{"id":3252,"date":"2016-09-22T00:00:00","date_gmt":"2016-09-22T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3252"},"modified":"2020-02-18T16:05:51","modified_gmt":"2020-02-18T15:05:51","slug":"la-larga-duracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3252","title":{"rendered":"La larga duraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Hay una crisis general de las ciencias del hombre: todas ellas se encuentran abrumadas por sus propios progresos, aunque s\u00f3lo sea debido a la acumulaci\u00f3n de nuevos conocimientos y a la necesidad de un trabajo colectivo cuya organizaci\u00f3n inteligente est\u00e1 todav\u00eda por establecer; directa o indirectamente, todas se ven afectadas, lo quieran o no, por los progresos de las m\u00e1s \u00e1giles de entre ellas, al mismo tiempo que contin\u00faan, no obstante, bregando con un humanismo retr\u00f3grado e insidioso, incapaz de servirles ya de marco. A todas ellas, con mayor o menor lucidez, les preocupa el lugar a ocupar en el conjunto monstruoso de las antiguas y recientes investigaciones, cuya necesaria convergencia se vislumbra hoy.<\/p>\n<p>El problema est\u00e1 en saber c\u00f3mo superar\u00e1n las ciencias del hombre estas dificultades: si a trav\u00e9s de un esfuerzo suplementario de definici\u00f3n o, por el contrario, mediante un incremento de mal humor. En todo caso, se preocupan hoy m\u00e1s que ayer (a riesgo de insistir machaconamente sobre problemas tan viejos como falsos) de definir sus objetivos, m\u00e9todos y superioridades. Se encuentran comprometidas, a porf\u00eda, en embrollados pleitos respecto a las fronteras que puedan o no existir entre ellas. Cada una sue\u00f1a, en efecto, con quedarse en sus dominios o con volver a ellos. Algunos investigadores aislados organizan acercamientos: Claude L\u00e9vi-Strauss<strong>1<\/strong> empuja a la antropolog\u00eda \u00abestructural\u00bb hacia los procedimientos de la ling\u00fc\u00edstica, los horizontes de la historia \u00abinconsciente\u00bb y el imperialismo juvenil de las matem\u00e1ticas \u00abcualitativas\u00bb. Tiende hacia una ciencia capaz de unir, bajo el nombre de ciencia de la comunicaci\u00f3n, a la antropolog\u00eda, a la econom\u00eda pol\u00edtica y a la ling\u00fc\u00edstica. Pero \u00bfqui\u00e9n est\u00e1 preparado para franquear fronteras y prestarse a reagrupaciones en el momento en que la geograf\u00eda y la historia se encuentran al borde del divorcio?<\/p>\n<p>M\u00e1s no seamos injustos; estas querellas y estas repulsas tienen su inter\u00e9s. El deseo de afirmarse frente a los dem\u00e1s da forzosamente pie a nuevas curiosidades: negar al pr\u00f3jimo supone conocerle previamente. M\u00e1s a\u00fan. Sin tener expl\u00edcita voluntad de ello, las ciencias sociales se imponen las unas a las otras: cada una de ellas intenta captar lo social en su \u00abtotalidad\u00bb; cada una de ellas se entromete en el terreno de sus vecinas, en la creencia de permanecer en el propio. La econom\u00eda descubre a la sociolog\u00eda, que la cerca; y la historia &#8211; quiz\u00e1 la menos estructurada de las ciencias del hombre &#8211; acepta todas las lecciones que le ofrece su m\u00faltiple vecindad y se esfuerza por repercutirlas. De esta forma, a pesar de las reticencias, las oposiciones y las tranquilas ignorancias, se va esbozando la instalaci\u00f3n de un \u00abmercado com\u00fan\u00bb; es una experiencia que merece la pena de ser intentada en los pr\u00f3ximos a\u00f1os, incluso en el caso de que a cada ciencia le resulte con posterioridad m\u00e1s conveniente volverse a aventurar, durante un cierto tiempo, por un camino m\u00e1s estrictamente personal.<\/p>\n<p>Pero de momento urge acercarse unos a otros. En Estados Unidos, esta reuni\u00f3n se ha realizado bajo la forma de investigaciones colectivas respecto de las \u00e1reas culturales del mundo actual; en efecto, los area studies son, ante todo, el estudio por un equipo de social scientists de los monstruos pol\u00edticos de la actualidad: China, la India, Rusia, Am\u00e9rica Latina, Estados Unidos. Se impone conocerlos. Pero es imprescindible, con motivo de esta puesta en com\u00fan de t\u00e9cnicas y de conocimientos, que ninguno de los participantes permanezca, como la v\u00edspera, sumido en su propio trabajo, ciego y sordo a lo que dicen, escriben o piensan los dem\u00e1s. Es igualmente imprescindible que la reuni\u00f3n de las ciencias sea completa, que no se menosprecie a la m\u00e1s antigua en provecho de las m\u00e1s j\u00f3venes, capaces de prometer mucho, aunque no siempre de cumplir mucho. Se da el caso, por ejemplo, que el lugar concedido en estas tentativas americanas a la geograf\u00eda es pr\u00e1cticamente nulo, siendo el de la historia extremadamente exiguo. Y, adem\u00e1s, \u00bfde qu\u00e9 historia se trata?<\/p>\n<p>Las dem\u00e1s ciencias sociales est\u00e1n bastante mal informadas de la crisis que nuestra disciplina ha atravesado en el curso de los veinte o treinta \u00faltimos a\u00f1os y tienen tendencia a desconocer, al mismo tiempo, que los trabajos de los historiadores, un aspecto de la realidad social del que la historia es, si no h\u00e1bil vendedora, al menos s\u00ed buena servidora: la duraci\u00f3n social, esos tiempos m\u00faltiples y contradictorios de la vida de los hombres que no son \u00fanicamente la sustancia del pasado, sino tambi\u00e9n la materia de la vida social actual. Raz\u00f3n de m\u00e1s para subrayar con fuerza, en el debate que se inicia entre todas las ciencias del hombre, la importancia y la utilidad de la historia o, mejor dicho, en la dial\u00e9ctica de la duraci\u00f3n, tal y como se desprende del oficio y de la reiterada observaci\u00f3n del historiador; para nosotros, nada hay m\u00e1s importante en el centro de la realidad social que esta viva e \u00edntima oposici\u00f3n, infinitamente repetida, entre el instante y el tiempo lento en transcurrir. Tanto si se trata del pasado como si se trata de la actualidad, una consciencia neta de esta pluralidad del tiempo social resulta indispensable para una metodolog\u00eda com\u00fan de las ciencias del hombre.<\/p>\n<p>Hablar\u00e9, pues, largamente de la historia, del tiempo de la historia. Y menos para los historiadores que para nuestros vecinos, especialistas en las otras ciencias del hombre: economistas, etn\u00f3grafos, etn\u00f3logos (o antrop\u00f3logos), soci\u00f3logos, psic\u00f3logos, ling\u00fcistas, dem\u00f3grafos, ge\u00f3grafos y hasta matem\u00e1ticos sociales y estad\u00edsticos; vecinos todos ellos de cuyas experiencias e investigaciones nos hemos ido durante muchos a\u00f1os informando porque est\u00e1bamos convencidos &#8211; y lo estamos a\u00fan &#8211; de que la historia, remolcada por ellos o por simple contacto, hab\u00eda de aclararse con nueva luz. Quiz\u00e1 haya llegado nuestro turno de tener algo que ofrecerles. Una noci\u00f3n cada vez m\u00e1s precisa de la multiplicidad del tiempo y del valor excepcional del tiempo largo se va abriendo paso \u2013 consciente o no consciente, aceptada o no aceptada \u2013 a partir de las experiencias y de las tentativas recientes de la historia. Es esta \u00faltima noci\u00f3n, m\u00e1s que la propia historia &#8211; historia de muchos semblantes -, la que tendr\u00eda que interesar a las ciencias sociales, nuestras vecinas.<\/p>\n<p><strong>1. Historia y duraciones <\/strong><\/p>\n<p>Todo trabajo hist\u00f3rico descompone el tiempo pasado y escoge entre sus realidades cronol\u00f3gicas seg\u00fan preferencias y exclusivas m\u00e1s o menos conscientes. La historia tradicional, atenta al tiempo breve, al individuo y al acontecimiento, desde hace largo tiempo nos ha habituado a su relato precipitado, dram\u00e1tico, de corto aliento.<\/p>\n<p>La nueva historia econ\u00f3mica y social coloca en primer plano de su investigaci\u00f3n la oscilaci\u00f3n c\u00edclica y apuesta por su duraci\u00f3n: se ha dejado embaucar por el espejismo y tambi\u00e9n por la realidad &#8211; de las alzas y ca\u00eddas c\u00edclicas de precios. De esta forma, existe hoy, junto al relato (o al \u00abrecitativo\u00bb) tradicional, un recitativo de la coyuntura que para estudiar el pasado lo divide en amplias secciones: decenas, veintenas o cincuentenas de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Muy por encima de este segundo recitativo se sit\u00faa una historia de aliento mucho m\u00e1s sostenido todav\u00eda y, en este caso, de amplitud secular: se trata de la historia de larga, incluso de muy larga, duraci\u00f3n. La f\u00f3rmula, buena o mala, me es hoy familiar para designar lo contrario de aquello que Fran\u00e7ois Simiand, uno de los primeros despu\u00e9s de Paul Lacombe, bautiz\u00f3 con el nombre de historia de los acontecimientos o epis\u00f3dica (\u00e9venementielle). Poco importan las f\u00f3rmulas pero nuestra discusi\u00f3n se dirigir\u00e1 de una a otra, de un polo a otro del tiempo, de lo instant\u00e1neo a la larga duraci\u00f3n. No quiere esto decir que ambos t\u00e9rminos sean de una seguridad absoluta. As\u00ed, por ejemplo, el t\u00e9rmino acontecimiento. Por lo que a m\u00ed se refiere, me gustar\u00eda encerrado, aprisionado, en la corta duraci\u00f3n: el acontecimiento es explosivo, tonante. Echa tanto humo que llena la conciencia de los contempor\u00e1neos; pero apenas dura, apenas se advierte su llama.<\/p>\n<p>Los fil\u00f3sofos dir\u00edan, sin duda, que afirmar esto equivale a vaciar el concepto de una gran parte de su sentido. Un acontecimiento puede, en rigor, cargarse de una serie de significaciones y de relaciones. Testimonia a veces sobre movimientos muy profundos; y por el mecanismo, facticio o no, de las \u00abcausas\u00bb y de los \u00abefectos\u00bb, a los que tan aficionados eran los historiadores de ayer, se anexiona un tiempo muy superior a su propia duraci\u00f3n. Extensible hasta el infinito, se une, libremente o no, a toda una cadena de sucesos, de realidades subyacentes, inseparables aparentemente, a partir de entonces, unos de otros. Gracias a este mecanismo de adiciones, Benedetto Croce pod\u00eda pretender que la historia entera y el hombre entero se incorporan, y m\u00e1s tarde se redescubren a voluntad, en todo acontecimiento; a condici\u00f3n, sin duda, de a\u00f1adir a este fragmento lo que no contiene en una primera aproximaci\u00f3n, y a condici\u00f3n, por consiguiente, de conocer lo que es o no es injusto agregarle. Este juego inteligente y peligroso es el que las recientes reflexiones de Jean-Paul Sartre proponen<strong>2<\/strong>.<\/p>\n<p>Entonces, expres\u00e9moslo m\u00e1s claramente que con el t\u00e9rmino de epis\u00f3dico: el tiempo corto, a medida de los individuos, de la vida cotidiana, de nuestras ilusiones, de nuestras r\u00e1pidas tomas de conciencia; el tiempo por excelencia del cronista, del periodista. Ahora bien, t\u00e9ngase en cuenta que la cr\u00f3nica o el peri\u00f3dico ofrecen, junto con los grandes acontecimientos llamados hist\u00f3ricos, los mediocres accidentes de la vida ordinaria: un incendio, una cat\u00e1strofe ferroviaria, el precio del trigo, un crimen, una representaci\u00f3n teatral, una inundaci\u00f3n. Es, pues, evidente que existe un tiempo corto de todas las formas de la vida: econ\u00f3mico, social, literario, institucional, religioso e incluso geogr\u00e1fico (un vendaval, una tempestad) tanto como pol\u00edtico.<\/p>\n<p>El pasado est\u00e1, pues, constituido, en una primera aprehensi\u00f3n, por esta masa de hechos menudos, los unos resplandecientes, los otros oscuros e indefinidamente repetidos; precisamente aquellos hechos con los que la microsociolog\u00eda o la sociometr\u00eda forman en la actualidad su bot\u00edn cotidiano (tambi\u00e9n existe una microhistoria). Pero esta masa no constituye toda la realidad, todo el espesor de la historia, sobre el que la reflexi\u00f3n cient\u00edfica puede trabajar a sus anchas. La ciencia social casi tiene horror del acontecimiento. No sin raz\u00f3n: el tiempo corto es la m\u00e1s caprichosa, la m\u00e1s enga\u00f1osa de las duraciones.<\/p>\n<p>Este es el motivo de que exista entre nosotros, los historiadores, una fuerte desconfianza hacia una historia tradicional, llamada historia de los acontecimientos; etiqueta que se suele confundir con la de historia pol\u00edtica no sin cierta inexactitud: la historia pol\u00edtica no es forzosamente epis\u00f3dica ni est\u00e1 condenada a serlo. Es un hecho, no obstante, que &#8211; salvo algunos cuadros artificiosos, casi sin espesor temporal, con los que entrecortaba sus relatos<strong>3<\/strong> y salvo algunas explicaciones de larga duraci\u00f3n que resultaban, en definitiva, ineludibles &#8211; la historia de estos \u00faltimos cien a\u00f1os, centrada en su conjunto sobre el drama de los \u00abgrandes acontecimientos\u00bb, ha trabajado en y sobre el tiempo corto. Quiz\u00e1 se tratara del rescate a pagar por los progresos realizados durante este mismo per\u00edodo en la conquista cient\u00edfica de instrumentos de trabajo y de m\u00e9todos rigurosos. El descubrimiento masivo del documento ha hecho creer al historiador que en la autenticidad documental estaba contenida toda la verdad. \u201cBasta &#8211; escrib\u00eda muy recientemente a\u00fan Louis Halphen<strong>4<\/strong>&#8211; con dejarse llevar en cierta manera por los documentos, le\u00eddos uno tras otro, tal y como se nos ofrecen, para asistir a la reconstituci\u00f3n autom\u00e1tica de la cadena de los hechos\u201d. Este ideal, \u00abla historia incipiente\u00bb, culmina hacia finales del siglo XIX en una cr\u00f3nica de nuevo estilo que, en su prurito de exactitud, sigue paso a paso la historia de los acontecimientos, tal y como se desprende de la correspondencia de los embajadores o de los debates parlamentarios. Los historiadores del siglo XVIII y de principios del XIX hab\u00edan sido mucho m\u00e1s sensibles a las perspectivas de la larga duraci\u00f3n, la cual s\u00f3lo los grandes esp\u00edritus como Michelet, Ranke, Jacobo Burckhardt o Fustel supieron redescubrir m\u00e1s tarde. Si se acepta que esta superaci\u00f3n del tiempo corto ha supuesto el mayor enriquecimiento &#8211; al ser el menos com\u00fan \u2013 de la historiograf\u00eda de los \u00faltimos cien a\u00f1os, se comprender\u00e1 la eminente funci\u00f3n que han desempe\u00f1ado tanto la historia de las instituciones como la de las religiones y la de las civilizaciones y, gracias a la arqueolog\u00eda que necesita grandes espacios cronol\u00f3gicos, la funci\u00f3n de vanguardia de los estudios consagrados a la antig\u00fcedad cl\u00e1sica. Fueron ellos quienes, ayer, salvaron nuestro oficio.<\/p>\n<p>La reciente ruptura con las formas tradicionales del siglo XIX no ha supuesto una ruptura total con el tiempo corto. Ha obrado, como es sabido, en provecho de la historia econ\u00f3mica y social y en detrimento de la historia pol\u00edtica. En consecuencia, se han producido una conmoci\u00f3n y una renovaci\u00f3n innegables; han tenido lugar, inevitablemente, transformaciones metodol\u00f3gicas, desplazamientos de centros de inter\u00e9s con la entrada en escena de una historia cuantitativa que, con toda seguridad, no ha dicho a\u00fan su \u00faltima palabra.<\/p>\n<p>Pero, sobre todo, se ha producido una alteraci\u00f3n del tiempo hist\u00f3rico tradicional. Un d\u00eda, un a\u00f1o, pod\u00edan parecerle a un historiador pol\u00edtico de ayer medidas correctas. El tiempo no era sino una suma de d\u00edas. Pero una curva de precios, una progresi\u00f3n demogr\u00e1fica, el movimiento de salarios, las variaciones de la tasa de inter\u00e9s, el estudio (m\u00e1s so\u00f1ado que realizado) de la producci\u00f3n o un an\u00e1lisis riguroso de la circulaci\u00f3n exigen medidas mucho m\u00e1s amplias.<\/p>\n<p>Aparece un nuevo modo de relato hist\u00f3rico &#8211; cabe decir el \u00abrecitativo\u00bb de la coyuntura, del ciclo y hasta del \u00abinterciclo\u00bb &#8211; que ofrece a nuestra elecci\u00f3n una decena de a\u00f1os, un cuarto de siglo y, en \u00faltima instancia, el medio siglo del ciclo cl\u00e1sico de Kondratieff. Por ejemplo, si no se tienen en cuenta breves y superficiales accidentes, hay un movimiento general de subida de precios en Europa de 1791 a 1817; en cambio, los precios bajan de 1817 a 1852: este doble y lento movimiento de alza y de retroceso representa un interciclo completo para Europa y casi para el mundo entero. Estos per\u00edodos cronol\u00f3gicos no tienen, sin duda, un valor absoluto. Con otros bar\u00f3metros &#8211; los del crecimiento econ\u00f3mico y de la renta o del producto nacional &#8211; Fran\u00e7ois Perroux<strong>5<\/strong> nos ofrecer\u00eda otros l\u00edmites quiz\u00e1 m\u00e1s v\u00e1lidos. \u00a1Pero poco importan estas discusiones en curso! El historiador dispone con toda seguridad de un tiempo nuevo, realzado a la altura de una explicaci\u00f3n en la que la historia puede tratar de inscribirse, recort\u00e1ndose seg\u00fan unos puntos de referencia in\u00e9ditos, seg\u00fan curvas y su propia respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed es como Ernest Labrousse y sus disc\u00edpulos han puesto en marcha, desde su manifiesto del Congreso hist\u00f3rico de Roma (1955), una amplia encuesta social bajo el signo de la cuantificaci\u00f3n. No creo traicionar su designio afirmando que esta encuesta est\u00e1 abocada forzosamente a culminar en la determinaci\u00f3n de coyunturas (y hasta de estructuras) sociales; y nada nos asegura de antemano que esta coyuntura haya de tener la misma velocidad o la misma lentitud que la econ\u00f3mica. Adem\u00e1s, estos dos grandes personajes &#8211; coyuntura econ\u00f3mica y coyuntura social &#8211; no nos deben hacer perder de vista a otros actores, cuya marcha resultar\u00e1 dif\u00edcil de determinar y ser\u00e1 quiz\u00e1 indeterminable a falta de medidas precisas. Las ciencias, las t\u00e9cnicas, las instituciones pol\u00edticas, los utillajes mentales y las civilizaciones (por emplear una palabra tan c\u00f3moda) tienen tambi\u00e9n su ritmo de vida y de crecimiento; y la nueva historia coyuntural s\u00f3lo estar\u00e1 a punto cuando haya completado su orquesta.<\/p>\n<p>Este recitativo deber\u00eda haber conducido, l\u00f3gicamente, por su misma superaci\u00f3n, a la larga duraci\u00f3n. Pero, por multitud de razones, esta superaci\u00f3n no siempre se ha llevado a cabo y asistimos hoy a una vuelta al tiempo corto, quiz\u00e1 porque parece m\u00e1s urgente coser juntas la historia \u00abc\u00edclica\u00bb y la historia corta tradicional que seguir avanzando hacia lo desconocido. Dicho en t\u00e9rminos militares, se trata de consolidar posiciones adquiridas. El primer gran libro de Ernest Labrousse, en 1933, estudiaba el movimiento general de los precios en Francia en el siglo XVIII<strong>6<\/strong>, movimiento secular. En 1943, en el m\u00e1s importante libro de historia aparecido en Francia en el curso de estos \u00faltimos veinticinco a\u00f1os, el mismo Ernest Labrousse ced\u00eda a esa exigencia de vuelta a un tiempo menos embarazoso, reconociendo en la depresi\u00f3n misma de 1774 a 1791 una de las m\u00e1s vigorosas fuentes de la Revoluci\u00f3n Francesa, una de sus rampas de lanzamiento. Aun as\u00ed, estudiaba un semiinterciclo, medida relativamente amplia. La ponencia que present\u00f3 al Congreso Internacional de Par\u00eds en 1948, \u201cComment naissent les r\u00e9volutions?\u201d, se esforzaba, esta vez, en vincular un patetismo econ\u00f3mico de corta duraci\u00f3n (nuevo estilo) a un patetismo pol\u00edtico (muy viejo estilo), el de las jornadas revolucionarias. Henos de nuevo, y hasta el cuello, en el tiempo corto. Claro est\u00e1, la operaci\u00f3n es l\u00edcita y \u00fatil, pero \u00a1qu\u00e9 sintom\u00e1tica! El historiador se presta de buena gana a ser director de escena. \u00bfC\u00f3mo habr\u00eda de renunciar al drama del tiempo breve, a los mejores hilos de un muy viejo oficio?<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de los ciclos y de los interciclos est\u00e1 lo que los economistas llaman, aunque no siempre lo estudien, la tendencia secular. Pero el tema s\u00f3lo interesa a unos cuantos economistas; y sus consideraciones sobre las crisis estructurales que no han soportado todav\u00eda la prueba de las verificaciones hist\u00f3ricas, se presentan como unos esbozos o unas hip\u00f3tesis apenas sumidos en el pasado reciente: hasta 1929 y como mucho hasta la d\u00e9cada de 1870<strong>7<\/strong>. Representan, sin embargo, una \u00fatil introducci\u00f3n a la historia de larga duraci\u00f3n. Constituyen una primera llave.<\/p>\n<p>La segunda, mucho m\u00e1s \u00fatil, es la palabra estructura. Buena o mala, es ella la que domina los problemas de larga duraci\u00f3n. Los observadores de lo social entienden por estructura una organizaci\u00f3n, una coherencia, unas relaciones suficientemente fijas entre realidades y masas sociales. Para nosotros, los historiadores, una estructura es indudablemente un ensamblaje, una arquitectura; pero, m\u00e1s a\u00fan, una realidad que el tiempo tarda enormemente en desgastar y en transformar. Ciertas estructuras est\u00e1n dotadas de tan larga vida que se convierten en elementos estables de una infinidad de generaciones: obstruyen la historia, la entorpecen y, por tanto, determinan su transcurrir. Otras, por el contrario, se desintegran m\u00e1s r\u00e1pidamente. Pero todas ellas constituyen, al mismo tiempo, sostenes y obst\u00e1culos. En tanto que obst\u00e1culos, se presentan como l\u00edmites (envolventes, en el sentido matem\u00e1tico) de los que el hombre y sus experiencias no pueden emanciparse. Pi\u00e9nsese en la dificultad de romper ciertos marcos geogr\u00e1ficos, ciertas realidades biol\u00f3gicas, ciertos l\u00edmites de la productividad, y hasta determinadas coacciones espirituales: tambi\u00e9n los encuadramientos mentales representan prisiones de larga duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Parece que el ejemplo m\u00e1s accesible contin\u00faa todav\u00eda siendo el de la coacci\u00f3n geogr\u00e1fica. El hombre es prisionero, desde hace siglos, de los climas, de las vegetaciones, de las poblaciones animales, de las culturas, de un equilibrio lentamente construido del que no puede apartarse sin correr el riesgo de volverlo a poner todo en tela de juicio. Consid\u00e9rese el lugar ocupado por la trashumancia de la vida de monta\u00f1a, la permanencia en ciertos sectores de la vida mar\u00edtima, arraigados en puntos privilegiados de las articulaciones litorales; rep\u00e1rese en la duradera implantaci\u00f3n de las ciudades, en la persistencia de las rutas y de los tr\u00e1ficos, en la sorprendente fijeza del marco geogr\u00e1fico de las civilizaciones.<\/p>\n<p>Las mismas permanencias o supervivencias se dan en el inmenso campo de lo cultural. El magn\u00edfico libro de Ernst R\u00f3bert Curtius<strong>8<\/strong> constituye el estudio de un sistema cultural que prolonga, deform\u00e1ndola, la civilizaci\u00f3n latina del Bajo Imperio, abrumada a su vez por una herencia de mucho peso: la civilizaci\u00f3n de las elites intelectuales ha vivido hasta los siglos XIII y XIV, hasta el nacimiento de las literaturas nacionales, nutri\u00e9ndose de los mismos temas, las mismas comparaciones y los mismos lugares comunes. En una l\u00ednea de pensamiento an\u00e1loga, el estudio de Lucien Febvre, Rabelais et le probl\u00e8me de l\u2019incroyance au XVI\u00e8m si\u00e8cle<strong>9<\/strong>, pretende precisar el utillaje mental del pensamiento franc\u00e9s en la \u00e9poca de Rabelais, ese conjunto de concepciones que, mucho antes de Rabelais y mucho despu\u00e9s de \u00e9l, ha presidido las artes de vivir, de pensar y de creer y ha limitado de antemano, con dureza, la aventura intelectual de los esp\u00edritus m\u00e1s libres. El tema tratado por Alphonse Dupront<strong>10<\/strong> aparece tambi\u00e9n como una de las m\u00e1s nuevas investigaciones de la Escuela hist\u00f3rica francesa: la idea de Cruzada es considerada, en Occidente, despu\u00e9s del siglo XIV &#8211; es decir, con mucha posterioridad a la \u00abverdadera\u00bb cruzada -, como la continuidad de una actitud de larga duraci\u00f3n que, repetida sin fin, atraviesa las sociedades, los mundos y los psiquismos m\u00e1s diversos, y alcanza con un \u00faltimo reflejo a los hombres del siglo XIX. El libro de Pierre Francastel, Peinture et Soci\u00e9t\u00e9<strong>11<\/strong> subraya, en un terreno todav\u00eda pr\u00f3ximo, a partir de los principios del Renacimiento florentino, la permanencia de un espacio pict\u00f3rico \u00abgeom\u00e9trico\u00bb que nada hab\u00eda ya de alterar hasta el cubismo y la pintura intelectual de principios de nuestro siglo. La historia de las ciencias tambi\u00e9n conoce universos construidos que constituyen otras tantas explicaciones imperfectas pero a quienes les son concedidos por lo general siglos de duraci\u00f3n. S\u00f3lo se les rechaza tras un muy largo uso. El universo aristot\u00e9lico no fue pr\u00e1cticamente impugnado hasta Galileo, Descartes y Newton; se desvanece entonces ante un universo profundamente geometrizado que, a su vez, hab\u00eda de derrumbarse, mucho m\u00e1s tarde, ante las revoluciones einsteinianas<strong>12<\/strong>.<\/p>\n<p>Por una paradoja s\u00f3lo aparente, la dificultad estriba en descubrir la larga duraci\u00f3n en un terreno en el que la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica acaba de obtener innegables \u00e9xitos: el econ\u00f3mico. Ciclos, interciclos y crisis estructurales encubren aqu\u00ed las regularidades y las permanencias de sistemas o, como tambi\u00e9n se ha dicho, de civilizaciones econ\u00f3micas<strong>13<\/strong>; es decir, de viejas costumbres de pensar o de obrar, de marcos resistentes y tenaces a veces contra toda l\u00f3gica.<\/p>\n<p>Pero mejor es razonar sobre un ejemplo r\u00e1pidamente analizado. Consideremos, muy pr\u00f3ximo a nosotros, en el marco de Europa, un sistema econ\u00f3mico que se inscribe en algunas l\u00edneas y reglas generales bastante claras: se mantiene en vigor aproximadamente desde el siglo XIV al siglo XVIII &#8211; digamos, para mayor seguridad, que hasta la d\u00e9cada de 1750. Durante siglos, la actividad econ\u00f3mica depende de poblaciones demogr\u00e1ficamente fr\u00e1giles, como lo demuestran los grandes reflujos de 1350-1450 y, sin duda, de 1630-1730<strong>14<\/strong>. A lo largo de siglos, la circulaci\u00f3n asiste al triunfo del agua y de la navegaci\u00f3n al constituir cualquier espesor continental un obst\u00e1culo, una inferioridad. Los auges europeos, salvo excepciones que confirman la regla (ferias de Champagne, ya en decadencia al iniciarse el per\u00edodo, o ferias de Leipzig en el siglo XVIII), se sit\u00faan a lo largo de franjas litorales. Otras caracter\u00edsticas de este sistema: la primac\u00eda de mercaderes y comerciantes; el papel eminente desempe\u00f1ado por los metales preciosos, oro, plata, e incluso cobre, cuyos choques incesantes s\u00f3lo ser\u00e1n amortiguados, al desarrollarse decisivamente el cr\u00e9dito a finales del siglo XVI; las repetidas dentelladas de las crisis agr\u00edcolas estacionarias; la fragilidad, cabe decir, de la base misma de la vida econ\u00f3mica; la funci\u00f3n, por \u00faltimo, desproporcionada a primera vista, de uno o dos grandes tr\u00e1ficos exteriores: el comercio del Levante del siglo XII al siglo XVI, el comercio colonial en el siglo XVIII.<\/p>\n<p>He definido as\u00ed &#8211; o mejor dicho he evocado a mi vez despu\u00e9s de algunos otros &#8211; los rasgos fundamentales, para Europa Occidental, del capitalismo comercial, etapa de larga duraci\u00f3n. Estos cuatro o cinco siglos de vida econ\u00f3mica, a pesar de todas las evidentes transformaciones, poseyeron una cierta coherencia hasta la conmoci\u00f3n del siglo XVIII y la revoluci\u00f3n industrial de la que todav\u00eda no hemos salido. Estuvieron caracterizados por una serie de rasgos comunes que permanecieron inmutables mientras que a su alrededor, entre otras continuidades, miles de rupturas y de conmociones renovaban la faz del mundo.<\/p>\n<p>Entre los diferentes tiempos de la historia, la larga duraci\u00f3n se presenta, pues, como un personaje embarazoso, complejo, con frecuencia in\u00e9dita. Admitirla en el seno de nuestro oficio no puede representar un simple juego, la acostumbrada ampliaci\u00f3n de estudios y de curiosidades. Tampoco se trata de una elecci\u00f3n de la que la historia ser\u00eda la \u00fanica beneficiaria. Para el historiador, aceptarla equivale a prestarse a un cambio de estilo, de actitud, a una inversi\u00f3n de pensamiento, a una nueva concepci\u00f3n de lo social. Equivale a familiarizarse con un tiempo frenado, a veces incluso en el l\u00edmite de lo m\u00f3vil. Es l\u00edcito desprenderse en este nivel, pero no en otro &#8211; volver\u00e9 sobre ello &#8211; del tiempo exigente de la historia, salirse de \u00e9l para volver a \u00e9l m\u00e1s tarde pero con otros ojos, cargados con otras inquietudes, con otras preguntas. La totalidad de la historia puede, en todo caso, ser replanteada como a partir de una infraestructura en relaci\u00f3n a estas capas de historia lenta. Todos los niveles, todos los miles de niveles, todas las miles de fragmentaciones del tiempo de la historia, se comprenden a partir de esta profundidad, de esta semiinmovilidad; todo gravita en torno a ella.<\/p>\n<p>No pretendo haber definido, en las l\u00edneas precedentes, el oficio de historiador sino una concepci\u00f3n del mismo. Feliz &#8211; y muy ingenuo tambi\u00e9n &#8211; quien crea, despu\u00e9s de las tempestades de los \u00faltimos a\u00f1os, que hemos encontrado los verdaderos principios, los l\u00edmites claros, la buena Escuela. De hecho, todos los oficios de las ciencias sociales no cesan de transformarse en raz\u00f3n de sus propios movimientos y del din\u00e1mico movimiento de conjunto. La historia no constituye una excepci\u00f3n. No se vislumbra, pues, ninguna quietud; y la hora de los disc\u00edpulos no ha sonado todav\u00eda. Mucho hay de Charles Victor Langlois y de Charles Seignobos a Marc Bloch; pero desde Marc Bloch la rueda no ha cesado de girar. Para m\u00ed, la historia es la suma de todas las historias posibles: una colecci\u00f3n de oficios y de puntos de vista, de ayer, de hoy y de ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>El \u00fanico error, a mi modo de ver, radicar\u00eda en escoger una de estas historias a expensas de las dem\u00e1s. En ello ha consistido &#8211; y en ello consistir\u00eda &#8211; el error historizante. No ser\u00e1 f\u00e1cil, ya se sabe, convencer de ella a todos los historiadores, y menos a\u00fan a las ciencias sociales, empe\u00f1adas en arrinconarnos en la historia tal como era en el pasado. Exigir\u00e1 mucho tiempo y mucho esfuerzo que todas estas transformaciones y novedades sean admitidas bajo el viejo nombre de historia. No obstante, una \u00abciencia hist\u00f3rica\u00bb nueva ha nacido y contin\u00faa interrog\u00e1ndose y transform\u00e1ndose. En Francia, se anuncia desde 1900 con la Revue de Synth\u00e8se historique y con las Annales a partir de 1929. El historiador ha pretendido preocuparse por todas las ciencias del hombre. Este hecho confiere a nuestro oficio extra\u00f1as fronteras y extra\u00f1as curiosidades. Por lo mismo, no imaginemos que existen entre el historiador y el observador de las ciencias sociales las barreras y las diferencias que antes exist\u00edan. Todas las ciencias del hombre, comprendida la historia, est\u00e1n contaminadas unas por otras. Hablan o pueden hablar el mismo idioma.<\/p>\n<p>Ya se coloque uno en 1558 o en el a\u00f1o de gracia de 1958, para quien pretenda captar el mundo, se trata de definir una jerarqu\u00eda de fuerzas, de corrientes y de movimientos particulares; y, m\u00e1s tarde, de recobrar una constelaci\u00f3n de conjunto. En cada momento de esta investigaci\u00f3n, es necesario distinguir entre movimientos largos y empujes breves, considerados estos \u00faltimos en sus fuentes inmediatas Y aquellos en su proyecci\u00f3n de un tiempo lejano. El mundo de 1558, tan desapacible desde el punto de vista franc\u00e9s, no naci\u00f3 en el umbral de ese a\u00f1o sin encanto. Y lo mismo ocurre, siempre visto desde el punto de vista franc\u00e9s, con el dif\u00edcil a\u00f1o de 1958. Cada \u00abactualidad\u00bb re\u00fane movimientos de origen y de ritmo diferente: el tiempo de hoy data a la vez de ayer, de anteayer, de anta\u00f1o.<\/p>\n<p><strong>2. La controversia del tiempo corto <\/strong><\/p>\n<p>Estas verdades son, claro est\u00e1, triviales. A las ciencias sociales no les tienta en absoluto, no obstante, la b\u00fasqueda del tiempo perdido. No quiere esto decir que se les pueda reprochar con firmeza este desinter\u00e9s y se les pueda declarar siempre culpables por no aceptar la historia o la duraci\u00f3n como dimensiones necesarias de sus estudios. Aparentemente, incluso nos reservan una buena acogida; el examen \u00abdiacr\u00f3nico\u00bb que reintroduce a la historia no siempre est\u00e1 ausente de sus preocupaciones te\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Una vez apartadas estas aquiescencias, se impone, sin embargo, admitir que las ciencias sociales, por gusto, por instinto profundo y quiz\u00e1 por formaci\u00f3n, tienen siempre tendencia a prescindir de la explicaci\u00f3n hist\u00f3rica; se evaden de ello mediante dos procedimientos casi opuestos: el uno \u00absucesualiza\u00bb o, si se quiere, \u00abactualiza\u00bb en exceso los estudios sociales mediante una sociolog\u00eda emp\u00edrica que desde\u00f1a todo tipo de historia y que se limita a los datos del tiempo corto y del trabajo de campo; el otro rebasa simplemente el tiempo, imaginando en el t\u00e9rmino de una \u00abciencia de la comunicaci\u00f3n\u00bb una formulaci\u00f3n matem\u00e1tica de estructuras casi intemporales. Este \u00faltimo procedimiento, el m\u00e1s nuevo de todos, es con toda evidencia el \u00fanico que nos puede interesar profundamente. Pero lo epis\u00f3dico (\u00e9venementiel) tiene todav\u00eda un n\u00famero suficiente de partidarios como para que valga la pena examinar sucesivamente ambos aspectos de la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>He expresado ya mi desconfianza respecto a una historia que se limita simplemente al relato de los acontecimientos o sucesos. Pero seamos justos, si existe pecado de abusiva y exclusiva preocupaci\u00f3n por los acontecimientos, la historia, principal acusada, no es ni mucho menos la \u00fanica culpable. Todas las ciencias sociales incurren en este error. Tanto los economistas como los dem\u00f3grafos y los ge\u00f3grafos est\u00e1n divididos &#8211; y mal divididos &#8211; entre el pasado y el presente; la prudencia exigir\u00eda que mantuvieran igualados los dos platillos de la balanza, cosa que resulta evidente para el dem\u00f3grafo y que es casi evidente para los ge\u00f3grafos (en particular para los franceses, formados en la tradici\u00f3n de Vidal de la Blache); pero, en cambio, es cosa muy rara de encontrar entre los economistas, prisioneros de la m\u00e1s corta actualidad y encarcelados entre un l\u00edmite en el pasado que no va m\u00e1s atr\u00e1s de 1945 y un presente que los planes y previsiones prolongan en el inmediato porvenir algunos meses y &#8211; todo lo m\u00e1s &#8211; algunos a\u00f1os. Sostengo que todo pensamiento econ\u00f3mico se encuentra bloqueado por esta restricci\u00f3n temporal. A los historiadores les corresponde, dicen los economistas, remontarse m\u00e1s all\u00e1 de 1945, en b\u00fasqueda de viejas econom\u00edas; pero al aceptar esta restricci\u00f3n, los economistas se privan a s\u00ed mismos de un extraordinario campo de observaci\u00f3n, del que prescinden por su propia voluntad sin por ello negar su valor. El economista se ha acostumbrado a ponerse al servicio de lo actual, al servicio de los gobiernos.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n de los etn\u00f3grafos y de los etn\u00f3logos no es tan clara ni tan alarmante. Bien es verdad que algunos de ellos han subrayado la imposibilidad (pero a lo imposible est\u00e1n sometidos todos los intelectuales) y la inutilidad de la historia en el interior de su oficio. Este rechazo autoritario de la historia no ha servido sino para mermar la aportaci\u00f3n de Malinowski y de sus disc\u00edpulos. De hecho, es imposible que la antropolog\u00eda, al ser &#8211; como acostumbra a decir Claude L\u00e9vi-Strauss<strong>15<\/strong> &#8211; la aventura misma del esp\u00edritu, se desinterese de la historia. En toda sociedad, por muy tosca que sea, cabe observar las \u00abgarras del acontecimiento\u00bb; de la misma manera, no existe una sola sociedad cuya historia haya naufragado por completo. A este respecto, ser\u00eda un error por nuestra parte el quejarnos o el insistir.<\/p>\n<p>Nuestra controversia ser\u00e1, por el contrario, bastante en\u00e9rgica en las fronteras del tiempo corto, frente a la sociolog\u00eda de las encuestas sobre lo actual y de las encuestas en mil direcciones, entre sociolog\u00eda, psicolog\u00eda y econom\u00eda. Dichas encuestas proliferan en Francia y en el extranjero. Constituyen, a su manera, una apuesta reiterada a favor del insustituible del tiempo presente, de su calor \u00abvolc\u00e1nico\u00bb, de su copiosidad. \u00bfPara qu\u00e9 volverse hacia el tiempo de la historia: empobrecido, simplificado, asolado por el silencio, reconstruido, digo bien, reconstruido? Pero, en realidad, el problema est\u00e1 en saber si este tiempo de la historia est\u00e1 tan muerto y tan reconstruido como dicen. Indudablemente el historiador demuestra una excesiva facilidad en desentra\u00f1ar lo esencial de una \u00e9poca pasada; en t\u00e9rminos de Henri Pirenne, distingue sin dificultad los \u00abacontecimientos importantes\u00bb (enti\u00e9ndase: \u00abaquellos que han tenido consecuencias\u00bb). Se trata, sin ning\u00fan g\u00e9nero de dudas, de un peligroso procedimiento de simplificaci\u00f3n. Pero, \u00bfqu\u00e9 no dar\u00eda el viajero de lo actual por poseer esta perspectiva en el tiempo, susceptible de desenmascarar y de simplificar la vida presente, la cual resulta confusa y poco legible por estar anegada en gestos y signos de importancia secundaria? L\u00e9vi-Strauss pretende que una hora de conversaci\u00f3n con un contempor\u00e1neo de Plat\u00f3n le informar\u00eda, en mucho mayor grado que nuestros t\u00edpicos discursos, sobre la coherencia o incoherencia de la civilizaci\u00f3n de la Grecia cl\u00e1sica<strong>16<\/strong>. Estoy totalmente de acuerdo. Pero esto obedece a que, a lo largo de a\u00f1os, le ha sido dado o\u00edr cientos de voces griegas salvadas del silencio. El historiador le ha preparado el viaje. Una hora en la Grecia de hoy no le ense\u00f1ar\u00eda nada o casi nada sobre las coherencias o incoherencias actuales.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, el encuestador del tiempo presente s\u00f3lo alcanza las \u00abfinas\u00bb tramas de las estructuras a condici\u00f3n de reconstruir tambi\u00e9n \u00e9l, de anticipar hip\u00f3tesis y explicaciones, de rechazar lo real tal y como es percibido, de truncarlo, de superarlo; operaciones todas ellas que permiten escapar a los datos para dominarlos mejor pero que &#8211; todas ellas sin excepci\u00f3n &#8211; constituyen reconstrucciones. Dudo que la fotograf\u00eda sociol\u00f3gica del presente sea m\u00e1s \u00abverdadera\u00bb que el cuadro hist\u00f3rico del pasado, tanto menos cuanto m\u00e1s alejada pretenda estar de lo reconstruido.<\/p>\n<p>Philippe Aries<strong>17<\/strong> ha insistido sobre la importancia del factor desorientador, del factor sorpresa en la explicaci\u00f3n hist\u00f3rica: se tropieza uno, en el siglo XVI, con una extra\u00f1eza; extra\u00f1eza para uno que es hombre del siglo XX. \u00bfPor qu\u00e9 esta diferencia? El problema est\u00e1 planteado. Pero a mi modo de ver la sorpresa, la desorientaci\u00f3n, el alejamiento y la perspectiva &#8211; insustituibles m\u00e9todos de conocimiento todos ellos &#8211; son igualmente necesarios para comprender aquello que nos rodea tan de cerca que es dif\u00edcil vislumbrarlo con claridad. Si uno pasa un a\u00f1o en Londres, lo m\u00e1s probable es que llegue a conocer muy mal Inglaterra. Pero, en comparaci\u00f3n, a la luz de los asombros experimentados, comprender\u00e1 bruscamente algunos de los rasgos m\u00e1s profundos y originales de Francia, aquellos que no se conocen a fuerza de conocerlos. Frente a lo actual, el pasado confiere, de la misma manera, perspectiva.<\/p>\n<p>Los historiadores y los social scientists podr\u00edan, pues, seguir devolvi\u00e9ndose la pelota hasta el infinito a prop\u00f3sito del documento muerto y del testimonio demasiado vivo, del pasado lejano y de la actualidad pr\u00f3xima en exceso. No creo que resida en ello el problema fundamental. Presente y pasado se aclaran mutuamente, con luz rec\u00edproca. Y si la observaci\u00f3n se limita a la estricta actualidad, la atenci\u00f3n se dirigir\u00e1 hacia lo que se mueve deprisa, hacia lo que sobresale con raz\u00f3n o sin ella, hacia lo que acaba de cambiar, hace ruido o se pone inmediatamente de manifiesto. Una mon\u00f3tona sucesi\u00f3n de hechos y de acontecimientos, tan enfadosa como la de las ciencias hist\u00f3ricas, acecha al observador, apresurado, tanto si se trata del etn\u00f3grafo que durante tres meses se preocupa por una tribu polinesia como si se trata del soci\u00f3logo industrial que \u00abdescubre\u00bb los t\u00f3picos de su \u00faltima encuesta o que cree, gracias a unos cuestionarios h\u00e1biles y a las combinaciones de fichas perforadas, delimitar perfectamente un mecanismo social. Lo social es una liebre mucho m\u00e1s esquiva.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 inter\u00e9s puede merecer, en realidad, a las ciencias del hombre los desplazamientos &#8211; de los que trata una amplia y seria encuesta sobre la regi\u00f3n parisina<strong>18<\/strong> -que tiene que efectuar una joven entre su domicilio en el XVI\u00e9me arrondissement, el domicilio de su profesor de m\u00fasica y la Facultad de Ciencias Pol\u00edticas? Cabe hacer con ellos un bonito mapa. Pero bastar\u00eda con que esta joven hubiera realizado estudios de agronom\u00eda o practicado el ski acu\u00e1tico para que todo cambiara en estos viajes triangulares. Me alegra ver representada en un mapa la distribuci\u00f3n de los domicilios de los empleados de una gran empresa; pero si carezco de un mapa anterior a esta distribuci\u00f3n, si la distancia cronol\u00f3gica entre los puntos se\u00f1alados no basta para permitir inscribirlo todo en un verdadero movimiento, no existir\u00e1 la problem\u00e1tica a falta de la cual una encuesta no es sino un esfuerzo in\u00fatil. El inter\u00e9s de estas encuestas por la encuesta estriba, todo lo m\u00e1s, en acumular datos; teniendo en cuenta que ni siquiera ser\u00e1n v\u00e1lidos todos ellos ipso facto para trabajos futuros. Desconfiemos, pues, del arte por el arte.<\/p>\n<p>De la misma manera, dudo que el estudio de una ciudad, cualesquiera que \u00e9sta sea, pueda convertirse en objeto de una encuesta sociol\u00f3gica como ocurri\u00f3 en los casos de Auxerre<strong>19<\/strong> o de Vienne en el Delfinado<strong>20<\/strong>, de no haber sido inscrito en la duraci\u00f3n hist\u00f3rica. Toda ciudad, sociedad en tensi\u00f3n con crisis, cortes, aver\u00edas y c\u00e1lculos necesarios propios debe ser situada de nuevo tanto en el complejo de los campos que la rodean como en el de esos archipi\u00e9lagos de ciudades vecinas de las que el historiador Richard Hapke fue el primero en hablar; por consiguiente, en el movimiento m\u00e1s o menos alejado en el tiempo &#8211; a veces muy alejado en el tiempo &#8211; que alienta a este complejo. Y no es indiferente, sino por el contrario esencial, al constatar un determinado intercambio entre el campo y la ciudad o una determinada rivalidad industrial o comercial, el saber si se trata de un movimiento joven en pleno impulso o de una \u00faltima bocanada, de un lejano resurgir o de un nuevo y mon\u00f3tono comienzo.<\/p>\n<p>Unas palabras para concluir: Lucien Febvre, durante los \u00faltimos diez a\u00f1os de su vida, ha repetido: \u00abhistoria, ciencia del pasado; ciencia del presente\u00bb. La historia, dial\u00e9ctica de la duraci\u00f3n, \u00bfno es acaso, a su manera, explicaci\u00f3n de lo social en toda su realidad y, por tanto, tambi\u00e9n de lo actual? Su lecci\u00f3n vale en este aspecto como puesta en guardia contra el acontecimiento. No pensar tan s\u00f3lo en el tiempo corto, no creer que s\u00f3lo los sectores que meten ruido son los m\u00e1s aut\u00e9nticos; tambi\u00e9n los hay silenciosos. Pero, \u00bfvale la pena recordado?<\/p>\n<p><strong>3. Comunicaci\u00f3n y matem\u00e1ticas sociales <\/strong><\/p>\n<p>Quiz\u00e1 hayamos cometido un error al detenernos en demas\u00eda en la agitada frontera del tiempo corto, donde el debate se desenvuelve en realidad sin gran inter\u00e9s y sin sorpresas \u00fatiles. El debate fundamental est\u00e1 en otra parte, all\u00ed donde se encuentran aquellos de nuestros vecinos a los que arrastra la m\u00e1s nueva de las ciencias sociales bajo el doble signo de la \u00abcomunicaci\u00f3n\u00bb y de la matem\u00e1tica.<\/p>\n<p>Pero no ha de ser f\u00e1cil situar a estas tentativas con respecto al tiempo de la historia, a la que, al menos en apariencia, escapan por entero. Pero, de hecho, ning\u00fan estudio social escapa al tiempo de la historia.<\/p>\n<p>En esta discusi\u00f3n, en todo caso, conviene que el lector, si quiere seguirnos (tanto si es para aprobarnos como si es para contradecir nuestro punto de vista), sopese, a su vez, uno por uno, los t\u00e9rminos de su vocabulario, no enteramente nuevo, claro est\u00e1, pero s\u00ed recogido y rejuvenecido en nuevas discusiones que tienen lugar ante nuestros ojos. Evidentemente, nada hay que decir de nuevo sobre el acontecimiento o la larga duraci\u00f3n. Poca cosa sobre las estructuras, aunque la palabra &#8211; y la cosa &#8211; no se encuentren al amparo de las discusiones y de las incertidumbres<strong>21<\/strong>. In\u00fatil tambi\u00e9n discutir mucho sobre los conceptos de sincron\u00eda y de diacron\u00eda; se definen por s\u00ed mismos, aunque su funci\u00f3n, en un estudio concreto de lo esencial, sea menos f\u00e1cil de cerner de lo que aparenta. En efecto, en el lenguaje de la historia (tal y como lo imagino) no puede en absoluto haber sincron\u00eda perfecta: una suspensi\u00f3n instant\u00e1nea que detenga todas las duraciones es pr\u00e1cticamente un absurdo en s\u00ed o &#8211; lo que es lo mismo &#8211; muy artificioso; de la misma manera, un descenso seg\u00fan la pendiente del tiempo s\u00f3lo es imaginable bajo la forma de una multiplicidad de descensos, seg\u00fan los diversos e innumerables r\u00edos del tiempo.<\/p>\n<p>Estas breves precisiones y puestas en guardia bastar\u00e1n por el momento. Pero hay que ser m\u00e1s expl\u00edcito en lo que concierne a la historia inconsciente, a los modelos, a las matem\u00e1ticas sociales. Adem\u00e1s, estos comentarios, cuya necesidad se impone, se re\u00fanen &#8211; o espero que no tardar\u00e1n en reunirse en una problem\u00e1tica com\u00fan a las ciencias sociales.<\/p>\n<p>La historia inconsciente es, claro est\u00e1, la historia de las formas inconscientes de lo social. \u00abLos hombres hacen la historia pero ignoran que la hacen\u00bb<strong>22<\/strong>. La f\u00f3rmula de Mari esclarece en cierta manera pero no resuelve el problema. De hecho, es una vez m\u00e1s, todo el problema del tiempo corto, del \u00abmicrotiempo\u00bb, de los acontecimientos, el que se nos vuelve a plantear con un nombre nuevo. Los hombres han tenido siempre la impresi\u00f3n, viviendo su tiempo, de captar d\u00eda a d\u00eda su desenvolvimiento. \u00bfEs esta historia consciente, abusiva, como muchos historiadores desde hace tiempo ya coinciden en pensar? No hace mucho que la ling\u00fc\u00edstica cre\u00eda poderlo deducir todo de las palabras. En cuanto a la historia, se forj\u00f3 la ilusi\u00f3n de que todo pod\u00eda ser deducido de los acontecimientos. M\u00e1s de uno de nuestros contempor\u00e1neos se inclinar\u00eda de buena gana a pensar que todo proviene de los acuerdos de Yalta o de Potsdam, de los accidentes de Dien-Bien-Fu o de Sakhiet-Sidi-Yussef, o de este otro acontecimiento &#8211; de muy distinta importancia, es verdad &#8211; que constituy\u00f3 el lanzamiento de los sputniks. La historia inconsciente transcurre m\u00e1s all\u00e1 de estas luces, de sus flashes. Adm\u00edtase, pues, que existe, a una cierta distancia, un inconsciente social. Adm\u00edtase, adem\u00e1s, en espera de algo mejor que este inconsciente sea considerado como m\u00e1s rico cient\u00edficamente que la superficie relampagueante a la que est\u00e1n acostumbrados nuestros ojos; m\u00e1s rico cient\u00edficamente, es decir, m\u00e1s simple, m\u00e1s f\u00e1cil de explotar, si no de descubrir. Pero el reparto entre superficie clara y profundidades oscuras &#8211; entre ruido y silencio &#8211; es dif\u00edcil, aleatorio. A\u00f1adamos que la historia \u00abinconsciente\u00bb &#8211; terreno a medias del tiempo coyuntural y terreno por excelencia del tiempo estructural &#8211; es con frecuencia m\u00e1s netamente percibida de lo que se quiere admitir. Todos nosotros tenemos la sensaci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de nuestra propia vida, de una historia de masa cuyo poder y cuyo empuje son, bien es verdad, m\u00e1s f\u00e1ciles de percibir que sus leyes o su duraci\u00f3n. Y esta conciencia no data \u00fanicamente de ayer (as\u00ed, por ejemplo, en lo que concierne a la historia econ\u00f3mica), aunque sea hoy cada vez m\u00e1s viva. La revoluci\u00f3n &#8211; porque se trata, en efecto, de una revoluci\u00f3n en esp\u00edritu &#8211; ha consistido en abordar de frente esta semioscuridad, en hacerle un sitio cada vez m\u00e1s amplio al lado &#8211; por no decir a expensas &#8211; de los acontecimientos.<\/p>\n<p>En esta prospecci\u00f3n en la que la historia no est\u00e1 sola (no hace, por el contrario, m\u00e1s que seguir en este campo y adaptar a su uso los puntos de vista de las nuevas ciencias sociales), han sido construidos nuevos instrumentos de conocimiento y de investigaci\u00f3n, tales como &#8211; m\u00e1s o menos perfeccionados, a veces artesanales todav\u00eda los modelos. Los modelos no son m\u00e1s que hip\u00f3tesis, sistemas de explicaci\u00f3n s\u00f3lidamente vinculados seg\u00fan la forma de la ecuaci\u00f3n o de la funci\u00f3n; esto iguala a aquello o determina aquello. Una determinada realidad s\u00f3lo aparece acompa\u00f1ada de otra, y entre ambas se ponen de manifiesto relaciones estrechas y constantes. El modelo establecido con sumo cuidado permitir\u00e1, pues, encausar, adem\u00e1s del medio social observado \u2013 a partir del cual ha sido, en definitiva, creado &#8211; otros medios sociales de la misma naturaleza, a trav\u00e9s del tiempo y del espacio. En ello reside su valor recurrente. Estos sistemas de explicaciones var\u00edan hasta el infinito seg\u00fan el temperamento, el c\u00e1lculo o la finalidad de los usuarios: simples o complejos, cualitativos o cuantitativos, est\u00e1ticos o din\u00e1micos, mec\u00e2nicos o estad\u00edsticos. Esta \u00faltima distinci\u00f3n la recojo de Cl. L\u00e9vi-Strauss. De ser mec\u00e1nico, el modelo se encontrar\u00eda a la medida misma de la realidad directamente observada, realidad de peque\u00f1as dimensiones que no afecta m\u00e1s que a grupos min\u00fasculos de hombres (as\u00ed proceden los etn\u00f3logos respecto de las sociedades primitivas). En cuanto a las grandes sociedades, en las que grandes n\u00fameros intervienen, se imponen el c\u00e1lculo de medias: conducen a modelos estad\u00edsticos. \u00a1Pero poco importan estas definiciones, a veces discutibles!<\/p>\n<p>Desde mi punto de vista, lo esencial consiste en precisar, antes de establecer un programa com\u00fan de las ciencias sociales, la funci\u00f3n y los l\u00edmites del modelo, al que ciertas iniciativas corren el riesgo de inflar en exceso. De donde se deduce la necesidad de confrontar tambi\u00e9n los modelos con la idea de duraci\u00f3n; porque de la duraci\u00f3n que implican dependen bastante \u00edntimamente, a mi modo de ver, tanto su significaci\u00f3n como su valor de explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para una mayor claridad, tomemos una serie de ejemplos de entre los modelos hist\u00f3ricos<strong>23<\/strong> -enti\u00e9ndase, fabricados por los historiadores -, modelos bastante elementales y rudimentarios que rara vez alcanzan el rigor de una verdadera regla cient\u00edfica y que nunca se han preocupado de desembocar en un lenguaje matem\u00e1tico revolucionario pero que, no obstante, son modelos a su manera.<\/p>\n<p>Hemos hablado m\u00e1s arriba del capitalismo comercial entre los siglos XIV y XVIII: se trata de uno de los modelos elaborados por Marx. S\u00f3lo se aplica enteramente a una familia dada de sociedades y a lo largo de un tiempo dado aunque deja la puerta abierta a todas las extrapolaciones.<\/p>\n<p>Algo diferente ocurre ya con los modelos que he esbozado, en un libro ya antiguo<strong>24<\/strong>, de un ciclo de desarrollo econ\u00f3mico, a prop\u00f3sito de las ciudades italianas entre los siglos XVI y XVII, sucesivamente mercantiles, \u00abindustriales\u00bb, y m\u00e1s tarde especializadas en el comercio bancario; esta \u00faltima actividad, la m\u00e1s lenta en florecer, fue tambi\u00e9n la m\u00e1s lenta en desaparecer. Este bosquejo, m\u00e1s restringido de hecho que la estructura del capitalismo mercantil ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cilmente que aqu\u00e9l, susceptible de extenderse tanto en la duraci\u00f3n como en el espacio. Registra un fen\u00f3meno (algunos, dir\u00edan una estructura din\u00e1mica; pero todas las estructuras de la historia son, por lo menos, elementalmente din\u00e1micas) capaz de reproducirse en un n\u00famero de circunstancias f\u00e1ciles de reencontrar. Quiz\u00e1 quepa decir lo mismo del modelo esbozado por Frank Spooner y por m\u00ed mismo<strong>25<\/strong>, respecto de la historia de los metales preciosos, antes, en y despu\u00e9s del siglo XVI: oro, plata y cobre \u2013 y cr\u00e9dito, \u00e1gil sustituto del metal &#8211; son, ellos tambi\u00e9n, jugadores; la \u00abestrategia\u00bb del uno pesa sobre la \u00abestrategia\u00bb del otro. No ser\u00e1 dif\u00edcil transportar este modelo fuera del siglo privilegiado y particularmente movido, el XVI, que hemos escogido para nuestra observaci\u00f3n. \u00bfAcaso no ha habido economistas que han tratado de verificar, en el caso concreto de los pa\u00edses subdesarrollados de hoy, la vieja teor\u00eda cuantitativa de la moneda, modelos tambi\u00e9n a su manera?<strong>26<\/strong>.<\/p>\n<p>Pero las posibilidades de duraci\u00f3n de todos estos modelos todav\u00eda son breves en comparaci\u00f3n con las del modelo imaginado por un joven historiador soci\u00f3logo americano, Sigmund D\u00edamond<strong>27<\/strong>. Habi\u00e9ndole llamado la atenci\u00f3n el doble lenguaje de la clase dominante de los grandes financieros americanos contempor\u00e1neos de Pierpont Morgan \u2013 lenguaje, por un lado, interior a la clase y, por el otro, exterior (este \u00faltimo, bien es verdad, alegato frente a la opini\u00f3n p\u00fablica a quien se describe el \u00e9xito del financiero como el triunfo t\u00edpico del self made man, condici\u00f3n de la fortuna de la propia naci\u00f3n) &#8211; ve en \u00e9l la reacci\u00f3n acostumbrada de toda clase dominante que siente amenazados su prestigio y sus privilegios; necesita, para camuflarse, confundir su suerte con la de la ciudad o la de la naci\u00f3n, y su inter\u00e9s particular con el inter\u00e9s p\u00fablico. S. Diamond explicar\u00eda gustoso, de la misma manera, la evoluci\u00f3n de la idea de dinast\u00eda o de Imperio, dinast\u00eda inglesa, Imperio romano&#8230; El modelo as\u00ed concebido es evidentemente capaz de recorrer siglos. Supone ciertas condiciones sociales precisas pero en las que la historia se ha mostrado particularmente pr\u00f3diga: es v\u00e1lido, por consiguiente, para una duraci\u00f3n mucho m\u00e1s larga que los modelos precedentes, pero al mismo tiempo pone en causa a realidades m\u00e1s precisas, m\u00e1s exiguas.<\/p>\n<p>Este tipo de modelo se aproximar\u00eda, en \u00faltimo extremo, a los modelos favoritos, casi intemporales, de los soci\u00f3logos matem\u00e1ticos. Casi intemporales; es decir, en realidad circulando por las rutas oscuras e in\u00e9ditas de la muy larga duraci\u00f3n. Las explicaciones que preceden no son m\u00e1s que una insuficiente introducci\u00f3n a la ciencia y a la teor\u00eda de los modelos. Y falta mucho para que los historiadores ocupen en este terreno posiciones de vanguardia. Sus modelos apenas son otra cosa que haces de explicaciones. Nuestros colegas son mucho m\u00e1s ambiciosos y est\u00e1n mucho m\u00e1s avanzados en la investigaci\u00f3n cuando tratan de reunir las teor\u00edas y los lenguajes de la informaci\u00f3n, la comunicaci\u00f3n o las matem\u00e1ticas cualitativas. Su m\u00e9rito -que es grande consiste en acoger en su campo este lenguaje sutil que constituyen las matem\u00e1ticas pero que corre el riesgo, a la m\u00ednima inadvertencia, de escapar a nuestro control y de correr por su cuenta. Informaci\u00f3n, comunicaci\u00f3n, matem\u00e1ticas cualitativas: todo se re\u00fane bastante bien bajo el vocablo mucho m\u00e1s amplio de matem\u00e1ticas sociales.<\/p>\n<p>Las matem\u00e1ticas sociales<strong>28<\/strong> son por lo menos tres lenguajes; susceptibles, adem\u00e1s, de mezclarse y de no excluir continuaciones. Los matem\u00e1ticos no se encuentran al cabo de la imaginaci\u00f3n. En todo caso, no existe una matem\u00e1tica, la matem\u00e1tica (o de existir se trata de una reivindicaci\u00f3n). \u00abNo se debe decir el \u00e1lgebra, la geometr\u00eda, sino un \u00e1lgebra, una geometr\u00eda (Th. Guilbaud)\u00bb; lo que no simplifica nuestros problemas ni los suyos. Tres lenguajes, pues: el de los hechos de necesidad (el uno es dado, el otro consecutivo) es el campo de las matem\u00e1ticas tradicionales; el lenguaje de los hechos aleatorios es, desde Pascal, campo del c\u00e1lculo de probabilidades; el leguaje, por \u00faltimo, de los hechos condicionados &#8211; ni determinados ni aleatorios pero sometidos a ciertas coacciones, a reglas de juegos &#8211; en el eje de la \u00abestrategia\u00bb de los juegos de Von Neumann y Morgenstern<strong>29<\/strong>, esa estrategia triunfante que no se ha quedado \u00fanicamente en los principios y osad\u00edas de sus fundadores. La estrategia de los juegos, en raz\u00f3n del uso de los conjuntos, de los grupos y del c\u00e1lculo mismo de las probabilidades, abre camino a las matem\u00e1ticas \u00abcualitativas\u00bb. Desde este momento, el paso de la observaci\u00f3n a la formulaci\u00f3n matem\u00e1tica no se hace ya obligatoriamente por la intrincada v\u00eda de las medidas y de los largos c\u00e1lculos estad\u00edsticos. Se puede pasar directamente del an\u00e1lisis social a una f\u00f3rmula matem\u00e1tica; casi dir\u00edamos que a la m\u00e1quina de calcular.<\/p>\n<p>Evidentemente, esta m\u00e1quina no englete ni tritura todos los alimentos sin distinci\u00f3n; su tarea debe ser preparada. Por lo dem\u00e1s, se ha esbozado y desarrollado una ciencia de la informaci\u00f3n en funci\u00f3n de verdaderas m\u00e1quinas, de sus reglas de funcionamiento, para las comunicaciones en el sentido m\u00e1s material de la palabra. El autor de este art\u00edculo no es, en absoluto, un especialista en estos intrincados terrenos. Las investigaciones para la fabricaci\u00f3n de una m\u00e1quina de traducir, cuyo curso ha seguido desde lejos (pero seguido, no obstante), le sumen, al igual que a algunos otros, en un mar de reflexiones. Un doble hecho est\u00e1, sin embargo, establecido: en primer lugar, que semejantes m\u00e1quinas, que semejantes posibilidades matem\u00e1ticas existen; en segundo lugar, que hay que preparar a lo social para las matem\u00e1ticas de lo social, que han dejado de ser \u00fanicamente nuestras viejas matem\u00e1ticas tradicionales: curvas de precios, de salarios, de nacimientos \u2026<\/p>\n<p>Ahora bien, aunque el nuevo mecanismo matem\u00e1tico muy a menudo se nos escape, no nos es posible sustraemos a la preparaci\u00f3n de la realidad social para su uso, su taladramiento, su recorte. Hasta ahora, el tratamiento previo ha sido pr\u00e1cticamente casi siempre el mismo: escoger una unidad restringida de observaci\u00f3n como, por ejemplo, una tribu \u00abprimitiva\u00bb o una unidad demogr\u00e1fica \u00abcerrada\u00bb en la que casi todo sea examinable y tangible; establecer, despu\u00e9s, entre los elementos distinguidos, todas las relaciones, todos los juegos posibles. Estas relaciones rigurosamente determinadas suministran las ecuaciones de las que las matem\u00e1ticas habr\u00e1n de sacar todas las conclusiones y prolongaciones posibles, para culminar en un modelo que las re\u00fana a todas ellas o, dicho con m\u00e1s exactitud, que las tome a todas ellas en cuenta.<\/p>\n<p>En estos campos se abren con toda evidencia miles de posibilidades de investigaci\u00f3n. Pero un ejemplo resultar\u00e1 m\u00e1s ilustrativo que un largo discurso. Puesto que Claude L\u00e9vi-Strauss se nos ofrece como un excelente gu\u00eda, sig\u00e1moslo. Nos va a introducir en un sector de estas investigaciones al que se puede calificar de ciencia de la comunicaci\u00f3n<strong>30<\/strong>.<\/p>\n<p>\u00abEn toda sociedad &#8211; escribe L\u00e9vi-Strauss<strong>31<\/strong> &#8211; la comunicaci\u00f3n se realiza al menos en tres niveles: comunicaci\u00f3n de las mujeres; comunicaci\u00f3n de los bienes y de los servicios; comunicaci\u00f3n de los mensajes\u00bb. Admitamos que se trate, a niveles distintos, de lenguajes diferentes pero, en todo caso, se trata de lenguajes. En estas circunstancias, \u00bfno tendremos acaso derecho a tratados como lenguajes, o incluso como el lenguaje por antonomasia, y a asociarlos, de manera directa o indirecta, a los sensacionales progresos de la ling\u00fc\u00edstica o &#8211; lo que es m\u00e1s &#8211; de la fonolog\u00eda, que \u00abtiene ineluctablemente que desempe\u00f1ar, respecto de las ciencias sociales, la misma funci\u00f3n renovadora que la f\u00edsica nuclear, por ejemplo, ha desempe\u00f1ado para con el conjunto de las ciencias exactas\u00bb<strong>32<\/strong>? Es ir demasiado lejos pero a veces es necesario. Al igual que la historia atrapada en la trampa del acontecimiento, la ling\u00fc\u00edstica, atrapada en la trampa de las palabras (relaci\u00f3n de las palabras al objeto, evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de las palabras), se ha evadido mediante la revoluci\u00f3n fonol\u00f3gica. M\u00e1s all\u00e1 de la palabra, se ha interesado por el esquema de sonido que constituye el fonema, indiferente, a partir de entonces a su sentido pero atenta en cambio a los sonidos que lo acompa\u00f1an, a las formas de agruparse estos sonidos, a las estructuras infrafon\u00e9micas, a toda la realidad subyacente, inconsciente, de la lengua. De esta forma, el nuevo trabajo matem\u00e1tico se ha puesto en marcha con el material que suponen las decenas de fonemas que se encuentran en todas las lenguas del mundo; y, en consecuencia, la ling\u00fc\u00edstica, o por lo menos una parte de la ling\u00fc\u00edstica, ha escapado, en el curso de los \u00faltimos veinte a\u00f1os, al mundo de las ciencias sociales para franquear \u00abel puerto de las ciencias exactas\u00bb.<\/p>\n<p>Extender el sentido del lenguaje a las estructuras elementales de parentesco, a los mitos, al ceremonial y a los intercambios econ\u00f3micos equivale a buscar el camino, dif\u00edcil pero saludable, que accede hasta ese puerto; esta es la haza\u00f1a que ha realizado L\u00e9vi-Strauss a prop\u00f3sito, en primer lugar, del intercambio matrimonial, lenguaje primero, esencial a las comunicaciones humanas, hasta el punto de que no existen sociedades, primitivas o no, en las que el incesto, el matrimonio en el interior de la estrecha c\u00e9lula familiar, no se encuentre vedado. Se trata, por tanto, de un lenguaje. Bajo este lenguaje, L\u00e9vi-Strauss ha buscado un elemento de base, correspondiente si se quiere al fonema; ese elemento, ese \u00ab\u00e1tomo\u00bb de parentesco al que se refiri\u00f3 en su tesis de 1.949<strong>33<\/strong> bajo su m\u00e1s simple expresi\u00f3n: enti\u00e9ndase, el hombre, la esposa, el hijo, m\u00e1s el t\u00edo materno del hijo. A partir de este elemento cuadrangular y de todos los sistemas de matrimonios conocidos en estos mundos primitivos &#8211; son muy numerosos -, los matem\u00e1ticos se encargar\u00e1n de buscar las combinaciones y las soluciones posibles. Con la ayuda del matem\u00e1tico Andr\u00e9 Weill, L\u00e9vi-Strauss ha conseguido traducir a t\u00e9rminos matem\u00e1ticos la observaci\u00f3n del antrop\u00f3logo. El modelo desentra\u00f1ado debe probar la validez, la estabilidad del sistema y se\u00f1alar las soluciones que \u00e9ste \u00faltimo implica.<\/p>\n<p>Se ve, pues, qu\u00e9 rumbo sigue este tipo de investigaci\u00f3n: traspasar la superficie, de la observaci\u00f3n para alcanzar la zona de los elementos inconscientes o poco conscientes y reducir despu\u00e9s esta realidad a elementos menudos, finos, id\u00e9nticos, cuyas relaciones pueden ser analizadas con precisi\u00f3n. En este grado \u00abmicrosociol\u00f3gico [de un cierto tipo; soy yo quien a\u00f1ado esta reserva] cabe esperar percibir las leyes de estructuras m\u00e1s generales, al igual que el ling\u00fcista descubre las suyas en el grado infrafon\u00e9mico y el f\u00edsico en el grado inframolecular, es decir, a nivel del \u00e1tomo\u00bb<strong>34<\/strong>. Es posible continuar el juego, evidentemente, en muchas otras direcciones. As\u00ed, por ejemplo, nada m\u00e1s did\u00e1ctico que ver a L\u00e9vi-Strauss enfrentarse con los mitos y hasta con la cocina (ese otro lenguaje): reducir\u00e1 los mitos a una serie de c\u00e9lulas elementales, los mitemas; reducir\u00e1 (sin creer demasiado en ello) el lenguaje de los libros de cocina a los gustemas. En cada caso, busca niveles en profundidad, subconscientes: mientras hablo no me preocupo de los fonemas de mi discurso; mientras como, tampoco me preocupo, culinariamente, de los \u00abgustemas\u00bb (si los hubiere). Y en cada caso, no obstante, el juego de las relaciones sutiles y precisas me acompa\u00f1a. \u00bfPretende acaso el \u00faltimo grito de la investigaci\u00f3n sociol\u00f3gica aprender bajo todos los lenguajes estas relaciones simples y misteriosas, a fin de traducirlas a un alfabeto Morse, quiero decir, al universal lenguaje matem\u00e1tico? Tal es la ambici\u00f3n de las nuevas matem\u00e1ticas sociales. Pero \u00bfse me permitir\u00e1 decir, sin pretender ironizar, que se trata de otra historia?<\/p>\n<p>Reintroduzcamos, en efecto, la duraci\u00f3n. He dicho que los modelos ten\u00edan una duraci\u00f3n variable: son v\u00e1lidos mientras es v\u00e1lida la realidad que registran. Y, para el observador de lo social, est\u00e9 tiempo es primordial, puesto que m\u00e1s significativa a\u00fan que las estructuras profundas de la vida son sus puntos de ruptura, su brusco o lento deterioro bajo el efecto de presiones contradictorias.<\/p>\n<p>He comparado a veces los modelos a barcos. A m\u00ed lo que me interesa, una vez constituido el barco, es ponerlo en el agua y comprobar si flota, y, m\u00e1s tarde, hacerle bajar o remontar a voluntad las aguas del tiempo. El naufragio es siempre el momento m\u00e1s significativo. As\u00ed, por ejemplo, la explicaci\u00f3n que F. Spooner y yo mismo construimos juntos para los mecanismos de los metales preciosos no me parece en absoluto v\u00e1lida antes del siglo XV. Antes de este siglo, los choques entre metales preciosos son de una violencia no puesta de relieve por la observaci\u00f3n ulterior. A nosotros nos corresponde entonces buscar la causa. De la misma manera que es necesario investigar por qu\u00e9, aguas abajo esta vez, la navegaci\u00f3n de nuestra excesivamente simple embarcaci\u00f3n se vuelve primero dif\u00edcil y m\u00e1s tarde imposible con el siglo XVIII y el empuje anormal del cr\u00e9dito. A mi modo de ver, la investigaci\u00f3n debe hacerse volviendo continuamente de la realidad social al modelo, y de \u00e9ste a aqu\u00e9lla; y este continuo vaiv\u00e9n nunca debe ser interrumpido realiz\u00e1ndose por una especie de peque\u00f1os retoques, de viajes pacientemente reemprendidos. De esta forma, el modelo es sucesivamente ensayo de explicaci\u00f3n de la estructura, instrumento de control, de comparaci\u00f3n, verificaci\u00f3n de la solidez y de la vida misma de una estructura dada. Si yo fabricara un modelo a partir de lo actual, proceder\u00eda inmediatamente a volver a colocado en la realidad, para m\u00e1s tarde irlo remontando en el tiempo, caso de ser posible hasta su nacimiento. Una vez hecho esto, calcular\u00eda su probabilidad de vida hasta la pr\u00f3xima ruptura, seg\u00fan el movimiento concomitante de otras realidades sociales. A menos que, utiliz\u00e1ndolo como elemento de comparaci\u00f3n, opte por pasearlo en el tiempo y en el espacio, a la busca de otras realidades susceptibles de esclarecerse gracias a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00bfTengo o no raz\u00f3n para pensar que los modelos de las matem\u00e1ticas cualitativas, tal y como nos han sido presentadas hasta ahora<strong>35<\/strong>, se prestar\u00edan dif\u00edcilmente a semejantes viajes, ante todo porque se limitan a circular por una sola de las innumerables rutas del tiempo, la de la larga, muy larga duraci\u00f3n, al amparo de los accidentes, de las coyunturas, de las rupturas? Me volver\u00e9 a referir, una vez m\u00e1s, a Claude L\u00e9vi-Strauss porque su tentativa en este campo me parece ser la m\u00e1s inteligente, la m\u00e1s clara y tambi\u00e9n la mejor arraigada en la experiencia social de la que todo debe partir y a la que todo debe volver. En cada uno de los casos, se\u00f1al\u00e9moslo, encausa un fen\u00f3meno de extremada lentitud, como si fuera intemporal. Todos los sistemas de parentesco se perpet\u00faan porque no hay vida humana posible m\u00e1s all\u00e1 de una cierta tasa de consanguinidad, porque se impone que un peque\u00f1o grupo de hombres para vivir se abra al mundo exterior: la prohibici\u00f3n de incesto es una realidad de larga duraci\u00f3n. Los mitos, de lento desarrollo, tambi\u00e9n corresponden a estructuras de una extensa longevidad. Se pueden, sin preocupaci\u00f3n de escoger la m\u00e1s antigua, coleccionar versiones del mito de Edipo; el problema estar\u00eda en ordenar las diferentes variaciones y en poner de manifiesto, por debajo de ellas, una profunda articulaci\u00f3n que las determine. Pero supongamos que nuestro colega se interese no por un mito sino por las im\u00e1genes, por las interpretaciones sucesivas del \u00abmaquiavelismo\u00bb; esto es, que investigue los elementos de base de una doctrina bastante simple y muy extendida a partir de su lanzamiento real hacia la mitad del siglo XVI. Continuamente aparecen, en este caso, rupturas e inversiones hasta en la estructura misma del maquiavelismo, ya que este sistema no tiene la solidez teatral, casi eterna, del mito; es sensible a las incidencias y a los rebrotes, a las m\u00faltiples intemperies de la historia. En una palabra, no se encuentra \u00fanicamente sobre las rutas tranquilas y mon\u00f3tonas de la larga duraci\u00f3n. De esta forma, el procedimiento recomendado por L\u00e9vi-Strauss en la investigaci\u00f3n de las estructuras matem\u00e1ticas no se sit\u00faa tan s\u00f3lo en el nivel microsociol\u00f3gico sino tambi\u00e9n, en el encuentro de lo infinitamente peque\u00f1o y de la muy larga duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfSe encuentran, adem\u00e1s, las revoluciones matem\u00e1ticas cualitativas, condenadas a seguir \u00fanicamente los caminos de la muy larga duraci\u00f3n? En este caso, s\u00f3lo reencontrar\u00edamos en fin de cuentas verdades que son demasiado las del hombre eterno. Verdades primeras, aforismos de la sabidur\u00eda de las naciones, dir\u00e1n los esc\u00e9pticos. Verdades esenciales, responderemos nosotros, y que pueden esclarecer con nueva luz las bases mismas de toda vida social. Pero no reside aqu\u00ed el conjunto del debate.<\/p>\n<p>No creo, de hecho, que estas tentativas &#8211; o tentativas an\u00e1logas &#8211; puedan proseguirse fuera de la muy larga duraci\u00f3n. Lo que se pone a disposici\u00f3n de las matem\u00e1ticas sociales cualitativas no son cifras sino relaciones que deben estar definidas con el suficiente rigor como para poder ser afectadas de un signo matem\u00e1tico a partir del cual ser\u00e1n estudiadas todas las posibilidades matem\u00e1ticas de estos signos, sin ni siquiera preocuparse ya de la realidad social que representan. Todo el valor de las conclusiones depende, pues, del valor de la observaci\u00f3n inicial, de la selecci\u00f3n que a\u00edsla los elementos esenciales de la realidad observada y determina sus relaciones en el seno de esta realidad. Se comprende entonces la preferencia que demuestran las matem\u00e1ticas sociales por los modelos que Claude L\u00e9vi-Strauss llama mec\u00e1nicos, es decir, establecidos a partir de grupos estrechos en los que cada individuo, por as\u00ed decido, es directamente observable y en los que una vida social muy homog\u00e9nea permite definir con toda seguridad relaciones humanas, simples y concretas y poco variables.<\/p>\n<p>Los modelos llamados estad\u00edsticos se dirigen, por el contrario a las sociedades amplias y complejas en las que la observaci\u00f3n s\u00f3lo puede ser dirigida a trav\u00e9s de las medias, es decir, de las matem\u00e1ticas tradicionales. Pero, una vez establecidas estas medias, si el observador es capaz de establecer, a escala de los grupos y no ya de los individuos, esas relaciones de base de las que habl\u00e1bamos y que son necesarias para las elaboraciones de las matem\u00e1ticas cualitativas, nada impide recurrir entonces a ellas. Todav\u00eda no ha habido, que yo sepa, tentativas de este tipo. Por el momento, ya se trate de psicolog\u00eda, de econom\u00eda o de antropolog\u00eda, todas las experiencias han sido realizadas en el sentido que he definido a prop\u00f3sito de L\u00e9vi-Strauss; pero las matem\u00e1ticas sociales cualitativas s\u00f3lo demostrar\u00e1n lo que pueden dar de s\u00ed el d\u00eda en que se enfrenten a una sociedad moderna, a sus embrollados problemas, a sus diferentes velocidades de vida. Apostemos que esta aventura tentar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda a alguno de nuestros soci\u00f3logos matem\u00e1ticos; apostemos tambi\u00e9n a que dar\u00e1 lugar a una revisi\u00f3n obligatoria de los m\u00e9todos hasta ahora observados por las nuevas matem\u00e1ticas, ya que \u00e9stas no pueden confinarse en lo que llamar\u00e9 en este caso la excesivamente larga duraci\u00f3n: deben reencontrar el juego m\u00faltiple de la vida, todos sus movimientos, todas sus duraciones, todas sus rupturas, todas sus variaciones.<\/p>\n<p><strong>4. Tiempo del historiador, tiempo del soci\u00f3logo <\/strong><\/p>\n<p>Al cabo de una incursi\u00f3n en el pa\u00eds de las intemporales matem\u00e1ticas sociales, heme de vuelta al tiempo, a la duraci\u00f3n. Y, como historiador incorregible que soy, expreso mi asombro, una vez m\u00e1s, de que los soci\u00f3logos hayan podido escaparse de \u00e9l. Pero lo que ocurre es que su tiempo no es el nuestro: es mucho menos imperativo, menos concreto tambi\u00e9n, y no se encuentra nunca en el coraz\u00f3n de sus problemas y de sus reflexiones.<\/p>\n<p>De hecho, el historiador no se evade nunca del tiempo de la historia: el tiempo se adhiere a su pensamiento como la tierra a la pala del jardinero. Sue\u00f1a, claro est\u00e1, con escapar de \u00e9l. Ayudado por la angustia de 1940, Gaston Roupnel<strong>36<\/strong> ha escrito a este respecto frases que hacen sufrir a todo historiador sincero. En este sentido, hay que comprender igualmente una vieja reflexi\u00f3n de Paul Lacombe, historiador tambi\u00e9n de gran clase: \u00abel tiempo no es nada en s\u00ed, objetivamente; no es m\u00e1s que una idea nuestra\u00bb&#8230;<strong>37<\/strong> Pero en ambos casos, \u00bfcabe hablar en realidad de verdaderas evasiones? Personalmente, a lo largo de un cautiverio bastante taciturno, luch\u00e9 mucho por escapar a la cr\u00f3nica de estos dif\u00edciles a\u00f1os (1940-1945). Rechazar los acontecimientos y el tiempo de los acontecimientos equival\u00eda a ponerse al margen, al amparo, para mirados con una cierta perspectiva, para juzgados mejor y no creer demasiado en ellos. La operaci\u00f3n consistente en pasar del tiempo corto al tiempo menos corto y al tiempo muy largo (este \u00faltimo, si existe, no puede ser m\u00e1s que el tiempo de los sabios) para despu\u00e9s, una vez alcanzado este punto, detenerse, reconsiderar y reconstruir todo de nuevo, ver girar todo en torno a uno, no puede dejar de resultar sumamente tentadora para un historiador.<\/p>\n<p>Pero estas sucesivas fugas no le lanzan, en definitiva, fuera del tiempo del mundo, del tiempo de la historia, imperioso por irreversible y porque discurre al ritmo mismo en que gira la tierra. De hecho, las duraciones que distinguimos son solidarias unas de otras: no es tanto la duraci\u00f3n la que es creaci\u00f3n de nuestro esp\u00edritu, sino las fragmentaciones de esta duraci\u00f3n. Pero estos fragmentos se re\u00fanen al cabo de nuestro trabajo. Larga duraci\u00f3n, coyuntura, acontecimiento, se ajustan sin dificultad, puesto que todos ellos se miden en una misma escala. Por lo mismo, participar espiritualmente en uno de estos tiempos equivale a participar en todos ellos. El fil\u00f3sofo, atento al aspecto subjetivo, interior, de la noci\u00f3n del tiempo, no experimenta jam\u00e1s ese peso del tiempo de la historia, del tiempo concreto, universal, como ese tiempo de la coyuntura que describe Ernest Labrousse en el umbral de su libro38 bajo los rasgos de un viajero siempre id\u00e9ntico a s\u00ed mismo que recorre el mundo e impone por doquier id\u00e9nticas coacciones, cualquiera que sea el pa\u00eds en el que desembarca, el r\u00e9gimen pol\u00edtico o el orden social que inviste.<\/p>\n<p>Para el historiador todo comienza y todo termina por el tiempo; un tiempo matem\u00e1tico y demiurgo sobre el que resultar\u00eda demasiado f\u00e1cil ironizar; un tiempo que parece exterior a los hombres, \u00abex\u00f3geno\u00bb, dir\u00edan los economistas, que les empuja, que les obliga, que les arranca a sus tiempos particulares de diferentes colores: el tiempo imperioso del mundo.<\/p>\n<p>Los soci\u00f3logos, claro est\u00e1, no aceptan esta noci\u00f3n excesivamente simple. Se encuentran mucho m\u00e1s cercanos de la Dialectique de la Dur\u00e9e tal y como la presenta Gaston Bachelard<strong>39<\/strong>. El tiempo social es, sencillamente, una dimensi\u00f3n particular de una determinada realidad social que yo contemplo. Este tiempo, interior a esta realidad como podr\u00eda serlo a un determinado individuo, constituye uno de los aspectos &#8211; entre otros que aqu\u00e9lla reviste, una de las propiedades que la caracterizan como ser particular. Al soci\u00f3logo no le estorba en absoluto ese tiempo complaciente, al que puede dividir a placer y cuyas exclusas puede cerrar y abrir a voluntad. El tiempo de la historia se prestar\u00eda menos, insisto, al doble y \u00e1gil juego de la sincron\u00eda y de la diacron\u00eda: impide totalmente imaginar la vida como un mecanismo cuyo movimiento puede ser detenido a fin de presentar, cuando se desee, una imagen inm\u00f3vil.<\/p>\n<p>Este desacuerdo es m\u00e1s profundo de lo que parece: el tiempo de los soci\u00f3logos no puede ser el nuestro; la estructura profunda de nuestro oficio lo rechaza. Nuestro tiempo, como el de los economistas, es medida. Cuando un soci\u00f3logo nos dice que una estructura no cesa de destruirse m\u00e1s que para reconstituirse, aceptamos de buena gana la explicaci\u00f3n, confirmada por lo dem\u00e1s por la observaci\u00f3n hist\u00f3rica. Pero en la trayectoria de nuestras habituales exigencias aspirar\u00edamos a conocer la duraci\u00f3n precisa de estos movimientos, positivos o negativos. Los ciclos econ\u00f3micos, flujo y reflujo de la vida material, son mensurables. De la misma manera, a una crisis estructural social se le deben se\u00f1alar puntos de referencia en el tiempo, a trav\u00e9s del tiempo, y se la debe localizar con exactitud en s\u00ed misma y m\u00e1s a\u00fan con relaci\u00f3n a los movimientos de las estructuras concomitantes. Lo que le interesa apasionadamente a un historiador es la manera en que se entrecruzan estos movimientos, su integraci\u00f3n y sus puntos de ruptura: cosas todas ellas que s\u00f3lo se pueden registrar con relaci\u00f3n al tiempo uniforme de los historiadores, medida general de estos fen\u00f3menos, y no con relaci\u00f3n al tiempo social multiforme, medida particular de cada uno de ellos.<\/p>\n<p>Estas reflexiones encontradas un historiador las formula, con raz\u00f3n o sin ella, incluso cuando penetra en la sociolog\u00eda acogedora, casi fraterna, de Georges Gurvitch. \u00bfAcaso no ha sido definido Gurvitch, hace tiempo, por un fil\u00f3sofo40, como el que \u00abarrincona a la sociolog\u00eda en la historia\u00bb? Y, no obstante, incluso en Gurvitch el historiador no reconoce ni sus duraciones ni sus temporalidades. El amplio edificio social (\u00bfcabe decir el modelo?) de Gurvitch se organiza seg\u00fan cinco arquitecturas fundamentales<strong>41<\/strong>: los niveles en profundidad, las sociabilidades, los grupos sociales, las sociedades globales y los tiempos; siendo este \u00faltimo andamiaje, el de las temporalidades, el m\u00e1s nuevo y tambi\u00e9n el de m\u00e1s reciente construcci\u00f3n y como sobrea\u00f1adido al conjunto.<\/p>\n<p>Las temporalidades de Georges Gurvitch son m\u00faltiples. Distingue toda una serie de ellas: el tiempo de larga duraci\u00f3n y en ralenti, el tiempo enga\u00f1oso o tiempo sorpresa, el tiempo de palpitaci\u00f3n irregular, el tiempo c\u00edclico, el tiempo retrasado sobre s\u00ed mismo, el tiempo alternativamente retrasado y adelantado, el tiempo anticipado con relaci\u00f3n a s\u00ed mismo, el tiempo explosivo<strong>42<\/strong>. \u00bfC\u00f3mo suponer que un historiador podr\u00eda dejarse convencer? Con esta gama de colores; le ser\u00eda imposible reconstituir la luz blanca, unitaria, que le es indispensable. Pronto advierte, adem\u00e1s, que este tiempo camale\u00f3n no hace m\u00e1s que se\u00f1alar, con un signo suplementario o con un toque de color, categor\u00edas anteriormente distinguidas. En la ciudad de nuestro autor, el tiempo, \u00faltimo llegado, se instala con toda naturalidad en el alojamiento de los dem\u00e1s; se pliega a las dimensiones de estos domicilios y de sus exigencias, seg\u00fan los niveles, las sociabilidades, los grupos y las sociedades globales. Es una manera distinta de reescribir, sin modificadas, las mismas ecuaciones. Cada realidad social segrega su tiempo o sus escalas de tiempos, como simples conchas. Pero \u00bfqu\u00e9 ganamos los historiadores con ello? La inmensa arquitectura de esta ciudad ideal permanece inm\u00f3vil. No hay historia en ella. El tiempo del mundo y el tiempo hist\u00f3rico se encuentra en ella, pero encerrados, al igual que el viento en los dominios de Eolo, en un pellejo. La animadversi\u00f3n que los soci\u00f3logos experimentan no va dirigida, en definitiva e inconscientemente, contra la historia, sino contra el tiempo de la historia, esa realidad que sigue siendo violenta incluso cuando se pretende ordenada y diversificada; imposici\u00f3n a la que ning\u00fan historiador logra escapar mientras que los soci\u00f3logos, por el contrario, se escabullen casi siempre prestando atenci\u00f3n ya sea al instante, siempre actual, como suspenso por encima del tiempo, ya sea a los fen\u00f3menos de repetici\u00f3n que no tienen edad; por tanto, se evaden gracias a un procedimiento mental opuesto que les encierra o bien en lo m\u00e1s estrictamente epis\u00f3dico (\u00e9venementiel) o bien en la m\u00e1s larga duraci\u00f3n. \u00bfEs l\u00edcita esta evasi\u00f3n? Ah\u00ed reside el verdadero debate entre historiadores y soci\u00f3logos, incluso entre historiadores de diferentes opiniones.<\/p>\n<p>Ignoro si este art\u00edculo demasiado claro y que se apoya con exceso, seg\u00fan la costumbre de los historiadores, en ejemplos concretos, merecer\u00e1 el acuerdo de los soci\u00f3logos y de nuestros dem\u00e1s vecinos. En todo caso, no resulta en absoluto \u00fatil repetir, a guisa de conclusi\u00f3n, su leit motiv expuesto con insistencia. Si la historia est\u00e1 abocada, por naturaleza, a prestar una atenci\u00f3n privilegiada a la duraci\u00f3n, a todos los movimientos en los que \u00e9sta puede descomponerse, la larga duraci\u00f3n nos parece, en este abanico, la l\u00ednea m\u00e1s \u00fatil para una observaci\u00f3n y una reflexi\u00f3n comunes a las ciencias sociales. \u00bfEs exigir demasiado el pedirles a nuestros vecinos que en un momento de sus razonamientos refieran a este eje sus constataciones o sus investigaciones?<\/p>\n<p>Para los historiadores, que no estar\u00e1n todos de acuerdo conmigo, esto supondr\u00eda un cambio de rumbo: instintivamente sus preferencias se dirigen hacia la historia corta. Esta goza de la complicidad de los sacrosantos programas de la universidad. Jean-Paul Sartre, en recientes art\u00edculos<strong>43<\/strong>, viene a reforzar este punto de vista cuando, pretendiendo alzarse contra aquello que le parece en el marxismo a un tiempo demasiado simple y de demasiado peso, lo hace en nombre de lo biogr\u00e1fico, de la prol\u00edfica realidad de la historia de los acontecimientos. Estoy enteramente de acuerdo en que no se habr\u00e1 dicho todo cuando se haya \u00absituado\u00bb a Flaubert como burgu\u00e9s y a Tintoretto como un peque\u00f1o burgu\u00e9s; pero el estudio de un caso concreto &#8211; Flaubert, Val\u00e9ry, o la pol\u00edtica exterior de los girondinos &#8211; siempre devuelve en definitiva a Sartre al contexto estructural y profundo. Esta investigaci\u00f3n va de la superficie a la profundidad de la historia y se aproxima a mis propias preocupaciones. Se aproximar\u00eda mucho m\u00e1s a\u00fan si el reloj de arena fuera invertido en ambos sentidos: primero, del acontecimiento a la estructura, y, despu\u00e9s, de las estructuras y de los modelos al acontecimiento.<\/p>\n<p>El marxismo es un mundo de modelos. Sartre se alza contra la rigidez, el esquematismo y la insuficiencia del modelo en nombre de lo particular y de lo individual. Yo me alzar\u00e9, al igual que \u00e9l (con algunos matices ciertamente), no contra el modelo, sino contra el uso que de \u00e9l se hace, que se han cre\u00eddo autorizados a hacer. El genio de Marx, el secreto de su prolongado poder; proviene de que fue el primero en fabricar verdaderos modelos sociales y a partir de la larga duraci\u00f3n hist\u00f3rica. Pero estos modelos han sido inmovilizados en su sencillez, concedi\u00e9ndoseles un valor de ley, de explicaci\u00f3n previa, autom\u00e1tica, aplicable a todos los lugares, a todas las sociedades; mientras que s\u00ed fueran devueltos a las aguas cambiantes del tiempo, su entramado se pondr\u00eda de manifiesto porque es s\u00f3lido y est\u00e1 bien tejido: reaparecer\u00eda constantemente, pero matizado, unas veces esfumado y otras vivificado por la presencia de otras estructuras, susceptibles, ellas tambi\u00e9n, de ser definidas por otras reglas y, por tanto, por otros modelos. Con lo acontecido, el poder creador del m\u00e1s poderoso an\u00e1lisis del siglo pasado ha quedado limitado.<\/p>\n<p>S\u00f3lo puede reencontrar fuerza y juventud en la larga duraci\u00f3n. Casi puedo a\u00f1adir que el marxismo actual me parece ser la imagen misma del peligro que ronda a toda ciencia social, enamorada del modelo en bruto, del modelo por el modelo.<\/p>\n<p>Querr\u00eda tambi\u00e9n subrayar, para concluir, que la larga duraci\u00f3n s\u00f3lo es una de las posibilidades del lenguaje com\u00fan en aras de una confrontaci\u00f3n de las ciencias sociales. Existen otras. He se\u00f1alado, bien o mal, las tentativas de las nuevas matem\u00e1ticas sociales. Las nuevas me seducen; pero las antiguas, cuyo triunfo es patente en econom\u00eda &#8211; la m\u00e1s avanzada quiz\u00e1 de las ciencias del hombre -, no merecen un comentario, desenga\u00f1ado. Inmensos c\u00e1lculos nos esperan en este terreno cl\u00e1sico; pero contamos con equipos de calculadoras y m\u00e1quinas de calcular, cada d\u00eda m\u00e1s perfeccionadas. Creo en la utilidad de las largas estad\u00edsticas, en la necesidad de remontar hacia un pasado cada vez m\u00e1s lejano estos c\u00e1lculos e investigaciones. Ya no es s\u00f3lo el siglo XVIII europeo, en su totalidad, el que est\u00e1 sembrado de nuestras obras, sino que el XVII comienza a estarlo y m\u00e1s a\u00fan el XVI. Estad\u00edsticas de incre\u00edble longitud nos abren, por su lenguaje universal, las profundidades del pasado chino<strong>44<\/strong>. Sin duda, la estad\u00edstica simplifica para conocer mejor. Pero toda ciencia va, en esta forma, de lo complejo a lo simple.<\/p>\n<p>Que no se olvide, no obstante, un \u00faltimo lenguaje, una \u00faltima familia de modelos: la reducci\u00f3n necesaria de toda la realidad social al espacio que ocupa. Digamos la geograf\u00eda, la ecolog\u00eda, sin detenernos demasiado en estas f\u00f3rmulas para escoger entre ellas. Es una pena que a la geograf\u00eda se la considere con excesiva frecuencia como un mundo en s\u00ed. Est\u00e1 necesitada de un Vidal de la Blache que, en lugar de pensar esta vez tiempo y espacio, pensara espacio y realidad social. A partir de entonces, se conceder\u00eda la primac\u00eda en la investigaci\u00f3n geogr\u00e1fica a los problemas del conjunto de las ciencias del hombre. Ecolog\u00eda: para el soci\u00f3logo, sin que siempre se lo confiese, el concepto es una manera de no decir geograf\u00eda y de esquivar, de esta forma, los problemas que el espacio plantea y &#8211; m\u00e1s a\u00fan &#8211; pone de relieve a la observaci\u00f3n atenta. Los modelos espaciales son esos mapas en los que la realidad social se proyecta y se explica parcialmente, modelos de verdad para todos los movimientos de la duraci\u00f3n (y, sobre todo, de la larga duraci\u00f3n), para todas las categor\u00edas de lo social. Pero la ciencia social los ignora de manera asombrosa. He pensado a menudo que una de las superioridades francesas en las ciencias sociales es esa escala geogr\u00e1fica de Vidal de la Blache cuyo esp\u00edritu y cuyas lecciones no nos consolar\u00edamos de ver traicionados. Se impone que todas las ciencias sociales dejen sitio a una \u00abconcepci\u00f3n (cada vez) m\u00e1s geogr\u00e1fica de la humanidad\u00bb<strong>45<\/strong>, como ped\u00eda Vidal de la Blache ya en 1903.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica &#8211; porque este art\u00edculo tiene una finalidad pr\u00e1ctica &#8211; desear\u00eda que las ciencias sociales dejaran, provisionalmente, de discutir tanto sobre sus fronteras rec\u00edprocas sobre lo que es o no es ciencia social, sobre lo que es o no es estructura&#8230; Que intenten m\u00e1s bien trazar, a trav\u00e9s de nuestras investigadores, las l\u00edneas &#8211; si l\u00edneas hubiere &#8211; que pudieran orientar una investigaci\u00f3n colectiva y tambi\u00e9n los temas que permitieran alcanzar una primera convergencia. Yo personalmente llamo a estas l\u00edneas matematizaci\u00f3n, reducci\u00f3n al espacio, larga duraci\u00f3n. Pero me interesar\u00eda conocer cu\u00e1les propondr\u00edan otros especialistas. Porque este art\u00edculo, no hay necesidad de decido, no ha sido casualmente colocado bajo la r\u00fabrica de Debates y Combates. Pretendo plantear &#8211; no resolver &#8211; problemas en los que por desgracia cada uno de nosotros, en lo que no concierne a su especialidad, se expone a evidentes riesgos. Estas p\u00e1ginas constituyen un llamamiento a la discusi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>NOTAS AL PIE: <\/strong><\/p>\n<p>* Cap\u00edtulo 3 \u201cLa larga duraci\u00f3n\u201d en La Historia y las Ciencias Sociales, Alianza Editorial, Madrid, 1979 (4\u00ba Edici\u00f3n). La obra original, \u201cHistoire et sciences sociales: la longue dur\u00e9e\u201c, fue publicada en Annales<\/p>\n<p>E.S.C., n\u00ba. 4, octubre-diciembre 1958, D\u00e9bats et Combats, ps. 725-753.<\/p>\n<p>1.- L\u00c9VI-STRAUSS, Claude L&#8217;Anthropologie structurale, Ed. Plon, Par\u00edsd, 1958, passim y concretamente p. 329.<\/p>\n<p>2.- SARTRE, Jean-Paul \u201cQuestions de m\u00e9thode\u201cen Les Temps Modernes, n\u00b0 139 y 140, 1957.<\/p>\n<p>3.- \u201cEuropa en 1500\u201d, \u201cEl mundo en 1880\u201d, \u201cAlemania en v\u00edsperas de la Reforma., etc.<\/p>\n<p>4.- HALPHEN, Louis lntroduction a I&#8217;Histoire, Ed. P.U.F., Par\u00eds,1946, p. 50.<\/p>\n<p>5.- Cf. su Th\u00e9orie g\u00e9n\u00e9rale du progres \u00e9conomique, Cuadernos del I.S.E.A., 1957.<\/p>\n<p>6.- LABROUSSE, Ernest Esquisse du mouvement des prix et des revenus en France au XVIII\u00e9me si\u00e8cle, 2 tomos, Ed. Dalloz, Par\u00eds, 1933. [Refundici\u00f3n y traducci\u00f3n al castellano en Fluctuaciones econ\u00f3micas e historia social, Ed. Tecnos, Madrid, 1962].<\/p>\n<p>7.- V\u00e9ase CLEMENT, Ren\u00e9 Prol\u00e9gom\u00e8nes d&#8217;une th\u00e9orie de la structure \u00e9conomique, Ed. Domat Montchrestien, Par\u00eds, 1952; Johann AKERMAN, Johann .Cycle et estructure. en Revue \u00e9conomique, n\u00b01, 1952.<\/p>\n<p>8.- CURTIUS, Ernst Robert Europa\u00efsche Literatur und lateinisches Mittelalter, A. Francke AG Verlag, Berna, 1948. [Traducci\u00f3n al castellano de Margit Frenk Alatorre y Antonio Alatorre, Literatura europea y Edad Media latina, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1955, 2 tomos].<\/p>\n<p>9.- FEBVRE, Lucien Rabelais et le probl\u00e8me de l&#8217;incroyance au XVI\u00e9me si\u00e8cle, Ed. Albin Michel, Par\u00eds, 1943; Segunda Edici\u00f3n, 1946.<\/p>\n<p>10.- DUPRONT, Alphonse Le Mythe des Croisades. Essai de sociologie religieuse, Paris, 1959.<\/p>\n<p>11.- FRANCASTEL, Pierre Peinture et Soci\u00e9t\u00e9. Naissance et distribution d&#8217;un espace plastique, de la Renaissance au cubisme, Ed.Audin, Lyon, 1951.<\/p>\n<p>12.- Otros argumentos: cf. los poderosos art\u00edculos que alegan todos en el mismo sentido, de Otto BRUNNER sobre la historia social de Europa, Historische Zeitschrift, n\u00ba 3, p. 177; de BULTMANN, R., \u00cdbidem, n\u00ba 1, p. 176, sobre el humanismo; de LEFEBVRE, Georges Annales histariques de la R\u00e9volution fran\u00e7aise, 1949, n\u00ba 114 y de HARTUNG, F. Histarische Zeitschrift, n\u00ba 1, p.180, sobre el despotismo ilustrado.<\/p>\n<p>13.- COURTIN, Ren\u00e9 La civilisatian \u00e9conomique du Br\u00e9sil, Ed. Librairie de M\u00e9dicis, Par\u00eds, 1941.<\/p>\n<p>14.- En Francia. En Espa\u00f1a, el reflujo demogr\u00e1fico es sensible desde finales del siglo XVI.<\/p>\n<p>15.- L\u00c9VI-STRAUSS, Claude L&#8217;Anthropologie structurale &#8230;, op: cit., p\u00e1g. 31.<\/p>\n<p>16.- L\u00c9VI-STRAUSS, Claude .Diog\u00e8ne couch\u00e9. en Les Temps Modernes, n\u00b0 195, p.17.<\/p>\n<p>17.- ARIES, Philippe Le temps de l&#8217;histoire, Ed. Plon, Par\u00eds, 1954, en particular ps. 298 y ss.<\/p>\n<p>18.- CHOMBART DE LAUWE, P. Par\u00eds et I&#8217;agglom\u00e9ration parisienne, Ed. P.U.F., Par\u00eds, 1952, Tomo I, p.106.<\/p>\n<p>19.- FRERE, Suzanne y BETTELHEIM, Charles, Une ville tran\u00e7aise moyenne, Auxerre en 1950, Armand Colin, Cuadernos de Ciencias Pol\u00edticas, n\u00ba 1, Par\u00eds, 1951.<\/p>\n<p>20.- CL\u00c9MENT, Pierre y XYDIAS, Nelly Vienne-sur-le-Rhone. Sociologie d&#8217;une cit\u00e9 fran\u00e7aise, Armand Colin, Cuadernos de Ciencias Pol\u00edticas, n\u00ba 71, Paris, 1955.<\/p>\n<p>21.- Ver el Coloquio sobre las Estructuras, VI Secci\u00f3n de la \u00c9cole Practique des Hautes \u00c9tudes, resumen dactilografiado, 1958.<\/p>\n<p>22.- Citado por L\u00c9VI-STRAUSS, Claude L&#8217;Anthropologie structurale &#8230;, op: cit., ps. 30-31.<\/p>\n<p>23.- Ser\u00eda tentador hacer sitio a los \u201cmodelos\u201d de los economistas que, en realidad, han determinado nuestra imitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>24.- BRAUDEL, Fernand La M\u00e9diterran\u00e9e et le monde m\u00e9diterran\u00e9en a l&#8217;\u00e9paque de Philippe II, Ed. Armand Colin, Par\u00eds, 1949, p. 264 y ss. [Traducci\u00f3n al castellano de Wenceslao Roces, El Mediterr\u00e1neo y el mundo mediterr\u00e1neo en la \u00e9poca de Felipe II, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1959.]<\/p>\n<p>25.- BRAUDEL, Fernand y SPOONER, Frank .Les m\u00e9taux mon\u00e9taires et l&#8217;\u00e9conomie du XVI\u00e8me si\u00e8cle. en Rapparts au Congres international de Rome, vol. IV, Roma, ps. 233-264.<\/p>\n<p>26.- CHABERT, Alexandre Structure \u00e9conomique et th\u00e9orie mon\u00e9taire, Armand Colin, Centre d\u2019\u00c9tudes \u00e9conomiques, Par\u00eds,1956.<\/p>\n<p>27.- DIAMOND, Sigmund The Reputation of the American Businessman, Cambridge, (Massachussets), 1955.<\/p>\n<p>28.- Ver en especial L\u00c9VI-STRAUSS, Claude Bulletin International des Sciences Sociales, UNESCO, VI, n\u00b0. 4, y de manera m\u00e1s general todo el n\u00famero de gran inter\u00e9s, intitulado Les math\u00e9matiques et les science sociales.<\/p>\n<p>29.- The Theory of Games and Economic Behaviour, Princeton, 1944. [Versi\u00f3n castellana en preparaci\u00f3n: Alianza Editorial, Biblioteca de la Ciencia Econ\u00f3mica.] Cf. la recensi\u00f3n brillante de FOURASTI\u00c9, Jean Critique, n\u00ba 51, octubre1951.<\/p>\n<p>30.- Todas las observaciones siguientes han sido extra\u00eddas de su \u00faltima obra, L\u2019Antropologie structurale, op. cit.,<\/p>\n<p>31.- \u00cdbidem, p. 326.<\/p>\n<p>32.- \u00cdbid., p. 39.<\/p>\n<p>33.- L\u00c9VI-STRAUSS, Claude Les structures \u00e9l\u00e9mentaires de la parent\u00e9, Ed. P.U.F., Par\u00eds, 1949. Ver Anthropologie structurale, op. cit., ps. 47-62.<\/p>\n<p>34.- L\u00c9VI-STRAUSS, Claude Anthropologie structurale, op. cit., ps. 42-43.<\/p>\n<p>35.- Digo bien matem\u00e1ticas cualitativas, seg\u00fan la estrategia de los juegos. Sobre los modelos cl\u00e1sicos y tales como los elaboran los economistas, habr\u00eda que iniciar un discusi\u00f3n diferente.<\/p>\n<p>36.- ROUPNEL, Gaston Histoire et Destin, Bernard Grasset, Par\u00eds,1943, passim, y en concreto p.169.<\/p>\n<p>37.- Revue de synth\u00e8se Historique, 1900, p. 32.<\/p>\n<p>38.- LABROUSSE, Ernest La crise de l&#8217;\u00e9conomie fran\u00e7aise a la veille de la R\u00e9volution fran\u00e7aise, Ed. P.U.F., Par\u00eds, 1944, Introducci\u00f3n. [Refundici\u00f3n y traducci\u00f3n al castellano en Fluctuaciones econ\u00f3micas e historia social, Ed. Tecnos, Madrid, 1962].<\/p>\n<p>39.- BACHELARD, Gaston Dialectique de la Dur\u00e9e, Ed. P.U.F., Par\u00eds, 1950 (Segunda Edici\u00f3n).<\/p>\n<p>40.- GRANGER, Gilles .Ev\u00e9nement et structure dans les sciences de l&#8217;homme. en Cahiers de \/&#8217;Institut de Science Economique Appliqu\u00e9e, Serie M, n\u00b0 1, ps. 41-42.<\/p>\n<p>41.- Ver mi art\u00edculo, demasiado pol\u00e9mico sin duda: \u201cGeorges Gurvitch et la discontinuit\u00e9 du Social\u201d en Annales E .S. C., 1953, 3, ps. 347-361.<\/p>\n<p>42.- Cf. GURVITCH, George D\u00e9terminismes sociaux et Libert\u00e9 humaine, Ed. P.U.F., Par\u00eds, ps. 38-40 y passim.<\/p>\n<p>43.- SARTRE, Jean-Paul .Fragment d&#8217;un livre \u00e0 para\u00eetre sur le Tintoret. en Les Temps Modernes, noviembre 1957.<\/p>\n<p>44.- BERKELBACH, Otto, van der SPRENKEL Population Statistics of Ming China, B.S.O.A.S., 1953; RIEGER, Marianne \u201cZur Finanz-und Agrargeschichte der Ming-Dynastie, 1368-1643\u201d en Sinica, 1932.<\/p>\n<p>45.- de la BLANCHE, Vidal Revue de synth\u00e8se historique, p. 239, 1903.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class='western' style='margin-top: 5.95pt; margin-right: 0cm; margin-bottom: 5.95pt; margin-left: 0cm; text-align: justify; line-height: 115%;'>Reproducimos el cap\u00edtulo tres del libro de Fernand Braudel La Historia y las Ciencias, publicado por primera vez en franc\u00e9s en 1958 como art\u00edculo en la revista D\u00e9bats et Combats. Braudel plantea la importancia de la historia, y especialmente de los tiempos en la historia, para los an\u00e1lisis en ciencias sociales: \u201cTanto si se trata del pasado como si se trata de la actualidad, una consciencia neta de esta pluralidad del tiempo social resulta indispensable para una metodolog\u00eda com\u00fan de las ciencias del hombre.\u201d<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":3253,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[923,963],"class_list":["post-3252","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia","tag-fragmentos","tag-la-historia-y-las-ciencias-sociales"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3252","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3252"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3252\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3253"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3252"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3252"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3252"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}