{"id":3314,"date":"2016-12-05T00:00:00","date_gmt":"2016-12-04T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3314"},"modified":"2020-02-19T08:46:27","modified_gmt":"2020-02-19T07:46:27","slug":"hegel-o-la-actualidad-del-historicismo-filosofico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3314","title":{"rendered":"Hegel o la actualidad del historicismo filos\u00f3fico"},"content":{"rendered":"<p><strong>Resumen<\/strong><\/p>\n<p>\u201cLa escisi\u00f3n -dice Hegel- es la fuente de la necesidad de la filosof\u00eda, y, como cultura de una \u00e9poca, el aspecto condicionado, dado por la figura\u201d. Como nunca antes en la historia, la sociedad contempor\u00e1nea padece de un profundo y doloroso desgarramiento. Una escisi\u00f3n medular atraviesa la vida de las formas y las formas de la vida del ser y de la conciencia del corpus social. Todo se ha duplicado en s\u00ed mismo; todo se ha desdoblado para devenir in-diferencia rec\u00edproca de t\u00e9rminos opuestos. La reflexi\u00f3n del entendimiento abstracto lo ha penetrado todo y todo lo ha fijado. El desquicio, lo esquizoide, ha devenido la pandemia que caracteriza el horizonte problem\u00e1tico del hic et nunc. Jekyll y Hyde son el s\u00edntoma y el signo del presente. En estos tiempos de p\u00e9rdida de quicio y &#8216;pecaminosidad consumada&#8217;, el trabajo del historicismo filos\u00f3fico consiste en la reconstituci\u00f3n de aquel movimiento del pensamiento a partir del cual se pueda \u201cirisar\u201d la realidad, determinando la manifiesta flacidez de su actual complexi\u00f3n. Se trata del esfuerzo en virtud del cual el conocimiento espec\u00edfico y particular -la ratio instrumental- llega a reconocer sus l\u00edmitaciones y logra reconquistar la necesaria compenetraci\u00f3n inmanente con la totalidad concreta. En este sentido, cual Ave F\u00e9nix, la filosof\u00eda de Hegel irrumpe de sus propias cenizas, a fin de exhortar al pensamiento a emprender la tarea de sorprender la escisi\u00f3n de sujeto y objeto, de denunciarla y superarla, sin por ello perder el recuerdo de su calvario. La filosof\u00eda de Hegel se ha vuelto imprescindible. Negar su actualidad es negar el \u201caspecto condicionado\u201d dado por la figura del presente.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">\u201cSi por ilustraci\u00f3n comprendemos la liberaci\u00f3n del hombre de creencias y poderes malignos, de demonios y hadas, de la fatalidad ciega, es decir, de la emancipaci\u00f3n de la angustia, entonces la denuncia de aquello que actualmente se llama raz\u00f3n constituye el servicio m\u00e1ximo que puede prestar la raz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">Max Horkheimer.<\/p>\n<p>Con la consolidaci\u00f3n hist\u00f3rica y cultural del Esprit des Lumi\u00e8res, el entendimiento abstracto se fue transformando, paso a paso, en el hilo conductor con el cual se entram\u00f3, finalmente, el grueso tejido de la sociedad contempor\u00e1nea. Desde entonces, tanto las denominadas &#8216;fuerzas productivas materiales&#8217; como las espirituales -las cuales, simult\u00e1neamente comprendidas, configuran el horizonte problem\u00e1tico de las actuales &#8216;relaciones sociales de producci\u00f3n&#8217;, cabe decir, tanto del ser como de la conciencia sociales-, han devenido m\u00e1s dependientes de su continuo y cada vez m\u00e1s tupido hilvanar. Se trata de un modo enajenado, extra\u00f1ado, aunque aparentemente \u201cneutro\u201d y \u201cnatural\u201d, de tramar las pre-tendidas formas del saber. Todo lo que toca lo diseca, todo lo secciona, todo lo momifica y a todo le extrae la vida. Sobre su pegajosa telara\u00f1a, no hay escapatoria posible. Impulsado por su afanosa voracidad, el entendimiento abstracto ha terminado por secuestrar el logos concreto. Ha instaurado un tipo particular de conocimiento, \u201cseguro\u201d y \u201cconfiable\u201d; se ha elevado sobre &#8216;el cielo de los cielos&#8217;, para ponerse -positium- como la suprema religi\u00f3n de las religiones del presente, al punto de que se puede llegar a afirmar que las formas de la reflexi\u00f3n se han hecho representativas de su funci\u00f3n intermediadora entre sujeto y objeto.<\/p>\n<p>Algo interesante observ\u00f3 Spinoza en el comportamiento de las ara\u00f1as. Algo le atra\u00eda de ellas. Incluso, seg\u00fan Jonathan Swift, re\u00eda copiosamente cuando las ve\u00eda batirse en duelo. En todo caso, Cornelius, su bi\u00f3grafo, cuenta que al maestro \u201cle gustaba observarlas\u201d, y que \u201cse divert\u00eda oblig\u00e1ndolas a luchar entre s\u00ed\u201d. Y a\u00fan m\u00e1s, con ayuda de una pinza, enganchaba moscas en la telara\u00f1a para disfrutar la escena inevitable. La venenosa ara\u00f1a, de miembros peludos, present\u00eda la presencia del fil\u00f3sofo y comenzaba a agitarse. Sus ocho delgadas patas c\u00f3ncavas iban pisando met\u00f3dicamente su tejido, con absoluta coherencia geom\u00e9trica y mec\u00e1nica. En el crucial momento, envuelve el cuerpo contra\u00eddo de su v\u00edctima sobre la mortaja lanosa, gris, de destellos plateados. Y una vez hallado el vientre negro de la mosca, hunde en \u00e9l sus encorvadas y agudas mand\u00edbulas. De pronto, sus ojos redondos y punzantes se encontraron con los del metaf\u00edsico. S\u00f3lo bast\u00f3 un instante. Hab\u00eda concluido el banquete y la lectio. El fil\u00f3sofo retom\u00f3 sus asuntos sobre la mesa de trabajo. Ya no hubo m\u00e1s hilaridad sino interligere y, como era de esperarse, speculatio. La ara\u00f1a, por su parte, ascendi\u00f3 por el tenso tejido hacia el techo del estudio, apoy\u00e1ndose, como de costumbre, sobre los tomos de Descartes y las Sagradas Escrituras, sobre el conocimiento y la fe.<\/p>\n<p>El problema fundamental que comporta el entendimiento abstracto consiste en el hecho de haber escindido y positivizado la fluidez del pensamiento, a partir del establecimiento del reflejo -fijado- de pre-su-posiciones o pre-juicios, cuya &#8216;claridad y distinci\u00f3n&#8217; deben ser aceptadas de plano, dado que no pueden ser objeto de revisi\u00f3n. La antig\u00fcedad cl\u00e1sica, centrada en el ti esti, es sustituida por el c\u00f3mo de la ratio t\u00e9cnica de las eras moderna y postmoderna, caracterizadas, cada vez m\u00e1s, por el &#8216;culto a lo privado&#8217; y por el &#8216;pensamiento d\u00e9bil&#8217;. Lo cierto es puesto como lo aut\u00e9nticamente verdadero y este \u201cverdadero\u201d no se debe re-examinar ni someter a juicio reconstructivo. Su ar\u00e1cnida simplicidad -en realidad, la abstracci\u00f3n- termina por asfixiar la objetividad para convertirse en \u201cLey suprema\u201d, es decir, en un aut\u00e9ntico dogma revelado, en formas o n\u00f3minas \u201cpuras\u201d. Parafraseando a Kant, el entendimiento no es una \u201creligi\u00f3n dentro de los l\u00edmites de la raz\u00f3n\u201d, sino una raz\u00f3n dentro de los l\u00edmites de la religi\u00f3n. En una expresi\u00f3n, t\u00e1citamente se le rinde culto a la prohibici\u00f3n de pensar, de crear, de producir, de objetivar, de ser como hacer. Y, a consecuencia de ello, el entendimiento termina transformado el mundo en un pasivo gabinete de f\u00f3rmulas pre-concebidas, de recetas estables, que han vuelto r\u00edgida y esquem\u00e1tica la vida contempor\u00e1nea. Se trata, pues, de formalizaciones vaciadas por completo de contenido, de estrictas limitaciones para el pensamiento pensante y, por ende, para la libertad. Es una dictadura invisible, aunque muy efectiva, que est\u00e1 en todas partes: en la pol\u00edtica, tanto en la Derecha, en el Centro, como en la Izquierda; en los medios de comunicaci\u00f3n masivos; en los m\u00e1s variados m\u00e9todos de seguridad; en la tecnolog\u00eda, en la medicina, en la econom\u00eda, en los centros de ense\u00f1anza, en el derecho, en el arte. En la sociedad actual, el entendimiento abstracto se ha hecho sentido com\u00fan. En fin, es la gran red en forma de laberinto que sostiene el peso, la carga efectiva, de toda la cultura de nuestro tiempo, y es la responsable directa del &#8216;lado oscuro&#8217;, de la mortaja que circunda -y amenaza de continuo- los l\u00edmites de la sociedad. Como p\u00fablicamente nadie puede zafarse de la estrecha rigidez de sus \u201cleyes\u201d, ni de las \u201cvirtudes\u201d trazadas por semejante \u201cracionalidad\u201d, la vida privada es el lugar indicado para explayarse, para \u201cliberarse\u201d, para dar rienda suelta a \u201cmi\u201d -supuesta- sensibilidad, mediada por el consumo. En una expresi\u00f3n, el entendimiento abstracto ha hecho del sujeto contempor\u00e1neo una figura esquizoide, desgarrada en s\u00ed misma, un aut\u00e9ntico Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Su patolog\u00eda es, pues, la consecuencia necesaria de la f\u00e9rrea dictadura de la formas reflexivas, de las formas propias del entendimiento abstracto.<\/p>\n<p>Y sin embargo, no se trata de que el entendimiento deba ser abolido. El entendimiento puede muy bien ser de provecho, incluso hasta la hilaridad spinoziana. Como dice Hegel en los Wastebook: la raz\u00f3n sin el entendimiento es nada, pero que el entendimiento sin la raz\u00f3n es \u201calgo\u201d. Y he aqu\u00ed el punto esencial que da prop\u00f3sito a las presentes l\u00edneas: la sociedad contempor\u00e1nea vive presa en el reino del \u201calgo\u201d, no de la plenitud, del pl\u00e9roma, del absoluto reconocimiento concreto del cabe s\u00ed mismo. La tarea de la filosof\u00eda, aqu\u00ed y ahora, consiste, en consecuencia, en el esfuerzo de propiciar esa delicada reconducci\u00f3n, en ubicar o, m\u00e1s bien, en reubicar al entendimiento dentro de sus l\u00edmites onto-hist\u00f3ricos y epist\u00e9micos. Se trata, en fin, de remontar su despotismo ideol\u00f3gico, de &#8216;superarlo y conservarlo&#8217;. Quiz\u00e1 no resulte desmesurada la afirmaci\u00f3n anterior. Quiz\u00e1 el futuro de la cultura humana dependa, en buena medida, de la toma de conciencia de la necesidad de volver pensar -inmerwieder- a la luz de la dial\u00e9ctica historicista. Y as\u00ed como Hegel en su \u00e9poca se dio a la tarea de actualizar el pensamiento cl\u00e1sico antiguo, a fin de traspasar y reconstruir los estrechos l\u00edmites de su menesteroso presente, as\u00ed hoy la actualizaci\u00f3n de su historicismo filos\u00f3fico convoca a emprender la tarea de vencer las pesadas tinieblas que circundan el tiempo presente. Hoy Hegel exige su propia actualizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Max Horkheimer concluye el \u00faltimo de los ensayos de su Cr\u00edtica de la raz\u00f3n instrumental con el enjuiciamiento de la representaci\u00f3n de la raz\u00f3n que el mundo contempor\u00e1neo hered\u00f3 de la Ilustraci\u00f3n. Ya no se trata, seg\u00fan Horkheimer, de problema de la comprensi\u00f3n del ser sino, m\u00e1s bien, del problema -como dice Kant- que versa en torno a las posibilidades y los l\u00edmites del conocimiento. Este parece ser el problema de fondo en el cual se concentra, desde entonces, el saber filos\u00f3fico, problema del cual la dial\u00e9ctica contempor\u00e1nea, siguiendo a Hegel, se propone dar cuenta.<\/p>\n<p>Sustituida por el entendimiento e instrumentalizada, la raz\u00f3n, abandona su funci\u00f3n cr\u00edtica e hist\u00f3ricamente, y ya no se vierte m\u00e1s sobre el ser del ente sino sobre las condiciones a priori del conocimiento, cabe decir, sobre la manera de conocer la realidad que, m\u00e1s all\u00e1 de las viejas conquistas de la ciencia primera, ponen, escinden y extra\u00f1an el movimiento dial\u00e9ctico del sujeto y del objeto. Semejante \u201cmetaf\u00edsica\u201d -a la que Hegel no duda en llamar \u201cla c\u00faspide de la moderna racionalidad (vale decir, la cr\u00edtica kantiana de la raz\u00f3n)\u201d-, ha sido incapacitada, cercen\u00e1ndosele su libre derecho de pensar la adequatio del ser en sentido enf\u00e1tico. Ello se debe, seg\u00fan Kant, al funcionamiento mismo de la raz\u00f3n humana, por medio del cual se entiende que la metaf\u00edsica no s\u00f3lo no es ciencia, ya que no ha podido alcanzar un conveniente rango cient\u00edfico, sino que dif\u00edcilmente pueda llegar a alcanzarlo. Es por tal motivo que la raz\u00f3n debe seguir trabajando en aquellos campos donde ha conquistado algunos m\u00e9ritos v\u00e1lidos, universales y necesarios, dentro del \u00e1mbito del conocimiento cient\u00edfico de la naturaleza. Resultado de la Cr\u00edtica kantiana es, pues, la exclusi\u00f3n de la posibilidad de la otrora Scientia Prima o metaf\u00edsica y su inclusi\u00f3n al \u00e1mbito de lo moral. En consecuencia, metaf\u00edsica es \u2013piensa Kant- asunto de fe, no de saber (Glauben und Wissen es, no por casualidad, el t\u00edtulo de un importante ensayo juvenil de Hegel, dedicado al estudio cr\u00edtico de las formas que tipifican la filosof\u00eda de la reflexi\u00f3n). Se trata, en otros t\u00e9rminos, de la incapacidad que la metaf\u00edsica pudiese llegar a manifestar respecto del conocimiento cient\u00edfico propiamente dicho.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed c\u00f3mo, progresivamente, ocurri\u00f3 lo que, no de manera tan obvia, la obsesiva ara\u00f1a ilustrada iba labrando. Como dice Hegel, en la Ciencia de la L\u00f3gica: \u201cLo que antes se llamaba metaf\u00edsica fue arrancado de ra\u00edz y desaparecido del conjunto de las ciencias\u201d. Y Hegel escribe la L\u00f3gica, justamente, como denuncia de esta situaci\u00f3n del mundo moderno, del mundo que con arrogancia, no exenta de una cierta ignorancia, se ha dado por llamar \u201cmoderno\u201d. De ah\u00ed que, de acuerdo con Hegel, en este asunto, no muy limpias est\u00e1n las manos de Kant: \u201cla doctrina exot\u00e9rica de Kant -dice Hegel- justifica, desde el punto de vista de la ciencia, la renuncia al pensamiento especulativo, mientras la ciencia y el intelecto humano trabajaban juntos para realizar la ruina de la metaf\u00edsica -algo as\u00ed como un templo con m\u00faltiples ornamentaciones pero sin Sanctasatorum\u201d.<\/p>\n<p>La pregunta formulada por Hegel, resulta no solamente sintom\u00e1tica sino de una creciente actualidad: \u201c\u00bfD\u00f3nde se oyen o pueden o\u00edrse todav\u00eda las voces de la antigua Ontolog\u00eda?\u201d. Tal vez, la respuesta a esta decisiva pregunta siga siendo, precisamente, la denuncia misma. Tal vez, en esto consista la perspectiva cr\u00edtica y hermen\u00e9utica que la Escuela de Frankfurt denominara bajo el t\u00edtulo general de \u201cTeor\u00eda cr\u00edtica de la sociedad\u201d. Con pasi\u00f3n y tes\u00f3n dial\u00e9cticas, T.W. Adorno titula la primera parte de su obra fundamental \u2013la Dial\u00e9ctica Negativa-, no casualmente, Necesidad de la Ontolog\u00eda. Y la m\u00e1s reciente producci\u00f3n te\u00f3rico-cr\u00edtica de la Escuela, dirigida por Axel Honneth, retoma la hegeliana \u201clucha por el reconocimiento\u201d como posibilidad de recuperar, m\u00e1s all\u00e1 del mero conocimiento, sus fundamentos en el ser social: reconocer es ser, porque todo reconocimiento es un hacer.<\/p>\n<p>Y sin embargo, al borde de tal autoconciencia, el ser mismo de la ilustraci\u00f3n termina por manifestarse a la luz de su fen\u00f3meno. Ilustraci\u00f3n, seg\u00fan Kant, quiere decir preclaridad de las humanas mentes que se liberan de las tinieblas de la ignorancia, caracterizada por una enorme fe en la capacidad liberadora de la raz\u00f3n, en virtud de la cual el conocimiento tradicional se revela ilusorio y ciegamente religioso. Significa la \u201cruptura total\u201d -y por ende, abstracta- con la historia y su perspectiva de soluci\u00f3n de los problemas del saber. Ser iluminista implica, en consecuencia, descentrar de sus bases toda reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica que da cuenta del presente, toda idea de Episteme anterior, y asumir el progreso sin recuerdo de la raz\u00f3n y de la libertad del sujeto universalmente concebido. Ser iluminista aparece, as\u00ed, como la forma m\u00e1s eficaz para la liberaci\u00f3n del hombre de los errores y los prejuicios de otros tiempos. Fe en la infinita posibilidad del progreso del hombre, estrechamente vinculada con su capacidad de conocer, con la posibilidad de eliminar aquellos elementos irracionales que vician a la sociedad y al individuo. As\u00ed, pues, con la eliminaci\u00f3n de la \u201coscuridad\u201d, propia de lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 -o m\u00e1s adentro- de la f\u00edsica, nacer\u00e1, para todos los hombres un estado de absoluta felicidad y bienestar.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es ilustraci\u00f3n?, se pregunta Kant, para responder en su famoso ensayo de 1784: \u201ces salir del estado de interioridad que debe imputarse a s\u00ed mismo, a la incapacidad de valerse del propio intelecto sin la gu\u00eda del otro\u201d: \u00a1Sapere aude!, saberse audaz, tener el coraje de servirse de la propia inteligencia. La pereza y la vileza son las causas de que el hombre, despu\u00e9s de haber sido liberado por la naturaleza, siga siendo inferior. Ilustraci\u00f3n es sin\u00f3nimo de libertad -dice Kant-: la condici\u00f3n m\u00e1s originaria e ingenua de todas, dado que el hombre es \u201cnaturalmente libre\u201d. Por eso, es tambi\u00e9n el poder hacer uso de la propia raz\u00f3n y, m\u00e1s a\u00fan, del hacer de la raz\u00f3n la cosa p\u00fablica. As\u00ed, se dividen los intereses p\u00fablicos de los intereses privados y se distingue entre una raz\u00f3n general y una raz\u00f3n particular. Quien piensa religiosamente, por ejemplo, puede hacerlo cuando quiera, siempre y cuando deje libre paso a las luces de un pensamiento no religioso y, m\u00e1s bien, \u00e1vido de laicos conocimientos y de experiencias cient\u00edficas. Se trata, sin m\u00e1s, de la renuncia a todo dogma, a toda creencia ciega y a toda imposici\u00f3n.<\/p>\n<p>No obstante, acaso la negaci\u00f3n de todo dogma y de toda creencia sea, ella misma, un dogma y una ciega creencia. Acaso convenga pensar en la posibilidad de que la cr\u00edtica de la religi\u00f3n sea, ella misma, religiosa. El sue\u00f1o de la raz\u00f3n -dec\u00eda Goya- produce monstruos. Si la religi\u00f3n debe someterse a los l\u00edmites que le traza la raz\u00f3n, del mismo modo, la raz\u00f3n debe someterse a los l\u00edmites que le traza la religi\u00f3n. Glauben und wissen; de nuevo, Doctor Jekill y Mister Hyde.<\/p>\n<p>Conviene recordar que religi\u00f3n y filosof\u00eda, en toda construcci\u00f3n ontol\u00f3gica, recorren caminos no pocas veces contrapuestos. Y sin embargo, ambas apelan a necesidades te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas, al intelecto y a la vida sentimental de los hombres. Por lo tanto, entre ambas, no puede no surgir una historia de las relaciones del saber y de la fe en el hic et nunc, cabe decir, en el presente. Por eso, la forma de tales interrelaciones depende de problemas hist\u00f3ricos, sociales y culturales en general. Grecia -la eterna casa- no tuvo teolog\u00eda de dogmas obligatorios, motivo por el cual la Ontolog\u00eda pudo encontrar all\u00ed un horizonte abierto y libre. Los presocr\u00e1ticos pudieron, as\u00ed, descubrir, una despu\u00e9s de la otra, sus m\u00e1s esenciales categor\u00edas metaf\u00edsico-pol\u00edticas. La verdad, el bien y la belleza se identifican. Y hasta S\u00f3crates la plena objetividad del mundo griego, su monismo c\u00f3smico, permaneci\u00f3 como factor predominante. S\u00f3lo con la crisis de la Polis, con la situaci\u00f3n -como la denomina H\u00f6lderlin- de \u201cpecaminosidad consumada\u201d, producida en el interior del tejido mismo de la totalidad griega -cuyo peso recae sobre problemas de car\u00e1cter \u00e9tico-pol\u00edticos y no naturales, como se ha pretendido hacer creer durante a\u00f1os, por el solo hecho de asociar mec\u00e1nicamente el inter\u00e9s por el estudio de la physis con la preocupaci\u00f3n por el Kosmos -precisamente, porque, en realidad, para los antiguos griegos, el Kosmos no es ni m\u00e1s ni menos que la Polis o, en todo caso, resulta imposible separar la una del otro-, la filosof\u00eda comienza a estudiar lo humano, la objetividad de lo subjetivo propiamente dicho. Y Plat\u00f3n, fil\u00f3sofo del qu\u00e9 hacer, proyecta una Ontolog\u00eda cuya concepci\u00f3n de la realidad quiere garantizar a los postulados del Ethos una meta segura y necesaria, es decir, que garantice la salvaci\u00f3n del ideal de la Ciudad-Estado. Pero, con ello, -y m\u00e1s all\u00e1 del ti est\u00ed aristot\u00e9lico- entra en la historia de la cultura un dualismo ontol\u00f3gico que tipifica a aqu\u00e9l desgarramiento total que conducir\u00e1 al advenimiento del cristianismo. De un lado, se sit\u00faa al mundo de los hombres; del otro, al mundo real, ubicado en el m\u00e1s all\u00e1, que enriquece y nutre, porque garantiza, la existencia del primero. No obstante, la estructura ontol\u00f3gica, a pesar del dualismo especular, a\u00fan permanece intacta. Pese a los casi desesperados intentos de Arist\u00f3teles, as\u00ed como a la tradici\u00f3n escol\u00e1stica medieval, cuyo leitmotiv consiste en llamar la atenci\u00f3n acerca del reconocimiento de la efectividad de lo que es, la historia ha sembrado sus ra\u00edces, y por sus tallos emana la savia del desgarramiento, de la cual la teolog\u00eda filosofante \u2013como la llama Hegel- es prueba concreta. Tom\u00e1s es el fil\u00f3sofo de la crisis, que intenta pensarla y superarla. Como filosof\u00eda de la \u2018conciencia de la totalidad\u2019, la suya permanece aislada en el convento de su propio tiempo, porque en \u00e9pocas de profunda fe, de necesidad religiosa, ese es el destino de toda ontolog\u00eda radical.<\/p>\n<p>Todo lo que en la relaci\u00f3n originaria contrastaba con la l\u00ednea trazada por las exigencias de la fe, y con la sobrestructura ontol\u00f3gica consumada sobre ella, no pod\u00eda no conducir a la herej\u00eda y ven\u00eda extirpado en cuanto tal, a menos de que se lograse \u201cadaptar\u201d a ella. As\u00ed, la ontolog\u00eda de los primeros tiempos fue perdiendo su actualidad y, en el fondo, fue tomada como mero artefacto de erudici\u00f3n, o en el peor de los casos, como elemento decorativo. Entre tanto, el otro polo de la antag\u00f3nica relaci\u00f3n iba progresivamente desarroll\u00e1ndose. De modo tal que la Iglesia, factor determinante del dominio pol\u00edtico y cultural, manten\u00eda el postulado de una ontolog\u00eda fundamental que iba modificando, de acuerdo a sus condiciones y circunstancias, su visi\u00f3n moral y pol\u00edtica. Se echaban las bases de la constituci\u00f3n misma del ser de la Ilustraci\u00f3n, al cual la herej\u00eda org\u00e1nica de la filosof\u00eda del Renacimiento puso en tela de juicio, al identificar, otra vez \u2013pues para ellos se trataba, precisamente, de renacer, esto es, de reiniciar los postulados originarios de la identidad de sujeto y objeto, caracter\u00edsticos de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica-, la Ontolog\u00eda con la Pol\u00edtica, m\u00e1s all\u00e1 de los intereses de una Iglesia cristalizada y, por ende, escisiva. Brecht, en su Vida de Galileo, expone con claridad, no exenta de cinismo, la representaci\u00f3n de tal advenimiento, a trav\u00e9s de un personaje que se transforma en la clave de semejante proceso: se trata del Cardenal Belarmino, presidente del Tribunal Inquisidor que enjuiciara a Giordano Bruno, una figura que tipifica la doble verdad de la situaci\u00f3n constitutiva del ser ilustrado:<\/p>\n<p>Adecu\u00e9monos a los nuevos tiempos -hace decir Brecht a su personaje. Si las cartas astron\u00f3micas, basadas en una nueva hip\u00f3tesis, facilitan la navegaci\u00f3n de nuestros marinos, us\u00e9moslas. No nos complacen, solamente, las teor\u00edas que falsifican las Escrituras.<\/p>\n<p>La muerte de Bruno representa, de hecho, la liquidaci\u00f3n del proyecto filos\u00f3fico renacentista y el triunfo de la raz\u00f3n moderno-ilustrada, cabe decir, del entendimiento abstracto.<\/p>\n<p>En efecto, el modelo escisivo del ser ilustrado se iba gestando mediante la creciente fuerza de su mala conciencia. Una hipocres\u00eda \u2013la del deber ser- que expresa toda la percepci\u00f3n intuitivamente adecuada al nuevo estado de cosas que se aproxima: desarrollar \u201cla ciencia\u201d se transform\u00f3, para la modernidad, en una cuesti\u00f3n de vida o muerte. Esa real situaci\u00f3n ha devenido el factor primordial de todo el desarrollo filos\u00f3fico ulterior y de todo problema ontol\u00f3gico contempor\u00e1neo. Porque ella, la ciencia primera, progresivamente se hizo estudio y dominio de la naturaleza. Pero, adem\u00e1s, este proceso ha permitido la verificaci\u00f3n de una cada vez mayor polarizaci\u00f3n de y en la filosof\u00eda moderna. De un lado, Hobbes y Leibniz, cada uno a su modo, insisten en el desarrollo de una ontolog\u00eda basada en las conquistas de la ciencia. Del otro, Berkley, Hume y Kant fundamentan con \u00e9nfasis lo que ya antes se ha calificado como la hipocres\u00eda de Belarmino, a saber: una mostraci\u00f3n sobre el plano gnoseol\u00f3gico de la imposibilidad de conocer la realidad efectiva, m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la raz\u00f3n. La Prima philosophia yace ahora aislada, censurada, maldita, en el ghetto spinoziano. La ontolog\u00eda se delimita, abarca s\u00f3lo un aspecto de la antigua Episteme, aquel aspecto apor\u00e9tico que vincula cada vez m\u00e1s la metaf\u00edsica con el dogmatismo, el ser con la Religi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u201cLo que no cabe en el cielo de los cielos se encierra en al claustro de Mar\u00eda\u201d, afirma Hegel en el Fragmento de Sistema de 1800. Afirmaci\u00f3n que, para los efectos hermen\u00e9uticos de estas l\u00edneas, contiene un emblem\u00e1tico significado, en el que necesariamente conviene insistir.<\/p>\n<p>Aspira la reflexi\u00f3n del entendimiento transformar la metaf\u00edsica en una religi\u00f3n \u201cdentro de los confines de la raz\u00f3n\u201d. Se fragua la expiaci\u00f3n de \u2018la cosa en s\u00ed\u2019. Se refuta toda posible ontologizaci\u00f3n de resultados cient\u00edficos, toda existencia del ser en cuanto ser y su libre manifestaci\u00f3n cabe-s\u00ed. Teor\u00eda del conocimiento \u201cpuro\u201d que ubica, allende el ser total y concreto, el campus de \u00e1ngeles y demonios en un maloliente saco de gatos, de infinitas posibilidades imaginarias y ensue\u00f1os. La Religi\u00f3n \u2013la antigua forma del re-ligare- se transforma en mero sentimiento subjetivo, al tiempo que el entendimiento cobra en la realidad la funci\u00f3n catequizadora de los fieles, en su incesante r\u00edtmica social: surge as\u00ed la definitiva institucionalizaci\u00f3n de la religi\u00f3n positiva, de una \u201c\u00fanica verdad\u201d, para cuyas metas s\u00f3lo har\u00eda falta la instrumentalizaci\u00f3n y la t\u00e9cnica. El advenimiento de la ratio instrumental, de la nueva religi\u00f3n, se transforma, de ese modo, no en el sue\u00f1o kantiano de las mayor\u00edas ilustradas, sino en la pesadilla de una realidad que extirp\u00f3 de su seno la objetividad de su propio ser.<\/p>\n<p>La labor iniciada por Hegel encuentra, ahora, su m\u00e1s profundo significado y sentido. Su denuncia intenta fundamentar la posibilidad de una Ontolog\u00eda del ser social, m\u00e1s all\u00e1 de los anuncios de ne\u00f3n o &#8216;led&#8217; de una inaprehensible y, por ende, invenerable ontologizaci\u00f3n que intenta desesperadamente hablar de aquello que Wittgenstein ha prohibido. El ser oculto detr\u00e1s de la \u201clumbre\u201d epistemol\u00f3gica es el indicio de un abismo devenido anhelo que, con vehemencia, se busca esperanzar frente a la perentoriedad del juicio kantiano de la raz\u00f3n. La cr\u00edtica al criticismo sorprende su condici\u00f3n precr\u00edtica, y lo absoluto muestra el rostro de lo que lo absoluto mismo m\u00e1s detesta, a saber: la naturaleza inanimada o sujeta a acomodaci\u00f3n. Tal es el reverso, la cara oculta, reflexiva, de la responsabilidad intelectual y moral de la ilustraci\u00f3n moderna, de la figuraci\u00f3n \u201ccient\u00edfica\u201d del entendimiento. Como ha indicado Borges:<\/p>\n<p>Fragmento de vida, \u00bfQu\u00e9 has sido?&#8230;<\/p>\n<p>Cu\u00e1nta noche bajo la cual yac\u00eda nuestro d\u00eda<\/p>\n<p>Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, mas entonces conocer\u00e9 como soy conocido.<\/p>\n<p>Como se podr\u00e1 observar, la labor es ardua. Pero esa labor pasa por Hegel. Hegel se hace actualidad. La teor\u00eda cr\u00edtica y el historicismo filos\u00f3fico contempor\u00e1neo -como elementos fundamentales que exigen la tarea de repensar el tiempo presente-, forman el hilo conductor que orienta la b\u00fasqueda \u2013o m\u00e1s bien, el reencuentro- de la Metaf\u00edsica. Metaf\u00edsica comprendida, esta vez, como ontolog\u00eda del ser social, es decir: como la unidad dial\u00e9ctica \u2013y, por ende, problem\u00e1tica- de la ontolog\u00eda y el historicismo. Se trata, en s\u00edntesis, de expresar la oposici\u00f3n de sujeto y objeto, de cosa y m\u00e9todo, de ser y conocer, a objeto de sorprenderla en la interdependiente reciprocidad de sus determinaciones, reconociendo, por cierto, la necesidad de la formas propias de la reflexi\u00f3n, de su lucha y de su no prevista o presupuesta conquista abstractamente unitaria. En efecto, en cada una de las determinaciones que pueda sorprender el pensar, se hace patente la no-identidad del sujeto y del objeto, la no coincidencia de lo uno y de lo otro. Y sin embargo, el compendio reconstructivo de dichas determinaciones, la concreta totalidad, el \u201crecuerdo del calvario de los esp\u00edritus\u201d, devela, a cada paso, y como resultado de sus puntuales determinaciones \u2013m\u00e1s nunca como \u2018m\u00e9todo\u2019-, la identidad absoluta que supera y conserva (Aufgehoben) las oposiciones.<\/p>\n<p>Hegel, hoy m\u00e1s que nunca, se vuelve actual, porque como nunca antes su pensamiento confirma ser una provocaci\u00f3n, un reto a pensar, a fin de poder traspasar las telara\u00f1as que han terminado asfixiando la inteligencia, la acci\u00f3n creadora, la voluntad pensante, que convoca a recomponer el Objetum mentis. Y es por eso mismo que le queda al lector, amigo de la verdad m\u00e1s que de las canonizaciones, el extraordinario esfuerzo de precisar, aqu\u00ed y ahora, la rosa en la cruz del presente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class='MsoNormal' style='margin-bottom: 18.0pt; text-align: justify; line-height: 150%;'>Quiz\u00e1 el futuro de la cultura humana dependa, en buena medida, de la toma de conciencia de la necesidad de volver pensar a la luz de la dial\u00e9ctica historicista. Y as\u00ed como Hegel en su \u00e9poca se dio a la tarea de actualizar el pensamiento cl\u00e1sico antiguo, a fin de traspasar y reconstruir los estrechos l\u00edmites de su menesteroso presente, as\u00ed hoy la actualizaci\u00f3n de su historicismo filos\u00f3fico convoca a emprender la tarea de vencer las pesadas tinieblas que circundan el tiempo presente. Hoy Hegel exige su propia actualizaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":3315,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[867],"class_list":["post-3314","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-filosofia","tag-g-w-f-hegel"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3314","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3314"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3314\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3315"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3314"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3314"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3314"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}