{"id":2945,"date":"2015-05-24T00:00:00","date_gmt":"2015-05-23T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2945"},"modified":"2020-02-19T09:45:01","modified_gmt":"2020-02-19T08:45:01","slug":"arrojar-el-espejo-con-tal-de-salvar-la-cara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=2945","title":{"rendered":"Arrojar el espejo con tal de salvar la cara"},"content":{"rendered":"<p>Los tres \u201cpasajes\u201d o \u201cmomentos\u201d que se describen y analizan en este libro constituyen una valiosa aportaci\u00f3n destinada a iluminar de manera definitiva unos episodios confinados hasta la fecha en los oscuros dominios donde la intenci\u00f3n aviesa, la desinformaci\u00f3n interesada y la malquerencia personal han reinado soberanas durante demasiados a\u00f1os. Estamos, pues, ante un trabajo de necesaria clarificaci\u00f3n asentado en un minucioso, paciente y contrastado escarceo documental; y debe se\u00f1alarse asimismo que en \u00e9l se pone de manifiesto nuevamente una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s pugnaces y significativas en cuanto viene escribiendo de antiguo Salvador L\u00f3pez Arnal: hacer visible que el destino del proyecto de emancipaci\u00f3n depende en alt\u00edsima medida de la responsabilidad y el coraje con que sepamos asociarlo de forma indisoluble al empe\u00f1o por abrir caminos a la veracidad. La veracidad: planta extremadamente vivaz, cierto, pero tambi\u00e9n de condici\u00f3n fr\u00e1gil y, como tal, expuesta \u2013as\u00ed al menos lo escribi\u00f3 Diderot en tiempos cada vez ya m\u00e1s remotos- a amenazas de variada \u00edndole. Entre tales amenazas no podr\u00edan descartarse las que en numerosas ocasiones han procedido y proceden de quienes, por principio, tienen la obligaci\u00f3n inmanente de protegerla: los intelectuales.<\/p>\n<p>La detallada reconstrucci\u00f3n cr\u00edtica a la cual ha procedido Salvador L\u00f3pez Arnal configura un vivo retablo donde se despliega una historia o, mejor, una serie de historias, cuyo protagonismo mayor corresponde a personas a las que no costar\u00eda definir como intelectuales. De aqu\u00ed que sea l\u00edcito formularse ciertas preguntas en torno a la probidad espec\u00edficamente intelectual de los presupuestos y m\u00e9todos advertibles en las distintas intervenciones registradas en este libro. Preguntas como la siguiente: \u00bfposibilitan tales presupuestos y m\u00e9todos el acceso a la verdad o, por el contrario, m\u00e1s bien lo obstaculizan? No cabe duda de que la respuesta resultante de la presente investigaci\u00f3n abona el escepticismo respecto al buen hacer, pensar y decir que por lo com\u00fan se atribuye de forma indiscriminada al intelectual, una leyenda cuyas delet\u00e9reas consecuencias han sido juzgadas con no poca severidad por autores escasamente dados a seguir aliment\u00e1ndola (K. Kraus, A. Gramsci, M. Sacrist\u00e1n, N. Chomsky, P.P. Pasolini y C. Castoriadis entre muchos otros). Acaso un conocido apunte debido a George Orwell sirva para resumir de forma un tanto expedita el sentir de todos ellos: el ataque directo y consciente contra la honestidad intelectual suele ser obra de los intelectuales mismos.<\/p>\n<p>No son pocos los intelectuales que a lo largo de estas instructivas p\u00e1ginas se complacen en propalar especiosas representaciones de la realidad -falsos idola-, dir\u00edase que llevados por la pretensi\u00f3n de modificar en buena medida el pasado \u2013el propio y el ajeno-, acaso ilusoriamente convencidos de detentar el \u00fanico poder que, al menos al sentir de los escol\u00e1sticos de anta\u00f1o \u2013contin\u00faa habi\u00e9ndolos-, escapa a Dios: justamente el de modificar el pasado. Y, por cierto, como sea que un poder id\u00e9ntico les ha sido atribuido, no sin ir\u00f3nico fundamento, a los historiadores, ninguna sorpresa habr\u00e1 de depararnos dar tambi\u00e9n con un profesional del oficio entre los personajes menos gloriosos de los pasajes o momentos recogidos en el retablo.<\/p>\n<p>La peculiar relaci\u00f3n con el propio pasado \u2013que suele ser siempre, en esencia, una relaci\u00f3n de sentido- es, precisamente, una de las cuestiones de mayor envergadura que, al menos en mi opini\u00f3n, sobrevuelan con insistencia la investigaci\u00f3n desplegada en este estudio. En efecto, en m\u00e1s de uno de los casos examinados en sus p\u00e1ginas, tanto la evocaci\u00f3n de los hechos como la correlativa interpretaci\u00f3n de los mismos, deja traslucir una reelaboraci\u00f3n instrumental tendida hacia una revisi\u00f3n del pasado con fines autojustificatorios. Como no deja de advertirnos Salvador L\u00f3pez Arnal, la figura de Manuel Sacrist\u00e1n devino a menudo un espejo en el que no siempre resultaba c\u00f3modo contemplar el car\u00e1cter superficial del propio compromiso pol\u00edtico y moral.<\/p>\n<p>A\u00f1adir\u00eda por mi parte: o devino asimismo un sparring en quien descargar golpes proyectados desde la intenci\u00f3n de maltratar antiguas fidelidades. Como, por ejemplo, la que pudo llegar a alumbrarse entre amplios sectores intelectuales, para los cuales el potencial liberador del antifranquismo siempre se concibi\u00f3 anudado de forma inextricable a un proyecto de emancipaci\u00f3n de horizonte mucho m\u00e1s vasto, juzgado ahora, sin expreso decir y junto a otras quimeras de juventud, obsoleto y fracasado, y al que, por consiguiente, ser\u00eda absurdo seguir apegados. A fin de cuentas, para alguno de los protagonistas que aparecen en estas p\u00e1ginas \u2013vale decir que provisto de pedestal port\u00e1til bajo el brazo, tal su desbocado engreimiento-, la \u00fanica fidelidad v\u00e1lida es aquella que uno se debe a s\u00ed mismo y eso, ya se sabe, exige cambiar cuando la situaci\u00f3n cambia. Nada podr\u00eda ser m\u00e1s ilustrativo a este respecto que la desacomplejada frase con la cual X. Rubert de Vent\u00f3s, tras el fallecimiento de Sacrist\u00e1n, saluda con acentos shakesperianos (\u00bfo mejor decir freudianos?) la llegada de una nueva \u00e9poca: \u201cPor fin podremos hacer aquello que deseamos y que no hubi\u00e9ramos hecho con su presencia.\u201d<\/p>\n<p>Dos frentes simult\u00e1neos, pues, el personal y el que se sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito personal, activados ambos al socaire de los supuestos desencuentros provocados por la rigidez pol\u00edtica y moral de la que Sacrist\u00e1n sol\u00eda hacer -se nos dice- gustosa ostentaci\u00f3n. Se trata de un aserto abierto a m\u00faltiple cuestionamiento. Hay relativo acuerdo, cierto, en admitir que el fil\u00f3sofo antepon\u00eda principios en circunstancias de trato personal donde otros estimaban preferible anteponer lo que, para ir r\u00e1pidos, podr\u00edamos denominar exquisitos modales proustianos; sin embargo, no menos cierta es la existencia de innumerables testimonios que acreditan la extrema cortes\u00eda de la que aqu\u00e9l hac\u00eda frecuente uso en su trato directo con los dem\u00e1s. Desde mi punto de vista, quienes tienen inter\u00e9s en enfatizar los rasgos caracteriales menos amables de Sacrist\u00e1n desconsideran que tal vez para algunas personas -la estimo entre ellas- el suaviter in modo carece de todo sentido si va amputado del fortiter in re. Fue con ambas exigencias, en todo caso, con las que Favio Quintiliano concibi\u00f3 el lema.<\/p>\n<p>Hace muy bien Salvador L\u00f3pez Arnal en subrayar la necesidad de tener presente el ineliminable contexto social y pol\u00edtico de los a\u00f1os cincuenta si lo que se desea realmente es ahondar en el grado de veracidad contenido en las versiones dadas hasta el presente acerca de unos acontecimientos sometidos a plural y repetido intento interpretativo. La observaci\u00f3n es pertinente por partida doble. Lo es, desde luego, en relaci\u00f3n a la literatura egodocumental, por definici\u00f3n dif\u00edcilmente exenta de fuerte coloraci\u00f3n subjetiva y escasamente proclive, por lo menos en ciertos casos, a sopesar y reconocer desde la propia maleabilidad personal la importancia moral y pol\u00edtica que bajo cualquier tiran\u00eda puede llegar a poseer la inflexibilidad (el fortiter in re). Y es asimismo pertinente porque tan s\u00f3lo dentro de un contexto semejante halla cabal explicaci\u00f3n la magnitud alcanzada por la distorsi\u00f3n perceptiva de los hechos, as\u00ed como la subsiguiente fijaci\u00f3n acr\u00edtica de que han venido siendo objeto tras la desaparici\u00f3n del r\u00e9gimen dictatorial que la gener\u00f3 e impuls\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de su propia existencia. Y todo ello hasta tal extremo que casi se sentir\u00eda uno movido a recordar un viejo proverbio recogido por Arist\u00f3teles en su \u00c9tica Nicomaquea: el origen es m\u00e1s de la mitad de la totalidad.<\/p>\n<p>Ciertamente, aqu\u00ed lo es. Buena parte de cuanto se expone en este volumen guarda estrecha relaci\u00f3n con los or\u00edgenes, esto es, con un pasado muy concreto. Insisto: cuesta imaginar que los hechos y la ulterior acumulaci\u00f3n de falsedades urdida en torno a ellos se hubieran podido producir y desarrollar de tan agreste forma y contenido en \u2013o con- otro pasado, esto es, en una situaci\u00f3n pol\u00edtica donde no hubiera sido necesario luchar por la libertad bajo el riesgo nada ficticio de ser torturado, encarcelado y asesinado; y tal era la situaci\u00f3n en Espa\u00f1a en los a\u00f1os cincuenta (bien sabido es que lo proseguir\u00eda siendo durante un dilatado periodo, cuyo fin ni siquiera coincidir\u00eda con el del propio dictador).<\/p>\n<p>E.P. Thompson sol\u00eda afirmar que la verdadera objetividad es aquella que conduce al historiador al coraz\u00f3n de la situaci\u00f3n humana real y, una vez all\u00ed, si es digno de este nombre, har\u00e1 juicios y extraer\u00e1 conclusiones. No otro ha sido el proceder de Salvador L\u00f3pez Arnal en esta exhaustiva exploraci\u00f3n, conducida con singular phronesis y destinada a fijar en t\u00e9rminos veraces la realidad de unos episodios abandonados hasta ahora -conviene insistir en el extremo- al err\u00e1tico albur de explicaciones e interpretaciones poco fiables. En otros t\u00e9rminos: ha sido necesario una vez m\u00e1s tratar de dar un sentido m\u00e1s puro a las palabras de la tribu, privilegio que, no sin error, Mallarm\u00e9 atribu\u00eda en exclusiva a los poetas. No sin error, digo, dado que tambi\u00e9n \u00e9sa es tarea a la cual vienen dedicando esfuerzo no pocos de cuantos se rebelan ante el intento, por lo dem\u00e1s nada nuevo, de envilecer una tradici\u00f3n honorable, ni que sea recurriendo, como bien se muestra en estas p\u00e1ginas, al enlodamiento personal de un fil\u00f3sofo comunista que la encarn\u00f3 con excepcional y coherente rigor. En tal sentido, bien pudiera conjeturarse que en el prop\u00f3sito general que las anima aletea igualmente la l\u00facida convicci\u00f3n de que es muy mal asunto dejar el relato y la interpretaci\u00f3n del pasado -un pasado de cuyas fuentes prosiguen manando recursos creativos para todos nosotros- en manos de los adversarios del proyecto emancipatorio. Debemos congratularnos, pues, de que haya sido atendida de nuevo la llamada que, en lejanos mes y a\u00f1o, figuraba escrita en una de las paredes de la Sorbonne: \u201cNo dejemos que nadie hable en nuestro lugar\u201d.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong>:<\/p>\n<p>[1] La expresi\u00f3n que figura como t\u00edtulo de este texto es de Jaime Gil de Biedma, \u201cNuestra hora de Chejov\u201d en El pie de la letra. Ensayos completos, Barcelona, Cr\u00edtica, 1994, p. 246. El paso completo dice as\u00ed: \u201cY en una sociedad como la nuestra, tan inveteradamente decidida, por los a\u00f1os de los siglos, a arrojar el espejo con tal de salvar la cara, imagino que la lucidez de Chejov acerca del mundo en que le toc\u00f3 vivir, su fundamental y desgarradora decencia personal, resultar\u00edan (los seres, las situaciones y las frustraciones que pueblan el teatro del dramaturgo ruso: nota m\u00eda) un espect\u00e1culo muy poco gratificante.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"\n<p class='MsoNormal' style='mso-margin-top-alt: auto; mso-margin-bottom-alt: auto; text-align: justify; line-height: 150%;'>\n<p class='MsoNormal' style='mso-margin-top-alt: auto; mso-margin-bottom-alt: auto; text-align: justify; line-height: 150%;'>Los tres \u201cpasajes\u201d o \u201cmomentos\u201d que se describen y analizan en este libro constituyen una valiosa aportaci\u00f3n destinada a iluminar de manera definitiva unos episodios confinados hasta la fecha en los oscuros dominios donde la intenci\u00f3n aviesa, la desinformaci\u00f3n interesada y la malquerencia personal han reinado soberanas durante demasiados a\u00f1os. 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