{"id":3522,"date":"2018-07-03T00:00:00","date_gmt":"2018-07-02T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3522"},"modified":"2023-02-04T06:53:28","modified_gmt":"2023-02-04T05:53:28","slug":"para-leer-a-rousseau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3522","title":{"rendered":"Para leer a Rousseau"},"content":{"rendered":"<p>Nota TopoExpress. Hoy [2 de julio de 2018] hace 240 a\u00f1os mor\u00eda J. J. Rousseau, uno de los grandes pensadores de la Ilustraci\u00f3n. Para Goethe, con Voltaire termina un mundo, con Rousseau comienza otro. Esta presentaci\u00f3n de Paco Fern\u00e1ndez Buey nos permite acercarnos a su vida y sus ideas.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Cuando, en 1742, J.J. Rousseau lleg\u00f3 a Par\u00eds para presentar a la Academia una nueva notaci\u00f3n musical, D\u00b4Alembert era un joven matem\u00e1tico y Diderot se dedicaba a hacer traducciones del ingl\u00e9s. Voltaire (nacido en 1694) era ya entonces casi una leyenda en Par\u00eds. Hac\u00eda a\u00f1os que hab\u00eda conocido el \u00e9xito, primero con su Edipo (1718), luego con la primera versi\u00f3n de La Henriade (1723) y m\u00e1s recientemente con las obras que public\u00f3 al regresar de su estancia en Inglaterra (1726-1735), las Cartas filos\u00f3ficas y los Elementos de la filosof\u00eda de Newton (1737). Voltaire era, sin embargo, una leyenda inc\u00f3moda, aclamado por unos y temido por otros. Precisamente aquel mismo a\u00f1o en que Rousseau se instalaba en Par\u00eds y entraba en contacto con D\u00b4Alembert, 1742,Voltaire publicaba una de sus obras m\u00e1s escandalosas, Mahomet, inmediatamente prohibida por el Parlamento de Par\u00eds.<\/p>\n<p>El ambiente con el que se encontr\u00f3 Rousseau a partir de esa fecha era este: una gran influencia de la cultura inglesa al menos en dos \u00e1mbitos, el cient\u00edfico natural y el de la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica, como se hace evidente estudiando, por una parte, los or\u00edgenes de la Enciclopedia y por otra las obras m\u00e1s difundidas de Voltaire y de Montesquieu en aquellos a\u00f1os. Todav\u00eda hay otra cosa que reforzaba a\u00fan m\u00e1s la influencia de la cultura inglesa en la Francia de la \u00e9poca: el eco que hab\u00eda dejado la traducci\u00f3n al franc\u00e9s (1736), por Mme de Chatelet, de La f\u00e1bula de las abejas de Mandeville, un autor de origen suizo trasladado al Reino Unido. Diderot y D\u00b4Alembert entraban entonces en el comit\u00e9 de redacci\u00f3n de la Enciclopedia; Voltaire, primero prohibido, estaba siendo ya reconocido oficialmente como historiador del rey (Luis XV) y entraba en la Academia francesa, aunque mientras tanto viajaba por Holanda y Prusia al servicio del otro polo de atracci\u00f3n de los ilustrados: el rey fil\u00f3sofo, Federico II. Cuando llega aPar\u00eds, J.J. Rousseau, que apenas tiene 30 a\u00f1os, es, en cambio, un desconocido. Llevaba a sus espaldas una vida de desgracias, privaciones e insatisfacciones desde la infancia.<\/p>\n<p>Jean Jacques Rousseau hab\u00eda nacido en Ginebra, el 28 de junio de 1712, en el seno de una familia modesta y de religi\u00f3n calvinista, pero no inculta. \u201cMi nacimiento\u201d \u2013dir\u00e1 luego Jean Jacques\u2013 \u201cfue la primera de mis desgracias\u201d. Hu\u00e9rfano de madre desde ni\u00f1o, fue cuidado inicialmente por sus t\u00edas. Aunque fue poco a la escuela, aprendi\u00f3 a leer muy pronto y ley\u00f3 mucho, acompa\u00f1ado por su padre que era relojero. Desde los ocho a\u00f1os le\u00eda a T\u00e1cito, a Ovidio, a Plutarco. Pero en 1722, cuando Jean Jacques no hab\u00eda cumplido diez a\u00f1os, el padre se mete en una pelea por un asunto de caza con militar de buena familia y tuvo que huir de Ginebra para evitar la prisi\u00f3n. Esto le oblig\u00f3 a confiar a su hijo al cuidado de un pastor protestante. En las Confesiones y en el Emilio<\/p>\n<p>Rousseau ha contado sus recuerdos de esos dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Desde los doce a\u00f1os tuvo que trabajar en diferentes oficios. Primero fue ayudante de un grabador, pero tuvo que escaparse de su casa debido a los violentos modales de \u00e9ste;luego abandon\u00f3 Ginebra y vagabunde\u00f3 por distintas ciudades hasta llegar a Annency, donde fue acogido por Mme. de Warens, una conversa al catolicismo que pretend\u00eda que Rousseau abjurase del protestantismo, por lo que le envi\u00f3 a Tur\u00edn para ser bautizado y convertido. En Tur\u00edn, se gan\u00f3 temporalmente la vida contratado por la esposa de un tendero; luego, en 1728, pas\u00f3 al servicio de Mme. de Vercellis y un a\u00f1o despu\u00e9s estaba de sirviente en la casa del conde de Gouvon. A los veinte a\u00f1os Rousseautodav\u00eda deambulaba por distintas ciudades dedic\u00e1ndose a ense\u00f1ar m\u00fasica. En 1731 viaj\u00f3 por vez primera a Par\u00eds, donde trabaj\u00f3 como preceptor. A finales de ese a\u00f1o se hab\u00eda puesto al servicio de Mme. de Warens en Ch\u00e1mbery. \u00c9sta le consigui\u00f3 un empleo m\u00e1s estable en el catastro de Saboya. All\u00edhab\u00eda residido durante ocho a\u00f1os y all\u00ed se fue formando de manera casi autodidacta. Estudiaba m\u00fasica, filosof\u00eda, qu\u00edmica, matem\u00e1ticas y lat\u00edn.<\/p>\n<p>Al volver a Par\u00eds, en 1742, Rousseau se estaba dedicando mayormente a la teor\u00eda y la pr\u00e1ctica de la m\u00fasica, lo cual revela ya una sensibilidad relativamente distinta de la de los otros. Pero la Academia no apreci\u00f3 su obra como te\u00f3rico y Rameau consider\u00f3 su obra Las musas galantes cosa de aprendiz; en cambi\u00f3 el maestro acept\u00f3 poner m\u00fasica a una obra de Voltaire, Las fiestas de Ramiro. Rousseau trat\u00f3 de conseguir el apoyo de Voltaire al que en ese momento admiraba, pero recibi\u00f3 una respuesta cort\u00e9s y evasiva. Fue en esa situaci\u00f3n de fracaso intelectual cuando conoci\u00f3 a Th\u00e9r\u00e8se Le Vasseurcon la que tendr\u00eda unalarga relaci\u00f3n sentimental durante treinta a\u00f1os y cinco hijos. De aquellos d\u00edas dir\u00e1 Rousseau: \u201cAbandon\u00e9 cualquier proyecto de ascenso y gloria\u201d. Tambi\u00e9n fue abandonando a sus hijos que nacieron en los a\u00f1os siguientes. Los fue dejando en el hospicio.<\/p>\n<p>Acept\u00f3, por tanto, los encargos que le hicieron D\u00b4Alambert y Diderot para colaborar en la Enciclopedia y empez\u00f3 a escribir precisamente las voces que ten\u00edan relaci\u00f3n con la cultura musical. Su contacto inicial fue Diderot, quien le present\u00f3 a D\u00b4Alembert. No compart\u00eda la orientaci\u00f3n de Diderot hacia el ateismo, pero pensaba que la amistad estaba por encima de eso. En los meses en que Diderot estuvo encarcelado en Vincennes, a consecuencia de su Carta sobre los ciegos, Rousseau viaj\u00f3 all\u00ed para visitarle. De camino, en 1749, en una de las visitas a Diderot, lee en un peri\u00f3dico que la Academia de Dijon convoca un concurso de ensayo cuyo tema era si el restablecimiento de las ciencias y las artes ha contribuido a depurar las costumbres. Seg\u00fan dice en las Confesiones, la lectura de ese anuncio fue como una iluminaci\u00f3n. Se puso a escribir inmediatamente sobre eso, se present\u00f3 al concurso y gan\u00f3 el primer premio. Nac\u00eda as\u00ed el Rousseau escritor.Ese es el origen del Discurso sobre las ciencias y las artes(1750), obra en la que mantiene que \u00e9stas, las ciencias y las artes, son fuente de perversi\u00f3n y esclavitud porque han contribuido esencialmente a la degeneraci\u00f3n y envilecimiento del hombre. As\u00ed nac\u00eda, antes incluso de que haya sido publicado el primer volumen de la Enciclopedia, la otra cara del enciclopedismo franc\u00e9s de la d\u00e9cada de los 50.<\/p>\n<p><strong><strong>II<\/strong><\/strong><\/p>\n<p>El Discurso arranca de la constataci\u00f3n de que, efectivamente, ciencias y artes han vuelto m\u00e1s f\u00e1cil y agradable la vida de los humanos pero a un pecio excesivo; han acostumbrado a los ciudadanos a portarse como esclavos y ayudado a los tiranos a someter a los pueblos; han creado \u201cuna apariencia de virtud\u201d. De manera que lo que parece progreso es decadencia, \u201ccorrupci\u00f3n de las almas\u201d. En la segunda parte del Discurso Rousseau sostiene que las ciencias y las artes est\u00e1n en el origen de todos los defectos de los humanos: ambici\u00f3n, ociosidad, superstici\u00f3n, orgullo, lujo, ego\u00edsmo. Con ellas han aparecido los fil\u00f3sofos, que \u201cson una pandilla de charlatanes que gritan cada uno por su lado en la plaza p\u00fablica y enga\u00f1an a la gente\u201d. Con las ciencias y las artes ha nacido la imprenta para agravar a\u00fan m\u00e1s el mal, al poner al alcance de todos el falso saber.<\/p>\n<p>Rousseau part\u00eda de una hip\u00f3tesis radicalmente contraria a la que hab\u00eda mantenido Hobbes (y parcialmente Locke), a saber, contraria a la tesis contractualista seg\u00fan la cual se ha pasado de un estado salvaje de naturaleza, en el que el hombre estaba en guerra contra el hombre, siendo cada uno enemigo del otro y viviendo todos en el miedo, la desconfianza y el terror, al estado civilizado, a la sociedad civil, fundada en el pacto social. Rousseau sostiene, en cambio, que el estado \u201cnatural\u201d del hombre, antes de surgir la vida en sociedad, era bueno, feliz y libre. El \u201cbuen salvaje\u201d viv\u00eda independiente, guiado por el sano amor a s\u00ed mismo. Este estado natural es \u201cun estado que no existe ya, que acaso no ha existido nunca, que probablemente no existir\u00e1 jam\u00e1s, y del que es necesario tener conceptos adecuados para juzgar con justicia nuestro estado presente\u201c. Se trata, pues, de una hip\u00f3tesis que permite valorar cr\u00edticamente el estado en que se vive en el presente (1750): el estado social, aquel en el que el hombre se aparta de la naturaleza para vivir en comunidad, guiado por el ego\u00edsmo, el ansia de riqueza (propiedad) y la injusticia. En el Discurso llega a decir: \u201cDios omnipotente, l\u00edbranos de las luces\u201d.<\/p>\n<p>El Discurso chocaba claramente con la inspiraci\u00f3n principal de los fundadores de la Enciclopedia, tal como fue resumida aquel mismo a\u00f1o por D\u00b4Alembert en el Discurso preliminar. Pero Diderot, que amaba las ideas por s\u00ed mismas (y tal vez la provocaci\u00f3n que supon\u00eda) lo aprob\u00f3. Tambi\u00e9n D\u00b4Alembert le anim\u00f3. En el momento de preparar el Discurso para la imprenta, en 1751, Rousseau a\u00f1adi\u00f3 significativamente en la primera p\u00e1gina estas palabras de T\u00e1cito: Barbarus hic ego sum quia non intelligor illis[\u201cAqu\u00ed el b\u00e1rbaro soy yo puesto que no se me entiende\u201d]. Rousseau lograba ahora la celebridad. Se relaciona con el bar\u00f3n d\u00b4Holbach y se encuentra por primera y \u00fanica vez con Voltaire. Pero en seguida el Discurso dar\u00eda lugar a una larga controversia en aquel ambiente influido por las ideas de Hobbes, Locke y Montesquieu. A consecuencia de la controversia que provoc\u00f3 esta obra suya Rousseau tuvo que abandonar el trabajo que ten\u00eda entonces, como cajero, y dedicarse a trabajar como copista de m\u00fasica para mantener a su mujer y a sus hijos.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os despu\u00e9s, a finales de 1753, Rousseau lee un nuevo anuncio de un concurso de la Academia de Dijon. En esta caso la cuesti\u00f3n era: \u201cCu\u00e1l es la fuente de la desigualdad entre los hombres y si est\u00e1 autorizada por la ley natural\u201d. Vuelve a presentarse al concurso y escribe otra de sus grandes obras: Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres. En ella se interna Rousseau en consideraciones antropol\u00f3gicas, etnol\u00f3gicas y sociol\u00f3gicas. Defiende que el hombre es bueno por naturaleza y que s\u00f3lo empez\u00f3 a degradarse con el descubrimiento de los metales y de la agricultura, porque eso conlleva la divisi\u00f3n del trabajo, la aparici\u00f3n de una econom\u00eda de producci\u00f3n que sustituye a la antigua econom\u00eda de subsistencia y, lo que es peor, la aparici\u00f3n de la propiedad privada, la cual trae como consecuencia una sociedad de amos y esclavos, la p\u00e9rdida de la libertad original y el verdadero \u201cestado de guerra\u201d.<\/p>\n<p>La usurpaci\u00f3n econ\u00f3mica se convierte, para Rousseau, en poder pol\u00edtico; el poder pol\u00edtico consagra la expoliaci\u00f3n y se convierte en Estado. En ese contexto Rousseau lleva a cabo una dura cr\u00edtica de las instituciones pol\u00edticas y sociales como grandes corruptoras de la inocencia y bondad naturales del hombre y niega, por tanto, la idea ilustrada del progreso lineal. Lo que llamamos \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d es, en cierto modo, una nueva \u201cca\u00edda\u201d. Esta vez por secularizaci\u00f3n y socializaci\u00f3n forzada. En suma, Rousseau analiza el tr\u00e1nsito del hipot\u00e9tico estado de naturaleza al estado social como una degeneraci\u00f3n (no un progreso), producto de las desigualdades sociales que surgen con la propiedad privada, el derecho para protegerla, y la autoridad para que se cumpla ese derecho. Las leyes establecidas en toda sociedad son siempre las leyes que defienden al poderoso, al rico y a su poder frente a los no poseedores de propiedad, a los pobres. La propiedad privada y el derecho han creado un abismo entre dos \u201cclases\u201d jer\u00e1rquicamente diferenciadas entre s\u00ed: la clase de los propietarios, de los poderosos y de los amos, frente a la clase de los no propietarios, pobres y esclavos. Esta situaci\u00f3n no es superable, seg\u00fan Rousseau, pero puede ser mitigada a trav\u00e9s de una sana vuelta a la naturaleza y una educaci\u00f3n que fomente el individualismo y la independencia del hombre.<\/p>\n<p>A pesar de que Diderot s\u00ed cre\u00eda en el progreso, tambi\u00e9n aprob\u00f3 el nuevo Discurso de Rousseau. Pero otras cuestiones, familiares, religiosas, personales, de orden sentimental, agriaron la relaci\u00f3n de Rousseau con el c\u00edrculo de los enciclopedistas de Par\u00eds. Por su parte, Voltaire dijo del Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres que era un libro \u201ccontra el g\u00e9nero humano\u201d y que cuando se lee \u201centran ganas de andar a cuatro patas\u201d. Tambi\u00e9n calific\u00f3 el pensamiento de Rousseau de \u201cfilosof\u00eda de mendigo\u201d. El texto de la carta en que Voltaire acusa recibo de la recepci\u00f3n del Discurso de Rousseau no tiene desperdicio. Dice as\u00ed:<\/p>\n<p>\u201cHe recibido, se\u00f1or, vuestro nuevo libro contra el g\u00e9nero humano; os lo agradezco; agradar\u00e9is a los hombres a quienes dec\u00eds sus verdades, y no los corregir\u00e9is [\u2026] Nunca se ha empleado tanto ingenio en pretender volvernos animales. Cuando se lee vuestra obra se tienen ganas de andar a cuatro patas. Sin embargo, como hace m\u00e1s de sesenta a\u00f1os que he perdido la costumbre, siento por desgracia que me resulta imposible recuperarla. Y dejo ese comportamiento natural a quienes son m\u00e1s dignos de \u00e9l que vos y que yo\u201d<\/p>\n<p>Sin embargo, Rousseau no estaba predicando propiamente una vuelta atr\u00e1s, puesto que sab\u00eda \u2013 y lo dice as\u00ed\u2013 que el movimiento hist\u00f3rico es irreversible. En el libro combinaba el pesimismo hist\u00f3rico con el optimismo antropol\u00f3gico: el mal no est\u00e1 en la naturaleza humana sino en las estructuras sociales. En cualquier caso, esta vez Rousseau no esper\u00f3 el veredicto de la Academia de Dijon (que lo considerar\u00eda \u201cdemasiado largo\u201d). Busc\u00f3 editor para el libro y se fue por un tiempo a Ginebra. All\u00ed abandon\u00f3 el catolicismo para ingresar de nuevo en la religi\u00f3n de sus padres.<\/p>\n<p>Desde Ginebra escribi\u00f3 Rousseau, en 1754, el art\u00edculo \u201cEconom\u00eda pol\u00edtica\u201d para el tomo V de la Enciclopedia. Ah\u00ed distingue entre \u201csoberan\u00eda\u201d o poder legislativo y \u201cgobierno\u201d o poder ejecutivo subordinado a la soberan\u00eda. Hace la apolog\u00eda de la ley como expresi\u00f3n de la voluntad popular y garant\u00eda de la libertad individual; loa la educaci\u00f3n en un sentido patri\u00f3tico; predica el retorno a una econom\u00eda agr\u00edcola frente a la industria y el comercio; defiende un impuesto progresivo sobre las rentas, pero, a diferencia de lo que hab\u00eda escrito en el Discurso, considera la propiedad como un derecho natural y fundamento del pacto social. Su intenci\u00f3n era proteger al d\u00e9bil contra la extensi\u00f3n desmesurada de la propiedad privada. Resume as\u00ed el pacto social: \u201cVos ten\u00e9is necesidad de m\u00ed por yo soy rico y vos pobre. Hagamos, pues, un acuerdo entre nosotros. Yo permitir\u00e9 que teng\u00e1is el honor de servirme, a condici\u00f3n de que me deis lo poco que os queda por el trabajo que me tomar\u00e9 de mandaros\u201d.<\/p>\n<p>De regreso en Par\u00eds, Rousseau vivi\u00f3 meses de insatisfacci\u00f3n. El Discurso hab\u00eda sido acogido con frialdad; su complicada relaci\u00f3n con Th\u00e9r\u00e8se Le Vasseur se hab\u00eda estropeado a\u00fan m\u00e1s; los contactos con los enciclopedistas se le hicieron dif\u00edciles, en parte por diferencias ideol\u00f3gicas pero en parte tambi\u00e9n por sus propias desconfianzas; no ten\u00eda un trabajo fijo y definido y adem\u00e1s se sent\u00eda enfermo, sufriendo por problemas de vejiga y de ri\u00f1\u00f3n. Fue en estas circunstancias cuando se puso a discutir con Voltaire a prop\u00f3sito del terremoto que arras\u00f3 la ciudad de Lisboa en 1755. La correspondencia entre ellos data de 1756. Unos meses despu\u00e9s discut\u00eda con Diderot a prop\u00f3sito de la obra de \u00e9ste El hijo natural. La frase de Diderot: \u201cEl hombre de bien est\u00e1 en sociedad y s\u00f3lo el malvado est\u00e1 solo\u201d, le pareci\u00f3 a Rousseau una alusi\u00f3n personal. Pidi\u00f3 explicaciones. Diderot contest\u00f3 con iron\u00eda y descaro; Rousseau volvi\u00f3 a la carga con reproches. Aunque en aquella oportunidad acabaron reconcili\u00e1ndose, ah\u00ed se iniciaba el distanciamiento entre los dos.<\/p>\n<p><strong><strong>III<\/strong><\/strong><\/p>\n<p>El terremoto que destruy\u00f3 parcialmente la ciudad de Lisboa ocurri\u00f3 el 1\u00ba de noviembre de 1755 poco despu\u00e9s de las nueve de la ma\u00f1ana. La intensidad fue tal que la mayor\u00eda de las casas de la ciudad se derrumbaron a los pocos minutos. Miles de personas quedaron sepultadas bajo los escombros y se cre\u00f3 una gran confusi\u00f3n. La parte m\u00e1s importante de la ciudad (el Palacio Real, el castillo de San Jorge, la mayor\u00eda de las iglesias y casas religiosas, el Hospital de Todos los Santos, la \u00d3pera, etc.) qued\u00f3 en ruinas. Se produjeron adem\u00e1s numerosos incendios. Se ha calculado en treinta o cuarenta mil el n\u00famero de v\u00edctimas. R\u00e9plicas del se\u00edsmo se notaron en M\u00e1laga, C\u00e1diz y T\u00e1nger y los temblores se sintieron hasta en Suiza. La impresi\u00f3n que produjo en toda Europa fue enorme y muchos pensadores escribieron sobre el terremoto de Lisboa. No s\u00f3lo Voltaire y Rousseau. Tambi\u00e9n Kant, por ejemplo. Goethe, que ten\u00eda entonces seis a\u00f1os, recordar\u00e1 aquel terremoto como el momento en que despert\u00f3 su conciencia.<\/p>\n<p>Voltaire, que pasaba entonces por una crisis de pesimismo, debida en parte a la muerte a\u00fan reciente de su amante Madame de Ch\u00e2telet, escribi\u00f3 el Poema sobre el desastre de Lisboa. En \u00e9l se enfrenta al lema del poeta ingl\u00e9s Alexander Pope (1688-1744), al que \u00e9l mismo hab\u00eda conocido y apreciado mucho durante su estancia en Inglaterra: Ese lema dec\u00eda: Todo est\u00e1 bien. El Todo est\u00e1 bien de Pope y el Vivimos en el mejor de los mundos posibles de Leibniz hab\u00edan sido hasta entonces m\u00e1ximas inspiradoras del racionalismo ilustrado, caracterizado por el optimismo hist\u00f3rico y la confianza en el progreso. Pero ante el horror que supuso el desastre de Lisboa y particularmente ante el sufrimiento de los inocentes Voltaire afirma que el Todo est\u00e1 bien no puede seguir manteni\u00e9ndose, se ha convertido en una ilusi\u00f3n. De hecho el t\u00edtulo completo del escrito de Voltaire es: Poema sobre el desastre de Lisboa o Examen de este axioma \u201cTodo est\u00e1 bien\u201d.<\/p>\n<p>El tono del poema de Voltaire, que tiene 234 versos, es tr\u00e1gico. Se suceden en \u00e9l exclamaciones e interrogantes no siempre ret\u00f3ricos. Despu\u00e9s de lo ocurrido ser\u00eda un error de fil\u00f3sofos seguir diciendo que \u201ctodo est\u00e1 bien\u201d. Ante la muerte de tantos inocentes Voltaire se interroga sobre la existencia de un Dios del que los fil\u00f3sofos dicen que es libre y bueno. Escribe desde la identificaci\u00f3n simpat\u00e9tica con las v\u00edctimas. Se pregunta por qu\u00e9 Lisboa y no Londres o Par\u00eds, ciudades sumidas en las delicias y el baile. O mejor: \u00bfpor qu\u00e9 el Se\u00f1or no ha producido un desastre tan terrible al final del desierto?. Contrapone el sufrimiento y la desgracia de unos a la diversi\u00f3n y enriquecimiento de otros, lejos de Lisboa. Que ocurra esto \u00faltimo va en contra de la idea de un Dios equitativo. Se adentra en la eterna pregunta del hombre sobre el origen del mal. Y se opone a la r\u00e9plica habitual: \u201cEsta desdicha es el bien de otro ser\u201d. Se revuelve contra las tentativas de consolaci\u00f3n que lo \u00fanico que hacen es amargar a\u00fan m\u00e1s las penas del que sufre. Eleva el dolor y el sufrimiento a rasgo esencial de la condici\u00f3n humana. Y contrapone esto al punto de vista racionalista ilustrado que un\u00eda raz\u00f3n y felicidad.<\/p>\n<p>\u201cHay que reconocerlo\u201d, dice Voltaire, \u201cel mal est\u00e1 sobre la tierra aunque su principio secreto nos es desconocido\u201d. El tono es a veces pascaliano: el coraz\u00f3n desmiente lo que predica el esp\u00edritu. Y la queja va derivando poco a poco hacia la divinidad, hacia un Dios del que se dice que es bondadoso y perfect\u00edsimo y que, en cambio, va derramando sobre los hombres los males a manos llenas: \u201dUn Dios que vino a consolar a nuestra afligida raza, visit\u00f3 la tierra y no la cambi\u00f3\u201d. A partir de ah\u00ed Voltaire encadena disyunciones que seguramente ten\u00edan que sonar a irreverentes en la \u00e9poca: \u201cO el hombre naci\u00f3 culpable y Dios castiga a su raza, o ese Se\u00f1or absoluto del ser y del espacio, sin ira, sin piedad, tranquilo, indiferente, sigue el eterno torrente de sus primeros decretos; o la materia informe, rebelde a su Se\u00f1or, lleva en s\u00ed los defectos necesarios como ella; o bien Dios nos prueba y esta morada mortal no es m\u00e1s que un pasaje angosto hacia un mundo eterno\u201d. Para Voltaite no parece haber salida a esdas disyuntivas: sin duda hay que temblar con cualquier partido que se tome, dice. La Naturaleza est\u00e1 muda y se necesitar\u00eda un Dios que hablara al g\u00e9nero humano. El mundo no es el m\u00e1s ordenado de los universos posibles, como quer\u00eda Leibniz, sino un desorden eterno, un caos de desdichas. Somos una mezcla de sangre, humores y polvo. Ni Leibniz, ni Plat\u00f3n ni Epicuro ense\u00f1an nada sobre esto. S\u00f3lo algunos que no tienen sistema y ense\u00f1an a dudar, como Bayle.<\/p>\n<p>De todas formas, Voltaire termina el poema haciendo concesiones para la versi\u00f3n final del poema que ha escrito para su publicaci\u00f3n autorizada. Estas concesiones (a\u00f1adidos de \u00faltima hora) son tres: 1] \u201cNo me alzo contra la Providencia\u201d2] La explicaci\u00f3n personal del cambio de opini\u00f3n respecto de otras cosas que hab\u00eda escrito antes: \u201cEn un tono menos l\u00fagubre se me vio otras veces cantar las seductoras leyes de los dulces placeres\u2026Pero ahora ha sido instruido por la vejez y quiero compartir la debilidad de los humanos perdidos\u2026 Otros tiempos, otras costumbres. Y 3] La \u00faltima palabra con la que finalmente cierra el poema: esperanza. Seguramente para paliar el esc\u00e1ndalo que estaban produciendo ya las primeras copias semiclandestinas de este poema Voltaire lo edit\u00f3, en 1756, junto con otro, anterior, Poema sobre la ley natural, una especie de catecismo del de\u00edsta en el que se alababa el orden de la naturaleza que nos hace a los hombre tener conciencia moral. En esta edici\u00f3n el Poema sobre la Ley natural, que hab\u00eda sido escrito antes, figura en segundo lugar.<\/p>\n<p>Rousseau recibi\u00f3 el volumen con los dos poemas, not\u00f3 la diferencia de opini\u00f3n y de tono existente entre ellos y escribi\u00f3 una carta a Voltaire el 18 de agosto de aquel mismo a\u00f1o criticando las ideas expresadas en el Poema sobre el desastre de Lisboa. La carta de Rousseau es tan larga como el poema de Voltaire, lo que da idea de la importancia que conced\u00eda al asunto. Escribe en un tono personal: se siente \u201cconmovido\u201d y \u201cafligido\u201d por la lectura. Dice preferir a Pope y Leibniz porque su optimismo le tranquiliza en sus penas y le da esperanza. En cambio, el pesimismo del poema de Voltaire le parece cruel. No quiere considerarlo como un poema contra la Providencia pero le parece eso. Y recuerda al corresponsal que \u00e9l mismo ha calificado su Discurso ssobre el origen de la desigualdad como un libro contra el g\u00e9nero humano cuando en realidad se defend\u00eda en \u00e9l la causa del g\u00e9nero humano contra s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Ah\u00ed empieza un alegato sobre el mal moral. Rousseau sostiene que no puede buscarse la fuente del mal moral fuera del hombre libre. Y aclara que est\u00e1 hablando del hombre perfeccionado y, por tanto, corrompido; y que los males f\u00edsicos son inevitables en todo sistema del cual forme parte el hombre, en su mayor parte obra del propio hombre. En \u00faltima instancia tambi\u00e9n en el desastre de Lisboa hay que ver la mano humana, pues no fue la naturaleza la que reuni\u00f3 en aquella ciudad veinte mil casas de seis a siete pisos, de manera que si los habitantes de la gran ciudad se hubieran distribuido de un modo m\u00e1s uniforme y hubieran estado debidamente alojados, la cat\u00e1strofe habr\u00eda sido menor o, tal vez, ni siquiera se habr\u00eda producido. A continuaci\u00f3n Rousseau relaciona los peores efectos de la cat\u00e1strofe con uno de sus temas preferidos: la obstinaci\u00f3n de los hombres en permanecer alrededor de las ruinas, exponi\u00e9ndose a nuevas sacudidas, con la idea de que \u201clo que se deja vale m\u00e1s que lo que se puede llevar\u201d.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n replica la sugerencia anti-providencialista de Voltaire en el sentido de que la cat\u00e1strofe se ha producido en una ciudad muy poblada en lugar de producirse en el desierto. Comparte que eso hubiera sido mejor pero sugiere, a su vez, que cuando tal cosa ocurre en los desiertos no se habla apenas del asunto. Y no se habla porque \u201clos se\u00f1ores de las ciudades, los \u00fanicos hombres que tenemos en cuenta, no sufren ning\u00fan mal\u201d. El que esto sea as\u00ed es, para Rousseau, un indicio que los hombres contempor\u00e1neos no respetan a la naturaleza sino que pretenden someterla a sus leyes y caprichos. Y ejemplifica la cosa nada menos que con una consideraci\u00f3n, primero de tipo general y luego concretando, sobre la muerte. Desde el punto de vista del dolor y el sufrimiento hay cosas peores que la muerte y hasta podr\u00eda decirse que muchos de los que han muerto aplastados bajo las ruinas se han librado de males mayores, de largas angustias y sufrimientos. En suma: que los males a los que nos somete la naturaleza son menos crueles que los que nosotros a\u00f1adimos.<\/p>\n<p>Pero Rousseau aduce a\u00fan en ese contexto un argumento mayor, a saber: que si en lo que se suele llamar perfeccionamiento del g\u00e9nero humano a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n de bellas instituciones no hemos llegado todav\u00eda a un \u201cperfeccionamiento\u201d tal como para preferir la nada al ser, o sea, si es preferible para nosotros ser que no ser (si no somos nihilistas, dir\u00edamos hoy), entonces eso tiene que ser suficiente para no esperar ninguna compensaci\u00f3n por lo males que tenemos que soportar, aunque esos males fueran tan grandes como los de la cat\u00e1strofe de Lisboa. Eso es algo que no suelen ver los fil\u00f3sofos porque al comparar bienes y males olvidan siempre el dulce placer de existir. Rousseau mete en ese saco tambi\u00e9n a Voltaire y sugiere que su poema est\u00e1 inspirado por aquellos que se olvidan de lo m\u00e1s sencillo, el dulce placer de vivir, porque son ricos (saciados de placeres) u hombres de letras (malsanos y desdichados). Para los otros, para el honesto burgu\u00e9s, para el artesano, para el campesino la vida humana no es un mal regalo.<\/p>\n<p>Luego Rousseau propone distinguir con cuidado entre el mal particular, que es una evidencia que ning\u00fan fil\u00f3sofo ha negado, y el mal general que niega el optimismo. Y en ese contexto sugiere una variante al lema de Pope. En vez de decir Todo est\u00e1 bien habr\u00eda que decirEl todo est\u00e1 bien o todo est\u00e1 en orden al todo. Esto lleva a una consideraci\u00f3n sobre los verdaderos principios del optimismo que, seg\u00fan Rousseau, no pueden derivarse de las propiedades de la materia ni de la mec\u00e1nica del universo, sino \u201cs\u00f3lo por inducci\u00f3n de las perfecciones de Dios, que preside todo\u201d. Lo cual implica replantearse el asunto de la Providencia sobre la cual siempre se ha razonado mal. La Providencia siempre tendr\u00e1 raz\u00f3n para los beatos y siempre se equivoca para los fil\u00f3sofos. Lo que sigue ah\u00ed es una afirmaci\u00f3n de la fe en la Providencia (contra de\u00edstas y ateos) que aleja a Rousseau de todos los principales enciclopedistas.<\/p>\n<p>En \u00faltima instancia lo que Rousseau est\u00e1 diciendo es que en eso se cree o no se cree y que, a partir de ah\u00ed, no vale la pena seguir dando vueltas a la cosa ni discutir con fil\u00f3sofos. Y no vale la pena, adem\u00e1s, por otra raz\u00f3n, a saber: porque \u201chay algo de inhumano en inquietar las almas tranquilas y afligir a los hombres en vano cuando lo que se quiere ense\u00f1ar no es cierto ni \u00fatil\u201d. Ah\u00ed no caben demostraciones; lo que cabe es la libertad de conciencia. Y en esto dice Rousseau concordar con Voltaire. Concuerda, en efecto, en la necesidad de dar la batalla contra la intolerancia en el plano religioso para asegurar la paz del Estado. S\u00f3lo que formula este alegado en t\u00e9rminos negativos, como \u201cuna profesi\u00f3n de fe que las leyes pueden imponer, pero fuera de los principios de la moral y del derecho natural\u201d, fij\u00e1ndose, pues, no s\u00f3lo en las manifestaciones simples de los dogmas sino, por as\u00ed decirlo, en la intolerancia disfrazada. Pues para Rousseau \u201clos fan\u00e1ticos m\u00e1s sanguinarios cambian de lenguaje seg\u00fan la fortuna y predican s\u00f3lo paciencia y dulzura cuando no son los m\u00e1s fuertes\u201d. Esta consideraci\u00f3n de la intolerancia deber\u00eda llevar a un c\u00f3digo moral o profesi\u00f3n de fe civil sobre lo admisible y lo inadmisible, no en t\u00e9rminos de impiedad sino en t\u00e9rminos de sedici\u00f3n. De manera que:\u201dToda religi\u00f3n que pudiera conjugarse con el c\u00f3digo ser\u00eda admitida; toda religi\u00f3n que no ajustara ser\u00eda proscrita y cada uno ser\u00eda libre de no tener ninguna [religi\u00f3n] m\u00e1s que el c\u00f3digo mismo. Es una propuesta que le ofrece a Voltaire para que la desarrolle.<\/p>\n<p>Rousseau termina planteando sus diferencias en t\u00e9rminos personales:<\/p>\n<p>Saciado de gloria, y desenga\u00f1ado de vanas grandezas, vos viv\u00eds libre en el seno de la abundancia [\u2026] y, sin embargo, s\u00f3lo encontr\u00e1is mal en la tierra. Yo, hombre oscuro, pobre, solo y atormentado por un mal sin remedio, medito con placer en mi retiro, y encuentro que todo est\u00e1 bien. \u00bfDe d\u00f3nde proceden esas contradicciones aparentes? Vos mismo lo hab\u00e9is explicado: vos disfrut\u00e1is; pero yo espero, y la esperanza todo lo embellece.<\/p>\n<p>Voltaire no quiso entrar en la discusi\u00f3n filos\u00f3fica que le planteaba Rousseau ni recoger el guante que otro le lanzaba sobre el desarrollo del c\u00f3digo moral o profesi\u00f3n de fe civil. Se limit\u00f3 a contestar desde su retiro en \u201cLas delicias\u201d, el 12 de septiembre de 1756, con una breve carta en la que, aludiendo a las respectivas enfermedades, pone cort\u00e9smente como excusa la suya para dejar a un lado las discusiones filos\u00f3ficas, \u201cque son s\u00f3lo entretenimientos\u201d. Est\u00e1 haciendo de enfermero de su sobrina (y joven nueva amante). Supo encontrar, en cambio, las palabras para halagar al otro, aunque no sean verdad: \u201dPod\u00e9is contar con que de todos los que os han le\u00eddo nadie os estima m\u00e1s que yo, a pesar de mis quejas; y que de todos aquellos que os ver\u00e1n, nadie est\u00e1 m\u00e1s dispuesto a amaros tiernamente. Comienzo por suprimir toda ceremonia\u201d. Y le llama \u201cmi querido fil\u00f3sofo\u201d.<\/p>\n<p><strong><strong>IV<\/strong><\/strong><\/p>\n<p>Rousseau hab\u00eda vuelto a Ginebra aquel mismo a\u00f1o de 1756. Entonces se acogi\u00f3 de nuevo al calvinismo. Se instal\u00f3 en la casa de campo de Mme. d\u2019Epinay, en Montmorency, junto con Th\u00e9r\u00e8se Le Vasseur y la madre de \u00e9sta. Pero pronto surgieron nuevos problemas, debido al enamoramiento de Rousseau por la condesa d\u2019Houdetot, lo que finalmente llev\u00f3 a las dos mujeres a cortar relaciones con \u00e9l. Tuvo que retirarse a casa del mariscal de Luxemburgo en 1757. Un a\u00f1o despu\u00e9s publicaba su novela epistolar La nueva Elo\u00edsa y en 1762 aparecer\u00e1n dos de sus obras m\u00e1s importantes: El contrato social y Emilio o de la educaci\u00f3n . Ambas ser\u00e1n prohibidas inmediatamente por el parlamento de Par\u00eds (despu\u00e9s en Ginebra, en Holanda y en Berna), que ordena su detenci\u00f3n, por lo que Rousseau se refugia en Neuch\u00e2tel, dependiente de Prusia. Estas obras se opon\u00edan de forma contundente al liberalismo de Montesquieu, al utilitarismo, as\u00ed como a toda forma de aristocratismo ideol\u00f3gico o pol\u00edtico.<\/p>\n<p>En el Emilio , Rousseau hace un an\u00e1lisis de la educaci\u00f3n en el que analiza los procesos mediante los cuales el ni\u00f1o se socializa y pierde su bondad e inocencia natural. Frente a la fr\u00eda cultura racionalista y libresca, propone una educaci\u00f3n que siga y fomente los procesos naturales humanos sin alterarlos y que se base en los sentimientos naturales del amor a s\u00ed mismo y del amor al pr\u00f3jimo. Criticando la pedagog\u00eda ilustrada, Emilio se educar\u00e1 a s\u00ed mismo para dar lugar a una nueva sociedad, m\u00e1s libre y cercana a su estado natural.<\/p>\n<p>En El contrato social , Rousseau manifiesta otra manera de paliar la degeneraci\u00f3n a la que nos vemos abocados en el estado social, degeneraci\u00f3n que resume en su c\u00e9lebre frase \u201c el hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado \u201d . Las injusticias sociales y la fractura de clase pueden mitigarse no s\u00f3lo a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n, sino transformando el orden social end\u00f3genamente, es decir: desde el interior de la sociedad misma, y sin violencia. Los hombres deben establecer un nuevo Contrato Social que los acerque a su estado natural. Este contrato no es un pacto o convenio entre individuos (Hobbes) ni un contrato bilateral (Locke). El nuevo contrato social es un pacto de la comunidad con el individuo y del individuo con la comunidad, desde el que se genera una \u201cvoluntad general\u201d que es distinta a la suma de las voluntades individuales y que se constituye en fundamento de todo poder pol\u00edtico. La soberan\u00eda ha de emanar de la voluntad general, siendo indivisible (contra Locke y Montesquieu, Rousseau no es partidario de la separaci\u00f3n de poderes) e inalienable (la ley procede de la Voluntad General y sus ejecutores son, por lo tanto, sustituibles). La libertad individual ha de constituirse, a trav\u00e9s de la voluntad general, en libertad civil y en igualdad. Todo esto aspira a un deseo o proyecto; se refiere al deber ser, no al ser.<\/p>\n<p>Las graves acusaciones que le acarrearon estas obras obligaron a Rousseau a refugiarse en Inglaterra, invitado por el fil\u00f3sofo empirista David Hume. Pero sus graves trastornos mentales y el empeoramiento de sus man\u00edas persecutorias le enfrentaron con todos sus amigos, a lo que contribuy\u00f3 una pesada broma que le gast\u00f3 Horace Walpole. \u00c9ste, conociendo la inestabilidad de Rousseau, escribi\u00f3 una carta para asustarle, en la que le convenc\u00eda de los mal\u00e9volos planes que ten\u00eda el gobierno para asesinarle, utilizando como intermediario a Hume, al que Rousseau, mentalmente desequilibrado, acus\u00f3 injustamente de todo. De vuelta a Francia en 1768, Rousseau se cas\u00f3 con Th\u00e9res\u00e8, trabajando como copista en Par\u00eds en 1770. Falleci\u00f3 en 1778.<\/p>\n<p><strong>Fuente: <\/strong><a href=\"https:\/\/www.bibliotecabuey.com\/2012\/08\/29\/para-leer-a-rosseau\/index.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><strong>Biblioteca Virtual F. F. Buey<\/strong><\/a><\/p>\n<p><strong>Nuestra fuente: <\/strong><a href=\"http:\/\/www.elviejotopo.com\/topoexpress\/para-leer-a-rousseau\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><strong>http:\/\/www.elviejotopo.com\/topoexpress\/para-leer-a-rousseau\/<\/strong><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A 240 a\u00f1os de la muerte de J. J. 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