{"id":3305,"date":"2016-11-30T00:00:00","date_gmt":"2016-11-30T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3305"},"modified":"2020-02-15T09:56:52","modified_gmt":"2020-02-15T08:56:52","slug":"contra-la-naturaleza-humana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3305","title":{"rendered":"Contra la naturaleza humana"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfEst\u00e1n superpuestas las diferencias culturales humanas sobre una naturaleza universal humana? La apelaci\u00f3n a un concepto esencialista de la naturaleza humana es una reacci\u00f3n defensiva al legado de una ciencia racista dejado por la defensa de Darwin en El origen del hombre seg\u00fan la cual se hace aparecer a los humanos como diferentes en funci\u00f3n de sus antecedentes evolutivos al atribuir el movimiento de la historia a un proceso de cultura que difiere por tipo del proceso biol\u00f3gico de evoluci\u00f3n. Las especificaciones de la naturaleza humana evolucionada se supone que se encuentran en los genes. Sin embargo, las capacidades humanas no est\u00e1n gen\u00e9ticamente especificadas sino que surgen dentro de un proceso de desarrollo ontog\u00e9nico. Adem\u00e1s, las circunstancias del desarrollo se conforman continuamente mediante la actividad humana. En consecuencia, no hay una naturaleza humana que haya escapado de la corriente de la historia.<\/p>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Hay una contradicci\u00f3n fundamental en el n\u00facleo del actual pensamiento evolutivo. Las ciencias naturales, incluida la ciencia de la biolog\u00eda evolutiva, se han desarrollado en Occidente como una investigaci\u00f3n sobre las propiedades objetivas de las entidades f\u00edsicas. As\u00ed, la aplicabilidad de la biolog\u00eda evolutiva a los humanos depende de aceptar que estos son, tambi\u00e9n, objetos de naturaleza. Pero ellos son nosotros\u00b8 y si solo fu\u00e9semos objetos, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edamos saber para qu\u00e9 somos? Parad\u00f3jicamente, si los organismos son entidades vivas, para reconocernos como organismos debemos ser m\u00e1s que organismos. Debemos ser tanto objetos dentro del mundo de la naturaleza como sujetos fuera de ella al mismo tiempo. As\u00ed, aunque la ciencia insista en que la humana no es m\u00e1s que otra especie biol\u00f3gica, la instituci\u00f3n misma de la ciencia \u2013y su afirmaci\u00f3n de que ofrece un relato autorizado de c\u00f3mo funciona realmente la naturaleza- descansa sobre la idea de que los humanos han sido elevados por un proceso de cultura o civilizaci\u00f3n, sin paralelo en la historia de la vida, a un nivel de existencia por encima y m\u00e1s all\u00e1 de lo puramente biof\u00edsico. Es por esto por lo que la ciencia sigue apelando a una idea de humanidad esencial en nombre de una teor\u00eda \u2013de variaci\u00f3n bajo selecci\u00f3n natural- que niega su misma existencia. Para resolver la contradicci\u00f3n necesitamos nada menos que una nueva forma de pensar sobre la evoluci\u00f3n humana: una que nos permita comprender el proceso evolutivo desde dentro, reconociendo que no somos m\u00e1s capaces de observar desde los lados que otras criaturas de cualquier otro tipo y que, como ellas, participamos con la totalidad de nuestro ser en el continuum de vida org\u00e1nica. Y el primer paso para establecer este modo de pensar es revisitar la vieja cuesti\u00f3n de la naturaleza humana. Esta ser\u00e1 aqu\u00ed mi tarea.<\/p>\n<p><strong>Una cola de seres humanos<\/strong><\/p>\n<p>La gente es diferente en todo el mundo y el estudio de estas diferencias ha sido siempre el terreno especial de la antropolog\u00eda. Pero esta diferencia, \u00bfest\u00e1 superpuesta sobre una base de caracter\u00edsticas que todos los seres humanos tienen en com\u00fan? \u00bfExiste una cosa llamada naturaleza universal humana? Se puede pensar que es obvio que la naturaleza humana existe. Yo voy a sugerir que no. Esto puede parecer una conclusi\u00f3n extra\u00f1a a la que llegar; despu\u00e9s de todo, con toda seguridad reconocemos a otro ser humano cuando lo vemos.<\/p>\n<p>La gente puede diferir mucho, pero no tanto como para que hoy en d\u00eda se tenga alguna dificultad pr\u00e1ctica para trazar la l\u00ednea entre humanos y no humanos. Pero hace menos de tres siglos el asunto era mucho menos seguro. As\u00ed que empecemos por ir hacia atr\u00e1s en el tiempo \u2013un tiempo en el que la gente en Europa todav\u00eda no estaba segura del rango completo de variaci\u00f3n humana-.<\/p>\n<p>A principios del siglo XVIII, los mercaderes y exploradores europeos estaban empezando a alcanzar regiones del globo que nunca hab\u00edan visitado antes, como partes de \u00c1frica y de las Indias Orientales.<\/p>\n<p>Llegaban informes, no solo de tribus extra\u00f1as y ex\u00f3ticas, sino tambi\u00e9n de criaturas que, si bien completamente peludas y a veces incluso con cola, y aunque aparentemente les faltase el don del lenguaje, ten\u00edan no obstante una semejanza con los seres humanos mucho mayor que cualquier otro ser visto anteriormente. Entonces, \u00bfestas criaturas eran humanas o no? Reproducimos m\u00e1s abajo una imagen, fechada en 1760, que se dibuj\u00f3 sobre la base de la informaci\u00f3n derivada de tales informes. La imagen tiene una historia interesante. Procede de un tratado del gran naturalista sueco Carlos Linneo. Fue Linneo, por supuesto, el responsable de crear el sistema de clasificaci\u00f3n de plantas y animales, por g\u00e9nero y especie, que todav\u00eda es de uso general hoy. Y fue tambi\u00e9n \u00e9l quien dio el paso, audaz y crucial \u2013considerado indignante por muchos de sus contempor\u00e1neos- de colocar a los seres humanos dentro del mismo esquema general de clasificaci\u00f3n, bajo el genero Homo, junto a otros miembros del reino animal. Esto no significa que Linneo pensase que el hombre fuese un \u2018mero animal\u2019, porque de hecho iba a ser distinguido de una forma muy diferente de aquella con la que otros animales se distinguen entre s\u00ed. Volver\u00e9 a este punto en un momento. De momento miremos con m\u00e1s detenimiento a esta imagen. En realidad fue dibujada por uno de los disc\u00edpulos de Linneo, de nombre Hoppius, y lleva el t\u00edtulo de Anthropomorpha (literalmente, \u2018formas humanas\u2019) y muestra cuatro personajes con los nombres de Troglodytes, Lucifer, Satyrus y Pygmaeus. La cuesti\u00f3n a la que se enfrentaban Linneo y sus contempor\u00e1neos era esta: \u00bfCu\u00e1l de ellos, si lo era alguno, era humano o pod\u00eda ser agrupado bajo el genero Homo?<\/p>\n<p>Uno de los que ley\u00f3 la explicaci\u00f3n de Linneo fue el juez escoc\u00e9s James Burnett, tambi\u00e9n conocido como Lord Monboddo. Intelectual de considerable reputaci\u00f3n, Monboddo public\u00f3 entre 1773 y 1792 una enorme obra en seis vol\u00famenes titulada Sobre el origen y el progreso del lenguaje, y en el primer volumen se refiri\u00f3 a nuestra imagen. Estaba especialmente interesado en Lucifer, el que tiene cola. \u00bfPodr\u00eda un ser humano, se preguntaba Monboddo, tener tal vez una cola? Anticip\u00e1ndose a que sus lectores creer\u00edan tal cosa incre\u00edble, les record\u00f3 que no deber\u00edan estar atados por sus propias ideas, fijas, sobre c\u00f3mo eran los humanos. Solo porque no hubiesen conocido nunca a humanos con cola no significa que tal cosa no fuese posible. Si algunos humanos tienen la piel blanca y otros negra, \u00bfno ser\u00eda tambi\u00e9n posible que algunos tuviesen cola mientras otros no? No es v\u00e1lido decir simplemente \u2018los humanos no son as\u00ed\u2019, argumentaba Monboddo, porque eso ser\u00eda imponer nuestras ideas preconcebidas sobre qu\u00e9 tipo de cosa es un ser humano. Est\u00e1 en la naturaleza de todos los tipos de animales, pensaba \u00e9l, no ser uniformes e inmutables sino geogr\u00e1fica e hist\u00f3ricamente variables, y en esto los humanos no deber\u00edan ser una excepci\u00f3n. Habiendo sopesado cuidadosamente las pruebas, Monboddo lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que Lucifer era ciertamente un ser humano (Reynolds, 1981: 40-2).<\/p>\n<p>Por supuesto, a posteriori, sabemos que Monboddo estaba equivocado. Podemos ahora reconocer las figuras en la imagen como descripciones m\u00e1s bien fantasiosas de los grandes simios, aunque como los simios no tienen cola, Lucifer parece ser un tipo de h\u00edbrido entre un simio y un mono. \u00bfNo podr\u00eda ser, no obstante, que Monboddo estuviese equivocado por las razones correctas? Mi argumento ser\u00e1 que las advertencias de Monboddo contra la proyecci\u00f3n de una construcci\u00f3n euroc\u00e9ntrica de la naturaleza humana sobre el infinitamente moldeado y siempre cambiante terreno de la variaci\u00f3n humana son tan relevantes para nosotros hoy como lo fueron en su tiempo. Seguimos buscando alg\u00fan fundamento universal e inmutable para nuestra com\u00fan humanidad, pero en t\u00e9rminos que celebren abiertamente los valores e ideales de la modernidad. Lo m\u00e1s destacable es que lo hacemos en nombre de una biolog\u00eda remodelada sobre la idea darwiniana de que las caracter\u00edsticas de las especies evolucionan a trav\u00e9s de un proceso de variaci\u00f3n bajo selecci\u00f3n natural, aunque \u2013como veremos muy pronto- esta biolog\u00eda nos ense\u00f1a que ninguna especie tiene una esencia de este tipo. Para encontrar las razones por las que estamos tan compulsivamente impulsados a buscar la esencia de la humanidad debemos cavar m\u00e1s profundamente en nuestra tradici\u00f3n de pensamiento, una tradici\u00f3n mucho m\u00e1s antigua que Darwin y que sigue influenciando el pensamiento actual hasta un punto que estamos raramente preparados para reconocer. As\u00ed que para retomar la historia, perm\u00edtaseme volver a Linneo y a los problemas que tuvo en sus intentos de ajustar el g\u00e9nero que hab\u00eda bautizado como Homo dentro de su sistema total de clasificaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>El ascenso de la raz\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Recordemos que en el momento en que Linneo estaba escribiendo, a mediados del siglo XVIII, la informaci\u00f3n sobre los simios consist\u00eda principalmente en relatos de viajeros, no todos ellos completamente fiables. Con las limitadas pruebas factuales disponibles, a Linneo le result\u00f3 bastante dif\u00edcil descubrir alguna caracter\u00edstica anat\u00f3mica que separase de manera fiable a los humanos de los simios. La distinci\u00f3n, supon\u00eda \u00e9l era de un orden diferente, que deber\u00eda ser captada por introspecci\u00f3n m\u00e1s que por observaci\u00f3n: Nosce te ipsum, \u2018con\u00f3cete a ti mismo\u2019. \u00bfPreguntas en qu\u00e9 se diferencia un ser humano de un simio? La respuesta, dice Linneo, se encuentra en el mismo hecho de que hagas la pregunta. No es algo que hagan los simios. Los simios y los humanos pueden parecer semejantes, pero solo los humanos son capaces de reflexionar sobre el tipo de ser que son. Esto, pensaba Linneo, es as\u00ed porque han sido dotados por su Creador, no solo de un cuerpo funcional sino tambi\u00e9n con el don del intelecto o raz\u00f3n, esto es, con una mente, gracias a la cual la humanidad est\u00e1 equipada para ejercer el control y el dominio sobre el resto de la naturaleza. No hay cient\u00edficos entre los simios.<\/p>\n<p>Como cualquier otro gran pensador europeo de ese periodo, Linneo cre\u00eda firmemente que toda especie ha llegado a la existencia para todos los tiempos a trav\u00e9s de un acto de creaci\u00f3n divina. Y \u00e9l pensaba que para cada especie hay una forma esencial, una arquitectura b\u00e1sica o plano de planta al que todos los individuos de la especie se conformaban en mayor o menor medida. Es a menudo a este tipo de arquitectura b\u00e1sica al que nos referimos cuando hablamos de la \u2018naturaleza\u2019 de una cosa, o clase de cosas. As\u00ed, cada especie se supon\u00eda que ten\u00eda su naturaleza particular, independientemente de las diferencias idiosincr\u00e1sicas entre los individuos que la constituyen. Y en esto los humanos no eran una excepci\u00f3n. La idea de naturaleza humana tiene sus ra\u00edces en esta antigua forma de pensamiento. Los fil\u00f3sofos la llaman \u2018esencialismo\u2019: esto es, la doctrina de que para cada clase de cosas existe una forma esencial, fija, o constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hoy la ideolog\u00eda moderna ha rechazado \u2013al menos en teor\u00eda- el esencialismo, junto con la idea de la creaci\u00f3n divina de especies. En la historia de la ciencia, la figura a la que generalmente se le concede el cr\u00e9dito de haber tra\u00eddo esta revoluci\u00f3n del pensamiento es, por supuesto, Charles Darwin. En su trabajo, uno de aquellos que hacen \u00e9poca, El origen de las especies, publicado en 1859, Darwin hab\u00eda defendido que toda especie es solo una colecci\u00f3n de individuos, cada uno de ellos minuciosamente diferente de cualquier otro. Como las variaciones que subyacen bajo estas diferencias se transmiten a la prole, las que son favorables para la reproducci\u00f3n de los portadores, bajo las condiciones ambientales predominantes, se acumulan a lo largo de ciertas l\u00edneas de descendencia, mientras las que son menos favorables desaparecen gradualmente. Esto es lo que Darwin llamaba selecci\u00f3n natural. A trav\u00e9s de la selecci\u00f3n natural las especies evolucionan continuamente. Una l\u00ednea de descendencia puede dividirse en dos o m\u00e1s l\u00edneas divergentes, dando lugar a varias especies distintas (como, por ejemplo, las l\u00edneas que llevaron a los chimpanc\u00e9s y a los humanos). La gran mayor\u00eda de l\u00edneas, sin embargo, han llegado finalmente al callej\u00f3n sin salida de la extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde Darwin, la base para la clasificaci\u00f3n biol\u00f3gica en especies, g\u00e9neros y dem\u00e1s ha sido geneal\u00f3gica. Es decir, los individuos se agrupan en la misma clase sobre la base no de su aproximaci\u00f3n formal a un patr\u00f3n b\u00e1sico de dise\u00f1o, sino por su descendencia de un ancestro com\u00fan. Es caracter\u00edstico de los seres vivos, a diferencia \u2013digamos- de los cristales inorg\u00e1nicos, que cada uno de ellos es \u00fanico, diferentede cualquier otro, bien que sea en los detalles, a lo largo de m\u00faltiples ejes de variaci\u00f3n (Medawar 1957). Los granos de sal tienen todos la misma composici\u00f3n molecular, de cloruro s\u00f3dico, y en este sentido comprenden lo que es llamado t\u00e9cnicamente un \u2018tipo natural\u2019 \u2013una clase de objetos unidos por el hecho de que todos tienen alg\u00fan atributo esencial en su constituci\u00f3n gen\u00e9tica-. Pero excepto los gemelos id\u00e9nticos y los clones naturales o artificiales, ning\u00fan organismo vivo, en su constituci\u00f3n gen\u00e9tica, es exactamente igual a cualquier otro. Los individuos de una especie pueden compartir una apariencia familiar, pero no hay una sola cosa com\u00fan a todos ellos. Si no fuese por esta variabilidad intr\u00ednseca, la selecci\u00f3n natural no podr\u00eda ocurrir. No hay ning\u00fan plano formal, espec\u00edfico para una especie planeando en el trasfondo, inmune al tiempo y al cambio.<\/p>\n<p>Ahora bien, si esto es cierto para las especies en general, entonces debe serlo tambi\u00e9n para la especie humana en particular. En consecuencia, lo que nos conecta como miembros de una especie singular (Homo sapiens) no es nuestra posesi\u00f3n de una naturaleza com\u00fan, sino nuestra descendencia de una poblaci\u00f3n ancestral singular. En El origen de las especies, sin embargo, Darwin no ten\u00eda virtualmente nada que decir sobre la evoluci\u00f3n humana. De hecho, no ten\u00eda en realidad nada que decir sobre la evoluci\u00f3n en general, porque la palabra aparece solo una vez en todo el libro: \u00a1en la \u00faltima frase! En cambio, habla de \u2018descendencia con modificaci\u00f3n\u2019. Solo posteriormente, en gran parte como resultado de un error colosal perpetrado por el fi\u00f3sofo Herbert Spencer y agravado por generaciones de bi\u00f3logos desde entonces, el concepto de evoluci\u00f3n sustituy\u00f3 el de descendencia con modificaci\u00f3n (Ingold 1998: 80-1). A lo largo del Origen, Darwin se presenta como un espectador que observa el panorama de la naturaleza desplegado ante sus ojos. Y fue en este sentido original de desplegamiento lo que \u00e9l justificaba como un proceso de evoluci\u00f3n. \u201cHay grandeza en esta visi\u00f3n de la vida\u201d, escribi\u00f3 Darwin en la frase final de su libro \u2013en el entendimiento de que \u201cmientras este planeta ha ido girando de acuerdo con las leyes fijas de la gravedad, desde un inicio tan sencillo infinitas formas, maravillosas y bell\u00edsimas, han estado y est\u00e1n evolucionando\u201d (Darwin 1872: 403).<\/p>\n<p>Pero esta no es una visi\u00f3n de la vida de la que dispongan los animales no humanos. Est\u00e1n condenados a vivir m\u00e1s o menos dentro del mundo de la naturaleza, mientras Darwin pod\u00eda escribir como si \u00e9l estuviese por encima de ella, y pudiese observarla como si fuese un espect\u00e1culo. Pero Darwin era un ser humano. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda ser, entonces, que los seres humanos \u2013o al menos los m\u00e1s civilizados entre ellos- pudiesen alcanzar una posici\u00f3n tan exaltada o trascendente frente al resto de la naturaleza? Fue en un libro posterior, El origen del hombre, publicado en 1871, donde Darwin se dispone a contestar a esta pregunta. Mientras El origen de las especies era como si fuese una visi\u00f3n desde la cumbre, El origen del hombre era una explicaci\u00f3n del ascenso (Ingold 1986: 49). Pero era un tipo de libro muy diferente del del Origen de las especies. En un estilo de expresi\u00f3n impregnado de las actitudes morales de su tiempo, Darwin intent\u00f3 aqu\u00ed establecer una escala \u00fanica, haciendo todo el recorrido desde el m\u00e1s primitivo de los animales al m\u00e1s avanzado de los humanos, junto al cual se podr\u00eda registrar el ascenso de la raz\u00f3n o intelecto y su triunfo gradual sobre las cadenas del instinto. En lo que Darwin difer\u00eda de muchos (pero en absoluto en todo) de sus predecesores era tanto en atribuir poderes de razonamiento a los animales subhumanos como en reconocer el poderoso influjo del instinto incluso sobre la conducta de los seres humanos. Los inicios de la raz\u00f3n, argumentaba, pod\u00edan ser encontrados mucho m\u00e1s abajo en la escala de la naturaleza, pero solo con el surgimiento de la humanidad empez\u00f3 esta a ponerse por delante. En resumen, para Darwin y sus muchos seguidores, la evoluci\u00f3n de las especies en la naturaleza era tambi\u00e9n una evoluci\u00f3n hacia fuera de ella, en tanto en cuanto liberaba progresivamente la mente de las incitaciones de una disposici\u00f3n innata. Desde entonces, la ciencia se ha aferrado con fuerza a la visi\u00f3n de que los humanos difieren de otros animales en grado m\u00e1s que en tipo. Darwin, se dice, finalmente nos mostr\u00f3 que la idea de un Rubic\u00f3n absoluto separando a la especie humana del resto del reino animal es un mito. No se deshizo, sin embargo, de la dicotom\u00eda entre raz\u00f3n y naturaleza, o entre naturaleza e instinto. M\u00e1s bi\u00e9n todo su argumentaci\u00f3n estaba expresada en estos t\u00e9rminos. Recordemos que para Linneo era la posesi\u00f3n del hombre de la facultad de la raz\u00f3n lo que le permit\u00eda elevarse por encima y ejercer dominio sobre el mundo de la naturaleza. Darwin estaba de acuerdo: \u201cNo puede haber duda de la gran importancia de las facultades intelectuales, porque el hombre les debe a ellas su posici\u00f3n predominante en el mundo\u201d (1874: 196). Su punto de vista, sin embargo, era simplemente que la posesi\u00f3n de la raz\u00f3n \u2013o la falta de ella- no es un tema de todo o nada que distinga a los humanos de los no humanos. En t\u00e9rminos evolutivos, pensaba Darwin, la raz\u00f3n avanzaba mediante un ascenso gradual, si bien en aceleraci\u00f3n, y no por un salto espectacular. \u201cDebemos admitir\u201d, observaba, \u201cque hay una distancia mucho m\u00e1s amplia en poder mental entre uno de los peces m\u00e1s bajos \u2026 y uno de los simios superiores, que entre un simio y un hombre; pero esta distancia est\u00e1 repleta de innumerables gradaciones\u201d (1874: 99).<\/p>\n<p><strong>El cient\u00edfico y el salvaje<\/strong><\/p>\n<p>Pero la idea de que no hay una ruptura radical que separe a la especie humana del resto del reino animal es, de hecho, bastante antigua, remont\u00e1ndose a la doctrina cl\u00e1sica de que todas las criaturas pueden ser colocadas en una \u00fanica escala de la naturaleza, o lo que se llamaba la \u201cGran Cadena del Ser\u201d, que conectaba a las formas m\u00e1s bajas con las m\u00e1s altas en una secuencia ininterrumpida (Lovejoy 1936). Cada paso a lo largo de la cadena era concebido como gradual, porque, como se sol\u00eda decir, \u201cla naturaleza nunca da saltos\u201d. Inicialmente, la idea era que cada especie estaba inmutablemente fija en un sitio desde el momento de la Creaci\u00f3n, en una posici\u00f3n particular de la cadena, de forma que ninguna posici\u00f3n quedase vac\u00eda. Fue el naturalista franc\u00e9s y creador del t\u00e9rmino \u2018biolog\u00eda\u2019, Jean Baptiste Lamarck, escribiendo en las primeras d\u00e9cadas del siglo XIX, quien puso la cadena en movimiento. \u00c9l pensaba en ella como en una especie de escalera mec\u00e1nica, en la que los organismos est\u00e1n continuamente trabajando para ascender por la escala de la naturaleza, mientras algunos nuevos van apareciendo desde la base para seguir a su vez su camino ascendente. As\u00ed, el mono estaba en camino de convertirse en simio; el simio en su camino para convertirse en humano. Darwin, en su teor\u00eda de la evoluci\u00f3n por selecci\u00f3n natural, reemplaz\u00f3 la imagen de una \u00fanica cadena por la de un \u00e1rbol con ramas, pero la idea de cambio gradual permaneci\u00f3 (Ingold 1986: 5-9). Seg\u00fan la visi\u00f3n sobre la evoluci\u00f3n de nuestra especie que se puede encontrar en cualquier libro de texto moderno, nuestros ancestros llegaron a ser humanos gradualmente, a lo largo de incontables generaciones. Una secuencia ininterrumpida de formas se supone que vincula a los simios de hace aproximadamente cinco millones de a\u00f1os, de los que tanto los seres humanos como los chimpanc\u00e9s somos descendientes, a trav\u00e9s de las primeras criaturas hom\u00ednidas de hace dos millones de a\u00f1os, con las personas como t\u00fa y yo \u2013humanos certificados de la especie Homo sapiens-.<\/p>\n<p>Como explicaci\u00f3n de la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica humana puede estar muy bien, pero, \u00bfqu\u00e9 pasa con la historia humana? Los te\u00f3ricos de la Ilustraci\u00f3n tend\u00edan a pensar en la historia humana como el relato del ascenso del hombre del salvajismo primitivo a la ciencia moderna y la civilizaci\u00f3n, y la idea de que la raz\u00f3n humana se alzar\u00eda y finalmente triunfar\u00eda sobre la fuerza bruta de la naturaleza era el punto fuerte de su filosof\u00eda. Pero tambi\u00e9n estaban comprometidos con la doctrina de que todos los seres humanos, en todo lugar y tiempo, comparten un conjunto com\u00fan de capacidades intelectuales b\u00e1sicas y en ese sentido pueden ser considerados iguales. Esta doctrina era conocida como la de la \u201cunidad ps\u00edquica de la humanidad\u2019. Las diferencias en los niveles de civilizaci\u00f3n se atribu\u00edan al desarrollo desigual de estas capacidades comunes. Era como si los pueblos supuestamente primitivos estuviesen en una etapa anterior en la persecuci\u00f3n de un curr\u00edculum central com\u00fan a la humanidad como totalidad. En pocas palabras, para estos pensadores del siglo XVIII los seres humanos difer\u00edan en grado de otras criaturas en relaci\u00f3n a su forma anat\u00f3mica, pero sin embargo se distingu\u00edan en tipo del resto del reino animal en tanto en cuanto hab\u00edan sido dotados de mentes \u2013esto es, con las capacidades de raz\u00f3n, imaginaci\u00f3n y lenguaje- con las que pod\u00edan llevar a cabo su propio desarrollo hist\u00f3rico dentro del marco de una forma corporal constante (Bock 1980: 169; Ingold 1986: 58).<\/p>\n<p>El impacto inmediato de la teor\u00eda de Darwin de la evoluci\u00f3n humana, tal como se expon\u00eda en El origen del hombre, fue trastocar esta distinci\u00f3n. El cient\u00edfico y el salvaje, insist\u00eda Darwin, est\u00e1n separados no por un desarrollo diferencial de capacidades intelectuales comunes a ambos, sino por una diferencia de capacidad comparable a la que separa al salvaje del simio. \u201cLas diferencias de este tipo entre los hombres supremos de las razas supremas y los salvajes m\u00e1s bajos est\u00e1n conectadas por las m\u00e1s sofisticadas gradaciones\u201d (Darwin 1874: 99). Y estas diferencias eran, a su vez, una funci\u00f3n de la mejora gradual de un \u00f3rgano corporal, el cerebro (ibid: 81-2). A lo largo de la historia humana el avance de la civilizaci\u00f3n se supon\u00eda que marchaba mano a mano con la evoluci\u00f3n del cerebro, y con ella la de las facultades intelectuales y morales, mediante un proceso de selecci\u00f3n natural en el que \u201cunas tribus han suplantado a otras tribus\u201d \u2013de la misma manera que ahora \u201clas naciones civilizadas est\u00e1n en todas partes suplantando a las naciones b\u00e1rbaras\u201d- en la que los grupos victoriosos incluyen siempre la mayor proporci\u00f3n de \u201chombres bien dotados\u201d (ibid.: 197). En este proceso el desafortunado salvaje al que le corresponde el papel de vencido en la lucha por la existencia estaba destinado tarde o temprano a la extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>El compromiso de Darwin, en El origen del hombre, con una doctrina imperialista del progeso seg\u00fan la cual los bien dotados moral e intelectualmente est\u00e1n obligados a suplantar a sus inferiores, no solo iba contra toda la argumentaci\u00f3n de El origen de las especies sino que tambi\u00e9n era profundamente racista. Mientras en El origen de las especies Darwin hab\u00eda mostrado que el mecanismo de la selecci\u00f3n natural opera siempre de forma que hace que las especies est\u00e9n mejor adaptadas a las condiciones de vida de su medio ambiente particular, en El origen del hombre argumentaba que esto har\u00eda inevitable un avance absoluto a lo largo de una \u00fanica escala universal \u2013desde los animales m\u00e1s bajos al m\u00e1s alto de los hombres (1874: 194) \u2013 independientemente de las condiciones ambientales, llevando del instinto a la inteligencia y alcanzando su conclusi\u00f3n \u00faltima en la moderna civilizaci\u00f3n europea. Y al traer el ascenso de la ciencia y la civilizaci\u00f3n dentro de los l\u00edmites del mismo proceso evolutivo que hab\u00eda llevado a los hombres a partir de los simios y a los simios a partir de criaturas inferiores en la escala, Darwin estaba forzado a atribuir lo que ve\u00eda como la ascendencia de la raz\u00f3n a un legado hereditario. Para que la teor\u00eda funcionase, ten\u00eda que haber importantes diferencias en tal legado entre \u2018tribus\u2019 o \u2018naciones\u2019 \u2013o entre lo que hoy llamar\u00edamos poblaciones-.<\/p>\n<p>A la inversa, sin embargo, si no hubiese tales diferencias entonces la teor\u00eda no podr\u00eda funcionar, como Alfred Russell Wallace, el codescubridor de la selecci\u00f3n natural, descubri\u00f3 a su costa. Con la ventaja de una mucho mayor familiaridad y simpat\u00eda por las v\u00edas de los pueblos \u2018primitivos\u2019 que la que Darwin nunca tuvo, Wallace estaba totalmente impresionado por la riqueza y diversidad de sus logros culturales. Estos logros, estaba seguro, eran el producto de cerebros superiores. Pero, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda la selecci\u00f3n natural haber producido cerebros aparentemente capaces de mucho m\u00e1s de lo que en realidad era necesario bajo las simples condiciones de la vida primitiva? \u201cLa selecci\u00f3n natural\u201d, escribi\u00f3 Wallace, \u201cpodr\u00eda haber dotado solo al hombre salvaje con un cerebro un poco superior al de un simio, cuando en realidad posee uno muy poco inferior al de un fil\u00f3sofo\u201d (1870: 356). Su tristemente c\u00e9lebre conclusi\u00f3n, para consternaci\u00f3n de Darwin, era que solo un Creador pod\u00eda haber pensado en preparar al salvaje para la civilizaci\u00f3n antes de haberla conseguido. Por esta aparente capitulaci\u00f3n al creacionismo, las siguientes generaciones de evolucionistas desterrar\u00edan injustamente a Wallace a los m\u00e1rgenes de la historia de su ciencia.<\/p>\n<p>Pero en su estimaci\u00f3n de las capacidades intelectuales de los as\u00ed llamados \u2018salvajes\u2019, Wallace ten\u00eda raz\u00f3n y Darwin estaba equivocado. El t\u00e9rmino \u2018salvaje\u2019 era aplicado generalmente por los antrop\u00f3logos del siglo XIX y sus predecesores a gente que viv\u00eda de la caza y la recolecci\u00f3n. Hoy reconocemos que los cerebros de los cazadores-recolectores son igual de buenos y tan capaces de manejar ideas complejas y sofisticadas como los cerebros de los cient\u00edficos y fil\u00f3sofos occidentales. No obstante, las ideas racistas sobre la superioridad mental innata de los colonizadores europeos blancos sobre los pueblos ind\u00edgenas persistieron claramente en la antropolog\u00eda biol\u00f3gica. No deber\u00edamos olvidar que la idea de la eugenesia \u2013esto es, provocar una mejora total de las capacidades humanas mediante una pol\u00edtica deliberada de cr\u00eda- disfrut\u00f3 de una cierta respetabilidad en los c\u00edrculos cient\u00edficos hasta la Segunda Guerra Mundial. Fue la guerra, y sobre todo las atrocidades del Holocausto, lo que finalmente puso fin a esta idea. Lo que era obvio para Darwin y la mayor parte de sus contempor\u00e1neos \u2013es decir, que las poblaciones humanas se diferenciaban por sus capacidades intelectuales innatas en una escala desde el primitivo al civilizado- ya no es aceptable hoy. La visi\u00f3n de Darwin de que la diferencia entre el hombre salvaje y el civilizado lo era de poder cerebral ha dado paso en la ciencia est\u00e1ndar a un fuerte compromiso moral y \u00e9tico con la idea de que todos los humanos \u2013pasados, presentes y futuros- est\u00e1n igualmente dotados, al menos por lo que se refiere a sus facultades morales e intelectuales. \u201cTodos los seres humanos\u201d, como declara el Art\u00edculo 1 de la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos, \u201cest\u00e1n dotados de raz\u00f3n y conciencia\u201d.<\/p>\n<p><strong>Naturaleza humana e historia<\/strong><\/p>\n<p>Pero esto dejaba a los darwinistas con un problema en sus manos. \u00bfC\u00f3mo se pod\u00eda reconciliar la doctrina de la continuidad evolutiva con el nuevo compromiso con los derechos humanos universales? Si todos los humanos son iguales en su posesi\u00f3n de raz\u00f3n y conciencia moral \u2013si, en otras palabras, todos los humanos son el tipo de seres que, seg\u00fan los preceptos jur\u00eddicos occidentales, pueden ejercer derechos y responsabilidades- entonces deben diferenciarse por tipo de todos los otros seres que no pueden. Y en alg\u00fan lugar a lo largo de la l\u00ednea, nuestros ancestros tuvieron que hacer una ruptura desde una condici\u00f3n a la otra, de la naturaleza a la humanidad.<\/p>\n<p>Enfrentados con este problema, la ciencia moderna solo ten\u00eda una forma de seguir \u2013esto es, volver al siglo XVIII-. De hecho, la mayor parte de los comentaristas contempor\u00e1neos sobre la evoluci\u00f3n humana parecen estar reproduciendo vigorosamente, si bien inconscientemente, el paradigma del siglo XVIII en todo lo esencial. Un proceso, de evoluci\u00f3n, lleva de ancestros parecidos a simios a seres humanos que se pueden reconocer como del mismo tipo que nosotros; otro proceso, de cultura o historia, lleva del pasado primitivo de la humanidad a las modernas ciencia y civilizaci\u00f3n. Tomados conjuntamente, estos dos ejes de cambio \u2013uno evolutivo, el otro hist\u00f3rico- establecen por su intersecci\u00f3n un \u00fanico punto de origen, sin precedente en la evoluci\u00f3n de la vida, en el que nuestros ancestros se considera que han cruzado el umbral de la verdadera humanidad y se han embarcado en el curso de la historia. Y de pie en el umbral, en el punto de origen en el que la historia diverge de la evoluci\u00f3n, y la cultura de la biolog\u00eda, est\u00e1 la figura del primitivo cazador-recolector, el equivalente de hoy al salvaje del siglo XVIII.<\/p>\n<p>Es un hecho remarcable que siempre que los cient\u00edficos se preocupan por destacar la continuidad evolutiva entre simios y humanos, los humanos son casi siempre retratados como antiguos cazadores-recolectores (o si se toman como ejemplo los cazadores-recolectores contempor\u00e1neos, son vistos normalmente como f\u00f3siles culturales, congelados en el tiempo en el punto de inicio de la historia). Seg\u00fan un nuevo escenario ampliamente aceptado, fue bajo las condiciones de vida como cazadores-recolectores, hace cientos de miles de a\u00f1os en la era que ge\u00f3logos y paleont\u00f3logos denominan Pleistoceno, cuando evolucionaron las capacidades biol\u00f3gicas y psicol\u00f3gicas \u2013el lenguaje, la inteligencia simb\u00f3lica, el bipedalismo, la fabricaci\u00f3n de herramientas, el v\u00ednculo como pareja macho-hembra, y dem\u00e1s- que se supone que nos hicieron humanos. Una vez establecidas han permanecido con nosotros, como un legado de nuestro pasado evolutivo.<\/p>\n<p>As\u00ed se dice que cada uno de nosotros acarrea, como parte fundamental de nuestra constituci\u00f3n biopsicol\u00f3gica, un conjunto de capacidades y disposiciones que surgieron originalmente como adaptaciones a los requerimientos de caza y recolecci\u00f3n en los medios ambientes del Pleistoceno. Como se\u00f1al\u00f3 el distinguido arque\u00f3logo J. Desmond Clark en una charla pronunciada en 1990, \u201clos complejos conductuales de los cazadores ancestrales subyacen profundamente en el modelado psicosocial del sistema nervioso de todos los humanos y cuanto esto se entienda mejor, puede ayudar a mostrar c\u00f3mo hemos llegado a ser lo que somos hoy\u201d (Clark 1990: 13). La doctrina de la unidad ps\u00edquica, parece, era cierta despu\u00e9s de todo, o como declaran John Tooby y Leda Cosmides en su manifiesto para una nueva ciencia de la psicolog\u00eda evolutiva, \u201cla unidad ps\u00edquica de la humanidad es genu\u00edna y no solo una ficci\u00f3n ideol\u00f3gica\u201d (1992: 79). Esta unidad, creen ellos, subyace en la \u201carquitectura evolucionada de la mente humana\u201d, en otras palabras, en la naturaleza humana.<\/p>\n<p>Siguiendo esta l\u00ednea argumental, en lo que a sus capacidades evolutivas se refiere, deber\u00eda haber poco o nada que distinga a los cient\u00edficos e ingenieros de hoy de los cazadores-recolectores de hace 50.000 o incluso 100.000 a\u00f1os. Lo que los hace diferentes, aparentemente, es un proceso hist\u00f3rico separado, o lo que muchos han dado en llamar evoluci\u00f3n cultural (como opuesta a biol\u00f3gica). Pero el movimiento de la cultura se dice que ha dejado nuestra constituci\u00f3n biol\u00f3gica b\u00e1sica virtualmente intacta, apenas cambiada de la que exist\u00eda en la Edad de Piedra. \u201cLa historia\u201d, declaran David y Ann James Premack, \u201ces una secuencia de cambios por los que pasa una especie mientras permanece biol\u00f3gicamente estable\u201d \u2013y solo los humanos la tienen- (Premack y Premack 1994: 350-1). Pero esta misma distinci\u00f3n implica que en alg\u00fan punto del pasado, la historia debe haber \u201cdespegado\u201d desde un punto de partida de capacidades humanas evolucionadas. A menos que se suponga alg\u00fan tipo de salto espectacular inconmensurable o \u2013con Wallace- se invoque la milagrosa intervenci\u00f3n de un Creador, no parece haber otra alternativa que imaginar una trayectoria hist\u00f3rica que surge inexorablemente de un punto de aparici\u00f3n, cogiendo ritmo a medida que lo hace, dejando la constituci\u00f3n biol\u00f3gica del organismo, confinada al carril lento del cambio evolutivo, muy atr\u00e1s. De hecho este tipo de imagen, elaborada por primera vez en un c\u00e9lebre estudio por el antrop\u00f3logo Alfred Kroeber y publicado en 1917 con el t\u00edtulo de Lo superorg\u00e1nico (Kroeber 1952), ha sido invocada en incontables ocasiones desde entonces. Pero suscita toda una serie de inc\u00f3modas preguntas. Si la historia humana tiene un punto de origen, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda significar haber estado viviendo cerca de ese punto, o incluso en el momento crucial de la transici\u00f3n? Eran esa gente semiculturales, prepar\u00e1ndose para la historia? \u00bfC\u00f3mo puede uno distinguir tal vez aquellas acciones y eventos que impulsaron hacia adelante el movimiento de la historia humana de aquellos que la pusieron en marcha en primer lugar? De hecho, es dif\u00edcil no ver, en la imagen de nuestros ancestros cazadores-recolectores mirando hacia afuera sobre el amanecer de la historia, el reflejo de una ret\u00f3rica pol\u00edtica decididamente moderna. Y ha puesto a los prehistoriadores en una b\u00fasqueda fren\u00e9tica y muy publicitada del momento y lugar de la emergencia de lo que eufem\u00edsticamente son llamados \u201clos humanos anat\u00f3micamente modernos\u201d \u2013esto es, gente que son biol\u00f3gicamente indistinguibles de nosotros aunque culturalment todav\u00eda en la parrilla de salida-. Su aparici\u00f3n se dice que marca nada menos que la \u2018revoluci\u00f3n humana\u2019: una revoluci\u00f3n, sin embargo, que misteriosamente parece haber sido en varias veces mucho m\u00e1s larga que la nueva era que se supone que habr\u00eda inaugurado (Mellars y Stringer 1989).<\/p>\n<p>As\u00ed que, despu\u00e9s de todo, la paradoja permanece. A menos que se vuelva al escenario racialmente estratificado de Darwin, con sus poblaciones de hombres m\u00e1s o menos dotados, \u00a1la \u00fanica forma en que se puede hacer aparecer a los humanos diferentes en grado, no en tipo, de sus antecedentes evolutivos es atribuy\u00e9ndo el movimiento de la historia a un proceso de cultura que difiere en tipo, no en grado, del proceso de la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica! La divisi\u00f3n entre naturaleza y raz\u00f3n sigue ah\u00ed, pero se ha desplazado ahora a la que existe entre el ex\u00f3tico cazador-recolector y el cient\u00edfico occidental, el primero encarnando una visi\u00f3n de la humanidad en estado de naturaleza y el \u00faltimo encarnando el triunfo de la raz\u00f3n humana sobre la naturaleza. Incluso hoy, hay expertos \u2013muchos de los cuales se llamar\u00edan a s\u00ed mismos cient\u00edficos- que afirman que mediante el estudio de los cazadores-recolectores, ya sean antiguos o modernos, deber\u00edamos conseguir una ventana sobre la naturaleza humana evolucionada que est\u00e1 oculta, en el estudio de sociedades de otro tipo, por las ulteriores acumulaciones de cultura e historia (Clark 1990).<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde se encuentra entonces esta naturaleza humana? \u00bfC\u00f3mo es posible que estas capacidades con las que se supone que todos estamos dotados de manera innata hayan sido fielmente legadas, durante decenas de miles de a\u00f1os, aparentemente inmunes a los caprichos de la historia? Para la mayor parte de los estudiantes contempor\u00e1neos de la evoluci\u00f3n humana la respuesta es simple: porque est\u00e1n en los genes.<\/p>\n<p><strong>Genes y desarrollo<\/strong><\/p>\n<p>Pero esta respuesta se evade del tema y en realidad no es una respuesta en absoluto. Perm\u00edtaseme explicar por qu\u00e9. Los genes consisten en secciones de una mol\u00e9cula inmensamente larga llamada ADN, que se encuentra en el n\u00facleo de todas las c\u00e9lulas del cuerpo. De este material gen\u00e9tico, alrededor del 80 por ciento \u2013el as\u00ed llamado \u2018ADN basura\u2019- es completamente intrascendente. Los genes que comprenden el 20 por ciento restante, sin embargo, interpretan un papel crucial en la regulaci\u00f3n de la producci\u00f3n de prote\u00ednas, que son los principales materiales de los que est\u00e1n hechos los organismos. Lo que estos genes no hacen, sin embargo, es contener un programa o mapa para la construcci\u00f3n de un organismo de un cierto tipo. La idea del mapa gen\u00e9tico es b\u00e1sicamente enga\u00f1osa, por la simple raz\u00f3n que los organismos no est\u00e1n construidos como m\u00e1quinas, sobre la base de especificaciones de dise\u00f1o preexistentes. M\u00e1s bien crecen, un proceso conocido t\u00e9cnicamente como desarrollo ontogen\u00e9tico. Esto se aplica tanto a los seres humanos como a los organismos de cualquier otra especie. As\u00ed que no se puede se\u00f1alar simplemente a un punto en el ADN del n\u00facleo de la c\u00e9lula y decir: \u201cAh\u00ed est\u00e1 la capacidad para esto-y-lo-otro\u201d. Es una fantas\u00eda pensar que fragmentos de ADN se pueden convertir por s\u00ed mismos en\u201ccapacidades innatas\u201d, ya sea del cuerpo o de la mente, antes incluso de que este proceso se haya puesto en marcha.<\/p>\n<p>Cualesquiera que sean las capacidades que la gente pueda tener, bajo la forma de habilidades, motivaciones, disposiciones y sensibilidades, se generan en el curso del desarrollo. Y en cualquier etapa del ciclo de la vida en la que podamos escoger identificar una capacidad particular \u2013incluso en el nacimiento- tiene detr\u00e1s una historia de desarrollo (Dent 1990:694).<\/p>\n<p>Lo que es m\u00e1s importante, la gente no vive sus vidas en un vac\u00edo sino en un mundo en el que est\u00e1n rodeados de otras personas, objetos y lugares, formando conjuntamente lo que se conoce usualmente como el medio ambiente. Crecidos en un medio ambiente al que en gran parte han dado forma las actividades de sus predecesores, los seres humanos interpretan su papel, mediante actividades intencionales, en la creaci\u00f3n de las condiciones de desarrollo de sus sucesores. Esto es lo que llamamos historia. Mi opini\u00f3n es que no hay una naturaleza humana latente en nuestro interior que se ha escapado de alguna manera de la corriente de la historia. Por supuesto, todos somos portadores de nuestra dotaci\u00f3n gen\u00e9tica, pero esta no nos arma con una constituci\u00f3n completamente a punto, lista para interactuar con el mundo exterior. Todos los bi\u00f3logos sensatos han reconocido desde hace mucho que la dicotom\u00eda entre naturaleza y cultura [nature and nurture] est\u00e1 obsoleta. Pero no basta con decir, en cambio, que somos producto de la naturaleza y del aprendizaje, como si fuesen cosas separadas \u2013los genes por un lado, el medio ambiente por otro- que luego interact\u00faan para formar el organismo. Porque los genes no interact\u00faan con el medio ambiente (Keller 2001). Como se\u00f1al\u00f3 hace muchos a\u00f1os Daniel Lehrman, las interacciones de las que procede el desarrollo de un organismo no son entre genes y medio ambiente sino entre organismo y medio ambiente, y el organismo no es una constante sino la encarnaci\u00f3n continuamente cambiante de toda una historia de interacciones previas que han dado forma al curso de su vida hasta ese punto (Lehrman 1953:345) Ni tampoco el medio ambiente es una constante, puesto que este, tambi\u00e9n, existe solo en relaci\u00f3n a los organismos que lo habitan y encarna una historia de interacciones con ellos.<\/p>\n<p>Si los genes interact\u00faan con algo es con otros constituyentes de la c\u00e9lula, que interact\u00faan con otras c\u00e9lulas en el organismo, que interact\u00faan con otros organismos en el mundo. Es de este proceso de muchas capas de donde surgen las capacidades de los seres vivos. En otras palabras, estas capacidades son producto del sistema de desarrollo en su conjunto compuesto por el genoma en las c\u00e9lulas del organismo en su ambiente (Lewontin 1983; Oyama 1985). No hay una buena raz\u00f3n por las que deber\u00edamos dirigirnos a nuestros genes como el lugar en el que se encuentra la naturaleza del organismo, m\u00e1s que en cualquiera otro de la mir\u00edada de componentes del sistema (Griffiths y Gray, 1994). El hecho de que a\u00fan as\u00ed lo sigamos haciendo, aparentemente con el pleno respaldo y la autoridad de la ciencia, se debe a un malentendido fundamental sobre la naturaleza de la informaci\u00f3n. Este punto es tan crucial que merece una breve digresi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>El genotipo imaginario<\/strong><\/p>\n<p>En sentido estricto, como hemos visto, los genes son simplemente un segmento particular de la mol\u00e9cula de ADN. Sin embargo los bi\u00f3logos evolutivos se refieren frecuentemente a los genes con otro sentido, como si transportasen la informaci\u00f3n que codifica un rasgo o car\u00e1cter particular. Es el llamado \u2018gen mendeliano\u2019 (Dunbar 1994: 762). Tomados conjuntamente, estos genes mendelianos dan como resultado un tipo de especificaci\u00f3n de un car\u00e1cter del organismo en su conjunto, conocido t\u00e9cnicamente como su genotipo. \u00bfC\u00f3mo hemos llegado, entonces, a que pedazos de ADN en el genoma llegasen a ser identificados, bajo el mismo concepto de gen, con la informaci\u00f3n que codifica rasgos particulares que constituyen el genotipo? Tal como se entiende normalmente, en el sentido coloquial, la informaci\u00f3n se refiere al contenido sem\u00e1ntico de los mensajes transmitidos desde los emisores a los receptores. Es el significado vinculado por el emisor al mensaje, dirigido a su receptor. Pero no fue por extensi\u00f3n de este uso coloquial como el concepto de informaci\u00f3n entr\u00f3 en la biolog\u00eda. M\u00e1s bien su fuente se encuentra en la teor\u00eda de la informaci\u00f3n tal como hab\u00eda sido desarrollada en los a\u00f1os 40 por Norbert Wiener, John von Neumann y Claude Shannon.<\/p>\n<p>En el sentido especializado utilizado por los te\u00f3ricos de la informaci\u00f3n, \u2018informaci\u00f3n\u2019 no tiene ning\u00fan valor sem\u00e1ntico, no significa nada. Informaci\u00f3n, para ellos significaba simplemente aquellas diferencias, en la entrada a un sistema, que producen una diferencia desde el punto de vista del resultado.<\/p>\n<p>Este punto lo perdieron completamente los bi\u00f3logos moleculares quienes, habiendo comprendido que la mol\u00e9cula del ADN pod\u00eda ser vista como una forma de informaci\u00f3n digital en el sentido t\u00e9cnico, te\u00f3rico, de la informaci\u00f3n, saltaron inmediatamente a la conclusi\u00f3n de que por tanto cumpl\u00eda los requisitos como c\u00f3digo con un contenido sem\u00e1ntico espec\u00edfico. Sin embargo, los te\u00f3ricos de la informaci\u00f3n no perdieron el punto y advirtieron repetidamente contra la fusi\u00f3n del sentido t\u00e9cnico de informaci\u00f3n con su contraparte coloquial y ve\u00edan con consternaci\u00f3n c\u00f3mo las met\u00e1foras de la escritura de mensaje, lenguaje, texto y dem\u00e1s arraigaban en una biolog\u00eda cada vez m\u00e1s intoxicada con la idea del ADN como \u2018libro de la vida\u2019. Desde entonces, y especialmente con todo el despliegue publicitario del proyecto genoma humano, estas met\u00e1foras se han vuelto m\u00e1s predominantes que nunca, y la confusi\u00f3n original sobre la que descansan virtualmente ha desaparecido de la vista (Kay 1998).<\/p>\n<p>En verdad, el ADN del genoma no codifica nada: no hay ning\u00fan \u2018mensaje\u2019. Situado en un contexto celular, el ADN lleva a cabo un proceso de replicaci\u00f3n, pero es una ilusi\u00f3n suponer que la replicaci\u00f3n de este material gen\u00e9tico es equivalente a una replicaci\u00f3n de\u00a0 la especificaci\u00f3n de un car\u00e1cter para el organismo. La \u00fanica \u2018lectura\u2019 del\u00a0 ADN es el proceso de desarrollo ontog\u00e9nico en si, cuyo resultado es la forma manifiesta del organismo \u2013tambi\u00e9n conocida como su fenotipo\u00ad-. O por decirlo de otra forma, el genoma puede ser visto como el portador de informaci\u00f3n codificada solo si el resultado del proceso de desarrollo est\u00e1 presupuesto. \u00bfEn qu\u00e9 se convierte entonces el genotipo?\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u00bfExiste realmente?<\/p>\n<p>Por definci\u00f3n, y opuestos al fenotipo, los rasgos que incluye el genotipo se supone que son totalmente independientes del contexto de desarrollo y ya est\u00e1n situados en el punto de inicio de un nuevo ciclo de vida. \u00bfPero c\u00f3mo llegan a estar all\u00ed situados? No, evidentemente, pr el mecanismo de la replicaci\u00f3n gen\u00e9tica. Lo que ha sucedido, parece ser, es que en su esfuerzo por probar que las propiedades de los organismos han evolucionado por selecci\u00f3n natural los bi\u00f3logos han buscado redescribir las caracter\u00edsticas de estos organismos de una forma que excluye toda variaci\u00f3n claramente debida a la experiencia medioambiental. Esto es, han buscado producir para cada una de ellas, una especificaci\u00f3n abstracta, independiente del contexto. Esta abstracci\u00f3n es entonces \u2018le\u00edda\u2019 en el genoma \u2013como si tuviese una presencia concreta all\u00ed- de manera que el desarrollo puede ser visto como una \u2018relectura\u2019, bajos condiciones medioambientales particulares, de una especificaci\u00f3n preexistente. La circularidad de este argumento no necesita una elaboraci\u00f3n posterior y es una raz\u00f3n, por supuesto, de por qu\u00e9 ha resultado tan dif\u00edcil de refutar.<\/p>\n<p>Nada ilustra mejor esta tendencia a transponer a organismos vivos un conjunto de especificaciones abstractas derivadas de nuestra observaci\u00f3n externa de ellas que el destino del concepto de biolog\u00eda en s\u00ed mismo. Referido inicialmente a los procedimientos implicados en el estudio cient\u00edfico de las formas org\u00e1nicas, la \u2018biolog\u00eda\u2019 ha llegado a ser vista como un conjunto de directivas \u2013literalmente un bio-logos\u2013 supuestamente existentes en los organismos y que orquestan su construcci\u00f3n. Para cualquier organismo particular este bio-logos es, por supuesto, su genotipo. Aqu\u00ed se encuentra la explicaci\u00f3n de ese lugar com\u00fan, por enga\u00f1oso que sea, de la identificaci\u00f3n de la\u2018biolog\u00eda\u2019 como gen\u00e9tica. La misma noci\u00f3n de biolog\u00eda ha llegado a ser reemplazada por la creencia de que en el n\u00facleo de todo organismo reside una especificaci\u00f3n esencial \u2013una naturaleza- que est\u00e1 fijada desde el principio y que permanece inmutable a lo largo de toda su vida. Por supuesto, esta especificaci\u00f3n se considera de final abierto, permitiendo un abanico de productos del desarrollo condicionados por las circunstancias medioambientales. Pero entendido en este sentido \u2013como componentes de una especificaci\u00f3n condicional- los genes son, como he mostrado, completamente ficticios.<\/p>\n<p>Lo que se aplica a los organismos en general se debe aplicar con toda seguridad a esos organismos particulares que llamamos \u2018humanos\u2019. El genotipo humano, para abreviar, es una invenci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n cient\u00edfica moderna. Esto no significa, por supuesto, que un ser humano pueda ser cualquier cosa que se te ocurra. Pero s\u00ed significa que no hay forma de describir lo que los seres humanos son independientemente de las innumerables circunstancias hist\u00f3ricas y ambientales en las que han llegado a ser \u2013en las que crecen y viven sus vidas-. Como sabemos, estas son extremadamente variables. Pero, \u00bfcu\u00e1les son las implicaciones de este punto de vista para nuestra comprensi\u00f3n de la cultura y la historia?<\/p>\n<p><strong>De caminar a tocar el violonchelo<\/strong><\/p>\n<p>Para responder a esta pregunta, quiz\u00e1s ayude explicar primero con detalle lo que creo es una visi\u00f3n bastante ortodoxa de la relaci\u00f3n entre naturaleza humana y cultura. Seg\u00fan este punto de vista hay dos tipos de herencias en las poblaciones humanas que discurren paralelamente. Una se dice que es \u2018biol\u00f3gica\u2019, la otra \u2018cultural\u2019. La herencia biol\u00f3gica funciona mediante la transmisi\u00f3n de informaci\u00f3n gen\u00e9tica codificada en el ADN; la herencia cultural es m\u00e1s o menos independiente de la transmisi\u00f3n gen\u00e9tica y tiene lugar mediante un proceso de aprendizaje. La primera nos proporciona lo esencial de la naturaleza humana; la segunda a\u00f1ade un componente superorg\u00e1nico o \u2018no biol\u00f3gico\u2019.<\/p>\n<p>Consideremos un par de ejemplos aparentemente incontrovertibles. Yo puedo andar y puedo tocar el violonchelo. La locomoci\u00f3n b\u00edpeda se ve generalmente como un atributo de la especie Homo sapiens\u00b8 una parte integral de nuestra naturaleza humana evolucionada. Tocar el violonchelo, por el contrario, es con seguridad una habilidad cultural con un trasfondo muy espec\u00edfico en la tradici\u00f3n musical europea.<\/p>\n<p>Pero los seres humanos no nacen caminando, ni caminan todos de la misma forma. No hay, como observ\u00f3 el antrop\u00f3logo Marcel Mauss en su famoso ensayo de 1938 sobre las T\u00e9cnicas del cuerpo, una forma natural de caminar (Mauss 1979: 102). En Jap\u00f3n, al menos tradicionalmente, era convencional caminar \u2018desde las rodillas\u2019, en lo que a nosotros nos parece un paso en el que se arrastran bastante los pies, pero que tiene mucho sentido cuando tu calzado son sandalias y cuando tienes que caminar por un terreno muy empinado, como es com\u00fan en el campo japon\u00e9s, especialmente cuando acarreas pesadas cargas colgadas de una de las dos puntas de una vara larga y flexible equilibrada atravesada en un hombro. A los europeos, sin embargo, esto les parece muy desgarbado. A ellos se les ense\u00f1a desde una edad muy temprana las virtudes de una postura recta y se usan caminadores para beb\u00e9s para tener a tu hijo en pie tan pronto como sea posible (como instrumento, el caminador no es nuevo sino que ha estado presente durante siglos). Se nos ense\u00f1a a\u00a0 caminar desde las caderas y no desde las rodillas, manteniendo las piernas tan rectas como sea posible. Y nuestros artilugios para acarrear, de mochilas a maletas, est\u00e1n dise\u00f1ados con esta postura en mente (Kawada, n.d.).<\/p>\n<p>\u00bfSon estas inflexiones del caminar suplementos no gen\u00e9ticos o superorg\u00e1nicos a\u00f1adidos a una capacidad universal para la locomoci\u00f3n b\u00edpeda que haya sido dada al cuerpo humano por los genes? Con seguridad no. Porque caminar no es una mezcla de componentes preexistentes y a\u00f1adidos, sino una habilidad que se adquiere gradualmente pero no exclusivamente en los primeros a\u00f1os de vida y se incorpora al modus vivendi del organismo humano mediante la pr\u00e1ctica y el entrenamiento dentro de un ambiente que incluye cuidadores cualificados, junto a toda una variedad de objetos de apoyo y un determinado terreno (Ingold 2000:375). Es, en este respecto, el resultado de un proceso de desarrollo. Y como la gente se encuentra con diferentes circunstancias de desarrollo, caminan de forma diferente. Como han demostrado Esther Thelen y sus colegas en una serie de estudios sobre el desarrollo motor del ni\u00f1o, no hay una \u201cesencia de caminar que pueda ser aislada de la ejecuci\u00f3n en tiempo real de la acci\u00f3n misma\u201d (Thelen 1995 : 83). \u00bfPero es esto diferente de mi capacidad para tocar el violonchelo? Esta es tambi\u00e9n una habilidad corporal y de igual forma se establece con la pr\u00e1ctica. Por supuesto tengo un profesor y podemos decir de manera coloquial que mi profesor me pasa sus habilidades a m\u00ed. Lo que no hace, sin embargo, es transmit\u00edrmelas, como los defensores del punto de vista ortodoxo dir\u00edan, por medios no gen\u00e9ticos. Esto es, no me env\u00eda mensajes abstractos, descontextualizados, codificados en medios simb\u00f3licos, especificando reglas de interpretaci\u00f3n que luego tengo que ejecutar yo en mi interpretaci\u00f3n. M\u00e1s bien coloca mis manos alrededor del arco y mis dedos en el diapas\u00f3n de manera que pueda experimentar por m\u00ed mismo la relaci\u00f3n entre el movimiento de mi brazo derecho y las vibraciones de la cuerda y entre las tensiones musculares en la mano izquierda y los intervalos resultantes de tono. Mi capacidad de interpretar el violonchelo no me fue transmitida m\u00e1s que mi capacidad para caminar. M\u00e1s bien desarroll\u00e9 esa habilidad. De hecho, la met\u00e1fora de la transmisi\u00f3n, ya sea atribuida a los genes o a la cultura, es profundamente err\u00f3nea. Porque el crecimiento del conocimiento pr\u00e1ctico en la historia de la vida de una persona no es el resultado de transmisi\u00f3n de informaci\u00f3n sino de un redescubrimiento guiado. Con esto quiero decir que en cada sucesiva generaci\u00f3n lo novatos aprenden cuando son colocados en situaciones en las que, enfrentados a determinadas tareas, se les muestra qu\u00e9 hacer y qu\u00e9 ver o escuchar, bajo la tutela de manos m\u00e1s expertas. En este proceso con lo que cada generaci\u00f3n contribuye a la siguiente no es con reglas y representaciones para la producci\u00f3n de la conducta apropiada, sino m\u00e1s bien las circunstancias espec\u00edficas bajo las que los sucesores, al crecer en un mundo social, puedan desarrollar sus propias habilidades y disposiciones, y sus poderes de conciencia y respuesta (Ingold 2001:141-2).<\/p>\n<p>Ahora bien, las implicaciones de este punto de vista son bastante radicales. Si, como he sugerido, aquellas formas espec\u00edficas de actuar, percibir y conocer que nos hemos acostumbrado a llamar culturales est\u00e1n implicadas, en el curso del desarrollo ontogen\u00e9tico, en la constituci\u00f3n del organismo humano, entonces son igualmente hechos biol\u00f3gicos. Una habilidad como tocar el violonchelo, siendo una propiedad del organismo establecida mediante la experiencia pr\u00e1ctica en un medio ambiente, es completamente tan \u2018biol\u00f3gica\u2019 como caminar sobre dos pies. Las diferencias culturales, para resumir, no se a\u00f1aden a un sustrato de universales biol\u00f3gicos. M\u00e1s bien son ellas mismas biol\u00f3gicas. No hace mucho, una conclusi\u00f3n as\u00ed hubiera sido inconcebible. En 1930, nada menos que una autoridad como Franz Boas, el padre fundador de la moderna antropolog\u00eda estadounidense, hab\u00eda declarado que \u201ccualquier intento de explicar una forma cultural sobre una base puramente biol\u00f3gica est\u00e1 condenado al fracaso\u201d (Boas 1940:165). A partir de entonces la independencia absoluta de la variaci\u00f3n cultural respecto a las limitaciones biol\u00f3gicas se convirti\u00f3 en un principio fundamental de la integridad de la disciplina, una de las pocas cosas en las que virtualmente todos los antrop\u00f3logos sociales y culturales estaban de acuerdo. De hecho, ha sido muy \u00fatil en nuestros esfuerzos por resistir ante algunas de las formas m\u00e1s extremas de determinismo, por ejemplo en los debates sobre la supuesta base hereditaria de la inteligencia, o sobre la influencia del sexo sobre el g\u00e9nero. Pero ha llegado la hora de poner este principio en cuesti\u00f3n. Volviendo al ejemplo de una habilidad culturalmente espec\u00edfica como tocar el violonchelo: como una propiedad del organismo, el resultado de un proceso de desarrollo, \u00bfno es esto completamente admisible como una caracter\u00edstica biol\u00f3gica? A pesar de las restricciones de Boas, no hay nada err\u00f3neo en explicar este o cualquier otro aspecto de una forma cultural sobre una \u201cbase puramente biol\u00f3gica\u201d, siempre que la biolog\u00eda en cuesti\u00f3n sea de desarrollo, no gen\u00e9tica.<\/p>\n<p><strong>Biolog\u00eda no es gen\u00e9tica<\/strong><\/p>\n<p>Evidentemente, la fuente del problema no es la fusi\u00f3n de lo cultural con lo biol\u00f3gico, sino la reducci\u00f3n de lo biol\u00f3gico a la gen\u00e9tica. Y esta reducci\u00f3n, sostengo, sigue todav\u00eda b\u00e1sicamente sin ser puesta en cuesti\u00f3n en el n\u00facleo de la moderna teor\u00eda evolutiva en su actual encarnaci\u00f3n neodarwiniana. Es cierto, la mayor parte de los bi\u00f3logos evolutivos negar\u00e1n r\u00e1pidamente cualquier cargo de reduccionismo gen\u00e9tico. Por supuesto, dir\u00e1n, el organismo humano, como cualquier otro, es el resultado de un proceso de desarrollo. Pero sin tiempo para respirar atribuir\u00e1n este desarrollo a una interacci\u00f3n compleja de factores \u2018biol\u00f3gicos\u2019 y \u2018culturales\u2019 operando en un medio dado. Y si preguntas c\u00f3mo se distinguen los factores biol\u00f3gicos y los culturales te dir\u00e1n que los primeros se transmiten gen\u00e9ticamente mientras los \u00faltimos se transmiten por medios no gen\u00e9ticos como imitaci\u00f3n o aprendizaje social. As\u00ed, a pesar de su negativa inicial, la biolog\u00eda se ata a los genes despu\u00e9s de todo, como de hecho requiere la l\u00f3gica del neodarwinismo. La esencializaci\u00f3n impl\u00edcita de la biolog\u00eda como una constante del ser humano, y de la cultura como su variable y complemento interactivo, no es solo torpemente imprecisa. Es el mayor obst\u00e1culo que hasta ahora nos ha impedido movernos hacia una comprensi\u00f3n de nuestra identidad humana y de nuestro lugar en el mundo vivo, que no solo recicle sin cesar las polaridades, paradojas y prejuicios del pensamiento moderno.<\/p>\n<p>Perm\u00edtaseme insistir en que mis objeciones no van dirigidas a la ciencia de la gen\u00e9tica, sino a la forma en que esta ciencia ha sido reclutada en interes de una psicobiolog\u00eda evolutiva que intenta utilizar los genes como una concepci\u00f3n esencialista de la naturaleza humana. Gracias a una enorme inversi\u00f3n de recursos y esfuerzos en investigaci\u00f3n gen\u00e9tica, ahora sabemos una enormidad sobre el genoma y c\u00f3mo trabaja. Cuanto m\u00e1s aprendemos sobre \u00e9l sin embargo, menos probable parece que pueda hacer el trabajo que la teor\u00eda evolutiva exige de \u00e9l. \u00bfC\u00f3mo puede un genoma que es estructuralmente fluido, dado a presentarse \u00e9l mismo unido en nudos, susceptible de incorporar pedazos de ADN de otros organismos que habitan el cuerpo en un momento u otro, y que consisten principalmente en \u2018basura\u2019, proporcionar las bases para una arquitectura estable bajo la forma de un conjunto m\u00e1s o menos inmutable de especificaciones de caracteres? Yo sostento que las formas y capacidades de todos los organismos, incluidos los humanos, no est\u00e1n prefiguradas por ning\u00fan tipo de especificaciones, gen\u00e9ticas o culturales, sino que son propiedades emergentes de sistemas de desarrollo. Podemos entender su estabilidad a lo largo de generaciones solamente investigando las propiedades de la din\u00e1mica de autoorganizaci\u00f3n de tales sistemas. Que sepamos tan poco sobre estas propiedades no es reflejo de su importancia real. Es, por el contrario, un reflejo de la extendida idea -sobre todo entre aquellos con influencia o control sobre la financiaci\u00f3n de la investigaci\u00f3n- de que los procesos de desarrollo no son m\u00e1s que la \u2018escritura\u2019 o realizaci\u00f3n, de potenciales gen\u00e9ticos preestablecidos. Para decirlo sin rodeos, la importancia que atribuimos a los genes es una funci\u00f3n de cu\u00e1nto sabemos sobre ellos; cu\u00e1nto sabemos sobre genes es una funci\u00f3n de la financiaci\u00f3n de la investigaci\u00f3n, y cu\u00e1nta financiaci\u00f3n hay en la investigaci\u00f3n es una funci\u00f3n de la importancia atribuida a los genes. No es f\u00e1cil romper este c\u00edrculo vicioso, especialmente cuando las ruedas giran con impulso y est\u00e1n bien aceitadas con la financiaci\u00f3n con la que lo est\u00e1n hoy. Se han gastado sumas astron\u00f3micas en el proyecto del genoma humano para secuenciar los genes de un ser humano idealizado -un tipo de \u2018persona universal\u2019 (Brown 1991) -que nunca existi\u00f3 en el pasado ni nunca existir\u00e1 en el futuro.<\/p>\n<p>Darwin, como ya he se\u00f1alado, rechazaba categ\u00f3ricamente la idea de que cualquier especie, y menos la humana, se pudiese caracterizar por alg\u00fan tipo de esencia inmutable. Pero es precisamente la creencia en tal esencia -una creencia que antecede en mucho el auge de la moderna teor\u00eda evolutiva- lo que sigue dominando nuestras ideas sobre el progreso cient\u00edfico. A pesar de todo el despliegue publicitario, los resultados del proyecto genoma humano no han cambiado en lo m\u00e1s m\u00ednimo la forma en que pensamos sobre nosotros mismos, porque est\u00e1 imbuido en el proyecto una forma de pensar que ya ha estado rondando durante siglos, y cuyos resultados simplemente ayuda a perpetuar. Y la raz\u00f3n de esta persistencia es simple: est\u00e1 profundamente incrustada en la instituci\u00f3n de la ciencia.<\/p>\n<p><strong>Regreso al futuro<\/strong><\/p>\n<p>Me gustar\u00eda terminar volviendo al tema de la naturaleza humana. La b\u00fasqueda de atributos definidores absolutos comunes a toda la humanidad parece de hecho una empresa sin esperanza, puesto que cualquiera que sea el atributo que se escoja, estar\u00e1 limitado por alguna criatura nacida de hombre y mujer en la que falta (Hull 1984:35). Recordemos que para la biolog\u00eda moderna, reconstruida siguiendo l\u00edneas darwinistas, el criterio para pertenecer a una especie es geneal\u00f3gico. B\u00e1sicamente, esto significa que eres un ser humano si tus padres lo son. Si forma parte de la naturaleza humana caminar sobre dos pies, \u00bfqu\u00e9 pasa con un \u00a0discapacitado cong\u00e9nito? \u00bfNo es humano? Si forma parte de la naturaleza humana comunicarse mediante el lenguaje, \u00bfqu\u00e9 pasa con la ni\u00f1a que es sorda y muda? \u00bfNo es humana? Si forma parte de la naturaleza humana unirse bajo formas de vida social basadas en la conciencia mutua del s\u00ed y del otro, qu\u00e9 pasa con aquellos individuos que sufren de autismo? \u00bfNo son humanos?<\/p>\n<p>Al argumento tambi\u00e9n se le puede dar la vuelta. Sea cual sea el atributo que se escoja, existe la posibilidad de que alguna criatura de ancestro no humano puede resultar que lo posee -si no ahora, en alg\u00fan tiempo futuro-. La forma en que una especie evoluciona no es predecible por anticipado. Es perfectamente posible que los descendientes de los chimpanc\u00e9s, dentro de un mill\u00f3n de a\u00f1os (quiz\u00e1 una vez los humanos ya hayan conseguido extinguirse por s\u00ed mismos) desarrollen una capacidad plenamente ling\u00fc\u00edstica y caminen sobre dos pies. Ya han demostrado ser capaces de tales cosas hasta cierto punto, as\u00ed como otras cosas que alguna vez se pensaron eran distintivamente humanas, como fabricar herramientas. \u00bfSe habr\u00edan entonces convertido en humanos? En t\u00e9rminos geneal\u00f3gicos esto no es posible, pero si forma parte de la naturaleza humana caminar y hablar, entonces estos chimpanc\u00e9s del futuro habr\u00eda que contarlos entre los humanos tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>He mostrado que la apelaci\u00f3n contempor\u00e1nea a una naturaleza humana universal, en nombre de la biolog\u00eda evolutiva, es una reacci\u00f3n defensiva al legado de la ciencia racista dejado por la explicaci\u00f3n de Darwin de la evoluci\u00f3n de las facultades morales e intelectuales en El origen del hombre. Pero es una apelaci\u00f3n llena de contradicciones. Mientras insiste en la continuidad del proceso evolutivo tambi\u00e9n reintegra las distinciones gemelas entre biolog\u00eda y cultura y entre evoluci\u00f3n e historia, estableciendo un l\u00edmite superior al mundo de la naturaleza que solo los humanos parecen haber roto. M\u00e1s que eso, afirma que la naturaleza humana es fija y universal mientras atribuye su evoluci\u00f3n a una teor\u00eda \u2013de variaci\u00f3n bajo selecci\u00f3n natural- que solo funciona porque los individuos de una especie son infinitamente variables. Es por ello por lo que los evolucionistas se encuentran en la curiosa posici\u00f3n de tener que admitir que mientras en el mundo no humano la biolog\u00eda es la fuente de toda variabilidad y diferencia en el mundo humano \u00a1esto es lo que hace que todo el mundo sea lo mismo!<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el racismo que la moderna biolog\u00eda reclama haber dejado atr\u00e1s no est\u00e1 nunca demasiado lejos bajo la superficie. La combinaci\u00f3n potencialmente explosiva de categorizaci\u00f3n geneal\u00f3gica y pensamiento esencialista sigue ah\u00ed. Lejos de dejar de lado el concepto de raza, la ciencia ha definido la idea de que todos los humanos existentes comprenden una sola raza o subespecie, Homo sapiens sapiens. Seg\u00fan la actualmente favorecida hip\u00f3tesis de Fuera de \u00c1frica, esta raza, la de los as\u00ed llamados \u2018humanos modernos\u2019 se dispers\u00f3 desde su cuna africana y finalmente coloniz\u00f3 el mundo. Es llamativo lo exactamente que esta imagen refleja la historia de la conquista global colonial por parte de los europeos blancos tan favorecida por Darwin y sus contempor\u00e1neos. Se le puede haber dado la vuelta a a la historia, pero la estructura es la misma: una raza dominante, equipada con una inteligencia superior sustituye al resto. Y es escasamente sorprendente que versiones de afrocentrismo, por ejemplo, que buscan contar la misma historia pero de forma que destaquen las diferencias entre africanos y blancos tienden a asumir una forma expl\u00edcitamente raciol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Porque el caso es en realidad que mientras se afirma la unidad humana bajo la r\u00fabrica de una \u00fanica subespecie, lo hacemos con t\u00e9rminos que celebran el triunfo hist\u00f3rico de la civilizaci\u00f3n moderna. No es dif\u00edcil reconocer, en el conjunto de capacidades con la que se dice que todos los humanos est\u00e1n dotados de manera innata, los valores y aspiraciones centrales de nuestra propia sociedad y de nuestro propio tiempo. As\u00ed, estamos inclinados a proyectar una imagen idealizada de nuestra identidad actual sobre nuestros ancestros prehist\u00f3ricos, reconociendo en ellos las capacidades para hacer todo lo que podemos hacer y hemos hecho siempre en el pasado, de manera que toda la historia de la humanidad parece un ascenso naturalmente preordenado hacia la cumbre de la modernidad lograda. La atribuci\u00f3n esquizocr\u00f3nica de humanidad a ambos extremos de la historia no es un accidente, porque est\u00e1 imbuida en la l\u00f3gica del m\u00e9todo comparativo por el que pueblos de otras culturas son comparados a versiones anteriores de nosotros mismos (Fabian 1983). En consonancia con esto, donde nosotros podemos hacer cosas que ellos no pueden, se atribuye a un mayor desarrollo, en nosotros, de capacidades humanas universales. Pero donde ellos pueden hacer cosas que nosotros no podemos, se rebaja a la particularidad de su tradici\u00f3n cultural. Este tipo de razonamiento descansa precisamente en el tipo de doble est\u00e1ndar que ha servido durante mucho tiempo para reforzar el sentido moderno occidental de su propia superioridad sobre \u2018el resto\u2019 y su sentido de la historia como el cumplimiento progresivo de su propia visi\u00f3n, marcadamente etnoc\u00e9ntrica, de los potenciales humanos.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>He argumentado que no hay una forma est\u00e1ndar o universal de ser humano bajo las variaciones que son tan obvias para todos nosotros. En sus disposiciones y capacidades, y hasta cierto grado incluso en su morfolog\u00eda, los humanos de hoy son diferentes no solo entre s\u00ed, sino tambi\u00e9n de sus predecesores prehist\u00f3ricos. Esto es as\u00ed porque las caracter\u00edsticas no est\u00e1n fijadas gen\u00e9ticamente, sino que surgen dentro de procesos de desarrollo y porque las circunstancias de desarrollo hoy, a las que se ha dado forma acumulativamente mediante la actividad de los humanos anteriores, son muy diferentes de las del pasado. En este sentido la historia de la evoluci\u00f3n humana sigue hoy en marcha, incluso en el curso de nuestra vida cotidiana. Pero no es una historia de movimiento hacia arriba, a lo largo de una escala de lo m\u00e1s bajo a lo m\u00e1s alto, ni es una ruptura a un nivel superior de ser, m\u00e1s all\u00e1 y por encima de lo org\u00e1nico. No tiene absolutamente ning\u00fan sentido proclamar, como se hace tan frecuentemente, que los humanos han \u2018trascendido la biolog\u00eda\u2019. No hemos ido m\u00e1s all\u00e1 de nuestra biolog\u00eda ni nunca lo haremos. Nunca hubo ning\u00fan momento poderoso en el pasado en el que los l\u00edmites superiores de la naturaleza fueron rotos y nuestros ancestros aparecieron en el estadio de la cultura, porque la misma idea de una divisi\u00f3n entre naturaleza y cultura es, como he mostrado, un arrogante concepto modernista.<\/p>\n<p>Desde mi punto de vista, es un gran error poblar el pasado con gente como nosotros, equipados con todas las capacidades o potenciales subyacentes para hacer todo lo que hacemos hoy. De hecho, la misma idea de or\u00edgenes humanos \u2013la idea de que en alg\u00fan punto de la evoluci\u00f3n se establecieron estas capacidades, esperando su cumplimiento hist\u00f3rico- es parte de una justificaci\u00f3n ideol\u00f3gicamente elaborada del actual orden de cosas y como tal solo un aspecto del intenso presentismo del pensamiento moderno. Ha llegado la hora de reconocer que nuestra humanidad, lejos de haber sido establecida para todo tiempo como un legado evolutivo de nuestro pasado cazador-recolector, es algo que trabajamos continuamente y con lo que solo nosotros debemos cargar con la responsabilidad.<\/p>\n<p><strong>Nota<\/strong><\/p>\n<p>Esto es una versi\u00f3n revisada de un cap\u00edtulo con el mismo t\u00edtulo publicado en Evolutionary epistemology, language and culture: a non-adaptationist, systems theoretical approach, editado por Nathalie Gontier, Jean-Paul van Bendegem y Diederick Aerts (Dordrecht: Springer, 2006), pp. 259-281.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: <strong>Carlos Valmaseda<\/strong><\/p>\n<p><strong>Art\u00edculo original:<\/strong> <a href=\"http:\/\/www.mecon.nomadit.co.uk\/pub\/conference_epaper_download.php5?PaperID=23652&amp;MIMEType=application\">http:\/\/www.mecon.nomadit.co.uk\/pub\/conference_epaper_download.php5?PaperID=23652&amp;MIMEType=application<\/a><\/p>\n<p><strong>Fuente:<\/strong> <a href=\"https:\/\/derrotaynavegacion.wordpress.com\/2016\/11\/25\/contra-la-naturaleza-humana\/\">https:\/\/derrotaynavegacion.wordpress.com\/2016\/11\/25\/contra-la-naturaleza-humana\/<\/a><\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Boas, Frans. 1940. Race, language and culture. New York: Free Press.<\/p>\n<p>Bock, Kenneth E. 1980. Human nature and history: a response to sociobiology. New York: Columbia University Press.<\/p>\n<p>Brown, Donald E. 1991. Human universals. New York: McGraw Hill.<\/p>\n<p>Clark, J. Desmond. 1990. The common heritage: the significance of hunter-gatherer societies for human evolution. Canberra: Australian National University.<\/p>\n<p>Darwin, Charles. 1872. The origin of species, 6th edition. London: John Murray.<\/p>\n<p>Darwin, Charles. 1874. The descent of man and selection in relation to sex, 2nd edition. London: John Murray.<\/p>\n<p>Dent, Cathy H. 1990. \u201cAn ecological approach to language development: an alternative functionalism\u201d. Developmental Psychobiology 23: 679-703.<\/p>\n<p>Dunbar, Robin. 1994. \u201cSociality among humans and non-human animals\u201d. In: Ingold, Tim (ed.), Companion encyclopedia of anthropology: humanity, culture and social life, 756-82. London: Routledge.<\/p>\n<p>Fabian, J. 1983. Time and the other: how anthropology makes its object. New York: Columbia University Press.<\/p>\n<p>Griffiths, Paul E.; and Gray, Russell D. 1994. \u201cDevelopmental systems and evolutionary explanation\u201d. Journal of Philosophy XCI (6): 277-304.<\/p>\n<p>Hull, David. 1984. \u201cHistorical entities and historical narratives\u201d. In: Hookway, Christopher (ed.), Minds, machines and evolution 17-42. Cambridge: Cambridge University Press.<\/p>\n<p>Ingold, Tim. 1986. Evolution and social life. Cambridge: Cambridge University Press.<\/p>\n<p>Ingold, Tim. 1998. \u201cThe evolution of society\u201d. In: Fabian, Andrew C. (ed.), Evolution: society, science and the universe 79-99. Cambridge: Cambridge University Press.<\/p>\n<p>Ingold, Tim. 2000. The perception of the environment: essays on livelihood, dwelling and skill. London: Routledge.<\/p>\n<p>Ingold, Tim. 2001. \u201cFrom the transmission of representations to the education of attention\u201d. In: Whitehouse, Harvey (ed.), The debated mind: evolutionary psychology versus ethnography 113-53. Oxford: Berg.<\/p>\n<p>Kawada, J. n.d. \u201cPostures de portage et de travaux manuels, en rapport avec d\u2019autres domaines de la vie Japonaise\u201d. Paper presented to the Fyssen Foundation Colloquium on Culture and the uses of the body. Saint Germain en Laye, Paris, March 1996.<\/p>\n<p>Kay, Lily E. 1998. \u201cA book of life? How the genome became an information system and DNA a language\u201d. Perspectives in Biology and Medicine 41: 504-28.<\/p>\n<p>Keller, Evelyn F. 2001. \u201cBeyond the gene but beneath the skin\u201d. In Oyama, Susan; Griffiths, Paul E.; and Gray, Russell (eds), Cycles of contingency: developmental systems and evolution 299-312. Cambridge, Mass.: MIT Press.<\/p>\n<p>Kroeber, Alfred. L. 1952. The nature of culture. Chicago: University of Chicago Press.<\/p>\n<p>Lehrman, Daniel S. 1953. \u201cA critique of Konrad Lorenz\u2019s theory of instinctive behavior\u201d. Quarterly Review of Biology 28: 337-63.<\/p>\n<p>Lewontin, Richard C. 1983. \u201cGene, organism and environment\u201d. In: Bendall, D. S. (ed.), Evolution from molecules to men 273-85. Cambridge: Cambridge University Press.<\/p>\n<p>Lovejoy, Arthur O. 1936. The great chain of being. Cambridge, Mass.: Harvard University Press.<\/p>\n<p>Mauss, Marcel. 1979. Sociology and psychology: essays. London: Routledge and Kegan Paul.<\/p>\n<p>Medawar, Peter. 1957. The uniqueness of the individual. London: Methuen.<\/p>\n<p>Mellars, Paul; and Stringer, Christopher (eds). 1989. The human revolution: behavioural and biological perspectives on the origins of modern humans. Edinburgh: Edinburgh University Press.<\/p>\n<p>Oyama, Susan. 1985. The ontogeny of information: developmental systems and evolution. Cambridge: Cambridge University Press.<\/p>\n<p>Premack, David; and Premack, Ann James. 1994. \u201cWhy animals have neither culture nor history\u201d. In: Ingold, Tim (ed.), Companion encyclopedia of anthropology: humanity, culture and social life 350-65. London: Routledge.<\/p>\n<p>Reynolds, Peter C. 1981. On the evolution of human behavior: the argument from animals to man. Berkeley, California: University of California Press.<\/p>\n<p>Thelen, Esther. 1995. \u201cMotor development: a new synthesis\u201d. American Psychologist 50: 79-95.<\/p>\n<p>Tooby, John; and Cosmides, Leda. 1992. The psychological foundations of culture. In: Barkow. Jerome H.; Cosmides, Leda; and Tooby, John (eds), The adapted mind: evolutionary psychology and the generation of culture 19-136. New York: Oxford University Press.<\/p>\n<p>Wallace, Alfred Russell. 1870. Contributions to the theory of natural selection. London: Macmillan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class='MsoNormal' style='text-align: justify;'>La aplicabilidad de la biolog\u00eda evolutiva a los humanos depende de aceptar que estos son, tambi\u00e9n, objetos de naturaleza. Pero ellos son nosotros\u00b8 y si solo fu\u00e9semos objetos, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edamos saber para qu\u00e9 somos? Parad\u00f3jicamente, si los organismos son entidades vivas, para reconocernos como organismos debemos ser m\u00e1s que organismos. Debemos ser tanto objetos dentro del mundo de la naturaleza como sujetos fuera de ella al mismo tiempo. As\u00ed, aunque la ciencia insista en que la humana no es m\u00e1s que otra especie biol\u00f3gica, la instituci\u00f3n misma de la ciencia \u2013y su afirmaci\u00f3n de que ofrece un relato autorizado de c\u00f3mo funciona realmente la naturaleza- descansa sobre la idea de que los humanos han sido elevados por un proceso de cultura o civilizaci\u00f3n, sin paralelo en la historia de la vida, a un nivel de existencia por encima y m\u00e1s all\u00e1 de lo puramente biof\u00edsico. <\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":3306,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19,8],"tags":[],"class_list":["post-3305","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-filosofia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3305","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3305"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3305\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3306"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3305"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3305"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3305"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}