{"id":3513,"date":"2018-05-24T00:00:00","date_gmt":"2018-05-24T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3513"},"modified":"2020-02-15T07:35:55","modified_gmt":"2020-02-15T06:35:55","slug":"modernidad-y-capitalismo-15-tesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3513","title":{"rendered":"Modernidad y capitalismo. (15 tesis)"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfPor qu\u00e9 la cuerda, entonces, si el aire es tan sencillo?<\/p>\n<p>\u00bfPara qu\u00e9 la cadena, si existe el hierro por s\u00ed solo?<\/p>\n<p><i>C<\/i><i>\u00e9<\/i><i>s<\/i><i>a<\/i><i>r<\/i><i> <\/i><i>V<\/i><i>allej<\/i><i>o<\/i><\/p>\n<p><a name=\"_GoBack\"><\/a> Los hombres de hace un siglo (ya inconfundiblemente modernos) pensaban que eran due\u00f1os de la situaci\u00f3n; que pod\u00edan hacer con la modernidad lo que quisieran, incluso, simplemente, aceptarla \u2014tomarla completa o en partes, introducirle modificaciones\u2014 o rechazarla \u2014volverle la espalda, cerrarle el paso, revertir sus efectos. Pensaban todav\u00eda desde un mundo en el que la marcha indetenible de lo moderno, a un buen trecho todav\u00eda de alcanzar la medida planetaria, no pod\u00eda mostrar al entendimiento com\u00fan la magnitud totalizadora de su ambici\u00f3n ni la radicalidad de los cambios que introduc\u00eda ya en la vida humana. Lo viejo o tradicional ten\u00eda una vigencia tan s\u00f3lida y pesaba tanto, que incluso las m\u00e1s gigantescas o las m\u00e1s atrevidas creaciones modernas parec\u00edan afectarlo solamente en lo accesorio y dejarlo intocado en lo profundo; lo antiguo o heredado era tan natural, que no hab\u00eda c\u00f3mo imaginar siquiera que las pretensiones de que hac\u00edan alarde los propugnadores de lo moderno fueran algo digno de tomarse en serio.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas, por el contrario, no parece que el rechazo o la aceptaci\u00f3n de lo moderno puedan estar a discusi\u00f3n; lo moderno no se muestra como algo exterior a nosotros, no lo tenemos ante los ojos como una <i>te<\/i><i>r<\/i><i>c<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>inc\u00f3gnit<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>cuya exploraci\u00f3n podamos emprender o no. Unos m\u00e1s, otros menos, todos, quer\u00e1moslo o no, somos ya modernos o nos estamos haciendo modernos, permanentemente. El predominio de lo moderno es un hecho consumado, y un hecho decisivo. Nuestra vida se desenvuelve dentro de la modernidad, inmersa en un proceso \u00fanico, universal y constante que es el proceso de la modernizaci\u00f3n. Modernizaci\u00f3n que, por lo dem\u00e1s \u2014es necesario subrayar\u2014, no es un programa de vida adoptado por nosotros, sino que parece m\u00e1s bien una fatalidad o un destino incuestionable al que debemos someternos.<\/p>\n<p>\u00abLo moderno es lo mismo que lo bueno; lo malo que a\u00fan pueda prevalecer se explica porque lo moderno a\u00fan no llega del todo o porque ha llegado incompleto\u00bb. \u00c9ste fue sin duda, con plena ingenuidad, el lema de todas las pol\u00edticas de todos los estados nacionales hace un siglo; hoy lo sigue siendo, pero la ingenuidad de entonces se ha convertido en cinismo.<\/p>\n<p>Han pasado cien a\u00f1os y la meta de la vida social \u2014modernizarse: perfeccionarse en virtud de un progreso en las t\u00e9cnicas de producci\u00f3n, de organizaci\u00f3n social y de gesti\u00f3n pol\u00edtica\u2014 parece ser la misma. Es evidente sin embargo que, de entonces a nuestros d\u00edas, lo que se entiende por \u00abmoderno\u00bb ha experimentado una mutaci\u00f3n considerable. Y no porque aquello que pudo ser visto entonces como innovador o \u00abfuturista\u00bb resulte hoy tradicional o \u00absuperado\u00bb, sino porque el sentido que enciende la signifiaci\u00f3n de esa palabra ha dejado de ser el mismo. Ha salido fuertemente cambiado de la aventura por la que debi\u00f3 pasar; la aventura de su asimilaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n al sentido de la palabra \u00abrevoluci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El \u00abesp\u00edritu de la utop\u00eda\u00bb no naci\u00f3 con la modernidad, pero s\u00ed alcanz\u00f3 con ella su figura independiente, su consistencia propia, terrenal. Gir\u00f3 desde el principio en torno al proceso de modernizaci\u00f3n, atra\u00eddo por la oportunidad que \u00e9ste parec\u00eda traer consigo \u2014con su progresismo\u2014 de quitarle lo categ\u00f3rico al \u00abno que est\u00e1 impl\u00edcito en la palabra \u00abutop\u00eda\u00bb y entenderlo como un \u00aba\u00fan no\u00bb prometedor.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n de \u00abcambiar el mundo\u00bb \u2014\u00bbcambiar la vida\u00bb\u2014 se introdujo primero en la dimensi\u00f3n pol\u00edtica. A fines del siglo XVIII, cuando la modernizaci\u00f3n como Revoluci\u00f3n Industrial apenas hab\u00eda comenzado, su presencia como actitud impugnadora del <i>ancie<\/i><i>n<\/i><i> <\/i><i>r<\/i><i>\u00e9gi<\/i><i>m<\/i><i>e<\/i><i> <\/i>era ya indiscutible; era el movimiento hist\u00f3rico de las \u00abrevoluciones burguesas\u00bb. La Revoluci\u00f3n vivida como una actividad que tiene su meta y su sentido en el progreso pol\u00edtico absoluto: la cancelaci\u00f3n del pasado nefasto y la fundaci\u00f3n de un porvenir de justicia, abierto por completo a la imaginaci\u00f3n. Pronto, sin embargo, la tentaci\u00f3n utopista fue expulsada de la dimensi\u00f3n pol\u00edtica y debi\u00f3 refugiarse en el otro \u00e1mbito del progresismo absoluto, el de la potenciaci\u00f3n de las capacidades de rendimiento de la vida productiva. Mientras pudo estar ah\u00ed, antes de que los estragos sociales de la industrializaci\u00f3n capitalista la hicieran experimentar un nuevo rechazo, fue ella la que dot\u00f3 de sentido a la figura puramente t\u00e9cnica de la modernizaci\u00f3n. El \u00abesp\u00edritu de la utop\u00eda\u00bb comenzar\u00eda hacia finales del siglo XIX un nuevo \u2014 \u00bf\u00faltimo? \u2014 intento de tomar cuerpo en la orientaci\u00f3n progresista del proceso de modernizaci\u00f3n; el intento cuyo fracaso vivimos actualmente.<\/p>\n<p>Aceptar o rechazar la modernizaci\u00f3n como reorganizaci\u00f3n de la vida social en torno al progreso de las t\u00e9cnicas en los medios de producci\u00f3n, circulaci\u00f3n y consumo eran los dos polos b\u00e1sicos del comportamiento social entre los que se compon\u00eda y recompon\u00eda a comienzos de siglo la constelaci\u00f3n pol\u00edtica elemental. Su aceptaci\u00f3n \u00abgattopardiana\u00bb, como maniobra conservadora, destinada a resguardar lo tradicional, llegaba a coincidir y confundirse con su aceptaci\u00f3n reformista o ingenua, la que calcaba de ella su racionalidad progresista. Por otra parte, su rechazo reaccionario, que ve en ella un atentado contra la esencia inmutable de ciertos valores humanos de estirpe metaf\u00edsica, un descarr\u00edo condenable que puede y debe ser desandado, era un rechazo similar aunque de sentido diametralmente opuesto al de quienes la impugnaban tambi\u00e9n, pero en tanto que alternativa falsa o suplantaci\u00f3n de un proyecto de transformaci\u00f3n revolucionaria de lo humano. En el campo de la izquierda lo mismo que en el de la derecha, definiendo posiciones marcadamente diferentes dentro de ambos, se enfrentaban la aceptaci\u00f3n y el rechazo de la modernizaci\u00f3n, experimentada como la din\u00e1mica de una historia regida por el progreso t\u00e9cnico.<\/p>\n<p>No obstante el predominio pr\u00e1ctico incontestable y las irrupciones pol\u00edticas decisivas y devastadoras de la derecha, es innegable que la vida pol\u00edtica del siglo XX se ha guiado por las propuestas \u2014desiguales e incluso contradictorias\u2014 de una \u00abcultura pol\u00edtica de izquierda\u00bb. La izquierda ha inspirado el discurso b\u00e1sico de lo pol\u00edtico frente a la l\u00f3gica tecnicista de la modernizaci\u00f3n. Sea que haya asumido a \u00e9sta como base de la reforma o que la haya impugnado como sustituto insuficiente de la revoluci\u00f3n, un presupuesto \u00e9tico lo ha guiado en todo momento: el \u00abhumanismo\u00bb, entendido como una b\u00fasqueda de la emancipaci\u00f3n individual <i>y<\/i><i> <\/i>colectiva <i>y<\/i><i> <\/i>de la justicia social. Es por ello que la significaci\u00f3n de lo moderno como realizaci\u00f3n de una utop\u00eda t\u00e9cnica s\u00f3lo ha adquirido su sentido pleno en este siglo cuando ella ha aparecido en tanto que momento constitutivo pero subordinado de lo que quiere decir la palabra \u00absocialismo\u00bb: la realizaci\u00f3n (reformista o revolucionaria) de la utop\u00eda pol\u00edtico-social \u2014el reino de la libertad y la justicia\u2014 como progreso puro, como sustituci\u00f3n absolutamente innovadora de la figura tradicional en la que ha existido lo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>La historia contempor\u00e1nea, configurada en torno al destino de la modernizaci\u00f3n capitalista, parece encontrarse ante el dilema propio de una \u00absituaci\u00f3n l\u00edmite\u00bb: o persiste en la direcci\u00f3n marcada por esta modernizaci\u00f3n y deja de ser un modo (aunque sea contradictorio) de afirmaci\u00f3n de la vida, para convertirse en la simple aceptaci\u00f3n selectiva de la muerte, o la abandona y, al dejar sin su soporte tradicional a la civilizaci\u00f3n alcanzada, lleva en cambio a la vida social en direcci\u00f3n a la barbarie. Desencantada de su inspiraci\u00f3n en el \u00absocialismo progresista\u00bb \u2014que se puso a prueba no s\u00f3lo en la figura del despotismo estatal del \u00abmundo [imperio] socialista\u00bb sino tambi\u00e9n bajo la forma de un correctivo social a las instituciones liberales del \u00abmundo [imperio] occidental\u00bb\u2014, esta historia parece haber llegado a clausurar aquello que se abri\u00f3 justamente con ella: la utop\u00eda terrenal como propuesta de un mundo humano radicalmente mejor que el establecido, y realmente posible. Paralizada su creatividad pol\u00edtica \u2014como a la espera de una cat\u00e1strofe\u2014, se mantiene en un vaiv\u00e9n err\u00e1tico que la lleva entre pragmatismos defensivos m\u00e1s o menos simplistas y mesianismos desesperados de mayor o menor grado de irracionalidad.<\/p>\n<p>Las <i>T<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>que se exponen en las siguientes p\u00e1ginas intentan detectar en el campo de la teor\u00eda la posibilidad de una modernidad diferente de la que se ha impuesto hasta ahora, de una modernidad no capitalista. Lo hacen, primero, a partir del reconocimiento de un hecho: el estado de perenne inacabamiento que es propio de la significaci\u00f3n de los entes hist\u00f3ricos; y segundo, mediante un juego de conceptos que intenta desmontar te\u00f3ricamente ese hecho y que, para ello, pensando que \u00abtodo lo que es real puede ser pensado tambi\u00e9n como siendo a\u00fan s\u00f3lo posible\u00bb (Leibniz), hace una distinci\u00f3n entre la configuraci\u00f3n o forma de presencia actual de una realidad hist\u00f3rica, que resulta de la adaptaci\u00f3n de su necesidad de estar presente a las condiciones m\u00e1s o menos \u00abcoyunturales\u00bb para que as\u00ed sea \u2014y que es por tanto siempre substituible\u2014 <i>y<\/i><i> <\/i>su esencia o forma de presencia \u00abpermanente\u00bb, en la que su necesidad de estar presente se da de manera pura, como una potencia ambivalente que no deja de serlo durante todo el tiempo de su consolidaci\u00f3n, por debajo de los efectos de apariencia m\u00e1s \u00abdefinitiva\u00bb que tenga en ella su estar configurada. De acuerdo con esta suposici\u00f3n, la modernidad no ser\u00eda \u00abun proyecto inacabado\u00bb; ser\u00eda, m\u00e1s bien, un conjunto de posibilidades exploradas y actualizadas s\u00f3lo desde una perspectiva <i>y<\/i><i> <\/i>en un solo sentido, y dispuesto a lo que aborden desde otro lado y lo iluminen con una luz diferente.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>1<\/b><\/p>\n<p><i>L<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>cl<\/i><i>a<\/i><i>v<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>ec<\/i><i>on\u00f3m<\/i><i>ic<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><\/p>\n<p>Por <i>m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i>habr\u00eda que entender el car\u00e1cter peculiar de una forma hist\u00f3rica de totalizaci\u00f3n civilizatoria de la vida humana. Por <i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>sm<\/i><i>o<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>una forma o modo de reproducci\u00f3n de la vida econ\u00f3mica del ser humano: una manera de llevar a cabo aquel conjunto de sus actividades que est\u00e1 dedicado directa y preferentemente a la producci\u00f3n, circulaci\u00f3n y consumo de los bienes producidos. Entre modernidad y capitalismo existen las relaciones que son propias entre una totalizaci\u00f3n completa e independiente y una parte de ella, dependiente suya, pero en condiciones de imponerle un sesgo especial a su trabajo de totalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este predominio de la dimensi\u00f3n econ\u00f3mica de la vida (con su modo capitalista particular) en la constituci\u00f3n hist\u00f3rica de la modernidad es tal vez justamente la \u00faltima gran afirmaci\u00f3n de una especie de \u00abmaterialismo hist\u00f3rico\u00bb espont\u00e1neo que ha caracterizado a la existencia social durante toda \u00abla historia basada en la escasez\u00bb. \u00abFacultad\u00bb distintiva del ser humano (\u00abanimal expulsado del para\u00edso de la animalidad\u00bb) es sin duda la de vivir su vida f\u00edsica como sustrato de una vida \u00abmetaf\u00edsica\u00bb o pol\u00edtica, para la cual lo prioritario reside en el dar sentido y forma a la convivencia colectiva. Se trata, sin embargo, de una \u00abfacultad\u00bb que s\u00f3lo ha podido darse bajo la condici\u00f3n de respetar al <i>t<\/i><i>raba<\/i><i>j<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>produ<\/i><i>ctiv<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>como la dimensi\u00f3n fundamental, posibilitante y delimitante, de su ejercicio. El trabajo productivo ha sido la pieza central de todos los proyectos de existencia humana. Dada la condici\u00f3n transhist\u00f3rica de una <i>e<\/i><i>s<\/i><i>c<\/i><i>as<\/i><i>e<\/i><i>z<\/i><i> <\/i><i>r<\/i><i>el<\/i><i>a<\/i><i>tiv<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>de los bienes requeridos, es decir, de una \u00abindiferencia\u00bb o incluso una \u00abhostilidad\u00bb de lo Otro o lo no humano (la \u00abNaturaleza\u00bb), ninguno de ellos pudo concebirse, hasta antes de la Revoluci\u00f3n Industrial, de otra manera que como una estrategia dise\u00f1ada para defender la existencia propia en un dominio siempre ajeno. Ni siquiera el \u00abgasto improductivo\u00bb del m\u00e1s fabuloso de los dispendios narrados por las leyendas tradicionales alcanz\u00f3 jam\u00e1s a rebasar verdaderamente la medida de la imaginaci\u00f3n permitida por las exigencias de la mera sobrevivencia al entendimiento humano.<\/p>\n<p>Dos razones que se complementan hacen de la teor\u00eda cr\u00edtica del capitalismo una v\u00eda de acceso privilegiada a la comprensi\u00f3n de la modernidad: de ninguna realidad hist\u00f3rica puede decirse con mayor propiedad que sea t\u00edpicamente moderna como del modo capitalista de reproducci\u00f3n de la riqueza social; a la inversa, ning\u00fan contenido caracter\u00edstico de la vida moderna resulta tan esencial para definirla como el capitalismo.<\/p>\n<p>Pero la perspectiva que se abre sobre la modernidad desde la problematizaci\u00f3n del capitalismo no s\u00f3lo es capaz de encontrarle su mejor visibilidad; es capaz tambi\u00e9n \u2014y se dir\u00eda, sobre todo\u2014 de despertar en la inteligencia el reclamo m\u00e1s apremiante de comprenderla. Son los atolladeros que se presentan en la modernizaci\u00f3n de la econom\u00eda \u2014los efectos contraproducentes del progreso cuantitativo (extensivo e intensivo) y cualitativo (t\u00e9cnico), lo mismo en la producci\u00f3n que en la distribuci\u00f3n y el consumo de los bienes \u2014los que con mayor frecuencia y mayor violencia hacen del Hombre un ser puramente destructivo: destructivo de lo Otro, cuando ello no cabe dentro de la Naturaleza (como \u00abc\u00famulo de recursos para lo humano\u00bb), y destructivo de s\u00ed mismo, cuando \u00e9l mismo es \u00abnatural\u00bb (material, corporal, animal), y no cabe dentro de lo que se ha humanizado a trav\u00e9s del trabajo t\u00e9cnico \u00abproductivo\u00bb.<\/p>\n<p>La imprevisible e intrincada red de los m\u00faltiples caminos que ha seguido la historia de la modernidad se teji\u00f3 en un di\u00e1logo decisivo, muchas veces imperceptible, con el proceso oscuro de la gestaci\u00f3n, la consolidaci\u00f3n y la expansi\u00f3n planetaria del capitalismo en calidad de modo de producci\u00f3n. Se trata de una din\u00e1mica profunda, en cuyo nivel la historia no toma partido frente al acontecer coyuntural. Desentendida de los sucesos que agitan a las generaciones y apasionan a los individuos, se ocupa sin embargo tercamente en indicar rumbos, marcar tiempos y sugerir tendencias generales a la vida cotidiana.<\/p>\n<p>Tres parecen ser las principales constantes de la historia del capitalismo que han debido ser \u00abtrabajadas\u00bb e integradas por la historia de la modernidad: a) la reproducci\u00f3n c\u00edclica, en escala cada vez mayor (como en una espiral) y en referencia a satisfactores cada vez diferentes, de una \u00abescasez relativa artificial\u00bb de la naturaleza respecto de las necesidades humanas; b) el avance de alcances totalitarios, extensivo e intensivo (como planetarizaci\u00f3n y como tecnificaci\u00f3n, respectivamente) de la subsunci\u00f3n real del funcionamiento de las fuerzas productivas bajo la acumulaci\u00f3n del capital, y el corrimiento indetenible de la direcci\u00f3n en la que fluye el tributo que la propiedad capitalista <i>\u2014<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i>su institucionalidad mercantil <i>y<\/i><i> <\/i>pac\u00edfica\u2014 paga al dominio monop\u00f3lico \u2014y su arbitrariedad extra-mercantil y violenta\u2014: de alimentar la renta de la tierra pasa a engrosar la renta de la tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>2<\/b><\/p>\n<p><i>F<\/i><i>unda<\/i><i>m<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>o<\/i><i>,<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>fi<\/i><i>gu<\/i><i>r<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>n<\/i><i>i<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><\/p>\n<p>Como es caracter\u00edstico de toda realidad humana, tambi\u00e9n la <i>m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>n<\/i><i>i<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i>est\u00e1 constituida por el juego de dos niveles diferentes de presencia real: el posible o potencial y el actual o efectivo. (Es pertinente distinguir entre ellos, aunque existe el obst\u00e1culo epistemol\u00f3gico de que el primero parece estar aniquilado por el segundo, por cuan to \u00e9ste, como realizaci\u00f3n suya, entra a ocupar su lugar.)<\/p>\n<p>En el primer nivel, la modernidad puede ser vista como <i>f<\/i><i>o<\/i><i>rm<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>idea<\/i><i>l<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>t<\/i><i>o<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>z<\/i><i>a<\/i><i>ci<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n<\/i><i> <\/i>de la vida humana. Como tal, como <i>e<\/i><i>s<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>de la modernidad, aislada artificialmente por el discurso te\u00f3rico respecto de las configuraciones que le han dado una existencia emp\u00edrica, la modernidad se presenta como una realidad de concreci\u00f3n en suspenso, todav\u00eda indefinida; como una substancia en el momento en que \u00abbusca\u00bb su forma o se deja \u00abelegir\u00bb por ella (momento en verdad imposible, pues una y otra s\u00f3lo pueden ser simult\u00e1neas); como una exigencia \u00abindecisa\u00bb, a\u00fan polimorfa, una pura potencia.<\/p>\n<p>En el segundo nivel, la modernidad puede ser vista como <i>configu<\/i><i>r<\/i><i>aci\u00f3<\/i><i>n<\/i><i> <\/i><i>h<\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>\u00f3<\/i><i>r<\/i><i>ic<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>efectiva; como tal, la modernidad deja de ser una realidad de orden ideal e impreciso: se presenta de manera plural en una serie de proyectos e intentos hist\u00f3ricos de actualizaci\u00f3n que, al sucederse unos a otros o al coexistir unos con otros en conflicto por el predominio, dotan a su existencia concreta de formas particulares sumamente variadas.<\/p>\n<p>El fundamento de la modernidad se encuentra en la consolidaci\u00f3n indetenible \u2014primero lenta, en la Edad Media, despu\u00e9s acelerada, a partir del siglo XVI, e incluso explosiva, de la Revoluci\u00f3n Industrial pasando por nuestros d\u00edas\u2014 de un cambio tecnol\u00f3gico que afecta a la ra\u00edz misma de las m\u00faltiples \u00abcivilizaciones materiales\u00bb del ser humano. La escala de la operatividad instrumental tanto del medio de producci\u00f3n como de la fuerza de trabajo ha dado un \u00absalto cualitativo\u00bb; ha experimentado una ampliaci\u00f3n que la ha hecho pasar a un orden de medida superior y, de esta manera, a un horizonte de posibilidades de dar y recibir formas desconocido durante mi lenios de historia. De estar acosadas y sometidas por el universo exterior al mundo conquistado por ellas (universo al que se reconoce entonces como \u00abNaturaleza\u00bb), las fuerzas productivas pasan a ser, aunque no m\u00e1s potentes que \u00e9l en general, s\u00ed m\u00e1s poderosas que \u00e9l en lo que concierne a sus prop\u00f3sitos espec\u00edficos; parecen instalar por fin al Hombre en la jerarqu\u00eda prometida de \u00abamo y se\u00f1or\u00bb de la Tierra.<\/p>\n<p>Temprano, ya en la \u00e9poca de la \u00abinvenci\u00f3n de Am\u00e9rica\u00bb, cuando la Tierra redonde\u00f3 definitivamente su figura para el Hombre y le transmiti\u00f3 la medida de su finitud dentro del Universo infinito, un acontecimiento profundo comenzaba a hacerse irreversible en la historia de los tiempos lentos y los hechos de larga duraci\u00f3n. Una mutaci\u00f3n en la estructura misma de la \u00abforma natural\u00bb \u2014sustrato civilizatorio elemental\u2014 del proceso de reproducci\u00f3n social ven\u00eda a minar lentamente el terreno sobre el cual todas las sociedades hist\u00f3ricas tradicionales, sin excepci\u00f3n, tienen establecida la concreci\u00f3n de su c\u00f3digo de vida originario. Una vieja sospecha volv\u00eda entonces a levantarse \u2014ahora sobre datos cada vez m\u00e1s confiables\u2014: que la escasez no constituye la \u00abmaldici\u00f3n sine qua non\u00bb de la realidad humana; que el modelo b\u00e9lico que ha inspirado todo proyecto de existencia hist\u00f3rica del Hombre, convirti\u00e9ndolo en una estrategia que condiciona la supervivencia propia a la aniquilaci\u00f3n o explotaci\u00f3n de lo Otro (de la Naturaleza, humana o extrahumana), no es el \u00fanico posible; que es imaginable \u2014sin ser una ilusi\u00f3n\u2014 un modelo diferente, donde el desaf\u00edo dirigido a lo Otro siga m\u00e1s bien el modelo del eros.<\/p>\n<p>La esencia de la modernidad se constituye en un momento crucial de la historia de la <i>civili<\/i><i>za<\/i><i>ci<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n <\/i><i>o<\/i><i>cci<\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i>urop<\/i><i>e<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i>consiste propiamente en un reto \u2014que a ella le toc\u00f3 provocar y que s\u00f3lo ella estuvo en condiciones de percibir y reconocer pr\u00e1cticamente como tal. Un reto que le plantea la necesidad de elegir, para s\u00ed misma y para la civilizaci\u00f3n en su conjunto, un cauce hist\u00f3rico de orientaciones radicalmente diferentes de las tradicionales, dado que tiene ante s\u00ed la posibilidad real de un campo instrumental cuya efectividad t\u00e9cnica permitir\u00eda que la abundancia substituya a la escasez en calidad de situaci\u00f3n originaria y experiencia fundante de la existencia humana sobre la tierra. A manera del trance por el que pasar\u00eda una pieza teatral que, sin poder detenerse, debiera rehacer su texto en plena funci\u00f3n para remediar la desaparici\u00f3n del motivo de su tensi\u00f3n dram\u00e1tica, el descubrimiento del fundamento de la modernidad puso temprano a la civilizaci\u00f3n europea en una situaci\u00f3n de conflicto y ruptura consigo misma que otras civilizaciones s\u00f3lo conocer\u00e1n m\u00e1s tarde y con un grado de interiorizaci\u00f3n mucho menor. La civilizaci\u00f3n europea deb\u00eda dar forma o convertir en substancia suya un estado de cosas \u2014que la fantas\u00eda del g\u00e9nero humano hab\u00eda pintado desde siempre como lo m\u00e1s deseable y lo menos posible\u2014 cuya direcci\u00f3n espont\u00e1nea iba sin embargo justamente en sentido contrario al del estado de cosas sobre el que ella, como todas las dem\u00e1s, se hab\u00eda levantado.<\/p>\n<p>Las configuraciones hist\u00f3ricas efectivas de la modernidad aparecen as\u00ed como el despliegue de las distintas re-formaciones de s\u00ed mismo que el occidente europeo puede \u00abinventar\u00bb \u2014unas como intentos aislados, otras coordinadas en grandes proyectos globales\u2014con el fin de responder a esa novedad absoluta desde el nivel m\u00e1s elemental de su propia estructura. M\u00e1s o menos logradas en cada caso, las distintas modernidades que ha conocido la \u00e9poca moderna, lejos de \u00abagotar\u00bb la esencia de la modernidad y de cancelar as\u00ed el trance de elecci\u00f3n, decisi\u00f3n y realizaci\u00f3n que ella implica, han despertado en ella perspectivas cada vez nuevas de autoafirmaci\u00f3n y han reavivado ese trance cada cual a su manera. Las muchas modernidades son figuras dotadas de vitalidad concreta porque siguen constituy\u00e9ndose conflictivamente como intentos de formaci\u00f3n de una materia \u2014el revolucionamiento de las fuerzas productivas\u2014que a\u00fan ahora no acaba de perder su rebeld\u00eda.<\/p>\n<p>De todas las modernidades efectivas que ha conocido la historia, la m\u00e1s funcional, la que parece haber desplegado de manera m\u00e1s amplia sus potencialidades, ha sido hasta ahora la modernidad del capitalismo industrial maquinizado de corte noreuropeo: aquella que, desde el siglo XVI hasta nuestros d\u00edas, se conforma en torno al hecho radical de la subordinaci\u00f3n del proceso de producci\u00f3n\/consumo al \u00abcapitalismo\u00bb como forma peculiar de acumulaci\u00f3n de la riqueza mercantil.<\/p>\n<p>Ning\u00fan discurso que aspire a decir algo de inter\u00e9s sobre la vida contempor\u00e1nea puede prescindir de la dimensi\u00f3n cr\u00edtica. \u00c9sta, a su vez, se juega en aquel momento de reflexi\u00f3n que alcanza a atravesar las caracter\u00edsticas de la modernidad \u00abrealmente existente\u00bb y a des encubrir su esencia; momento decisivo de todo significar efectivo en que la modernidad es sorprendida, mediante alg\u00fan dispositivo de destrucci\u00f3n te\u00f3rica de sus configuraciones capitalistas concretas, en su estado de disposici\u00f3n polimorfa, de indefinici\u00f3n y ambivalencia. El lomo de la continuidad hist\u00f3rica ofrece una l\u00ednea impecable al tacto y a la vista; pero oculta cicatrices, restos de miembros mutilados e incluso heridas a\u00fan sangrantes que s\u00f3lo se muestran cuando la mano o la mirada que pasan sobre \u00e9l lo hacen a contrapelo. Conviene por ello perderle el respeto a lo f\u00e1ctico; dudar de la racionalidad que se inclina ante el mundo \u00abrealmente existente\u00bb, no s\u00f3lo como ante el mejor (dada su realidad) sino como ante el \u00fanico mundo posible, y confiar en otra, menos \u00abrealista\u00bb y oficiosa, que no est\u00e9 re\u00f1ida con la libertad. Mostrar que lo que es no tiene m\u00e1s \u00abderecho a ser\u00bb que lo que no fue pero pudo ser; que por debajo del proyecto establecido de modernidad, las oportunidades para un proyecto alternativo \u2014m\u00e1s adecuado a las posibilidades de afirmaci\u00f3n total de la vida, que ella tiene en su esencia\u2014 no se han agotado todav\u00eda.<\/p>\n<p>Es sabido que la historia no puede volver sobre sus pasos, que cada uno de ellos clausura el lugar donde se pos\u00f3. Incluso lo que se presenta como simple borradura y correcci\u00f3n de una figura dada es en verdad una versi\u00f3n nueva de ella: para conservarla y asumirla ha tenido, en un mismo movimiento, que destruirla y rechazarla. El fundamento de la modernidad no es indiferente a la historia de las formas capitalistas que, en una sucesi\u00f3n de encabalgamientos, hicieron de \u00e9l su substancia; su huella es irreversible: profunda, decisiva y definitiva. Sin embargo, no est\u00e1 fuera de lugar poner una vez m\u00e1s en tela de juicio la vieja certeza \u2014remozada ahora con alivio, despu\u00e9s de \u00abla lecci\u00f3n del desencanto\u00bb\u2014 que reduce el camino de la modernidad a esta huella y da por sentada la identidad entre lo capitalista y lo moderno; averiguar otra vez en qu\u00e9 medida la utop\u00eda de una modernidad post-capitalista \u2014\u00bfsocialista? \u00bfcomunista? \u00bfanarquista?\u2014 es todav\u00eda realizable.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>3<\/b><\/p>\n<p><i>Marx<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><\/p>\n<p>La desconstrucci\u00f3n te\u00f3rica que hace Marx del discurso de la econom\u00eda pol\u00edtica traza numerosos puentes conceptuales hacia la problematizaci\u00f3n de la <i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad.<\/i><i> <\/i>Los principales, los que salen del centro de su proyecto cr\u00edtico, pueden encontrarse en los siguientes momentos de su comprensi\u00f3n del capitalismo.<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis que intenta explicar las caracter\u00edsticas de la vida econ\u00f3mica moderna mediante la definici\u00f3n de su estructura como un hecho dual y contradictorio; como el resultado de la unificaci\u00f3n forzada, aunque hist\u00f3ricamente necesaria, mediante la cual un proceso formal de producci\u00f3n de plusvalor y acumulaci\u00f3n de capital (es decir, el estrato de existencia abstracto de esa vida econ\u00f3mica como \u00abformaci\u00f3n [Bildung] de valor\u00bb) subsume o subordina a un proceso real de transformaci\u00f3n de la naturaleza y restauraci\u00f3n del cuerpo social (es decir, al estrato de existencia concreto de esa vida econ\u00f3mica como formaci\u00f3n [Bildung] de riqueza). Subsunci\u00f3n o subordinaci\u00f3n que, por lo dem\u00e1s, presentar\u00eda dos niveles o estados diferentes, de acuerdo con el grado y el tipo de su efecto donador de forma: el primero, \u00abformal\u00bb, en el que el modo capitalista, interiorizado ya por la sociedad, s\u00f3lo cambia las condiciones de propiedad del proceso de producci\u00f3n\/consumo y afecta todav\u00eda desde afuera a los equilibrios cualitativos tradicionales entre el sistema de necesidades de consumo y el sistema de capacidades de producci\u00f3n; y el segundo, \u00abreal\u00bb o substancial, en el que la interiorizaci\u00f3n social de ese modo, al penetrar hasta la estructura t\u00e9cnica del proceso de producci\u00f3n\/consumo, desquicia desde su interior \u2014sin aportar una propuesta cualitativa alternativa\u2014 a la propia dial\u00e9ctica entre necesidades y capacidades.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n de la diferencia y la complementariedad que hay entre la estructuraci\u00f3n simplemente mercantil de la vida econ\u00f3mica (circulaci\u00f3n y producci\u00f3n\/consumo de los elementos de la riqueza objetiva) y su configuraci\u00f3n desarrollada en el sentido mercantil-capitalista. As\u00ed mismo, la comprensi\u00f3n de la historia de esa complementariedad: de la \u00e9poca en que lo capitalista se presenta como la \u00fanica garant\u00eda s\u00f3lida de lo mercantil a la \u00e9poca en que lo mercantil debe servir de mera apariencia a lo capitalista. Un solo proceso y dos sentidos contrapuestos. En una direcci\u00f3n: el comportamiento capitalista del mercado es el instrumento de la expansi\u00f3n y consolidaci\u00f3n de la estructura mercantil en calidad de ordenamiento fundamental y exclusivo de toda la circulaci\u00f3n de la riqueza social (a expensas de otros ordenamientos \u00abnaturales\u00bb). En la otra direcci\u00f3n: la estructura mercantil es el instrumento de la expansi\u00f3n y consolidaci\u00f3n de la forma capitalista del comportamiento econ\u00f3mico en calidad de modo dominante de la producci\u00f3n y el consumo de la riqueza social.<\/p>\n<p>La derivaci\u00f3n tanto del concepto de cosificaci\u00f3n y fetichismo mercantil como del de enajenaci\u00f3n y fetichismo capitalista \u2014como categor\u00edas cr\u00edticas de la civilizaci\u00f3n moderna en general\u2014 a partir de la teor\u00eda que contrapone la mercantificaci\u00f3n simple del proceso de producci\u00f3n\/consumo de la riqueza social (como fen\u00f3meno exterior a \u00e9l y que no se atreve con la fuerza de trabajo humana) a la mercantificaci\u00f3n capitalista del mismo (como hecho que, al afectar a la fuerza de trabajo, penetra en su interior). Esta derivaci\u00f3n lleva a definir la cosificaci\u00f3n mercantil simple como el proceso hist\u00f3rico mediante el cual la capacidad de auto-constituirse (y de socializar a los individuos), propia de toda sociedad, deja de poder ser ejercida de manera directa e infalible (\u00abnecesaria\u00bb), y debe realizarse en medio de la acci\u00f3n inerte, unificadora y generalizadora, del mecanismo circulatorio de las mercanc\u00edas, es decir, sometida a la desobediencia del Azar. Gracias a \u00e9l, la autarqu\u00eda o soberan\u00eda deja de estar cristalizada en calidad de atributo del sujeto social \u2014como en la historia arcaica en la que esto sucedi\u00f3 como recurso defensivo de la identidad colectiva amenazada\u2014 y permanece como simple posibilidad del mismo. Incluido en este proceso, el c\u00famulo de las cosas \u2014ahora \u00abmundo de las mercanc\u00edas\u00bb\u2014 deja de ser \u00fanicamente el conjunto de los circuitos naturales entre la producci\u00f3n y el consumo y se convierte tambi\u00e9n, al mismo tiempo, en la suma de los nexos que conectan entre s\u00ed, \u00abpor milagro\u00bb, a los individuos privados, definidos precisamente por su independencia o carencia de comunidad. Ser\u00eda un reino de \u00abfetiches\u00bb: objetos que, \u00aba espaldas\u00bb de los productores\/consumidores, y antes de que \u00e9stos tengan nada que ver en concreto el uno con el otro, les asegura sin embargo el m\u00ednimo indispensable de socialidad abstracta que requiere su actividad. A diferencia de esta cosificaci\u00f3n mercantil simple, la cosificaci\u00f3n mercantil-capitalista o enajenaci\u00f3n se muestra como el proceso hist\u00f3rico mediante el cual la acci\u00f3n del Azar, en calidad de instancia rectora de la socializaci\u00f3n mercantil b\u00e1sica, viene a ser interferida (limitada y desviada) por un dispositivo \u2014una relaci\u00f3n de explotaci\u00f3n disfrazada de intercambio de equivalentes (salario por fuerza de trabajo)\u2014 que hace de la desigualdad en la propiedad de los medios de producci\u00f3n el fundamento de un destino asegurado de dominio de una clase social sobre otra. En consecuencia, tambi\u00e9n el fetichismo de las mercanc\u00edas capitalistas ser\u00eda diferente del fetichismo mercantil elemental. Lejos de ser un medium imparcial \u2014lo mismo en el plano \u00abnatural\u00bb o de conexi\u00f3n del sujeto como productor consigo mismo como consumidor, que en el \u00absobre-natural\u00bb o de conexi\u00f3n entre los innumerables ejemplares del sujeto mercantil, los propietarios privados individuales o colectivos\u2014, el \u00abmundo de las mercanc\u00edas\u00bb marcado por el capitalismo impone una tendencia estructural no s\u00f3lo en el enfrentamiento de la oferta y la demanda de bienes producidos, sino tambi\u00e9n en el juego de fuerzas donde se anuda la red de la socializaci\u00f3n abstracta: es favorable a toda actividad y a toda instituci\u00f3n que la atraviese en el sentido de su din\u00e1mica dominante(D\u2014M\u2014[D + d]) y es hostil a todo lo que pretenda hacerlo en contra de ella.<\/p>\n<p>La diferenciaci\u00f3n del productivismo espec\u00edficamente capitalista respecto de los otros productivismos conocidos a lo largo de la historia econ\u00f3mica que se ha desenvuelto en las condiciones de la escasez. Su definici\u00f3n como la necesidad que tiene la vida econ\u00f3mica capitalista de \u00abproducir por y para la producci\u00f3n misma\u00bb, y no con finalidades exteriores a ella, sea, s\u00f3lo en la medida en que re-encauza lo m\u00e1s pronto posible la mayor parte posible del plusvalor explotado hacia la esfera productiva, la riqueza constituida como capital puede afirmarse efectivamente como tal y seguir existiendo.<\/p>\n<p>El descubrimiento de la destructividad que caracteriza esencialmente a la \u00fanica v\u00eda que la reproducci\u00f3n capitalista de la riqueza social puede abrir para el advenimiento ineludible de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica moderna, para su adopci\u00f3n y funcionalizaci\u00f3n pro ductivo\/consuntiva. La \u00abley general de la acumulaci\u00f3n capitalista\u00bb \u2014desarrollada, como conclusi\u00f3n te\u00f3rica central del discurso cr\u00edtico de Marx sobre la econom\u00eda pol\u00edtica, a partir de la distinci\u00f3n elemental entre capital constante <i>y <\/i>capital variable <i>y<\/i><i> <\/i>el examen de la composici\u00f3n org\u00e1nica del capital\u2014 hace evidentes la generaci\u00f3n y la reproducci\u00f3n inevitables de un \u00abej\u00e9rcito industrial de reserva\u00bb, la condena de una parte del cuerpo social al status de excedente, prescindible y por tanto eliminable. Esboza la imagen de la vida econ\u00f3mica regida por la reproducci\u00f3n del capital como la de un organismo pose\u00eddo por una fol\u00eda indetenible de violencia auto-agresiva.<\/p>\n<p>La localizaci\u00f3n del fundamento del progresismo tecnol\u00f3gico capitalista en la necesidad (ajena de por s\u00ed a la l\u00f3gica de la forma capitalista pura) de los m\u00faltiples conglomerados particulares de capital de competir entre s\u00ed por la \u00abganacia extraordinaria\u00bb. A diferencia de la renta de la tierra, esta ganancia s\u00f3lo puede alcanzarse mediante la monopolizaci\u00f3n m\u00e1s o menos duradera de una innovaci\u00f3n t\u00e9cnica capaz de incrementar la productividad de un determinado cen tro de trabajo y de fortalecer as\u00ed en el mercado, por encima de la escala establecida, la competitividad de las mercanc\u00edas producidas en \u00e9l.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n del industrialismo capitalista \u2014esa tendencia arrolladora a reducir la importancia relativa de los medios de producci\u00f3n no producidos (los naturales o del campo), en beneficio de la que tienen los medios de producci\u00f3n cuya existencia se debe casi exclusivamente al trabajo humano (los artificiales o de la ciudad)\u2014 como el resultado de la competencia por la apropiaci\u00f3n de la ganancia extraordinaria que entablan los dos polos de propiedad monop\u00f3lica a los que el conjunto de los propietarios capitalistas tiene que reconocerle derechos en el proceso de determinaci\u00f3n de la ganancia media. Asentada sobre los recursos y las disposiciones m\u00e1s productivas de la naturaleza, la propiedad sobre la tierra defiende su derecho tradicional a convertir al fondo global de ganancia extraordinaria en el pago por ese dominio, en renta de la tierra. La \u00fanica propiedad que est\u00e1 en capacidad de impugnar ese derecho y que, a lo largo de la historia moderna, ha impuesto indeteniblemente el suyo propio es la que se asienta en el dominio, m\u00e1s o menos duradero, sobre una innovaci\u00f3n t\u00e9cnica de los medios de producci\u00f3n industriales. Es la propiedad que obliga a convertir una parte cada vez mayor de la ganacia extraordinaria en un pago por su dominio sobre este otro \u00abterritorio\u00bb, en una \u00abrenta tecnol\u00f3gica\u00bb.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>4<\/b><\/p>\n<p><i>Lo<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>r<\/i><i>asgo<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>ara<\/i><i>cte<\/i><i>r<\/i><i>\u00ed<\/i><i>s<\/i><i>tic<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>vi<\/i><i>d<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>a<\/i><\/p>\n<p>Cinco fen\u00f3menos distintivos del proyecto de modernidad que prevalece se prestan para ordenar en torno a ellos, y sobre todo a las ambivalencias que en cada uno se pretenden superadas, las innumerables marcas que permiten reconocer a la vida moderna como tal.<\/p>\n<p>El <i>Humanismo<\/i>. No se trata solamente del antropocentrismo, de la tendencia de la vida humana a crear para s\u00ed un mundo (cosmos) aut\u00f3nomo y dotado de una autosuficiencia relativa respecto de lo Otro (el caos). Es, m\u00e1s bien, la pretensi\u00f3n de la vida humana de supeditar la realidad misma de lo Otro a la suya propia; su af\u00e1n de constituirse, en tanto que Hombre o sujeto independiente, en calidad de fundamento de la Naturaleza, es decir, de todo lo infra-, sobre- o extra-humano, convertido en puro objeto, en mera contraparte suya. Aniquilaci\u00f3n o expulsi\u00f3n permanente del caos \u2014lo que implica al mismo tiempo una eliminaci\u00f3n o colonizaci\u00f3n siempre renovada de la Barbarie\u2014, el humanismo afirma un orden e impone una civilizaci\u00f3n que tienen su origen en el triunfo aparentemente definitivo de la t\u00e9cnica racionalizada sobre la t\u00e9cnica m\u00e1gica. Se trata de algo que puede llamarse \u00abla muerte de la primera mitad de Dios\u00bb y que consiste en la abolici\u00f3n de lo divino- numinoso en su calidad de garant\u00eda de la efectividad del campo instrumental de la sociedad. Dios, como fundamento de la necesidad del orden c\u00f3smico, como prueba fehaciente del pacto entre la comunidad que sacrifica y lo Otro que accede, deja de existir. Si antes la productividad era puesta por el compromiso o contrato establecido con una voluntad superior, arbitraria pero asequible a trav\u00e9s de ofrendas y conjuros, ahora es el resultado del azar o la casualidad, pero en tanto que \u00e9stos son susceptibles de ser \u00abdomados\u00bb y aprovechados por el poder de la raz\u00f3n instrumentalista.<\/p>\n<p>Se trata, en esta construcci\u00f3n de mundo humanista \u2014que obliga a lo otro a comportarse como Naturaleza, es decir, como el conjunto de reservas (Bestand) de que dispone el Hombre\u2014, de una hybris o desmesura cuya clave est\u00e1 en la efectividad pr\u00e1ctica tanto del conocer que se ejerce como un \u00abtrabajo intelectual\u00bb de apropiaci\u00f3n de lo que se tiene al frente como de la modalidad matem\u00e1tico- cuantitativa de la raz\u00f3n que \u00e9l emplea. El buen \u00e9xito econ\u00f3mico de su estrategia como animal rationale en la lucha contra la Naturaleza convence al Hombre de su calidad de sujeto, fundamento o actividad autosuficiente, y lo lleva a ense\u00f1orearse como tal sobre el conjunto del proceso de reproducci\u00f3n social: sobre todos los elementos (de la simple naturaleza humanizada, sea del cuerpo individual o del territorio com\u00fan, al m\u00e1s elaborado de los instrumentos y comportamientos), sobre todas las funciones (de la m\u00e1s material, pro-creativa o productiva, a la m\u00e1s espiritual, pol\u00edtica o est\u00e9tica) y sobre todas las dimensiones (de la m\u00e1s rutinaria y autom\u00e1tica a la m\u00e1s extraordinaria y creativa) del mismo.<\/p>\n<p>El <i>racionalismo moderno<\/i>, la reducci\u00f3n de la especificidad de lo humano al desarrollo de la facultad raciocinante y la reducci\u00f3n de \u00e9sta al modo en que ella se realiza en la pr\u00e1ctica puramente t\u00e9cnica o instrumentalizadora del mundo, es as\u00ed el modo de manifestaci\u00f3n m\u00e1s directo del humanismo propio de la modernidad capitalista.<\/p>\n<p>El <i>progresismo<\/i>. La historicidad es una caracter\u00edstica esencial de la actividad social; la vida humana s\u00f3lo es tal porque se interesa en el cambio al que la somete el transcurso del tiempo; porque lo asume e inventa disposiciones ante su inevitabilidad. Dos procesos coincidentes pero de sentido contrapuesto constituyen siempre a la transformaci\u00f3n hist\u00f3rica: el proceso de in-novaci\u00f3n o sustituci\u00f3n de lo viejo por lo nuevo y el proceso de re-novaci\u00f3n o restauraci\u00f3n de lo viejo como nuevo. El progresismo consiste en la afirmaci\u00f3n de un modo de historicidad en el cual, de estos dos procesos, el primero prevalece y domina sobre el segundo. En t\u00e9rminos estrictamente progresistas, todos los dispositivos, pr\u00e1cticos y discursivos, que posibilitan y conforman el proceso de reproducci\u00f3n de la sociedad \u2014desde los procedimientos t\u00e9cnicos de la producci\u00f3n y el consumo, en un extremo, hasta los ceremoniales festivos, en el otro, pasando (con intensidad y aceleraci\u00f3n decrecientes) por los usos del habla y los aparatos conceptuales, e incluso por los esquemas del gusto y la sociabilidad\u2014 se encuentran inmersos en un movimiento de cambio indetenible que los llevar\u00eda de lo atrasado a lo adelantado, \u00abde lo defectuoso a lo insuperable\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abModernista\u00bb, el progresismo puro se inclina ante la novedad innovadora como ante un valor positivo absoluto; por ella, sin m\u00e1s, se acceder\u00eda de manera indefectible hacia lo que siempre es mejor: el incremento de la riqueza, la profundizaci\u00f3n de la libertad, la ampliaci\u00f3n de la justicia, en fin, el perfeccionamiento de la civilizaci\u00f3n. En general, su experiencia del tiempo es la de una corriente no s\u00f3lo continua y rectil\u00ednea sino adem\u00e1s cualitativamente ascendente, sometida de grado a la atracci\u00f3n irresistible que el futuro ejerce por s\u00ed mismo en tanto que sede de la excelencia. Lejos de centrar la perspectiva temporal en el presente, como lo har\u00eda de acuerdo con la cr\u00edtica del conservadurismo cristiano, el presente se encuentra en \u00e9l siempre ya rebasado, vaciado de contenido por la prisa del fluir temporal, s\u00f3lo tiene una realidad instant\u00e1nea, evanescente. El consumismo de la vida moderna puede ser visto como un intento desesperado de atrapar el presente que pasa ya sin a\u00fan haber llegado; de compensar con una aceleraci\u00f3n obsesiva del consumo de m\u00e1s y m\u00e1s valores de uso lo que es una imposibilidad del disfrute de uno solo de los mismos. Expropiado de su presente, el ser humano progresista tampoco puede recurrir al pasado; carente de realidad propia, \u00e9ste no es m\u00e1s que aquel residuo del presente que es capaz a\u00fan de ofrecer resistencia a la succi\u00f3n del futuro.<\/p>\n<p>El <i>urbanicismo<\/i>. Es la forma elemental en que adquieren concreci\u00f3n espont\u00e1nea los dos fen\u00f3menos anteriores, el humanismo y el progresismo. La constituci\u00f3n del mundo de la vida como sustituci\u00f3n del Caos por el Orden y de la Barbarie por la Civilizaci\u00f3n se encauza a trav\u00e9s de ciertos requerimientos especiales. \u00c9stos son los del proceso de construcci\u00f3n de una entidad muy peculiar: la Gran Ciudad como recinto exclusivo de lo humano. Se trata de una absolutizaci\u00f3n del citadinismo propio del proceso civilizatorio, que lo niega y lo lleva al absurdo al romper la dial\u00e9ctica entre lo rural y 10 urbano.<\/p>\n<p>Es un proceso que tiende a concentrar monop\u00f3licamente en el plano geogr\u00e1fico los cuatro n\u00facleos principales de gravitaci\u00f3n de la actividad social espec\u00edficamente moderna: a) el de la industrializaci\u00f3n del trabajo productivo; b) el de la potenciaci\u00f3n comercial y financiera de la circulaci\u00f3n mercantil; c) el de la puesta en crisis y la refuncionalizaci\u00f3n de las culturas tradicionales, y d) el de la estatalizaci\u00f3n nacionalista de la actividad pol\u00edtica. Es el progresismo, pero transmutado a la dimensi\u00f3n espacial; la tendencia a construir y reconstruir el territorio humano como la materializaci\u00f3n incesante del tiempo del progreso. Afuera, como reducto del pasado, dependiente y dominado, separado de la periferia natural o salvaje por una frontera inestable: el espacio rural, el mosaico de recortes agrarios dejados o puestos por la red de interconexiones urbanas, el lugar del tiempo agonizante o apenas vitalizado por contagio. En el centro, la city o el <i>down town<\/i>, el lugar de la actividad incansable y de la agitaci\u00f3n creativa, el \u00ababismo en el que se precipita el presente\u00bb o el sitio donde el futuro brota o comienza a realizarse. Y en el interior, desplegada entre la periferia y el n\u00facleo, la constelaci\u00f3n de conglomerados citadinos de muy distinta magnitud, funci\u00f3n e importancia, unidos entre s\u00ed por las nervaduras del sistema de comunicaci\u00f3n: el espacio urbano, el lugar del tiempo vivo que repite en su traza la espiral centr\u00edpeta de la aceleraci\u00f3n futurista y reparte as\u00ed topogr\u00e1ficamente la jerarqu\u00eda de la independencia y el dominio.<\/p>\n<p>El <i>individualismo<\/i>. Es una tendencia del proceso de socializaci\u00f3n de los individuos, de su reconocimiento e inclusi\u00f3n como miembros funcionalizables del g\u00e9nero humano. Consiste en privilegiar la constituci\u00f3n de la identidad individual a partir de un centro de sintetizaci\u00f3n abstracto: su existencia en calidad de propietarios (productores\/consumidores) privados de mercanc\u00edas, es decir, en calidad de ejemplares de una masa an\u00f3nima o carente de definici\u00f3n cualitativa, e integrados en la pura exterioridad. Se trata de una constituci\u00f3n de la persona que se impone a trav\u00e9s, e incluso en contra, de todas aquellas fuentes de socializaci\u00f3n concreta del individuo \u2014unas tradicionales, otras nuevas\u2014 que son capaces de generar para \u00e9l identidades comunitarias cualitativamente diferenciadas y en interioridad. Una constituci\u00f3n en la que pueden distinguirse dos momentos: uno, en el que la substancia natural-cultural del individuo se parte en dos, de tal manera que \u00e9ste, en tanto que facultad soberana de disponer sobre las cosas (en tanto que alma limpia de afecciones hacia el valor de uso), se enfrenta a s\u00ed mismo como si fuera un objeto de su propiedad (como un \u00abcuerpo\u00bb que \u00abse tiene\u00bb, como un aparato exterior, compuesto de facultades y apetencias); y otro, en el que, sobre la base del anterior, la oposici\u00f3n natural complementaria del cuerpo \u00edntimo del individuo al cuerpo colectivo de la comunidad en la vida cotidiana, es sustituida y representada por la contradicci\u00f3n entre lo privado y lo p\u00fablico \u2014entre la necesidad de ahorrar energ\u00eda de trabajo y la necesidad de realizar el valor mercantil\u2014 como dos dimensiones incompatibles entre s\u00ed, que se sacrifican alternadamente, la una en beneficio de la otra.<\/p>\n<p>Originado en la muerte de \u00abla otra mitad de Dios\u00bb \u2014la de su divinidad como dimensi\u00f3n cohesionadora de la comunidad\u2014, es decir, en el fracaso de la metamorfosis arcaica de lo pol\u00edtico como religioso, el individualismo conduce a que la necesidad social moderna de colmar esa ausencia divina y a la vez reparar esa desviaci\u00f3n teocr\u00e1tica de lo pol\u00edtico sea satisfecha mediante una re-sintetizaci\u00f3n puramente funcional de la substancia social, es decir, de la singularidad cualitativa del mundo de la vida. A que la exigencia de la comunidad de afirmarse y reconocerse en una figura real y concreta sea acallada mediante la construcci\u00f3n de un sustituto de concreci\u00f3n puramente operativa, la figura artificial de la Naci\u00f3n. Entidad de consistencia derivada, que responde a la necesidad de la empresa estatal de marcar ante el mercado mundial la especificidad de las condiciones f\u00edsicas y humanas que ha monopolizado para la acumulaci\u00f3n de un cierto conglomerado de capitales, la Naci\u00f3n de la modernidad capitalista descansa en la confianza, entre ingenua y autoritaria, de que dicha identidad concreta se generar\u00e1 espont\u00e1neamente, a partir de los restos de la \u00abnaci\u00f3n natural\u00bb que ella misma niega y desconoce, en virtud de la mera aglomeraci\u00f3n o re-nominaci\u00f3n de los individuos abstractos, perfectamente libres (=desligados), en calidad de socios de la empresa estatal, de compatriotas o connacionales (volksgenosse).<\/p>\n<p>El <i>relativismo cultural<\/i> \u2014que afirma la reductibilidad de las diferentes versiones de lo humano, y para el que \u00abtodo en definitiva es lo mismo\u00bb\u2014 y el nihilismo \u00e9tico \u2014que denuncia el car\u00e1cter arbitrario de toda norma de comportamiento, y para el que \u00abtodo est\u00e1 permitido\u00bb\u2014 caracterizan a la plataforma de partida de la construcci\u00f3n moderna del mundo social. El uno resulta del desvanecimiento de la garant\u00eda divina para la asimilaci\u00f3n de la esencia humana a una de sus figuras particulares; el otro, de la consecuente emancipaci\u00f3n de la vida cotidiana respecto de las normaciones arcaicas del c\u00f3digo de comportamiento social. Comprometido con ambos, el individualismo capitalista los defiende con tal intensidad, que llega a invertir el sentido de su defensa: absolutiza el relativismo \u2014reprime la reivindicaci\u00f3n de las diferencias\u2014 como condici\u00f3n de la cultura nacional y naturaliza el nihilismo \u2014reprime el juicio moral\u2014como condici\u00f3n de la vida civilizada.<\/p>\n<p>El <i>economicismo<\/i>. Consiste en el predominio determinante de la dimensi\u00f3n civil de la vida social \u2014la que constituye a los individuos como burgueses o propietarios privados\u2014 sobre la dimensi\u00f3n pol\u00edtica de la misma \u2014la que personifica a los individuos como ciudadanos o miembros de la rep\u00fablica. Se trata de un predominio que exige la supeditaci\u00f3n del conjunto de las decisiones y disposiciones pol\u00edticas a aquellas que corresponden particularmente a la pol\u00edtica econ\u00f3mica. La masa de la poblaci\u00f3n nacional queda as\u00ed involucrada en una empresa hist\u00f3rico-econ\u00f3mica, el Estado, cuyo contenido central es \u00abel fomento del enriquecimiento com\u00fan\u00bb como incremento igualitario de la suma de las fortunas privadas en abstracto.<\/p>\n<p>El economicismo se origina en la oportunidad que abre el fundamento de la modernidad de alcanzar la igualdad, en la posibilidad de romper con la transcripci\u00f3n tradicionalmente inevitable de las diferencias cualitativas interindividuales como gradaciones en la escala de una jerarqu\u00eda del poder. El economicismo reproduce, sin embargo, sistem\u00e1ticamente, la desigualdad. \u00abTanto tienes, tanto vales\u00bb, la pertinencia de esta f\u00f3rmula abstracta e imparcial, con la que el economicismo pretende poseer el secreto de la igualdad, descansa sobre la vigencia de la \u00abley del valor por el trabajo\u00bb como dispositivo capaz de garantizar una \u00abjusticia distributiva\u00bb, un reparto equitativo de la riqueza. Sin embargo, la puesta en pr\u00e1ctica de la \u00abley del valor\u00bb, lleva al propio economicismo, contradictoriamente, a aceptar y defender la necesidad de su violaci\u00f3n; debe aceptar, por encima de ella, que la propiedad sobre las cosas no se deja reducir a la que se genera en el trabajo individual. Tiene que hacer de ella una mera orientaci\u00f3n ocasional, un principio de coherencia que no es ni omniabarcante ni todopoderoso; tiene que reconocer que el \u00e1mbito de acci\u00f3n de la misma, aunque es central e indispensable para la vida econ\u00f3mica moderna, est\u00e1 all\u00ed justamente para ser rebasado y utilizado por parte de otros poderes que se ejercen sobre la riqueza y que nada tienen que ver con el que proviene de la formaci\u00f3n del valor por el trabajo. Tiene que afirmarse, parad\u00f3jicamente, en la aceptaci\u00f3n del poder extraecon\u00f3mico de los se\u00f1ores de la tierra, del dinero y de la tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>5<\/b><\/p>\n<p><i>E<\/i><i>l<\/i><i> <\/i><i>capitali<\/i><i>sm<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>a<\/i><i>m<\/i><i>bivalenci<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>ode<\/i><i>r<\/i><i>n<\/i><i>o<\/i><\/p>\n<p>La presencia de la modernidad capitalista es ambivalente en s\u00ed misma. Encomiada y detractada, nunca su elogio puede ser puro como tampoco puede serlo su denuncia; justo aquello que motiva su encomio es tambi\u00e9n la raz\u00f3n de su condena. La ambivalencia de la modernidad capitalista proviene de lo siguiente: parad\u00f3jicamente, el intento m\u00e1s radical que registra la historia de interiorizar el fundamento de la modernidad \u2014la conquista de la abundancia, emprendida por la civilizaci\u00f3n occidental europea\u2014 s\u00f3lo pudo llevarse a cabo mediante una organizaci\u00f3n de la vida econ\u00f3mica que parte de la negaci\u00f3n de ese fundamento. El modo capitalista de reproducci\u00f3n de la riqueza social requiere, para afirmarse y mantenerse en cuanto tal, de una infrasatisfacci\u00f3n siempre renovada del conjunto de necesidades sociales establecido en cada caso.<\/p>\n<p>La \u00abley general de la acumulaci\u00f3n capitalista\u00bb establecida por Marx en el paso culminante de su desconstrucci\u00f3n te\u00f3rica de la econom\u00eda pol\u00edtica \u2014el discurso cient\u00edfico moderno por excelencia en lo que ata\u00f1e a la realidad humana\u2014 lo dice claramente (despu\u00e9s de mostrar la tendencia al crecimiento de la \u00abcomposici\u00f3n org\u00e1nica del capital\u00bb, la preferencia creciente del capital a invertirse en medios de producci\u00f3n y no en fuerza de trabajo):<\/p>\n<p>El desarrollo de la capacidad productiva de la sociedad reduce progresivamente la proporci\u00f3n en que se encuentra la masa de fuerza de trabajo que debe gastarse respecto de la efectividad y la masa de sus medios de producci\u00f3n: esta ley se expresa, en condiciones capitalistas \u2014donde no es el trabajador el que emplea los medios de trabajo, sino \u00e9stos los que emplean al trabajador\u2014, en el hecho de que, cuanto mayor es la capacidad productiva del trabajo, tanto m\u00e1s fuerte es la presi\u00f3n que la poblaci\u00f3n de los trabajadores ejerce sobre sus oportunidades de ocupaci\u00f3n, tanto m\u00e1s insegura es la condici\u00f3n de existencia del trabajador asalariado, la venta de la fuerza propia en bien de la multiplicaci\u00f3n de la riqueza ajena o autovalorizaci\u00f3n del capital. El hecho de que los medios de producci\u00f3n y la capacidad productiva del trabajo crecen m\u00e1s r\u00e1pidamente que la poblaci\u00f3n productiva se expresa, de manera capitalista, a la inversa: la poblaci\u00f3n de los trabajadores crece siempre m\u00e1s r\u00e1pidamente que la necesidad de valorizaci\u00f3n del capital.<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote1sym\" name=\"sdfootnote1anc\">1<\/a><\/p>\n<p>Sin una poblaci\u00f3n excedentaria, la forma capitalista pierde su funci\u00f3n mediadora \u2014desvirtuante pero posibilitante\u2014 dentro del proceso de producci\u00f3n\/consumo de los bienes sociales. Por ello, la primera tarea que cumple la econom\u00eda capitalista es la de reproducir la condici\u00f3n de existencia de su propia forma: construir y reconstruir incesantemente una escasez artificial, justo a partir de las posibilidades renovadas de la abundancia. La civilizaci\u00f3n europea emprende la aventura de conquistar y asumir el nuevo mundo prometido por la re-fundamentaci\u00f3n material de la existencia hist\u00f3rica; el arma que emplea es la econom\u00eda capitalista. Pero el comportamiento de \u00e9sta, aunque es efectivo, es un comportamiento doble. Es una duplicidad que se repite de manera particularizada en todas y cada una de las peripecias que componen esa aventura: el capitalismo provoca en la civilizaci\u00f3n europea el dise\u00f1o esquem\u00e1tico de un modo no s\u00f3lo deseable sino realmente posible de vivir la vida humana, un proyecto dirigido a potenciar las oportunidades de su libertad; pero s\u00f3lo lo hace para obligarle a que, con el mismo trazo, haga de ese dise\u00f1o una composici\u00f3n irrisoria, una burla de s\u00ed misma.<\/p>\n<p>A un tiempo fascinantes e insoportables, los hechos y las cosas de la modernidad dominante manifiestan bajo la forma de la ambivalencia aquello que constituye la unidad de la econom\u00eda capitalista: la contradicci\u00f3n irreconciliable entre el sentido del proceso concreto de trabajo\/disfrute (un sentido \u00absocial-natural\u00bb), por un lado, y el sentido del proceso abstracto de valorizaci\u00f3n\/acumulaci\u00f3n (un sentido \u00absocial-enajenado\u00bb), por otro.<\/p>\n<p><a name=\"_bookmark0\"><\/a> La descripci\u00f3n, explicaci\u00f3n y cr\u00edtica que Marx hace del capital \u2014de la \u00abriqueza de las naciones\u00bb en su forma hist\u00f3rica capitalista\u2014permite desconstruir te\u00f3ricamente, es decir, comprender la ambivalencia que manifiestan en la experiencia cotidiana los distintos fen\u00f3menos caracter\u00edsticos de la modernidad dominante.<\/p>\n<p>Seg\u00fan \u00e9l, la forma o el modo capitalista de la riqueza social \u2014 de su producci\u00f3n, circulaci\u00f3n y consumo\u2014 es la mediaci\u00f3n ineludible, la \u00fanica v\u00eda que las circunstancias hist\u00f3ricas abrieron para el paso de la posibilidad de la riqueza moderna a su realidad efectiva; se trata sin embargo de una v\u00eda que, por dejar fuera de su cauce cada vez m\u00e1s posibilidades entre todas las que est\u00e1 llamada a conducir, hace de su necesidad una imposici\u00f3n y de su servicio una opresi\u00f3n. Como donaci\u00f3n de forma, la mediaci\u00f3n capitalista implica una negaci\u00f3n de la substancia que se deja determinar por ella; pero la suya es una negaci\u00f3n d\u00e9bil. En lugar de avanzar hasta encontrar una salida o \u00absuperaci\u00f3n dial\u00e9ctica\u00bb a la contradicci\u00f3n en que se halla con las posibilidades de la riqueza moderna, s\u00f3lo alcanza a neutralizarla dentro de figuras que la resuelven falsa o malamente y que la conservan as\u00ed de manera cada vez m\u00e1s intrincada.<\/p>\n<p>Indispensable para la existencia concreta de la riqueza social moderna, la mediaci\u00f3n capitalista no logra sin embargo afirmarse como condici\u00f3n esencial de su existencia, no alcanza a sintetizar para ella una figura verdaderamente nueva. La totalidad que configura con ella, incluso cuando penetra realmente en su proceso de reproducci\u00f3n y se expande como condici\u00f3n t\u00e9cnica de \u00e9l, es fruto de una totalizaci\u00f3n forzada; mantiene una polaridad contradictoria: est\u00e1 hecha de relaciones de subsunci\u00f3n o subordinaci\u00f3n de la riqueza \u00abnatural\u00bb a una forma que se le impone.<\/p>\n<p>El proceso de trabajo o de producci\u00f3n de objetos con valor de uso genera por s\u00ed mismo nuevos principios cualitativos de complementaci\u00f3n entre la fuerza de trabajo y los medios de producci\u00f3n; esbozos de acoplamiento que tienden a despertar en la red de conexiones t\u00e9cnicas que los une, por debajo y en contra de su obligatoriedad y su utilitarismo tradicionales, la dimensi\u00f3n l\u00fadica y gratuita que ella reprime en s\u00ed misma. Sin embargo, su actividad no puede cumplirse en los hechos, si no obedece a un principio de complementaci\u00f3n de un orden diferente, que deriva de la producci\u00f3n (explotaci\u00f3n) de plusvalor. Seg\u00fan este principio, la actividad productiva \u2014la conjunci\u00f3n de los dos factores del proceso de trabajo\u2014 no es otra cosa que una inversi\u00f3n de capital, la cual no tiene otra raz\u00f3n de ser que la de dar al capital variable (el que representa en t\u00e9rminos de valor a la capacidad productiva del trabajador) la oportunidad de que, al reproducirse, cause el engrosamiento del capital constante (el que representa en el plano del valor a los medios de producci\u00f3n del capitalista).<\/p>\n<p>De esta manera, el principio unitario de complementaci\u00f3n que rige la conjunci\u00f3n de la fuerza de trabajo con los medios de producci\u00f3n y que determina realmente la elecci\u00f3n de las t\u00e9cnicas productivas en la econom\u00eda capitalista encierra en s\u00ed mismo una contradicci\u00f3n. No puede aprovechar las nuevas posibilidades de ese acoplamiento productivo sin someter a los dos protagonistas a una reducci\u00f3n que hace de ellos meros dispositivos de la valorizaci\u00f3n del valor. Pero tampoco puede fomentar esta conjunci\u00f3n como una coincidencia de los factores del capital destinada a la explotaci\u00f3n de plusvalor sin exponerla a los peligros que trae para ella la resistencia cualitativa de las nuevas relaciones t\u00e9cnicas entre el sujeto y el objeto de la producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Igualmente, el proceso de consumo de objetos producidos crea por s\u00ed mismo nuevos principios de disfrute que tienden a hacer de la relaci\u00f3n t\u00e9cnica entre necesidad y medios de satisfacci\u00f3n un juego de correspondencias. De hecho, sin embargo, el consumo moderno acontece \u00fanicamente si se deja guiar por un principio de disfrute diametralmente opuesto: el que deriva del \u00abconsumo productivo\u00bb que convierte al plusvalor en pluscapital. Seg\u00fan \u00e9ste, la apropiaci\u00f3n tanto del salario como de la ganancia no tiene otra raz\u00f3n de ser que la de dar al valor producido la oportunidad de que, al realizarse en la adquisici\u00f3n de mercanc\u00edas, cause la reproducci\u00f3n (conminada a ampliar su escala) del capital. El principio capitalista de satisfacci\u00f3n de las necesidades es as\u00ed, \u00e9l tambi\u00e9n, intr\u00ednsecamente contradictorio: para aprovechar la diversificaci\u00f3n de la relaci\u00f3n t\u00e9cnica entre necesidades y satisfactores, tiene que violar su juego de equilibrios cualitativos y someterlo a los plazos y a las prioridades de la acumulaci\u00f3n de capital; a su vez, para ampliar y acelerar esta acumulaci\u00f3n, tiene que provocar la efervescencia \u00abca\u00f3tica e incontrolable\u00bb de ese proceso diversificador.<\/p>\n<p>En la econom\u00eda capitalista, para que se produzca cualquier cosa, grande o peque\u00f1a, simple o compleja, material o espiritual, lo \u00fanico que hace falta es que su producci\u00f3n sirva de veh\u00edculo a la producci\u00f3n de plusvalor. Asimismo, para que cualquier cosa se consuma, usable o utilizable, conocida o ex\u00f3tica, vital o lujosa, lo \u00fanico que se requiere es que la satisfacci\u00f3n que ella proporciona est\u00e9 integrada como soporte de la acumulaci\u00f3n del capital. En un caso y en otro, para que el proceso t\u00e9cnico tenga lugar es suficiente (y no s\u00f3lo necesario) que su principio de realizaci\u00f3n \u00absocial-natural\u00bb est\u00e9 transfigurado o \u00abtraducido\u00bb f\u00e1cticamente a un principio de orden diferente, \u00absocial-enajenado\u00bb, que es esencialmente incompatible con \u00e9l \u2014pues lo restringe o lo exagera necesariamente\u2014: el principio de la actividad valorizadora del valor.<\/p>\n<p>Con la producci\u00f3n y el consumo sumados a la circulaci\u00f3n, el ciclo completo de la reproducci\u00f3n de la riqueza social moderna se constituye como una totalizaci\u00f3n que unifica de manera forzada en un solo funcionamiento (en un mismo lugar y simult\u00e1neamente), al proceso de reproducci\u00f3n de la riqueza social \u00abnatural\u00bb con el proceso de reproducci\u00f3n (ampliada) del capital.<\/p>\n<p>De acuerdo con lo anterior, la din\u00e1mica profunda que el proceso capitalista de reproducci\u00f3n de la riqueza social aporta al devenir hist\u00f3rico moderno proviene del itinerario de re-polarizaciones y recomposiciones intermitentes que sigue, dentro de \u00e9l, su contradicci\u00f3n inherente: la exclusi\u00f3n u horror rec\u00edproco entre su substancia trans-hist\u00f3rica, es decir, su forma primera o \u00abnatural\u00bb de realizaci\u00f3n o ejecuci\u00f3n, y una forma de segundo grado, artificial pero necesaria, seg\u00fan la cual se cumple como puro proceso de \u00abautovalorizaci\u00f3n del valor\u00bb.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>6<\/b><\/p>\n<p><i>La<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i>ti<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i>ti<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> p<\/i><i>r<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i>l<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>smo<\/i><\/p>\n<p>Las distintas modernidades o los distintos <i>mod<\/i><i>el<\/i><i>os<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><i> <\/i>que compitieron entre s\u00ed en la historia anterior al establecimiento de la modernidad capitalista, as\u00ed como los que compiten ahora como variaciones de \u00e9sta, son modelos que componen su concreci\u00f3n efectiva en referencia a las muy variadas posibilidades de presencia del hecho real que conocemos como <i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>smo.<\/i><\/p>\n<p>Sobre el plano sincr\u00f3nico, las fuentes de diversificaci\u00f3n de esta realidad parecen ser al menos tres, que es necesario distinguir:<\/p>\n<p>Su amplitud: la extensi\u00f3n relativa en que el variado conjunto de la vida econ\u00f3mica de una sociedad se encuentra intervenida por su sector sometido a la reproducci\u00f3n del capital; el car\u00e1cter exclusivo, dominante o simplemente participativo del mismo en la reproducci\u00f3n de la riqueza social.<\/p>\n<p>Seg\u00fan este criterio, la vida econ\u00f3mica de una entidad socio-pol\u00edtica e hist\u00f3rica puede presentar magnitudes muy variadas de pertenencia a la vida econ\u00f3mica dominante del planeta, globalizada por la acumulaci\u00f3n capitalista. \u00c1mbitos en los que rigen otros modos de producci\u00f3n \u2014e incluso de econom\u00eda\u2014 pueden coexistir en ella con el \u00e1mbito capitalista; pueden incluso dominar sobre \u00e9l, aunque la densidad o \u00abcalidad\u00bb de capitalismo que \u00e9ste pueda demostrar sea muy alta.<\/p>\n<p>Su densidad: la intensidad relativa con que la forma o modo capitalista subsume al proceso de reproducci\u00f3n de la riqueza social.<\/p>\n<p>Seg\u00fan este criterio, el capitalismo puede dar forma o modificar la \u00abeconom\u00eda\u00bb de la sociedad sea como un hecho exclusivo de la esfera de la circulaci\u00f3n de los bienes producidos o como un hecho que trastorna tambi\u00e9n la esfera de la producci\u00f3n\/consumo de los mismos. En este segundo caso, el efecto del capitalismo es a su vez diferente seg\u00fan se trate de un capitalismo solamente \u00abformal\u00bb o de un capitalismo substancial (\u00abreal\u00bb) o propio de la estructura t\u00e9cnica de ese proceso de producci\u00f3n\/consumo.<\/p>\n<p>Su tipo diferencial: la ubicaci\u00f3n relativa de la econom\u00eda de una sociedad dentro de la geograf\u00eda polarizada de la econom\u00eda mundial.<\/p>\n<p>M\u00e1s o menos centrales o perif\u00e9ricas, las tareas diferenciales de las m\u00faltiples econom\u00edas particulares dentro del esquema capitalista de especializaci\u00f3n t\u00e9cnica o \u00abdivisi\u00f3n internacional del trabajo\u00bb llegan a despertar una modificaci\u00f3n en la vigencia misma de las leyes de la acumulaci\u00f3n del capital, un \u00abdesdoblamiento\u00bb del modelo capitalista en distintas versiones complementarias de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>En el eje diacr\u00f3nico, la causa de la diversificaci\u00f3n de la realidad <i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>smo<\/i><i> <\/i>parece encontrarse en el cambio correlativo de predominio que tiene lugar en la gravitaci\u00f3n que ejercen a lo largo del tiempo los dos polos principales de distorsi\u00f3n monop\u00f3lica de la esfera de la circulaci\u00f3n mercantil: la propiedad de los recursos naturales (\u00abtierra\u00bb) y la propiedad del secreto tecnol\u00f3gico. No justificada por el trabajo sino impuesta por la fuerza, a manera del viejo dominio medieval, la propiedad de estos \u00abmedios de producci\u00f3n no producidos\u00bb u objetos \u00absin valor pero con precio\u00bb interviene de manera determinante en el proceso que <i>c<\/i><i>on<\/i><i>vie<\/i><i>r<\/i><i>t<\/i><i>e<\/i><i> <\/i>al conjunto de los <i>v<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i>or<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>\u2014propio de la riqueza social existente en calidad de <i>pro<\/i><i>du<\/i><i>ct<\/i><i>o<\/i><i>\u2014<\/i><i> <\/i>en el conjunto de los precios\u2014propio de la misma riqueza cuando pasa a existir en calidad de <i>b<\/i><i>ie<\/i><i>n.<\/i><\/p>\n<p>Sea amplia o restringida, densa o enrarecida, central o perif\u00e9rica, la realidad del capitalismo gravita sobre la historia moderna de los \u00faltimos cien a\u00f1os bajo la forma de un combate desigual entre estos dos polos de distorsi\u00f3n de las leyes del mercado. Todo parece indicar que la tendencia irreversible que sigue la historia de la econom\u00eda capitalista \u2014y que afecta considerablemente a las otras historias diferenciales de la \u00e9poca\u2014 es la que lleva al predominio abrumador de la propiedad de la \u00abtecnolog\u00eda\u00bb sobre la propiedad de la \u00abtierra\u00bb, como propiedad que fundamenta el derecho a las ganancias extraordinarias.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><i><b>7<\/b><\/i><\/p>\n<p><i>E<\/i><i>l<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>u\u00e1drup<\/i><i>l<\/i><i>e<\/i><i> <\/i>ethos <i>de<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><\/p>\n<p>La forma objetiva del mundo moderno, la que debe ser asumida ineludiblemente en t\u00e9rminos pr\u00e1cticos por todos aquellos que aceptan vivir en referencia a ella, se encuentra dominada por la presencia de la realidad o el <i>h<\/i><i>ec<\/i><i>h<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i>;<\/i><i> <\/i>es decir, en \u00faltima instancia, por un conflicto permanente entre la din\u00e1mica de la \u00abforma social-natural \u00bb de la vida social y la din\u00e1mica de la reproducci\u00f3n de su riqueza como \u00abvalorizaci\u00f3n del valor\u00bb \u2014conflicto en el que una y otra vez la primera debe sacrificarse a la segunda y ser subsumida por ella. Si esto es as\u00ed, asumir el hecho capitalista como condici\u00f3n necesaria de la existencia pr\u00e1ctica de todas las cosas consiste en desarrollar un <i>et<\/i><i>ho<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>o<\/i><i> <\/i>comportamiento espont\u00e1neo capaz de integrarlo como inmediatamente aceptable, como la base de una \u00abarmon\u00eda\u00bb usual y segura de la vida cotidiana.<\/p>\n<p>Cuatro parecen ser los <i>et<\/i><i>h<\/i><i>e<\/i><i> <\/i>puros o elementales sobre los que se construyen las distintas <i>e<\/i><i>spon<\/i><i>t<\/i><i>an<\/i><i>ei<\/i><i>dad<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>complejas que los seres humanos le reconocen en su experiencia cotidiana al mundo de la vida posibilitado por la modernidad capitalista.<\/p>\n<p>Una primera manera de tener por \u00abnatural\u00bb el hecho capitalista es la del comportamiento que se desenvuelve dentro de una actitud de identificaci\u00f3n afirmativa y militante con la pretensi\u00f3n que tiene la acumulaci\u00f3n del capital no s\u00f3lo de representar fielmente los intereses del proceso \u00absocial-natural\u00bb de reproducci\u00f3n, cuando en verdad los reprime y deforma, sino de estar al servicio de la potenciaci\u00f3n del mismo. Valorizaci\u00f3n del valor y desarrollo de las fuerzas productivas ser\u00edan, dentro de esta espontaneidad, m\u00e1s que dos din\u00e1micas coincidentes, una sola, unitaria. A este <i>et<\/i><i>ho<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>elemental lo podemos llamar <i>r<\/i><i>e<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>por su car\u00e1cter afirmativo no s\u00f3lo de la eficacia y la bondad insuperables del mundo establecido o \u00abrealmente existente\u00bb, sino de la imposibilidad de un mundo alternativo.<\/p>\n<p>Una segunda forma de naturalizar lo capitalista, tan militante como la anterior, implica la identificaci\u00f3n de los mismos dos t\u00e9rminos, pero pretende ser una afirmaci\u00f3n de todo lo contrario: no del valor sino justamente del valor de uso. La \u00abvalorizaci\u00f3n\u00bb aparece para ella plenamente reductible ala \u00abforma natural\u00bb. Resultado del \u00abesp\u00edritu de empresa\u00bb, no ser\u00eda otra cosa que una variante de la misma forma, puesto que este esp\u00edritu ser\u00eda, a su vez, una de las figuras o sujetos que hacen de la historia una aventura permanente, lo mismo en el plano de lo humano que en el de la vida en general. Aunque fuera probablemente perversa, como la metamorfosis del \u00c1ngel necesariamente ca\u00eddo en Satan\u00e1s, esta metamorfosis del \u00abmundo bueno\u00bb o de \u00abforma natural\u00bb en \u00abinfierno\u00bb capitalista no dejar\u00eda de ser un \u00abmomento\u00bb del \u00abmilagro\u00bb que es en s\u00ed misma la Creaci\u00f3n. Esta peculiar manera de vivir con el capitalismo, que se afirma en la medida en que lo transfigura en su contrario, ser\u00eda propia del <i>et<\/i><i>ho<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>r<\/i><i>o<\/i><i>m<\/i><i>\u00e1n<\/i><i>tic<\/i><i>o<\/i><i>.<\/i><\/p>\n<p>Una tercera manera, que puede llamarse <i>cl<\/i><i>\u00e1s<\/i><i>ic<\/i><i>a<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>de asumir como espont\u00e1nea la subsunci\u00f3n del proceso de la vida social a la historia del valor que se valoriza, consistir\u00eda en vivirla como una necesidad trascendente, es decir, como un hecho que rebasa el margen de acci\u00f3n que corresponde a lo humano. Bendici\u00f3n por un lado, fruto de una armon\u00eda, y maldici\u00f3n por otro, fruto de un conflicto, la combinaci\u00f3n de lo natural y lo capitalista es vista como un hecho metaf\u00edsico distante o presupuesta como un destino clausurado cuya clausura justamente abre la posibilidad de un mundo a la medida de la condici\u00f3n humana. Para ella, toda actitud en pro o en contra de lo establecido que sea una actitud militante en su entusiasmo o su lamento y tenga pretensiones de eficacia decisiva \u2014en lugar de reconocer sus l\u00edmites (con el distanciamiento y la ecuanimidad de un racionalismo estoico) dentro de la dimensi\u00f3n del comprender\u2014 resulta ilusa y superflua.<\/p>\n<p>Una cuarta manera de interiorizar al capitalismo en la espontaneidad de la vida cotidiana completar\u00eda el cu\u00e1druple sistema elemental del ethos prevaleciente en la modernidad establecida. El arte barroco puede prestarle su nombre porque, como \u00e9l \u2014que en el empleo del canon formal incuestionable encuentra la oportunidad de despertar el conjunto de gestos petrificado en \u00e9l, de revitalizar la situaci\u00f3n en la que se constituy\u00f3 como negaci\u00f3n y sacrificio de lo otro\u2014, ella tambi\u00e9n es una \u00abaceptaci\u00f3n de la vida hasta en la muerte\u00bb. Es una estrategia de afirmaci\u00f3n de la \u00abforma natural\u00bb que parte parad\u00f3jicamente de la experiencia de la misma como sacrificada, pero que \u2014\u00bbobedeciendo sin cumplir\u00bb las consecuencias de su sacrificio, convirtiendo en \u00abbueno\u00bb al \u00ablado malo\u00bb por el que \u00abavanza la historia\u00bb\u2014 pretende reconstruir lo concreto de ella a partir de los restos dejados por la abstracci\u00f3n devastadora, re-inventar sus cualidades plante\u00e1ndolas como \u00abde segundo grado\u00bb, insuflar de manera subrepticia un aliento indirecto a la resistencia que el trabajo y el disfrute de los \u00abvalores de uso\u00bb ofrecen al dominio del proceso de valorizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como es comprensible, ninguno de estos cuatro <i>ethe<\/i> que conforman el sistema puro de \u00abusos y costumbres\u00bb o el \u00abrefugio y abrigo\u00bb civilizatorio elemental de la modernidad capitalista se da nunca de manera exclusiva; cada uno aparece siempre combinado con los otros, de manera diferente seg\u00fan las circunstancias, en la vida efectiva de las distintas \u00abconstrucciones de mundo\u00bb modernas. Puede, sin embargo, jugar un papel dominante en esa composici\u00f3n, organizar su combinaci\u00f3n con los otros y obligarlos a traducirse a \u00e9l para hacerse manifiestos. S\u00f3lo en este sentido relativo ser\u00eda de hablar, por ejemplo, de una \u00abmodernidad cl\u00e1sica\u00bb frente a otra \u00abrom\u00e1ntica\u00bb o de una \u00abmentalidad realista\u00bb a diferencia de otra \u00abbarroca\u00bb.<\/p>\n<p>Provenientes de distintas \u00e9pocas de la modernidad, es decir, referidos a distintos impulsos sucesivos del capitalismo \u2014el mediterr\u00e1neo, el n\u00f3rdico, el occidental y el centroeuropeo\u2014, los distintos <i>ethe<\/i> modernos configuran la vida social contempor\u00e1nea desde diferentes estratos \u00abarqueol\u00f3gicos\u00bb o de decantaci\u00f3n hist\u00f3rica. Cada uno ha tenido as\u00ed su propia manera de actuar sobre la sociedad y una dimensi\u00f3n preferente de la misma desde donde ha expandido su acci\u00f3n. Definitiva y generalizada habr\u00e1 sido as\u00ed, por ejemplo, la primera impronta, la de \u00ablo barroco\u00bb, en la tendencia de la civilizaci\u00f3n moderna a revitalizar el c\u00f3digo de la tradici\u00f3n occidental europea despu\u00e9s de cada nueva oleada destructiva proveniente del desarrollo capitalista. Como lo ser\u00e1 igualmente la \u00faltima impronta, la \u00abrom\u00e1ntica\u00bb, en la tendencia de la pol\u00edtica moderna a tratar a la legalidad del proceso econ\u00f3mico en calidad de materia maleable por la iniciativa de los grandes pueblos o los grandes hombres. Por otro lado, esta disimultaneidad en la constituci\u00f3n y la combinaci\u00f3n de los distintos <i>ethe<\/i> es tambi\u00e9n la raz\u00f3n de que ellos se repartan de manera sistem\u00e1ticamente desigual, en un complicado juego de afinidades y repugnancias, sobre la geograf\u00eda del planeta modernizado por el occidente capitalista; de que, por arriesgar un ejemplo, lo otro aceptado por el \u00abnoroccidente realista\u00bb sea m\u00e1s lo \u00abrom\u00e1ntico\u00bb que lo \u00abbarroco\u00bb mientras que lo otro reconocido por el \u00absur barroco\u00bb sea m\u00e1s lo \u00abrealista\u00bb que lo \u00abcl\u00e1sico\u00bb.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>8<\/b><\/p>\n<p><i>O<\/i><i>cci<\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i>urop<\/i><i>e<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><\/p>\n<p>Par\u00e1frasis de lo que Marx dec\u00eda acerca del oro y de su funci\u00f3n dineraria en la circulaci\u00f3n mercantil: Europa no es moderna \u00abpor naturaleza\u00bb; la modernidad, en cambio, s\u00ed es europea \u00abpor naturaleza\u00bb.<\/p>\n<p>Europa aparece a la mirada retrospectiva como constitutivamente protomoderna, como predestinada a la modernidad. En efecto, cuando result\u00f3 necesario, ella, sus territorios y sus poblaciones, se encontraban especialmente bien preparados para darle una oportunidad real de despliegue al <i>f<\/i><i>undam<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>de la modernidad; ofrec\u00edan una situaci\u00f3n favorable para que fuera asumido e interiorizado en calidad de principio reestructurador de la totalidad de la vida humana <i>\u2014 y<\/i><i> <\/i>no desactivado <i>y<\/i><i> <\/i>sometido a la sintetizaci\u00f3n social tradicional, como sucedi\u00f3 en el Oriente.<\/p>\n<p>Durante la Edad Media, la coincidencia y la interacci\u00f3n de al menos tres grandes realidades hist\u00f3ricas \u2014la construcci\u00f3n del orbe civilizatorio europeo, la subordinaci\u00f3n de la riqueza a la forma mercantil y la consolidaci\u00f3n cat\u00f3lica de la revoluci\u00f3n cultural cristiana\u2014 conformaron en Europa una marcada predisposici\u00f3n a aceptar el reto que ven\u00eda incluido en un acontecimiento largamente madurado por la historia: la inversi\u00f3n de la relaci\u00f3n de fuerzas entre el ser humano y sus condiciones de reproducci\u00f3n.<\/p>\n<p>En primer lugar, en la \u00abeconom\u00eda-mundo\u00bb que se formaba en la Europa del siglo XII, la dial\u00e9ctica entre la escasez de los medios de vida y el productivismo de la vida social hab\u00eda alcanzado sin duda el grado de complejidad m\u00e1s alto conocido hasta entonces en la historia del planeta. Varias eran las \u00abzonas templadas\u00bb del planeta en donde la complejidad desmesurada del sistema que asegura la reproducci\u00f3n social al acoplar el esquema de las capacidades de producci\u00f3n con el de las necesidades de consumo no se presentaba solamente como un exceso excepcional, sino que constitu\u00eda una condici\u00f3n generalizada de la existencia humana; en otras palabras, no faltaban regiones del planeta en las que \u2014a diferencia de las \u00abzonas t\u00f3rridas\u00bb, en donde la ineludible artificialidad de la vida humana no exig\u00eda demasiado de la naturaleza, de la vigencia de sus leyes\u2014 la vida del ser humano no pod\u00eda tener lugar sin \u00abhacer de su propio desarrollo una necesidad de la naturaleza\u00bb.<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote2sym\" name=\"sdfootnote2anc\">2<\/a> Pero, de todas ellas, el \u00abpeque\u00f1o continente\u00bb europeo era el \u00fanico que se encontraba en plena \u00abrevoluci\u00f3n civilizatoria\u00bb, sometido al esfuerzo de construirse como totalidad concreta de fuerzas productivas; el \u00fanico que dispon\u00eda entonces del lugar funcional adecuado para aceptar y cultivar un acontecimiento que consiste justo y ante todo en una potenciaci\u00f3n de la productividad del trabajo humano y por tanto en una ampliaci\u00f3n de la escala en que tiene lugar ese metabolismo del cuerpo social. La zona europea, como orbe econ\u00f3mico capaz de dividir regionalmente el trabajo con coherencia tecnol\u00f3gica dentro de unas fronteras geogr\u00e1ficas imprecisas pero innegables, pose\u00eda ante todo la <i>m<\/i><i>edid<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>\u00f3ptima para ser el escenario de tal acontecimiento.<\/p>\n<p><a name=\"_bookmark1\"><\/a> En segundo lugar, en la Europa que se gestaba, la mercantificaci\u00f3n del proceso de circulaci\u00f3n de la riqueza \u2014con su instrumento elemental, el valor, y su operaci\u00f3n clave, el intercambio por equivalencia\u2014 desbordaba los l\u00edmites de esta esfera y penetraba hasta la estructura misma de la producci\u00f3n y el consumo; se generalizaba como subordinaci\u00f3n real del trabajo y el disfrute concretos a una necesidad proveniente de s\u00f3lo una de sus dimensiones reales, de aquella dimensi\u00f3n en la que uno y otro existen abstractamente como simples actos de objetivaci\u00f3n y des- objetivaci\u00f3n de valor: a la necesidad de realizaci\u00f3n del valor de las mercanc\u00edas en el mercado. El intercambio de equivalentes hab\u00eda dejado de ser uno m\u00e1s de los modos de transacci\u00f3n que coexist\u00edan y se ayudaban o estorbaban entre s\u00ed dentro de la realidad del mercado, y \u00e9ste, por su parte, no se limitaba ya a ser solamente el veh\u00edculo del \u00abcambio de manos\u00bb de los bienes una vez que hab\u00edan sido ya producidos, a escenificar \u00fanicamente la circulaci\u00f3n de aquella parte propiamente excedentaria de la riqueza. Hab\u00eda quedado atr\u00e1s la \u00e9poca en que la circulaci\u00f3n mercantil no era capaz de ejercer m\u00e1s que una \u00abinfluencia exterior\u00bb o apenas deformante sobre el metabolismo del cuerpo social. Tend\u00eda ya a atravesar el espesor de ese \u00abcambio de manos\u00bb de la mercader\u00eda, a promover y privilegiar (funcionando como mecanismo de cr\u00e9dito) el mercado de valores a\u00fan no producidos y a convertirse as\u00ed en una <i>m<\/i><i>ediaci\u00f3<\/i><i>n<\/i><i> <\/i><i>t\u00e9cnic<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>indispensable de la reproducci\u00f3n de la riqueza social.<\/p>\n<p>La mercantificaci\u00f3n de la vida econ\u00f3mica europea, al cosificar al mecanismo de circulaci\u00f3n de la riqueza en calidad de \u00absujeto\u00bb distribuidor de la misma, vaciaba lentamente a los sujetos pol\u00edticos arcaicos, esto es, a las comunidades y a los se\u00f1ores, como sujetos pol\u00edticos arcaicos, de su capacidad de injerencia tanto en la distribuci\u00f3n de los bienes como en su producci\u00f3n\/consumo. Desligaba, liberaba o emancipaba paso a paso al trabajador individual de sus obligaciones localistas y lo insertaba pr\u00e1cticamente, aunque fuera s\u00f3lo en principio, en el universalismo del mercado mundial en ciernes.<\/p>\n<p>En tercer lugar, la transformaci\u00f3n cristiana de la cultura jud\u00eda, que s\u00f3lo pudo cumplirse mediante la refuncionalizaci\u00f3n de lo occidental grecorromano y s\u00f3lo pudo consolidarse en el sometimiento colonialista de las culturas germanas, hab\u00eda preparado la estructura m\u00edtica de la pr\u00e1ctica y el discurso de las poblaciones europeas \u2014en un di\u00e1logo contrapunt\u00edstico con la mercantificaci\u00f3n de la vida cotidiana\u2014 para acompa\u00f1ar y potenciar el florecimiento de la modernidad. Los seres humanos viv\u00edan ya su propia vida como un comportamiento conflictivo de estructura esquizoide. En tanto que era un alma celestial, su persona s\u00f3lo se interesaba por el valor; en tanto que era un cuerpo terrenal, en cambio, s\u00f3lo ten\u00eda ojos para el valor de uso. Sobre todo, se sab\u00edan involucrados, como fieles, como miembros de la <i>eccle<\/i><i>s<\/i><i>i<\/i><i>a<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>iguales en jerarqu\u00eda los unos a los otros, en una empresa hist\u00f3rica que para ser colectiva ten\u00eda que ser \u00edntima y viceversa. Era la empresa de la Salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano, el esfuerzo del viejo \u00abpueblo de Dios\u00bb de la religi\u00f3n jud\u00eda, pero ampliado o universalizado para todo el g\u00e9nero humano, que era capaz de integrar a todos los destinos particulares de las comunidades aut\u00f3ctonas <i>y<\/i><i> <\/i>de proponer un \u00absentido \u00fanico\u00bb <i>y<\/i><i> <\/i>una racionalidad (cuando no una lengua) com\u00fan para todos ellos.<\/p>\n<p>Sin el antecedente de una proto-modernidad espont\u00e1nea de la civilizaci\u00f3n occidental europea, el <i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>sm<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>\u2014esa vieja modalidad mediterr\u00e1nea de comportamiento de la riqueza mercantil en su proceso de circulaci\u00f3n\u2014 no habr\u00eda podido constituirse como el modo dominante de reproducci\u00f3n de la riqueza social. Pero tambi\u00e9n a la inversa: sin el capitalismo, el fundamento de la modernidad no hubiera podido provocar la conversi\u00f3n de lo que s\u00f3lo eran tendencias o prefiguraciones modernas del Occidente europeo en una forma desarrollada de la totalidad de la existencia social, en una modernidad efectiva.<\/p>\n<p>Para constituirse en calidad de modo peculiar de reproducci\u00f3n de la riqueza social, el capitalismo necesit\u00f3 de lo europeo; una vez que estuvo constituido como tal (y lo europeo, por tanto, modernizado), pudo ya extenderse y planetarizarse sin necesidad de ese \u00abhumus civilizatorio\u00bb original, improvisando encuentros y coincidencias <i>a<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>ho<\/i><i>c<\/i><i> <\/i>con civilizaciones tendencialmente ajenas e incluso hostiles al fundamento mismo de toda modernidad.<\/p>\n<p>Para volverse una realidad efectiva, la esencia de la modernidad debi\u00f3 ser \u00abtrabajada\u00bb seg\u00fan las \u00abafinidades electivas\u00bb entre la protomodernidad de la vida europea y la forma capitalista de la circulaci\u00f3n de los bienes. Para que adopte nuevas formas efectivas, para que se desarrolle en otros sentidos, ser\u00eda necesario que otras afinidades entre las formas civilizatorias y las formas econ\u00f3micas llegaran a cambiar la intenci\u00f3n de ese \u00abtrabajo\u00bb.<\/p>\n<p>Fen\u00f3meno originalmente circulatorio, el capitalismo ocupa toda una \u00e9poca en penetrar a la esfera de la producci\u00f3n\/consumo; necesita que los metales preciosos americanos lleven a la revaluaci\u00f3n de las manufacturas europeas para descubrir que el verdadero fundamento de su posibilidad no est\u00e1 en el juego ef\u00edmero con los t\u00e9rminos del intercambio ultramarino, sino en la explotaci\u00f3n de la fuerza de trabajo; que las verdaderas Indias est\u00e1n dentro de la econom\u00eda propia <i>(C<\/i><i>o<\/i><i>r<\/i><i>r<\/i><i>ec<\/i><i>t<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i>ou<\/i><i>r<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>aps<\/i><i>,<\/i><i> <\/i><i>Newc<\/i><i>as<\/i><i>tl<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>Pe<\/i><i>ru!)<\/i><i>.<\/i><i> <\/i>Es el periodo en que el orbe econ\u00f3mico europeo se ampl\u00eda y se contrae hasta llegar a establecer su medida definitiva; su n\u00facleo central salta de sur a norte, de este a oeste, de una ciudad a otra, concentrando y repartiendo funciones. Es por ello la \u00e9poca en que la disputa entre los distintos proyectos posibles de modernidad se decide dificultosamente en favor del que demuestra mayor firmeza en el manejo del capitalismo como modo de producci\u00f3n. De aquel proyecto que es capaz ante todo de ofrecer una soluci\u00f3n al problema que representa la resistencia a la represi\u00f3n, al sacrificio de las pulsiones, por parte del cuerpo tanto individual como comunitario; que es capaz de garantizar un comportamiento econ\u00f3mico obsesivamente ahorrativo y productivista en virtud de que la cultura cristiana que le sirve de apoyo se ha despojado de la consistencia eclesial (mediterr\u00e1nea y judaica) de su religiosidad \u2014perceptible de manera corporal y exterior para todos\u2014 y la ha reemplazado por una consistencia diferente, puramente individual (improvisada despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de las comunidades germanas); en virtud de que su cristianismo ha hecho de la religiosidad un asunto imperceptible para los otros, pero presente en la interioridad ps\u00edquica de cada uno; una experiencia puramente imaginaria en la que el cumplimiento moral, convertido en auto- satisfacci\u00f3n, coincide con la norma moral, convertida en auto-exigencia.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>9<\/b><\/p>\n<p><i>L<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>po<\/i><i>l\u00edtic<\/i><i>o<\/i><i> e<\/i><i>n<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><i>:<\/i><i> <\/i><i>sob<\/i><i>e<\/i><i>ran<\/i><i>\u00ed<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i>na<\/i><i>je<\/i><i>na<\/i><i>ci<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n<\/i><\/p>\n<p>Si lo que determina espec\u00edficamente la vida del ser humano es su car\u00e1cter pol\u00edtico \u2014el hecho de que configurar y reconfigurar su socialidad tiene para \u00e9l preeminencia sobre la actividad b\u00e1sica con la que reproduce su animalidad\u2014, la teor\u00eda de Marx en torno a la enajenaci\u00f3n y el fetichismo es sin duda la entrada conceptual m\u00e1s decisiva a la discusi\u00f3n en torno a los nexos que es posible reconocer entre la modernidad y el capitalismo.<\/p>\n<p>Para no dejar de existir, la libertad del ser humano ha tenido, parad\u00f3jicamente, que negarse como libertad pol\u00edtica, soberan\u00eda o ejercicio de autarqu\u00eda en la vida social cotidiana. Dir\u00edase que la asociaci\u00f3n de individuos concretos \u2014ese \u00abgrupo en fusi\u00f3n\u00bb originario que es preciso suponer\u2014, espantada ante la magnitud de la empresa, reh\u00fasa gobernarse a s\u00ed misma; o que, por el contrario, incompatible por naturaleza con cualquier permanencia, es incapaz de aceptarse y afirmarse en calidad de instituci\u00f3n. Lo cierto es que, en su historia, el ser humano ha podido saber de la existencia de su libertad pol\u00edtica, de su soberan\u00eda o capacidad de auto-gobierno, pero s\u00f3lo como algo legendario, impensable para el com\u00fan de los d\u00edas <i>y<\/i><i> <\/i>de las gentes, o como algo exterior <i>y<\/i><i> <\/i>ajeno a \u00e9l; como el motivo de una narraci\u00f3n, ante cuyos efectos reales, si no canta alabanzas, no le queda otra cosa que mascullar maldiciones.<\/p>\n<p>Descontados los momentos de tensi\u00f3n hist\u00f3rica extraordinaria, que se limitan a la corta duraci\u00f3n en que se cumple una tarea heroica singular, y dejando de lado ciertas comarcas de historia regional, protegidas transitoriamente respecto de la historia mayor (y en esa medida des-realizadas), es innegable que desde siempre han sido pr\u00e1cticamente nulas las ocasiones que se le han presentado al ser humano concreto, como asociaci\u00f3n de individuos o como persona individual, para ejercer por s\u00ed mismo su libertad como soberan\u00eda, y para hacerlo de manera positiva, es decir, acompa\u00f1ada por el disfrute de la vida f\u00edsica que le permite ser tal. Sea directo o indirecto, el ejercicio propio, es decir, no otorgado ni delegado, no transmitido ni reflejado, de la capacidad pol\u00edtica ha debido darse siempre negativamente (con sacrificio de la vida f\u00edsica), como transgresi\u00f3n y reto, como rebeld\u00eda frente a conglomerados de poder extra-pol\u00edticos (econ\u00f3micos, religiosos, etc\u00e9tera) que se establecen sobre ella. Parasitarios respecto de la vida social concreta, pero necesarios para su reproducci\u00f3n, estos poderes han concentrado y monopolizado para s\u00ed la capacidad de reproducir la forma de la vida social, de cultivar la identidad concreta de la comunidad <i>(poli<\/i><i>s<\/i><i>)<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>de decidir entre las opciones de existencia que la historia pone ante ella.<\/p>\n<p>Esta descripci\u00f3n, sin duda acertada, de toda la historia pol\u00edtica del ser humano \u2014desde su cumplimiento a trav\u00e9s de las disposiciones desp\u00f3tico-teocr\u00e1ticas hasta su realizaci\u00f3n a trav\u00e9s del gobierno democr\u00e1tico-estatal\u2014 como la historia implacable de una vocaci\u00f3n destinada a frustrarse, se encuentra en la base de la desconstrucci\u00f3n cr\u00edtica de la cultura pol\u00edtica moderna implicada en el concepto de <i>e<\/i><i>n<\/i><i>aj<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>ac<\/i><i>i<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n<\/i><i> <\/i>propuesto por Marx. Seg\u00fan \u00e9l, el conglomerado espec\u00edficamente moderno de poder extra-pol\u00edtico que se arroga y ejerce el derecho de vigilar el ejercicio de la soberan\u00eda por parte de la sociedad, y de intervenir en \u00e9l con sus ordenamientos b\u00e1sicos, es el que resulta del Valor de la mercanc\u00eda capitalista en tanto que \u00absujeto autom\u00e1tico\u00bb. Se trata de un poder que se ejerce en contra de la comunidad como posible asociaci\u00f3n de individuos libres, pero a trav\u00e9s de ella misma en lo que tiene de colectividad que s\u00f3lo puede percibir el aspecto temerario de un proyecto propio; que reniega de su libertad, se instala en el pragmatismo de la <i>Re<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i>po<\/i><i>l<\/i><i>i<\/i><i>ti<\/i><i>k<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i>entrega su obediencia a cualquier gesti\u00f3n o cualquier caudillo capaz de asegurarle la supervivencia a corto plazo.<\/p>\n<p>De acuerdo con el descubrimiento de Marx, el valor que act\u00faa en la circulaci\u00f3n capitalista de la riqueza social es diferente del que est\u00e1 en juego en la circulaci\u00f3n simplemente mercantil de la misma: en este caso no es m\u00e1s que el elemento mediador del intercambio de mercanc\u00edas, mientras que en el primero es el \u00absujeto promotor\u00bb del mismo.<\/p>\n<p>En lugar de representar relaciones entre mercanc\u00edas, entra ahora \u2014por decirlo as\u00ed\u2014 en una relaci\u00f3n privada consigo mismo. Ser valor es all\u00ed ser capital, porque el valor es el \u00absujeto autom\u00e1tico\u00bb de \u00abun proceso en que, \u00e9l mismo, al cambiar constantemente entre las formas de dinero y mercanc\u00eda, var\u00eda su magnitud [&#8230;] se auto-valoriza [&#8230;] Ha recibido la facultad misteriosa de generar valor por el solo hecho de ser valor [&#8230;]<\/p>\n<p>Mientras, en la circulaci\u00f3n simple, el valor de las mercanc\u00edas adquiere frente al valor de uso de las mismas, a lo mucho, cuando es dinero, una forma independiente, aqu\u00ed, de pronto, se manifiesta como una substancia que est\u00e1 en proceso y es capaz de moverse por s\u00ed misma, y respecto de la cual ambas, la mercanc\u00eda y el dinero, no pasan de ser simples formas.<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote3sym\" name=\"sdfootnote3anc\">3<\/a><\/p>\n<p><a name=\"_bookmark2\"><\/a> Instalado en la esfera de la circulaci\u00f3n mercantil, el Valor de la mercanc\u00eda capitalista ha usurpado <i>(\u00fcbergrifen)<\/i><i> <\/i>a la comunidad humana no s\u00f3lo directamente la ubicaci\u00f3n desde donde se decide sobre la correspondencia entre su sistema de necesidades de consumo y su sistema de capacidades de producci\u00f3n, sino tambi\u00e9n, indirectamente, la ubicaci\u00f3n pol\u00edtica fundamental desde donde se decide su propia identidad, es decir, la forma singular de su socialidad o la figura concreta de sus relaciones sociales de convivencia.<\/p>\n<p>Rara vez esta suspensi\u00f3n de la autarqu\u00eda o esta enajenaci\u00f3n de la capacidad pol\u00edtica del sujeto social, que es la esencia del \u00abfen\u00f3meno de la cosificaci\u00f3n\u00bb, ha sido denunciada en toda su radicalidad por la pol\u00edtica revolucionaria de inspiraci\u00f3n marxista. Por lo dem\u00e1s, los nexos de implicaci\u00f3n entre la denuncia de la cosificaci\u00f3n y la praxis cotidiana de esa pol\u00edtica han sido pr\u00e1cticamente nulos. La \u00abteor\u00eda de la enajenaci\u00f3n\u00bb no ha servido de gu\u00eda a los marxistas porque la idea de revoluci\u00f3n que han empleado permanece atada al mito politicista de la revoluci\u00f3n, que reduce la autarqu\u00eda del sujeto social a la simple soberan\u00eda de la \u00absociedad pol\u00edtica\u00bb y su estado. Si bien la tradici\u00f3n de los marxistas ha reunido ya muchos elementos esenciales, una teor\u00eda de la revoluci\u00f3n que parta del concepto marxiano de enajenaci\u00f3n est\u00e1 a\u00fan por hacerse.<\/p>\n<p>La teor\u00eda de la enajenaci\u00f3n como teor\u00eda pol\u00edtica deber\u00eda partir de un reconocimiento: la usurpaci\u00f3n de la soberan\u00eda social por parte de la \u00abrep\u00fablica de las mercanc\u00edas\u00bb y su \u00abdictadura\u00bb capitalista no puede ser pensada como el resultado de un acto fechado de expropiaci\u00f3n de un objeto o una cualidad perteneciente a un sujeto, y por tanto como estado de par\u00e1lisis o anulaci\u00f3n definitiva (mientras no suene la hora mesi\u00e1nica de la revoluci\u00f3n) de la politicidad social. Tal usurpaci\u00f3n es un acontecer permanente en la sociedad capitalista; es un proceso constante en el que la mixtificaci\u00f3n de la voluntad pol\u00edtica s\u00f3lo puede tener lugar de manera parasitaria y simult\u00e1nea a la propia formaci\u00f3n de esa voluntad. La \u00abgesti\u00f3n\u00bb pol\u00edtica del capital, entidad de por s\u00ed ajena a la dimensi\u00f3n de las preocupaciones pol\u00edticas, lejos de ejercerse como la imposici\u00f3n proveniente de una exterioridad econ\u00f3mica dentro de un mundo pol\u00edtico ya establecido, se lleva a cabo como la construcci\u00f3n de una interioridad pol\u00edtica propia; como la instalaci\u00f3n de un \u00e1mbito peculiar e indispensable de vida pol\u00edtica para la sociedad: justamente el de la agitaci\u00f3n partidista por conquistar el gobierno de los asuntos p\u00fablicos dentro del estado democr\u00e1tico representativo de bases nacionales.<\/p>\n<p>La vitalidad de la <i>c<\/i><i>u<\/i><i>lt<\/i><i>ur<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>pol\u00edtica<\/i><i> <\/i><i>moderna<\/i><i> <\/i>se basa en el conflicto siempre renovado entre las pulsiones que restauran y reconstituyen la capacidad pol\u00edtica \u00abnatural\u00bb del sujeto social y las disposiciones que la reproducci\u00f3n del capital tiene tomadas para la organizaci\u00f3n de la vida social.<\/p>\n<p>Aunque diferentes entre s\u00ed, la cuesti\u00f3n acerca de la autarqu\u00eda y la cuesti\u00f3n acerca de la democracia son inseparables la una de la otra. La primera \u2014en sentido revolucionario\u2014 intenta problematizar las posibilidades que tiene la sociedad de liberar la actividad pol\u00edtica de los individuos humanos a partir de la reconquista de la soberan\u00eda o capacidad pol\u00edtica de la sociedad, intervenida por el funcionamiento destructivo (anti-social, anti-natural) de la acumulaci\u00f3n del capital. La segunda \u2014en sentido reformista\u2014 intenta, a la inversa, problematizar dentro de los m\u00e1rgenes de la soberan\u00eda \u00abrealmente existente\u00bb, las posibilidades que tiene el juego democr\u00e1tico del estado moderno de perfeccionar la participaci\u00f3n popular hasta el grado requerido para nulificar los efectos negativos que pueda tener la desigualdad econ\u00f3mica estructural sobre la vida social. \u00bfNo existe en verdad un punto de coincidencia de las dos objeciones cr\u00edticas que se plantean rec\u00edprocamente la l\u00ednea de la revoluci\u00f3n y la l\u00ednea de la reforma: la idea de que la substituci\u00f3n del \u00abmodo de producci\u00f3n\u00bb no puede ser tal si no es al mismo tiempo una democratizaci\u00f3n de la sociedad y la idea de que el perfeccionamiento de la democracia no puede ser tal si no es al mismo tiempo una transformaci\u00f3n radical del \u00abmodo de producci\u00f3n\u00bb?<\/p>\n<p>Si la teor\u00eda pol\u00edtica basada en el concepto de \u00abcosificaci\u00f3n\u00bb acepta que existe la posibilidad de una pol\u00edtica <i>d<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>r<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>de la enajenaci\u00f3n, que la sociedad \u2014aun privada de su soberan\u00eda posible\u2014 no est\u00e1 desmovilizada o paralizada pol\u00edticamente ni condenada a esperar el momento mesi\u00e1nico en el que le ser\u00e1 devuelta su libertad pol\u00edtica, el problema que se le plantea consiste en establecer el modo en que lo pol\u00edtico mixtificado por el capital cumple el imperativo de la vida mercantil de construir un escenario pol\u00edtico real y un juego democr\u00e1tico apropiado para la transmutaci\u00f3n de sus <i>i<\/i><i>n<\/i><i>te<\/i><i>r<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>e<\/i><i>s <\/i>civiles en <i>v<\/i><i>o<\/i><i>l<\/i><i>un<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i>d<\/i><i> <\/i>ciudadana. S\u00f3lo sobre esta base podr\u00e1 juzgar acerca del modo y la medida en que la vitalidad efectiva del juego democr\u00e1tico puede ser encauzada hacia el punto en que \u00e9ste encontrar\u00e1 en su propio orden del d\u00eda a la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> 10<\/b><\/p>\n<p><i>L<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>vi<\/i><i>o<\/i><i>le<\/i><i>n<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i><i> m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>rna<\/i><i>:<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>orp<\/i><i>o<\/i><i>r<\/i><i>ei<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>om<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>apa<\/i><i>ci<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>t<\/i><i>raba<\/i><i>j<\/i><i>o<\/i><\/p>\n<p>La paz, la exclusi\u00f3n de la violencia que la modernidad capitalista conquista para la convivencia cotidiana, no es un hecho que descanse, como sucede en otros \u00f3rdenes civilizatorios, en una <i>adm<\/i><i>i<\/i><i>n<\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>ra<\/i><i>ci<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n<\/i><i> <\/i>de la violencia, sino en una <i>m<\/i><i>ixtific<\/i><i>ac<\/i><i>i<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n<\/i><i> <\/i>de la misma.<\/p>\n<p>La vida social, para perdurar en su forma, para ser org\u00e1nica o civilizada, y poder afirmarse frente a la amenaza de la inestabilidad, la desarticulaci\u00f3n o el salvajismo \u2014caracter\u00edsticas de una socialidad en situaci\u00f3n extraordinaria, \u00aben fusi\u00f3n\u00bb (revoluci\u00f3n) o en descomposici\u00f3n (cat\u00e1strofe)\u2014, ha requerido siempre producir y reproducir en su interior una zona considerable de vida pac\u00edfica, en la que prevalece un \u00abalto al fuego limitado pero permanente\u00bb, un m\u00ednimo indispensable de armon\u00eda social. La paz generalizada es imposible dentro de una sociedad construida a partir de las condiciones hist\u00f3ricas de la escasez; \u00e9sta tiene que ser interiorizada y funcionalizada en la reproducci\u00f3n de la sociedad y la \u00fanica manera que tiene de hacerlo es a trav\u00e9s de la imposici\u00f3n de una injusticia distributiva sistem\u00e1tica, la misma que convierte a la violencia en el modo de comportamiento necesario de la parte m\u00e1s favorecida de la sociedad con la parte m\u00e1s perjudicada. La creaci\u00f3n de la zona pacificada (el simulacro de paz interna generalizada) s\u00f3lo puede darse, por lo tanto, cuando \u2014adem\u00e1s de los aparatos de represi\u00f3n\u2014 aparece un dispositivo no violento de disuasi\u00f3n capaz de provocar en el comportamiento de los explotados una reacci\u00f3n de autobloqueo de la respuesta violenta a la que est\u00e1n siendo provocados sistem\u00e1ticamente. Gracias a \u00e9l, la violencia de los explotadores no s\u00f3lo resulta soportable, sino incluso aceptable por parte de los explotados. La consistencia y la funci\u00f3n de este dispositivo son justamente lo que distingue a la vigencia de la paz social en la modernidad capitalista de otros modos de vigencia de la misma, conocidos de antes o todav\u00eda por conocer.<\/p>\n<p>\u00abSobre la base del sistema salarial, incluso el trabajo <i>n<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>pagad<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>tiene la apariencia de trabajo <i>pagado<\/i><i>\u00ab<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>mientras que, \u00abpor el contrario, en el caso del esclavo, incluso aquella parte de su trabajo que s\u00ed se paga se presenta como no pagada.\u00bb<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote4sym\" name=\"sdfootnote4anc\">4<\/a><\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n de Marx lleva impl\u00edcita otra: al contrario de los tiempos pre-modernos, cuando incluso las relaciones interindividuales arm\u00f3nicas (de voluntades coincidentes) estaban bajo el signo de la violencia, en los tiempos modernos incluso las relaciones interindividuales violentas se encuentran bajo el signo de la armon\u00eda.<\/p>\n<p><a name=\"_bookmark3\"><\/a> La aceptaci\u00f3n \u00abde grado, y no por fuerza\u00bb, por parte de los individuos, en su calidad de trabajadores, de una situaci\u00f3n en la que su propia <i>i<\/i><i>n<\/i><i>fe<\/i><i>r<\/i><i>i<\/i><i>or<\/i><i>i<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i>social (\u00abecon\u00f3mica\u00bb) se regenera sistem\u00e1ticamente es el requisito fundamental de la actual vida civilizada moderna y de sus reglas de juego. Se trata de un acto que s\u00f3lo puede tener lugar porque esa misma situaci\u00f3n es, parad\u00f3jicamente, el \u00fanico lugar en donde la <i>i<\/i><i>gua<\/i><i>l<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i>social (\u00abpol\u00edtica\u00bb) de esos individuos est\u00e1 garantizada. La situaci\u00f3n que socializa a los individuos trabajadores en tanto que propietarios privados les impone una identidad de \u00abdos caras\u00bb: la de \u00abciudadanos\u00bb en la empresa hist\u00f3rica llamada Estado nacional \u2014miembros de una comunidad a la que pertenecen sin diferencias jer\u00e1rquicas\u2014 y la de \u00abburgueses\u00bb en una vida econ\u00f3mica compartida \u2014socios de una empresa de acumulaci\u00f3n de capital a la que s\u00f3lo pueden pertenecer en calidad de miembros inferiores de la misma. Es a la igualdad como ciudadano, como alguien que existe en el universo humano \u2014y participa de la protecci\u00f3n que brinda el seno en principio civilizado y pac\u00edfico de la comunidad nacional\u2014 a lo que el individuo como trabajador sacrifica sus posibilidades de afirmaci\u00f3n en el aspecto distributivo, su capacidad de ser part\u00edcipe en t\u00e9rminos de igualdad en el disfrute de la riqueza social. Y es justamente el contrato de compra\/venta de la mercanc\u00eda fuerza de trabajo \u2014acto paradigm\u00e1tico, cuyo sentido se repite por todas partes en el gran edificio de la intertsubjetividad moderna\u2014 el dispositivo en virtud del cual el individuo trabajador \u00abse salva y se condena\u00bb. Al comportarse como vendedor-comprador, se socializa en tanto que propietario privado, es decir, en t\u00e9rminos de igualdad frente a los otros \u00abciudadanos\u00bb, aunque el logro de esa condici\u00f3n implique para \u00e9l al mismo tiempo una autocondena a la inferioridad en tanto que \u00abburgu\u00e9s\u00bb, a la sumisi\u00f3n frente a aquellos individuos no trabajadores que son propietarios de algo m\u00e1s que de su simple fuerza de trabajo. Propietario privado, el trabajador no pierde esa calidad, aunque su propiedad sea nula, por cuanto detenta de todas maneras la posesi\u00f3n de su cuerpo, es decir, el derecho de ponerlo en alquiler. Cuando se comporta como trabajador, el ciudadano moderno inaugura un nuevo comportamiento de la persona humana respecto de su base natural, del \u00abesp\u00edritu\u00bb respecto a la \u00abmateria\u00bb. Como tal, el ser humano no <i>e<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>s<\/i><i>u<\/i><i> <\/i>cuerpo, sino que <i>tie<\/i><i>n<\/i><i>e<\/i><i> <\/i>un cuerpo; un cuerpo que le permite mantener ese mismo <i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i>t<\/i><i>u<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>human<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>precisamente en la medida en que es objeto de su violencia.<\/p>\n<p>El esclavo antiguo pod\u00eda decir: \u00abEn verdad soy esclavo, pero estoy o existo de hecho como si no lo fuera.\u00bb La violencia impl\u00edcita en su situaci\u00f3n s\u00f3lo estaba <i>r<\/i><i>ele<\/i><i>gad<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>p<\/i><i>o<\/i><i>spu<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i>;<\/i><i> <\/i>la violaci\u00f3n de su voluntad de disponer de s\u00ed mismo estaba siempre en estado de inminencia: pod\u00eda ser vendido, pod\u00eda ser ultrajado en el cuerpo o en el alma. La relaci\u00f3n de dependencia rec\u00edproca que manten\u00eda con el amo hac\u00eda de \u00e9l en muchos casos un <i>s<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>v<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>pa<\/i><i>d<\/i><i>ron<\/i><i>e<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>el respeto parcial que le demostraba el amo era una especie de pago por el irrespeto global que le ten\u00eda (y que se volv\u00eda as\u00ed perdonable), una compensaci\u00f3n de la violencia profunda con que lo somet\u00eda. A la inversa, el \u00abesclavo\u00bb moderno dice: \u00abEn verdad soy libre, pero estoy o existo de hecho como si no lo fuera.\u00bb La violencia impl\u00edcita en su situaci\u00f3n est\u00e1 <i>b<\/i><i>o<\/i><i>r<\/i><i>rada<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>es imperceptible: su voluntad de disponer de s\u00ed mismo es inviolable, s\u00f3lo que el ejercicio pleno de la misma (no venderse como \u00abfuerza de trabajo\u00bb, por ejemplo) requiere de ciertas circunstancias propicias que no siempre est\u00e1n dadas. Aqu\u00ed el \u00abamo\u00bb, el capital, es en principio impersonal \u2014no reacciona al valor de uso ni a la \u00abforma natural\u00bb de la vida\u2014 y en esa medida no depende del \u00abesclavo\u00bb ni necesita entenderse con \u00e9l; prosigue el cumplimiento de su \u00abcapricho\u00bb (la autovalorizaci\u00f3n) sin tener que compensar nada ni explicar nada ante nadie.<\/p>\n<p>Una cosa era <i>a<\/i><i>sum<\/i><i>i<\/i><i>r<\/i><i> <\/i>la violencia exterior, aceptar <i>y<\/i><i> <\/i>administrar el hecho de la desigualdad como violencia del dominador, disculp\u00e1ndolo como mecanismo necesario de defensa ante la amenaza de \u00ablo nuestro\u00bb por \u00ablo ajeno\u00bb; disimul\u00e1ndolo y justific\u00e1ndolo como recurso ineludible ante la agresi\u00f3n de la naturaleza o la reticencia de Dios a mediar entre la Comunidad y lo Otro. Muy diferente, en cambio, es <i>d<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>c<\/i><i>ono<\/i><i>ce<\/i><i>r<\/i><i> <\/i>la violencia del explotador e imputar cualquier efecto de la misma a la presencia directa y en bruto de una hostilidad exterior. Desconocerla es lo mismo que negar su <i>nece<\/i><i>s<\/i><i>ida<\/i><i>d<\/i><i> <\/i>dentro del mundo social establecido; remitir el hecho de su existencia a simples defectos secundarios en la marcha del progreso y su conquista de \u00ablo otro\u00bb; a una falta o un exceso de velocidad en la expansi\u00f3n de las fuerzas productivas o en la eliminaci\u00f3n de las formas sociales premodernas o semi-modernas.<\/p>\n<p>Desprovista de un nombre propio, de un lugar social en la cotidianidad moderna, la violencia de las \u00abrelaciones de producci\u00f3n\u00bb capitalistas gravita sin embargo de manera determinante tanto en ella como en la actividad pol\u00edtica que parte de ella para levantar sus instituciones. Borrada como acci\u00f3n del otro, desconocida como instrumento real de las relaciones interindividuales, la violencia de la explotaci\u00f3n a trav\u00e9s del salario se presenta como una especie de castigo que el cuerpo del trabajador debe sufrir por culpa de su propia deficiencia, por su falta de calificaci\u00f3n t\u00e9cnica o por su atavismo cultural. Castigo que atomiza su manifestaci\u00f3n hosped\u00e1ndose parasitariamente hasta en los comportamientos m\u00e1s inofensivos de la vida diaria: torci\u00e9ndolos desde adentro, someti\u00e9ndolos a un peculiar efecto de extra\u00f1amiento.<\/p>\n<p>El fundamento de la modernidad trae consigo la posibilidad de que la humanidad de la persona humana se libere y depure, de que se rescate del modo arcaico de adquirir concreci\u00f3n, que la ata y limita debido a la identificaci\u00f3n de su cuerpo con una determinada funci\u00f3n social adjudicada (productiva, parental, etc\u00e9tera). Esta posibilidad de que la persona humana explore la soberan\u00eda sobre su cuerpo natural, que es una \u00abpromesa objetiva\u00bb de la modernidad, es la que se traiciona y caricaturiza en la modernidad capitalista cuando la humanidad de la persona, violentamente disminuida, se define a partir de la identificaci\u00f3n del cuerpo humano con su simple fuerza de trabajo. El trabajador moderno, \u00ablibre por partida doble\u00bb, dispone soberanamente de su cuerpo, pero la soberan\u00eda que detenta est\u00e1 programada de antemano para ejercerse, sobre la base de esa humanidad disminuida, como represi\u00f3n de la corporeidad animal del mismo. De ser el conjunto de los modos que tiene el ser humano de estar concretamente en el mundo, el cuerpo es convertido en el <i>i<\/i><i>ns<\/i><i>t<\/i><i>rum<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>an<\/i><i>i<\/i><i>mal<\/i><i> <\/i>de una sola <i>y<\/i><i> <\/i>peculiar manera de estar en \u00e9l, la de una apropiaci\u00f3n del mismo dirigida a reproducirlo en calidad de medio para un af\u00e1n productivo sin principio ni fin. Conjunto irremediablemente defectuoso de facultades y calificaciones productivas, el cuerpo del individuo moderno es, una y otra vez, premiado con la ampliaci\u00f3n del disfrute y al mismo tiempo castigado con la neutralizaci\u00f3n del goce correspondiente. El dispositivo que sella esta interpenetraci\u00f3n del premio <i>y<\/i><i> <\/i>el castigo es el que disecciona <i>y<\/i><i> <\/i>separa artificial y dolorosamente a la primera dimensi\u00f3n del disfrute del cuerpo \u2014la de su apertura activa hacia el mundo\u2014, convirti\u00e9ndola en el mero gasto de un recurso renovable durante el \u00abtiempo de trabajo\u00bb, de la segunda dimensi\u00f3n de ese disfrute del cuerpo \u2014la de su apertura pasiva hacia el mundo\u2014, reducida a una simple restauraci\u00f3n del trabajador durante el \u00abtiempo de descanso y diversi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la eliminaci\u00f3n de todo rastro del car\u00e1cter humano de la violencia en las relaciones de convivencia capitalistas parece ser tambi\u00e9n la raz\u00f3n profunda del vaciamiento \u00e9tico de la actividad pol\u00edtica. Nunca como en la \u00e9poca moderna los manipuladores de la \u00abvoluntad popular\u00bb \u2014los que ponen en pr\u00e1ctica \u00absoluciones\u00bb m\u00e1s o menos \u00abfinales\u00bb a las \u00abcuestiones\u00bb sociales, culturales, \u00e9tnicas, ecol\u00f3gicas, etc\u00e9tera\u2014 hab\u00edan podido ejercer la violencia de sus funciones con tanto desapego afectivo ni con tanta eficacia: como simples veh\u00edculos de un \u00abimperativo\u00bb de pretensiones astrales \u2014la <i>Vo<\/i><i>rs<\/i><i>ehung<\/i><i>\u2014<\/i><i> <\/i>que pasara intocado a trav\u00e9s de todos los criterios de valoraci\u00f3n del comportamiento humano.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> 11<\/b><\/p>\n<p><i>L<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>ode<\/i><i>r<\/i><i>nida<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>y <\/i><i>e<\/i><i>l<\/i><i> <\/i><i>i<\/i><i>m<\/i><i>pe<\/i><i>r<\/i><i>i<\/i><i>o<\/i><i> d<\/i><i>e <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>c<\/i><i>r<\/i><i>itu<\/i><i>r<\/i><i>a<\/i><\/p>\n<p>La oportunidad moderna de liberar la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica de la existencia social \u2014la actividad del hombre como constructor de significaciones tanto pr\u00e1cticas como ling\u00fc\u00edsticas\u2014 se encuentra afectada decisivamente por el hecho del re-centramiento capitalista del proceso de reproducci\u00f3n de esa existencia social en torno a la meta \u00faltima de la valorizaci\u00f3n del valor.<\/p>\n<p>A finales de la Edad Media occidental, la dimensi\u00f3n comunicativa de la existencia social \u2014el conjunto de sistemas semi\u00f3ticos organizados en torno al lenguaje\u2014 fue sin duda la dimensi\u00f3n m\u00e1s directamente afectada por el impacto proveniente del \u00abcambio de medida\u00bb en el proceso de reproducci\u00f3n de la riqueza social, por los efectos de su \u00absalto cualitativo\u00bb a una nueva escala de medida, la de la totalidad del continente europeo. Los c\u00f3digos del proceso de ciframiento\/desciframiento (producci\u00f3n\/consumo) de las significaciones pr\u00e1cticas en la vida cotidiana, que hab\u00edan operado a trav\u00e9s de una <i>norma<\/i><i>ci<\/i><i>\u00f3n<\/i><i> <\/i>de tendencia restrictiva <i>y<\/i><i> <\/i>conservadora durante toda la larga \u00abhistoria de la escasez\u00bb \u2014historia en la que ning\u00fan proyecto de vida social pod\u00eda ser otra cosa que la ampliaci\u00f3n de una estrategia de <i>s<\/i><i>up<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>vive<\/i><i>n<\/i><i>c<\/i><i>i<\/i><i>a\u2014,<\/i><i> <\/i>alcanzaron la capacidad de conquistar zonas de s\u00ed mismos que hab\u00edan debido permanecer selladas hasta entonces. La tabuizaci\u00f3n o denegaci\u00f3n de un amplio conjunto de posibilidades de donaci\u00f3n de forma a los productos\/\u00fatiles (bienes\/producidos) pudo as\u00ed comenzar a debilitarse. La estructura del campo instrumental pudo comenzar su recomposici\u00f3n hist\u00f3rica en escala cuantitativamente ampliada y en registros cualitativos completamente in\u00e9ditos. Igualmente, las distintas lenguas naturales, que, ellas tambi\u00e9n, ven\u00edan normadas de hecho en direcci\u00f3n restrictiva por la vigencia aplastante de sus respectivas estructuras m\u00edticas en el lenguaje cotidiano, comenzaron su proceso de reconstituci\u00f3n radical, de auto-construcci\u00f3n justamente como \u00ablenguas naturales modernas\u00bb; obedec\u00edan al llamado que ven\u00eda de la creatividad liberada en la esfera de las hablas cotidianas, que ellas percib\u00edan como un reto para intensificar y diversificar su capacidad codificadora.<\/p>\n<p>Es indudable que un <i>logocent<\/i><i>r<\/i><i>i<\/i><i>sm<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>prevalece en la existencia humana en la misma medida en la que ella hace de todos sus comportamientos realidades semi\u00f3ticas; la sociedad humana otorga a la comunicaci\u00f3n propiamente ling\u00fc\u00edstica la jerarqu\u00eda representante y coordinadora de todas las otras v\u00edas de la semiosis para efectos de la construcci\u00f3n del sentido com\u00fan de todas ellas. Le permite incluso que consolide esa centralidad cuando ella misma la concentra y desarrolla en calidad de <i>e<\/i><i>s<\/i><i>c<\/i><i>r<\/i><i>itu<\/i><i>r<\/i><i>a<\/i><i>.<\/i><\/p>\n<p>Pero aparte de logoc\u00e9ntrica, la comunicaci\u00f3n social debi\u00f3 ser tambi\u00e9n <i>logoc<\/i><i>r<\/i><i>\u00e1tica<\/i><i>;<\/i><i> <\/i>es decir, no s\u00f3lo tuvo que someter su producci\u00f3n global de sentido al que se origina en la comunicaci\u00f3n puramente ling\u00fc\u00edstica, sino que debi\u00f3 adem\u00e1s comprometerla en una tarea determinada que le corresponde espec\u00edficamente a \u00e9sta \u00faltima, la tarea muy especial que consiste en defender la norma que da <i>identida<\/i><i>d<\/i><i> <\/i>singular al c\u00f3digo de una civilizaci\u00f3n. La comunicaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica reduce y condensa para ello su funci\u00f3n mitopoy\u00e9tica; la encierra en el cultivo hermen\u00e9utico de un texto sagrado y su <i>co<\/i><i>r<\/i><i>p<\/i><i>u<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>dogm\u00e1tico. Aunque no lo parezca, la logocracia no consiste en verdad en una afirmaci\u00f3n exagerada del logocentrismo; la logocracia \u2014impuesta por la necesidad de fundamentar la pol\u00edtica sobre bases religiosas\u2014 implica el empobrecimiento y la unilateralidad del logocentrismo. Es en verdad una negaci\u00f3n del despliegue de su vigencia; trae consigo la subordinaci\u00f3n de los m\u00faltiples usos del lenguaje al cumplimiento hieratizado de uno solo de ellos, el uso que tiene lugar en el discurso m\u00edtico religioso.<\/p>\n<p>Al igual que sobre los c\u00f3digos pr\u00e1cticos <i>y<\/i><i> <\/i>los ling\u00fc\u00edsticos <i>y<\/i><i> <\/i>sobre los usos instrumentales y las hablas, el impacto fundamental de la modernidad fue tambi\u00e9n liberador respecto del logocentrismo. Tra\u00eda la oportunidad, primero, de quitar a la producci\u00f3n\/consumo de significaciones pr\u00e1cticas de la opresi\u00f3n bajo el poder omn\u00edmodo del lenguaje y, segundo, de soltar a \u00e9ste de la obligaci\u00f3n de auto- censura que le impon\u00eda el cultivo del mito consagrado.<\/p>\n<p>Pero la liberaci\u00f3n del uso de los medios instrumentales, es decir, de la capacidad de inventar formas in\u00e9ditas para los productos \u00fatiles, s\u00f3lo pudo ser, en la modernidad capitalista, una liberaci\u00f3n a medias, vigilada e intervenida. No todas las formas de la creatividad que son reclamadas por los seres humanos en la perspectiva social-natural de su existencia pueden serlo tambi\u00e9n por parte del \u00absujeto sustitutivo\u00bb, el capital, en la perspectiva de la valorizaci\u00f3n del valor. El c\u00f3digo para la construcci\u00f3n (producci\u00f3n\/consumo) de significaciones pr\u00e1cticas pudo potenciarse \u2014dinamizarse, ampliarse, diversificarse\u2014, pero s\u00f3lo con la mediaci\u00f3n de un correctivo, de una <i>sub-<\/i><i>c<\/i><i>od<\/i><i>ific<\/i><i>ac<\/i><i>i<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n <\/i>que lo marcaba decisivamente con un sentido capitalista. La interiorizaci\u00f3n semi\u00f3tica \u00abnatural\u00bb de una antigua estrategia de supervivencia ven\u00eda a ser substituida por otra, \u00abartificial\u00bb, de efectividad diferente, pero tambi\u00e9n inclinada en sentido represivo: la de una estrategia para la acumulaci\u00f3n de capital.<\/p>\n<p>Cosa parecida aconteci\u00f3 en la vida del discurso. Rotas las barreras arcaicas (religiosas y numinosas) de la estructura m\u00edtica de las lenguas \u2014la que, al normarlas, les otorga una identidad propia\u2014, otras limitaciones, de un orden diferente, aparecieron en lugar de ellas. Al recomponerse a partir de una \u00e9pica y una mitopoyesis b\u00e1sicamente burguesas pero de corte capitalista, la estructura m\u00edtica de las lenguas modernas se vio en el caso de reinstalar unas facultades de censura renovadas. El \u00abcad\u00e1ver de Dios\u00bb, esto es, la moral del autosacrificio productivista como v\u00eda de salvaci\u00f3n individual \u2014que har\u00eda del vulgar empresario un sujeto de empresa <i>y<\/i><i> <\/i>aventura, <i>y<\/i><i> <\/i>dar\u00eda a su comportamiento la jerarqu\u00eda de una actividad de alcance ontol\u00f3gico\u2014 se constituy\u00f3 en el \u00fanico prisma a trav\u00e9s del cual es posible acceder al sentido de lo real.<\/p>\n<p>Destronado de su logocracia tradicional y expulsado de su monopolio del acceso a la realidad y la verdad de las cosas, el \u00e1mbito del discurso quedaba as\u00ed, en principio, liberado de su servicio al mito intocable (escriturado) y al re-ligamiento desp\u00f3tico de la comunidad. Pronto, sin embargo, recibi\u00f3 la condena de una refuncionalizaci\u00f3n logocr\u00e1tica de nuevo tipo. Seg\u00fan \u00e9sta, el momento predominante de todo el \u00abmetabolismo entre el Hombre y la Naturaleza\u00bb \u2014caracterizado ahora por el desbocado productivismo abstracto del Hombre y por la disponibilidad infinitamente pasiva de la Naturaleza\u2014 se sit\u00faa en la apropiaci\u00f3n cognoscitiva del referente, es decir, en la actividad de la \u00abraz\u00f3n instrumental\u00bb. Recompuesto para el efecto sobre la base de su registro t\u00e9cnico-cient\u00edfico, el lenguaje resulta ser el lugar privilegiado <i>y<\/i><i> <\/i>exclusivo de ese <i>l<\/i><i>o<\/i><i>g<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>productor de conocimientos; resulta ser as\u00ed, nuevamente aunque de manera diferente, el lugar donde reside la verdad de toda otra comunicaci\u00f3n posible.<\/p>\n<p>\u00c9ste, sin embargo, su dominio restaurado sobre la semiosis pr\u00e1ctica, le cuesta al lenguaje una fuerte \u00abdeformaci\u00f3n\u00bb de s\u00ed mismo, una reducci\u00f3n <i>r<\/i><i>efe<\/i><i>r<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>del conjunto de sus funciones comunicativas, una fijaci\u00f3n obsesiva en la exploraci\u00f3n apropiativa del contexto. El lenguaje de la modernidad capitalista se encuentra acondicionado de tal manera, que es capaz de restringir sus m\u00faltiples capacidades \u2014de reunir, de expresar <i>y<\/i><i> <\/i>convencer, de jugar <i>y<\/i><i> <\/i>de cuestionar\u2014 en beneficio de una sola de ellas: la de convertir al referente en informaci\u00f3n pura (depurada).<\/p>\n<p>Junto con la <i>r<\/i><i>ec<\/i><i>ompos<\/i><i>ici<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>ogo<\/i><i>c<\/i><i>ra<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>tiene lugar tambi\u00e9n una refuncionalizaci\u00f3n radical de su principal instrumento, la <i>e<\/i><i>s<\/i><i>c<\/i><i>r<\/i><i>it<\/i><i>ura<\/i><i>.<\/i><i> <\/i>De texto sagrado, petrificaci\u00f3n protectora del discurso en el que la verdad se revela, la escritura se convierte en el veh\u00edculo de una intervenci\u00f3n ineludible del <i>l<\/i><i>ogo<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>instrumental en todo posible uso del lenguaje y en toda posible intervenci\u00f3n suya en las otras v\u00edas de producci\u00f3n\/consumo de significaciones. La secularizaci\u00f3n de la escritura y el perfeccionamiento consecuente de sus t\u00e9cnicas abri\u00f3 para el discurso unas posibilidades de despliegue de alcances inauditos. En tanto que es tan s\u00f3lo una versi\u00f3n aut\u00f3noma del habla verbal, el habla escrita es una prolongaci\u00f3n especializada de ella, un modo de llevarla a cabo que sacrifica ciertas caracter\u00edsticas de la misma en beneficio de otras. La envidiable e inigualable contundencia comunicativa del <i>hab<\/i><i>l<\/i><i>a<\/i><i> ve<\/i><i>rba<\/i><i>l<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>que le permite ser ef\u00edmera, tiene un alto precio a los ojos del <i>hab<\/i><i>l<\/i><i>a <\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>c<\/i><i>r<\/i><i>it<\/i><i>a:<\/i><i> <\/i>debe ir acompa\u00f1ada de una consistencia incompleta, confusa y de baja productividad informativa. El habla verbal s\u00f3lo est\u00e1 a sus anchas cuando se conduce en una estrecha dependencia respecto de otros cauces de la semiosis corporal (la gestualidad , la musicalidad, etc.), lo que abre pasajes d\u00e9biles o incluso de silencios en su propia <i>p<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>f<\/i><i>o<\/i><i>r<\/i><i>man<\/i><i>ce<\/i><i>, <\/i><i> <\/i>cuando juega con el predominio de las distintas funciones comunicativas (de la m\u00e1s burda, la f\u00e1ctica, a la m\u00e1s refinada, la po\u00e9tica), juego que la vuelve irrepetible; cuando finalmente, recurre a una transmisi\u00f3n simult\u00e1nea de mensajes paralelos (para varios receptores posibles), hecho que vuelve azaroso su desenvolvimiento.<\/p>\n<p>El habla escrita nace como una respuesta a la necesidad de salvar esas limitaciones informativas, aunque sea a costa de la plenitud comunicativa. Fascinadas con el esp\u00edritu conclusivo, atemporal y eficiente del habla escrita \u2014con su autosuficiencia ling\u00fc\u00edstica, su concentraci\u00f3n unifuncional y su unilinearidad\u2014, hay zonas del habla verbal que ven en ella su tierra prometida.<\/p>\n<p>Sin embargo no es esta superioridad unilateral del habla escrita lo que la lleva a independizarse del habla verbal y a someterla a sus propias normas. (No hay que olvidar que las lenguas naturales modernas se generan a partir de un habla que ha supeditado el cumplimiento de sus necesidades globales de comunicaci\u00f3n al de las necesidades restringidas de su versi\u00f3n escrita.) El habla escrita de una lengua moderna \u2014cuya normaci\u00f3n implica una fijaci\u00f3n referencialista de las funciones comunicativas, puesto que su meta es el acopio de informaci\u00f3n\u2014 ofrece el <i>m<\/i><i>od<\/i><i>el<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>perfecto de un ordenamiento racional productivista de la actividad humana. El conjunto de los medios e instrumentos de trabajo y disfrute \u2014que es la instancia objetiva m\u00e1s inmediata del cuerpo humano, de la concreci\u00f3n unidimensional de su estar en el mundo\u2014 se desentiende, como lo hace el habla escrita, de todos los modos de su funcionamiento que no demuestran ser racionales en el sentido de la eficiencia exclusivamente pragm\u00e1tica. Puede decirse as\u00ed que, al guiarse conscientemente o no por esa reducci\u00f3n de las capacidades t\u00e9cnicas del <i>m<\/i><i>\u00e9<\/i><i>d<\/i><i>i<\/i><i>um<\/i><i> <\/i>instrumental, el proceso de producci\u00f3n y consumo del conjunto de los bienes es el fundamento que ratifica y fortalece a la escritura en su posici\u00f3n hegem\u00f3nica dentro del habla o el uso ling\u00fc\u00edstico y dentro de la semiosis moderna en general. Es la pr\u00e1ctica tecnificada en sentido pragm\u00e1tico la que despierta en la escritura una \u201cvoluntad de poder\u201d indetenible. As\u00ed se expande la <i>nu<\/i><i>ev<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>ogo<\/i><i>c<\/i><i>ra<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i>: significar, \u201cdecirle algo a alguien sobre algo con una cierta intenci\u00f3n y de una cierta manera\u201d deber\u00e1 consistir primaria y fundamentalmente en hacer del hecho comunicativo \u201cun instrumento de apropiaci\u00f3n cognoscitiva\u201d de ese \u201calgo\u201d, de \u201clo real\u201d. Todo lo dem\u00e1s ser\u00e1 secundario.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>12<\/b><\/p>\n<p><i>P<\/i><i>r<\/i><i>e<\/i><i>&#8211;<\/i><i>m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad,<\/i><i> <\/i><i>s<\/i><i>e<\/i><i>m<\/i><i>i<\/i><i>-mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>p<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>&#8211;<\/i><i>m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><\/p>\n<p>La <i>p<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><i> <\/i>es la caracter\u00edstica de ciertos fen\u00f3menos peculiares de orden general que se presentan con necesidad y de manera permanente <i>d<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>ro<\/i><i>\/f<\/i><i>u<\/i><i>e<\/i><i>ra<\/i><i> <\/i>de la propia modernidad. (No es s\u00f3lo el reciente rasgo de una cierta poblaci\u00f3n acomodada que necesita de un nuevo hast\u00edo \u2014esta vez ante la modernidad corriente\u2014 para darle un toque trascendente, y as\u00ed privativo y aristocr\u00e1tico, a su imagen reflejada en el espejo.) Se trata de una de las tres modalidades principales de la <i>zona <\/i><i>li<\/i><i>m<\/i><i>\u00edt<\/i><i>ro<\/i><i>f<\/i><i>e<\/i><i> <\/i>en donde la vigencia o la capacidad conformadora de la modernidad establecida presenta muestras de agotamiento.<\/p>\n<p>La modernidad es un modo de totalizaci\u00f3n civilizatoria. Como tal, posee diferentes grados de dominio sobre la vida social, tanto en el transcurso hist\u00f3rico como en la extensi\u00f3n geogr\u00e1fica. All\u00ed donde su dominio es m\u00e1s d\u00e9bil aparecen ciertos fen\u00f3menos h\u00edbridos en los que otros principios de totalizaci\u00f3n concurrentes le disputan la \u00abmateria\u00bb que est\u00e1 siendo conformada por ella. Es en la zona de los l\u00edmites que dan hacia el futuro posible en donde se presentan los fen\u00f3menos <i>pos<\/i><i>t<\/i><i>-mod<\/i><i>e<\/i><i>rnos<\/i><i>. <\/i>En la que da hacia el pasado por superar se muestran los fen\u00f3menos <i>pr<\/i><i>e<\/i><i>-mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i>.<\/i><i> <\/i>En la que se abre\/cierra hacia los mundos extra\u00f1os por conquistar se dan los fen\u00f3menos <i>s<\/i><i>e<\/i><i>m<\/i><i>i<\/i><i>-m<\/i><i>o<\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>o<\/i><i>s<\/i><i>.<\/i><\/p>\n<p>La din\u00e1mica del fundamento de la modernidad genera constantemente nuevas constelaciones de posibilidades para la vida humana, las mismas que desaf\u00edan \u00abdesde el futuro\u00bb a la capacidad de sintetizaci\u00f3n de la modernidad capitalista. All\u00ed donde \u00e9sta resulta incapaz moment\u00e1nea o definitivamente de ponerse en juego radicalmente a fin de sostener este reto; all\u00ed donde su ambici\u00f3n conformadora le hace salirse de sus l\u00edmites pero sin ir m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma, las novedades posibles de la vida social no alcanzan a constituirse de manera aut\u00f3noma y se quedan en estado de deformaciones de la modernidad establecida. Paradigm\u00e1tico ser\u00eda, en este sentido, el fen\u00f3meno ya centenario de la pol\u00edtica econ\u00f3mica moderna, que se empe\u00f1a en dar cuenta de la necesidad real de una planeaci\u00f3n democr\u00e1tica de la producci\u00f3n y el consumo de bienes, pero que lo hace mediante el recurso insuficiente de sacrificar a medias su liberalismo econ\u00f3mico estructural y su vocaci\u00f3n cosmopolita para poner en pr\u00e1ctica intervenciones m\u00e1s o menos autoritarias y proteccionistas (paternalistas, unas, totalitarias, otras) del \u00abestado\u00bb en la \u00abeconom\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Otro tipo de reto que la modernidad capitalista no puede siempre sostener es el que le plantean ciertas realidades de su propio pasado, provengan \u00e9stas figuras anteriores de la modernidad o de la historia pre-cristiana de Occidente. Arrancados de su pertenencia coherente a una totalizaci\u00f3n de la sociedad en el pasado, que estuvo dotada de autonom\u00eda pol\u00edtica y vitalidad hist\u00f3rica, una serie de elementos civilizatorios del pasado (objetos, comportamientos, valores) perduran sin embargo en el mundo construido por la modernidad dominante; aunque son funcionalizados por ella, lo inadecuado del modo en que lo est\u00e1n les permite mantener su efectividad. Parcialmente indispensables para ella, que se demuestra incapaz de sustituirlos por otros m\u00e1s apropiados, son estos \u00abcuerpos extra\u00f1os\u00bb, fijados en una l\u00f3gica ya fuera de uso pero que es compatible con la actual, los que se reproducen en calidad de fen\u00f3menos pre-modernos.<\/p>\n<p>Diferentes de estos, los fen\u00f3menos semi-modernos son elementos (fragmentos, ruinas) de civilizaciones o construcciones no occidentales de mundo social, que mantienen su derecho a existir en el mundo de la modernidad europea pese a que el fundamento tecnol\u00f3gico sobre el que fueron levantados ha sucumbido ante el avance arrasador de la modernizaci\u00f3n. La vitalidad que demuestran tener estos elementos aparentemente incompatibles con toda modernidad \u2014pese a que son integrados en exterioridad, usados sin respetar los principios de su dise\u00f1o, de manera muchas veces monstruosa\u2014 es la prueba m\u00e1s evidente de la limitaci\u00f3n eurocentrista que afecta al proyecto de la modernidad dominante. Para no ser desbordada por la din\u00e1mica fundamental de la modernidad, que tiende a cuestionar todos los particularismos tradicionales, la soluci\u00f3n capitalista, que s\u00f3lo es efectiva si reprime esa din\u00e1mica fundamental, se ha refugiado dentro de los m\u00e1rgenes ya probados de la \u00abelecci\u00f3n civilizatoria\u00bb propia del occidente europeo.<\/p>\n<p>Reacciones de la modernidad capitalista ante su propia limitaci\u00f3n, estos tres fen\u00f3menos, pueden llegar a presentarse juntos y combinados. Componen entonces el cuadro de grandes cataclismos hist\u00f3ricos. Tales han sido, hasta aqu\u00ed, los dos casos del fracaso \u00absocialista\u00bb en el siglo XX, el de la contra-revoluci\u00f3n \u00absocialista nacionalista\u00bb en Alemania y el de la pseudo-revoluci\u00f3n \u00absocialista colectivista\u00bb en Rusia.<\/p>\n<p>La <i>c<\/i><i>r<\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>de la modernidad establecida se presenta cada vez que el absolutismo inherente a su forma est\u00e1 a punto de ahogar la substancia que le permite ser tal; cada vez que, dentro de su mediaci\u00f3n de las promesas emancipatorias inherentes al fundamento de la modernidad, el primer momento de esa mediaci\u00f3n, esto es, la apertura de las posibilidades econ\u00f3micas de la emancipaci\u00f3n respecto de la \u00abhistoria de la escasez\u00bb, entra en contradicci\u00f3n con el segundo momento de la misma, es decir, con su re-negaci\u00f3n de la vida emancipada, con la represi\u00f3n a la que somete a toda la densidad de la existencia que no es traducible al registro de la econom\u00eda capitalista: la asunci\u00f3n del pasado, la disposici\u00f3n al porvenir, la fascinaci\u00f3n por \u00ablo otro\u00bb.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>13<\/b><\/p>\n<p><i>Mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>za<\/i><i>ci<\/i><i>\u00f3n<\/i><i> <\/i><i>p<\/i><i>rop<\/i><i>i<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>za<\/i><i>ci<\/i><i>\u00f3n<\/i><i> <\/i><i>adop<\/i><i>t<\/i><i>ada<\/i><\/p>\n<p>Toda modernizaci\u00f3n adoptada o ex\u00f3gena proviene de un proceso de conquista e implica por tanto un cierto grado de imposici\u00f3n de la identidad cultural de una sociedad y las metas particulares de la empresa hist\u00f3rica en que ella est\u00e1 empe\u00f1ada sobre la identidad y las metas hist\u00f3ricas de otra.<\/p>\n<p>Mientras la modernizaci\u00f3n propia o end\u00f3gena se afirma, a trav\u00e9s de todas las resistencias de la sociedad donde acontece, en calidad de consolidaci\u00f3n y potenciaci\u00f3n de la identidad respectiva, la modernizaci\u00f3n ex\u00f3gena, por el contrario, trae siempre consigo, de manera m\u00e1s o menos radical, un desquiciamiento de la identidad social, un efecto desdoblador o duplicador de la misma. La modernidad que llega est\u00e1 marcada por la identidad de su lugar de procedencia; su arraigo es un episodio de la expansi\u00f3n de esa marca, una muestra de su capacidad de conquistar \u2014violentar y cautivar\u2014 a la marca que prevalece en las fuerzas productivas aut\u00f3ctonas. Por esta causa, la sociedad que se moderniza desde afuera, justo al defender su identidad, no puede hacer otra cosa que dividirla: una mitad de ella, la m\u00e1s confiada, se transforma en el esfuerzo de integrar \u00abla parte aprovechable\u00bb de la identidad ajena en la propia, mientras otra, la desconfiada, lo hace en un esfuerzo de signo contrario: el de vencer a la ajena desde adentro al dejarse integrar por ella.<\/p>\n<p>Cuando la modernizaci\u00f3n ex\u00f3gena tiene lugar en sociedades occidentales, m\u00e1s si \u00e9stas son europeas y m\u00e1s a\u00fan si han sido ya transformadas por alguna modernidad capitalista anterior a la que tiende a predominar hist\u00f3ricamente, este proceso de conquista presenta un grado de conflictualidad relativamente bajo. La modernidad m\u00e1s vieja (la mediterr\u00e1nea, por ejemplo) se las arregla para negociar su subordinaci\u00f3n constructiva a la m\u00e1s nueva (la noreuropea) a cambio de un \u00e1mbito de tolerancia para su \u00abl\u00f3gica\u00bb propia, es decir, para su marca de origen y para el cultivo de la identidad social representada por ella.<\/p>\n<p>La modernizaci\u00f3n por conquista se vuelve conflictiva y virulenta cuando acontece en la situaci\u00f3n de sociedades decididamente no occidentales. Dos opciones tecnol\u00f3gicas propias de dos \u00abelecciones civilizatorias\u00bb y dos historicidades no s\u00f3lo divergentes sino abiertamente contrapuestas e incompatibles entre s\u00ed deben, sin embargo, ut\u00f3picamente, \u00abencontrarse\u00bb y combinarse, entrar en un proceso de <i>m<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>ti<\/i><i>za<\/i><i>je<\/i><i>.<\/i><i> <\/i>Por ello, la asimilaci\u00f3n que las formas civilizatorias occidentales, inherentes a la modernidad capitalista, pueden hacer de las formas civilizatorias orientales tiene que ser necesariamente perif\u00e9rica o superficial, es decir, tendencialmente destructiva de las mismas como principios decisivos de configuraci\u00f3n del mundo de la vida. Una asimilaci\u00f3n de \u00e9stas como tales podr\u00eda descomponer desde adentro al car\u00e1cter europeo de su \u00aboccidentalidad\u00bb o someterlo a una transformaci\u00f3n radical de s\u00ed mismo \u2014como fue tempranamente el caso de las formas de la modernidad mediterr\u00e1nea (ib\u00e9rica), obligadas en el siglo XVII a integrar profundamente los restos de las civilizaciones precolombinas, por un lado, y de las civilizaciones africanas, por otro.<\/p>\n<p>En los procesos actuales de modernizaci\u00f3n ex\u00f3gena, la modernidad europea, para ser aceptada realmente, tiene que enrarecer al m\u00ednimo su identidad hist\u00f3rico concreta, esquematizarla, privarla de su conflictualidad interna, desdibujarla hasta lo irreconocible; s\u00f3lo as\u00ed, reducida a los rasgos m\u00e1s productivistas de su proyecto capitalista, puede encontrar o improvisar en las situaciones no occidentales un anclaje hist\u00f3rico cultural que sea diferente del que le sirvi\u00f3 de base en sus or\u00edgenes. Igualmente, en el otro lado, en las sociedades no occidentales que deben adoptar la modernidad capitalista, la aceptaci\u00f3n que hacen de \u00e9sta depende de su capacidad de regresi\u00f3n cultural, del grado en que est\u00e1n dispuestas (sin miedo al absurdo ni al rid\u00edculo) a traducir a t\u00e9rminos primitivos los conflictos profundos de su estrategia civilizatoria, elaborados y depurados por milenios en su dimensi\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>Pareciera que all\u00ed, justo en el lugar del desencuentro, de la negaci\u00f3n rec\u00edproca entre ellos, es decir, sobre el denominador com\u00fan de la exigencia capitalista \u2014la voracidad productivo\/consuntiva\u2014, se encuentra el \u00fanico lugar en donde el occidente puede encontrarse con el resto del mundo. Por lo que se ve, aunque respetuosa tanto del pasado como de lo no europeo, una modernidad alternativa no podr\u00eda contar con lo no occidental como un ant\u00eddoto seguro contra el capitalismo.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>14<\/b><\/p>\n<p><i>L<\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>od<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>n<\/i><i>i<\/i><i>dad<\/i><i>,<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>c<\/i><i>an<\/i><i>ti<\/i><i>l<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>l<\/i><i>o<\/i><i> c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><\/p>\n<p>La socializaci\u00f3n mercantil forma parte constitutiva de la esencia de la modernidad; la socializaci\u00f3n mercantil-capitalista s\u00f3lo es propia de la figura particular de modernidad que prevalece actualmente.<\/p>\n<p>La expansi\u00f3n de la funci\u00f3n religiosa, es decir, socializadora, de la cultura cristiana, dependi\u00f3, en la Edad Media, de su capacidad de convencer a los seres humanos de su propia existencia en calidad de comunidad real, de <i>eccle<\/i><i>s<\/i><i>i<\/i><i>a<\/i><i>, o<\/i><i> <\/i>\u00abcuerpo de Dios\u00bb. El lugar en donde los fieles ten\u00edan la comprobaci\u00f3n emp\u00edrica de ello no era, sin embargo, el templo; era el mercado, el sitio en donde el buen funcionamiento de la circulaci\u00f3n mercantil de los bienes producidos permit\u00eda a los individuos sociales, sobre el com\u00fan denominador de \u00abpropietarios privados\u00bb, reconocerse y aceptarse rec\u00edprocamente como personas reales. La existencia de Dios resultaba indudable porque la violencia arbitraria (el Diablo) que campeaba en las relaciones sociales post- o extra-comunitarias ced\u00eda en los hechos ante la vigencia del orden pac\u00edfico de quienes comen el fruto de su propio trabajo. La presencia de un Juez invisible era evidente pues s\u00f3lo ella pod\u00eda explicar el \u00abpremio\u00bb que le tocaba efectivamente a quien m\u00e1s trabajaba y el \u00abcastigo\u00bb que se abat\u00eda sobre el que, aunque \u00aboraba\u00bb, no \u00ablaboraba\u00bb.<\/p>\n<p>Pero si es cierto que la mercanc\u00eda estuvo al servicio de la consolidaci\u00f3n del cristianismo, no lo es menos que \u00e9ste terminar\u00eda destronado por ella. De ser el \u00ablenguaje de las cosas\u00bb que ratificaba en los hechos pr\u00e1cticos la verdad re-ligante del discurso m\u00edtico cristiano, el mecanismo de metamorfosis mercantil de la riqueza objetiva \u2014el que lleva a \u00e9sta a abandonar su estado de <i>p<\/i><i>r<\/i><i>oduct<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i>tomar su estado de <i>b<\/i><i>ie<\/i><i>n<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>neutraliz\u00e1ndola primero en calidad de mercanc\u00eda-dinero\u2014pas\u00f3 de manera lenta pero firme e irreversible a ser \u00e9l la verdadera entidad re-socializadora. El mercado sustituy\u00f3 al mito; redujo al cristianismo, de <i>ecle<\/i><i>ss<\/i><i>i<\/i><i>a<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>a un sistema de imperativos morales que idealizaba, como un mero eco apolog\u00e9tico, la sujeci\u00f3n de la vida humana a su propia acci\u00f3n \u00abm\u00e1gica\u00bb de fetiche socializador.<\/p>\n<p>Pero lo que lo mercantil hizo con lo religioso, lo capitalista, a su vez, habr\u00eda de hacer con lo mercantil. En su lucha contra la prepotencia del monopolio p\u00fablico y privado \u2014contra la violencia del dominio sobre la tierra y sobre la tecnolog\u00eda\u2014, la campa\u00f1a de afirmaci\u00f3n (expansi\u00f3n y consolidaci\u00f3n) de lo mercantil debi\u00f3 avanzar hasta una zona en la que lo mercantil, para entrar, ten\u00eda que cambiar de signo, que convertirse en la negaci\u00f3n de lo que pretend\u00eda afirmar. Debi\u00f3 <i>m<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>c<\/i><i>an<\/i><i>tific<\/i><i>a<\/i><i>r<\/i><i> <\/i>el \u00e1mbito de <i>l<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>n<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>m<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i>c<\/i><i>an<\/i><i>tif<\/i><i>i<\/i><i>c<\/i><i>ab<\/i><i>l<\/i><i>e<\/i><i> <\/i>por esencia; tratar como a un puro <i>ob<\/i><i>jet<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>(<\/i><i>Be<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>and<\/i><i>)<\/i><i> <\/i>a aquello que deber\u00eda ser puro <i>s<\/i><i>u<\/i><i>jet<\/i><i>o<\/i><i>;<\/i><i> <\/i>como simple <i>v<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i>o<\/i><i>r<\/i><i> <\/i>mercantil a lo que deber\u00eda ser <i>f<\/i><i>u<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>v<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i>o<\/i><i>r<\/i><i> <\/i>mercantil: la fuerza de trabajo del individuo humano. Debi\u00f3 dejar de ser instrumento de la universalizaci\u00f3n de la propiedad privada y pasar a ser el instrumento de una restricci\u00f3n renovada, de nuevo tipo, de la misma; debi\u00f3 traicionar a lo mercantil y ponerlo a funcionar como mera apariencia de la apropiaci\u00f3n capitalista de la riqueza. Lo mercantil s\u00f3lo pudo vencer la resistencia del monopolio desatando las fuerzas del Golem capitalista. Pretendi\u00f3 servirse de \u00e9l, y termin\u00f3 por ser su siervo.<\/p>\n<p>A fines de siglo, la distinci\u00f3n entre lo mercantil y lo capitalista parece ya irrelevante y abstrusa o simplemente cosa del pasado; la mercanc\u00eda parece haber acomodado ya su esencia a esa configuraci\u00f3n monstruosa de s\u00ed misma que es la mercanc\u00eda capitalista. Y sin embargo no es as\u00ed.<\/p>\n<p>Hay una diferencia radical entre la ganancia capitalista que se puede dar en la esfera de la circulaci\u00f3n mercantil simple y la que se da en la mercantil-capitalista. La primera ser\u00eda el fruto del aprovechamiento de una <i>v<\/i><i>o<\/i><i>l<\/i><i>un<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><i>d<\/i><i> <\/i>de intercambio entre orbes productivos\/consuntivos de valores de uso que est\u00e1n desconectados entre s\u00ed, voluntad que se impone por sobre la <i>i<\/i><i>n<\/i><i>c<\/i><i>onm<\/i><i>e<\/i><i>surab<\/i><i>ili<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>f<\/i><i>\u00e1<\/i><i>ctic<\/i><i>a<\/i><i> <\/i>de sus respectivos valores mercantiles. La segunda resulta del aprovechamiento de una <i>c<\/i><i>ons<\/i><i>t<\/i><i>r<\/i><i>icci<\/i><i>\u00f3<\/i><i>n<\/i><i> <\/i>imperiosa al intercambio que aparece, pese a la <i>i<\/i><i>n<\/i><i>c<\/i><i>on<\/i><i>m<\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>u<\/i><i>r<\/i><i>ab<\/i><i>ili<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i>s<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i> <\/i>de sus respectivos productos, entre las dos dimensiones de la reproducci\u00f3n de la riqueza social: la de la fuerza de trabajo, por un lado, y la del resto de las mercanc\u00edas, por otro. Lo que en el primer caso ser\u00eda el resultado de la \u00abdesigualdad\u00bb espont\u00e1neamente ventajosa en un \u00abcomercio exterior\u00bb, en el segundo es la consecuencia de una instalaci\u00f3n artificial de esa \u00abdesigualdad\u00bb en el \u00abcomercio interior\u00bb. Contingente y ef\u00edmera en el primer caso, la ganancia capitalista es imperiosa y permanente en el segundo.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva puramente mercantil, todo el mercado moderno, como realidad concreta, no ser\u00eda otra cosa que una superfetaci\u00f3n parasitaria de la propia realidad mercantil. Lo capitalista estar\u00eda all\u00ed \u00fanicamente como una deformaci\u00f3n arbitraria, por debajo de la cual se repetir\u00eda de manera cl\u00e1sica y necesaria el triunfo indefinido del proceso puro de la circulaci\u00f3n por equivalencia. Las \u00abimpurezas\u00bb concretas que hacen de \u00e9l un proceso intervenido \u2014sea espont\u00e1neamente por el poder \u00abciego\u00bb de la monopolizaci\u00f3n capitalista o artificialmente por la imposici\u00f3n \u00abvisionaria\u00bb de una planeaci\u00f3n distributiva\u2014 no alcanzar\u00edan a destruirlo por cuanto \u00e9l es la estructura que las sostiene.<\/p>\n<p>La posibilidad de soltar del todo la \u00abmano invisible\u00bb del mercado \u2014la que atravesar\u00eda los muchos \u00abego\u00edsmos peque\u00f1os\u00bb para construir un \u00abaltru\u00edsmo general\u00bb\u2014, de liberar al Azar que gu\u00eda el mecanismo de circulaci\u00f3n por equivalencia, se encuentra en el fundamento mismo de toda modernidad. Sin embargo, su realizaci\u00f3n en la modernidad capitalista, que pretendi\u00f3 protegerla de los parasitismos estatales o se\u00f1oriales que la ahogaron en la era de la escasez, la ha llevado a un nuevo callej\u00f3n sin salida. En la inauguraci\u00f3n mercantil-capitalista de lo que deb\u00eda ser la era de la abundancia se impone de manera espont\u00e1nea el predominio de un comportamiento mercantil que reniega de s\u00ed mismo. Es un comportamiento temeroso que pretende \u00ababolir el azar\u00bb mediante la repetici\u00f3n incesante de un tramposo <i>cou<\/i><i>p<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>\u00e9<\/i><i>s<\/i><i> <\/i>que asegura al capital contra el riesgo de no obtener ganancias en la apuesta de la inversi\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Te<\/b><b>s<\/b><b>i<\/b><b>s<\/b><b> 1<\/b><b>5<\/b><\/p>\n<p><i>\u00ab<\/i><i>So<\/i><i>ci<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>sm<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>r<\/i><i>e<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i>\u00ab<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>mod<\/i><i>e<\/i><i>rn<\/i><i>i<\/i><i>da<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>c<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>li<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>a<\/i><\/p>\n<p>Considerado como orbe econ\u00f3mico o \u00abeconom\u00eda-mundo\u00bb, el \u00abmundo socialista\u00bb fue el resultado hist\u00f3rico de un intento frustrado de remodelaci\u00f3n por parte del viejo imperio econ\u00f3mico de Rusia; un intento dirigido a aislarse del orbe econ\u00f3mico o \u00abmundo capitalista\u00bb y a competir con \u00e9l, puesto en pr\u00e1ctica sobre la base de una correcci\u00f3n estatalista del funcionamiento capitalista de la econom\u00eda. Sin posibilidades reales de constituirse en un orden social realmente diferente <i>y<\/i><i> <\/i>alternativo frente al orden capitalista <i>y<\/i><i> <\/i>su civilizaci\u00f3n; sin posibilidades efectivas de desarrollar una estructura t\u00e9cnica acorde con una reconstituci\u00f3n revolucionaria de semejante alcance \u2014hecho que se manifest\u00f3 temprana y dram\u00e1ticamente en la historia de la revoluci\u00f3n bolchevique\u2014, \u00abel mundo socialista\u00bb no pas\u00f3 de ser una <i>r<\/i><i>ec<\/i><i>ompos<\/i><i>ici<\/i><i>\u00f3n<\/i><i> <\/i>deformada, una versi\u00f3n o repetici\u00f3n deficiente de ese mismo orden social y de esa misma civilizaci\u00f3n: una recomposici\u00f3n que, si bien lo separ\u00f3 definitivamente de \u00e9l, lo mantuvo sin embargo irrebasablemente en su dependencia. Lo distintivo del <i>c<\/i><i>omun<\/i><i>i<\/i><i>sm<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>s<\/i><i>ovi\u00e9tic<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i>su modernidad no estuvo \u2014parad\u00f3jicamente\u2014 en ninguna erradicaci\u00f3n, parcial o total, del capitalismo. Lo caracter\u00edstico de \u00e9l consisti\u00f3 en verdad en lo perif\u00e9rico de su europeidad y en lo dependiente de su econom\u00eda y en el car\u00e1cter estatal de la acumulaci\u00f3n capitalista que lo sustentaba.<\/p>\n<p>Una colectivizaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n como la que tuvo lugar en este \u00abcomunismo\u00bb, que fue en verdad una estatalizaci\u00f3n de la propiedad capitalista sobre los mismos, no elimina necesariamente el car\u00e1cter capitalista de esta forma de propiedad. Por ello, si se consideran comparativamente las dos totalidades imperiales, la ecomon\u00eda-mundo \u00absocialista\u00bb (Rusia, la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica <i>y<\/i><i> <\/i>el bloque de la Europa centroriental) <i>y<\/i><i> <\/i>la econom\u00eda-mundo \u00abcapitalista\u00bb (su n\u00facleo trilateral, pero tambi\u00e9n su periferia \u00abtercermundista\u00bb), las innegables diferencias entre ellas \u2014en lo que se refiere a las condiciones de existencia de la \u00absociedad civil\u00bb: reprimida pero protegida, en la primera, desamparada pero libre, en la segunda\u2014 no resultan ser m\u00e1s importantes que sus similitudes tambi\u00e9n inocultables \u2014en lo que ata\u00f1e a la estructura y al sentido m\u00e1s elementales de la modernizaci\u00f3n de su vida cotidiana. La sujeci\u00f3n de la \u00abl\u00f3gica\u00bb de la creaci\u00f3n de la riqueza social concreta a la \u00abl\u00f3gica\u00bb de la acumulaci\u00f3n de capital, la definici\u00f3n de la humanidad de lo humano a partir de su condici\u00f3n de fuerza de trabajo, para no mencionar sino dos puntos esenciales de la modernidad econ\u00f3mica y social capitalista, fueron igualmente dos principios b\u00e1sicos de la modernidad \u00absocialista\u00bb, que se proclamaba sin embargo como una alternativa frente a ella.<\/p>\n<p>El proyecto elemental de la modernidad capitalista no desapareci\u00f3 en la modernidad del \u00absocialismo real\u00bb; fue simplemente m\u00e1s d\u00e9bil y ha tenido menos oportunidades de disimular sus contradicciones.<\/p>\n<p>El derrumbe del \u00absocialismo real\u00bb \u2014desencadenado por la victo ria lenta y sorda, pero contundente, de los estados capitalistas occidentales sobre los estados \u00absocialistas\u00bb en la \u00abguerra fr\u00eda\u00bb (1945-1989) \u2014, ha borrado del mapa de la historia viva a las entidades socio-pol\u00edticas que de manera tan defectuosa ocupaban el <i>l<\/i><i>ugar<\/i><i> <\/i><i>h<\/i><i>i<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>\u00f3r<\/i><i>ic<\/i><i>o<\/i><i> <\/i>del socialismo. Lo que no ha podido borrar es ese <i>l<\/i><i>ugar<\/i><i> <\/i>en cuanto tal. Por el contrario, al expulsar de \u00e9l a sus ocupantes inadecuados \u2014que ofrec\u00edan la comprobaci\u00f3n emp\u00edrica de lo impracticable de una sociedad verdaderamente emancipada, e indirectamente de lo incuestionable del <i>e<\/i><i>s<\/i><i>t<\/i><i>ab<\/i><i>li<\/i><i>shm<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>t<\/i><i> <\/i>capitalista \u2014 le ha devuelto su calidad de terreno f\u00e9rtil para la utop\u00eda.<\/p>\n<p><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote1anc\" name=\"sdfootnote1sym\">1<\/a>\u0002 <i>D<\/i><i>a<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>K<\/i><i>ap<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>h<\/i><i> <\/i><i>K<\/i><i>r<\/i><i>i<\/i><i>t<\/i><i>i<\/i><i>k<\/i><i> <\/i><i>d<\/i><i>e<\/i><i>r<\/i><i> <\/i><i>po<\/i><i>l<\/i><i>i<\/i><i>ti<\/i><i>s<\/i><i>c<\/i><i>h<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i> <\/i><i>O<\/i><i>ek<\/i><i>ono<\/i><i>mi<\/i><i>e<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>ErsterBand,Hamburgo, 1867, <i>pp<\/i><i>.<\/i><i> <\/i>631-632.<\/p>\n<p><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote2anc\" name=\"sdfootnote2sym\">2<\/a>\u0002 K. Marx, <i>D<\/i><i>as<\/i><i> <\/i><i>Kapit<\/i><i>a<\/i><i>l,<\/i><i> <\/i>I., <i>5.,<\/i><i> <\/i><i>I<\/i><i>,<\/i><i> <\/i><i>p.<\/i><i> <\/i><i>502:<\/i><i> <\/i>\u00abmacht seine eigene Entwicklung zu einer Naturnothwendigkeit\u00bb.<\/p>\n<p><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote3anc\" name=\"sdfootnote3sym\">3<\/a>\u0002 Karl Marx, <i>Da<\/i><i>s<\/i><i> <\/i><i>K<\/i><i>a<\/i><i>p<\/i><i>it<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i>,<\/i><i> <\/i><i>K<\/i><i>r<\/i><i>iti<\/i><i>k<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i>r<\/i><i> <\/i><i>po<\/i><i>li<\/i><i>t<\/i><i>i<\/i><i>sch<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>Oekonom<\/i><i>i<\/i><i>e<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>Erster Band, Hamburgo <i>1867, <\/i>pp. 116-117. Trad. Scaron, Siglo XXI Ed., vol. 2, p. 188.<\/p>\n<p><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote4anc\" name=\"sdfootnote4sym\">4<\/a>\u0002 <i>V<\/i><i>a<\/i><i>l<\/i><i>u<\/i><i>e<\/i><i>,<\/i><i> <\/i><i>Pr<\/i><i>i<\/i><i>c<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>an<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>P<\/i><i>ro<\/i><i>f<\/i><i>i<\/i><i>t<\/i><i>.<\/i><i> <\/i><i>A<\/i><i>ddr<\/i><i>e<\/i><i>ss<\/i><i>e<\/i><i>d<\/i><i> <\/i><i>t<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>t<\/i><i>h<\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>W<\/i><i>or<\/i><i>k<\/i><i>i<\/i><i>n<\/i><i>g<\/i><i> <\/i><i>M<\/i><i>e<\/i><i>n<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>Londres 1899, p. 63.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><p class='MsoBodyText' style='margin-top: 0cm; margin-right: 0cm; margin-bottom: 18.0pt; margin-left: 0cm; text-align: justify; text-indent: 0cm; line-height: 150%;'>Las Tesis que se exponen en las siguientes p\u00e1ginas intentan detectar en el campo de la teor\u00eda la posibilidad de una modernidad diferente de la que se ha impuesto hasta ahora, de una modernidad no capitalista. Lo hacen, primero, a partir del reconocimiento de un hecho: el estado de perenne inacabamiento que es propio de la significaci\u00f3n de los entes hist\u00f3ricos; y segundo, mediante un juego de conceptos que intenta desmontar te\u00f3ricamente ese hecho y que, para ello, pensando que &#8216;todo lo que es real puede ser pensado tambi\u00e9n como siendo a\u00fan s\u00f3lo posible&#8217;.<\/p><\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":3514,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-3513","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-izquierda-a-debate"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3513","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3513"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3513\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3514"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3513"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3513"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3513"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}