{"id":3346,"date":"2017-02-17T00:00:00","date_gmt":"2017-02-17T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3346"},"modified":"2020-02-15T09:36:51","modified_gmt":"2020-02-15T08:36:51","slug":"las-contradicciones-del-capital-y-los-cuidados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3346","title":{"rendered":"Las contradicciones del capital y los cuidados"},"content":{"rendered":"<p>La \u00abcrisis de los cuidados\u00bb es en este momento uno de los principales temas de debate p\u00fablico<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote1sym\" name=\"sdendnote1anc\">1<\/a>. A menudo relacionado con ideas como \u00abpobreza de tiempo\u00bb, \u00abequilibrio familia-trabajo\u00bb y \u00abvaciamiento social\u00bb, hace referencia a las presiones que desde diversos puntos est\u00e1n actualmente exprimiendo un conjunto clave de capacidades sociales: las disponibles para tener y criar ni\u00f1os, cuidar de amigos y familiares, mantener hogares y comunidades m\u00e1s amplias, y sostener relaciones m\u00e1s en general<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote2sym\" name=\"sdendnote2anc\">2<\/a>. Hist\u00f3ricamente, estos procesos de \u00abreproducci\u00f3n social\u00bb han estado considerados trabajo de mujeres, aunque los hombres siempre han realizado tambi\u00e9n parte de los mismos. Los cuidados, que comprenden tanto trabajo afectivo como material y a menudo se realizan sin remuneraci\u00f3n, son indispensables para la sociedad. Sin ellos no podr\u00eda haber cultura, ni econom\u00eda, ni organizaci\u00f3n pol\u00edtica. Ninguna sociedad que sistem\u00e1ticamente debilite su reproducci\u00f3n social logra perdurar mucho. Hoy en d\u00eda, sin embargo, una nueva forma de sociedad capitalista est\u00e1 haciendo exactamente eso. El resultado es una enorme crisis, no solo de los cuidados, sino tambi\u00e9n de la reproducci\u00f3n social en su sentido m\u00e1s amplio.<\/p>\n<p>Entiendo esta crisis como uno de los componentes de una \u00abcrisis general\u00bb, que incluye tambi\u00e9n vectores econ\u00f3micos, ecol\u00f3gicos y pol\u00edticos, que se entrecruzan y exacerban mutuamente. El aspecto de la reproducci\u00f3n social forma una dimensi\u00f3n importante de esta crisis general, pero a menudo queda olvidado en los actuales debates, que se centran principalmente en los peligros econ\u00f3micos o ecol\u00f3gicos. Este \u00abseparatismo cr\u00edtico\u00bb es problem\u00e1tico; el aspecto social es tan fundamental en la crisis en general que ninguno de los otros puede entenderse adecuadamente haciendo abstracci\u00f3n de \u00e9l. Sin embargo, tambi\u00e9n puede afirmarse lo contrario. La crisis de la reproducci\u00f3n social no es un elemento independiente y no puede entenderse adecuadamente por s\u00ed sola. \u00bfC\u00f3mo deber\u00edamos interpretarla, entonces? Yo sostengo que la \u00abcrisis de los cuidados\u00bb es mejor interpretarla como una expresi\u00f3n m\u00e1s o menos aguda de las contradicciones socioreproductivas del capitalismo financiarizado. Esta formulaci\u00f3n sugiere dos ideas. En primer lugar, las actuales tensiones a las que est\u00e1n sometidos los cuidados no son accidentales, sino que tienen unas profundas ra\u00edces sist\u00e9micas en la estructura de nuestro orden social, que yo denomino aqu\u00ed capitalismo financiarizado. No obstante, y este es el segundo punto, la actual crisis de la reproducci\u00f3n social indica que hay algo podrido no solo en la actual forma financiarizada del capitalismo, sino en la sociedad capitalista <i>per se<\/i>.<\/p>\n<p>Sostengo que toda forma de sociedad capitalista alberga una contradicci\u00f3n o \u00abtendencia a la crisis\u00bb socioreproductiva profundamente asentada: por una parte, la reproducci\u00f3n social es una de las condiciones que posibilitan la acumulaci\u00f3n sostenida de capital; por otra, la orientaci\u00f3n del capitalismo a la acumulaci\u00f3n ilimitada tiende a desestabilizar los procesos mismos de reproducci\u00f3n social sobre los cuales se asienta. Esta contradicci\u00f3n socioreproductiva del capitalismo se sit\u00faa en la base de la denominada crisis de los cuidados. Aunque inherente al capitalismo como tal, asume una forma diferente y distintiva en cada forma hist\u00f3ricamente espec\u00edfica de la sociedad capitalista: en el capitalismo liberal competitivo del siglo XIX; en el capitalismo gestionado por el Estado de posguerra; y en el capitalismo neoliberal financiarizado de nuestro tiempo. Los d\u00e9ficits de cuidados que experimentamos hoy son la forma que esta contradicci\u00f3n adopta en esta tercera fase, la m\u00e1s reciente, del desarrollo capitalista.<\/p>\n<p>Para desarrollar esta tesis, propongo explicar primero la contradicci\u00f3n social del capitalismo como tal, en su forma general. En segundo lugar, esbozo su evoluci\u00f3n hist\u00f3rica en las dos fases anteriores del desarrollo capitalista. Por \u00faltimo, sugiero interpretar los \u00abd\u00e9ficits de los cuidados\u00bb de hoy en d\u00eda como expresiones de la contradicci\u00f3n social del capitalismo en su actual fase financiarizada.<\/p>\n<p><b>Aprovech\u00e1ndose del mundo de vida<\/b><\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los estudiosos de la crisis contempor\u00e1nea se centran en las contradicciones internas del sistema econ\u00f3mico capitalista. En el n\u00facleo de este, afirman, radica una tendencia innata a la autodesestabilizaci\u00f3n, que se expresa peri\u00f3dicamente mediante crisis econ\u00f3micas. Este punto de vista es acertado hasta cierto punto, pero no aporta una imagen completa de las tendencias inherentes del capitalismo a la crisis. Al adoptar una perspectiva economicista, interpreta el capitalismo de manera excesivamente restrictiva como un sistema econ\u00f3mico <i>simpliciter<\/i>. Por el contrario, asumir\u00e9 una interpretaci\u00f3n ampliada del capitalismo, que abarca tanto su econom\u00eda oficial como las condiciones contextuales \u00abno econ\u00f3micas\u00bb de la misma. Dicho punto de vista nos permite conceptualizar y criticar toda la gama de tendencias del capitalismo a las crisis, incluidas las que afectan a la reproducci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Mi argumento es que el subsistema econ\u00f3mico del capitalismo depende de actividades de reproducci\u00f3n social externas a \u00e9l, que constituyen una de las condiciones primordiales que posibilitan su existencia. Otras condiciones primordiales son las funciones de gobernanza desempe\u00f1adas por los poderes p\u00fablicos y la disponibilidad de la naturaleza como fuente de \u00abinsumos productivos\u00bb y como \u00absumidero\u00bb de los residuos de la producci\u00f3n<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote3sym\" name=\"sdendnote3anc\">3<\/a>. Aqu\u00ed me centrar\u00e9, sin embargo, en el modo en el que la econom\u00eda capitalista depende \u2013podr\u00eda decirse que se aprovecha sin coste alguno\u2013 de actividades de reposici\u00f3n, prestaci\u00f3n de cuidados e interacci\u00f3n que producen y sostienen v\u00ednculos sociales, aunque no les asigna valor monetario y los trata como si fuesen gratuitos. Denominada de diversas formas (\u00abcuidados\u00bb, \u00abtrabajo afectivo\u00bb o \u00absubjetivaci\u00f3n\u00bb), dicha actividad forma los sujetos humanos del capitalismo, sosteni\u00e9ndolos como seres naturales personificados, al tiempo que los constituye como seres sociales, formando sus <i>habitus<\/i> y el <i>ethos<\/i> cultural en los que se mueven. El trabajo de traer al mundo y socializar a los ni\u00f1os es fundamental para este proceso, al igual que cuidar a los ancianos, mantener los hogares, construir comunidades y sostener los significados, las disposiciones afectivas y los horizontes de valor compartidos que apuntalan la cooperaci\u00f3n social. En las sociedades capitalistas, buena parte de esta actividad, aunque no toda, se efect\u00faa al margen del mercado: en viviendas, barrios, asociaciones de la sociedad civil, redes informales e instituciones p\u00fablicas tales como los colegios; y una parte relativamente peque\u00f1a de la misma adopta la forma de trabajo asalariado. La actividad de reproducci\u00f3n social no asalariada es necesaria para la existencia del trabajo asalariado, para la acumulaci\u00f3n de plusvalor y para el funcionamiento del capitalismo como tal. Ninguna de estas cosas podr\u00eda existir en ausencia del trabajo dom\u00e9stico, la crianza de ni\u00f1os, la ense\u00f1anza, los cuidados afectivos y toda una serie de actividades que sirven para producir nuevas generaciones de trabajadores y reponer las existentes, as\u00ed como para mantener los v\u00ednculos sociales y las mentalidades compartidas. La reproducci\u00f3n social es una condici\u00f3n de fondo indispensable para la posibilidad de la producci\u00f3n econ\u00f3mica en una sociedad capitalista<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote4sym\" name=\"sdendnote4anc\">4<\/a>.<\/p>\n<p>Al menos desde la era industrial, sin embargo, las sociedades capitalistas han separado el trabajo de reproducci\u00f3n social del trabajo de reproducci\u00f3n econ\u00f3mica. Asociando el primero con las mujeres y el segundo con los hombres, han remunerado las actividades \u00abreproductivas\u00bb con la moneda del \u00abamor\u00bb y la \u00abvirtud\u00bb, al tiempo que compensaban el \u00abtrabajo productivo\u00bb con dinero. De este modo, las sociedades capitalistas crearon una base institucional para formas nuevas y modernas de subordinaci\u00f3n de las mujeres. Separando el trabajo reproductivo del universo de las actividades humanas en general, en el que antes el trabajo de las mujeres ocupaba un lugar reconocido, lo relegaron a una \u00abesfera dom\u00e9stica\u00bb de nueva institucionalizaci\u00f3n, en la que la importancia social de dicho trabajo qued\u00f3 oscurecida. Y en este mundo nuevo, en el que el dinero se convirti\u00f3 en el principal medio de poder, el hecho de no estar remunerado sell\u00f3 la cuesti\u00f3n: quienes efect\u00faan dicho trabajo est\u00e1n estructuralmente subordinadas a aquellos que reciben salarios en met\u00e1lico, aunque su trabajo proporcione una precondici\u00f3n necesaria para el trabajo asalariado, e incluso mientras est\u00e1 siendo tambi\u00e9n saturado de nuevos y falseados ideales dom\u00e9sticos de feminidad.<\/p>\n<p>En general, por lo tanto, las sociedades capitalistas separan la reproducci\u00f3n social de la producci\u00f3n econ\u00f3mica, asociando la primera con las mujeres, y oscureciendo su importancia y su valor. Parad\u00f3jicamente, sin embargo, hacen depender sus econom\u00edas oficiales de los mism\u00edsimos procesos de reproducci\u00f3n social cuyo valor rechazan. Esta peculiar relaci\u00f3n de separaci\u00f3n-dependencia-rechazo es una fuente inherente de inestabilidad: por un lado, la producci\u00f3n econ\u00f3mica capitalista no es autosuficiente, sino que depende de la reproducci\u00f3n social; por otro, su tendencia a la acumulaci\u00f3n ilimitada amenaza con desestabilizar los mism\u00edsimos procesos y capacidades reproductivas que el capital necesita (y tambi\u00e9n el resto de nosotros). Con el tiempo la consecuencia puede ser, como veremos, la de hacer peligrar las condiciones sociales necesarias para la econom\u00eda capitalista. Se trata, en efecto, de una \u00abcontradicci\u00f3n social\u00bb inherente en la estructura profunda de la sociedad capitalista. Como las contradicciones econ\u00f3micas resaltadas por los marxistas, tambi\u00e9n esta cimienta una tendencia a las crisis. En este caso, sin embargo, la contradicci\u00f3n no se sit\u00faa \u00abdentro\u00bb de la econom\u00eda capitalista, sino en la frontera que simult\u00e1neamente separa y conecta producci\u00f3n y reproducci\u00f3n. Ni intraecon\u00f3mica ni intradom\u00e9stica, es una contradicci\u00f3n entre dos elementos constituyentes de la sociedad capitalista. A menudo, por supuesto, esta contradicci\u00f3n es silenciada, y la tendencia correspondiente a las crisis permanece oculta. Se agudiza, sin embargo, cuando la tendencia del capital a ampliar la acumulaci\u00f3n se desancla de sus bases sociales y se vuelve contra ellas. En dicho caso, la l\u00f3gica de la producci\u00f3n econ\u00f3mica se antepone a la de la reproducci\u00f3n social, desestabilizando los mism\u00edsimos procesos de los que depende el capital, y haciendo peligrar las capacidades sociales, tanto dom\u00e9sticas como p\u00fablicas, necesarias para sostener la acumulaci\u00f3n a largo plazo. Destruyendo las propias condiciones de posibilidad, la din\u00e1mica de acumulaci\u00f3n del capital se muerde de hecho su propia cola.<\/p>\n<p><b>Realizaciones hist\u00f3ricas<\/b><\/p>\n<p>Esta es la estructura de la tendencia general del \u00abcapitalismo como tal\u00bb a la crisis social. Sin embargo, la sociedad capitalista solo existe en formas hist\u00f3ricas precisas o reg\u00edmenes de acumulaci\u00f3n tambi\u00e9n espec\u00edficos. La organizaci\u00f3n capitalista de la reproducci\u00f3n social ha experimentado de hecho grandes cambios hist\u00f3ricos, a menudo como resultado de la protesta pol\u00edtica; en especial en periodos de crisis en los que los actores sociales luchan por los l\u00edmites que separan la \u00abeconom\u00eda\u00bb de la \u00absociedad\u00bb, la \u00abproducci\u00f3n\u00bb de la \u00abreproducci\u00f3n\u00bb y el \u00abtrabajo\u00bb de la \u00abfamilia\u00bb, y en ocasiones consiguen trazarlos de nuevo. Estas \u00abluchas por los l\u00edmites\u00bb, como yo las llamo, son tan fundamentales para las sociedades capitalistas como la lucha de clases analizadas por Marx, y los cambios que producen marcan transformaciones que hacen \u00e9poca<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote5sym\" name=\"sdendnote5anc\">5<\/a>. Una perspectiva que sit\u00fae en primer plano estos cambios puede distinguir al menos tres reg\u00edmenes de reproducci\u00f3n social asociados a modelos espec\u00edficos de producci\u00f3n econ\u00f3mica en la historia del capitalismo.<\/p>\n<p>El primero es el r\u00e9gimen de capitalismo competitivo liberal del siglo XIX. Combinando explotaci\u00f3n industrial en el n\u00facleo europeo con la expropiaci\u00f3n colonial en la periferia, este r\u00e9gimen tend\u00eda a dejar a los trabajadores reproducirse de manera \u00abaut\u00f3noma\u00bb, fuera de los circuitos del valor monetizado, mientras los Estados se manten\u00edan al margen. Pero tambi\u00e9n cre\u00f3 un nuevo imaginario burgu\u00e9s de domesticidad. Catalogando la reproducci\u00f3n social como territorio de las mujeres dentro de la familia privada, este r\u00e9gimen elabor\u00f3 el ideal de \u00abesferas separadas\u00bb, al tiempo que privaba a la mayor\u00eda de las condiciones necesarias para realizarlo.<\/p>\n<p>El segundo r\u00e9gimen es el capitalismo gestionado por el Estado propio del siglo XX. Basado en la producci\u00f3n industrial y en elevados niveles de consumo familiar en los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados de la econom\u00eda-mundo capitalista y sustentado por la continuaci\u00f3n de la expropiaci\u00f3n colonial y poscolonial en la periferia, este r\u00e9gimen organiz\u00f3 la reproducci\u00f3n social a trav\u00e9s de la provisi\u00f3n estatal y corporativa de bienestar social. Al modificar el modelo victoriano de esferas separadas, promovi\u00f3 el ideal aparentemente m\u00e1s moderno del \u00absalario familiar\u00bb, a pesar de que, de nuevo, relativamente pocas familias lograron alcanzarlo.<\/p>\n<p>El tercer r\u00e9gimen es el capitalismo financiarizado y globalizador del momento actual. Este r\u00e9gimen ha deslocalizado los procesos de producci\u00f3n, traslad\u00e1ndolos a regiones de bajos salarios, ha atra\u00eddo a las mujeres a la fuerza de trabajo remunerada y ha promovido la desinversi\u00f3n estatal y corporativa en bienestar social. Al externalizar el trabajo de los cuidados a familias y comunidades, ha disminuido simult\u00e1neamente la capacidad de ambas para efectuarlo. El resultado, en medio de una creciente desigualdad, es una organizaci\u00f3n dualizada de la reproducci\u00f3n social, mercantilizada para aquellos que pueden pagarla, privatizada para aquellos que no pueden, todo ello disimulado por el ideal a\u00fan m\u00e1s moderno de la \u00abfamilia con dos proveedores\u00bb.<\/p>\n<p>En cada r\u00e9gimen, por lo tanto, las condiciones socioreproductivas para la producci\u00f3n capitalista han asumido una forma institucional diferente y materializado un orden normativo diferente: primero \u00abesferas separadas\u00bb, despu\u00e9s \u00abel salario familiar\u00bb y ahora la \u00abfamilia con dos proveedores\u00bb. En cada uno de estos casos, tambi\u00e9n, la contradicci\u00f3n social de la sociedad capitalista ha asumido un aspecto distinto, encontrando expresi\u00f3n en un conjunto distinto de fen\u00f3menos de crisis. En cada r\u00e9gimen, por \u00faltimo, la contradicci\u00f3n social del capitalismo ha incitado diferentes luchas sociales: lucha de clases, sin duda, pero tambi\u00e9n luchas por los l\u00edmites, ambas entremezcladas tambi\u00e9n con otras que buscaban la emancipaci\u00f3n de las mujeres, de los esclavos y de los pueblos colonizados.<\/p>\n<p><b>Relegaci\u00f3n de las mujeres al hogar<\/b><\/p>\n<p>Consid\u00e9rese, en primer lugar, el capitalismo competitivo liberal del siglo XIX. En esa \u00e9poca, los imperativos de la producci\u00f3n y de la reproducci\u00f3n parec\u00edan situarse directamente en contradicci\u00f3n directa. En los primeros centros fabriles del n\u00facleo capitalista, los industriales, hambrientos de mano de obra barata y manifiesta docilidad, atrajeron a mujeres y ni\u00f1os a f\u00e1bricas y minas. Con un salario de miseria y obligados a trabajar largas jornadas en condiciones insalubres, estos trabajadores se convirtieron en iconos del desprecio del capital por las relaciones y las capacidades sociales que sosten\u00edan su productividad<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote6sym\" name=\"sdendnote6anc\">6<\/a>. El resultado fue una crisis al menos en dos planos: por una parte, una crisis de la reproducci\u00f3n social entre las clases pobres y trabajadoras, cuya capacidad de sustento y de reposici\u00f3n se tensaron hasta llegar al borde del punto de ruptura; por otra, un p\u00e1nico moral entre las clases medias, a las que les escandalizaba lo que consideraban la \u00abdestrucci\u00f3n de la familia\u00bb y la \u00abdesexualizaci\u00f3n\u00bb de las mujeres proletarias. Tan desesperada lleg\u00f3 a ser la situaci\u00f3n, que hasta cr\u00edticos tan perspicaces como Marx y Engels confundieron este conflicto directo inicial entre producci\u00f3n econ\u00f3mica y reproducci\u00f3n social con el punto final del mismo. Imaginando que el capitalismo hab\u00eda entrado en su crisis terminal, creyeron que, al destruir la familia de clase obrera, el sistema estaba tambi\u00e9n erradicando la base de la opresi\u00f3n de las mujeres<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote7sym\" name=\"sdendnote7anc\">7<\/a>. Pero lo que de hecho ocurri\u00f3 fue exactamente lo contrario: con el tiempo, las sociedades capitalistas encontraron recursos para gestionar esta contradicci\u00f3n mediante la creaci\u00f3n de \u00abla familia\u00bb en su forma restringida moderna, la invenci\u00f3n de nuevos e intensificados significados de la diferencia de g\u00e9nero y la modernizaci\u00f3n de la dominaci\u00f3n masculina.<\/p>\n<p>El proceso de ajuste empez\u00f3, en el n\u00facleo europeo, con una legislaci\u00f3n proteccionista. La idea era estabilizar la reproducci\u00f3n social limitando la explotaci\u00f3n de mujeres y ni\u00f1os en el trabajo fabril<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote8sym\" name=\"sdendnote8anc\">8<\/a>. Encabezada por los reformadores de clase media en alianza con las nacientes organizaciones obreras, esta \u00absoluci\u00f3n\u00bb reflejaba una compleja amalgama de motivos diferentes. Uno de los objetivos, c\u00e9lebremente puesto de relieve por Karl Polanyi, era el de defender la \u00absociedad\u00bb contra la \u00abeconom\u00eda\u00bb<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote9sym\" name=\"sdendnote9anc\">9<\/a>. Otro era el de apaciguar la ansiedad por la \u00abnivelaci\u00f3n de g\u00e9nero\u00bb. Pero estos motivos estaban tambi\u00e9n relacionados con algo m\u00e1s: la insistencia en la autoridad masculina sobre mujeres y ni\u00f1os, en especial dentro de la familia<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote10sym\" name=\"sdendnote10anc\">10<\/a>. Como resultado, la lucha por garantizar la integridad de la reproducci\u00f3n social acab\u00f3 ligada a la defensa de la dominaci\u00f3n masculina.<\/p>\n<p>El efecto pretendido, sin embargo, era el de silenciar la contradicci\u00f3n social en el n\u00facleo capitalista, incluso mientras la esclavitud y el colonialismo la elevaban a un tono extremo en la periferia. Creando lo que Maria Mies denomin\u00f3 la \u00abhousewifization\u00bb, esto es, la relegaci\u00f3n de las mujeres al hogar, como la otra cara de la colonizaci\u00f3n<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote11sym\" name=\"sdendnote11anc\">11<\/a>, el capitalismo competitivo liberal elabor\u00f3 un nuevo imaginario de g\u00e9nero centrado en esferas separadas. Presentando a la mujer como \u00abel \u00e1ngel del hogar\u00bb, sus defensores pretend\u00edan crear un lastre estabilizador contra la volatilidad de la econom\u00eda. El feroz mundo de la producci\u00f3n deb\u00eda estar flanqueado por un \u00abrefugio en un mundo despiadado\u00bb<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote12sym\" name=\"sdendnote12anc\">12<\/a>. Mientras cada parte se atuviese a la esfera que se le hab\u00eda asignado como propia y sirviese de complemento de la otra, el potencial conflicto entre ellas se mantendr\u00eda oculto.<\/p>\n<p>En realidad, esta \u00absoluci\u00f3n\u00bb demostr\u00f3 ser muy inestable. La legislaci\u00f3n proteccionista no pod\u00eda garantizar la reproducci\u00f3n del trabajo cuando los salarios se manten\u00edan por debajo de lo necesario para sostener una familia; cuando los bloques de viviendas atestados y rodeados de contaminaci\u00f3n imped\u00edan la intimidad y da\u00f1aban los pulmones; cuando el propio empleo (si es que se ten\u00eda) estaba sometido a salvajes fluctuaciones debido a las quiebras, los desplomes burs\u00e1tiles y los p\u00e1nicos financieros. Y esas soluciones tampoco satisfac\u00edan a los trabajadores. Luchando por mejoras salariales y mejores condiciones de trabajo, formaron sindicatos, acudieron a la huelga y se afiliaron a partidos obreros y socialistas. Desgarrado por un conflicto de clase de amplio espectro y cada vez m\u00e1s agudo, el capitalismo no parec\u00eda tener el futuro asegurado.<\/p>\n<p>Las esferas separadas resultaron igual de problem\u00e1ticas. Las mujeres pobres, racializadas y obreras no estaban en condiciones de satisfacer los ideales victorianos de domesticidad; si bien la legislaci\u00f3n proteccionista mitig\u00f3 su explotaci\u00f3n directa, no proporcion\u00f3 respaldo material o compensaci\u00f3n por los salarios perdidos. Y tampoco las mujeres de clase media que pod\u00edan acomodarse a los ideales victorianos estaban siempre satisfechas con su situaci\u00f3n, que combinaba confort material y el prestigio moral con la minor\u00eda de edad jur\u00eddica y la dependencia institucionalizada. Para ambos grupos, la \u00absoluci\u00f3n\u00bb de las esferas separadas se produjo en gran medida a expensas de las mujeres. Pero tambi\u00e9n las enfrent\u00f3 entre s\u00ed: v\u00e9anse los debates del siglo XIX por la prostituci\u00f3n, que alineaban las preocupaciones filantr\u00f3picas de las mujeres victorianas de clase media contra los intereses materiales de sus \u00abhermanas ca\u00eddas\u00bb<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote13sym\" name=\"sdendnote13anc\">13<\/a>.<\/p>\n<p>Una din\u00e1mica distinta se despleg\u00f3 en la periferia. All\u00ed, mientras el colonialismo extractivo devastaba las poblaciones sometidas, ni las esferas separadas ni la protecci\u00f3n social disfrutaban de influencia alguna. Lejos de intentar proteger las relaciones de reproducci\u00f3n social aut\u00f3ctonas, las potencias metropolitanas promov\u00edan activamente su destrucci\u00f3n. Se saqueaba a los campesinos, se destrozaban sus comunidades, para obtener los alimentos, los textiles, los minerales y la energ\u00eda baratos sin los que la explotaci\u00f3n de los trabajadores industriales de la metr\u00f3poli no habr\u00eda sido rentable. En las Am\u00e9ricas, por su parte, las capacidades reproductivas de las mujeres esclavizadas eran instrumentalizadas para los c\u00e1lculos de beneficio de los plantadores, que de manera sistem\u00e1tica separaban a las familias esclavas vendiendo sus miembros a diferentes propietarios<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote14sym\" name=\"sdendnote14anc\">14<\/a>. Los ni\u00f1os nativos eran tambi\u00e9n arrancados de sus comunidades, recluidos en colegios de misioneros y sometidos a disciplinas de asimilaci\u00f3n coercitivas<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote15sym\" name=\"sdendnote15anc\">15<\/a>. Cuando hac\u00edan falta racionalizaciones, el estado \u00abatrasado, patriarcal\u00bb de las organizaciones de parentesco precapitalistas de los ind\u00edgenas era muy \u00fatil. Tambi\u00e9n aqu\u00ed, entre los colonialistas, las fil\u00e1ntropas encontraron una plataforma p\u00fablica, animando \u00aba los hombres blancos a salvar a las mujeres de piel oscura de los hombres de piel oscura\u00bb<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote16sym\" name=\"sdendnote16anc\">16<\/a>.<\/p>\n<p>En ambos escenarios, la periferia y el n\u00facleo, los movimientos feministas se encontraron sorteando un campo de minas pol\u00edtico. Rechazando la dependencia de la mujer casada y las esferas separadas y, al mismo tiempo, exigiendo el derecho a votar, a negarse a mantener relaciones sexuales, a disponer de propiedades, a firmar contratos, a ejercer profesiones y a controlar sus propios salarios, las feministas liberales parec\u00edan valorar la aspiraci\u00f3n \u00abmasculina\u00bb a la autonom\u00eda sobre los ideales \u00abfemeninos\u00bb de la crianza. Y en este punto, aunque en pocos m\u00e1s, sus hom\u00f3logas feministas socialistas se mostraban completamente de acuerdo. Concibiendo la entrada de las mujeres en el trabajo remunerado como la ruta hacia la emancipaci\u00f3n, tambi\u00e9n estas \u00faltimas prefer\u00edan los valores \u00abmasculinos\u00bb asociados con la producci\u00f3n a los asociados con la reproducci\u00f3n. Estas asociaciones eran ideol\u00f3gicas, sin duda, pero tras ellas radicaba una intuici\u00f3n profunda: a pesar de las nuevas formas de dominaci\u00f3n que tra\u00eda consigo, la erosi\u00f3n de las relaciones de parentesco tradicionales provocada por el capitalismo conten\u00eda un impulso emancipador.<\/p>\n<p>Atrapadas en una doble pinza, muchas feministas encontraban escaso consuelo en cualquiera de los dos lados del doble movimiento de Polanyi: ni el de la protecci\u00f3n social, con su adscripci\u00f3n a la dominaci\u00f3n masculina, ni el de la mercantilizaci\u00f3n, con su descuido de la reproducci\u00f3n social. Incapaces de rechazar o asumir sin m\u00e1s el orden liberal, necesitaban una tercera alternativa, que llamaron emancipaci\u00f3n. En la medida en la que las feministas lograron personificar el t\u00e9rmino, aprovecharon de hecho la dualista figura polanyiana y la sustituyeron por lo que podr\u00edamos denominar un \u00abtriple movimiento\u00bb. En este conflicto a tres bandas, los partidarios de la protecci\u00f3n y los partidarios de la mercantilizaci\u00f3n no solo chocaron mutuamente, sino que tambi\u00e9n lo hicieron con los defensores de la emancipaci\u00f3n: con las feministas, sin duda, pero tambi\u00e9n con socialistas, abolicionistas y anticolonialistas, todos los cuales se esforzaban por enfrentar entre s\u00ed las dos fuerzas polanyianas, al mismo tiempo que chocaban entre ellos. Por muy prometedora que fuese en teor\u00eda, dicha estrategia era dif\u00edcil de llevar a la pr\u00e1ctica. En la medida en la que los esfuerzos por \u00abproteger la sociedad de la econom\u00eda\u00bb eran identificados con la defensa de la jerarqu\u00eda de g\u00e9nero, pod\u00eda deducirse f\u00e1cilmente que la oposici\u00f3n feminista a la dominaci\u00f3n masculina respaldaba las fuerzas econ\u00f3micas que hac\u00edan estragos en la clase trabajadora y en las comunidades perif\u00e9ricas. Estas asociaciones demostrar\u00edan ser sorprendentemente duraderas, hasta mucho despu\u00e9s de que el capitalismo competitivo liberal se hundiera bajo el peso de sus m\u00faltiples contradicciones, en los estertores de las guerras interimperialistas, las depresiones econ\u00f3micas y el caos financiero internacional, dando lugar a mediados del siglo XX a un nuevo r\u00e9gimen, el del capitalismo gestionado por el Estado.<\/p>\n<p><b>El fordismo y el salario familiar<\/b><\/p>\n<p>Emergiendo de las cenizas de la Gran Depresi\u00f3n y de la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo gestionado por el Estado desactiv\u00f3 de diferente manera la contradicci\u00f3n entre la producci\u00f3n econ\u00f3mica y la reproducci\u00f3n social: situando el poder estatal del lado de la reproducci\u00f3n. Asumiendo cierta responsabilidad p\u00fablica por el \u00abbienestar social\u00bb, los Estados de esta \u00e9poca intentaban contrarrestar los efectos corrosivos no solo de la explotaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n del desempleo masivo, sobre la reproducci\u00f3n social. Este objetivo fue asumido por igual tanto por los Estados del bienestar democr\u00e1ticos del n\u00facleo capitalista como por los Estados desarrollistas de la periferia reci\u00e9n independizados, a pesar de sus diferentes recursos y capacidades para hacerlo realidad.<\/p>\n<p>De nuevo, los motivos eran mixtos. Un estrato de elites ilustradas hab\u00eda llegado a pensar que el inter\u00e9s cortoplacista del capital de exprimir al m\u00e1ximo los beneficios deb\u00eda subordinarse a las necesidades m\u00e1s duraderas de sostener la acumulaci\u00f3n en el tiempo. La creaci\u00f3n del r\u00e9gimen gestionado por el Estado estaba pensada para salvar el sistema capitalista de sus propias propensiones desestabilizadoras, as\u00ed como del espectro de la revoluci\u00f3n en una \u00e9poca de movilizaci\u00f3n de masas. La productividad y la rentabilidad exig\u00edan el cultivo \u00abbiopol\u00edtico\u00bb de una fuerza de trabajo sana y preparada, con intereses en el sistema, y no una desarrapada muchedumbre revolucionaria<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote17sym\" name=\"sdendnote17anc\">17<\/a>. La inversi\u00f3n p\u00fablica en atenci\u00f3n sanitaria, ense\u00f1anza, cuidado de ni\u00f1os y pensiones de jubilaci\u00f3n, complementada por las aportaciones empresariales, se consideraron una necesidad en una \u00e9poca en la que las relaciones capitalistas hab\u00edan penetrado en la vida social hasta tal extremo que las clases trabajadoras ya no dispon\u00edan de medios para reproducirse por s\u00ed solas. En esta situaci\u00f3n, la reproducci\u00f3n social deb\u00eda ser interiorizada, introducida en el \u00e1mbito del orden capitalista oficialmente gestionado.<\/p>\n<p>Ese proyecto encaj\u00f3 con la nueva problem\u00e1tica de la \u00abdemanda\u00bb econ\u00f3mica. Con el objetivo de suavizar los ciclos de auge y depresi\u00f3n end\u00e9micos del capitalismo, los reformadores econ\u00f3micos intentaron asegurar un crecimiento continuo, que permitiese que los trabajadores del n\u00facleo capitalista ejerciesen su doble deber de consumidores. Aceptando la sindicaci\u00f3n, que permiti\u00f3 subir los salarios, y el gasto del sector p\u00fablico, que creaba puestos de trabajo, los responsables de las pol\u00edticas p\u00fablicas de esa \u00e9poca reinventaron el hogar como espacio privado para el consumo dom\u00e9stico de objetos de uso cotidiano producidos en masa<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote18sym\" name=\"sdendnote18anc\">18<\/a>. Enlazando la cadena de montaje con el consumismo familiar de la clase trabajadora, por una parte, y con la reproducci\u00f3n apoyada por el Estado, por otra, este modelo fordista forj\u00f3 una novedosa s\u00edntesis de mercantilizaci\u00f3n y protecci\u00f3n social, proyectos que Polanyi hab\u00eda considerado antit\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Pero fueron sobre todo las clases trabajadoras \u2013hombres y mujeres\u2013 las que encabezaron la lucha por la provisi\u00f3n p\u00fablica, actuando por razones propias. Para ellos, la cuesti\u00f3n era la plena participaci\u00f3n en la sociedad como ciudadanos democr\u00e1ticos y, por lo tanto, la dignidad, los derechos, la respetabilidad y el bienestar material, para todos los cuales se entend\u00eda que hac\u00eda falta una vida familiar estable. Al optar por la socialdemocracia, las clases trabajadoras estaban, por consiguiente, valorizando tambi\u00e9n la reproducci\u00f3n social frente al devorador dinamismo de la producci\u00f3n econ\u00f3mica. En efecto, votaban por la familia, el pa\u00eds y el mundo de vida, y contra la f\u00e1brica, el sistema y la m\u00e1quina. A diferencia de la legislaci\u00f3n protectora del r\u00e9gimen liberal, la soluci\u00f3n del capitalismo de Estado deriv\u00f3 de un compromiso entre clases y represent\u00f3 un avance democr\u00e1tico; las nuevas soluciones sirvieron tambi\u00e9n, al menos para algunos y durante alg\u00fan tiempo, para estabilizar la reproducci\u00f3n social. Para los trabajadores de la etnia mayoritaria en el n\u00facleo capitalista, aliviaron las presiones materiales sobre la vida familiar y promovieron la incorporaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Pero antes de apresurarnos a proclamar una edad de oro, deber\u00edamos registrar las exclusiones constitutivas que hicieron posible estos logros. Como antes, la defensa de la reproducci\u00f3n social en el n\u00facleo fue unida al (neo)imperialismo; los reg\u00edmenes fordistas financiaban en parte los derechos sociales mediante la continua expropiaci\u00f3n de la periferia \u2013incluida la \u00abperiferia dentro del n\u00facleo\u00bb\u2013, que persisti\u00f3 en formas viejas y nuevas despu\u00e9s de la descolonizaci\u00f3n<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote19sym\" name=\"sdendnote19anc\">19<\/a>. Por su parte, los Estados poscoloniales, atrapados en el punto de mira de la Guerra Fr\u00eda, dirigieron el grueso de sus recursos, ya de por s\u00ed mermados por la depredaci\u00f3n imperial, a proyectos de desarrollo a gran escala, que a menudo supon\u00edan la expropiaci\u00f3n de \u00absus propias\u00bb poblaciones ind\u00edgenas. La reproducci\u00f3n social, para la inmensa mayor\u00eda de la periferia, segu\u00eda siendo externa, mientras se dejaba a las poblaciones rurales defenderse por s\u00ed solas. Como su predecesor, tambi\u00e9n el r\u00e9gimen gestionado por el Estado estaba entrelazado con la jerarqu\u00eda racial: el seguro social estadounidense exclu\u00eda a los trabajadores dom\u00e9sticos y agr\u00edcolas, privando as\u00ed de hecho a muchos negros estadounidenses de derechos sociales<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote20sym\" name=\"sdendnote20anc\">20<\/a>. Y la divisi\u00f3n racial del trabajo reproductivo, comenzada durante la esclavitud, asumi\u00f3 con el r\u00e9gimen de Jim Crow una nueva forma, en la que las mujeres de color realizaban un trabajo mal remunerado criando a los hijos y limpiando las casas de las familias \u00abblancas\u00bb a expensas de las suyas propias<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote21sym\" name=\"sdendnote21anc\">21<\/a>.<\/p>\n<p>Y tampoco la jerarqu\u00eda de g\u00e9nero estaba ausente de estas soluciones. En un periodo \u2013aproximadamente entre la d\u00e9cada de 1930 y finales de la de 1950\u2013 en el que los movimientos feministas no disfrutaban de mucha visibilidad p\u00fablica, pr\u00e1cticamente nadie cuestionaba la opini\u00f3n de que la dignidad de la clase trabajadora exig\u00eda \u00abel salario familiar\u00bb, la autoridad masculina en el hogar y un firme sentido de diferencia de g\u00e9nero. Como resultado, la amplia tendencia general del capitalismo gestionado por el Estado en los pa\u00edses del n\u00facleo fue la de valorizar el modelo heteronormativo de familia sexista, basado en el hombre proveedor y la mujer encargada de la casa. La inversi\u00f3n p\u00fablica en la reproducci\u00f3n social reforzaba estas normas. En Estados Unidos, el sistema de bienestar social asumi\u00f3 una forma dualizada, dividida en ayuda estigmatizada a mujeres y ni\u00f1os (blancos) que carec\u00edan de acceso a un salario masculino, por una parte, y el seguro social respetable para aquellos catalogados como \u00abtrabajadores\u00bb, por otra<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote22sym\" name=\"sdendnote22anc\">22<\/a>. Por el contrario, las soluciones europeas atrincheraban la jerarqu\u00eda androc\u00e9ntrica de diferente manera, en la divisi\u00f3n entre las pensiones para madres y los derechos ligados al trabajo asalariado, fomentadas en muchos casos por agendas pronatalistas nacidas de la competici\u00f3n interestatal<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote23sym\" name=\"sdendnote23anc\">23<\/a>. Ambos modelos validaron, asumieron y fomentaron el salario familiar. Institucionalizando interpretaciones androc\u00e9ntricas de la familia y el trabajo, naturalizaron la heteronormatividad y la jerarqu\u00eda de g\u00e9nero, sustray\u00e9ndolas en gran medida de la protesta pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En todos estos aspectos, la socialdemocracia sacrific\u00f3 la emancipaci\u00f3n a una alianza entre protecci\u00f3n social y mercantilizaci\u00f3n, aun cuando mitigase la contradicci\u00f3n social del capitalismo durante varias d\u00e9cadas. Pero el r\u00e9gimen capitalista estatal empez\u00f3 a resquebrajarse; primero pol\u00edticamente en la d\u00e9cada de 1960, cuando irrumpi\u00f3 la nueva izquierda mundial y empez\u00f3 a cuestionar, en nombre de la emancipaci\u00f3n, las exclusiones imperiales, de g\u00e9nero y raciales, as\u00ed como el paternalismo burocr\u00e1tico de dicho Estado; y, despu\u00e9s, econ\u00f3micamente en la d\u00e9cada de 1970, cuando la estanflaci\u00f3n, la \u00abcrisis de la productividad\u00bb y el descenso de las tasas de beneficio en el sector industrial galvanizaron los esfuerzos neoliberales para desencadenar la mercantilizaci\u00f3n. Lo que se sacrificar\u00eda, cuando esas dos partes unieron fuerzas, fue la protecci\u00f3n social.<\/p>\n<p><b>Las familias con dos proveedores<\/b><\/p>\n<p>Como el r\u00e9gimen liberal antes que \u00e9l, el orden capitalista gestionado por el Estado se disolvi\u00f3 en el transcurso de una prolongada crisis. En la d\u00e9cada de 1980, los observadores perspicaces pod\u00edan distinguir ya los esbozos emergentes de un nuevo r\u00e9gimen, que acabar\u00eda convirti\u00e9ndose en el capitalismo financiarizado de la \u00e9poca actual. Globalizador y neoliberal, este r\u00e9gimen promueve la desinversi\u00f3n estatal y empresarial del bienestar social, al tiempo que atrae a las mujeres a la fuerza de trabajo remunerada, externalizando los cuidados a las familias y las comunidades al mismo tiempo que reduce la capacidad de estas para encargarse de ellos. El resultado es una organizaci\u00f3n nueva y dualizada de la reproducci\u00f3n social, mercantilizada para quienes pueden pagarla y privatizada para los que no, mientras algunos de los pertenecientes a la segunda categor\u00eda proporcionan cuidados a cambio de salarios (bajos) a los de la primera. Mientras tanto, el doble ataque de la cr\u00edtica feminista y la desindustrializaci\u00f3n ha privado definitivamente al \u00absalario familiar\u00bb de toda credibilidad. Ese ideal ha dado lugar a la norma actual de \u00abfamilia con dos proveedores\u00bb.<\/p>\n<p>El principal impulsor de estos cambios \u2013y el rasgo definitorio de este r\u00e9gimen\u2013 es la nueva centralidad de la deuda. La deuda es el instrumento mediante el cual las instituciones financieras globales presionan a los Estados para que reduzcan el gasto social, imponen las pol\u00edticas de austeridad y, en general, coluden con los inversores para extraer valor de las poblaciones indefensas. A trav\u00e9s de la deuda tambi\u00e9n se despoja en gran medida a los campesinos del Sur global mediante una nueva ronda de apropiaci\u00f3n corporativa de tierras, destinada a monopolizar la energ\u00eda, el agua, los terrenos cultivables y las \u00abcompensaciones de emisiones de carbono\u00bb. Tambi\u00e9n cada vez m\u00e1s a trav\u00e9s de la deuda prosigue la acumulaci\u00f3n en el n\u00facleo hist\u00f3rico capitalista: a medida que el trabajo precario y mal remunerado en el sector servicios sustituye al trabajo industrial sindicalizado, los salarios caen por debajo de los costes de reproducci\u00f3n socialmente necesarios; en esta \u00abeconom\u00eda de trabajos precarios\u00bb, el mantenimiento del gasto en consumo exige incrementar los niveles de endeudamiento, que crecen exponencialmente<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote24sym\" name=\"sdendnote24anc\">24<\/a>. Actualmente, en otras palabras, el capital canibaliza las condiciones de vida de las clases trabajadoras, impone disciplina a los Estados, transfiere riqueza de la periferia al n\u00facleo capitalista y succiona valor de los hogares, las familias, las comunidades y la naturaleza esencialmente mediante la deuda.<\/p>\n<p>El efecto es intensificar la contradicci\u00f3n inherente entre la producci\u00f3n econ\u00f3mica y la reproducci\u00f3n social en el capitalismo. Mientras que el r\u00e9gimen anterior daba a los Estados poder para subordinar los intereses cortoplacistas de las empresas privadas al objetivo de la acumulaci\u00f3n sostenida a largo plazo, en parte estabilizando la reproducci\u00f3n mediante la provisi\u00f3n p\u00fablica, el r\u00e9gimen actual autoriza al capital financiero a imponer disciplina a los Estados y a los ciudadanos en favor de los intereses inmediatos de inversores privados, en buena medida exigiendo la desinversi\u00f3n p\u00fablica en reproducci\u00f3n social. Y mientras que el r\u00e9gimen anterior ali\u00f3 la mercantilizaci\u00f3n y la protecci\u00f3n social contra la emancipaci\u00f3n, este genera una configuraci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s perversa, en la que la emancipaci\u00f3n se une a la mercantilizaci\u00f3n para debilitar la protecci\u00f3n social.<\/p>\n<p>El nuevo r\u00e9gimen emergi\u00f3 de la trascendental intersecci\u00f3n de dos conjuntos de luchas. Uno de esos conjuntos enfrent\u00f3 a una parte ascendente, los partidarios del libre mercado, inclinados a liberalizar y globalizar la econom\u00eda capitalista, contra los movimientos obreros cada vez m\u00e1s d\u00e9biles en los pa\u00edses del n\u00facleo capitalista; en otro tiempo la base m\u00e1s poderosa de respaldo a la socialdemocracia, estos \u00faltimos est\u00e1n ahora a la defensiva, si no completamente derrotados. El otro conjunto de luchas enfrent\u00f3 a los \u00abnuevos movimientos sociales\u00bb progresistas, opuestos a las jerarqu\u00edas de g\u00e9nero, sexo, \u00abraza\u00bb, etnia y religi\u00f3n, contra poblaciones que intentan defender mundos de la vida y privilegios establecidos, ahora amenazados por el \u00abcosmopolitismo\u00bb de la nueva econom\u00eda. De la colisi\u00f3n de estos dos conjuntos de luchas emergi\u00f3 un resultado sorprendente: un neoliberalismo \u00abprogresista\u00bb, que celebra la \u00abdiversidad\u00bb, la meritocracia y la \u00abemancipaci\u00f3n\u00bb al tiempo que desmantela las protecciones sociales y vuelve a externalizar la reproducci\u00f3n social. El resultado no es solo abandonar poblaciones indefensas a las depredaciones del capital, sino tambi\u00e9n redefinir la emancipaci\u00f3n en los t\u00e9rminos del mercado<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote25sym\" name=\"sdendnote25anc\">25<\/a>. Los movimientos de emancipaci\u00f3n participaron en este proceso. Todos ellos \u2013incluido el antirracismo, el multiculturalismo, la liberaci\u00f3n de los colectivos lgtb, y la ecolog\u00eda\u2013 generaron corrientes neoliberales proclives al mercado. Pero la trayectoria feminista demostr\u00f3 ser especialmente decisiva, dada la prolongada vinculaci\u00f3n de g\u00e9nero y reproducci\u00f3n social por parte del capitalismo. Como cada uno de sus reg\u00edmenes predecesores, el capitalismo financiarizado institucionaliza la divisi\u00f3n producci\u00f3n-reproducci\u00f3n sobre una determinada base de g\u00e9nero. A diferencia de sus predecesores, sin embargo, su imaginario dominante es el individualismo liberal y la igualdad de g\u00e9nero: las mujeres se consideran iguales a los hombres en todas las esferas y merecen igualdad de oportunidades para realizar sus talentos, incluido \u2013quiz\u00e1 en especial\u2013 en la esfera de la producci\u00f3n. La reproducci\u00f3n, por el contrario, se percibe como un residuo retr\u00f3grado, un obst\u00e1culo que impide el avance en el camino hacia la liberaci\u00f3n y del que, de un modo u otro, hay que prescindir.<\/p>\n<p>A pesar de su aura feminista, o quiz\u00e1 debido a ella, esta concepci\u00f3n ejemplifica la actual forma de contradicci\u00f3n social del capitalismo, que asume una nueva intensidad. Adem\u00e1s de disminuir la provisi\u00f3n p\u00fablica y atraer a las mujeres al trabajo asalariado, el capitalismo financiarizado ha reducido los salarios reales, aumentando as\u00ed el n\u00famero de horas de trabajo remunerado que cada hogar necesita para sostener a la familia y provocando una desesperada pelea por transferir el trabajo de cuidados a otros<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote26sym\" name=\"sdendnote26anc\">26<\/a>. Para llenar el \u00abvac\u00edo de los cuidados\u00bb, el r\u00e9gimen importa trabajadores migrantes de los pa\u00edses m\u00e1s pobres a los m\u00e1s ricos. T\u00edpicamente, son mujeres racializadas, a menudo de origen rural, de regiones pobres, las que asumen el trabajo reproductivo y de cuidados antes desempe\u00f1ado por mujeres m\u00e1s privilegiadas. Pero para hacerlo, las migrantes deben transferir sus propias responsabilidades familiares y comunitarias a otras cuidadoras a\u00fan m\u00e1s pobres, que deben a su vez hacer lo mismo, y as\u00ed sucesivamente, en \u00abcadenas de cuidados globales\u00bb cada vez m\u00e1s largas. Lejos de cubrir el vac\u00edo de los cuidados, el resultado neto es desplazarlo de las familias m\u00e1s ricas a otras m\u00e1s pobres, del Norte global al Sur global<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote27sym\" name=\"sdendnote27anc\">27<\/a>. Este escenario encaja en las estrategias de g\u00e9nero de los Estados poscoloniales endeudados y privados de recursos, sometidos a los programas de ajuste estructural del fmi. Desesperadamente necesitados de divisas, algunos de ellos han promovido activamente la emigraci\u00f3n de las mujeres para efectuar cuidados remunerados en el extranjero que les aporta remesas, mientras que otros han promovido la inversi\u00f3n extranjera directa mediante la creaci\u00f3n de zonas francas dedicadas a la producci\u00f3n para la exportaci\u00f3n, a menudo en sectores, como los textiles y el montaje de aparatos electr\u00f3nicos, que prefieren emplear a trabajadoras<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote28sym\" name=\"sdendnote28anc\">28<\/a>. En ambos casos, las capacidades de reproducci\u00f3n social quedan a\u00fan m\u00e1s debilitadas.<\/p>\n<p>Dos fen\u00f3menos que se han producido recientemente en Estados Unidos ejemplifican la gravedad de la situaci\u00f3n. El primero es la creciente popularidad de la \u00abcongelaci\u00f3n de \u00f3vulos\u00bb, un procedimiento que cuesta normalmente 10.000 d\u00f3lares, pero que ahora es ofrecido de forma gratuita por las empresas de las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n como compensaci\u00f3n no salarial dirigida a empleadas muy cualificadas. Ansiosas por atraer y conservar a estas trabajadoras, empresas como Apple y Facebook les ofrecen un fuerte incentivo para posponer la maternidad, diciendo, en efecto: \u00abespera, y ten tus hijos a los cuarenta o a los cincuenta, o incluso los sesenta; ded\u00edcanos tus a\u00f1os productivos, de mayor energ\u00eda, a nosotros\u00bb<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote29sym\" name=\"sdendnote29anc\">29<\/a>. Otro fen\u00f3meno que se est\u00e1 produciendo en Estados Unidos es igualmente sintom\u00e1tico de la contradicci\u00f3n entre reproducci\u00f3n y producci\u00f3n: la proliferaci\u00f3n de caras bombas mec\u00e1nicas, de alta tecnolog\u00eda, para extraer leche materna. Esta es la \u00absoluci\u00f3n\u00bb preferida en un pa\u00eds con una elevada tasa de participaci\u00f3n femenina en la poblaci\u00f3n activa, sin permiso de maternidad o paternidad obligatorio, y enamorado de la tecnolog\u00eda. Este es tambi\u00e9n un pa\u00eds en el que el amamantamiento es de rigeur, pero ha cambiado m\u00e1s all\u00e1 de todo posible reconocimiento. Ya no se trata de que un ni\u00f1o mame del pecho de su madre, sino que ahora la madre \u00abamamanta\u00bb orde\u00f1\u00e1ndose su propia leche mec\u00e1nicamente y almacen\u00e1ndola para que despu\u00e9s una ni\u00f1era se la d\u00e9 con el biber\u00f3n. En un contexto de grave pobreza de tiempo, los sacaleches de manos libres con doble copa son los m\u00e1s apetecidos, porque permiten a la madre extraerse la leche de ambos senos a la vez, mientras conduce de camino al trabajo<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote30sym\" name=\"sdendnote30anc\">30<\/a>.<\/p>\n<p>Con presiones como estas, \u00bfsorprende que las luchas por la reproducci\u00f3n social hayan explotado en a\u00f1os recientes? A menudo las feministas del Norte describen su objetivo como el \u00abequilibrio entre familia y trabajo\u00bb<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote31sym\" name=\"sdendnote31anc\">31<\/a>, pero las luchas referentes a la reproducci\u00f3n social abarcan mucho m\u00e1s: los movimientos comunitarios por la vivienda, la atenci\u00f3n sanitaria, la seguridad alimentaria y una renta b\u00e1sica no condicionada; las luchas por los derechos de los migrantes, de los trabajadores dom\u00e9sticos y de los empleados p\u00fablicos; las campa\u00f1as para sindicalizar a los trabajadores del sector servicios empleados en residencias de ancianos, hospitales y guarder\u00edas con \u00e1nimo de lucro; y las luchas por servicios p\u00fablicos tales como la atenci\u00f3n en centros de d\u00eda a ni\u00f1os y ancianos, por una jornada laboral m\u00e1s corta y por un permiso de maternidad y paternidad generoso y remunerado. Unidas, estas reivindicaciones equivalen a la demanda de una reorganizaci\u00f3n masiva de la relaci\u00f3n entre producci\u00f3n y reproducci\u00f3n: por soluciones sociales que permitan a personas de cualquier clase, sexo, orientaci\u00f3n sexual y color combinar las actividades de reproducci\u00f3n social con un trabajo seguro, interesante y bien remunerado.<\/p>\n<p>Las luchas por los l\u00edmites referentes a la reproducci\u00f3n social son tan centrales para la actual coyuntura como las luchas de clase en el \u00e1mbito de la producci\u00f3n econ\u00f3mica. Responden, sobre todo, a una \u00abcrisis de los cuidados\u00bb, que tiene sus ra\u00edces en la din\u00e1mica estructural del capitalismo financiarizado. Globalizado e impulsado por la deuda, este capitalismo est\u00e1 expropiando sistem\u00e1ticamente las capacidades disponibles para sostener las conexiones sociales. Proclamando el nuevo ideal de familia con dos proveedores, atrae a los movimientos de emancipaci\u00f3n, que se unen con los defensores de la mercantilizaci\u00f3n para oponerse a los partidarios de la protecci\u00f3n social, ahora cada vez m\u00e1s resentidos y chovinistas.<\/p>\n<p><b>\u00bfOtra mutaci\u00f3n?<\/b><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 podr\u00eda emerger de esta crisis? La sociedad capitalista se ha reinventado varias veces en el transcurso de su historia. En especial, en momentos de crisis general, cuando m\u00faltiples contradicciones \u2013pol\u00edticas, econ\u00f3micas, ecol\u00f3gicas y socioreproductivas\u2013 que se entremezclan y exacerban mutuamente estallaban en los \u00e1mbitos de las divisiones institucionales constitutivas del capitalismo: all\u00ed donde la econom\u00eda se cruza con el sistema de gobierno, donde la sociedad se cruza con la naturaleza, y donde la producci\u00f3n se cruza con la reproducci\u00f3n. En esas fronteras, los actores sociales se han movilizado para redibujar el mapa institucional de la sociedad capitalista. Sus esfuerzos propugnaron el cambio, primero, del capitalismo competitivo liberal del siglo XIX al capitalismo gestionado por el Estado del XX, y despu\u00e9s al capitalismo financiarizado de la \u00e9poca actual. Hist\u00f3ricamente, la contradicci\u00f3n social del capitalismo ha conformado tambi\u00e9n una importante corriente de precipitaci\u00f3n de la crisis, cuando la frontera que separa la reproducci\u00f3n social de la producci\u00f3n econ\u00f3mica se ha convertido en un importante \u00e1mbito y objeto de lucha. En cada caso, el orden de g\u00e9nero de la sociedad capitalista ha sido cuestionado y el resultado ha dependido de las alianzas forjadas entre los principales polos de un triple movimiento: mercantilizaci\u00f3n, protecci\u00f3n social, emancipaci\u00f3n. Esas din\u00e1micas propulsaron el cambio, primero, de las esferas separadas al salario familiar y, despu\u00e9s, a la familia con dos proveedores.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 sigue a todo ello en la actual coyuntura? \u00bfSon las actuales contradicciones del capitalismo financiarizado suficientemente graves como para considerarse una crisis general y deber\u00edamos, por consiguiente, prever otra mutaci\u00f3n de la sociedad capitalista? \u00bfGalvanizar\u00e1 la presente crisis luchas de suficiente amplitud y visi\u00f3n como para transformar el r\u00e9gimen actual? \u00bfPodr\u00eda una nueva forma de feminismo socialista romper el idilio con la mercantilizaci\u00f3n del movimiento feminista predominante y, al mismo, tiempo forjar una nueva alianza entre la emancipaci\u00f3n y la protecci\u00f3n social? Y de ser as\u00ed, \u00bfcon qu\u00e9 fin? \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda reinventarse hoy la divisi\u00f3n entre reproducci\u00f3n y producci\u00f3n y qu\u00e9 puede sustituir a la familia de dos proveedores?<\/p>\n<p>Nada de lo que he dicho aqu\u00ed sirve para responder estas cuestiones, pero al presentar el trabajo preliminar que nos permite plantearla he intentado arrojar cierta luz sobre la actual coyuntura. He sugerido, espec\u00edficamente, que las ra\u00edces de la actual \u00abcrisis de los cuidados\u00bb se encuentran en la inherente contradicci\u00f3n social del capitalismo o, en realidad, en la forma aguda que esa contradicci\u00f3n asume hoy, en el capitalismo financiarizado. Si eso es cierto, entonces esta crisis no se resolver\u00e1 haciendo peque\u00f1os arreglos de pol\u00edtica social. La senda de su resoluci\u00f3n solo puede avanzar mediante una profunda transformaci\u00f3n estructural de este orden social. Lo que hace falta, ante todo, es superar el rapaz sometimiento de la reproducci\u00f3n a la producci\u00f3n que tiene lugar en el capitalismo financiarizado, pero esta vez sin sacrificar ni la emancipaci\u00f3n ni la protecci\u00f3n social. Esto, a su vez, exige reinventar la distinci\u00f3n entre producci\u00f3n y reproducci\u00f3n y reimaginar el orden de g\u00e9nero. Queda por ver si el resultado de todo ello ser\u00e1 compatible con el capitalismo.<\/p>\n<p><i><b>Fuente:<\/b><\/i> New Left Review 100 (septiembre-octubre 2016)<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote1anc\" name=\"sdendnote1sym\">1<\/a>\u0002 Una traducci\u00f3n al franc\u00e9s de este ensayo se pronunci\u00f3 en Par\u00eds el 14 de junio de 2016 en forma de Conferencia Marc Bloch de la \u00c9cole des Hautes \u00c9tudes en Sciences Sociales, en cuya p\u00e1gina digital est\u00e1 disponible. Debo dar las gracias a Pierre-Cyrille Hautcoeur por invitarme a dar la conferencia, a Johanna Oksala por estimular los debates, a Mala Htun y Eli Zaretsky por sus \u00fatiles comentarios, y a Selim Heper por su ayuda con la investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote2anc\" name=\"sdendnote2sym\">2<\/a>\u0002 V\u00e9anse, entre otros muchos ejemplos recientes, Ruth Rosen, \u00abThe Care Crisis\u00bb, The Nation, 27 de febrero de 2007; Cynthia Hess, \u00abWomen and the Care Crisis\u00bb, Institute for Women\u2019s Policy Research, Briefing Paper n\u00ba. 401, abril de 2013; Daniel Boffey, \u00abHalf of All Services Now Failing as uk Care Sector Crisis Deepens\u00bb, The Guardian, 26 de septiembre de 2015. Respecto a la \u00abpobreza de tiempo\u00bb, v\u00e9anse Arlie Hochschild, The Time Bind, Nueva York, 2001; Heather Boushey, Finding Time, Cambridge (ma), 2016. Respecto al \u00abequilibrio familia-trabajo\u00bb, v\u00e9anse Heather Boushey y Amy Rees Anderson, \u00abWork-Life Balance\u00bb, Forbes, 26 de julio de 2013; Martha Beck, \u00abFinding Work\u2013Life Balance\u00bb, Huffington Post, 10 de marzo de 2015. Respecto al \u00abvaciamiento social\u00bb, v\u00e9ase Shirin Rai, Catherine Hoskyns y Dania Thomas, \u00abDepletion: The Cost of Social Reproduction\u00bb, International Feminist Journal of Politics, vol. 16, n\u00fam. 1, 2013.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote3anc\" name=\"sdendnote3sym\">3<\/a>\u0002 Las condiciones pol\u00edticas primordiales necesarias para una econom\u00eda capitalista se analizan en Nancy Fraser, \u00abLegitimation Crisis?\u00bb, Critical Historical Studies, vol. 2, n\u00fam. 2, 2015. Las condiciones ecol\u00f3gicas se analizan en James O\u2019Connor, \u00abCapitalism, Nature, Socialism: A Theoretical Introduction\u00bb, Capitalism, Nature, Socialism, vol. 1, n\u00fam. 1, 1988; y en Jason Moore, Capitalism in the Web of Life, Londres y Nueva York, 2015.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote4anc\" name=\"sdendnote4sym\">4<\/a>\u0002 Muchas te\u00f3ricas feministas han planteado versiones de este argumento. Desde la perspectiva de las formulaciones feministas-marxistas, v\u00e9ase Lise Vogel, Marxism and the Oppression of Women, Boston, 2013; Silvia Federici, Revolution at Point Zero, Nueva York, 2012 [ed. en cast.: Revoluci\u00f3n en punto cero, Madrid, 2013]; y Christine Delphy, Close to Home, Londres y Nueva York, 2016. Otra elaboraci\u00f3n convincente es la de Nancy Folbre, The Invisible Heart, Nueva York, 2002. Desde la perspectiva de la \u00abteor\u00eda de la reproducci\u00f3n social\u00bb, v\u00e9anse Barbara Laslett y Johanna Brenner, \u00abGender and Social Reproduction\u00bb, Annual Review of Sociology, vol. 15, 1989; Kate Bezanson y Meg Luxton (eds.), Social Reproduction, Montreal, 2006; Isabella Bakker, \u00abSocial Reproduction and the Constitution of a Gendered Political Economy\u00bb, New Political Economy, vol. 12, n\u00fam. 4, 2007; Cinzia Arruzza, \u00abFunctionalist, Determinist, Reductionist\u00bb, Science &amp; Society, vol. 80, n\u00fam. 1, 2016.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote5anc\" name=\"sdendnote5sym\">5<\/a>\u0002 Nancy Fraser, \u00abTras la morada oculta de Marx\u00bb, nlr 86, mayo-junio de 2014, analiza las luchas por los l\u00edmites y critica la concepci\u00f3n del capitalismo como una econom\u00eda.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote6anc\" name=\"sdendnote6sym\">6<\/a>\u0002 Louise Tilly y Joan Scott, Women, Work, and Family, Londres, 1987.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote7anc\" name=\"sdendnote7sym\">7<\/a>\u0002 Karl Marx y Friedrich Engels, Manifesto of the Communist Party, en The Marx-Engels Reader, Nueva York, 1978, pp. 487-488 [ed. cast.: Manifiesto del partido comunista, Madrid, 1997]; Friedrich Engels, The Origin of the Family, Private Property and the State, Chicago, 1902, pp. 90-100 [ed. cast.: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Madrid, 2006].<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote8anc\" name=\"sdendnote8sym\">8<\/a>\u0002 Nancy Woloch, A Class by Herself, Princeton, 2015.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote9anc\" name=\"sdendnote9sym\">9<\/a>\u0002 Karl Polanyi, The Great Transformation, Boston, 2001, pp. 87, 138-139, 213 [ed. cast.: La gran transformaci\u00f3n, Barcelona, 2016].<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote10anc\" name=\"sdendnote10sym\">10<\/a>\u0002 Ava Baron, \u00abProtective Labour Legislation and the Cult of Domesticity\u00bb, Journal of Family Issues, vol. 2, n\u00fam. 1, 1981.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote11anc\" name=\"sdendnote11sym\">11<\/a>\u0002 Maria Mies, Patriarchy and Accumulation on a World Scale, Londres, 2014, p. 74. 12<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote12anc\" name=\"sdendnote12sym\">12<\/a>\u0002 Eli Zaretsky, Capitalism, the Family and Personal Life, Nueva York, 1986; Stephanie Coontz, The Social Origins of Private Life, Londres, 1988.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote13anc\" name=\"sdendnote13sym\">13<\/a>\u0002 Judith Walkowitz, Prostitution and Victorian Society, Cambridge, 1980; Barbara Hobson, Uneasy Virtue, Chicago, 1990.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote14anc\" name=\"sdendnote14sym\">14<\/a>\u0002 Angela Davis, \u00abReflections on the Black Woman\u2019s Role in the Community of Slaves\u00bb, The Massachusetts Review, vol. 13, n\u00fam. 2, 1972.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote15anc\" name=\"sdendnote15sym\">15<\/a>\u0002 David Wallace Adams, Education for Extinction, Kansas, 1995; Ward Churchill, Kill the Indian and Save the Man, San Francisco, 2004.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote16anc\" name=\"sdendnote16sym\">16<\/a>\u0002 Gayatri Spivak, \u00abCan the Subaltern Speak?\u00bb, en Cary Nelson y Lawrence Grossberg (eds.), Marxism and the Interpretation of Culture, Londres, 1988, p. 305.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote17anc\" name=\"sdendnote17sym\">17<\/a>\u0002 Michel Foucault, \u00abGovernmentality\u00bb, en Graham Burchell, Colin Gordon y Peter Miller (eds.), The Foucault Effect, Chicago, 1991, pp. 87-104; M. Foucault, The Birth of Biopolitics, Lectures at the Coll\u00e8ge de France 1978-1979, Nueva York, 2010, p. 64 [ed. orig.: La naissance de la biopolitique. Cours au Coll\u00e8ge de France (1978-1979), Par\u00eds, 2004; ed. cast.: Nacimiento de la biopol\u00edtica. Curso del Coll\u00e8ge de France (1978-1979), Madrid, 2009]<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote18anc\" name=\"sdendnote18sym\">18<\/a>\u0002 Kristin Ross, Fast Cars, Clean Bodies, Cambridge (ma), 1996; Dolores Hayden, Building Suburbia, Nueva York, 2003; Stuart Ewen, Captains of Consciousness, Nueva York, 2008.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote19anc\" name=\"sdendnote19sym\">19<\/a>\u0002 En esta era, el apoyo estatal a la reproducci\u00f3n social fue financiado mediante recaudaci\u00f3n tributaria y fondos espec\u00edficos a los que contribu\u00edan tanto los trabajadores como el capital metropolitanos en diferentes proporciones, dependiendo de las relaciones de poder de clase dentro de cada Estado concreto. Pero esas corrientes de ingresos estaban infladas con el valor desviado de la periferia mediante los beneficios extra\u00eddos de la inversi\u00f3n extranjera directa y mediante el comercio basado en el intercambio desigual: Ra\u00fal Prebisch, The Economic Development of Latin America and its Principal Problems, Nueva York, 1950 [ed. cast.: El desarrollo econ\u00f3mico de Am\u00e9rica Latina y algunos de sus principales problemas, Nueva York, 1949]; Paul Baran, The Political Economy of Growth, Nueva York, 1957 [ed. cast.: La econom\u00eda pol\u00edtica del crecimiento, M\u00e9xico df, 1967]; Geoffrey Pilling, \u00abImperialism, Trade and \u201cUnequal Exchange\u201d: The Work of Aghiri Emmanuel\u00bb, Economy and Society, vol. 2, n\u00fam. 2, 1973; Gernot K\u00f6hler y Arno Tausch, Global Keynesianism, Nueva York, 2001.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote20anc\" name=\"sdendnote20sym\">20<\/a>\u0002 Jill Quadagno, The Color of Welfare, Oxford, 1994; Ira Katznelson, When Affirmative Action Was White, Nueva York, 2005.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote21anc\" name=\"sdendnote21sym\">21<\/a>\u0002 Jacqueline Jones, Labor of Love, Labor of Sorrow, Nueva York, 1985; y Evelyn Nakano Glenn, Forced to Care, Cambridge (ma) 2010.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote22anc\" name=\"sdendnote22sym\">22<\/a>\u0002 Nancy Fraser, \u00abWomen, Welfare, and the Politics of Need Interpretation\u00bb, en N. Fraser, Unruly Practices, Minneapolis, 1989; Barbara Nelson, \u00abWomen\u2019s Poverty and Women\u2019s Citizenship\u00bb, Signs: Journal of Women in Culture and Society, vol. 10, n\u00fam. 2, 1985; Diana Pearce, \u00abWomen, Work and Welfare\u00bb, en Karen Wolk Feinstein (ed.), Working Women and Families, Beverly Hills, 1979; Johanna Brenner, \u00abGender, Social Reproduction, and Women\u2019s Self-Organizartion\u00bb, Gender &amp; Society, vol. 5, n\u00fam. 3, 1991.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote23anc\" name=\"sdendnote23sym\">23<\/a>\u0002 Hilary Land, \u00abWho Cares for the Family?\u00bb, Journal of Social Policy, vol. 7, n\u00fam. 3, 1978; Harriet Holter (ed.), Patriarchy in a Welfare Society, Oslo, 1984; Mary Ruggie, The State and Working Women, Princeton, 1984; Birte Siim, \u00abWomen and the Welfare State\u00bb, en Clare Ungerson (ed.), Gender and Caring, Nueva York, 1990; Ann Shola Orloff, \u00abGendering the Comparative Analysis of Welfare States\u00bb, Sociological Theory, vol. 27, n\u00fam. 3, 2009.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote24anc\" name=\"sdendnote24sym\">24<\/a>\u0002 Adrienne Roberts, \u00abFinancing Social Reproduction\u00bb, New Political Economy, vol. 18, n\u00fam. 1, 2013.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote25anc\" name=\"sdendnote25sym\">25<\/a>\u0002 Fruto de una alianza inveros\u00edmil entre los partidarios del libre mercado y los \u00abnuevos movimientos sociales\u00bb, el nuevo r\u00e9gimen est\u00e1 revolviendo todas las alineaciones pol\u00edticas habituales, enfrentando a feministas neoliberales \u00abprogresistas\u00bb como Hillary Clinton contra populistas nacionalistas y autoritarios como Donald Trump.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote26anc\" name=\"sdendnote26sym\">26<\/a>\u0002 Elizabeth Warren y Amelia Warren Tyagi, The Two-Income Trap, Nueva York, 2003. 27<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote27anc\" name=\"sdendnote27sym\">27<\/a>\u0002 Arlie Hochschild, \u00abLove and Gold\u00bb, en Barbara Ehrenreich y Arlie Hochschild (eds.), Global Woman, Nueva York, 2002, pp. 15-30; Brigitte Young, \u00abThe \u201cMistress\u201d and the \u201cMaid\u201d in the Globalized Economy\u00bb, Socialist Register, n\u00fam. 37, 2001.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote28anc\" name=\"sdendnote28sym\">28<\/a>\u0002 Jennifer Bair, \u00abOn Difference and Capital\u00bb, Signs, vol. 36, n\u00fam. 1, 2010.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote29anc\" name=\"sdendnote29sym\">29<\/a>\u0002 \u00abApple and Facebook offer to freeze eggs for female employees\u00bb, The Guardian, 15 de octubre de 2014. Algo importante es que esta compensaci\u00f3n no est\u00e1 ya reservada exclusivamente a la clase directiva-t\u00e9cnica-profesional. El ej\u00e9rcito estadounidense ofrece congelaci\u00f3n de \u00f3vulos gratuita a las mujeres reclutadas que ampl\u00eden su periodo de servicio activo en el extranjero: \u00abPentagon to Offer Plan to Store Eggs and Sperm to Retain Young Troops\u00bb, The New York Times, 3 de febrero de 2016. En este caso, la l\u00f3gica del militarismo se impone a la de la privatizaci\u00f3n. Que yo sepa, nadie ha planteado a\u00fan la inminente cuesti\u00f3n de qu\u00e9 hacer con los \u00f3vulos de una militar fallecida en combate.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote30anc\" name=\"sdendnote30sym\">30<\/a>\u0002 Courtney Jung, Lactivism: How Feminists and Fundamentalists, Hippies and Yuppies, and Physicians and Politicians Made Breastfeeding Big Business and Bad Policy, Nueva York, 2015, especialmente pp. 130-131. La Affordable Care Act (tambi\u00e9n denominada \u00abObamacare\u00bb) exige ahora que las aseguradoras sanitarias proporcionen gratuitamente estos sacaleches a sus beneficiarias. De modo que tampoco esta ventaja es ya prerrogativa exclusiva de mujeres privilegiadas. El efecto ha sido crear un mercado nuevo y enorme para los fabricantes, que est\u00e1n produciendo grandes remesas de sacaleches en las f\u00e1bricas de sus subcontratistas chinos: Sarah Kliff, \u00abThe breast pump industry is booming, thanks to Obamacare\u00bb, The Washington Post, 4 de enero de 2013.<\/p>\n<p><a class=\"sdendnotesym\" href=\"#sdendnote31anc\" name=\"sdendnote31sym\">31<\/a>\u0002 Lisa Belkin, \u00abThe Opt-Out Revolution\u00bb, The New York Times, 26 de octubre de 2003; Judith Warner, Perfect Madness: Motherhood in the Age of Anxiety, Nueva York, 2006; Lisa Miller, \u00abThe Retro Wife\u00bb, New York Magazine, 17 de marzo de 2013; Anne-Marie Slaughter, \u00abWhy Women Still Can\u2019t Have It All\u00bb, Atlantic, julio-agosto de 2012, y Unfinished Business: Women Men Work Family, Nueva York, 2015; Judith Shulevitz, \u00abHow to Fix Feminism\u00bb, The New York Times, 10 de junio de 2016.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class='MsoNormal' style='margin-top: 6.0pt; margin-right: 0cm; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; text-align: justify;'>\u00bfPodr\u00eda una nueva forma de feminismo socialista romper el idilio con la mercantilizaci\u00f3n del movimiento feminista predominante y, al mismo, tiempo forjar una nueva alianza entre la emancipaci\u00f3n y la protecci\u00f3n social? Y de ser as\u00ed, \u00bfcon qu\u00e9 fin? \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda reinventarse hoy la divisi\u00f3n entre reproducci\u00f3n y producci\u00f3n qu\u00e9 pueda sustituir a la familia de dos proveedores?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p class='MsoNormal' style='margin-top: 6.0pt; margin-right: 0cm; margin-bottom: 12.0pt; margin-left: 0cm; text-align: justify;'>Se hace necesario superar el rapaz sometimiento de la reproducci\u00f3n a la producci\u00f3n que tiene lugar en el capitalismo financiarizado, pero esta vez sin sacrificar ni la emancipaci\u00f3n ni la protecci\u00f3n social. Esto, a su vez, exige reinventar la distinci\u00f3n entre producci\u00f3n y reproducci\u00f3n y reimaginar el orden de g\u00e9nero. <\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":3347,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13,45],"tags":[],"class_list":["post-3346","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-izquierda-a-debate","category-proletariado-demos-multidud"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3346","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3346"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3346\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3347"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3346"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3346"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3346"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}