{"id":347,"date":"2006-04-10T00:00:00","date_gmt":"2006-04-10T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=347"},"modified":"2020-02-14T11:36:25","modified_gmt":"2020-02-14T10:36:25","slug":"de-la-invencion-del-principe-moderno-a-la-controversia-sobre-el-principe-posmoderno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=347","title":{"rendered":"De la invenci\u00f3n del pr\u00edncipe moderno a la controversia sobre el pr\u00edncipe posmoderno"},"content":{"rendered":"<p>La Insignia. M\u00e9xico, junio del 2003.<\/p>\n<p>\u00bfEn la \u00e9poca de la globalizaci\u00f3n neoliberal y del nacimiento del movimiento de movimientos es suficiente una reformulaci\u00f3n la teor\u00eda gramsciana del partido pol\u00edtico en la l\u00ednea del pr\u00edncipe moderno o se necesita una reflexi\u00f3n completamente nueva acerca de lo que podr\u00eda ser, para entendernos, el pr\u00edncipe posmoderno? Esta es una pregunta que empieza a tomar cuerpo en el m\u00e1s importante de los movimientos sociales alternativos del presente, sobre todo a partir del momento en que la gran prensa admiti\u00f3 que la red de redes que se ha ido configurando entre Seatle y Florencia es el antagonista principal del capitalismo imperial en su actual fase.<\/p>\n<p>Hay dos respuestas dr\u00e1sticas a esta pregunta, que yo conozca. La primera de estas respuestas acepta en lo sustancial la vigencia del punto de vista gramsciano y propugna la transformaci\u00f3n del actual movimiento de movimientos en un partido org\u00e1nico internacional, acorde con el tipo de mundializaci\u00f3n que conocemos. Este punto de vista admite la heterogeneidad sociocultural del movimiento de movimientos y la pluralidad de corrientes que existe en el mismo, pero reivindica su unificaci\u00f3n tomando como base un concepto de la pol\u00edtica muy parecido al que ten\u00eda el propio Gramsci.<\/p>\n<p>La segunda respuesta viene a decir que hay que mantener el fin, o sea, aspirar a cambiar el mundo de base, pero que el medio, o sea, el partido, el pr\u00edncipe moderno, ya no sirve ni siquiera en la forma gramsciana del intelectual colectivo. La forma partido habr\u00eda periclitado por su tendencia a la identificaci\u00f3n con el Estado, con el poder en toda la extensi\u00f3n de la palabra. De manera que a lo que habr\u00eda que aspirar es a un contrapoder de forma movimentista que sigue aspirando a cambiar el mundo pero sin tomar el poder. Esta actitud ha sido argumentada recientemente en Am\u00e9rica Latina por John Holloway.<br \/>\nEn sus formulaciones extremas estos dos puntos de vista remiten a posiciones que se dieron ya en la \u00e9poca de la Primera Internacional. Pero no veo motivos fundados para reproducir hoy aquel debate. Sugiero, en cambio, que se puede potenciar un di\u00e1logo entre ambos puntos de vista teniendo en cuenta las siguientes consideraciones que se inspiran, a su vez, en el di\u00e1logo con Gramsci:<br \/>\n1\u00ba Conviene seguir manteniendo la orientaci\u00f3n maquiaveliana de Gramsci sobre lo pol\u00edtico. Pues, a pesar del muy extendido desprecio de la pol\u00edtica por identificaci\u00f3n de \u00e9sta con la \u00abalta\u00bb pol\u00edtica, con la pol\u00edtica institucionalizada (que es, en lo esencial, politiquer\u00eda o diplomacia), el desprecio abstracto de la pol\u00edtica (que habr\u00eda que entender como participaci\u00f3n activa de la ciudadan\u00eda en la cosa p\u00fablica) acaba conduciendo, tambi\u00e9n en nuestro mundo, a distintas formas de hipocres\u00eda o de cinismo, de \u00abapoliticismo animalesco\u00bb y de qualunquismo. No es s\u00f3lo que cuando se agudiza el conflicto entre intereses sociales se plantea siempre la necesidad de hacer pol\u00edtica, sino que, adem\u00e1s, en esa agudizaci\u00f3n del conflicto, que en la \u00e9poca de la mundializaci\u00f3n afecta a pa\u00edses y culturas enteras, se acaba haciendo pol\u00edtica hasta en los monasterios.<\/p>\n<p>Todas las propuestas de refundici\u00f3n de lo \u00e9tico y lo pol\u00edtico (y hay varias propuestas bienintencionadas en ese sentido) siguen sonando a discursos premaquiavelianos y, por tanto, premodernos, en un mundo dividido como es el nuestro. Por eso la ampliaci\u00f3n gramsciana de la noci\u00f3n de hegemon\u00eda m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito militar, econ\u00f3mico y pol\u00edtico, para incluir en ella el primado o preeminencia cultural e intelectual en la formaci\u00f3n de un bloque hist\u00f3rico, es todav\u00eda sugerente en la \u00e9poca de la globalizaci\u00f3n neoliberal.<br \/>\n2\u00ba No est\u00e1 escrito, sin embargo, que la mejor forma de hacer pol\u00edtica alternativa en nuestro mundo sea a trav\u00e9s del partido pol\u00edtico. Recogiendo el l\u00e9xico gramsciano se podr\u00eda decir que no est\u00e1n dadas las condiciones para la construcci\u00f3n del pr\u00edncipe posmoderno, el cual deber\u00eda ser, obviamente, transnacional; pero tampoco es evidente que est\u00e9n dadas las condiciones para la disoluci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos que hoy se presentan como alternativos. De hecho, hay en el mundo bosquejos de lo primero, de lo que podr\u00eda ser el pr\u00edncipe posmoderno transnacional (en la red de redes, en el movimiento de movimientos) y ejemplos de transformaci\u00f3n en curso de partidos pol\u00edticos alternativos en un sentido nuevo (el PT en Brasil, con independencia de lo que se piense sobre la actual pol\u00edtica econ\u00f3mica y social de Lula).<\/p>\n<p>Por lo tanto, no habr\u00eda que precipitarse, como a veces se hace desde posiciones neoanarquistas, al declarar la obsolescencia del sistema de partidos, sino valorar qu\u00e9 es lo que ha caducado en la forma de entender el pr\u00edncipe moderno. Lo cual lleva al punto siguiente.<\/p>\n<p>3\u00ba Lo que ha caducado en la variante gramsciana del partido que un d\u00eda se llam\u00f3 leninista es, por un lado, la pretensi\u00f3n de representar al conjunto de la clase social subalterna (dada su fragmentaci\u00f3n actual) y, por otro, la pretensi\u00f3n del partido de hacerse Estado e identificarse, en \u00faltima instancia, con el todo sociopol\u00edtico. En el l\u00edmite, esta identificaci\u00f3n ha conducido hist\u00f3ricamente a la negaci\u00f3n de la noci\u00f3n misma de partido: el partido se convierte en un entero.<br \/>\nEs cierto que, como Gramsci vio muy bien, la tendencia a hacerse Estado sigue latente en todo partido pol\u00edtico con realidad social. De hecho cuanta m\u00e1s realidad o implantaci\u00f3n social tiene mayores la tendencia del partido a hacerse entero. Pero tambi\u00e9n lo es que, independientemente de la forma leninista o socialdem\u00f3crata, todo partido pol\u00edtico que acaba haci\u00e9ndose Estado limita en \u00faltima instancia la participaci\u00f3n pol\u00edtica de las clases subalternas, con lo cual acaba favoreciendo el desprecio de la multitud hacia toda forma de pol\u00edtica y, finalmente, el abstencionismo de una parte importante de la sociedad civil. Dicho en t\u00e9rminos gramcianos pero dialogando con Gramsci: es mas que dudoso, por lo que sabemos de la historia reciente, que la \u00abfunci\u00f3n de polic\u00eda\u00bb del partido pol\u00edtico pueda juzgarse ya en los t\u00e9rminos esquem\u00e1ticos del \u00abconservadurismo\u00bb y del \u00abprogresismo\u00bb.<\/p>\n<p>4\u00ba Tambi\u00e9n ha caducado la organicidad totalizante del pr\u00edncipe moderno, basada en la idea de que los miembros o afiliados al partido pol\u00edtico de las clases subalternas tienen que compartir una (y s\u00f3lo una) determinada concepci\u00f3n del mundo, una ideolog\u00eda (en el sentido positivo que Gramsci daba a la palabra \u00abideolog\u00eda\u00bb), en este caso la marxista.<\/p>\n<p>Aun comprendiendo el papel hist\u00f3rico progresivo que esta organicidad haya podido tener como mito laico para la compactaci\u00f3n y unificaci\u00f3n de los de abajo, es imposible seguir aspirando a un partido org\u00e1nico de esas caracter\u00edsticas en el mundo globalizado de hoy. En primer lugar, porque hace mucho tiempo ya que hay varios marxismos (no s\u00f3lo uno). En segundo lugar, porque desde un punto de vista epistemol\u00f3gico hay serias dudas de que se pueda seguir manteniendo la noci\u00f3n de marxismo como concepci\u00f3n global del mundo. En tercer lugar, porque la funci\u00f3n ideol\u00f3gica globalizadora la cumplen mejor en nuestro mundo las organizaciones religiosas con vocaci\u00f3n ecum\u00e9nica y presencia internacional (algunas personas religiosas piensan incluso que Al\u00e1 es el \u00fanico enemigo serio que le queda al capital; otras aspiran a una \u00e9tica mundial). Y en cuarto lugar, porque aun sin aceptar que la aspiraci\u00f3n totalizante en el plano del conocimiento conduzca necesariamente al totalitarismo (como err\u00f3neamente han pretendido Popper y otros autores), la organicidad ideol\u00f3gica totalizante repele a la conciencia laica ilustrada del siglo XXI.<\/p>\n<p>Si se admite esto, entonces la reflexi\u00f3n sobre el pr\u00edncipe posmoderno tendr\u00eda que hacer con Gramsci lo que Gramsci hizo con el padre de la pol\u00edtica moderna: acentuar su republicanismo en un sentido laico y democr\u00e1tico. Lo que para los efectos de lo que aqu\u00ed se discute quiere decir: pensar con Gramsci para el m\u00e1s all\u00e1 de Gramsci.<br \/>\n5\u00ba Como no nos est\u00e1 dado prever el d\u00eda en que la pol\u00edtica desembocar\u00e1 en moral y como casi toda la tradici\u00f3n social-comunista ha llegado finalmente a la conclusi\u00f3n de que no puede haber comuni\u00f3n laica de los santos, mientras tanto, o sea, mientras se configura el pr\u00edncipe posmoderno, habr\u00e1 que poner el acento en la batalla de ideas dentro y fuera de las organizaciones sociopol\u00edticas existentes.<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, el centro de la batalla de ideas no deber\u00eda ser ahora la controversia ideol\u00f3gica, en la que, como dec\u00eda sarc\u00e1sticamente el poeta austr\u00edaco Erich Fried, \u00abtu Marx tira de la barba a mi Marx\u00bb, sino la reflexi\u00f3n concreta y particularizada acerca de c\u00f3mo y por qu\u00e9 lo que empieza siendo mera divisi\u00f3n t\u00e9cnica de tareas en el seno de los partidos y organizaciones sociopol\u00edticas acaba convirti\u00e9ndose, en la mayor\u00eda de los casos, y contra la intenci\u00f3n de muchos, en divisi\u00f3n social (o tendencialmente social) fija; tendencia esta constantemente reproducible y que est\u00e1 en la base de la constituci\u00f3n de aquello que anal\u00f3gicamente se llama \u00abclase pol\u00edtica\u00bb.<\/p>\n<p>Esta reflexi\u00f3n implica repensar c\u00f3mo y en qu\u00e9 medida la profesionalizaci\u00f3n y tecnificaci\u00f3n de la pol\u00edtica institucional arruina casi siempre las buenas intenciones de las organizaciones que se presentan como alternativas y por qu\u00e9 se ha profundizado tanto la divisi\u00f3n entre gobernantes y gobernados incluso en el interior de los partidos pol\u00edticos que criticaban la pol\u00edtica tradicional. Para hacerse una idea de lo que esta divisi\u00f3n significa basta con preguntarse: \u00bfCu\u00e1ntos obreros u obreras en la producci\u00f3n, o sea, no liberados, hay hoy en los parlamentos estatales o regionales de los diferentes pa\u00edses en los que hay democracia representativa?<\/p>\n<p>Resumiendo: el punto de partida para pensar sobre el pr\u00edncipe posmoderno no deber\u00eda ser una reproposici\u00f3n de la idea totalizante del partido org\u00e1nico. Y para acabar de decidir, despu\u00e9s de dialogar, acerca de las dos respuestas dr\u00e1sticas esbozadas arriba habr\u00eda que plantearse simult\u00e1neamente si de verdad nos encontramos de nuevo en una de esas situaciones que Gramsci llamaba crisis org\u00e1nicas y de autoridad. Pues de ello depende el que se pueda hablar en serio, no s\u00f3lo especulativa o metaf\u00f3ricamente, de la cuesti\u00f3n del poder cuando se propone cambiar el mundo sin tomar el poder. El amplio desarrollo cuantitativo y cualitativo alcanzado durante los dos \u00faltimos a\u00f1os por la red de redes, por el movimiento de movimientos, parece a veces apuntar hacia eso, hacia una nueva crisis de autoridad. Pero si, a pesar de lo que se apunta, no estuvi\u00e9ramos propiamente en una crisis de hegemon\u00eda moral e intelectual sino s\u00f3lo en una crisis del hegemonismo estadounidense consolidado militar y econ\u00f3micamente desde 1990, entonces seguramente convendr\u00eda recuperar aquella otra idea gramsciana seg\u00fan la cual incluso el movimiento libertario, que se presenta a s\u00ed mismo como puramente educativo, moralista o de cultura, es partido pol\u00edtico, aunque lo sea en un sentido indirecto, no org\u00e1nico.<\/p>\n<p>\u00a9EspaiMarx 2003<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Insignia. 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Pues, a pesar del muy extendido desprecio de la pol\u00edtica por identificaci\u00f3n de \u00e9sta con la &quot;alta&quot; pol\u00edtica, con la pol\u00edtica institucionalizada (que es, en lo esencial, politiquer\u00eda o diplomacia), el desprecio abstracto de la pol\u00edtica (que habr\u00eda que entender como participaci\u00f3n activa de la ciudadan\u00eda en la cosa p\u00fablica) acaba conduciendo, tambi\u00e9n en nuestro mundo, a distintas formas de hipocres\u00eda o de cinismo, de &quot;apoliticismo animalesco&quot; y de qualunquismo. No es s\u00f3lo que cuando se agudiza el conflicto entre intereses sociales se plantea siempre la necesidad de hacer pol\u00edtica, sino que, adem\u00e1s, en esa agudizaci\u00f3n del conflicto, que en la \u00e9poca de la mundializaci\u00f3n afecta a pa\u00edses y culturas enteras, se acaba haciendo pol\u00edtica hasta en los monasterios. <\/p>\n<p>Todas las propuestas de refundici\u00f3n de lo \u00e9tico y lo pol\u00edtico (y hay varias propuestas bienintencionadas en ese sentido) siguen sonando a discursos premaquiavelianos y, por tanto, premodernos, en un mundo dividido como es el nuestro. Por eso la ampliaci\u00f3n gramsciana de la noci\u00f3n de hegemon\u00eda m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito militar, econ\u00f3mico y pol\u00edtico, para incluir en ella el primado o preeminencia cultural e intelectual en la formaci\u00f3n de un bloque hist\u00f3rico, es todav\u00eda sugerente en la \u00e9poca de la globalizaci\u00f3n neoliberal.  2\u00ba No est\u00e1 escrito, sin embargo, que la mejor forma de hacer pol\u00edtica alternativa en nuestro mundo sea a trav\u00e9s del partido pol\u00edtico. Recogiendo el l\u00e9xico gramsciano se podr\u00eda decir que no est\u00e1n dadas las condiciones para la construcci\u00f3n del pr\u00edncipe posmoderno, el cual deber\u00eda ser, obviamente, transnacional; pero tampoco es evidente que est\u00e9n dadas las condiciones para la disoluci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos que hoy se presentan como alternativos. De hecho, hay en el mundo bosquejos de lo primero, de lo que podr\u00eda ser el pr\u00edncipe posmoderno transnacional (en la red de redes, en el movimiento de movimientos) y ejemplos de transformaci\u00f3n en curso de partidos pol\u00edticos alternativos en un sentido nuevo (el PT en Brasil, con independencia de lo que se piense sobre la actual pol\u00edtica econ\u00f3mica y social de Lula). <\/p>\n<p>Por lo tanto, no habr\u00eda que precipitarse, como a veces se hace desde posiciones neoanarquistas, al declarar la obsolescencia del sistema de partidos, sino valorar qu\u00e9 es lo que ha caducado en la forma de entender el pr\u00edncipe moderno. 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