> La palabra &quot;b\u00e1rbaro&quot; es de origen griego. Ella designaba, en la Antig\u00fcedad, a las naciones no griegas, consideradas primitivas, incultas, atrasadas y violentas. La oposici\u00f3n entre civilizaci\u00f3n y barbarie es, entonces, antigua. La misma encuentra una nueva legitimidad en la filosof\u00eda de los iluministas y ser\u00e1 heredada por la izquierda. El t\u00e9rmino &quot;barbarie&quot; tiene, seg\u00fan el diccionario, dos significados distintos, pero relacionados: &quot;falta de civilizaci\u00f3n&quot; y &quot;crueldad del b\u00e1rbaro&quot;. La historia del siglo XX nos obliga a disociar esas dos acepciones y a reflexionar sobre el concepto -aparentemente contradictorio, m\u00e1s de hecho perfectamente coherente- de &quot;barbarie civilizada&quot;.  \u00bfEn qu\u00e9 consiste el &quot;proceso civilizatorio&quot;? Como bien demostr\u00f3 Norberto Elias, uno de sus aspectos m\u00e1s importantes es que la violencia no es ejercida de manera espont\u00e1nea, irracional y emocional por los individuos, sino que es monopolizada y centralizada por el Estado, m\u00e1s precisamente por las fuerzas armadas y la polic\u00eda. Gracias al proceso civilizador, las emociones son controladas, el camino de la sociedad es pacificado y la coerci\u00f3n f\u00edsica queda concentrada en las manos del poder pol\u00edtico. Lo que Elias parece no haber percibido es el reverso de esa brillante moneda: el formidable potencial de violencia acumulado por el Estado que, inspirado por una filosof\u00eda optimista del progreso, todav\u00eda pod\u00eda escribir en 1939: &quot;comparada con el furor del combate abisinio (&#8230;) o de aquellas tribus de la \u00e9poca de las grandes migraciones, la agresividad de las naciones m\u00e1s belicosas del mundo civilizado parece moderada (&#8230;), ella s\u00f3lo se manifiesta en su fuerza brutal y sin l\u00edmites en sue\u00f1os y en algunos fen\u00f3menos que nosotros calificamos de &#8216;patol\u00f3gicos&#8217;&quot;.1 Algunos meses despu\u00e9s de que esas l\u00edneas fueron escritas, comenzaba una guerra entre naciones &quot;civilizadas&quot; cuya &quot;fuerza brutal y sin l\u00edmites&quot; es simplemente imposible de comparar con el pobre &quot;furor&quot; de los combatientes et\u00edopes: tama\u00f1a es la desproporci\u00f3n. El lado siniestro del &quot;proceso civilizador&quot; y de la monopolizaci\u00f3n estatal de la violencia se manifest\u00f3 en toda su terrible potencia.  Si nos referimos al segundo sentido de la palabra &quot;b\u00e1rbaro&quot; -actos crueles, inhumanos, la producci\u00f3n deliberada de sufrimiento y de muerte deliberada de no combatientes (en particular, ni\u00f1os)-, ning\u00fan siglo de la historia conoce manifestaciones de barbarie tan extensas, tan masivas y tan sistem\u00e1ticas como el siglo XX. Ciertamente, la historia humana es rica en actos de barbarie, cometidos tanto por las naciones &quot;civilizadas&quot; como por las tribus &quot;salvajes&quot;. La historia moderna, despu\u00e9s de la conquista de Am\u00e9rica, parece una sucesi\u00f3n de actos de ese g\u00e9nero: la masacre de ind\u00edgenas americanos, el tr\u00e1fico de negros, las guerras coloniales. Se trata de una barbarie &quot;civilizada&quot;, esto es, conducida por los imperios coloniales econ\u00f3micamente m\u00e1s avanzados, acumulaci\u00f3n del capital.2 En El Capital, Karl Marx era uno de los cr\u00edticos m\u00e1s feroces de esos tipos de pr\u00e1cticas mal\u00e9ficas y destructoras de la modernidad, que para \u00e9l est\u00e1n asociadas a las necesidades de acumulaci\u00f3n capitalista. Especialmente en el cap\u00edtulo sobre la acumulaci\u00f3n primitiva, se encuentra una cr\u00edtica radical de los horrores de la expansi\u00f3n colonial: la esclavitud o el exterminio de los ind\u00edgenas, las guerras de conquista o el tr\u00e1fico de negros. Esas &quot;barbaries y atrocidades execrables&quot; -que, seg\u00fan Marx, citado de modo favorable por M. W. Howitt, no tienen paralelo en cualquier otra era de la historia universal, en ninguna raza por m\u00e1s salvaje, grosera , impiadosa y sin pudor que ella haya sido&quot;- no fueron simplemente interpretadas como ganancias y p\u00e9rdidas del progreso hist\u00f3rico, sino debidamente denunciadas como una &quot;infamia&quot;.3 Considerando algunas de las manifestaciones m\u00e1s siniestras del capitalismo, como las leyes de los pobres o los worhouses &#8211; esas &quot;fortalezas de obreros&quot;-, Marx escribe en 1847 este pasaje sorprendente y prof\u00e9tico, que parece anunciar a la Escuela de Frankfurt: &quot;La barbarie reaparece, pero esta vez ella es engendrada en el propio seno de la civilizaci\u00f3n y es parte integrante de ella. Es una barbarie leprosa, la barbarie como la lepra de la civilizaci\u00f3n&quot;. 4 Pero con el siglo XX, un l\u00edmite es transgredido y se pasa a un nivel superior; la diferencia es cualitativa. Se trata de una barbarie espec\u00edficamente moderna, del punto de vista de su etos, de su ideolog\u00eda, de sus medios y su estructura. M\u00e1s adelante, volveremos a ese punto.  La Primera Guerra Mundial inaugur\u00f3 esa nueva fase de barbarie civilizada. Dos autores, los primeros, dieron la se\u00f1al de alarma en 1914: Rosa Luxemburgo y Franz Kafka. A pesar de sus evidentes diferencias, tienen en com\u00fan el hecho de haber tenido la intuici\u00f3n -cada uno a su manera- de que en el curso de aquella guerra estaba por constituirse algo sin precedentes.  Al usar una frase del orden &quot;socialismo o barbarie&quot;, Rosa Luxemburgo en La crisis de la socialdemocracia, en 1915 (firmada con el seud\u00f3nimo &quot;Junius&quot;), rompe con la concepci\u00f3n -de origen burguesa pero adoptada por la Segunda Internacional- de la historia como progreso irresistible, inevitable, &quot;garantizado&quot; por leyes &quot;objetivas&quot; del desenvolvimiento econ\u00f3mico o de la evoluci\u00f3n social. Esta frase est\u00e1 sugerida en ciertos textos de Marx o de Engels, pero es Rosa Luxemburgo quien le da esa formulaci\u00f3n expl\u00edcita y elaborada que implica una percepci\u00f3n de la historia como un proceso abierto, como una serie de &quot;bifurcaciones&quot; donde el &quot;factor subjetivo&quot; -conciencia, organizaci\u00f3n, iniciativa- de los oprimidos se torna decisivo. No se trata m\u00e1s de esperar que el fruto &quot;madure&quot;, seg\u00fan las &quot;leyes naturales&quot; de la econom\u00eda o de la historia, sino de actuar antes de que sea demasiado tarde.  El otro t\u00e9rmino de la alternativa es un siniestro peligro: la barbarie. En un primer momento, ella parece considerar una &quot;reca\u00edda en la barbarie&quot; como &quot;la aniquilaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n&quot;, una decadencia an\u00e1loga a aquella de la Roma antigua5. Pero luego se da cuenta de que no se trata de un &quot;regresi\u00f3n&quot; imposible a un pasado tribal, primitivo o &quot;salvaje&quot;, sino m\u00e1s bien de una barbarie eminentemente moderna, de la cual la Primera Guerra Mundial brinda un ejemplo sorprendente, mucho peor en su asesina inhumanidad que las pr\u00e1cticas guerreras de los conquistadores &quot;b\u00e1rbaros&quot; de fines del Imperio Romano. Jam\u00e1s en el pasado tecnolog\u00edas tan modernas -los tanques, los gases t\u00f3xicos, la aviaci\u00f3n militar- hab\u00edan sido colocadas al servicio de una pol\u00edtica imperialista de masacre y agresi\u00f3n en una escala tan inmensa.  Las intuiciones de Kafka son de una naturaleza totalmente diferente. Es bajo una forma literaria e imaginaria como \u00e9l describe la nueva barbarie. Se trata de una novela titulada La colonia penal: en una colonia francesa, un soldado &quot;ind\u00edgena&quot; es condenado a muerte por oficiales cuya doctrina jur\u00eddica resume en pocas palabras la quintaesencia de lo arbitrario: &quot;la culpabilidad no debe ser jam\u00e1s colocada en duda&quot;. Su ejecuci\u00f3n debe ser llevada a cabo por una m\u00e1quina de tortura que escribe lentamente sobre su cuerpo con agujas que lo atraviesan la frase &quot;Honra a tus superiores&quot;.  El personaje central de la novela no es un viajero que observa los acontecimientos con una hostilidad muda, ni el prisionero que no reacciona de ninguna forma, ni el oficial que preside la ejecuci\u00f3n, ni el comandante de la colonia. Es la misma m\u00e1quina.  Todo el relato gira en torno de ese siniestro aparato (Apparat), que parece m\u00e1s y m\u00e1s, en el curso de la detallada explicaci\u00f3n que el oficial brinda al viajero, como un fin en s\u00ed mismo. El aparato no est\u00e1 all\u00ed para ejecutar al hombre sino al contrario, el hombre est\u00e1 para la m\u00e1quina, para proporcionarle un cuerpo sobre el cual ella pueda escribir su est\u00e9tica obra maestra, su sangrienta inscripci\u00f3n ilustrada con &quot;muchos adornos floridos&quot;. El oficial mismo es apenas un servidor de la M\u00e1quina y, finalmente, \u00e9l tambi\u00e9n se sacrifica a ese insaciable Moloch6.  \u00bfEn qu\u00e9 &quot;m\u00e1quina de poder&quot; b\u00e1rbara, en que &quot;aparato de autoridad&quot; sacrificador de vidas humanas pensaba Kafka? La colonia penal fue escrita en octubre de 1914, tres meses despu\u00e9s de la eclosi\u00f3n de la gran guerra. Hay pocos textos en la literatura universal que presentan de manera tan penetrante la l\u00f3gica mort\u00edfera de la barbarie moderna como un mecanismo impersonal.  Esos presentimientos parecen perderse en los a\u00f1os de posguerra. Walter Benjamin es uno de esos raros pensadores marxistas que entiende que el progreso t\u00e9cnico e industrial puede ser portador de cat\u00e1strofes sin precedentes. De ah\u00ed proviene su pesimismo no fatalista, pero s\u00ed activo y revolucionario. En un art\u00edculo de 1929, \u00e9l defin\u00eda la pol\u00edtica revolucionaria como &quot;la organizaci\u00f3n del pesimismo&quot;, un pesimismo en todas las l\u00edneas: desconfianza en cuanto al destino de la libertad, desconfianza en cuanto al destino del pueblo europeo. Y a\u00f1ade ir\u00f3nicamente: &quot;confianza ilimitada solamente en IG Farben y en el perfeccionamiento pac\u00edfico de la Luftwaffe&quot;.7 Ahora bien, el mismo Benjamin, el m\u00e1s pesimista de todos, no pod\u00eda adivinar hasta qu\u00e9 punto esas dos instituciones iban a mostrar, algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, la capacidad mal\u00e9fica y destructiva de la modernidad.8  Puede definirse como propiamente moderna la barbarie que presenta las siguientes caracter\u00edsticas: Utilizaci\u00f3n de medios t\u00e9cnicos modernos. Industrializaci\u00f3n del homicidio.  Exterminaci\u00f3n en masa gracias a tecnolog\u00edas cient\u00edficas de punta.  Impersonalidad de la masacre. Poblaciones enteras -hombre y mujeres, ni\u00f1os y ancianos- son &quot;eliminadas&quot; con el menor contacto personal posible entre quien es el que toma la decisi\u00f3n y las v\u00edctimas.  Gesti\u00f3n burocr\u00e1tica, administrativa, eficaz, planificada, &quot;racional&quot; (en t\u00e9rminos instrumentales) de los actos de barbarie.  Ideolog\u00eda legitimadora de tipo moderno: &quot;biol\u00f3gica&quot;, &quot;higi\u00e9nica&quot;, &quot;cient\u00edfica&quot; (no religiosa ni tradicionalista).  Todos los cr\u00edmenes contra la humanidad, genocidios y masacres del siglo XX no son modernos en el mismo grado: el genocidio de los armenios en 1915, el llevado a cabo por Pol Pot en Camboya, aquel de los tutsis en Ruanda, etc., asocian, cada uno de manera espec\u00edfica, caracter\u00edsticas modernas y arcaicas.  Las cuatro masacres que encarnan de manera m\u00e1s acabada la modernidad de la barbarie son el genocidio nazi contra los jud\u00edos y los gitanos, la bomba at\u00f3mica en Hiroshima, el Gulag estalinista y la guerra norteamericana en Vietnam. Los dos primeros son probablemente los m\u00e1s integralmente modernos: la c\u00e1mara de gas de los nazis y la muerte at\u00f3mica norteamericana contienen pr\u00e1cticamente todos los ingredientes da la barbarie tecnoburocr\u00e1tica moderna.  Auschwitz representa la modernidad no solamente por su estructura de f\u00e1brica de muerte, cient\u00edficamente organizada y que utiliza las t\u00e9cnicas m\u00e1s eficaces: el genocidio de jud\u00edos y gitanos es tambi\u00e9n, como observa el soci\u00f3logo Zygmunt Bauman, un producto t\u00edpico de la cultura racional burocr\u00e1tica, que elimina de las gesti\u00f3n administrativa toda interferencia moral. Es, desde este punto de vista, uno de los posibles resultados del proceso civilizador en cuanto a racionalizaci\u00f3n y centralizaci\u00f3n de la violencia y como producto social de indiferencia moral. &quot;Como toda otra acci\u00f3n conducida de manera moderna -racional, planificada, cient\u00edficamente informada, dirigida de forma eficaz y coordinada- el Holocausto dej\u00f3 atr\u00e1s todos sus pretendidos equivalentes premodernos, revel\u00e1ndolos en comparaci\u00f3n como primitivos, antiecon\u00f3micos e ineficaces&#8230; Se eleva muy por encima de los episodios de genocidios del pasado, de la misma forma que la f\u00e1brica industrial moderna est\u00e1 muy por encima de la oficina artesanal&quot;.9  La ideolog\u00eda legitimadora del genocidio es tambi\u00e9n de tipo moderno, seudocient\u00edfico, biol\u00f3gico, antropom\u00e9trico, eugenista. La utilizaci\u00f3n obsesiva de f\u00f3rmulas seudom\u00e9dicas es la caracter\u00edstica del discurso antisemita de los dirigentes nazis, lo cual puede ser notado en sus conversaciones privadas. En una carta a Himmler en 1942, Adolfo Hitler insist\u00eda: &quot;La batalla en la cual estamos comprometidos hoy es del mismo tipo que la batalla liderada en el siglo pasado por Pasteur y Koch. Cu\u00e1ntas dolencias tuvieron su origen en el virus jud\u00edo&#8230; Nosotros no encontraremos nuestra salud sin eliminar a los jud\u00edos&quot;.10 En su notable ensayo sobre Auschwitz11, Enzo Traverso destaca, con palabras sobrias, precisas y l\u00facidas, el contexto del genocidio. No se trata de una simple &quot;resistencia irracional a la modernizaci\u00f3n&quot; ni de un residuo de antigua barbarie, sino de una manifestaci\u00f3n patol\u00f3gica de la modernidad, del rostro escondido, infernal, de la civilizaci\u00f3n occidental, de una barbarie industrial, tecnol\u00f3gica, &quot;racional&quot; (del punto de vista instrumental). Tanto la motivaci\u00f3n decisiva del genocidio -una biolog\u00eda racial- como sus formas de realizaci\u00f3n -las c\u00e1maras de gas- eran perfectamente modernas. Si la racionalidad instrumental no basta para explicar Auschwitz, ella es su condici\u00f3n necesaria e indispensable. En los medios de exterminio nazis, se encuentra una combinaci\u00f3n de diferentes instituciones t\u00edpicas de la modernidad: al mismo tiempo, la prisi\u00f3n descripta por Foucalt, la f\u00e1brica capitalista de la cual hablaba Marx, &quot;la organizaci\u00f3n cient\u00edfica del trabajo&quot;, de Taylor, la administraci\u00f3n racional\/burocr\u00e1tica seg\u00fan Max Weber.  Este \u00faltimo hab\u00eda intuido, de manera muy convincente, la transformaci\u00f3n de la raz\u00f3n occidental en fuerza destructiva. Su an\u00e1lisis de la burocracia como m\u00e1quina &quot;deshumanizada&quot;, impersonal, sin amor ni pasi\u00f3n, indiferente a todo aquello que no es su tarea jer\u00e1rquica, es esencial para comprender la l\u00f3gica reificada de los campos de la muerte.  Eso vale tambi\u00e9n para la f\u00e1brica capitalista, que estaba presente en Auschwitz, al mismo tiempo que en las oficinas de trabajo esclavo de la empresa IG Farben y en las c\u00e1maras de gas, lugares de producci\u00f3n de asesinados &quot;en cadena&quot;. Pero la &quot;soluci\u00f3n final&quot; es irreductible a toda l\u00f3gica econ\u00f3mica: la muerte no es una mercanc\u00eda ni una fuente de lucro.  Traverso critica, de manera muy convincente, las interpretaciones -inspiradas, en un grado u otro, por la ideolog\u00eda del progreso- del nazismo y del genocidio como producto de la historia del irracionalismo alem\u00e1n (George Luc\u00e1cs), de una &quot;salida&quot; de Alemania por fuera de la cuna occidental (J\u00fcrgen Habermas) o de un movimiento de &quot;descivilizaci\u00f3n&quot; (Entzivilisierung) inspirado por una ideolog\u00eda &quot;preindustrial&quot; (Norbert Elias). Si el proceso civilizatorio significa, ante todo, la monopolizaci\u00f3n por el Estado de la violencia -como lo muestran, despu\u00e9s de Hobbes, tanto Weber como Elias-, es necesario reconocer que la violencia del Estado est\u00e1 en el origen de todos los genocidios del siglo XX. Auschwitz no representa una &quot;regresi\u00f3n&quot; en direcci\u00f3n al pasado, a una edad b\u00e1rbara primordial, pero es realmente uno de las caras posibles de la civilizaci\u00f3n industrial occidental. Constituye al mismo tiempo una ruptura con la herencia humanista e universalista de los Iluministas y un ejemplo terrible de las potencialidades negativas y destructivas de nuestra civilizaci\u00f3n.  Si el exterminio de los jud\u00edos por el Tercer Reich es comparable con otros actos b\u00e1rbaros, no por eso deja de ser un evento singular. Es necesario rechazar las interpretaciones que eliminan las diferencias entre Auschwitz y los campos sovi\u00e9ticos, las masacres coloniales o los progroms, etc.12 El crimen de guerra que tiene m\u00e1s afinidades con Auschwitz es Hiroshima, como comprendieron tan bien G\u00fcnther Anders y Dwight MacDonald: en los dos casos, se delega la tarea a una m\u00e1quina de muerte formidablemente moderna, tecnol\u00f3gica y &quot;racional&quot;. Pero las diferencias son fundamentales. Inicialmente, las autoridades americanas no tuvieron jam\u00e1s como objetivo -como aquellas del Tercer Reich- realizar el genocidio de toda una poblaci\u00f3n: en el caso de las ciudades japonesas, la masacre no era, como en los campos nazis, un fin en s\u00ed mismo, sino un simple &quot;medio&quot; para alcanzar objetivos pol\u00edticos. El objetivo de la bomba at\u00f3mica no era el exterminio de la poblaci\u00f3n japonesa como fin aut\u00f3nomo. Se trataba, sobre todo, de acelerar el fin de la guerra y demostrar la supremac\u00eda militar norteamericana frente a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. En un informe secreto de mayo de 1945 al presidente Truman, el Target Comittee -o &quot;Comit\u00e9 Blanco&quot;, compuesto por los generales Groves, Norstadt y el matem\u00e1tico Von Neuman- observa fr\u00edamente: &quot;La muerte y la destrucci\u00f3n no solamente intimidar\u00e1n a los japoneses sobrevivientes y los presionar\u00e1n para aceptar la capitulaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n (como una ganancia extra) asustar\u00e1n a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. En s\u00edntesis, EU podr\u00eda terminar m\u00e1s r\u00e1pidamente la guerra y, al mismo tiempo, ayudar a moldear el mundo de posguerra&quot; 13.  Para obtener esos objetivos pol\u00edticos, la ciencia y la tecnolog\u00eda m\u00e1s avanzada fueron utilizadas en centenares de miles de civiles inocentes; hombres, mujeres y ni\u00f1os fueron masacrados, sin hablar de la contaminaci\u00f3n por las radiaciones nucleares de las generaciones futuras.  Otra diferencia con Auschwitz es, sin duda, un n\u00famero muy inferior de v\u00edctimas. Pero la comparaci\u00f3n de las dos formas de barbarie burocr\u00e1ticomilitar es muy pertinente. Los propios dirigentes norteamericanos eran conscientes del paralelo con los cr\u00edmenes nazis: en una conversaci\u00f3n con Truman el 6 de junio de 1945, el secretario de Estado, Stimson, relataba sus sentimientos: &quot;dije a Truman que estaba inquieto con ese aspecto de la guerra&#8230; porque yo no quer\u00eda que los americanos ganaran la reputaci\u00f3n de sobrepasar a Hitler en atrocidades&quot; 14.  En muchos aspectos, Hiroshima representa un nivel superior de modernidad, tanto por la novedad cient\u00edfica y tecnol\u00f3gica representada por la bomba at\u00f3mica, como por el car\u00e1cter todav\u00eda m\u00e1s lejano, impersonal, puramente &quot;t\u00e9cnico&quot; del acto exterminador: presionar un bot\u00f3n, abrir la escotilla que libera la carga nuclear. En el contexto particular y as\u00e9ptico de muerte at\u00f3mica entregada por v\u00eda a\u00e9rea, se dejaron atr\u00e1s ciertas formas manifiestamente arcaicas del Tercer Reich, como las explosiones de crueldad, el sadismo y la furia asesina de los oficiales de la SS. Esa modernidad se encuentra en la c\u00fapula norteamericana que toma -despu\u00e9s de haber pesado cuidadosa y &quot;racionalmente&quot; los pros y las contras- la decisi\u00f3n de exterminar la poblaci\u00f3n de Hiroshima y Nagasaki: un organigrama burocr\u00e1tico complejo compuesto por cient\u00edficos, generales, t\u00e9cnicos, funcionarios y pol\u00edticos tan grises como Harry Truman, en contraste con los accesos de odio irracional de Adolfo Hitler y sus fan\u00e1ticos.  En el curso de los debates que precedieron a la decisi\u00f3n de lanzar la bomba, ciertos oficiales, como el general Marshall, manifestaron sus reservas, en la medida en que ellos defend\u00edan el antiguo c\u00f3digo militar, o sea, una concepci\u00f3n tradicional de la guerra que no admit\u00eda la masacre intencional de civiles. Estos oficiales fueron derrotados por un nuevo punto de vista, m\u00e1s &quot;moderno&quot;, fascinado por la novedad cient\u00edfica y t\u00e9cnica del arma at\u00f3mica, un punto de vista que no ten\u00eda nada que ver con c\u00f3digos militares arcaicos y que no se interesaba sino por el c\u00e1lculo de ganancias y p\u00e9rdidas, esto es, en criterios de eficacia pol\u00edtico-militar15. Ser\u00eda necesario agregar que un cierto n\u00famero de cient\u00edficos que hab\u00edan participado, por convicci\u00f3n antifascista, en los trabajos de preparaci\u00f3n del arma at\u00f3mica, protestaron contra la utilizaci\u00f3n de sus descubrimientos sobre la poblaci\u00f3n civil de las ciudades japonesas.  Una palabra sobre el Gulag estalinista: si bien tiene mucho en com\u00fan con Auschwitz -campos de concentraci\u00f3n, r\u00e9gimen totalitario, millones de v\u00edctimas-, se distingue por el hecho de que el objetivo de los campos sovi\u00e9ticos no era el exterminio de los prisioneros sino su explotaci\u00f3n brutal como fuerza de trabajo esclava. En otras palabras puede compararse Kolyma y Buchenwald, pero no Gulag y Treblinka. Ninguna contabilidad macabra -como aquella fabricada por St\u00e9phane Courtios y otros anticomunistas profesionales- puede negar esa diferencia.  El Gulag era una forma de barbarie moderna en la medida en que estaba burocr\u00e1ticamente administrado por un Estado totalitario y colocado al servicio de proyectos estalinistas fara\u00f3nicos de &quot;modernizaci\u00f3n&quot; econ\u00f3mica de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Pero se caracteriza tambi\u00e9n por trazos m\u00e1s &quot;primitivos&quot;: corrupci\u00f3n, ineficacia, arbitrariedad, &quot;irracionalidad&quot;. Por esta raz\u00f3n, se sit\u00faa en un grado de modernidad inferior al sistema de campos de concentraci\u00f3n del Tercer Reich.  En fin, la guerra estadunidense en Vietnam, el atroz n\u00famero de v\u00edctimas exterminadas por los bombardeos, el napalm o las ejecuciones colectivas constituye, en varios aspectos, una interveci\u00f3n extremadamente moderna: fundada sobre una planificaci\u00f3n &quot;racional&quot; -con la utilizaci\u00f3n de computadoras y de un ej\u00e9rcito de especialistas-, moviliza un armamento muy sofisticado, usando tecnolog\u00eda de punta del progreso t\u00e9cnico de los a\u00f1os sesenta-setenta: napalm, herbicidas, bombas de fragmentaci\u00f3n, etc\u00e9tera. 16  Esa guerra no fue un conflicto colonial como los otros: basta recordar que la cantidad de bombas y explosivos lanzados sobre el Vietnam fue superior a la utilizada por todos los beligerantes durante la Segunda Guerra Mundial. Como en el caso de Hiroshima, la masacre no era un objetivo en s\u00ed, sino un medio pol\u00edtico y, si bien la cifra de muertos es muy superior a la de las dos ciudades japonesas, no se encuentra en Vietnam aquella perfecci\u00f3n de modernidad t\u00e9cnica e impersonal, aquella abstracci\u00f3n cient\u00edfica de la muerte que caracteriza a la muerte at\u00f3mica.17  La naturaleza contradictoria del &quot;progreso&quot; y de la &quot;civilizaci\u00f3n&quot; moderna se encuentra en el coraz\u00f3n de las reflexiones de la Escuela de Frankfurt. En La Dial\u00e9ctica del Iluminismo (1944), Adorno y Horkheimer constatan la tendencia de la racionalidad instrumental a transformarse en locura asesina: la &quot;luminosidad helada&quot; de la raz\u00f3n proyectista &quot;acarrea la simiente de la barbarie&quot;. En una nota redactada en 1945 para Minima Moralia, Adorno utiliza la expresi\u00f3n &quot;progreso regresivo&quot; tratando de dar cuenta de la naturaleza paradojal de la civilizaci\u00f3n moderna.18  Entretanto, esas expresiones tambi\u00e9n son tributarias, a pesar de todo, de la filosof\u00eda del progreso. En verdad, Auschwitz e Hiroshima no constituyen para nada una &quot;regresi\u00f3n a la barbarie&quot; o, por lo mismo, una &quot;regresi\u00f3n&quot;: no hay nada en el pasado que sea comparable a la producci\u00f3n industrial, cient\u00edfica, an\u00f3nima y racionalmente administrada de la muerte en nuestra \u00e9poca. Basta comparar Auschwitz e Hiroshima con las pr\u00e1cticas guerreras de las tribus b\u00e1rbaras del siglo IV para darse cuenta de que no tienen nada en com\u00fan: la diferencia no es solamente de escala, sino de naturaleza. \u00bfEs posible comparar las pr\u00e1cticas m\u00e1s &quot;feroces&quot; de los &quot;salvajes&quot; (muerte ritual del prisionera de guerra, canibalismo, reducci\u00f3n de cabezas, etc\u00e9tera) con una c\u00e1mara de gas o una bomba at\u00f3mica? Son fen\u00f3menos enteramente nuevos, que no ser\u00edan posibles fuera del siglo XX.  Las atrocidades en masa, tecnol\u00f3gicamente perfeccionadas y burocr\u00e1ticamente organizadas, pertenecen \u00fanicamente a nuestra civilizaci\u00f3n industrial avanzada. Auschwitz e Hiroshima no constituyen &quot;regresiones&quot;: son cr\u00edmenes irremediable y exclusivamente modernos.  Existe entretanto un dominio espec\u00edfico de &quot;barbarie civilizada&quot; en la que se puede efectivamente hablar de regresi\u00f3n: se trata de la tortura. Como destaca Eric Hobsbawn en su admirable ensayo de 1994, Barbarie: una gu\u00eda para el usuario: &quot;A partir de 1782, la tortura fue formalmente eliminada del procedimiento judicial de los pa\u00edses civilizados. En teor\u00eda, no era m\u00e1s tolerada en los aparatos coercitivos del Estado. Un preconcepto contra esa pr\u00e1ctica era tan fuerte que la misma no podr\u00eda retornar despu\u00e9s de la derrota de la Revoluci\u00f3n Francesa que la hab\u00eda abolido&#8230; Puede sospecharse que en los reductos de la barbarie tradicional que resisten al progreso moral -por ejemplo, las prisiones militares u otras instituciones an\u00e1logas- la tortura de hecho no desapareci\u00f3&#8230;&quot; Ahora, en el siglo XX, bajo el fascismo o el estalinismo, en las guerras coloniales (Argelia, Irlanda, etc\u00e9tera) y en las dictaduras latinoamericanas, la tortura es empleada de nuevo a gran escala.19  Los m\u00e9todos son diferentes -la electricidad substituye al fuego y los torniquetes-, pero la tortura de prisioneros pol\u00edticos se torn\u00f3 en el curso del siglo XX una pr\u00e1ctica rutinaria -e igualmente oficial- de reg\u00edmenes totalitarios, dictatoriales y tambi\u00e9n, en ciertos casos (las guerras coloniales), &quot;democr\u00e1ticos&quot;.  En ese caso, el t\u00e9rmino &quot;regresi\u00f3n&quot; es pertinente, en la medida en que la tortura era practicada en innumerables sociedades premodernas, y tambi\u00e9n en la Europa de la Edad Media y durante el siglo XVIII. Una metodolog\u00eda b\u00e1rbara que el proceso civilizador parec\u00eda haber suprimido en el curso del siglo XIX retorn\u00f3 en el XX, bajo una forma m\u00e1s moderna -desde el punto de vista de las t\u00e9cnicas-, pero no menos inhumana.  Considerar la barbarie moderna del siglo XX exige el abandono de la ideolog\u00eda del progreso lineal. Eso no quiere decir que el progreso t\u00e9cnico y cient\u00edfico sea intr\u00ednsecamente portador de maleficios ni tampoco lo inverso. Simplemente, la barbarie es una de las manifestaciones posibles de la civilizaci\u00f3n industrial\/capitalista moderna o de su copia &quot;socialista&quot; burocr\u00e1tica.  Tampoco se trata de reducir la historia del siglo XX a sus momentos de barbarie: esa historia conoce tambi\u00e9n la esperanza, las sublevaciones de los oprimidos, las solidaridades internacionales, los combates revolucionarios: M\u00e9xico, 1914; Petrogrado, 1917; Budapest, 1919; Barcelona, 1936; Par\u00eds, 1944; Budapest, 1956; La Habana, 1961; Par\u00eds, 1968; Lisboa, 1974; Managua, 1979; Chiapas, 1994. Esos fueron algunos de los momentos fuertes -y tambi\u00e9n ef\u00edmeros- de esa dimensi\u00f3n emancipadora del siglo. Ellos constituyen preciosos puntos de apoyo para la lucha de las generaciones futuras por una sociedad humana y solidaria.    Notas  1 Norbert Elias, La Dynamyque de l\u00b4Occident, Calmann-L\u00e9vy, Paris, 1975, pp. 181-190. Una referencia al combate abisinio suena extra\u00f1a en el momento en que Etiop\u00eda combat\u00eda por su libertad contra la invasi\u00f3n colonial del fascismo italiano, portador de una pretendida misi\u00f3n &quot;civilizadora&quot;.  2 Norbert Elias, La civilisation des moeurs, Calmann-L\u00e8vy, Paris, 1973, p. 280.  3 Marx, Le Capital, vol. I, p.557-558,563  4 Marx, &quot;Arbeitslohn&quot;, 1847, Kleine \u00d6konomische Schriften, Berlin, Dietz Verlag, 1955, p. 245  5 R. Luxemburgo, A crise da social-democracia, 1915.  6 Kafka, In del Strafkolonie, Erz\u00e4hlung und kleine Prosa, N. York, Schocken Books, 1946, pp. 181-113.  7 W. Benjamin, &quot;O surrealismo. O \u00faltimo instante de intelig\u00eancia europ\u00e9ia&quot;, 1929, en Mythe et violence, Paris, Letras Novas, 1971, p. 312.  8 Recordemos que el gran trust qu\u00edmico IG Farben no solamente utiliz\u00f3 mano de obra esclava en Auschwitz, sino que tambi\u00e9n produjo el gas Zyklotron B, que serv\u00eda para exterminar las v\u00edctimas de los campos de concentraci\u00f3n nazis.  9 Zygmut Bauman, Modernity and the Holocaust, London, Polity Press, 1989, pp. 15 y 28 . 10 Citado por Zygmunt Bauman, obra citada en nota precedente, p. 71.  11 Enzo Traverso, L&#8217;Histoire d\u00e8chir\u00e8e. Essai sur Auschwitz et les intellectuels, Paris, Cerf. 1997.  12 Sobre ese asunto, remito a la excelente contribuci\u00f3n de Enzo Traverso &quot;La singularidad de Auschwitz. Hip\u00f3tesis, problemas y derivaciones de la pesquisa hist\u00f3rica&quot;, Pour une critique de la barbarie modernes. Ecrits sur l&#8217;histoire des juifs e de l&#8217;antis\u00e9mitisme, Lausanne, Ed. Page deux, 1997.  13 Citado de los archivos hist\u00f3ricos recientemente abiertos al p\u00fablico en Barton J. Bernstein, &quot;The Atomic Bombings Reconsidered&quot;, Foreign Affairs, febrero de 1995, p. 143.  14 Ib., p. 146 . 15 Sobre las reservas de Marshall, cf. Barton J. Bernstein, nota 13, p.143 . 16 De hecho, es enteramente racional si &quot;raz\u00f3n&quot; significa racionalidad instrumental, aplicar la fuerza militar norteamericana, los B-52, el napalm y todo el resto en Vietnam &quot;bajo dominaci\u00f3n comunista&quot; (claramente una &quot;causa indeseable&quot;) como un &quot;operador&quot; para transformarlo en &quot;causa deseable&quot;. Joseph Weizenbaum, &quot;Computer Power and Human Reason&quot;, en From Judgemente to Calculation, S. Francisco, W. H. Freeman, 1976, p. 252.  17 Otras guerras coloniales tuvieron lugar en el siglo XX ( Indochina, Argelia, Africa colonial portuguesa) pero ninguna alcanz\u00f3 el grado de modernidad de la de Vietnam. En comparaci\u00f3n parecen arcaicas, primitivas.  18 T. W. Adorno, M. Horkheimer, La Dialectique de la raison, Gallimard, Paris, 1974, p. 48, y T. W. Adorno, Minima Moralia, Payot, Paris, 1983, p.134.  19 E. Hobsbawn, Barbarism: An User Guide. On History, Weidenfelds and Nicholson, London, 1997, pp. 259-263 .   Michael L\u00f6wy, brasile\u00f1o, soci\u00f3logo e investigador del Consejo Nacional de Investigaci\u00f3n Cient\u00edfica (CNRS) de Francia y autor, entre otros, de Sublevaci\u00f3n de melancol\u00eda: el romanticismo de contramano con la modernidad.   Traducci\u00f3n, Elena Raimondi; colaboraci\u00f3n, Mar\u00eda Elena Saludas .<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"class_list":["post-258","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-imperio-imperialismo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/258","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=258"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/258\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=258"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=258"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=258"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}