{"id":3367,"date":"2017-03-31T00:00:00","date_gmt":"2017-03-31T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3367"},"modified":"2020-02-15T09:29:30","modified_gmt":"2020-02-15T08:29:30","slug":"la-trampa-de-la-diversidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3367","title":{"rendered":"La trampa de la diversidad."},"content":{"rendered":"<p><i>Paint me as I am, warts and all<\/i><\/p>\n<p>Oliver Gromwell<\/p>\n<p>Empieza a resultar tedioso, cuando no inquietante, el repentino inter\u00e9s que intelectuales y comunicadores est\u00e1n mostrando hacia la <i><b>alt-right<\/b><\/i><i>, <\/i>es decir, la ultraderecha de siempre maquillada por la adanista cortedad de este siglo. Cuando algunos habl\u00e1bamos hace unos a\u00f1os de fascismo de sitcom nos refer\u00edamos precisamente a un peligro claro y latente que se pod\u00eda percibir sin haber estudiado un m\u00e1ster en ciencias pol\u00edticas de 20.000 euros, aquel en el que las viejas ideas reaccionarias volver\u00edan envueltas en los nuevos ropajes de la rebeld\u00eda, la identidad y lo medi\u00e1tico aprovechando el desconcierto de la crisis. Que nadie nos hiciera caso se debe a que cuando no formas parte de ning\u00fan mundo pautado como el de la academia, lo period\u00edstico o lo literario y, adem\u00e1s, por tu clase careces del capital social que te permite promocionarte a trav\u00e9s de tus contactos, tu trabajo al final vale lo mismo que las pisamierdas con las que sales a la calle.<\/p>\n<p>Esta introducci\u00f3n sirve, adem\u00e1s de como propia reivindicaci\u00f3n por el cansancio de que las medallas siempre se las cuelguen los mismos, para ver que tales an\u00e1lisis empiezan a resultar un deslumbramiento inculpatorio. La nueva ultraderecha se parece a la antigua en todo, no solo en programas y peligros, sino tambi\u00e9n en los m\u00e9todos utilizados para llegar al poder. La mentira, la pol\u00edtica reducida a lo medi\u00e1tico, el fingido inter\u00e9s por cuestiones sociales o la habilidad para apropiarse de manifestaciones culturales ajenas est\u00e1n presentes ya en el fascismo de los a\u00f1os 30, especialmente en el italiano, donde los camisas negras se ganaron las simpat\u00edas de la clase media, de bastantes intelectuales y artistas y de algunos obreros utilizando ideas pujantes en su \u00e9poca como el sindicalismo, las vanguardias o la radiodifusi\u00f3n. Quien crea que <b>Hitler y Mussolini<\/b> aparecieron prometiendo desatar una guerra que costar\u00eda 60 millones de muertos se equivoca.<\/p>\n<p>Parece de gran inter\u00e9s explicar, m\u00e1s all\u00e1 del clasismo y el desconcierto de polluelo asustado que emplea el liberalismo progre, que la pujanza de la ultraderecha actual tiene unas causas estrechamente relacionadas con la p\u00e9rdida de valor de la democracia parlamentaria bajo la bota de la globalizaci\u00f3n neoliberal y las enormes desigualdades que este proyecto ha provocado. Lo siguiente, el deslumbramiento inculpatorio, es otra etapa en la que se tiende a sobrevalorar cualquier estrategia de la <i>alt-right<\/i>. Lo peor de estos an\u00e1lisis es que acaban siempre con la coletilla de: \u201cLa izquierda no ha sabido estar a la altura\u201d. Lo indigno es que la frase suele venir de gente que lleva abjurando, minusvalorando y atacando a la izquierda desde hace al menos un par de d\u00e9cadas. Siempre es \u00fatil echar la culpa de la intoxicaci\u00f3n alimentaria en tu restaurante al cocinero que despediste hace varios a\u00f1os acus\u00e1ndolo de desfasado.<\/p>\n<p>Parece claro que la socialdemocracia devenida en socioliberalismo ha abierto las puertas del desencanto a los ultras. Lo que convendr\u00eda empezar a pensar es cu\u00e1l ha sido la responsabilidad en este desencanto de las teor\u00edas situadas entre el altermundismo y lo posmoderno que surgieron en los noventa y que han marcado la agenda de la protesta en estos \u00faltimos 25 a\u00f1os. Este rotondeo ret\u00f3rico para definirlos viene de una de las pocas cosas que les daban cuerpo com\u00fan: el inter\u00e9s que pon\u00edan en distanciarse de manera tajante del concepto izquierda. Bien es cierto que tras los cascotes del muro y el arriado de navidad en la <b>Plaza Roja<\/b> (cuentan que en el Vaticano corrieron p\u00edas l\u00e1grimas) era muy dif\u00edcil no ya reivindicar el socialismo, sino declararse de izquierdas, unirse de una manera m\u00e1s o menos sentimental a todo aquello. Bien es cierto que la recomposici\u00f3n de un movimiento mundial de protesta fue inusitadamente r\u00e1pida y apenas ocho a\u00f1os despu\u00e9s tuvo lugar la <b>contracumbre en Seattle<\/b>. Pero no menos cierto es que entre la necesidad y la premura se olvidaron demasiadas cosas que hab\u00edan sido \u00fatiles y se aceptaron otras muchas con la candidez del hu\u00e9rfano reciente.<\/p>\n<p>Ya en el momento actual se observan con asiduidad extra\u00f1os debates dentro de los movimientos de protesta que son descriptivos de los resultados de aquella apresurada recomposici\u00f3n: activistas feministas teorizando sobre el burka o la prostituci\u00f3n como empoderamiento para la mujer, activistas LGTB defendiendo los vientres de alquiler, activistas animalistas comparando un matadero con los campos de concentraci\u00f3n, activistas de lo precario interes\u00e1ndose por la econom\u00eda colaborativa, activistas culturales reivindicando expresiones de vertedero como populares, activistas de la salud oponi\u00e9ndose a las vacunas, activistas \u00e9tnicos tratando la poligamia con respeto o activistas ecologistas capaces de asumir la muerte por desnutrici\u00f3n antes que aceptar avances tecnol\u00f3gicos en los cultivos. Este gigantesco desprop\u00f3sito, hablemos claro de una vez, no solo es tr\u00e1gico en s\u00ed mismo por el da\u00f1o que hace a cada una de las reivindicaciones mostr\u00e1ndolas ante la sociedad como marcianadas inasumibles, no solo es contraproducente por la enorme desorientaci\u00f3n que provoca, es dram\u00e1tico especialmente en un contexto donde la ultraderecha presenta a los ciudadanos un programa centrado en cuestiones inmediatas y tangibles como el empleo, la seguridad o la lucha contra la corrupci\u00f3n y f\u00e1cilmente admisibles desde el siempre conservador sentido com\u00fan como el nacionalismo o lo identitario (otra cuesti\u00f3n es la verdadera agenda de los ultras).<\/p>\n<p>\u00bfSignifica esto que todos los ep\u00edgrafes anteriores son un error en s\u00ed mismos, que sus reivindicaciones no son justas, que sus objetivos no pueden ser compartidos por la mayor\u00eda? \u00bfSignifica esto que todas estas expresiones de lucha son parcialidades que deben ser postergadas <i>sine die<\/i>? En absoluto. Significa que todos los ep\u00edgrafes anteriores han sido afectados por el posmodernismo y lo neoliberal hasta un punto donde algunas de sus reivindicaciones empiezan a ser contradictorias con sus objetivos iniciales, de una forma tan sutil que los propios activistas no son conscientes de la espiral autodestructiva en la que est\u00e1n inmersos. Por otro lado determinadas expresiones del <b>feminismo, lo LGTB o el ecologismo<\/b> no est\u00e1n mucho peor que la gastronom\u00eda, la literatura o la ciencia. La dolencia no es propia de unos colectivos o un pensamiento, la dolencia es un mal de \u00e9poca, consustancial a un sistema econ\u00f3mico y beneficiosa para las minor\u00edas que detentan el poder.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfc\u00f3mo hemos llegado hasta aqu\u00ed? Responder a cada uno de los ejemplos expuestos dar\u00eda para un art\u00edculo por r\u00e9plica, explicar el camino completo para un ensayo de 300 p\u00e1ginas. Por contra, s\u00ed es posible, sintetizando y buscando los aspectos comunes, trazar un mapa con aspiraciones no solo punitivas sino, especialmente, como intento argumentativo que valga para restar miedos a una izquierda acomplejada e inactiva frente al movimientismo.<\/p>\n<p>Para alguien que se topaba por primera vez en su vida con una protesta, tomar parte en una manifestaci\u00f3n antiglobalizaci\u00f3n era desconcertante. Jos\u00e9 Mar\u00eda Aznar, gracias a su provincianismo doloroso, expres\u00f3 una genialidad involuntaria al definir una de estas marchas como: \u201cUn l\u00edo con mucha gente\u201d. La verdad es que no se puede explicar mejor. Si bien se supon\u00eda que lo que congregaba all\u00ed a los manifestantes era espec\u00edficamente el rechazo a alguna de las cumbres de un organismo financiero internacional y de forma m\u00e1s extensiva un difuso anticapitalismo, aquello acababa siendo una multitud donde importaba m\u00e1s exaltar la especificidad de cada cortejo que cualquier reivindicaci\u00f3n com\u00fan. Hab\u00eda un momento, de hecho, en que las mochilas no daban para guardar m\u00e1s pasquines de organizaciones y causas cercanas a la disgregaci\u00f3n at\u00f3mica. La antiglobalizaci\u00f3n daba sensaci\u00f3n de una enorme diversidad, pero era en realidad escasamente representativa. La consecuencia, adem\u00e1s de la poca operatividad, era parad\u00f3jica, ya que no era raro acabar en una conferencia impartida por un activista de Torrelodones, con un gran conocimiento sobre la deforestaci\u00f3n del entorno de las comunidades mapuches que desconoc\u00eda por completo cu\u00e1les eran las condiciones laborales de las trabajadoras del servicio dom\u00e9stico en su ciudad. Aquello de piensa globalmente, act\u00faa localmente pareci\u00f3 no querer entenderse nunca del todo.<\/p>\n<p><a name=\"_GoBack\"><\/a> La an\u00e9cdota, adem\u00e1s de para revelar la edad de quien escribe, es sintom\u00e1tica de algo que ha quedado fijado en la cultura de la protesta: la especializaci\u00f3n del activista. Mientras que en el mundo del siglo XX exist\u00eda la figura del militante, adscrito a una organizaci\u00f3n pol\u00edtica o sindical, con aspiraciones de cambio general y ligada fuertemente a un territorio o una rama de lo laboral, en el siglo XXI existen activistas que dedican gran energ\u00eda por un corto espacio de tiempo a temas sobre los que su labor tendr\u00e1 un nulo impacto. Cuando los temas, por contra, resultan cercanos, su especificidad les lleva a perder por completo la visi\u00f3n general del conflicto. \u00bfEs por tanto todo esto un problema de actitud, de cortedad de miras, de falta de organizaci\u00f3n? Puede serlo. Pero sobre todo se trata de un problema ideol\u00f3gico, aquel que surgi\u00f3 cuando los fil\u00f3sofos franceses de cuello vuelto fueron adoptados con entusiasmo por las \u00e9lites progresistas acad\u00e9micas norteamericanas, muy influyentes en el \u00e1mbito te\u00f3rico y en los consensos en torno al tratamiento del conflicto, pero totalmente inanes en la resoluci\u00f3n del mismo y la pol\u00edtica inmediata.<\/p>\n<p>Si hay cuatro factores que se repiten en el actual movimientismo son la falta de materialidad en los an\u00e1lisis, el relativismo cultural, la aceptaci\u00f3n inconsciente de valores neoliberales y la sobrevaloraci\u00f3n del lenguaje y lo simb\u00f3lico. Si hay uno que manda sobre todos es la <b>falta de cr\u00edtica a las contradicciones e inconsistencias<\/b> que se producen.<\/p>\n<p>No es nada nuevo que existan debates en torno a la regulaci\u00f3n de la prostituci\u00f3n, s\u00ed que exista una parte del feminismo que utilice el argumento derechista de la libertad individual dentro del mercado. Resulta llamativo que publicaciones que dedican un gran espacio a deconstrucciones culturales para hacer visible el patriarcado no tengan entre centenares de art\u00edculos una entrevista a las <b>Kellys<\/b>. O que el <i><b>mansplaining<\/b><\/i><i>, <\/i>un buen an\u00e1lisis sobre un fen\u00f3meno cierto, acabe elev\u00e1ndose a teor\u00eda para desembocar en una actitud premoderna donde solo tal colectivo afectado por tal opresi\u00f3n puede expresarse respecto al mismo. Es notorio que para poder seguir una discusi\u00f3n sobre g\u00e9nero haya que controlar un glosario de anglicismos inabarcables y cambiantes que ni los propios expertos en el asunto son capaces de normativizar. Es sintom\u00e1tico que exista un debate en torno a la precariedad laboral y se exprese sin rubor que la <b>econom\u00eda colaborativa<\/b>, el \u00faltimo invento para transformar al trabajador en una unidad de producci\u00f3n sin derechos y atomizada, sea una oportunidad que da la tecnolog\u00eda. Parece normal que exista pol\u00e9mica en torno a las formas de alimentaci\u00f3n y su impacto en la salud y el entorno, no tanto que se tache de genocida a un se\u00f1or que vende filetes. Parece sorprendente que en la discusi\u00f3n sobre los transg\u00e9nicos se centre la cuesti\u00f3n en conspiraciones absurdas y no en su utilizaci\u00f3n como herramienta de control econ\u00f3mico. Es doloroso que nadie parezca capaz de articular un discurso contra el integrismo religioso desde la laicidad.<\/p>\n<p>Todos estos ejemplos, y las formas de an\u00e1lisis a las que los asociamos previamente, no son el problema en s\u00ed mismo, sino el resultado de algo que podr\u00edamos llamar la trampa de la diversidad. Asumir que existen conflictos paralelos al del capital-trabajo no es lo mismo que asumir que esos conflictos son independientes y estancos los unos de los otros. Mientras que los movimientos revolucionarios del siglo XX se esforzaron por buscar qu\u00e9 era lo que un\u00eda a personas diferentes, el activismo del siglo XXI se esfuerza por buscar la diferencia de las unidades. As\u00ed, mientras que el concepto de clase es un intento de, bas\u00e1ndose en un an\u00e1lisis de una situaci\u00f3n material, buscar algo profundamente transversal que atraviesa nacionalidades, g\u00e9neros y razas, el movimientismo actual parece empe\u00f1ado en crear un sistema de an\u00e1lisis donde los individuos son poseedores de privilegios o receptores de opresiones que intercambian al margen de su posici\u00f3n en el sistema productivo. La cuesti\u00f3n no es negar, obviamente, que las personas tienen problemas espec\u00edficos asociados al g\u00e9nero, la raza o la orientaci\u00f3n sexual, sino que esos problemas est\u00e1n estrechamente relacionados o bien con necesidades del sistema econ\u00f3mico o bien con la estructura ideol\u00f3gica que lo justifica. As\u00ed mismo, esas personas no se enfrentar\u00e1n de la misma forma a esos problemas al margen de la clase social a la que pertenezcan.<\/p>\n<p>Si el capitalismo sabe de algo es de apropiaciones, de triturar con su gigantesca maquinaria de sentidos comunes ideas en apariencia radicales para devolverlas envasadas y desactivadas. Ya tuvimos un presidente negro en Estados Unidos bajo cuya administraci\u00f3n los problemas raciales no mejoraron. El l\u00edder de la ultraderecha holandesa es homosexual, la l\u00edder de la francesa una mujer. Hace no mucho me contaban c\u00f3mo en una empresa de econom\u00eda colaborativa, donde la mayor\u00eda de sus trabajadores son falsos aut\u00f3nomos, hab\u00edan instalado retretes unisex para luchar contra la discriminaci\u00f3n de g\u00e9nero. Hace poco le\u00eda un texto donde se explicaba c\u00f3mo en una cadena de montaje de un pa\u00eds centroeuropeo, con una precariedad delictiva, hab\u00eda un comedor con productos respetuosos con las prohibiciones religiosas alimentarias. Algunas multinacionales se han mostrado solidarias con el <i>refugees welcome<\/i>.<\/p>\n<p>Se dir\u00eda que mientras que nos arrojan por la borda lo hacen siempre muy atentos a nuestras especificidades y creencias, a nuestra excluyente diversidad. Lo peor es que lo empezamos a asumir como una victoria.<\/p>\n<p><i><b>Fuente:<\/b><\/i> <a href=\"http:\/\/www.lamarea.com\/2017\/03\/29\/la-trampa-la-diversidad-una-critica-del-activismo\/\">http:\/\/www.lamarea.com\/2017\/03\/29\/la-trampa-la-diversidad-una-critica-del-activismo\/<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class='MsoNormal' style='mso-margin-top-alt: auto; mso-margin-bottom-alt: auto; text-align: justify; line-height: normal; background: white;'>Asumir que existen conflictos paralelos al del capital-trabajo no es lo mismo que asumir que esos conflictos son independientes y estancos los unos de los otros. Mientras que los movimientos revolucionarios del siglo XX se esforzaron por buscar qu\u00e9 era lo que un\u00eda a personas diferentes, el activismo del siglo XXI se esfuerza por buscar la diferencia de las unidades. 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