{"id":330,"date":"2006-04-10T00:00:00","date_gmt":"2006-04-10T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=330"},"modified":"2020-02-14T11:47:24","modified_gmt":"2020-02-14T10:47:24","slug":"el-cambio-politico-1962-1976-materiales-para-una-perspectiva-desde-abajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=330","title":{"rendered":"El cambio pol\u00edtico (1962-1976) Materiales para una perspectiva desde abajo"},"content":{"rendered":"<p>La historia social \u2013tradicionalmente ocupada m\u00e1s en la historia de los de abajo que en la historia desde abajo\u2013,\u00a0 se ha preocupado poco de interpretar la transici\u00f3n pol\u00edtica, mientras que la historia pol\u00edtica se ha ocupado a\u00fan menos de explicar la historia social de la transici\u00f3n. Y si lo primero es realmente sorprendente, ya que entre las mejores obras sobre el franquismo y el per\u00edodo de la transici\u00f3n se pueden contar las monograf\u00edas de historia social, lo segundo no lo es tanto a juzgar por la calidad de la mayor\u00eda de historias pol\u00edticas de la transici\u00f3n al uso.<\/p>\n<p>Esta formaci\u00f3n en paralelo de la historia social y pol\u00edtica tiene una explicaci\u00f3n fundada. Y es que el paradigma explicativo de la transici\u00f3n cumple, a la vez\u00a0 que una funci\u00f3n \u201ccient\u00edfica\u201d, una clara funci\u00f3n normativa en la legitimaci\u00f3n de origen del orden pol\u00edtico actual. Lo que pas\u00f3 durante las oscuras horas de la dictadura y confusos a\u00f1os de la transici\u00f3n es fuente de legitimaci\u00f3n pol\u00edtica para\u00a0 instituciones \u2013como la monarqu\u00eda o la democracia tal como la conocemos\u2013 y discursos dominantes \u2013la moderaci\u00f3n, el centrismo como valor clave o la ret\u00f3rica de la modernizaci\u00f3n\u2013 que a pesar de su aparente solidez actual se movieron desde sus inicios en una gran debilidad real. Para poderse consolidar se realiz\u00f3 una operaci\u00f3n de grandes implicaciones para la memoria hist\u00f3rica: se convirtieron estas instituciones y ret\u00f3ricas en los ejes claves de la transici\u00f3n. Emergi\u00f3 as\u00ed una explicaci\u00f3n hist\u00f3rica en la cual las elites se convirtieron en el motor explicativo del proceso que trajo las libertades pol\u00edticas en Espa\u00f1a. Y en este proceso la historia social, sino contaba cosas de una mayor\u00eda que se ve que era silenciosa \u2013a lo cual se prestaban gustosamente algunos soci\u00f3logos\u2013 , fue expulsada de la historia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 de esto, surge un problema a\u00fan m\u00e1s grande, un problema de cariz pre-pol\u00edtico y pre-cient\u00edfico para afrontar la transici\u00f3n desde la historia social. El car\u00e1cter gen\u00e9tico del per\u00edodo de la transici\u00f3n ha determinado su distorsi\u00f3n hasta el punto de hacer imposible verlo como un per\u00edodo propio, aut\u00f3nomo con relaci\u00f3n a su pasado y pre\u00f1ado de l\u00edneas de futuro. Fij\u00e9monos tan s\u00f3lo en la denominaci\u00f3n del per\u00edodo, transici\u00f3n: Acci\u00f3n y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto (Diccionario de la Real Academia). La palabra misma evoca su principio, el franquismo, y su fin, la democracia, pero nada nos dice sobre el mismo; es m\u00e1s, se considera que la \u00fanica importancia del per\u00edodo se deriva por lo que devino, no por lo que pas\u00f3 y menos a\u00fan por lo que pod\u00eda haber pasado. No deja de ser curioso que en una ciencia con tantas prevenciones contra la teleolog\u00eda y el presentismo, este t\u00e9rmino se haya impuesto sin merecer ni una l\u00ednea de reflexi\u00f3n. La transici\u00f3n es probablemente, m\u00e1s que ninguna otra etapa de nuestra historia, una construcci\u00f3n ideol\u00f3gica en la que se han confundido consecuencias \u2013la monarqu\u00eda, la supervivencia de elites pol\u00edticas y sociales, la moderaci\u00f3n, el centrismo\u2013 con causas; se ha construido una l\u00ednea ascendente y \u00fanica de un punto de partida a un punto de llegada, vaci\u00e1ndola de toda aquello que no indicaba su rectitud; y, en el proceso, el paradigma dominante ha eliminado, o ha subsumido como meras an\u00e9cdotas, gran parte de las experiencias de la generaci\u00f3n que la protagoniz\u00f3 en la memoria publicada, confundida a menudo con la memoria colectiva.<\/p>\n<p>La necesidad de presentar la transici\u00f3n como un gran acto de reconciliaci\u00f3n de las \u201cdos\u201d Espa\u00f1as nos ha llevado a una necesaria reinterpretaci\u00f3n-deformaci\u00f3n de nuestro pasado. Toda noci\u00f3n de conflicto colectivo, de lucha de fuerzas e imposiciones, fue abandonada para explicar el pasado y presente de Espa\u00f1a. Si la transici\u00f3n hab\u00eda sido posible fue desde el libre convencimiento racional de las partes \u2013se dir\u00eda que desde la rep\u00fablica de las ideas puras, donde la realidad no llega a manchar\u2013, r\u00e9gimen y oposici\u00f3n, que evolucionando a lo largo del tiempo habr\u00edan abandonado los maximalismos anteriores. El r\u00e9gimen vio en la llegada de un nuevo jefe de estado de talante dem\u00f3crata contrastado la necesidad de avanzar hacia una democracia moderna; y la oposici\u00f3n abandon\u00f3 las posiciones rupturistas desde la comprensi\u00f3n de su futilidad y acept\u00f3 el necesario entendimiento con unas autoridades con voluntad democr\u00e1tica, yendo hacia el pacto entorno a la ruptura pactada.\u00a0 Este es el n\u00facleo central de la teor\u00eda o teor\u00edas de la transici\u00f3n, extremadamente reducido al intentar insertar en las elites de dos actores sociales (r\u00e9gimen y oposici\u00f3n) la complejidad de fen\u00f3menos que llevaron la democracia a Espa\u00f1a. Con el paso del tiempo, se han visto las limitaciones explicativas de este paradigma y se han establecido tres modelos que permiten ampliar sus prestaciones, uno se atrever\u00eda a decir que con un poco de zilitione. No es que la historia social haya establecido un nuevo modelo para reconceptualizar la transici\u00f3n, sino que, a la inversa, la historia pol\u00edtica \u2013o al menos las presunciones que la apoyan\u2013 ha asaltado la historia social del per\u00edodo, no sin cierta perplejidad por parte de los historiadores que provienen de esta tradici\u00f3n. As\u00ed se ha intentado, sin tocar el n\u00facleo central del paradigma de la transici\u00f3n, establecer como m\u00ednimo tres modelos explicativos, y un cuarto posible que se empieza a vislumbrar en el horizonte, que aqu\u00ed s\u00f3lo mencionaremos brevemente, dado que no es nuestra intenci\u00f3n realizar un art\u00edculo historiogr\u00e1fico. A) La transici\u00f3n por modernizaci\u00f3n econ\u00f3mica<a name=\"_ftnref1\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>: seg\u00fan \u00e9sta, la triada mercado capitalista, Mercado Com\u00fan y democracia es inseparable para explicar el cambio pol\u00edtico. El desarrollo del mercado capitalista habr\u00eda integrado en una solidaridad casi mec\u00e1nica \u2013en el sentido durkheimniano del concepto\u2013 lo que en la rep\u00fablica era una convivencia imposible entre clases sociales. La demostraci\u00f3n de esta integraci\u00f3n, y su mayor garant\u00eda, era el anhelo de la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n de entrar en el Mercado Com\u00fan, como plasmaci\u00f3n madura de una realidad que se empezaba a vivir en Espa\u00f1a. Y como resultado de todo lo anterior habr\u00eda llegado la democracia. B) La transici\u00f3n por omisi\u00f3n del sujeto social<a name=\"_ftnref2\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn2\">[2]<\/a>: en este caso se postular\u00eda que la m\u00e1xima contribuci\u00f3n que hicieron los sujetos sociales, los de abajo se entiende, al cambio pol\u00edtico, fue precisamente no hacer nada. Ante la amenaza que la movilizaci\u00f3n obrera pod\u00eda suponer para la llegada de la democracia, su principal virtud radic\u00f3 en su capacidad de autocontrol. C) La transici\u00f3n de los de abajo es igual a los de arriba<a name=\"_ftnref3\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn3\">[3]<\/a>: seg\u00fan esta muy reciente l\u00ednea de interpretaci\u00f3n, no s\u00f3lo la \u201cmayor\u00eda silenciosa\u201d quer\u00eda una transici\u00f3n tal como finalmente se dio \u2013resguardo \u00faltimo de la legitimidad de toda teor\u00eda de la transici\u00f3n, y de la transici\u00f3n misma\u2013, sino que los movimientos antifranquistas conten\u00edan en su seno y aspiraciones los mismos preceptos.\u00a0 D) Todo fue una cuesti\u00f3n de giro ling\u00fc\u00edstico<a name=\"_ftnref4\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>: esta \u00faltima l\u00ednea no reproduce, tiempo al tiempo, los an\u00e1lisis propios del giro ling\u00fc\u00edstico que han hecho furor en otros campos de la historia, pero mantiene algunos parecidos con ella: la centralidad del problema del lenguaje en la explicaci\u00f3n del devenir hist\u00f3rico. De hecho esta l\u00ednea, si es que de momento se puede catalogar ya como tal, emerge como consecuencia necesaria de todas las anteriores: si lo central que hizo la oposici\u00f3n y el r\u00e9gimen fue olvidarse \u2013o echar al olvido\u2013 de un pasado tortuoso y establecer el consenso como valor supremo de la din\u00e1mica pol\u00edtica, necesariamente lo realmente significativo para el cambio pol\u00edtico de la historia de los movimientos de oposici\u00f3n no son sus luchas, ni las consecuencias de las mismas que en si no llevaron a nada, sino c\u00f3mo aprendieron el \u201clenguaje de la democracia\u201d que les ense\u00f1\u00f3 a comportarse de una forma diferente a como lo hab\u00edan hecho en el pasado. Ni que decir tiene que en absoluto estas l\u00edneas son contradictorias, ya que emergen del mismo tronco com\u00fan, si acaso algunas podr\u00e1n ser elaboradas \u2013y algunas realmente lo son con brillantez\u2013 con m\u00e1s fortuna que otras.<\/p>\n<p>En este art\u00edculo intentaremos ofrecer, en sinton\u00eda con las interpretaciones que han venido desarrollando autores como S. Balfour<a name=\"_ftnref5\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn5\">[5]<\/a> o Carme Molinero y Pere Ys\u00e0s<a name=\"_ftnref6\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn6\">[6]<\/a>, entre otros, materiales interpretativos \u2013basados en investigaciones realizadas para la \u00e1rea metropolitana de Barcelona, con lo que ya se comprueban todos sus alcances y l\u00edmites\u2013 que pueden ayudar a entender de una forma diferente la relaci\u00f3n de los movimientos sociales, espec\u00edficamente el movimiento obrero<a name=\"_ftnref7\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn7\">[7]<\/a>, con el cambio pol\u00edtico. Partimos de la presunci\u00f3n que esta relaci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 del corto per\u00edodo donde ha sido encerrado por el paradigma de la transici\u00f3n y que tiene mucho que decir sobre el marco real en que se realiz\u00f3. Se pueden delimitar, como m\u00ednimo, tres grandes per\u00edodos de esta relaci\u00f3n:\u00a0\u00a0 A) Un primera etapa que se iniciar\u00e1 con el renacimiento que vivir\u00e1n los movimientos sociales, y especialmente el movimiento obrero, durante la d\u00e9cada de los sesenta. Fue en este momento cuando una renovada acci\u00f3n colectiva habr\u00eda hecho inviable la continuidad del r\u00e9gimen a largo plazo y redefinido los espacios y las posibilidades de la acci\u00f3n pol\u00edtica bajo el franquismo. B) Un segundo momento, como etapa diferenciada y aut\u00f3noma \u2013en el sentido de un marco de acciones alternativas abiertas por la especificidad del per\u00edodo aunque construidas con los materiales del pasado reciente\u2013 que se iniciar\u00eda con la muerte de Franco y se cerrar\u00eda con el refer\u00e9ndum para la reforma pol\u00edtica. Es en este corto espacio de tiempo donde el movimiento obrero tendr\u00e1 un papel activo, crucial, en el devenir de la historia espa\u00f1ola. C) Habr\u00e1 a\u00fan un tercer momento, en el cual, una vez determinado el modelo de transici\u00f3n, el movimiento obrero dej\u00f3 de tener una influencia determinante en el proceso pol\u00edtico y de hecho su propia conformaci\u00f3n pas\u00f3 a ser m\u00e1s consecuencia que causa del mismo. La(s) teor\u00eda(s) de la transici\u00f3n han privilegiado el tercer momento en detrimento del primero y el segundo. Esto, que se entiende por su funcionalidad dentro de la propia teor\u00eda, ya que es la etapa de consenso, ha eliminado las etapa m\u00e1s activas de la relaci\u00f3n entre movimientos sociales y cambio pol\u00edtico. Las reflexiones que presentamos aqu\u00ed, por el contrario, nos hablan del primer y segundo momento de esta relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Peque\u00f1os grandes cambios<\/p>\n<p>1962 fue un a\u00f1o extraordinario, a todas luces uno de esos raros a\u00f1os en la historia que marcan un antes y un despu\u00e9s, que se\u00f1alan tanto la muerte de lo viejo, como el nacimiento de lo nuevo. Fue en ese momento cuando sali\u00f3 a\u00a0 la luz la novela de Mart\u00edn Santos Tiempo de silencio, mientras en Par\u00eds un grupo de exiliados publicaban un grueso volumen, con la inestimable voluntad de un Jos\u00e9 Mart\u00ednez<a name=\"_ftnref8\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn8\">[8]<\/a> siempre injustamente olvidado, que bajo el t\u00edtulo de Espa\u00f1a Hoy mostraba que el exilio tambi\u00e9n estaba cambiando con las nuevas generaciones de estudiantes provenientes de la conflictividad pol\u00edtica de los a\u00f1os cincuenta y principios de los sesenta; tambi\u00e9n fue el a\u00f1o de la detenci\u00f3n de Juli\u00e1n Grimau, \u00faltimo ajusticiado por delitos de la Guerra Civil, que un reci\u00e9n llegado ministro de Informaci\u00f3n y Turismo, Fraga Iribarne, tuvo que afrontar como una de sus primeras batallas informativas con la prensa extranjera; hasta el tiempo parec\u00eda que se deten\u00eda un instante, justo para coger fuerzas y volver a empezar, durante las nevadas que emblanquecieron la ciudad de Barcelona. C\u00f3mo no, tambi\u00e9n fue el a\u00f1o del \u201ccontubernio\u201d de Munich, pero especialmente para la gente com\u00fan de las principales zonas industriales del pa\u00eds fue el a\u00f1o de las huelgas.<\/p>\n<p>Efectivamente durante ese a\u00f1o, despu\u00e9s de casi cuatro lustros de sequ\u00eda para la oposici\u00f3n antifranquista, una nueva oleada de huelgas parec\u00eda reiniciar el ciclo huelgu\u00edstico caracter\u00edstico de los a\u00f1os cincuenta. Ya desde 1961 se hab\u00eda empezado a detectar el despertar de una renovada conflictividad, pero fue en Asturias -\u00bfpod\u00eda ser en otro lugar?\u2013\u00a0 donde empez\u00f3 la ola de conflictos que\u00a0 acab\u00f3 rompiendo en los principales centros industriales del pa\u00eds, espec\u00edficamente en el Pa\u00eds Vasco y Catalu\u00f1a, pero tambi\u00e9n en Galicia, Madrid o la miner\u00eda de Le\u00f3n, en 1962. Realmente esa nueva oleada de huelgas, que afect\u00f3 entre 200.000 y 650.000 trabajadores seg\u00fan estimaciones aproximativas<a name=\"_ftnref9\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn9\">[9]<\/a> cogi\u00f3 por sorpresa a la oposici\u00f3n antifranquista, y a su partido principal. De hecho el PCE, desde los fracasos en la Jornada de Reconciliaci\u00f3n Nacional de 1958 y la Huelga Nacional Pac\u00edfica del a\u00f1o siguiente, viv\u00eda en un interregno de bandazos estrat\u00e9gicos y pol\u00edticos que acabar\u00eda con la crisis de su direcci\u00f3n en 1964.<a name=\"_ftnref10\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn10\">[10]<\/a><\/p>\n<p>Inicialmente el retorno de la conflictividad por mot\u00edn de los a\u00f1os cincuenta \u2013tal como la ha caracterizado S. Balfour<a name=\"_ftnref11\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn11\">[11]<\/a>\u2013, hizo suponer a esta misma oposici\u00f3n que de nuevo era posible intentar reeditar la estrategia de la Huelga Nacional Pac\u00edfica \u2013ahora llamada Huelga Nacional Pol\u00edtica debido a los giros t\u00e1cticos y estrat\u00e9gicos del interregno. De esta manera, cuando en julio de 1963 los mineros asturianos volvieron a retomar el camino de la huelga, el PCE intent\u00f3 por todos los medios que se encontraban en su mano provocar una nueva oleada huelgu\u00edstica que\u00a0 \u201cpueda movilizar a la gran masa y prepararla para la huelga pol\u00edtica\u201d<a name=\"_ftnref12\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn12\">[12]<\/a>. Pero la realidad fue otra y en 1963 no se reedit\u00f3 la esperada oleada que 1962 parec\u00eda haber anunciado. En agosto de ese a\u00f1o, un mes despu\u00e9s de que los mineros asturianos hubieran anunciado \u201cel camino\u201d, Dolores Ib\u00e1rruri mostraba su inquietud por las ondas de la REI: \u201cCon el pulso tenso, el coraje en el alma y los labios resecos de las hieles del largo combatir, los mineros de Asturias preguntan a los trabajadores y a todos los antifranquistas espa\u00f1oles: \u00bfQU\u00c9\u00a0 HACEIS? \u00bfA QUE ESPERAIS?\u201d<a name=\"_ftnref13\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn13\">[13]<\/a>. Y\u00a0 a\u00fan en setiembre los amaneceres de la Ciudad Condal descubr\u00edan en la calle unas hojas volantes que, bajo el significativo t\u00edtulo de \u201c\u00bfA qu\u00e9 esperamos?\u201d<a name=\"_ftnref14\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn14\">[14]<\/a>, parec\u00edan constatar la perplejidad comunista. En el Pleno ampliado del Comit\u00e9 Central de noviembre de 1963, el PCE finalmente tuvo que aceptar la dura realidad de unos hechos que no se terminaban de comprender: \u201cHay tambi\u00e9n otra explicaci\u00f3n, en ciertas regiones, que se resume as\u00ed: \u201ctodav\u00eda no hemos recorrido el camino de Asturias\u201d. Para algunos sitios es justo, pero en otros sitios \u00a1se ha recorrido el camino de Asturias!. En Vizcaya, en general se ha recorrido \u201cel camino de Asturias\u201d; en Catalu\u00f1a, \u201cgrosso modo\u201d, tambi\u00e9n se ha recorrido \u201cel camino de Asturias\u201d. Sin embargo no hubo huelga general.\u201d<a name=\"_ftnref15\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn15\">[15]<\/a><\/p>\n<p>Realmente la primavera de 1962, a pesar del efecto \u00f3ptico que pod\u00eda proyectar, no fue el inicio de un nuevo ciclo de conflictividad como el que inaugur\u00f3 1956, sino la transici\u00f3n de un modelo de conflictividad expansiva y con un tempo marcado, a otro de car\u00e1cter polic\u00e9ntrico y sostenido en el \u00e1mbito regional que a\u00fan se encontraba en sus albores. En el primero, el conflicto iba de la din\u00e1mica general al caso particular d\u00f3nde se formulaban las reivindicaciones concretas seg\u00fan llegaba la ola; en el segundo, la din\u00e1mica de la conflictividad se iniciar\u00eda en el caso particular y s\u00f3lo en algunos casos se proyectar\u00eda m\u00e1s all\u00e1 del espaci\u00f3 de incidencia local \u2013a un modelo corresponder\u00eda la huelga general entendida como una convocatoria en un d\u00eda determinado, propia de la estrategia pol\u00edtica de los cincuenta; al otro, la huelga general entendida como una mancha de aceite que se iba extendiendo de la empresa a la localidad, de la localidad a la regi\u00f3n y de la regi\u00f3n al estado. En efecto, cuando la ola de 1962 fue retrocediendo dej\u00f3 al descubierto una nueva realidad que no se hab\u00eda dado en los anteriores ciclos: la constituci\u00f3n de n\u00facleos militantes en las empresas<a name=\"_ftnref16\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn16\">[16]<\/a>. En las principales plantillas del pa\u00eds, significadamente en las del metal, se iban a iniciar nuevas pr\u00e1cticas para desarrollar el conflicto obrero. Bajo la forma de comisiones obreras de empresa<a name=\"_ftnref17\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn17\">[17]<\/a>, y en algunos casos con formas organizativas o de interlocuci\u00f3n que llegaban a superar este \u00e1mbito (Comisi\u00f3n Obrera Provincial de Vizcaya o comisi\u00f3n de negociaci\u00f3n en Asturias), se estaba gestando un nuevo modelo de protesta obrera, que tenia como marco el cambio en el modelo de relaciones laborales. En efecto, los cambios en la negociaci\u00f3n colectiva que de hecho inicialmente s\u00f3lo afectaban a les grandes empresas, producto de la nueva ley de convenios colectivos aprobada en abril de 1958, abrieron la oportunidad para estos nuevos n\u00facleos militantes de iniciar una conflictividad sostenida en el tiempo, entorno a reclamaciones de la propia empresa, con peque\u00f1as victorias que garantizaban su continuidad. M\u00e1s all\u00e1 de tener que depender de una lucha global que permitiera romper los decretos salariales del gobierno, ahora se hab\u00eda abierto una nueva estructura de oportunidades en las grandes f\u00e1bricas, que ser\u00eda el marco para la generaci\u00f3n de modelos locales de conflictividad obrera.<\/p>\n<p>As\u00ed, en 1962 se gest\u00f3 una de las piezas nucleares del movimiento obrero de la d\u00e9cada de los sesenta y setenta: el papel de las f\u00e1bricas referentes en el \u00e1mbito local<a name=\"_ftnref18\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn18\">[18]<\/a>. Siempre, a lo largo de la historia del movimiento obrero bajo el franquismo, ciertas f\u00e1bricas con grandes plantillas y tradici\u00f3n de lucha hab\u00edan jugado un papel esencial en la din\u00e1mica de la protesta obrera, pero este papel se vinculaba a los nodos de los ciclos huelgu\u00edsticos por oleadas propios de los a\u00f1os cincuenta. La diferencia con el per\u00edodo anterior residir\u00eda ahora en la capacidad de estas concentraciones obreras para sostener una conflictividad propia proyectada sobre el movimiento obrero de su \u00e1mbito de influencia.<\/p>\n<p>Pero todo esto no nos puede llevar a pensar que los cambios acontecidos en 1962 inauguraron por si solos el modelo de conflictividad obrera propio de los a\u00f1os sesenta y setenta. La aparici\u00f3n y generalizaci\u00f3n de las nuevas formas de organizaci\u00f3n obrera, como las comisiones obreras, la generaci\u00f3n de un nuevo modelo de conflictividad en n\u00facleos determinados y la consecuci\u00f3n de victorias parciales, no garantizaban la continuidad y el crecimiento de la conflictividad obrera por si solos. Quedaron, como m\u00ednimo, dos interrogantes en el aire despu\u00e9s de los hechos de 1962. El primero hac\u00eda referencia a la posibilidad de que la nueva conflictividad se extendiera m\u00e1s all\u00e1 de estas f\u00e1bricas referentes, llegando a constituir la base de la formaci\u00f3n de un movimiento obrero nuevo bajo la Espa\u00f1a de Franco. El segundo, que es el que nos interesa especialmente aqu\u00ed, hac\u00eda referencia al papel que jugar\u00eda el nuevo movimiento obrero en el cambio pol\u00edtico espa\u00f1ol, sobre todo despu\u00e9s de la frustraci\u00f3n que supuso la no realizaci\u00f3n de una gran huelga general en 1963. El primer interrogante nos acerca al problema de la constituci\u00f3n del movimiento obrero como sujeto social, el segundo a su papel como sujeto pol\u00edtico. Y uno no puede ser contestado sin el otro.<\/p>\n<p>Si bien en los a\u00f1os que siguieron a 1962 la conflictividad en las principales empresas del pa\u00eds iba cosechando \u00e9xitos parciales, muy pronto se evidenciaron tambi\u00e9n sus limites. As\u00ed, por ejemplo, en el conflicto de la Siemens, en el Bajo Llobregat, en 1962 o en la ODAG en el Valles Occidental en 1965-1966, o en la ENASA de Barcelona se reproduc\u00eda siempre un modelo de conflictividad parecida<a name=\"_ftnref19\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn19\">[19]<\/a>: se inician peque\u00f1os conflictos \u2013paros a pie de maquina, reducci\u00f3n de ritmos, etc.\u2013 por reivindicaciones de tipo laboral; en el proceso se constituye una comisi\u00f3n obrera representativa de los diferentes talleres o secciones de la f\u00e1brica que acaba convocando el paro de la f\u00e1brica; los jurados y enlaces de la empresa o bien son desbordados por la din\u00e1mica de los acontecimientos, quedando apartados de la gesti\u00f3n del conflicto y la posibilidad de una negociaci\u00f3n, o bien toman partido por la direcci\u00f3n; hay intentos de llevar la acci\u00f3n colectiva fuera de la empresa que las m\u00e1s de las veces no va m\u00e1s all\u00e1 de la propia salida de los trabajadores en manifestaci\u00f3n; la empresa decreta el despido colectivo de los trabajadores y cierra las puertas en espera de una readmisi\u00f3n individualizada; finalmente el conflicto acaba por el agotamiento de los recursos de los trabajadores, que son readmitidos en el puesto de trabajo, con el despido de los miembros m\u00e1s destacados de la comisi\u00f3n obrera. A pesar de los logros parciales de este modelo de conflictividad, lo que explica su reproducci\u00f3n a lo largo de estos a\u00f1os, los costes represivos producen un movimiento obrero sincopado, sin capacidad de desarrollar una conflictividad sostenida y organizada. La falta de un centro organizador fuera del propio espacio de la f\u00e1brica que recab\u00e9 apoyos y amplifiqu\u00e9 el conflicto, la falta de apoyo del resto de empresas \u2013v\u00eda solidaridad material o paros parciales de la producci\u00f3n y manifestaciones que conviertan el conflicto en un problema p\u00fablico\u2013 y la falta de enlaces y jurados representativos que garanticen la cobertura legal de parte de la representaci\u00f3n obrera y a su vez faciliten los procesos de negociaci\u00f3n, eran los principales handicaps para este tipo de conflictividad obrera. Tipolog\u00eda de conflictividad que, a su vez, s\u00f3lo ten\u00eda utilidad para la clase obrera que trabajaba en las grandes empresas del pa\u00eds y que dif\u00edcilmente, m\u00e1s all\u00e1 de marcar una referencia de condiciones laborales como modelo a seguir, daba respuesta a la problem\u00e1tica obrera que se desarrollaba en las medianas y peque\u00f1as empresas.<\/p>\n<p>Fue la formaci\u00f3n de las CCOO en las principales \u00e1reas de desarrollo econ\u00f3mico del estado \u2013especialmente en el contexto de mayor libertad que abrieron las elecciones sindicales de 1966, con la victoria de las candidaturas de la oposici\u00f3n obrera all\u00ed donde hab\u00eda condiciones para presentarse\u2013\u00a0 la que puso las bases para la instauraci\u00f3n de un modelo de conflictividad realmente sostenido. En el per\u00edodo que sigui\u00f3 a las huelgas de la primavera de 1962, hasta las elecciones sindicales de 1966, la militancia pol\u00edtica y social antifranquista, y las organizaciones en que \u00e9sta estaba encuadrada, fue metabolizando los cambios acaecidos en su entorno. Dando como respuesta organizativa, en el marco del movimiento obrero, la formaci\u00f3n de las CCOO fuera del \u00e1mbito de la empresa para intentar superar los d\u00e9ficits de la movilizaci\u00f3n obrera del momento.<\/p>\n<p>Las CCOO, con sus especifidades territoriales producto del marco donde nacieron<a name=\"_ftnref20\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn20\">[20]<\/a>, consiguieron articular una militancia obrera de diferentes procedencias ideol\u00f3gicas y organizativas \u2013desde cristianos hasta comunistas\u2013\u00a0 en una nueva forma organizativa que se incardin\u00f3 en el centro de los problemas del movimiento obrero.\u00a0 Consigui\u00f3 (siguiendo la t\u00e1ctica comunista de finales de los cuarenta de infiltraci\u00f3n en los \u00f3rganos del r\u00e9gimen, pero tambi\u00e9n la pr\u00e1ctica ya iniciada por militantes obreros de diferentes tradiciones) conquistar importantes posiciones en la primera l\u00ednea de mando formada por los enlaces y jurados, y en algunos casos en las mismas UTT, del Sindicato Vertical<a name=\"_ftnref21\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn21\">[21]<\/a>. De esta manera ofreci\u00f3 una mayor cobertura legal a la ascendente conflictividad obrera y en algunos casos consigui\u00f3 que el contacto entre la vanguardia organizada y los trabajadores se realizara desde los mismos locales de la CNS. A su vez, esta representaci\u00f3n legal permiti\u00f3 que los enlaces y jurados pudieran incidir en las negociaciones de los convenios locales, comarcales y provinciales que afectaban a las peque\u00f1as y medianas empresas, antes ajenas a cualquier participaci\u00f3n en la negociaci\u00f3n de sus propias condiciones laborales. Pero m\u00e1s importante que todo esto, en los \u00e1mbitos locales puso en relaci\u00f3n los problemas de las f\u00e1bricas referentes con los del resto del\u00a0 movimiento obrero, y en esa relaci\u00f3n se lleg\u00f3 a dilucidar la din\u00e1mica que seguir\u00eda el movimiento obrero en los siguientes a\u00f1os.<\/p>\n<p>En efecto, la existencia de una organizaci\u00f3n de car\u00e1cter sindical, aunque no fuera un sindicato stricto senso, sino un movimiento sociopol\u00edtico como se vino a nombrar entonces, permiti\u00f3 que los conflictos de las grandes empresas encontrasen una forma de extender la solidaridad entorno a sus reclamaciones, aument\u00f3 su capacidad de resistencia y consigui\u00f3 el inter\u00e9s de las autoridades en evitar la extensi\u00f3n de un conflicto de la empresa, al sector y del sector a la localidad.\u00a0 Si el conflicto que la empresa ODAG de Sabadell vivi\u00f3 en 1965, antes que irrumpieran las CCOO en la ciudad,\u00a0 termin\u00f3 con el despido final de sus principales organizadores y la derrota de los trabajadores, en 1967 se consigui\u00f3 despu\u00e9s de casi un a\u00f1o de conflictividad enhebrar un resultado claramente diferente. La diferencia resid\u00eda en que en esta ocasi\u00f3n la nueva militancia de las CCOO, gracias a la organizaci\u00f3n del conflicto, pero tambi\u00e9n a los enlaces que la oposici\u00f3n hab\u00eda ganado en 1966, coordin\u00f3 la conflictividad de una de las principales empresas del metal de Sabadell, como era la ODAG, con el desarrollo del convenio colectivo del metal de la comarca. De esta manera, a medida que se estaba negociando el convenio de la ODAG, que marcar\u00eda las pautas de negociaci\u00f3n del convenio comarcal, se produc\u00edan concentraciones de trabajadores de diferentes empresas ante el Sindicato. A su vez, cuando se produc\u00eda la negociaci\u00f3n del convenio comarcal, concentraciones de trabajadores, se manifestaban p\u00fablicamente \u2013acci\u00f3n colectiva que una peque\u00f1a o mediana empresa sola no pod\u00eda abordar\u2013, reuniendo como recog\u00eda un informe de las autoridades: \u201cEntre los componentes del referido grupo 30 o 40 eran enlaces sindicales, se hallaban tambi\u00e9n <u>productores de otras ramas de la producci\u00f3n y consiguientemente, que en nada les afectaba el convenio que se est\u00e1 celebrando\u201d<\/u><a name=\"_ftnref22\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn22\">[22]<\/a>. El resultado de esta forma de acci\u00f3n, que llevaba a realizar paros coordinados, a ocupar los locales del Vertical para realizar las asambleas e incluso a actuar a trabajadores de ramos que no estaban afectados por las diferentes negociaciones,\u00a0 fue la aprobaci\u00f3n del convenio del metal de esa ciudad con incrementos del orden del 30% y la consecuci\u00f3n de las reivindicaciones en la ODAG, sin que esta vez, a diferencia de 1965, hubiera despidos colectivos, ni individuales<a name=\"_ftnref23\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn23\">[23]<\/a>.<\/p>\n<p>Este proceso fue menos consciente de lo que se puede suponer y esta basado en la aparici\u00f3n de una red de solidaridades entre los trabajadores de un mismo espacio urbano que reconoc\u00edan la diversidad de sus reivindicaciones como propias. Pero a su vez, para que esta solidaridad tuviese continuidad en el tiempo tenia que mostrase efectiva en el terreno pr\u00e1ctico, y realmente lo lleg\u00f3 a ser. La aparici\u00f3n de la nueva conflictividad centrada en reclamaciones propias de cada f\u00e1brica, y de las nuevas formas organizativas como CCOO que le dieron forma, estabiliz\u00f3 finalmente la realidad de un\u00a0 movimiento obrero integrado \u2013por redes de solidaridad y por los repertorios de acci\u00f3n colectiva que desarrollaba\u2013 en el \u00e1mbito local. Pero si el movimiento obrero de los sesenta abandonaba el \u00e1mbito estatal como espoleta de su conflictividad, ahora este nuevo modelo le permit\u00eda robustecerse e implicar a conjuntos cada vez mayores de trabajadores. De forma que cuando en los setenta vuelvan las huelgas de solidaridad por hechos acaecidos lejos de su \u00e1rea natural de influencia, estas afectaran a muchos m\u00e1s trabajadores y conllevaran una erosi\u00f3n para el r\u00e9gimen mucho mayor de lo que pudieron suponer las huelgas de los cincuenta<a name=\"_ftnref24\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn24\">[24]<\/a>. Pero el dato esencial a retener fueron las consecuencias que para la acci\u00f3n pol\u00edtica tuvo la aparici\u00f3n del nuevo movimiento obrero y sus formas organizativas en la d\u00e9cada de los sesenta, ya que nada fue igual a partir de entonces para el r\u00e9gimen y la oposici\u00f3n antifranquista.<\/p>\n<p>Cuando el 23 de octubre un centenar de trabajadores, movidos entre la curiosidad y la sorpresa de ver c\u00f3mo en un pa\u00eds y en un tiempo donde tres personas juntas pod\u00edan ser conminadas a la dispersi\u00f3n se consegu\u00eda reunir a tantas gentes de diversa procedencia, fundaron las CCOO de Sabadell<a name=\"_ftnref25\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn25\">[25]<\/a>, se dijo una frase que vale la pena retener. Un joven de 17 a\u00f1os, Jos\u00e9 Lara Aranda, afirm\u00f3 all\u00ed que \u201cAquello era p\u00fablico, que all\u00ed pod\u00eda ir todo el mundo y que iban a tratarse las cosas de los trabajadores\u201d<a name=\"_ftnref26\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn26\">[26]<\/a>. Frase que nos puede parecer obvia en los tiempos actuales, pero que en esos momentos supon\u00eda una afirmaci\u00f3n extraordinaria. Significaba el fin de todo un per\u00edodo que hab\u00eda durado un cuarto de siglo para la oposici\u00f3n antifranquista; el fin de la disidencia a la dictadura ejercida entre las reuniones clandestinas en las casas de los militantes, las voluntariosas convocatorias de huelgas pol\u00edticas y las pintadas en las oscuras noches del\u00a0 franquismo; el fin de la pol\u00edtica tan s\u00f3lo practicada desde las organizaciones aisladas. Sustituyendo el \u00e1mbito privado de la lucha clandestina por la organizaci\u00f3n y movilizaci\u00f3n p\u00fablica, ya no importaba tanto si uno era comunista, el otro frentista y, a\u00fan el \u00faltimo, cristiano. Ahora la gente que quer\u00eda luchar para cambiar sus circunstancias vitales \u2013laborales, urbanas o pol\u00edticas\u2013 ya no ten\u00eda que comulgar con una ideolog\u00eda, una organizaci\u00f3n y una pr\u00e1ctica partidista concreta, se abr\u00eda el espacio de la militancia antifranquista hasta hacerlo ilimitado. A la vez, las organizaciones de la oposici\u00f3n ve\u00edan ampliado infinitamente su espacio potencial de influencia: \u201cHasta entonces el partido hab\u00eda sido totalmente herm\u00e9tico, pero en ese momento nos conoc\u00edamos y nos conocieron\u201d<a name=\"_ftnref27\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn27\">[27]<\/a>. La politizaci\u00f3n seguir\u00eda ahora otros caminos que permit\u00edan diferentes grados de compromiso y, lo que es m\u00e1s importante, se realizar\u00eda desde la cotidianidad de los problemas del d\u00eda a d\u00eda, donde el trabajo de los militantes era demostrar sus implicaciones pol\u00edticas:<\/p>\n<p>\u201cEl arte de los dirigentes del nuevo movimiento obrero para organizar a los trabajadores va a probarse precisamente en este terreno (\u2026) debemos demostrar la trabaz\u00f3n existente entre la lucha econ\u00f3mica y la lucha pol\u00edtica. La experiencia facilita esta labor (\u2026). Cuando los obreros hemos comenzado a reclamar aumentos de salario, al oponernos a la brutal explotaci\u00f3n, hemos comprendido r\u00e1pidamente que estas reivindicaciones deb\u00edan ir ligadas a la lucha por un sindicato democr\u00e1tico (\u2026). Por ese camino los obreros hemos experimentado la necesidad de reclamar el derecho a huelga (\u2026). As\u00ed los trabajadores hemos pasado de la lucha econ\u00f3mica a la lucha pol\u00edtica (\u2026). Aprovechar las posibilidades legales, hay que hacerlo. Y por ese camino conseguir que lo que hoy es todav\u00eda ilegal, sea legal ma\u00f1ana\u201d.<a name=\"_ftnref28\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn28\">[28]<\/a><\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de ocupar el espacio p\u00fablico \u2013la calle tradicionalmente controlada por el r\u00e9gimen\u2013 y organizarse en un primer momento a la luz del d\u00eda, iniciada por la CCOO, ampli\u00f3 el \u00e1mbito de lo posible para el resto de actores sociales. De esto se dio cuenta un viejo militante del Movimiento Socialista de Catalu\u00f1a que despu\u00e9s de a\u00f1os luchando en la clandestinidad m\u00e1s absoluta, no pudo reprimirse las lagrimas cuando invitado por los nuevos activistas a un espacio p\u00fablico para realizar una charla, comprob\u00f3, a pesar de la lluvia de aquella tarde de 1967, que no s\u00f3lo la pod\u00eda realizar sino que adem\u00e1s hab\u00eda un p\u00fablico dispuesto a escucharlo.<a name=\"_ftnref29\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn29\">[29]<\/a>No tan s\u00f3lo los viejos militantes de los a\u00f1os cuarenta gozaban de la oportunidad, abierta por las nuevas generaciones, de utilizar otra vez el espacio p\u00fablico, tambi\u00e9n nuevos movimientos aparecieron a ra\u00edz de este cambio. La aparici\u00f3n de las CCOO hab\u00eda reducido, en abierta confrontaci\u00f3n con el r\u00e9gimen, los costos represivos de la acci\u00f3n p\u00fablica, posibilitando que otros movimientos sociales con una base social m\u00e1s d\u00e9bil eclosionasen. El movimiento vecinal, pero tambi\u00e9n ya entrados los a\u00f1os setenta los trabajadores de cuello blanco, las movilizaciones por los derechos nacionales \u2013la mayor parte de las veces iniciadas por el propio movimiento obrero\u2013, o por la amnist\u00eda pol\u00edtica, utilizaron los espacios por donde hab\u00edan transitado inicialmente los trabajadores. La normalizaci\u00f3n de la conflictividad se impon\u00eda en el d\u00eda a d\u00eda gracias a la acci\u00f3n constante de los trabajadores y las trabajadoras. El intento continuado de \u201cpor ese camino conseguir que lo que hoy es todav\u00eda ilegal, sea legal ma\u00f1ana\u201d\u00a0 pronto empez\u00f3 a dar sus frutos. En el verano de 1967 ya se pod\u00edan comprobar sus efectos en las propias jerarqu\u00edas del r\u00e9gimen cuando, en un debate sobre el derecho a huelga, no reconocido legalmente, uno de los representantes del Consejo de Trabajadores de Barcelona afirm\u00f3 que \u201cTeniendo en cuenta que los trabajadores utilizan la presi\u00f3n de la huelga tantas veces como crean necesario en defensa de sus intereses sin necesidad de que nadie los aconseje, no existe ninguna necesidad de seguir insistiendo sobre este tema\u201d<a name=\"_ftnref30\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn30\">[30]<\/a>. A su vez, la eclosi\u00f3n del movimiento obrero proporciona un amplio repertorio de acciones colectivas que ulteriormente serian utilizadas por el resto de movimientos ciudadanos. As\u00ed durante estos a\u00f1os se inician acciones que a corto plazo se van a convertir en medios habituales para los movimientos de oposici\u00f3n: la recogida de firmas, posicionamentos p\u00fablicos, plantadas, ocupaciones, recursos legales, etc. Acciones que poco a poco articulan un nuevo \u00e1mbito de posibilidades y generan cambios en los mismos aparatos del estado que, como en el caso de las Magistraturas de Trabajo durante los a\u00f1os setenta, se flexibiliza ante las nuevas demandas sociales. De hecho el movimiento obrero ampli\u00f3 el significado de lo posible bajo el r\u00e9gimen franquista.<\/p>\n<p>El \u00e9xito que cosechaba este modelo de intervenci\u00f3n, tanto en el campo laboral, como en el pol\u00edtico, llev\u00f3 al r\u00e9gimen a intentar desarticularlo ya en una fecha muy temprana. La voluntad de conquistar el espacio p\u00fablico se puso en juego durante el bienio negro de 1967-1969. Pero a pesar de la represi\u00f3n m\u00e1s indiscriminada, que en el caso catal\u00e1n empez\u00f3 con las detenciones del d\u00eda de San Esteban de 1966 en Sabadell<a name=\"_ftnref31\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn31\">[31]<\/a>,\u00a0 ya no se volvi\u00f3 atr\u00e1s. Aunque esto \u00faltimo significase graves enfrentamientos con las fuerzas del orden, como los que hubo el 1 de mayo de 1967 en Sabadell y Barcelona<a name=\"_ftnref32\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn32\">[32]<\/a>, en Terrassa el 27 de octubre del mismo a\u00f1o<a name=\"_ftnref33\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn33\">[33]<\/a>, o el estado de excepci\u00f3n en Vizcaya.<a name=\"_ftnref34\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn34\">[34]<\/a> De hecho este nuevo ciclo inaugurado por la actitud del r\u00e9gimen ante la naciente fuerza del movimiento obrero, empez\u00f3 con la ilegalizaci\u00f3n formal de las Comisiones Obreras por el Tribunal Supremo en marzo de 1967, ya que, como se record\u00f3 en uno de los primeros juicios a militantes obreros se consideraban la nueva organizaci\u00f3n obrera como \u201cun instrumento tendente a dirigir la lucha pol\u00edtica y revolucionaria contra el poder constituido\u201d<a name=\"_ftnref35\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn35\">[35]<\/a>; sigui\u00f3 con la congelaci\u00f3n salarial de noviembre de 1967 que cortaba de ra\u00edz el sentido de la negociaci\u00f3n colectiva y tuvo su momento cumbre con el estado de excepci\u00f3n de enero &#8211; marzo de 1969. En estos pocos a\u00f1os se jug\u00f3 la supervivencia de la oposici\u00f3n antifranquista.<\/p>\n<p>Per\u00edodo crucial en la constituci\u00f3n del movimiento obrero tuvo un papel determinante en su devenir posterior<a name=\"_ftnref36\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn36\">[36]<\/a>. Y es que, a pesar de la sectarizaci\u00f3n pol\u00edtica, el grupusculismo y el replegamiento en los debates internos, a pesar de que la represi\u00f3n y la suspensi\u00f3n de la negociaci\u00f3n colectiva romp\u00eda en su espina dorsal el modelo de conflictividad que integraba las din\u00e1micas de las grandes, medianas y peque\u00f1as empresas, las innovaciones que se introdujeron en este per\u00edodo permitieron no s\u00f3lo sobrevivir al movimiento obrero, sino adem\u00e1s poner las bases para su extensi\u00f3n y consolidaci\u00f3n en la d\u00e9cada siguiente. Podemos observar este per\u00edodo a la luz de las pol\u00e9micas internas de una organizaci\u00f3n diezmada y ensimismada por la represi\u00f3n, pero abstray\u00e9ndonos de estas tensiones tambi\u00e9n podemos observar la funci\u00f3n hist\u00f3rica que para el movimiento obrero y el antifranquismo en general tuvieron los cambios introducidos a veces de forma contradictoria, a veces de forma contrapuesta. Durante este per\u00edodo se crearon unas formas organizativas \u2013COJ, CCOO de zonas\u2013 capaces de integrar a una nueva militancia desconocida por la polic\u00eda, que protagonizar\u00e1 la lucha en la siguiente d\u00e9cada. De hecho en estos a\u00f1os el movimiento obrero, y sus organizaciones, articul\u00f3 a una nueva generaci\u00f3n de militantes que las m\u00e1s de las veces no proced\u00edan estrictamente de una base obrera<a name=\"_ftnref37\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn37\">[37]<\/a>, constituyendo un \u00e1mbito para la regeneraci\u00f3n y organizaci\u00f3n de la militancia antifranquista m\u00e1s all\u00e1 de la propia clase obrera. A su vez se gener\u00f3 una forma de acci\u00f3n colectiva \u2013las manifestaciones rel\u00e1mpago\u2013\u00a0 que permiti\u00f3 que el \u00e1mbito de la lucha por el espacio p\u00fablico no fuera abandonado; se profundiz\u00f3 en el trabajo y la organizaci\u00f3n dentro de la propia f\u00e1brica y por ramos, debido a la represi\u00f3n s\u00ed, pero que permiti\u00f3 conservar una conflictividad que al final del per\u00edodo acab\u00f3 rompiendo con los topes salariales, haciendo in\u00fatil la acci\u00f3n del gobierno en este campo; se produjo una clandestinizaci\u00f3n de la organizaci\u00f3n que le permiti\u00f3 sobrevivir esperando tiempos mejores; y, finalmente, en el sector central de este movimiento obrero, se madur\u00f3 en las formas organizativas y en los \u00e1mbitos de coordinaci\u00f3n, con la creaci\u00f3n de \u00f3rganos que como las Reuniones Generales de Comisiones Obreras, la Coordinadora Nacional Gallega o la CONC en Catalu\u00f1a, permitieron afrontar de una manera renovada la relaci\u00f3n entre movimiento obrero y la sociedad civil.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, en este per\u00edodo se estaba produciendo, paralelamente a lo que hemos mencionado, un doble fen\u00f3meno que de forma relacionada, a la vez que provocaba las iras de las autoridades, imped\u00eda la desarticulaci\u00f3n real de la oposici\u00f3n antifranquista y ten\u00eda importantes implicaciones para su futuro: la sustituci\u00f3n constante de los militantes ca\u00eddos por nuevas personas, a pesar de que estas no pertenecieran a la clase obrera, y la solidaridad que en la espiral de acci\u00f3n-represi\u00f3n \u2013de otro lado caracter\u00edstica de toda la izquierda europea de este mismo per\u00edodo\u2013 iba tejiendo lazos cada vez m\u00e1s fuertes entre el movimiento obrero y la sociedad civil.<\/p>\n<p>A diferencia de per\u00edodos anteriores, la determinaci\u00f3n de actuar a la luz del d\u00eda, de que los nuevos dirigentes de la oposici\u00f3n en cada f\u00e1brica y ciudad fueran conocidos p\u00fablicamente, cambiaba la consideraci\u00f3n social de la represi\u00f3n. Si en otros tiempos esta represi\u00f3n afectaba a militantes desconocidos de organizaciones clandestinas, ahora se arrojaba encima de personas conocidas m\u00e1s all\u00e1 de los reducidos n\u00facleos del antifranquismo organizado. A la vez que la acci\u00f3n se realizaba p\u00fablicamente, la represi\u00f3n tambi\u00e9n se visualizaba p\u00fablicamente cuando afectaba a la asistente social que ayudaba en el barrio<a name=\"_ftnref38\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn38\">[38]<\/a>, o a la persona que hab\u00eda batallado para mejorar la condici\u00f3n obrera, y esta nueva situaci\u00f3n decantaba las actitudes de parte de la poblaci\u00f3n en dos sentidos: la militancia o la solidaridad. As\u00ed despu\u00e9s de una importante ca\u00edda en 1968 antes del 1 de mayo que se tenia que realizar en Sabadell \u2013que afect\u00f3 a 8 militantes de un total de 118 ca\u00eddos en el per\u00edodo 1967-1969<a name=\"_ftnref39\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn39\">[39]<\/a>\u2013\u00a0 las autoridades se encontraron con que la manifestaci\u00f3n fue capitaneada por ocho curas de la ciudad, lo que al ser detenidos provoc\u00f3 la lectura de una homil\u00eda airada en todas las iglesias contra la actuaci\u00f3n del r\u00e9gimen y a favor de la causa obrera<a name=\"_ftnref40\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn40\">[40]<\/a>.<\/p>\n<p>De la misma forma, los militantes ca\u00eddos ya no se encontraban abandonados a su suerte en las prisiones franquistas, cada vez m\u00e1s sectores de profesionales liberales, peque\u00f1os tenderos y sectores de las clases med\u00edas en general, colaboraban materialmente en el mantenimiento de sus familias<a name=\"_ftnref41\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn41\">[41]<\/a>: \u201cLa gente participaba mucho en la solidaridad (\u2026) y eso no es s\u00f3lo el dinero, en si, sino el hecho que participaban de alguna manera en la lucha (\u2026). Eran de profesiones liberales: abogados, m\u00e9dicos, arquitectos (\u2026).\u201d.<a name=\"_ftnref42\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn42\">[42]<\/a>. Esta realidad te\u00f1\u00eda las actitudes sociales de un color m\u00e1s c\u00e1lido para la militancia antifranquista, m\u00e1s all\u00e1 de la ayuda material. Tal como nos dice otra destacada militante de Badalona de esos a\u00f1os:<\/p>\n<p>\u201cLos compa\u00f1eros, la gente desconocida, yo creo que todos tenemos una deuda de gratitud impresionante con el pueblo de aquel tiempo y de aquella \u00e9poca. El peligro, las situaciones complicadas, tienen menos importancia que lo que significaban las muestras de solidaridad, de compa\u00f1\u00eda, de saber que pod\u00edas confiar tu vida a un compa\u00f1ero o a una compa\u00f1era (\u2026). Nunca he sentido la solidaridad, como la sent\u00ed en aquel momento y \u00e9sta s\u00ed que es una palabra importante: solidaridad. (\u2026). Sin ella no hubi\u00e9semos podido hacer nada. Sin gente comprometida en el sentido m\u00e1s amplio, no hubi\u00e9semos podido hacer nada, no hubi\u00e9semos durado ni cuatro d\u00edas. El antifranquismo no fue una exclusiva de la gente que tomamos una postura, fue un tema de millares y millares de personas que lo hicieron posible\u201d. <a name=\"_ftnref43\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn43\">[43]<\/a><\/p>\n<p>De hecho, sin que la oposici\u00f3n antifranquista abandone la voluntad durante estos a\u00f1os de convocar acciones en el \u00e1mbito estatal como las del 17 de febrero y el 27 de octubre de 1967\u00a0 \u2013fuente de pol\u00e9micas constantes dentro del movimiento obrero a causa de los costes represivos que conllevaba lo que se dio a conocer como jornalismo<a name=\"_ftnref44\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn44\">[44]<\/a>\u2013 , frente a la estrategia de una acci\u00f3n directa (guerra de movimientos la llamaba Gramsci) contra el r\u00e9gimen, se ir\u00e1 imponiendo gracias a las aportaciones del movimiento obrero como sujeto pol\u00edtico una lucha entorno a los espacios de hegemon\u00eda social y cultural (la guerra de trincheras del filosofo de la praxis) entre el r\u00e9gimen y la oposici\u00f3n. \u00c9sta tendr\u00e1 su campo de batalla central y simb\u00f3lica en la calle, pero de hecho se estar\u00e1 librando en el mismo seno de la sociedad civil. As\u00ed el dilema pol\u00edtico de 1962 se resolver\u00e1 en la pr\u00e1ctica de los movimientos sociales generados a lo largo de los a\u00f1os sesenta.<\/p>\n<p><b>La conquista de la solidaridad<\/b><\/p>\n<p>\u201cHa cambiado de d\u00e9cada. Y adem\u00e1s es que ha cambiado todo (\u2026). Es que yo cuando entr\u00e9 en la c\u00e1rcel ganaba 8.000 o 10.000 pesetas. Pero es que cuando sal\u00ed, en el mismo puesto me dieron 24.000. Yo no entend\u00eda nada. Cuando entr\u00e9 en la c\u00e1rcel llevaban faldas hasta media rodilla, y cuando sal\u00ed iban en minifalda.(\u2026) El r\u00e9gimen no hab\u00eda cambiado, era el mismo, pero de hecho se viv\u00eda una explosi\u00f3n de desarrollo intelectual, de creaci\u00f3n art\u00edstica, de todo.\u201d<a name=\"_ftnref45\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn45\">[45]<\/a>. Las experiencias que vivieron los militantes\u00a0 al salir de la prisi\u00f3n a principios de los a\u00f1os setenta, encarcelados a finales de los a\u00f1os sesenta cuando sucedieron los cambios que hemos relatado m\u00e1s arriba, nos vienen a confirmar que por una vez, cosa rara en el tiempo hist\u00f3rico, el inicio de una d\u00e9cada por convenci\u00f3n num\u00e9rica vino a coincidir con su nacimiento real. Pero el cambio no afect\u00f3 s\u00f3lo al tama\u00f1o de las prendas de vestir. Las movilizaciones que se desarrollaron en torno al Juicio de Burgos y los muertos en Granada redescubrieron la posibilidad de realizar concentraciones amplias en lugares p\u00fablicos, abandon\u00e1ndose ya la pr\u00e1ctica habitual de las manifestaciones rel\u00e1mpago. Esto vino a confirmar, lo mismo que las rupturas de los topes salariales y la aparici\u00f3n de conflictos largos y endurecidos, que la oposici\u00f3n antifranquista pod\u00eda retomar los ritmos que la represi\u00f3n sistem\u00e1tica de finales de los a\u00f1os sesenta hab\u00eda pretendido interrumpir.<\/p>\n<p>El movimiento obrero de los a\u00f1os setenta fue extendi\u00e9ndose a lo largo y ancho de Espa\u00f1a, llegando a muchas zonas donde la conflictividad obrera pr\u00e1cticamente no hab\u00eda estado presente hasta entonces. Uno de los cambios m\u00e1s notorios que sufri\u00f3 a lo largo de estos a\u00f1os, capital para entender la popularizaci\u00f3n del conflicto en los setenta, vino de la incorporaci\u00f3n de los sectores de servicios, como la ense\u00f1anza, la sanidad, la banca, etc.,\u00a0\u00a0 a la protesta obrera<a name=\"_ftnref46\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn46\">[46]<\/a>. La popularizaci\u00f3n de la protesta, la incorporaci\u00f3n laboral de militantes que se hab\u00edan formado en el movimiento estudiantil o juvenil (COJ) de los a\u00f1os sesenta y la creencia, sustentada en realidades, de que la \u00fanica forma de conseguir mejoras en las condiciones de vidas pasaba por la movilizaci\u00f3n colectiva, explican este fen\u00f3meno nuevo en los setenta, que en el caso de algunos sectores como la banca ya hab\u00eda empezado a finales de los sesenta. Este fen\u00f3meno acab\u00f3 de consolidar entre amplios sectores de la poblaci\u00f3n una imagen nueva de la protesta obrera.<\/p>\n<p>Por ese camino, que incluy\u00f3 huelgas generales de tipo regional como las del Ferrol, o el Baix Llobregat, que llevaron en el caso por ejemplo de Vigo a afirmar al PCE que \u201cse produjo algo que se acerca a lo que podr\u00eda ser la Huelga Nacional, el paro masivo de toda la poblaci\u00f3n con los obreros del Baz\u00e1n (\u2026). Paro apoyado desde la iglesia\u2026 De este modo el Ferrol estuvo pr\u00e1cticamente varias horas liberado\u201d<a name=\"_ftnref47\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn47\">[47]<\/a>, el movimiento obrero consigui\u00f3 ser el \u00fanico sujeto social, antes de la muerte del dictador, que produjo una ruptura pol\u00edtica y social en el \u00e1mbito sindical con la victoria de las candidaturas de la oposici\u00f3n obrera en las elecciones de junio de 1975<a name=\"_ftnref48\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn48\">[48]<\/a>. De hecho esto romp\u00eda uno de los pilares b\u00e1sicos que el franquismo, como r\u00e9gimen pol\u00edtico y social, ofrec\u00eda a sus bases sociales \u2013el control y encuadramiento de la clase obrera a partir de la OSE\u2013 , y erosionaba parte del apoyo social que hab\u00eda delegado en \u00e9l su representaci\u00f3n pol\u00edtica a cambio del control social. M\u00e1s cuando la nueva cultura antifranquista ya no pon\u00eda s\u00f3lo en cuesti\u00f3n al r\u00e9gimen pol\u00edtico, sino a las propias clases sociales que lo sustentaban. Como nos hacen notar Carme Molinero y Pere Ys\u00e0s<a name=\"_ftnref49\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn49\">[49]<\/a>, en el tardofranquismo la identificaci\u00f3n entre empresario y franquista empezaba a ser preocupante. La conflictividad hab\u00eda llevado al empresario, y al resto de elites sociales, al aislamiento social y cultural, con poca capacidad de convencimiento m\u00e1s all\u00e1 de sus filas en un contexto donde, adem\u00e1s, durante la coyuntura de 1974 a 1976 los salarios crecieron tres veces m\u00e1s que la productividad, recortando la tasa de beneficios<a name=\"_ftnref50\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn50\">[50]<\/a>. Todo esto provoc\u00f3 que los sectores de vanguardia empresarial (empresarios del metal, entidades como el Cercle d\u2019Economia, etc.) observasen que el cambio pol\u00edtico era la \u00fanica forma de intentar recomponer su hegemon\u00eda social en un momento de crisis econ\u00f3mica<a name=\"_ftnref51\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn51\">[51]<\/a>. Tal como afirma Linz \u201cla legitimidad de un r\u00e9gimen democr\u00e1tico puede asegurar la estabilidad y el desarrollo (\u2026) la experiencia espa\u00f1ola de los a\u00f1os setenta muestra que la legitimaci\u00f3n del orden pol\u00edtico democr\u00e1tico quiz\u00e1s sea un prerrequisito para la reestructuraci\u00f3n econ\u00f3mica\u201d.<a name=\"_ftnref52\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn52\">[52]<\/a><\/p>\n<p>Pero en el campo de los movimientos sociales durante los setenta, seguramente el que aport\u00f3 m\u00e1s novedades fue el movimiento vecinal.<a name=\"_ftnref53\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn53\">[53]<\/a> A diferencia del movimiento obrero, su base de organizaci\u00f3n y de protesta se encontraba en el espacio, y no en\u00a0 la clase, lo que le permit\u00eda organizar en torno al \u00e1mbito vivencial una forma de oposici\u00f3n hasta cierto punto interclasista. El movimiento vecinal permitir\u00e1 la incorporaci\u00f3n de profesionales liberales, salidos de las luchas del movimiento estudiantil, en un trabajo de asesoramiento y apoyo sobre los aspectos urban\u00edsticos, sanitarios y econ\u00f3micos, que afectaban a su realidad, pero tambi\u00e9n de peque\u00f1os tenderos, funcionarios, etc. De la misma manera, se mostr\u00f3 tremendamente eficaz en la conexi\u00f3n de los sectores que protagonizaban la protesta obrera en los servicios p\u00fablicos con la articulaci\u00f3n de propuestas alternativas al desarrollo social del estado franquista. De esta manera, su composici\u00f3n y las alternativas concretas que elaboraba en el campo de la sanidad, la ense\u00f1anza, los servicios sociales, la planificaci\u00f3n urban\u00edstica, etc., implicaran que la oposici\u00f3n encuentre en este campo una forma de elaboraci\u00f3n de alternativas concretas al r\u00e9gimen. Articulado entorno a alternativas a la gesti\u00f3n de la vida cotidiana, m\u00e1s all\u00e1 de propuestas pol\u00edticas abstractas, consegu\u00eda realizar una forma de oposici\u00f3n integral, por concreta, al r\u00e9gimen, que iba del problema del agua en un barrio concreto a la falta de democracia que no permit\u00eda discutir ese problema en un pleno municipal.<\/p>\n<p>Este mismo desarrollo de la oposici\u00f3n antifranquista en los a\u00f1os setenta, acab\u00f3 de confirmar la principal caracter\u00edstica que ya se hab\u00eda destacado en el caso del movimiento obrero en los sesenta: su desarrollo como una oposici\u00f3n que ten\u00eda su \u00e1mbito natural de actuaci\u00f3n en lo local. Es en esta escala donde sus denuncias, campa\u00f1as y suma de voluntades, encontraran su m\u00e1xima expresi\u00f3n, ayudada por unos medios de comunicaci\u00f3n que, si no pod\u00edan ejercer la libertad de informaci\u00f3n a escala territorial o nacional, en el \u00e1mbito local encontraban el camino m\u00e1s libre para explicar lo que realmente estaba sucediendo. Como no dejaba de indicar un informe del Gobierno Civil de Barcelona en 1969: \u201cEl Correo Catal\u00e1n dedica una edici\u00f3n especial a Sabadell, Terrassa y comarca, cuyo estilo informativo es de inspiraci\u00f3n demag\u00f3gica, cultivando especialmente la problem\u00e1tica sociol\u00f3gica y urban\u00edstica de la poblaci\u00f3n (\u2026) sin dejar de aprovechar cualquier circunstancia que pueda provocar disconformidad o descontento en la clase productora\u201d. <a name=\"_ftnref54\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn54\">[54]<\/a> Todos estos factores \u2013el desarrollo de los movimientos sociales como movimientos de escala local, la capacidad de la oposici\u00f3n antifranquista para concretar alternativas y el papel que en este sentido jugaron los medios de comunicaci\u00f3n permitidos\u2013 dieron como resultado que la crisis de hegemon\u00eda del r\u00e9gimen franquista tambi\u00e9n tuviera su m\u00e1xima expresi\u00f3n en el \u00e1mbito local, donde el r\u00e9gimen pasaba a depender cada vez m\u00e1s de los sectores ultras para reclutar su personal pol\u00edtico, ante la desafecci\u00f3n de sectores que antes se hab\u00edan situado en su \u00f3rbita.<a name=\"_ftnref55\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn55\">[55]<\/a><\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, este proceso era general, e iba de los movimientos sociales al campo de la cultura, pasando por las tomas de postura de los colegios profesionales de abogados, m\u00e9dicos, arquitectos<a name=\"_ftnref56\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn56\">[56]<\/a>, la organizaci\u00f3n de grupos democr\u00e1ticos de periodistas<a name=\"_ftnref57\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn57\">[57]<\/a>, cineastas<a name=\"_ftnref58\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn58\">[58]<\/a>, de intelectuales<a name=\"_ftnref59\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn59\">[59]<\/a>. De hecho, que la oposici\u00f3n antifranquista andando los a\u00f1os era cada vez m\u00e1s plural social y culturalmente se empezaba a reflejar pol\u00edticamente, y no s\u00f3lo con la aparici\u00f3n de nuevas organizaciones o en la diversificaci\u00f3n de la militancia del PCE y del PSUC durante estos a\u00f1os, tambi\u00e9n en las propuestas que se realizaban. Muy pronto, en el a\u00f1o 1967, el Secretario General del PCE en una carta dirigida a Dolores Ib\u00e1rruri formulaba una primera aproximaci\u00f3n a la articulaci\u00f3n de una pol\u00edtica acorde con las nuevas realidades \u201cEn la discusi\u00f3n del Comit\u00e9 Ejecutivo hemos convenido en la necesidad de esbozar en la pr\u00f3xima reuni\u00f3n la perspectiva de lo que llamamos un <u>frente de las fuerzas del trabajo y la cultura<\/u> (\u2026) \u2013que\u2013 puede irse creando a trav\u00e9s de los contactos de la Comisiones Obreras, el movimiento campesino, los estudiantes y las diversas formas de organizaci\u00f3n de los intelectuales. En un momento determinado, cuando la coordinaci\u00f3n haya llegado a un grado de madurez, y cuando la coyuntura pol\u00edtica lo aconseje, puede aparecer formalmente constituido en la escala nacional y provincial por representantes de las diferentes capas sociales. Una de las originalidades de este frente, en el que los artesanos y los comerciantes e industriales podr\u00edan encontrar tambi\u00e9n lugar, es que ser\u00eda no un partido, sino una especie de frente laboralista ampl\u00edsimo\u201d. <a name=\"_ftnref60\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn60\">[60]<\/a> A pesar de esta formulaci\u00f3n \u2013la Alianza de las Fuerzas del Trabajo y de la Cultura que deb\u00eda de producir la Acci\u00f3n Nacional dirigida por el Pacto por la Libertad de todos los partidos pol\u00edticos que se opon\u00edan al r\u00e9gimen<a name=\"_ftnref61\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn61\">[61]<\/a>\u2013, el proceso de articular conscientemente esta realidad informal y difusa que era la sociedad civil antifranquista, s\u00f3lo tuvo cierto \u00e9xito en el caso catal\u00e1n donde la constituci\u00f3n de la Assemblea de Catalunya en 1971, con sus asambleas locales, que reun\u00eda desde una organizaci\u00f3n excursionista hasta un partido pol\u00edtico, pasando por entidades culturales, organizaciones vecinales o grupos cristianos, supuso la\u00a0 plasmaci\u00f3n de esta l\u00ednea pol\u00edtica. De la misma forma, la constituci\u00f3n de mesas unitarias de los partidos pol\u00edticos de la oposici\u00f3n, que en el \u00e1mbito de estado no lleg\u00f3 hasta el a\u00f1o 1974 cuando se constituy\u00f3 la Junta Democr\u00e1tica, a la que pronto le sali\u00f3 un competidor bajo el nombre de la Plataforma de Convergencia Democr\u00e1tica, contaba ya en Catalu\u00f1a con una larga tradici\u00f3n desde la primera Taula Rodona hasta la constituci\u00f3n del Consell de Forces Pol\u00edtiques de Catalunya. Los l\u00edmites de la socializaci\u00f3n de esta sociedad civil antifranquista, m\u00e1s all\u00e1 de los principales n\u00facleos industriales y urbanos del pa\u00eds, y las diferencias entre estos mismos n\u00facleos, marcaba los l\u00edmites de la extensi\u00f3n de un tejido social opositor al r\u00e9gimen y, en cierto sentido, tambi\u00e9n determinar\u00e1 finalmente los l\u00edmites del mismo cambio pol\u00edtico. A\u00fan as\u00ed esta misma sociedad civil, formada por el compromiso de personas, entidades y movimientos, mostr\u00f3 una innegable capacidad de actuaci\u00f3n en las campa\u00f1as que consegu\u00edan reunirla bajo un objetivo com\u00fan. Tal fue el caso de las declaraciones, conciertos,\u00a0 tomas de postura, las presiones en los plenos municipales, recogidas de firmas y movilizaciones a favor de la amnist\u00eda pol\u00edtica<a name=\"_ftnref62\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn62\">[62]<\/a>. Los recursos que la sociedad civil concentr\u00f3 hacia esta reivindicaci\u00f3n consiguieron marcar la agenda pol\u00edtica del r\u00e9gimen. De hecho el grado de asunci\u00f3n de la amnist\u00eda pol\u00edtica se acab\u00f3 convirtiendo en un verdadero term\u00f3metro del cambio pol\u00edtico en Espa\u00f1a. No es extra\u00f1o, entonces,\u00a0 que el primer gobierno Su\u00e1rez tuviera la prioridad de aprobar un primer decreto para la amnist\u00eda pol\u00edtica en junio de 1976 (diferente al indulto, ya que en ese contexto el primero significaba perd\u00f3n del delito, mientras que la amnist\u00eda supon\u00eda la inexistencia de tal delito<a name=\"_ftnref63\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn63\">[63]<\/a>), para mostrar su voluntad real de cambio ante una agenda pol\u00edtica que era marcada claramente por la movilizaci\u00f3n social<\/p>\n<p>Y es que, de hecho, en los setenta fueron madurando los elementos que se hab\u00edan ido gestando en el per\u00edodo anterior, produciendo la aparici\u00f3n de un tejido social emergente en los principales centros urbanos y industriales del pa\u00eds. Y es precisamente en este proceso de articulaci\u00f3n de una sociedad civil antifranquista donde encontramos la gen\u00e9tica de la relaci\u00f3n entre los movimientos sociales, la acci\u00f3n colectiva abierta, y el cambio pol\u00edtico que de forma soterrada, pero profunda, acaec\u00eda en la realidad de lo setenta. Los movimientos sociales generaban espacios de libertad, objetivos comunes para la oposici\u00f3n y programas alternativos de sociedad, la sociedad civil relacionada con estos movimientos metabolizaba y amplificaba estos planteamientos creando una cultura alternativa a la oficial, que se extend\u00eda por los diferentes sectores sociales y, finalmente, el poder pol\u00edtico se ve\u00eda obligado a abandonar espacios sociales para irse recluyendo detr\u00e1s del control que le garantizaba la coerci\u00f3n cada vez m\u00e1s descarnada. Era una lucha por el control del espacio y el poder p\u00fablico en t\u00e9rminos de hegemon\u00eda social, cultural y finalmente pol\u00edtica, el campo de batalla soterrado se encontraba precisamente en los vasos comunicantes que establece toda sociedad compleja y su coraz\u00f3n principal resid\u00eda en los movimientos sociales. En el movimiento obrero como principal agente de acci\u00f3n y cambio social y en el movimiento vecinal como principal nucleador de diferentes clases sociales (obreros, profesionales, tenderos, peque\u00f1os empresarios, etc.) y articulador de alternativas concretas de gesti\u00f3n de la vida cotidiana. Pero fue con el \u201checho biol\u00f3gico\u201d, cuando los ritmos de la din\u00e1mica social, cultural y pol\u00edtica que en la historia siguen tiempos diferentes, y a menudo alejados, se ensamblaron en un solo espacio temporal en el cual todas las esferas participaban y se ve\u00edan afectadas por \u00e9l: el tiempo del cambio pol\u00edtico. Si \u00e9ste se hab\u00eda gestado a lo largo de los a\u00f1os sesenta, fue en este momento cuando se pusieron en juego todos los recursos de la oposici\u00f3n antifranquista y de nuevo, como no pod\u00eda ser de otra forma, el movimiento obrero \u2013reforzado gracias a los recursos organizativos, solidarios, materiales y culturales que le suministraba esta sociedad civil antifranquista\u2013 jug\u00f3 un papel determinante en el cambio que se gest\u00f3 en el primer semestre de 1976.<\/p>\n<p>Pero, <b>\u00bfde qui\u00e9n era la calle? <\/b><\/p>\n<p>\u201cYo estuve pendiente toda la noche de la radio y cuando me tuve que levantar a las cinco de la ma\u00f1ana y supe que hab\u00eda muerto, llor\u00e9. Algo importante terminaba\u201d.<a name=\"_ftnref64\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn64\">[64]<\/a> Pero el fin del dictador, percibido como el fin de todo un per\u00edodo de su vida para algunos militantes antifranquistas, tambi\u00e9n fue un principio. Otro activista, temeroso de que el r\u00e9gimen muriese matando, como hab\u00eda hecho durante su lenta agon\u00eda biol\u00f3gica, tom\u00f3 una determinaci\u00f3n diferente: \u201cYo ten\u00eda miedo que hubiese una represi\u00f3n muy fuerte. Me voy hacia la Modelo (\u2026) y me la encuentro rodeada de Guardias Civiles. Se tem\u00edan que hubiese un asalto (\u2026) Los primeros momentos eran un comp\u00e1s de espera. A ver si nos ponen en prisi\u00f3n, y los otros: que no nos asalten la prisi\u00f3n\u201d<a name=\"_ftnref65\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn65\">[65]<\/a>. La muerte de Franco no supuso la muerte del r\u00e9gimen, el poder del cual estaba garantizado en ultima instancia por sus \u00f3rganos represivos, pero s\u00ed la muerte de su poder simb\u00f3lico. El desconcierto se apodero de una dictadura que, ba\u00f1ada de su propio imaginario lleno de fantasmas, se tem\u00eda la emulaci\u00f3n del asalto a la Bastilla en la prisi\u00f3n Modelo de Barcelona. Cuando la larga noche se retiraba para dejar paso a las primeras luces de la aurora de un nuevo d\u00eda,\u00a0 una pintada qued\u00f3 grabada en una calle: \u201cEl viejo se muere \u00bfQuien mandar\u00e1 ahora?\u201d<a name=\"_ftnref66\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn66\">[66]<\/a>. Era, de hecho, lo que todo el mundo se preguntaba en esas extraordinarias jornadas de nuestra historia.<\/p>\n<p>Para el Ministro de Gobernaci\u00f3n \u2013es una iron\u00eda, y de hecho una met\u00e1fora, que el m\u00e1ximo representante de la opci\u00f3n reformista dentro del r\u00e9gimen fuera precisamente el que ten\u00eda que garantizar el orden p\u00fablico\u2013 del primer gobierno de la monarqu\u00eda, a\u00fan en pleno franquismo, la cosa era clara. Los dos temas claves del primer Consejo de Ministros del nuevo gobierno eran la amnist\u00eda y les elecciones municipales<a name=\"_ftnref67\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn67\">[67]<\/a> y su resoluci\u00f3n, conjuntamente con el control de la calle que tan famoso le hizo desde el celebre exabrupto \u2013exabrupto que reflejaba realidades- \u201c\u00a1La calle es m\u00eda!\u201d, ten\u00eda que garantizar la continuidad del r\u00e9gimen pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Nos puede resultar extra\u00f1o pensar que el problema de las elecciones municipales fuera un tema central en aquella coyuntura cr\u00edtica de 1976, sobretodo sabiendo que la estrategia de la oposici\u00f3n mayoritaria pasaba durante esos a\u00f1os por la realizaci\u00f3n de una Huelga General de trabajadores que, continuada por la Huelga Nacional o la Acci\u00f3n Nacional Democr\u00e1tica, provocar\u00eda la ca\u00edda del r\u00e9gimen, pero si no acercamos un poco m\u00e1s a los espejos de aquellos tiempos entenderemos su importancia. Y es que las fuerzas en pugna ten\u00edan pocos referentes sobre lo que estaban haciendo. En unos momentos cruciales, los pol\u00edticos de la oposici\u00f3n y de la dictadura se giraron hacia la \u00fanica experiencia real que conoc\u00edan de cambio pol\u00edtico de una dictadura a la democracia: la II Rep\u00fablica. A pesar de todos las transformaciones, a pesar de los \u201colvidos\u201d del pasado que impuso finalmente la transici\u00f3n, la Rep\u00fablica segu\u00eda estando presente como modelo o antimodelo, seg\u00fan los casos, por excelencia. La obsesi\u00f3n por el \u201cplebiscito de la calle\u201d<a name=\"_ftnref68\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn68\">[68]<\/a> que afectaba tanto al primer gobierno de la monarqu\u00eda, como a la oposici\u00f3n, o el espejismo de que la proclamaci\u00f3n de una Rep\u00fablica en Catalu\u00f1a podr\u00eda forzar a la realizaci\u00f3n de la misma en el resto del estado<a name=\"_ftnref69\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn69\">[69]<\/a>, as\u00ed lo demuestran. Pero donde m\u00e1s patente se hizo este espejismo, fue en el caso municipal. El cambio pol\u00edtico en los a\u00f1os treinta no hab\u00eda llegado con la realizaci\u00f3n de una huelga general, sino por unas simples elecciones municipales que demostraron que los principales centro industriales y urbanos del pa\u00eds estaban contra el gobierno mon\u00e1rquico. La realidad que en el \u00faltimo franquismo eran estos mismos centros los principales medios de la oposici\u00f3n y la certeza que unas elecciones municipales pod\u00edan ser el proleg\u00f3meno de la ca\u00edda de la dictadura, estaba demasiado presente como para que frente a la Huelga General y la Huelga Nacional no emergiese la alternativa local. Y eso no obsesionaba solamente a un gobierno que, seg\u00fan la Ley de Bases del Estatuto de R\u00e9gimen Local del 21 de noviembre de 1975, ten\u00eda que dejar elegir\u00a0 por sufragio universal a los regidores de la mitad de consistorios de cada provincia exceptuando los alcaldes de Madrid y Barcelona<a name=\"_ftnref70\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn70\">[70]<\/a>, sino que tambi\u00e9n era un tema central para la oposici\u00f3n.\u00a0 As\u00ed no era extra\u00f1o que la Assemblea de Catalunya aprobase en esos momentos la campa\u00f1a para la consecuci\u00f3n de los ayuntamientos democr\u00e1ticos,\u00a0 que fue una de las campa\u00f1as centrales despu\u00e9s de la muerte de Franco, ya que \u201crondaba por la cabeza de muchos asistentes de aquella reuni\u00f3n de la Permanente (\u2026) el recuerdo de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y sus contundentes efectos\u201d<a name=\"_ftnref71\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn71\">[71]<\/a>. Como no pod\u00eda ser de otra manera estas elecciones fueron paralizadas, ya que \u201cpesaba el fantasma de las elecciones de abril de 1931\u201d<a name=\"_ftnref72\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn72\">[72]<\/a>, aunque de hecho la oposici\u00f3n, que finalmente gan\u00f3 las elecciones municipales en los principales centros del pa\u00eds cuando estas se realizaron, significativamente, al final de todo el ciclo de elecciones en abril de 1979, nunca se dej\u00f3 de plantear durante este tiempo la posibilidad de asaltar los Ayuntamientos<a name=\"_ftnref73\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn73\">[73]<\/a>. Finalmente todos los problemas que planteaban estos centros de atenci\u00f3n \u2013el problema de qui\u00e9n controlaba la calle, el problema de qui\u00e9n hegemonizaba los principales n\u00facleos de poblaci\u00f3n del pa\u00eds y el problema de la amnist\u00eda pol\u00edtica\u2013 fueron resueltos en el espaci\u00f3 que provocativamente hab\u00eda se\u00f1alado el r\u00e9gimen. Lo que hab\u00eda empezado en los a\u00f1os sesenta como una acci\u00f3n por el espacio p\u00fablico, ahora tomar\u00eda unas dimensiones inesperadas.<\/p>\n<p>En estos primeros momentos de confusi\u00f3n despu\u00e9s de la muerte de Franco, cuando el gobierno Arias intentaba llevar a cabo una reforma dentro de la continuidad, la pol\u00edtica se convirti\u00f3 en un plebiscito de la calle, como \u00fanica forma de saber con quien o para qu\u00e9 estaba la gente en un pa\u00eds donde le inexistencia de mecanismos democr\u00e1ticos no permit\u00eda saber lo que realmente pensaba la poblaci\u00f3n. En este contexto, la conflictividad social y obrera se dispar\u00f3 de una forma desconocida hasta entonces.<a name=\"_ftnref74\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn74\">[74]<\/a> Si en el a\u00f1o 1975 se hab\u00edan perdido a causa de la conflictividad 10 millones de horas de trabajo, en el a\u00f1o 1976 la perdida se dispar\u00f3 hasta 110 millones con 3,5 millones implicados, por medio mill\u00f3n en 1975.<a name=\"_ftnref75\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn75\">[75]<\/a><\/p>\n<p>Barcelona, Pa\u00eds Vasco, Navarra, Madrid y Asturias ser\u00e1n los grandes protagonistas de esta explosi\u00f3n de la conflictividad que llegar\u00e1 tambi\u00e9n a ciudades como Valladolid, con una huelga que afect\u00f3 a 40.000 trabajadores<a name=\"_ftnref76\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn76\">[76]<\/a>, o Badajoz<a name=\"_ftnref77\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn77\">[77]<\/a>. En el norte de Espa\u00f1a la movilizaci\u00f3n obrera tendr\u00e1 su momento explosivo en marzo, a partir de las huelgas de solidaridad generadas por los sucesos de Vitoria que pararon a 150.000 trabajadores en Vizcaya<a name=\"_ftnref78\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn78\">[78]<\/a>, 150.000 en Guip\u00fazcoa<a name=\"_ftnref79\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn79\">[79]<\/a> y\u00a0 toda Navarra, especialmente Pamplona, durante 4 d\u00edas en los que se produjeron fuertes enfrentamientos con la polic\u00eda<a name=\"_ftnref80\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn80\">[80]<\/a>. Pero a pesar de la gran campa\u00f1a que galvaniz\u00f3 la movilizaci\u00f3n solidaria con Vitoria en marzo de 1976, cada regi\u00f3n sigui\u00f3 sus propios ritmos. En Vizcaya el momento \u00e1lgido de la movilizaci\u00f3n, en un a\u00f1o donde se contabilizaron trece huelgas generales en esa provincia, se registr\u00f3 durante la gran huelga general de setiembre, causada por la muerte de un trabajador, que termin\u00f3 el 27 de setiembre con 250.000 trabajadores en huelga por la amnist\u00eda, la demanda de entrar en un per\u00edodo constituyente, la legalizaci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos, trabajo y salarios justos.<a name=\"_ftnref81\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn81\">[81]<\/a> En Navarra la lucha se inici\u00f3 a principios de a\u00f1o por el Convenio Provincial de Navarra, superando el \u00e1mbito de empresa y de sector para tratar de unificar los intereses dispersos de todos los trabajadores, que moviliz\u00f3 a 35.000 personas el 22 de febrero de 1976<a name=\"_ftnref82\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn82\">[82]<\/a>. Transversalmente a la lucha por el convenio, hubo una constante movilizaci\u00f3n a favor de la amnist\u00eda que paraliz\u00f3 totalmente Pamplona y la zona norte de Navarra tambi\u00e9n el 27 de setiembre de 1976, justo un a\u00f1o despu\u00e9s de la muerte de los \u00faltimos cinco presos pol\u00edticos ajusticiados por el franquismo, ya antes en esta pol\u00edtica de tomar la calle se hab\u00edan manifestado m\u00e1s de 10.000 personas durante los sanfermines<a name=\"_ftnref83\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn83\">[83]<\/a>. En estos mismos instantes Asturias reviv\u00eda de nuevo, despu\u00e9s de a\u00f1os de conflicto amortiguado, con el conflicto de Duro-Falguera y Endesa, empresas metal\u00fargicas que llevaron a la paralizaci\u00f3n total de Avil\u00e9s, y con la nueva conflictividad\u00a0 generada en Hunosa despu\u00e9s de a\u00f1os de retroceso. Conflictos que llevaron el 15 de julio a la manifestaci\u00f3n de 20.000 personas por la amnist\u00eda<a name=\"_ftnref84\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn84\">[84]<\/a>. Galicia no quedaba al margen de esta situaci\u00f3n, concentr\u00e1ndose la agitaci\u00f3n en las huelgas de la construcci\u00f3n y el metal en Vigo y A Coru\u00f1a y el conflicto durisimo de Astano en el Ferrol que dur\u00f3 todo el a\u00f1o.<a name=\"_ftnref85\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn85\">[85]<\/a><\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed la movilizaci\u00f3n no era patrimonio del norte, en estos momentos en la capital del estado, sin declararse una huelga general abiertamente, durante enero de 1976 la ciudad estuvo absolutamente paralizada por 300.000 huelguistas de diferentes sectores, en servicios tan sensibles y visuales como el metro<a name=\"_ftnref86\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn86\">[86]<\/a>. Fue,\u00a0 adem\u00e1s, una explosi\u00f3n de conflictividad politizada que ped\u00eda de hecho el desmantelamiento del r\u00e9gimen con \u201creclamaciones abiertamente pol\u00edticas \u2013fundamentalmente, la amnist\u00eda para los presos y exiliados y los derechos civiles \u2013, cuya satisfacci\u00f3n implicaba el desmantelamiento del sistema pol\u00edtico franquista\u201d<a name=\"_ftnref87\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn87\">[87]<\/a>. En la otra gran metr\u00f3poli del estado y capital de la conflictividad durante los \u00faltimos a\u00f1os del r\u00e9gimen, Barcelona, la huelgas en el sector servicios se extend\u00edan (bomberos, funcionarios municipales, etc.) a la vez que la conflictividad crec\u00eda exponencialmente<a name=\"_ftnref88\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn88\">[88]<\/a> y se produc\u00edan movilizaciones que como las de la SEAT llevaban a 30.000 manifestantes a marchar sobre Barcelona<a name=\"_ftnref89\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn89\">[89]<\/a>. En el caso catal\u00e1n, pero, a veces la iniciativa pod\u00eda llegar a ser m\u00e1s ciudadana que obrera, un buen indicador de hasta donde hab\u00eda llegado el antifranquismo en Catalu\u00f1a, como en la gran movilizaci\u00f3n del 1 de febrero que reuni\u00f3 a 40.000 manifestantes y la del 8 del mismo mes, convocada por la Assemblea de Catalu\u00f1a, donde ya aparec\u00edan abiertamente los l\u00edderes pol\u00edticos de la oposici\u00f3n mientras la polic\u00eda quedaba paralizada por la acci\u00f3n de los automovilistas. Pero si alguna cosa destac\u00f3 en aquellos instantes fueron las grandes huelgas locales de enero y febrero en el Baix Llobregat y Sabadell que significaron la visualizaci\u00f3n de la ruptura pol\u00edtica en el \u00e1mbito local.<\/p>\n<p>De hecho el gran ciclo movilizador de 1976 afect\u00f3 a casi todo el estado, en muchos lugares signific\u00f3 la aparici\u00f3n del conflicto laboral abierto por primera vez y tambi\u00e9n se incorporaron sectores a la conflictividad nunca vistos<a name=\"_ftnref90\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn90\">[90]<\/a>. Pero hubo dentro de estas movilizaciones, conflictos m\u00e1s o menos aislados con un car\u00e1cter cualitativamente diferente al resto. Hablamos de esas huelgas generales pol\u00edticas locales o regionales que comportaron la aparici\u00f3n de elementos que de facto llevaban a la ruptura pol\u00edtica. En cierto sentido estos conflictos incorporaron un elemento m\u00e1s de presi\u00f3n del movimiento obrero y de la oposici\u00f3n antifranquista en el decurso pol\u00edtico del r\u00e9gimen, ya que a pesar de ser fen\u00f3menos localizados y delimitados mostraban lo que podr\u00eda suceder en un futuro no muy lejano en el resto de Espa\u00f1a en caso de no sucederse cambios pol\u00edticos sustanciales.<\/p>\n<p>Seguramente el caso m\u00e1s espectacular del tipo de conflictos a los que nos estamos refiriendo, fue la huelga general de Vitoria en marzo de 1976<a name=\"_ftnref91\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn91\">[91]<\/a>. Iniciada a partir de la conflictividad que se estaba desarrollando en diversas empresas de la ciudad, en un proceso bastante com\u00fan en el resto de la pen\u00ednsula, se radicaliz\u00f3 a causa de los detenidos y despedidos en el mismo proceso huelgu\u00edstico. En una primera huelga general el 6 de febrero se consigui\u00f3 liberar a los presos, lo que llev\u00f3 a una segunda huelga general el 3 de marzo por la readmisi\u00f3n de los despedidos. En esta segunda huelga las fuerzas gubernamentales atacaron a los manifestantes con armas de fuego, el resultado fueron 5 muertos en las calles de Vitoria. A partir de este hecho se iniciar\u00e1 la movilizaci\u00f3n en todo el norte de Espa\u00f1a, antes explicada, con un fuerte contenido de denuncia pol\u00edtica. El modelo de Vitoria, interpretado a menudo como un modelo impulsado por la izquierda radical<a name=\"_ftnref92\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn92\">[92]<\/a>, fue acompa\u00f1ado de otras huelgas locales como la de C\u00f3rdoba, que a sido explicada, debido a les negociaciones que hubo para intentar evitar su extensi\u00f3n y radicalizaci\u00f3n, como una realizaci\u00f3n de la ruptura pactada desde abajo<a name=\"_ftnref93\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn93\">[93]<\/a>, pero d\u00f3nde tambi\u00e9n estos procesos fueron especialmente intensos fue en Catalu\u00f1a. En efecto los casos del Baix Llobregat y de Sabadell, especialmente el segundo, escenificaron a peque\u00f1a escala el camino que la oposici\u00f3n hab\u00eda imaginado para realizar la ruptura pol\u00edtica. La comarca del Baix Llobregat hab\u00eda sido durante los \u00faltimos a\u00f1os del franquismo de las\u00a0 m\u00e1s, sino la m\u00e1s, conflictivas de Espa\u00f1a, con una gran diversidad y riqueza en recursos organizativos y estrat\u00e9gicos<a name=\"_ftnref94\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn94\">[94]<\/a>. A inicios de 1976 el conflicto por los despedidos de Laforsa llev\u00f3 a la \u201cIntersindical\u201d, organizaci\u00f3n de inspiraci\u00f3n portuguesa que hab\u00eda llegado a una hegemon\u00eda total dentro del movimiento obrero\u00a0 de la comarca, a preparar una semana de lucha del 19 al 29 de enero contra los topes salariales, a favor de los puestos de trabajo y por la amnist\u00eda, con una espectacular manifestaci\u00f3n de 25.000 personas hacia el Gobierno Civil de Barcelona, que llev\u00f3 a la readmisi\u00f3n total de los despedidos. Que esta huelga se produjese, sin mediar ning\u00fan acto represivo policial, como en los otros casos, nos puede dar la medida de la colosal fuerza de un movimiento obrero que s\u00f3lo mantuvo tensiones internas para decidir cuando se deb\u00eda volver a trabajar. Ochenta mil personas se movilizaron en este conflicto y con raz\u00f3n se dec\u00eda de boca a oreja durante aquel invierno en el Baix: \u201cEscucha amigo: Laforsa ha vencido\u201d.<\/p>\n<p>El caso de Sabadell fue, dentro de los imaginarios estrat\u00e9gicos de aquel entonces, lo m\u00e1s parecido a lo que ten\u00eda que llegar a ser la Acci\u00f3n Democr\u00e1tica o la Huelga Nacional que ten\u00eda que derrocar al r\u00e9gimen<a name=\"_ftnref95\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn95\">[95]<\/a>. A diferencia de las otras huelgas, la huelga general de Sabadell aparec\u00eda como la huelga de una comunidad, no de una clase, contra un r\u00e9gimen aislado socialmente personificado en el Ayuntamiento. La huelga, provocada por la represi\u00f3n de una manifestaci\u00f3n por la escuela p\u00fablica, que llev\u00f3 a ni\u00f1os de 4 a 14 a\u00f1os al hospital, y por los heridos graves que se registraron en una manifestaci\u00f3n posterior de repulsa a los hechos acaecidos, en el marco de un conflicto creciente para la dimisi\u00f3n del alcalde, la dimisi\u00f3n del consistorio y la asunci\u00f3n de la amnist\u00eda por parte de la entidad municipal, paraliz\u00f3 completamente la vida ciudadana de Sabadell. Taxistas, peque\u00f1os comerciantes, transportes\u2026 la inmensa mayor\u00eda de la ciudad se sum\u00f3 a la huelga, que lleg\u00f3 a afectar a 45.000 trabajadores y consigui\u00f3 neutralizar el consistorio franquista, imponer una nueva legalidad de facto con la liberaci\u00f3n de los detenidos en la propia huelga y la realizaci\u00f3n de una gran asamblea p\u00fablica como forma de representaci\u00f3n simb\u00f3lica, y de hecho, de la crisis de hegemon\u00eda del r\u00e9gimen \u2013agudizada con la marcha final del alcalde\u2013 y su recomposici\u00f3n en torno a la izquierda.<\/p>\n<p>Todas estas huelgas, a pesar de su heterogeneidad, mantienen unos trazos que les son comunes en la mayor\u00eda de los casos: profundizaci\u00f3n en la democracia de base fuera de la f\u00e1brica; la superaci\u00f3n de los convenios de empresa o sector para desarrollar luchas generales en el marco de convenios locales o provinciales; superaci\u00f3n del marco de la OSE, o control absoluto del mismo, sustituida por organizaciones propias como la Coordinadora de F\u00e1bricas de Vizcaya, Consejo de Trabajadores en Navarra, Intersindical en el Baix Llobregat, Interramos en Sabadell, Comisi\u00f3n de los Quince en Asturias, Asamblea de representantes en C\u00f3rdoba, Coordinadora de F\u00e1bricas en Basauri<a name=\"_ftnref96\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn96\">[96]<\/a>, etc..; inicio de la huelga por motivos laborales politizados o directamente por motivos pol\u00edticos, seguido de despedidos, heridos o muertos por la acci\u00f3n represiva; lucha solidaria y pol\u00edtica contra la represi\u00f3n que en ciertos momentos se convert\u00eda en un desafi\u00f3 directo al r\u00e9gimen; fin de la huelga, con el retorno de los detenidos y la readmisi\u00f3n de los despedidos, con una gran escenificaci\u00f3n p\u00fablica de la fuerza de los movimientos que las autoridades tienen que aceptar, demostrando que ya no controlan la calle. Y de hecho, en un marco de conflictividad generalizada, este plebiscito de la calle escenific\u00f3 la ingobernabilidad del pa\u00eds. Si bien es verdad que el antifranquismo no hab\u00eda llegado ni mucho menos a difundirse a lo largo y ancho del estado con el modelo que aqu\u00ed hemos presentado \u2013y ese es el principal motivo, conjuntamente con la actitud que (no) tomaron las fuerzas armadas, de que la estrategia rupturista pura no tuviese finalmente salida\u2013, tambi\u00e9n lo es que en los principales centros urbanos y industriales lleg\u00f3 a poner en jaque al r\u00e9gimen. Cabe preguntarse, en\u00a0 este contexto, qu\u00e9 gobierno o r\u00e9gimen pol\u00edtico puede, en medio de una crisis econ\u00f3mica, sobrevivir a medio o corto plazo sin controlar zonas enteras como Navarra, Asturias, Madrid, Pa\u00eds Vasco, Catalu\u00f1a o Galicia,\u00a0 m\u00e1s all\u00e1 de la represi\u00f3n, teniendo en cuenta que como dice E.P. Thompson: \u201cMuy pocas veces en la historia \u2013y en este caso s\u00f3lo por intervalos cortos\u2013 una clase dominante\u00a0 ejerce la autoridad por medio de la fuerza militar, o incluso econ\u00f3mica, directa y sin mediaci\u00f3n\u201d<a name=\"_ftnref97\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn97\">[97]<\/a>. Fue la acci\u00f3n de esta conflictividad pol\u00edtica y social la que consigui\u00f3 marcar los m\u00e1rgenes por donde pasar\u00edan los futuros gobiernos de la transici\u00f3n, haciendo caer al primer gobierno de la monarqu\u00eda y obligando a que el segundo, si es que quer\u00eda sobrevivir, asumiera la agenda pol\u00edtica de la oposici\u00f3n \u2013empezando por el primer decreto de amnist\u00eda del 30 de julio de 1976 y incorporando la legalizaci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos, las elecciones libres y finalmente las constituyentes democr\u00e1ticas. Esto \u00faltimo permiti\u00f3 sobrevivir al personal pol\u00edtico del r\u00e9gimen, pero el r\u00e9gimen en si muri\u00f3. Lo que vino a pasar durante estos meses fue un empate t\u00e9cnico entre la oposici\u00f3n y la dictadura que marcaba el final de la \u00faltima. Como afirma Gramsci:<\/p>\n<p>\u201cCuando la fuerza progresiva A lucha con la fuerza regresiva B, no s\u00f3lo puede ocurrir que A venza a B o viceversa; puede ocurrir tambi\u00e9n que no venza ninguna de las dos, que se debiliten rec\u00edprocamente y que una tercera fuerza C intervenga desde el exterior dominando a lo que resta de A y B (\u2026). Puede existir un cesarismo progresista y uno regresivo; y el significado exacto de cada forma de cesarismo puede ser reconstruido, en \u00faltima instancia, por medio de la historia concreta y no a trav\u00e9s de un esquema sociol\u00f3gico. El cesarismo es progresista cuando su intervenci\u00f3n ayuda a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos y temperamentos limitativos de la victoria; es regresivo cuando su intervenci\u00f3n ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, tambi\u00e9n en este caso con ciertos compromisos y limitaciones, las cuales, sin embargo, tienen un valor, una importancia y un significado diferente que en el caso anterior. (\u2026) Se pueden dar soluciones cesaristas aun sin un Cesar, sin una gran personalidad \u201cheroica\u201d y representativa\u201d<a name=\"_ftnref98\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn98\">[98]<\/a>.<\/p>\n<p>De esta manera se tiene que entender el papel del segundo gobierno de la monarqu\u00eda, que con un presidente venido de las mismas filas del r\u00e9gimen, y no precisamente de sus sectores reformistas, inici\u00f3 una pol\u00edtica en sentido progresivo. La autonom\u00eda que mostr\u00f3 este gobierno, incluso en aspectos tan cr\u00edticos como la legalizaci\u00f3n del PCE, tan s\u00f3lo se puede entender a partir de una situaci\u00f3n de empate t\u00e9cnico, que neutralizaba las fuerzas m\u00e1s reaccionar\u00edas, donde la agenda pol\u00edtica era marcada por las gentes que ocupaban la calle. En este contexto la oposici\u00f3n y el r\u00e9gimen empezaron a actuar en un marco de preinstitucionalizaci\u00f3n democr\u00e1tica y el papel de la calle cambi\u00f3 de signo, pasando de ser el elemento\u00a0 principal para provocar la ruptura pol\u00edtica, a un recurso de presi\u00f3n para avanzar la negociaci\u00f3n indirecta con el r\u00e9gimen<a name=\"_ftnref99\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn99\">[99]<\/a>. Es por eso que si bien las huelgas del primer semestre de 1976 consiguieron importantes victorias, las que se producen despu\u00e9s de la formaci\u00f3n del gobierno Su\u00e1rez en el mismo a\u00f1o 1976, como la segunda huelga de la construcci\u00f3n de Navarra<a name=\"_ftnref100\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn100\">[100]<\/a>, la huelga del metal en Sabadell o las huelgas en Madrid<a name=\"_ftnref101\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn101\">[101]<\/a>, se perder\u00e1n<a name=\"_ftnref102\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn102\">[102]<\/a>, en un contexto en el cual la patronal percibe, correctamente, que el gobierno ha ganado un espacio de legitimidad y los partidos y organizaciones antifranquistas han pasado a primer t\u00e9rmino la preocupaci\u00f3n por saber quien llegar\u00e1 con mejores cartas a la democracia y la negociaci\u00f3n con el gobierno, aunque \u00e9sta en un primer momento sea indirecta. Pero, en todo caso, \u00e9ste ya es otro momento de la relaci\u00f3n entre movimientos sociales y cambio pol\u00edtico, un momento donde estos en su conformaci\u00f3n pasan a ser m\u00e1s consecuencia que causa del cambio pol\u00edtico, lo que nos importa retener aqu\u00ed es que: contrariamente a lo que apuntan la mayor\u00eda de historias al uso, la transici\u00f3n tom\u00f3 la forma que tom\u00f3 gracias a las movilizaciones que imposibilitaron cualquier proyecto de continuidad del r\u00e9gimen y condicionaron los principales puntos de la agenda del cambio pol\u00edtico;\u00a0 que este camino empez\u00f3 mucho antes que el Rey o un joven llamado Su\u00e1rez, camisa azul para m\u00e1s se\u00f1as, supieran siquiera que iba a suceder algo parecido a la llegada a la democracia; que estos cambios tampoco tienen su fundamento \u00fanico en el cambio econ\u00f3mico y social generado en los a\u00f1os sesenta, sino en las gentes que interactuando con \u00e9l decidieron actuar contra el franquismo y consiguieron establecer un modelo de lucha contra el r\u00e9gimen que les permiti\u00f3 pasar de la resistencia a una oposici\u00f3n que comenzaba a cosechar \u00e9xitos. Peque\u00f1os en sus inicios, pero que andando el tiempo fueron cruciales para la historia de nuestro pa\u00eds. En cierto sentido, el \u00faltimo ciclo huelgu\u00edstico del franquismo, durante el primer semestre de 1976, cerraba finalmente las inc\u00f3gnitas cargadas de esperanza\u00a0 que hab\u00eda abierto la oleada huelgu\u00edstica de 1962.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn1\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Su representante m\u00e1s destacado, desde una reflexi\u00f3n prol\u00edfica y fecunda,\u00a0 ha sido\u00a0 Santos Juli\u00e1. Su texto cl\u00e1sico sobre el tema: Juli\u00e1, S., <i>Obreros y sacerdotes: cultura democr\u00e1tica y movimientos sociales de oposici\u00f3n, <\/i>en Tusell, J., <i>La oposici\u00f3n al r\u00e9gimen de Franco<\/i>, Madrid, UNED, 1990. Para ver los problemas que le ha tra\u00eddo su interpretaci\u00f3n, al dejar una puerta abierta por d\u00f3nde se la han colado los que defienden el car\u00e1cter democratizador del franquismo: Juli\u00e1, S., <i>Un fascismo bajo palio en uniforme militar, <\/i>EL PA\u00cdS, 18 de julio de 1998. Problema que ha cerrado m\u00e1s congruentemente \u2013negando el determinismo econ\u00f3mico y apostando por la centralidad del lenguaje democr\u00e1tico como factor del cambio\u2013\u00a0 en uno de sus \u00faltimos trabajos: VVAA, <i>Franquismo<\/i>, Madrid, Temas de Hoy, 2000, pp. 57 &#8211; 114<\/p>\n<p><a name=\"_ftn2\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref2\"> [2]<\/a> Uno de los mejores an\u00e1lisis en este sentido: Fishman, R., <i>Organizaci\u00f3n obrera y retorno de la democracia en Espa\u00f1a<\/i>, Madrid, s. XXI-CIS, 1990.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn3\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref3\"> [3]<\/a> Esta tendencia que est\u00e1 bastante extendida y parece ser la moda a venir, ha tenido su encarnaci\u00f3n con la interpretaci\u00f3n de los movimientos a favor de la amnist\u00eda como m\u00e1xima realizaci\u00f3n de los contenidos fundamentales de la transici\u00f3n. Parece ser que las campa\u00f1as por la amnist\u00eda pol\u00edtica se realizaban con el mismo ardor tanto para el preso pol\u00edtico, como para el torturador de la politicosocial. Ver: Aguilar, P., <i>La amnesia y la memoria: las movilizaciones por la amnist\u00eda en la transici\u00f3n a la democracia<\/i>, en: P\u00e9rez Ledesma, M., <i>Cultura y movilizaci\u00f3n en la Espa\u00f1a contempor\u00e1nea, <\/i>Madrid, Alianza Universidad, 1997, pp. 327 \u2013 257; Lara\u00f1a, E., <i>La construcci\u00f3n de los movimientos sociales, <\/i>Madrid, Alianza Universidad, 1999.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn4\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref4\"> [4]<\/a> Ver: Mainer, J.C., y Juli\u00e1, S., <i>El aprendizaje de la libertad, 1973-1986, Alianza Ensayo, <\/i>Madrid, 2000, especialmente, pp. 31 \u2013 51.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn5\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref5\"> [5]<\/a> Balfour, S., <i>La dictadura, los trabajadores y la ciudad. El movimiento obrero en el \u00e1rea metropolitana de Barcelona (1939-1988)<\/i>, Ed. Alfons el Magn\u00e0nim, Valencia, 1994.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn6\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref6\"> [6]<\/a> Molinero, C. y Ys\u00e0s, P., <i>Productores disciplinados y minor\u00edas subversivas. Clase obrera y conflictividad laboral en la Espa\u00f1a franquista<\/i>, Madrid, s. XXI, 1998. O: Molinero, C. y Ys\u00e0s, P, <i>Movimientos sociales y actitudes pol\u00edticas en la crisis del franquismo<\/i>, <u>Historia Contempor\u00e1nea<\/u>, n\u00fam. 8, pp. 269-279.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn7\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref7\"> [7]<\/a> No incluiremos en este an\u00e1lisis al movimiento estudiantil. Aunque este fue b\u00e1sico para situar el problema de la reproducci\u00f3n de las elites pol\u00edticas, sociales y econ\u00f3micas franquistas, y para el inicio de un nuevo ciclo de los movimientos sociales, tiene una cronolog\u00eda muy determinada bajo el franquismo. De hecho el movimiento estudiantil espa\u00f1ol, al igual que el iran\u00ed o el chino, toma importancia pol\u00edtica debido a la falta de sujetos pol\u00edticos y sociales que cuando se desarrollan lo resituan, en los setenta, en un \u00e1mbito muy secundario.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn8\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref8\"> [8]<\/a> Ver sobre la extraordinaria trayectoria de este editor: Forment, A., <i>Jos\u00e9 Mart\u00ednez: la epopeya de Ruedo Ib\u00e9rico<\/i>, Barcelona, Anagrama, 2000.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn9\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref9\"> [9]<\/a> No hay datos oficiales para 1962, de hecho no se empezaron a computar hasta 1963,\u00a0 por este motivo cualquier estimaci\u00f3n es aproximativa y se tiene que basar en las fuentes de la propia oposici\u00f3n las cuales usualmente est\u00e1n sobrestimadas. Jordi Blanc (Manuel Castells), reproduciendo los datos de <i>Nuestra Bandera <\/i>(n\u00famero 42-43, marzo abril de 1965), da un total de 659.360 obreros participantes en las huelgas de 1962. Carme Molinero y Pere Ys\u00e0s, reducen esta estimaci\u00f3n y la sit\u00faan entre 200.000 y 400.000 obreros participantes. Ver: Blanc, J., <i>Las Huelgas en el movimiento obrero espa\u00f1ol, <\/i>p, 274, <u>Horizonte espa\u00f1ol 1966<\/u>, Ediciones Ruedo Ib\u00e9rico, 1966, pp. 249-274; Molinero, C. y Ys\u00e0s, P., <i>Productores disciplinados&#8230;<\/i>, p. 143. Para una argumentaci\u00f3n en el sentido de que en 1962, contrariamente a lo sucedido en otros casos, los datos de la oposici\u00f3n no s\u00f3lo no estaban sobrestimados sino que de hecho minusvaloraban la conflictividad real: Vega, R., y\u00a0 Serrano, B., <i>El movimiento obrero en Gij\u00f3n bajo el franquismo <\/i>(1937-1962), Gij\u00f3n, Ayuntamiento de Gij\u00f3n, 1998, pp. 227 \u2013 228.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn10\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref10\"> [10]<\/a> Claud\u00edn, F., <i>Documentos de una divergencia comunista, <\/i>Barcelona, Viejo Topo, 1978.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn11\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref11\"> [11]<\/a> Balfour, S., <i>Conflicte social i mobilitzaci\u00f3 pol\u00edtica, <\/i>p. 314, en: VVAA, <i>Ind\u00fastria i ciutat. Sabadell, 1800-1980<\/i>, Barcelona, l\u2019Abadia de Montserrat, pp. 307-326. El origen del concepto se puede encontrar en: Hobsbawn, E., <i>\u00a0Trabajadores. Estudios de la historia de la clase obrera<\/i>, Barcelona, Cr\u00edtica, 1979, pp. 16-35.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn12\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref12\"> [12]<\/a> ANC, Fons PSUC, caja 68. Informe del Comit\u00e9 Ejecutivo del PSUC al IV pleno del Comit\u00e9 Central del PSUC de enero de 1963, <i>Hacia la preparaci\u00f3n de la Huelga General Pol\u00edtica, <\/i>p. 36.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn13\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref13\"> [13]<\/a> Discurso reproducido en: ANC, Fons PSUC, Comit\u00e9 Local del PSUC, caja 230, <i>En pie de ayuda de los mineros asturianos, <\/i>20 de agosto de 1963.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn14\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref14\"> [14]<\/a> ANC, Fons PSUC, Comit\u00e9 Local del PSUC, caja 230.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn15\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref15\"> [15]<\/a> ANC, Fons PSUC, Documentaci\u00f3n del Comit\u00e9 Central, caja 37, <i>Pleno ampliado del CC, <\/i>noviembre de 1963.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn16\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref16\"> [16]<\/a> La clave, pero, de la formaci\u00f3n de estos nuevos n\u00facleos militantes, m\u00e1s que en la propia conflictividad obrera, la tenemos que buscar en la conformaci\u00f3n de las nuevas comunidades obreras de los a\u00f1os cincuenta y sesenta que, producto de una emigraci\u00f3n no debida exclusivamente a motivos econ\u00f3micos, conformaron redes de solidaridad internas opacas al control policial. De esta realidad emergi\u00f3 una nueva militancia pol\u00edtica y social en un medio que permit\u00eda una acci\u00f3n pol\u00edtica renovada desde las redes de confianza previas a la acci\u00f3n pol\u00edtica. La relaci\u00f3n f\u00e1brica-comunidad obrera es la mayor parte de las veces una de las claves explicativas de la aparici\u00f3n de estos nuevos n\u00facleos de militancia obrera. El cambi\u00f3 en la militancia obrera de los a\u00f1os sesenta es un fen\u00f3meno m\u00e1s complejo de lo que el lugar com\u00fan sobre el recambio generacional y la aparici\u00f3n de una militancia que no hab\u00eda vivido la Guerra Civil permite suponer. Desarrollar esta l\u00ednea aqu\u00ed desbordar\u00eda los limites de este art\u00edculo. Para ver un estudio sobre el car\u00e1cter no meramente econ\u00f3mico de los n\u00facleos fundacionales de las nuevas comunidades obreras: Puig, A., <i>De Pedro Mart\u00ednez a Sabadell: l\u2019emigraci\u00f3 una realitat no exclusivament econ\u00f2mica. 1920-1975, <\/i>tesis doctoral, UAB, 1990. Para un estudio sobre las relaciones entre comunidad obrera, renovaci\u00f3n de las pr\u00e1cticas pol\u00edticas y conflictividad laboral: Dom\u00e8nech, X., <i>Quan el carrer va deixar de ser seu. Moviment obrer, societat civil i canvi pol\u00edtic. Sabadell. (1966-1976), <\/i>tesina, UAB, 2001.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn17\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref17\"> [17]<\/a> Hay que tener en cuenta que el modelo de comisi\u00f3n obrera es anterior, pero es en este momento cuando se difunde en las principales empresas del pa\u00eds y inicia una l\u00ednea de continuidad que constituye la base de la organizaci\u00f3n de las comisiones obreras en los a\u00f1os sesenta. Para la historia de las CCOO, ver: Ruiz, D. (direc.), <i>Historia de Comisiones Obreras (1958-1988)<\/i>, Madrid, s.XXI, 1993.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn18\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref18\"> [18]<\/a> El modelo de f\u00e1bricas referentes estuvo bastante extendido durante el franquismo, sobre todo en los movimientos obreros que estaban fuertemente cohesionados a escala local. Casos como el de la Siemens en el Baix Llobregat, la CAF en el Gohierri, o la UH en Sabadell son ejemplos de los que estamos hablando, Ver: Garmendia, J.M., <i>El movimiento obrero, el caso del Gohierri guipuzcoano<\/i>, <u>Estudios de Historia local, <\/u>Bilbao, 1987; Botella, J., y Riera, I., <i>El Baix Llobregat: 15 a\u00f1os de luchas obreras<\/i>, Barcelona, Blume, 1976.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn19\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref19\"> [19]<\/a> Para ver el desarrollo de est\u00e9 modelo en los tres ejemplos mencionados: Riera, I., y Botella, J., <i>El Baix Llobregat. 15 a\u00f1os de luchas obreras<\/i>, Barcelona, Blume, pp. 25-35; Palomero, D., <i>Los trabajadores de ENASA durante el franquismo<\/i>, Barcelona, S\u00edrius, pp. 112-114; par el caso de la ODAG, ver: AHGCB, <i>Informes laborales, <\/i>1967-1968, caja 274, Carpeta ODAG.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn20\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref20\"> [20]<\/a> Ruiz, D., <i>Historia de Comisiones\u2026<\/i>. De hecho, un estudio comparativo, que ser\u00eda de un extraordinario inter\u00e9s, a\u00fan no ha sido abordado. Para un precedente: Migu\u00e9lez, F., <i>Los or\u00edgenes del nuevo movimiento obrero en Espa\u00f1a. Algunas hip\u00f3tesis de interpretaci\u00f3n<\/i>, en: Gonz\u00e1lez Portilla, M., Maluquer, J., y de Riquer, B., <i>Industrializaci\u00f3n y nacionalismo. An\u00e1lisis comparativos, <\/i>Barcelona, 1985.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn21\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref21\"> [21]<\/a> A\u00fan no hay un estudio completo de las elecciones sindicales bajo el franquismo, ni siquiera sobre las del 1966. Para Catalu\u00f1a se pueden ver los trabajos de: Estivill, J., y de la Hoz, J.M., <i>La cultura pol\u00edtica dels treballadors a Catalunya. Estudi de les eleccions sindicals (1944 \u2013 1987), <\/i>Barcelona, Magrana, 1988. Para las elecciones sindicales de 1966 en el caso catal\u00e1n: Balfour, S., <i>La dictadura, los trabajadores y la ciudad&#8230;<\/i>, pp. 99 \u2013 108.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn22\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref22\"> [22]<\/a> AHGCB, Informes laborales, caja 279, Nota Informativa, Sindicato del Metal: Convenio Metal\u00fargico de Sabadell, 25 de enero de 1967. El subrayado es m\u00edo.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn23\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref23\"> [23]<\/a> Todo este proceso se puede seguir en: AHGCB, Informes laborales, caja 270 y 279; AHGCB, CCOO, caja 121.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn24\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref24\"> [24]<\/a> Es evidente que hablamos de un modelo significativo y dominante para la conflictividad laboral de los sesenta y setenta. Lo cual no significa que este modelo fuera \u00fanico, o que no sufriese retrocesos. As\u00ed, por ejemplo, para S. Balfour en sitios centrales para el movimiento obrero, como Barcelona, las f\u00e1bricas referentes no ten\u00edan influencia en su comunidad circundante, argumento contestado parcialmente por las afirmaciones de Palomero. En otros casos el ritmo de la f\u00e1brica referente no se acoplaba con el resto, caso que se dio claramente, por ejemplo, en el conflicto salvaje de la SEAT de 1974 \u2013 1975, perdido por la falta de solidaridad. De la misma manera, la huelga del <i>petit metall<\/i> de 1976 acab\u00f3 fracasando al no contar con la participaci\u00f3n de las f\u00e1bricas referentes. Para la opini\u00f3n de Balfour sobre el movimiento obrero de la ciudad de Barcelona: Balfour, S., <i>La dictadura, los trabajadores\u2026<\/i>, p. 148; la afirmaci\u00f3n de Palomero sobre que s\u00ed que se estableci\u00f3 una relaci\u00f3n f\u00e1bricas \u2013 comunidad obrera en el caso de la Segrera: Palomero, D., <i>Los trabajadores de ENASA <\/i>\u2026, p. 131; sobre la huelga de SEAT: Migu\u00e9lez, F., <i>SEAT la Empresa modelo del r\u00e9gimen<\/i>, Barcelona, Dopesa, 1977, p. 193; sobre la huelga del <i>petit metall<\/i>: AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista Teresa Buigues Poveda; tambi\u00e9n: Fabreg\u00e0s, D., y Gim\u00e9nez, D., <i>La huelga y la reforma: Sabadell, metal, oto\u00f1o 1976<\/i>, Madrid, 1977.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn25\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref25\"> [25]<\/a> La formaci\u00f3n de las CCOO de Sabadell se puede seguir a partir de las entrevistas a Alvaro Garc\u00eda Trabanca, Antoni Farr\u00e9s Sabater, Francisco Morales, Gin\u00e9s Fern\u00e1ndez P\u00e9rez, Antonio Gonz\u00e1lez Merino y\u00a0 Antonio Gonz\u00e1lez Gonz\u00e1lez en: AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978); tambi\u00e9n en el documento-informe de las CCOO de Sabadell, en: AHGCB, Comisiones Obreras, 1968, caja 121, y: AHGCB, Informes laborales, caja 274, NI, DGGC, 22 de octubre de 1966.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn26\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref26\"> [26]<\/a> AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista a Gin\u00e9s Fern\u00e1ndez P\u00e9rez.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn27\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref27\"> [27]<\/a> AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista a Francisco Morales.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn28\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref28\"> [28]<\/a> AHGCB; Comisiones Obreras, caja 121, NI, DGGC, 19 de agosto de 1968, <i>Informe de las Comisiones Obreras de Sabadell, <\/i>julio de 1968.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn29\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref29\"> [29]<\/a> AHS, Entrevista Alvaro Garc\u00eda Trabanca.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn30\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref30\"> [30]<\/a> AHGCB, Informes laborales, 1753-II, NI, JSPB, 23 de agosto de 1967.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn31\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref31\"> [31]<\/a> AHGCB, Comisiones Obreras 1968, caja 121, documento interno del 9 de enero de 1968; AHCONC, Fondo Albert Fina \u2013 Montserrat Avil\u00e9s, <i>Relaci\u00f3n de detenidos de Sabadell<\/i>, 1966;AHCONC, Expediente \u00c1ngel Rozas.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn32\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref32\"> [32]<\/a> AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevistas Sabadell; AHCONC, Fondo Francesc Casares, Expediente Sabadell, mayo de 1968; D\u00edaz, J.A., <i>Luchas internas en Comisiones Obreras de Barcelona 1964 \u2013 1970, <\/i>Barcelona, Bruguera, 1977, p. 30.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn33\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref33\"> [33]<\/a> Garc\u00eda, C., <i>El model de Terrassa<\/i>, 1986, en: <i>Cipriano Garc\u00eda. Una lluita permanent pels drets dels treballadors, les llibertats nacionals i la democr\u00e0cia. Miscel\u00b7l\u00e0nia d\u2019homenatge i relaci\u00f3 d\u2019escrits (1970-1988)<\/i>, Fundaci\u00f3 Cipriano Garc\u00eda \u2013 AHCONC, 1995, pp. 79 \u2013 91.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn34\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref34\"> [34]<\/a> Ruiz, D., <i>Historia de Comisiones \u2026<\/i>, p. 121.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn35\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref35\"> [35]<\/a> AHCONC, Expediente \u00c1ngel Rozas.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn36\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref36\"> [36]<\/a> Como se puede ver en: VVAA, <i>Debat. Comissions Obreres, 1968-1969: Repressi\u00f3 i crisi<\/i>, <u>Quaderns<\/u>, n\u00fam. 1, 1981.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn37\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref37\"> [37]<\/a> As\u00ed, por ejemplo, en una ca\u00edda de las COJ de abril \u2013 mayo de 1968 s\u00f3lo 5 de los 16 detenidos eran obreros industriales, siendo la mayor\u00eda de procedencia estudiantil. Ver: AHGCB, CCOO, caja 121, NI, JSPB, 7 de mayo de 1968.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn38\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref38\"> [38]<\/a> El caso de la detenci\u00f3n de una asistente social que hab\u00eda colaborado con el movimiento obrero de barrio implic\u00f3, por ejemplo, el compromiso pol\u00edtico de una parte de la promoci\u00f3n de las asistentes sociales del Gremio de Fabricantes de Sabadell. Ver: AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista Remei Bona Puigvert.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn39\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref39\"> [39]<\/a> AHS, Fondo Municipal. Registros Polic\u00eda Municipal; AHS, Fondo Municipal. Informaciones Clandestinas. AMH 4.3.1.; AHCONC, Fondo Albert Fina \u2013 Montserrat Avil\u00e9s; AHGCB, CCOO, caja 121; AHGCB, ACR, caja 120.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn40\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref40\"> [40]<\/a> AHGCB, CCOO, caja 121, NI, JSPB, 7 de mayo de 1968.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn41\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref41\"> [41]<\/a> En un solo mes se pod\u00edan recoger cantidades extraordinarias en esos tiempos. En el caso de Sabadell en noviembre de 1969 se llegaron a recoger 176.000 ptas para los presos. Ver: AHGCB, ACR, caja 120, documento de la comisi\u00f3n pro-pressos de Sabadell, 12 de diciembre de 1969.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn42\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref42\"> [42]<\/a> AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista Francisco Morante<\/p>\n<p><a name=\"_ftn43\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref43\"> [43]<\/a> AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista, Teresa Buigas Poveda (Eneida). La traducci\u00f3n del catal\u00e1n es m\u00eda.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn44\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref44\"> [44]<\/a> Sanz Oller, J., (Jos\u00e9 Antonio D\u00edaz), <i>Las Comisones Obreras de Barcelona. Entre el fraude y la esperanza<\/i>, Par\u00eds, Ruedo Ib\u00e9rico, 1972, 124 \u2013 128.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn45\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref45\"> [45]<\/a> AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista \u00c1ngel Abad Silvestre. Esta experiencia es compartida por otros militantes entrevistados. Ver por ejemplo: AHCONC, Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista Gin\u00e9s Fern\u00e1ndez; Entrevista Antonio Gonz\u00e1lez Merino.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn46\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref46\"> [46]<\/a> Los estudios sobre la conflictividad en los sectores de servicios en el franquismo son un desierto m\u00e1s de nuestra historiograf\u00eda. Para un estudio pionero: Ys\u00e0s, P. (coord.), <i>Treball, treballadors i sindicalisme, <\/i>Barcelona, Columna\/CONC, 1998.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn47\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref47\"> [47]<\/a> Mor\u00e1n, G., <i>Miseria y grandeza del PCE, 1939 \u2013 1975<\/i>, Barcelona, Planeta, 1986<i>, <\/i>p. 471.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn48\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref48\"> [48]<\/a> Boix, I., y Pujades, M., <i>Vota la Candidatura Unitaria obrera y Democr\u00e1tica, <\/i>Barcelona, Avance, 1975: Molinero, C., y Ys\u00e0s, P., <i>Productores disciplinados\u2026<\/i>, pp. 248 \u2013 258.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn49\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref49\"> [49]<\/a> Molinero, C., y Ys\u00e0s, P., <i>Els industrials catalans durant el franquisme, <\/i>Vic, Eumo, 1991, pp. 123-126.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn50\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref50\"> [50]<\/a> Balfour, <i>La dictadura, los trabajadores\u2026<\/i>, p. 235.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn51\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref51\"> [51]<\/a> Esta recomposici\u00f3n de las estrategias empresariales entre se puede observar, por ejemplo, en: Centro Metal\u00fargico, <u>Bolet\u00edn de Informaci\u00f3n, <\/u>n\u00fameros 1974 \u2013 1976.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn52\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref52\"> [52]<\/a> Fishman, R., <i>Organizaci\u00f3n obrera\u2026<\/i>, p. XIV.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn53\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref53\"> [53]<\/a> Hay pocos trabajos a\u00fan sobre el movimiento vecinal. Para el caso catal\u00e1n existe el estudio cl\u00e1sico de: Alabart, A., <i>Els barris de Barcelona i el moviment associatiu ve\u00efnal<\/i>, Tesis, 2 vol., UB, 1981; Tambi\u00e9n recientemente: Mart\u00ednez, R., <i>El moviment ve\u00efnal a l\u2019\u00e0rea metropolitana de Barcelona durant el tardofranquisme i la transici\u00f3: el cas de Sabadell (1966 \u2013 1976)<\/i>, tesina, UPF, 1999.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn54\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref54\"> [54]<\/a> AHGCB, CCOO, Propaganda, 1968-1974, caja 302, Informaciones ODI, 15 de mayo de 1969.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn55\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref55\"> [55]<\/a> Mart\u00ed, M., <i>Franquisme i poder local: L\u2019Ajuntament de Sabadell<\/i>, 1939 \u2013 1979, tesina, UAB, 1990, pp. 204 \u2013 205.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn56\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref56\"> [56]<\/a> No hay pr\u00e1cticamente estudios sobre el papel de estas entidades en el proceso de maduraci\u00f3n del antifranquismo. Para el caso del papel de los colegios de abogados se tienen que seguir las memorias o testimonios de \u00e9poca: Falc\u00f3n, L., <i>Memorias pol\u00edticas (1959-1999)<\/i>, Barcelona, Planeta, 1999; VVAA, <i>Albert Fina<\/i>, Barcelona, Los libros de la factor\u00eda, 2001.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn57\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref57\"> [57]<\/a> Ver, por ejemplo: Roglan, J., <i>El grup democr\u00e0tic de periodistes (1966-1976), <\/i>Barcelona, Diputaci\u00f3 de Barcelona, 1992.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn58\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref58\"> [58]<\/a> Trenzado, M., <i>Cultura de masas y cambio pol\u00edtico: El cine espa\u00f1ol de la Transici\u00f3n, <\/i>CIS-s.XXI, Madrid, 1999.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn59\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref59\"> [59]<\/a> Ver, por ejemplo, sobre el compromiso intelectual y sus formas de acci\u00f3n colectiva: Batista , A., i Play\u00e0, J., <i>La gran conspiraci\u00f3. Cr\u00f2nica de l\u2019Assemblea de Catalunya, <\/i>Barcelona, Emp\u00faries, 1991, pp. 69 \u2013 85; o la novela de Mu\u00f1oz, J.M., <i>La Gran Tancada, <\/i>Barcelona, Columna, 1999.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn60\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref60\"> [60]<\/a> Mor\u00e1n, G., <i>Miseria\u00a0 y grandeza\u2026, <\/i>p. 431.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn61\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref61\"> [61]<\/a> Carrillo, S., <i>Libertad y socialismo, <\/i>Par\u00eds, \u00c9ditions Sociales, 1971.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn62\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref62\"> [62]<\/a> Un relato de estas campa\u00f1as y su significado, aunque estoy en profundo desacuerdo con su enfoque, en: Aguilar, P., <i>La amnesia y la memoria\u2026<\/i>; Para una reflexi\u00f3n aguda sobre el significado pol\u00edtico de la amnist\u00eda en la transici\u00f3n: Castells, M., <i>Los procesos pol\u00edticos<\/i>, Madrid, Fundamentos, 1976. M\u00e1s recientemente para el caso de Barcelona: Ballester, D., y Risques, M., <i>Temps d\u2019amnistia<\/i>, Barcelona, Edicions 62, 2001.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn63\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref63\"> [63]<\/a> Aguilar, P., <i>Memoria y olvido de la Guerra Civil espa\u00f1ola, <\/i>Madrid, Alianza Editorial, 1996, p. 263.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn64\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref64\"> [64]<\/a> Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista Gin\u00e9s Fern\u00e1ndez P\u00e9rez.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn65\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref65\"> [65]<\/a> Proyecto de Biograf\u00edas obreras. Fuentes orales y militancia sindical (1939-1978), Entrevista Antoni Farr\u00e9s Sabater. Traducido del catal\u00e1n.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn66\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref66\"> [66]<\/a> AHS, Fons Municipal, Registres Policia Municipal, 29 de octubre de 1975.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn67\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref67\"> [67]<\/a> Fraga, M., <i>En busca del tiempo servido<\/i>, Barcelona, Planeta, 1977, p. 25.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn68\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref68\"> [68]<\/a> Tal como lo ha formulado Ucelay da Cal. Citado en: Casanovas, J., <i>De la calle al frente. El anarcosindicalismo en Espa\u00f1a (1931-1939)<\/i>, Barcelona, Cr\u00edtica, 1997, p. 14.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn69\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref69\"> [69]<\/a> Sobre esto \u00faltimo ver: S\u00e1nchez-Ter\u00e1n, S., <i>De Franco a la Generalitat<\/i>, Barcelona, Planeta, 1988, p. 30.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn70\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref70\"> [70]<\/a> S\u00e1nchez-Ter\u00e1n,\u00a0 S., <i>De Franco\u2026, <\/i>. p. 42.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn71\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref71\"> [71]<\/a> Colomer, J.M., <i>Assemblea de Catalunya<\/i>, Barcelona, L\u2019aven\u00e7, 1976, p. 86. Traducci\u00f3n del catal\u00e1n.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn72\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref72\"> [72]<\/a> Fraga, M., <i>En busca\u2026<\/i>, p. 25.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn73\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref73\"> [73]<\/a> Ur\u00eda, Ll., <i>La conquesta dels ajuntaments, <\/i>p,. 177, a: VVAA, <i>Mem\u00f2ria de Catalunya, <\/i>Barcelona, Taurus, 1997, pp. 175-188.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn74\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref74\"> [74]<\/a> De hecho el descenso de la conflictividad que se hab\u00eda producido en 1975, a causa de los primeros efectos de la crisis econ\u00f3mica y la represi\u00f3n de la dictadura, se rompe claramente no en 1976, sino ya en el mismo noviembre de 1975, en una onda que dura hasta mayo de 1976 cuando caer\u00e1 el primer gobierno de la monarqu\u00eda. Se produjo en esos momentos un cambio en la estructura de las oportunidades pol\u00edticas que, m\u00e1s all\u00e1 de la siempre se\u00f1alada incidencia de la negociaci\u00f3n colectiva que por si sola no explica nada, fue percibida correctamente por parte de los trabajadores como la oportunidad de desarrollar nuevos conflictos con \u00e9xito.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn75\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref75\"> [75]<\/a> Molinero, C., y Ys\u00e0s, P., <i>Productores disciplinados\u2026<\/i>, 1998, pp. 120-124.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn76\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref76\"> [76]<\/a> Ruiz, D. (dir.), <i>Historia de Comisiones Obreras\u2026, <\/i>p. 356.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn77\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref77\"> [77]<\/a> Ibid., p. 415.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn78\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref78\"> [78]<\/a> Ibarra, P., <i>El movimiento obero en Vizcaya: 1967-1977, <\/i>Bilbao, UPV, 1987, p. 522.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn79\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref79\"> [79]<\/a> Guindal, M., y Gim\u00e9nez, J.H., <i>El libro negro de Vitoria<\/i>, Madrid, ediciones 99, 1976, p. 104.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn80\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref80\"> [80]<\/a> Iriarte, J., <i>Movimiento obrero en Navarra (1967-1977)<\/i>, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1995, pp. 283-284.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn81\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref81\"> [81]<\/a> Ibarra, P., <i>El movimiento obrero\u2026<\/i>, pp. 495-500.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn82\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref82\"> [82]<\/a> Iriarte, J., <i>Movimiento obrero\u2026<\/i>, pp. 275-278.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn83\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref83\"> [83]<\/a> Ibid., p. 287.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn84\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref84\"> [84]<\/a> Ruiz, D., (direc.), <i>Historia de Comisones\u2026<\/i>, pp. 179 \u2013 182.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn85\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref85\"> [85]<\/a> Ibid., p. 284. I tambi\u00e9n: G\u00f3mez, J., y Santidri\u00e1n, V.M., <i>Historia de comisi\u00f3ns obreriras de Galicia nos seus documentos<\/i>, A Coru\u00f1a, Edicios do Castro, 1996, pp. 309 \u2013 387.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn86\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref86\"> [86]<\/a> VVAA, <i>Madrid en huelga. Enero de 1976<\/i>, Madrid Ayuso, 1976.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn87\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref87\"> [87]<\/a> Babiano, J., <i>Emigrantes, cron\u00f3metros y huelgas<\/i>, Madrid, s.XXI, 1995, p. 136. Tambi\u00e9n para la conflictividad en Madrid: Soto, A. (direc.), <i>Clase obrera, conflicto laboral y representaci\u00f3n sindical. Evoluci\u00f3n socio-laboral de Madrid. 1939 \u2013 1991<\/i>, Madrid, Ediciones GPS \u2013 Madrid, 1994.<i> <\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn88\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref88\"> [88]<\/a> Balfour, S., <i>La dictadura, los trabajadores\u2026<\/i>, p. 234.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn89\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref89\"> [89]<\/a> VVAA, <i>Mem\u00f2ria de Catalunya, <\/i>Barcelona, Taurus, 1997, p. 43.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn90\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref90\"> [90]<\/a> En la extensi\u00f3n y radicalizaci\u00f3n de la conflictividad en esa coyuntura la construcci\u00f3n jug\u00f3 un papel clave. Sector que tenia presencia incluso en los sitios donde el tejido industrial era muy d\u00e9bil, a causa de la crisis econ\u00f3mica, la cual ten\u00eda un efecto m\u00e1s inmediato en este sector que en otros, se radicaliz\u00f3 en 1976, jugando un papel muy similar al de los trabajadores de la construcci\u00f3n durante la II Rep\u00fablica. Ver: Ruiz, D., y Babiano, J., (edit.), <i>Los trabajadores de la construcci\u00f3n en el Madrid del s.XX<\/i>, Madrid, Akal, 1994; tambi\u00e9n para el papel que jugaron para la extensi\u00f3n de la conflictividad en \u00e1reas relativamente alejadas de ella: S\u00e1nchez, F., <i>Las Comisiones Obreras en Extramadura: tard\u00eda presencia y problem\u00e1tica\u00a0 consolidaci\u00f3n (1969 \u2013 1978)<\/i>, pp. 414 \u2013 420, en: Ruiz, D. (direc.), <i>Historia de Comisiones\u2026<\/i>,\u00a0 pp. 391 \u2013 427.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn91\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref91\"> [91]<\/a> Vitoria-Gasteiz, <i>De la huelga a la matanza<\/i>, Ruedo Ib\u00e9rico, 1976; Guinda, M., y Gim\u00e9nez, J.H.,\u00a0 <i>El libro negro de Vitoria<\/i>, Madrid, Ediciones 99, 1976; Ab\u00e1sola, J.A., <i>Vitoria 3 de marzo. Metamorfosis de una ciudad<\/i>, Vitoria, Diputaci\u00f3n Foral de \u00c1lava, 1987.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn92\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref92\"> [92]<\/a> Morales, R., <i>La transici\u00f3 des de baix: la vaga de la construcci\u00f3 de C\u00f2rdova l\u2019any 1976, <\/i><u>L\u2019AVEN\u00c7<\/u>, n\u00famero 207, 1996, pp. 8 \u2013 13.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn93\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref93\"> [93]<\/a> Morales, R., <i>Transici\u00f3n pol\u00edtica y conflicto social. La huelga en la construcci\u00f3n de C\u00f3rdoba en 1976, <\/i>C\u00f3rdoba, Ediciones de La Posada, 1999.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn94\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref94\"> [94]<\/a> Riera, I., y Botella, J. , <i>El Baix Llobregat\u2026<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_ftn95\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref95\"> [95]<\/a> Esta huelga ha generado una amplia bibliograf\u00eda. Espec\u00edficamente: Balfour, S., <i>La dictadura, los trabajadores\u2026<\/i>, pp. 237-245; Balfour, S., <i>Conflicte social\u2026<\/i>, pp. 307 \u2013 326.; Gim\u00e9nez, D., <i>Sabadell: el pueblo unido\u2026<\/i>, Barcelona, Casals Editor, 1976; Vinader, X.,\u00a0 y Benaul, J.M., <i>1976. Una semana de Huelga General Pol\u00edtica<\/i>, in\u00e9dito, 1976.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn96\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref96\"> [96]<\/a> En el caso de Guip\u00fazcoa la diferenciaci\u00f3n entre acciones laborales y pol\u00edticas hab\u00eda cobrado la suficiente entidad como para que esta coordinadora se estableciese exclusivamente para movilizaciones pol\u00edticas contra el r\u00e9gimen. Ver: Ibarra, P., <i>El movimiento obrero\u2026<\/i>, p. 494.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn97\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref97\"> [97]<\/a> Thompson, E.P., <i>Agenda para una historia radical, <\/i>Barcelona, Cr\u00edtica, 2.000, p. 26.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn98\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref98\"> [98]<\/a> Gramsci, A., <i>Notas sobre maquiavelo, sobre la pol\u00edtica y sobre el Estado moderno<\/i>, Madrid, Ediciones Nueva Visi\u00f3n, 1980<i>, <\/i>p. 71.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn99\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref99\"> [99]<\/a> As\u00ed, por ejemplo, el principal partido de la oposici\u00f3n antifranquista ante la huelga del metal de setiembre-octubre de 1976 de Sabadell, pide\u00a0 que no se diluyan las fuerzas en conflictos intensos y extensos en el tiempo y que se guarden para acciones puntuales, como la huelga general convocada en noviembre de 1976. Consejo que dif\u00edcilmente se hubiera dado en el primer semestre de 1976. Ver: AHS, Fons Municipal. Informacions clandestines, AMH 4.3.1., D. 19 \u2013 62, <i>Declaraci\u00f3n del PSUC sobre la huelga del metal<\/i>, octubre de 1976.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn100\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref100\"> [100]<\/a> Iriarte, J., <i>Movimiento obrero\u2026<\/i>, p. 295.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn101\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref101\"> [101]<\/a> Babiano, J., <i>Emigrantes, cron\u00f3metros\u2026<\/i>, 325 \u2013 326.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn102\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftnref102\"> [102]<\/a> Nota aparte ser\u00e1 la conflictividad que se mantendr\u00e1 en el Pa\u00eds Vasco, donde las grandes movilizaciones por la amnist\u00eda se realizaron en setiembre de 1976. Pero esto tiene su explicaci\u00f3n en las peculiares condiciones en las que se dio la transici\u00f3n en el Pa\u00eds Vasco. Ver: Ugarte, J., (ed.), <i>La transici\u00f3n en el Pa\u00eds Vasco y Espa\u00f1a<\/i>, Bilbao, UPV, 1998.<\/p>\n<p>\u00a9EspaiMarx 2003 Art\u00edculo incorporado el 4 de Marzo de 2003.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia social &#8211;tradicionalmente ocupada m\u00e1s en la historia de los de abajo que en la historia desde abajo&#8211;,  se ha preocupado poco de interpretar la transici\u00f3n pol\u00edtica, mientras que la historia pol\u00edtica se ha ocupado a\u00fan menos de explicar la historia social de la transici\u00f3n. Y si lo primero es realmente sorprendente, ya que entre las mejores obras sobre el franquismo y el per\u00edodo de la transici\u00f3n se pueden contar las monograf\u00edas de historia social, lo segundo no lo es tanto a juzgar por la calidad de la mayor\u00eda de historias pol\u00edticas de la transici\u00f3n al uso.  <\/p>\n<p>Esta formaci\u00f3n en paralelo de la historia social y pol\u00edtica tiene una explicaci\u00f3n fundada. Y es que el paradigma explicativo de la transici\u00f3n cumple, a la vez  que una funci\u00f3n &#8220;cient\u00edfica&#8221;, una clara funci\u00f3n normativa en la legitimaci\u00f3n de origen del orden pol\u00edtico actual. Lo que pas\u00f3 durante las oscuras horas de la dictadura y confusos a\u00f1os de la transici\u00f3n es fuente de legitimaci\u00f3n pol\u00edtica para  instituciones &#8211;como la monarqu\u00eda o la democracia tal como la conocemos&#8211; y discursos dominantes &#8211;la moderaci\u00f3n, el centrismo como valor clave o la ret\u00f3rica de la modernizaci\u00f3n&#8211; que a pesar de su aparente solidez actual se movieron desde sus inicios en una gran debilidad real. Para poderse consolidar se realiz\u00f3 una operaci\u00f3n de grandes implicaciones para la memoria hist\u00f3rica: se convirtieron estas instituciones y ret\u00f3ricas en los ejes claves de la transici\u00f3n. Emergi\u00f3 as\u00ed una explicaci\u00f3n hist\u00f3rica en la cual las elites se convirtieron en el motor explicativo del proceso que trajo las libertades pol\u00edticas en Espa\u00f1a. Y en este proceso la historia social, sino contaba cosas de una mayor\u00eda que se ve que era silenciosa &#8211;a lo cual se prestaban gustosamente algunos soci\u00f3logos&#8211; , fue expulsada de la historia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 de esto, surge un problema a\u00fan m\u00e1s grande, un problema de cariz pre-pol\u00edtico y pre-cient\u00edfico para afrontar la transici\u00f3n desde la historia social. El car\u00e1cter gen\u00e9tico del per\u00edodo de la transici\u00f3n ha determinado su distorsi\u00f3n hasta el punto de hacer imposible verlo como un per\u00edodo propio, aut\u00f3nomo con relaci\u00f3n a su pasado y pre\u00f1ado de l\u00edneas de futuro. Fij\u00e9monos tan s\u00f3lo en la denominaci\u00f3n del per\u00edodo, transici\u00f3n: Acci\u00f3n y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto (Diccionario de la Real Academia). La palabra misma evoca su principio, el franquismo, y su fin, la democracia, pero nada nos dice sobre el mismo; es m\u00e1s, se considera que la \u00fanica importancia del per\u00edodo se deriva por lo que devino, no por lo que pas\u00f3 y menos a\u00fan por lo que pod\u00eda haber pasado. No deja de ser curioso que en una ciencia con tantas prevenciones contra la teleolog\u00eda y el presentismo, este t\u00e9rmino se haya impuesto sin merecer ni una l\u00ednea de reflexi\u00f3n. La transici\u00f3n es probablemente, m\u00e1s que ninguna otra etapa de nuestra historia, una construcci\u00f3n ideol\u00f3gica en la que se han confundido consecuencias &#8211;la monarqu\u00eda, la supervivencia de elites pol\u00edticas y sociales, la moderaci\u00f3n, el centrismo&#8211; con causas; se ha construido una l\u00ednea ascendente y \u00fanica de un punto de partida a un punto de llegada, vaci\u00e1ndola de toda aquello que no indicaba su rectitud; y, en el proceso, el paradigma dominante ha eliminado, o ha subsumido como meras an\u00e9cdotas, gran parte de las experiencias de la generaci\u00f3n que la protagoniz\u00f3 en la memoria publicada, confundida a menudo con la memoria colectiva.        <\/p>\n<p>La necesidad de presentar la transici\u00f3n como un gran acto de reconciliaci\u00f3n de las &#8220;dos&#8221; Espa\u00f1as nos ha llevado a una necesaria reinterpretaci\u00f3n-deformaci\u00f3n de nuestro pasado. Toda noci\u00f3n de conflicto colectivo, de lucha de fuerzas e imposiciones, fue abandonada para explicar el pasado y presente de Espa\u00f1a. Si la transici\u00f3n hab\u00eda sido posible fue desde el libre convencimiento racional de las partes &#8211;se dir\u00eda que desde la rep\u00fablica de las ideas puras, donde la realidad no llega a manchar&#8211;, r\u00e9gimen y oposici\u00f3n, que evolucionando a lo largo del tiempo habr\u00edan abandonado los maximalismos anteriores. El r\u00e9gimen vio en la llegada de un nuevo jefe de estado de talante dem\u00f3crata contrastado la necesidad de avanzar hacia una democracia moderna; y la oposici\u00f3n abandon\u00f3 las posiciones rupturistas desde la comprensi\u00f3n de su futilidad y acept\u00f3 el necesario entendimiento con unas autoridades con voluntad democr\u00e1tica, yendo hacia el pacto entorno a la ruptura pactada.  Este es el n\u00facleo central de la teor\u00eda o teor\u00edas de la transici\u00f3n, extremadamente reducido al intentar insertar en las elites de dos actores sociales (r\u00e9gimen y oposici\u00f3n) la complejidad de fen\u00f3menos que llevaron la democracia a Espa\u00f1a. Con el paso del tiempo, se han visto las limitaciones explicativas de este paradigma y se han establecido tres modelos que permiten ampliar sus prestaciones, uno se atrever\u00eda a decir que con un poco de zilitione. No es que la historia social haya establecido un nuevo modelo para reconceptualizar la transici\u00f3n, sino que, a la inversa, la historia pol\u00edtica &#8211;o al menos las presunciones que la apoyan&#8211; ha asaltado la historia social del per\u00edodo, no sin cierta perplejidad por parte de los historiadores que provienen de esta tradici\u00f3n. As\u00ed se ha intentado, sin tocar el n\u00facleo central del paradigma de la transici\u00f3n, establecer como m\u00ednimo tres modelos explicativos, y un cuarto posible que se empieza a vislumbrar en el horizonte, que aqu\u00ed s\u00f3lo mencionaremos brevemente, dado que no es nuestra intenci\u00f3n realizar un art\u00edculo historiogr\u00e1fico. A) La transici\u00f3n por modernizaci\u00f3n econ\u00f3mica[1]: seg\u00fan \u00e9sta, la triada mercado capitalista, Mercado Com\u00fan y democracia es inseparable para explicar el cambio pol\u00edtico. El desarrollo del mercado capitalista habr\u00eda integrado en una solidaridad casi mec\u00e1nica &#8211;en el sentido durkheimniano del concepto&#8211; lo que en la rep\u00fablica era una convivencia imposible entre clases sociales. La demostraci\u00f3n de esta integraci\u00f3n, y su mayor garant\u00eda, era el anhelo de la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n de entrar en el Mercado Com\u00fan, como plasmaci\u00f3n madura de una realidad que se empezaba a vivir en Espa\u00f1a. Y como resultado de todo lo anterior habr\u00eda llegado la democracia. B) La transici\u00f3n por omisi\u00f3n del sujeto social[2]: en este caso se postular\u00eda que la m\u00e1xima contribuci\u00f3n que hicieron los sujetos sociales, los de abajo se entiende, al cambio pol\u00edtico, fue precisamente no hacer nada. Ante la amenaza que la movilizaci\u00f3n obrera pod\u00eda suponer para la llegada de la democracia, su principal virtud radic\u00f3 en su capacidad de autocontrol. C) La transici\u00f3n de los de abajo es igual a los de arriba[3]: seg\u00fan esta muy reciente l\u00ednea de interpretaci\u00f3n, no s\u00f3lo la &#8220;mayor\u00eda silenciosa&#8221; quer\u00eda una transici\u00f3n tal como finalmente se dio &#8211;resguardo \u00faltimo de la legitimidad de toda teor\u00eda de la transici\u00f3n, y de la transici\u00f3n misma&#8211;, sino que los movimientos antifranquistas conten\u00edan en su seno y aspiraciones los mismos preceptos.  D) Todo fue una cuesti\u00f3n de giro ling\u00fc\u00edstico[4]: esta \u00faltima l\u00ednea no reproduce, tiempo al tiempo, los an\u00e1lisis propios del giro ling\u00fc\u00edstico que han hecho furor en otros campos de la historia, pero mantiene algunos parecidos con ella: la centralidad del problema del lenguaje en la explicaci\u00f3n del devenir hist\u00f3rico. De hecho esta l\u00ednea, si es que de momento se puede catalogar ya como tal, emerge como consecuencia necesaria de todas las anteriores: si lo central que hizo la oposici\u00f3n y el r\u00e9gimen fue olvidarse &#8211;o echar al olvido&#8211; de un pasado tortuoso y establecer el consenso como valor supremo de la din\u00e1mica pol\u00edtica, necesariamente lo realmente significativo para el cambio pol\u00edtico de la historia de los movimientos de oposici\u00f3n no son sus luchas, ni las consecuencias de las mismas que en si no llevaron a nada, sino c\u00f3mo aprendieron el &#8220;lenguaje de la democracia&#8221; que les ense\u00f1\u00f3 a comportarse de una forma diferente a como lo hab\u00edan hecho en el pasado. Ni que decir tiene que en absoluto estas l\u00edneas son contradictorias, ya que emergen del mismo tronco com\u00fan, si acaso algunas podr\u00e1n ser elaboradas &#8211;y algunas realmente lo son con brillantez&#8211; con m\u00e1s fortuna que otras.   <\/p>\n<p>En este art\u00edculo intentaremos ofrecer, en sinton\u00eda con las interpretaciones que han venido desarrollando autores como S. Balfour[5] o Carme Molinero y Pere Ys\u00e0s[6], entre otros, materiales interpretativos &#8211;basados en investigaciones realizadas para la \u00e1rea metropolitana de Barcelona, con lo que ya se comprueban todos sus alcances y l\u00edmites&#8211; que pueden ayudar a entender de una forma diferente la relaci\u00f3n de los movimientos sociales, espec\u00edficamente el movimiento obrero[7], con el cambio pol\u00edtico. Partimos de la presunci\u00f3n que esta relaci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 del corto per\u00edodo donde ha sido encerrado por el paradigma de la transici\u00f3n y que tiene mucho que decir sobre el marco real en que se realiz\u00f3. Se pueden delimitar, como m\u00ednimo, tres grandes per\u00edodos de esta relaci\u00f3n:   A) Un primera etapa que se iniciar\u00e1 con el renacimiento que vivir\u00e1n los movimientos sociales, y especialmente el movimiento obrero, durante la d\u00e9cada de los sesenta. Fue en este momento cuando una renovada acci\u00f3n colectiva habr\u00eda hecho inviable la continuidad del r\u00e9gimen a largo plazo y redefinido los espacios y las posibilidades de la acci\u00f3n pol\u00edtica bajo el franquismo. B) Un segundo momento, como etapa diferenciada y aut\u00f3noma &#8211;en el sentido de un marco de acciones alternativas abiertas por la especificidad del per\u00edodo aunque construidas con los materiales del pasado reciente&#8211; que se iniciar\u00eda con la muerte de Franco y se cerrar\u00eda con el refer\u00e9ndum para la reforma pol\u00edtica. Es en este corto espacio de tiempo donde el movimiento obrero tendr\u00e1 un papel activo, crucial, en el devenir de la historia espa\u00f1ola. C) Habr\u00e1 a\u00fan un tercer momento, en el cual, una vez determinado el modelo de transici\u00f3n, el movimiento obrero dej\u00f3 de tener una influencia determinante en el proceso pol\u00edtico y de hecho su propia conformaci\u00f3n pas\u00f3 a ser m\u00e1s consecuencia que causa del mismo. La(s) teor\u00eda(s) de la transici\u00f3n han privilegiado el tercer momento en detrimento del primero y el segundo. Esto, que se entiende por su funcionalidad dentro de la propia teor\u00eda, ya que es la etapa de consenso, ha eliminado las etapa m\u00e1s activas de la relaci\u00f3n entre movimientos sociales y cambio pol\u00edtico. Las reflexiones que presentamos aqu\u00ed, por el contrario, nos hablan del primer y segundo momento de esta relaci\u00f3n.  <\/p>\n<p>Peque\u00f1os grandes cambios <\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[22],"tags":[],"class_list":["post-330","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historia-del-movimiento-y-de-la-clase-obrera"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/330","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=330"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/330\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=330"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=330"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=330"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}