{"id":2685,"date":"2014-06-01T00:00:00","date_gmt":"2014-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2685"},"modified":"2020-02-18T10:27:00","modified_gmt":"2020-02-18T09:27:00","slug":"la-utopia-de-don-quijote","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2685","title":{"rendered":"La utop\u00eda de don Quijote"},"content":{"rendered":"<p>I<\/p>\n<p>Aunque toda creaci\u00f3n literaria hunde sus ra\u00edces en el suelo nutricio de la sociedad de su tiempo, muestra siempre la capacidad de dialogar con los lectores de otras sociedades y otros tiempos. Por ello, puede responder a sus preguntas en un interrogatorio inagotable. Pero las preguntas, para que puedan ser contestadas, tienen que estar dirigidas a la obra misma. Es decir, a un objeto que, una vez producido, adquiere una vida propia, y por ello sobrevive a -y se independiza de-la vida de su autor. En nuestro caso, la obra que ahora nos proponemos interrogar es Don Quijote de la Mancha. Y nuestra pregunta se dirige no a lo que su autor se propuso poner en ella, sino a lo que encontramos -como lector- en la obra. Distinguimos, por tanto, entre las ideas encarnadas, formadas en la obra, y las ideas que el autor pretendi\u00f3 encarnar o formar. O tambi\u00e9n: entre sus intenciones y prop\u00f3sitos -si es que tenemos acceso a ellos- y sus resultados.<\/p>\n<p>La historia de la literatura nos ofrece ejemplos aleccionadores de obras cuyas ideas se encaman en ellas \u00aba pesar de\u00bb o \u00abcontra\u00bb las intenciones o prop\u00f3sitos de su autor. Baste citar, en este punto, los casos ejemplares de Balzac, Tolstoi y, entre nosotros, Jos\u00e9 Revueltas. Y ello incluso aunque el autor manifieste expresamente sus intenciones, como hace Cervantes al declarar en el p\u00e1rrafo final de Don Quijote que: \u00abno ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballer\u00eda\u00bb. Ahora bien, es la obra misma, y no el prop\u00f3sito declarado de su autor, la que ha de decirnos si toda la riqueza y universalidad de Don Quijote cabe en la nuez de la parodia de un g\u00e9nero literario que ya hab\u00eda caducado en su tiempo.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Si es la obra la que tiene que responder a las preguntas que se le hacen, hay que destacar el n\u00famero abrumador de preguntas que se han hecho a la obra de Cervantes, y de respuestas que se han encontrado en ella. Detengamos nuestra atenci\u00f3n, dentro de este oc\u00e9ano diverso e inagotable, en dos de ellas. Una es la de Heine, el poeta rom\u00e1ntico amigo de Marx, quien pregunta por el significado de la locura -de don Quijote. Y lo encuentra en \u00abquerer introducir demasiado pronto el porvenir en el presente\u00bb. Es, en verdad, la pregunta del rom\u00e1ntico que se siente a disgusto en la sociedad prosaica de su tiempo y al que le preocupa -como a su amigo el revolucionario Marx- el porvenir que ha de desplazar al presente. En nuestro segundo ejemplo, es Unamuno -este angustiado vasco al que tanto le duele Espa\u00f1a- el que pregunta. Pregunta precisamente a la obra de Cervantes por el ser de Espa\u00f1a y lo encuentra -como respuesta en ella- en el quijotismo como hambre de inmortalidad.<\/p>\n<p>Las preguntas de Heine y Unamuno forman parte de la interminable lista de ellas que, desde diferentes alturas de los tiempos, en diversas sociedades y desde perspectivas ideol\u00f3gicas distintas, se han hecho a la obra de Cervantes. Ahora bien, estas preguntas para que puedan ser contestadas no han de ser arbitraria o simple proyecci\u00f3n del sujeto que las hace. Tiene que darse en la obra misma, en su organizaci\u00f3n interna, la posibilidad de la respuesta. De no ser as\u00ed, la pregunta quedar\u00e1 en el aire.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Y nuestra pregunta es la siguiente: \u00bfpodemos leer la novela de Cervantes como una utop\u00eda? La pregunta tiene sentido, a nuestro juicio, porque don Quijote es, a lo largo de ella, un hombre de acci\u00f3n. Pues bien, si es as\u00ed, cabe preguntar: \u00bfqu\u00e9 es lo que le mueve a aventurarse o a actuar?, \u00bfqu\u00e9 valores o ideales le impulsan?, \u00bfy c\u00f3mo act\u00faa? Y nuestra respuesta, que habr\u00e1 de argumentarse desde ahora, es: lo que le mueve a actuar es una utop\u00eda, y su comportamiento pr\u00e1ctico, su modo de realizarla, es ut\u00f3pico. Pero no apresuremos el paso.<\/p>\n<p>Dec\u00edamos anteriormente que si la pregunta mira, ante todo, al sujeto que la hace, la respuesta tiene que enraizarse en la obra. Es decir, en ella tiene que darse la posibilidad de la respuesta para que la pregunta no quede en el aire. Ahora bien, esta posibilidad se da, en primer lugar, porque en la obra encontramos un discurso ut\u00f3pico directo: la oraci\u00f3n de don Quijote a los cabreros sobre la Edad de Oro (1, XI); y, en segundo lugar, porque todo el conjunto de acciones o aventuras del ingenioso hidalgo pueden verse como el intento fracasado de realizar el contenido ut\u00f3pico de ese discurso.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la pregunta tiene sentido desde el \u00e1ngulo del objeto, de la obra. Ahora bien, desde el lado del sujeto, se trata de la pregunta que brota de un presente, el nuestro, en el que el pragmatismo, el eficientismo y el consumismo, impuestos por la l\u00f3gica capitalista, y el fracaso hist\u00f3rico de los grandes proyectos de transformaci\u00f3n social, ponen en cuesti\u00f3n la necesidad y la vitalidad de las utop\u00edas. No es casual que los bachilleres y curas de nuestro tiempo, en su empe\u00f1o de reconciliar la idea con la realidad, griten: \u00a1estamos hartos de sue\u00f1os!, \u00a1basta ya de utop\u00edas!<\/p>\n<p>Preocupados por el destino de la utop\u00eda en tiempos de desencanto como los nuestros, en que se busca sepultarla, queremos hoy tomar el pulso a la obra de Cervantes, y ver si late de un modo ut\u00f3pico. Y si es as\u00ed, si hay una utop\u00eda en Don Quijote, qu\u00e9 tipo de utop\u00eda es, y qu\u00e9 aporta su lectura a quienes est\u00e1n preocupados por su destino en nuestro tiempo. Orientemos pues, la proa hacia el promontorio ut\u00f3pico cervantino.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Al hablar del discurso y comportamiento de don Quijote, estamos suponiendo un concepto de utop\u00eda que nos permite calificar ese discurso y ese comportamiento como ut\u00f3picos. \u00bfQu\u00e9 concepto es \u00e9ste? Por supuesto, el que vemos aplicado -no obstante sus convergencias y divergencias-en un conjunto de obras al que pertenecen las utop\u00edas m\u00e1s conocidas: las de Plat\u00f3n, en la Antig\u00fcedad griega; de Tom\u00e1s Moro, Campanella y Bacon, en el Renacimiento; o las de Fourier, Owen y Cabet, en el siglo XIX. A esta l\u00ednea utopista habr\u00eda que contraponer, para fijar mejor su contorno, un pensamiento antiut\u00f3pico como el de Arist\u00f3teles y Maquiavelo, ajustado a la manera de vivir de su \u00e9poca, o como el de Orwell en 1984, que prolonga y extrema en el futuro los rasgos m\u00e1s negativos del presente. Con base en las expresiones m\u00e1s conocidas de la mentalidad ut\u00f3pica, tanto en una caracterizaci\u00f3n nuestra, anterior, de la utop\u00eda, como en las reflexiones acerca de ella de tratadistas contempor\u00e1neos (Mannheim, Ricoeur), podemos distinguirla por los siguientes rasgos:<\/p>\n<p>1) La utop\u00eda remite imaginativamente a una sociedad futura, inexistente hasta ahora. En el presente, no hay lugar para ella; \u00abutop\u00eda\u00bb significa literalmente, seg\u00fan la traducci\u00f3n de Quevedo, \u00abno hay tal lugar\u00bb.<\/p>\n<p>2) La utop\u00eda no es, pero debe ser. En contraste con la contrautop\u00eda (la de Orwell, por ejemplo), es asumida por sus autores y propuesta a sus lectores como valiosa y, por tanto, como deseable.<\/p>\n<p>3) La utop\u00eda es valiosa y deseable justamente por su contraste con lo real, cuyo valor se rechaza y, por consiguiente, se considera detestable. Toda utop\u00eda entra\u00f1a, en consecuencia, una cr\u00edtica de lo existente. Y s\u00f3lo porque se halla en relaci\u00f3n con una realidad que, por detestable, es criticada, se hace necesaria.<\/p>\n<p>4) La utop\u00eda no s\u00f3lo marca -con su rechazo y cr\u00edtica- un distanciamiento de lo existente, sino tambi\u00e9n una alternativa imaginaria, que lo trasciende, a sus males y carencias.<\/p>\n<p>5) La utop\u00eda no s\u00f3lo anticipa imaginariamente esa alternativa, sino que expresa tambi\u00e9n el deseo, aspiraci\u00f3n o voluntad de realizarla. Lo cual significa a su vez que esa sociedad ut\u00f3pica que se desea, o aspira a realizar, se tiene por posible.<\/p>\n<p>6) Al tratar de realizarse la utop\u00eda, se muestra la impotencia o imposibilidad de realizarla. Pero esta impotencia, que es absoluta en ciertas utop\u00edas, es s\u00f3lo relativa y condicionada en otras. El fracaso de hoy puede ser el \u00e9xito de ma\u00f1ana. El sue\u00f1o, la ilusi\u00f3n presentes, pueden ser una realidad en el futuro. Pero subrayemos: pueden ser.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>Vemos, pues, que la utop\u00eda -ya sea en t\u00e9rminos absolutos o relativos- es del orden de lo irrealizable, en tanto que la top\u00eda (lo que tiene lugar) es del orden de lo realizado o realizable en el orden existente.<\/p>\n<p>La utop\u00eda se hace necesaria cuando no se acepta lo que es y, por tanto, se hace necesario trascenderlo. Al poner en cuesti\u00f3n lo real (la sociedad, el poder, sus valores e instituciones) y abrir un espacio ideal, irreal o futuro, la utop\u00eda es subversiva. Subvierte lo real y abre una ventana a lo posible. Hay, pues, una incongruencia entre utop\u00eda y top\u00eda, entre lo posible y lo real, que se trata de superar trascendiendo lo real, transform\u00e1ndolo, para que lo posible encuentre su lugar en la realidad. Lo que significa que una utop\u00eda concreta, determinada, deja de ser tal para dar paso a una nueva utop\u00eda. Ahora bien, la utop\u00eda que se mantiene como tal, es decir, a distancia de lo real, es \u00edndice de que el intento de realizarla se suelda con un fracaso. Pero el fracaso de una utop\u00eda concreta no anula toda utop\u00eda, aunque s\u00ed exige situarla en nuevas condiciones, esperar nuevos tiempos, o recurrir a nuevos medios para realizarla.<\/p>\n<p>En suma, no hay \u00abfin de la utop\u00eda\u00bb, como no hay \u00abfin de la historia\u00bb, ya que \u00e9sta es inconcebible sin un horizonte ut\u00f3pico, mientras sea necesaria y deseable una alternativa a la sociedad existente. Su fracaso pone de manifiesto la precariedad, inadecuaci\u00f3n o importunidad de los intentos de realizarla, pero no la necesidad y deseabilidad de su realizaci\u00f3n. S\u00f3lo quien se adapta a lo existente como un l\u00edmite insalvable, y se siente satisfecho dentro de sus l\u00edmites, puede renunciar a los sue\u00f1os, aspiraciones o proyectos de subvertir y transformar -aunque sea imaginariamente- lo real; es decir, a la utop\u00eda. Pero volvamos a Don Quijote.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>La sociedad ut\u00f3pica parece dibujada con toda nitidez en el discurso de don Quijote a los cabreros (1, XI). La sociedad con que \u00e9l sue\u00f1a no existe en el presente, pero ha existido en los tiempos que Cervantes llama la Edad de Oro, haci\u00e9ndose eco de un tema ya abordado por los grandes escritores de la Antig\u00fcedad cl\u00e1sica: Virgilio, Ovidio, Hes\u00edodo y S\u00e9neca. Edad dichosa aqu\u00e9lla porque entonces los que viv\u00edan en ella ignoraban estas dos palabras de tuyo y m\u00edo. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto.<\/p>\n<p>En este pasaje conviene subrayar lo que el propio Cervantes pone en cursivas: tuyo y m\u00edo. La dicha de los hombres de esos tiempos dorados queda vinculada a la ignorancia de esas dos palabras: es decir, a la inexistencia de la propiedad privada y, por tanto, como rasgo esencial de esa sociedad ut\u00f3pica, a la comunidad de bienes. Con esas dos palabras, Cervantes prefigura lo que dir\u00e1 m\u00e1s tarde Rousseau -como advierte Am\u00e9rico Castro- en su Discurso sobre la desigualdad entre los hombres. Ciertamente ser\u00eda excesivo ver en este pasaje una exaltaci\u00f3n embozada del comunismo primitivo, o hacer de Cervantes un Rousseau avant la lettre; pero es indudable que en la utop\u00eda de don Quijote est\u00e1 la idea de una sociedad futura, en la que el principio sacrosanto de la propiedad privada deja paso -como en las utop\u00edas de Plat\u00f3n o de Tom\u00e1s Moro- a las \u00abcosas comunes\u00bb. Se trata asimismo de una sociedad que don Quijote en su discurso sit\u00faa en el pasado. Una sociedad de la que se destaca no tanto su existencia hist\u00f3rica, que ciertamente no se afirma, como su condici\u00f3n de modelo o utop\u00eda que debe realizarse en el presente. Una sociedad en la que: Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia&#8230; No hab\u00eda el fraude, el enga\u00f1o ni la malicia mezcl\u00e1ndose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios t\u00e9rminos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje a\u00fan no se hab\u00eda sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no hab\u00eda que juzgar ni quien fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, solas y se\u00f1eras, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento las menoscabasen, y su perdici\u00f3n nac\u00eda de su gusto y propia voluntad. (1, XI)<\/p>\n<p>En suma, una sociedad que tiene por base econ\u00f3mica y social la inexistencia de la propiedad privada y la comunidad de bienes, y en la que imperan las relaciones de paz, amistad y concordia entre los hombres as\u00ed como la verdad y la llaneza, la honestidad y la justicia. Pero estos principios no son exclusivos de la sociedad so\u00f1ada y deseada, sino que tambi\u00e9n han de encarnarse en la sociedad presente, tan ayuna de ellos. La Edad de Oro con que sue\u00f1a don Quijote, como toda sociedad ut\u00f3pica, debe existir, justamente porque sus principios y valores no existen o se hallan degradados en el presente. Lo que existe es la \u00abEdad de Oro\u00bb que, como toda utop\u00eda, entra\u00f1a una cr\u00edtica de lo existente: la Edad de Hierro. Es \u00e9sta -como hace ver don Quijote a los at\u00f3nitos cabreros- una Edad detestable en la que imperan el fraude, el enga\u00f1o y la malicia; en la que no existen la paz, la amistad, ni la concordia; en la que el favor y el inter\u00e9s turban y ofenden a la justicia; en la que en el entendimiento del juez se asienta la \u00abley del encaje\u00bb y en la que la honestidad no puede andar a solas sin temor de verse menoscabada por lascivos intentos. Es asimismo la \u00e9poca en que la propiedad privada existe y se conocen las palabras tuyo y m\u00edo.<\/p>\n<p>Todas las aventuras de don Quijote envuelven una cr\u00edtica de esa Edad detestable, cr\u00edtica que a la vez apunta directamente a la sociedad espa\u00f1ola de su tiempo al flagelar la corrupci\u00f3n de su justicia, al hacer frente a las injusticias de todo g\u00e9nero por alta que sea su procedencia y al denunciar los vicios de sus instituciones (como la Iglesia) y de la clase dominante (la nobleza). Una cr\u00edtica, asimismo, de inspiraci\u00f3n humanista-renacentista y cristiano-eramista para la cual el valor del hombre se asienta en lo que hace (\u00abno es un hombre m\u00e1s que otro -dice don Quijote- si no hace m\u00e1s que otro\u00bb) y la virtud -a diferencia de la sangre-vale porque se sustenta en s\u00ed misma (\u00abla virtud vale por s\u00ed sola lo que la sangre no vale\u00bb). Ahora bien, la cr\u00edtica de lo realmente existente conduce a la utop\u00eda, a lo que debe ser, en tanto que los principios y valores ut\u00f3picos permiten medir y descalificar lo que es: la detestable Edad de Hierro.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>En Don Quijote no s\u00f3lo encontramos la cr\u00edtica de lo existente, sino tambi\u00e9n la utop\u00eda que nace de ella con sus principios y valores (el Bien, la Justicia, la Verdad, la Honestidad, la Concordia, la Paz). No hay -como ya hemos se\u00f1alado- una muralla que separe a la realidad de la utop\u00eda; una conduce a la otra. La percepci\u00f3n de lo que es lleva a la visi\u00f3n de lo que debe ser, y en lo que debe ser est\u00e1 la raz\u00f3n de que se critique lo que es. Pero no s\u00f3lo existe esa relaci\u00f3n mutua entre top\u00eda (lo que es) y utop\u00eda (lo que debe ser). Don Quijote no es s\u00f3lo el visionario de un mundo ideal: la \u00abEdad de Oro\u00bb. Su utop\u00eda no es tampoco pura y simplemente la visi\u00f3n placentera de un pasado feliz. Es la visi\u00f3n de un mundo ideal que debe realizarse, o de un pasado que debe ser restaurado. Lo ideal, la edad dorada, debe introducirse ahora y aqu\u00ed. No se trata de rememorar el pasado, sino de traerlo al presente, revivi\u00e9ndolo en la realidad, o sea, en los tiempos detestables de la \u00abEdad de Hierro\u00bb. Pero esto no es s\u00f3lo asunto de teor\u00eda (en su sentido originario de visi\u00f3n), sino en el sentido pr\u00e1ctico, de aventura o acci\u00f3n. Para don Quijote la tarea vital a que se entrega no es la de pensar la sociedad futura, la de asumir en el plano ideal sus principios o valores. Don Quijote no es hombre que se deje arrastrar por las dudas: ni duda de s\u00ed mismo (\u00abyo s\u00e9 qui\u00e9n soy\u00bb, dice con orgullo), ni duda de principios y valores que para \u00e9l est\u00e1n perfectamente claras. Don Quijote no filosofa, reflexiona o especula acerca de lo que debe ser; \u00e9se no es su problema. La cuesti\u00f3n para \u00e9l est\u00e1 en hacer entrar los principios y valores que firmemente, sin desmayo, ha asumido, en lo que es, en la realidad. Se trata para \u00e9l de establecer efectivamente, aqu\u00ed y ahora, en la tierra, el Bien, la Justicia, la Paz, la Verdad, la Honestidad. Lo cual entra\u00f1a, a su vez, un conjunto de acciones o aventuras para transformar lo real. Y toda la novela de Cervantes es la narraci\u00f3n de los intentos quijotescos de introducir el Bien, la Justicia, la Libertad, en un mundo en el que impera realmente el mal, la injusticia y la coerci\u00f3n. Don Quijote es, pues, y ante todo, un hombre de acci\u00f3n que se mueve, en un mundo real, por la utop\u00eda que ha asumido. Un hombre de acci\u00f3n que no retrocede ante ning\u00fan obst\u00e1culo ni riesgo. Lo que dice don Quijote acerca de la libertad y la honra (\u00abPor la libertad, as\u00ed como por la honra, se puede y debe aventurar la vida\u00bb), puede extenderse a todos los valores que ha hecho suyos y que ve negados o escarnecidos en el presente. Y si arriesga todo, incluso la vida, es porque para \u00e9l su utop\u00eda no es s\u00f3lo idea o sue\u00f1o, sino aventura o acci\u00f3n. Y lo que narra Cervantes es precisamente el comportamiento pr\u00e1ctico con que el ingenioso hidalgo pretende realizar la utop\u00eda. Se trata de convertir en realidad lo que para \u00e9l es un claro sue\u00f1o o un firme ideal. Por ello, dice que no se trata de \u00abpedir al cielo\u00bb -como hacen los religiosos- \u00abcon toda paz y sosiego&#8230; el bien de la tierra\u00bb, sino de poner \u00aben ejecuci\u00f3n lo que ellos piden\u00bb, defendi\u00e9ndolo \u00abcon el valor de nuestros brazos y filos de nuestras espadas\u00bb.<\/p>\n<p>En suma, no se trata s\u00f3lo de criticar lo que es, o de so\u00f1ar con lo que debe ser, sino de actuar para transformar lo real y realizar la utop\u00eda. Y justamente las aventuras de don Quijote son los intentos de realizarla, intentos que, no obstante su buena voluntad, no logran cumplir su objetivo fundamental, en cada aventura proclamado: realizar el Bien en la tierra. Ciertamente, cada aventura quijotesca se salda con un fracaso. Los que han de recibir la generosa y desinteresada ayuda de don Quijote, y con ella reparar un enga\u00f1o, un fraude o una injusticia, acaban por no recibirla, o incluso como en el caso del pastor Andr\u00e9s, el generoso empe\u00f1o de don Quijote le acarrea tal da\u00f1o que acaba por rechazarlo. El quijotismo, como ejemplo paradigm\u00e1tico de utopismo, parece estar condenado a la imposibilidad de tomar tierra. Y los fracasos sucesivos de don Quijote parecen sellar el destino de todo comportamiento ut\u00f3pico.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>Cabe preguntarse, sin embargo: \u00bfpor qu\u00e9 fracasa una y otra vez don Quijote?, \u00bfpor qu\u00e9 su empe\u00f1o ut\u00f3pico de realizar el Bien en la tierra muestra con cada aventura un rostro adverso?; \u00bfacaso el fracaso est\u00e1 inscrito en la naturaleza misma de la utop\u00eda? Podr\u00eda contestarse afirmativamente a esto \u00faltimo si se tratara de una utop\u00eda absoluta, o de los elementos de ella que tienen semejante car\u00e1cter absoluto; por ejemplo, el que en el discurso que dirige a los cabreros representa la idea de un mundo sin trabajo en el que la tierra ofrec\u00eda generosamente por s\u00ed misma los frutos para el sustento. Ahora bien, la utop\u00eda es posible si se entiende como realizaci\u00f3n del Bien, la Justicia o la Concordia que en la sociedad presente se niega. Y es posible porque el Bien no est\u00e1 condenado a ser desplazado fatalmente por el mal; la Justicia por la injusticia; o la Verdad por el enga\u00f1o o el fraude. S\u00f3lo as\u00ed, es decir, con una concepci\u00f3n fatalista de la historia, toda acci\u00f3n guiada por esos valores ser\u00eda in\u00fatil, y toda utop\u00eda estar\u00eda condenada a ser irrealizable en un sentido absoluto.<\/p>\n<p>El fracaso de la utop\u00eda de don Quijote no est\u00e1 inscrita forzosa e inevitablemente en su naturaleza como empe\u00f1o esforzado y generoso por realizar en la tierra los valores que con ella persigue. El fracaso hay que buscarlo en las condiciones en que act\u00faa don Quijote, en el modo de ejecutar, aqu\u00ed en la tierra, lo que otros se contentan con pedir o esperar del cielo. Finalmente, hay que buscar la ra\u00edz de esos fracasos en obst\u00e1culos o l\u00edmites que a la realizaci\u00f3n de su utop\u00eda oponen el tiempo y la sociedad en que vive. Veamos, a grandes rasgos, las condiciones, obst\u00e1culos o l\u00edmites que llevan a don Quijote a no realizar su utop\u00eda, al fracasar en las aventuras o intentos de introducir sus valores en la realidad. Y entre esas condiciones, esos obst\u00e1culos o l\u00edmites, est\u00e1n:<\/p>\n<p>1) La inversi\u00f3n en la visi\u00f3n de lo real. Lo ideal, imaginado o so\u00f1ado, se toma por la realidad (la venta por castillo; los molinos de viento por gigantes; etc.). Cuando lo real se invierte o idealiza, la utop\u00eda que ha de realizarse, desemboca forzosamente en un fracaso.<\/p>\n<p>2) La desproporci\u00f3n entre las ambiciosas y nobles tareas que se propone cumplir don Quijote y las menguadas y desmedradas fuerzas f\u00edsicas de que dispone el viejo y achacoso hidalgo, para llevarlas a cabo, hace fracasar cada aventura.<\/p>\n<p>3) La inadecuaci\u00f3n de fines y medios impide que los primeros puedan cumplirse. Don Quijote fracasa una y otra vez al tratar de alcanzarlos e imponer su voluntad montado en un escu\u00e1lido roc\u00edn y armado con una lanza olvidada.<\/p>\n<p>4) La hostilidad de una sociedad Jer\u00e1rquica, absolutista, que en plena Contrarreforma cierra todos los poros a los ideales humanistas que encarna don Quijote. En esas condiciones, el poder, sus instituciones y la ideolog\u00eda dominante hacen imposible la realizaci\u00f3n de su utop\u00eda.<\/p>\n<p>5) La insuficiencia del noble y generoso esfuerzo individual de don Quijote, guiado por los dictados de su conciencia y carente de la solidaridad y la ayuda colectiva necesarias, hacen que ese esfuerzo est\u00e9 condenado al fracaso. La realizaci\u00f3n del Bien en la tierra, dado su car\u00e1cter social y los esfuerzos colectivos que requiere, no puede reducirse a una empresa individual, por noble y abnegada que sea.<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>El fracaso de don Quijote, la imposibilidad de cumplir el fin que persigue (realizar el Bien en la tierra), \u00bfviene a abonar la tesis del \u00abfinal de la utop\u00eda\u00bb? Ciertamente, las aventuras del ingenioso hidalgo muestran que su utop\u00eda no puede realizarse. Pero esta imposibilidad no se halla determinada por las nobles metas que pretende alcanzar: defender a los d\u00e9biles, socorrer a los necesitados, castigar a los malvados; en suma, hacer el Bien y reparar injusticias. Y, en verdad, esas metas no pueden cumplirse cuando -como hemos visto- las ventas se toman por castillos; se est\u00e1 viejo y achacoso; s\u00f3lo se dispone de un jamelgo escu\u00e1lido y un arma enmohecida; se act\u00faa en una sociedad cerrada y jer\u00e1rquica y, por \u00faltimo, cuando se emprende tan noble y abnegada empresa solitariamente. Empe\u00f1arse en realizar el Bien, la Justicia, con semejante visi\u00f3n de las cosas, en esas condiciones y con esos medios, es ciertamente una locura. Y por ello s\u00f3lo un loco -como don Quijote- puede emprender esa empresa, para fracasar en ella.<\/p>\n<p>Ahora bien, \u00bfsignifica esto que hay que renunciar a realizar toda utop\u00eda, a dejar a un lado fines y valores, aceptar el mundo como es, acomodarse a sus exigencias, y, en nombre de un realismo de v\u00eda estrecha, gritar: \u00ab\u00a1basta ya de sue\u00f1os!\u00bb, \u00ab\u00a1basta ya de ideales!\u00bb; o lo que es lo mismo: \u00ab\u00a1basta ya de utop\u00edas! \u00bb?<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo final de la obra de Cervantes, el titulado \u00abDe c\u00f3mo don Quijote cay\u00f3 malo, y del testamento que hizo, y su muerte\u00bb, nos permite encontrar una respuesta a la cuesti\u00f3n planteada del \u00abfinal de la utop\u00eda\u00bb. A lo largo de toda la novela, de una aventura a otra, el noble y generoso hidalgo, el \u00abdesfacedor de entuertos y castigador de agravios\u00bb, habla y act\u00faa como un loco. La cordura se encama, al parecer, en el sensato, pero a la vez ego\u00edsta y prosaico, Sancho. Del caletre del escudero, salen constantemente los correctivos terrenales a los desaforados sue\u00f1os de su amo. Pero, como ya se pod\u00eda prever desde que Sancho gobierna la \u00cdnsula, cuando don Quijote desciende del cielo a la tierra, Sancho se eleva, de la burda y plana realidad existente, al nivel de los sue\u00f1os e ideales de su amo. La transformaci\u00f3n de don Quijote en Alonso Quijano -o sea: del loco en cuerdo, que tiene lugar al acercarse el final de sus d\u00edas-, viene a significar que don Quijote toma tierra y que, al ajustar sus sue\u00f1os a la realidad, se sanchifica y renuncia a la utop\u00eda que s\u00f3lo le ha dejado fracasos. Y, sin embargo, la utop\u00eda no muere con don Quijote, ya que Sancho se hace cargo de su legado ut\u00f3pico, al decirle a su amo, ya cercado por la muerte y recuperada su cordura: \u00abLev\u00e1ntese desa cama y v\u00e1monos\u00bb.<\/p>\n<p>Con esto est\u00e1 afirmando Cervantes que el fracaso de don Quijote al realizar su utop\u00eda no significa el final de ella. La utop\u00eda sigue siendo una tarea a realizar en manos de Sancho. La racionalidad de los fines y de los valores no puede quedar absorbida por la raz\u00f3n instrumental de la pura eficiencia. Lo que debe ser no puede quedar absorbido por lo que es. La top\u00eda no puede imponer su dominio hasta el punto de tragarse toda utop\u00eda.<\/p>\n<p>Las utop\u00edas no est\u00e1n forzadas a fracasar inevitablemente, como fracasan las aventuras ut\u00f3picas de don Quijote por las razones apuntadas. Pero s\u00ed obligan -como obliga la utop\u00eda de don Quijote- a tomar en cuenta los obst\u00e1culos y l\u00edmites que se interponen en su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, no se puede vivir sin metas, sue\u00f1os, ilusiones o ideales; o sea, sin tratar de rebasar o trascender lo realmente existente. No se puede vivir, por tanto, sin utop\u00edas. No pudo vivir sin ella don Quijote, pero tampoco -como demuestra el final de la obra genial de Cervantes- pudo vivir sin ella Sancho. Tal es la lecci\u00f3n viva, actual, que podemos extraer de la novela de Cervantes al leerla, en los tiempos desencantados de hoy, como una utop\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style='margin-bottom: 0cm;' lang='es-ES' align='JUSTIFY'>La utop\u00eda se hace necesaria cuando no se acepta lo que es y, por tanto, se hace necesario trascenderlo. Al poner en cuesti\u00f3n lo real (la sociedad, el poder, sus valores e instituciones) y abrir un espacio ideal, irreal o futuro, la utop\u00eda es subversiva. Subvierte lo real y abre una ventana a lo posible. S\u00f3lo quien se adapta a lo existente como un l\u00edmite insalvable, y se siente satisfecho dentro de sus l\u00edmites, puede renunciar a los sue\u00f1os, aspiraciones o proyectos de subvertir y transformar -aunque sea imaginariamente- lo real; es decir, a la utop\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":2686,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-2685","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-materiales-para-la-refundacion-comunista"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2685","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2685"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2685\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/2686"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2685"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2685"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2685"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}