{"id":3485,"date":"2018-01-11T00:00:00","date_gmt":"2018-01-10T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3485"},"modified":"2020-02-19T08:36:49","modified_gmt":"2020-02-19T07:36:49","slug":"que-es-la-crisis-de-hegemonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3485","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 es la crisis de hegemon\u00eda?"},"content":{"rendered":"<p><a name=\"_GoBack\"><\/a> <b>Revoluci\u00f3n, revoluci\u00f3n en permanencia, revoluci\u00f3n pasiva<\/b><\/p>\n<p>En sus escritos, Gramsci utiliza el t\u00e9rmino revoluci\u00f3n en sentidos muy diferentes. Si consideramos el per\u00edodo turin\u00e9s (es decir, el per\u00edodo que va de 1911 a 1921), en primer lugar la revoluci\u00f3n es la historia misma. La historia es el terreno del perpetuo cambio: nada fijo existe en ella; en cada momento hay un aflorar de alg\u00fan nuevo elemento social, que lucha por ser tambi\u00e9n \u00e9l parte de la historia, y de esta manera revoluciona todo el sistema de puntos de referencia culturales, \u00e9ticos, pol\u00edticos o institucionales. As\u00ed, es con la civilizaci\u00f3n proletaria, que antes que nada es un impulso global a saturar la historia con una nueva visi\u00f3n del mundo, que en cuanto visi\u00f3n del mundo, y no simplemente m\u00e9todo de investigaci\u00f3n o ciencia de la pol\u00edtica y de la historia irrumpe un elemento social en todos los detalles alternativo a la burgues\u00eda.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, la tarea del verdadero revolucionario es adherir lo m\u00e1s \u00edntimamente posible a la historia, es decir, identificar su acci\u00f3n pol\u00edtica con el momento revolucionario de la historia en su conjunto, sin rechazar nada de ella. La mentalidad del revolucionario es entonces una mentalidad historicista: ella consiste en la capacidad de ver en todo lo que hay algo que no es fijo, r\u00edgido, sino que se transmuta, cambia e incluso se desvanece. En un art\u00edculo famoso, <i>La lengua \u00fanica y el esperanto<\/i>, de febrero de 1918, se lee que en la historia, en la vida social, no hay nada r\u00edgido, nada definitivo. Y nunca habr\u00e1. Nuevas verdades incrementan el patrimonio de la sabidur\u00eda, nuevas necesidades, cada vez m\u00e1s avanzadas, se crean por las nuevas condiciones de vida [&#8230;] (Gramsci, 1982, p. 672). Y en el mismo mes de febrero 1918 Gramsci escribe a su amigo y camarada Leo Galetto:<\/p>\n<p>\u00a1Abajo el Esperanto! [&#8230;] Yo soy un revolucionario, un historicista, y afirmo que son \u00fatiles y racionales s\u00f3lo aquellas formas de actividad social (ling\u00fc\u00edstica, econ\u00f3mica, pol\u00edtica) que espont\u00e1neamente surgen y se realizan a trav\u00e9s de la actividad de las energ\u00edas sociales libres. Por eso: abajo el Esperanto, as\u00ed como abajo todos los privilegios, todas las mecanizaciones, todas las formas definitivas y r\u00edgidas de vida, cad\u00e1veres que enferman y agreden la vida en devenir. (Gramsci 2009, pp. 173-74). Y luego a\u00f1ade, en forma de posdata: \u00a1Panta rei! Her\u00e1clito \u00a1todo se mueve! (Gramsci 2009, pp. 173-74).<\/p>\n<p>Estamos a comienzos de 1918, y estas afirmaciones forman un resumen de toda la elaboraci\u00f3n anterior del joven periodista socialista.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote1sym\" name=\"sdendnote1anc\">1<\/a> Sin embargo, con 1917, y sobre todo con noviembre de 1917, algo ha cambiado, necesariamente. La existencia, por primera vez en la historia (despu\u00e9s de la Comuna), de un Estado obrero, cambia la perspectiva desde la cual hay que plantear la identificaci\u00f3n entre la historia como revoluci\u00f3n y la iniciativa pol\u00edtica revolucionaria; o, si se quiere, entre la revoluci\u00f3n como proceso indetenible (id\u00e9ntico a la historia) y la praxis que se hace cargo de realizar pol\u00edticamente este proceso.<\/p>\n<p>Cambia la perspectiva, el punto de mirada se desplaza. Antes el problema consist\u00eda en la elaboraci\u00f3n de una estrategia que lograra traducir el marco general de la historia en cuanto revoluci\u00f3n en t\u00e9rminos pol\u00edticos concretos, apropiados al momento y al lugar. Sin esta traducci\u00f3n, la historia en cuanto revoluci\u00f3n se convertir\u00eda en un fetiche sin vida y la revoluci\u00f3n en un conjunto de frases vac\u00edas. El problema estaba entonces en la capacidad de encontrar lo que se puede llamar el punto cr\u00edtico, en donde el movimiento de la historia (o la historia en cuanto movimiento) se encarna en una fuerza pol\u00edtica determinada, en una fuerza real, en un movimiento social y pol\u00edtico concreto; y por lo tanto la historia se convierte en verdaderamente, activamente, eficazmente revolucionaria.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote2sym\" name=\"sdendnote2anc\">2<\/a> Es aqu\u00ed que 1917 representa un punto de inflexi\u00f3n radical. Con la revoluci\u00f3n de Octubre, la perspectiva cambia de manera muy notable, porque ya no se trata de buscar el punto cr\u00edtico en donde historia y acci\u00f3n pol\u00edtica confluyen y se unen. Porque este punto ya existe, es la Rusia revolucionaria. El punto de fusi\u00f3n entre tejido objetivo de los acontecimientos y fuerzas subjetivas organizadas ya se ha hecho historia, proceso pol\u00edtico e institucional: se lo puede estudiar y hay que estudiarlo, porque todas las dificultades y los obst\u00e1culos que Rusia encuentra en su camino hacia el socialismo representan una ocasi\u00f3n para profundizar el marxismo y, por esta raz\u00f3n, son un avance te\u00f3rico fundamental.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote3sym\" name=\"sdendnote3anc\">3<\/a><\/p>\n<p>A partir de 1921, con el estancamiento de los procesos revolucionarios en Europa, Lenin (1921\/1967) da un giro radical a la estrategia en Rusia y en el exterior, pasando en ambos casos, en sus palabras, del asalto al asedio (cfr. Paggi, 1984, pp. 27-31). Por consiguiente, el lema revoluci\u00f3n cambia tambi\u00e9n de manera sensible. En toda Europa las masas han retrocedido, frente a la violenta contraofensiva burguesa; pero, al mismo tiempo, la existencia de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica es la prueba de que la \u00e9poca es revolucionaria. De hecho, el Estado liberal est\u00e1 en crisis, y los intentos de reconstrucci\u00f3n de la hegemon\u00eda burguesa no pueden volver a la situaci\u00f3n precedente a la guerra. Mientras la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica siga representando a los ojos de las masas de los pa\u00edses europeos un proceso de construcci\u00f3n del socialismo, la crisis no podr\u00e1 ser superada por completo, y se podr\u00e1 incluso hablar de la persistencia, en Europa, de variaciones de procesos revolucionarios, que se identifican con los desplazamientos ideol\u00f3gicos de las masas hacia la formaci\u00f3n de un bloque hegem\u00f3nico alternativo al de la hegemon\u00eda burguesa.<\/p>\n<p>Por supuesto, todo se vuelve m\u00e1s complicado e incluso cambia de forma. En los <i>Cuadernos de la c\u00e1rcel<\/i> Gramsci resume este cambio en la alternativa entre <i>guerra de movimientos y guerra de posiciones<\/i>, dos expresiones que retoman la alternativa planteada por Lenin en la dicotom\u00eda asalto\/asedio.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote4sym\" name=\"sdendnote4anc\">4<\/a> La guerra de posiciones describe esta nueva situaci\u00f3n, caracterizada por el car\u00e1cter estrat\u00e9gico de la <i>mentalidad<\/i> de las masas como elemento de la disputa hegem\u00f3nica. Cada desplazamiento, cada deslizamiento de esta mentalidad y a su interior, por m\u00ednimo que sea, implica un cambio en la situaci\u00f3n de la crisis y, por ende, de la hegemon\u00eda. La lucha se vuelve <i>molecular<\/i>: ya no hay un <i>evento<\/i> central, sino una multitud indefinida de acontecimientos, de conflictos y disputas locales, de desplazamientos casi imperceptibles, que se trata de impulsar con una estrategia de nuevo tipo, ella misma molecular y difusa.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la crisis de hegemon\u00eda -lo que Gramsci llama <i>crisis org\u00e1nica-<\/i> cambia de aspecto.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote5sym\" name=\"sdendnote5anc\">5<\/a> No se presenta como una explosi\u00f3n repentina, sino que hay que estudiar su progreso como en 1977 escribi\u00f3 un gran int\u00e9rprete de Gramsci, Franco De Felice \u00aba trav\u00e9s de las formas de su gesti\u00f3n. Bajo estas condiciones, la lucha ideol\u00f3gica se vuelve inmediatamente pol\u00edtica, dado que la p\u00e9rdida de la confianza en la posibilidad de construir el socialismo se vuelve parte integrante de la reconstrucci\u00f3n del aparato hegem\u00f3nico de las clases dominantes sobre las masas que por la guerra y por el ejemplo ruso se hab\u00edan movilizado\u00bb (De Felice 1977-1979, p. 176).<\/p>\n<p>En los <i>Cuadernos de la c\u00e1rcel<\/i> la perspectiva de an\u00e1lisis se enriquece y ampl\u00eda de manera notable, porque Gramsci inicia todo un estudio sobre las estrategias de salida de la crisis. Esta parte de su trabajo de elaboraci\u00f3n lleva a Gramsci, en un cierto punto, a acusar la categor\u00eda de <i>revoluci\u00f3n pasiva<\/i>. Si se presta atenci\u00f3n a la manera en que \u00e9l va esbozando esta noci\u00f3n mediante intentos sucesivos, se puede constatar que ella, despu\u00e9s de haber sido enunciada por primera vez solo en relaci\u00f3n al <i>Risorgimento<\/i> italiano, se generaliza despu\u00e9s hasta incluir todo el siglo XIX e identificarse, de esta manera, con el liberalismo en general. M\u00e1s tarde, Gramsci propone incluso extender la vigencia de esta categor\u00eda al siglo XX, es decir, a los reg\u00edmenes posliberales que se han ido formando despu\u00e9s de la Guerra y de 1917.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote6sym\" name=\"sdendnote6anc\">6<\/a><\/p>\n<p>El elemento com\u00fan entre la vieja y la nueva revoluci\u00f3n pasiva es precisamente el hecho que son revoluciones, o sea, que ante la amenaza jacobina y, luego, comunista, la burgues\u00eda se ha hecho cargo de impulsar una serie de cambios revolucionarios en el entramado del Estado y, por ende, de la producci\u00f3n, con el objetivo de <i>absorber<\/i>, y por este medio <i>pasivizar<\/i>, las reivindicaciones de las clases populares. De ah\u00ed se sigue que, en su formulaci\u00f3n m\u00e1s acabada, la revoluci\u00f3n pasiva designa la manera en que la burgues\u00eda quita la iniciativa a sus adversarios, porque consigue ponerse del lado de la <i>historia<\/i> como <i>revoluci\u00f3n<\/i>, exactamente en el sentido que hemos visto antes, de ser una encarnaci\u00f3n subjetiva (pr\u00e1ctica, pol\u00edtica) de la historia en cuanto cambio permanente. Dicho de otra manera: a partir de la Revoluci\u00f3n Francesa, la revoluci\u00f3n burguesa ha estado principalmente (aunque no exclusivamente) caracterizada por una duplicidad de fondo entre transformaci\u00f3n de las condiciones hist\u00f3ricas y necesidad de controlar el proceso que as\u00ed se desencadena, lo que ha hecho que el impulso al cambio nunca haya estado del todo exento de la preocupaci\u00f3n de <i>controlar<\/i> a las masas para que no tomen la iniciativa, para que no consigan ponerse del <i>lado de la historia<\/i>, encarnar la historia, es decir, definitivamente, volverse hegem\u00f3nicas.<\/p>\n<p>Un aspecto importante de la revoluci\u00f3n pasiva, que impide pensarla simplemente como un proceso de enfrentamiento entre fuerzas sociales que produce una serie de cambios moleculares en ambos lados de la disputa, es la relaci\u00f3n org\u00e1nica que Gramsci establece entre ella y el <i>Pr\u00f3logo<\/i> de Marx a la <i>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/i>, es decir, el tema de la transici\u00f3n. La revoluci\u00f3n pasiva aparece entonces como la manera en que la burgues\u00eda se coloca en el marco de la transici\u00f3n, por un lado impulsando los cambios y as\u00ed perfil\u00e1ndose como clase revolucionaria, es decir, como una clase que tiene la iniciativa pol\u00edtica en sus manos; y, por otro lado, ampliando de manera desmesurada los organismos de control (v\u00e9ase Frosini, 2016a) de las masas subalternas, para que \u00e9stas no consigan desarrollar su propia posici\u00f3n pol\u00edtica en este mismo marco. En s\u00edntesis, se puede decir que la transici\u00f3n es el rev\u00e9s de la revoluci\u00f3n pasiva, como en una negativa fotogr\u00e1fica.<\/p>\n<p><b>Filosof\u00eda de la praxis<\/b><\/p>\n<p>En los <i>Cuadernos de la c\u00e1rcel<\/i> se registra tambi\u00e9n otro elemento nuevo, de gran importancia: la elaboraci\u00f3n del marxismo como una <i>filosof\u00eda de la praxis<\/i>. Por supuesto, elementos, indicios, premisas de esta concepci\u00f3n est\u00e1n ya en los escritos de Tur\u00edn. Para este asunto elegir\u00e9 uno de los primeros textos publicados por Gramsci: el art\u00edculo <i>Neutralidad activa y operante<\/i>, de octubre de 1914. Gramsci escribe:<\/p>\n<p>Pero los revolucionarios que conciben la historia como creaci\u00f3n de su propio esp\u00edritu, hecha por una serie ininterrumpida de tirones operados sobre las dem\u00e1s fuerzas activas y pasivas de la sociedad, y preparan el m\u00e1ximo de condiciones favorables para el tir\u00f3n definitivo (la revoluci\u00f3n), no deben contentarse con la f\u00f3rmula provisional de \u00abneutralidad absoluta\u00bb, sino que deben transformarla en una \u00abneutralidad activa y operante\u00bb. (Gramsci, 1980, pp. 11-12)<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote7sym\" name=\"sdendnote7anc\">7<\/a>.<\/p>\n<p>Lo que sobresale de este fragmento es, sin duda, la definici\u00f3n de la \u00abhistoria\u00bb como una \u00abcreaci\u00f3n de su propio esp\u00edritu\u00bb. Pero \u00bfqu\u00e9 quiere decir exactamente esta definici\u00f3n?<\/p>\n<p>Por un lado, se trata de una referencia gen\u00e9rica al hecho de que la historia no refleja una regularidad de tipo natural, que en ella hay saltos abruptos, momentos en que surge algo <i>imprevisible<\/i> y nuevo. Hasta aqu\u00ed, Gramsci comparte el frente con todos los cr\u00edticos del positivismo (y del socialismo positivista de la Segunda Internacional)<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote8sym\" name=\"sdendnote8anc\">8<\/a>. En su posici\u00f3n hay sin embargo tambi\u00e9n algo original, porque la manera <i>concreta<\/i> de ser de la historia en cuanto \u00abcreaci\u00f3n del esp\u00edritu\u00bb es la \u00abserie ininterrumpida de <i>tirones<\/i> operados sobre las dem\u00e1s fuerzas activas y pasivas de la sociedad\u00bb. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 son estos tirones? N\u00f3tese aqu\u00ed que los revolucionarios \u00aboperan\u00bb los \u00abtirones\u00bb sobre las dem\u00e1s fuerzas \u00abactivas\u00bb y \u00abpasivas\u00bb de la sociedad, una expresi\u00f3n bastante singular para aludir al conjunto de las clases sociales, que en la definici\u00f3n se convierten en otras tantas \u00abfuerzas\u00bb, o sea, <i>lugares<\/i> o <i>puntos<\/i> donde pueden actualmente o potencialmente originarse otros \u00abtirones\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo tanto, la realidad social es pensada por Gramsci como una realidad de car\u00e1cter esencialmente pr\u00e1ctico, donde momentos de actividad y de pasividad se entrelazan y superponen por razones que se pueden en cada ocasi\u00f3n investigar y explicar (p. ej., la tradicional pasividad pol\u00edtica de los campesinos), y se alternan de manera contradictoria (por lo cual existe la activaci\u00f3n de una fuerza que lleva a una serie de \u00abtirones\u00bb, es decir, que esta fuerza intenta salir de su condici\u00f3n de subordinaci\u00f3n pol\u00edtica y social). En este marco, los \u00abrevolucionarios\u00bb deben hacerse cargo de manera consciente de este car\u00e1cter pr\u00e1ctico y conflictivo, es decir, abierto, <i>revolucionario<\/i>, de la realidad social y, por lo tanto, volverse los <i>int\u00e9rpretes<\/i> m\u00e1s coherentes de la historia. La conclusi\u00f3n pol\u00edtica consiste en que hay que interpretar de esta manera activa, pr\u00e1ctica, tambi\u00e9n la posici\u00f3n neutralista del Partido Socialista en el contexto b\u00e9lico: la neutralidad no se puede pensar como el equivalente de un <i>quedarse fuera<\/i> del choque entre fuerzas a nivel nacional e internacional, porque de esta manera el partido se quedar\u00eda en una posici\u00f3n de pasividad, enfriar\u00eda toda su capacidad de modificar las dem\u00e1s fuerzas que, en contra, siguen dando \u00abtirones\u00bb.<\/p>\n<p>En este texto se puede vislumbrar lo que, mucho m\u00e1s tarde, ser\u00eda la filosof\u00eda de la praxis. Vislumbrar, justamente, porque hasta los <i>Cuadernos<\/i> Gramsci no expresa la necesidad de reflexionar <i>ex professo<\/i> sobre la naturaleza pr\u00e1ctica de la realidad, incluyendo en ella, y por ende en la pr\u00e1ctica, tambi\u00e9n el pensamiento (en el sentido de las <i>Tesis sobre Feuerbach<\/i>), y por consiguiente no llega a pensar la posibilidad de una praxis que no solo no se reduzca al esp\u00edritu del idealismo, sino que sea la forma concreta, no especulativa, de ese mismo esp\u00edritu; es decir, su reducci\u00f3n cr\u00edtica o traducci\u00f3n en t\u00e9rminos pol\u00edtico-ideol\u00f3gicos<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote9sym\" name=\"sdendnote9anc\">9<\/a>.<\/p>\n<p>As\u00ed se ve que la filosof\u00eda de la praxis posibilita pensar la manera en que las <i>fuerzas<\/i> sociales y pol\u00edticas se <i>identifican<\/i> con la historia en cuanto <i>revoluci\u00f3n<\/i> (es decir, de pasivas se tornan activas); y, por otro lado, permite pensar concretamente la identificaci\u00f3n entre historia y revoluci\u00f3n. La historia es revoluci\u00f3n no porque sea un flujo indetenible, o, en sentido idealista, porque sea una especie de desarrollo de un principio inherente. La cuesti\u00f3n se desplaza, porque la identidad entre historia y revoluci\u00f3n procede del hecho de que la realidad es <i>pr\u00e1ctica<\/i>, es decir, un entrelazamiento abierto de relaciones pr\u00e1cticas, al fondo pol\u00edticas, que siempre son inestables, justamente porque, en cuanto relaciones, suponen la presencia de <i>fuerzas<\/i> que todas son, al menos potencialmente, si no actualmente, <i>activas<\/i>. En otras palabras: la filosof\u00eda de la praxis implica, necesariamente, la traducci\u00f3n del <i>proceso<\/i> hist\u00f3rico en una sucesi\u00f3n de diferentes configuraciones de las <i>relaciones de fuerzas<\/i> en un determinado contexto nacional e internacional<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote10sym\" name=\"sdendnote10anc\">10<\/a>.<\/p>\n<p>Se trata entonces de identificar los que Gramsci llama los <i>nudos hist\u00f3ricos<\/i>, es decir los puntos de una determinada situaci\u00f3n, de una espec\u00edfica configuraci\u00f3n de las relaciones de fuerzas, en donde algunas relaciones reciben, respecto a las dem\u00e1s, una relevancia decisiva para poder influir sobre el conjunto social<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote11sym\" name=\"sdendnote11anc\">11<\/a>.<\/p>\n<p><b>El an\u00e1lisis de la crisis y los nudos de las relaciones de fuerzas<\/b><\/p>\n<p>En cuanto en ellos se condensa el aspecto din\u00e1mico de una <i>situaci\u00f3n<\/i>, los <i>nudos<\/i> son los momentos que desencadenan las crisis y, al mismo tiempo, son momentos o formas de ejercicio de la hegemon\u00eda. De hecho, hegemon\u00eda y crisis nunca se pueden separar por completo: la hegemon\u00eda es siempre la gesti\u00f3n de una crisis latente o manifiesta, en curso o tan solo posible.<\/p>\n<p>La imbricaci\u00f3n estructural entre hegemon\u00eda y crisis se presenta, con gran claridad, en un texto intitulado <i>Momentos de vida intensamente colectiva y unitaria en la vida del pueblo italiano<\/i> del Cuaderno 9 (\u00a7103), donde Gramsci escribe:<\/p>\n<p>Estos momentos, en las diversas fases hist\u00f3ricas, pueden haber sido de distinta naturaleza, de distinto alcance e importancia nacional-popular. [\u2026] Estos momentos pueden haber tenido car\u00e1cter y naturaleza distinta: guerras, revoluciones, plebiscitos, elecciones generales de especial importancia y significado. (Gramsci, 1981-2000, t. 4, p. 75).<\/p>\n<p>La hegemon\u00eda est\u00e1 en lograr encarnar (en el sentido dicho antes) la <i>historia<\/i>, es decir, la din\u00e1mica de las relaciones de fuerzas en cuanto movimiento, desarrollo. En otras palabras, se conquista la hegemon\u00eda si se consigue colocarse desde el punto de vista de la vida nacional en su conjunto, incluyendo y gestionando los conflictos que necesariamente brotan del desnivel de poder que la hegemon\u00eda intenta instituir o consolidar. Pero, al mismo tiempo, la hegemon\u00eda supone que de los grupos sociales a los que el proyecto hegem\u00f3nico se dirige, la clase dominante espera una respuesta, una forma de activa colaboraci\u00f3n. De ah\u00ed las distintas etapas del proceso hegem\u00f3nico, que son las guerras, las revoluciones, los plebiscitos, la elecciones, etc., es decir, otros tantos momentos en que el conflicto de las clases se condensa y se resuelve, se controla y se absorbe; en que, en fin, la clase dominante est\u00e1 obligada a pedir a las clases subalternas una respuesta a la pregunta relativa a su activa colaboraci\u00f3n al proyecto de desarrollo de la vida nacional propuesto por la clase dirigente.<\/p>\n<p>En un determinado momento, a este movimiento de control y absorci\u00f3n Gramsci le da un nombre espec\u00edfico: el de <i>revoluci\u00f3n pasiva<\/i>. La revoluci\u00f3n pasiva consiste en la capacidad de regular la din\u00e1mica social desencadenada por la l\u00f3gica hegem\u00f3nica, <i>volvi\u00e9ndose parte de esta misma din\u00e1mica<\/i>. De ah\u00ed el car\u00e1cter contradictorio de la f\u00f3rmula. En el siglo XIX la revoluci\u00f3n pasiva es el largo ciclo de lo que en el Cuaderno 1 (\u00a748) Gramsci llama jacobinismo de contenido (1981-2000, t. 1, p. 123), que permite a la burgues\u00eda hacerse con el poder del Estado, evitando el <i>trauma<\/i> de una revoluci\u00f3n popular. En el siglo XX, la revoluci\u00f3n pasiva, seg\u00fan la define en el Cuaderno 8 (\u00a7236), es el corporativismo fascista en cuanto parte de un proyecto de pol\u00edtica totalitaria, que permite a la burgues\u00eda mantener el poder neutralizando la propuesta hegem\u00f3nica alternativa del movimiento obrero (1981-2000, t. 3, p. 344).<\/p>\n<p>En este sentido, la revoluci\u00f3n pasiva cambia en el siglo XX su forma y su contenido respecto al siglo anterior. Si en ambos casos ella surge como <i>contragolpe<\/i> de una revoluci\u00f3n popular la francesa y, ahora, la rusa, la situaci\u00f3n no es la misma. En el primer caso se trataba de evitar los excesos jacobinos, peque\u00f1oburgueses, democr\u00e1ticos, que brotaban desde el interior de la burgues\u00eda misma, y la respuesta fue una forma diferente \u2013pasiva- de la misma hegemon\u00eda. Ahora, en cambio, se trata de enfrentar las consecuencias devastadoras de un desaf\u00edo a la hegemon\u00eda misma de la burgues\u00eda. Este punto cambia las cosas de manera notable<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote12sym\" name=\"sdendnote12anc\">12<\/a>. El factor desencadenante de las crisis son la guerra y la revoluci\u00f3n de 1917, es decir, dos <i>nudos<\/i> del mismo tipo que hubo tambi\u00e9n en el pasado. La diferencia es que, por un lado, la guerra tiene unas proporciones, un alcance y una magnitud in\u00e9dita; y que, por otro lado, la revoluci\u00f3n proletaria tiene, por primera vez, \u00e9xito, logrando consolidarse en un nuevo poder estatal.<\/p>\n<p>Guerra y revoluci\u00f3n son la prueba de que otro proyecto hegem\u00f3nico est\u00e1 listo. Este proyecto se basa en lo que Gramsci llama <i>fen\u00f3meno sindical<\/i>, una expresi\u00f3n en que \u00e9l resume toda una serie de procesos que, por fin, con la guerra, han hecho bloque, desencadenando una crisis de hegemon\u00eda que la existencia de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica -a pesar de la dificultad que significa superar el nivel econ\u00f3mico-corporativo de su estructura estatal- no permite cerrar por completo. En este sentido, la \u00e9poca de la posguerra se caracteriza por una serie de revoluciones pasivas a nivel regional (Estados Unidos, Italia-Europa), pero \u00abel rasgo distintivo de la situaci\u00f3n mundial [\u2026] es la crisis de hegemon\u00eda\u00bb (Vacca, 2017, p. 149)<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote13sym\" name=\"sdendnote13anc\">13<\/a>.<\/p>\n<p>La existencia de la crisis corresponde a la presencia viva y actual de una propuesta hegem\u00f3nica alternativa a la de la burgues\u00eda. En consecuencia, el nudo de las relaciones de fuerzas habr\u00e1 que analizarlo en relaci\u00f3n con todos estos elementos: la crisis del Estado liberal y el nuevo nivel o tipo <i>totalitario<\/i> de la pol\u00edtica; el desaf\u00edo hegem\u00f3nico representado por el <i>sindicalismo<\/i>; la revoluci\u00f3n de 1917; la guerra mundial en cuanto producto del imperialismo.<\/p>\n<p>La crisis del Estado liberal marca una tendencia general. Seg\u00fan Gramsci, el mismo desarrollo y expansi\u00f3n de la hegemon\u00eda burguesa a lo largo del siglo XIX <i>empuja<\/i> hacia la emergencia de otro tipo de pol\u00edtica y, por ende, de Estado, dentro de la <i>envoltura<\/i> del Estado liberal. La entrada -aunque pasiva- de las masas populares en la esfera estatal despierta la posibilidad de que estas masas se organicen de manera aut\u00f3noma, sindical. De ah\u00ed se sigue que, en el momento en que -en el siglo XX- este grado de organizaci\u00f3n alcanza una difusi\u00f3n <i>nacional<\/i>, los nudos se convierten en otros tantos <i>desgarros<\/i> en el tejido de la revoluci\u00f3n pasiva liberal, porque dejan <i>ver<\/i> la presencia, de hecho, de otro tipo de ordenamiento jur\u00eddico dentro del ambiente representado por la estructura del Estado liberal; y este nuevo ordenamiento corresponde a una concreta alternativa hegem\u00f3nica<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote14sym\" name=\"sdendnote14anc\">14<\/a>.<\/p>\n<p>La crisis del Estado liberal marca, como he dicho, una tendencia general. El punto de inflexi\u00f3n es, para Gramsci, 1871. Despu\u00e9s de la Comuna y con el arranque del imperialismo, el <i>rumbo<\/i> de la hegemon\u00eda empieza a cambiar, en el sentido que se perfila un tipo en parte nuevo: a la necesidad de conquistar el poder, se a\u00f1ade -y toma cada vez m\u00e1s importancia- la de mantenerlo frente a las amenazas del proletariado.<\/p>\n<p>La \u00e9poca del imperialismo, de 1871 a 1914, representa ya un momento cualitativamente diferente respecto a la <i>edad cl\u00e1sica<\/i> de la hegemon\u00eda burguesa. En este per\u00edodo, explica Gramsci entre el Cuaderno 1 (\u00a748) y Cuaderno 13 (\u00a77), se utiliza la expansi\u00f3n hacia el espacio exterior para poder reconstruir la base de la hegemon\u00eda en el espacio interior, y este hecho da comienzo a una din\u00e1mica en parte nueva, porque articula el nexo nacional\/internacional como un instrumento de producci\u00f3n hegem\u00f3nica al interior del Estado nacional (1981-2000, t. 1, p .123, t. 5, p. 22). O sea, se superpone el eje social de la hegemon\u00eda al eje nacional de la expansi\u00f3n colonial, creando la dicotom\u00eda entre <i>naciones capitalistas y naciones proletarias<\/i> que, a su vez, forma la base de masas tanto del anarco-sindicalismo como del nacional-socialismo (Giovanni Pascoli, Edmondo De Amicis), como, en fin, del nacionalismo <i>tout court<\/i>.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote15sym\" name=\"sdendnote15anc\">15<\/a> En la expansi\u00f3n colonial se entrelazan y confunden, de hecho, dos din\u00e1micas muy distintas, incluso opuestas: por un lado, el acaparamiento de las materias primas en las periferias (con la producci\u00f3n de amplias capas de aristocracia obrera en el centro) y, por otro lado, la idea de una emigraci\u00f3n masiva del <i>hombre-trabajo<\/i> -como Gramsci le llama en un texto del Cuaderno 9 (\u00a7127) Gramsci 1981-2000, t. 4, p. 98- que tiene como una de sus consecuencias posibles el apoyo proletario al colonialismo de ah\u00ed surge el llamado <i>nacional-socialismo<\/i> italiano de principios del siglo XX (1981-2000, t. 4, p. 98).<\/p>\n<p>Este proceso presenta, sin embargo, tambi\u00e9n otras implicaciones. Con el imperialismo, la dimensi\u00f3n internacional se torna inmediatamente decisiva para el poder hegem\u00f3nico nacional, y el Estado nacional cambia su estructura, porque pierde gran parte de su autonom\u00eda a nivel internacional. En un texto muy importante del Cuaderno 9 (\u00a799) Gramsci escribe: \u00abLa personalidad nacional (como la personalidad individual) es una abstracci\u00f3n fuera del nexo internacional (y social). La personalidad nacional expresa una distinci\u00f3n del complejo internacional, por lo tanto est\u00e1 vinculada a las relaciones internacionales\u00bb (1981-2000, t. 4, p. 70). Gracias al imperialismo, se hace evidente el hecho de que todo proceso nacionales la expresi\u00f3n espec\u00edfica, <i>local<\/i>, de un proceso <i>global<\/i>. Esta implicaci\u00f3n del nivel nacional con el nivel mundial recibe con el imperialismo una forma concreta, una articulaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>El imperialismo es, parad\u00f3jicamente, una forma de integraci\u00f3n mundial, que relativiza la dicotom\u00eda entre <i>naciones proletarias y naciones capitalistas<\/i>. El car\u00e1cter de articulaci\u00f3n pol\u00edtica de las relaciones internacionales, que el imperialismo revela, pone en luz la existencia de una din\u00e1mica com\u00fan hacia la reconstrucci\u00f3n de la hegemon\u00eda sobre una base nueva, en un contexto en que se van formando \u00e1reas de hegemon\u00eda a nivel global (en este sentido, el <i>Risorgimento<\/i> italiano es la expresi\u00f3n \u00abpasiva\u00bb de relaciones internacionales, pero esto no excluye el hecho de que pueda ser una propuesta hegem\u00f3nica a nivel nacional)<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote16sym\" name=\"sdendnote16anc\">16<\/a>.<\/p>\n<p>Sin embargo, en la gesti\u00f3n y reproducci\u00f3n de la propia hegemon\u00eda, la burgues\u00eda no puede evitar <i>brindar<\/i> continuamente a las clases hegemonizadas la oportunidad de formar una alternativa. Esta es una din\u00e1mica que abarca toda la edad moderna. Como se\u00f1ala en el Cuaderno 3 (\u00a718), en el momento en que se empieza a desmontar el \u00abEstado federaci\u00f3n de clases\u00bb (Gramsci 1981-2000, t. 2, p. 30) -o sea, el <i>Estado<\/i> feudal que resulta de una pluralidad de ordenamientos jur\u00eddicos distintos y estructurado en <i>estamentos<\/i> bien definidos- y se comienza paulatinamente a delinear un bloque hist\u00f3rico homog\u00e9neo, unificado bajo un \u00fanico r\u00e9gimen jur\u00eddico<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote17sym\" name=\"sdendnote17anc\">17<\/a>, en este mismo momento tienen su punto de arranque los intentos de auto-organizaci\u00f3n por parte de las clases subalternas. Cuando estas <i>pierden<\/i> sus formas de vida feudales -formas dadas, est\u00e1ticas- tienen la oportunidad de reconquistar formas de autonom\u00eda gracias al <i>sindicalismo<\/i>.<\/p>\n<p>En este sentido, no hay hegemon\u00eda sin la formaci\u00f3n, en el mismo acto, de una hegemon\u00eda alternativa potencial. El elemento nuevo que la revoluci\u00f3n pasiva a\u00f1ade a esta din\u00e1mica consiste en el uso de la esfera de la <i>privacidad<\/i> (o sea, de la dimensi\u00f3n <i>civil<\/i>, de la <i>sociedad civil<\/i> como externa a la <i>sociedad pol\u00edtica<\/i>) como un instrumento pol\u00edtico para poder <i>canalizar<\/i> la capacidad de maniobra de las clases subalternas.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote18sym\" name=\"sdendnote18anc\">18<\/a><\/p>\n<p>Sin embargo, el conjunto formado, por un lado, por la crisis del Estado liberal y la formaci\u00f3n de una <i>pol\u00edtica totalitaria<\/i>, y, por otro lado, por el paso al imperialismo y la articulaci\u00f3n pol\u00edtica del nexo nacional\/internacional, hace inevitable la producci\u00f3n de un v\u00ednculo nuevo entre la relaci\u00f3n p\u00fablico\/privado y la hegemon\u00eda. En la \u00e9poca de la pol\u00edtica totalitaria el instrumento para poder controlar a la din\u00e1mica social ya no es la dimensi\u00f3n <i>civil<\/i> (en el sentido de una <i>sociedad civil<\/i>). La hegemon\u00eda deber\u00e1 ser de <i>nuevo<\/i> tipo, porque tendr\u00e1 que <i>encarnar<\/i> aquella tendencia a la superaci\u00f3n de la dicotom\u00eda liberal-burguesa p\u00fablico\/privado que se presenta con el sindicalismo, es decir, con la b\u00fasqueda de nuevas formas -no parlamentarias- de representaci\u00f3n pol\u00edtica por parte de las clases subalternas. En el presente italiano de los a\u00f1os 20 y 30, el corporativismo fascista intenta hacerse representante de esta tendencia: el <i>corporativismo<\/i> como, a la vez, m\u00e9todo para la gesti\u00f3n de la fuerza de trabajo y nueva forma de mediaci\u00f3n entre econom\u00eda y pol\u00edtica.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote19sym\" name=\"sdendnote19anc\">19<\/a><\/p>\n<p><b>Sobre la disgregaci\u00f3n de un sistema hegem\u00f3nico<\/b><\/p>\n<p>La crisis de hegemon\u00eda tiene su origen en la existencia concomitante de una serie de condiciones <i>actuales<\/i>, que son en parte estructurales o relativamente <i>permanentes<\/i> y en parte <i>coyunturales<\/i> u <i>ocasionales<\/i>.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote20sym\" name=\"sdendnote20anc\">20<\/a> La combinaci\u00f3n en que estas condiciones producen una crisis no se puede determinar materialmente. Sin embargo, no cabe duda de que la crisis depende de la presencia de una propuesta hegem\u00f3nica alternativa <i>global<\/i>, y este car\u00e1cter global existe s\u00f3lo si el proyecto en cuesti\u00f3n consigue articular, de manera coherente, <i>todos<\/i> los niveles de las relaciones de fuerzas, desde el econ\u00f3mico-social hasta al militar, pasando por el estrictamente pol\u00edtico. Esta articulaci\u00f3n no es siempre, claro est\u00e1, algo un\u00edvoco. Muchas veces la alternativa se perfila de manera borrosa, no del todo consciente e incluso casi s\u00f3lo potencial. Sin embargo, la presencia de unas fuerzas que en la sociedad civil se organizan paulatinamente, intentando salir de su condici\u00f3n de subalternidad, es el principal y m\u00e1s importante elemento de crisis de la hegemon\u00eda dominante.<\/p>\n<p>Esto llega a decir que, a pesar de las apariencias, en la din\u00e1mica hegem\u00f3nica no hay espacios vac\u00edos: la crisis no equivale a un <i>vaciamiento<\/i> o a un <i>quitar<\/i>, es decir, a una regresi\u00f3n a la <i>pura fuerza<\/i>. O, mejor dicho, la emergencia en primer plano de la fuerza es la manifestaci\u00f3n de una situaci\u00f3n de <i>empate catastr\u00f3fico<\/i> entre dos fuerzas, que se enfrentan sin que una de las dos consiga prevalecer o mostrar de poder prevalecer. En este sentido, se trata de una situaci\u00f3n muy peculiar, que no puede extenderse m\u00e1s all\u00e1 de una fase de resoluci\u00f3n violenta del conflicto. Esta situaci\u00f3n de empate -que da lugar al <i>cesarismo-<\/i> no puede solucionar la crisis de hegemon\u00eda, sino de manera transitoria y provisional.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote21sym\" name=\"sdendnote21anc\">21<\/a><\/p>\n<p>La crisis de hegemon\u00eda consiste entonces en el hecho que una serie de din\u00e1micas de diferentes or\u00edgenes se <i>condensan<\/i> y, de este modo, hacen <i>visible<\/i> a los ojos de las fuerzas subalternas el mismo dominio hegem\u00f3nico, la existencia de la hegemon\u00eda. En el caso de la posguerra, la din\u00e1mica lenta pero continua de la pol\u00edtica totalitaria se ha cruzado y <i>sobrepuesto<\/i> a la del imperialismo-colonialismo, que, a su vez, ha sido el principal factor de aceleraci\u00f3n y condensaci\u00f3n de las contradicciones en la guerra.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote22sym\" name=\"sdendnote22anc\">22<\/a> La guerra ha disgregado la hegemon\u00eda en el plano nacional como en el internacional, con la crisis de las relaciones entre los Estados. El problema de la hegemon\u00eda (o sea, de su crisis), se plantea entonces sobre ambos niveles -el nacional y el geopol\u00edtico- y la clase obrera podr\u00e1 ganar s\u00f3lo si logra formular su propuesta en los dos planos.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, es un error representar la crisis hegem\u00f3nica como un vac\u00edo de hegemon\u00eda, como un lugar pol\u00edtico donde, entre un r\u00e9gimen hegem\u00f3nico y el siguiente, <i>aflora<\/i> o se hace visible el <i>entramado<\/i> del poder que normalmente se <i>esconde<\/i> por debajo de la p\u00e1tina de los discursos hegem\u00f3nicos; y donde, por consiguiente, las relaciones se presentan no s\u00f3lo en un estado m\u00e1s o menos <i>puro<\/i>, sino que ellas tambi\u00e9n pueden articularse o rearticularse nuevamente, en un vac\u00edo de determinaci\u00f3n previa, que hace posible instituir un nuevo r\u00e9gimen de verdad. Esta es la posici\u00f3n que defiende Laclau en <i>New Reflections on the Revolution of Our Time<\/i>, cuando presenta la crisis de hegemon\u00eda como el efecto de una dislocaci\u00f3n de la estructura, como un desajuste (<i>maladjustment<\/i>) que es irrepresentable en t\u00e9rminos espaciales, en una palabra, como un <i>evento<\/i> (1990, p. 42). La crisis de significaci\u00f3n, el colapso de las cadenas de la significaci\u00f3n, equivale a un poner en cero la articulaci\u00f3n hegem\u00f3nica y a la apertura de un instante puntual de indeterminaci\u00f3n absoluta, en el cual todo es posible.<\/p>\n<p>De ah\u00ed se sigue que la crisis de hegemon\u00eda ser exclusivamente una crisis negativa, como elocuentemente explican los t\u00e9rminos elegidos por Laclau: <i>des<\/i>-ajuste y <i>dis<\/i>-locaci\u00f3n. Se trata pues de pensar la manera en que un orden determinado colapsa y c\u00f3mo en el vac\u00edo, que de este acontecimiento resulta, una decisi\u00f3n puntual abre otro, nuevo y alternativo espacio de orden. Se trata de una decisi\u00f3n que, por esto, necesita presuponer a un <i>sujeto<\/i>, que sin embargo es un sujeto antes del momento de su sujetivaci\u00f3n (Laclau, 2000, p .79), es decir, antes de cualquier organizaci\u00f3n de su continuidad por parte de un nuevo discurso -lo que Laclau llama <i>mito<\/i>&#8211; (Laclau, 1990, pp. 61-68).<\/p>\n<p>Lo que me interesa recalcar de este modelo de explicaci\u00f3n de la crisis hegem\u00f3nica es que el colapso de lo que Laclau llama <i>estructura<\/i> (el discurso hegem\u00f3nico, es decir, el sistema de significados instituidos por diferencia: el entramado de la <i>objetividad<\/i>) s\u00f3lo se puede pensar de manera negativa. En sentido riguroso, ese colapso equivale a un vaciamiento, y es por esto que la decisi\u00f3n se hace posible.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote23sym\" name=\"sdendnote23anc\">23<\/a><\/p>\n<p>En t\u00e9rminos gramscianos hay que pensar de manera muy diferente. En primer lugar, el colapso de un discurso hegem\u00f3nico es m\u00e1s bien representado como una <i>disgregaci\u00f3n<\/i>. Es decir, un discurso hegem\u00f3nico siempre es un conjunto m\u00e1s o menos estable de discursos diferentes, a los cuales se consigue dar un orden determinado por un objetivo general. En este sentido, ser\u00eda m\u00e1s correcto hablar siempre de un <i>sistema hegem\u00f3nico<\/i>, para aludir a su car\u00e1cter complejo y relativamente inestable. En segundo lugar, si se trata de una disgregaci\u00f3n, la disrupci\u00f3n de un sistema hegem\u00f3nico no deja aflorar sino sus <i>pedazos<\/i>, que son tambi\u00e9n ellos siempre proyectos hegem\u00f3nicos que hab\u00edan quedado subordinados al proyecto dominante. Estos pedazos no son necesariamente proyectos hegem\u00f3nicos globales; de hecho, su subalternidad respecto al discurso dominante deriva de su escasa o insuficiente capacidad de universalizarse, es decir, de no haber formulado una posici\u00f3n coherente para todas las cuestiones cruciales de la vida nacional y de su proyecci\u00f3n internacional. En tercer lugar, la crisis, es decir, la disgregaci\u00f3n del sistema hegem\u00f3nico, se determina por la elaboraci\u00f3n de un sistema alternativo, en el sentido de un sistema global, que se presenta como alternativa total al pre-existente. El proyecto hegem\u00f3nico es pues una visi\u00f3n de lo que es la civilizaci\u00f3n en todos sus aspectos.<\/p>\n<p>Estas consideraciones se desprenden de un texto clave, escrito por Gramsci en el Cuaderno 13 (\u00a723) bajo el t\u00edtulo <i>Observaciones sobre algunos aspectos de la estructura de los partidos pol\u00edticos en periodos de crisis org\u00e1nica<\/i>. La primera parte de este par\u00e1grafo, que reproducimos a continuaci\u00f3n, se basa sobre una versi\u00f3n anterior (en el Cuaderno 4, \u00a769) que se titulaba <i>Sobre los partidos<\/i> y que en la presente redacci\u00f3n resulta profundamente ampliada y enriquecida, dado que s\u00f3lo ahora el tema de la crisis org\u00e1nica aparece con fuerza:<\/p>\n<p>En cierto punto de su vida hist\u00f3rica los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales, o sea que los partidos tradicionales en aquella determinada forma organizativa, con aquellos determinados hombres que los constituyen, los representan y los dirigen no son ya reconocidos como su expresi\u00f3n por su clase o fracci\u00f3n de clase. [&#8230;] \u00bfC\u00f3mo se crean estas situaciones de oposici\u00f3n entre representantes y representados, que del terreno de los partidos (organizaciones de partido en sentido estricto, campo electoral-parlamentario, organizaci\u00f3n period\u00edstica) se refleja en todo el organismo estatal, reforzando la posici\u00f3n relativa del poder de la burocracia (civil y militar), de la alta finanza, de la Iglesia y en general de todos los organismos relativamente independientes de las fluctuaciones de la opini\u00f3n p\u00fablica? En cada pa\u00eds el proceso es distinto, si bien el contenido es el mismo. Y el contenido es la crisis de hegemon\u00eda de la clase dirigente, que se produce ya sea porque la clase dirigente ha fracasado en alguna gran empresa pol\u00edtica para la que ha solicitado o impuesto con la fuerza el consenso de las grandes masas (como la guerra), o porque vastas masas (especialmente de campesinos y de peque\u00f1oburgueses intelectuales) han pasado de golpe de la pasividad pol\u00edtica a una cierta actividad y plantean reivindicaciones que en su conjunto no org\u00e1nico constituyen una revoluci\u00f3n. Se habla de <i>crisis de autoridad<\/i> y esto precisamente es la crisis de hegemon\u00eda, o crisis del Estado en su conjunto. (Gramsci 1981-2000, t. 5, p. 52).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en esta versi\u00f3n el centro de gravedad del texto reside en la vida de los partidos pol\u00edticos y en la din\u00e1mica de su crisis. Sin embargo, se precisa que esta crisis, cuya forma general es dada por la separaci\u00f3n y el conflicto entre representantes y representados (a nivel de partido como de Estado), se debe al hecho que las masas de los gobernados han entrado en una din\u00e1mica incompatible con la <i>l\u00f3gica<\/i> que hasta la fecha ha sustentado las relaciones de fuerzas al interior del Estado. Esto puede pasar por varias razones. Lo que cuenta es sin embargo el hecho que, las clases dirigentes vi\u00e9ndose obligadas a <i>involucrar<\/i> las masas de manera activa (v\u00e9ase a este prop\u00f3sito el pasaje del Cuaderno 9, (\u00a7103) citado en el tercer apartado de este art\u00edculo), les ofrecen la posibilidad de potenciar su propio discurso hegem\u00f3nico. De ah\u00ed que la crisis de hegemon\u00eda no se puede pensar como el <i>cese<\/i> de una <i>creencia<\/i> (p. ej. la creencia en la autoridad), sino todo lo contrario, este mismo cese es la expresi\u00f3n exterior de la formaci\u00f3n de una alternativa hegem\u00f3nica concreta.<\/p>\n<p><b>Hegemon\u00eda, ideolog\u00eda y sentido com\u00fan: la visibilidad de las hegemon\u00edas alternativas<\/b><\/p>\n<p>Lo antes dicho nos lleva a considerar la relaci\u00f3n entre hegemon\u00eda, ideolog\u00eda y sentido com\u00fan. En efecto, si la hegemon\u00eda es una actividad que se ejerce sobre otros niveles, subordinados y parciales, de hegemon\u00eda, \u00bfqu\u00e9 son, donde se ubican y qu\u00e9 funci\u00f3n tienen en este sistema la ideolog\u00eda y el sentido com\u00fan? No es esta la ocasi\u00f3n para discutir detenidamente la extensi\u00f3n sem\u00e1ntica de estas expresiones en los <i>Cuadernos de la c\u00e1rcel<\/i>.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote24sym\" name=\"sdendnote24anc\">24<\/a> Me limitar\u00e9 aqu\u00ed a dar unas indicaciones sobre lo que, en mi opini\u00f3n, es la orientaci\u00f3n fundamental del pensamiento de Gramsci al respecto.<\/p>\n<p>El sentido com\u00fan, exactamente como la filosof\u00eda profesional, son ideolog\u00edas, es decir maneras m\u00e1s o menos coherentes y efectivas de organizar una visi\u00f3n del mundo. El sentido com\u00fan, seg\u00fan el tratamiento que Gramsci hace en el Cuaderno 11 (\u00a712) es entonces una actividad ideol\u00f3gica que se caracteriza por la falta de coherencia y efectividad en su labor de organizaci\u00f3n de la visi\u00f3n del mundo de los grupos sociales que se encuentran en cada ocasi\u00f3n <i>inmersos<\/i> en \u00e9l (Gramsci 1981-2000, t. 4, pp. 256-58).<\/p>\n<p>Sin embargo, el sentido com\u00fan, en cuanto es una forma de ideolog\u00eda, no carece del todo de actividad: es un conjunto de creencias, opiniones, etc. en donde la pasividad y la actividad se entrelazan siempre. En un cierto sentido, se puede definir como un umbral entre el discurso coherente de la filosof\u00eda y los elementos dispersos que forman parte del sentido com\u00fan. Estos elementos son de varios tipos: religi\u00f3n y folklore fundamentalmente; pero, aparte de eso, tambi\u00e9n ideas pol\u00edticas, cient\u00edficas, filos\u00f3ficas, etc\u00e9tera. Los elementos del sentido com\u00fan tienen entonces or\u00edgenes muy diferentes: la religi\u00f3n y el folklore forman parte de la cultura popular, las ideas pol\u00edticas no necesariamente, y las ideas cient\u00edficas y filos\u00f3ficas necesariamente nacen fuera de la cultura popular. Sin embargo, todos estos elementos se convierten en componentes del sentido com\u00fan, en la medida en que se encuentran bajo el mismo r\u00e9gimen ideol\u00f3gico de falta de coherencia, es decir, de falta de elaboraci\u00f3n cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Este punto resalta con gran eficacia en un pasaje del Cuaderno 11 (\u00a712), donde Gramsci nota que lo que en realidad caracteriza el sentido com\u00fan no es el origen de sus elementos, sino el car\u00e1cter acr\u00edtico de su combinaci\u00f3n, y concluye afirmando que antes que todo es indispensable hacer un \u00abinventario\u00bb de la \u00abinfinidad de huellas\u00bb que el \u00abproceso hist\u00f3rico\u00bb ha dejado en cada uno (Gramsci 1981-2000, t. 4, p. 246). Ese inventario no implica la renuncia a los elementos locales, tradicionales, de la cultura de cada uno, como p. ej. el dialecto, las canciones y los cuentos populares etc., incluso la creencias religiosas. Gramsci no quiere <i>destruir<\/i> y escribir luego sobre una p\u00e1gina blanca. Hacer un inventario de las <i>huellas<\/i> -es decir, de los elementos dispersos que forman el entramado del sentido com\u00fan- consiste en un trabajo de restituci\u00f3n de estos elementos a su dimensi\u00f3n hegem\u00f3nica. Se trata, en otras palabras, de reinterpretarlos a partir de su naturaleza fundamentalmente pol\u00edtica, hist\u00f3rica, reorganiz\u00e1ndolos a partir de la perspectiva y de las necesidades de las clases subalternas, cuya ideolog\u00eda ellos forman. As\u00ed lo que es una ideolog\u00eda disgregada puede convertirse en un proyecto hegem\u00f3nico.<\/p>\n<p>En cuanto es un <i>umbral<\/i> entre la filosof\u00eda y una gran serie de elementos de la cultura nacional, el sentido com\u00fan es un lugar de lucha y de disputa, porque es critic\u00e1ndolo, reform\u00e1ndolo y reorganiz\u00e1ndolo que la filosof\u00eda ejerce su funci\u00f3n, que consiste entonces en producir una visi\u00f3n del mundo que otorgue coherencia a la ideolog\u00eda de la clase dirigente y que consiga articular alrededor de esta ideolog\u00eda toda una <i>constelaci\u00f3n<\/i> de formaciones ideol\u00f3gicas menos coherentes pero relacionadas de forma subalterna a la ideolog\u00eda hegem\u00f3nica. Y por otro lado, en cuanto se preocupa por criticar y reformar el sentido com\u00fan, la filosof\u00eda tiene una estrecha relaci\u00f3n con la hegemon\u00eda: ejerce una funci\u00f3n hegem\u00f3nica, es parte de una actividad hegem\u00f3nica m\u00e1s amplia, incluso ocupa en el contexto del sistema hegem\u00f3nico un lugar privilegiado, que deriva del hecho de que la filosof\u00eda -en cuanto es una actividad dirigida a los problemas de la sociedad en su conjunto y, al mismo tiempo, se caracteriza por un elevado grado de abstracci\u00f3n- es capaz de organizar ese mismo sistema tambi\u00e9n en sus partes no filos\u00f3ficas, asignando, por decirlo as\u00ed, a cada una su funci\u00f3n. En efecto, se puede decir que en el momento en que el sentido com\u00fan entra en contacto con la filosof\u00eda, se ve involucrado en una din\u00e1mica de tipo hegem\u00f3nico; es decir, el car\u00e1cter disgregado e incoherente del sentido com\u00fan es -por lo menos parcialmente y, en medida variable, acorde a la \u00e9poca, al pa\u00eds, etc.- reformulado y reformado por una actividad hegem\u00f3nica.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote25sym\" name=\"sdendnote25anc\">25<\/a><\/p>\n<p>Esta actividad de articulaci\u00f3n del sentido com\u00fan en base a una visi\u00f3n del mundo marca el cambio: en s\u00ed mismo, el sentido com\u00fan se caracteriza por el predominio de elementos de <i>espontaneidad<\/i>. Sin embargo, la espontaneidad es aqu\u00ed el signo no de la falta de un trabajo hegem\u00f3nico, sino de su car\u00e1cter total o parcialmente <i>indocumentado<\/i>, donde indocumentado quiere decir nada m\u00e1s que en el trabajo de organizaci\u00f3n hegem\u00f3nica que aparece como espontaneidad, prevalece la falta de una visi\u00f3n del mundo global y coherente.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote26sym\" name=\"sdendnote26anc\">26<\/a> De hecho, la espontaneidad pura no existe; lo que se da es la falta de control, el car\u00e1cter asistem\u00e9tico de la actividad ideol\u00f3gica que se ejerce en el sentido com\u00fan, el car\u00e1cter semicasual de las influencias hegem\u00f3nicas que se cruzan y chocan en este vasto campo.<a class=\"sdendnoteanc\" href=\"#sdendnote27sym\" name=\"sdendnote27anc\">27<\/a><\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, se puede decir que en el espacio social no hay momentos del todo exentos de hegemon\u00eda, y que una crisis org\u00e1nica no se puede pensar como la desaparici\u00f3n -aunque sea s\u00f3lo por un <i>instante<\/i>&#8211; de toda determinaci\u00f3n hegem\u00f3nica. La crisis es m\u00e1s bien la desarticulaci\u00f3n (m\u00e1s o menos generalizada) de una determinada estructura hegem\u00f3nica. Esta desarticulaci\u00f3n deja ver a las masas populares las virtualidades hegem\u00f3nicas que en aquella estructura quedaban <i>incluidas<\/i> y <i>subordinadas<\/i>, es decir, reducidas a funciones internas de aquella y por esta raz\u00f3n no se dejaban <i>visualizar<\/i>.<\/p>\n<p>Hay que insistir sobre esta doble implicaci\u00f3n rec\u00edproca, entre el car\u00e1cter global de la hegemon\u00eda y la visibilidad de las <i>capas<\/i> de los discursos hegem\u00f3nicos subordinados. Si la f\u00f3rmula hegem\u00f3nica dominante es global, es decir, si se relaciona con el conjunto de las relaciones de fuerzas a nivel nacional e internacional, el car\u00e1cter contingente del sistema hegem\u00f3nico no aparece como tal. La visibilidad del car\u00e1cter hegem\u00f3nico de sus elementos coincide con su crisis, con su disgregaci\u00f3n. Todo lo que aparec\u00eda como obvio y evidente se vuelve expresi\u00f3n de una determinada manera de organizar las relaciones de fuerzas.<\/p>\n<p>Esta visibilidad es un hecho ideol\u00f3gico de gran calado: no tiene nada que ver con una idea de convicciones subjetivas o, peor a\u00fan, de sugestiones. Expresa una nueva estructura pr\u00e1ctica que se est\u00e1 consolidando en la sociedad y en el Estado, y que ha llegado a un punto cr\u00edtico, porque ha cuestionado el car\u00e1cter <i>natural<\/i> del sistema hegem\u00f3nico. En este sentido, se puede decir que la visibilidad del car\u00e1cter contingente de la organizaci\u00f3n hegem\u00f3nica de la relaciones de fuerzas coincide con la existencia de formas de organizaci\u00f3n aut\u00f3nomas de las clases subalternas, de manera que, a partir de estas organizaciones, <i>todos<\/i> los discursos hegem\u00f3nicos presentes en la sociedad conocen una redistribuci\u00f3n org\u00e1nica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Referencias Bibliogr\u00e1ficas<\/b><\/p>\n<p><b>Althusser L.<\/b> (1967). Contradicci\u00f3n y sobredeterminaci\u00f3n (Notas para una investigaci\u00f3n). En <i>La revoluci\u00f3n te\u00f3rica de Marx<\/i> (Marta Harnecker, Trad., pp. 71-106). Ciudad de M\u00e9xico, M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n<p><b>Ancona C.<\/b> (1965). 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En este art\u00edculo se recorre la teor\u00eda gramsciana de la hegemon\u00eda y se intenta mostrar su coherencia con la filosof\u00eda de la praxis, es decir, con la noci\u00f3n que se\u00f1ala el car\u00e1cter fundamentalmente pr\u00e1ctico de la realidad. <\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":3486,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13,15],"tags":[865],"class_list":["post-3485","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-izquierda-a-debate","category-materiales-para-la-refundacion-comunista","tag-antonio-gramsci"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3485","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3485"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3485\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3486"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3485"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3485"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3485"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}